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Una Constitución de Bachelet para Piñera

Permalink 12.03.18 @ 10:00:59. Archivado en 5. Política, 3. Chile, Bachelet, Constitución

Bachelet no sólo entregó por segunda vez consecutiva el gobierno a su opositor de derecha, sino que esta vez le adjuntó un proyecto de nueva Constitución con reformas negociables y manteniendo intacto el dogma fundamental: la ciudadanía debe seguir al margen de las decisiones políticas y volcada hacia sus asuntos personales (empleo, familia, sexualidad).

Los poderes del nuevo Presidente de esta república, Sebastián Piñera, recibidos por segunda vez consecutiva de la que, se suponía, era una contendora insuperable, Michelle Bachelet, llegaron con una “marraqueta” bajo el brazo: un proyecto de ley de reforma que establece una nueva Constitución Politica para el país. Y aunque a él nunca le ha simpatizado este tema y ha llegado dos veces a la Presidencia tratándolo en forma despectiva, ahora tiene una posibilidad de deshacerse del mismo no ignorándolo precisamente, sino más bien buscándole un acomodo en su favor mediante el ya manido “consenso (político) nacional”.

Después de todo, el llamado “proceso constituyente” de Bachelet, que dio inicio a la propuesta, no le resulta descabellado: una consulta popular perfectamente organizada y controlada por el gobierno, con opiniones no vinculantes y revisadas por éste, y una ínfima participación ciudadana, poco más de 200 mil personas, según la cifra oficial. La redacción del texto final, además, fue ajena a los partidos oficialistas y su destinatario directo siempre estuvo meridianamente claro: el Congreso Nacional y su valiosa experiencia en acuerdos político-legislativos estrictamente apegados a la institucionalidad neoliberal en vigor. Nada que se parezca a una Asamblea Constituyente. Nada que concuerde con las campañas en ese sentido realizadas por organizaciones sociales ni con los acuerdos partidarios adoptados en la propia coalición entonces en el gobierno.

Correspondiente con eso, la mayoría ciudadana, largamente desafectada de la política -excepto cuando siente dañados intereses particulares-, recibió con esperable indiferencia una materia como la presentada, densa, multiforme y asociada interesadamente a salones políticos y jurídicos. La propia autora del nuevo proyecto admitió (en privado) el gran desconocimiento reinante en la población chilena acerca de lo que significa la Constitución de su país; no podía hacerlo públicamente, porque fue la extinta Concertación la principal promotora de tal ignorancia.

Con tales antecedentes, la ahora ex gobernante procedió en consecuencia.

Pobre soberanía

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Bachelet tiene prisa… por irse

Permalink 05.09.17 @ 10:00:00. Archivado en 5. Política, 3. Chile, Bachelet

The New York Times se hace eco de un laudatorio artículo sobre la Presidenta de Chile -quien ha anunciado su alejamiento de la política interna- escrito por una corresponsal brasileña en Argentina.

El influyente diario norteamericano The New York Times publicó un artículo titulado “La prisa de Michelle Bachelet”, firmado por Sylvia Colombo, corresponsal para Latinoamérica del periódico brasileño Folha de Sao Paulo, que alaba sin inhibiciones a la gobernante chilena, su proceso “reformista” –que se atreve a asociar con el de Salvador Allende- y su control de la macroeconomía. Destaca sus avances puntuales, especialmente en materia de aborto y gratuidad universitaria, analiza con indulgencia sus dificultades y termina inmortalizándole ante la historia.

Sin embargo, pese a afirmar desde Buenos Aires que “Chile va bien”, la periodista brasileña se pregunta por qué los chilenos no apoyan a su Presidenta como deberían y, en cambio, se manifiestan pesimistas. No se responde.

Como señala, Chile no resiste comparación con vecinos latinoamericanos convulsionados políticamente o en permanente conflicto como Venezuela, Brasil, Colombia, México, Argentina e incluso Perú, a los que ella menciona. Sus niveles de corrupción, terrorismo, narcotráfico y autoritarismo son sustancialmente menores, aunque la violencia aumente en la Araucanía y sus fiscales y jueces asomen como único bastión eficaz ante el desenfadado comportamiento ético-legal de su “clase” política.

