El blog de X. Pikaza

D 19.8.18. Jn 6: Mi carne es comida. Nueva eucaristía, una iglesia distinta

Tiempo ordinario. Juan 6,51-58. He venido presentando en los domingos anteriores el “sermón del pan de vida” de Jn 6, con diversos rasgos de su visión de la eucaristía, desde una perspectiva mística, personal y social.

Desde ese fondo, sabiendo que “nuestra carne” es comida, quiero proponer y celebrar una nueva eucaristía.

Eso implica un cambio total, pues la iglesia católica ha sido, en los últimos siglos, un inmenso “aparato” litúrgico y jerárquico, personal y social, encargado de mantener un tipo de celebración, que ahora, entrado el siglo XXI, ha quedado “seco” (al menos en el hemisferio norte), pues no queda ya casi nada de la vieja eucaristía. Los números son claros;

‒ Donde antes (hace cincuenta años) venían a celebrar (oír) misa 300 personas ahora muy a duras penas llegan a 30 (y el número descenderá)

‒ El “aparato clerical” montado para esa celebración se resquebraja, por más heroicos y santos que sean la mayoría de sus miembros (a pesar de los escándalos que algunos pregonan).

Por exigencia de este tiempo y por fidelidad al evangelio, ha llegado el momento de replantear el tema de forma muy “mística” (de comprensión de la vida en Cristo) y muy personal y social”, redescubriendo el sentido de la “celebración” cristiana de Jesús, como experiencia y tarea radical de comunicación (de ser y vivir unos en otros).

Nos hallamos ante una nueva y antigua misión (misa y misión significa en realidad lo mismo: envío): re-descubrir y re-crear el evangelio, partiendo del evangelio de hoy, que con lenguaje durísimo y muy dulce (comernos: comer unos la carne de los otros) nos sitúa ante la experiencia radical de la fe (creer y crear la vida como don compartido: eso es Dios), expresada y realizada en forma de comida.

Lo que la “misa” celebra es que los unos vivimos de (en) los otros, para formar así un “pueblo en Dios” (=una humanidad solidaria), en gozo mutuo, en experiencia y esperanza de resurrección (resucitamos y vivimos en la vida de aquellos a quienes damos la vida).

En la primera imagen, tomada de un icono armenio, vemos a Jesús que se identifica con la “cruz abierta en forma de pan/circunferencia/mesa”, como Vida que se entrega y comparte (en forma universal) con todos los hombres representados por los once (doce menos Judas que prefiere salir con su bolsa del círculo de vida compartida).

Jesús nos introduce así en su mesa redonda (un cuerpo, un pan), de forma su somos “eucaristía”, pues somos (nos hacemos) Dios en Cristo al dar y compartir la vida unos con otros, esto es, al decir "que mi carne es comida", haciendo que así sea.

Las imágenes que siguen evocan otros aspectos y elementos de la eucaristía, con rasgos que quizá debemos abandonar y otros que debemos potenciar (otras). Vea el lector lo que conviene en cada caso.

Sólo me queda recordar que el tema de fondo está tomada de un par de entradas de mi Diccionario de la Biblia. Buen domingo a todos, y siga leyendo quien lo quiere (quien esté dispuesto a ser eucaristía, haciendo a la vez que las eucaristía litúrgicas que celebramos sean distintas, según el evangelio.

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(3) Asunción, el último "dogma" de la Iglesia Católica

15.08.18 | 08:17. Archivado en Iglesia Instituciones, Jesús, María

Ayer mismo (era yo un niño), el año 1950, en lenguaje de su tiempo, el Papa Pío XII, "definió" este dogma, él "último" de la Iglesia:

Pronunciamos, declaramos y definimos que la Inmaculada Padre de Dios, la Siempre Virgen María, cumplido el transcurso de su vida terrestre, fue elevada (Asunta) en cuerpo y alma a la gloria celeste (Denzinger-Schönmetzer 3903).

De esa forma completó y culminó hasta hoy (2018) la "conciencia" mesiánica más espiritualista de la Iglesia católica, aplicando a María el don y experiencia pascual de Jesús, algo que no es exclusivo de ella sino de todos los creyentes, y en el fondo de todos los hombres que viven inmersos en la vida del Dios de la Vida.

