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España: la hora de los periodistas y de los jueces

Ante el drama de la España corrupta y decadente, la Historia otorga el protagonismo a periodistas y jueces y los coloca en la primera fila, como vanguardia de la regeneración.

El sistema ha fracasado en España. El hedor que expelen los partidos y el sector público lo inunda todo. La corrupción es el fracaso de la democracia y la corrupción, inoculada desde el poder político, ha infectado a la sociedad española hasta el tuétano. Pero la corrupción no es el único drama de la mal llamada "democracia española". También han fracasado sus dos pilares principales: la confianza y el respeto. Cuando todos están envueltos en la danza corrupta, de nada vale la alternancia. La única esperanza y la única salida del demencial laberinto español es que jueces y periodistas den un paso al frente y empleen su enorme poder en regenerar la democracia.

De los partidos políticos, principales causantes del daño y la parte más infectada de todo el sistema, no puede esperarse ningún impulso regenerador. Los partidos son el problema, no la solución. Esas formaciones, nacidas para estimular la participación ciudadana, se han apoderado del Estado y se han transformado en grupos más o menos mafiosos que anteponen el poder y los propios intereses al bien común, lo que ha degradado lo público y contaminado la sociedad, hasta convertirla en una cloaca donde germinan la corrupción, el clientelismo, la arbitrariedad, el abuso de poder y el despilfarro. En consecuencia, los partidos políticos son lo primero que hay que eliminar y refundar para que España vuelva a tener sentido como proyecto común.

Los jueces españoles deben utilizar el bisturí como lo hicieron sus colegas italianos con la "Tangentópolis", al principio de la década de los noventa, extirpando aquel planeta político degenerado y corrupto, dominado por la Democracia Cristiana y el Partido Comunista, con los socialistas de Bettino Craxi como acólitos especialmente corrompidos.

Como ocurrió en Italia, los jueces españoles deben actuar cuando contemplan el desamparo del pueblo y descubren que el sistema únicamente puede regenerarse si centenares de corruptos entran en la cárcel y si miles de políticos fracasados son obligados a jubilarse y dejar espacio a una nueva hornada de dirigentes honrados que permitan ser controlados y tutelados por el verdadero poder en democracia: los ciudadanos.

La prensa debe volver a ser libre y crítica y recordar que su primer deber es propagar la verdad, aunque esa verdad implique retirarle el apoyo y el sostén a los que, desde el poder público, alimentan a las empresas periodísticas con dinero y privilegios. Privado del apoyo popular, del respeto ciudadano, al poder político sólo le queda el apoyo de los medios de comunicación para mantenerse en pié. Sin el sostén artificial e interesado de los medios de comunicación, el actual sistema político español, corrompido y degenerado, se derrumbaría como una torre de barro.

Al ocultar sus lacras y miserias, al silenciar el protagonismo de los políticos en el fracaso y destrucción de la sociedad y al exhibir a los actuales dirigentes como si fueran héroes, en lugar de desvelar sus fracasos, torpezas, errores y culpas, los periodistas y los medios de comunicación se han hecho cómplices del desastre y merecedores del desprecio ciudadano.

Ha llegado la hora de la rectificación y de que jueces y periodistas cumplan sus deberes para con la democracia.

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Ser español ya no es un privilegio

05.11.09 | 18:25. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, España, Zapatero

La propaganda dice que España es un paraíso y que sus ciudadanos disfrutan de una envidiable calidad de vida. Todo es mentira, excepto el clima, que es una bendición. Los políticos han hecho de España un mal sitio para vivir y los españoles son, probablemente, los ciudadanos más esquilmados por el Estado en toda Europa. Los españoles pagan impuestos como en Suecia y reciben del Estado servicios como en Nigeria, trabajan cuatro meses para pagar impuestos y dedican casi la mitad de su sueldo anual para pagar un sector público monstruoso, enfermo de obesidad mórbida, que se niega a adelgazar y que impide al país salir de la crisis.

La España de Zapatero es una estafa, un producto falseado por la propaganda, que la presenta como un oasis donde merece la pena vivir y donde los ciudadanos disfrutan de una envidiable calidad de vida, cuando en realidad es un país infectado por la corrupción y la injusticia, donde los ciudadanos son esquilmados por un Estado monstruoso, enfermo de obesidad mórbida, que se niega a adelgazar y que constituye hoy todo un drama para la ciudadanía y el mayor obstáculo para salir de la crisis.

Los últimos estudios y estadísticas revelan que los españoles trabajan casi cuatro meses (desde enero hasta la tercera semana de abril) sólo para pagar sus impuestos a un Estado que le cuesta a cada español uno 10.000 euros al año. Teniendo en cuenta que el sueldo medio es de unos 20.00 euros, los españoles dedican la mitad de sus ingresos para financiar unas administraciones públicas enfermas de obesidad, que se niegan a adelgazar, que despilfarran el dinero y tan ineptas que no saben como sacar a España de la crisis.

La realidad es que los españoles son un pueblo desgraciado, no esos ciudadanos felices que pinta la propaganda oficial. Tienen, probablemente, la democracia más degradada de la Unión Europea y sus políticos son los más poderosos, incontrolados, inmunes e impunes del continente. El liderazgo no funciona y el sistema político se deteriora cada día más. Los ciudadanos creen cada día menos en una democracia que ha sido asesinada en secreto y transformada por los políticos en una oligocracia de partidos que no merece respeto alguno.

A cambio de los impuestos desmedidos que el Estado cobra y que, para colmo de males, ha decidido subir de nuevo en plena crisis, los españoles apenas reciben servicios valiosos y eficientes. La Justicia funciona con tanto retraso e irregularidad que deja de ser justa; la educación está considerada como una de las peores del planeta. Los ciudadanos son asesinados y asaltados por unos delincuentes cada día más armados y mejor organizados en bandas, sin que la policía pueda hacer mucho por defender a los que el Estado está obligado a proteger en democracia. La sanidad pública, orgullo del sistema, no tiene dinero, debe cientos de millones a sus proveedores y ya está por detrás de muchos servicios sanitarios públicos europeos. Las ciudades están sucias, las carreteras mal mantenidas, la riqueza mal distribuida, el país mal gobernado y la economía está siendo aplastada por un gobierno cuya politica está causando la destrucción masiva del tejido productivo, con cientos de miles de empresas desaparecidas y cientos de miles de pequeños empresarios y autónomos expulsados de la producción y los servicios. El gobierno, incapaz de generar puestos de trabajo, se dedica a dar limosnas a los desempleados y pobres, generando inseguridad y desconsuelo en la ciudadanía.