Bachelet, efectivamente, no es “populista”… aunque tampoco propiamente socialista, pese a militar en el partido con ese nombre. Ha gobernado con no más que incomodidad dentro del marco constitucional pinochetista que, si bien ha sido mitigado desde 1990, continúa protegiendo la economía neoliberal y la política elitista por sobre los derechos colectivos, particularmente con sus quórum insólitamente altos para las reformas fundamentales. De este modo, sus avances, salvo la gratuidad parcializada en la educación superior, se han referido más bien a derechos de efecto individual o de sectores específicos, como los de la mujer en determinados casos y de los pensionados con ingresos miserables, mientras los trabajadores en general siguen dependiendo de leyes abusivas y los grandes grupos económicos multiplican sin parar sus desorbitadas ganancias.

La actual gobernante puso como reforma prioritaria para su segundo mandato una nueva Constitución, generada en democracia, pero creó un “proceso constituyente” que no fue sino una consulta popular abierta, organizada, coordinada, supervisada y controlada por su gobierno, que revisó las propuestas con el fin de transformarlas discrecionalmente en un proyecto de ley remisible al Parlamento en funciones y en la que sólo participaron… 204 mil personas.

El resultado, después de todo, correspondió a la aprensión que ella misma sentía respecto de la pobre educación cívica que aqueja a sus compatriotas, aunque omitió que ésta se engarzaba con la política desarticuladora del movimiento político-social llevada a cabo por las propias administraciones concertacionistas para reducir la oposición.

Si los gobernantes latinoamericanos en desgracia en Washington hubiesen practicado ese tipo de “socialismo”, otra sería su suerte internacional.

Apuro

Colombo no ahonda en el porqué de la prisa de Bachelet. Quizás ésta se deba a que en marzo próximo podrá cumplir su anuncio de abandonar la política chilena y dejar atrás grandes reformas finalmente a medias o truncas, así como sucesivas crisis de gobierno, el descrédito ético que azota a sus pares, el reinado económico inalterable de las grandes compañías, una desigualdad social mínimamente encarada, violencia regional sin afrontar y una valoración pública que se desplomó de un año a otro.

Una vez de vuelta en el extranjero, y en Estados Unidos en particular, le recibirán nuevamente como –así le define la corresponsal- “la estadista progresista que nunca cayó en el populismo” y “el símbolo de un país que ya cambió”, y como líder de una nación bajo control político y económico, abierta a la inmigración, participante en operaciones humanitarias internacionales y con habitantes pacíficos y emprendedores… aunque con poca memoria ante la corrupción, como sugiere el artículo, y que hoy están dispuestos a cambiar nuevamente hacia un gobierno de derecha.

¿Felicidades?

Bachelet hará bien con irse

Permalink 23.01.17 @ 10:00:22. Archivado en 5. Política, Sociedad, 3. Chile, Bachelet

La dos veces Presidenta de Chile y fenómeno electoral chocó contra una oposición “perfecta”: aliados divididos por sus reformas, institucionalidad contraria a los cambios profundos y todavía pinochetista, “clase” política desprestigiada y perseguida judicialmente -aunque no por eso deprimida-, un escándalo que le compromete familiarmente, electores volubles al primer tropiezo al menos en las encuestas, un proceso llamado constituyente y renuencia propia a asumir el costo personal de su propuesta.

“Obviamente, está absoluta y totalmente descartado continuar en la política chilena, desde el punto de vista de cargos de representación. Ya es suficiente”, anunció semanas atrás la Presidenta Michelle Bachelet, quien hace sólo tres años se cansó de ganar elecciones y quería cambiar Chile. Si la causa es la invencible resistencia a sus reformas, el escándalo judicial de su nuera y la pérdida de apoyo en la opinión pública, probablemente la posibilidad de volver a su exitosa carrera internacional -un atractivo común a los políticos nacionales de alto rango- le devuelve el entusiasmo.

