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¿A qué ciudadanía le hablan?

Permalink 04.06.18 @ 10:00:27. Archivado en 5. Política, Sociedad, 3. Chile, Desarrollo

Marchas y marchas contra abusos y discriminaciones e instituciones fundamentales azotadas por crisis no parecen remecer a la sociedad chilena. La propia población, orientada al consumo, una engañosa prosperidad y ciertos derechos individuales, lo ha hecho posible, postergando sus aspiraciones comunes superiores y dejando su autoridad sobre lo bueno y lo malo al manejo de una “clase” política pragmática, compacta y tributaria de grandes potencias transnacionales.

A mí nadie me hace callar… ¡Estamos en democracia!

La rotunda sentencia podría revelar un acendrado sentido cívico recuperado en Chile tras la dictadura y predominante hoy en este aparentemente estable país. Lo raro fue que su anónimo autor estaba en un salón de lectura de la Biblioteca Nacional y sólo se le había sugerido bajar el alto volumen de su diálogo privado.

En otra oportunidad, un transeúnte que leía los titulares de un periódico en un quiosco destacaba el alza del precio del petróleo, pero cuando otro le indicó uno que se refería a un escándalo político, dio rápidamente media vuelta y se alejó sin responder.

Que en la población chilena impere hoy una sensación extraña y recelosa de democracia no era el deseo, pretensión o aspiración que la mayoría antidictadura –incluyendo políticos- manifestara 30 años atrás para restaurar lo que aún se considera el sistema ideal de gobierno.

Ocurre que después de casi tres décadas de política cupular, organizaciones de la base social desmovilizadas por aquélla, administración estatal atada de manos especialmente en economía y cultura, insólitas granjerías a los negocios multinacionales y compromisos prioritarios con el exterior, a la ciudadanía del siglo XXI le ha quedado meridianamente claro a qué tiene que adherir, qué derechos puede ejercer y qué debe tolerar para poder sobrevivir y relativamente prosperar en un país así reconstruido. Tiene, según esto, que coincidir en que la política es exclusivamente para los políticos; que éstos deben actuar necesariamente bajo la hegemonía globalizadora de las grandes potencias y que la economía, por lo tanto, ha de tratar con privilegios a los grandes capitales foráneos; y que dentro de la variedad de derechos que una democracia auténtica asegura sólo los individuales, aquellos que no disienten o impugnan la institucionalidad y el poder ya en vigor –y que son llamados por éstos, sin embargo, “ciudadanos”- pueden ser aceptables y susceptibles al menos de estudio.

Las tan alabadas movilizaciones sociales de los últimos años así lo confirman.

Movilizaciones a medias

Ha habido demandas estudiantiles por una administración educacional que evite la devoción por el lucro; de jubilados y activos exigiendo su dinero en pensiones dignas a un sistema previsional que lo utiliza para enriquecer a sus administradores; de profesores por una carrera docente acorde con el sentido de la educación; de mujeres que sólo ahora reaccionan contra la discriminación y la violencia de género; de trabajadores que luchan por tener un empleo estable, sueldos decentes y no ser humillantemente despedidos; de pobladores amenazados por la contaminación ambiental proveniente de grandes negocios; de promotores de la diversidad sexual esgrimiendo derechos ya consagrados en otros países. Todas ellas, no obstante, han respirado por su propia herida y demandado soluciones puntuales, sectoriales. Y tales han sido también las respuestas y tramitaciones burocráticas recibidas.

Una salida directa, nacional y de mayor permanencia no ha estado en sus planes. Algunos lo intentaron a través de una larga y esforzada campaña que proponía convocar a una asamblea constituyente que permitiera eliminar el origen común de las inequidades denunciadas –la Constitución pinochetista-, pero el movimiento terminó distorsionado y desechado por los conductores del país, descalificado por el gremio empresarial y apocado por sus dominantes medios de comunicación, todos, con una presunta e interesada ignorancia, adjudicando lo propuesto sólo a naciones en el caos. La soberanía popular, el primero de los derechos democráticos, no está entre lo practicado y enseñado en el país.

Bastó, una vez más, la simple administración de las instituciones modeladas por la dictadura –Tribunal Constitucional y Congreso largamente binominal incluidos- para sofocar y desalentar las grandes manifestaciones de descontento popular, por gigantescas y persistentes que ellas fuesen, y devolver a la opinión pública a su rutinario y poco trascendente debate sobre política de elite y eslóganes, ficción farandulesca y fútbol-espectáculo, lleno de posverdades y lugares comunes, reproducido estratégicamente por los consorcios mediáticos y conducido en buena parte por periodistas anunciadores de ofertas comerciales. Las reivindicaciones y críticas de fondo han quedado para el mundo virtual de las así denominadas “redes sociales”.

Más consumo, más temor

La población, en general, ha observado con cierta distancia los sucesivos y escandalosos casos de corrupción detectados en los últimos años en el país, que han desprestigiado principalmente la política, empresas y grupos económicos de primera línea, la policía uniformada, el Ejército y la Iglesia Católica. En los políticos en ejercicio, a su vez, ha predominado la única respuesta para la cual parecen realmente capacitados: más leyes, más normas que subsanen las ya vulneradas y así sucesivamente (con especial atención a las que les protegen de la competencia de los independientes).

