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Otra forma de aplacar periodistas

Permalink 06.06.19 @ 10:00:41. Archivado en 1. Periodismo, 2. Medios, Sociedad, 6. Chile

Casi cien periodistas fueron asesinados en 2018 y hay muchos más encarcelados, informó el secretario general de la ONU en el pasado Día Mundial de la Libertad de Prensa. Cuando se les ataca, advirtió, “pagan el precio las sociedades en su conjunto”. Pero terminó ahí. No fue parte de su mensaje una forma “pacífica” de sojuzgar hoy la información y la crítica periodísticas: la fuerte coerción político-económica, que inculca un concepto deforme de noticia, tergiversa la misión profesional, desvía hacia funciones particulares o, simplemente, arroja a la cesantía, para poner esta profesión al servicio de emergencias puntuales, los negocios, el consumo y la ficción.

La reciente intervención del secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, en el Día Mundial de la Libertad de Prensa (3 de mayo) fue bienintencionada, pero, como habitualmente en estas ocasiones, exigua y “políticamente correcta”. Alertó sobre la violencia contra los periodistas y llamó a defender sus derechos, pero no ahondó en la importancia de su llamado y tampoco ilustró sobre la dimensión del problema que abordaba.

Partió certeramente, enmarcado en la libertad de prensa, en primer término, de los periodistas que realizan su ejercicio profesional en forma individual, con criterio personal, precediendo a las empresas de información en las que muchos de ellos se emplean. Enseguida, lamentó “la violencia y el hostigamiento” contra periodistas, citando el asesinato de casi un centenar en 2018 y el encarcelamiento de muchos más, advirtiendo que cuando se les ataca, “pagan el precio las sociedades en su conjunto”.

Y agregó:

En el Día Mundial de la Libertad de Prensa, hago un llamamiento a todas las personas para que defiendan los derechos de los periodistas, cuyos esfuerzos nos ayudan a construir un mundo mejor para todos.

Hubiese sido interesante también escucharle sobre si considera atingente o no el caso del activista y editor digital australiano Julian Assange, reconocido como periodista, que participó en la divulgación de hechos de alta connotación pública -función básica del periodismo– y aun internacional declarados confidenciales por autoridades gubernamentales, que utilizó para ello la informática y el ciberespacio, y que enfrentaría cargos por presunta conspiración y la posibilidad de una muerte segura en la cárcel (175 años de presidio).

Aludió además Guterres, sin dar detalles, a una “retórica” contra los medios de comunicación y un mal uso de la tecnología (digital, se subentiende) cuando “engaña” a la opinión pública o “alimenta” la violencia y el odio. No explicó, sin embargo, por qué se sigue matando y encarcelando a periodistas y en qué consisten dichos ataques a los medios -a los que no identificó- y dicho engaño a la opinión pública. Quizá, porque se ganaría otro tipo de problemas, como, precisamente, los del periodismo de primera línea, que ha tenido que confrontarse con los poderes oficiales y “fácticos” históricamente y en desventaja, por tener por misión no solamente relatar hechos y circunstancias sino también informar, esto es, “darles forma” añadiendo interpretación personal acerca de su sentido social y humano.

Hacia la “reconversión”

Aunque distanciados de las dictaduras y su brutalidad desatada, los aparentemente civilizados regímenes neoliberales y globalizados de hoy tampoco se pueden librar del cargo de “hostigamiento” o presión contra periodistas en funciones informativas y contra la libertad que éstos ejercen.

Sus elites en el poder, aun legitimadas por el voto popular y aplicando una fuerza mediática incontrarrestable hasta ahora, han asumido un concepto de libertad de prensa como una facultad de carácter institucional, predominantemente empresarial y comercial, que supedita el derecho a informar y ser informado a los intereses y el criterio económicos con que esos líderes conducen la nueva sociedad de consumo, como si la libertad de prensa correspondiera prioritariamente a las empresas periodísticas.

En uso de tal convicción y tal poderío, han inoculado a la información diaria una cuota cada vez mayor de farándula, sensacionalismo y censura “blanca”, que deforma la noticia para restarle trascendencia pública y administrarla como una mercancía más. Han creado incluso una especialidad determinada, la del periodista-anunciador, un periopublicista o algo así que promueve a su auspiciador mientras informa y comenta noticias, un recurso ideal para fundir la realidad informativa con la ficción publicitaria, comprometer personalmente a ese informador con objetivos secundarios que debiera mantener a distancia, y evitar que el informado “escape” de los mensajes comerciales. Un profesional originalmente distante de negocios ajenos convertido ahora en un poderoso aliado de los mismos.

