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Otra forma de aplacar periodistas

Permalink 06.06.19 @ 10:00:41. Archivado en 1. Periodismo, 2. Medios, Sociedad, 6. Chile

Casi cien periodistas fueron asesinados en 2018 y hay muchos más encarcelados, informó el secretario general de la ONU en el pasado Día Mundial de la Libertad de Prensa. Cuando se les ataca, advirtió, “pagan el precio las sociedades en su conjunto”. Pero terminó ahí. No fue parte de su mensaje una forma “pacífica” de sojuzgar hoy la información y la crítica periodísticas: la fuerte coerción político-económica, que inculca un concepto deforme de noticia, tergiversa la misión profesional, desvía hacia funciones particulares o, simplemente, arroja a la cesantía, para poner esta profesión al servicio de emergencias puntuales, los negocios, el consumo y la ficción.

La reciente intervención del secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, en el Día Mundial de la Libertad de Prensa (3 de mayo) fue bienintencionada, pero, como habitualmente en estas ocasiones, exigua y “políticamente correcta”. Alertó sobre la violencia contra los periodistas y llamó a defender sus derechos, pero no ahondó en la importancia de su llamado y tampoco ilustró sobre la dimensión del problema que abordaba.

Partió certeramente, enmarcado en la libertad de prensa, en primer término, de los periodistas que realizan su ejercicio profesional en forma individual, con criterio personal, precediendo a las empresas de información en las que muchos de ellos se emplean. Enseguida, lamentó “la violencia y el hostigamiento” contra periodistas, citando el asesinato de casi un centenar en 2018 y el encarcelamiento de muchos más, advirtiendo que cuando se les ataca, “pagan el precio las sociedades en su conjunto”.

Y agregó:

En el Día Mundial de la Libertad de Prensa, hago un llamamiento a todas las personas para que defiendan los derechos de los periodistas, cuyos esfuerzos nos ayudan a construir un mundo mejor para todos.

Hubiese sido interesante también escucharle sobre si considera atingente o no el caso del activista y editor digital australiano Julian Assange, reconocido como periodista, que participó en la divulgación de hechos de alta connotación pública -función básica del periodismo– y aun internacional declarados confidenciales por autoridades gubernamentales, que utilizó para ello la informática y el ciberespacio, y que enfrentaría cargos por presunta conspiración y la posibilidad de una muerte segura en la cárcel (175 años de presidio).

Aludió además Guterres, sin dar detalles, a una “retórica” contra los medios de comunicación y un mal uso de la tecnología (digital, se subentiende) cuando “engaña” a la opinión pública o “alimenta” la violencia y el odio. No explicó, sin embargo, por qué se sigue matando y encarcelando a periodistas y en qué consisten dichos ataques a los medios -a los que no identificó- y dicho engaño a la opinión pública. Quizá, porque se ganaría otro tipo de problemas, como, precisamente, los del periodismo de primera línea, que ha tenido que confrontarse con los poderes oficiales y “fácticos” históricamente y en desventaja, por tener por misión no solamente relatar hechos y circunstancias sino también informar, esto es, “darles forma” añadiendo interpretación personal acerca de su sentido social y humano.

Hacia la “reconversión”

Aunque distanciados de las dictaduras y su brutalidad desatada, los aparentemente civilizados regímenes neoliberales y globalizados de hoy tampoco se pueden librar del cargo de “hostigamiento” o presión contra periodistas en funciones informativas y contra la libertad que éstos ejercen.

Sus elites en el poder, aun legitimadas por el voto popular y aplicando una fuerza mediática incontrarrestable hasta ahora, han asumido un concepto de libertad de prensa como una facultad de carácter institucional, predominantemente empresarial y comercial, que supedita el derecho a informar y ser informado a los intereses y el criterio económicos con que esos líderes conducen la nueva sociedad de consumo, como si la libertad de prensa correspondiera prioritariamente a las empresas periodísticas.

En uso de tal convicción y tal poderío, han inoculado a la información diaria una cuota cada vez mayor de farándula, sensacionalismo y censura “blanca”, que deforma la noticia para restarle trascendencia pública y administrarla como una mercancía más. Han creado incluso una especialidad determinada, la del periodista-anunciador, un periopublicista o algo así que promueve a su auspiciador mientras informa y comenta noticias, un recurso ideal para fundir la realidad informativa con la ficción publicitaria, comprometer personalmente a ese informador con objetivos secundarios que debiera mantener a distancia, y evitar que el informado “escape” de los mensajes comerciales. Un profesional originalmente distante de negocios ajenos convertido ahora en un poderoso aliado de los mismos.