Aun así, comparado con la magnitud de las corruptelas y calamidades desatadas en otros países, Chile podría creerse un edén si no fuera por un “terrorismo” casero, asentado y extendido que le ofrece un cable a tierra: la delincuencia común. Hace algunos días, un joven irrumpió en un hogar para robar, se encontró con una pareja mayor y su hijo enfermo, en cama, y ultimó fríamente a la mujer que se le opuso. Otro delito muy temido es el llamado “portonazo”, asalto perpetrado cuando el conductor de un vehículo se detiene y baja frente al portón de su casa.

Presionada la ciudadanía hacia la búsqueda del sustento diario y el éxito económico cada vez más dependientes del comercio sin control y el consumismo, desconfiada respecto del ejercicio del “arte de gobernar” y con un temor cotidiano a un enemigo desconocido como la delicuencia, la “clase” dirigente chilena siente afianzado un papel casi mesiánico generado en la práctica por el voto popular.

Y tal concesión no proviene solamente de la base.

Fiscalización “respetuosa”

El Ministerio Público chileno pudo llegar hasta los principales líderes nacionales de los últimos diez años -Michelle Bachelet y el actual Presidente, Sebastián Piñera- en su investigación sobre casos de financiamiento ilegal de las campañas, pero un predicamento fiscalizador particularmente “respetuoso” hacia imputados de alto rango político les ha favorecido a priori. En su cuenta pública, el Fiscal Nacional, Jorge Abbott, sostuvo abiertamente que los fiscales debían estar conscientes de que sus decisiones podían “impactar” el funcionamiento de instituciones como el Congreso Nacional y alterar así los quórum de votaciones legislativas y la representación popular misma de sus miembros.

“Mientras los parlamentarios están desaforados, las personas no están representadas y eso altera la democracia”, agregó más tarde en una entrevista radial.

Los fiscales Carlos Gajardo y Pablo Norambuena renunciaron a la institución en enero pasado luego que fueran marginados de la investigación de los casos Penta y SQM, que atraviesan de lado a lado la política local. Gajardo explicó que había “antecedentes claros” para seguir ascendiendo en las pesquisas hasta llegar a la ex Presidenta Bachelet y el actual Presidente Piñera, explicando que el jefe administrativo de la pasada campaña de Bachelet, Giorgio Martelli, ya fue condenado por tales hechos y en el caso de Piñera “su administrador electoral está formalizado por estos hechos por montos bastante semejantes, más de 300 millones de pesos (unos 407 mil euros)”, dijo.

Sólo en diputados del nuevo Frente Amplio -de una izquierda fuera del sistema hasta algunos meses atrás- se percibió alguna reacción, aunque su anuncio sobre una posible solicitud de destitución del Fiscal Nacional sonó tímido…

Tras el monopolio

A salvo hasta ahora de acciones judiciales que podrían ponerla en aprietos como a algunos de sus pares sudamericanos, la “clase” política chilena, aquella unida por una coincidencia ideológica no disimulada entre los herederos de la derecha pinochetista y de la izquierda demo-izquierdista “renovada”, parece especialmente expectante ante la crisis desatada en la Iglesia Católica por los casos de pedofilia. Debilitados la autoridad y los dogmas de la mayor institución occidental en materia de espiritualidad y moralidad, tiene una promisoria oportunidad de alcanzar otra apetecida y decisiva meta: el monopolio terrenal sobre el bien y el mal.

Dado tanto éxito y poder, no resulta imprudente para un chileno de a pie mantenerse a una distancia respetable de su dirigencia política, escucharle de soslayo y dejarle gobernar con cierta libertad, recibir de buena gana los beneficios que le concede como sujeto económico y salir a exigir sus derechos sólo cuando el apremio personal resulte insoportable.

Es otro tipo de ciudadano, aunque sea sólo de nombre…

Julio Frank S.

Universidad de Chile es humillada

Permalink 27.04.18 @ 15:58:55. Archivado en Sociedad, 3. Chile, Desarrollo

Con motivo de la doble goleada (0-7 y 1-6) sufrida por el plantel de la empresa deportivo-comercial que explota el nombre de la Universidad de Chile -la mayor y más antigua y prestigiada institución de educación superior del país-, repito uno de los artículos sobre este tema publicado aquí el 25 de mayo de 2017.

GRITANDO GOLES Y TRIUNFOS PARA OTROS

Dicen que el fútbol es la viva imagen de la sociedad que lo alienta. Pues bien, se celebra en Chile un nuevo título de la empresa comercial que arrienda el nombre de la mayor universidad estatal del país y una de las más prestigiadas de América Latina.

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¿Por qué votar cuando se es feliz y bien gobernado?

Permalink 02.11.17 @ 15:29:10. Archivado en 5. Política, Sociedad, 3. Chile

La mayoría de los chilenos se declara feliz en su vida personal, según un estudio de mercado, y aunque cree que el país, en cambio, no avanza, no está dispuesta a arriesgarse. Sus representantes políticos, tampoco.

