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País pinochetizado

Permalink 04.03.19 @ 10:00:57. Archivado en 5. Política, Sociedad, 6. Chile, Pinochet

Hay un aspecto que, a mi juicio, tiene fundamental relevancia. Y ese no es otro que el profundo cambio de mentalidad que se ha operado en los chilenos. Cada hombre y mujer de esta tierra se ha dado cuenta del enorme potencial que tiene implícito, así como de que el trabajo y el esfuerzo personal son la única herramienta válida para progresar y crecer en libertad. Por
eso creo que ese es el principal logro y realización obtenidos por nuestro gobierno.

Augusto Pinochet Ugarte, 1989.

J.F.S.

Fuente: Luciano Vásquez Muruaga, “Transición a la chilena”, 1989.

Comisionada ONU mira dónde pisará

Permalink 14.02.19 @ 10:00:54. Archivado en 5. Política, Bachelet, 7. Venezuela

Michelle Bachelet no ha alcanzado su encumbrada carrera política arriesgando su andar, en Chile y el extranjero, en un campo donde la brillantez altruista se consumió hace mucho tiempo. Se alza como la primera mujer chilena ministra de Defensa y Presidenta de la República, primera directora de la ONU para la Mujer y ahora Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos.

En este último cargo, sin embargo, comienza a ser cuestionada por su aparente inacción en el caso de la crisis de Venezuela. Se supone que ella, con todos sus galones y víctima de tortura durante la dictadura de Pinochet, debiera estar de cuerpo presente en el territorio de la apremiada república bolivariana o, al menos, anunciándolo y preparándose. Incluso ha sido invitada por el propio régimen de Nicolás Maduro, pero hasta ahora se ha limitado a manifestar su temor por que el desconocimiento y la descalificación mutuas hagan irreconciliable a la sociedad venezolana y sean las armas las que terminen con la división.

¿Por qué sólo hasta ahí, considerando que es el respeto a los derechos humanos elementales la materia que define su elevado rango y lo que precisamente está en juego, como lo especifica, además, un informe especial emitido por su antecesor?

Eso es lo que se ve, pero más importante podría ser aquí lo que se pisa.

Bachelet asumió sus gobiernos en Chile prometiendo reformas sociales en favor de los trabajadores, la mujer y la igualdad de oportunidades, las que lograron resultados sólo parciales y relativos, pero ese bajo rendimiento no afectó una evaluación personal que, como la de todo político -cualquiera fuere su signo- en un mundo neoliberal, no depende finalmente de los votantes sino de la estabilidad de los superiores de la globalización: los consorcios transnacionales.

No ha dudado, pues, en desentenderse de algunos preceptos democráticos básicos, pero incómodos, cuando las expectativas más realistas así se lo han recomendado (su intento de “proceso constituyente” dirigido es el mejor ejemplo), aunque hoy el conflicto caribeño y la interpelación internacional a que intervenga parecen haberle puesto en una disyuntiva diferente.

Después de todo, una alta comisionada de la ONU, deseablemente imparcial, se encontraría no sólo en un país cuyo Presidente, aunque elegido, es llamado dictador y considerado jefe de un gobierno corrupto, violador de derechos humanos y causante de una hambruna generalizada, sino que también y paralelamente, en medio de una insurrección popular encabezada por un diputado autoproclamado Presidente, que llama a las Fuerzas Armadas a rebelarse, es orientado por la mayor potencia política, económica, militar e intervencionista del mundo y reconocido como “Presidente encargado” por la mayoría de sus vecinos sudamericanos y las principales potencias europeas.

¿Permitiría Bachelet, con sus conclusiones, que la opinión pública internacional y un eventual desenlace de la confrontación se inclinaran hacia uno u otro lado? ¿Querría, en el fondo, que todo terminara como es hoy su pragmático país?

Quizá espera que el trance de las últimas semanas se diluya en forma natural, por sí solo (no por ella), antes de actuar. Ha demostrado saber dónde está pisando o dónde debe pisar en arenas movedizas en las que, calculada y asombrosamente, ha caminado con éxito.