El pasado lunes 16, Bachelet recibió las llamadas “Bases ciudadanas para una nueva Constitución”, acto previo al envío de dos proyectos de ley, uno que contendrá el texto de una Carta Magna y otro que habilitará al Congreso para fijar el mecanismo de tramitación. Está consciente, sin embargo, de que este nuevo intento, el más trascendente de su programa de gobierno, podría tener peor suerte aún que los anteriores.

Ella misma partió descalificando en privado la capacidad de la ciudadanía chilena para asumir con conocimiento y determinación la complicada tarea de definir un texto constitucional, tanto en su contenido como en su forma. Ante eso, creó un procedimiento simplista, restrictivo y controlado por el gobierno. Promovió la idea del derecho popular constituyente pero no se jugó por ella; comentó públicamente su conveniencia, pero no impulsó su difusión y debate masivos, especialmente a través de los medios de comunicación. Aunque reconoció en su programa que definir el contenido de una nueva Constitución “corresponde al pueblo en su conjunto”, dejará la decisión previa más importante, el cómo será redactada, a criterio del Congreso -el actual y el próximo-, a sabiendas de que la oposición de derecha no está interesada en el tema y se marginó del proceso, y que dentro de su propia coalición, la “Nueva Mayoría”, no existe consenso al respecto.

Como sus partidarios y asesores lo saben sin decirlo, su “proceso constituyente” nunca fue tal, sino un mero plan gubernamental diseñado para obtener opiniones populares más o menos procesadas, que permitieran declarar pomposamente que “se escuchó a la ciudadanía” antes de encargarse de la redacción unilateral del texto, para luego delegar la responsabilidad en los parlamentarios.

Vergüenza

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Esto no es un proceso constituyente

Permalink 02.11.15 @ 10:10:25. Archivado en 5. Política, 3. Chile, Bachelet, Constitución

Bachelet ha propuesto un remedo: difusión, consultas y cabildos vecinales sobre nueva Constitución organizados, coordinados y definidos por el gobierno, sometidos a la supuestamente ilegítima Constitución de Pinochet y, por lo mismo, lanzados hacia un inminente fracaso, lo que confirma la pobre imagen que la Presidenta tiene de su propio pueblo. Su ministro de la Presidencia lo dejó claro: “De los cabildos no va a salir una Constitución, sino una lista de deseos”.

Nadie podría dudar, viéndola hablar por televisión, escuchándola personalmente o revisando su historia política, que Michelle Bachelet, la Presidenta de Chile, muestra buenas intenciones. Es así que su reciente anuncio de cómo se desarrollará su prometido proceso hacia una nueva Constitución “nacida en democracia”, que deje atrás la promulgada por Pinochet en 1980, que convoque a la ciudadanía a participar activamente y que evite, como ha dicho, que las elites se adueñen del proceso, ha sido recibido con críticas comedidas por la oposición pinochetista y con adhesión sin entusiasmo por sus partidarios, incluyendo los “díscolos”. Sólo los adherentes fundamentalistas de la Asamblea Constituyente han objetado el contenido del anuncio presidencial.

La causa es obvia: no se trata de un auténtico proceso constituyente, sino sólo de un plan gubernamental.

El invento propuesto es irrisorio para un político con afanes estadistas y que dice buscar una democracia plena y genuina. La Presidenta ha anunciado una campaña de educación cívica elaborada por el gobierno, un proceso de reuniones y consultas vecinales no vinculantes, un proyecto de reforma constitucional para ser aprobado por los dos tercios de un Congreso binominal y cuestionado, y un proyecto de nueva Constitución redactado también por el gobierno y dejado a discreción de parlamentarios designados previamente por los partidos políticos.

El “realismo sin renuncia” acuñado por ella después de su desplome en las encuestas ha actuado aquí con gran congruencia: al tiempo que no se sale un centímetro del marco institucional proveniente de la dictadura y acata incluso sus reglas más duras, habla de la necesidad de incorporar derechos sociales fundamentales y de facilitar una participación ciudadana efectiva; mientras asegura un proceso lejano a las experiencias venezolana, boliviana o ecuatoriana –consistentes, por paradoja, en una asamblea constituyente- y evita aparecer como un caudillo populista, delega finalmente su compromiso político en el pinochetistamente institucional Parlamento.

