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El periodismo se nos está yendo (III)

Permalink 02.01.18 @ 10:00:00. Archivado en 1. Periodismo, 5. Política, 3. Chile

“Los periodistas (de hoy) no intrusean y no encuentran nada”, afirmó recientemente el nonagenario y legendario Alberto “Gato” Gamboa, Premio Nacional de Periodismo 2017. Pero sí hacen paralelamente vocerías publicitarias y protagonizan hechos noticiosos institucionales como “invitados”. Ese papel, de apariencia pública pero a beneficio particular, comercial y político, contribuye a la desinformación “emotiva” de la audiencia y favorece el control ideológico de la comunicación.

(Anterior)

El periodista Ramón Ulloa, conductor de noticias televisivas y radiales, anteriormente en CNN Chile, ofició como maestro de ceremonias durante la reciente inauguración de la Línea 6 del Ferrocarril Metropolitano de Santiago. “Me pareció importante estar presente ahí”, explicó vagamente, aludiendo al aspecto informativo del acto, organizado por dicha empresa estatal.

A las presiones editoriales, comerciales e ideológicas sobre el periodista y el periodismo se ha incorporado la de compartir el protagonismo en hechos informativos generados por empresas o instituciones a las que éstos deben observar, comentar y fiscalizar periodísticamente desde una posición independiente, lo que contraría además la regla que “el periodista en sí no es noticia”. El principal favorecido fue, en ese caso, un servicio estatal, el Metro de Santiago, cuya presentación encabezó la Presidenta de la República en persona. Ulloa ejerce actualmente en Canal 13 y Teletrece Radio, pertenecientes a uno los principales grupos económicos chilenos (Luksic).

Ningún político u opinólogo comentó públicamente lo ocurrido. Ni siquiera intervino el Colegio de Periodistas. Los únicos “sensibles” fueron algunos comentaristas virtuales del artículo que lo informaba.

Prensa según mercado

Ese trastoque de la mentalidad periodística histórica fue incubándose desde que un decreto de la Junta Militar convirtió los colegios profesionales en asociaciones gremiales en 1981, reduciendo drásticamente su respectivo tutelaje ético y concentrándoles en asuntos internos e individuales. Desde entonces, ningún profesional, como cualquier trabajador, está obligado a someterse a normas de entidades gremiales para poder desempeñar su labor.

Derrotada la dictadura, esta situación no fue revertida por los políticos triunfantes, que la consideraron acorde con la inspiración y las normas libremercadistas impuestas por Pinochet, que decidieron conservar.

“Con la disminución actual de las atribuciones del Colegio, la ética está expuesta a ser voluntariamente valorada o no por los periodistas y, desde luego, por las empresas periodísticas, sobre todo si a éstas las mueve mucho más el afán mercantilista que la defensa de grandes principios de carácter social”, alerta Emilio Filippi en “La profesión de periodista (una visión ética)” (1991). Ramón Reig, profesor de la Universidad de Sevilla y autor de “Los dueños del periodismo” (2011), coincide en que la mercantilización es una de las principales causas del deterioro profesional.

Si bien es cierto que existen en Chile libertad de expresión, periodismo de investigación y frecuente publicación de denuncias sobre ilícitos en política, economía, negocios y administración pública, se limitan a una constatación testimonial y enmarcada en una línea editorial coincidente entre los medios predominantes, no persistiéndose en los grandes temas para promover desenlaces concretos, clarificatorios, sancionatorios para los responsables y ejemplarizadores para la sociedad. Todos los medios tradicionales pertenecen al sector privado y comercial, hegemonizado por grandes consorcios de intereses multinacionales y empoderados política y legalmente en el país, lo que les permite orientar el curso de las actividades sociales más importantes, tanto masivas como de elite. En la prensa nacional prosperan sin competencia dos grandes grupos económicos y la televisión abierta es dominada por industrias extranjeras, al igual que el dial radiodifusor de mayor presencia.

Todo ello impone a la libertad de prensa un significado meramente económico. La Concertación contribuyó a afianzar ese principio durante sus cuatro períodos gubernamentales y su sucesora, la “Nueva Mayoría”, nada ha hecho para revertirlo.

El derecho a ser informado queda en manos del abismante, asombroso, no universal todavía ni totalmente confiable, aunque prodigioso, ciberespacio.

Censura y relajación

La línea editorial mediática se adscribe preponderamente al sistema de mercado y se encuadra estrictamente en sus reglas autoprotectoras. Noticias especialmente “molestas” y amenazantes para ella -además de la eventualidad de una Asamblea Constituyente- son las huelgas o protestas laborales en el voluminoso sector del retail, cliente preferente de los medios, las que simplemente son omitidas en la televisión.

En la información radial, aunque nutrida por relatos sobre corrupción política, colusión empresarial y protestas callejeras, prevalece, con algunas excepciones, un enfoque aparentemente sobrio e imparcial, pero en realidad frío, esquemático, vago y con un aire displicente que reduce la formalidad básica de una entrega periodística para agregar un tono relajado y distractivo, indicador de la convicción que nada podrá cambiar el curso político-económico neoliberal del país, sustentado en una institucionalidad autoritaria heredada.

De ahí el silencio aprobatorio de la “clase” política chilena ante los rostros y voces periodísticos (“voztros”) que hacen publicidad mientras informan o entrevistan; de ahí que soporte estoicamente que la vapuleen en los medios por sus relaciones indebidas con el empresariado financista de sus campañas sin intentar cuestionar la polémica función adicional y desacreditante de sus censores.

Noticias falsas o sólo “emotivas”

La censura y la manipulación informativa e interpretativa han sido históricamente el recurso más útil de la política para desinformar y facilitar así el control de la ciudadanía. Cuando parecía que la información y el conocimiento libres e instantáneos permitidos por las herramientas tecnológicas de comunicación del siglo XXI ampliaban y democratizaban la sociedad en forma irreversible –aun prestándose a excesos y barbaridades-, otra artimaña ha venido a sumarse a la farandulización de la noticia para evitar una adecuada percepción pública de la realidad social: la llamada “posverdad” o “mentira emotiva”.

