La “sorpresa” de Expansiva: nueva Constitución
20.09.08 @ 21:59:27. Archivado en 4. Política, 3. Chile, Constitución, Asamblea Constituyente
El abogado Javier Couso y la diputada Carolina Tohá plantearon la idea en pleno seminario “conservador”. Pero no fue tanto: aún creen en los “acuerdos” políticos de costumbre.
El primer fin de semana de septiembre, en las Termas de Jahuel, provincia de Aconcagua, un abogado, profesor universitario y secretario del think tank neoliberal Expansiva y una diputada de la Concertación “sorprendieron” -según El Mercurio- a los demás asistentes del reservado seminario “El Chile que viene”, organizado precisamente por esa corporación -de la que proviene nada menos que el ministro de Hacienda, Andrés Velasco-, el Centro de Estudios Públicos (CEP) y la Universidad Diego Portales.
En efecto, Javier Couso, director del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales de dicha universidad, y Carolina Tohá, diputada del PPD, expusieron sobre la necesidad de que los chilenos cuenten, con miras al próximo Bicentenario, con una nueva Constitución Política del Estado.
La “sorpresa”, se entiende, no radicó en la idea misma -respecto de la cual uno de los asistentes, el abogado Pablo Ruiz-Tagle, entrevistado en radio Duna, admitió cierto acuerdo entre los participantes- sino en que haya logrado salir los silenciosos círculos en que ha sido debatida hasta ahora para ser planteada, abierta y directamente, en el corazón de un núcleo intelectual “conservador” en materia de derechos políticos y sociales.
“Ha llegado la hora”
La posición de los expositores, especialmente la de Couso, no es nueva. Ya en 2004 él y Tohá habían publicado el trabajo “La reforma pendiente: Una mejor democracia”, aunque no hablaban de nueva Constitución ni de asamblea constituyente. Hace sólo tres meses, en junio pasado, sin embargo, Couso se refirió a tal posibilidad en el seminario “Más Chile, más derechos humanos y sociales” -no tan "reservado" como el de Jahuel-, destinado a reflexionar sobre la agenda programática de la Concertación e incluido en el ciclo “Hacia una Constitución democrática para el Bicentenario”.
En su intervención de entonces, el abogado se refirió a la posibilidad de “constitucionalizar los derechos sociales” y llegar a una nueva Carta Magna con motivo de los 200 años de vida independiente:
Para muchos esta noción habría parecido hasta hace poco algo extravagante. ¿Acaso no es cierto que el 2005, con la firma del Presidente Lagos, se lograron extirpar de la Carta Constitucional heredada de la dictadura los últimos resabios o enclaves autoritarios propios de la democracia protegida que animó a los constituyentes de la época? Pues bien, contra lo que se pudo haber pensado, eventos recientes han puesto de manifiesto que la posibilidad de que Chile se otorgue una nueva Carta Fundamental no es nada de extravagante. En particular, porque las reformas del 2005 dejaron intocados todos los elementos de la Carta de Derechos contenidas en el artículo 19 de la Constitución, quizás el más importante de los que componen nuestra Carta Fundamental y que, a mayor abundamiento, consagra valores constitucionales que incluso en tiempos que fueron incluidos en la Carta del 80 no representaban para nada un consenso constitucional.
Sostuvo que lo que le importó al constituyente de 1980 fue la propiedad y la libertad de escoger establecimientos educacionales, servicios de salud, la libertad de escoger en general, por sobre el derecho a la salud, a la educación, al trabajo, a un medioambiente no contaminado.
“Ha llegado la hora de mirar a la cara nuestra situación”, afirmó, y entre las alternativas incluyó una asamblea constituyente. Aunque añadió un “pero”:
Nos enfrentamos al problema que citarla sería inconstitucional. La Constitución (actual) no contempla la posibilidad de convocar a una Asamblea Constituyente y nuestro modus vivendi en los últimos 18 años ha estado predicado por el respeto a las reglas constitucionales. (...) Sin embargo, si uno mira experiencias recientes, no sólo en América Latina, el pacto político de todas las fuerzas políticas puede llevar a una pacífica violación de aquella parte de la Constitución que dice relación con su propia reforma. Esto ocurrió en Colombia el año 91, en que bajo el gobierno del Presidente Gaviria y el movimiento estudiantil se planteó la posibilidad de una Constituyente que ciertamente no estaba contemplada por la Constitución colombiana preexistente y que dio lugar a una reforma extraordinariamente positiva para el derecho colombiano.
Explicó que la Corte Constitucional de ese país es considerada la más importante de América Latina y una de las más progresistas, y que fue producto de una reforma constitucional consensuada por un sistema político “que se daba cuenta que estaba agotado y que decidió evitar, digamos, la futura erosión de ese sistema político por la vía de revitalizar la Constitución”.
Por ello, a juicio del miembro de Expansiva, la lección colombiana señala que una asamblea constituyente resultaría inviable en el futuro cercano sin el acuerdo de todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria.
Allí terminó su apertura. No mencionó la evidente desconfianza de la ciudadanía hacia esos acuerdos -componendas cupulares en la práctica- y el persistente cuestionamiento a un Parlamento binominal. (Si dichos consensos hubieran comprendido, como correspondía, las aspiraciones y demandas sociales pendientes, quizá no urgiría una nueva Constitución…).
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Julio Frank Salgado
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