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El periodismo se nos está yendo (III)

Permalink 02.01.18 @ 10:00:00. Archivado en 1. Periodismo, 5. Política, 3. Chile

“Los periodistas (de hoy) no intrusean y no encuentran nada”, afirmó recientemente el nonagenario y legendario Alberto “Gato” Gamboa, Premio Nacional de Periodismo 2017. Pero sí hacen paralelamente vocerías publicitarias y protagonizan hechos noticiosos institucionales como “invitados”. Ese papel, de apariencia pública pero a beneficio particular, comercial y político, contribuye a la desinformación “emotiva” de la audiencia y favorece el control ideológico de la comunicación.

(Anterior)

El periodista Ramón Ulloa, conductor de noticias televisivas y radiales, anteriormente en CNN Chile, ofició como maestro de ceremonias durante la reciente inauguración de la Línea 6 del Ferrocarril Metropolitano de Santiago. “Me pareció importante estar presente ahí”, explicó vagamente, aludiendo al aspecto informativo del acto, organizado por dicha empresa estatal.

A las presiones editoriales, comerciales e ideológicas sobre el periodista y el periodismo se ha incorporado la de compartir el protagonismo en hechos informativos generados por empresas o instituciones a las que éstos deben observar, comentar y fiscalizar periodísticamente desde una posición independiente, lo que contraría además la regla que “el periodista en sí no es noticia”. El principal favorecido fue, en ese caso, un servicio estatal, el Metro de Santiago, cuya presentación encabezó la Presidenta de la República en persona. Ulloa ejerce actualmente en Canal 13 y Teletrece Radio, pertenecientes a uno los principales grupos económicos chilenos (Luksic).

Ningún político u opinólogo comentó públicamente lo ocurrido. Ni siquiera intervino el Colegio de Periodistas. Los únicos “sensibles” fueron algunos comentaristas virtuales del artículo que lo informaba.

Prensa según mercado

Ese trastoque de la mentalidad periodística histórica fue incubándose desde que un decreto de la Junta Militar convirtió los colegios profesionales en asociaciones gremiales en 1981, reduciendo drásticamente su respectivo tutelaje ético y concentrándoles en asuntos internos e individuales. Desde entonces, ningún profesional, como cualquier trabajador, está obligado a someterse a normas de entidades gremiales para poder desempeñar su labor.

Derrotada la dictadura, esta situación no fue revertida por los políticos triunfantes, que la consideraron acorde con la inspiración y las normas libremercadistas impuestas por Pinochet, que decidieron conservar.

“Con la disminución actual de las atribuciones del Colegio, la ética está expuesta a ser voluntariamente valorada o no por los periodistas y, desde luego, por las empresas periodísticas, sobre todo si a éstas las mueve mucho más el afán mercantilista que la defensa de grandes principios de carácter social”, alerta Emilio Filippi en “La profesión de periodista (una visión ética)” (1991). Ramón Reig, profesor de la Universidad de Sevilla y autor de “Los dueños del periodismo” (2011), coincide en que la mercantilización es una de las principales causas del deterioro profesional.

Si bien es cierto que existen en Chile libertad de expresión, periodismo de investigación y frecuente publicación de denuncias sobre ilícitos en política, economía, negocios y administración pública, se limitan a una constatación testimonial y enmarcada en una línea editorial coincidente entre los medios predominantes, no persistiéndose en los grandes temas para promover desenlaces concretos, clarificatorios, sancionatorios para los responsables y ejemplarizadores para la sociedad. Todos los medios tradicionales pertenecen al sector privado y comercial, hegemonizado por grandes consorcios de intereses multinacionales y empoderados política y legalmente en el país, lo que les permite orientar el curso de las actividades sociales más importantes, tanto masivas como de elite. En la prensa nacional prosperan sin competencia dos grandes grupos económicos y la televisión abierta es dominada por industrias extranjeras, al igual que el dial radiodifusor de mayor presencia.

Todo ello impone a la libertad de prensa un significado meramente económico. La Concertación contribuyó a afianzar ese principio durante sus cuatro períodos gubernamentales y su sucesora, la “Nueva Mayoría”, nada ha hecho para revertirlo.

El derecho a ser informado queda en manos del abismante, asombroso, no universal todavía ni totalmente confiable, aunque prodigioso, ciberespacio.

Censura y relajación

La línea editorial mediática se adscribe preponderamente al sistema de mercado y se encuadra estrictamente en sus reglas autoprotectoras. Noticias especialmente “molestas” y amenazantes para ella -además de la eventualidad de una Asamblea Constituyente- son las huelgas o protestas laborales en el voluminoso sector del retail, cliente preferente de los medios, las que simplemente son omitidas en la televisión.

En la información radial, aunque nutrida por relatos sobre corrupción política, colusión empresarial y protestas callejeras, prevalece, con algunas excepciones, un enfoque aparentemente sobrio e imparcial, pero en realidad frío, esquemático, vago y con un aire displicente que reduce la formalidad básica de una entrega periodística para agregar un tono relajado y distractivo, indicador de la convicción que nada podrá cambiar el curso político-económico neoliberal del país, sustentado en una institucionalidad autoritaria heredada.

De ahí el silencio aprobatorio de la “clase” política chilena ante los rostros y voces periodísticos (“voztros”) que hacen publicidad mientras informan o entrevistan; de ahí que soporte estoicamente que la vapuleen en los medios por sus relaciones indebidas con el empresariado financista de sus campañas sin intentar cuestionar la polémica función adicional y desacreditante de sus censores.

