Fotografía y cintas de video
24.08.97 @ 08:00:00. Archivado en Artículos
Al viajero le quedan siempre en la memoria los lugares por los que anda, la gente con la que trata; las costumbres viejas que, puestas sobre los días van reponiéndose cada año. Al viajero le quedan como referencia permanente e inamovible, una larga serie de fotografías o unas imágenes que le devuelven intacta e imperecedera nuestra tierra. Lugares como Ruesga, Ventanilla, Triollo y Alba, Santibañez de Resoba, Los Cardaños, Brañosera, Casavegas…
Pedro Sánchez Ruiz, montañero de Aguilar, nos sitúa en 1987 ante una instantánea sin igual: "El espectáculo verdaderamente fascinante es ver amanecer desde la cumbre de Peñalabra. Su situación es privilegiada, como un palco que te invita a contemplar un espectáculo formidable". En aquella ocasión, este promotor y amigo aguilarense, recuerda que el grupo “Los Aguilas”, de Aguilar, había invitado al director de este periódico, Antonio Alamo Salazar con el fin de que participase después en el certámen poético. Pero la excursión se malogró y así se perdió el mejor poema.
La casa Goyetes, de Cervera, me regala el video patrocinado por Adempa, que trata de la montaña palentina. Los días se van descolgando a través de una serie de rápidas imágenes, desgranándose en las mismas, las rutas, los hábitos y, siempre al fondo, como corresponde a un video promocional, la esperanza depositada en el futuro.
Yo creo que, en general, todos queremos que venga la gente y, como reza el lema de los panfletos, que vuelvan mañana, tocados para siempre por ese poderoso imán de la atracción. Queremos que esa gente se encuentre aquí como en su propia casa, reflejándose el lema que figuraba en una de las paredes del piso en el que se reunía el Concejo Comunero de Barcelona, en la calle Roger de Flor: “Nadie es más que nadie”.
Cuando el entonces presidente de las cortes Castellano–leonesas, Dionisio Llamazares, visitó en 1984 la comarca de Fuentes Carrionas, puso de manifiesto la gran sorpresa recibida: “Nunca había hecho este recorrido, y la impresión no puede ser más agradable”. Y en el desconocimiento anida la indiferencia. Mucha gente habla de nosotros por lo que le han contado, y por mucho énfasis que se ponga, nunca la palabra ni la letra impresa nos acercará a la lectura tan magnífica que se mete por los ojos en cuanto pasas Cantoral, Velilla o Quintanilla de las Torres.
Ya en el interior, la fotografía es parte importante, yo diría que clave, donde se recogen momentos de las cuatro estaciones: las dehesas, el bosque, el río, los escudos, las casas, los monumentos, , la gente en su jubilación y en sus oficios, los puentes, los pantanos, los pueblos, los valles, las montañas…
Eso en cuanto a la instantánea más fácil de localizar, la que se ve sin entrar dentro de corrales y casas.
Insólita, por ejemplo, es la fotografía que halló Emiliano Cuevas en su chalet de San Salvador. Este profesor en Barcelona, cuando llegó para pasar sus vacaciones estivales, se encontró con un inmenso panal en el hueco de una de sus ventanas. Las celdillas perfectamente dibujadas y la miel fluyendo lentamente por el cristal, era un espectáculo único y gratuíto a contemplar desde el salón.
La casa de la tía Matilde, en Lores, disponía de un portalón inmenso, muy alto, en uno de cuyos extremos levantó su nido una curiosa golondrina. La mujer, en su soledad, siguió día a día cada uno de los pasos del animal, sintiéndose curiosamente protegida por ella, y así lo debió entender el animal que levantó allí su morada, mantuvo allí a sus hijos y acaso le hizo ver la vida de otro modo a la mujer que la acogió. Una estampa, cuando menos curiosa, con una lección moral de fondo que debiera hacer pensar a los ecologistas.
La escena más caliente, en video, es la que protagonizó un inmenso mastín de la familia, un día al caer la tarde, en una finca junto al río de Lebanza. El perro montó a una de las ovejas que, increíblemente le recibió con inaudita complacencia. Otra estampa animal que viene bien para estos días, a modo de reivindicación de todo tipo de parejas.
Voy a terminar con la invitación generosa que hizo de nuestra montaña un excelente poeta, Juan Sánchez Tejerina Serrano, nacido en Villarramiel, a quien Francisco Javier Martín Abril calificó desde su columna periodística como “un enamorado hasta los tuétanos de su tierra, de Castilla”. Ganador, entre otros muchos, de los Juegos Florales de Aguilar de Campóo, y del concurso de cuentos de Guardo, Juan me remitió para que publicara en “Pernía” estos versos que no se publicaron, siempre por razones de espacio, y que ahora yo le remito a mi director Mariano Valero para que haga justicia publicándolos.
Yo del llano subí por vez primera
hasta aquellas bellísimas montañas
que contemplaba en mi Tierra de Campos
con los dulces arrobos de la infancia.
Extasiado oteaba, asbsorto y mudo,
agrestes cimas con la nieve helada.
Rasgada, hecha jirones, entre brumas,
como un temblor la brisa me llegaba.
Y aunque lejos, con nitidez rabiosa,
como espejismo de febril fantasma,
veía, contorneando la llanura,
azules siluetas de montañas.
Aquello, que es Palencia,
que es Castilla,
eran y son mi sueño y mi nostalgia.
Como los versos de Juan Sánchez Tejerina, la fotografía es un universo de palabras, donde está resumida la verdad absoluta y desnuda de nuestra mil veces querida “Montaña Palentina".
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