Las etapas

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Apoyo ONU a cuestionada Bachelet

Permalink 06.06.15 @ 10:00:04. Archivado en 5. Política, 3. Chile, Bachelet

ONU Mujeres respaldó el “proceso constituyente” impulsado por el gobierno, en medio de cuestionamientos a la precampaña electoral de la actual Presidenta, que habría comenzado mientras ejercía su alto cargo internacional.

La Organización de las Naciones Unidas para la Mujer (ONU Mujeres) expresó públicamente su apoyo al cabildo sobre nueva Constitución realizado en la Municipalidad de Santiago, organizado por la corporación Humanas y presentado por la alcaldesa, Carolina Tohá.

“Las conclusiones de este Cabildo de Mujeres serán parte de las demandas que se deberían incluir en el debate sobre el proceso constituyente anunciado para septiembre por la presidenta Michelle Bachelet en la reciente cuenta pública”, señala el comunicado.

La entidad, junto a la Unión Europea, promueve el trabajo de organizaciones civiles por la igualdad de género. Su coordinadora en Chile, María Inés Salamanca, explicó que “las reformas y procesos constituyentes son oportunidades para que los países integren o amplíen las disposiciones sobre la igualdad de género en sus constituciones”.

Los cabildos sobre nueva Constitución impulsados por Bachelet son impugnados por movimientos ciudadanos por considerarlos una fórmula restringida y sesgada de participación; estiman que el mecanismo más democrático es la Asamblea Constituyente y proponen, en último término, un plebiscito para que dicho tema sea resuelto por la ciudadanía.

Funcionaria internacional

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Bachelet y su “Consejo Nacional de Participación Ciudadana”

Permalink 22.05.15 @ 09:00:22. Archivado en 5. Política, NOTICIAS, Bachelet, Constitución

La Presidenta no anunció Asamblea Constituyente ni plebiscito, sino un Consejo de Participación Ciudadana y un “Acuerdo Político Amplio”. Su instructivo a todos los ministerios de 2014 lo había anticipado: los “diálogos, debates, consultas y cabildos” deben ser conducidos y dirimidos por el gobierno.

Quiero anunciar que en septiembre, mes de Chile, daremos inicio al Proceso Constituyente abierto a la ciudadanía, a través de diálogos, debates, consultas y cabildos, que deberá desembocar en la Nueva Carta Fundamental, plenamente democrática y ciudadana, que todos nos merecemos.

Así concluyó la Presidenta Michelle Bachelet el discurso en que anunció la agenda legislativa sobre probidad y transparencia el 28 de abril pasado, sin explicar a qué exactamente se refería.

Después de tres semanas en que el escueto anuncio causó tanto entusiasmo como estupor y dudas, Bachelet, durante un pasaje de su mensaje a la nación ante el Congreso Nacional, este 21 de mayo, abundó en reflexiones y principios democráticos sobre el tema, pero volvió a omitir información concreta. Se limitó a asegurar que el proceso constituyente anunciado garantizaría “un equilibrio adecuado entre una participación ciudadana realmente incidente y un momento institucional legítimo y confiable”. Añadió que “todos deben participar en el diseño y aprobación” de la futura Carta Magna y, citando incluso al patriota de la Independencia Camilo Henríquez, que “el pueblo siempre tiene derecho a rever y reformar su Constitución”.

Sin embargo, no mencionó, una vez más, la Asamblea Constituyente, sino un “Acuerdo Político Amplio”, así, destacado en el texto con letras mayúsculas y en negritas. Y cuando ya había pasado a otras materias, agregó un fugaz y aparentemente inadvertido anuncio: “Para garantizar que las diversas expresiones de la sociedad civil aumenten su capacidad de representación, pondremos en funcionamiento el Consejo de Participación Ciudadana y Fortalecimiento de la Sociedad Civil en el transcurso del presente año”.