Noticias falsas o sólo “emotivas”

La censura y la manipulación informativa e interpretativa han sido históricamente el recurso más útil de la política para desinformar y facilitar así el control de la ciudadanía. Cuando parecía que la información y el conocimiento libres e instantáneos permitidos por las herramientas tecnológicas de comunicación del siglo XXI ampliaban y democratizaban la sociedad en forma irreversible –aun prestándose a excesos y barbaridades-, otra artimaña ha venido a sumarse a la farandulización de la noticia para evitar una adecuada percepción pública de la realidad social: la llamada “posverdad” o “mentira emotiva”.

Enclaustrado en la embajada de Ecuador en Londres desde hace cinco años y enemistado con el gobierno norteamericano tras las revelaciones políticas de WikiLeaks, el periodista australiano Julian Assange ha advertido sobre la creciente manipulación oficial de la información, la posverdad y las “fake news” (noticias falsas), aceleradas por el vertiginoso desarrollo cibernético, y también acerca de los riesgos de hacer periodismo de investigación en este contexto. Mediante una reciente videoconferencia para el XVI Encuentro Latinoamericano de Facultades de Comunicación Social, aseguró, según un artículo de Macarena Segovia en Elmostrador.cl, que “nuestra percepción de la realidad descansa sobre un cerro de noticias falsas, información falsa”, las que son publicadas en las primeras planas de medios de comunicación monopolizados por sectores políticos e intereses económicos.

A Assange preocupa también que “ciertas fuerzas poderosas en la prensa” se reúnan con organizaciones aún más poderosas utilizando dicho fenómeno para generar un sistema de filtros de información y legitimar su interferencia en todas las actividades ciudadanas.

Sobre el mismo tema, en el artículo “Faride Zerán desmitifica la posverdad en Chile”, la periodista y vicerrectora de Comunicaciones de la Universidad de Chile califica la “mentira emotiva” como “la expresión del mal periodismo o de la muerte del periodismo si no nos ponemos serios”. En el medio citado, agregó que “desde que el periodismo existe ha tenido que lidiar precisamente con la permanente tentación de quienes lo asumen como instrumento para falsear los hechos, alterar la realidad, mentir, omitir, censurar o construir realidades a partir de premisas falsas”, afirmó.

La falsedad como método de control de la información y de la percepción ciudadana pueden tomar formas aparentemente inocentes como el simple vocabulario, mediante el uso de términos “amigables” para disfrazar sucesos comprometedores o ideas resistidas, como “error” por ilicitud o “tolerancia” por acatamiento –tan propios de la demagogia política, pero no sólo de ella-, hasta llegar a falacias como justificar la devastación discrecional de un país por otro mayor debido a la supuesta existencia en aquél de armas de destrucción masiva, como el caso de Irak, recordado también por Assange.

Noticia falsa o al menos sólo “emotiva” es también parapetarse informativamente detrás de la estabilidad macroeconómica de un país para oponerse a sus demandas populares por una mejor condición social; un “proceso constituyente” restringido y controlado destinado en realidad a evitar la opinión orgánica y plural de la ciudadanía; una enérgica apología de la ley y el estado de derecho cuando éstos no interpretan el consenso ciudadano; una campaña internacional pro democracia dirigida a una nación pequeña o poco influyente mientras se tolera la represión y la corrupción generalizadas en grandes potencias. Lo es incluso en actividades menos políticas, cuando se hace creer que el negocio privado es indispensable para la subsistencia de la actividad socio-deportiva más arraigada en la población, como el fútbol, y, por supuesto, un anuncio publicitario o promoción institucional realizados por un periodista como si fuera parte de su responsabilidad de informador y comentarista de noticias independiente.

En todo esto, los medios de comunicación tradicionales, encabezados por grandes cadenas de prensa, televisión y radio, nacionales y transnacionales, han sido altavoces formidables, privilegiados y universales.

Ya no “intrusean”

“Los periodistas (de hoy) no intrusean nada. Y no encuentran nada”, declaró a la revista Sábado de El Mercurio en septiembre pasado Alberto “Gato” Gamboa, una de las estrellas del llamado “periodismo de trinchera” previo al golpe de estado de 1973, opositor a la dictadura, Premio Nacional de Periodismo 2017 y ya de 96 años de edad. Cuando se le preguntó si admiraba a algún colega actual, respondió secamente: “No admiro a nadie”.

Atraídos y presionados, directa o indirectamente, por empresas comerciales y grupos económicos que han logrado reglas políticas y sociales afines, los periodistas que publicitan sin hacer la diferencia, así como aquellos que se incorporan a la noticia no para informarla desde dentro sino para hacerse parte de ella en beneficio de sus gestores, contribuyen a la entrega de un tajante mensaje en el sentido que los principios y funciones originales del periodismo ya no sirven o no importan para desarrollarse profesional y socialmente. Ese pragmático sinsentido les obliga a convertirse en peculiares servidores privados con apariencia pública si quieren aspirar a mayor estabilidad laboral, reconocimiento social y futuro personal optimista; a golpear mortalmente a su propia profesión y dejar a la ciudadanía desorientada ante la gigantesca mole de información de distinto origen, temática, intención y grado de credibilidad que hoy la abruma, a merced no precisamente de un razonable sentido crítico y reducida a la categoría de simple consumidora.