Algo tendrá que hacer, en todo caso, y a tiempo. Una de las prioridades de la oficina que dirige es fortalecer tanto el estado de derecho como la rendición de cuentas por violaciones de los derechos humanos.

Julio Frank Salgado

Chile y Venezuela: Opuestos aunque parecidos

Permalink 28.01.19 @ 00:08:51. Archivado en 5. Política, Sociedad, 6. Chile, Desarrollo

Los gobiernos inglés, francés, alemán y español dieron un ultimátum al régimen de Nicolás Maduro que, de no cumplirse, les llevaría a desconocer a éste como Presidente de Venezuela y reconocer, en su reemplazo, al líder de una insurrección popular organizada desde la misma potencia que actuó en Chile.

Por presentar ambos casos algunos aspectos y proyecciones similares pese a su opuesta situación actual, repito un artículo publicado aquí el 31 de octubre de 2018.

EL PRECIO DEL “SUEÑO CHILENO”

Sus gobernantes le facilitan inversiones foráneas, adquieren en ella especialización y estatus, adhieren a su política transnacional, reciben medallas e incluso mezclan emblemas nacionales y brindan con la primera potencia del mundo. Sus gobernados, con una mentalidad competitiva, se concentran en la búsqueda del éxito económico individual y el consumo de las maravillas de la modernidad. No es difícil averiguar dónde se inspira y descansa la cara A del “modelo” chileno.

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“Fake news” ha habido siempre

Permalink 09.01.19 @ 10:00:30. Archivado en 5. Política, 2. Medios, Televisión, Sociedad, 6. Chile, Blogueo y periodismo ciudadano, El Mercurio

“En estos días de las fake news (noticias falsas) hay que tener cuidado con lo que uno comenta”, advirtió la alcaldesa de Providencia y ex candidata presidencial de la derecha, Evelyn Matthei. Aludía a las informaciones compartidas en las llamadas redes sociales y su posible efecto en el resto de la población, en relación con el reciente atentado explosivo que hirió a cinco transeúntes en esa comuna del Gran Santiago.

No son hoy precisamente “días” de
“fake news”. Apuntar tan directamente a la potencialidad de la actuación ciudadana en Internet como incubadora favorita de esa peligrosa práctica desvía más bien la atención pública y favorece la estrategia de quienes buscan, desde posiciones sociales mucho más altas, ocultar la larga, oscura y dolorosa saga de los medios de comunicación tradicionales en esta materia. Se olvida, sin ir más lejos, que este país fue súbdito y es legatario de la soberana de la desinformación: la dictadura.

Es cierto que la multiplicidad de personas y conexiones en el inmensurable ciberespacio se conjuga con la diversidad de fuentes de información de cualquier género y calibre para hacer inviable la prevención de tal contenido y facilitar el ocultamiento y la impunidad del infractor. Pero también lo es que aquellos difusores de falsedades amparados en grandes grupos mediáticos, que exhiben con su uso resultados mucho más concretos y perdurables, han recibido un trato benevolente y hasta generoso de parte de la legislatura, lo que les ha permitido seguir mirando de frente y prosperando no obstante el daño causado a la audiencia víctima.

Basta citar algunos puntos negros de dicho ejercicio, en particular el del buque insignia de la prensa nacional y modelo informativo, formativo e histórico de la sociedad chilena –El Mercurio- y el de los agobiantes canales de la televisión abierta. Y recordar, por ejemplo, el titular “Exterminados como ratones” de La Segunda en 1975, para referirse a la matanza de más de cien personas detenidas por las fuerzas represoras. O el montaje gráfico de El Mercurio -derivado en querella y procesamiento de su director y propietario-, que inculpó a dos personas inocentes como instigadoras de los disturbios que opacaron una de las actividades del Papa Juan Pablo II en el país en 1987. O la campaña comunicacional de la central de inteligencia estadounidense (CIA) contra Allende, antes y durante su gobierno, en la que también estuvo involucrado el llamado decano. O la sistemática e interminable desinformación proveniente de las estaciones televisivas durante la dictadura, encabezadas por el canal del Estado, imagen lavada hoy por un régimen político-económico abierto pero nunca tanto como para reinstaurar el pluralismo o erradicar la tergiversación y la censura.