El periodista ha quedado inserto en el engranaje del mercado, sujeto a sus vaivenes y comprobando cómo su tarea informativo-crítica es hecha fácilmente innecesaria y su puesto de trabajo, prescindible o reemplazable, al tiempo que se le estimula con una forma de subsistencia y progreso más lucrativa y con mayor demanda: las asesorías comunicacionales privadas. Dichas funciones transforman complicadas e ingratas condiciones laborales en auspiciosas expectativas profesionales, remuneracionales y de ascenso social, no importando que ello contribuya a ceder progresivamente a empresas e instituciones, generalmente las de mayor envergadura, la interpretación y la comunicación del acontecer de la sociedad que deberían corresponder prioritariamente a la investigación y el enfoque fiscalizador del periodismo. Quedan restringidas así la libertad, la independencia, la contingencia y la subjetividad profesional con que debe tratarse una noticia.

El ejercicio informativo independiente sólo responde a sus propios parámetros y no tiene más estrategia que comunicar una hecho noticioso a la audiencia, parte de ella o la sociedad como tal y tan oportunamente como le fuere posible. El efecto o resultado no debe, en este caso, ser proyectado con antelación.

Al reorientar y limitar su relato examinador, despojarle de su autonomía como primer bastión de la información pública y la libertad de prensa, convertirle en cómplice de la desinformación y la ignorancia populares, desperfilar a los mejores exponentes atrayéndoles a empleos más estables pero inocuos al sistema examinado y poner a los “rebeldes” en el camino de la obsolescencia, también se “mata” o reprime al periodista y sus noticias. No se trata esta vez de agresiones físicas, asesinatos y encierro dispuestos por agentes gubernamentales o por terroristas, sino de coerción política, económica y social sustentada en simples, no violentos y legalizados consensos partidistas.

País-espejo

¿Qué podría impedir que una compacta alianza política-negocios diera al ejercicio periodístico independiente el mismo destino terminal que ha dado o quiere dar a otras disciplinas incómodas a su doctrina, como la reflexión filosófica, el análisis histórico y la educación cívica? Probablemente, si lo lograra, su administración mejoraría mucho aunque fuera sólo en tranquilidad, su clientela megaempresarial lograría más y superiores negocios con menos trabas, y los disidentes tendrían menor difusión aún. Y el grueso de la población seguiría avanzando a ojos cerrados en la búsqueda interminable de la prosperidad individual, convencido de que su pobre deber colectivo parte por informarse únicamente de lo que sus conductores indican o permiten como de interés público.

En Chile, país pequeño pero espejo, que celebra su reciente invitación a uno de los grupos de acción de naciones desarrolladas, la población dispone de sólo dos periódicos de cobertura nacional y de sus respectivas ediciones farandulescas, ve noticiarios televisivos recargados de tragedias sin contexto y escucha informativos radiales llenos de voces periopublicitarias, mientras se acaba de enterar de que el ramo de Historia no será obligatorio para todos los estudiantes secundarios. No es necesario prohibirle los debates políticos, económicos y sociales en los medios de comunicación de mayor alcance ni su correspondiente confrontación pluralista de ideas opuestas; basta negar el indispensable financiamiento publicitario, muy generoso, en cambio, con el consumismo y la diversión.

El mismo periódico que azuzó el golpe de estado y actuó como vocero de la dictadura es hoy el más próspero y continúa siendo el más influyente del país; las cadenas de televisión abierta están en manos transnacionales y la estatal las imita; la única estación radial santiaguina crítica del sistema, financiada por la Universidad de Chile, no puede tener servicio informativo 24/7 (ni 12/12), rechazada por los avisadores comerciales; y la multiplicidad informativa de la Internet ya está siendo cuestionada por los medios tradicionales, que se alarman por la facilidad de la transmisión anónima de ciertas noticias falsas o tendenciosas, como si varios de sus exponentes no tuvieran dicha experiencia.

La formación académica del periodista, como consecuencia, también sufrió el influjo. Dado que debía responder a un mercado desconectado de los principios universitarios clásicos, la enseñanza superior se hizo cargo como pudo y con niveles muy disímiles entre sí del creciente número de postulantes a la carrera de Periodismo (entre otras). Abrió una fuente de trabajo para periodistas con aspiraciones docentes y se dedicó a enseñar y dotar de conocimientos teóricos a alumnos enfrentados finalmente a un campo práctico “moderno”, materialista, individualista y desconfiado del basamento crítico y pluralista de este oficio, aunque consonante, por supuesto, con los requerimientos tecnológicos, publicitarios, apolíticos y consumistas de esta época.

Las universidades que imparten Periodismo tratan de cumplir su deber académico, no obstante que sus egresados encuentren las puertas de las asesorías privadas y los servicios tecnológicos mucho más abiertas que las de la información pública independiente, escrutadora y correctiva. Pareciera el terreno preparado para el cambio de nombre de esta carrera por uno acorde con las funciones impuestas desde fuera.

