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Oportunidad para Beatriz Sánchez y la AC

Permalink 23.11.17 @ 10:00:58. Archivado en 5. Política, 3. Chile, Asamblea Constituyente

Si hay algo concreto y definitivo con que Beatriz Sánchez puede socorrer a la candidatura oficialista es, además de votos, su principal propuesta y el camino trazado para realizarla: Asamblea Constituyente.

Después de haber superado imprevistamente el 20 por ciento de los votos en la carrera presidencial y perder por menos de tres puntos el derecho a pasar a la segunda vuelta, Beatriz Sánchez y el Frente Amplio tienen hoy una posición favorable si accedieran a negociar un eventual apoyo al candidato bacheletista, Alejandro Guillier. El tema central en este caso no serían reformas, por drásticas que fueren, como aumentar los impuestos a los más ricos, cambiar el sistema previsional, eliminar una injusta deuda estudiantil, recuperar los recursos naturales básicos, mejorar la atención de salud y otras propuestas programáticas, sobre lo cual se ha discutido durante más de 25 años con pobres resultados y chocando lo más trascendente contra el muro constitucional pinochetista.

Como establece el primer capítulo del programa de gobierno frenteamplista 2018-2022, se trata de la convocatoria a una Asamblea Constituyente propiamente tal, para lo que el nuevo Presidente de la República recurriría a facultades previstas en la propia Constitución vigente, esto es, enviar un proyecto de ley para la realización de un plebiscito nacional validante de la iniciativa y, ante un posible rechazo, insistir con dicho mecanismo para dirimir la discrepancia con el Congreso Nacional.

Alejandro Guillier también es partidario de una nueva Constitución, pero se ciñe a la restringida y no vinculante consulta popular efectuada por Bachelet para ser dejada a la decisión final del Parlamento.

Los fundamentos para una AC ya han sido latamente descritos en los últimos diez años, pese a una escasa y prejuiciosa difusión en los medios informativos, la errática adhesión de algunos políticos y la limitada promoción de algunas organizaciones sociales. Se ha recordado el origen autoritario, la ideología impuesta y la estructura inamovible de la Carta en vigor, su parcializada consagración de los derechos ciudadanos y del fomento de la calidad de vida moderna, así como la insuficiencia de las reformas introducidas, más bien protectoras de sus pilares.

A eso se ha opuesto el carácter eminentemente democrático de una Asamblea Constituyente, cuya generación se basa en el sufragio universal, como cualquier elección; su apertura a la participación de todos los sectores sociales, además de los políticos; su necesidad de un debate amplio, plural y sin censura en los medios de comunicación; su facultad única y exclusiva de discutir y redactar una nueva Constitución Política del Estado para someterla a un nuevo veredicto ciudadano en las urnas. Pocos son los países que no necesitan una institución así; muchos gobernantes, sin embargo, la han eludido discrecionalmente.

Desafío

Aunque la carga popular pedida y recibida por Beatriz Sánchez y el Frente Amplio es pesada, inhóspita y cuesta arriba, no hay alternativa si en lugar de ser un destello más desean hacer historia. Tendrán que enfrentar y al menos resistir los embates de una formidable economía neoliberal, inter y transnacional, cuyos intereses se han apropiado de la política, la educación, la salud, el trabajo, la previsión, la cultura y los hábitos domésticos, entre otros sectores de la actividad nacional, en los cuales las mejoras son posibles solamente dentro de su marco.

Tendrán, especialmente, que convencer a sus compatriotas no sólo de que pueden vivir y progresar en una sociedad menos materialista e individualista y más humanizada, sino también de su derecho a decidir por sí mismos sobre los grandes temas de los que dependen los demás, como el tipo de economía que regirá, el sentido de la educación, las condiciones generales del trabajo y la previsión, el acceso a la salud, el usufructo de los recursos naturales y otras materias fundamentales.

En concreto, tendrán que convencerles, con ideas y acciones, en salones y oficinas y en la calle, de que el verdadero cambio parte sólo de una Asamblea Constituyente, un proceso que ofrece herramientas útiles para sustituir la vieja, cupular y ya corrompida política de acuerdos de la transición por una auténtica, informada y masiva participación ciudadana en el destino de algo que nos identifica a todos: el país.

¿Por qué votar cuando se es feliz y bien gobernado?

Permalink 02.11.17 @ 15:29:10. Archivado en 5. Política, Sociedad, 3. Chile

La mayoría de los chilenos se declara feliz en su vida personal, según un estudio de mercado, y aunque cree que el país, en cambio, no avanza, no está dispuesta a arriesgarse. Sus representantes políticos, tampoco.

El próximo 19 de noviembre, Chile vivirá un nuevo proceso eleccionario presidencial y parlamentario. Eso de “vivir” es un eufemismo, dado el escaso interés por la política ya arraigado en la población chilena y expresado últimamente en un aumento de la abstención, aunque ello no signifique necesariamente un rechazo al sistema imperante. Este parece haber dotado al país de una efectiva inmunidad no sólo ante propuestas de reformas drásticas o “revolucionarias”, sino también ante la creciente corrupción política y las periódicas protestas callejeras.

