El blog de X. Pikaza

09.12.18 | 18:23. Archivado en América Hispana

2. CRUZ

Ciertamente, en los documentos que vienen desde la independencia del Estados Unidos (1876), pasando por la Revolución Francesa (1789), hasta la Declaración de la Naciones Unidas (1948), los Derechos Humanos han sido defendidos y declarados en una perspectiva ilustrada y expresan unos valores muy hondos, de tipo humano y cristiano. Sin embargo, en sí mismos, ellos no han resuelto todos los problemas de la humanidad, sino que han sido y siguen siendo utilizados por un tipo de poderes políticos y económicos que los ponen al servicio de sus intereses (especialmente de la propiedad y seguridad de algunos), no de la humanidad en cuanto tal y de la ayuda a los más pobres y excluidos, como exigía el AT y el evangelio de Jesús.

Desde ese fondo se puede afirmar que un tipo de derechos humanos son muy limitados, no porque vayan en contra de los Derechos de Dios, como pensaba cierta Iglesia Católica, al menos desde la Revolución Francesa hasta el Vaticano II, sino porque se han puesto y se siguen poniendo al servicio de un tipo de imposición o seguridad político-económica, en contra de los pobres. No se trata, pues, de ir hacia atrás (negando esos derechos), sino de avanzar, en línea de humanidad y evangelio, negando un tipo de utilización impositiva de los Derechos Humanos, a favor de algunos, en contra del espíritu de austeridad y amor mutuo (de igualdad real), que quería la Declaración de Virginia, del año 1776.

No se trata, pues, de negar los Derechos Humanos, sino de articularlos y aplicarlos de un modo más radical, de manera que el Derecho a la Libertad de economía y de comercio de algunos no se utilice para impedir el derecho a la libertad, a la independencia y a la vida otros (de las mayoría oprimidas a veces en nombre de los mismos Derechos Humanos). En ese contexto, lo que he venido diciendo sobre el Antiguo Testamento y el mensaje de Jesús (tal como culmina en Mt 25, 31-46) tiene mucho que decir sobre el sentido y cumplimiento de los derechos humanos.

La solución no está en defender unos Derechos Humanos en abstracto, sino en defender en concreto el derecho de los huérfanos y viudas, de los extranjeros y oprimidos, como quería la ley fundante del Antiguo Testamento. No se trata, pues, de utilizar los Derechos Humanos, entendidos así en general (en abstracto, de un modo simplemente formal y vacío), sino de ponerlos al servicio de la igualdad y de la fraternidad real de los hombres y mujeres, como quería en el fondo la Revolución Francesa.

Ciertamente, las declaraciones de los Derechos Humanos, desde la independencia de Estados Unidos y la Revolución francesa han rendido buenos servicios a la causa de la humanidad: Han logrado la supresión de un tipo de esclavitud, han propuesto y defendido un tipo de igualdad jurídica… Pero, en conjunto, ellos han sido utilizados al servicio de una “libertad y seguridad” de las grandes potencias políticas y, sobre todo, de los poderes económicos. Carece de sentido defender los Derechos Humanos y la “libertad” de un Capital que se ampara en ellos de un modo superficial y egoísta, para conculcarlos, oprimiendo a los indefensos y pobres, en contra de la “legislación” fundante de la Biblia, que culmina en la ratificación del Derecho de los Hambrientos y Sedientos, de los Extranjeros y Desnudos, de los Enfermos y Encarcelados (Mt 25, 31-46).

Falsos derechos humanos al servicio del Capital y el Mercado .

Ciertamente, a partir de la Revolución Francesa, la filosofía social de occidente, inspiradora de su política social, dice haberse comprometido a garantizar los derechos humanos, al servicio de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad de todos los hombres. Pero esos derechos han tendido a quedar vacíos para la mayoría de la población, pues el mismo sistema, en su forma capitalista, ha impedido y sigue impidiendo que se cumplan. El sistema sabe organizar y producir, pero no sabe o no quiere compartir lo producido, condenando al hambre a millones de personas y creando de esa forma una doble violencia: la de aquellos que defienden con la espada lo que tienen; y la de aquellos que lo quieren arrebatar, empleando también quizá otro tipo de espada.

Pues bien, desde ese fondo afirmamos que el hambre constituye la primera y más fuerte de las violencias humanas, la mayor violación de los derechos humanos, legitimada por la estructura actual del sistema, que mata cada día a miles de personas (en torno a 40.000, según los cálculos), en un mundo bien pequeño donde, a cuatro o cinco horas de avión (o a cien metros de camino), sobran alimentos que se dilapidan y consumen de forma innecesaria y/o lujosa, defendidos por las armas de sus dueños que veces, simbólicamente, para acallar su conciencia, realizan gestos magnánimos de perdón de las deudas y de ayuda a los damnificados de las grandes catástrofes.

Lógicamente, una situación de injusticia estructural masiva constituye un estado de guerra, que en apariencia no es militar, pero que causa más muertos que todas las guerras juntas (y llamadas a veces justas) de la historia. Es normal que esta situación suscite movimientos de ruptura y violencia (a veces de terror) a los que el sistema suele responder reforzando su seguridad económica y militar. El evangelio conoce esa dinámica cuando supone que allí donde hay tesoros escondidos (protegidos) surgen siempre ladrones, dentro de un mundo lleno de enfrentamientos personales y sociales (cf. Mt 6, 19-21).

Siempre ha habido pobres (como decía Mc 14, 7), pero muchas sociedades antiguas habían creado equilibrios de racionalidad y participación, al menos dentro de ciertos límites (tribus y naciones), como podía suceder en el Israel, al menos conforme a la ley del jubileo y reparto igualitario de los bienes cada siete y/o cuarenta y nueve años. Pues bien, gran parte de esos equilibrios, vinculados a tradiciones que suelen considerarse desfasadas y confusas, se han roto (como se han roto y han desparecido muchos grupos culturales) y así ha comenzado a expandirse una economía mundial, que formalmente ofrece a todos las mismas oportunidades (según Derechos Humanos), pero que de hecho expulsa a los más débiles y/o les pone en manos de los triunfadores, de manera que aumenta de forma escandalosa el número de hambrientos.

Ese sistema constituye la "religión" de nuestro tiempo: el capital es Dios y la empresa es su Cristo (con el Espíritu santo como "alma" del mercado). Por defender al Dios de su iglesia luchaban los medievales, para defensa y extensión del capital-Dios se hacen hoy las guerras de tipo militar o social (pagadas por el mismo capital). Este es el mayor riesgo de occidente: allí donde Dios "mamona" (cf. Mt 6, 24) y la religión es un tipo de capitalismo está en riesgo la misma vida humana, no sólo algunos derechos particulares.