Enclaustrado en la embajada de Ecuador en Londres desde hace cinco años y enemistado con el gobierno norteamericano tras las revelaciones políticas de WikiLeaks, el periodista australiano Julian Assange ha advertido sobre la creciente manipulación oficial de la información, la posverdad y las “fake news” (noticias falsas), aceleradas por el vertiginoso desarrollo cibernético, y también acerca de los riesgos de hacer periodismo de investigación en este contexto. Mediante una reciente videoconferencia para el XVI Encuentro Latinoamericano de Facultades de Comunicación Social, aseguró, según un artículo de Macarena Segovia en Elmostrador.cl, que “nuestra percepción de la realidad descansa sobre un cerro de noticias falsas, información falsa”, las que son publicadas en las primeras planas de medios de comunicación monopolizados por sectores políticos e intereses económicos.

A Assange preocupa también que “ciertas fuerzas poderosas en la prensa” se reúnan con organizaciones aún más poderosas utilizando dicho fenómeno para generar un sistema de filtros de información y legitimar su interferencia en todas las actividades ciudadanas.

Sobre el mismo tema, en el artículo “Faride Zerán desmitifica la posverdad en Chile”, la periodista y vicerrectora de Comunicaciones de la Universidad de Chile califica la “mentira emotiva” como “la expresión del mal periodismo o de la muerte del periodismo si no nos ponemos serios”. En el medio citado, agregó que “desde que el periodismo existe ha tenido que lidiar precisamente con la permanente tentación de quienes lo asumen como instrumento para falsear los hechos, alterar la realidad, mentir, omitir, censurar o construir realidades a partir de premisas falsas”, afirmó.

La falsedad como método de control de la información y de la percepción ciudadana pueden tomar formas aparentemente inocentes como el simple vocabulario, mediante el uso de términos “amigables” para disfrazar sucesos comprometedores o ideas resistidas, como “error” por ilicitud o “tolerancia” por acatamiento –tan propios de la demagogia política, pero no sólo de ella-, hasta llegar a falacias como justificar la devastación discrecional de un país por otro mayor debido a la supuesta existencia en aquél de armas de destrucción masiva, como el caso de Irak, recordado también por Assange.

Noticia falsa o al menos sólo “emotiva” es también parapetarse informativamente detrás de la estabilidad macroeconómica de un país para oponerse a sus demandas populares por una mejor condición social; un “proceso constituyente” restringido y controlado destinado en realidad a evitar la opinión orgánica y plural de la ciudadanía; una enérgica apología de la ley y el estado de derecho cuando éstos no interpretan el consenso ciudadano; una campaña internacional pro democracia dirigida a una nación pequeña o poco influyente mientras se tolera la represión y la corrupción generalizadas en grandes potencias. Lo es incluso en actividades menos políticas, cuando se hace creer que el negocio privado es indispensable para la subsistencia de la actividad socio-deportiva más arraigada en la población, como el fútbol, y, por supuesto, un anuncio publicitario o promoción institucional realizados por un periodista como si fuera parte de su responsabilidad de informador y comentarista de noticias independiente.

En todo esto, los medios de comunicación tradicionales, encabezados por grandes cadenas de prensa, televisión y radio, nacionales y transnacionales, han sido altavoces formidables, privilegiados y universales.

Ya no “intrusean”

“Los periodistas (de hoy) no intrusean nada. Y no encuentran nada”, declaró a la revista Sábado de El Mercurio en septiembre pasado Alberto “Gato” Gamboa, una de las estrellas del llamado “periodismo de trinchera” previo al golpe de estado de 1973, opositor a la dictadura, Premio Nacional de Periodismo 2017 y ya de 96 años de edad. Cuando se le preguntó si admiraba a algún colega actual, respondió secamente: “No admiro a nadie”.

Atraídos y presionados, directa o indirectamente, por empresas comerciales y grupos económicos que han logrado reglas políticas y sociales afines, los periodistas que publicitan sin hacer la diferencia, así como aquellos que se incorporan a la noticia no para informarla desde dentro sino para hacerse parte de ella en beneficio de sus gestores, contribuyen a la entrega de un tajante mensaje en el sentido que los principios y funciones originales del periodismo ya no sirven o no importan para desarrollarse profesional y socialmente. Ese pragmático sinsentido les obliga a convertirse en peculiares servidores privados con apariencia pública si quieren aspirar a mayor estabilidad laboral, reconocimiento social y futuro personal optimista; a golpear mortalmente a su propia profesión y dejar a la ciudadanía desorientada ante la gigantesca mole de información de distinto origen, temática, intención y grado de credibilidad que hoy la abruma, a merced no precisamente de un razonable sentido crítico y reducida a la categoría de simple consumidora.

No es absurdo temer que este espiral, inflamado por las “posverdades”, pueda terminar con los teóricamente más perspicaces observadores de la realidad diaria, los periodistas, dando como noticia que, por ejemplo, elefantes de colores surcan efectivamente el cielo de la ciudad si eso ha sido debidamente planificado, producido y “emotivizado” por otros para su asimilación por una población ya entrenada y, lo más importante, para su venta.

Como admitía Ralph Barney, profesor emérito de la Universidad de Brigham Young, pocos pueden sentirse tan solos como un periodista aferrado a una estricta ética personal…

Julio Frank S.

Frente Amplio chileno vota sin condiciones

Permalink 14.12.17 @ 16:08:10. Archivado en NOTICIAS, 3. Chile, Política

Sin intentar negociar bases programáticas ni exigir condiciones políticas para su apoyo, y pese a manifestar públicamente objeciones personales hacia el candidato durante la campaña y adelantar que serán oposición a cualquier gobierno, los principales líderes de la alianza de izquierda Frente Amplio, encabezados por la propia ex candidata presidencial, Beatriz Sánchez, anunciaron que votarán por el representante de la oficialista “Nueva Mayoría” (o “La Fuerza de la Mayoría”), Alejandro Guillier, en la segunda vuelta electoral de este domingo 17. Adujeron un “antipiñerismo” que busca evitar un nuevo gobierno de derecha.