La verdad estadística de España es muy diferente a la que pinta la propaganda oficial: España ostenta un vergonzante liderazgo europeo en capítulos como el desempleo, el avance de la pobreza, la prostitución, el fracaso escolar, el tráfico y consumo de drogas, el alcoholismo, población encarcelada y avance del crimen y de la delincuencia. España es líder en coches oficiales, en privilegios para sus políticos y también en crecimiento desproporcionado del Estado, que hoy cuenta con casi tres millones y medio de servidores, si a los tres millones de funcionarios existentes se agrega la "casta" privilegiada de los políticos, sus asesores, familiares, amigos y enchufados que viven del erario público.

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España: el ‘oído’ de Sitel no es democrático

Que te espíen y que violen tu intimidad es grave, pero que lo haga sin el preceptivo permiso de un juez y sin necesidad alguna un gobierno como el que preside Zapatero, habituado a mentir, poco fiable, escasamente democrático y sin la necesaria cobertura legal, eso ya es indignante para la ciudadanía española.

El Sistema Integral de Interceptación de las Comunicaciones Electrónicas (Sitel), que en estos momentos opera bajo el paraguas de una dudosa regulación, es otro signo que demuestra que la democracia en España es una quimera y que el sistema actual es un simple heredero directo del franquismo.

SITEL es el sistema que permite al Estado escuchar, sin autorización judicial, como es preceptivo en democracia, las conversaciones telefónicas de los ciudadanos a través del móvil y leer todos los mensajes intercambiados entre teléfonos.

Que el gobierno espíe a los ciudadanos siempre fue un abuso y un rasgo totalitario que provoca nauseas a los demócratas, pero quizás tuviera algún sentido en tiempos de la Guerra Fría, cuando el mundo estaba cuajado de espías y quintacolumnistas, dividido en dos bandos, el capitalismo y el comunismo, ambos armados hasta los dientes con misiles de múltiples cabezas atómicas. Sin embargo, ahora, cuando el enemigo mortal ya no existe, el espionaje de sus ciudadanos sólo demuestra que los gobiernos quieren controlar y oprimir a sus pueblos para mantener su poder. Sin otro objetivo que justificar sus abusos, privilegios y poderes especiales, los gobiernos inventan terroristas, pandemias y enemigos, cuando lo único que pretenden es desviar la atención del ciudadano, para que no centre su mirada en las injusticias y el avance de las desigualdades, el desempleo y la pobreza, espiándolos para mantenerlos bajo control y evitar que un día decidan rebelarse ante las corrupciones y la escasa democracia del sistema.

Para saber si existe o no democracia en una sociedad hay una ecuación infalible: si el gobierno teme a los ciudadanos, entonces existe democrcia, pero si son los ciudadanos los que temen al gobierno, entonces existe tiranía. En España, el gobierno no le tiene temor alguno al ciudadano y, en consecuencia, se permite todo tipo de abusos de poder y de invasión de la intimidad, como ocurre con SITEL, pero los ciudadanos cada día temen más a un gobierno cuyos miembros carecen de controles democráticos y se sienten prácticamente impunes e inmunes.

La última invasión de la intimidad y de la libertad de los ciudadanos en España está representada por la Ley 25/2007 de 18 de octubre, que establece que los operadores de servicios de telefonía móvil prepago deberán llevar un libro que registre la identidad de los clientes. Estos datos, según el Ministerio del Interior, pueden ser requeridos por orden de un juez con la finalidad de investigar delitos graves.

Casi la mitad de la población española utilizaba este sistema para comunicarse. Hasta el año pasado, tan sólo cinco millones se identificaron en el ministerio. Los que antes del 8 de noviembre no lo hagan, perderán inmediatamente la línea, con el coste que eso supone también para las operadoras.

SITEL tendrá capacidad para controlar el cien por cien de los teléfonos móviles españoles. El gobierno afirma que el sistema —implantado en Guardia Civil, Policía y Centro Nacional de Inteligencia— es utilizado únicamente por agentes facultados, pero lo cierto es que el gobierno, al eliminar el permiso judicial para espiar, ha burlado otra de las garantías democráticas que controlaban el poder del Estado y que proporcionaban respeto y seguridad al ciudadano.

SITEL es la penúltima violación de los derechos individuales en esta España donde cada día es más difícil encontrar un resquicio de democracia.

La Ley 25/2007 de Conservación de Datos, asegura que en la citada fecha tope (8 de noviembre) "los operadores vendrán obligados a anular o a desactivar aquellas tarjetas de prepago" no identificadas. La misma norma obliga a las compañías telefónicas a conservar durante un año todos los datos de tráfico (incluida la localización geográfica) tanto de los terminales fijos y móviles como de las IP de Internet o la telefonía por Internet.

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El ranking mundial del crimen está acaparado por políticos y servidores del Estado

03.11.09 | 17:34. Archivado en Política, Democracia, Corrupción

A nuestros desprestigiados políticos se les acusa de corruptos, ineptos, despilfarradores, arbitrarios y de anteponer sus propios intereses a los del pueblo, pero pocos conocen la faceta más siniestra de la política, que la lista de los mil peores asesinos de la Historia de la Humanidad está completamente acaparada por políticos y servidores directos de los grandes poderes, sobre todo del poder estatal.

El ranking mundial del crimen está encabezado por el chino Mao Tse tung, seguido del soviético Stalin y del alemán Adolf Hitler, pero lo más notable e inquietante de esa lista mundial de criminales sanguinarios es que los mil primeros puestos están ocupados por políticos y servidores del Estado, sin excepción alguna.

¿Qué fuerza desconocida convierte en criminales inmisericordes a algunos servidores públicos que, según las normas, deberían haberse sacrificado por el bien de sus pueblos? ¿Qué extraño y maligno virus hace que los grandes asesinos en serie y exterminadores del género humano sean siempre políticos o servidores del Estado.