No es absurdo temer que este espiral, inflamado por las “posverdades”, pueda terminar con los teóricamente más perspicaces observadores de la realidad diaria, los periodistas, dando como noticia que, por ejemplo, elefantes de colores surcan efectivamente el cielo de la ciudad si eso ha sido debidamente planificado, producido y “emotivizado” por otros para su asimilación por una población ya entrenada y, lo más importante, para su venta.

Como admitía Ralph Barney, profesor emérito de la Universidad de Brigham Young, pocos pueden sentirse tan solos como un periodista aferrado a una estricta ética personal…

Julio Frank S.

El periodismo se nos está yendo (II)

Permalink 25.09.17 @ 10:00:39. Archivado en 1. Periodismo, 2. Medios, 3. Chile

Estudiantes de periodismo chilenos consideraron el debilitamiento de la ética, la censura y autocensura, y la lógica mercantil imperante en los medios como las mayores amenazas para el ejercicio de esta profesión. Así respondieron mayoritariamente al ser consultados en una investigación interuniversitaria realizada en 2015. Casi una década atrás, otro estudio había advertido que la “devastadora” experiencia laboral de jóvenes periodistas titulados estimula la desilusión “y hasta cierto cinismo” para sobrevivir.

Aunque prima un sentido cívico, educativo y vigilante, el interés estudiantil por el periodismo decae a medida que avanzan en la carrera -agrega el último informe- en favor de las relaciones públicas y la comunicación estratégica.

(Inicio)

La dictadura amplió el acceso a la enseñanza superior durante la década de 1980 impulsando la creación de más planteles privados, lo que aumentó significativamente la oferta educacional. Desde entonces y entrando luego a una transición política, el nuevo sistema ha sumado cuerpos académicos, acogido a gran cantidad de estudiantes, aplicado las correspondientes mallas curriculares, concedido grados académicos y títulos profesionales… y saturado el campo de trabajo. Más aún, no todos sus integrantes han logrado consolidarse institucionalmente y salvar el antiguo prestigio universitario, y al indagar sus investigadores sobre la primera experiencia profesional de sus alumnos, los resultados, especialmente en periodismo, han sido con frecuencia deprimentes.

No es raro. La educación superior moderna en Chile ha operado, pese a los indispensables aportes estatales, dentro del régimen de mercado liberal y lucrativo implantado por los asesores de Pinochet (sólo en 2016 se inició un proceso de gratuidad gradual para los estudios), asumiendo así una lógica ajena a su espíritu original e inmersa en un curioso enclaustramiento, abierto a la demanda estudiantil pero distanciado de la laboral.

Desilusión y “cierto cinismo”

Hace doce años, en 2007, un informe de académicos de la universidad privada Adolfo Ibáñez -Manuel Délano, Karin Niklander y Paula Susacasa- para el Consejo Superior de Educación expuso desalentadores datos y conclusiones sobre “La enseñanza del periodismo y el mercado laboral”. Advertía, por ejemplo, el “devastador” choque de jóvenes titulados contra la realidad en los medios y las empresas de comunicaciones, caracterizada por baja consideración de parte de los empleadores, remuneraciones acordes con eso, subempleo y alta cesantía. Y agregaba:

La situación estimula en estas generaciones de periodistas conductas de desilusión y hasta cierto cinismo, en las dosis necesarias para sobrevivir y enfrentar la cotidianeidad.

Al comentar sus entrevistas cualitativas a ejecutivos y directores de medios y empresas de comunicación, dicho trabajo abordaba el “menor reconocimiento” profesional hacia el periodismo, atribuido por algunos a una “confusión” entre noticia y entrenimiento, reflejado en la intromisión de la farándula y la decadencia de contenidos de la televisión y ciertos medios escritos. Otro afirmó simplemente que el periodismo era un “oficio”, no una profesión liberal.

Como posibles vías de salida, uno de los entrevistados planteó entonces la necesidad de lograr “mayor sintonía” de las carreras de periodismo con el mercado laboral, “para que éstas sepan qué perfil de periodista se requiere y dónde”. Varios apuntaron a otros sectores como alternativas para el ejercicio de esta profesión, mencionando las comunicaciones en general, “emprendimientos personales” –como talleres de periodismo en colegios- y, directamente, el empleo en agencias de publicidad, “algo que las universidades todavía no han advertido”, señala el informe.

Asumiendo dicho diagnóstico, los autores de la investigación recomendaron que la carrera de Periodismo se transformara en un posgrado (magíster), con el fin de lograr en sus alumnos mayor especialización “y comprensión de la realidad” para interpretarla mejor e informar sobre ella, proceso en el cual, añadieron, los periodistas tenían un papel protagónico y “debieran ser los principales interesados en que mejore la empleabilidad propia y de sus colegas”.

Percepción de los estudiantes

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Doce años en PD

Permalink 20.09.17 @ 10:00:34. Archivado en 1. Periodismo, 3. Chile, Blogueo y periodismo ciudadano

En 2005, Periodista Digital, a través de su director, invitaba a crear y alojar un blog personal en sus páginas, “una opción que quizá consideres conveniente”, me decía. Apenas un mes antes, en agosto, yo había subido mi primer intento, “Notas al margen”, muy voluntarioso, aunque de presentación y alcance bastante limitados, de modo que lo estimé conveniente.