¿Está Bachelet preparando otro golpe efectista? ¿Cree realmente en la soberanía popular y, por lo tanto, en la auténtica democracia?

Instructivo presidencial

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El compromiso más importante de la nueva Presidenta

Permalink 03.03.14 @ 10:00:17. Archivado en 5. Política, 3. Chile, Bachelet, Asamblea Constituyente

Michelle Bachelet no tiene excusas democráticas para no cumplir su programa de gobierno, especialmente su principal propuesta: una Constitución elaborada “por el pueblo en su conjunto”.

Ni la educación como un derecho y gratuita para todos, ni una reforma tributaria que obtenga más de los ricos para distribuirlo entre los pobres, ni mayor igualdad y oportunidades para los chilenos constituyen la promesa más importante de Michelle Bachelet. Su mayor responsabilidad consiste en gobernar esta vez respetando y cumpliendo el precepto básico de la democracia y que ella reconoce ahora explícitamente: la soberanía popular.

La nueva Presidenta de Chile, que asume un segundo período este 11 de marzo, precisa en su programa de gobierno 2014-2018 que, en materia de nueva Constitución –la más influyente y trascendente de todas- sólo está adelantando los pilares del plan de trabajo para la nueva institucionalidad que propone, por cuanto la definición de sus contenidos, puntualiza, “corresponderá al pueblo en su conjunto”:

En lo que respecta a los contenidos que debieran considerarse en la Nueva Constitución que Chile necesita y que chilenas y chilenos nos merecemos, y entendiendo que esa definición le corresponderá al Pueblo en su conjunto, quisiéramos, sin embargo, adelantar los que consideramos los pilares fundamentales sobre los cuales debiera edificarse la Nueva Constitución y que desde el Gobierno impulsaremos.

Sin embargo, su lacónico anuncio en cuanto a enviar al Congreso un proyecto de nueva Constitución durante el segundo semestre de este año ha aumentado la incertidumbre en lugar de despejarla. Si, como candidata, hizo saber al país que el procedimiento sería “democrático, institucional y participativo”, ¿cree ella que bastará un procedimiento formal, por los conductos de la misma Constitución de Pinochet, o que será indispensable un acuerdo superior, que permita soltarse de esos amarres y enfilar hacia la verdadera democracia?

En este último caso, ¿qué garantías podría dar una gobernante en la que confían no sólo sus votantes, sino también los grandes inversionistas multinacionales, y un Parlamento cuestionado por su mecanismo de generación, representatividad real y falta de unanimidad respecto de la soberanía popular? ¿Estarán dispuestos a seguir pasando por sobre una ciudadanía sólo porque ésta no les ha presionado por una Asamblea Constituyente en el grado y el volumen que a ellos inquietaría?

Sin excusas

Más allá de la cantidad de votos marcados con “AC”, por Asamblea Constituyente, en las recientes elecciones –muchos de ellos por Bachelet- y del viejo pacto de “gobernabilidad” entre los políticos que se opone a la idea, la nueva Presidenta debiera decidirse por el sencillo sentido común democrático expresado en su programa y hacer posible el libre ejercicio de la soberanía del pueblo, reunido para darse su propia Carta Fundamental por primera vez en su historia. ¿Es eso un peligro en Chile?

El verdadero obstáculo radica en dos hechos mancomunados: muchos ciudadanos prefieren protestar en las calles por sus problemas sectoriales en lugar de tratar de cambiar con su voto el sistema político que los genera y muchos políticos declaran su adhesión a una Asamblea Constituyente sin intentar llevarla a la práctica.

Pero Bachelet no tiene excusas. Necesita claridad, altura de miras, sagacidad, experiencia, decisión, cultura y, lo más importante, una contundente mayoría electoral. Y, por lo visto, ya las tiene.