Un colega y editor de esos medios me manifestó una vez sus dudas acerca del grado de veracidad que los blogueros podían asegurar. En lugar de buscar garantías, debí responderle simplemente que tenía yo la misma sensación… respecto del suyo.

No es ésta “la época” de las “fake news”. Fue inaugurada hace muchísimo tiempo, cuando surgió la primitiva necesidad de comunicarse, y consolidada luego cuando los imperios y gobiernos lo requirieron. Y antes de que los periodistas tuvieran que compartir su deber con ciudadanos anónimos para abrir la cobertura a todo lo digno de descarte para sus aprensivos socios político-comerciales.

No se trata de competir en falsedades, sino de prevenirlas y sancionarlas por igual.

Julio Frank Salgado

El precio del “sueño chileno”

Permalink 31.10.18 @ 10:00:25. Archivado en 5. Política, Sociedad, 6. Chile, Desarrollo

Sus gobernantes le facilitan inversiones foráneas, adquieren en ella especialización y estatus, adhieren a su política transnacional, reciben medallas e incluso mezclan emblemas nacionales y brindan con la primera potencia del mundo. Sus gobernados, con una mentalidad competitiva, se concentran en la búsqueda del éxito económico individual y el consumo de las maravillas de la modernidad. No es difícil averiguar dónde se inspira y descansa la cara A del “modelo” chileno.

Desde la Independencia se ha alabado el sentido de “equilibrio, orden y moderación” del carácter nacional o su parsimonia para enfrentar los avatares de la subsistencia. Los grupos dirigentes locales se han mostrado abiertos a la participación económica y la influencia cultural extranjeras, en particular las anglosajonas. Se motejaba a los chilenos como “los ingleses de Sudamérica”, aunque ahora, dado el traspaso de potencia e injerencia en la política internacional, podrían ser llamados “los norteamericanos de Sudamérica”. Si antiguamente se admiraba aquí el garbo inglés y su calculadora eficiencia, y se aceptaba su ambición genética por la conquista territorial y cultural, ha sido la rústica convicción estadounidense sobre el éxito económico y la expansión de sus intereses lo que se ha impuesto después y con nuevos bríos.

Los habitantes de este delgado territorio son convocados diariamente hoy a experimentar una especie de “sueño (norte)americano”, la búsqueda de un triunfo equivalente al talento y el esfuerzo personales desplegados, lo que derivaría inevitablemente, además, en el engrandecimiento del país.

Lo primero, al menos, está a la vista. Los negocios y emprendimientos independientes de todo tipo y tamaño, el ilimitado acceso a bienes muebles, inmuebles y fungibles, la amplia oferta educacional, el sorprendente consumo gastronómico, los crecientes viajes nacionales e internacionales, la disponibilidad de tecnología digital en todo momento e incluso un generoso e inédito calendario anual de días de asueto no son evidencias de un país pobre o estancado. Que lo digan los miles de argentinos, peruanos, colombianos, venezolanos y haitianos inmigrantes, y los millones que lo envidian a través de los medios de comunicación.

Pero se trata de un modelo “a la chilena”. Ocurre que la mayoría de la población no está en condiciones de subirse al carro de la victoria por impulso propio, dado que el auge no comprende remuneraciones equitativas, estabilidad para el empleo dependiente ni todos los incentivos que necesitan los emprendedores pequeños. Históricamente gobernados por una elite político-económica cerrada y aglutinadora de la riqueza nacional –salvo excepciones, como el derrocado gobierno de Allende-, gran parte de los “soñadores” ha tenido que proceder dentro de su ya delimitado alcance, comenzando por la herramienta clásica que les ofrece el sistema: un expedito y tentador, aunque riesgoso, endeudamiento rotativo. Esta solución les permite usufructuar de bienes a los que en circunstancias normales no habrían podido acceder, pero les obliga a un pago regular que compromete muchas veces el ingreso mensual y está sujeto a subidos intereses, eventuales multas y, en el peor de los casos, a un embargo judicial que podría significarles empobrecimiento.