El próximo 19 de noviembre, Chile vivirá un nuevo proceso eleccionario presidencial y parlamentario. Eso de “vivir” es un eufemismo, dado el escaso interés por la política ya arraigado en la población chilena y expresado últimamente en un aumento de la abstención, aunque ello no signifique necesariamente un rechazo al sistema imperante. Este parece haber dotado al país de una efectiva inmunidad no sólo ante propuestas de reformas drásticas o “revolucionarias”, sino también ante la creciente corrupción política y las periódicas protestas callejeras.

Más aún, el reciente estudio Chilescopio 2017, realizado por la consultora en investigación de mercados Visión Humana y difundido por Emol (El Mercurio On Line), reveló que si bien el 61 por ciento de los chilenos considera que el país, como tal, no avanza, un porcentaje todavía mayor (64%) se declara “feliz” o “muy feliz” con su vida personal. Su principal temor (53%) se centra en la eventualidad de enfermarse y sólo el 31 por ciento lo atribuye a los problemas económicos. El presente es lo más importante para el 66 por ciento de ellos.

Más allá de la capacidad de consumo y endeudamiento, otro hábito en el estilo de vida, ya extendido e incluso institucionalizado, contribuye a ilustrar ese placentero estatus. Desde el 27 de octubre, a menos de un mes de las elecciones, la fuerza laboral puede disponer de un no muy corto y relativamente relajado período mezcla de asueto y trabajo: de los diez días que concluyen este 5 de noviembre, seis serán no hábiles. Como los fines de semana “largos” establecidos por un nuevo y más generoso calendario oficial de feriados –incluidos días “sandwich”-, ha habido un considerable éxodo (así llamado) familiar y turístico desde la capital hacia otros puntos del territorio y la alta circulación vehicular que eso genera ocupa la primera plana noticiosa en los medios de comunicación tradicionales, aunque sea generalmente para referir accidentes, atochamientos y estadísticas (Chile es una angosta tierra concentrada por una sola carretera longitudinal). Si los menos aventajados quedan al margen de esas vacaciones poco formales, pero posibles, es problema de cada uno.

Candidatos a la Presidencia

¿Por qué los chilenos tendrían que molestarse en ir a votar cuando ya serían felices, al menos en lo personal, para elegir entre candidatos y opciones politicas que no querrían, no se atreverían o no podrían alterar tal felicidad? ¿Qué cambios sociales podrían prosperar en un país con una condición ambiental tan individualista?

Las elecciones se han transformado así en un acto más bien reflejo o ingenuo, para algunos, y en una rutina inconducente y fastidiosa, para otros, incluidas las presidenciales.

El ex Presidente Sebastián Piñera aparece como favorito. Es el prototipo del empresario ambicioso, exitoso, admirado, denostado, envidiado… y multimillonario. Su comportamiento ético en permanente cuestionamiento no le ha causado daño y acaba de esquivar una querella por presunta negociación incompatible con una empresa peruana mientras era Jefe de Estado. Es el verdadero candidato del continuismo, aquel del sistema institucional originalmente impuesto por Pinochet. En 2011, cruzada ya la banda presidencial, fue a Estados Unidos para asegurar al empresariado transnacional que “Chile está totalmente comprometido con la economía de libre mercado”. Todos prevén, por lo tanto, lo que haría en un posible segundo gobierno suyo y, especialmente, lo que no haría. No quiere cambiar nada (no lo necesita), sólo “mejorar” algo.

Piñera encabeza las encuestas de opinión y se predispone a representar, una vez más, a los chilenos desde el más alto de los pedestales.

Alejandro Guillier es periodista y actual senador, y se autodefine como continuador de la segunda -y desplomada- administración de Bachelet, caracterizada por propuestas de centroizquierda desarticuladas por procedimientos de centroderecha. Nadie, pese a eso, tiene claro qué haría una vez en La Moneda e incluso tratará de negociar su programa con algunos de sus competidores de la primera vuelta. Ha sido mucho más periodista que político, pero sus sucesivos tropiezos profesionales tampoco le ayudan. Quiere profundizar los cambios ya iniciados, pero no ha dicho cómo.

En los sondeos, mira hacia arriba a Piñera.

Beatriz Sánchez también es periodista, en ejercicio hasta hace menos de un año. Lidera el Frente Amplio, conformado por nuevos grupos de izquierda que quieren cambiar mucho y en forma radical, proponiendo, por ejemplo, una Asamblea Constituyente y el término de las polémicas administradoras privadas de fondos previsionales (AFP), uno de los pilares de la institucionalidad pinochetista. Los encuestados la han bajado tan rápidamente como la habían subido.

Carolina Goic ganó la presidencia de la Democracia Cristiana con aclamación en 2016 y al año siguiente, dividiendo a la gobernante “Nueva Mayoría”, fue proclamada candidata presidencial de ese partido. No quiere cambios, sino “correcciones”. Las mediciones previas no creen en ella y tampoco un sector de sus propios camaradas.

José Antonio Kast postula en forma independiente. Es ultraderechista y pinochetista (sin comentarios).