En la lista hay emperadores, reyes, presidentes, ministros, gobernadores, generales, jueces, jefes de policía, señores feudales, nobles, jerarcas religiosos y otros muchos cargos que, en teoría, deberían haber sido líderes ejemplares y cuidadores de sus pueblos, pero que, en la práctica, sustituyeron el servicio y la entrega por la depredación y el asesinato.

Los campeones universales del crimen, los comunistas Mao Zedong y José Stalin, los emperadores romanos Nerón y Calígula; Adolfo Hitler, Pol Pot, el príncipe Vlad Tepes Drácula de Valaquia, conocido como el empalador, que llegó a torturar hasta la muerte a más de 100.000 personas; la condesa Elizabeth de Bathery, que desangró a casi un millar de niñas para bañarse en su sangre, creyendo que así obtendría dosis de juventud, Ivan el Terrible, Robespierre, Idi Amín Dadá, el doctor Mengele y otros muchos seres de crueldad desproporcionada tienen como denominador común su condición de estadistas o de servidores del Estado. Comparados con estos criminales "estatales", cualquier otro famoso asesino civil de la historia, como Jack el Destripador o el Carnicero de Rostow, ofrecen balances de víctimas tan reducidos que parecen aficionados de tercera categoría.

Si se quiere ampliar la lista de los grandes asesinos de la humanidad siguen apareciendo representantes de Estados o jefes de naciones, como Lenin, Troski, algunos faraones del antiguo Egipto, emperadores hititas y persas, Atila, rey de los hunos, Filipo de Macedonia, Alejandro Borgia, Benito Musolini, Enver Hoxha, Francisco Franco, Nicolai Ceaucescu y Fidel Castro. Una tercera ampliación permite incorporar a nuevos servidores del Estado, como Gengis Kan, Kublai Kan, Mobutu Sese Seko, Robert Mugabe, el dictador portugués Oliveira Salazar y otros muchos, todos ellos vinculados al poder público en sus respectivas naciones.

Pero caben nuevas ampliaciones de la lista, incorporando a sicarios y ejecutores al servicio de grandes criminales, como Beria, Goebbels, Martín Borman y otros muchos, hasta superar el millar de grandes criminales de la historia sin que aparezca un solo caso de alguien que no haya tenido estrechos vínculos con el poder político o con el servicio al Estado.

Dicen los expertos que la principal causa de que muchos políticos y gobernantes se transformen en asesinos radica en el error de creer que el Estado está por encima del individuo. Un estudio realizado en Norteamérica defiende la tesis de que líderes políticos y criminales comparten el mismo perfil psicológico: seguridad, incapacidad para el arrepentimiento, anteponer el fin a los medios, ausencia de remordimiento, osadía, arrogancia y una capacidad de decisión que no admite la duda ni la reflexión.

El principio nefasto de que "el fin justifica los medios" encierra la esencia del crimen y del abuso de poder porque se transforma fácilmente en otro similar: "todo vale con tal de servir al Estado" o en el no menos peligroso "lo importante es transformar la sociedad; todo lo demás es secundario". Ahí está el origen de la patología asesina política. Desgraciadamente, muchos de nuestros políticos siguen afirmando que lo importante es transformar la sociedad, sin que tengan importancia los métodos, y creen en algo que no es identico, aunque posee la misma raiz macabra: "En política vale todo". ¿Quien no ha oído alguna vez esa burrada pronunciada por políticos y dirigentes aparentemente democráticos?

Nosotros, sin rechazar esa tesis, creemos que el poder, además de corromper, envilece y que detrás del crimen de los estadistas está siempre el deseo de dominar, la mayor de las pasiones humanas, que convierte el liderazgo en el mayor problema de la especie, un problema nunca resuelto cuyo principal resultado ha sido muchos gobernantes indecentes, muchos mediocres al frente de naciones y demasiados depredadores pastoreando el rebaño humano.

Otros conocidos asesinos de la gran lista de la sangre fueron:

Leopoldo II de Bélgica: genocidio en Congo (8.000.000 de muertos)

Enver Pacha: responsable del genocidio turco contra el pueblo armenio(1.500.000. muertos)

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Los partidos políticos, el peor problema de España

02.11.09 | 18:34. Archivado en Partido Popular, PSOE, Izquierda Unida, Política, Corrupción

El Círculo de Economía, poderoso lobby español, económico y empresarial, culpó hace días a los políticos de la actual parálisis del país en su último informe de opinión de actualidad, titulado "Horizonte 2012. Cambio económico y responsabilidad política", y pide también reformas urgentes, no sólo económicas sino, sobre todo, políticas.

Tras afirmar que "España se enfrenta a una grave crisis económica e institucional que pone en serio riesgo los grandes avances alcanzados durante la democracia", en Círculo señala a los partidos políticos como los grandes culpables del drama español y sostiene que España "sufre una crisis institucional" derivada de determinadas prácticas de los partidos que desprestigian la política y de la parálisis en instituciones del poder judicial o la "aparente falta de misión" del Senado. Por ello, exige una reforma "en profundidad" de la ley electoral y de la financiación de partidos.

La opinión del Círculo coincide con la de los ciudadanos, que en las encuestas señalan ya a los políticos como su cuarta gran preocupación, por delante del terrorismo, y con la de miles de comentaristas políticos, intelectuales y analistas, que miran a los partidos y a los políticos profesionales como el más grave problema de España y como el principal obstáculo para el resurgimiento y la regeneración.

Ciertamente, aunque no todos los políticos son corruptos e indeseables, la densidad de los malos es tan alta que contamina al colectivo por completo, hasta el punto de que muchos ciudadanos piensa que los políticos y sus partidos son hoy el mayor drama de España, su mayor lastre y la peor amenaza ante el futuro.