“Todos lo hacen”

En su ansiedad por no quedarse abajo, los más incómodos en la pirámide socioeconómica han asumido a su manera el camino más próximo y directo ya consagrado: el comercio. La transacción de productos y artículos de toda clase, rubro, volumen, calidad e incluso legalidad se ha convertido así en un protagonista sin contrapeso a todo nivel, al punto que, mientras las grandes empresas se apuran con las ofertas navideñas ya en octubre, celebran los días de la madre y el padre a modo de “ciber-days” e incorporan a periodistas como anunciadores, el aparentemente modesto y postergado vendedor ambulante se dota de los aparatos técnicos necesarios para irrumpir libremente con su mercadería en el transporte masivo –incluyendo vagones del Metro-, salas de hospitales y hasta bibliotecas públicas.

Si líderes políticos, empresariales, militares y eclesiales, con privilegiada educación, dan un ejemplo del uso de oportunidades torciendo la ley y la ética, ¿por qué no aprovechar la posibilidad de mortificar un poco, en beneficio propio, a los más desprevenidos?

“Aquí todo está quieto, porque cada uno hace lo que quiere (…)”, sentenciaba Juan Egaña en el Chile del siglo XIX.

Una meta económica diseñada para satisfacer a grupos empresariales ávidos de utilidades gigantescas ha arrasado con la sensibilidad colectiva, desvirtuando la política, el trabajo, la educación, la salud, el papel de los medios, el deporte y otras actividades fundamentales de la convivencia social, a cambio, en definitiva, de una ensoñación sobre el desarrollo, de un letargo intelectual y valórico, de una rutina materialista y consumista. Los estudiosos civiles y religiosos que podrían poner una voz de alerta sobre el sentido de la vida humana en sociedad son impulsados a la obsecuencia con la realidad generada y a quedarse discretamente en zaga.

“Business as usual” (El negocio, como siempre), se escucha en medios radiales transnacionales.

Desnacionalidad

He aquí algunos hechos de la historia política de esta parte del continente:

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Una izquierda absorbida por la derecha

Permalink 26.09.18 @ 10:00:27. Archivado en 5. Política, 6. Chile

La izquierda y la centroizquierda chilenas celebran los 30 años desde el “No” a Pinochet en calidad de copartícipes de la sociedad individualista, despolitizada, consumista y capitalista (!) pensada y diseñada por los herederos del dictador.

Tanto dirigentes de la ex Concertación como del Partido Comunista anunciaron la celebración del trigésimo aniversario del “triunfo de la democracia” en el plebiscito que derrotó a Pinochet el 5 de octubre de 1988. Los convocantes que pertenecieron a la autoproclamada “coalición política más exitosa de la historia de Chile” se enorgullecen de que el país haya cambiado, pero eluden hacer precisiones sobre si se trata exactamente de lo que prometían en aquella época.

Ya no hay dictadura, pero sobreviven los amarres destinados a proteger su herencia (economía mercadista y capitalista, servicios básicos privatizados, restricción de la participación social). Cesaron la persecución y los crímenes políticos, reemplazados por la discriminación y las sanciones socioeconómicas (despidos sumarios, abuso y marginación laboral, desigualdad social). Reverdeció el concepto de democracia, pero no como participación colectiva sino como libertad individual, materialista y consumista. Retornó el estado de derecho, pero manipulando la legalidad y desvalorizando la ética. Se habla de país, pero cediendo sus riquezas naturales y su cultura popular a intereses transnacionales.

Volvió el sufragio universal, aunque terminó sellando campañas electorales escuálidas en ideas y dudosas en su financiamiento.

País concesionado

No abruma a aquellos dirigentes el expansivo protagonismo transnacional por sobre el propio, sustentado en normativas laxas, con debate excluyente, “express”, algunas de las cuales atentan contra la soberanía nacional, como la del cobre. Más de dos tercios del mayor recurso natural de la nación enriquecen a inversionistas extranjeros de manera casi inexpropiable, ya que el Estado chileno debería indemnizarles, dado el caso, con una suma estratosférica.

