Un pueblo reanimado por el fútbol
13.06.09 @ 16:41:22. Archivado en 4. Política, Deportes, Sociedad, 3. Chile
Los jugadores, equipo técnico –encabezado por argentinos- y directivos de la selección chilena de fútbol han mostrado el esfuerzo, el talento, la disciplina táctica y el espíritu de superación necesarios para estar muy cerca de la meta: representar al país en un campeonato mundial después de doce años. Y también su selección sub-20.
¿Y la hinchada? ¿Qué grado de participación ha correspondido al “jugador número doce”? Ha llenado estadios, llenado cafés que habilitan pantallas de televisión y salido a las calles a celebrar las victorias agitando la enseña patria, tocando las bocinas de sus vehículos y coreando el “¡Ceacheí!”... Pero no parece suficiente. Ante cualquier traspié sigue quedando atónita, como ocurrió en la fecha de marzo pasado cuando la selección tenía que derrotar a la uruguaya como local y sólo consiguió un dificultoso empate a cero. Las banderas y los gritos fueron guardadas y acallados no bien terminó el partido, pese a que las posibilidades de clasificar quedaban intactas.
“Los jugadores levantan al público, no el público a los jugadores”, se quejaba frecuentemente el comentarista Julio Martínez.
¿Serios y apáticos?
El Mundial de Sudáfrica 2010 coincide con una fecha única para cualquier país: su bicentenario. Faltando poco más de un año, sin embargo, no se ve aquí ambiente de fiesta; sólo algunos atisbos institucionales que, fría y enigmáticamente, tratan de interpretar el carácter nacional, pero despiertan más sospecha que estímulo.
En la entrada del Centro Cultural Mapocho, por ejemplo, hay un doble afiche (“paloma”) de Canal 13 en el cual se lee: “Bicentenario. Chilenos tal cual somos”. Insólitamente, la estación televisiva de la Universidad Católica se negó a transmitir un documental alusivo patrocinado por ella misma -“Un país serio”- tras observar que mostraba a los chilenos precisamente serios y aburridos.
¿De qué otra manera podría mostrárseles si no, considerando su frustrante palmarés de participación pública, comenzando por el mismo fútbol?
Carne de cañón
Los chilenos del siglo XXI comparten, como pueblo, como ciudadanía, una larga lista de vejámenes en su contra. Una vez retirada la dictadura que violó sistemáticamente sus derechos humanos, políticos y sociales, quedaron a merced del mercado luego que sus dirigentes mayores privilegiaran el uso de las garantías democráticas en beneficio propio.
Así, parecen aceptar que sus dos clubes de fútbol preferidos no sean ya una expresión popular genuina sino de políticos en campaña por el poder y grandes empresarios en competencia comercial.
Soportan también el desprecio a la mayor movilización social de los últimos veinte años en Chile, la “revolución de los pingüinos” (2006), además de un largo y apenas mitigado calvario causado por el nuevo sistema de transporte público urbano (Transantiago); una concertada y abusiva alza de precios de más de 200 medicamentos de consumo frecuente por parte de cadenas farmacéuticas y una defraudación aun mayor en sus fondos de jubilación.
Una comunidad regional entera, incluso (Arica-Parinacota), se quejó públicamente en 2007 de que la Presidenta Bachelet y su gobierno la habían desairado gravemente al no asistir a un masivo encuentro por el desarrollo local promovido por la propia gobernante.
Este año, hace sólo algunas semanas, la Asociación de Funcionarios de la Dirección Nacional de Bibliotecas, Archivos y Museos (Anfudibam) rechazó un proyecto de modificación de la institucionalidad cultural –Instituto del Patrimonio- anunciado por la Presidenta, declarándolo inconsulto y perjudicial para los trabajadores del sector. Días antes, la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (Anef) había rechazado la aplicación de la Ley de Seguridad del Estado a trabajadores de Gendarmería en paralización, denunciando que éstos estaban siendo tratados como “terroristas”.
Mientras, el desempleo superará los “dos dígitos” –casi un millón de personas-, vaticinan los analistas; los “más pobres” reciben pequeños bonos gubernamentales a modo de compensación y quedan al descubierto “malas prácticas” de los diputados.
Como burla, las encuestas políticas aseguran que los chilenos aprueban extraordinariamente la gestión de la Presidenta –hasta el 75 por ciento- y anticipan que votarán mayoritariamente por el candidato presidencial que representa no sólo el sistema político-económico en crisis sino también la restricción de derechos políticos y sociales.
Otras voces
Algunas opiniones particulares son más crudas a la hora de cuestionar tanto aguante popular y, de paso, rebaten la imagen “oficial” que se intenta promover institucionalmente.
Aunque perjudicado directamente por el Transantiago, Demetrio Marinakis, histórico ex líder de los empresarios microbuseros, intenta una explicación (El Mercurio, 11-11-2007):
El chileno ya no tiene nada de guerrero. Lo han humillado, lo han ultrajado y sigue muy pasivo.
El diputado Enrique Accorsi (PPD) y ex presidente del Colegio Médico, sobre la colusión farmacéutica:
La gente entró (a las farmacias), se pegó un par de gritos, les rayaron las paredes y sería todo.
Pilar Sordo, sicóloga, en su trabajo “En qué están los adolescentes”:
Yo siempre planteo que esta es una generación ‘merengue’ que se derrite al primer problema, porque como los padres hemos decidido que queremos que ‘ellos no vivan lo que nos tocó vivir a nosotros’, les hemos facilitado mucho las cosas, impidiendo de esta forma que ellos se hagan cargo de sus problemas.
Gabriel Salazar, Premio Nacional de Historia, en “Gobierno de Lagos: un balance crítico”:
Las masas populares han desaparecido de las calles. Tanto así, que no pocos intelectuales de pasado socialista y presente neoliberal han proclamado con cierta alegría secreta el fin de los movimientos sociales. Y denuncian con júbilo: “Las masas están ahora comprando en los malls y en los grandes supermercados, haciendo debido uso de sus tarjetas de crédito y de sus respectivos celulares”.
Si el pueblo de este país no es grave ni apático, como parece; si vibra con la patria no solamente a través del deporte, si le importa el compatriota que está al lado, tendrá que demostrarlo. Como hinchada, ya tiene enfrente un representante futbolístico que le está sacando varios cuerpos de ventaja; como ciudadano, una elección presidencial aparentemente abierta y, más importante aún a las puertas del bicentenario, una demanda independiente por una nueva Constitución, auténticamente democrática -el verdadero cambio-, que se abre paso entre pesados lastres autoritarios y el porfiado temor de los mismos hijos de esta tierra.
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Julio Frank Salgado
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