¿Hacia una nueva Constitución en Chile?
02.10.09 @ 03:40:14. Archivado en 5. Política, 3. Chile, Constitución, Asamblea Constituyente
El candidato presidencial de la Concertación, ex Presidente y actual senador, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, pronunció un encendido discurso el mes pasado con motivo de la presentación de su programa de gobierno. Fundamentó rotundamente la necesidad de una nueva Constitución Política para Chile, conforme con su conocida sentencia que la vigente “es una camisa de fuerza que no resiste más parches (reformas)”. Más aún, anunció que una de sus primeras medidas sería convocar a una “Alta Comisión de Reforma Constitucional con representantes de todos los sectores políticos y parlamentarios, de las fuerzas sociales y de nuestros mejores expertos constitucionalistas”, la que debería entregarle una propuesta el 18 de septiembre de 2010 -cuando se celebre el bicentenario del país-, para iniciar así “una nueva fase de la historia nacional”.
El anuncio coincide con la fugaz, pero inequívoca declaración de la Presidenta Michelle Bachelet en el 20° aniversario del No a Pinochet, el 5 de octubre del año pasado: “Chile necesita una nueva Constitución”. Y también con los subsiguientes anticipos de algunos líderes oficialistas respecto del contenido de la actual campaña para las elecciones presidenciales y parlamentarias de diciembre.
Un tema de esta envergadura y trascendencia debería predominar en las agendas y discursos de los políticos y en las pautas de los medios informativos, y lo que ocurre, en contrario, es que dicha campaña ha sido hasta ahora una insoportable rutina de acusaciones personales y lugares comunes. Aunque no es casualidad: tanto la “clase política” –así llamada con ironía, por unos, y resignación, por otros- como las grandes cadenas periodísticas figuran entre los favorecidos por la inicua herencia institucional de Pinochet y una nueva institucionalidad, auténticamente democrática, se supone, disminuiría su poder y permitiría emerger a los sectores medios y bajos de la sociedad, discriminados a partir de la Carta Fundamental en vigor.
De ahí la permanente aprensión y reserva de los sectores dominantes, remecidos un poco ahora por el aparente empecinamiento personal de uno de sus miembros más conspicuos (Frei). La derecha, que no tiene fundamentación intelectual para justificar la institucionalidad semiautoritaria, ha disimulado su alarma con discretas publicaciones de prensa; la Concertación, a su vez, no ha mostrado entusiasmo y el gobierno de Bachelet ha dicho simplemente que esta es una materia que debiera ser abordada por la próxima administración. Sólo los excluidos –escindidos del oficialismo, comunistas y otros- se han sentido con la libertad y la autonomía necesarias para proclamar públicamente el tema de fondo: una nueva Constitución, como señalan los preceptos cívicos elementales, debe ser redactada por el pueblo, es decir, por una asamblea constituyente.
En otras palabras, el supuesto “ejemplo de democracia” que se suele atribuir internacionalmente a Chile no ha podido, en realidad, sacudirse de añejos temores y prejuicios oligárquicos respecto de la soberanía popular, lo que ha impedido que la ciudadanía sea más que simple consumidora y ejerza su derecho a participar directamente en la construcción de su país.
Lo dijo una ministra de Bachelet
Julio Frank Salgado
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