Jesús había dicho (cf. Mt 6, 24 par) que no podemos servir a Dios y al capital (=mamona) convertido en principio rector de la historia. Pues bien, hoy tenemos que añadir que no podemos defender (=servir a) los derechos humanos y “mamoma”; los que dicen que defienden al mismo tiempo los derechos humanos y mamona mienten (quizá sin saberlo, pues el mismo sistema les ha cegado).

En esa línea, llamándonos defensores de los Derechos humanos, nos hemos vuelto esclavos del sistema mundial capitalista, y quienes lo sufren son los marginados y excluidos, casi una mitad de la población mundial, condenada "legalmente" al hambre y opresión (incluso a la muerte), por una economía pensada y dirigida para generar riquezas, no para compartirlas o crear espacios de comunicación universal, conforme al principio de los Derechos Humanos. Esa violencia del sistema tiende a volverse invisible, de manera que es difícil rebelarse contra ella y combatirla, si no estamos muy atentos, porque se presenta y propaga como salvadora, conforme al mecanismo del Chivo Emisario expuesto (Lev 16), siendo en principio destructora.

El capitalismo genera un discurso que parece antiviolento (quiere la libertad de mercado, el cumplimiento de los Derechos Humanos), pero, de hecho, genera violencia y la legitima. Ciertamente, el capitalismo liberal tiene valores (ha creado riquezas, ha promovido transformaciones), pero puede pervertirse y se pervierte allí donde, llamándose salvador (=divino), condena como perversos (terroristas) a quienes se oponen a sus "libertades selectivas". De esa forma legitima y justifica de hecho su violencia y muchos hombres tienen que venderse, vendiendo su trabajo, para sobrevivir como cautivos del sistema.

El Derecho a la libertad de Capital y Mercado ha permitido superar en muchos lugares un tipo de economía agrícola de subsistencia, creando buenos puestos de trabajo para hombres y mujeres libres y prometiendo extender sus beneficios a todos aquellos que acepten su sistema. Pero, de hecho, ha condenado a millones de personas (sobre todo a mujeres y niños) a un trabajo indigno, vendidos a las multinacionales de la agricultura o minería, de la industria o del servicio doméstico (y de la prostitución), en condiciones de neo-esclavitud o cautiverio.

En ese contexto, muchos (a veces grandes mayorías) padezcan bajo el riesgo opuesto, que es la falta de trabajo, el paro crónico, pues el sistema no necesita que trabajen, ni les quiere para su despliegue económico y social, de manera que estos "nuevos proletarios" sin trabajo "oficial" quedan sin garantías de vida en un mundo donde su aportación personal y su existencia no se necesitan, hacinados en ciudades de miseria donde no encuentran trabajo, ni pueden sustraerse de hecho a las peores condiciones de falta de cultura y agresividad social que desembocan normalmente en la cárcel, creando así círculos insalvables de violencia.

Esta situación no es algo natural o irremediable, sino que brota de la estructura económica del sistema capitalista, que ha concentrado la producción de las grandes empresas en algunos lugares y para algunos privilegiados, abandonando a su suerte a gran parte de la población de los países “menos desarrollados” de África o Asía (y a las bolsas de pobreza de los países más ricos). Ciertamente, esa falta de trabajo no es violenta en sentido militar, pero lo es en un sentido humano, pues suscita ghettos de fuerte opresión y crueldad, que se vuelven hervideros de violencia.

Parece que hemos llegado a una situación de no-retorno, de manera que siguiendo en esa línea podemos destruirnos todos, si no invertimos la marcha del camino. La legitimación de los derechos humanos al Capital y Mercado suscita una contra-legitimación (a la que se acusa de violenta), provocando una dialéctica de acciones y reacciones que pueden llevarnos a la destrucción mundial (como seguiremos indicando). Vivimos en una sociedad competitiva donde los incentivos del consumo excitan el deseo de muchos hombres y mujeres, que no pueden conseguir lo que quieren (ni lo que necesitan para subsistir), a no ser por un nuevo tipo de violencia que a la larga tampoco resuelve los problemas. En ese contexto podemos hablar de dos robos.

-- La riqueza del sistema capitalista es producto de organización y trabajo, de ciencia y administración, pero también es consecuencia de un robo organizado de aquellos que la administran a su servicio, apoderándose de unas tierras y bienes que son de todos y explotando de un modo especial a los países del tercer mundo.
-- El segundo robo es de aquellos que quieren apoderarse de las riquezas del sistema por la fuerza. Unos tiemblan bajo el miedo de ser robados, en mansiones, moradas o estados policiales cada vez más sofisticados (incluso con armas atómicas). Otras buscan formas nuevas de robar y/o destruir, pudiendo emplear bombas mortales para ello (como en el atentado del 11 de septiembre del 2001). Necesitamos cada vez más violencia "oficial" (ejércitos mejores, mejores policías) para defendernos; pero, al mismo tiempo, parecemos cada vez más desprotegidos. Es como si viviéramos sobre una bomba.

Derechos humanos al servicio de la opresión y de la muerte.

Mientras la vida física de un tercio de la población mundial se encuentra amenazada por el hambre, el sistema capitalista y los grandes estados siguen buscando su seguridad en el armamento y de esa forma legitiman la violencia militar, pensando que es necesaria para garantizar la paz del mundo y, en especial, la paz de sus estados. Al mismo tiempo, surgen grupos de oposición también violenta que se elevan en contra del sistema mundial y/o de ciertos estados constituidos, a los que quieren destruir, cambiar o mejorar también por la fuerza, a través de una guerra que se expresa por medio de atentados y ataques por sorpresa, más que por ejércitos organizados al estilo nacional (pues no hay ejército regular que pueda oponerse militarmente al imperio).

-- En otro tiempo, la guerra de cruzada se fundaba y se expresaba en principios religiosos, de manera que los mismos dioses (o incluso un Dios llamado cristian) eran sus patronos y patrocinadores, pues ellos la iniciaban y solucionaban, conforme a los principios del chivo expiatorio, que legitimaban la guerra justa (religiosa), en contra de los enemigos de la fe (como hemos visto en el apartado anterior).

