
El asesor del candidato presidencial concertacionista Eduardo Frei, Pablo Ruiz-Tagle, se quejó de que dicha candidatura ha tenido dificultades para difundir sus propuestas a través de los medios de comunicación nacionales, ya que en éstos “hay un tremendo incentivo para la basura política”.
El abogado participó el lunes 24 en el seminario “¿Una nueva Constitución para la República?”, del Instituto de Ciencias Sociales y la Facultad de Derecho de la Universidad Diego Portales, oportunidad en la cual aludió a la llamada “Constitución del Bicentenario”, que el candidato ha incluido como una de las propuestas más importantes de su programa de gobierno.
“Los planteamientos en los que estamos trabajando serán dados a conocer en los próximos días, no sin dificultad, porque en los medios -todos sabemos quién los controla- hay un tremendo incentivo para la basura política y ningún, ningún apoyo a las propuestas serias, a los programas, a las medidas que realmente puedan interesar a la ciudadanía, o un espacio muy limitado para eso. Lo digo con pena, porque me duele que en nuestro país no exista ese espacio”, dijo Ruiz-Tagle.
Gran parte de la prensa chilena es propiedad de grandes consorcios periodísticos, nacionales y extranjeros, proclives en efecto al sistema neoliberal y su pauta político-electoral diaria suele preferir los conflictos personales entre candidatos al debate de fondo, como el de una nueva Constitución que reemplace la de Pinochet. La Concertación, sin embargo, se adecuó al sistema aunque hoy lo considere una “camisa de fuerza”, como lo expresara el propio Frei.
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Autoridad universitaria presidió la presentación del libro que investiga al diario El Mercurio durante la dictadura.
El prorrector de la Universidad de Chile, Jorge Las Heras, sostuvo que el libro “El Diario de Agustín: Cinco estudios de casos sobre El Mercurio y los derechos humanos, 1973-1990” se encuentra en el ideario de esa corporación de estudios superiores, pues representa la capacidad de ésta de decir la verdad aunque resulte doloroso o riesgoso.
La segunda autoridad de ese plantel presidió el lunes la presentación de la obra que contiene una extensa y profunda investigación periodística sobre la participación del diario El Mercurio en cinco casos de violaciones de derechos humanos durante la dictadura de Augusto Pinochet. El trabajo fue realizado por los periodistas Claudia Lagos -profesora y editora-, Paulette Dougnac, Elizabeth Harries, Claudio Salinas, Hans Stange y María José Vilches, del Instituto de Comunicación e Imagen de esa universidad (ICEI).
Dijo Las Heras:
Este es un libro que representa lo que es el pensamiento de la Universidad de Chile, esa tremenda capacidad, a través de su historia, de dar a conocer situaciones importantes en la historia de nuestro país, con objetividad y esa capacidad de decir la verdad, muchas veces a costa de muchos dolores... o de quedarse sin pega (empleo) en el futuro.
Agregó que es un orgullo para la Universidad de Chile que sus alumnos y graduados hayan sido capaces de sacar adelante este libro.
Pero también hizo una autocrítica: “Cuando uno ve las noticias, todo el mundo, hasta la izquierda más de izquierda, siente que si no salió en El Mercurio no existe. Y en las páginas sociales, muchos connotados diputados y senadores de izquierda se empujan para salir en la foto. Entonces, la pregunta es, realmente: ¿El Mercurio es malo? Es malo para algunas cosas, no es malo para todas las cosas. Y si no tenemos una alternativa distinta es porque nosotros, como sociedad, hemos sido incapaces de generar un medio distinto, obviamente, a algunos como La Nación”.
Principios intransables
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Las paredes del atrio de la Casa Central de la Universidad de Chile, en la Alameda del Libertador Bernardo O’Higgins, en la capital del país, lucen enormes planchas grabadas que perpetúan los nombres de ilustres ciudadanos que han contribuido a dar prestigio y celebridad a la institución de estudios superiores más antigua de la nación. Una de ellas muestra una nómina de ex alumnos que alcanzaron el máximo honor nacional: ser Presidente de la República. Michelle Bachelet, Ricardo Lagos, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Patricio Aylwin –todos de la Concertación-, Salvador Allende y Jorge Alessandri aparecen allí, entre otros.