Más aún, el reciente estudio Chilescopio 2017, realizado por la consultora en investigación de mercados Visión Humana y difundido por Emol (El Mercurio On Line), reveló que si bien el 61 por ciento de los chilenos considera que el país, como tal, no avanza, un porcentaje todavía mayor (64%) se declara “feliz” o “muy feliz” con su vida personal. Su principal temor (53%) se centra en la eventualidad de enfermarse y sólo el 31 por ciento lo atribuye a los problemas económicos. El presente es lo más importante para el 66 por ciento de ellos.

Más allá de la capacidad de consumo y endeudamiento, otro hábito en el estilo de vida, ya extendido e incluso institucionalizado, contribuye a ilustrar ese placentero estatus. Desde el 27 de octubre, a menos de un mes de las elecciones, la fuerza laboral puede disponer de un no muy corto y relativamente relajado período mezcla de asueto y trabajo: de los diez días que concluyen este 5 de noviembre, seis serán no hábiles. Como los fines de semana “largos” establecidos por un nuevo y más generoso calendario oficial de feriados –incluidos días “sandwich”-, ha habido un considerable éxodo (así llamado) familiar y turístico desde la capital hacia otros puntos del territorio y la alta circulación vehicular que eso genera ocupa la primera plana noticiosa en los medios de comunicación tradicionales, aunque sea generalmente para referir accidentes, atochamientos y estadísticas (Chile es una angosta tierra concentrada por una sola carretera longitudinal). Si los menos aventajados quedan al margen de esas vacaciones poco formales, pero posibles, es problema de cada uno.

Candidatos a la Presidencia

¿Por qué los chilenos tendrían que molestarse en ir a votar cuando ya serían felices, al menos en lo personal, para elegir entre candidatos y opciones politicas que no querrían, no se atreverían o no podrían alterar tal felicidad? ¿Qué cambios sociales podrían prosperar en un país con una condición ambiental tan individualista?

Las elecciones se han transformado así en un acto más bien reflejo o ingenuo, para algunos, y en una rutina inconducente y fastidiosa, para otros, incluidas las presidenciales.

El ex Presidente Sebastián Piñera aparece como favorito. Es el prototipo del empresario ambicioso, exitoso, admirado, denostado, envidiado… y multimillonario. Su comportamiento ético en permanente cuestionamiento no le ha causado daño y acaba de esquivar una querella por presunta negociación incompatible con una empresa peruana mientras era Jefe de Estado. Es el verdadero candidato del continuismo, aquel del sistema institucional originalmente impuesto por Pinochet. En 2011, cruzada ya la banda presidencial, fue a Estados Unidos para asegurar al empresariado transnacional que “Chile está totalmente comprometido con la economía de libre mercado”. Todos prevén, por lo tanto, lo que haría en un posible segundo gobierno suyo y, especialmente, lo que no haría. No quiere cambiar nada (no lo necesita), sólo “mejorar” algo.

Piñera encabeza las encuestas de opinión y se predispone a representar, una vez más, a los chilenos desde el más alto de los pedestales.

Alejandro Guillier es periodista y actual senador, y se autodefine como continuador de la segunda -y desplomada- administración de Bachelet, caracterizada por propuestas de centroizquierda desarticuladas por procedimientos de centroderecha. Nadie, pese a eso, tiene claro qué haría una vez en La Moneda e incluso tratará de negociar su programa con algunos de sus competidores de la primera vuelta. Ha sido mucho más periodista que político, pero sus sucesivos tropiezos profesionales tampoco le ayudan. Quiere profundizar los cambios ya iniciados, pero no ha dicho cómo.

En los sondeos, mira hacia arriba a Piñera.

Beatriz Sánchez también es periodista, en ejercicio hasta hace menos de un año. Lidera el Frente Amplio, conformado por nuevos grupos de izquierda que quieren cambiar mucho y en forma radical, proponiendo, por ejemplo, una Asamblea Constituyente y el término de las polémicas administradoras privadas de fondos previsionales (AFP), uno de los pilares de la institucionalidad pinochetista. Los encuestados la han bajado tan rápidamente como la habían subido.

Carolina Goic ganó la presidencia de la Democracia Cristiana con aclamación en 2016 y al año siguiente, dividiendo a la gobernante “Nueva Mayoría”, fue proclamada candidata presidencial de ese partido. No quiere cambios, sino “correcciones”. Las mediciones previas no creen en ella y tampoco un sector de sus propios camaradas.

José Antonio Kast postula en forma independiente. Es ultraderechista y pinochetista (sin comentarios).