Elefantes de colores

Porque, ¿qué sentido tendría sostener una profesión con ideales tan ferozmente debilitados por la ambición de los negocios? ¿Qué necesidad habría de preservar intacta la opinión pública y mantenerla adecuadamente informada si ésta ha sido fragmentada para alejarla de los temas mayores, parece haber renunciado a derechos superiores como su facultad constituyente y deja que unos pocos decidan cuáles son demandas ciudadanas y cuáles no? ¿Y que tiene enfrente al gran empresariado empleador, a políticos gobernantes y legisladores “transversales”, y a la mortal indiferencia de la industria de la información como estrictos guardianes?

La rutina diaria del comprar-vender-lo-que-fuere se ha extendido inexorablemente por los estamentos de este país-espejo, deprimiendo las ideas no económicas, las visiones políticas, el comportamiento comunitario, las actitudes patrióticas y los preocupaciones culturales. Cada vez hay mayor aceptación de las ficciones, las falsedades e incluso las irracionalidades en la comunicación social.

Con este ritmo, ¿por qué no informadores dando cuenta de monumentales y graciosos elefantes de colores e informados dándolo por real?

Julio Frank Salgado

“Fake news” ha habido siempre

Permalink 09.01.19 @ 10:00:30. Archivado en 5. Política, 2. Medios, Televisión, Sociedad, 6. Chile, Blogueo y periodismo ciudadano, El Mercurio

“En estos días de las fake news (noticias falsas) hay que tener cuidado con lo que uno comenta”, advirtió la alcaldesa de Providencia y ex candidata presidencial de la derecha, Evelyn Matthei. Aludía a las informaciones compartidas en las llamadas redes sociales y su posible efecto en el resto de la población, en relación con el reciente atentado explosivo que hirió a cinco transeúntes en esa comuna del Gran Santiago.

No son hoy precisamente “días” de
“fake news”. Apuntar tan directamente a la potencialidad de la actuación ciudadana en Internet como incubadora favorita de esa peligrosa práctica desvía más bien la atención pública y favorece la estrategia de quienes buscan, desde posiciones sociales mucho más altas, ocultar la larga, oscura y dolorosa saga de los medios de comunicación tradicionales en esta materia. Se olvida, sin ir más lejos, que este país fue súbdito y es legatario de la soberana de la desinformación: la dictadura.

Es cierto que la multiplicidad de personas y conexiones en el inmensurable ciberespacio se conjuga con la diversidad de fuentes de información de cualquier género y calibre para hacer inviable la prevención de tal contenido y facilitar el ocultamiento y la impunidad del infractor. Pero también lo es que aquellos difusores de falsedades amparados en grandes grupos mediáticos, que exhiben con su uso resultados mucho más concretos y perdurables, han recibido un trato benevolente y hasta generoso de parte de la legislatura, lo que les ha permitido seguir mirando de frente y prosperando no obstante el daño causado a la audiencia víctima.

Basta citar algunos puntos negros de dicho ejercicio, en particular el del buque insignia de la prensa nacional y modelo informativo, formativo e histórico de la sociedad chilena –El Mercurio- y el de los agobiantes canales de la televisión abierta. Y recordar, por ejemplo, el titular “Exterminados como ratones” de La Segunda en 1975, para referirse a la matanza de más de cien personas detenidas por las fuerzas represoras. O el montaje gráfico de El Mercurio -derivado en querella y procesamiento de su director y propietario-, que inculpó a dos personas inocentes como instigadoras de los disturbios que opacaron una de las actividades del Papa Juan Pablo II en el país en 1987. O la campaña comunicacional de la central de inteligencia estadounidense (CIA) contra Allende, antes y durante su gobierno, en la que también estuvo involucrado el llamado decano. O la sistemática e interminable desinformación proveniente de las estaciones televisivas durante la dictadura, encabezadas por el canal del Estado, imagen lavada hoy por un régimen político-económico abierto pero nunca tanto como para reinstaurar el pluralismo o erradicar la tergiversación y la censura.

Un colega y editor de esos medios me manifestó una vez sus dudas acerca del grado de veracidad que los blogueros podían asegurar. En lugar de buscar garantías, debí responderle simplemente que tenía yo la misma sensación… respecto del suyo.

No es ésta “la época” de las “fake news”. Fue inaugurada hace muchísimo tiempo, cuando surgió la primitiva necesidad de comunicarse, y consolidada luego cuando los imperios y gobiernos lo requirieron. Y antes de que los periodistas tuvieran que compartir su deber con ciudadanos anónimos para abrir la cobertura a todo lo digno de descarte para sus aprensivos socios político-comerciales.

