Expertos del NO
11.11.06 @ 16:59:31. Archivado en Artículos, San Glorio
Es curioso observar cómo cambia el pensamiento de las personas dependiendo del momento que vivan, del lado en que se encuentren. No me refiero al lado político, que también, sino al situacional. Quienes han sido grandes fumadores y han dejado de fumar son, generalmente, los que más protestan por el humo de los demás. Salvo excepciones, eso pasa en todos los órdenes de la vida. También en el sector ganadero. Quienes han sido ganaderos, ahora que ya no lo son ven fuera de lugar algunos usos que ellos mismos practicaron.
En ese misma línea, es probable que dentro de algunos años D.m., cuando repase y muestre los centenares de artículos publicados en este medio, me recrimine por lo que ahora expongo, tal vez por mi falta de puntería o de tacto en algunos apartados; quizá por mi contínua repetición de escenarios y hechos. Lo cierto es que siempre he procurado referirme con respeto a todas las partes, aún sabiendo el sentimiento que fluye de indiferencia y desarraigo.
Somos pocos y estamos derrotados desde el momento en que no ponemos nuestras fuerzas a trabajar en común por las mismas causas. Las desavenencias por mojones o tierras, la autosuficiencia que nos guía, el individulismo cada vez más patente en pueblos de dos o tres vecinos, donde la distancia nos deja aislados y sin ayuda en cualquier emergencia, hacen también que nos pensemos dos veces ese canto de paz que con tanto denuedo presumimos. Y eso es lo mismo que ven, y de lo que se aprovechan las Asociaciones que a todo correr están buscando firmas para detener la estación de San Glorio. Porque la voz sigue valiendo: el pueblo unido jamás será vencido.
Es posible que no lleguen algunos proyectos, que no alcancen algunos presupuestos, que no rindan como pensábamos historias que se nos vendieron con buenos argumentos, pero nadie tiene derecho a quitarle a un pueblo la esperanza de seguir vivo otros cien años..
Quienes se oponen a la futura estación de San Glorio, muestran su entusiasmo porque han conseguido la firma de doscientos expertos. ¿Expertos en qué? Ni la firma del Rey debe cambiar un ápice proyectos que, al margen de los resultados que generen, están abriendo nuevas expectativas de empleo y de futuro para muchos pueblos que de otro modo tienen los días contados. Y si al paso del proyecto mejoran las carreteras y se amplian los servicios de turismo rural, estaremos dando respuesta a esa repoblación que nos trae a todos de cabeza. Y si un complejo turístico de esa enjundia conlleva la creación de empresas que generen puestos de trabajo, esas son las únicas vías reales de permanencia a las que podemos aferrarnos.
Después de eso, que los pájaros canten, que los osos puedan dormir un valle más arriba, o los corzos un valle más abajo; que las especies, viendo el estado de ánimo generado, se multipliquen y, la naturaleza, sabia, sin necesidad de propaganda, muestre su exhuberancia al ritmo que marque cada estación del año. Porque, seamos realistas, dejémonos de poner diques. Digamos que sí a una opción clara que puede devolver vida a estos pueblos, aunque nada sea seguro ni para siempre.
No se trata de hacer supuestos con los que puedan venir a repoblarla.
Se trata de mejorar la vida de quienes ahora están aquí, para que no se vayan.
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