El premio, el discurso y el brindis de Bachelet con las empresas transnacionales

Permalink 23.09.13 @ 13:30:10. Archivado en 5. Política, 3. Chile, Bachelet, Desarrollo

Michelle Bachelet, candidata presidencial favorita para ejercer un nuevo mandato, ha hablado y respondido poco. Como Presidenta, el 23 de septiembre de 2009, al ser premiada en Nueva York por la Sociedad de las Américas y sus grandes empresas multinacionales, fue más elocuente: además de advertir que las reglas democráticas en vigor “no son suficientes” para representar a “nuestro pueblo”, declaró que “vengo como Presidenta de un país que, como dijo el Presidente Obama, es socio de los Estados Unidos en América Latina en construir juntos un mundo más democrático, próspero y justo”. Llamó a estrechar “aún más” esos lazos y compartió un brindis “por una gran Presidenta de Chile”. Aquí, una relación de ese hito, que pasó inadvertido (o no informado) en este país.

En septiembre de 2009, seis meses antes del término de su período, en plena campaña para la elección de su sucesor y ya con alta aprobación personal en las encuestas, la Presidenta Michelle Bachelet viajó a Nueva York para intervenir en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Le acompañaba la comitiva de rigor, que incluía, entre otros políticos, al diputado y presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier.

Afirmó entonces, en parte de su discurso oficial, que “es ese neoliberalismo extremo y dogmático el que ha estallado en crisis, lamentablemente, dejando una estela de hambre, desempleo, pero por sobre todas las cosas, de injusticia”.

Ese miércoles 23 tenía, además, otra cita: recibir el Gold Insigne Award (Premio Insignia de Oro), el máximo galardón de la organización de empresas transnacionales de Estados Unidos Americas Society/Council of the Americas (AS/COA), concedido a jefes de Estado en ejercicio y otros líderes continentales “de sobresaliente contribución a su respectivo país, la región y la sociedad en su conjunto”. La ceremonia fue divulgada en detalle por el sitio web de la organización, tanto textual como audiovisualmente. En Chile no ocurrió lo mismo.

La AS/COA fue fundada y es liderada por el multimillonario norteamericano David Rockefeller -quien visitó a Pinochet en 1980 y elogió “el clima económico favorable a las nuevas inversiones”- y su objetivo es “construir el futuro del hemisferio”, indican las páginas institucionales. Participan grandes consorcios multinacionales dominantes en diversos sectores productivos y financieros de la economía mundial, entre ellos, los polémicos Barrick Gold (minería) y Monsanto (transgénicos), además de grupos económicos chilenos como Luksic, Angelini, Matte, Edwards y Saieh.

La nómina de ganadores de la distinción es encabezada por Ronald Reagan (1987) y figuran también Juan Manuel Santos y Alvaro Uribe, de Colombia; Felipe Calderón, de México; Alan García, de Perú, y Fernando Henrique Cardoso, de Brasil; además de, entre otros, Luiz Inácio “Lula” da Silva y los cuatro concertacionistas chilenos: los Presidentes Patricio Aylwin (1990), Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1995), Ricardo Lagos (2005) y Michelle Bachelet (2009), agrega la web de la entidad. Sebastián Piñera no ha sido premiado –nada aparecía allí al respecto-, aunque en 2011 se hizo presente en Nueva York para “garantizar” que “Chile está totalmente comprometido con la economía de libre mercado”.

Políticas económicas “correctas”

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El brindis de la Presidenta Bachelet con las transnacionales

Permalink 08.04.13 @ 10:00:30. Archivado en 5. Política, 3. Chile, Bachelet

Mientras el mundo admira su carrera política, los chilenos se aprestan a tenerla como candidata a un nuevo período presidencial. ¿Qué pueden esperar hoy de Michelle Bachelet?

Cuando, investida como Presidenta de Chile, habló sobre temas tan trascendentes como una nueva Constitución y las relaciones con Estados Unidos, no sólo fue objeto de censura por parte de la prensa chilena -incluyendo la autodefinida como independiente- y de su propia alianza política, sino también de ella misma.

El 5 de octubre de 2008, subió al estrado del Estadio Nacional de Santiago para celebrar junto a la Concertación los 20 años del triunfo del “No” a Pinochet en el plebiscito de 1988. En medio de su discurso, lanzó esta breve, pero categórica proclama:

Chile necesita más democracia, una nueva Constitución, más descentralización y más participación.