No se trata de competir en falsedades, sino de prevenirlas y sancionarlas por igual.

Julio Frank Salgado

El periodismo se nos está yendo (III)

Permalink 02.01.18 @ 10:00:00. Archivado en 1. Periodismo, 5. Política, 6. Chile

“Los periodistas (de hoy) no intrusean y no encuentran nada”, afirmó recientemente el nonagenario y legendario Alberto “Gato” Gamboa, Premio Nacional de Periodismo 2017. Pero sí hacen paralelamente vocerías publicitarias y protagonizan hechos noticiosos institucionales como “invitados”. Ese papel, de apariencia pública pero a beneficio particular, comercial y político, contribuye a la desinformación “emotiva” de la audiencia y favorece el control ideológico de la comunicación.

(Anterior)

El periodista Ramón Ulloa, conductor de noticias televisivas y radiales, anteriormente en CNN Chile, ofició como maestro de ceremonias durante la reciente inauguración de la Línea 6 del Ferrocarril Metropolitano de Santiago. “Me pareció importante estar presente ahí”, explicó vagamente, aludiendo al aspecto informativo del acto, organizado por dicha empresa estatal.

A las presiones editoriales, comerciales e ideológicas sobre el periodista y el periodismo se ha incorporado la de compartir el protagonismo en hechos informativos generados por empresas o instituciones a las que éstos deben observar, comentar y fiscalizar periodísticamente desde una posición independiente, lo que contraría además la regla que “el periodista en sí no es noticia”. El principal favorecido fue, en ese caso, un servicio estatal, el Metro de Santiago, cuya presentación encabezó la Presidenta de la República en persona. Ulloa ejerce actualmente en Canal 13 y Teletrece Radio, pertenecientes a uno los principales grupos económicos chilenos (Luksic).

Ningún político u opinólogo comentó públicamente lo ocurrido. Ni siquiera intervino el Colegio de Periodistas. Los únicos “sensibles” fueron algunos comentaristas virtuales del artículo que lo informaba.

Prensa según mercado

Ese trastoque de la mentalidad periodística histórica fue incubándose desde que un decreto de la Junta Militar convirtió los colegios profesionales en asociaciones gremiales en 1981, reduciendo drásticamente su respectivo tutelaje ético y concentrándoles en asuntos internos e individuales. Desde entonces, ningún profesional, como cualquier trabajador, está obligado a someterse a normas de entidades gremiales para poder desempeñar su labor.

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El periodismo se nos está yendo (II)

Permalink 25.09.17 @ 10:00:39. Archivado en 1. Periodismo, 2. Medios, 6. Chile

Estudiantes de periodismo chilenos consideraron el debilitamiento de la ética, la censura y autocensura, y la lógica mercantil imperante en los medios como las mayores amenazas para el ejercicio de esta profesión. Así respondieron mayoritariamente al ser consultados en una investigación interuniversitaria realizada en 2015. Casi una década atrás, otro estudio había advertido que la “devastadora” experiencia laboral de jóvenes periodistas titulados estimula la desilusión “y hasta cierto cinismo” para sobrevivir.

Aunque prima un sentido cívico, educativo y vigilante, el interés estudiantil por el periodismo decae a medida que avanzan en la carrera -agrega el último informe- en favor de las relaciones públicas y la comunicación estratégica.

(Inicio)

La dictadura amplió el acceso a la enseñanza superior durante la década de 1980 impulsando la creación de más planteles privados, lo que aumentó significativamente la oferta educacional. Desde entonces y entrando luego a una transición política, el nuevo sistema ha sumado cuerpos académicos, acogido a gran cantidad de estudiantes, aplicado las correspondientes mallas curriculares, concedido grados académicos y títulos profesionales… y saturado el campo de trabajo. Más aún, no todos sus integrantes han logrado consolidarse institucionalmente y salvar el antiguo prestigio universitario, y al indagar sus investigadores sobre la primera experiencia profesional de sus alumnos, los resultados, especialmente en periodismo, han sido con frecuencia deprimentes.

No es raro. La educación superior moderna en Chile ha operado, pese a los indispensables aportes estatales, dentro del régimen de mercado liberal y lucrativo implantado por los asesores de Pinochet (sólo en 2016 se inició un proceso de gratuidad gradual para los estudios), asumiendo así una lógica ajena a su espíritu original e inmersa en un curioso enclaustramiento, abierto a la demanda estudiantil pero distanciado de la laboral.