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Políticos con marcha atrás

Permalink 01.09.18 @ 10:00:06. Archivado en 5. Política, 6. Chile, Asamblea Constituyente

Durante los últimos siete años, en todos los partidos de la izquierda y la centroizquierda chilenas, incluyendo parlamentarios, hubo acuerdos y algunas gestiones en favor del proyecto común más trascendente que pueden asumir los habitantes de un país: una nueva Constitución vía Asamblea Constituyente. Hoy, ni siquiera hablan de lo que ellos mismos propusieron.

Si la ex “Nueva Mayoría” –ex Concertación, a su vez-, apoyada por la nueva izquierda agrupada en el Frente Amplio, ha promovido con persistencia en general los llamados “temas valóricos” –aborto, transexualidad, eutanasia, matrimonio homosexual-, en materias de mayoría, especialmente el derecho a una Constitución redactada con participación popular directa a través de una Asamblea Constituyente, no ha mostrado igual convicción y proactividad. Pese a que ellos mismos lo plantearon, ahora lo dejan desaparecer de la agenda pública.

Continuos fracasos políticos e incluso electorales, así como retractaciones personales de altos dirigentes, permiten entenderlo.

En reversa

En mayo de 2011, durante el primer gobierno de Sebastián Piñera y en medio de las manifestaciones estudiantiles más masivas desde el término de la dictadura, el XXIX Congreso del Partido Socialista de Chile proclamó la necesidad de una nueva Constitución, “que deberá surgir de una Asamblea Constituyente”, declaraba. Lo reafirmaron personalmente Osvaldo Andrade, diputado y presidente del PS, y Alvaro Elizalde, vicepresidente y actual senador y presidente del partido. Sus aliados de la entonces Concertación les acompañaron en la presentación de sendos proyectos de ley sobre convocatoria a una AC, dos meses después, e instalación de una cuarta urna electoral para el pronunciamiento ciudadano al respecto, en septiembre de 2012, asegurando que interpretaban así el sentir de las movilizaciones sociales.

No continuaron, sin embargo, con la iniciativa. Andrade, incluso, se retractó públicamente en 2014.

DC de siempre

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¿A qué ciudadanía le hablan?

Permalink 04.06.18 @ 10:00:27. Archivado en 5. Política, Sociedad, 6. Chile, Desarrollo

Marchas y marchas contra abusos y discriminaciones e instituciones fundamentales azotadas por crisis no parecen remecer a la sociedad chilena. La propia población, orientada al consumo, una engañosa prosperidad y ciertos derechos individuales, lo ha hecho posible, postergando sus aspiraciones comunes superiores y dejando su autoridad sobre lo bueno y lo malo al manejo de una “clase” política pragmática, compacta y tributaria de grandes potencias transnacionales.

A mí nadie me hace callar… ¡Estamos en democracia!

La rotunda sentencia podría revelar un acendrado sentido cívico recuperado en Chile tras la dictadura y predominante hoy en este aparentemente estable país. Lo raro fue que su anónimo autor estaba en un salón de lectura de la Biblioteca Nacional y sólo se le había sugerido bajar el alto volumen de su diálogo privado.

En otra oportunidad, un transeúnte que leía los titulares de un periódico en un quiosco destacaba el alza del precio del petróleo, pero cuando otro le indicó uno que se refería a un escándalo político, dio rápidamente media vuelta y se alejó sin responder.

Que en la población chilena impere hoy una sensación extraña y recelosa de democracia no era el deseo, pretensión o aspiración que la mayoría antidictadura –incluyendo políticos- manifestara 30 años atrás para restaurar lo que aún se considera el sistema ideal de gobierno.