-- Actualmente el sistema económico dice que quiere la paz, pero a fin establecerla, a su servicio, legitima y promueve un tipo de guerra, al servicio de sus intereses de clase, condensados en el capitalismo. Ya no se lucha en nombre de Dios, sino del dinero divinizado. De esta forma, recogiendo tradiciones que en la Biblia se entienden de otra forma, algunos defensores del sistema se autopresentan como soldados del bien que luchan y vencen a los ejércitos del mal, para que así venga el Reino de Dios (el buen capital, el mercado total) sobre la tierra. Se repite de esa forma, de un modo patológico y muy peligroso, el espíritu de cruzada antes evocado. Pero no es cruzada por un tipo de cristianismo, sino por el dinero. En este contexto se unen y se distinguen los dos focos de violencia.

Algunos teóricos de liberalismo y del neo-liberalismo justifican y legitiman la violencia armada al servicio de la "libertad política" del capitalismo, de manera que un buen ejército-policía mundial, dirigido por el sistema capitalista (no por los sabios-contemplativos de Platón, República) impediría con su violencia-buena el desarrollo y triunfo de la violencia-mala de ladrones y bárbaros o gente inculta; así justifican su guerra muchos dirigentes del sistema, sobre todo en USA, con argumentos religiosos de tipo apocalíptico y maniqueo que les parecen cristianos .

Ésta es la mentira de los Derechos Humanos (y de la libertad)… que se utiliza como justificación y coartada en defensa de los propios intereses del sistema y del dinero. En esa línea podemos seguir hablando de una legitimación «estatal» (racional) de la violencia preventiva y correctiva, propia de los grupos organizados que han tomado el poder y que, en general, han logrado "crear" con su propaganda unos consensos mayoritarios dentro de la población. Pues bien, muchas veces, esos grupos, que buscan un tipo de legitimación religiosa en la libertad y en los derechos humanos, vienen a convertirse en máquinas de represión (y terror).

De un modo u otro, los grandes imperios y/o estados antiguos han legitimado la represión terrorista para mantener su paz; así hicieron asirios y babilonios e incluso los romanos (al crucificar a los rebeldes). Así hicieron incluso los más "insobornables" y "justos" de la revolución francesa o soviética (en la línea de Robespierrre), acudiendo a razones ilustradas e incluso religiosas. Así han actuado y actúan los grandes estados, pero ellos se defienden diciendo que no emplean el terror, sino la violencia legal o legítima, para que no pueda extenderse el terror "malo" de los otros .

En esa línea ha de situarse el efecto tardío y peligrosísimo de la gran Revolución, vinculada a la independencia de los Estados Unidos, que ha venido cargada con grandes ideales de libertad y democracia, pero que después puede ponerse y se pone de hecho al servicio de los poderes del Capital. La revolución americana fue en principio no violenta, estuvo abierta a muchos tipos ciudadanos y pueblos, ofreciendo casa y patria a muchos expulsados de otras tierras y a otros que han querido asumir su proyecto de libertad (aunque esclavizando en principio a los negros, y quitando sus tierras a los indios). Pero de hecho se ha vuelto portadora de violencia, tanto a través de la conquista despiadada de unos territorios que no eran suyo, sin tener en cuenta los derechos de los indígenas (en los siglos XVIII y XIX), como a través de la expansión también violenta de sus intereses e ideales sobre todo el mundo (siglo XX).

Estrictamente hablando, la revolución norteamericana no ha querido ser confesional; por eso ha declarado y defendido la libertad y no-violencia religiosa, en contra de los estados europeos que entonces (finales del siglo XIX) seguían todavía envueltos por luchas de legitimación religiosa. Pero luego, de hecho, muchos norteamericanos han interpretado su revolución nacional de un modo religioso, en línea cristiana (judeo-cristiana), de manera que se sienten avalados o legitimados por el mismo Dios para intervenir violentamente en diversos lugares del mundo, como si fueran soldados de una nueva cruzada al servicio de la libertad y de la democracia (que al final se identifica con sus intereses económicos y estratégicos) .

Revolución de los derechos humanos, la última revolución.

En contra del riesgo anterior, debemos hablar de una revolución pendiente de los Derechos Humanos. En la actualidad, son muchos los que piensan que es necesario un cambio mundial, aún más intenso que los anteriores, una revolución distinta, que debería asumir algunos rasgos de las ya citadas (francesa, rusa, americana), apoyándose en unos principios "religiosos" más hondos, como serían la voluntad creadora de los pueblos sometidos y/o la fuerza de los recuerdos históricos de las religiones y utopías humanas, pero ya en línea mundial.

Esa nueva revolución no ha de ser francesa, ni rusa, ni americana, sino simplemente humana. Muchos afirman que esa "revolución universal", al servicio del hombre definitivo, no necesita ni debe tomar ya las armas, ni actuar desde la clandestinidad, pues el sistema de occidente ofrece suficiente libertad para su desarrollo. Sería la primera revolución no-violenta de la historia, en una línea que ha sido entrevista de algún modo por algunas religiones como el taoísmo, budismo y cristianismo. No sería ya una revolución burguesa al servicio de algunos privilegiados (en la línea de la New Age o Nueva Era mundial), sino humana, desde los más desfavorecidos del sistema. Ella puede y debe realizarse también en occidente, pero ya no será occidental, sino mundial y es muy posible que sus principales portadores no sean ya occidentales.

En conjunto, la cultura de occidente, defensora teórica de los derechos humanos, ha desarrollado unos valores de racionalidad violenta, que han venido a expresarse por el conocimiento técnico y la organización capitalista de la vida. En esa línea, la hora de occidente puede haberse convertido en el riesgo de occidente, que ha interpretado su identidad social y económica, pero de un modo violento (falsamente religioso). Ciertamente, los estados de occidente se habían tomado a sí mismos como portadores de una violencia buena, al servicio de una cultura universal, defensora de los derechos humanos. Pero, de esa forma, ellos han justificado sus guerras y conquistas, afirmando que ellas estaban al servicio del progreso de la humanidad, de manera que conjunto del sistema de occidente ha terminado volviéndose un signo de violencia:

1. El sistema occidental donde han surgido los Derechos Humanos sigue promoviendo un tipo de colonización por razones de pura economía (para extender su influencia y sus mercados) e incluso de expansión cultural (los pueblos "civilizados" tendrían sin más el derecho de conquistar el mundo: los norteamericanos el Oeste, los rusos Siberia. Ese sistema ha legitimado el imperialismo económico, utilizando para ello unas razones "democráticas" (las leyes del mercado) o ilustradas (el comercio favorecería a los pueblos más atrasados, que así entrarían en la órbita de las naciones civilizadas). En general, los estados de occidente no han tenido que buscar muchas razones, d, ni han tenido que justificar su modo de actuar, sino que suponían y suponen que su conducta era buena porque iba a favor de sus intereses. Se ha dicho y se sigue diciendo que la corona británica o la administración norteamericana no tienen amigos (ni leyes), sino intereses.

