Xiphias Gladius

Iglesia para humanidad de 7.000 millones (III)

29.01.12 | 02:49. Archivado en Teología política
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Desiderio Parrilla Martínez

Sin embargo, frente a la desaparición del hecho sociológico de la cristiandad surge en este mundo secularizado un hecho de igual o mayor alcance: el hecho de la pequeña comunidad cristiana. Frente a la crisis de la pastoral tradicional de sacramentos, deudora de la piedad tridentina y aurisecular, surge con potencia una pastoral de comunidades inspirada en el modelo de la Iglesia primitiva. Sin que saliera del despacho de ningún pastoralista, al margen de toda arqueología y planificación técnica, ha surgido un pueblo hecho de pequeñas comunidades que son capaces de afrontar los retos de esta sociedad global, neopagana y supersticiosa, tan similar a la sociedad que evangelizó la Iglesia previa a Constantino.

Por el mundo se extienden las familias de este nuevo pueblo nómada haciendo llegar la Buena Nueva de Jesucristo a todos los puntos de nuestra Aldea Global, sin que ningún hombre quede privado de la oportunidad de recibir, de parte de Jesucristo, el anuncio de que Cristo ha dado su vida por él, por amor a su persona, para perdón de sus pecados.

Estas comunidades proliferan por el orbe en torno a este Kerigma inicial donde los alejados y los próximos encuentran la respuesta a los más arraigados deseos de plenitud que definen su corazón, y se integran a un régimen de pequeña comunidad para profundizar en este encuentro inicial con la Presencia de Cristo y su Misericordia.

Abren así un Camino de renovación o iniciación bautismal, donde el centro es el Misterio Pascual actualizado en la Eucarística y donde el resto de sacramentos se libran de toda sobrecarga devocional y de todo corsé moralista. Una formación permanente y gradual los gesta en el seno de la Iglesia, generando un cambio de vida donde las Obras de Vida Eterna dan a luz al Hombre Nuevo, imagen del mismo Jesucristo, el Siervo de Yahvé en la tierra.

Esta red de comunidades muestra, a su vez, una eclesiología adaptada a esta sociedad urbana, donde no existen las anomalías que la antigua pastoral sacramental había padecido durante los últimos 100 años a causa de su choque contra la nueva sociedad industrial. Se manifiestan, por tanto, como iglesias locales idóneas para esta sociedad de tercer milenio, como comunidades interclasistas y multiculturales, formadas por personas de todas las edades, estratos sociales, mentalidades y niveles culturales diversos.

Este pueblo es sólo un resto, ciertamente, un mínimo reducto del pueblo fiel a Dios. Pero basta este resto para conservar la Fe del Siervo de Yahvé, y no otra fe, en esta nueva civilización de capitalismo global. Ciertamente basta este 1,5% para anunciar a Cristo en esta generación de 7.000 millones de hombres. Es la Fe de las Bienaventuranzas la que puede cumplir esta misión histórica, donde cada bautizado puede iluminar al resto, sazonar el mundo entero, hacer crecer la masa, como sal, luz y fermento del mundo.

Este pueblo, ofreciendo los signos de la unidad y el amor en la dimensión de la Cruz, puede manifestar el Siervo de Yahvé a esta generación. Este pueblo es la Presencia de Cristo sobre la esfera del orbe, reinando glorioso y resucitado en la Cruz de las naciones, a cuyos pies la Santísima Virgen, mediadora de todas las gracias, ruega por nosotros en el combate de la Fe. Este reducto mínimo de cristianos puede iluminar desde esta Cruz al resto, manifestando la impronta de Dios en la historia, en una pastoral de comunidades, donde la Iglesia es comunidad de comunidades.

Este pueblo de pequeñas comunidades es una nueva manera de evangelizar y vivir la fe más acorde con los cambios epocales que vienen acelerándose desde el final de la II Guerra Mundial y que han madurado finalmente en esta época postsoviética como una sociedad globalizada a nivel planetario. Este resto es, por tanto, una respuesta adecuada a la estructura de la Gran Ciudad característica de la Revelación (Ap 18, 4).

Los padres conciliares del Concilio Vaticano II ignoraban el alcance de los cambios que se anunciaban a nivel geopolítico en los años 50 y 60. Hoy podemos darnos cuenta de la Providencia que han supuesto estas comunidades suscitadas en aquel período conciliar y que son ahora como entonces la realización del Concilio en un pueblo en marcha que empieza a definir la Nueva Evangelización para este Tercer Milenio.

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