Ocurre que después de casi tres décadas de política cupular, organizaciones de la base social desmovilizadas por aquélla, administración estatal atada de manos especialmente en economía y cultura, insólitas granjerías a los negocios multinacionales y compromisos prioritarios con el exterior, a la ciudadanía del siglo XXI le ha quedado meridianamente claro a qué tiene que adherir, qué derechos puede ejercer y qué debe tolerar para poder sobrevivir y relativamente prosperar en un país así reconstruido. Tiene, según esto, que coincidir en que la política es exclusivamente para los políticos; que éstos deben actuar necesariamente bajo la hegemonía globalizadora de las grandes potencias y que la economía, por lo tanto, ha de tratar con privilegios a los grandes capitales foráneos; y que dentro de la variedad de derechos que una democracia auténtica asegura sólo los individuales, aquellos que no disienten o impugnan la institucionalidad y el poder ya en vigor –y que son llamados por éstos, sin embargo, “ciudadanos”- pueden ser aceptables y susceptibles al menos de estudio.

Las tan alabadas movilizaciones sociales de los últimos años así lo confirman.

Movilizaciones a medias

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Una Constitución de Bachelet para Piñera

Permalink 12.03.18 @ 10:00:59. Archivado en 5. Política, 6. Chile, Bachelet, Constitución

Bachelet no sólo entregó por segunda vez consecutiva el gobierno a su opositor de derecha, sino que esta vez le adjuntó un proyecto de nueva Constitución con reformas negociables y manteniendo intacto el dogma fundamental: la ciudadanía debe seguir al margen de las decisiones políticas y volcada hacia sus asuntos personales (empleo, familia, sexualidad).

Los poderes del nuevo Presidente de esta república, Sebastián Piñera, recibidos por segunda vez consecutiva de la que, se suponía, era una contendora insuperable, Michelle Bachelet, llegaron con una “marraqueta” bajo el brazo: un proyecto de ley de reforma que establece una nueva Constitución Politica para el país. Y aunque a él nunca le ha simpatizado este tema y ha llegado dos veces a la Presidencia tratándolo en forma despectiva, ahora tiene una posibilidad de deshacerse del mismo no ignorándolo precisamente, sino más bien buscándole un acomodo en su favor mediante el ya manido “consenso (político) nacional”.

Después de todo, el llamado “proceso constituyente” de Bachelet, que dio inicio a la propuesta, no le resulta descabellado: una consulta popular perfectamente organizada y controlada por el gobierno, con opiniones no vinculantes y revisadas por éste, y una ínfima participación ciudadana, poco más de 200 mil personas, según la cifra oficial. La redacción del texto final, además, fue ajena a los partidos oficialistas y su destinatario directo siempre estuvo meridianamente claro: el Congreso Nacional y su valiosa experiencia en acuerdos político-legislativos estrictamente apegados a la institucionalidad neoliberal en vigor. Nada que se parezca a una Asamblea Constituyente. Nada que concuerde con las campañas en ese sentido realizadas por organizaciones sociales ni con los acuerdos partidarios adoptados en la propia coalición entonces en el gobierno.

Correspondiente con eso, la mayoría ciudadana, largamente desafectada de la política -excepto cuando siente dañados intereses particulares-, recibió con esperable indiferencia una materia como la presentada, densa, multiforme y asociada interesadamente a salones políticos y jurídicos. La propia autora del nuevo proyecto admitió (en privado) el gran desconocimiento reinante en la población chilena acerca de lo que significa la Constitución de su país; no podía hacerlo públicamente, porque fue la extinta Concertación la principal promotora de tal ignorancia.

Con tales antecedentes, la ahora ex gobernante procedió en consecuencia.

Pobre soberanía

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Renuncian fiscales anticorrupción

Permalink 22.01.18 @ 10:00:32. Archivado en 5. Política, NOTICIAS, 6. Chile, Sociedad

Los fiscales de alta complejidad Carlos Gajardo y Pablo Norambuena presentaron su renuncia al Ministerio Público de Chile, por discrepar de la decisión de sus superiores de ofrecer salidas alternativas en casos de presunto fraude al Fisco y financiamiento ilegal de campañas políticas, particularmente al senador Iván Moreira (UDI), desaforado en el caso Penta.