Doce años después, sigo aquí, con “Voz del Sur”. La motivación inicial fue la decadencia del ejercicio del periodismo, particularmente en Chile, pero luego derivó en el problema global: el deterioro de la política, la corrupción creciente en sus cultores y la hábil coerción de éstos sobre quienes acuden a las urnas.

¿Por qué escribir, sin embargo, sobre un país considerado desde el exterior como una tranquila y monótona taza de leche comparado con las tormentosas crisis nacionales e internacionales? ¿Por qué hacerlo sobre un país ya familiarizado con los negocios transnacionales que rigen el orbe, dirigido por políticos subordinados sagazmente a ellos y poblado por una mayoría silenciosa que ha terminado eligiéndoles una y otra vez?

Porque el periodismo tampoco se conforma con apariencias de democracia y obliga a todo evento. Ante ambiciones menos deliberantes, intransigentes, idealistas, incómodas y riesgosas, esta profesión ofrece alternativas.

Julio Frank S.

El periodismo se nos está yendo

Permalink 22.08.17 @ 10:00:46. Archivado en 1. Periodismo, Publicidad, 3. Chile

Periodistas de alta exposición pública, como los conductores de noticias y debates en radio y televisión, han encabezado durante más de diez años la estrategia comercial de informar y publicitar en forma conjunta, incluidos quienes son hoy candidatos presidenciales -uno de ellos, ex presidente del gremio-, no obstante normas éticas históricas e internacionales que velan por los bienes más preciados de esta profesión: independencia y credibilidad.

La audiencia, poco reactiva ante el manejo mediático, pareciera no sentirse perjudicada, como si no constatara todavía la trascendencia de encasillar al periodismo en las exigencias del mercado y debilitar su identidad con la noticia “dura”, de las restricciones legales a la fiscalización del ejercicio profesional y del silencio aprobatorio de los políticos, muchos de ellos cuestionados precisamente por conflictos de interés.

En 2004, dos periodistas y conductoras de noticiarios de la televisión chilena iniciaron un trabajo “extra” como modelos publicitarias contratadas por un banco y una multitienda, respectivamente: Macarena Pizarro (Chilevisión y radio Futuro) y Soledad Onetto (Canal 13). En un reportaje del diario estatal La Nación (15 de enero de 2005), titulado “Se vende. Rostros de noticieros son fichados por casas comerciales”, Pizarro explicó que “cuando Banco (…) quiso asociarse con mi credibilidad, pensé que era el momento de aceptar”, agregando que éste era “el mejor producto para hacer una sociedad” y que no le complicaba porque el contrato dejaba claro que “no se compromete mi trabajo periodístico”. Lo directamente comprometido, sin embargo, era su altamente expuesta y comunicativa imagen pública como informadora de noticias, adquirida estratégicamente por la empresa contratante, como reveló la propia asesora comunicacional de ésta, Gloria Stanley, también periodista y ex conductora de televisión.

Años después, Pizarro publicitaba a una firma internacional de cosméticos en forma paralela e identificándose como periodista, y Onetto coanimaba el popular Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar.

Hoy, conocidos y no tan conocidos periodistas de la plaza, varios de ellos profesores universitarios, han asumido el nuevo “campo laboral” trazado y a diario informan y comentan noticias así como publicitan a los auspiciadores de sus programas en radioemisoras de frecuencia modulada de Santiago. Destacan quienes son o han sido también conductores de noticiarios y debates políticos en televisión, inquisidores de candidatos presidenciales en foros televisivos transmitidos en cadena de canales, directores y editores de prensa, un premio nacional de periodismo –ocasionalmente- y, en particular, dos candidatos a la Presidencia de la República para 2018-2022: Alejandro Guillier y Beatriz Sánchez.

En sus voces se puede o pudo escuchar, indistintamente, informaciones, denuncias y comentarios acerca de la contingencia política, económica, educacional, empresarial, sanitaria, burocrática y delictual, frecuentemente enfocada desde los llamados “estándares éticos”, seguidos por tentadoras ofertas del mercado financiero, previsional, aéreo, inmobiliario, informático, sanitario, automotor, alimentario, gastronómico, hotelero, editorial, farmacéutico, textil, además del universitario, bursátil, turístico, del retail e incluso motivacional. Uno de los periodistas-locutores comerciales advierte que “las actuales exigencias del mercado nos presentan desafíos diariamente”.

Al menos cuatro de esas voces aseguraron hace diez años o más que no harían o no volverían a hacer algo así. “No quiero ser obligado a que, por un auspicio, me metan en algo comercial. No estoy dispuesto a ceder en eso”, declaró entonces Mauricio Hoffmann en el reportaje aludido (microformateado de terceros), de Carla Alonso. Fernando Paulsen explicó a su vez que “no puedo decir: créeme que lo que te estoy diciendo es cierto y, por otra parte, decir créeme que este producto es bueno” e Iván Valenzuela –quien promovió a un auspiciador que después cayó en quiebra- sentenció en Las Ultimas Noticias (18 de noviembre de 2006): “Las personas que estamos en las noticias no deberíamos hacer publicidad”.