Marco Enríquez-Ominami, otrora revelación política y hoy venido en menos, ha tenido que pedir a viva voz acuerdos inmediatos con aquellos a cuya derrota contribuyó en 2009. Sigue queriendo cambiar mucho, pero perdió credibilidad.

Alejandro Navarro, senador, quiere también cambiar mucho, pero tampoco puede, y a Eduardo Artés, del Partido Comunista Chileno Acción Proletaria, le gustaría cambiar todo. Miran a los demás desde el fondo de esta lista.

La prensa, a todo esto, no se altera. Tampoco simpatiza con cambios y ante la escasez de ideas o programas políticos que confrontar públicamente, los dimes y diretes han sido muy útiles.

Ni siquiera la franja diaria y gratuita de propaganda electoral por televisión ha salvado la campaña.

Y ante la apatía electoral, algunos candidatos proponen obligar nuevamente a la ciudadanía a votar, bajo pena de sanciones, sin importarles los motivos de ésta. El gen autoritario no desaparece.

La otra arenga de la “Roja”

Permalink 16.10.17 @ 16:30:00. Archivado en Sociedad, 3. Chile, Desarrollo, Deportes

“Ganar como sea” (y aferrarse al reglamento) terminó siendo el lema del proceso futbolístico más exitoso del deporte chileno.

La selección chilena de fútbol –la “Roja”, como se le llama popularmente-, bicampeona de América vigente y finalista de la última Copa Confederaciones, no podrá participar en el campeonato mundial de Rusia de 2018 por no haber alcanzado el puntaje ni el rendimiento necesarios. Un desenlace inesperado, pero acorde con otras realidades.

Aunque ese triunfador conjunto, conformado mayoritariamente, como sus pares, por estrellas de ligas americanas y europeas, así como su clásico, atildado, elogiado y sobre todo asociado juego táctico constituyen un estimulante legado de superación para el deporte en general, costará verlo materializado en su país bajo dirigencias abocadas en las últimas décadas a torneos de escasa competitividad y duración, campeones casi por descarte y de pobre actuación internacional, financiamiento dependiente de la transmisión televisiva y afectadas también por los escándalos judiciales de nivel mundial ya conocidos.

Esa motivación, además, se ve empañada en materia de profesionalismo y comportamiento extradeportivo. Algunos integrantes del plantel, especialmente líderes indiscutidos, vulneraron normas básicas de disciplina, responsabilidad y concentración exigidas por su virtuosa y muy bien remunerada tarea, dañando su imagen personal y la colectiva, pese a lo cual no recibieron sanciones sino apoyo de parte de sus superiores y desde la propia hinchada. Sólo la victoria merecía importancia. Una vez eliminados, hubo recriminaciones públicas y descontroladas.

El aguerrido carácter de la “Roja” tampoco refleja con propiedad la actitud que predomina en este país cuando se trata de expresiones populares más allá del deporte masivo. El interés y el fervor de carácter nacional se circunscriben hace mucho tiempo a la apasionante entretención que brinda ese tipo de competencias. La política, alicaída pero siempre trascendente, ya no requiere grandes principios y propuestas para convencer al electorado necesario y alcanzar así los puestos gubernamentales. Las opiniones y debates sobre temas ideológicos o doctrinales, historia nacional, actuación de sus principales protagonistas o el estado de la cultura patrimonial involucran más bien a expertos y sectores específicos, como ocurrió en el pasado Bicentenario de la República (2010).

Nuevo lema

Los días previos al partido final de las clasificatorias, frente a Brasil, fueron particularmente tensos por una impensada precariedad estadística y futbolística del representativo chileno, no obstante los dos puntos extra obtenidos por secretaría. El deseo unánime en el ambiente era simplemente “clasificar como sea”. La prensa deportiva difundía incluso campañas destinadas a que el combinado brasileño -clasificado hacía rato- diera “una mano” a Chile tratando de no ganarle con el fin de perjudicar indirectamente a su acérrimo rival, Argentina.

El martes 10 amaneció expectante, pero sin mayores gritos, cornetas ni banderas al viento. Una vez sentenciado el fracaso, comenzaron a alzarse voces periodísticas sobre un supuesto “arreglo” del resultado entre jugadores del encuentro Perú-Colombia, cuyo empate contribuía a dejar fuera a Chile (pero no favorecía a Perú si Paraguay hubiera logrado revertir el marcador adverso ante Venezuela). Al día siguiente, esas voces sugerían la esperanza que la FIFA suspendiera a las federaciones involucradas y permitiera a la chilena arribar a suelo ruso aun, como las unidades y goles asignados ante Bolivia, desde fuera de la cancha. Invocaban el estricto reglamento oficial y recordaban pasadas sanciones contra el fútbol nacional para insistir en un eventual castigo a los autores de una “trampa” que, en definitiva, había incidido en la eliminación.

Ganar o clasificar “como sea” terminó siendo la arenga del proceso más exitoso de la historia del balompié chileno. Un legado que, sin embargo, sí calza con el modelo existista, pragmático e individualista de la sociedad que lo incubó, donde lo colectivo es absorbido por una masividad consumista y un ideario económico.