El periodista ha quedado inserto en el engranaje del mercado, sujeto a sus vaivenes y comprobando cómo su tarea informativo-crítica es hecha fácilmente innecesaria y su puesto de trabajo, prescindible o reemplazable, al tiempo que se le estimula con una forma de subsistencia y progreso más lucrativa y con mayor demanda: las asesorías comunicacionales privadas. Dichas funciones transforman complicadas e ingratas condiciones laborales en auspiciosas expectativas profesionales, remuneracionales y de ascenso social, no importando que ello contribuya a ceder progresivamente a empresas e instituciones, generalmente las de mayor envergadura, la interpretación y la comunicación del acontecer de la sociedad que deberían corresponder prioritariamente a la investigación y el enfoque fiscalizador del periodismo. Quedan restringidas así la libertad, la independencia, la contingencia y la subjetividad profesional con que debe tratarse una noticia.

El ejercicio informativo independiente sólo responde a sus propios parámetros y no tiene más estrategia que comunicar una hecho noticioso a la audiencia, parte de ella o la sociedad como tal y tan oportunamente como le fuere posible. El efecto o resultado no debe, en este caso, ser proyectado con antelación.

Al reorientar y limitar su relato examinador, despojarle de su autonomía como primer bastión de la información pública y la libertad de prensa, convertirle en cómplice de la desinformación y la ignorancia populares, desperfilar a los mejores exponentes atrayéndoles a empleos más estables pero inocuos al sistema examinado y poner a los “rebeldes” en el camino de la obsolescencia, también se “mata” o reprime al periodista y sus noticias. No se trata esta vez de agresiones físicas, asesinatos y encierro dispuestos por agentes gubernamentales o por terroristas, sino de coerción política, económica y social sustentada en simples, no violentos y legalizados consensos partidistas.

País-espejo

¿Qué podría impedir que una compacta alianza política-negocios diera al ejercicio periodístico independiente el mismo destino terminal que ha dado o quiere dar a otras disciplinas incómodas a su doctrina, como la reflexión filosófica, el análisis histórico y la educación cívica? Probablemente, si lo lograra, su administración mejoraría mucho aunque fuera sólo en tranquilidad, su clientela megaempresarial lograría más y superiores negocios con menos trabas, y los disidentes tendrían menor difusión aún. Y el grueso de la población seguiría avanzando a ojos cerrados en la búsqueda interminable de la prosperidad individual, convencido de que su pobre deber colectivo parte por informarse únicamente de lo que sus conductores indican o permiten como de interés público.

En Chile, país pequeño pero espejo, que celebra su reciente invitación a uno de los grupos de acción de naciones desarrolladas, la población dispone de sólo dos periódicos de cobertura nacional y de sus respectivas ediciones farandulescas, ve noticiarios televisivos recargados de tragedias sin contexto y escucha informativos radiales llenos de voces periopublicitarias, mientras se acaba de enterar de que el ramo de Historia no será obligatorio para todos los estudiantes secundarios. No es necesario prohibirle los debates políticos, económicos y sociales en los medios de comunicación de mayor alcance ni su correspondiente confrontación pluralista de ideas opuestas; basta negar el indispensable financiamiento publicitario, muy generoso, en cambio, con el consumismo y la diversión.

El mismo periódico que azuzó el golpe de estado y actuó como vocero de la dictadura es hoy el más próspero y continúa siendo el más influyente del país; las cadenas de televisión abierta están en manos transnacionales y la estatal las imita; la única estación radial santiaguina crítica del sistema, financiada por la Universidad de Chile, no puede tener servicio informativo 24/7 (ni 12/12), rechazada por los avisadores comerciales; y la multiplicidad informativa de la Internet ya está siendo cuestionada por los medios tradicionales, que se alarman por la facilidad de la transmisión anónima de ciertas noticias falsas o tendenciosas, como si varios de sus exponentes no tuvieran dicha experiencia.

La formación académica del periodista, como consecuencia, también sufrió el influjo. Dado que debía responder a un mercado desconectado de los principios universitarios clásicos, la enseñanza superior se hizo cargo como pudo y con niveles muy disímiles entre sí del creciente número de postulantes a la carrera de Periodismo (entre otras). Abrió una fuente de trabajo para periodistas con aspiraciones docentes y se dedicó a enseñar y dotar de conocimientos teóricos a alumnos enfrentados finalmente a un campo práctico “moderno”, materialista, individualista y desconfiado del basamento crítico y pluralista de este oficio, aunque consonante, por supuesto, con los requerimientos tecnológicos, publicitarios, apolíticos y consumistas de esta época.

Las universidades que imparten Periodismo tratan de cumplir su deber académico, no obstante que sus egresados encuentren las puertas de las asesorías privadas y los servicios tecnológicos mucho más abiertas que las de la información pública independiente, escrutadora y correctiva. Pareciera el terreno preparado para el cambio de nombre de esta carrera por uno acorde con las funciones impuestas desde fuera.