He aquí algunos recortes de prensa.

Oportunidad para Beatriz Sánchez y la AC

Permalink 23.11.17 @ 10:00:58. Archivado en 5. Política, 3. Chile, Asamblea Constituyente

Si hay algo concreto y definitivo con que Beatriz Sánchez puede socorrer a la candidatura oficialista es, además de votos, su principal propuesta y el camino trazado para realizarla: Asamblea Constituyente.

Después de haber superado imprevistamente el 20 por ciento de los votos en la carrera presidencial y perder por menos de tres puntos el derecho a pasar a la segunda vuelta, Beatriz Sánchez y el Frente Amplio tienen hoy una posición favorable si accedieran a negociar un eventual apoyo al candidato bacheletista, Alejandro Guillier. El tema central en este caso no serían reformas, por drásticas que fueren, como aumentar los impuestos a los más ricos, cambiar el sistema previsional, eliminar una injusta deuda estudiantil, recuperar los recursos naturales básicos, mejorar la atención de salud y otras propuestas programáticas, sobre lo cual se ha discutido durante más de 25 años con pobres resultados y chocando lo más trascendente contra el muro constitucional pinochetista.

Como establece el primer capítulo del programa de gobierno frenteamplista 2018-2022, se trata de la convocatoria a una Asamblea Constituyente propiamente tal, para lo que el nuevo Presidente de la República recurriría a facultades previstas en la propia Constitución vigente, esto es, enviar un proyecto de ley para la realización de un plebiscito nacional validante de la iniciativa y, ante un posible rechazo, insistir con dicho mecanismo para dirimir la discrepancia con el Congreso Nacional.

Alejandro Guillier también es partidario de una nueva Constitución, pero se ciñe a la restringida y no vinculante consulta popular efectuada por Bachelet para ser dejada a la decisión final del Parlamento.

Los fundamentos para una AC ya han sido latamente descritos en los últimos diez años, pese a una escasa y prejuiciosa difusión en los medios informativos, la errática adhesión de algunos políticos y la limitada promoción de algunas organizaciones sociales. Se ha recordado el origen autoritario, la ideología impuesta y la estructura inamovible de la Carta en vigor, su parcializada consagración de los derechos ciudadanos y del fomento de la calidad de vida moderna, así como la insuficiencia de las reformas introducidas, más bien protectoras de sus pilares.

A eso se ha opuesto el carácter eminentemente democrático de una Asamblea Constituyente, cuya generación se basa en el sufragio universal, como cualquier elección; su apertura a la participación de todos los sectores sociales, además de los políticos; su necesidad de un debate amplio, plural y sin censura en los medios de comunicación; su facultad única y exclusiva de discutir y redactar una nueva Constitución Política del Estado para someterla a un nuevo veredicto ciudadano en las urnas. Pocos son los países que no necesitan una institución así; muchos gobernantes, sin embargo, la han eludido discrecionalmente.

Desafío

Aunque la carga popular pedida y recibida por Beatriz Sánchez y el Frente Amplio es pesada, inhóspita y cuesta arriba, no hay alternativa si en lugar de ser un destello más desean hacer historia. Tendrán que enfrentar y al menos resistir los embates de una formidable economía neoliberal, inter y transnacional, cuyos intereses se han apropiado de la política, la educación, la salud, el trabajo, la previsión, la cultura y los hábitos domésticos, entre otros sectores de la actividad nacional, en los cuales las mejoras son posibles solamente dentro de su marco.

Tendrán, especialmente, que convencer a sus compatriotas no sólo de que pueden vivir y progresar en una sociedad menos materialista e individualista y más humanizada, sino también de su derecho a decidir por sí mismos sobre los grandes temas de los que dependen los demás, como el tipo de economía que regirá, el sentido de la educación, las condiciones generales del trabajo y la previsión, el acceso a la salud, el usufructo de los recursos naturales y otras materias fundamentales.

En concreto, tendrán que convencerles, con ideas y acciones, en salones y oficinas y en la calle, de que el verdadero cambio parte sólo de una Asamblea Constituyente, un proceso que ofrece herramientas útiles para sustituir la vieja, cupular y ya corrompida política de acuerdos de la transición por una auténtica, informada y masiva participación ciudadana en el destino de algo que nos identifica a todos: el país.

¿Por qué votar cuando se es feliz y bien gobernado?

Permalink 02.11.17 @ 15:29:10. Archivado en 5. Política, Sociedad, 3. Chile

La mayoría de los chilenos se declara feliz en su vida personal, según un estudio de mercado, y aunque cree que el país, en cambio, no avanza, no está dispuesta a arriesgarse. Sus representantes políticos, tampoco.

El próximo 19 de noviembre, Chile vivirá un nuevo proceso eleccionario presidencial y parlamentario. Eso de “vivir” es un eufemismo, dado el escaso interés por la política ya arraigado en la población chilena y expresado últimamente en un aumento de la abstención, aunque ello no signifique necesariamente un rechazo al sistema imperante. Este parece haber dotado al país de una efectiva inmunidad no sólo ante propuestas de reformas drásticas o “revolucionarias”, sino también ante la creciente corrupción política y las periódicas protestas callejeras.

Más aún, el reciente estudio Chilescopio 2017, realizado por la consultora en investigación de mercados Visión Humana y difundido por Emol (El Mercurio On Line), reveló que si bien el 61 por ciento de los chilenos considera que el país, como tal, no avanza, un porcentaje todavía mayor (64%) se declara “feliz” o “muy feliz” con su vida personal. Su principal temor (53%) se centra en la eventualidad de enfermarse y sólo el 31 por ciento lo atribuye a los problemas económicos. El presente es lo más importante para el 66 por ciento de ellos.