El lunes 18, en el recinto contiguo, el Salón de Honor, el prorrector, Jorge Las Heras, presidió la ceremonia de presentación de un libro al que identificó en su discurso como parte del espíritu de la universidad, un arduo trabajo de investigación realizado por periodistas del Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI). Asistieron estudiantes y profesores, incluyendo Premios Nacionales de Periodismo y Literatura.
El acto fue cerrado por el himno oficial de la universidad (“Egresado, maestro, estudiante... Vibre entera la Universidad...”) y los presentes, de pie, lo siguieron con solemnidad.
No había, sin embargo, un solo político -exceptuando al ex diputado Andrés Aylwin, retirado de la contingencia-. Muchos de ellos, aunque no hayan llegado tan alto como los ya mencionados, son también ex alumnos del plantel.
Se presentaba “El Diario de Agustín: Cinco estudios de casos sobre El Mercurio y los derechos humanos, 1973-1990”, el libro que, como el documental basado en la obra, se atreve a investigar al periódico más influyente y controversial del país.
El periodista y productor del documental, Fernando Villagrán, lo explicaba hace algunos días en La Nación (10-5-2009):
Yo no conozco ningún político, de ningún sector, que esté dispuesto a enemistarse con Agustín Edwards (propietario del periódico) para desaparecer de la geografía política.
Y en plena campaña electoral, como ahora, menos aún.
Aunque signifique negar no sólo el alma máter, sino también parte de su propia historia, la llamada “clase política” chilena quizá no luche por una placa en las oficinas del decano de la prensa, pero sí por un pequeño espacio en sus grandes pliegos entintados.
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No se mejora un noticiario potenciando la imagen comercial y el compromiso institucional de su periodista conductor, pues eso depende simplemente de la calidad de la información que entrega.
¿Es normal, aceptable o correcto que un periodista conductor de un noticiario se haya desempeñado paralelamente como modelo publicitario de una empresa comercial, animado un conocido festival musical y continuado al frente de la presentación de noticias como si nada?
Canal 13 (TV-UC) permitió que Soledad Onetto, conductora titular de su programa de noticias de mediodía, fuera “rostro” publicitario de una multitienda, gran avisadora en los medios –el Código de Etica Profesional del Colegio de Periodistas prohíbe el ejercicio paralelo de ambas funciones-. Después la designó como su representante en la conducción del reciente Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar desechando a sus mejores animadores y la ha confirmado en el noticiario con este nuevo “valor agregado” más propio de la ficción.
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La película “Che: el argentino”, de Steven Soderbergh, que integraba el 33.er Festival de Cine de la Universidad Católica, fue suspendido por los organizadores debido a “problemas comerciales y contractuales que la distribuidora (BF) no pudo solucionar”, según indica el comunicado oficial.
Dos horas antes de su programado estreno, el jueves 15, sin embargo, la información atribuía dichos problemas a presiones de cadenas comerciales para que el filme, que narra la vida del guerrillero Ernesto “Che” Guevara en los años previos a la revolución cubana, no fuera exhibido.
Los organizadores lamentaron el hecho, explicando que éste obedeció a “motivos ajenos a la voluntad de la Pontificia Universidad Católica de Chile y del equipo organizador del 33.er Festival CineUC”.
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El pasado jueves 13 de noviembre, pasadas las 8 P.M., el canal de televisión abierta LivTV (54) emitió un programa de conversación entre varios invitados, en el cual el tema eran las iniquidades y carencias de... ¡la Constitución vigente!
