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Universidad de Chile es humillada

Permalink 27.04.18 @ 15:58:55. Archivado en Sociedad, 3. Chile, Desarrollo

Con motivo de la doble goleada (0-7 y 1-6) sufrida por el plantel de la empresa deportivo-comercial que explota el nombre de la Universidad de Chile -la mayor y más antigua y prestigiada institución de educación superior del país-, repito uno de los artículos sobre este tema publicado aquí el 25 de mayo de 2017.

GRITANDO GOLES Y TRIUNFOS PARA OTROS

Dicen que el fútbol es la viva imagen de la sociedad que lo alienta. Pues bien, se celebra en Chile un nuevo título de la empresa comercial que arrienda el nombre de la mayor universidad estatal del país y una de las más prestigiadas de América Latina.

El club deportivo de la Universidad de Chile se constituyó hace nueve décadas precisamente como eso: una agrupación de deportes conformada por miembros acogidos por ese plantel de educación superior, el más antiguo del país (1842). Durante la década de 1960, mientras su equipo de fútbol alcanzaba el esplendor convirtiéndose en el llamado “Ballet Azul” y atraía a todos los estratos, su alma mater había extendido su conocimiento y docencia por el territorio nacional y era, más que nunca, la institución intelectual y social mejor estimada del país.

Sobrevino el golpe de estado, y tanto lucimiento y popularidad inquietaron a la dictadura. La Universidad fue intervenida, despojada de sus sedes regionales y exonerados por motivos políticos muchos de sus académicos. El club deportivo entró en una etapa de inestabilidad, no volvió a ser campeón sino después de 25 años e incluso descendió de categoría en 1988. Pareció renacer después de Pinochet, pero la Universidad -a la que las entrantes autoridades civiles no restituyeron su antigua jurisdicción- ya había disuelto su principal expresión deportiva y ésta funcionaba como una corporación autónoma.

La pérdida de su patrocinador histórico no significó, sin embargo, el fin para la Corporación de Fútbol Profesional de la Universidad de Chile (Corfuch). Este se fraguó en los salones políticos, donde los nuevos contertulios, viejos y jóvenes, coincidieron en mirar de preferencia hacia las oficinas de negocios y la economía internacional como fundamento de la “estabilidad” interna y no los deseos de participación de sus electores en las actividades que debía ofrecer la democracia recuperada. Terminaron aprobando, años más tarde, una ley que permitía transformar a los clubes o corporaciones deportivas en las teóricamente eficientes y productivas sociedades anónimas.

Derechización de lo popular

Arguyendo una deuda de pago de impuestos supuestamente innegociable, el Estado democrático chileno presionó, a través de la Tesorería General de la República, a la frágil Corfuch, la que fue declarada en quiebra en 2006 y, pese a la oposición de la mayoría de sus socios, licitada al mejor postor.

No hubo sorpresas. El ganador fue un grupo de empresarios de derecha, varios de ellos militantes de la Unión Demócrata Independiente (UDI), el partido más identificado con la dictadura de Pinochet e ideólogo de la Constitución Política que, con reformas sólo laterales, rige hasta hoy. La nueva sociedad anónima Azul Azul se adjudicó así la concesión de la segunda organización deportiva y social más popular del país por un período de 30 años, renovable.

Su primer presidente fue Federico Valdés, rector de la Universidad del Desarrollo, plantel privado y bastión de adoctrinamiento neoliberal en Chile en los últimos decenios. Le siguió José Yuraszeck, también militante de la UDI, ejecutivo del sector eléctrico a cargo de la privatización de la firma estatal Chilectra durante la dictadura y sancionado posteriormente por su manejo accionario en el denominado Caso Chispas. El actual presidente es Carlos Heller, adjudicatario de la concesión y el mayor accionista, líder del quinto consorcio económico más rico del país (Bethia) -propietario del canal de televisión abierta Mega y de otras grandes compañías-, quien en su breve administración ya ha hecho sentir su mano: además del título deportivo conquistado hace algunos días, es acreedor de la propia Azul Azul S.A. que preside, a la que otorgó, a través de otras posesiones, dos préstamos por un total de siete millones de dólares para cubrir las abultadas pérdidas que aquélla registra en la actualidad. Pase lo que pase, no perderá.

Si no fuera bastante, otro importante accionista, Carlos Alberto Délano, estuvo en prisión preventiva y quedó luego bajo arresto domiciliario por presunto fraude al Fisco por emisión de boletas ideológicamente falsas, lo que habría aportado además al financiamiento ilegal a la política (Caso Penta). Mario Conca, otro socio de alto nivel, ha recibido alusiones sobre dicha práctica, aunque no acusaciones formales.

Yuraszeck y Délano vendieron finalmente sus acciones y dejaron la sociedad.

Alma mater comprensiva

Los flamantes concesionarios tuvieron, no obstante, que superar un grave e invalidante problema: no sólo el nombre, sino también el emblema –el chuncho- no pertenecían a la quebrada Corfuch, sino a la Universidad. Fue necesario entonces una delicada negociación entre ésta, que decía velar por su histórica e intachable imagen académica y social, y quienes habían asumido el negocio no para crear una entidad distinta y renovada, sino para explotar precisamente una “marca” antigua y de raigambre social masiva, fiel y apasionada, así como la historia y el prestigio de la universidad tradicional a la que simbolizaba. Y ese enorme sector debía convertirse en clientela.

Azul Azul, por lo tanto, tenía que conseguir a toda costa el uso del nombre de la Universidad de Chile y de su chuncho-símbolo. Ante tal demanda, y pensando seguramente en los millones de fanáticos que podían quedar huérfanos de fútbol profesional, las autoridades universitarias accedieron, poniendo sobre la mesa algunas condiciones no muy terminantes sobre preservación de la imagen corporativa, alguna participación en el directorio societario y un porcentaje mínimo de ingresos pecuniarios anuales por el largo arrendamiento de tan significativo patrimonio. La Universidad se comprometía, además, a no desarrollar actividades del mismo giro que llevaran… su propio nombre.

Así, una sociedad privada con fines comerciales administra el llamado “Club Universidad de Chile” y su sitio web oficial tiene el dominio udechile.cl

En Radio Universidad de Chile –que sí depende de la Universidad- se transmite en tanto un espacio diario de difusión muy bien auspiciado, en contrario al resto de la programación de la emisora, que muestra una línea crítica al sistema neoliberal.