Los persecutores especializados, que trabajaban en la investigación de esa causa y las de SQM y Corpesca, relacionadas con la emisión de boletas “ideológicamente falsas” (por servicios no prestados) para que empresas remitieran dinero a políticos y parlamentarios, temen que una rebaja de la responsabilidad perseguida favorecería a los acusados de corrupción e insisten en que la gravedad de los hechos ameritaría una sanción penal.

Otro senador de la UDI, Jaime Orpis, desaforado y privado de libertad en 2016, es imputado por fraude al Fisco y presentación de boleta falsa en el caso Corpesca, y se solicitó la ampliación al delito de cohecho.

El Fiscal Nacional, Jorge Abbott, restó trascendencia a las renuncias, señalando simplemente que “el Ministerio Público es más que dos fiscales”. El nombramiento de dicha autoridad –la que ejerce durante ocho años- es propuesta por el Presidente de la República según una quina presentada por la Corte Suprema y debe ser aprobado por al menos dos tercios del Senado.

La actual oposición, que será gobierno en marzo próximo, ha denunciado que otra institución clave en este tipo de casos, el Servicio de Impuestos Internos, no ha mantenido la misma actitud fiscalizadora respecto de los políticos oficialistas, entre los cuales se encuentra el primer ministro del Interior de Bachelet, Rodrigo Peñailillo.

El Ministerio Público, además, ha sido criticado por sus resultados en otros dos causas de alta connotación pública, el asesinato de un matrimonio en la Araucanía y la detonación de bombas en la capital, así como por el alto porcentaje de denuncias archivadas sin la investigación solicitada.

J.F.S.

El periodismo se nos está yendo (III)

Permalink 02.01.18 @ 10:00:00. Archivado en 1. Periodismo, 5. Política, 6. Chile

“Los periodistas (de hoy) no intrusean y no encuentran nada”, afirmó recientemente el nonagenario y legendario Alberto “Gato” Gamboa, Premio Nacional de Periodismo 2017. Pero sí hacen paralelamente vocerías publicitarias y protagonizan hechos noticiosos institucionales como “invitados”. Ese papel, de apariencia pública pero a beneficio particular, comercial y político, contribuye a la desinformación “emotiva” de la audiencia y favorece el control ideológico de la comunicación.

(Anterior)

El periodista Ramón Ulloa, conductor de noticias televisivas y radiales, anteriormente en CNN Chile, ofició como maestro de ceremonias durante la reciente inauguración de la Línea 6 del Ferrocarril Metropolitano de Santiago. “Me pareció importante estar presente ahí”, explicó vagamente, aludiendo al aspecto informativo del acto, organizado por dicha empresa estatal.

A las presiones editoriales, comerciales e ideológicas sobre el periodista y el periodismo se ha incorporado la de compartir el protagonismo en hechos informativos generados por empresas o instituciones a las que éstos deben observar, comentar y fiscalizar periodísticamente desde una posición independiente, lo que contraría además la regla que “el periodista en sí no es noticia”. El principal favorecido fue, en ese caso, un servicio estatal, el Metro de Santiago, cuya presentación encabezó la Presidenta de la República en persona. Ulloa ejerce actualmente en Canal 13 y Teletrece Radio, pertenecientes a uno los principales grupos económicos chilenos (Luksic).

Ningún político u opinólogo comentó públicamente lo ocurrido. Ni siquiera intervino el Colegio de Periodistas. Los únicos “sensibles” fueron algunos comentaristas virtuales del artículo que lo informaba.

Prensa según mercado

Ese trastoque de la mentalidad periodística histórica fue incubándose desde que un decreto de la Junta Militar convirtió los colegios profesionales en asociaciones gremiales en 1981, reduciendo drásticamente su respectivo tutelaje ético y concentrándoles en asuntos internos e individuales. Desde entonces, ningún profesional, como cualquier trabajador, está obligado a someterse a normas de entidades gremiales para poder desempeñar su labor.

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Oportunidad para Beatriz Sánchez y la AC

Permalink 23.11.17 @ 10:00:58. Archivado en 5. Política, 6. Chile, Asamblea Constituyente

Si hay algo concreto y definitivo con que Beatriz Sánchez puede socorrer a la candidatura oficialista es, además de votos, su principal propuesta y el camino trazado para realizarla: Asamblea Constituyente.