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Conflictos de intereses presidenciales y periodísticos

Permalink 28.11.16 @ 10:00:24. Archivado en 1. Periodismo, 5. Política, Publicidad, 2. Medios, 3. Chile

¿Es lícito que un Presidente-empresario compre para sí una firma pesquera de un país con que mantiene un diferendo limítrofe marítimo e interesada potencialmente en la zona en litigio? Y a los encargados de perseguirlo informativamente, ¿es permisible hacer de voceros de quienes auspician sus programas periodísticos? La respuesta de los involucrados (y de sus adherentes y auditores) parece ser: Sí, se puede.

La Fiscalía de Alta Complejidad Oriente del Ministerio Público se hizo cargo de una querella sobre negociación incompatible y uso de información privilegiada en contra del ex Presidente y millonario empresario Sebastián Piñera. El libelo fue presentado por el diputado comunista Hugo Gutiérrez luego que investigaciones periodísticas revelaran que durante la pasada administración de Piñera (2010-2014), y en plena tramitación de un litigio sobre límites marítimos con Perú en la Corte Internacional de La Haya, la empresa matriz de éste adquiriera acciones de una firma pesquera peruana con potenciales, pero directos intereses en la zona en conflicto. La ley sobre fideicomiso ciego a la que el mandatario se sometió previamente no incluía sus inversiones en el extranjero.

El proceso jurídico significó finalmente una pérdida de territorio marítimo para Chile.

Invoca el querellante los artículos 240 del Código Penal, que sanciona al empleado público que se involucrare en operaciones personales relacionadas con el desempeño de su cargo, así como el artículo 247 bis de dicha norma y la Ley de Mercado de Valores, que castigan el uso de información secreta y privilegiada, respectivamente, en beneficio propio o de un tercero. Aunque el ex gobernante y posible postulante a un segundo período aseguró que desconocía dicho negocio, se quejó de “campaña sucia” y actitudes “miserables”, y reafirmó su dedicación y compromiso en defensa de “los superiores intereses de Chile y los chilenos”, lo concreto es que la compra y la oportunidad de la misma fueron confirmadas por diversas fuentes, los administradores del adquirente son su propia familia y una reciente encuesta señaló que el 59 por ciento de los consultados no le creía que desconociera el asunto y sólo el 48 por ciento coincidió con él en cuanto a la calidad de su defensa.

Si un Presidente está plenamente imbuido de las responsabilidades de su alto cargo y defiende cabalmente los intereses de su patria, como ha reiterado, y que, paralelamente, es ya multimillonario, ¿qué necesidad tenía de obtener acciones de una empresa peruana en medio de una controversia limítrofe con un país con el que, además, existe una rivalidad histórica y una guerra en el siglo XIX?

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Saludo presidencial a la ética periodística

Permalink 03.06.16 @ 10:00:30. Archivado en 1. Periodismo, 5. Política, 2. Medios, 3. Chile

No fue la expulsión del propietario del principal diario nacional por parte del Colegio de Periodistas; tampoco la proliferación de periodistas que, paralelamente, informan y actúan como voceros comerciales; y menos, el permanente desfile de desconocidos en los noticiarios de televisión por el solo hecho de ser detenidos por la policía. Lo que ha reflotado el tema de la ética periodística en este personalista y metalizado país son las quejas de políticos por la divulgación de imputaciones contra ellos en investigaciones judiciales. Ahora, la Presidenta de la República se ha querellado contra un medio difusor y no contra los autores de lo difundido.

La revista Qué Pasa publicó en su sitio web una transcripción de escuchas telefónicas grabadas por la policía al operador político del partido Unión Demócrata Independiente (UDI), Juan Díaz, investigado por presunto soborno en el escandaloso caso financiero-inmobiliario de la empresa Caval. Según ese material, Natalia Compagnon, nuera de la Presidenta de la República, habría dicho que al menos 1.000 millones de pesos (1,4 millón de dólares, 1,2 millón de euros) deberían ser destinados a esta última.

Los editores eliminaron el fragmento cuestionado –al igual que el diario La Tercera online, perteneciente también al consorcio periodístico Copesa-, explicando que lo sucedido no se ajustaba a sus estándares periodísticos y pidieron disculpas a sus lectores.

La Presidenta habló de “infamia”, “canallada” y “montaje”. Horas después, la oficialista “Nueva Mayoría” (ex Concertación más el Partido Comunista) le declaraba su respaldo corporativo, mientras la oposición se mantenía cautelosa y diversos entrevistados recordaban en los medios de comunicación la dignidad de las personas, la presunción de inocencia y la ética periodística.

El martes 31 de mayo, la Presidenta se querelló contra la revista, pero con un “detalle”, según explicó su abogado: el libelo era contra la edición impresa, no la digital, por haber suprimido las alusiones a otras personas (de la oposición) y haber dejado solamente la de Bachelet.

El Colegio de Periodistas, presidido por Javiera Olivares (PC), optó por recordar la regla profesional de verificación de las informaciones, pero un académico y comentarista político, Carlos Peña, apuntó a que los medios no están obligados a comprobar la veracidad de las declaraciones que publican.

La interrogante de fondo sería: ¿Está o no obligado el periodista a retener siempre una información que desea publicar mientras no compruebe personalmente su veracidad?

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El periodismo sigue con malas noticias

Permalink 20.05.14 @ 10:00:12. Archivado en 1. Periodismo, 2. Medios, 3. Chile

“El mejor oficio del mundo”, como lo definió García Márquez, continúa precarizado y tergiversado por intereses que promueven una sospechosa realidad “mediatizada” que ataca la principal potestad humana: el discernimiento.