2. Ese sistema justifica el empleo de medidas ilegales (de terror) contra los pretendidos "terroristas". Casi todos los imperios antiguos habían legitimado un tipo de terror (deportaciones masivas y escarmientos públicos, torturas y ejecuciones sumarias) para mantener su política. Ciertamente, en general, los estados modernos han condenado formalmente el uso de terror, tanto en plano social como militar (ofrecen garantías jurídicas y juicio legales, rechazan en general la tortura y la pena de muerte...). Pero, al mismo tiempo, ellos han seguido apoyando un tipo de economía y política vinculada al sistema capitalista e internamente violenta, justificando de hecho la tortura. Así piensan de hecho que el terror de estado resulta legítimo para mantener el orden social.

Formamos parte de un sistema económico que tiende a sacralizarse, divinizando al capital. En ese contexto, algunos analistas observan que, en conjunto, la población de occidente está de tal manera "anestesiada" (convencida de su razón y supremacía) que resulta incapaz de buscar alternativas económicas, sociales, culturales a los problemas del mundo: la revolución (el cambio humano) sólo podría venir de fuera del sistema. Otros, en cambio, desde el imperio (USA), responden que ya no es necesaria una nueva forma de violencia, pues con el capitalismo liberal ha llegado el "fin de la historia", un tipo de plenitud definitiva.

Conforme a esa visión, el sistema económico-militar de occidente, con sus estados nacionales, tendría siempre razón, poseería la última palabra, de manera que puede y debe acudir a la "violencia legal" (racional) para defender sus instituciones, que son las mejores que pueden existir sobre la tierra. Según eso, el sistema puede y debe defenderse con sus armas (científicas, "legales"), rechazando los ataques exteriores, para bien del conjunto de la humanidad, que debe integrarse y se integrará en el orden que Occidente ha suscitado para todos los pueblos del mundo .

Así podemos afirmar en conclusión:

1 El sistema de occidente habla de derechos humanos mientras sigue justificando sus guerras.
Parece que las últimas guerras "mundiales" del siglo XX (la 1º y la 2º), dirigidas por potencias europeas, son ya cosa del pasado (pues si volvieran, en forma de guerra total, destruirían toda forma de vida humana en el planeta). Pero numerosos países de occidente, empezando por USA, se encuentran implicados en movimientos de fuerte violencia al servicio de sus intereses. Cuando la guerra empieza cesa la humanidad, se silencia la palabra, deja de tener sentido el amor de la madre, el juego de los niños, el gozo de los enamorados (cf. Ap 18, 21-23); se apaga el derecho, se quiebra el equilibrio siempre frágil de las relaciones sociales y los hombres y mujeres quedan en manos de una racionalidad que se convierte en puro cálculo de destrucción .

2. Las guerras y desigualdades que occidente ha permitido (y promovido) en los últimos decenios, han llevado al crecimiento espectacular de los oprimidos y hambrientos, de los prisioneros y exilados. Siempre han existido migraciones y cruces de habitantes, de manera que sólo así han podido extenderse los hombres sobre el mundo. Pero los destierros y exilios más duros han tenido y tienen su origen en la guerra: muchos hombres y mujeres han debido abandonar su tierra y viven en un contexto extraño, que pocas veces les ofrece la posibilidad de un desarrollo creativo, autónomo, comunitario (en integración personal y en gozo humano).


9 XII 18. Levántate Jerusalén, en marcha Iglesia. Pregón de Adviento

Dom 2º de Adviento, ciclo c, Baruc 5, 1-9. . El pecado mayor de la Iglesia es que no espera.

- Se ha parado hace tiempo, no camina. Se paró en el siglo IV d.C., pactando con un tipo de jerarquía imperial.
- Se paró en el siglo XI, al imponer un tipo de poder clerical y de nuevo en el XVI-XVII, con su absolutismo.
- Y ahora nos parece a muchos que ha decidido sentarse en su pasado, como si no fuera Adviento, un camino abierto a la utopía real de la Nueva Humanidad.

Contra todos los mensajes de fracaso, contra todos los intentos de quedar en lo que fuimos (en el siglo IV, en el XI, en el XVI-XVII), nuestra Iglesia de Adviento debe levantarse ya y ponerse en marcha, ligera de equipaje, arrojando por la borda el lastre del siglo IV, XI y XVII, para ser de esa manera lo que siempre ha sido sido, sin un tipo de jerarquías clericales, de poderes feudales, de absolutismos... como dijo el mismo Papa Benedicto XVI en Spe Salvi (2009): hemos sido salvados en esperanza, siendo caminantes que nos dirigimos a la Nueva Jerusalén, la montaña de la Fraternidad Universal, sin armas, ni violencia.

Muchos afirman que no hay camino, que la esperanza ha terminado, pues somos lo que somos, sin más (¡ha llegado el fin de la historia!) en un mundo de poderes superiores y de miedos que nos paralizan... Muchos afirman que la Iglesia ha sido colonizada por un tipo de parálisis sagrado, sin más salida ni tarea que vivir de recuerdos que, al no renovarse, se mueren.

En este momento debemos superar nuestro complejo de museo, para ser de nuevo lo que somos: Una aventura "salvaje" de vida (perdónese la palabra), una tarea admirada de Jesús, que hizo camino en la línea de la lectura de Baruc, de este domingo, Así quiero y debo debe decir levántate Jerusalén, añadiendo en marcha iglesia.

Desde ese fondo, con la primera lectura de la misa, tomada del viejo Baruc, un escriba recuperado para la esperanza, quiero ofrecer yo también mi sencillo manifiesto de adviento, retomando algunos pasajes fundamentales de la esperanza y tarea de la Nueva Jerusalén, que llevamos dentro y que esperamos.

Imagen 1: Luz de ocaso/amanecer en Jerusalén
2. Cenáculo cristiano en Jerusalén. Signo de la venida del Espíritu
3. Sueño de la nueva Jerusalén

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8.12.18. El reto de la Inmaculada (descolonizar a las mujeres en la Iglesia)

07.12.18 | 15:46. Archivado en Biblia, mujer, María, América Hispana, Adviento - Navidad

La advocación y fiesta de la Inmaculada ha cumplido funciones distintas a lo largo de la historia cristiana y posiblemente debe ser replanteada, para así ofrecer un mensaje de vida y esperanza a las nuevas generación.

- (1) La figura "semi-divina" de María Inmaculada ha servido para romper el círculo asfixiante de un tipo de pecado original que muchos eclesiásticos habían impuesto sobre los creyentes: Hay una,María, que no tiene pecado, de forma que no tiene que someterse a los varones de la Iglesia.