Desilusión y “cierto cinismo”

Hace doce años, en 2007, un informe de académicos de la universidad privada Adolfo Ibáñez -Manuel Délano, Karin Niklander y Paula Susacasa- para el Consejo Superior de Educación expuso desalentadores datos y conclusiones sobre “La enseñanza del periodismo y el mercado laboral”. Advertía, por ejemplo, el “devastador” choque de jóvenes titulados contra la realidad en los medios y las empresas de comunicaciones, caracterizada por baja consideración de parte de los empleadores, remuneraciones acordes con eso, subempleo y alta cesantía. Y agregaba:

La situación estimula en estas generaciones de periodistas conductas de desilusión y hasta cierto cinismo, en las dosis necesarias para sobrevivir y enfrentar la cotidianeidad.

Al comentar sus entrevistas cualitativas a ejecutivos y directores de medios y empresas de comunicación, dicho trabajo abordaba el “menor reconocimiento” profesional hacia el periodismo, atribuido por algunos a una “confusión” entre noticia y entrenimiento, reflejado en la intromisión de la farándula y la decadencia de contenidos de la televisión y ciertos medios escritos. Otro afirmó simplemente que el periodismo era un “oficio”, no una profesión liberal.

Como posibles vías de salida, uno de los entrevistados planteó entonces la necesidad de lograr “mayor sintonía” de las carreras de periodismo con el mercado laboral, “para que éstas sepan qué perfil de periodista se requiere y dónde”. Varios apuntaron a otros sectores como alternativas para el ejercicio de esta profesión, mencionando las comunicaciones en general, “emprendimientos personales” –como talleres de periodismo en colegios- y, directamente, el empleo en agencias de publicidad, “algo que las universidades todavía no han advertido”, señala el informe.

Asumiendo dicho diagnóstico, los autores de la investigación recomendaron que la carrera de Periodismo se transformara en un posgrado (magíster), con el fin de lograr en sus alumnos mayor especialización “y comprensión de la realidad” para interpretarla mejor e informar sobre ella, proceso en el cual, añadieron, los periodistas tenían un papel protagónico y “debieran ser los principales interesados en que mejore la empleabilidad propia y de sus colegas”.

Percepción de los estudiantes

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Doce años en PD

Permalink 20.09.17 @ 10:00:34. Archivado en 1. Periodismo, 6. Chile, Blogueo y periodismo ciudadano

En 2005, Periodista Digital, a través de su director, invitaba a crear y alojar un blog personal en sus páginas, “una opción que quizá consideres conveniente”, me decía. Apenas un mes antes, en agosto, yo había subido mi primer intento, “Notas al margen”, muy voluntarioso, aunque de presentación y alcance bastante limitados, de modo que lo estimé conveniente.

Doce años después, sigo aquí, con “Voz del Sur”. La motivación inicial fue la decadencia del ejercicio del periodismo, particularmente en Chile, pero luego derivó en el problema global: el deterioro de la política, la corrupción creciente en sus cultores y la hábil coerción de éstos sobre quienes acuden a las urnas.

¿Por qué escribir, sin embargo, sobre un país considerado desde el exterior como una tranquila y monótona taza de leche comparado con las tormentosas crisis nacionales e internacionales? ¿Por qué hacerlo sobre un país ya familiarizado con los negocios transnacionales que rigen el orbe, dirigido por políticos subordinados sagazmente a ellos y poblado por una mayoría silenciosa que ha terminado eligiéndoles una y otra vez?

Porque el periodismo tampoco se conforma con apariencias de democracia y obliga a todo evento. Ante ambiciones menos deliberantes, intransigentes, idealistas, incómodas y riesgosas, esta profesión ofrece alternativas.

Julio Frank Salgado

El periodismo se nos está yendo

Permalink 22.08.17 @ 10:00:46. Archivado en 1. Periodismo, Publicidad, 6. Chile

Periodistas de alta exposición pública, como los conductores de noticias y debates en radio y televisión, han encabezado durante más de diez años la estrategia comercial de informar y publicitar en forma conjunta, incluidos quienes son hoy candidatos presidenciales -uno de ellos, ex presidente del gremio-, no obstante normas éticas históricas e internacionales que velan por los bienes más preciados de esta profesión: independencia y credibilidad.

La audiencia, poco reactiva ante el manejo mediático, pareciera no sentirse perjudicada, como si no constatara todavía la trascendencia de encasillar al periodismo en las exigencias del mercado y debilitar su identidad con la noticia “dura”, de las restricciones legales a la fiscalización del ejercicio profesional y del silencio aprobatorio de los políticos, muchos de ellos cuestionados precisamente por conflictos de interés.