Éste es el último dogma de la Iglesia católica romana, en la línea de Nicea (323). María ha sido una mujer en Dios, inserta en y con Cristo, su Hijo, en la Vida Originaria que es la Vida en plenitud (en este mismo mundo).

Después con el Vaticano II (1962-1965) no hubo ya dogmas de María (ni de la Iglesia), sino cartas y textos pastorales. Hoy el Papa Francisco (tan lejano y tan cercano a Pío XII) tiene otros temas pendientes de Iglesia, no está quizá para dogmas marianos, aunque éste de la Asunción abre un camino esencial en la conciencia más "divina" de la iglesia más "humana", como seguiré indicando en lo que sigue.

En la imagen un Icono tradicional de la Dormitio/Asunción: María muere, y así queda su cuerpo en la "cama" del sepulcro, mientras Cristo su Hijo toma su alma (María en pequeño) y la lleva a su Gloria. Los Doce de Jesús (con algunas mujeres al fondo) quedan ya solos en torno al sepulcro de la Madre.

Quizá, para completar el dogma de María en línea del Concilio de Nicea, habría que completar el dogma diciendo que la Asunción ha sido y es la plena humanización de María (y de la humanidad en Dios), representada en ese icono por los Doce de Jesús, una "compañía mesiánica" en camino, que deberá se más claramente de hombres y mujeres, no sólo de varones.
Buen día de la Asunción a todos.

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(2) Dormitio (Asunción). Gebira, el primer "culto" mariano de la Iglesia

14.08.18 | 15:46. Archivado en María, Amor, Cristología

La tradición antigua hablaba de la “dormitio” (dormición, muerte venerable), de María, Madre de Jesús, cuya memoria más antigua se conserva en la Iglesia del Valle Cedrón de Jerusalén (imagen 1).

La tradición posterior de occidente ha preferido hablar de “asunción” (elevación) de María, pero sin olvidar que ella es la Gebira, origen y signo más hondo de la "carne/autoridad" humana de de Jesús, Dios Encarnado

Dese desde ese fondo, siguiendo en la línea de la postal de ayer quiero o presentar a María como signo hondo de la humanidad/divinidad de Jesús (nacido de mujer, Gal 4,4), poniendo de relieve, ya desde el principio, los tres rasgos principales de su identidad, según el evangelio:

− María forma parte de la historia de Jesús. No es un “espíritu” aparecido sobre el mundo (docetismo), ni es un ser extramundano, sino que pertenece esencialmente a la historia de Jesús (pues de ella nacido), lo mismo que Pilato (responsable de su muerte). Por eso, rechazando a María como mujer histórica se rechaza el cristianismo. Sólo porque ha nacido de hecho como “hijo de mujer” (Gal 4, 4), Jesús ha podido resucitar de hecho, como salvador. Las interpretaciones de ese nacimiento y resurrección pueden ser distintas, pero todas comparten la referencia al Jesús histórico a quien interpretan de un modo mesiánico.

− María, un signo universal. Al principio, María forma parte de la iglesia judeo-cristiana de Jerusalén (como parecen suponer todavía Pablo y Marcos), de manera que su figura no importa para el resto de las iglesias. Pues bien, en un momento posterior ella aparece en el conjunto de las iglesias como madre humana (universal, para todos), superando, por obra del Espíritu-Santo, un tipo de límites “carnales-cerrados” del judaísmo), de manera que puede concebirse como signo de presencia de Dios para todos los cristianos. Esta opción por la universalidad está fundada en la tendencia helenista de la iglesia (desarrollada sobre todo por Pablo), pero los evangelios de Mateo, de Lucas y de Juan la vinculan ya a figura concreta de María, madre de Jesús.

− María, carne de Dios. Esta visión universa de María supera un tipo de “exclusivismo intra- judío”, pero no para “excluir la carne” (la vida real, la historia), sino para fundar la historia y vida de Jesús en la “carne humana, universal”, de María, que se no entiende de un modo espiritualista, como pura gnosis interior, sino de un modo concreto, vital, económico, social, en la línea de Jn 1, 14, donde se dice que la Palabra de Dios se hizo carne.