Los sufridos del tablón

La hinchada del ex club deportivo de la Universidad de Chile es, después de la de Colo Colo –sometido también al régimen de sociedades anónimas-, la más numerosa del país. Ambas se parecen en cuanto a fanatismo y amor por la enseña, y en ambas también operan persistentes y tenaces agrupaciones que rechazan la administración privatista. En el caso descrito, los “disidentes” son encabezados por la Asamblea Hinchas Azules, cuyo programa de aniversario celebra “90 años de pasión” y lamenta “10 años de usurpación”.

La alegría del triunfo y la congoja de la derrota experimentadas en el tablón (o frente al televisor) parecieran las mismas que las del palco oficial, pero ocurre ahora que cada gol a favor o en contra no sólo estremece los corazones, sino también la Bolsa de Comercio. Cada victoria aumenta la riqueza de los grandes inversionistas concesionarios y cada caída sólo impide, en general, tal aumento, mientras una mayoría de hinchas-clientes debe limitarse a observarlos de reojo, acatar sus unilaterales decisiones y corear un nombre postizo.

Más allá de lo competitivo y lo económico, es el sentido social del deporte lo más amenazado. No se trata de cuestionar que el fútbol sea una de las actividades públicas que generan mayor fanatismo y una de las más desorbitadamente rentables del universo. El verdadero riesgo es la cada vez más evidente correspondencia entre eso y el modus operandi de la política ultraliberal, consumista y globalizante que ataca el bien común y la identidad propia de cada nación, y que instala un pésimo ejemplo por seguir. En Chile, el extravío ético de políticos en ejercicio, la ambición voraz de consorcios económicos nacionales y transnacionales, y el individualismo hedonista a que es empujado el ciudadano corriente han permeado todas las esferas, desde gobernantes hasta vendedores callejeros. Los casos más vistosos provienen precisamente de políticos y legisladores comprometidos con empresas regidas por sus leyes, de grandes empresarios coludidos entre ellos para monopolizar el mercado, de altos funcionarios públicos –militares y carabineros incluidos- investigados por graves desfalcos fiscales, y de seudos inversionistas estafando a ciudadanos anónimos e ingenuos.

Modelos

Si el Partido Socialista -el de Allende y Bachelet, y el más devastado por la dictadura- fue capaz de “suspender” su declaración de principios para someterse a las reglas impuestas por sus adversarios y ganar más dinero, ¿es conducente cuestionar a una institución universitaria estatal, apremiada por financiamiento, por someterse a las normas vigentes y arrendar su nombre y prestigio a una empresa comercial?

Si la mayoría electoral del país ha preferido fluctuar entre un sistema más o menos economicista durante ya 27 años en lugar de “arriesgarse” a una democracia de participación y derechos, ¿es prudente objetar a una mayoría de aficionados al fútbol por preferir un equipo campeón manejado comercialmente que uno socialmente representativo, pero jugando en Cuarta División?

Si no fuera así, daría lo mismo quién gana las elecciones o cómo se llama un equipo.

Julio Frank S.

Una Constitución de Bachelet para Piñera

Permalink 12.03.18 @ 10:00:59. Archivado en 5. Política, 3. Chile, Bachelet, Constitución

Bachelet no sólo entregó por segunda vez consecutiva el gobierno a su opositor de derecha, sino que esta vez le adjuntó un proyecto de nueva Constitución con reformas negociables y manteniendo intacto el dogma fundamental: la ciudadanía debe seguir al margen de las decisiones políticas y volcada hacia sus asuntos personales (empleo, familia, sexualidad).

Los poderes del nuevo Presidente de esta república, Sebastián Piñera, recibidos por segunda vez consecutiva de la que, se suponía, era una contendora insuperable, Michelle Bachelet, llegaron con una “marraqueta” bajo el brazo: un proyecto de ley de reforma que establece una nueva Constitución Politica para el país. Y aunque a él nunca le ha simpatizado este tema y ha llegado dos veces a la Presidencia tratándolo en forma despectiva, ahora tiene una posibilidad de deshacerse del mismo no ignorándolo precisamente, sino más bien buscándole un acomodo en su favor mediante el ya manido “consenso (político) nacional”.

Después de todo, el llamado “proceso constituyente” de Bachelet, que dio inicio a la propuesta, no le resulta descabellado: una consulta popular perfectamente organizada y controlada por el gobierno, con opiniones no vinculantes y revisadas por éste, y una ínfima participación ciudadana, poco más de 200 mil personas, según la cifra oficial. La redacción del texto final, además, fue ajena a los partidos oficialistas y su destinatario directo siempre estuvo meridianamente claro: el Congreso Nacional y su valiosa experiencia en acuerdos político-legislativos estrictamente apegados a la institucionalidad neoliberal en vigor. Nada que se parezca a una Asamblea Constituyente. Nada que concuerde con las campañas en ese sentido realizadas por organizaciones sociales ni con los acuerdos partidarios adoptados en la propia coalición entonces en el gobierno.

Correspondiente con eso, la mayoría ciudadana, largamente desafectada de la política -excepto cuando siente dañados intereses particulares-, recibió con esperable indiferencia una materia como la presentada, densa, multiforme y asociada interesadamente a salones políticos y jurídicos. La propia autora del nuevo proyecto admitió (en privado) el gran desconocimiento reinante en la población chilena acerca de lo que significa la Constitución de su país; no podía hacerlo públicamente, porque fue la extinta Concertación la principal promotora de tal ignorancia.

Con tales antecedentes, la ahora ex gobernante procedió en consecuencia.

Pobre soberanía

“La soberanía reside en la nación”, comienza advirtiendo el artículo 4 del proyecto de Bachelet. Aunque agrega enigmáticamente: “y en sus diversos pueblos indígenas”.

Asimismo, y pese al antiguo discurso concertacionista y nuevomayorista contrario a los cerrojos, la propuesta mantiene, en su Capítulo XV, el quórum mínimo de tres quintos de los parlamentarios en ejercicio para aprobar una reforma constitucional. En el caso que el Congreso prefiriera un mecanismo distinto para elaborar una nueva Carta Fundamental, le otorga la posibilidad de convocar a una “Convención Constitucional”, cuya elección, integración, organización, atribuciones y funcionamiento deberán ser determinados por una ley orgánica constitucional, es decir, por los mismos congresistas… y siempre que alcancen un quórum de dos tercios de sus miembros en ejercicio.