Elefantes de colores

Porque, ¿qué sentido tendría sostener una profesión con ideales tan ferozmente debilitados por la ambición de los negocios? ¿Qué necesidad habría de preservar intacta la opinión pública y mantenerla adecuadamente informada si ésta ha sido fragmentada para alejarla de los temas mayores, parece haber renunciado a derechos superiores como su facultad constituyente y deja que unos pocos decidan cuáles son demandas ciudadanas y cuáles no? ¿Y que tiene enfrente al gran empresariado empleador, a políticos gobernantes y legisladores “transversales”, y a la mortal indiferencia de la industria de la información como estrictos guardianes?

La rutina diaria del comprar-vender-lo-que-fuere se ha extendido inexorablemente por los estamentos de este país-espejo, deprimiendo las ideas no económicas, las visiones políticas, el comportamiento comunitario, las actitudes patrióticas y los preocupaciones culturales. Cada vez hay mayor aceptación de las ficciones, las falsedades e incluso las irracionalidades en la comunicación social.

Con este ritmo, ¿por qué no informadores dando cuenta de monumentales y graciosos elefantes de colores e informados dándolo por real?

Julio Frank Salgado

Pobre América morena

Permalink 07.05.19 @ 10:00:42. Archivado en 5. Política, Sociedad, 7. Venezuela

La mayoría de los líderes políticos de Sudamérica, conformada por los primeros responsables de conducir a sus respectivos pueblos hacia la paz y el bienestar, ha incorporado a su estrategia una inesperada e insólita alternativa para la resolución de conflictos, que calza no sólo con la penosa situación de transparencia que atraviesa el ejercicio del poder en sus naciones sino también con la dramática sentencia “peor el remedio que la enfermedad”.

En Perú, anfitrión de la unión de cancilleres llamada “Grupo de Lima”, se sobrelleva una pléyade de recientes ex Presidentes de la República en una condición legal que cualquier ciudadano teme: uno, fallecido trágicamente por suicidio antes de su detención; otro, obligado a renunciar y en arresto domiciliario; un tercero, prófugo en el extranjero y con solicitud de extradición y un cuarto, sometido a prisión durante nueve meses. Y a un ex Presidente y ex dictador, preso desde hace más de una década.

En Brasil, se mantiene a un ex Presidente encarcelado, otro fue detenido durante algunos días y carga nuevas denuncias, y una mujer Presidenta fue destituida, y se comparte territorio con grandes alimentadores internacionales también investigados.

En Argentina, se ve una ex Presidenta en prisión preventiva y defendiéndose en varias causas y en Ecuador -no miembro-, a un ex Presidente y al Presidente en ejercicio bajo sospecha de corrupción; este último poseedor, además, del récord de permitir el ingreso de policías extranjeros a una de sus embajadas para entregar a un periodista que se encontraba con asilo político.

Parecen evitar, hasta ahora, tanto descrédito presidencial Colombia, aunque no libre del flagelo, y Chile, cuya legislación ha permitido, con un par de excepciones, preservar incólume a su elite política.

Participa también Venezuela, pero representada por los detractores de un gobierno al que se considera dictatorial y corrupto y al que se intenta derribar por la fuerza.

Entrecruzados por acusaciones e investigaciones sobre delitos considerados como corrupción, esos países, mediante la palabra y la acción de sus autoridades elegidas y la amplia difusión en los medios informativos afines, soportan ahora la “novedad” que el golpe de estado ya no sería ilegítimo ni funesto sino un recurso necesario, ante determinados conflictos, para la recuperación de la democracia y el progreso (“restauración de la institucionalidad quebrantada” lo llamó Pinochet).

Golpe ¿pacífico?

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País pinochetizado (II)

Permalink 25.03.19 @ 10:00:27. Archivado en 5. Política, Sociedad, 6. Chile, Pinochet, Historia

El “profundo cambio de mentalidad” de los chilenos, dirigido hacia el esfuerzo individual como “única herramienta válida” de libertad
y progreso, fue la gran realización de su gobierno, dijo Pinochet. “Dedíquense a trabajar y no se metan en política”, en otras palabras. Cómo negarlo, si la lucha por la subsistencia diaria y la prosperidad personal ha relegado ideales e intentos colectivos, y dado a la democracia un fin utilitario, plutocrático y rutinario. Y ha conquistado, además, la admiración internacional.

¿Cuál fue la gran “realización” de la dictadura chilena, superior incluso a su visión económica e institucionalidad inexpugnable?

Hace 30 años, perdido el plebiscito y resignado a tener que irse del gobierno, Augusto Pinochet fue entrevistado por el periodista Luciano Vásquez, quien le incluyó, como hizo con otros líderes políticos de entonces, en su libro “Transición a la chilena” (1989). Tras enfatizar allí el dictador que sólo se había esfumado su posibilidad de regir por ocho años más y que su obra no había estado en juego, su evaluación general fue más allá de los resultados que eran evidentes para alcanzar una proyección cultural: se había logrado un “profundo cambio de mentalidad” en los chilenos, quienes tomaron conciencia, agregó, de que el trabajo y el esfuerzo individuales eran las “únicas herramientas válidas” para progresar “en libertad”.

