No todo es malo en la crisis y en la actual experiencia dramática de España. Junto a miles de efectos negativos, como la pobreza, la desconfianza, la desigualdad, la inseguridad, la corrupción, la pérdida de derechos fundamentales y otros, existen, también, cambios positivos en la sociedad, como el rechazo al mal gobierno, el deseo de verdad, la añoranza de valores y principios morales, la conciencia de que necesitamos democracia, no la oligocracia sucia que nos gobierna, y otro que tiene una gran importancia cultural y política: el hundimiento de muchos "dogmas progres" que han envenenado la cultura política española de las últimas décadas.
Ya no son creíbles ni velen mentiras como "la derecha siempre es mala", "la cadena perpetua es inconstitucional", "las autonomías son maravillosas", "papeles para todos" o "lo público es mejor que lo privado". La crisis está demostrando que la realidad es muchas veces la contraria y que esa filosofía "progre" era una estafa cuyo fin último era sustentar en el poder y el dominio a unos partidos de izquierda que muchas veces se han olvidado del pueblo y del bien común para dedicarse de lleno a sus privilegios y ventajas elitistas: sueldos, pensiones, coches oficiales, tarjetas "visa", guardaespaldas, dietas, secretarias e incrementos del patrimonio muchas veces injustificados.
Los "dogmas progres" están siendo rechazados por la sociedad cada día más intensamente. Las clases sociales más desposeídas están descubriendo que los que afirmaban ser sus protectores no sólo les dejan sin trabajo y sin esperanza, sino que también les retrasan la edad de jubilarse y ponen en peligro los fondos públicos que deben pagar las pensiones.
Muchos se preguntan si la filosofía "progre" mejora el mundo o si, como parece evidente, conduce a Cuba, a Venezuela, a Irán y a otros paraisos de la "progresía" donde los derechos humanos son pisoteados y la pobreza "triunfa" en la sociedad.
Cada día resulta más evidente que aquel Alfonso Guerra que hablaba a los "descamisados" de España pidiendoles el voto era un manipulador que lo que pretendía con sus mensajes es seguir subido al coche oficial, del que no se ha bajado desde que murió el dictador Franco.
El pueblo, cada día más hundido por la crisis, con cinco millones de parados reales y muchas familias sin protección social alguna, es cada día mas consciente de que la filosofía del "progreso" no busca una nueva sociedad más justa, sino el fortalecimiento de los privilegios de la "casta" política, una estafa de grandes dimensiones que refleja el egoismo y la miseria de aquellos que ordeñan a diario al Estado para su propio beneficio.
La imagen de aquel alcalde "progre" de Madrid, Enrique Tierno Galván, afirmando que las promesas electorales "están para no cumplirlas" y la de aquel Alfonso Guerra desvergonzado, sosteniendo que "Montesquieu ha muerto", se ven hoy con toda claridad como cargas de indignidad e indecencia de una política que ya entonces era corrupta y antidemocrática, aunque la mayoría de los españoles, ofuscados en aquellos tiempos por las ansias de libertad, no supieramos ver toda la indignidad y el despreicio a la democracia que aquellas afirmaciones escondían.
Gracias quizás a la crisis y a que España está hoy de rodillas, al borde del foso de la pobreza y la derrota, al que ha sido conducido por sus políticos, con especial protagonismo de los "progres" fracasados, muchos ciudadanos, hasta hace poco integrantes de la masa de borregos que ha votado en las urnas a inútiles, ventajistas y tramposos nada demócratas, son conscientes ahora de que han sido engañados y utilizados. Aunque no sean filósofos ni doctores, la intuición y la lógica les hace sospechar que, bajo el paraguas de la cultura "progre", se ha dilapidado el dinero en España, se ha destruído el trabajo y la esperanza, se ha creado pobreza y desigualdad, se han formado generaciones de jóvenes incapaces de esfuerzo y competitividad, se han aplastado los valores, se han enriquecido legiones de políticos corruptos y se han puesto las bases para que la próspera España caiga en la ruína y vuelva a ser África.