Más allá de la capacidad de consumo y endeudamiento, otro hábito en el estilo de vida, ya extendido e incluso institucionalizado, contribuye a ilustrar ese placentero estatus. Desde el 27 de octubre, a menos de un mes de las elecciones, la fuerza laboral puede disponer de un no muy corto y relativamente relajado período mezcla de asueto y trabajo: de los diez días que concluyen este 5 de noviembre, seis serán no hábiles. Como los fines de semana “largos” establecidos por un nuevo y más generoso calendario oficial de feriados –incluidos días “sandwich”-, ha habido un considerable éxodo (así llamado) familiar y turístico desde la capital hacia otros puntos del territorio y la alta circulación vehicular que eso genera ocupa la primera plana noticiosa en los medios de comunicación tradicionales, aunque sea generalmente para referir accidentes, atochamientos y estadísticas (Chile es una angosta tierra concentrada por una sola carretera longitudinal). Si los menos aventajados quedan al margen de esas vacaciones poco formales, pero posibles, es problema de cada uno.

Candidatos a la Presidencia

¿Por qué los chilenos tendrían que molestarse en ir a votar cuando ya serían felices, al menos en lo personal, para elegir entre candidatos y opciones politicas que no querrían, no se atreverían o no podrían alterar tal felicidad? ¿Qué cambios sociales podrían prosperar en un país con una condición ambiental tan individualista?

Las elecciones se han transformado así en un acto más bien reflejo o ingenuo, para algunos, y en una rutina inconducente y fastidiosa, para otros, incluidas las presidenciales.

El ex Presidente Sebastián Piñera aparece como favorito. Es el prototipo del empresario ambicioso, exitoso, admirado, denostado, envidiado… y multimillonario. Su comportamiento ético en permanente cuestionamiento no le ha causado daño y acaba de esquivar una querella por presunta negociación incompatible con una empresa peruana mientras era Jefe de Estado. Es el verdadero candidato del continuismo, aquel del sistema institucional originalmente impuesto por Pinochet. En 2011, cruzada ya la banda presidencial, fue a Estados Unidos para asegurar al empresariado transnacional que “Chile está totalmente comprometido con la economía de libre mercado”. Todos prevén, por lo tanto, lo que haría en un posible segundo gobierno suyo y, especialmente, lo que no haría. No quiere cambiar nada (no lo necesita), sólo “mejorar” algo.

Piñera encabeza las encuestas de opinión y se predispone a representar, una vez más, a los chilenos desde el más alto de los pedestales.

Alejandro Guillier es periodista y actual senador, y se autodefine como continuador de la segunda -y desplomada- administración de Bachelet, caracterizada por propuestas de centroizquierda desarticuladas por procedimientos de centroderecha. Nadie, pese a eso, tiene claro qué haría una vez en La Moneda e incluso tratará de negociar su programa con algunos de sus competidores de la primera vuelta. Ha sido mucho más periodista que político, pero sus sucesivos tropiezos profesionales tampoco le ayudan. Quiere profundizar los cambios ya iniciados, pero no ha dicho cómo.

En los sondeos, mira hacia arriba a Piñera.

Beatriz Sánchez también es periodista, en ejercicio hasta hace menos de un año. Lidera el Frente Amplio, conformado por nuevos grupos de izquierda que quieren cambiar mucho y en forma radical, proponiendo, por ejemplo, una Asamblea Constituyente y el término de las polémicas administradoras privadas de fondos previsionales (AFP), uno de los pilares de la institucionalidad pinochetista. Los encuestados la han bajado tan rápidamente como la habían subido.

Carolina Goic ganó la presidencia de la Democracia Cristiana con aclamación en 2016 y al año siguiente, dividiendo a la gobernante “Nueva Mayoría”, fue proclamada candidata presidencial de ese partido. No quiere cambios, sino “correcciones”. Las mediciones previas no creen en ella y tampoco un sector de sus propios camaradas.

José Antonio Kast postula en forma independiente. Es ultraderechista y pinochetista (sin comentarios).

Marco Enríquez-Ominami, otrora revelación política y hoy venido en menos, ha tenido que pedir a viva voz acuerdos inmediatos con aquellos a cuya derrota contribuyó en 2009. Sigue queriendo cambiar mucho, pero perdió credibilidad.

Alejandro Navarro, senador, quiere también cambiar mucho, pero tampoco puede, y a Eduardo Artés, del Partido Comunista Chileno Acción Proletaria, le gustaría cambiar todo. Miran a los demás desde el fondo de esta lista.

La prensa, a todo esto, no se altera. Tampoco simpatiza con cambios y ante la escasez de ideas o programas políticos que confrontar públicamente, los dimes y diretes han sido muy útiles.

Ni siquiera la franja diaria y gratuita de propaganda electoral por televisión ha salvado la campaña.

Y ante la apatía electoral, algunos candidatos proponen obligar nuevamente a la ciudadanía a votar, bajo pena de sanciones, sin importarles los motivos de ésta. El gen autoritario no desaparece.

La otra arenga de la “Roja”

Permalink 16.10.17 @ 16:30:00. Archivado en Sociedad, 3. Chile, Desarrollo, Deportes

“Ganar como sea” (y aferrarse al reglamento) terminó siendo el lema del proceso futbolístico más exitoso del deporte chileno.

La selección chilena de fútbol –la “Roja”, como se le llama popularmente-, bicampeona de América vigente y finalista de la última Copa Confederaciones, no podrá participar en el campeonato mundial de Rusia de 2018 por no haber alcanzado el puntaje ni el rendimiento necesarios. Un desenlace inesperado, pero acorde con otras realidades.

Aunque ese triunfador conjunto, conformado mayoritariamente, como sus pares, por estrellas de ligas americanas y europeas, así como su clásico, atildado, elogiado y sobre todo asociado juego táctico constituyen un estimulante legado de superación para el deporte en general, costará verlo materializado en su país bajo dirigencias abocadas en las últimas décadas a torneos de escasa competitividad y duración, campeones casi por descarte y de pobre actuación internacional, financiamiento dependiente de la transmisión televisiva y afectadas también por los escándalos judiciales de nivel mundial ya conocidos.