Rodeado y dejándose influir por reconocidos expertos en el modelo económico neoliberal y el blindado sistema institucional neoconservador, en el área de su exclusivo dominio Pinochet impuso lo propio: liderazgo sin competencia y mando armado. Tenía, por lo tanto, algo elemental que exigir a todos: obediencia directa, primero, y acatamiento de su obra cuando ya no mandara.

Y esto, en definitiva, en mayor o menor grado, de buena o mala gana, es lo que se ha podido observar entre sus compatriotas desde que terminó de dictar.

Cambio de mentalidad política

Pinochet encargó el manejo del poder político y la responsabilidad sobre la estabilidad de lo obrado a una elite (“clase política”) cuyo ideario original se daba ya por obsoleto y estaba dispuesta a asumir las nuevas reglas con tareas que, por ello, implicaban más bien una administración. Debía, en el fondo, cogobernar con los nuevos “hombres fuertes” del sistema: antiguos capitalistas sumados a magnates recién enriquecidos, fortalecidos adicionalmente como conglomerados económicos nacionales y transnacionales (los “ricos”).

Ante las nuevas circunstancias, los partidos de la centroizquierda y la izquierda “renovada” chilenas, históricamente opositores a la dictadura, sorprendieron a los diseñadores del modelo y a la ciudadanía que votó por ellos demostrando que podían subsistir y aun prosperar partidariamente bajo una institucionalidad dudosa y hermética, antagónica con las ideas propias, contraria a la democracia participativa y heredada de un dictador derechista.

Rechazaron al creador, pero acataron lo creado.

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País pinochetizado

Permalink 04.03.19 @ 10:00:57. Archivado en 5. Política, Sociedad, 6. Chile, Pinochet

Hay un aspecto que, a mi juicio, tiene fundamental relevancia. Y ese no es otro que el profundo cambio de mentalidad que se ha operado en los chilenos. Cada hombre y mujer de esta tierra se ha dado cuenta del enorme potencial que tiene implícito, así como de que el trabajo y el esfuerzo personal son la única herramienta válida para progresar y crecer en libertad. Por
eso creo que ese es el principal logro y realización obtenidos por nuestro gobierno.

Augusto Pinochet Ugarte, 1989.

J.F.S.

Fuente: Luciano Vásquez Muruaga, “Transición a la chilena”, 1989.

Comisionada ONU mira dónde pisará

Permalink 14.02.19 @ 10:00:54. Archivado en 5. Política, Bachelet, 7. Venezuela

Michelle Bachelet no ha alcanzado su encumbrada carrera política arriesgando su andar, en Chile y el extranjero, en un campo donde la brillantez altruista se consumió hace mucho tiempo. Se alza como la primera mujer chilena ministra de Defensa y Presidenta de la República, primera directora de la ONU para la Mujer y ahora Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos.

En este último cargo, sin embargo, comienza a ser cuestionada por su aparente inacción en el caso de la crisis de Venezuela. Se supone que ella, con todos sus galones y víctima de tortura durante la dictadura de Pinochet, debiera estar de cuerpo presente en el territorio de la apremiada república bolivariana o, al menos, anunciándolo y preparándose. Incluso ha sido invitada por el propio régimen de Nicolás Maduro, pero hasta ahora se ha limitado a manifestar su temor por que el desconocimiento y la descalificación mutuas hagan irreconciliable a la sociedad venezolana y sean las armas las que terminen con la división.

¿Por qué sólo hasta ahí, considerando que es el respeto a los derechos humanos elementales la materia que define su elevado rango y lo que precisamente está en juego, como lo especifica, además, un informe especial emitido por su antecesor?

Eso es lo que se ve, pero más importante podría ser aquí lo que se pisa.

Bachelet asumió sus gobiernos en Chile prometiendo reformas sociales en favor de los trabajadores, la mujer y la igualdad de oportunidades, las que lograron resultados sólo parciales y relativos, pero ese bajo rendimiento no afectó una evaluación personal que, como la de todo político -cualquiera fuere su signo- en un mundo neoliberal, no depende finalmente de los votantes sino de la estabilidad de los superiores de la globalización: los consorcios transnacionales.

No ha dudado, pues, en desentenderse de algunos preceptos democráticos básicos, pero incómodos, cuando las expectativas más realistas así se lo han recomendado (su intento de “proceso constituyente” dirigido es el mejor ejemplo), aunque hoy el conflicto caribeño y la interpelación internacional a que intervenga parecen haberle puesto en una disyuntiva diferente.