Después de haber superado imprevistamente el 20 por ciento de los votos en la carrera presidencial y perder por menos de tres puntos el derecho a pasar a la segunda vuelta, Beatriz Sánchez y el Frente Amplio tienen hoy una posición favorable si accedieran a negociar un eventual apoyo al candidato bacheletista, Alejandro Guillier. El tema central en este caso no serían reformas, por drásticas que fueren, como aumentar los impuestos a los más ricos, cambiar el sistema previsional, eliminar una injusta deuda estudiantil, recuperar los recursos naturales básicos, mejorar la atención de salud y otras propuestas programáticas, sobre lo cual se ha discutido durante más de 25 años con pobres resultados y chocando lo más trascendente contra el muro constitucional pinochetista.

Como establece el primer capítulo del programa de gobierno frenteamplista 2018-2022, se trata de la convocatoria a una Asamblea Constituyente propiamente tal, para lo que el nuevo Presidente de la República recurriría a facultades previstas en la propia Constitución vigente, esto es, enviar un proyecto de ley para la realización de un plebiscito nacional validante de la iniciativa y, ante un posible rechazo, insistir con dicho mecanismo para dirimir la discrepancia con el Congreso Nacional.

Alejandro Guillier también es partidario de una nueva Constitución, pero se ciñe a la restringida y no vinculante consulta popular efectuada por Bachelet para ser dejada a la decisión final del Parlamento.

Los fundamentos para una AC ya han sido latamente descritos en los últimos diez años, pese a una escasa y prejuiciosa difusión en los medios informativos, la errática adhesión de algunos políticos y la limitada promoción de algunas organizaciones sociales. Se ha recordado el origen autoritario, la ideología impuesta y la estructura inamovible de la Carta en vigor, su parcializada consagración de los derechos ciudadanos y del fomento de la calidad de vida moderna, así como la insuficiencia de las reformas introducidas, más bien protectoras de sus pilares.

A eso se ha opuesto el carácter eminentemente democrático de una Asamblea Constituyente, cuya generación se basa en el sufragio universal, como cualquier elección; su apertura a la participación de todos los sectores sociales, además de los políticos; su necesidad de un debate amplio, plural y sin censura en los medios de comunicación; su facultad única y exclusiva de discutir y redactar una nueva Constitución Política del Estado para someterla a un nuevo veredicto ciudadano en las urnas. Pocos son los países que no necesitan una institución así; muchos gobernantes, sin embargo, la han eludido discrecionalmente.

Desafío

Aunque la carga popular pedida y recibida por Beatriz Sánchez y el Frente Amplio es pesada, inhóspita y cuesta arriba, no hay alternativa si en lugar de ser un destello más desean hacer historia. Tendrán que enfrentar y al menos resistir los embates de una formidable economía neoliberal, inter y transnacional, cuyos intereses se han apropiado de la política, la educación, la salud, el trabajo, la previsión, la cultura y los hábitos domésticos, entre otros sectores de la actividad nacional, en los cuales las mejoras son posibles solamente dentro de su marco.

Tendrán, especialmente, que convencer a sus compatriotas no sólo de que pueden vivir y progresar en una sociedad menos materialista e individualista y más humanizada, sino también de su derecho a decidir por sí mismos sobre los grandes temas de los que dependen los demás, como el tipo de economía que regirá, el sentido de la educación, las condiciones generales del trabajo y la previsión, el acceso a la salud, el usufructo de los recursos naturales y otras materias fundamentales.

En concreto, tendrán que convencerles, con ideas y acciones, en salones y oficinas y en la calle, de que el verdadero cambio parte sólo de una Asamblea Constituyente, un proceso que ofrece herramientas útiles para sustituir la vieja, cupular y ya corrompida política de acuerdos de la transición por una auténtica, informada y masiva participación ciudadana en el destino de algo que nos identifica a todos: el país.

Julio Frank Salgado

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