Lo ocurrido tiene, evidentemente, carácter de noticia. La normativa constitucional legada por el régimen de Pinochet sigue siendo un tabú para gran parte de los medios de comunicación masivos del país, entre los cuales las grandes redes de televisión abierta no tienen competencia. Es así que el recelo mediático ha afectado tanto a campañas independientes por una nueva Constitución a través del marcado del voto –acto absolutamente legal-, como la del Comité de Iniciativa por la Asamblea Constituyente, así como a los propios miembros del Congreso Nacional, doce de los cuales acaban de divulgar una extensa propuesta titulada “Decálogo progresista para el futuro”.
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Casi un millar de espectadores repletó el salón Fresno de la Universidad Católica para ver un documental sobre la participación en dictadura del periódico más grande e influyente del país: El Mercurio.
Se estrenaba un documental sobre cómo el diario más antiguo e influyente de Chile había ejercido el periodismo en dictadura, pero en el amplio salón Fresno de la Universidad Católica, que acogía a casi mil personas -cineastas, actores, académicos, embajadores, estudiantes, la ministra de Cultura y otros asistentes- no abundaban las grabadoras, las cámaras ni los focos. Se profundizaba en un pilar poco difundido de la historia política del país, pero escaseaban los políticos (se vio a uno solo).
El estreno de “El diario de Agustín”, de Ignacio Agüero y Fernando Villagrán, resultó, en cambio, una suerte de catarsis colectiva más bien anónima contra el tabú que ha condicionado a la prensa, la política y la sociedad chilenas particularmente durante los últimos 40 años: el poderío y la inmunidad del “árbitro que define qué y quién existen en Chile”, como cita el boletín oficial; el diario El Mercurio.
La noche del lunes 3 ofreció una gran coincidencia y varias paradojas. En el mismo edificio en cuyo frontis fue extendido, hace 41 años, un enorme lienzo (imagen) que decía “Chileno: El Mercurio miente” –la Casa Central de la UC, en la Alameda-, se realizó la inauguración del 12° Festival Internacional de Documentales de Santiago,
Fidocs 2008.
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Durante el 12° Festival Internacional de Documentales de Santiago (Fidocs), que se desarrollará desde el 3 hasta el 9 de noviembre próximo, se estrenará “El diario de Agustín”, documental de Ignacio Agüero que investiga y relata la cuestionada participación de El Mercurio, el periódico más influyente de Chile, durante la dictadura de Pinochet.
“Este documental habla de hechos que se han acallado y que son importantes de tratar en la construcción de una convivencia democrática, aparte de preguntarse por qué los sectores progresistas no son capaces de tener prensa”, explicó Fernando Villagrán, productor de la obra y ex ejecutivo de la desaparecida revista Apsi, en un reportaje de Beatriz Michell en el diario chileno La Nación.
“El diario de Agustín” (por Agustín Edwards Eastman, propietario y director del periódico) fue estrenado en Buenos Aires el fin de semana recién pasado.
El Mercurio ha influido poderosamente en la historia de este país, particularmente en los últimos 40 años. Hoy, pese a los cuestionamientos tanto políticos como económicos en su contra, continúa orientando la agenda política y periodística, y dominando sin contrapeso el mercado informativo chileno.
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Soledad Onetto es declarada una profesional bien informada, buena entrevistadora, seria y confiable, pero se recurre a ella para hacer publicidad paralela y ahora se le envía a un megaevento musical-farandulero... como animadora.
El Código de Etica del Colegio de Periodistas de Chile, como el de otros países, prohíbe a estos profesionales desempeñar simultáneamente funciones periodísticas y publicitarias, como lo recordó esa entidad gremial -aunque ya no tenga tuición sobre quienes no son sus miembros- en un dictamen.
Se trata de evitar la inducción a error o confusión en la audiencia al transmitirle paralelamente un mensaje de interés social y otro comercial o particular, además de prevenir un conflicto de intereses que contamine la información y perjudique al público, aun cuando éste no lo perciba fácilmente. Esto es especialmente importante cuando un periodista debe difundir una noticia contraria a su contratante adicional, sobre todo considerando que son generalmente los grandes avisadores de los medios los que requieren los servicios cuestionados.