(2) Siguiendo en esa línea, esta figura ha servido también para contrapesar el "dominio" patriarcal y masculino de un tipo de catolicismo, situándose en el centro de la vida de la iglesia, dominada por hombres, al lado de Jesús, como signo de la verdadera humanidad, querida por Dios en sí misma.

(3) Pero esta mujer Inmaculada que es María ha sido en gran medida una mujer colonizada por (al servicio de) los varones, un tipo de mujer ideal (des-humanizada, des-sexualizada), mientras las mujeres concretas han seguido estando dominadas por varones.


En esa línea, este dogma se ha podido utilizar para elevar a una mujer distinta, pero manteniendo sometidas a las otras, como primera posesión y colonia de los hombres, y en especial de los sacerdotes.

Pues bien, reinterpretando el dogma de la Inmaculada, ha llegado el momento de "descolonizar" a las mujeres no sólo en la sociedad en general, sino, de un modo especial, en la iglesia, . En esa línea puede y debe actualizarse la fiesta de la Inmaculada:

1. Conforme al evangelio de esta fiesta (Lc 1, 26-38), María actúa como mujer libre, que decide por sí misma. No depende de un padre, ni tampoco de un marido, ni de una "tribu" de pretendidos hermanos o protectores, sino que dialoga con Dios y responde por sí misma. Ella aparece así como "tipo" y signo de mujeres autónomas, que no dependen de varones, sino que dialogan y deciden "con su espíritu" (el Espíritu de Dios), en libertad, ante sí mismas y ante sus posibles hijos). No pide permiso a nadie, quiere tener un hijo porque quiere.

2.María no es sólo una mujer "descolonizada" (no actúa como servidora de nadie), sino también descolonizadora, conforme al relato de la visitación (va a compartir su experiencia con otra mujer, sin someterse a padre o marido o hermanos), que culmina en el canto de la libertad suprema del evangelio, que es el Magnificat (Lc 2,46-55), en el que proclama, por sí misma que "Dios" derriba del trono a los poderosos y eleva a los oprimidos, que llena de bienes a los pobres y despide vacíos a los ricos...

Según eso, María es "Inmaculada" porque es libre ante Dios (por sí misma) y porque inicia un camino de liberación para todos los pobres y hambrientos, un himno de liberación de la mujeres, a servicio no sólo de ellas, sino de todos los seres humanos.

Desde este fondo quiero presentar unas reflexiones sobre María Inmaculada, desde la perspectiva de "descolonizar" a mujeres y a varones, para que todos podamos vivir en libertad el proyecto de vida que (según el cristianismo) nos ha ofrecido el mismo Dios.

Imagen 1 y 3: La mujer de la paloma-pandero es Miriam, la del éxodo, cantando la victoria de los pobres y oprimidos, con otras mujeres. Ella es el signo bíblico más hondo de María de Nazaret, dialogando en libertad y gozo con el Dios de la libertad, al servicio de la vida. Buen día a todas las inmaculadas.

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6. 12. 18 Una Constitución para la Humanidad

06.12.18 | 08:28. Archivado en Tierra, ecología, hombre, Sociedad, política, Violencia

Con todos sus valores, la Constitución de España que hoy (6. 12. 2018) celebra sus cuarenta años, sigue siendo imperfecta, pues defiende de hecho una imposición político‒militar, con injusticia económico‒social, al servicio de algunos privilegiados, en contra de los ideales más hondos de una modernidad ilustrada que quiso abrir caminos de libertad, igualdad y fraternidad entre todos los pueblos y personas de la tierra.

Un día como hoy es necesaria otra Constitución de tipo Humano, universal, que garantice e impulse los derechos y tareas de todos, empezando por los excluidos y las minorías, en línea de humanidad, sin imposición militar de unos y exclusión socio-económica y cultural de otros, en línea de “institución educadora y sanadora”, al servicio de todos.

Éste es el reto: Todos los niños nacen iguales y forman una única humanidad llamada a vivir en igualdad y comunión, en gozo y esperanza (Imagen 1). Pero después la educación nacional, económica y social separa a hombres y mujeres, a ricos y pobres, a nacionales y extranjeros... haciendo a unos buenos y a otros malos (Gal 3, 28).

El tema es complejo y no se puede simplificar, pero hay un tipo de educación nacional y clasista, utilitaria y egoísta, que en vez de madurar a los niños para la diversidad en la unidad humana compartida les educa para la división y lucha. Por eso es necesaria una maduración distinta, una educación sanadora, para la comunión y el gozo del amor sobre el mundo redondo donde por cualquier camino que tomemos encontramos otros hombres como nosotros.

Ciertamente, la Constitución Hispana de los Cuarenta Años (del 1978) tiene sus valores, pero sigue estando al servicio de un estado‒nación‒sistema que impide que todos los hombres y mujeres del mundo puedan ser y sean por un lado iguales ante la ley y el dinero (la vida), siendo por otro distintos, cada persona y cada grupo como quiera, defendiendo los dos principios básicos de la humanidad que son: (a) La universalidad, es decir, la igualdad de todos los seres humanos (varones y mujeres, etnias, culturas, personas…). (b) La protección y promoción de hecho de las minorías culturales-sociales-económica, con los excluidos actuales (extranjeros, “viudas”, huérfanos de diverso tipo…).

Sin duda, la Constitución de los Cuarenta Años quiso dejar abierto el camino para el surgimiento de un tipo de igualdad social, pero, por su misma dinámica interna y por su inserción en un mundo neo‒capitalista no ha podido lograr lo que quería, de manera que con ha crecido injusticia y se ha ratificado la desigualdad interna y externa, entre gentes, pueblos y estados, dentro y fuera de España.

Sin duda, el problema no es la Constitución, sino el tipo de personas que somos los que vivimos dentro de ella. Algún tipo de Constitución nos hace falta, pero con ella sólo no arreglamos nada, a no ser que cambiemos la forma de vida.

Tenemos que cambiar el lobo que llevamos dentro, como muestra la imagen 2, el lobo de Francisco, el lobo de Is 11. Cambiar nuestro lobo para el encuentro con otros seres humanos, pues, en contra del adagio latino (homo homini lupus), el hombre no es lobo para el hombre, sino amigo, compañero de camino.

En esa línea se sitúan los ocho principios que siguen y que trazan una especie de pre-constitución universal de la humanidad.