Nota: distinguimos entre el verdadero "Progreso", positivo y causante del avance de la Humanidad, y las actuales doctrinas "progres" que imperan en España, filosofía barata que suele terminar siempre en tribus de parásitos que ordeñan al Estado y en sociedades empobrecidas y esclavizadas por sus amos políticos.
Voto en Blanco (versión original del blog)
Los mercados ya no confían en el verdugo de España. Los españoles que le rechazan son cada día más. El presidente de los españoles se ha convertido en un obstáculo que impide la regeneración y el verdadero progreso. Echar a Zapatero es ya un reto urgente. Mientras que el actual presidente permanezca en el poder, la salvación es imposible. La situación económica es tan insostenible que España necesita un gobierno de coalición que conduzca los despojos del país hacia su largo calvario de dolor.
España necesita un gobierno de transición que sustituya urgentemente a Zapatero y que convoque elecciones. Los mercados ya no creen en su liderazgo y los españoles tampoco. Librarnos de Zapatero es la primera necesidad del país. La parte decente de España que queda debe reaccionar y obligarle a que se marche y nos deje renacer. Tal vez el camino sea una moción de censura del PP, apoyada por CIU y una parte del propio PSOE. Pero la vía más urgente y menos traumática sería convencerle de que estorba y de que debe abandonar.
A la España destrozada que deja Zapatero le quedan tres opciones; dolor, quiebra o inflación.
La quiebra no la queremos; la inflación es imposible mientras permanezcamos en la Zona Euro; el dolor queda como única salida digna para un pueblo que necesitará tratamiento psicológico para olvidarse de los estragos causados por el peor dirigente de España desde Fernando VII. Pero ni siquiera la vía del dolor y del sacrificio está abierta mientras Zapatero permanezca en el poder.
Dolor significa aprobar medidas impopulares que el inepto de la Moncloa es incapaz de adoptar: reforma laboral, bajadas de sueldos, austeridad pública y muchas otras, todas dolorosas. Si Zapatero no hubiera negado la existencia de la crisis para ganar votos, si hubiera adoptado a tiempo las medidas oportunas, el dolor que espera a España habría podido evitarse.
No hay más culpables de la tragedia que Zapatero y sus palmeros, en especial los de su propio partido y los que le acompañaron en su gobierno, que no tuvieron ni el valor ni la decencia de hablarle claro, a tiempo, para frenar su letal catarata de errores.
España es su víctima y los españoles le recordaremos eternamente como una plaga.
Si no se introducen con urgencia correcciones drásticas, si los ciudadanos, con la ayuda de los intelectuales y periodistas, no consiguen imponer un cambio de rumbo a la política, nos dirigimos hacia un mundo que, a mediados del siglo XXI contará con 9.000 millones de pobres y 1.000 millones de ricos, tan injusto como políticamente insostenible.
En España, un país conducido por su inepto gobierno hacia la pobreza y el fracaso, esos cambios son especialmente urgentes. El caso de España está siendo estudiado ya en las escuelas de estudios políticos como un caso escandaloso de mal gobierno y de fracaso de la clase política.
Hoy, nuestros dirigentes electos, herederos de la vieja y eterna casta dominante, nos piden que confiemos en ellos y que les entreguemos todo el poder, asegurando que son capaces de solucionar ese déficit de democracia y justicia que sus predecesores nunca supieron compensar. Nos cobran impuestos por adelantado, como si fueran los viejos tributos que se pagaban a los conquistadores, sin tener que rendir cuentas a nadie; legislan sin pedirnos opinión y aplican las leyes desigualmente, según les conviene; se fijan sus propios sueldos; se autoadjudican el monopolio de la violencia y nos dejan indefensos frente a policías, ladrones, asesinos y toda esa delincuencia armada que, sin explicación, domina muchas calles y barrios; exigen sumisión y se atiborran de privilegios, pero no dan nada a cambio, salvo un mundo que sigue mal ordenado, desigual, injusto, violento y con los grandes valores en una triste decadencia, cuyo rasgo mas relevante y lacerante es que la felicidad es inalcanzable para la inmensa mayoría de los humanos.