María no es carne en oposición a espíritu, no es “tierra” en oposición a cielo, sino que es humanidad llena de Dios, como mujer, como persona. Sin esta afirmación de la “carne” (historia, humanidad) de María Jesús hubiera sido un fantasma, el cristianismo pura “ideología”.

Desde ese fondo tenemos que poner de relieve el origen judío de la "mariología", es decir, de la importancia de María en la visión del cristianismo (en la comunidad judeo-cristiana de Jerusalen, dejando ahora a un lado la tradición de Galilea).Buen día de María a todos los amigos y lectores de este blog.

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15.8.18. María (1). Mujer histórica, símbolo del cristianismo

13.08.18 | 16:12. Archivado en Jesús, Nuevo Testamento, María

Celebramos el próximo 15, el día de la “dormición” o “asunción” de María, la más importante de sus fiestas en la Iglesia de occidente.

En ese contexto, en la línea de otras postales que he dedicado en este blog a su figura, quiero presentar nuevamente algunos rasgos de su historia, como mujer concreta (madre y seguidora de Jesús) y de su memoria creyente (María de la fe) en el principio de la Iglesia, partiendo de la misma Biblia.

La visión mariana de la Iglesia ha sido obra de la gente, más que de la reflexión de los teólogos o de algún tipo de planificación jerárquica. Gran parte del pueblo cristiano antiguo (y moderno) se ha identificado de algún modo con María, la mujer histórica, la madre de Jesús, convertida en gran símbolo cristiano.

Seguirán tras esta dos "postales", que quieren ofrecer una pequeña mariología de verano, desde la perspectiva católica, en el hemisferio norte. Irán dedicadas a todos los que, manteniendo de un modo agradecido la memoria de María, que fue una mujer "gebira" (como verá quien siga leyendo), llegando a ser quizá el signo más importante de la iglesia católica en los últimos siglos, como han dicho, con evidente exageración algunos protestantes, que nos acusan (a los católicos) de ser papistas y mariólatras.

Será bueno saber lo que puede haber detrás de esa acusación, desde una perspectiva de María. Posiblemente, los católicos debemos saber lo que implica María en nuestra forma de vida cristiana, pero también han de saberlo (y aprender) muchos protestantes. Buenos días de víspera del Día de María 2018.

Será bueno pre-sentir lo que ella (María) puede seguir ofreciendo como judía histórica y como cristiana originaria a la vida y tarea del evangelio en este siglo XXI.
Imagen 1: La Virgen de la aldea (de Chagall, pintor judío)
Imagen 2: María y el niño (una mujer oriental)

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Me llamaban Mario, pero soy María. Para una teología trans-género

11.08.18 | 20:28. Archivado en mujer, hombre, Amigos, la voz de los, Amor

Presenté hace unos años la historia de una persona que, habiendo vivido como Mario, hombre bastante feliz y bien casado, con una hija de 21 años, acabó de descubrir que era y quería ser mujer, decidiendo someterse a una pequeña operación, con ayuda hormonal, para cambiar de género y ser lo que siempre había querido: María (cf. cf postal del 13.06.12).

Era (es) una persona conocida en su país, donde trabaja en los medios y en instituciones al servicio de la igualdad de género, en línea hétero- homo- y trans-sexualidad (trans-género). Me dijo que era y quería ser cristiana católica, desde su nueva condición pública de trans-género, preguntándome sobre ello.

Le respondí por carta personal y escribí mi opinión en la postal citada… Con el paso de los años había olvidado casi el tema, hasta que hace unas semenas (7 del 18) me ha vuelto a escribir otra persona, en una situación semejante (Mario/María), para pedirme una opinión (diciéndome que algunas personas de Iglesia no aceptan su postura).

Le he mandado mi nuevo libro sobre La Familia en la Biblia, donde ofrezco algunos principios. Pero, al mismo tiempo, he querido retomar los motivos principales de mi postal antigua (del 6.12), en un momento en que sigo aún perplejo por la actitud de muchos sobre el tema (y por el mismo tema). No tengo claras todas las cosas, pero pienso que puedo opinar desde el evangelio.