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Ante el día de la Constitución. El ejemplo judío

05.12.18 | 08:04. Archivado en Biblia, Israel, Política

Muchos celebran con fiesta, otros con opiniones encontradas e incluso con rechazo, el próximo 6.XII, el 40 aniversario de la Constitución del Reino de España, aprobada el año 1978. Fue por entonces un acontecimiento para caminar de un modo algo nuevo en la senda de un tipo de identidad estatal. Lo que antes era estado auto-crático fundado en la victoria militar de algunos quiso convertirse en estado demo-crático por la voluntad de todos (o al menos de una mayoría).

Puede ser ahora, a los 40 años, un momento bueno para recordar lo que entonces se hizo y quizá para transformarlo, pues sólo se conserva aquello que se cambia, como en la misma vida, pues cuando acaban los cambios el viviente muere, de muerte natural o por violencia externa. Pues bien, en un día como ése, puede servir de orientación el ejemplo judía de sus tres constituciones antiguas.

En nuestro contexto occidental (con las de Grecia o Roma), las constituciones más antiguas y estables que conocemos son las de los judíos, en el Antiguo Testamento, recogidas en un libro más amplio por impulso de la potencia colonial (que era Persia), con el nombre de Pentateuco o libro de los “cinco rollos” (o estantes donde se colocaban esos rollos).

Significativamente, ese “gran compendio de las leyes judías”, su Constitución plural o Pentateuco, recoge y sigue manteniendo en vigor, al menos, tres constituciones previas, que tuvieron en su tiempo un valor de ley, y que lo siguieron teniendo pasados los siglos, pues el pueblo judío se fue estructurando en el tiempo a través de diversas “normas” político sociales, que no se sustituyen unas a las otras, sino que se integran unas en otros, en un proceso constante de cambios. (cf. Pikaza, Diccionario Biblia)

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Un paso atrás, un camino por adelante. Homosexualidad y ministerios cristianos

Sigue ardiendo la polémica, encendida por unas declaraciones del nuevo Secretario de la CEE sobre los "varones completos" (los únicos que pueden ser seminaristas y curas) y por un libro de entrevistas del Papa Francisco en el que, según la prensa, dice que “el ministerio o la vida consagrada no es el lugar (de los homosexuales)". En otras palabras, ni curas ni monjas pueden ser homosexuales.

Ha sido sin duda un paso atrás, pero tiene que ser para pensarlo mejor y abrir un camino hacia adelante, según los signos de los tiempos (que son de igualdad en la diversidad), desde la raíz del evangelio, como seguiré indicando en trece proposiciones.

No voy a entrar en los matices de las declaraciones del Secretario de la CEE ni del Papa, pero pienso que ambas (tomadas así, en general) van en contra de la verdad del evangelio sobre el hombre y la mujer y en contra del mensaje y misión de la iglesia. Parecen declaraciones que surgen del miedo no sólo ante el “estallido” de la bomba de pederastia en un tipo de clero, sino ante el gran cambio en línea de verdad, de aceptación de los distintos y de esperanza del evangelio.

Por eso, retomando reflexiones que he venido exponiendo desde hace más de quince años, quiero exponer una vez más mi visión del tema, superando estereotipos de ideología de género (de un lado o del otro), para entrar en el camino del evangelio, sin miedo de retomar el proyecto de Jesús.

El problema es mayor de lo que externamente parece (¿qué importan unos pocos pederastas…?), y es hora de que no estemos ya a remolque de revelaciones maliciosas, de falsas verdades y de acusaciones de algunos. Es hora de volver de un modo radical al evangelio, a la verdad múltiple del ser humano como proyecto de amor y a la tarea de la iglesia como signo y anticipo de un “reino” de muchas moradas, en el que ser hombre y/o mujer sea descubrimiento y expresión de un despliegue de gracia que es el mismo para todos, siendo múltiple en sus caminos.

Imagen 1. Gracias a Crishom por estar ahí, con Cortés, amigo
Imágenes siguientes: Libros sobre el tema.

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Dom 2.12.18. Adviento, preparar con Jesús la llegada del Hombre

Dom 1. Adviento. Lucas 21, 25-28. 34-36. Así puede resumirse el evangelio de este día, primero de Adviento:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.

Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación…
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre."

Así podemos imaginar a Jesús, tal como aparece en la primer imagen, como Diógenes con la linterna, buscando a un hombre, sobre el mar de Galilea... Pero se dice que Diógenes no encontró ninguno, allá en Atenas. Jesús, encontró a muchos, sobre el mar de Galilea, iniciando con ellos la travesía de Adviento, por mar y por tierra, hasta Jerusalén.

Así le presenta la imagen de un modo muy convencional, con cinco amigos compañeros en la barca... Pero cambiad la imagen, poned una barca más grande, con docenas de mujeres y hombres, de enfermos, impuros y niños... Jesús iniciando la travesía del Adviento.

Este es el tema. Dentro de un mundo lleno de terrores cósmicos, como sigue siendo el nuestro (año 2018), Jesús sigue esperando al Hombre, simplemente al Hombre, aguardando y preparando la llegada de la humanidad, iniciando su travesía en el lago de Galilea, el Adviento de la nueva humanidad

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Migrantes de Adviento, nómadas de Dios

Migrantes somos, todos en el mismo vuelo, todos en un mismo barco, pero tendemos a olvidarlo, y por eso lo recuerda la liturgia cada año, al decirnos que volvamos al camino de los hebreos migrantes de Egipto, en busca de una tierra nueva de ley y libertad.

Y así somos, con Jesús, el hebreo, nómadas del tiempo y de la vida, como él lo fue, emigrantes sin casa fija ni morada permanente, como las aves migrantes que trazan su flecha en el cielo, pero no para volver cada año al mismo sitio (como las cigüeñas de San Morales, que ya han vuelto adelantadas para celebrar la Navidad en nuestra torre).

Ciertamente, Jesús es como un ave-cigüeña, pero no puede volver a la torre de su nido, pues no tiene nido ni torre, y así sigue caminando como aquellos que no tienen madriguera, ni una tierra donde descansar la cabeza. Así dijo Jesús a un postulante que quería utilizarle medrar y detenerse en el camino:

“Las aves del cielo tienen nido, las zorras madrigueras,
pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza” (Mt 8, 20).

El término “Hijo del hombre” tiene aquí un sentido extenso, se aplica a Jesús y a todos los que quieren hacer su camino, a los que no tienen más que su simple humanidad, hombres y mujeres del camino, sin necesidad de hacerse pobres porque lo son, sin nido, ni madriguera, ni piedra fija en el mundo:

Jesús supo y nos dijo que la humanidad en su conjunto es una especie migrante, que vuela o navega a su propio futuro que es la misma humanidad, hecha ya Reino, como pájaros del cielo formando una flecha en las nubes, pero no para volver a los nidos de antaño, sino para buscar y encontrar nuevas primaveras de fraternidad.