Marco Enríquez-Ominami, otrora revelación política y hoy venido en menos, ha tenido que pedir a viva voz acuerdos inmediatos con aquellos a cuya derrota contribuyó en 2009. Sigue queriendo cambiar mucho, pero perdió credibilidad.

Alejandro Navarro, senador, quiere también cambiar mucho, pero tampoco puede, y a Eduardo Artés, del Partido Comunista Chileno Acción Proletaria, le gustaría cambiar todo. Miran a los demás desde el fondo de esta lista.

La prensa, a todo esto, no se altera. Tampoco simpatiza con cambios y ante la escasez de ideas o programas políticos que confrontar públicamente, los dimes y diretes han sido muy útiles.

Ni siquiera la franja diaria y gratuita de propaganda electoral por televisión ha salvado la campaña.

Y ante la apatía electoral, algunos candidatos proponen obligar nuevamente a la ciudadanía a votar, bajo pena de sanciones, sin importarles los motivos de ésta. El gen autoritario no desaparece.

Bachelet tiene prisa… por irse

Permalink 05.09.17 @ 10:00:00. Archivado en 5. Política, 3. Chile, Bachelet

The New York Times se hace eco de un laudatorio artículo sobre la Presidenta de Chile -quien ha anunciado su alejamiento de la política interna- escrito por una corresponsal brasileña en Argentina.

El influyente diario norteamericano The New York Times publicó un artículo titulado “La prisa de Michelle Bachelet”, firmado por Sylvia Colombo, corresponsal para Latinoamérica del periódico brasileño Folha de Sao Paulo, que alaba sin inhibiciones a la gobernante chilena, su proceso “reformista” –que se atreve a asociar con el de Salvador Allende- y su control de la macroeconomía. Destaca sus avances puntuales, especialmente en materia de aborto y gratuidad universitaria, analiza con indulgencia sus dificultades y termina inmortalizándole ante la historia.

Sin embargo, pese a afirmar desde Buenos Aires que “Chile va bien”, la periodista brasileña se pregunta por qué los chilenos no apoyan a su Presidenta como deberían y, en cambio, se manifiestan pesimistas. No se responde.

Como señala, Chile no resiste comparación con vecinos latinoamericanos convulsionados políticamente o en permanente conflicto como Venezuela, Brasil, Colombia, México, Argentina e incluso Perú, a los que ella menciona. Sus niveles de corrupción, terrorismo, narcotráfico y autoritarismo son sustancialmente menores, aunque la violencia aumente en la Araucanía y sus fiscales y jueces asomen como único bastión eficaz ante el desenfadado comportamiento ético-legal de su “clase” política.

Bachelet, efectivamente, no es “populista”… aunque tampoco propiamente socialista, pese a militar en el partido con ese nombre. Ha gobernado con no más que incomodidad dentro del marco constitucional pinochetista que, si bien ha sido mitigado desde 1990, continúa protegiendo la economía neoliberal y la política elitista por sobre los derechos colectivos, particularmente con sus quórum insólitamente altos para las reformas fundamentales. De este modo, sus avances, salvo la gratuidad parcializada en la educación superior, se han referido más bien a derechos de efecto individual o de sectores específicos, como los de la mujer en determinados casos y de los pensionados con ingresos miserables, mientras los trabajadores en general siguen dependiendo de leyes abusivas y los grandes grupos económicos multiplican sin parar sus desorbitadas ganancias.

La actual gobernante puso como reforma prioritaria para su segundo mandato una nueva Constitución, generada en democracia, pero creó un “proceso constituyente” que no fue sino una consulta popular abierta, organizada, coordinada, supervisada y controlada por su gobierno, que revisó las propuestas con el fin de transformarlas discrecionalmente en un proyecto de ley remisible al Parlamento en funciones y en la que sólo participaron… 204 mil personas.

El resultado, después de todo, correspondió a la aprensión que ella misma sentía respecto de la pobre educación cívica que aqueja a sus compatriotas, aunque omitió que ésta se engarzaba con la política desarticuladora del movimiento político-social llevada a cabo por las propias administraciones concertacionistas para reducir la oposición.

Si los gobernantes latinoamericanos en desgracia en Washington hubiesen practicado ese tipo de “socialismo”, otra sería su suerte internacional.

Apuro

Colombo no ahonda en el porqué de la prisa de Bachelet. Quizás ésta se deba a que en marzo próximo podrá cumplir su anuncio de abandonar la política chilena y dejar atrás grandes reformas finalmente a medias o truncas, así como sucesivas crisis de gobierno, el descrédito ético que azota a sus pares, el reinado económico inalterable de las grandes compañías, una desigualdad social mínimamente encarada, violencia regional sin afrontar y una valoración pública que se desplomó de un año a otro.