Esa motivación, además, se ve empañada en materia de profesionalismo y comportamiento extradeportivo. Algunos integrantes del plantel, especialmente líderes indiscutidos, vulneraron normas básicas de disciplina, responsabilidad y concentración exigidas por su virtuosa y muy bien remunerada tarea, dañando su imagen personal y la colectiva, pese a lo cual no recibieron sanciones sino apoyo de parte de sus superiores y desde la propia hinchada. Sólo la victoria merecía importancia. Una vez eliminados, hubo recriminaciones públicas y descontroladas.

El aguerrido carácter de la “Roja” tampoco refleja con propiedad la actitud que predomina en este país cuando se trata de expresiones populares más allá del deporte masivo. El interés y el fervor de carácter nacional se circunscriben hace mucho tiempo a la apasionante entretención que brinda ese tipo de competencias. La política, alicaída pero siempre trascendente, ya no requiere grandes principios y propuestas para convencer al electorado necesario y alcanzar así los puestos gubernamentales. Las opiniones y debates sobre temas ideológicos o doctrinales, historia nacional, actuación de sus principales protagonistas o el estado de la cultura patrimonial involucran más bien a expertos y sectores específicos, como ocurrió en el pasado Bicentenario de la República (2010).

Nuevo lema

Los días previos al partido final de las clasificatorias, frente a Brasil, fueron particularmente tensos por una impensada precariedad estadística y futbolística del representativo chileno, no obstante los dos puntos extra obtenidos por secretaría. El deseo unánime en el ambiente era simplemente “clasificar como sea”. La prensa deportiva difundía incluso campañas destinadas a que el combinado brasileño -clasificado hacía rato- diera “una mano” a Chile tratando de no ganarle con el fin de perjudicar indirectamente a su acérrimo rival, Argentina.

El martes 10 amaneció expectante, pero sin mayores gritos, cornetas ni banderas al viento. Una vez sentenciado el fracaso, comenzaron a alzarse voces periodísticas sobre un supuesto “arreglo” del resultado entre jugadores del encuentro Perú-Colombia, cuyo empate contribuía a dejar fuera a Chile (pero no favorecía a Perú si Paraguay hubiera logrado revertir el marcador adverso ante Venezuela). Al día siguiente, esas voces sugerían la esperanza que la FIFA suspendiera a las federaciones involucradas y permitiera a la chilena arribar a suelo ruso aun, como las unidades y goles asignados ante Bolivia, desde fuera de la cancha. Invocaban el estricto reglamento oficial y recordaban pasadas sanciones contra el fútbol nacional para insistir en un eventual castigo a los autores de una “trampa” que, en definitiva, había incidido en la eliminación.

Ganar o clasificar “como sea” terminó siendo la arenga del proceso más exitoso de la historia del balompié chileno. Un legado que, sin embargo, sí calza con el modelo existista, pragmático e individualista de la sociedad que lo incubó, donde lo colectivo es absorbido por una masividad consumista y un ideario económico.

No haber conseguido representación en la cita máxima del deporte más popular del mundo implica sólo un traspié más para el mercado, pero constituye una irreparable frustración para el hincha que todavía valora no tanto la frase olímpica “Lo importante no es ganar sino participar” como el triunfo o la derrota con decoro.

El periodismo se nos está yendo (II)

Permalink 25.09.17 @ 10:00:39. Archivado en 1. Periodismo, 2. Medios, 3. Chile

Estudiantes de periodismo chilenos consideraron el debilitamiento de la ética, la censura y autocensura, y la lógica mercantil imperante en los medios como las mayores amenazas para el ejercicio de esta profesión. Así respondieron mayoritariamente al ser consultados en una investigación interuniversitaria realizada en 2015. Casi una década atrás, otro estudio había advertido que la “devastadora” experiencia laboral de jóvenes periodistas titulados estimula la desilusión “y hasta cierto cinismo” para sobrevivir.

Aunque prima un sentido cívico, educativo y vigilante, el interés estudiantil por el periodismo decae a medida que avanzan en la carrera -agrega el último informe- en favor de las relaciones públicas y la comunicación estratégica.

(Inicio)

La dictadura amplió el acceso a la enseñanza superior durante la década de 1980 impulsando la creación de más planteles privados, lo que aumentó significativamente la oferta educacional. Desde entonces y entrando luego a una transición política, el nuevo sistema ha sumado cuerpos académicos, acogido a gran cantidad de estudiantes, aplicado las correspondientes mallas curriculares, concedido grados académicos y títulos profesionales… y saturado el campo de trabajo. Más aún, no todos sus integrantes han logrado consolidarse institucionalmente y salvar el antiguo prestigio universitario, y al indagar sus investigadores sobre la primera experiencia profesional de sus alumnos, los resultados, especialmente en periodismo, han sido con frecuencia deprimentes.

No es raro. La educación superior moderna en Chile ha operado, pese a los indispensables aportes estatales, dentro del régimen de mercado liberal y lucrativo implantado por los asesores de Pinochet (sólo en 2016 se inició un proceso de gratuidad gradual para los estudios), asumiendo así una lógica ajena a su espíritu original e inmersa en un curioso enclaustramiento, abierto a la demanda estudiantil pero distanciado de la laboral.

Desilusión y “cierto cinismo”

Hace doce años, en 2007, un informe de académicos de la universidad privada Adolfo Ibáñez -Manuel Délano, Karin Niklander y Paula Susacasa- para el Consejo Superior de Educación expuso desalentadores datos y conclusiones sobre “La enseñanza del periodismo y el mercado laboral”. Advertía, por ejemplo, el “devastador” choque de jóvenes titulados contra la realidad en los medios y las empresas de comunicaciones, caracterizada por baja consideración de parte de los empleadores, remuneraciones acordes con eso, subempleo y alta cesantía. Y agregaba:

La situación estimula en estas generaciones de periodistas conductas de desilusión y hasta cierto cinismo, en las dosis necesarias para sobrevivir y enfrentar la cotidianeidad.

Al comentar sus entrevistas cualitativas a ejecutivos y directores de medios y empresas de comunicación, dicho trabajo abordaba el “menor reconocimiento” profesional hacia el periodismo, atribuido por algunos a una “confusión” entre noticia y entrenimiento, reflejado en la intromisión de la farándula y la decadencia de contenidos de la televisión y ciertos medios escritos. Otro afirmó simplemente que el periodismo era un “oficio”, no una profesión liberal.