Lo han invadido todo y han acumulado un poder casi ilimitado, antidemocrático y generador de desigualdades, desequilibrios y abusos; han destruido la democracia y la han sustituido por una sucia oligocracia que no merece respeto alguno; han aplastado a la sociedad civil, colocándola en estado de coma; han abierto las puertas de la democracia a la corrupción y han nutrido sus filas de corruptos e indecentes; han expulsado al ciudadano de la política, que han acaparado como monopolio; con su mal ejemplo, han degradado el sistema y debilitado los valores y principios que regían la convivencia; se han apoderado de todo lo que generaba poder y dinero, penetrando en todos los rincones de la sociedad, incluso en santuarios donde su presencia es nociva e indeseable. Son los partidos políticos, concebidos en un principio como piezas claves de la democracia, pero transformados hoy, después de un lamentable proceso de degradación, en los principales culpables del drama español y en los mayores obstáculos para la regeneración económica, social, cultural y política de España.

Ya es hora de reconocer la verdad. Los partidos políticos fueron admitidos en democracia con grandes cautelas porque no eran fiables. En la Revolución Francesa estaban proscritos y en el nacimiento de los Estados Unidos fueron rechazados como agrupaciones que tendían al dominio y al comportamiento mafioso. Se les permitió entrar en el sistema siempre que sirvieran para incrementar la participación de los ciudadanos en la vida política y para llevar la voz del pueblo hasta el poder, pero los partidos han abandonado sus espacios intermedios de puente para apoderarse del Estado y de la sociedad, convirtiéndose en los grandes dramas de la sociedad moderna y en los peores enemigos de la ciudadanía.

Se han apoderado de las universidades, de las cajas de ahorros y de multitud de asociaciones ciudadanas culturales y sociales. En la enseñanza, sector clave por su influencia en niños y jóvenes, han doblegado la independencia y subyugado la libertad, imponiendo asignaturas doctrinarias, colocando a sus "enviados" para que dirijan los centros y doblegando a los privados a través de subvenciones y conciertos. Donde todavía no se atreven a penetrar, compran voluntades y maniatan la independencia a través del dinero, pactos, concesiones y privilegios, muchas veces opacos y generalmente inconfesables. En la sociedad civil, un reducto que la democracia exige que sea independiente y libre para que sirva de contrapeso al poder, ya lo dominan casi todo y pugnan por doblegar a los que resisten: medios de comunicación, iglesias, fundaciones, asociaciones, colegios profesionales y hasta asociaciones de consumidores y de vecinos.

Los partidos políticos se han convertido en "el problema" de España. Se reparten el poder, lo politizan todo y se ponen de acuerdo entre ellos para incrementar constantemente su poder. Nombran presidentes en las cajas de ahorros y en decenas de instituciones que deberían ser libres y profesionales, mientras ellos se dotan de sueldos de lujo y de pensiones que cuadruplican en ventajas a las de los profesionales más destacados.

Son un cáncer y España no podrá salir del foso al que está siendo conducida por sus políticos hasta que la democracia no sea instaurada realmente y los déspotas, corruptos y sinvergüenzas, muy abundantes en las filas de los partidos, no sean expulsados, encarcelados o arrojados al basurero del desprestigio y del desprecio cívico.

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¿Se merece la España fracasada de Zapatero presidir Europa?

29.10.09 | 10:48. Archivado en Política, Democracia, Economía, Europa, Corrupción, España, Zapatero

La España del fracaso económico, del deterioro democrático, del divorcio entre políticos y ciudadanos y de la trifulca y la desunión política y territorial se dispone a presidir la Unión Europea, un privilegio que Zapatero, principal artífice del "fracaso español", tal vez no se merezca.

La presidencia de la Unión Europea que le corresponde a España en el primer semestre de 2010, más que un "acontecimiento planetario", como la definió la imprudente dirigente socialista española Leire Pajín, quizás constituya un gran riesgo para los europeos. De hecho, la presidencia de Zapatero significa colocar al frente de Europa al político que lidera el único país de la Unión que no sabe salir de la crisis y que ocupa los primeros puestos europeos (y en algunos casos mundiales) en deterioro profundo de la economía, en avance del desempleo y de la pobreza, en tráfico y consumo de drogas, en prostitución, alcoholismo, fracaso escolar y crecimiento de la decepción ciudadana frente a la democracia y a sus líderes políticos. Zapatero es también un líder que ha logrado dividir a España en lugar de unirla y que ha impuesto un desquiciante enfrentamiento con la oposición que se traduce en retroceso y deterioro de la convivencia.

La España que presidirá Europa en 2010 es, también, la que encabeza las estadísticas de población encarcelada, incremento de la inseguridad, coches oficiales al servicio de las élites políticas y la que posee una densidad mayor de funcionarios, asesores, enchufados y amigos del poder cobrando del casi agotado erario público, además de ser la nación que más intensa y velozmente se endeuda e incrementa su déficit público y la que posee el Estado más sobredimensionado y, según no pocos expertos, también el más monstruoso e insostenible de toda la Unión.

Las estadísticas y sondeos también revelan que el Zapatero que representará a Europa durante todo un semestre es, igualmente, el líder político de la sociedad europea que más rápidamente está perdiendo su antigua ilusión por Europa, la que deteriora con mayor velocidad el respeto por sus dirigentes políticos, la que acumula más decepción y rechazo ante su "degradada" democracia y la que amplia más intensamente la fosa que separa a los ciudadanos y a sus políticos.

Pero los datos dramáticos que el futuro presidente podrá "ofrecer" a Europa no se detienen ahí. La España de Zapatero es también la que más intensamente está padeciendo la plaga de la inseguridad ciudadana y la que menos confía en su Justicia. Los españoles que lidera Zapatero señalan en las encuestas a los partidos políticos, a la policía y a la Justicia como las instituciones más corruptas.

Existe, además, un problema de "sintonía" entre la España de Zapatero y la Unión Europea, que parecen transmitir en distinta onda en política exterior, en cooperación militar, en política económica y hasta en ideología. La disonancia es especialmente intensa en política exterior: los mejores amigos internacionales de Zapatero no son sus "colegas" demócratas europeos, sino sátrapas y tiranos tan sanguinarios como los hermanos Castro, de Cuba, y sus socios de Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Libia, Siria, Irán y otros muchos de similar pelaje.