En 2004, dos periodistas y conductoras de noticiarios de la televisión chilena iniciaron un trabajo “extra” como modelos publicitarias contratadas por un banco y una multitienda, respectivamente: Macarena Pizarro (Chilevisión y radio Futuro) y Soledad Onetto (Canal 13). En un reportaje del diario estatal La Nación (15 de enero de 2005), titulado “Se vende. Rostros de noticieros son fichados por casas comerciales”, Pizarro explicó que “cuando Banco (…) quiso asociarse con mi credibilidad, pensé que era el momento de aceptar”, agregando que éste era “el mejor producto para hacer una sociedad” y que no le complicaba porque el contrato dejaba claro que “no se compromete mi trabajo periodístico”. Lo directamente comprometido, sin embargo, era su altamente expuesta y comunicativa imagen pública como informadora de noticias, adquirida estratégicamente por la empresa contratante, como reveló la propia asesora comunicacional de ésta, Gloria Stanley, también periodista y ex conductora de televisión.

Años después, Pizarro publicitaba a una firma internacional de cosméticos en forma paralela e identificándose como periodista, y Onetto coanimaba el popular Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar.

Hoy, conocidos y no tan conocidos periodistas de la plaza, varios de ellos profesores universitarios, han asumido el nuevo “campo laboral” trazado y a diario informan y comentan noticias así como publicitan a los auspiciadores de sus programas en radioemisoras de frecuencia modulada de Santiago. Destacan quienes son o han sido también conductores de noticiarios y debates políticos en televisión, inquisidores de candidatos presidenciales en foros televisivos transmitidos en cadena de canales, directores y editores de prensa, un premio nacional de periodismo –ocasionalmente- y, en particular, dos candidatos a la Presidencia de la República para 2018-2022: Alejandro Guillier y Beatriz Sánchez.

En sus voces se puede o pudo escuchar, indistintamente, informaciones, denuncias y comentarios acerca de la contingencia política, económica, educacional, empresarial, sanitaria, burocrática y delictual, frecuentemente enfocada desde los llamados “estándares éticos”, seguidos por tentadoras ofertas del mercado financiero, previsional, aéreo, inmobiliario, informático, sanitario, automotor, alimentario, gastronómico, hotelero, editorial, farmacéutico, textil, además del universitario, bursátil, turístico, del retail e incluso motivacional. Uno de los periodistas-locutores comerciales advierte que “las actuales exigencias del mercado nos presentan desafíos diariamente”.

Al menos cuatro de esas voces aseguraron hace diez años o más que no harían o no volverían a hacer algo así. “No quiero ser obligado a que, por un auspicio, me metan en algo comercial. No estoy dispuesto a ceder en eso”, declaró entonces Mauricio Hoffmann en el reportaje aludido (microformateado de terceros), de Carla Alonso. Fernando Paulsen explicó a su vez que “no puedo decir: créeme que lo que te estoy diciendo es cierto y, por otra parte, decir créeme que este producto es bueno” e Iván Valenzuela –quien promovió a un auspiciador que después cayó en quiebra- sentenció en Las Ultimas Noticias (18 de noviembre de 2006): “Las personas que estamos en las noticias no deberíamos hacer publicidad”.

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Conflictos de intereses presidenciales y periodísticos

Permalink 28.11.16 @ 10:00:24. Archivado en 1. Periodismo, 5. Política, Publicidad, 2. Medios, 6. Chile

¿Es lícito que un Presidente-empresario compre para sí una firma pesquera de un país con que mantiene un diferendo limítrofe marítimo e interesada potencialmente en la zona en litigio? Y a los encargados de perseguirlo informativamente, ¿es permisible hacer de voceros de quienes auspician sus programas periodísticos? La respuesta de los involucrados (y de sus adherentes y auditores) parece ser: Sí, se puede.

La Fiscalía de Alta Complejidad Oriente del Ministerio Público se hizo cargo de una querella sobre negociación incompatible y uso de información privilegiada en contra del ex Presidente y millonario empresario Sebastián Piñera. El libelo fue presentado por el diputado comunista Hugo Gutiérrez luego que investigaciones periodísticas revelaran que durante la pasada administración de Piñera (2010-2014), y en plena tramitación de un litigio sobre límites marítimos con Perú en la Corte Internacional de La Haya, la empresa matriz de éste adquiriera acciones de una firma pesquera peruana con potenciales, pero directos intereses en la zona en conflicto. La ley sobre fideicomiso ciego a la que el mandatario se sometió previamente no incluía sus inversiones en el extranjero.

El proceso jurídico significó finalmente una pérdida de territorio marítimo para Chile.

Invoca el querellante los artículos 240 del Código Penal, que sanciona al empleado público que se involucrare en operaciones personales relacionadas con el desempeño de su cargo, así como el artículo 247 bis de dicha norma y la Ley de Mercado de Valores, que castigan el uso de información secreta y privilegiada, respectivamente, en beneficio propio o de un tercero. Aunque el ex gobernante y posible postulante a un segundo período aseguró que desconocía dicho negocio, se quejó de “campaña sucia” y actitudes “miserables”, y reafirmó su dedicación y compromiso en defensa de “los superiores intereses de Chile y los chilenos”, lo concreto es que la compra y la oportunidad de la misma fueron confirmadas por diversas fuentes, los administradores del adquirente son su propia familia y una reciente encuesta señaló que el 59 por ciento de los consultados no le creía que desconociera el asunto y sólo el 48 por ciento coincidió con él en cuanto a la calidad de su defensa.