Como posibles vías de salida, uno de los entrevistados planteó entonces la necesidad de lograr “mayor sintonía” de las carreras de periodismo con el mercado laboral, “para que éstas sepan qué perfil de periodista se requiere y dónde”. Varios apuntaron a otros sectores como alternativas para el ejercicio de esta profesión, mencionando las comunicaciones en general, “emprendimientos personales” –como talleres de periodismo en colegios- y, directamente, el empleo en agencias de publicidad, “algo que las universidades todavía no han advertido”, señala el informe.

Asumiendo dicho diagnóstico, los autores de la investigación recomendaron que la carrera de Periodismo se transformara en un posgrado (magíster), con el fin de lograr en sus alumnos mayor especialización “y comprensión de la realidad” para interpretarla mejor e informar sobre ella, proceso en el cual, añadieron, los periodistas tenían un papel protagónico y “debieran ser los principales interesados en que mejore la empleabilidad propia y de sus colegas”.

Percepción de los estudiantes

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Doce años en PD

Permalink 20.09.17 @ 10:00:34. Archivado en 1. Periodismo, 3. Chile, Blogueo y periodismo ciudadano

En 2005, Periodista Digital, a través de su director, invitaba a crear y alojar un blog personal en sus páginas, “una opción que quizá consideres conveniente”, me decía. Apenas un mes antes, en agosto, yo había subido mi primer intento, “Notas al margen”, muy voluntarioso, aunque de presentación y alcance bastante limitados, de modo que lo estimé conveniente.

Doce años después, sigo aquí, con “Voz del Sur”. La motivación inicial fue la decadencia del ejercicio del periodismo, particularmente en Chile, pero luego derivó en el problema global: el deterioro de la política, la corrupción creciente en sus cultores y la hábil coerción de éstos sobre quienes acuden a las urnas.

¿Por qué escribir, sin embargo, sobre un país considerado desde el exterior como una tranquila y monótona taza de leche comparado con las tormentosas crisis nacionales e internacionales? ¿Por qué hacerlo sobre un país ya familiarizado con los negocios transnacionales que rigen el orbe, dirigido por políticos subordinados sagazmente a ellos y poblado por una mayoría silenciosa que ha terminado eligiéndoles una y otra vez?

Porque el periodismo tampoco se conforma con apariencias de democracia y obliga a todo evento. Ante ambiciones menos deliberantes, intransigentes, idealistas, incómodas y riesgosas, esta profesión ofrece alternativas.

Julio Frank S.

Bachelet tiene prisa… por irse

Permalink 05.09.17 @ 10:00:00. Archivado en 5. Política, 3. Chile, Bachelet

The New York Times se hace eco de un laudatorio artículo sobre la Presidenta de Chile -quien ha anunciado su alejamiento de la política interna- escrito por una corresponsal brasileña en Argentina.

El influyente diario norteamericano The New York Times publicó un artículo titulado “La prisa de Michelle Bachelet”, firmado por Sylvia Colombo, corresponsal para Latinoamérica del periódico brasileño Folha de Sao Paulo, que alaba sin inhibiciones a la gobernante chilena, su proceso “reformista” –que se atreve a asociar con el de Salvador Allende- y su control de la macroeconomía. Destaca sus avances puntuales, especialmente en materia de aborto y gratuidad universitaria, analiza con indulgencia sus dificultades y termina inmortalizándole ante la historia.

Sin embargo, pese a afirmar desde Buenos Aires que “Chile va bien”, la periodista brasileña se pregunta por qué los chilenos no apoyan a su Presidenta como deberían y, en cambio, se manifiestan pesimistas. No se responde.

Como señala, Chile no resiste comparación con vecinos latinoamericanos convulsionados políticamente o en permanente conflicto como Venezuela, Brasil, Colombia, México, Argentina e incluso Perú, a los que ella menciona. Sus niveles de corrupción, terrorismo, narcotráfico y autoritarismo son sustancialmente menores, aunque la violencia aumente en la Araucanía y sus fiscales y jueces asomen como único bastión eficaz ante el desenfadado comportamiento ético-legal de su “clase” política.

Bachelet, efectivamente, no es “populista”… aunque tampoco propiamente socialista, pese a militar en el partido con ese nombre. Ha gobernado con no más que incomodidad dentro del marco constitucional pinochetista que, si bien ha sido mitigado desde 1990, continúa protegiendo la economía neoliberal y la política elitista por sobre los derechos colectivos, particularmente con sus quórum insólitamente altos para las reformas fundamentales. De este modo, sus avances, salvo la gratuidad parcializada en la educación superior, se han referido más bien a derechos de efecto individual o de sectores específicos, como los de la mujer en determinados casos y de los pensionados con ingresos miserables, mientras los trabajadores en general siguen dependiendo de leyes abusivas y los grandes grupos económicos multiplican sin parar sus desorbitadas ganancias.

La actual gobernante puso como reforma prioritaria para su segundo mandato una nueva Constitución, generada en democracia, pero creó un “proceso constituyente” que no fue sino una consulta popular abierta, organizada, coordinada, supervisada y controlada por su gobierno, que revisó las propuestas con el fin de transformarlas discrecionalmente en un proyecto de ley remisible al Parlamento en funciones y en la que sólo participaron… 204 mil personas.

El resultado, después de todo, correspondió a la aprensión que ella misma sentía respecto de la pobre educación cívica que aqueja a sus compatriotas, aunque omitió que ésta se engarzaba con la política desarticuladora del movimiento político-social llevada a cabo por las propias administraciones concertacionistas para reducir la oposición.

Si los gobernantes latinoamericanos en desgracia en Washington hubiesen practicado ese tipo de “socialismo”, otra sería su suerte internacional.

