Lagos abandonó algo en el camino
02.03.06 @ 01:18:42. Archivado en Política, 3. Chile, Lagos
El próximo sábado 11, el Presidente del país latinoamericano modelo entregará el gobierno, culminando una larga y exitosa carrera política y profesional. Algo importante, sin embargo, tuvo que resignar en el trayecto.
Ricardo Froilán Lagos Escobar está de cumpleaños (68). Hijo único en una familia de clase media avecindada en Santiago, nació el 2 de marzo de 1938 en un país bajo el ímpetu de una flamante coalición política de centroizquierda llamada Frente Popular. Aunque ya cuando pequeño experimentó un gran dolor -la muerte de su padre-, la vida y sus aptitudes le prometían mucho. Fue un alumno precoz en el liceo y la universidad, se recibió de abogado con una memoria que, titulada “La concentración del poder económico”, tuvo cinco ediciones, y posteriormente se doctoró en Economía en la Universidad de Duke, Estados Unidos. Un editorial periodístico de la época llegó a denominarle “El Mozart de la Economía”.
Militante del partido líder del Frente Popular, el Radical, el joven Lagos tenía una noción muy definida acerca del tramado de los grupos económicos existentes en Chile y de sus efectos sobre la actividad económica, política y social. Su celebrada memoria, de 1960, afirma:
La única y verdadera solución es, entonces, la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, los cuales deben pasar al Estado. En la medida que dicha propiedad subsista todas las leyes que se dicten sólo serán paliativos a una enfermedad pero no constituirán la eliminación definitiva de las diversas formas de concentración. (…) Es un cambio difícil porque la gran empresa "con su potencia aumentada todavía mediante carteles y asociaciones hace que los directores de la gran economía cobren una influencia sobre el Estado y la Política que es incompatible con los principios democráticos". Pero, por difícil que sea este cambio, él tiene que producirse, pues sólo con la modificación profunda de la estructura económica actual se podrá conseguir que el desarrollo y el progreso alcancen a todos los sectores de la comunidad.
Sueño izquierdista, pesadilla derechista
Eso tienen que haberlo tenido muy presente, dos décadas después, Pinochet, su séquito asesor e incluso los políticos de derecha más liberales, sobre todo al acercarse el trascendental plebiscito de 1988, que pondría en riesgo la continuidad del régimen.
Durante el gobierno de la Unidad Popular, Lagos no desempeñó cargos políticos y cuando Allende le designó embajador en la Unión Soviética, el Congreso no aprobó el nombramiento. Tras el golpe, se autoexilió, y regresó a Chile en 1978 a cargo de un programa de la ONU sobre empleo.
Sólo cinco años más tarde, en 1983, comenzó su carrera política, caracterizada por una actitud audaz y desafiante hacia la dictadura. La primera etapa le significó una detención de 19 días tras el atentado contra Pinochet en 1986 y culminó dos años más tarde con una anécdota tan sorprendente como efectista: durante el primer programa político por televisión desde 1973 y a sólo seis meses del referéndum, Lagos miró directamente a la cámara y levantó el dedo índice para decir con tono severo:
Primero dijo usted, general Pinochet, que había acá metas y no plazos. Después, general Pinochet, tuvo plazos y planteó su Constitución del ochenta. Le voy a recordar, general Pinochet, que el día del plebiscito de 1980 dijo que el Presidente Pinochet no sería candidato en 1989… La cámara está enfocando, espero… Y ahora le promete al país otros ocho años con torturas, con asesinatos, con violación a los derechos humanos. Me parece inadmisible que un chileno tenga tanta ambición de poder…
Los televidentes –el país, en ese momento- quedaron perplejos. Cuando recuperaron el habla, muchos comenzaron a aclamarlo con discreción en la calle y terminaron por convertirle en un líder nacional. Parte de la izquierda –la que acataba la Constitución pinochetista- comenzaba a soñar con él y la derecha, a tener pesadillas.