Una vez de vuelta en el extranjero, y en Estados Unidos en particular, le recibirán nuevamente como –así le define la corresponsal- “la estadista progresista que nunca cayó en el populismo” y “el símbolo de un país que ya cambió”, y como líder de una nación bajo control político y económico, abierta a la inmigración, participante en operaciones humanitarias internacionales y con habitantes pacíficos y emprendedores… aunque con poca memoria ante la corrupción, como sugiere el artículo, y que hoy están dispuestos a cambiar nuevamente hacia un gobierno de derecha.

¿Felicidades?

Enmudecidos (aún) ante el chileno más poderoso

Permalink 26.04.17 @ 10:00:19. Archivado en 5. Política, Sociedad, 3. Chile, El Mercurio

Murió el magnate que, sin recibir votos ni empuñar personalmente armas, consiguió que la sociedad chilena fuera encauzada según sus particulares intereses y lo aceptara sin chistar: Agustín Edwards Eastman.

Una mudez intranquila reinaba en este alargado territorio austral, atravesando políticos de diverso estatus, empresarios concentrados o independientes, medios de comunicación convencionales y, por consecuencia, al transeúnte anónimo. Agustín Edwards Eastman, el magnate de las comunicaciones más influyente en el curso de la política y la sociedad chilenas del último medio siglo, ya no podía estar en pie a sus 89 años de edad y se encontraba en estado de coma inducido. Contrariamente a lo que ocurre con los grandes personajes, esta vez la noticia no se “viralizó” hacia a los medios tradicionales, donde no hubo siquiera alusiones, y cuando falleció –el pasado lunes 24-, sólo las insustituibles redes sociales subieron el tono. Emol.com, el hijo cibernético de El Mercurio, publicó la noticia sólo al día siguiente y deshabilitó los (habitualmente ácidos y agresivos) comentarios para los visitantes.

No se trata de un chileno cualquiera. Cuando Pinochet y sus fuerzas golpistas bombardeaban la sede de gobierno el 11 de septiembre de 1973 y anticipaban una dictadura de ferocidad desconocida en Chile, tres años antes Edwards Eastman había ido a Estados Unidos a alertar sobre el peligro de un régimen marxista en el cono sur americano. Mientras el periodismo “de trinchera”, agresivo y confrontacional, desaparecía arrasado por las balas, El Mercurio, su gran empresa periodística, era liberado de una amenaza y comenzaba a saborear el negocio aparentemente fácil de un monopolio impuesto y seguro. Y cuando, en los años finales de la dictadura, se creía que el decano de la prensa nacional, fruto de una inminente quiebra, caería en manos del Estado justamente cuando éste iba a ser administrado por los vencedores de Pinochet en el plebiscito, el propio dictador le tendió una mano no sólo para salvarlo, sino también para asegurar su prosperidad futura.

Siempre un paso delante de los demás; siempre con una carta favorable lista para ser jugada oportunistamente.

Sus políticos

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Cansados de Chile

Permalink 04.04.17 @ 10:00:45. Archivado en 5. Política, Sociedad, 3. Chile

“Mi país cansa, especialmente
a personas como yo, acostumbradas a decir lo que piensan. Es un país frustrado y peleador”, escribió una periodista que regresa a Chile después de dos años. No sólo políticos inescrupulosos y empresarios rapaces son responsables; el chileno de a pie también aporta.

Para mostrar lo “autocrítico” que puede ser también su discurso, los políticos dirigentes, sobre todo cuando están en campaña, recurren majaderamente a lugares comunes tales como “abusos” del empresariado, “desencanto” popular de la política, “confianzas” perdidas y necesidad de “reencantamiento” de la ciudadanía. Evitan así reflejar lo que realmente perciben, pues eso les basta ante electores tan evasivos como ellos. En la otra cara, sin embargo, hay mensajes que, aparentemente apocalípticos, apuntan a los verdaderos obstáculos y tropiezos que se oponen a una mejor calidad de vida para los chilenos y dan un paso imprescindible hacia un correcto diagnóstico.

“Cansada” de los actuales vicios, malas prácticas y limitaciones arraigadas en este largo territorio, desde gobernantes y magnates hasta el anónimo transeúnte, una periodista chilena, Pepa Valenzuela, publicó un extenso artículo en el diario electrónico El Mostrador, titulado “Me cansé de Chile”. En él vierte ácidas críticas sobre el comportamiento social en el Chile del siglo XXI y reconoce que retorna al país con inevitable inquietud, después de dos años de estudios en una nación desarrollada.

Se queja particularmente del frecuente trato vejatorio contra la mujer
–del cual refiere algunas vivencias personales-, pero también de la displicencia y amoralidad reinante en los políticos, la banalidad liderada por la televisión, los prejuicios socioeconómicos y artimañas laborales extendidos sin distinción de estrato, la depredación empresarial legalizada, la violencia tanto callejera como cibernética, la permisividad de los padres en la educación de sus hijos y el clima confrontacional entre sus compatriotas.

En otras palabras, demasiada avidez y no precisamente intelectual.

