Sólo media libertad de prensa
11.05.09 @ 21:20:23. Archivado en 1. Periodismo, 3. Chile, Planeta
El máximo valor periodístico no sólo es amenazado por dictaduras y mafias, sino también por la propia industria mediática y el asfixiante sistema mercantilista que la sustenta.
Dos reputadas instituciones culturales, la Universidad de Chile y la Unesco, encabezaron el pasado martes 5 en Santiago un seminario titulado “Medios de Comunicación como plataforma de diálogo: Los desafíos para construir ciudadanía”. Celebraron el Día Mundial de la Libertad de Prensa y guardaron un minuto de silencio por el periodista cingalés Lasantha Wickrematunge, asesinado el 8 de enero pasado.
El asesinato de periodistas es el atentado más deleznable contra la libertad de expresión y el derecho a la información, pero no el único: también existe la censura mediática y la asfixia económica promovidas por privados amparados en gobiernos complacientes y en apariencia democráticos. En 1997, la periodista Patricia Verdugo, Premio Nacional de Periodismo y una de las profesionales más destacadas durante la dictadura, renunció a Televisión Nacional de Chile luego que un reportaje suyo fuera censurado, malográndose su carrera medial (como la de otros periodistas de su generación). Falleció en 2008.
Discutiendo en voz baja
El martes 5, además del intercambio de ideas contrapuestas propio de un encuentro académico, hubo otros pormenores que llamaron la atención. Desde ya, ese aire enrarecido que excede las aulas universitarias y se extiende por toda la sociedad chilena: el de un debate que puede llegar a ser fogoso y vehemente, pero que nunca alcanza su punto de quiebre, esto es, una respuesta que parece evidente y que resolvería con facilidad las supuestas diferencias e incógnitas.
Durante la presentación del seminario, la Decana de Comunicación y Letras de la Universidad Diego Portales, Cecilia García-Huidobro, citó algunos estudios sobre la situación del periodismo en el mundo, uno de las cuales reveló que un alto número de periodistas estadounidenses reconocen la influencia de presiones económicas en su ejercicio. En tanto, la directora del Instituto de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile, Faride Zerán, llamó a las empresas del sector a aplicar una política de “renovación” ante la crisis económica y no seguir despidiendo a periodistas.
Una vez en los paneles, dos expositores, representantes de sectores afines al libremercadismo –revista Qué Pasa y Asociación Nacional de la Prensa-, se manifestaron en desacuerdo con el enfoque negativo que los organizadores habían dado al tema que, respectivamente, les habían asignado: “Crisis en los medios escritos y oportunidades para el cambio en medios tradicionales” y “La estructura de propiedad de la prensa en Chile. Problemas y desafíos frente a la crisis del sector. Oportunidades frente a las TICs (tecnologías de la información y comunicación)”.
Lo extraño no estuvo, por supuesto, en la divergencia de ideas, sino en algunos fundamentos vertidos para explicarla. Uno de ellos fue simplemente desconocer el código de ética profesional para aclarar el llamado placement, recurso comercial que utiliza al periodista en ejercicio como vehículo publicitario. Otro, dar como ejemplo de “pluralismo” la línea editorial de dos radioemisoras proclives al modelo político y económico imperante (Duna y Zero).
Presidenciables
El “aterrizaje” sólo se produjo al final. E inesperadamente. La periodista Pamela Jiles, invitada a firmar un compromiso por la libertad de expresión preparado por los organizadores, habló sin tapujos, a través de un video, sobre la manipulación duopólica de la prensa chilena y la censura personal de que ha sido objeto, como aspirante presidencial, en los medios de comunicación.
El video, producido por un equipo académico de la Universidad de Chile, mostró a los actuales precandidatos presidenciales invitados a suscribir un compromiso “con la libertad de expresión, el acceso a la información, el debate libre e informado y la democratización de las comunicaciones”. De los siete prepostulantes, según se observó, uno adhirió al documento, pero no lo firmó por estimar que era insuficiente (Jorge Arrate). Otros dos tampoco lo hicieron (Jiles y Sebastián Piñera; este último no asistió a la grabación sino que envió una cinta propia, según se informó).
Así, todavía la libertad de prensa, como una nueva Constitución y otros temas cruciales en la sociedad chilena del siglo XXI, sigue siendo debatida a medias, en voz baja y fuera de los círculos responsables de resolverlos, como el gobierno y el Parlamento.
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Julio Frank Salgado
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