Después de todo, una alta comisionada de la ONU, deseablemente imparcial, se encontraría no sólo en un país cuyo Presidente, aunque elegido, es llamado dictador y considerado jefe de un gobierno corrupto, violador de derechos humanos y causante de una hambruna generalizada, sino que también y paralelamente, en medio de una insurrección popular encabezada por un diputado autoproclamado Presidente, que llama a las Fuerzas Armadas a rebelarse, es orientado por la mayor potencia política, económica, militar e intervencionista del mundo y reconocido como “Presidente encargado” por la mayoría de sus vecinos sudamericanos y las principales potencias europeas.

¿Permitiría Bachelet, con sus conclusiones, que la opinión pública internacional y un eventual desenlace de la confrontación se inclinaran hacia uno u otro lado? ¿Querría, en el fondo, que todo terminara como es hoy su pragmático país?

Quizá espera que el trance de las últimas semanas se diluya en forma natural, por sí solo (no por ella), antes de actuar. Ha demostrado saber dónde está pisando o dónde debe pisar en arenas movedizas en las que, calculada y asombrosamente, ha caminado con éxito.

Algo tendrá que hacer, en todo caso, y a tiempo. Una de las prioridades de la oficina que dirige es fortalecer tanto el estado de derecho como la rendición de cuentas por violaciones de los derechos humanos.

Julio Frank Salgado

“Festival” de detonaciones alarma a la capital chilena

Permalink 07.02.19 @ 17:53:39. Archivado en NOTICIAS, 6. Chile, Sociedad

Las detonaciones nocturnas atribuidas a disparos y bombazos, que se han hecho frecuentes en Santiago de Chile durante los últimos años sin que las autoridades hayan informado o dado una explicación, recrudecieron ostensiblemente este miércoles 6.

Una avalancha de whatsapp y otras redes sociales de alarmados vecinos se dejó caer en los medios de comunicación, específicamente en radio Biobío. Las denuncias coincidían: el estruendo afectó a diversos puntos de la capital chilena, incluyendo un sector cercano al centro cívico, muchos lo atribuyeron a una forma de comunicación entre narcotraficantes dando cuenta de la distribución de la “mercadería” y se quejaron de la impasibilidad de las autoridades al respecto.

También la prensa ha sido parte de dicho silencio, salvo algunos discretos programas de televisión sobre el microtráfico. Por algo hay tantos mensajes diarios, telefónicos y digitales, a una sola radioemisora, la que parece mejor dispuesta a hacerse eco de este tipo de urgencias informativas de sus auditores, que tiene un director, locutor y copropietario que se ha atrevido a llamar “corruptos” a los corruptos y cuya profesión es… abogado.

J.F.S.

Chile y Venezuela: Opuestos aunque parecidos

Permalink 28.01.19 @ 00:08:51. Archivado en 5. Política, Sociedad, 6. Chile, Desarrollo

Los gobiernos inglés, francés, alemán y español dieron un ultimátum al régimen de Nicolás Maduro que, de no cumplirse, les llevaría a desconocer a éste como Presidente de Venezuela y reconocer, en su reemplazo, al líder de una insurrección popular organizada desde la misma potencia que actuó en Chile.

Por presentar ambos casos algunos aspectos y proyecciones similares pese a su opuesta situación actual, repito un artículo publicado aquí el 31 de octubre de 2018.

EL PRECIO DEL “SUEÑO CHILENO”

Sus gobernantes le facilitan inversiones foráneas, adquieren en ella especialización y estatus, adhieren a su política transnacional, reciben medallas e incluso mezclan emblemas nacionales y brindan con la primera potencia del mundo. Sus gobernados, con una mentalidad competitiva, se concentran en la búsqueda del éxito económico individual y el consumo de las maravillas de la modernidad. No es difícil averiguar dónde se inspira y descansa la cara A del “modelo” chileno.

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“Fake news” ha habido siempre

Permalink 09.01.19 @ 10:00:30. Archivado en 5. Política, 2. Medios, Televisión, Sociedad, 6. Chile, Blogueo y periodismo ciudadano, El Mercurio

“En estos días de las fake news (noticias falsas) hay que tener cuidado con lo que uno comenta”, advirtió la alcaldesa de Providencia y ex candidata presidencial de la derecha, Evelyn Matthei. Aludía a las informaciones compartidas en las llamadas redes sociales y su posible efecto en el resto de la población, en relación con el reciente atentado explosivo que hirió a cinco transeúntes en esa comuna del Gran Santiago.

No son hoy precisamente “días” de
“fake news”. Apuntar tan directamente a la potencialidad de la actuación ciudadana en Internet como incubadora favorita de esa peligrosa práctica desvía más bien la atención pública y favorece la estrategia de quienes buscan, desde posiciones sociales mucho más altas, ocultar la larga, oscura y dolorosa saga de los medios de comunicación tradicionales en esta materia. Se olvida, sin ir más lejos, que este país fue súbdito y es legatario de la soberana de la desinformación: la dictadura.