“Lo que asusta de Chile es la pérdida de sentido común, la poca capacidad argumentativa. Mucha gente no sabe pensar o sostener un argumento. O pedir algo sin gritar”, advierte.

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Bachelet hará bien con irse

Permalink 23.01.17 @ 10:00:22. Archivado en 5. Política, Sociedad, 3. Chile, Bachelet

La dos veces Presidenta de Chile y fenómeno electoral chocó contra una oposición “perfecta”: aliados divididos por sus reformas, institucionalidad contraria a los cambios profundos y todavía pinochetista, “clase” política desprestigiada y perseguida judicialmente -aunque no por eso deprimida-, un escándalo que le compromete familiarmente, electores volubles al primer tropiezo al menos en las encuestas, un proceso llamado constituyente y renuencia propia a asumir el costo personal de su propuesta.

“Obviamente, está absoluta y totalmente descartado continuar en la política chilena, desde el punto de vista de cargos de representación. Ya es suficiente”, anunció semanas atrás la Presidenta Michelle Bachelet, quien hace sólo tres años se cansó de ganar elecciones y quería cambiar Chile. Si la causa es la invencible resistencia a sus reformas, el escándalo judicial de su nuera y la pérdida de apoyo en la opinión pública, probablemente la posibilidad de volver a su exitosa carrera internacional -un atractivo común a los políticos nacionales de alto rango- le devuelve el entusiasmo.

El pasado lunes 16, Bachelet recibió las llamadas “Bases ciudadanas para una nueva Constitución”, acto previo al envío de dos proyectos de ley, uno que contendrá el texto de una Carta Magna y otro que habilitará al Congreso para fijar el mecanismo de tramitación. Está consciente, sin embargo, de que este nuevo intento, el más trascendente de su programa de gobierno, podría tener peor suerte aún que los anteriores.

Ella misma partió descalificando en privado la capacidad de la ciudadanía chilena para asumir con conocimiento y determinación la complicada tarea de definir un texto constitucional, tanto en su contenido como en su forma. Ante eso, creó un procedimiento simplista, restrictivo y controlado por el gobierno. Promovió la idea del derecho popular constituyente pero no se jugó por ella; comentó públicamente su conveniencia, pero no impulsó su difusión y debate masivos, especialmente a través de los medios de comunicación. Aunque reconoció en su programa que definir el contenido de una nueva Constitución “corresponde al pueblo en su conjunto”, dejará la decisión previa más importante, el cómo será redactada, a criterio del Congreso -el actual y el próximo-, a sabiendas de que la oposición de derecha no está interesada en el tema y se marginó del proceso, y que dentro de su propia coalición, la “Nueva Mayoría”, no existe consenso al respecto.

Como sus partidarios y asesores lo saben sin decirlo, su “proceso constituyente” nunca fue tal, sino un mero plan gubernamental diseñado para obtener opiniones populares más o menos procesadas, que permitieran declarar pomposamente que “se escuchó a la ciudadanía” antes de encargarse de la redacción unilateral del texto, para luego delegar la responsabilidad en los parlamentarios.

Vergüenza

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Conflictos de intereses presidenciales y periodísticos

Permalink 28.11.16 @ 10:00:24. Archivado en 1. Periodismo, 5. Política, Publicidad, 2. Medios, 3. Chile

¿Es lícito que un Presidente-empresario compre para sí una firma pesquera de un país con que mantiene un diferendo limítrofe marítimo e interesada potencialmente en la zona en litigio? Y a los encargados de perseguirlo informativamente, ¿es permisible hacer de voceros de quienes auspician sus programas periodísticos? La respuesta de los involucrados (y de sus adherentes y auditores) parece ser: Sí, se puede.

La Fiscalía de Alta Complejidad Oriente del Ministerio Público se hizo cargo de una querella sobre negociación incompatible y uso de información privilegiada en contra del ex Presidente y millonario empresario Sebastián Piñera. El libelo fue presentado por el diputado comunista Hugo Gutiérrez luego que investigaciones periodísticas revelaran que durante la pasada administración de Piñera (2010-2014), y en plena tramitación de un litigio sobre límites marítimos con Perú en la Corte Internacional de La Haya, la empresa matriz de éste adquiriera acciones de una firma pesquera peruana con potenciales, pero directos intereses en la zona en conflicto. La ley sobre fideicomiso ciego a la que el mandatario se sometió previamente no incluía sus inversiones en el extranjero.

El proceso jurídico significó finalmente una pérdida de territorio marítimo para Chile.