Los transeúntes y automovilistas que avanzaban por la avenida Vicuña Mackenna de Santiago el jueves 24 de abril se enteraron personalmente de la protesta laboral callejera realizada por decenas de periodistas y otros trabajadores de la comunicación del Consorcio Periodístico S.A. (Copesa), uno de los conglomerados empresariales dominantes en la prensa escrita chilena desde la dictadura.

La manifestación no consiguió despertar demasiada empatía en quienes la observaban, quizá porque lo que estaban viendo no era más que la punta del iceberg de la penosa situación que arrastra el periodismo nacional desde que los políticos civiles reasumieran el poder en 1990 y decidieran que la libertad de expresión debía seguir bajo control, aunque en un sistema distinto.

Realidad “mediática”

Dos consorcios han dispuesto del mercado periodístico impreso chileno y de la agenda informativa nacional sin contrapeso, constituyendo un poder comunicacional privado que partió con Pinochet, cuyo régimen intervino para evitar la respectiva quiebra, y continuó con la generosa publicidad no sólo de las grandes empresas multinacionales y nacionales sino también del supuestamente nuevo y democrático Estado de Chile. Hoy ni siquiera está el diario estatal La Nación, cerrado por el pasado gobierno de Sebastián Piñera, y hay sólo cuatro periódicos diarios de circulación nacional: El Mercurio, La Tercera (Copesa) y sus correspondientes brazos faranduleros aliados con la programación de la televisión abierta, como son Las Ultimas Noticias y La Cuarta. A eso suman cadenas regionales, ademá de revistas, radioemisoras y medios digitales.

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Chile: el voto propuesto sobre Asamblea Constituyente

Permalink 10.11.12 @ 10:07:55. Archivado en 1. Periodismo, NOTICIAS, 3. Chile, Política, Asamblea Constituyente


Ilustración personal del voto propuesto por el proyecto de ley de reforma constitucional que establece la cuarta urna sobre Asamblea Constituyente para las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2013 en Chile, presentado el 3 de septiembre de 2012.

Periodista chileno rompe la autocensura

Permalink 20.10.10 @ 14:50:24. Archivado en 1. Periodismo, 3. Chile

Nibaldo Mosciatti, al agradecer un galardón, opinó sobre la realidad de su país y escandalizó a una sociedad que no dice lo que verdaderamente piensa.

El periodista Nibaldo Fabrizio Mosciatti, editor de la cadena de radioemisoras Bío-Bío –del clan familiar y autodefinida como “independiente de verdad”- y columnista de CNN Chile, fue galardonado la semana pasada con el premio de periodismo Embotelladora Andina (distribuidora en Chile de la Coca-Cola), uno de los más reconocidos en el sector. Su discurso de agradecimiento arremetió impetuosa, irreverente y ácidamente contra la corrupción y el clientelismo en el ejercicio periodístico y la sociedad chilena en general. Dejó estupefactos a los asistentes a la ceremonia, entre ellos, la ministra secretaria general de gobierno de Sebastián Piñera –al que aludió sin nombrarle-, Ena von Baer. Y a la prensa dominante, que se desentendió de lo ocurrido.

Mosciatti, recurriendo a algunas metáforas y epítetos no precisamente ortodoxos, dio su opinión sobre el estado de su profesión en Chile desde la pasada dictadura hasta hoy, haciendo hincapié en un entreguismo respecto del poder que ha postergado el servicio a la comunidad. Afirmó, por ejemplo, que existe hoy un periodismo que “le habla a los poderes, porque vive en ese rincón restringido y cálido -pero nunca gratis- que los poderes guardan a ese periodismo”. Deploró, asimismo, “todo tipo de comunicación que está al servicio de unos pocos en detrimento de la mayoría anónima”.

A continuación, extractos del discurso.

El premio

“Premiar periodistas es labor samaritana. Mejor que el Hogar de Cristo o la Teletón, en la medida en que no se convoque, paradójicamente, a la prensa. Sugiero a la embotelladora que también se incluya, en galardones paralelos, a zapateros remendones, desmontadores de neumáticos en vulcanizaciones, panaderos, imprenteros, empastadores de libros, ebanistas y expertos en injertos de árboles frutales, para que se consolide la idea de que lo que se premia es el ejercicio de un oficio, el día a día de las letras, y no la ruma de certificados, con sus timbres y estampillas, ni la galería de cargos, ni, menos todavía, la trenza de contactos, pitutos, militancias, genuflexiones (para no usar imágenes obscenas) favores y deudas. Así debiera ser”.

“¿Por qué te premian? ¿Porque ya eres suficientemente viejo? ¿Por qué ya lo que dices son puras boludeces y tus dichos perdieron filo, agudeza, desparpajo, y te repites como un viejo gagá que no dice nada nuevo ni nada que escandalice? ¿Por eso te premian, porque la lengua te la comieron los ratones? O, mejor dicho, ¿porque tu lengua se pudrió, de desprendió, añeja, agria, inútil? Sobrevuelas un pedazo de tierra, hermoso por lo demás (bueno, hermoso en lo que va quedando de hermoso, porque lo otro ya lo arrasaron) y te dicen: mira, esa es tu Patria. ¿Qué es eso? ¿Una Patria, La Patria, tu Patria? ¿Para despedazarla y repartirla? ¿Para prohibirla, censurarla, amordazarla? Será mejor, entonces, no tener Patria, y ahorrarnos uniformes, paradas militares, desfiles, aniversarios, profesionales ociosos de la guerra. No, no, no; mejor así: que los militares sigan siendo ociosos y que no ejerzan su trabajo. Digo: no a la guerra. Y agrego: mar para Bolivia, y con soberanía”.