La soberanía popular, la autodeterminación de los pueblos, preceptos tradicionales de la democracia, siguen siendo malentendidos y proclamados por nuestros conductores como sinónimo de atraso y violencia, o bien, en el mejor de los casos, como una meta inalcanzable para un pueblo limitado como el chileno.

Restricciones a la familia y la religión

El artículo más controversial podría ser el número 1, que si bien reitera que la familia “es el núcleo fundamental de la sociedad”, añade que aquélla tiene “diversas modalidades”. Bachelet, que ya consiguió el aborto –acotado, por el momento- y considera a la familia heterosexual un “estereotipo”, ha puesto urgencia a los proyectos de la llamada “identidad de género” y del matrimonio entre personas del mismo sexo, presión que ya ha conseguido, ayudada por una película, la moderación del rechazo original de parte de la derecha conservadora.

En consonancia con lo anterior, el N° 14 del artículo 19 de la propuesta bacheletista mantiene en los padres “el derecho preferente y el deber de educar a sus hijos”, pero lo concede también “a quienes tengan el cuidado personal (de éstos) de acuerdo a la ley”. Un padre o una madre que hubieran perdido la tuición de un hijo por una demanda estatal sobre derechos sexuales, por ejemplo, entenderán fácilmente esa disposición.

Otro artículo polémico podría ser el 19 N° 9, que garantiza la libertad y el ejercicio de la objeción de conciencia y de todas las creencias y cultos “que no se opongan a lo dispuesto en la ley”. Serán entonces las prácticas leyes, no la deliberante conciencia individual o grupal, las que, según esto, deberán definir el límite de dicha libertad y su ejercicio, junto con someter a control los preceptos éticos y las doctrinas teológicas. Se podrá seguir creyendo en la Humanidad y alabando a Dios… solamente hasta que infrinja lo que ordena una ley.

Monopolio político

Nada hay hasta ahora que signifique a los políticos compartir aquella parte de su potestad que les corresponde compartir o que les implique competencia o fiscalización externas. Nada de democracia participativa, de reflexión colectiva ni de prensa capaces de reorientar la política y la economía ultraliberales vigentes, que tienen a la población chilena enfrascada –no toda a disgusto- en los negocios sin control, el consumo sin límites, la ambición individualista y la entretención farandulesca, como si no tuviera pasado ni futuro. Nada que la remeza del prolongado letargo cívico con que ha facilitado el actuar discrecional de los políticos y que muchos de éstos quisieran que fuera eterno.

Inspiración transnacional

Bachelet y Piñera representan nítidamente esa errática y cínica política, impuesta precursoramente por la dictadura y desarrollada exitosamente por sus sucesores. Los acuerdos políticos cupulares, la reducción del Estado, el fomento de los negocios multinacionales y el absoluto cumplimiento de una institucionalidad básicamente inalterable han sido reglas comunes a ambos. Coinciden en particular en su agrado por el modelo estadounidense. En 2009, al agradecer (en privado también) el premio de la Americas Society, la Presidenta Bachelet destacó más de una vez la estrategia de Obama. Y el Presidente Piñera, pese a no haberlo recibido (aún), contribuyó en 2011 con una sentencia para el bronce: “Chile está totalmente comprometido con la economía de libre mercado”, dijo a los ejecutivos de las empresas transnacionales que componen la organización.

Pero ninguno de ellos es un advenedizo. Bachelet arrasó en tres elecciones en 2013 y Piñera obtuvo una amplia mayoría en 2017, autoridad formalmente suficiente para seguir cosechando lo que contribuyen a sembrar.

La ex Presidenta asumirá un nuevo puesto internacional en la ONU, aunque aseguró que esta vez seguirá opinando sobre política interna, con miras quizá a un tercer mandato y a un reimpulso de sus nuevas ideas. La recibirán fuera, una vez más, con reconocimiento y admiración, escuchándole referir sus avances en educación, derechos femeninos, inmigración, diversidad sexual y ahora nueva Constitución no importando la coherencia ni el resultado de sus proyectos, la apática recepción de éstos por ciudadanos concentrados en sí mismos ni el hecho que el tan elogiado avance económico chileno no hubiera sido posible sin un régimen condenado universalmente: la dictadura de Pinochet.

Renuncian fiscales anticorrupción

Permalink 22.01.18 @ 10:00:32. Archivado en 5. Política, NOTICIAS, 3. Chile, Sociedad

Los fiscales de alta complejidad Carlos Gajardo y Pablo Norambuena presentaron su renuncia al Ministerio Público de Chile, por discrepar de la decisión de sus superiores de ofrecer salidas alternativas en casos de presunto fraude al Fisco y financiamiento ilegal de campañas políticas, particularmente al senador Iván Moreira (UDI), desaforado en el caso Penta.

Los persecutores especializados, que trabajaban en la investigación de esa causa y las de SQM y Corpesca, relacionadas con la emisión de boletas “ideológicamente falsas” (por servicios no prestados) para que empresas remitieran dinero a políticos y parlamentarios, temen que una rebaja de la responsabilidad perseguida favorecería a los acusados de corrupción e insisten en que la gravedad de los hechos ameritaría una sanción penal.

Otro senador de la UDI, Jaime Orpis, desaforado y privado de libertad en 2016, es imputado por fraude al Fisco y presentación de boleta falsa en el caso Corpesca, y se solicitó la ampliación al delito de cohecho.

El Fiscal Nacional, Jorge Abbott, restó trascendencia a las renuncias, señalando simplemente que “el Ministerio Público es más que dos fiscales”. El nombramiento de dicha autoridad –la que ejerce durante ocho años- es propuesta por el Presidente de la República según una quina presentada por la Corte Suprema y debe ser aprobado por al menos dos tercios del Senado.

La actual oposición, que será gobierno en marzo próximo, ha denunciado que otra institución clave en este tipo de casos, el Servicio de Impuestos Internos, no ha mantenido la misma actitud fiscalizadora respecto de los políticos oficialistas, entre los cuales se encuentra el primer ministro del Interior de Bachelet, Rodrigo Peñailillo.

El Ministerio Público, además, ha sido criticado por sus resultados en otros dos causas de alta connotación pública, el asesinato de un matrimonio en la Araucanía y la detonación de bombas en la capital, así como por el alto porcentaje de denuncias archivadas sin la investigación solicitada.