No haber conseguido representación en la cita máxima del deporte más popular del mundo implica sólo un traspié más para el mercado, pero constituye una irreparable frustración para el hincha que todavía valora no tanto la frase olímpica “Lo importante no es ganar sino participar” como el triunfo o la derrota con decoro.

Una pesadilla en el Metro (de Santiago)

Permalink 14.06.17 @ 10:00:15. Archivado en Sociedad, 3. Chile

Fue originalmente un sueño. No era muy aerodinámico, pero rápido, amplio y seguro.

Pasaron los años y, entrado 2007, una muchedumbre que huía del debutante e infausto transporte de superficie capitalino se abalanzó hacia sus escalinatas y vagones para no dejarlos jamás, llevando incrustado un riesgo nuevo.

Y se convirtió en una pesadilla, como la de este pasajero que, añorante de esos primeros viajes, protagoniza el siguiente relato docudramático:

Hasta donde él estaba, un sujeto se acercaba rápidamente por el pasillo, voceando algo con sonsonete monótono, pero áspero y portando una pequeña bandeja con golosinas. Decidió alejarse algunos asientos más allá para evitar el molesto vozarrón, pero el individuo seguía caminando hacia donde se había ubicado. Alcanzó a esquivarle, aunque sólo para que continuara anunciando la mercadería, sin miramientos y a viva voz, estacionado a sólo un par de metros.

El incómodo pasajero se dirigíó entonces hacia el otro vagón, justo en el momento en que ingresaban dos sujetos delgados, cargando micrófonos junto a un equipo electrónico, y montaban rápidamente un sonoro y amplificado espectáculo ambulante.

Ofuscado por el mal rato, se encaminó hacia el siguiente carro, donde otros dos vociferantes vendedores informales, uno de linternas y otro de calcetines, se cruzaban en el trayecto y hacían un breve alto para saludarse y preguntarse mutuamente cómo les estaba yendo.

Parecía el único indignado. El resto de los viajeros permanecía más bien indiferente. Varios mantenían la vista clavada en su aparato celular y estaban conectados a sus audífonos –como ausentes de su entorno- y algunos, en cambio, se decidían a aceptar las pequeñas, pero tentadoras ofertas domésticas o a recompensar e incluso aplaudir a los invasivos artistas.

De pronto, un individuo con expresión urgida, vestido con una chaqueta oscura y sosteniendo algo que sobresalía como un bulto bajo ésta y su brazo izquierdo, se subió aceleradamente en una estación, no sin empellones, y apoyó su espalda en las puertas contrarias. Segundos después de reanudada la marcha, gritó:

-¡Va a explotar!

Nuestro protagonista creyó que se le detenía el corazón. Presintió peligro y trató de controlar su alarma. Observó por las ventanas, deseando encontrarse con la próxima parada, y enseguida buscó con la mirada la palanca de emergencia. No pudo ver nada. Sus compañeros de viaje continuaban sin alterarse.

Una mujer a su lado miró (por fin) al sujeto amenazante, buscó en su cartera y extrajo disimuladamente algo que sonó a metálico…

Entonces despertó… Era un monedero.

J.F.S.

Gritando goles y triunfos para otros

Permalink 25.05.17 @ 10:00:16. Archivado en Sociedad, 3. Chile, Desarrollo

Dicen que el fútbol es la viva imagen de la sociedad que lo alienta. Pues bien, se celebra en Chile un nuevo título de la empresa comercial que arrienda el nombre de la mayor universidad estatal del país y una de las más prestigiadas de América Latina.

El club deportivo de la Universidad de Chile se constituyó hace nueve décadas precisamente como eso: una agrupación de deportes conformada por miembros acogidos por ese plantel de educación superior, el más antiguo del país (1842). Durante la década de 1960, mientras su equipo de fútbol alcanzaba el esplendor convirtiéndose en el llamado “Ballet Azul” y atraía a todos los estratos, su alma mater había extendido su conocimiento y docencia por el territorio nacional y era, más que nunca, la institución intelectual y social mejor estimada del país.

Sobrevino el golpe de estado, y tanto lucimiento y popularidad inquietaron a la dictadura. La Universidad fue intervenida, despojada de sus sedes regionales y exonerados por motivos políticos muchos de sus académicos. El club deportivo entró en una etapa de inestabilidad, no volvió a ser campeón sino después de 25 años e incluso descendió de categoría en 1988. Pareció renacer después de Pinochet, pero la Universidad -a la que las entrantes autoridades civiles no restituyeron su antigua jurisdicción- ya había disuelto su principal expresión deportiva y ésta funcionaba como una corporación autónoma.

La pérdida de su patrocinador histórico no significó, sin embargo, el fin para la Corporación de Fútbol Profesional de la Universidad de Chile (Corfuch). Este se fraguó en los salones políticos, donde los nuevos contertulios, viejos y jóvenes, coincidieron en mirar de preferencia hacia las oficinas de negocios y la economía internacional como fundamento de la “estabilidad” interna y no los deseos de participación de sus electores en las actividades que debía ofrecer la democracia recuperada. Terminaron aprobando, años más tarde, una ley que permitía transformar a los clubes o corporaciones deportivas en las teóricamente eficientes y productivas sociedades anónimas.

