Jota Eme
07.01.08 @ 14:21:55. Archivado en 1. Periodismo, 3. Chile
Escuché a Julio Martínez desde pequeño. Recuerdo que en el ya lejano 1969 conducía un programa deportivo radial de una hora de duración... solo. Comenzaba con el deporte internacional, proseguía con el nacional y aficionado, luego leía y respondía algunas cartas de auditores y remataba comentando el balompié profesional local. Todo eso, con su estilo sereno pero resuelto, reflexivo pero sentimental a la vez, con pausas demasiado extensas para la radio, pero siempre dando la impresión de decir todo lo que quería y como quería.
Era un todocomentarista. Su vida fue la competencia física, pero también la espiritual e intelectual. Incluso participó en un programa político (aunque hasta el golpe militar). En los años 80, el humorista Ronco Retes le hizo una parodia haciéndole filosofar sobre… una cuneta.
Fue relator y, para mí, el mejor comentarista radial de partidos de fútbol, el único que, a mi gusto, combinaba con pulcritud la emotividad de la expresión oral con la frialdad del análisis técnico. Hasta que las tácticas del juego se hicieron tan complicadas y exitistas que aplacaron la emoción hasta dejarla en segundo plano.
Otra “hazaña” de Jota Eme ocurrió en la década de los 70, después del golpe. Esta vez era él la única imagen de un programa de televisión en el cual hablaba durante 20 minutos seguidos... sin moverse de su escritorio. Una vez más su carisma rompía las leyes mediales. Escribió, además, en Las Ultimas Noticias, pero allí su elocuencia pareció prisionera de un papel que sólo le permitía un lenguaje telegráfico.
Lo que mejor recuerdo, sin embargo, es su tono nostálgico al comparar el periodismo que había ejercido y vivido, aquel sin horarios y de bohemias amanecidas esperando la primera edición, con el pragmático posterior. En 2000, cinco años después de su Premio Nacional de Periodismo, recibió un galardón como el mejor periodista chileno del siglo XX, pero, ya casi octogenario, poco tenía que hacer en la era de los computadores. Las radios AM habían ido desapareciendo rápidamente, la farandulera LUN dejó de necesitarle y sus comentarios en Canal 13 terminaron lastimeramente, arrinconados por las nuevas e impetuosas generaciones.
Se fue el 2 de enero, después de 60 años de ejercicio y quizá cuántas palabras a través del micrófono, la máquina de escribir y las cámaras. Pero deja mucho en el aire, como su vocabulario castizo y comedido, su sensibilidad a veces confundida con sensibilería, su prudencia motejada de tibieza y, sobre todo, su respeto inquebrantable por la profesión, todo lo cual, si bien no llega a deslumbrar, basta para separarle de la opacidad del periodismo que vio predominar antes de irse.
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Julio Frank Salgado
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