El periodismo se nos está yendo (III)

Permalink 02.01.18 @ 10:00:00. Archivado en 1. Periodismo, 5. Política, 3. Chile

“Los periodistas (de hoy) no intrusean y no encuentran nada”, afirmó recientemente el nonagenario y legendario Alberto “Gato” Gamboa, Premio Nacional de Periodismo 2017. Pero sí hacen paralelamente vocerías publicitarias y protagonizan hechos noticiosos institucionales como “invitados”. Ese papel, de apariencia pública pero a beneficio particular, comercial y político, contribuye a la desinformación “emotiva” de la audiencia y favorece el control ideológico de la comunicación.

(Anterior)

El periodista Ramón Ulloa, conductor de noticias televisivas y radiales, anteriormente en CNN Chile, ofició como maestro de ceremonias durante la reciente inauguración de la Línea 6 del Ferrocarril Metropolitano de Santiago. “Me pareció importante estar presente ahí”, explicó vagamente, aludiendo al aspecto informativo del acto, organizado por dicha empresa estatal.

A las presiones editoriales, comerciales e ideológicas sobre el periodista y el periodismo se ha incorporado la de compartir el protagonismo en hechos informativos generados por empresas o instituciones a las que éstos deben observar, comentar y fiscalizar periodísticamente desde una posición independiente, lo que contraría además la regla que “el periodista en sí no es noticia”. El principal favorecido fue, en ese caso, un servicio estatal, el Metro de Santiago, cuya presentación encabezó la Presidenta de la República en persona. Ulloa ejerce actualmente en Canal 13 y Teletrece Radio, pertenecientes a uno los principales grupos económicos chilenos (Luksic).

Ningún político u opinólogo comentó públicamente lo ocurrido. Ni siquiera intervino el Colegio de Periodistas. Los únicos “sensibles” fueron algunos comentaristas virtuales del artículo que lo informaba.

Prensa según mercado

Ese trastoque de la mentalidad periodística histórica fue incubándose desde que un decreto de la Junta Militar convirtió los colegios profesionales en asociaciones gremiales en 1981, reduciendo drásticamente su respectivo tutelaje ético y concentrándoles en asuntos internos e individuales. Desde entonces, ningún profesional, como cualquier trabajador, está obligado a someterse a normas de entidades gremiales para poder desempeñar su labor.

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Frente Amplio chileno vota sin condiciones

Permalink 14.12.17 @ 16:08:10. Archivado en NOTICIAS, 3. Chile, Política

Sin intentar negociar bases programáticas ni exigir condiciones políticas para su apoyo, y pese a manifestar públicamente objeciones personales hacia el candidato durante la campaña y adelantar que serán oposición a cualquier gobierno, los principales líderes de la alianza de izquierda Frente Amplio, encabezados por la propia ex candidata presidencial, Beatriz Sánchez, anunciaron que votarán por el representante de la oficialista “Nueva Mayoría” (o “La Fuerza de la Mayoría”), Alejandro Guillier, en la segunda vuelta electoral de este domingo 17. Adujeron un “antipiñerismo” que busca evitar un nuevo gobierno de derecha.

He aquí algunos recortes de prensa.

Oportunidad para Beatriz Sánchez y la AC

Permalink 23.11.17 @ 10:00:58. Archivado en 5. Política, 3. Chile, Asamblea Constituyente

Si hay algo concreto y definitivo con que Beatriz Sánchez puede socorrer a la candidatura oficialista es, además de votos, su principal propuesta y el camino trazado para realizarla: Asamblea Constituyente.

Después de haber superado imprevistamente el 20 por ciento de los votos en la carrera presidencial y perder por menos de tres puntos el derecho a pasar a la segunda vuelta, Beatriz Sánchez y el Frente Amplio tienen hoy una posición favorable si accedieran a negociar un eventual apoyo al candidato bacheletista, Alejandro Guillier. El tema central en este caso no serían reformas, por drásticas que fueren, como aumentar los impuestos a los más ricos, cambiar el sistema previsional, eliminar una injusta deuda estudiantil, recuperar los recursos naturales básicos, mejorar la atención de salud y otras propuestas programáticas, sobre lo cual se ha discutido durante más de 25 años con pobres resultados y chocando lo más trascendente contra el muro constitucional pinochetista.

Como establece el primer capítulo del programa de gobierno frenteamplista 2018-2022, se trata de la convocatoria a una Asamblea Constituyente propiamente tal, para lo que el nuevo Presidente de la República recurriría a facultades previstas en la propia Constitución vigente, esto es, enviar un proyecto de ley para la realización de un plebiscito nacional validante de la iniciativa y, ante un posible rechazo, insistir con dicho mecanismo para dirimir la discrepancia con el Congreso Nacional.

Alejandro Guillier también es partidario de una nueva Constitución, pero se ciñe a la restringida y no vinculante consulta popular efectuada por Bachelet para ser dejada a la decisión final del Parlamento.

Los fundamentos para una AC ya han sido latamente descritos en los últimos diez años, pese a una escasa y prejuiciosa difusión en los medios informativos, la errática adhesión de algunos políticos y la limitada promoción de algunas organizaciones sociales. Se ha recordado el origen autoritario, la ideología impuesta y la estructura inamovible de la Carta en vigor, su parcializada consagración de los derechos ciudadanos y del fomento de la calidad de vida moderna, así como la insuficiencia de las reformas introducidas, más bien protectoras de sus pilares.

A eso se ha opuesto el carácter eminentemente democrático de una Asamblea Constituyente, cuya generación se basa en el sufragio universal, como cualquier elección; su apertura a la participación de todos los sectores sociales, además de los políticos; su necesidad de un debate amplio, plural y sin censura en los medios de comunicación; su facultad única y exclusiva de discutir y redactar una nueva Constitución Política del Estado para someterla a un nuevo veredicto ciudadano en las urnas. Pocos son los países que no necesitan una institución así; muchos gobernantes, sin embargo, la han eludido discrecionalmente.

Desafío

Aunque la carga popular pedida y recibida por Beatriz Sánchez y el Frente Amplio es pesada, inhóspita y cuesta arriba, no hay alternativa si en lugar de ser un destello más desean hacer historia. Tendrán que enfrentar y al menos resistir los embates de una formidable economía neoliberal, inter y transnacional, cuyos intereses se han apropiado de la política, la educación, la salud, el trabajo, la previsión, la cultura y los hábitos domésticos, entre otros sectores de la actividad nacional, en los cuales las mejoras son posibles solamente dentro de su marco.