La lista de dramas distancian a España del "alma" de Europa y parecen querer establecer de nuevo la frontera sur de África en los Pirineos. Para terminar, podemos aportar otros seis records "made in Spain": España es el país europeo más dañado por el nacionalismo excluyente, independentista y disgregador; también es el paraíso que las bandas internacionales señalan como el mejor de Europa para delinquir con mayor impunidad; la sociedad civil española, que en democracia debería tener la salud suficiente para servir de contrapeso al poder del Estado, está tan ocupada y manipulada por el poder político que languidece casi en estado de coma; el índice de periodistas sometidos al poder no para de crecer en España, lo que impide al país disfrutar de la sana fuerza de la crítica y de la fiscalización de los grandes poderes por una prensa libre; la pobreza crece en España actual a ritmo endiablado, hasta el punto de que las filas de los nuevos pobres esperando su turno en los comedores de caridad se están convirtiendo en una parte siniestra del paísaje; y, por último, la democracia española es, según numerosos expertos y analistas, la más desprestigiada ante sus ciudadanos y la que padece la más intensa degradación en toda la Unión.

España, que también es la única nación de la vieja Europa que todavía se enfrenta a un terrorismo alzado en armas, el de la banda vasca ETA, es una nación enferma y la única manera de curar una enfermedad parte de que previamente sea diagnosticada y asumida por el enfermo. La mentira, la propaganda más descarada, el autobombo y la adulación, propagados desde el gobierno, cuando afectan a la salud pública, siempre son suicidas.

Los últimos acontecimientos de la política española todavía descalifican más a Zapatero como futuro presidente de la Unión. El líder socialista español se ha empeñado en subir los impuestos y en facilitar todavía más el aborto a pesar de la más que evidente oposición de la mayoría de la sociedad española, mientras es acusado por el Partido Popular de espionaje telefónico, de utilizar la política para desprestigiar a la oposición y de intentar presentar ante los españoles al PP como un partido de delincuentes, acusaciones que, si se confirmaran, serían claras violaciones de los derechos humanos que en cualquier país democrático justificarían la dimisión del actual gobierno y unas nuevas elecciones.

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España: la pesadilla del talante arrogante

El verdadero talante de Zapatero, arrogante y autoritario, aflora cada vez que el pueblo le planta cara. Ahora está despreciando a la mayoría de la sociedad española, que se opone a dos de sus inciativas: la ampliación de la ley del aborto y la subida de impuestos. Pero Zapatero es un experto en despreciar la opinión mayoritaria de los ciudadanos, que también se oponen a su despilfarro y que quieren un profundo plan de austeridad en el gobierno. Si la democracia es, como algunos afirman, "la voluntad de la mayoría", Zapatero es uno de esos enemigos de la democracia a los que en la Grecia clásica llamaban "oligarcas".

El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, se niega a ceder ante los casi dos millones de españoles que se manifestaron recientemente en Madrid contra la reforma de la actual ley del aborto, que lo facilita hasta el grado de permitir que las adolescentes de 16 años puedan abortar sin conocimiento de sus padres. Pero se niega también a retirar otras medidas de su gobierno que las mayorías rechazan, como la subida de los impuestos y el despilfarro de su gobierno en tiempos de crisis.

La decisión de Zapatero revela su verdadero talante arrogante, autoritario y antidemocrático, pues no hay peor pecado en democracia que gobernar contra la voluntad popular mayoritaria.

Sabedor de que gobierna en contra de la voluntad de la mayoría, Zapatero se niega a someter la reforma de la ley del aborto a referendum y engaña de nuevo al apoyarse en encuestas que reflejan no el apoyo a su reforma sino el apoyo de la sociedad al aborto.

Prefesional del engaño y político taimado, Zapatero desvía el núcleo del debate hacia el "aborto sí o aborto no", cuando lo que se discute en la España actual no es eso sino otra cosa muy diferente: si se apuesta por la vida o por la muerte, si se ayuda a las madres a que tengan a sus hijos y, si lo desean, lo den en adopción, o si se facilita, como quieren Zapatero y sus seguidores, la cultura de la muerte y el poder público empuja a las mujeres hacia el aborto.

Su reacción altiva ante la mayor manifestación de protesta cívica de la sociedad española desde la muerte de Franco demuestra que la "democracia" de Zapatero es un timo, como lo es también su falso talante dialogante y sonriente. En la hora de la verdad surge siempre el talante arrogante y autoritario de un político sin grandeza, nada democrático, decidido a imponer su voluntad a las mayorías y a dividir la sociedad española, enfrentandola de manera temeraria, siempre para mantenerse en el poder.

Felipe González se enfrentó en una ocasión claramente a la mayoría de los españoles, cuando, después de criticar a la OTAN, propuso la permanencia de España en la alianza, pero tuvo la decencia de convocar un referendum, defender sus tesis y someterse al electorado, que cambió de opinión y le apoyó. Aznar fue menos demócrata y abrió la espita de la arrogancia en el poder cuando implicó a España en la guerra de Irak, en contra del criterio de la mayoría, y cuando, en lugar de cumplir su promesa de regenerar la democracia, la prostituyó proponiendo al PSOE el nefasto Pacto por la Justicia, gracias al cual los partidos políticos violan hoy la independencia judicial y nombran jueces y magistrados en España. Pero el campeón indiscutible del enfrentamiento con las mayorías es Zapatero, que ha humillado la voluntad popular de los españoles en demasiadas ocasiones: al negociar con ETA, al negar la existencia de la crisis, al promover el Estatuto de Cataluña, al imponer una nueva ley sobre el aborto, al subir los impuestos, al despilfarrar los fondos públicos... y en un largo etcétera.

Con Zapatero, la burla a los criterios mayoritarios se ha convertido en una indecencia del sistema y en una clara manifestación de antidemocracia que, por salud pública, es necesario erradicar antes de que el mal se consolide y acabe con lo poco que queda de la democracia española.

Lo correcto en democracia es obedecer los deseos de las mayorías y, cuando el gobierno no está de acuerdo con esos criterios, someter la cuestión a referendum. Si lo gana, el gobierno impone su política, pero si lo pierde, debe dimitir. Así se comportan todavía algunas democracias occidentales, pero no la española, que constituye hoy una vergüenza mundial para el sistema de libertades y derechos.