Apuro

Colombo no ahonda en el porqué de la prisa de Bachelet. Quizás ésta se deba a que en marzo próximo podrá cumplir su anuncio de abandonar la política chilena y dejar atrás grandes reformas finalmente a medias o truncas, así como sucesivas crisis de gobierno, el descrédito ético que azota a sus pares, el reinado económico inalterable de las grandes compañías, una desigualdad social mínimamente encarada, violencia regional sin afrontar y una valoración pública que se desplomó de un año a otro.

Una vez de vuelta en el extranjero, y en Estados Unidos en particular, le recibirán nuevamente como –así le define la corresponsal- “la estadista progresista que nunca cayó en el populismo” y “el símbolo de un país que ya cambió”, y como líder de una nación bajo control político y económico, abierta a la inmigración, participante en operaciones humanitarias internacionales y con habitantes pacíficos y emprendedores… aunque con poca memoria ante la corrupción, como sugiere el artículo, y que hoy están dispuestos a cambiar nuevamente hacia un gobierno de derecha.

¿Felicidades?

El periodismo se nos está yendo

Permalink 22.08.17 @ 10:00:46. Archivado en 1. Periodismo, Publicidad, 3. Chile

Periodistas de alta exposición pública, como los conductores de noticias y debates en radio y televisión, han encabezado durante más de diez años la estrategia comercial de informar y publicitar en forma conjunta, incluidos quienes son hoy candidatos presidenciales -uno de ellos, ex presidente del gremio-, no obstante normas éticas históricas e internacionales que velan por los bienes más preciados de esta profesión: independencia y credibilidad.

La audiencia, poco reactiva ante el manejo mediático, pareciera no sentirse perjudicada, como si no constatara todavía la trascendencia de encasillar al periodismo en las exigencias del mercado y debilitar su identidad con la noticia “dura”, de las restricciones legales a la fiscalización del ejercicio profesional y del silencio aprobatorio de los políticos, muchos de ellos cuestionados precisamente por conflictos de interés.

En 2004, dos periodistas y conductoras de noticiarios de la televisión chilena iniciaron un trabajo “extra” como modelos publicitarias contratadas por un banco y una multitienda, respectivamente: Macarena Pizarro (Chilevisión y radio Futuro) y Soledad Onetto (Canal 13). En un reportaje del diario estatal La Nación (15 de enero de 2005), titulado “Se vende. Rostros de noticieros son fichados por casas comerciales”, Pizarro explicó que “cuando Banco (…) quiso asociarse con mi credibilidad, pensé que era el momento de aceptar”, agregando que éste era “el mejor producto para hacer una sociedad” y que no le complicaba porque el contrato dejaba claro que “no se compromete mi trabajo periodístico”. Lo directamente comprometido, sin embargo, era su altamente expuesta y comunicativa imagen pública como informadora de noticias, adquirida estratégicamente por la empresa contratante, como reveló la propia asesora comunicacional de ésta, Gloria Stanley, también periodista y ex conductora de televisión.

Años después, Pizarro publicitaba a una firma internacional de cosméticos en forma paralela e identificándose como periodista, y Onetto coanimaba el popular Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar.

Hoy, conocidos y no tan conocidos periodistas de la plaza, varios de ellos profesores universitarios, han asumido el nuevo “campo laboral” trazado y a diario informan y comentan noticias así como publicitan a los auspiciadores de sus programas en radioemisoras de frecuencia modulada de Santiago. Destacan quienes son o han sido también conductores de noticiarios y debates políticos en televisión, inquisidores de candidatos presidenciales en foros televisivos transmitidos en cadena de canales, directores y editores de prensa, un premio nacional de periodismo –ocasionalmente- y, en particular, dos candidatos a la Presidencia de la República para 2018-2022: Alejandro Guillier y Beatriz Sánchez.

En sus voces se puede o pudo escuchar, indistintamente, informaciones, denuncias y comentarios acerca de la contingencia política, económica, educacional, empresarial, sanitaria, burocrática y delictual, frecuentemente enfocada desde los llamados “estándares éticos”, seguidos por tentadoras ofertas del mercado financiero, previsional, aéreo, inmobiliario, informático, sanitario, automotor, alimentario, gastronómico, hotelero, editorial, farmacéutico, textil, además del universitario, bursátil, turístico, del retail e incluso motivacional. Uno de los periodistas-locutores comerciales advierte que “las actuales exigencias del mercado nos presentan desafíos diariamente”.

Al menos cuatro de esas voces aseguraron hace diez años o más que no harían o no volverían a hacer algo así. “No quiero ser obligado a que, por un auspicio, me metan en algo comercial. No estoy dispuesto a ceder en eso”, declaró entonces Mauricio Hoffmann en el reportaje aludido (microformateado de terceros), de Carla Alonso. Fernando Paulsen explicó a su vez que “no puedo decir: créeme que lo que te estoy diciendo es cierto y, por otra parte, decir créeme que este producto es bueno” e Iván Valenzuela –quien promovió a un auspiciador que después cayó en quiebra- sentenció en Las Ultimas Noticias (18 de noviembre de 2006): “Las personas que estamos en las noticias no deberíamos hacer publicidad”.

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50% de chilenos gana menos de €455

Permalink 01.08.17 @ 10:00:20. Archivado en NOTICIAS, 3. Chile, Sociedad

El 50 por ciento de las personas ocupadas en Chile percibe ingresos menores o iguales a 350.000 pesos, unos 454 euros (538 dólares).

Así lo indica la Encuesta Suplementaria de Ingresos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) correspondiente a 2016, dada a conocer hace algunos días.

El ingreso medio mensual estimado para la población ocupada alcanzó los 517.540 pesos (671 euros), monto máximo para el 71,4 por ciento de los trabajadores.

El 20,5 por ciento, grupo laboral mayoritario en este aspecto, registró entre 200.000 y 300.000 pesos (259 y 389 euros), en contraste con el 9,7 por ciento que obtuvo más de $1.000.000 (1.298 euros) y sólo el 1,2 por ciento con más de $3.000.000.

Para los especialmente interesados, he aquí la encuesta.