Si un Presidente está plenamente imbuido de las responsabilidades de su alto cargo y defiende cabalmente los intereses de su patria, como ha reiterado, y que, paralelamente, es ya multimillonario, ¿qué necesidad tenía de obtener acciones de una empresa peruana en medio de una controversia limítrofe con un país con el que, además, existe una rivalidad histórica y una guerra en el siglo XIX?

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Saludo presidencial a la ética periodística

Permalink 03.06.16 @ 10:00:30. Archivado en 1. Periodismo, 5. Política, 2. Medios, 6. Chile

No fue la expulsión del propietario del principal diario nacional por parte del Colegio de Periodistas; tampoco la proliferación de periodistas que, paralelamente, informan y actúan como voceros comerciales; y menos, el permanente desfile de desconocidos en los noticiarios de televisión por el solo hecho de ser detenidos por la policía. Lo que ha reflotado el tema de la ética periodística en este personalista y metalizado país son las quejas de políticos por la divulgación de imputaciones contra ellos en investigaciones judiciales. Ahora, la Presidenta de la República se ha querellado contra un medio difusor y no contra los autores de lo difundido.

La revista Qué Pasa publicó en su sitio web una transcripción de escuchas telefónicas grabadas por la policía al operador político del partido Unión Demócrata Independiente (UDI), Juan Díaz, investigado por presunto soborno en el escandaloso caso financiero-inmobiliario de la empresa Caval. Según ese material, Natalia Compagnon, nuera de la Presidenta de la República, habría dicho que al menos 1.000 millones de pesos (1,4 millón de dólares, 1,2 millón de euros) deberían ser destinados a esta última.

Los editores eliminaron el fragmento cuestionado –al igual que el diario La Tercera online, perteneciente también al consorcio periodístico Copesa-, explicando que lo sucedido no se ajustaba a sus estándares periodísticos y pidieron disculpas a sus lectores.

La Presidenta habló de “infamia”, “canallada” y “montaje”. Horas después, la oficialista “Nueva Mayoría” (ex Concertación más el Partido Comunista) le declaraba su respaldo corporativo, mientras la oposición se mantenía cautelosa y diversos entrevistados recordaban en los medios de comunicación la dignidad de las personas, la presunción de inocencia y la ética periodística.

El martes 31 de mayo, la Presidenta se querelló contra la revista, pero con un “detalle”, según explicó su abogado: el libelo era contra la edición impresa, no la digital, por haber suprimido las alusiones a otras personas (de la oposición) y haber dejado solamente la de Bachelet.

El Colegio de Periodistas, presidido por Javiera Olivares (PC), optó por recordar la regla profesional de verificación de las informaciones, pero un académico y comentarista político, Carlos Peña, apuntó a que los medios no están obligados a comprobar la veracidad de las declaraciones que publican.

La interrogante de fondo sería: ¿Está o no obligado el periodista a retener siempre una información que desea publicar mientras no compruebe personalmente su veracidad?

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El periodismo sigue con malas noticias

Permalink 20.05.14 @ 10:00:12. Archivado en 1. Periodismo, 2. Medios, 6. Chile

“El mejor oficio del mundo”, como lo definió García Márquez, continúa precarizado y tergiversado por intereses que promueven una sospechosa realidad “mediatizada” que ataca la principal potestad humana: el discernimiento.

Los transeúntes y automovilistas que avanzaban por la avenida Vicuña Mackenna de Santiago el jueves 24 de abril se enteraron personalmente de la protesta laboral callejera realizada por decenas de periodistas y otros trabajadores de la comunicación del Consorcio Periodístico S.A. (Copesa), uno de los conglomerados empresariales dominantes en la prensa escrita chilena desde la dictadura.

La manifestación no consiguió despertar demasiada empatía en quienes la observaban, quizá porque lo que estaban viendo no era más que la punta del iceberg de la penosa situación que arrastra el periodismo nacional desde que los políticos civiles reasumieran el poder en 1990 y decidieran que la libertad de expresión debía seguir bajo control, aunque en un sistema distinto.