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España: sindicatos comprados

27.10.09 | 17:43. Archivado en Gobierno Zapatero, Economía, Corrupción, España

En los últimos dieciocho meses, hasta junio pasado, Comisiones Obreras y UGT han recibido de las arcas públicas más de 295 millones de euros.

Los sindicatos españoles son los más financiados de toda Europa por fondos públicos, lo que los convierte en aliados y socios del gobierno y en organizaciones maniatadas, incapaces de criticar la política oficial, de oponerse a políticas que, como la reciente subida de impuestos, perjudican a los trabajadores, o de plantar cara con una huelga general, a la ruina de España, pilotada por el gobierno de Zapatero. UGT ha recibido más de 55 millones de euros en el segundo trimestre, mientras que CC OO ha cobrado más de 70.

Los dos grandes sindicatos españoles saben que el mercado laboral es demasiado rigido y que necesita una urgente reforma, pero no pueden admitirlo porque el gobierno no les perdonaría el gesto. También son conscientes de que la subida de los impuestos que impone el gobierno de Zapatero será perjudicial para la economía y el empleo, pero guardan silencio para no perder los muchos privilegios que el gobierno de Zapatero les concede.

Comisiones Obreras (CC OO) y Unión General de Trabajadores (UGT) han recibido en concepto de ayudas y subvenciones estatales, en el segundo trimestre del año, un total de 125,6 millones de euros, según el Boletín Oficial del Estado del pasado 28 de septiembre. Las ayudas, otorgadas por el Servicio Público de Empleo Estatal, tienen como finalidad declarada mejorar la formación profesional de los trabajadores, pero en realidad forman parte de la financiación de los sindicatos. Esta cantidad viene a sumarse a los más de 170 millones de euros que los dos sindicatos han recibido durante el pasado año y los primeros meses del presente, según adelantó LA RAZÓN en su edición del pasado 28 de septiembre, y sobre la base de los datos recogidos por el BOE.

Éstas son las cantidades que, grosso modo, cobran los dos sindicatos mayoritarios del Presupuesto para destinar, principalmente, a cursos de formación y actividades sindicales, independientes de los ingresos que perciben por las aportaciones de los afiliados.

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LA CIGARRA Y LA HORMIGA (HUMOR AGRIO DOMINICAL)

25.10.09 | 18:04. Archivado en Humor, España

VERSIÓN CLÁSICA:

La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano, bajo un calor aplastante.

Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno.

La cigarra piensa que la hormiga es tonta y se pasa el verano haciendo turismo, bailando y de juerga.

Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita, donde tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera.

La cigarra, tiritando y sin comida, muere de frío.

FIN

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VERSIÓN ESPAÑOLA

La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante.

Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno.

La cigarra piensa que la hormiga es tonta, y se pasa el verano haciendo turismo, bailando y de juerga.

Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera.

Un dia, tiritando a la salida de un bar de copas, la cigarra organiza con la Sexta una rueda de prensa en la que se pregunta ¿Por qué la hormiga tiene derecho a vivienda y comida cuando quiere? ¿Cuando ella tiene frío y hambre?

La Cuatro, las cadenas de TV estatales y la cadena SER organizan un programa en vivo, en el que la cigarra sale pasando frío y calamidades y a la vez muestran extractos del video de la hormiga calentita en su casa y con comida en la mesa.

Los españoles se sorprenden de que en un país tan moderno como el suyo dejen sufrir a la pobre cigarra, mientras que hay otros que viven holgadamente. Las asociaciones progresistas contra la pobreza se manifiestan delante de la casa de la hormiga. TV1 transmite en directo la protesta.

Los periodistas de El Pais y El Periodico, escriben una serie de artículos en los que destacan cómo la hormiga se ha enriquecido a espaldas de la cigarra e instan al gobierno de Zapatero a que, en solidaridad, aumente los impuestos de la hormiga.

Maria Teresa Fernandez de la Vega, muy implicada con los animales, hace una rueda de prensa desde su casa, próxima al Zoo de la Casa de Campo.

Afirmando que en respuesta a las encuestas de opinión, el Gobierno de Zapatero elabora una ley sobre la igualdad económica, en la que califica a la hormiga como una rémora del franquismo y promueve en el Congreso una ley anti discriminación, con carácter retroactivo, contra las hormigas.

Ian Gibson publica su libro "Las hormigas y el franquismo", que el gobierno incluye en la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

La hormiga ve como sus impuestos han sido aumentados y, además, le llega una multa porque no contrató a la cigarra como ayudante en verano, delito tipificado porque "produjo a la cigarra un maltrato psicológico".

El juez Garzón embarga la casa de la hormiga, ya que ésta no tiene suficiente dinero para pagar la multa y los impuestos.

La hormiga se va de España afirmando que quiere rehacer su vida en un país justo y decente.

Algunos programas de televisión basura cubren el tema y la Cinco hace un reportaje donde sale la cigarra, con sobrepeso porque ya se ha comido casi todo lo que había en la casa de la hormiga.

La antigua casa de la hormiga se ha convertido ahora en un albergue social para cigarras, pero la casa se deteriora rápidamente, porque nadie hace nada para mantenerla en buen estado.

Al gobierno se le reprocha no haber puesto los medios necesarios para evitar ese desastre, por lo que Rubalcaba y Garzón, sal unísono, ponen en marcha una comisión de investigación que costará 10 millones de Euros al erario público.

Zerolo, al frente de la comunidad gay, se manifiestan por Chueca en solidaridad con las cigarras homosexuales, lesbianas y transexuales.

La cigarra muere de una sobredosis de Cocaina.

La Cope y Telemadrid comentan el fracaso del Gobierno para intentar corregir el problema de las desigualdades sociales.

La cadena SER, EL PAIS, Iñaki Gabilondo y la tribu catalana del PSOE (Carles Francino, Angels Barceló y Gemma Nierga) dicen que la culpa de todo es de Aznar, Irak, Franco y la Falange.

La antigua casa de la hormiga, ha sido ya ocupada por una banda de arañas marroquíes inmigrantes, y el Gobierno de Zapatero se felicita en la TV, por la " pluralidad cultural de España, ejemplo del éxito de la Alianza de Civilizaciones ".

La COPE e Intereconomía entrevistan a la hormiga, que ahora vive en Francia, donde ha creado una empresa que da trabajo a más de 1.000 personas.

