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Piden reconstruir también la fracturada sociedad chilena

Permalink 22.03.10 @ 10:00:34. Archivado en Sociedad, 3. Chile, 4. Terremoto

Tras el terremoto, hay dos proyectos de reconstrucción radicalmente distintos: uno que espera apoyarse en la organización y la participación popular y otro que perpetúa el individualismo y la desarticulación social, advierten académicos de la Universidad de Chile pertenecientes al Observatorio de Políticas Educativas.

La catástrofe, afirman en un extenso artículo publicado el 13 de marzo, dejó al descubierto un país fracturado socialmente y en manos del mercado, que ha instalado el lucro y el ejercicio financiero como la mejor estrategia de ayuda.

Atribuyen los saqueos a una reacción de hambre, decepción e impotencia ante los grandes consorcios, los políticos y los medios de comunicación, así como a la falta de asistencia eficiente, solidaridad pública, respeto ciudadano y educación digna. Los califican, además, como el principal problema político del desastre.

Los investigadores proponen centrar el proceso de reconstrucción en la realidad que surge en torno a las organizaciones sociales, escuelas y sedes comunitarias.

Los académicos de la Universidad de Chile e investigadores del Observatorio Chileno de Políticas Educativas (Opech) Daniel Brzovic, Rodrigo Cornejo, Juan González, Rodrigo Sánchez y Mario Sobarzo publicaron el 13 de marzo un extenso artículo titulado “Que se derrumben los sentidos comunes y se reconstruyan las comunidades: Reflexiones a partir del terremoto y maremoto en Chile”, en el cual proporcionan una visión crítica acerca de la reacción de los chilenos tras el cataclismo que devastó el centro-sur del país el 27 de febrero pasado.

Pese a que el trabajo contiene numerosas interpretaciones y juicios de valor discutibles, aporta antecedentes y fuentes poco difundidos y, principalmente, un agudo enfoque sociológico sobre lo ocurrido durante las primeras semanas. Aquí se entrega un resumen personal.

Poca capacidad estatal

El artículo afirma que el terremoto “puso de manifiesto el hecho que en Chile no existen organismos públicos que sean capaces ni de preparar respuestas oportunas a las catástrofes, ni de responder de manera efectiva luego de producirse una como la que acabamos de presenciar”.

Enseguida explica que tanto el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA), organismo técnico especializado, como la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi) no difundieron oportunamente la información correcta, en circunstancias que el Centro de Alerta de Tsunami del Pacífico (PTWC) de Estados Unidos comunicó a las 3.46 horas (sólo doce minutos después del sismo) que “un terremoto de estas dimensiones tiene el poder de generar un destructivo tsunami que puede golpear las costas cercanas al epicentro. La autoridad debería tomar una acción apropiada en respuesta a esa posibilidad”.

Reitera el trabajo que “en Chile existe un protocolo denominado Accemar, que indica que cualquier movimiento sísmico que es de grado mayor a 7,5 grados medidos en escala Richter obliga a evacuar zonas costeras por peligro de maremoto”.

Agrega el análisis que tampoco funcionaron las telefonías móvil y fija, y la provisión de Internet, de carácter privado en su totalidad. A este respecto, indica que “Carabineros licitó sus comunicaciones y adquirió un servicio privatizado de IP, y dejó de utilizar la tecnología HF (alta frecuencia), que no necesita electricidad, por lo que el día de la catástrofe también dejó de funcionar y quedaron incomunicados”.

“El año 1960, en el terremoto más grande que ha vivido Chile, con menos recursos podían movilizarse las empresas públicas para evitar que la capa de lodo y piedras que habían generado una represa natural colapsaran debido a las lluvias torrenciales que afectaban a Valdivia después de terremoto”, recuerda.

Distribución de ayuda

Los autores enjuician también la capacidad del Estado para construir una red de acopio y repartición de alimentos, medicamentos, ropas y otros bienes de primera necesidad, así como la actitud de los grandes supermercados y farmacias: “Pese a que las cadenas de frío se habían roto, con lo cual muchos alimentos comenzaban a descomponerse, ninguna de las grandes cadenas de supermercados activó mecanismo alguno de repartición de alimentos. Tampoco el Estado pudo ni quiso expropiar mercaderías para satisfacer las urgentes necesidades de las víctimas”.