Así dijo Jesús al que quería aprovecharse de su "religión" para medrar a costa de los otros: "Las aves tienen nido, las zorrar madriguera... pero nosotros, caminantes no tenemos madriguera, ni piedra para construir una casa, ni siquiera nido...

Pero podemos caminar en Adviento, porque Alguien muy por dentro, muy en todos, nos impulsa, nos promueve, para hacer de esa manera el camino de Dios en el tiempo, a los que habíamos perdido todos los caminos, como decía el profeta Juan Bautista...

Así estamos de nuevo este Adviento, como viajeros ante el último tren, como aves en flecha ante la última migración, como zorros a los que han quemado todas las madrigueras. Y así, impulsados por una esperanza mayor que nosotros, seguimos caminando, porque el Adviento es Dios y somos nosotros.

Así nos habla Jesús, que no tuvo siquiera una piedra donde reclinar la cabeza la cabeza, pero abriendo así un camino nuevo, volando, navegando todos...

Nos llama Jesús para que seamos con él camino, pero muchos hemos excavado cuevas donde nos guarecemos, como malos zorros,, para no caminar; hemos cerrado murallas de piedra o de ejércitos armados, para impedir e otros caminen, y vengan a nosotros, como emigrantes de la vida, hemos creado iglesias fijas que a veces defendemos no sólo dogmas fijados, sino incluso con ejércitos... olvidando que así terminamos en manos de la muerte que viene siempre, sin necesidad de documentación.

No queremos caminar, no dejamos que otros vuelen... y así no volamos nosotros, ni ellos pueden hacerlo, y muchos penan y mueren en mares y campos adversos llamando a nuestra puerta cerrada, como si no fuéramos todos Adviento.
(varias imágenes son de mi amigo A. Furlani, de Córdoba, RA. Gracias, Alfredo)

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Quién fue Jesús. 24 cristólogos hispanos (/3). Un retrato multicolor

27.11.18 | 10:16. Archivado en Teología, libros, Jesús, Amigos, la voz de los, América Hispana

He presentado en días anteriores dos aportaciones sobre cristólogos y "jesuólogos" hispanos, destacando primero a tres (Faus, Sobrino y Cardedal) y después a cinco (Aguirre, Bermejo, Pagola, Piñero y Vidal), con otros muchos al fondo, retomando un trabajo de Carthaginensia.

Termino hoy la serie, recogiendo por orden alfabético dos docenas de cristólogos más, para ofrecer así un retrato multicolor de Jesús, pues muchos colores tiene y muchos irradia y difracta su prisma,como ponen de relieve muchos teólogos gays, que de forma sorprendente, nos ayudan a entenderle.

El camino y figura de Jesús sólo puede entenderse con algún tipo de estudio, pero sobre todo con mucho amor y transparencia personal y social . Algo de eso saben y dicen, desde diversas perspectivas, algunos de los especialistas hispanos de la lista que sigue.

Faltan algunos, es claro... y faltan las mujeres, es clarísimo . Este hueco resulta clamoroso, es quizá el mayor de los pecados (es decir, de las ignorancias) de la cristología actual, pues sólo las mujeres entendieron al principio a Jesús y dijeron quien era, como sabe el evangelio (Mc 16, 1-6 par). Sólo unas mujeres podrán decir ahora, de nuevo, quién era Jesús, como amaba y creaba iglesia (una comunidad de madres, hermanos e hijos, sin "padres", como quería Mc 3,31-35 35)

He rebuscado mujeres en mi Diccionario de Pensadores cristianos, y allí pongo muchas, pero aquí sólo he metido a M. Navarro. Hay otras (D. Aleixandre, E. Estévez, C. Bernabé, D. Ruiz, Gómez-Acebo etc.), pero no no las he querido citar, para que se note mejor el hueco... el carácter incompleto y mentiroso de esta lista de 23 hombres y 1 mujer, de miles de obispos y ninguna mujer.

Sin ellas no podremos conocer el color del amor de Jesús. Por eso he puesto en la imagen de portada un Jesús de muchos colores de arco iris, en la línea de esperanza de Gen 8, 8-17... Pero lea quien quiera seguir leyendo. Estos 23 con 1 mujer son muy significativos. La próxima vez me gustaría poner 23 mujeres y 1 hombre, para aclarar el panorama. Buen día a todos.

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25. 11. 18. Soy rey y por eso he venido: Para dar testimonio de la Verdad

Domingo de Cristo rey. Jn 18, 33-37. Poncio Pilato, Representantes del Rey/Emperador de Roma, le pregunta: ¿Tú eres Rey? Y Jesús contesta: Lo soy. Por eso he nacido y para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. (Jb 18, 37).

Jesús identifica así el Reino de Dios con la Verdad, en sentido pleno: Personal y social, material y espiritual, económico, político y religioso. Que de pronto cesen y acaben las mentiras y ocultamientos, de personas y pueblos, de iglesias y personas... de forma que cada uno se abra de un modo transparente ante los otros.

En ese sentido, Jesús es Rey, porque viene a dar testimonio de la verdad..., pero no de una verdad metafísica o teológica, separada de la Vida, sino de la misma vida como transparencia de amor, en comunión de todos y con todos.

Jesús es Rey (y todos podemos ser en él y con él reyes), siendo en verdad lo que somos, en gesto de transparencia, que es amor mutuo, conocimiento compartida, sin armas, sin secretos militares,sin dineros escondidos...

Ésta es la fiesta de la Iglesia, la fiesta de la Verdad . No se trata de decir que Jesús es la verdad y vivir después en un tipo de mentira jerárquica organizada... Se trata, simplemente, de vivir en verdad:

-- Verdad que es transparencia afectiva y personal, sin secretismos de ningún tipo... Se trata de ser lo que somos, de no tener miedo de vivir en trasparencia, en salud expansiva, pues la verdad cura (en el tema de la pederastia, en el tema del dinero, en el tema del poder...).

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25.11.18. Cristo Rey: Cristo vence, Cristo Reina, Cristo Cristo impera.

24.11.18 | 01:11. Archivado en Jesús, Amor, Evangelios

La fiesta de Cristo Rey fue instituida en la Iglesia Católica por el Papa Pío XI a finales del año 1925, al cumplirse 1.600 años del Concilio de Nicea que había definido la “naturaleza divina” de Jesús, en gesto de acción de gracias y de ratificación moderna de la “divinidad” de Jesús.