Tendrán, especialmente, que convencer a sus compatriotas no sólo de que pueden vivir y progresar en una sociedad menos materialista e individualista y más humanizada, sino también de su derecho a decidir por sí mismos sobre los grandes temas de los que dependen los demás, como el tipo de economía que regirá, el sentido de la educación, las condiciones generales del trabajo y la previsión, el acceso a la salud, el usufructo de los recursos naturales y otras materias fundamentales.

En concreto, tendrán que convencerles, con ideas y acciones, en salones y oficinas y en la calle, de que el verdadero cambio parte sólo de una Asamblea Constituyente, un proceso que ofrece herramientas útiles para sustituir la vieja, cupular y ya corrompida política de acuerdos de la transición por una auténtica, informada y masiva participación ciudadana en el destino de algo que nos identifica a todos: el país.

¿Por qué votar cuando se es feliz y bien gobernado?

Permalink 02.11.17 @ 15:29:10. Archivado en 5. Política, Sociedad, 3. Chile

La mayoría de los chilenos se declara feliz en su vida personal, según un estudio de mercado, y aunque cree que el país, en cambio, no avanza, no está dispuesta a arriesgarse. Sus representantes políticos, tampoco.

El próximo 19 de noviembre, Chile vivirá un nuevo proceso eleccionario presidencial y parlamentario. Eso de “vivir” es un eufemismo, dado el escaso interés por la política ya arraigado en la población chilena y expresado últimamente en un aumento de la abstención, aunque ello no signifique necesariamente un rechazo al sistema imperante. Este parece haber dotado al país de una efectiva inmunidad no sólo ante propuestas de reformas drásticas o “revolucionarias”, sino también ante la creciente corrupción política y las periódicas protestas callejeras.

Más aún, el reciente estudio Chilescopio 2017, realizado por la consultora en investigación de mercados Visión Humana y difundido por Emol (El Mercurio On Line), reveló que si bien el 61 por ciento de los chilenos considera que el país, como tal, no avanza, un porcentaje todavía mayor (64%) se declara “feliz” o “muy feliz” con su vida personal. Su principal temor (53%) se centra en la eventualidad de enfermarse y sólo el 31 por ciento lo atribuye a los problemas económicos. El presente es lo más importante para el 66 por ciento de ellos.

Más allá de la capacidad de consumo y endeudamiento, otro hábito en el estilo de vida, ya extendido e incluso institucionalizado, contribuye a ilustrar ese placentero estatus. Desde el 27 de octubre, a menos de un mes de las elecciones, la fuerza laboral puede disponer de un no muy corto y relativamente relajado período mezcla de asueto y trabajo: de los diez días que concluyen este 5 de noviembre, seis serán no hábiles. Como los fines de semana “largos” establecidos por un nuevo y más generoso calendario oficial de feriados –incluidos días “sandwich”-, ha habido un considerable éxodo (así llamado) familiar y turístico desde la capital hacia otros puntos del territorio y la alta circulación vehicular que eso genera ocupa la primera plana noticiosa en los medios de comunicación tradicionales, aunque sea generalmente para referir accidentes, atochamientos y estadísticas (Chile es una angosta tierra concentrada por una sola carretera longitudinal). Si los menos aventajados quedan al margen de esas vacaciones poco formales, pero posibles, es problema de cada uno.

Candidatos a la Presidencia

¿Por qué los chilenos tendrían que molestarse en ir a votar cuando ya serían felices, al menos en lo personal, para elegir entre candidatos y opciones politicas que no querrían, no se atreverían o no podrían alterar tal felicidad? ¿Qué cambios sociales podrían prosperar en un país con una condición ambiental tan individualista?

Las elecciones se han transformado así en un acto más bien reflejo o ingenuo, para algunos, y en una rutina inconducente y fastidiosa, para otros, incluidas las presidenciales.

El ex Presidente Sebastián Piñera aparece como favorito. Es el prototipo del empresario ambicioso, exitoso, admirado, denostado, envidiado… y multimillonario. Su comportamiento ético en permanente cuestionamiento no le ha causado daño y acaba de esquivar una querella por presunta negociación incompatible con una empresa peruana mientras era Jefe de Estado. Es el verdadero candidato del continuismo, aquel del sistema institucional originalmente impuesto por Pinochet. En 2011, cruzada ya la banda presidencial, fue a Estados Unidos para asegurar al empresariado transnacional que “Chile está totalmente comprometido con la economía de libre mercado”. Todos prevén, por lo tanto, lo que haría en un posible segundo gobierno suyo y, especialmente, lo que no haría. No quiere cambiar nada (no lo necesita), sólo “mejorar” algo.

Piñera encabeza las encuestas de opinión y se predispone a representar, una vez más, a los chilenos desde el más alto de los pedestales.

Alejandro Guillier es periodista y actual senador, y se autodefine como continuador de la segunda -y desplomada- administración de Bachelet, caracterizada por propuestas de centroizquierda desarticuladas por procedimientos de centroderecha. Nadie, pese a eso, tiene claro qué haría una vez en La Moneda e incluso tratará de negociar su programa con algunos de sus competidores de la primera vuelta. Ha sido mucho más periodista que político, pero sus sucesivos tropiezos profesionales tampoco le ayudan. Quiere profundizar los cambios ya iniciados, pero no ha dicho cómo.

En los sondeos, mira hacia arriba a Piñera.

Beatriz Sánchez también es periodista, en ejercicio hasta hace menos de un año. Lidera el Frente Amplio, conformado por nuevos grupos de izquierda que quieren cambiar mucho y en forma radical, proponiendo, por ejemplo, una Asamblea Constituyente y el término de las polémicas administradoras privadas de fondos previsionales (AFP), uno de los pilares de la institucionalidad pinochetista. Los encuestados la han bajado tan rápidamente como la habían subido.

Carolina Goic ganó la presidencia de la Democracia Cristiana con aclamación en 2016 y al año siguiente, dividiendo a la gobernante “Nueva Mayoría”, fue proclamada candidata presidencial de ese partido. No quiere cambios, sino “correcciones”. Las mediciones previas no creen en ella y tampoco un sector de sus propios camaradas.

José Antonio Kast postula en forma independiente. Es ultraderechista y pinochetista (sin comentarios).

Marco Enríquez-Ominami, otrora revelación política y hoy venido en menos, ha tenido que pedir a viva voz acuerdos inmediatos con aquellos a cuya derrota contribuyó en 2009. Sigue queriendo cambiar mucho, pero perdió credibilidad.