Derechización de lo popular

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Enmudecidos (aún) ante el chileno más poderoso

Permalink 26.04.17 @ 10:00:19. Archivado en 5. Política, Sociedad, 3. Chile, El Mercurio

Murió el magnate que, sin recibir votos ni empuñar personalmente armas, consiguió que la sociedad chilena fuera encauzada según sus particulares intereses y lo aceptara sin chistar: Agustín Edwards Eastman.

Una mudez intranquila reinaba en este alargado territorio austral, atravesando políticos de diverso estatus, empresarios concentrados o independientes, medios de comunicación convencionales y, por consecuencia, al transeúnte anónimo. Agustín Edwards Eastman, el magnate de las comunicaciones más influyente en el curso de la política y la sociedad chilenas del último medio siglo, ya no podía estar en pie a sus 89 años de edad y se encontraba en estado de coma inducido. Contrariamente a lo que ocurre con los grandes personajes, esta vez la noticia no se “viralizó” hacia a los medios tradicionales, donde no hubo siquiera alusiones, y cuando falleció –el pasado lunes 24-, sólo las insustituibles redes sociales subieron el tono. Emol.com, el hijo cibernético de El Mercurio, publicó la noticia sólo al día siguiente y deshabilitó los (habitualmente ácidos y agresivos) comentarios para los visitantes.

No se trata de un chileno cualquiera. Cuando Pinochet y sus fuerzas golpistas bombardeaban la sede de gobierno el 11 de septiembre de 1973 y anticipaban una dictadura de ferocidad desconocida en Chile, tres años antes Edwards Eastman había ido a Estados Unidos a alertar sobre el peligro de un régimen marxista en el cono sur americano. Mientras el periodismo “de trinchera”, agresivo y confrontacional, desaparecía arrasado por las balas, El Mercurio, su gran empresa periodística, era liberado de una amenaza y comenzaba a saborear el negocio aparentemente fácil de un monopolio impuesto y seguro. Y cuando, en los años finales de la dictadura, se creía que el decano de la prensa nacional, fruto de una inminente quiebra, caería en manos del Estado justamente cuando éste iba a ser administrado por los vencedores de Pinochet en el plebiscito, el propio dictador le tendió una mano no sólo para salvarlo, sino también para asegurar su prosperidad futura.

Siempre un paso delante de los demás; siempre con una carta favorable lista para ser jugada oportunistamente.

Sus políticos

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Cansados de Chile

Permalink 04.04.17 @ 10:00:45. Archivado en 5. Política, Sociedad, 3. Chile

“Mi país cansa, especialmente
a personas como yo, acostumbradas a decir lo que piensan. Es un país frustrado y peleador”, escribió una periodista que regresa a Chile después de dos años. No sólo políticos inescrupulosos y empresarios rapaces son responsables; el chileno de a pie también aporta.

Para mostrar lo “autocrítico” que puede ser también su discurso, los políticos dirigentes, sobre todo cuando están en campaña, recurren majaderamente a lugares comunes tales como “abusos” del empresariado, “desencanto” popular de la política, “confianzas” perdidas y necesidad de “reencantamiento” de la ciudadanía. Evitan así reflejar lo que realmente perciben, pues eso les basta ante electores tan evasivos como ellos. En la otra cara, sin embargo, hay mensajes que, aparentemente apocalípticos, apuntan a los verdaderos obstáculos y tropiezos que se oponen a una mejor calidad de vida para los chilenos y dan un paso imprescindible hacia un correcto diagnóstico.

“Cansada” de los actuales vicios, malas prácticas y limitaciones arraigadas en este largo territorio, desde gobernantes y magnates hasta el anónimo transeúnte, una periodista chilena, Pepa Valenzuela, publicó un extenso artículo en el diario electrónico El Mostrador, titulado “Me cansé de Chile”. En él vierte ácidas críticas sobre el comportamiento social en el Chile del siglo XXI y reconoce que retorna al país con inevitable inquietud, después de dos años de estudios en una nación desarrollada.

Se queja particularmente del frecuente trato vejatorio contra la mujer
–del cual refiere algunas vivencias personales-, pero también de la displicencia y amoralidad reinante en los políticos, la banalidad liderada por la televisión, los prejuicios socioeconómicos y artimañas laborales extendidos sin distinción de estrato, la depredación empresarial legalizada, la violencia tanto callejera como cibernética, la permisividad de los padres en la educación de sus hijos y el clima confrontacional entre sus compatriotas.

En otras palabras, demasiada avidez y no precisamente intelectual.

“Lo que asusta de Chile es la pérdida de sentido común, la poca capacidad argumentativa. Mucha gente no sabe pensar o sostener un argumento. O pedir algo sin gritar”, advierte.