Y colorín colorado, otra vez nos la han colado.

Recibido como anónimo por Internet y reescrito en Voto en Blanco.

Voto en Blanco

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¿Coseguirá el PSOE de Zapatero aplastar al PP?

24.10.09 | 16:14. Archivado en Partido Popular, PSOE, Política, Democracia, Corrupción, España, Zapatero

El "Caso Gürtel" es un caso de corrupción real y palpable que afecta de manera vergonzosa al Partido Popular, pero detrás de él se percibe la mano del PSOE, un partido empeñado en desacreditar a la oposición de derecha y en impedirle el acceso al poder. La gran duda es si lo hace desde la competencia limpia, que es un valor en democracia, o utilizando en su acoso recursos del Estado que deben ser neutrales, prohibidos en democracia y reñidos con la decencia.

La gran pregunta que emerge del "caso Gürtel" es si el PSOE de Zapatero logrará finalmente su propósito de aplastar al PP y cerrarle el paso hacia la victoria electoral en 2012, consiguiendo así que Zapatero, un pésimo gobernante, nefasto para España, acceda a un tercer mandato.

El PSOE de Zapatero, cuyo rasgo dominante es que ansía el poder por encima de todo, intentó dinamitar al Partido Popular después de derrotarlo en 11 de marzo de 2004, presentándolo ante los españoles como un partido de mentirosos arrogantes, insensible a los deseos del pueblo y poco democrático.

Como no pudo lograr su objetivo, entonces intentó aislarlo y cerrarle cualquier posibilidad de alianza con otros partidos, para lo cual cerró pactos, algunos de ellos inconfesables, con los pequeños partidos nacionalistas, a pesar de las teóricas diferencias ideológicas, otorgándoles más poder del que les correspondía, estimulando su nacionalismo disgregador y permitiéndoles que practicaran niveles intolerabloes y nauseabundos de el chantaje antidemocrático e insolidario.

Al fallarles también esa "jugada" y al ver que el PP, a pesar de todo, ganó las elecciones en Galicia y dominó en las "europeas", Zapatero y sus adláteres volcaron todo su esfuerzo en la "tarea" de demostrar a los españoles que el PP es un partido tan corrupto o más que el mismo PSOE, para lo cual movilizaron todas sus piezas, que no son pocas. Algunos observadores y analistas creen que, incluso, utilizaron recursos del Estado, como sectores de las fuerzas de inteligencia y seguridad, que, en democracia, deben ser escrupulosamente neutrales.

La historia dirá si el "caso Gürtel" acabará o no con el PP o si, como algunos creen, tendrá poca influencia en los electores o, incluso, generará un efecto contrario en la sociedad, que a veces decide proteger y arropar al débil frente al fuerte, a la víctima frente al cazador.

Ocurra lo que ocurra, el PP debe aprender de una vez una lección vital: el PSOE es un adversario peligroso capaz de utilizar muchos recursos para lograr su anhelo de controlar el poder, incluso algunos que en una verdadera democracia son impensables. En consecuencia, al PP no le queda otro camino que le conduzca al poder que el de la regeneración de la democracia, empezando por sus propias filas.

La derecha española debe asumir de una vez por todas que, pareciéndose al PSOE y dirigido por chorizos con gomina, jamás llegará al poder en una España que quiere retornar a la decencia. Ante un panorama de corrupción generalizada, es probable que los españoles digan aquello de que "más vale malo conocido que .." y sigan votando al PSOE.

Para enfrentarse al PSOE, la derecha española tiene que hacerse demócrata, adoptar un modelo de partido distinto al que diseñó José María Aznar, sin semidioses intocables al frente, ajeno al leninismo, capaz de tolerar el libre debate interno y de premiar el mérito por encima del servilismo, un partido de hombres y mujeres libres y honrados, como exige la democracia.

El caso Gürtel, por mucha agresión del PSOE que esconda, es un caso de corrupción real que, además, tiene problemas estéticos de pésimo gusto, con gente pija de gomina que recibe regalos a cambio de contratos, con dirigentes implicados que no merecen el privilegios de dirigir a un pueblo digno.

Limpien ustedes su partido y abracen sin cautelas la regeneración de la democracia, aquella que Aznar traicionó después de haberla prometido en su campaña electoral de 1996, una traición que decepcionó a muchos demócratas españoles, a los cuales la derecha humilló con aquel Pacto por la Justicia, impulsado por Aznar, que permitió a los grandes partidos políticos nombrar a los grandes magistrados y entrar a saco en los tribunales de justicia.

Sin democracia, el PSOE siempre gana, porque su leninismo sin escrúpulos, vertical y autoritario lo convierte en una maquinaria de poder casi invencible.

La realidad de España a principios del siglo XXI es todo un drama: Desde la izquierda y desde la derecha, la democracia ha sido asesinada y sustituida, secretamente y con nocturnidad, por una oligocracia de partidos que gestiona un Estado como si fuera de su propiedad, que predomina ilícitamente sobre los ciudadanos y la sociedad civil y que sabe coexistir sin trumas con la currupción y la mentira.

Únicamente un partido que crea de verdad en la democracia y la ponga en práctica, que otorgue valor al ciudadano, a la libertad, a las ideas, al debate y a la decencia, podra derrotar al PSOE, el cual se sentiría obligado a refundarse, si es que quiere volver a gobernar.

Nuestros partidos deberían aprender, de una vez, a ser demócratas. España y millones de españoles hastiados de corrupción y de indecencia se lo agradeceríamos.

Francisco Rubiales

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La dimisión de Zapatero, cuestión de salud pública

22.10.09 | 16:53. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, España, Zapatero

Que nadie se avergüence por lo que ocurrió el 12 de octubre, fiesta nacional de España, cuando miles de ciudadanos, indignados ante el mal gobierno y la arrogancia ineficiente de Zapatero, exigieron a gritos, en el madrileño Paseo de la Castellana, durante el desfile militar conmemorativo, la dimisión del presidente del gobierno español. Aquel fue, probablemente, uno de los gestos más dignos y responsables de la sociedad española en los últimos años.