Invoca el querellante los artículos 240 del Código Penal, que sanciona al empleado público que se involucrare en operaciones personales relacionadas con el desempeño de su cargo, así como el artículo 247 bis de dicha norma y la Ley de Mercado de Valores, que castigan el uso de información secreta y privilegiada, respectivamente, en beneficio propio o de un tercero. Aunque el ex gobernante y posible postulante a un segundo período aseguró que desconocía dicho negocio, se quejó de “campaña sucia” y actitudes “miserables”, y reafirmó su dedicación y compromiso en defensa de “los superiores intereses de Chile y los chilenos”, lo concreto es que la compra y la oportunidad de la misma fueron confirmadas por diversas fuentes, los administradores del adquirente son su propia familia y una reciente encuesta señaló que el 59 por ciento de los consultados no le creía que desconociera el asunto y sólo el 48 por ciento coincidió con él en cuanto a la calidad de su defensa.

Si un Presidente está plenamente imbuido de las responsabilidades de su alto cargo y defiende cabalmente los intereses de su patria, como ha reiterado, y que, paralelamente, es ya multimillonario, ¿qué necesidad tenía de obtener acciones de una empresa peruana en medio de una controversia limítrofe con un país con el que, además, existe una rivalidad histórica y una guerra en el siglo XIX?

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Ciudadanía a la deriva

Permalink 02.11.16 @ 10:00:03. Archivado en 5. Política, Sociedad, 3. Chile

La sociedad chilena, particularmente individualista, exclusiva y farandulizada, está alcanzando un nuevo liderazgo: el de la depresión, advierten expertos. Sus constructores, políticos que hacen carrera con una institucionalidad todavía autoritaria pese a carecer de grandes crisis, se limitan a responder: “Voten nulo”.

El domingo 23 de octubre, sólo uno de cada tres chilenos acudió a las urnas y decidió que la oposición de derecha triunfara en los comicios de alcaldes, los de mayor proyección para las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2017. La oficialista “Nueva Mayoría”, alarmada, no sólo reconoció su derrota y la alta abstención electoral, sino que exigió al gobierno una definición clara sobre el itinerario de la Presidenta para el último tramo de su mandato. Es más, su socio “díscolo”, la Democracia Cristiana, condicionó a esto último su participación en el comité político gubernamental.

Por enésima vez, además, se volvió a escuchar pontificales voces llamando a un cambio de ministros, a una priorización legislativa, a acuerdos “nacionales” (cupulares); nada que significara asomarse siquiera un poco más allá del círculo limítrofe de la llamada “clase” política, para acceder a los reclamos manifestados por diversos sectores ciudadanos a través de marchas y protestas callejeras y, ahora, con la negación masiva de su voto.

Las reformas propuestas por Bachelet son una gran muestra. Los proyectos presentados, especialmente el tributario, el educacional y el laboral, contenían algunos preceptos que parecían apuntar a verdaderas “reformas”, pero el trámite legislativo en el Congreso binominal terminó por desnudarlos. Los propios parlamentarios oficialistas se dividieron, mientras la oposición derechista se desligaba de responsabilidad al calificarlos simplemente como malos “técnicamente”.

Si bien la reforma tributaria aprobada no ha sido suficiente, la gratuidad en la educación superior enfrenta muchos tropiezos y la laboral sucumbió en su esencia, el fondo es que la derecha no está dispuesta a un aumento de impuestos a las empresas hasta el nivel de los países desarrollados o en desarrollo; a que ningún alumno universitario tenga el compromiso de pagar sus estudios y a que la sindicalización sea obligatoria y los trabajadores puedan negociar por rama productiva. Y la centroizquierda, en el gobierno, tampoco está convencida de todo eso.

Ante tal cerrazón, las posibilidades de una nueva Constitución son mínimas: mientras proyectos sobre asamblea constituyente y plebiscito nacional duermen en el Parlamento, Bachelet tercia con su proceso de consulta popular no vinculante.

El gran “secreto”

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Saludo presidencial a la ética periodística

Permalink 03.06.16 @ 10:00:30. Archivado en 1. Periodismo, 5. Política, 2. Medios, 3. Chile

No fue la expulsión del propietario del principal diario nacional por parte del Colegio de Periodistas; tampoco la proliferación de periodistas que, paralelamente, informan y actúan como voceros comerciales; y menos, el permanente desfile de desconocidos en los noticiarios de televisión por el solo hecho de ser detenidos por la policía. Lo que ha reflotado el tema de la ética periodística en este personalista y metalizado país son las quejas de políticos por la divulgación de imputaciones contra ellos en investigaciones judiciales. Ahora, la Presidenta de la República se ha querellado contra un medio difusor y no contra los autores de lo difundido.

La revista Qué Pasa publicó en su sitio web una transcripción de escuchas telefónicas grabadas por la policía al operador político del partido Unión Demócrata Independiente (UDI), Juan Díaz, investigado por presunto soborno en el escandaloso caso financiero-inmobiliario de la empresa Caval. Según ese material, Natalia Compagnon, nuera de la Presidenta de la República, habría dicho que al menos 1.000 millones de pesos (1,4 millón de dólares, 1,2 millón de euros) deberían ser destinados a esta última.