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Bachelet hará bien con irse

Permalink 23.01.17 @ 10:00:22. Archivado en 5. Política, Sociedad, 3. Chile, Bachelet

La dos veces Presidenta de Chile y fenómeno electoral chocó contra una oposición “perfecta”: aliados divididos por sus reformas, institucionalidad contraria a los cambios profundos y todavía pinochetista, “clase” política desprestigiada y perseguida judicialmente -aunque no por eso deprimida-, un escándalo que le compromete familiarmente, electores volubles al primer tropiezo al menos en las encuestas, un proceso llamado constituyente y renuencia propia a asumir el costo personal de su propuesta.

“Obviamente, está absoluta y totalmente descartado continuar en la política chilena, desde el punto de vista de cargos de representación. Ya es suficiente”, anunció semanas atrás la Presidenta Michelle Bachelet, quien hace sólo tres años se cansó de ganar elecciones y quería cambiar Chile. Si la causa es la invencible resistencia a sus reformas, el escándalo judicial de su nuera y la pérdida de apoyo en la opinión pública, probablemente la posibilidad de volver a su exitosa carrera internacional -un atractivo común a los políticos nacionales de alto rango- le devuelve el entusiasmo.

El pasado lunes 16, Bachelet recibió las llamadas “Bases ciudadanas para una nueva Constitución”, acto previo al envío de dos proyectos de ley, uno que contendrá el texto de una Carta Magna y otro que habilitará al Congreso para fijar el mecanismo de tramitación. Está consciente, sin embargo, de que este nuevo intento, el más trascendente de su programa de gobierno, podría tener peor suerte aún que los anteriores.

Ella misma partió descalificando en privado la capacidad de la ciudadanía chilena para asumir con conocimiento y determinación la complicada tarea de definir un texto constitucional, tanto en su contenido como en su forma. Ante eso, creó un procedimiento simplista, restrictivo y controlado por el gobierno. Promovió la idea del derecho popular constituyente pero no se jugó por ella; comentó públicamente su conveniencia, pero no impulsó su difusión y debate masivos, especialmente a través de los medios de comunicación. Aunque reconoció en su programa que definir el contenido de una nueva Constitución “corresponde al pueblo en su conjunto”, dejará la decisión previa más importante, el cómo será redactada, a criterio del Congreso -el actual y el próximo-, a sabiendas de que la oposición de derecha no está interesada en el tema y se marginó del proceso, y que dentro de su propia coalición, la “Nueva Mayoría”, no existe consenso al respecto.

Como sus partidarios y asesores lo saben sin decirlo, su “proceso constituyente” nunca fue tal, sino un mero plan gubernamental diseñado para obtener opiniones populares más o menos procesadas, que permitieran declarar pomposamente que “se escuchó a la ciudadanía” antes de encargarse de la redacción unilateral del texto, para luego delegar la responsabilidad en los parlamentarios.

Vergüenza

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Un pueblo, 100 años y José Antolín Silva Ormeño

Permalink 01.01.17 @ 04:00:00. Archivado en Sociedad, 3. Chile, Historia

Balmaceda, el primer poblado de Aysén,
ha cumplido su primer centenario. Su peculiar y adelantado fundador encaró a las autoridades y concesionarios de tierras estatales de la época para advertirles que no sería obra de éstos sino de los pobladores.

Con políticos tan concentrados en ellos mismos
y ciudadanos impelidos a hacer lo propio, no es difícil que un poblado pequeño sea pasado por alto aunque haya sido el primero que quiso ser ciudad en una de las zonas geográficas más extensas, ricas, aisladas y postergadas de Chile. Enclavado en el flanco fronterizo de la región de Aysén, Balmaceda cumple 100 años este 1 de enero de 2017.

Denominado así en memoria de un Presidente tan visionario como malogrado, en esa localidad, hoy con medio millar de habitantes e identificada habitualmente por su aeropuerto internacional y su aduana, un día de Año Nuevo surgieron los primeros intentos urbanizadores en una hermosa comarca continental cuyos bosques herméticos, profundos lagos, cerros de curiosa morfología, ríos de original curso y lluvia, mucha lluvia, y nevazones se oponían al ajetreo humano.

A esa altura de la historia nacional, la Trapananda, como se le conocía desde la Colonia, era un territorio que no podía aspirar a más que a ser leyenda –como la llamada “Ciudad de los Césares”-, pues incluso prohombres del siglo XIX, como Vicuña Mackenna, Lastarria y Barros Arana, le habían bajado el pulgar con sentencias a primera vista sobre su importancia económica y geopolítica, las que tuvieron su correspondencia en la pérdida chilena de la inmensa Patagonia Oriental ante Argentina e impusieron una actitud oficial pesimista frente a ese país en materia limítrofe.

En ese ambiente inhóspito, tanto geográfico como político, surgió impensadamente un hombre que, enarbolando la enseña de la chilenidad y los derechos sociales, decidió encabezar un grupo de compatriotas que regresaban a su país y construir una ciudad con las condiciones urbanísticas de rigor y muy cercana a la nueva frontera.

Conquistador y líder

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Hablemos algo de radio, maestro

Permalink 31.12.16 @ 00:00:00. Archivado en Sociedad, 3. Chile, Historia

Raúl Matas conquistó con su voz, acento, calidez y distinción frente al micrófono a las audiencias de Chile, España. Estados Unidos y otros países durante casi toda su larga vida, sellada hace doce años.