Un par de meses después, se arrepintió. En diciembre de 2008, en una entrevista a la revista Mensaje (de la orden jesuita), si bien explicó que “falta el reconocimiento constitucional a los pueblos originarios, la norma de reforma al sistema electoral o la inhabilidad de los dirigentes sindicales para ser parlamentarios, entre otros elementos” y que “por eso propuse el 5 de octubre que debiéramos avanzar hacia una nueva Constitución, que represente de verdad al Chile que somos, con unidad dentro de la diversidad”, ante la pregunta acerca de si podría haber un avance en tal sentido en lo que restaba de su gobierno –más de un año-, respondió:

Me parece difícil en un período electoral en el que, por lo demás, tenemos que ocuparnos de los efectos de la crisis económica.

Al año siguiente, el 23 de septiembre de 2009, fue premiada por la organización de empresas transnacionales Americas Society/Council of the Americas en Nueva York, premio que agradeció reconociendo a Estados Unidos como “nuestro principal socio comercial y el principal inversionista extranjero en Chile incluso en este período de crisis”, invitando a “mantener y profundizar aún más esta relación” y acompañando el siguiente brindis del presidente emérito de la entidad, William Rhodes:

Por una gran Presidenta de Chile y por Chile como un gran amigo de los Estados Unidos.

Después asumió como secretaria general adjunta de las Naciones Unidas para la Mujer y hoy regresa a su país para intentar un nuevo gobierno, pero sin hablar hasta ahora de nueva Constitución, lo que significa someterse una vez más a la institucionalidad pinochetista.

Asamblea Constituyente en el camino de Bachelet

Permalink 14.01.13 @ 10:00:30. Archivado en 5. Política, 3. Chile, Bachelet, Asamblea Constituyente

Si la política tiene algo de sentido, la ex Presidenta tendrá que enfrentar su promesa de nueva Constitución y el acuerdo concertacionista sobre el tema.

Audio de Bachelet

Michelle Bachelet mantiene una ventaja tan holgada y sostenida en las encuestas que, a menos de un año de las elecciones, es inevitable pensar en un segundo mandato presidencial.

Pero, ¿qué pueden esperar los chilenos de una figura como ella, tan potentemente sustentada en una imagen comunicacional y tanto menos en una administración que haya evocado a una estadista? ¿Que se deja querer por el empresariado transnacional mientras a sus conciudadanos ofrece sólo “protección social”?

El mayor beneficiario de su contundencia preelectoral es su séquito político, que se arrima a ella como a un redentor que ocultará una pobre y desacreditada performance político-legislativa. Quizá también estén satisfechos quienes le han mencionado en los sondeos, que no hacen sino reflejar la errática actitud del electorado: votar una y otra vez por las mismas caras sin importar que éstas acostumbren a desechar buena parte de las responsabilidades adquiridas.

Bachelet no hizo un gran gobierno; más bien correcto, desde el punto de vista de la misión que recibió, como sus predecesores, de las reglas diseñadas por la derecha en dictadura. Su gran obra, según ella misma ha destacado, fue introducir una pensión mínima –e ínfima- en el sistema previsional privado. Porque, como Piñera en 2011, cuando la protesta estudiantil de 2006 amenazó la “estabilidad” de su gobierno, no dudó en recurrir a la vieja y cupular “política de los acuerdos” con la oposición para disolver a los manifestantes.

El país, después de todo, está tal cual ella lo dejó: sin opinión ciudadana que influya en los temas cruciales, con empresas multinacionales llevándose el cobre y otras riquezas naturales a muy bajo precio; con la economía de mercado y su sobreconsumo y sobreendeudamiento como principios rectores; con la educación, la salud y la previsión sujetas a la especulación financiera; con medios de comunicación social que profitan desinformando y vulgarizando; con un Parlamento binominal y desprestigiado que, a despecho de eso, se atribuye incluso facultades constituyentes.

¿Para eso la pide la gente (encuestada)?

