¡Ahora quieren nuestros órganos!
21.02.12 @ 10:00:56. Archivado en 5. Política, Sociedad, 3. Chile
No conformes con privar a los chilenos de gran parte de los bienes públicos, los “pragmáticos” políticos dirigentes intentan ahora estatizar el bien más personal -los órganos vitales-, contrariando la opinión de involucrados y transformando un acto voluntario y sublime como la donación en una carga inhumana.
Avanza en el Parlamento una modificación a la ley que obliga a todos los mayores de 18 años, sin excepción, a ser potenciales donantes de sus vísceras a menos que se nieguen expresamente. En este caso, ya no bastará declararlo en el Registro Civil sino que será necesario obtener un documento notarial, que podría tener un costo individual de $2.000 (4 dólares).
La iniciativa es impulsada por parlamentarios tanto de gobierno como de oposición –varios de ellos, médicos- ante la dramática falta de donantes en casos de vida o muerte. Sin embargo, no entusiasma a los involucrados en el tema ni convence como expresión de sensibilidad y altruismo.
La actual situación política y social no ayuda a este autoritario plan. No hubo información adecuada ni debate ciudadano para la aprobación de la ley en 2010 ni los ha habido para la modificación que los legisladores proyectan ahora. Peor aún, se ha anunciado una “campaña de difusión” para abril próximo, es decir, sólo cuando la nueva normativa ya esté probablemente en vigencia.
Proyecto desafortunado
La Corporación Nacional del Transplante, institución privada sin fines de lucro e interlocutor del Ministerio de Salud en esta materia, precisó desde el comienzo que se debe consultar a la familia en una decisión de esta naturaleza. Recordó que en Argentina, por ejemplo, “hubo tantos reclamos que tuvieron que deshacer lo que pretenden hacer acá”, explicó la encargada de Comunicaciones, María Julia Muñoz, en un reportaje de la propia Biblioteca del Congreso Nacional.
En Argentina, la donación de órganos aumentó un 36% en el primer semestre de 2011 en comparación con igual período de 2010, según datos presentados en junio pasado por el ministro de Salud, Juan Manzur, y el presidente del Instituto Nacional Central Unico Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI), Carlos Soratti.
El ministro trasandino atribuyó ese logro a la solidaridad del pueblo argentino, “que es altruista cuando se lo convoca, al trabajo incansable del INCUCAI, bajo la gestión de Soratti, y a esa red fenomenal de coordinadores y equipos de salud, de héroes anónimos que día y noche trabajan para dar vida y amor”, afirmó.
En Chile, en cambio, más de dos millones de personas han manifestado ante el Registro Civil, desde la promulgación de la nueva ley, su deseo de no ser donantes de órganos.
La familia, siempre
Hace algunos días, luego que el diputado y médico Víctor Torres pidiera urgencia al proyecto en trámite tras el caso del enfermo José Cruzat, el gerente general de la Corporación del Trasplante, Ernesto Palm, fue categórico:
“Los donantes de órganos no aumentarán con la sola modificación de este cuerpo legal, más bien es un ‘incentivo’ para aquellos que no están de acuerdo con la donación de órganos”, escribió en una carta a un diario de Santiago. “Basta ver la gran cantidad de comentarios negativos a esta nueva propuesta que se ha producido en las redes sociales; son muchos los que creen que esta nueva propuesta hará más difícil y engorroso el expresar la voluntad de no ser donante”.
Advierte que “si seguimos en esta senda puede que tengamos aún un porcentaje más alto de la población que crea que es necesario torcerle la voluntad a la ley”.
Para el ejecutivo, “debemos permitir que las personas que no se sientan llamadas a esta Cruzada lo puedan expresar; todos aquellos que hemos trabajado en esta actividad por más de 20 años desde la Corporación del Trasplante tenemos claro que SIEMPRE es la familia del potencial donante su garante definitivo; ningún equipo médico tomará decisiones en forma autónoma sin contar con la autorización de esa familia; esta instancia ocurre para todo acto médico que involucre la decisión del paciente”.
Palm sostiene que no hay que “asustarse” por el actual número de no donantes: “Nuestro rol debe ser el del educador, formador, integrador y demostrar mediante el restablecimiento de las confianzas que las aprensiones en este aspecto no caben. Siempre hemos manifestado que los donantes aumentarán en la medida en que logremos internalizar la ‘cultura de la donación’ básicamente a través de campañas dirigidas a desmitificar aquellas ‘leyendas urbanas’ que hoy abundan sobre la donación y los trasplantes”.
¡Somos personas!
Un visitante de la página web de la Biblioteca del Congreso comentó airadamente: “Nuestros cuerpos son nuestros. El Estado no tiene derecho a pretender que nuestros órganos le pertenecen. No somos piñatas, que cuando se mueren dejan un ‘premio’: ¡¡¡SOMOS PERSONAS!!! (sic). Y ya vendría siendo hora de que el Estado lo entienda así”.
Considerando que este potencial “donante universal” ya es esquilmado por las condiciones de empleo, ingresos, endeudamiento, previsión, educación, atención de salud, transporte público, así como de uso de los recursos naturales, medios de comunicación, sistema de elecciones, leyes fundamentales e incluso expresiones deportivas, obligarle a donar sus órganos internos es un agregado simplemente macabro.
Si los políticos dirigentes, que han negociado sin ruborizarse los principales bienes públicos de los chilenos, quieren ver más actos voluntarios, generosos y sublimes como las donaciones que salvan vidas, que partan no sólo por dar el ejemplo, sino especialmente por hacer un país menos individualista e incondicional del dinero.
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Julio Frank Salgado
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