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Dom 12.8.18. Pan vivo. Todos discípulos de Dios

Dom 19 B. Jn 6, 41-45. Sigue el tema del domingo anterior, sobre la auténtica comida. Frente a un pan “muerto” (que lleva al dominio de unos, con la opresión de otros, y termina en la muerte), Jesús habló en Cafarnaúm de un pan vivo que es Dios: en él vivimos, pudiendo ser también pan vivo (como él, como Jesús),dando así vida a otros.

En ese fondo presenta el evangelio una de las palabras más sorprendentes de la Biblia: ¡Todos serán discípulos (didaktoi) de Dios! “Todos” tiene un sentido universal, y significa aquellos que escuchen la voz interior, alimentados y enseñados por Dios (=que es su comida) y que así pueden y deben hacerse comida (alimento) unos para otros.

Es evidente que este evangelio puede y debe entenderse también en línea de economía material (¡que todos los hombres coman, que nadie muera de hambre!), pero ha de entenderse sobre todo en clave de “economía integral”, sabiendo que un hombre nace y vive vive de otros hombres (empezando por sus padres), y que sólo es total y plenamente humano si se vuelve alimento para otros.

Hay una economía que, en general, va en contra de este evangelio, pues hombres y pueblos no quieren descubrir la enseñanza de Dios ni hacerse para para los otros, sino que escuchan otras enseñanza y convierten su vida en gran lucha por el pan material, con millones de muertos materiales cada año, y con cientos de millones de muertos más hondos (carentes de verdadera humanidad).

Lógicamente, la respuesta al problema del pan no es más pan, sino más humanidad, en una línea de transformación (de meta-noia, trans-humanización). Sin un nuevo y más alto Capital Humano (sin la conversión del hombre en pan para los otros), nuestra humanidad siglo XXI no tiene salida. En esa línea quiero interpretar el texto del Evangelio de Juan. Buen fin de semana a todos.

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La solución no es la pena de muerte sino el cambio de todos (“adúltera” de Juan),

08.08.18 | 08:18. Archivado en Iglesia Instituciones, Justicia, Jesús, Israel, hombre

La solución ha sido por siglos “matar” a los distintos o “culpables”, como ha mantenido hasta ayer la misma Iglesia Católica (en una línea que puede llegar hasta el homicidio absoluto de la solución final de los nazis).

En ese contexto de pena de muerte se ha situado hasta “ante-ayer” (y en algunos lugares hasta hoy) el real o pretendido adulterio de las mujeres, como señalé hace una semana al publicar una postal sobre la pena de muerte en la Biblia.

Pues bien, sobre ese caso y “solución final” (matar a las “adúlteras” reales o a las “adulteradas” para que el resto de la gente pueda vivir del homicidio, aquí feminicidio) ofrece la Biblia dos pasajes complementarios.

Uno es el de Dan 13 LXX donde la solución de “ley” consiste en matar (en “limpiar” el pecado matando, para gloria de Dios), sea a la acusada o a los acusadores falsos, los jueces ancianos. Daniel, el juez sabio, soluciona el tema matando a la adúltera o a los “otros”. En un caso o en otro, la solución es matar a los pretendidos culpables (sin posibilidad ni deseo de un cambio de todos.

El otro pasaje es el de Jn 1, 1- 11, donde traen ante Jesús a una adúltera probada, exigiéndole que se cumpla la ley, apedreando a la culpable. Pero Jesús se enfrenta con los jueces, diciéndoles “quien esté libre de pecado…”, de manera que todos se van, dejando la piedra en suelo, reconociéndose “responsables”… Quedan solos la mujer y Jesús, que le dice “vete en paz y no peques más” (ni ella ni sus jueces).

Jesús no ha condenado a muerte a la adúltera, sino que ha abierto para ella un camino de vida…, situando a sus acusadores ante la tarea superior de integrar en sus propias vidas el posible “pecado” de la mujer, de forma que todos puedan cambiar y vivir. Evidentemente, para él la pena de muerte no era la solución.

La respuesta de Jesús no es matar, sino reconocernos todos como somos, ofreciéndonos una nueva oportunidad
. Los que han apelado a la pena de muerte como solución no han entendido el Evangelio, o no ha querido creer en su palabra y camino.