La escuela

“Quiero agradecer, andando ya el camino, a algunos profesores. De mi colegio: Lamiral, Varela, Tolosa, Fierro, Boutigieg, Pilon, Biancard. La añoranza de ese espacio de libertad cuando la libertad escaseaba. Y de la Universidad... allí, en verdad, gracias a pocos. Es más, si hablo largo terminaría a los garabatos y repudiando a muchos de esa Universidad Católica, la UC de aquella época, puta prístina de la dictadura, con sus sapos, sus silencios cómplices, sus injusticias mofletudamente bendecidas, bendecidas por sus monseñores y sus autoridades venenosas que no se arrugaban en tolerar, avalar y alentar la brutalidad para preservar el orden, que era un orden chiquitito, orden sólo de ellos. Doble mérito entonces para mis profesores de la Universidad a los que agradezco: Juan Domingo Marinello, Cacho Ortiz, Gustavo Martínez y los Óscares: Saavedra y el RIP González, lo que no es maldad, porque todos nos vamos a morir”.

La profesión

“Hay, al menos, dos periodismos. Voy a dejar fuera a esa manga de serviles que, por opción (libero de culpa a los que no tuvieron alternativa), fueron útiles plumíferos de la dictadura. Siempre he sostenido que en dictadura, hacer periodismo es hacer oposición. Si yo pretendiera hacer periodismo en China, hoy, sería agente opositor (y qué bueno que el Premio Nobel de la Paz se haya otorgado a un disidente chino). Bueno, dejando de lado esto, repito que hay, al menos, dos periodismos: Uno, el que le habla a la gente, porque piensa en la gente y siente que está al servicio de ella. Otro, el periodismo que le habla a los poderes, porque vive en ese rincón restringido y cálido -pero nunca gratis- que los poderes guardan a ese periodismo. Es un rincón un poco humillante, como esas casuchas para los perros guardianes, que te guarece de la lluvia pero que incuba pulgas y garrapatas, pero allí nunca falta el tacho con comida. Sabe mal, pero alimenta. Y, en general, engorda. Lo que entiendo por periodismo es lo primero: el periodismo es un ejercicio de antipoder. Repartir, difundir, democratizar la información que, si es tenida en reserva por unos pocos, constituye poder. ¿No les suena acaso la figura de ‘uso de información privilegiada’? Mi convicción, entonces: lejos de los poderes, que el poder corrompe. Y a más poder o más dinero, más corrupción”.

“En este oficio de periodista quisiera haber heredado una pizca del talento, la sensibilidad y la rebeldía de mi padre. Sin esas cualidades, el periodismo se convierte en otra cosa: en una simple reproducción de discursos, en un engranaje más de las máquinas de los poderes y los poderosos, en esa cosa amorfa, triste, gelatinosa, y, a veces, ruin y malvada, que son las relaciones públicas o todo tipo de comunicación que está al servicio de unos pocos en detrimento de la mayoría anónima”.

“Para no subirse por el chorro, una advertencia: muchos periodistas estaban o están convencidos que el periodismo es la palanca o instrumento para generar un cambio social. Nica. O sea, no. Quienes piensan así exhiben, quizás sin darse cuenta, una arrogancia y un mesianismo temible. Allí no hay duda, ni cuestionamiento. Los cambios los hacen los pueblos, no el periodismo”.

Fuerte crítica al Colegio de Periodistas de Chile

Permalink 28.08.10 @ 16:35:20. Archivado en 1. Periodismo, NOTICIAS, 3. Chile

“¿De qué sirve estar colegiado si el organismo al que perteneces siempre está ausente en los temas relevantes de nuestro país? ¿Qué fuerza tiene un gremio si quienes lo integran son incapaces de romper cercos mediáticos por miedo a perder el trabajo y si, más aún, ese miedo existe por las condiciones laborales en las que se desempeñan los periodistas de este país?”.

Las interrogantes pertenecen a la periodista Daniela Lepín y fueron formuladas con motivo de la elección de dirigentes del Colegio de Periodistas de Chile, proceso en el cual manifestó su apoyo a la candidata Javiera Olivares.

Lepín recuerda la persecución contra estos profesionales durante la pasada dictadura y asegura que hoy la entidad ha perdido la fuerza y la mística de entonces: “Hoy sólo se remite a hacer declaraciones inconclusas que nadie lee, pequeños actos de homenaje que sus muertos jamás verán; por si fuera poco, en democracia y bajo el alero de la Concertación, callan por conveniencia, ignorancia o desconocimiento y, más aun, censuraron el pensamiento de muchos colegas”.

Sostuvo que el cerco informativo instalado por los grandes conglomerados de derecha que dominan la prensa nacional constituye una excusa, ya que, con pocos recursos, afirmó, se ha creado medios alternativos y populares que permiten llegar, aunque tal vez no masivamente, “a aquellos sectores sociales que deberían importarnos más”.