Se despidió para siempre la noche de un 31 de diciembre, después de más de 60 años frente al micrófono en Chile, Estados Unidos, España, Argentina, Perú y Uruguay. Fue locutor, libretista y director de radio, periodista, animador de televisión y, sobre todo, el primer discjockey (programador y comentarista de discos) y locutor-estrella de la radiodifusión chilena.

Raúl Matas Esteban nació en Lanco, provincia de Valdivia, en 1921, casi al unísono con este medio de comunicación (1922 en Chile). Era hijo de padre español y madre descendiente de españoles.

Se inició profesionalmente en 1939 en radio Cooperativa Vitalicia, aunque ya había participado en audiciones de talentos en emisoras de Valdivia y Concepción.

En 1941 se puso al lado de otro gigante de la animación radial, Renato Deformes, para secundarle en la conducción de un programa de concursos que hizo historia: “Doble o Nada”. Fue también actor de radioteatro.

Tres años más tarde era animador, codirector y productor en radio Prat y fue en 1946 que creó y comenzó a conducir el programa de difusión y orientación sobre música popular que llevaría su impronta y le pondría tempranamente en la historia radial del país: “Discomanía”. El espacio partió en radio Corporación, pasó a radio Minería en 1947 y continuó ininterrumpidamente -con Ricardo García a contar de 1955- durante 25 años.

En el intertanto, coanimó “Las Estrellas Se Reúnen”, junto a Mirella Latorre; “Colmao Llodrá”, trampolín de muchos artistas, y “La Tía Emilia”. Fue director artístico de radios Corporación y Minería, y actuó en los programas de humor satírico “Topaze en el Aire” y “Bar Radiogenina”, entre otras audiciones de la “Epoca de Oro” de la radiotelefonía nacional.

En 1954 asumió la dirección de radio Bulnes y al año siguiente inició su largo y exitoso periplo internacional. Fue locutor de radio WRUL de Estados Unidos para América Latina desde 1955, animador de una versión de “Discomanía” en radio Madrid, reproducida además en numerosas emisoras hispanoamericanas; corresponsal de prensa en España, locutor en radios El Mundo, Belgrano y Splendid de Argentina, y también en Uruguay, Perú y México.

Emoción y orgullo

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Querella contra sistema previsional chileno

Permalink 19.12.16 @ 10:00:59. Archivado en NOTICIAS, 3. Chile, Desarrollo

Una querella por “distracción de fondos” en contra de las administradoras previsionales, apoyada por la Coordinadora Nacional de Trabajadores “No Más AFP”, presentaron dos funcionarias de la Universidad de Chile en el Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago luego que, como cotizantes en el Fondo E, sufrieran pérdidas por hasta dos millones de pesos durante noviembre.

El Fondo E, supuestamente el “más conservador”, según la propia denominación del sistema, registró pérdidas totales superiores a los 1.100 millones de dólares y precisamente algunas semanas después de que el movimiento social de protesta llamara a los afiliados a cambiarse a esa clasificación, donde se encuentran los cotizantes próximos a jubilar.

Muchos jubilados chilenos reciben pensiones apenas superiores a los 100 mil pesos (unos 150 euros).

El abogado de las querellantes, Luis Toro, exigió a las administradoras explicar qué maniobras de colocación de valores se realizó para generar tal pérdida, considerando además que el 95 por ciento del Fondo E es de renta fija.

Otros fondos supuestamente menos riesgosos ante los vaivenes financieros, el C y el D, también registraron fuertes y súbitas caídas, elevando el perjuicio a más de 3.200 millones de dólares y afectando al 72,8 por ciento de los activos previsionales administrados.

La ley

Inquirida al respecto la ministra del Trabajo de Bachelet, Alejandra Krauss (DC), se limitó a citar el derecho a petición y el cumplimiento de la ley. El sistema previsional privado chileno fue impuesto en 1980 por decreto ley de una junta militar de gobierno, poco antes de la promulgación de la Constitución Política del Estado todavía vigente y, a diferencia de ésta, fue asumido en plenitud por los gobiernos de la Concertación. Ante las gigantescas protestas nacionales en 2016, la Presidenta ha replicado anunciando una nueva AFP, esta vez estatal.

Los ahorros previsionales de los trabajadores chilenos, administrados por empresas privadas nacionales y transnacionales, sumaban ya 170 mil millones de dólares a noviembre pasado, el 70 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del país, según informe de la Superintendencia de Pensiones. Superaban, junto a los de países desarrollados, el promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), que no alcanza el 50 por ciento. Hace algunos días, además, y pese a un dictamen adverso de la Contralogía General de la República y denuncias parlamentarias, la superintendencia del ramo volvió a validar la fusión de dos AFP con otras tantas supuestamente ficticias y que significó al Estado la pérdida de 410 millones de dólares por concepto de impuestos.

Las AFP registran más de diez millones de afiliados en un país de 17 millones de habitantes, pero de aquéllos sólo cotiza el 50 por ciento. La causa es otra gran y muy poco navideña relación: la inequidad en el empleo.

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