Políticos cuestionados intentan negociar una Constitución
16.01.12 @ 10:00:25. Archivado en 5. Política, 3. Chile, Constitución, Asamblea Constituyente
Después de un año 2011 lleno de protestas masivas y encuestas contrarias a los políticos dirigentes y la institucionalidad pinochetista, el Senado chileno ha aprobado en silencio –sin debatirlo públicamente- la conformación de una comisión parlamentaria que estudie y proponga una nueva Constitución Política, atribuyéndose un poder constituyente que la ciudadanía no le ha otorgado.
Pese a que los propios patrocinantes del proyecto de acuerdo admiten que esta es materia de una Asamblea Constituyente, se excusan por no recurrir a ella -según informa el sitio web institucional- arguyendo que demandaría una discusión demasiado larga y difícil.
Una explicación inaceptable si se recuerda que, desde la derrota plebiscitaria de Pinochet en 1988, todo el proceso de transición se ha realizado sobre la base de la “política de los consensos”, esto es, negociaciones político-constitucionales entre la Concertación y el sector heredero de la dictadura, que ha rechazado las reformas de fondo.
Los votos senatoriales de mayoría desautorizan no sólo acuerdos partidarios oficiales, como el del Partido Socialista (PS), cuyo congreso nacional de 2011 determinó promover una Asamblea Constituyente, sino también a los propios jefes de bancada de diputados opositores, que presentaron en julio pasado un proyecto de reforma constitucional para establecer esa institución en Chile.
Contribuyen a ello incluso senadores independientes como Alejandro Navarro, quien incorporó tal propuesta a su precandidatura presidencial de 2009.
Se trata, además, de una actitud temeraria, si es considerada una provocación de parte de conglomerados políticos desacreditados popularmente hacia los crecientes sectores ciudadanos que –todavía inorgánicamente- demandan mayor participación política y una verdadera democracia.
El gobierno de Sebastián Piñera apenas superó el 30 por ciento de apoyo promedio durante el año pasado, en tanto los partidos, tanto oficialistas como de oposición, bordearon con dificultad el 20 por ciento. Una vez más, todos ellos confían en la periódica ratificación electoral que les ha permitido el sistema binominal ideado por la dictadura. Deben confiar también en que la próxima incorporación de los jóvenes al padrón mantendrá esa tendencia.
Así, después de casi 22 años desde que Pinochet entregó el gobierno a los civiles (1990), los “nuevos” políticos todavía se permiten rebajar a los ciudadanos a simples votantes –y consumidores- y privarlos de un derecho tan irrenunciable como la soberanía popular.
Ese es su concepto de democracia: el pueblo no es capaz de hacer su propia Constitución. A menos que demuestre lo contrario por sí solo...
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Julio Frank Salgado
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