Flores en los balcones y a esperar
26.01.08 @ 08:00:00. Archivado en Artículos, San Glorio
En principio, conviene aclarar que no cobro nada por hablar bien o mal de San Glorio. Nadie me ha pedido que escriba sobre ello y la redacción se limita a dar entrada a los artículos como les van llegando, sin añadir ni cortar nada, lo que, al margen de las simpatías políticas de cada uno, la libertad de expresión está servida y cada uno llega hasta donde entiende o puede en los temas que aborda.
A excepción de algunos leoneses y palentinos que han ido dejando sus mensajes en mi blog, algunos empíricamente ecologistas y contrarios y, algunos otros discutibles, como el que me remite el alcalde de San Cebrián, nadie me ha dicho “no lo hagas”, o me ha convencido con sus planteamientos para que cambie la versión.
Así como en la política no me parece justo que gobierne un partido que no ha obtenido la mayoría, porque al final se alían y manejan el cotarro en nombre del pueblo, cinco o seis personas que van a gobernar a la medida del partido que los conduce y, no de acuerdo con lo que ha decidido la mayoría, aquí también me parece y, es evidente que, el Gobierno regional ha corrido a cambiar la normativa para facilitar una estación en San Glorio y lo ha hecho respaldado por una aplastante mayoría.
Hasta aquí, nadie tiene motivos para objetar nada, porque nada se ha hecho todavía y, quienes lo han visto como un balón de oxígeno para que muchos pueblos no desaparezcan, enseguida han percibido en la la actitud del ejecutivo, una medida que más que a ningún otro beneficia a los pueblos de la montaña palentina.
Que la vida es un camelo en muchas partes, en muchos conceptos, cada día más, no hace falta que nos lo digan los ecologistas. Ya lo sabemos, ya lo padecemos a diario con la usura de los bancos, con la subida de los impuestos por encima de cualquier cifra razonable,con el canon de autor que fuera de toda lógica nos han establecido y, en fin, con la subida de la vida en general, siempre muy por encima de los sueldos.
El temor de los ecologistas y de quienes no siéndolo se muestran contrarios al proyecto, es el temor que en algunas partes compartimos casi todos, y que podríamos resumir en hacer el mínimo daño al entorno y en poner coto a la especulación inmobiliaria.
Pero no tenemos alternativa: o confiar en la buena gestión de quienes nos representan, o convencer a la mayoría de su error al ilusionarse con un proyecto que será nefasto.
O vamos hacia el futuro con todos los riesgos o, nos sentamos a esperar con lo que tenemos, que no alcanza para detener la terrible sangría.
La idea de unirse los alcaldes que lo apoyan para luchar judicialmente contra los ecologistas, evidencia que, pese a la mayoría aplastante que lo apoya, existe el temor de que algún juez pueda considerar las razones de aquellos, retrasándolo e, incluso, prohibiéndolo.
Es evidente que los ecologistas no presentan alternativas, y se conforman con hacer reflexiones en voz alta como la que recogo en estos días en el foro de mi página web:
“Reflexionad: ¿tenéis vuestras casas y pueblos bonitos?,¿Flores en los balcones?, ¿Sois amables?, ¿Conserváis el patrimonio románico?. No echéis la culpa a nadie más que a vosotros mismos. ¡No dependáis de que se monte una estación de esquí para que vengan los turistas!.”
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No es mi problema, ellos nos votaron
Goebbels, Abril 1945
Reducir la oposición a la postura ecologista me parece desleal, es apelar a la tradicional fobia del mundo rural hacia el ecologismo. Y cualquier persona con dos dedos de frente sabe que en los pueblos no todo es consenso y apoyo. El que más grita no es siempre el más numeroso, ni el que lleva la razón. Pero bueno, habrá que seguir confiando en la clase política. Triste consuelo.
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