Explicó también que su apoyo a Olivares se basó, entre otras razones, en que ésta busca ubicar al gremio como actor fundamental en el desarrollo de las políticas comunicacionales del país, así como defender la profesión, especialmente a los periodistas que desde hace años sufren precariedad laboral, bajos salarios y extensas jornadas, “cuestión que sabemos todos aquellos que, por estos días, tenemos la suerte de trabajar”, concluyó.

¿Día del periodista?

Permalink 26.07.10 @ 10:00:35. Archivado en 1. Periodismo, Sociedad, 3. Chile

El Día del Periodista conmemora la creación del Colegio de la Orden, pero Chile y los chilenos han cambiado demasiado como para que aquel 11 de julio de 1956 sea celebrado con entusiasmo. No fue una simple evolución: el golpe de 1973, junto con decretar un nuevo sistema político, impuso una actitud poco sociable que prevalece hasta hoy.

En el campo de la información pública, los periodistas del siglo XXI se encuentran con que la demanda por noticias e interpretación de la realidad social –su área fundamental- es ínfima comparada con la de información de uso doméstico. Con que muchos hechos trascendentes del día a día o que podrían serlo no logran ver la luz en medios de comunicación desbordados por la ficción y la publicidad. Con que lo que les pide su empleador no es que sean informadores sino promotores de su fuente laboral y de quienes la financian. Con que, en definitiva, tienen que resignarse a funciones y objetivos definidos por profesionales de otras áreas.

De este modo, pese a haber mejorado sustancialmente su formación, han empeorado apreciablemente su ejercicio y reducido en forma significativa su influencia en la sociedad. Las escuelas universitarias les preparan en la teoría, pero la competencia mercantil se las desbarata en la práctica. Deben pagar cuantiosa y estrictamente sus estudios, pero se les remunera con escasa cuantía y estrictez.

Presionados por la urgencia del sustento diario, muchos periodistas acatan esas inicuas condiciones. Algunos, aprovechando una ventajosa exposición pública, consienten en ser rostros y voces de mensajes comerciales, contrariando la ética del Colegio. Otros se han pasado directamente a la vereda de enfrente, es decir, a las relaciones públicas –hoy, asesorías comunicacionales-, lo que, sin bien está dentro de su campo ocupacional, les aleja de lo público para comprometerles prioritariamente con lo privado. Algo equivalente ocurre con quienes se dedican a las aplicaciones informáticas, las que acentúan la forma, no necesariamente el fondo. Sólo unos pocos tratan de mantener en alto las banderas de la libertad de expresión y el pluralismo informativo, aunque arrinconados por los grandes consorcios periodísticos privilegiados. El resto se debate en una crónica y penosa cesantía.

Ni siquiera los llamados medios sociales, generados por el desarrollo cibernético, han sido del todo un cauce liberador de esta prensa constreñida y desfigurada. Las revelaciones, denuncias y propuestas independientes no tienen (aún) la misma consistencia desde el ciberespacio que los medios tradicionales.

El lector del quiosco

No son días, años ni época para este gremio, está claro. Pero, ¿qué tan trascendente es eso? Demasiado. Cito una experiencia personal:

Una tarde caminaba cerca de la Alameda, en Santiago, cuando observé a un transeúnte que miraba las portadas de los diarios frente a un quiosco. Me detuve junto a él e hice lo mismo. Cuando me vio, me indicó con asombro un titular referente al récord que había alcanzado el precio internacional del petróleo, profusamente difundido. “¡Esto es peor!”, le repliqué, señalando con ironía una caricatura de los entonces precandidatos presidenciales. Le dio una fugaz mirada, se puso serio y se retiró rápidamente sin decir ni insinuar nada.

No es fantasioso interpretar que ese lector se identifica con los temas que repiten los grandes medios, particularmente la televisión, y que rehúye de los que no están entre los favoritos de éstos, como la política. Probablemente, en forma consciente o subconsciente, ha aceptado que otros le digan lo que tiene que pensar y hacer. El sueño dictatorial.

La dictadura, en consecuencia, no ha terminado. Y no es amiga del periodismo.

J.F.S.

¿Periodistas o actores?

Permalink 13.05.10 @ 10:00:26. Archivado en 1. Periodismo, 2. Medios, 3. Chile, 4. Terremoto

Chile, comienzos del otoño, zona devastada por el terremoto. Un conductor de noticiarios de televisión –“rostro”, antiguo
“hombre-ancla”- enviado al lugar de la noticia reposa en un cómodo van. Una productora se acerca al vehículo y le señala con su mano que faltan cinco minutos para salir al aire. Se incorpora rápidamente, se desordena un poco el cabello y el cuello de la camisa y se prepara a enfrentar la cámara. Con expresión compungida, presenta la catástrofe a sus colegas del estudio central y a millones de televidentes que le observan con credulidad.

Más allá, rodeado por la misma destrucción, desolación y angustia, se alista otro “rostro” periodístico. Urgido, pregunta a los productores qué tiene que decir. “¡Está la cagada!”, le responden. Ya instruido, envía su despacho informativo. Un reportero ha observado ambas escenas y propone a su periódico publicarlas. Se lo niegan.

(Tomado del relato ante una cincuentena de estudiantes de periodismo de la Universidad de Chile del periodista y editor del diario La Segunda Cristián Bustos, uno de los panelistas del coloquio “Comunicar crisis en tiempos de crisis. Los periodistas y el terremoto: una mirada crítica”. Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI), 5 de mayo de 2010).

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