Desde ese fondo quiero releer estos pasajes, en un contexto de pena de muerte, que ha sido la mejor solución para Daniel (y para un tipo de de sociedad/iglesia).

La imagen 1 es la del Catecismo, que en una de sus ediciones nos sitúa ante la escena de Jesús y la adúltera, superando la pena de muerte. La 2 está tomada de mi Diccionario, de donde he tomado básicamente lo que sigue.

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DECIRES, CENSURAS, VERDADES O MENTIRAS (Pedro Zabala)

06.08.18 | 17:45. Archivado en Amigos, la voz de los

Se podría titular sobre el escribir como arte de mentir... Viví de niño en un contexto en el que, para algunos, todo escrito era sagrado (¡es verdad, lo ha dicho el periódico, o la radio!) mientras que para otros la palabra directa era verdad (de hombre a hombre) y la escritura un "oficio de mentiras", propia de abogados y clérigos.

Son reflexiones de Pedro Zabala, amigo admirable, profesor y jurista, que se mueve en la alta cultura escrita, pero, al mismo tiempo, en el arte y empeño de la palabra directa,bien hablada, aquella que brota del hondo contacto con la realidad...un hombre que sabe (como decía Jesús) que ser rey es decir la verdad.

Con esta reflexión de Pedro os dejo (¡gracias Pedro!). Buen día para todos.

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2267. Pena de muerte en el Catecismo, una visión crítica

Ha sido un número fatídico del Catecismo del 92 (peor que el 666 del Apocalipsis), que Francisco Papa ha cambiado (abrogado), sacando de la “ley” cristiana la pena de muerte.

En un sentido, esa abrogación o cambio parece marginal (los condenados a muerte por ley son pocos cientos al año, mientras que el hambre, las mafias de muerte, la guerra/guerrilla o el crimen particular o de estado matan a millones).

Pero, en otro sentido, ese cambio resulta esencial para la Iglesia católica, pues abre un camino nuevo en la visión el cristianismo.

En su forma concreta, ese “numero de muerte”, ahora abrogado, es muy reciente, y muchos recordamos bien su origen, el año 1992, cuando la Curia Romana, en la línea del nuevo Derecho (1982), por impulso o silencio de San Juan Pablo II, impuso una orientación distinta a la del Vaticano II, con más derecho que Evangelio y más poder eclesial que Jesucristo.

El número era simple (o así lo parecía), y daba le impresión de ser inocente, pero llevaba en sí la carga de milenio y medio de pacto de la Iglesia con un tipo de poderes establecidos, como si no bastara Jesús y la Iglesia tuviera que apoyarse sobre un dudoso “derecho natural”, como si ella pudiera dictar su moral a los estados y tuviera que renunciar a la “liberación” de Jesús y a la presencia del Reino, permitiendo meter en la cárcel y matar a los “malos”, para que los otros, los •buenos” pudieran vivir tranquilos.

Fuimos muchos los que ya en el año 1992 dimos la voz de alarma ante aquel Catecismo y en especial ante ese número, ante su forma de entender el poder (social y eclesial), con su visión “expiatoria” de la vida, y se nos tachó de peligrosos (e incluso de “enemigos”), para descubrir, 26 años después, que el mismo Papa nos da la razón.

Expuse mi postura sobre muchas veces (en folletos y textos de estudios penitenciarios), y la recogí finalmente en el centro de mi libro: Dios Preso. Teología y pastoral penitenciaria (Sec. Trinitario, Salamanca 2005, págs. 297-317).

Pues bien, ahora es momento de recoger lo que allí decía sobre ese ese número del Catecismo (con los anteriores), para insistir después en su falta de “sentido” bíblico, en la línea que propone el Papa Francisco, en el número que pone el lugar del“abrogado”.

Ciertamente, la prensa mundial ha recogido la noticia, pero lo ha hecho (en general) de un modo plano y sensacionalista, pues apenas ha precisado el contenido ni el sentido de fondo del cambio que, como ha dicho en este mismo medio J. M. Vidal, director de RD, afecta en el fondo a todo el “edificio” del Derecho Canónico (e incluso del Catecismo) de la Iglesia Católica. No se puede quitar/cambiar una piedra esencial del edificio sin que todo cambie. Tiempo al tiempo

La noticia y sentido del “cambio” la publicó hace cuatro días la Congregación de la Doctrina de la Fe (1.8.2018) (http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/ladaria-ferrer/documents/rc_con_cfaith_doc_20180801_lettera-vescovi-penadimor ) que estudiaré en una próxima postal. Aquí me limito a presentar la problémática de fondo del número abrogado, el 2267, que era número de muerte.