Es cierto que la multiplicidad de personas y conexiones en el inmensurable ciberespacio se conjuga con la diversidad de fuentes de información de cualquier género y calibre para hacer inviable la prevención de tal contenido y facilitar el ocultamiento y la impunidad del infractor. Pero también lo es que aquellos difusores de falsedades amparados en grandes grupos mediáticos, que exhiben con su uso resultados mucho más concretos y perdurables, han recibido un trato benevolente y hasta generoso de parte de la legislatura, lo que les ha permitido seguir mirando de frente y prosperando no obstante el daño causado a la audiencia víctima.

Basta citar algunos puntos negros de dicho ejercicio, en particular el del buque insignia de la prensa nacional y modelo informativo, formativo e histórico de la sociedad chilena –El Mercurio- y el de los agobiantes canales de la televisión abierta. Y recordar, por ejemplo, el titular “Exterminados como ratones” de La Segunda en 1975, para referirse a la matanza de más de cien personas detenidas por las fuerzas represoras. O el montaje gráfico de El Mercurio -derivado en querella y procesamiento de su director y propietario-, que inculpó a dos personas inocentes como instigadoras de los disturbios que opacaron una de las actividades del Papa Juan Pablo II en el país en 1987. O la campaña comunicacional de la central de inteligencia estadounidense (CIA) contra Allende, antes y durante su gobierno, en la que también estuvo involucrado el llamado decano. O la sistemática e interminable desinformación proveniente de las estaciones televisivas durante la dictadura, encabezadas por el canal del Estado, imagen lavada hoy por un régimen político-económico abierto pero nunca tanto como para reinstaurar el pluralismo o erradicar la tergiversación y la censura.

Un colega y editor de esos medios me manifestó una vez sus dudas acerca del grado de veracidad que los blogueros podían asegurar. En lugar de buscar garantías, debí responderle simplemente que tenía yo la misma sensación… respecto del suyo.

No es ésta “la época” de las “fake news”. Fue inaugurada hace muchísimo tiempo, cuando surgió la primitiva necesidad de comunicarse, y consolidada luego cuando los imperios y gobiernos lo requirieron. Y antes de que los periodistas tuvieran que compartir su deber con ciudadanos anónimos para abrir la cobertura a todo lo digno de descarte para sus aprensivos socios político-comerciales.

No se trata de competir en falsedades, sino de prevenirlas y sancionarlas por igual.

Julio Frank Salgado

Médicos en la Historia

Permalink 17.12.18 @ 10:00:46. Archivado en 6. Chile, Sociedad, Historia

Si la añosa y porfiada Historia es el registro real del recorrido del hombre por el tiempo y el espacio, y su interpretación estrictamente personal, la gran capacidad de la mayor herramienta tecnológica de hoy, la informática, para crear y recrear sucesos y mundos virtuales -conjuntamente con soluciones prodigiosas- no estaría en perfecta sintonía con ella. Quizá el siglo anterior haya sido el último en que las máquinas se mantuvieron debajo de los ideales, anhelos y la dignidad del trabajo humanos.

La Historia de la Medicina no es una excepción.

Médicos en la Historia”© (2016) fue editado para reivindicar la vigencia del pasado en el presente. En simples trazos biográficos, sintetiza experiencias vitales, profesionales y científicas de decenas de facultativos chilenos que mostraron un camino más allá de lo que se les pedía ejercer.

En estas fiestas de fin de año, cuando las sensibilidades altruistas logran aflorar en medio del individualismo del celular y la excitación por el consumo masivo, dejo aquí, para libre descarga, la primera parte de esas referencias a grandes médicos del siglo XX en Chile.

Julio Frank Salgado

Algunos maestros:

Roberto Aguirre Luco
Emilio Aldunate Bascuñán
Hernán Alessandri Rodríguez
Italo Alessandrini Iturriaga
Salvador Allende Gossens
Gregorio Amunátegui Solar
Aníbal Ariztía Ariztía
Rodolfo Armas Cruz
Alfonso Asenjo Gómez
Arturo Atria Osorio
Onofre Avendaño Portius
Víctor Manuel Avilés Beúnza
Roberto Barahona Silva
David Benavente Serrano
José Luis Bisquertt Cea
Guillermo Brinck Pasvahl
Mauricio Brockmann Cohl
Mamerto Cádiz Calvo
Luis Calvo Mackenna
Ventura Carvallo Elizalde
Javier Castro Oliveira
Ramón Corbalán Melgarejo
Lucio Córdova Labarca
Claudio Costa-Casaretto
Alvaro Covarrubias Pardo
Alberto Cristoffanini Trucco
Emilio Croizet Croizet
Eduardo Cruz-Coke Lassabe
Carlos Charlín Correa
Félix De Amesti Zurita
Enrique Deformes Villegas
Sótero Del Río Gundián
Alejandro Del Río Soto-Aguilar
Roberto Del Río Soto-Aguilar
Eloísa Díaz Inzunza