Aseguran que el gobierno pagó diez millones de dólares en la primera compra a supermercados de las regiones Séptima y Octava, y se preguntan por qué no se recurrió a la red nacional de feriantes, productores agrícolas y centros de distribución de alimentos para comprar canastas a precios sustancialmente más baratos.

Respecto de las medidas de orden público, los académicos precisan que una de las lecciones del terremoto es que aquél no puede convertirse en prioridad por sobre las necesidades vitales de comida, agua, techo y salud.

“Ofertones” financieros

“Los chilenos tenemos rabia con las inmobiliarias que, teniendo enormes ganancias, han colapsado urbanísticamente barrios enteros, dejando a la gente que compra sus departamentos en la más absoluta indefensión”, añaden los investigadores del Opech. “Ocurrió con las casas Copeva, que se llovieron completas hace algunos años. Ocurre con los remates de propiedades de las familias que no pueden seguir pagando los dividendos usureros y está ocurriendo ahora con los edificios derrumbados o con daño estructural. La Cámara Chilena de la Construcción aún no termina el catastro de edificios dañados pese a que la prensa habla de cerca de 50 edificios, casi todos recientemente entregados. Por otra parte, familias de las principales ciudades afectadas comienzan a denunciar que se acercan a ellos las principales constructoras e inmobiliarias ofreciendo comprarles sus terrenos a precios que no pasan de un 25% de su valor original, con el objetivo de ‘entregarles dinero inmediato para que vuelvan a surgir’”.

Apuntan, asimismo, que los principales bancos y compañías de seguros anunciaron que los dividendos hipotecarios de todas las viviendas van a subir de precio después del terremoto, pues será obligatorio que los créditos incluyan una póliza contra sismos, y que la tasa de seguro será más cara en segmentos de vivienda de menor valor, porque tienen más riesgo. Se trataría de un reconocimiento implícito de que las construcciones en barrios populares son de menor calidad que las de los barrios de la elite, según el artículo.

Se duda también de los “ofertones” bancarios de créditos de consumo para afrontar la catástrofe.

Campaña lucrativa

Los investigadores observaron con suspicacia la reciente teletón de ayuda a los damnificados, especialmente por la desproporcionada exposición mediática de los grandes empresarios: “Para muchos chilenos resultó chocante el nuevo ejercicio de lucro con la desgracia del pueblo, expresado en los llamados tipo ‘compre una frazada en nuestra tienda y nosotros regalamos otra’ o ‘regalaremos un antigripal o paracetamol si se compra determinada marca’ en tal o cual farmacia. Tampoco dijeron que el descuento de impuestos por donaciones alcanza un 17% y que recientemente anunció el presidente Piñera que espera aumentar este porcentaje a través de una nueva ley de donaciones”.

Sobre el actual mandatario, objetan que, dentro de este contexto trágico, persistan sus conflictos de intereses: “Aún queda en su poder el 11% de las acciones de LAN, por lo que se calcula que con la venta de todo este paquete accionario recibirá más de mil doscientos millones de dólares, que constituyen menos del 50% de su actual patrimonio reconocido”.

Más adelante, se quejan de que se haya instalado la imagen del lucro y el ejercicio financiero como la mejor estrategia de ayuda, así como a entidades eclesiásticas como los únicos brazos de solidaridad, en detrimento de las comunidades locales pese a que éstas fueron fundamentales para evitar más muertes y luchar contra la adversidad durante y después del terremoto. “Explícitamente, este gran mecanismo oficial de ayuda desconoce a las organizaciones sociales en los territorios e insiste en entregar canastas individuales para cada familia, haciendo mucho más lentos los procesos de entrega de ayuda y fomentando el individualismo”, agregan.

Y aseguran: “Existen hoy en Chile dos proyectos de reconstrucción radicalmente distintos, uno que espera apoyarse en la organización y la participación popular, otro que espera perpetuar el individualismo y la desarticulación y de paso aumentar aún más las increíbles ganancias de la burguesía chilena”.