Alejandro Navarro, senador, quiere también cambiar mucho, pero tampoco puede, y a Eduardo Artés, del Partido Comunista Chileno Acción Proletaria, le gustaría cambiar todo. Miran a los demás desde el fondo de esta lista.

La prensa, a todo esto, no se altera. Tampoco simpatiza con cambios y ante la escasez de ideas o programas políticos que confrontar públicamente, los dimes y diretes han sido muy útiles.

Ni siquiera la franja diaria y gratuita de propaganda electoral por televisión ha salvado la campaña.

Y ante la apatía electoral, algunos candidatos proponen obligar nuevamente a la ciudadanía a votar, bajo pena de sanciones, sin importarles los motivos de ésta. El gen autoritario no desaparece.

La otra arenga de la “Roja”

Permalink 16.10.17 @ 16:30:00. Archivado en Sociedad, 3. Chile, Desarrollo, Deportes

“Ganar como sea” (y aferrarse al reglamento) terminó siendo el lema del proceso futbolístico más exitoso del deporte chileno.

La selección chilena de fútbol –la “Roja”, como se le llama popularmente-, bicampeona de América vigente y finalista de la última Copa Confederaciones, no podrá participar en el campeonato mundial de Rusia de 2018 por no haber alcanzado el puntaje ni el rendimiento necesarios. Un desenlace inesperado, pero acorde con otras realidades.

Aunque ese triunfador conjunto, conformado mayoritariamente, como sus pares, por estrellas de ligas americanas y europeas, así como su clásico, atildado, elogiado y sobre todo asociado juego táctico constituyen un estimulante legado de superación para el deporte en general, costará verlo materializado en su país bajo dirigencias abocadas en las últimas décadas a torneos de escasa competitividad y duración, campeones casi por descarte y de pobre actuación internacional, financiamiento dependiente de la transmisión televisiva y afectadas también por los escándalos judiciales de nivel mundial ya conocidos.

Esa motivación, además, se ve empañada en materia de profesionalismo y comportamiento extradeportivo. Algunos integrantes del plantel, especialmente líderes indiscutidos, vulneraron normas básicas de disciplina, responsabilidad y concentración exigidas por su virtuosa y muy bien remunerada tarea, dañando su imagen personal y la colectiva, pese a lo cual no recibieron sanciones sino apoyo de parte de sus superiores y desde la propia hinchada. Sólo la victoria merecía importancia. Una vez eliminados, hubo recriminaciones públicas y descontroladas.

El aguerrido carácter de la “Roja” tampoco refleja con propiedad la actitud que predomina en este país cuando se trata de expresiones populares más allá del deporte masivo. El interés y el fervor de carácter nacional se circunscriben hace mucho tiempo a la apasionante entretención que brinda ese tipo de competencias. La política, alicaída pero siempre trascendente, ya no requiere grandes principios y propuestas para convencer al electorado necesario y alcanzar así los puestos gubernamentales. Las opiniones y debates sobre temas ideológicos o doctrinales, historia nacional, actuación de sus principales protagonistas o el estado de la cultura patrimonial involucran más bien a expertos y sectores específicos, como ocurrió en el pasado Bicentenario de la República (2010).

Nuevo lema

Los días previos al partido final de las clasificatorias, frente a Brasil, fueron particularmente tensos por una impensada precariedad estadística y futbolística del representativo chileno, no obstante los dos puntos extra obtenidos por secretaría. El deseo unánime en el ambiente era simplemente “clasificar como sea”. La prensa deportiva difundía incluso campañas destinadas a que el combinado brasileño -clasificado hacía rato- diera “una mano” a Chile tratando de no ganarle con el fin de perjudicar indirectamente a su acérrimo rival, Argentina.

El martes 10 amaneció expectante, pero sin mayores gritos, cornetas ni banderas al viento. Una vez sentenciado el fracaso, comenzaron a alzarse voces periodísticas sobre un supuesto “arreglo” del resultado entre jugadores del encuentro Perú-Colombia, cuyo empate contribuía a dejar fuera a Chile (pero no favorecía a Perú si Paraguay hubiera logrado revertir el marcador adverso ante Venezuela). Al día siguiente, esas voces sugerían la esperanza que la FIFA suspendiera a las federaciones involucradas y permitiera a la chilena arribar a suelo ruso aun, como las unidades y goles asignados ante Bolivia, desde fuera de la cancha. Invocaban el estricto reglamento oficial y recordaban pasadas sanciones contra el fútbol nacional para insistir en un eventual castigo a los autores de una “trampa” que, en definitiva, había incidido en la eliminación.

Ganar o clasificar “como sea” terminó siendo la arenga del proceso más exitoso de la historia del balompié chileno. Un legado que, sin embargo, sí calza con el modelo existista, pragmático e individualista de la sociedad que lo incubó, donde lo colectivo es absorbido por una masividad consumista y un ideario económico.

No haber conseguido representación en la cita máxima del deporte más popular del mundo implica sólo un traspié más para el mercado, pero constituye una irreparable frustración para el hincha que todavía valora no tanto la frase olímpica “Lo importante no es ganar sino participar” como el triunfo o la derrota con decoro.

El periodismo se nos está yendo (II)

Permalink 25.09.17 @ 10:00:39. Archivado en 1. Periodismo, 2. Medios, 3. Chile

Estudiantes de periodismo chilenos consideraron el debilitamiento de la ética, la censura y autocensura, y la lógica mercantil imperante en los medios como las mayores amenazas para el ejercicio de esta profesión. Así respondieron mayoritariamente al ser consultados en una investigación interuniversitaria realizada en 2015. Casi una década atrás, otro estudio había advertido que la “devastadora” experiencia laboral de jóvenes periodistas titulados estimula la desilusión “y hasta cierto cinismo” para sobrevivir.

Aunque prima un sentido cívico, educativo y vigilante, el interés estudiantil por el periodismo decae a medida que avanzan en la carrera -agrega el último informe- en favor de las relaciones públicas y la comunicación estratégica.

(Inicio)

La dictadura amplió el acceso a la enseñanza superior durante la década de 1980 impulsando la creación de más planteles privados, lo que aumentó significativamente la oferta educacional. Desde entonces y entrando luego a una transición política, el nuevo sistema ha sumado cuerpos académicos, acogido a gran cantidad de estudiantes, aplicado las correspondientes mallas curriculares, concedido grados académicos y títulos profesionales… y saturado el campo de trabajo. Más aún, no todos sus integrantes han logrado consolidarse institucionalmente y salvar el antiguo prestigio universitario, y al indagar sus investigadores sobre la primera experiencia profesional de sus alumnos, los resultados, especialmente en periodismo, han sido con frecuencia deprimentes.