Aunque algunos políticos, como el alcalde de Madrid, condenaron la protesta, aquel fue un gesto importante para la democracia española, que recuperó parte de su dignidad perdida cuando los ciudadanos, haciendo uso del derecho que les otorga el ser dueños y soberanos en democracia, abuchearon al mal gobernante, gritándo al que pagan el sueldo ¡Zapatero, dimisión!

Cuando una ciudadanía es cada día más consciente de que está siendo mal gobernada, conducida hacia el fracaso y la pobreza y también se siente sometida por un sistema degradado, que ha dejado de ser democrático, y por una casta política arrogante, inepta y atiborrada de privilegios y ventajas, debe aprovechar cualquier ocasión para demostrar su rechazo y repudio al mal gobierno, a la corrupción y al abuso.

Ese derecho ciudadano a protestar en cualquier espacio u ocasión es democracia en estado puro.

Si España fuera una democracia auténtica y si la sociedad española fuera lúcida y responsable, sabriamos todos que los datos económicos y el estado de la nación exigen la dimisión urgente de José Luis Rodróguez Zapatero y la convocatoria de elecciones anticipadas.

La estrategia del gobierno de separarse de la crisis como si fuera algo importado del exterior, eludiendo toda responsabilidad en el desastre de la economía española, que según algunas previsiones podría permanecer todavía varios años en el foso, hasta alcanzar la espeluznante cifra de seis millones de parados, es una falacia y un engaño contrario a la lógica y a la decencia porque, en democracia, la culpa del drama siempre es del que tiene el poder y la obligación de combatir el desastre con los inmensos recursos que hoy tiene el poder. El tozudo e irracional empeño de Zapatero en no introducir en España las reformas y medidas que le aconsejan el FMI, la Unión Europea, otras instituciones internacionales de prestigio y miles de expertos inclinan a muchos españoles a sospechar que están siendo gobernados por un personaje incontrolado y tal vez enfermo.

Las medidas de Zapatero han fracasado, una tras otra, como demuestra la situación de España, que es el único país de la Unión Europea que no reacciona y sigue hundiéndose. Ese drama se debe a la terquedad de Zapatero en aplicar recetas contrarias a las que han aplicado los demás países, como el endeudamiento imprudente, la subida de impuestos y el desvergonzado mantenimiento del despilfarro en el gasto público.

La consecuencia de esas medidas gubernamentales ha sido la destrucción masiva del tejido productivo, la desmoralización de la sociedad, el hundimiento del consumo y de la demanda y la creación constante de paro y pobreza, una cosecha tan desastrosa que en cualquier democracia exigiría dimisiones en masa y nuevas elecciones para dar oportunidades a otros equipor más preparados y con otras ideas.

El balance del gobierno de Zapatero es desolador: durante su mandato España se ha empobrecido, el desempleo se ha adueñado de la sociedad y se han ensanchado las fosas que separan a los ricos de los pobres, a los ciudadanos de los políticos y a las derechas de las izquierdas, además de potenciar la insolidaridad, la desunión entre los españoles y la corrupción, sin olvidar que se han consolidado los liderazgos internacionales y vergonzosos que España ostenta en fracaso escolar, baja calidad de la enseñanza, desempleo, destrucción del tejido productivo, prostitución, alcoholismo, consumo y tráfico de drogas, despilfarro público, endeudamiento, avance de la inseguridad, crecimiento desordenado del Estado, manipulación y propaganda del Estado, deterioro de la política y un largo y lamentable etcétera que en un cualquier democracia seria ya habría provocado la dimisión del gobierno en pleno..

Pero Zapatero, que entiende poco de democracia y mucho de poder, se aferra a su sillón y, sin sensibilidad ni sentido de la responsabilidad, seguramente es capaz de hacer como Sansón, que provocó el hundimiento del templo para morir él con todos los filisteos, bajo las ruinas (de España).

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Caja Madrid desvela las carencias democráticas del PP

21.10.09 | 18:40. Archivado en Partido Popular, Democracia, Economía, Corrupción

El Partido Popular habla constantemente de "despolitizar" las cajas de ahorro, pero en la hora de la verdad, cuando se pugna por la presidencia de Caja Madrid, sólo propone a políticos. Es una contradicción que demuestra la hipocresía de los populares que, en el fondo, se parecen al PSOE como dos gotas de agua.

Para sustituir a Miguel Blesa como presidente de Caja Madrid, Esperanza Aguirre quiere imponer a Ignacio González, su mano derecha, mientras el PSOE y el PP se inclinan por De Guindos, mientras que Rajoy, desde la trastienda, impulsa la candidatura de Rodrigo Rato. El pulso de Caja Madrid demuestra que los partidos políticos españoles mienten cuando hablan de regeneración democrática o de limpieza política. En el fondo, siguen obsesionados por el poder y dispuestos a seguir repartiéndose el pastel entre ellos, sin participación del ciudadano, sin presencia alguna de la sociedad civil.

La constatación de la hipocresía afecta, de manera especial, a Esperanza Aguirre, la dirigente popular que exhibe con más intensidad criterios presuntamente liberales y que, aparentemente, apuesta por la regeneración de la democracia, en especial por la "despolitización" de las cajas de ahorro españolas, secuestradas por los partidos políticos, que, junto con los sindicatos, dominan sus consejos de administración e imponen a los presidentes.

El apoyo de Rajoy a Rodrigo Rato es otro reflejo de la miseria política española porque lo que pretende no es tanto poner Caja Madrid en manos de un gestor experimentado como quitarse de en medio a un prestigioso y peligroso rival político, del que se habla como sustituto de Rajoy si el registrador gallego fracasa en su próximo enfrentamiento electoral con Zapatero.

Mientras tanto, el drama del intervencionismo de los políticos en la sociedad y en la economía alcanza su cenit en Andalucía, donde el leninismo visceral de su gobierno lo hace intervencionista, dominador e implacable ante cualquier espacio de poder. La Junta, desoyendo los consejos de los expertos y los criterios de muchos sectores que aconsejan una retirada de los políticos de las cajas para permitir una más profunda profesionalización de su dirección, cambia la ley de cajas para controlarlas todavía más y poder obligarlas a fusionarse en base a criterios políticos, no financieros ni empresariales.

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