Manifiestan, sin embargo, su esperanza que los jóvenes que participan en campañas de colaboración reconozcan, aprendan y fomenten la reconstrucción a partir de las organizaciones sociales, los proyectos colectivos y el sentido público.

Saqueos y política

Respecto de los saqueos a grandes centros comerciales, establecimientos locales y hogares afectados por el cataclismo, los miembros del Observatorio consideran que la interpretación general proviene del análisis político hecho por medios de comunicación y políticos de ideología neoliberal: “La figura del saqueo y el lumpen individualista y ‘desalmado’ se confunden en una asociación simplista, que hoy incide problemáticamente en las consecuencias sociales y políticas que pudiesen tener estos hechos, calificados hoy de ‘vergüenza moral’ e incluso ‘cataclismo social’. Tal análisis tiene una única respuesta posible: la seguridad permitirá controlar a este monstruo que está latente en la población. La militarización del territorio, el aumento de las penas, ya son un hecho justificado por el evento y la condena moral del robo en todas sus manifestaciones se impone sin mayores análisis de un fenómeno que, en este contexto, tiene alta complejidad. Este ‘cataclismo social’ o ‘desastre moral’ puede ser eje de un problema que, como señala Manuel Antonio Garretón (Premio Nacional de Ciencias Sociales), es el principal problema político que se puede extraer de esta catástrofe”.

Explican que “la ausencia de asistencia efectiva y eficiente, de solidaridad pública, de respeto ciudadano y de una educación liberadora no dejan más remedio que la reacción heterogénea de la turba que, incitada por el hambre, la impotencia cotidiana contra los grandes conglomerados y por los medios de comunicación, asaltó los grandes almacenes de las ciudades los primeros días después de la tragedia”.

“El terremoto dejó al descubierto el rostro de una sociedad dejada en manos del mercado”, sentencian.

“Doble terremoto”

Citando al capellán de la entidad católica “Un Techo para Chile”, Felipe Berríos, el artículo del Observatorio de Políticas Educativas recuerda que se ha instalado también la figura del doble terremoto, de que detrás del terremoto físico han emergido fisuras en la sociedad chilena que necesitan ser reparadas. Parafraseando al sacerdote, indica que el “terremoto social” que derivó en saqueos y destrucción humana “se debe tal vez a una parte de la sociedad que imperceptiblemente ha ido acumulando por años decepción por sentirse marginada del desarrollo y que lentamente ha ido corroyendo sus valores por el desengaño y los antivalores. Así, injustificadamente, ha liberado toda la frustración acumulada en un comportamiento explicable sólo en quienes no tienen nada que perder” (El Mercurio, blogs Revista Sábado, 6-3-2010).

“Algunas explicaciones de los saqueos han remarcado que la comparación entre el terremoto de Haití y el de Chile muestra una sociedad sin Estado (aquél) mientras en el nuestro existiría un Estado sin sociedad”, plantean los articulistas. Y enseguida se preguntan, por ejemplo: “¿Cómo es posible que haya existido más medios de comunicación críticos y responsables en el manejo de la información el año 1985, en plena dictadura, que el 2010?”.

Atribuyen gran responsabilidad a la Concertación, que “generó en 20 años una apatía radical hacia la política y toda forma de organización gestionada por el Estado”.

La reconstrucción

Los académicos e investigadores universitarios reiteran que la sociedad chilena está fracturada por líneas invisibles legitimadas por un sistema social en que es normal que la educación discrimine a los más pobres y que las pautas ideales se sostengan en la exclusión y la violencia normalizada: “El terremoto dejó al descubierto el rostro de una educación para una vida totalmente mercantilizada. La construcción incesante de necesidades superfluas hoy las hace básicas”.

Al concluir, proponen que el proceso de reconstrucción se centre en la realidad que surge en torno a las escuelas y sedes comunitarias. “Las múltiples organizaciones sociales que cruzan nuestro país tienen un potencial tremendo para desplegar su solidaridad. La reconstrucción de las comunidades, en el ejercicio de la organización desde lo más básico hasta lo más político, en la repartición organizada de alimentos, en la construcción de viviendas dignas, en la distribución de ropa útil, etc., será la única forma de no reproducir este sucedáneo de sociedad”.


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