Después de las disculpas, ¿qué?
30.03.07 @ 21:05:51. Archivado en 4. Política, 3. Chile, Transantiago
Sería fácil creer en el arrepentimiento de Bachelet y Zamorano si no fuera por que no se trata de un problema personal, sino político.
En los últimos días, dos connotadas figuras de la actualidad chilena hicieron un acto de contrición público ante millones de compatriotas, apoyadas por la peculiar sensibilidad de la pantalla de televisión. Como Iván Zamorano, esta vez la propia Presidenta Michelle Bachelet, en un sentido discurso, lamentó los perjuicios causados a la población de Santiago por el nuevo sistema de transporte urbano y reconoció que el gobierno había cometido un error.
¿Qué tan creíbles son esos mea culpa? Para que lo sean realmente, ¿basta arrepentirse o es imprescindible acompañarlos de una suerte de “penitencia”, en este caso, apuntar exactamente a la equivocación y tratar de corregirla aun a costa de renunciar a un privilegio?
Ser una figura que trasciende el ámbito personal no ayuda al éxito de los gestos de altura como ése, menos aún cuando se trata de no resultar dañado en la lucha política. Incluso Pinochet, todavía en ejercicio del poder, imploró perdón a los chilenos por los “errores” cometidos por su régimen, en un inédito y grotesco gesto de demagogia pues se acercaba el plebiscito popular que, bajo reglas electorales independientes y también inéditas, debía ratificarlo o -lo que finalmente ocurrió- negarlo como gobernante del país.
Casi 20 años después, la hidalguía de Bachelet sólo se ha traducido en unos cuantos cambios a su gabinete, un recurso archirrepetido aun ante crisis mucho menos graves que la actual. En cuanto a Zamorano, nadie le acusa de politiquería, pero uno de los incentivos de su participación en la campaña publicitaria del Transantiago –la cuantiosa retribución económica- continúa en pie, ya que el contrato respectivo no ha sido desahuciado.
Aunque ambos, a diferencia de Pinochet, pueden salvar su imagen privada merced a una trayectoria personal y profesional anterior sin reparos, al estar involucrados voluntariamente en la contingencia política no tienen excusas válidas. Bachelet, como Lagos -su controversial antecesor-, seleccionó y trabajó con asesores y ejecutores no sólo con una formación y especialización técnicas que hacían altamente improbables las fallas en definitiva detectadas, sino que políticamente fueron capaces -como algunos parlamentarios de la propia Concertación lo han afirmado- de “mentirle a la Presidenta” asegurándole que el nuevo plan de transporte estaba ya en condiciones de ser ejecutado, sin mostrar sensibilidad alguna hacia millones de usuarios mayoritariamente de bajos recursos y menospreciando una vez más su fidelidad electoral a toda prueba.
Arrepentimiento y ya
En todos los casos mencionados, el arrepentido ha dado la sensación de querer poner término al problema con su solo cambio de actitud y esperar que éste, en adelante, haga disminuir rápidamente las presiones sobre él y le permitan mantener con menos dificultades la posición de siempre. Los perjudicados, en cambio, no han recibido soluciones ni alivio concreto o esperanzador: ni Pinochet abrió un camino para el esclarecimiento y reparación de las violaciones de los derechos humanos durante su dictadura, ni Bachelet prometió reformas a la política desigual y excluyente aplicada por los gobiernos de la Concertación –causa de fondo de desastres como el del Transantiago, ni Zamorano informó, por ejemplo, que tramitaría la devolución del dinero involucrado (que, seguramente, no le urge).
Como si el arrepentimiento personal ante la opinión pública –léase televidentes- hubiese bastado.
Lo único comprobablemente real ha sido, como de costumbre, la reacción de la gente, del ciudadano y ciudadana comunes. Como la de aquellos que aparecen en los noticiarios quejándose con indignación o desconsuelo. O, en otros casos, de quienes dan vida a los talk-shows describiendo amargamente sus carencias, frustraciones y tragedias individuales.
Esas lágrimas sí conmueven, aunque parezcan destinadas sólo a subir el rating y no a proporcionar bases sólidas a los programas de gobierno.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/84757
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Aún no hay Comentarios/Trackbacks/Pingbacks para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Julio Frank Salgado
autor