Después del triunfo opositor de 1988, vinieron para Lagos algunas derrotas personales. Perdió las elecciones senatoriales del año siguiente, perjudicado por el sistema binominal, y también las primarias presidenciales de la Concertación en 1993, debiendo conformarse como ministro de Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Pero en 1999 ganó su derecho a ser el candidato único de la coalición oficialista y meses después, en una reñida doble contienda con el derechista Joaquín Lavín, ocurrió lo soñado por unos y temido por otros: se convirtió en Presidente de la República.
Sueño izquierdista, realidad neoliberal
Pero algo extraño sucedió a partir de entonces: así como parecía ilusorio que un político ligado a Allende llegara alguna vez a La Moneda, tampoco parecía fácil que, una vez en el palacio de gobierno, esa misma persona pudiera desenvolverse con éxito en medio de una estructura política y económica opuesta a sus postulados. Pues bien, eso no sólo fue realidad, sino que concitó reconocimiento y alabanzas incluso en la oposición, particularmente en el empresariado de derecha.
El propio Lagos, en su último Mensaje a la Nación, el 21 de mayo de 2005, recordó con emoción algunos de sus logros:
“Entramos al siglo XXI con una economía que crece, y crece sólidamente. Entramos al siglo XXI ganándole la batalla a la pobreza y con evidencias irrefutables de mejoría en justicia social, en la distribución de las oportunidades en educación, en salud, en el mundo del trabajo, en el acceso a bienes y servicios. Entramos con un desarrollo espectacular de nuestra infraestructura, con nuevas carreteras, puertos, aeropuertos, telecomunicaciones, que nos ponen a la par del mundo desarrollado. Pero, por sobre todas las cosas, entramos al siglo XXI con un pueblo más sabio, un pueblo más maduro, un pueblo que aprendió a creer en sí mismo”.
Y aportaba cifras: crecimiento del orden del seis por ciento anual, producto interno un 21,4 por ciento mayor que cinco años atrás, 3.300 millones de dólares de excedentes en la industria del cobre en el último año, el riesgo-país más bajo de la historia nacional y de América Latina, baja de la pobreza del 38,5 al 18,8 por ciento en quince años, además de fuerzas armadas por entero en tareas profesionales, la economía latinoamericana más competitiva, el país con menor corrupción, estrictamente respetuoso de los derechos humanos, democrático, libertario, pluralista, “admirado y respetado en todos los rincones de la Tierra”.
Al lado de tamaños avances, las carencias de la mayoría parecían simples tareas pendientes:
Chile sufre de una crónica desigualdad en la distribución de los ingresos provenientes del trabajo. La diferencia de ingresos entre el 20 por ciento más rico y el 20 por ciento más pobre es del orden de catorce veces. Esta distribución ha variado muy poco en los últimos 14 años y muy poco en los últimos 30 años. Responde a causas muy profundas que el país debe ir removiendo con voluntad, persistencia y entereza. Los cambios son lentos. Para mejorar esta situación no existen los atajos ni los caminos mágicos.
No mencionó -aunque ha sido otra de sus preocupaciones- que los sectores minoritarios del país no tenían representación parlamentaria debido al sistema electoral binominal vigente, herencia pinochetista.
Idea juvenil
Muchos consideran al gobierno de Lagos como el mejor de la Concertación y a él, un gran estadista. Sus concluyentes cifras, el apoyo popular recibido -aunque poco entusiasta- y su porte personal, doctoral y carismático, hacen difícil contradecirlo.
Algo íntimo, sin embargo, tuvo que abandonar en el trayecto, algo que le había acompañado desde su juventud pero que ya no le servía en su camino hacia la Historia: eso de “sólo con la modificación profunda de la estructura económica actual se podrá conseguir que el desarrollo y el progreso alcancen a todos los sectores de la comunidad”.
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Julio Frank Salgado
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