Dos días y dos noches sin luz

Permalink 18.07.17 @ 10:00:30. Archivado en NOTICIAS, 3. Chile, Política, Sociedad

Durante la madrugada del sábado 15 cayeron hasta 30 centímetros de nieve sobre las comunas aledañas a la cordillera en el Area Metropolitana de Santiago. La inusual, aunque predicha nevada, la primera desde hacía diez años, produjo la caída de árboles y ramas sobre el tendido eléctrico, y miles de habitantes de esa zona -entre las más populosas y pudientes del país- quedaron sin energía.

Durante más de 48 horas, esos millares de santiaguinos experimentaron el calvario de tener que acompañar con velas y linternas su quehacer doméstico, sufrir con mayor intensidad la cruda temperatura invernal (el termómetro bajo cero grado es pésima noticia aquí), evitar que los alimentos se descompusieran dentro del refrigerador y comunicar su aflicción con los no siempre disponibles aparatos portátiles debidamente energizados ante una emergencia. Lo más dramático fueron los casos de pacientes cuyo tratamiento requiere dispositivos eléctricos diariamente.

Los responsables del suministro –las empresas Enel y CGE- tampoco la pasaron bien. Doce horas después del corte, Enel comunicó a sus clientes y a la ciudadanía que sólo le era posible reponer el servicio en forma parcial y paulatina, aduciendo la complejidad del problema y las arduas condiciones de trabajo, incluyendo la oscuridad nocturna. El domingo, había reducido significativamente el número de afectados, pero todavía no podía anticipar una hora posible para la reposición total.

Ante la crisis, similar a la ocurrida en mayo pasado tras anegamientos por lluvia, las autoridades de gobierno se limitaron a asegurar que iniciarían una investigación y estudiarían eventuales sanciones. Los municipios de Las Condes, Providencia, Vitacura, La Reina, Ñuñoa y Lo Barnechea, en tanto, fueron más prácticos y directos: asumiendo las crecientes protestas públicas de los vecinos, se apuraron en anunciar la presentación de una demanda colectiva.

Privatizada

Enel Distribución es el nuevo nombre de Chilectra (Compañía Chilena de Electricidad), una de las empresas del Estado privatizadas por la dictadura en sus últimos años y actualmente propiedad de un grupo económico transnacional italiano. El principal objetivo supuestamente deseado era dejar a la eficiencia privada la provisión de este servicio esencial -a cambio de condiciones excepcionalmente ventajosas para el adquirente-, aunque el propio ministro de Energía, Andrés Rebolledo, admitió el fin de semana la necesidad de reformar la actual ley de distribución, que data los años ’80. Es decir, proviene también de la dictadura privatizadora.

CGE (Compañía General de Electricidad) es propiedad de un consorcio transnacional español.

La “clase” política suele permanecer callada antes estos escándalos. Fuera de sufrir los propios –otros dos senadores serán formalizados en el caso por presunto financiamiento ilegal de campañas electorales-, está consciente de que la concesión monopólica de los servicios básicos a privados, ojalá transnacionales, sigue siendo uno de los pilares de la institucionalidad vigente. Incluso el ex Presidente y actual candidato a un nuevo mandato, Sebastián Piñera, ha propuesto levantar un museo nacional al período de la postdictadura, una autorreferente idea que ha contagiado a sus históricos socios de la ex Concertación…

Una pesadilla en el Metro (de Santiago)

Permalink 14.06.17 @ 10:00:15. Archivado en Sociedad, 3. Chile

Fue originalmente un sueño. No era muy aerodinámico, pero rápido, amplio y seguro.

Pasaron los años y, entrado 2007, una muchedumbre que huía del debutante e infausto transporte de superficie capitalino se abalanzó hacia sus escalinatas y vagones para no dejarlos jamás, llevando incrustado un riesgo nuevo.

Y se convirtió en una pesadilla, como la de este pasajero que, añorante de esos primeros viajes, protagoniza el siguiente relato docudramático:

Hasta donde él estaba, un sujeto se acercaba rápidamente por el pasillo, voceando algo con sonsonete monótono, pero áspero y portando una pequeña bandeja con golosinas. Decidió alejarse algunos asientos más allá para evitar el molesto vozarrón, pero el individuo seguía caminando hacia donde se había ubicado. Alcanzó a esquivarle, aunque sólo para que continuara anunciando la mercadería, sin miramientos y a viva voz, estacionado a sólo un par de metros.

El incómodo pasajero se dirigíó entonces hacia el otro vagón, justo en el momento en que ingresaban dos sujetos delgados, cargando micrófonos junto a un equipo electrónico, y montaban rápidamente un sonoro y amplificado espectáculo ambulante.

Ofuscado por el mal rato, se encaminó hacia el siguiente carro, donde otros dos vociferantes vendedores informales, uno de linternas y otro de calcetines, se cruzaban en el trayecto y hacían un breve alto para saludarse y preguntarse mutuamente cómo les estaba yendo.

Parecía el único indignado. El resto de los viajeros permanecía más bien indiferente. Varios mantenían la vista clavada en su aparato celular y estaban conectados a sus audífonos –como ausentes de su entorno- y algunos, en cambio, se decidían a aceptar las pequeñas, pero tentadoras ofertas domésticas o a recompensar e incluso aplaudir a los invasivos artistas.

De pronto, un individuo con expresión urgida, vestido con una chaqueta oscura y sosteniendo algo que sobresalía como un bulto bajo ésta y su brazo izquierdo, se subió aceleradamente en una estación, no sin empellones, y apoyó su espalda en las puertas contrarias. Segundos después de reanudada la marcha, gritó:

-¡Va a explotar!

Nuestro protagonista creyó que se le detenía el corazón. Presintió peligro y trató de controlar su alarma. Observó por las ventanas, deseando encontrarse con la próxima parada, y enseguida buscó con la mirada la palanca de emergencia. No pudo ver nada. Sus compañeros de viaje continuaban sin alterarse.

Una mujer a su lado miró (por fin) al sujeto amenazante, buscó en su cartera y extrajo disimuladamente algo que sonó a metálico…

Entonces despertó… Era un monedero.

J.F.S.

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