La fiesta era nueva, el tema de fondo antiguo, en la línea del famoso himno de la liturgia ambrosiana del siglo VIII-IX, en el contexto de la coronación imperial de Carlomagno, con un Cristo Emperador

Christus vincit, Christus regnat;Christus, Christus imperat.
Cristo vence, Cristo reina; Cristo-Cristo impera (=es Emperador)

La mayoría de nosotros, los que somos algo mayores y venimos de antes del Concilio Vaticano II, hemos nacido y crecido en el contexto de esa fiesta y, sin darnos cuenta de ello, identificábamos a Cristo hombre-Dios con un Rey poderoso, mezcla de Corazón Sagrado y de Monarca Absoluto, con ribetes de Emperador. La fiesta se celebraba el último domingo de Octubre, como preparación para la fiesta de Todos los Santos, servidores del Gran Rey.

Era la época de incubación de los poderes políticos fuertes, el paso de los Reyes absolutos (en la línea de Luis XIV) a un tipo de Caudillos/Dirigentes/Duces sacralizados que nos decían desde arriba lo que debíamos hacer. Ciertamente nos protegían, y decían “amarnos”, pero al mismo tiempo marcaban nuestra vida desde arriba, como a niños mejores que hace falta "proteger".

Vino después el Concilio Vaticano II, y el Papa Pablo VI, en su reforma litúrgica del 1969 convirtió la fiesta de Cristo Rey en Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, pasando pasando último domingo de octubre al último del Año litúrgico, como culminación de todo el ciclo litúrgico, antes del Adviento (comienzo del nuevo año).

No sé si la fiesta ha “cuajado”. Cien años son pocos para valorar una experiencia litúrgica como ésta. Algunos pensamos que quizá no había merecido la pena, que bastaba con centrarnos en el ciclo de Pascua y en el de Navidad.

De todas formas, son muchos los que han vivido y viven esta fiesta con gran "fervor" espiritual y social, y yo también me uno internamente a su gozo, sintiéndome solidario, sobre todo, de los cientos de "mártires de Cristo Rey" a lo largo del Siglo XX, especialmente en México y en España (imágenes 2 y 3).

De estos cien años nos queda un tipo de nostalgia triunfalista de la Iglesia del Cristo Emperador, con los miles de monumentos dedicados al triunfo del Cristo que vence, que reina, que impera, en la línea de Carlomagno. Nos ha quedado un tipo de “batalla” a favor de Cristo Rey (en plano social, incluso político, y a veces hasta militar), con guerras como la de los cristeros de México (¡admirables en tantos sentidos! y de los "cruzados" de España , que fueron a la guerra con el santo y seña de Viva Cristo Rey.

Somos muchos los que nos sentimos perplejos antes una fiesta como ésta, pues no terminamos de encontrar el “encaje” entre el Jesús del Evangelio y el Cristo Rey de los cien últimos años de la Iglesia. Quizá habría que precisar las cosas: Lo que significa que Cristo sea "rey" (si aún se le puede aplicar esa palabra), lo que implica el Reino de Dios en los evangelios.

No quiero seguir pensando hoy sobre el tema, mañana diré una palabra sobre el evangelio del domingo. Quien visite alguna vez mi blog o lea alguno de mis libros podrá saber lo que pienso sobre el tema.

Hoy me limito a recordar algunos números de la carta encíclica Quas primas, del Papa Pío XI, instituyendo esta fiesta. La Encíclica es del 11 de diciembre de 1925, de hace sólo 93 años, sin no me equivoco. Éstos son algunos de sus números, para quien quiera sentir lo que quiso aquel Papa al instituir esta fiesta:

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24.XI.18: Un Cristo‒Rey, más parecido a Constantino que a Jesús nazoreo

Domingo de Cristo Rey. Ciclo b. Jn 18, 33-37. A Jesús le condenaron, según el evangelio, por ser un anti‒rey, como proclama con burla el letrero de la Cruz: Jesús nazareno (nazoreo) rey de los judíos.

El gobernador romano se burla de él, llamándole “anti‒rey”, todo lo contrario a lo que puede y debe ser un rey del mundo (como Basileus‒Rey o Emperador de Roma). Y, sin embargo, en vez limitarse a reírse y expulsarle del tribunal, le mata. Ésa es la paradoja, el humor macabro, sangriento y bendito de Jesús que fue ante todo un anti-sistema, es decir un anti-rey, en la línea de Pilato de Jerusalén y de Tiberio de Roma.

En este contexto, quiero decir (diré mañana) que se trata de una Festividad muy moderna, instituída por el Papa Pío XI, el 1925, para celebrar los 1.600 años del concilio de Nicea, donde el Rey‒Emperador Constantino se presentó como heredero real de Jesús, como su representa en el mundo, reuniendo en su palacio y bajo su autoridad a los obispos, que dijeron que Jesús era Hijo de Dios.

Los Padres Conciliares dijeron que Jesús era Hijo de Dios, de la Naturaleza del Padre… pero ese tema le importaba a Constantino menos…, pues a él le bastaba con que fuera Rey… y que él, Constantino, pudiera ser su represente regio sobre el mundo.

Los temas de fondo en esta “fiesta” moderna (y a mi juicio ya “abortada”, en el sentido que quiso darle el Papa Pio XI, que quería seguir siendo “Rey” de Roma) podrían ser éstos:

a. ¿Cómo había cumplido Jesús su tarea de instaurar el Reino de Dios? ¿Cómo expresó y realizó su intento, siendo crucificado por el representante del rey de Roma como pretendiente falso?

b. ¿Cómo pudo pasarse del Jesús anti-rey del evangelio al Cristo rey de una piedad cristiana moderna, Rey de Reyes, con un reino que quiere expresarse en formas no sólo de poder político,sino también de guerra santa?

Desde ese fondo empezaré hoy presentando el título de Jesús como rey, es decir, el motivo de su “coronación” en la cruz, para sacar algunas consecuencias de ello, en línea de inversión "regia" del cristianismo. Mañana indicaré el sentido moderno de esta fiesta… y pasado leeré y comentaré el evangelio de Jn 18, 33‒37 (ser rey es ser testigo y portador de la verdad).

Imagen 1: Letrero de la Cruz, según evangelio de Juan, en las tres lenguas. El original evangélico es el griego. El texto hebreo y el latino son traducciones.
Imagen 2-3. Jesús como Cristo-Rey, que reina en España (y en otros lugares). La imagen 2 es de tipo "monarquico" con la flor de lis de los borbones y los escudos de las naciones-regiones de España en el entorno. La imagen 3 de tipo fascista.

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Domingo, 9 de diciembre

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