Pese a todas esas prevenciones, el sistema mercadocrático imperante se empeña en torcer la nariz –y el resto del cuerpo- a la información pública, al incentivar la práctica de prestar una favorable imagen pública como “rostro” del periodismo contingente para favorecer disciplinas que persiguen objetivos anexos, distintos y muchas veces contrapuestos a éste, como la publicidad y el marketing. En la televisión los casos son por ahora puntuales, pero en las radioemisoras de FM proliferan programas de actualidad con periodistas, televisivos o no, colegiados o no, que, interrumpiendo su tarea específica, dan voz y énfasis a los anuncios de los auspiciadores.
A la farándula
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Esta semana se realizó en el Centro Cultural de España, en Santiago, un foro sobre periodismo ciudadano organizado por Jaime Díaz Lavanchy y Francisca Araya, director y productora, respectivamente, del documental “La Revolución de los Pingüinos”, sobre el movimiento estudiantil de 2006, actualmente en exhibición en la capital chilena.
“Nos urge la libertad de expresión, pero queremos salir de los lugares comunes, profundizar en la reflexión, inspirar nuevas ideas y provocar nuevas acciones para cambiar el modo en que se ejerce el periodismo hoy”, declararon los organizadores. El colectivo Memoria Visual, al que éstos pertenecen, promueve el pluralismo en los medios de comunicación y la creación de medios independientes para la expresión de la diversidad ideológica y cultural del país.
¿Nuevas ideas? ¿Nuevas acciones? El sistema político vigente las provoca y estimula cruelmente, porque rara vez facilita el camino a aquellos actores que no comulgan con la ideología neoliberal.
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El Colegio de Periodistas de Chile pidió perdón a los familiares de las víctimas de la pasada dictadura, por faltas a la ética profesional cometidas por miembros de la orden en el caso de montajes informativos publicados por medios de comunicación impresos y televisivos en 1975.
El siguiente es el texto publicado en el sitio web oficial del Colegio, escrito por Jorge Escalante:
“Periodistas pedimos perdón por quienes callaron en dictadura
Santiago, 21 de junio de 2008.- El Colegio de Periodistas pidió perdón a familiares de las víctimas de la dictadura por aquellos medios y colegiados que mintieron para servir al régimen opresor, disfrazando asesinatos con falsos enfrentamientos con fuerzas de seguridad y, especialmente y por mandato de sus tribunales de ética, porque el propio Colegio como institución no estuvo a la altura de las circunstancias.
Su presidente nacional, Luis Conejeros, lo hizo en la persona de Roberto D’Orival e Isabel Gallardo, el primero representando a los familiares de los 119 desaparecidos en la Operación Colombo, y la segunda a nombre de las familias de seis asesinados por la DINA, ambos sucesos ocurridos en 1975 y disfrazados como falsos enfrentamientos en Argentina y Chile.
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A través del periódico electrónico Clarín de Chile, diversos intelectuales, académicos y profesionales instaron al gobierno de Michelle Bachelet a respetar el reciente fallo del Centro Internacional para el Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (Ciadi), que dictaminó que el Estado chileno debe pagar 16,6 millones de dólares al propietario del desaparecido diario del mismo nombre, el español Víctor Pey, por la confiscación de dicho medio tras el golpe militar de 1973.
La primera declaración señala textualmente:
“La decisión del gobierno chileno de presentar un recurso de nulidad al dictamen por el caso Clarín del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi) del Banco Mundial no es sino la última parte de un proceso lleno de irregularidades, cuyo objetivo ha sido obstaculizar la reedición del diario Clarín. La actitud del gobierno, del mismo modo que los anteriores de la Concertación, intenta impedir la restitución de los activos del que fue el periódico de mayor circulación en Chile a su verdadero y legítimo propietario, el ciudadano español Víctor Pey.
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