Peligro en las veredas santiaguinas

Permalink 29.11.18 @ 10:00:10. Archivado en NOTICIAS, 6. Chile, Sociedad

Un peatón escapó con suerte de ser atropellado por un ciclista (al menos, eso parecía), pero no de los golpes que éste le propinó tras serle enrostrado su riesgoso comportamiento sobre la vereda. La víctima, que declaró haber sufrido la fractura de una de sus rodillas y fue hospitalizada, publicó lo ocurrido en su cuenta de Twitter. La alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, calificó lo sucedido como “inaceptable” y anunció que la Municipalidad lo indagaría.

Hace sólo algunas semanas entró en vigencia en Chile la denominada “Ley de Convivencia Vial”, que sanciona, entre otras, una de las escenas más habituales observables en el inquietante tránsito capitalino: ciclistas desplazándose por donde no les corresponde, arriesgando su vida y la de los demás fuera de las ciclovías, con cruces sorpresivos y temerarios en la calle, ocupando veredas peatonales y a velocidad imprudente. (Aunque los peatones tampoco están libres de cargos: muchos disfrutan de la comodidad de una vía pavimentada destinada exclusivamente a ciclistas).

El caso referido ocurrió en una comuna céntrica, muy concurrida y de vecinos pudientes. Muchos más quedan sin denuncia en calles alejadas del centro, solitarias y particularmente propicias para los más inciviles, que aprovechan la abundancia de normas ineficaces y la escasez de buenos ejemplos.

En su segundo gobierno, el Presidente en ejercicio volvió a predecir que este país será desarrollado en un plazo relativamente corto. Pensaba seguramente en la marcha de la economía, que es su fuerte. No se prevé un desarrollo genuino y profundo, como se le conoce en el hemisferio norte, pues el Chile del siglo XXI carece de los sustentos básicos que muestran los modelos: historia nacional unificadora, identidad cultural propia y sanas costumbres cívicas.

J.F.S.

El precio del “sueño chileno”

Permalink 31.10.18 @ 10:00:25. Archivado en 5. Política, Sociedad, 6. Chile, Desarrollo

Sus gobernantes le facilitan inversiones foráneas, adquieren en ella especialización y estatus, adhieren a su política transnacional, reciben medallas e incluso mezclan emblemas nacionales y brindan con la primera potencia del mundo. Sus gobernados, con una mentalidad competitiva, se concentran en la búsqueda del éxito económico individual y el consumo de las maravillas de la modernidad. No es difícil averiguar dónde se inspira y descansa la cara A del “modelo” chileno.

Desde la Independencia se ha alabado el sentido de “equilibrio, orden y moderación” del carácter nacional o su parsimonia para enfrentar los avatares de la subsistencia. Los grupos dirigentes locales se han mostrado abiertos a la participación económica y la influencia cultural extranjeras, en particular las anglosajonas. Se motejaba a los chilenos como “los ingleses de Sudamérica”, aunque ahora, dado el traspaso de potencia e injerencia en la política internacional, podrían ser llamados “los norteamericanos de Sudamérica”. Si antiguamente se admiraba aquí el garbo inglés y su calculadora eficiencia, y se aceptaba su ambición genética por la conquista territorial y cultural, ha sido la rústica convicción estadounidense sobre el éxito económico y la expansión de sus intereses lo que se ha impuesto después y con nuevos bríos.

Los habitantes de este delgado territorio son convocados diariamente hoy a experimentar una especie de “sueño (norte)americano”, la búsqueda de un triunfo equivalente al talento y el esfuerzo personales desplegados, lo que derivaría inevitablemente, además, en el engrandecimiento del país.

Lo primero, al menos, está a la vista. Los negocios y emprendimientos independientes de todo tipo y tamaño, el ilimitado acceso a bienes muebles, inmuebles y fungibles, la amplia oferta educacional, el sorprendente consumo gastronómico, los crecientes viajes nacionales e internacionales, la disponibilidad de tecnología digital en todo momento e incluso un generoso e inédito calendario anual de días de asueto no son evidencias de un país pobre o estancado. Que lo digan los miles de argentinos, peruanos, colombianos, venezolanos y haitianos inmigrantes, y los millones que lo envidian a través de los medios de comunicación.