Los editores eliminaron el fragmento cuestionado –al igual que el diario La Tercera online, perteneciente también al consorcio periodístico Copesa-, explicando que lo sucedido no se ajustaba a sus estándares periodísticos y pidieron disculpas a sus lectores.

La Presidenta habló de “infamia”, “canallada” y “montaje”. Horas después, la oficialista “Nueva Mayoría” (ex Concertación más el Partido Comunista) le declaraba su respaldo corporativo, mientras la oposición se mantenía cautelosa y diversos entrevistados recordaban en los medios de comunicación la dignidad de las personas, la presunción de inocencia y la ética periodística.

El martes 31 de mayo, la Presidenta se querelló contra la revista, pero con un “detalle”, según explicó su abogado: el libelo era contra la edición impresa, no la digital, por haber suprimido las alusiones a otras personas (de la oposición) y haber dejado solamente la de Bachelet.

El Colegio de Periodistas, presidido por Javiera Olivares (PC), optó por recordar la regla profesional de verificación de las informaciones, pero un académico y comentarista político, Carlos Peña, apuntó a que los medios no están obligados a comprobar la veracidad de las declaraciones que publican.

La interrogante de fondo sería: ¿Está o no obligado el periodista a retener siempre una información que desea publicar mientras no compruebe personalmente su veracidad?

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Primeras grietas en el “proceso constituyente” de Bachelet

Permalink 06.04.16 @ 10:00:56. Archivado en NOTICIAS, 3. Chile, Política, Constitución

Así como está, se trata sólo de un programa de participación política ciudadana y consultiva sobre contenidos constitucionales, advirtieron ONGs promotoras de los derechos humanos y civiles. Mientras, la alianza de oposición amenaza con restarse de un proceso “manipulado” y el Consejo de Observadores designado suma dos renuncias.

La Asociación Chilena de Organismos No Gubernamentales “Acción”, que reúne a 55 entidades de promoción ciudadana y de derechos humanos, describió algo que pareciera evidente, pero que en este país
–supuestamente ejemplo de democracia- no lo es. A través de una declaración pública, advirtió que el llamado “proceso constituyente” puesto en marcha por el gobierno de Michelle Bachelet no es tal, sino sólo un programa de participación y consulta política ciudadana acerca de contenidos constitucionales, por lo que corre el riesgo de transformarse en “un ensayo sin destino claro”.

Poco antes, el integrante del Consejo de Observadores, el empresario José Miguel García –designado por la propia Presidenta-, renunció a su función explicando que se sentía “decorativo” y también se alejó, por motivos de salud, la periodista Cecilia Rovaretti. En tanto, la vocera de la alianza opositora, Alejandra Bravo, se manifestó partidaria de restarse de un proceso “viciado y manipulado ideológicamente”.

Bachelet, en cumplimiento de su programa de gobierno, impulsa la elaboración de una nueva Constitución Política, que derogue la promulgada por Pinochet en 1980, pero ha desechado (hasta ahora) una Asamblea Constituyente en favor de un sistema de cabildos comunales, controlado por el gobierno a través de supervisores designados y redactores oficialistas, y cuya propuesta resultante será remitida al Parlamento.

“No es un proceso constituyente”

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La Presidenta debió haber llorado

Permalink 02.02.16 @ 10:00:06. Archivado en 5. Política, Sociedad, 3. Chile

Michelle Bachelet se lamentó ante el país por el escándalo judicial que afecta a su familia. Tendría que haberse quejado también de la actual proliferación de denuncias sobre delitos económicos en la política, el Parlamento, en grandes consorcios que rigen la economía nacional, las Fuerzas Armadas, el fútbol campeón de América y hasta en la recolección de basura, mientras su gremio obstruye sus reformas y prepara las próximas elecciones como si nada trascendente ocurriera.

La Presidenta Michelle Bachelet se presentó el viernes 29 ante las cámaras de televisión para manifestar su “dolor” por los hechos judiciales que involucran a miembros muy cercanos de su familia, cuyos efectos, además, le alcanzan políticamente. Su nuera soporta acusaciones de presuntos delitos tributarios y su hijo mayor, esposo de ésta, es incluso ridiculizado por un supuesto tráfico de influencias en el caso.

Pareció cerca de llorar, pero ese eventual llanto hubiera sido menos creíble aún. Su trayectoria política, especialmente la más reciente, está dotada también de dobles estándares que han confundido hasta a sus propios partidarios.

Bachelet, sorprendiendo a la oposición pinochetista, anunció hace dos años que su segundo gobierno sería de reformas profundas al sistema político imperante en el país durante la transición post Pinochet. Una nueva Constitución, elaborada democráticamente, así como reformas a la tributación, la educación y el trabajo para hacerlos más justos fueron la base de su plataforma de campaña y arrasó en las tres elecciones en que compitió en 2013. No precisó entonces cómo impulsaría sus propuestas progresistas, dado que la institucionalidad vigente, heredada de la dictadura, no favorece precisamente las embestidas contra su hermética estructura e ideología.