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Pena de muerte en la Biblia. Antiguo Testamento

El Papa Francisco ha mandado que se suprima la alusión (la justificación) de la pena de muerte en el Catecismo de la Iglesia Católica. Ésta es una decisión gozosa y justa, cristiana y humana, que procede del Evangelio, aunque viene con "retraso", pues debía haberse tomado hace ya muchos años.

Al justificar la pena de muerte (y al mantenerla en su legislación canónica), la Iglesia ha sido infiel al evangelio, y lo ha sido por haber pactado injustamente con la "ley del César", sin haber distinguido el Antiguo del Nuevo Testamento o, mejor dicho, sin haberse atrevido a ratificar la llegada de la plenitud de los tiempos (cf. Gal 4, 4; Mc 1, 14-14), es decir, la plenitud de Israel, con el cumplimiento de las promesas de Dios a través de la vida de Jesús, que fue precisamente condenado a muerte.

Por fin, al Iglesia católica se atreve, en este campo, a ser cristiana, por fin tiene la osadía de creer en el evangelio, con lo que implica de "fe en la vida" y de superación de un tipo de "ley punitiva", marcada por el talión "ojo por ojo, diente por diente".

Allí donde se justifica por (o desde) la religión la pena de muerte se está confesando que la "venida de Jesús, Hijo de Dios" ha sido en vano. De todas formas, el camino para llegar a esta superación era (y sigue siendo) difícil, como indica le ley civil y criminal del Antiguo Testamento, donde (como indicarán las reflexiones que siguen) se sigue justificando "generosamente" la pena de muerte.

Esta noticia (el Papa Francisco ha mandado quitar la pena de muerte del Catecismo de la Iglesia Católica) marca un cambio esencial en la doctrina de la Iglesia, un cambio que, bien leído, tendrá inmensas consecuencias, por lo que implica en la visión del hombre, en el derecho de la vida, en la visión del perdón.

En ese contexto ofrezco hoy una reflexión sobre la pena de muerte en el Antiguo Testamento, para así saber de dónde venimos. Los que justifican por la Biblia la pena de muerte no han llegado a Jesús (ni a las mejores lectura bíblicas del judaísmo rabínico).

Dejo para otros días la novedad bíblica del Nuevo Testamento, y dejo también la forma y razones por las que la misma Iglesia ha podido aplicar en otro tiempo la pena de muerte, sin haber advertido la novedad bíblica y humana de Jesús de Nazaret, el condenado a muerte. (Todo lo que sigue está tomado de mi Diccionario de la Biblia, pero nos sitúa en el contexto de la novedad de esta decisión bíblica y cristiana del Papa Francisco).

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Dom 2.8.18.Hacerse Pan, ser Eucaristía

Domingo 18. Tiempo ordinario. Ciclo B (Jn 6, 30-69). Comenzó el domingo pasado la lectura del Sermón del Pan de Vida, de Juan Jn 6, que seguirá estos domingos de verano (invierno austral).

En ese contexto presenté la introducción del tema: Jesús multiplico los panes y muchos, al verle capaz de ofrecer comida, quisieron coronarle rey allí mismo, junto al lago de Cafarnaum, pues para eso sirve un rey, para asegurar la comida material de todos; pero Jesús se escapó, subiendo al monte, a fin de preparar y ofrecer otro tipo de reinado.

En ese contexto interpretando de manera algo libre aquel pasaje me atreví a presentar los rasgos principales de su Reino, con su manera de situarse ante el dinero y el poder, para que todos los hombres y mujeres fueran reyes, en dignidad, en comunión, superando toda opresión de tipo económico, político o incluso religioso, para crear una gran mesa redonda en torno al par compartido (imagen 2), donde los más importantes fueran los niños y pequeños (imagen 1),con alimento de pan y, sobre todo, con cariño y cuidado de todos.