Realidad “mediática”

Dos consorcios han dispuesto del mercado periodístico impreso chileno y de la agenda informativa nacional sin contrapeso, constituyendo un poder comunicacional privado que partió con Pinochet, cuyo régimen intervino para evitar la respectiva quiebra, y continuó con la generosa publicidad no sólo de las grandes empresas multinacionales y nacionales sino también del supuestamente nuevo y democrático Estado de Chile. Hoy ni siquiera está el diario estatal La Nación, cerrado por el pasado gobierno de Sebastián Piñera, y hay sólo cuatro periódicos diarios de circulación nacional: El Mercurio, La Tercera (Copesa) y sus correspondientes brazos faranduleros aliados con la programación de la televisión abierta, como son Las Ultimas Noticias y La Cuarta. A eso suman cadenas regionales, ademá de revistas, radioemisoras y medios digitales.

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Chile: el voto propuesto sobre Asamblea Constituyente

Permalink 10.11.12 @ 10:07:55. Archivado en 1. Periodismo, NOTICIAS, 6. Chile, Política, Asamblea Constituyente


Ilustración personal del voto propuesto por el proyecto de ley de reforma constitucional que establece la cuarta urna sobre Asamblea Constituyente para las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2013 en Chile, presentado el 3 de septiembre de 2012.

J.F.S.

Periodista chileno rompe la autocensura

Permalink 20.10.10 @ 14:50:24. Archivado en 1. Periodismo, 6. Chile

Nibaldo Mosciatti, al agradecer un galardón, opinó sobre la realidad de su país y escandalizó a una sociedad que no dice lo que verdaderamente piensa.

El periodista Nibaldo Fabrizio Mosciatti, editor de la cadena de radioemisoras Bío-Bío –del clan familiar y autodefinida como “independiente de verdad”- y columnista de CNN Chile, fue galardonado la semana pasada con el premio de periodismo Embotelladora Andina (distribuidora en Chile de la Coca-Cola), uno de los más reconocidos en el sector. Su discurso de agradecimiento arremetió impetuosa, irreverente y ácidamente contra la corrupción y el clientelismo en el ejercicio periodístico y la sociedad chilena en general. Dejó estupefactos a los asistentes a la ceremonia, entre ellos, la ministra secretaria general de gobierno de Sebastián Piñera –al que aludió sin nombrarle-, Ena von Baer. Y a la prensa dominante, que se desentendió de lo ocurrido.

Mosciatti, recurriendo a algunas metáforas y epítetos no precisamente ortodoxos, dio su opinión sobre el estado de su profesión en Chile desde la pasada dictadura hasta hoy, haciendo hincapié en un entreguismo respecto del poder que ha postergado el servicio a la comunidad. Afirmó, por ejemplo, que existe hoy un periodismo que “le habla a los poderes, porque vive en ese rincón restringido y cálido -pero nunca gratis- que los poderes guardan a ese periodismo”. Deploró, asimismo, “todo tipo de comunicación que está al servicio de unos pocos en detrimento de la mayoría anónima”.

A continuación, extractos del discurso.

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Fuerte crítica al Colegio de Periodistas de Chile

Permalink 28.08.10 @ 16:35:20. Archivado en 1. Periodismo, NOTICIAS, 6. Chile

“¿De qué sirve estar colegiado si el organismo al que perteneces siempre está ausente en los temas relevantes de nuestro país? ¿Qué fuerza tiene un gremio si quienes lo integran son incapaces de romper cercos mediáticos por miedo a perder el trabajo y si, más aún, ese miedo existe por las condiciones laborales en las que se desempeñan los periodistas de este país?”.

Las interrogantes pertenecen a la periodista Daniela Lepín y fueron formuladas con motivo de la elección de dirigentes del Colegio de Periodistas de Chile, proceso en el cual manifestó su apoyo a la candidata Javiera Olivares.

Lepín recuerda la persecución contra estos profesionales durante la pasada dictadura y asegura que hoy la entidad ha perdido la fuerza y la mística de entonces: “Hoy sólo se remite a hacer declaraciones inconclusas que nadie lee, pequeños actos de homenaje que sus muertos jamás verán; por si fuera poco, en democracia y bajo el alero de la Concertación, callan por conveniencia, ignorancia o desconocimiento y, más aun, censuraron el pensamiento de muchos colegas”.

Sostuvo que el cerco informativo instalado por los grandes conglomerados de derecha que dominan la prensa nacional constituye una excusa, ya que, con pocos recursos, afirmó, se ha creado medios alternativos y populares que permiten llegar, aunque tal vez no masivamente, “a aquellos sectores sociales que deberían importarnos más”.

Explicó también que su apoyo a Olivares se basó, entre otras razones, en que ésta busca ubicar al gremio como actor fundamental en el desarrollo de las políticas comunicacionales del país, así como defender la profesión, especialmente a los periodistas que desde hace años sufren precariedad laboral, bajos salarios y extensas jornadas, “cuestión que sabemos todos aquellos que, por estos días, tenemos la suerte de trabajar”, concluyó.

J.F.S.

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