El curso seguido por los tres cambios puntuales mencionados ha sido, sin embargo, un anticipo: el texto original de la reforma tributaria fue modificado sustancialmente en el Parlamento y sometido aun a otro cambio (“la reforma de la reforma”); la gratuidad universitaria para los sectores de menores ingresos salió a la luz de manera precaria y no sin antes ser alterada por un cuarto poder, el Tribunal Constitucional –designado paritariamente-; y la laboral, una vez más, no ha podido avanzar, en esta ocasión porque ni siquiera logró acuerdo dentro del oficialismo.

“Proceso constituyente”

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Grandes amigos chilenos de EE.UU.

Permalink 17.12.15 @ 10:00:18. Archivado en 5. Política, 3. Chile, Bachelet, El Mercurio

Luksic, Matte, Edwards, Saieh, Kreutzberger y otros aparecen como donantes de la Americas Society/Council of the Americas, según los informes publicados por la organización transnacional que premia a gobernantes por su promoción del libre mercado.

La American Society/Council of the Americas (AS/COA) es una organización no gubernamentel estadounidense integrada por consorcios empresariales e industriales de Norte y Sudamérica. La fundó en 1965 y la preside el multimillonario -y centenario- David Rockefeller, miembro de una de las dinastías norteamericanas de mayor peso económico y político.

Su objetivo principal es promover y sustentar la economía libre, capitalista y globalizadora en los países del continente. Rockefeller, además, impulsó y participa en otras dos organizaciones con propósitos análogos: la Trilateral Commission y el grupo Bilderberg.

Entre sus actividades, la AS/COA premia regularmente a las personalidades americanas que considera más destacadas en esta órbita, no solamente en el terreno empresarial. Así, por ejemplo, han recibido su máximo galardón, el Gold Insigne Award, Presidentes de la República, jefes de gobierno e intelectuales con crédito político en América y el resto del mundo.

En Chile, donde la naciente economía de mercado impuesta por Pinochet fue celebrada por Rockefeller ya en 1980, han sido galardonados todos los Presidentes de la post dictadura pertenecientes a la Concertación: Patricio Aylwin (Partido Demócrata Cristiano) en 1990, Eduardo Frei (Partido Demócrata Cristiano) en 1995, Ricardo Lagos (Partido Socialista) en 2006 y Michelle Bachelet (Partido Socialista) en 2009.

Curiosamente, el único Presidente que no ha recibido el premio es Sebastián Piñera (de derecha), aunque no pareciera necesario: “Chile está totalmente comprometido con la economía de libre mercado”, dijo ante la organización en 2011, durante su mandato.

Dicha premiación, además, no ha logrado mayor eco en los medios informativos chilenos.

Recíprocamente, David Rockefeller, en 1993, y Susan Segal –presidenta ejecutiva de la entidad-, en 1999, fueron condecorados con la Orden de Bernardo O’Higgins.

Aportes financieros

Según sus informes públicos anuales, la AS/COA considera dos grandes tipos de membresía y participación: miembro corporativo del Council of the Americas y donante y contribuyente líder de la Americas Society. Las donaciones y contribuciones financieras están clasificadas en 50 mil dólares o más; entre 25.000 y 49.999 dólares; entre 10.000 y 24.999 dólares; entre 5.000 y 9.999 dólares, y entre 1.000 y 4.999 dólares.

En el período 2006-2014 aparece, entre otras informaciones, una nómina que incluye a conocidos y no tan conocidos magnates de la empresa, la industria y las finanzas del hemisferio, entre ellos, algunos nombres familiares para no pocos chilenos.

Aunque el monto no resulta proporcionalmente relevante, sobresalen aquí Andrónico Luksic y empresas como el Banco de Chile, cuyas cifras, tras una simple suma, darían una cantidad no inferior a 710 mil dólares en total durante el lapso indicado. En 2011, el empresario fue distinguido con la Medalla de Oro.

A distancia, les siguen Agustín Edwards y El Mercurio, con no menos de 290 mil dólares entre ambos; a continuación, Eliodoro y Bernardo Matte
–especialmente aquél- y la empresa CMPC, con un total no menor a 220 mil dólares, y Alvaro Saieh B. y Corpbanca, con una suma no inferior a 91 mil dólares.

También figuran Jorge Marín Correa, con no menos de 40 mil dólares así sumados; Mario Kreutzberger, con 25 mil dólares o más, y Jorge Rosenblut, con 1.000 dólares o más, los dos últimos, en 2011.

Fernando Léniz -fallecido en 2013- aparece con 5.000 dólares o más en 2011, en tanto la empresa Celulosa Arauco y Constitución, del grupo Angelini y miembro corporativo del COA, no muestra este tipo de participación.

J.F.S.

Fuente principal: Annual Report, 2006 a 2014, Americas Society/Council of the Americas, www.as-coa.org

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