Hoy quiero retomar aquel motivo, ofreciendo una visión general del discurso entero de Jn 6 (el gran discurso del pan de Cafarnaum), dejando para los domingos que aún quedan algunos algún rasgo particular de este pasaje, que expone la visión eucarística del cuarto Evangelio, la más realista de todas, siendo, al mismo tiempo, la más mística.

No se trata de evadirse con eso de la eucaristía, pan de Cristo, para situarlo ysituarnos como cristianos en un plano de espiritualismo puro, separado de la vida real de los hombres y mujeres, del pan de los pobres, del amor y la acogida de los niños, de la comunión de todos.

Ciertamente, el pan es pan y debe compartirse, pero, al mismo tiempo, en un plano más hondo, el auténtico pan somos nosotros, de forma que podríamos y deberíamos decir, como Jesús y con Jesús, yo quiero ser y soy también pan de vida para otros.

No me limito a dar un poco de pan material (externo), sino que, debiendo darlo, me doy a mi mismo como pan, haciéndome así eucaristía para los demás.

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31.07.18. Ignacio de Loyola. Volver a Jerusalén, recrear la Compañía

La Iglesia Católica celebra hoy la memoria de Ignacio de Loyola, y su proyecto puede retomarse de diversas formas. A mi juicio, la más clara en este año 2018 es la de retomar con sus compañeros el viaje que no pudo realizar a Jerusalén, para seguir allí los pasos de Jesús, como él mismo ha contado en su Autobiografía.

Allí describe con gran detalle cómo fue una vez, él sólo, a Jerusalén, para encontrar a Jesús, y cómo quiso volver después con su “compañía” de seguidores (nuevos apóstoles) para recrear la Iglesia, retomando el camino de los primeros discípulos de Jesús, precisamente allí donde el Camino había comenzado.

Por eso, en este día de su fiesta (a los 462 años de su muerte, el 31.7.1556) recordaré la experiencia de su peregrinación a Jerusalén, solo y a pie, para ponerse al servicio de Jesús, y pondré de relieve el deseo frustrado de volver allí con sus compañeros, para refundar así la iglesia.

El centro y principio del nuevo camino de estos nuevos cristianos no era Loyola, ni siquiera Roma, sino Jerusalén, donde debían encontrara Jesús como Capitán de la nueva Cristiandad, en su lucha y victoria contra el Diablo.

Quiso volver a Jerusalén, con su pobre gente (Xabier, Fabro, Laínez…), pero no hubo aquel año barco veneciano que llevara a Tierra Santo (1537), porque era recia la guerra del turco, y así volvieron Ignacio y sus amigos a Roma, poniéndose al servicio del Papa, para lo que se terciara.

Han pasado desde aquel momento unos 482 años, en la línea de eso que pudiéramos llamar “el gran paréntesis romano” de la Compañía de Ignacio y de sus amigos, que, no pudiendo ir a Jerusalén para “confirmar” y ratificar su empresa fueron a Roma a ponerse al servicio del Papa. Y de esa forma nació la admirable Compañía de Jesús, que no era la que en principio quiso Ignacio

Han sido unos años muy fecundos para la la Compañía de los "peregrinos de Jerusalén" de Ignacio de Loyola, y ellos han marcado la historia de la Iglesia católica en los últimos siglos, pero quizá ha llegado el tiempo de reiniciar la Compañía como quiso Ignacio, desde la misma en Jerusalén, en línea de nuevo evangelio.

Perdonen mis amigos jesuitas (admirados, queridos…) si retomo desde mi perspectiva de jesuita de corazón esta sencilla propuesta de retorno a Jerusalén, para recrear allí la Compañía, sin negar en modo alguno el paso por Roma (donde hoy es Papa Francisco, nuevo SJ).

Lo haré de un modo muy sencillo, siguiendo la línea de la “Autobiografía” de Ignacio, el Peregrino, tal como la recogió su amigo portugués L. Gonçalves de C. (cf. https://es.wikisource.org/wiki/Autobiograf%C3%ADa_de_San_Ignacio_de_Loyola (y tal como me la contaba el admirable José Ignacio Tellechea)

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Viernes, 17 de agosto

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