La frase del 5 de octubre

No es mucho exigir una oportunidad para decidir sobre el destino de nuestras riquezas naturales, sobre la correcta interacción entre el Estado y los particulares, sobre el sistema educacional, previsional, de salud y de comunicación social que más nos conviene, entre otras materias fundamentales.

Así se entendió en 2008, cuando la entonces Presidenta de Chile, durante la conmemoración del vigésimo aniversario del triunfo del “No” en el plebiscito que derrotó a Pinochet, lanzó una
declaración-anuncio que no había estado en su discurso: “Chile necesita más democracia, una nueva Constitución, más descentralización y más participación”.

Aunque poco después se excusó citando la crisis económica internacional de 2009, sus sostenedores ya lo habían discutido y aprobado. Hoy, el Partido Socialista, el Partido Por la Democracia (PPD) y el Partido Radical Socialdemócrata plantean directamente una Asamblea Constituyente, lo mismo que un sector de la Democracia Cristiana. Eso bastaría, en una democracia que se preciara de tal, para abrir un nuevo rumbo tras la postdictadura.

Ojalá que, luego de dos años codeándose con las necesidades y aspiraciones del Tercer Mundo como directora de la ONU Mujer, Bachelet se haya convencido de que hay desafíos que no admiten excusas y que son superiores a los compromisos foráneos que le han impedido, hasta ahora, traducir su convincente imagen en una propuesta democrática concreta, de fondo... y chilena.

Bachelet quiere controlar manifestaciones callejeras

Permalink 08.07.09 @ 21:53:51. Archivado en NOTICIAS, 3. Chile, Política, Bachelet

No obstante aparecer con más del 70 por ciento de aprobación en encuestas de opinión, la Presidenta Michelle Bachelet espera la aprobación parlamentaria de un proyecto de ley que señala a los convocantes a manifestaciones callejeras como co-responsables por los eventuales daños a la propiedad cometidos durante el curso de éstas.

La iniciativa legal, que sanciona también a quienes “hayan llamado, a través de los medios de comunicación o por cualquier otro medio, a reunirse o manifestarse”, es rechazada por diversas organizaciones sociales y defensores de los derechos humanos, que la consideran un atentado contra la libertad de expresión y un recurso de la pasada dictadura.

El ejercicio de Bachelet (2006-2010) ha sido el más conflictivo de los cuatro gobiernos de la Concertación, pues ha enfrentado protestas populares de gran envergadura, como la llamada “Revolución de los pingüinos” (estudiantes secundarios), de los trabajadores subcontratistas del cobre, reiteradas movilizaciones de los profesores y los funcionarios de la salud, y una paralización nacional de los empleados fiscales, entre otras.

Otras reuniones masivas, sin embargo, parecen menos inquietantes para el gobierno, que ha destinado una millonaria inversión a la remodelación de estadios de fútbol profesional en el país y acaba de recibir una petición formal de la Cámara de Diputados en orden de “hacer todo lo posible” para que el grupo rock AC/DC pueda presentarse en Chile en un recinto acorde con sus exigencias.

Bachelet tiene la clave

Permalink 26.09.05 @ 16:08:43. Archivado en 5. Política, 3. Chile, Bachelet

• ¿Cómo se hace realidad un sueño? Un político que revierte 35 puntos de desventaja en las encuestas en un solo año y sin aparecer en campaña puede contarlo.

En abril de 2002, el Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC) realizó un sondeo para medir la percepción ciudadana sobre los políticos chilenos con mayor futuro. Como era de esperar, el ex candidato presidencial Joaquín Lavín aparecía en el primer lugar, con un 56 por ciento de las preferencias. A mucha distancia de él figuraba Soledad Alvear, con un 19 por ciento, y aun por debajo de ésta, Michelle Bachelet, con un 6 por ciento. Era la realidad política del momento: Lavín había estado a punto de derrotar al actual Presidente, Ricardo Lagos, sólo dos años antes, al obtener un inesperado 47,51 por ciento de los votos en la primera vuelta -apenas un 0,45 por ciento menos que aquél-, por lo que nadie ni nada parecía amenazar su favoritismo para el 2006.

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