No es raro. La educación superior moderna en Chile ha operado, pese a los indispensables aportes estatales, dentro del régimen de mercado liberal y lucrativo implantado por los asesores de Pinochet (sólo en 2016 se inició un proceso de gratuidad gradual para los estudios), asumiendo así una lógica ajena a su espíritu original e inmersa en un curioso enclaustramiento, abierto a la demanda estudiantil pero distanciado de la laboral.

Desilusión y “cierto cinismo”

Hace doce años, en 2007, un informe de académicos de la universidad privada Adolfo Ibáñez -Manuel Délano, Karin Niklander y Paula Susacasa- para el Consejo Superior de Educación expuso desalentadores datos y conclusiones sobre “La enseñanza del periodismo y el mercado laboral”. Advertía, por ejemplo, el “devastador” choque de jóvenes titulados contra la realidad en los medios y las empresas de comunicaciones, caracterizada por baja consideración de parte de los empleadores, remuneraciones acordes con eso, subempleo y alta cesantía. Y agregaba:

La situación estimula en estas generaciones de periodistas conductas de desilusión y hasta cierto cinismo, en las dosis necesarias para sobrevivir y enfrentar la cotidianeidad.

Al comentar sus entrevistas cualitativas a ejecutivos y directores de medios y empresas de comunicación, dicho trabajo abordaba el “menor reconocimiento” profesional hacia el periodismo, atribuido por algunos a una “confusión” entre noticia y entrenimiento, reflejado en la intromisión de la farándula y la decadencia de contenidos de la televisión y ciertos medios escritos. Otro afirmó simplemente que el periodismo era un “oficio”, no una profesión liberal.

Como posibles vías de salida, uno de los entrevistados planteó entonces la necesidad de lograr “mayor sintonía” de las carreras de periodismo con el mercado laboral, “para que éstas sepan qué perfil de periodista se requiere y dónde”. Varios apuntaron a otros sectores como alternativas para el ejercicio de esta profesión, mencionando las comunicaciones en general, “emprendimientos personales” –como talleres de periodismo en colegios- y, directamente, el empleo en agencias de publicidad, “algo que las universidades todavía no han advertido”, señala el informe.

Asumiendo dicho diagnóstico, los autores de la investigación recomendaron que la carrera de Periodismo se transformara en un posgrado (magíster), con el fin de lograr en sus alumnos mayor especialización “y comprensión de la realidad” para interpretarla mejor e informar sobre ella, proceso en el cual, añadieron, los periodistas tenían un papel protagónico y “debieran ser los principales interesados en que mejore la empleabilidad propia y de sus colegas”.

Percepción de los estudiantes

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Doce años en PD

Permalink 20.09.17 @ 10:00:34. Archivado en 1. Periodismo, 3. Chile, Blogueo y periodismo ciudadano

En 2005, Periodista Digital, a través de su director, invitaba a crear y alojar un blog personal en sus páginas, “una opción que quizá consideres conveniente”, me decía. Apenas un mes antes, en agosto, yo había subido mi primer intento, “Notas al margen”, muy voluntarioso, aunque de presentación y alcance bastante limitados, de modo que lo estimé conveniente.

Doce años después, sigo aquí, con “Voz del Sur”. La motivación inicial fue la decadencia del ejercicio del periodismo, particularmente en Chile, pero luego derivó en el problema global: el deterioro de la política, la corrupción creciente en sus cultores y la hábil coerción de éstos sobre quienes acuden a las urnas.

¿Por qué escribir, sin embargo, sobre un país considerado desde el exterior como una tranquila y monótona taza de leche comparado con las tormentosas crisis nacionales e internacionales? ¿Por qué hacerlo sobre un país ya familiarizado con los negocios transnacionales que rigen el orbe, dirigido por políticos subordinados sagazmente a ellos y poblado por una mayoría silenciosa que ha terminado eligiéndoles una y otra vez?

Porque el periodismo tampoco se conforma con apariencias de democracia y obliga a todo evento. Ante ambiciones menos deliberantes, intransigentes, idealistas, incómodas y riesgosas, esta profesión ofrece alternativas.

Julio Frank S.

Bachelet tiene prisa… por irse

Permalink 05.09.17 @ 10:00:00. Archivado en 5. Política, 3. Chile, Bachelet

The New York Times se hace eco de un laudatorio artículo sobre la Presidenta de Chile -quien ha anunciado su alejamiento de la política interna- escrito por una corresponsal brasileña en Argentina.

El influyente diario norteamericano The New York Times publicó un artículo titulado “La prisa de Michelle Bachelet”, firmado por Sylvia Colombo, corresponsal para Latinoamérica del periódico brasileño Folha de Sao Paulo, que alaba sin inhibiciones a la gobernante chilena, su proceso “reformista” –que se atreve a asociar con el de Salvador Allende- y su control de la macroeconomía. Destaca sus avances puntuales, especialmente en materia de aborto y gratuidad universitaria, analiza con indulgencia sus dificultades y termina inmortalizándole ante la historia.

Sin embargo, pese a afirmar desde Buenos Aires que “Chile va bien”, la periodista brasileña se pregunta por qué los chilenos no apoyan a su Presidenta como deberían y, en cambio, se manifiestan pesimistas. No se responde.

Como señala, Chile no resiste comparación con vecinos latinoamericanos convulsionados políticamente o en permanente conflicto como Venezuela, Brasil, Colombia, México, Argentina e incluso Perú, a los que ella menciona. Sus niveles de corrupción, terrorismo, narcotráfico y autoritarismo son sustancialmente menores, aunque la violencia aumente en la Araucanía y sus fiscales y jueces asomen como único bastión eficaz ante el desenfadado comportamiento ético-legal de su “clase” política.