Pero se trata de un modelo “a la chilena”. Ocurre que la mayoría de la población no está en condiciones de subirse al carro de la victoria por impulso propio, dado que el auge no comprende remuneraciones equitativas, estabilidad para el empleo dependiente ni todos los incentivos que necesitan los emprendedores pequeños. Históricamente gobernados por una elite político-económica cerrada y aglutinadora de la riqueza nacional –salvo excepciones, como el derrocado gobierno de Allende-, gran parte de los “soñadores” ha tenido que proceder dentro de su ya delimitado alcance, comenzando por la herramienta clásica que les ofrece el sistema: un expedito y tentador, aunque riesgoso, endeudamiento rotativo. Esta solución les permite usufructuar de bienes a los que en circunstancias normales no habrían podido acceder, pero les obliga a un pago regular que compromete muchas veces el ingreso mensual y está sujeto a subidos intereses, eventuales multas y, en el peor de los casos, a un embargo judicial que podría significarles empobrecimiento.

“Todos lo hacen”

En su ansiedad por no quedarse abajo, los más incómodos en la pirámide socioeconómica han asumido a su manera el camino más próximo y directo ya consagrado: el comercio. La transacción de productos y artículos de toda clase, rubro, volumen, calidad e incluso legalidad se ha convertido así en un protagonista sin contrapeso a todo nivel, al punto que, mientras las grandes empresas se apuran con las ofertas navideñas ya en octubre, celebran los días de la madre y el padre a modo de “ciber-days” e incorporan a periodistas como anunciadores, el aparentemente modesto y postergado vendedor ambulante se dota de los aparatos técnicos necesarios para irrumpir libremente con su mercadería en el transporte masivo –incluyendo vagones del Metro-, salas de hospitales y hasta bibliotecas públicas.

Si líderes políticos, empresariales, militares y eclesiales, con privilegiada educación, dan un ejemplo del uso de oportunidades torciendo la ley y la ética, ¿por qué no aprovechar la posibilidad de mortificar un poco, en beneficio propio, a los más desprevenidos?

“Aquí todo está quieto, porque cada uno hace lo que quiere (…)”, sentenciaba Juan Egaña en el Chile del siglo XIX.

Una meta económica diseñada para satisfacer a grupos empresariales ávidos de utilidades gigantescas ha arrasado con la sensibilidad colectiva, desvirtuando la política, el trabajo, la educación, la salud, el papel de los medios, el deporte y otras actividades fundamentales de la convivencia social, a cambio, en definitiva, de una ensoñación sobre el desarrollo, de un letargo intelectual y valórico, de una rutina materialista y consumista. Los estudiosos civiles y religiosos que podrían poner una voz de alerta sobre el sentido de la vida humana en sociedad son impulsados a la obsecuencia con la realidad generada y a quedarse discretamente en zaga.

“Business as usual” (El negocio, como siempre), se escucha en medios radiales transnacionales.

Desnacionalidad

He aquí algunos hechos de la historia política de esta parte del continente:

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Una izquierda absorbida por la derecha

Permalink 26.09.18 @ 10:00:27. Archivado en 5. Política, 6. Chile

La izquierda y la centroizquierda chilenas celebran los 30 años desde el “No” a Pinochet en calidad de copartícipes de la sociedad individualista, despolitizada, consumista y capitalista (!) pensada y diseñada por los herederos del dictador.

Tanto dirigentes de la ex Concertación como del Partido Comunista anunciaron la celebración del trigésimo aniversario del “triunfo de la democracia” en el plebiscito que derrotó a Pinochet el 5 de octubre de 1988. Los convocantes que pertenecieron a la autoproclamada “coalición política más exitosa de la historia de Chile” se enorgullecen de que el país haya cambiado, pero eluden hacer precisiones sobre si se trata exactamente de lo que prometían en aquella época.

Ya no hay dictadura, pero sobreviven los amarres destinados a proteger su herencia (economía mercadista y capitalista, servicios básicos privatizados, restricción de la participación social). Cesaron la persecución y los crímenes políticos, reemplazados por la discriminación y las sanciones socioeconómicas (despidos sumarios, abuso y marginación laboral, desigualdad social). Reverdeció el concepto de democracia, pero no como participación colectiva sino como libertad individual, materialista y consumista. Retornó el estado de derecho, pero manipulando la legalidad y desvalorizando la ética. Se habla de país, pero cediendo sus riquezas naturales y su cultura popular a intereses transnacionales.

Volvió el sufragio universal, aunque terminó sellando campañas electorales escuálidas en ideas y dudosas en su financiamiento.

País concesionado

No abruma a aquellos dirigentes el expansivo protagonismo transnacional por sobre el propio, sustentado en normativas laxas, con debate excluyente, “express”, algunas de las cuales atentan contra la soberanía nacional, como la del cobre. Más de dos tercios del mayor recurso natural de la nación enriquecen a inversionistas extranjeros de manera casi inexpropiable, ya que el Estado chileno debería indemnizarles, dado el caso, con una suma estratosférica.

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