Bachelet, efectivamente, no es “populista”… aunque tampoco propiamente socialista, pese a militar en el partido con ese nombre. Ha gobernado con no más que incomodidad dentro del marco constitucional pinochetista que, si bien ha sido mitigado desde 1990, continúa protegiendo la economía neoliberal y la política elitista por sobre los derechos colectivos, particularmente con sus quórum insólitamente altos para las reformas fundamentales. De este modo, sus avances, salvo la gratuidad parcializada en la educación superior, se han referido más bien a derechos de efecto individual o de sectores específicos, como los de la mujer en determinados casos y de los pensionados con ingresos miserables, mientras los trabajadores en general siguen dependiendo de leyes abusivas y los grandes grupos económicos multiplican sin parar sus desorbitadas ganancias.

La actual gobernante puso como reforma prioritaria para su segundo mandato una nueva Constitución, generada en democracia, pero creó un “proceso constituyente” que no fue sino una consulta popular abierta, organizada, coordinada, supervisada y controlada por su gobierno, que revisó las propuestas con el fin de transformarlas discrecionalmente en un proyecto de ley remisible al Parlamento en funciones y en la que sólo participaron… 204 mil personas.

El resultado, después de todo, correspondió a la aprensión que ella misma sentía respecto de la pobre educación cívica que aqueja a sus compatriotas, aunque omitió que ésta se engarzaba con la política desarticuladora del movimiento político-social llevada a cabo por las propias administraciones concertacionistas para reducir la oposición.

Si los gobernantes latinoamericanos en desgracia en Washington hubiesen practicado ese tipo de “socialismo”, otra sería su suerte internacional.

Apuro

Colombo no ahonda en el porqué de la prisa de Bachelet. Quizás ésta se deba a que en marzo próximo podrá cumplir su anuncio de abandonar la política chilena y dejar atrás grandes reformas finalmente a medias o truncas, así como sucesivas crisis de gobierno, el descrédito ético que azota a sus pares, el reinado económico inalterable de las grandes compañías, una desigualdad social mínimamente encarada, violencia regional sin afrontar y una valoración pública que se desplomó de un año a otro.

Una vez de vuelta en el extranjero, y en Estados Unidos en particular, le recibirán nuevamente como –así le define la corresponsal- “la estadista progresista que nunca cayó en el populismo” y “el símbolo de un país que ya cambió”, y como líder de una nación bajo control político y económico, abierta a la inmigración, participante en operaciones humanitarias internacionales y con habitantes pacíficos y emprendedores… aunque con poca memoria ante la corrupción, como sugiere el artículo, y que hoy están dispuestos a cambiar nuevamente hacia un gobierno de derecha.

¿Felicidades?

El periodismo se nos está yendo

Permalink 22.08.17 @ 10:00:46. Archivado en 1. Periodismo, Publicidad, 3. Chile

Periodistas de alta exposición pública, como los conductores de noticias y debates en radio y televisión, han encabezado durante más de diez años la estrategia comercial de informar y publicitar en forma conjunta, incluidos quienes son hoy candidatos presidenciales -uno de ellos, ex presidente del gremio-, no obstante normas éticas históricas e internacionales que velan por los bienes más preciados de esta profesión: independencia y credibilidad.

La audiencia, poco reactiva ante el manejo mediático, pareciera no sentirse perjudicada, como si no constatara todavía la trascendencia de encasillar al periodismo en las exigencias del mercado y debilitar su identidad con la noticia “dura”, de las restricciones legales a la fiscalización del ejercicio profesional y del silencio aprobatorio de los políticos, muchos de ellos cuestionados precisamente por conflictos de interés.

En 2004, dos periodistas y conductoras de noticiarios de la televisión chilena iniciaron un trabajo “extra” como modelos publicitarias contratadas por un banco y una multitienda, respectivamente: Macarena Pizarro (Chilevisión y radio Futuro) y Soledad Onetto (Canal 13). En un reportaje del diario estatal La Nación (15 de enero de 2005), titulado “Se vende. Rostros de noticieros son fichados por casas comerciales”, Pizarro explicó que “cuando Banco (…) quiso asociarse con mi credibilidad, pensé que era el momento de aceptar”, agregando que éste era “el mejor producto para hacer una sociedad” y que no le complicaba porque el contrato dejaba claro que “no se compromete mi trabajo periodístico”. Lo directamente comprometido, sin embargo, era su altamente expuesta y comunicativa imagen pública como informadora de noticias, adquirida estratégicamente por la empresa contratante, como reveló la propia asesora comunicacional de ésta, Gloria Stanley, también periodista y ex conductora de televisión.

Años después, Pizarro publicitaba a una firma internacional de cosméticos en forma paralela e identificándose como periodista, y Onetto coanimaba el popular Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar.

Hoy, conocidos y no tan conocidos periodistas de la plaza, varios de ellos profesores universitarios, han asumido el nuevo “campo laboral” trazado y a diario informan y comentan noticias así como publicitan a los auspiciadores de sus programas en radioemisoras de frecuencia modulada de Santiago. Destacan quienes son o han sido también conductores de noticiarios y debates políticos en televisión, inquisidores de candidatos presidenciales en foros televisivos transmitidos en cadena de canales, directores y editores de prensa, un premio nacional de periodismo –ocasionalmente- y, en particular, dos candidatos a la Presidencia de la República para 2018-2022: Alejandro Guillier y Beatriz Sánchez.

En sus voces se puede o pudo escuchar, indistintamente, informaciones, denuncias y comentarios acerca de la contingencia política, económica, educacional, empresarial, sanitaria, burocrática y delictual, frecuentemente enfocada desde los llamados “estándares éticos”, seguidos por tentadoras ofertas del mercado financiero, previsional, aéreo, inmobiliario, informático, sanitario, automotor, alimentario, gastronómico, hotelero, editorial, farmacéutico, textil, además del universitario, bursátil, turístico, del retail e incluso motivacional. Uno de los periodistas-locutores comerciales advierte que “las actuales exigencias del mercado nos presentan desafíos diariamente”.

Al menos cuatro de esas voces aseguraron hace diez años o más que no harían o no volverían a hacer algo así. “No quiero ser obligado a que, por un auspicio, me metan en algo comercial. No estoy dispuesto a ceder en eso”, declaró entonces Mauricio Hoffmann en el reportaje aludido (microformateado de terceros), de Carla Alonso. Fernando Paulsen explicó a su vez que “no puedo decir: créeme que lo que te estoy diciendo es cierto y, por otra parte, decir créeme que este producto es bueno” e Iván Valenzuela –quien promovió a un auspiciador que después cayó en quiebra- sentenció en Las Ultimas Noticias (18 de noviembre de 2006): “Las personas que estamos en las noticias no deberíamos hacer publicidad”.

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