Sus planteamientos son falsos y sus promesas son mentiras. No tienen soluciones, ni les interesa solucionar los problemas. La "casta" política lleva más de cinco milenios luchando contra los mismos problemas, sin haberlos solucionado jamás porque si los solucionan ellos dejan de ser imprescindibles. La guerra sigue destruyendo hogares y vidas desde hace cinco mil años; la sociedad continúa dividida entre pobres y ricos; la injusticia, propiciada por el poder, campea por el mundo y causa estragos; la enfermedad es una lacra, sobre todo para los pobres; el hambre sigue diezmando pueblos y razas; la inseguridad angustia al hombre; la violencia covierte la vida de los débiles en un infierno.
Curiosamente, esos males que la "casta" promete arreglar desde hace siglos son fenómenos que ellos desconocen porque no existen en sus palaciós y burbujas de abundancia, seguridad y dinero. Los poderosos jamás entran en contacto con el hambre, la injusticia, la violencia, la guerra y otras nuchas plagas que azotan a los débiles y a los humildes.
Ellos, la "casta" de los nuevos amos del mundo, son el problema, el verdadero drama del mundo y el mayor obstáculo para la regeneración y para que podamos crear un mundo mejor.
Sra. Dª. Sonsoles Espinosa Díaz
Palacio de la Moncloa
Madrid
España
Distinguida Señora:
Desesperados ante la insensibilidad de su esposo, Don José Luis Rodríguez Zapatero, que se niega a reconocer que su mandato está destruyendo España y se niega también a abandonar el poder y dejar las riendas del país a otro dirigente con más tino, pericia y liderazgo, recurrimos a su sentido de la responsabilidad, a su sensibilidad como mujer y a su condición de esposa para que influya en su marido y consiga que convoque las elecciones anticipadas que España necesita en estos momentos cruciales de su Historia.
Parace evidente, como afirma Felipe González, que el famoso "Síndrome de la Moncloa" le ha afectado de manera prematura. Usted, como esposa y madre, debe estar padeciendo también, al igual que los españoles, los efectos de ese terrible síndrome: aislamiento, alienación, incapacidad para entender la realidad, arrogancia, insensibilidad ante el sufrimiento ajeno, impotencia para resolver los problemas y un liderazgo que se torna nefasto y que, en lugar de ayudar a los españoles, los empobrece, los humilla y los lleva a la desesperación como pueblo.
Ese síndrome terrible, que ha afectado a todos los inquilinos de la Moncloa, impide a su esposo José Luis ver los daños que está causando a España y percibir el desprestigio actual de nuestro país en el mundo. También se deben a ese síndrome, seguramente, los dramáticos errores de su marido, su propensión a la mentira, su desesperación cuando ve que el poder se le escapa de las manos, su odio al adversario y su insensibilidad dolosa ante el sufrimiento de esos millones de españoles que, víctimas de su política, forman parte ya de la pobreza y de la infelicidad.
Recurrimos a usted porque, desgraciadamente, la situación es tan grave que ni siquiera podríamos salvar a España derrotándolo en las urnas cuando se celebren las elecciones de 2012. Entonces ya será tarde y la destrucción de la prosperidad, del tejido productivo y de la confianza habrán superado el límite del no retorno. El relevo, para bien de España, tiene que llegar ahora, con urgencia.
Mire usted, señora Sonsoles, España necesita reformas y medidas tan urgentes como dolorosas e impopulares para recuperar el sentido del esfuerzo, la competitividad y la decencia. Estamos convencidos --y usted también lo sabe-- que José Luis no tiene valor para hacerlo. Teme perder votos y seguirá manteniendo ese sueño infantil suyo, que usted tantas veces ha padecido en el hogar: el de creerse un elegido, un ser tocado por la fortuna, que nunca pierde.
Esta vez va a perder y lo peor es que su derrota va a arrastrar a España y a muchos millones de españoles hasta el foso del fracaso y la pobreza.
Usted puede evitar que su marido pase a la Historia como el líder que llevó a España hasta la pobreza y la desesperación. Ël siempre dirá que no fue él quien causó el desastre, sino la crisis, y que España venía ya "tocada" del pasado, pero él será el responsable ante la Historia porque el daño se habrá producido siendo él responsable de los destinos de su pueblo.
Sugiérale que supere a José María Aznar, cuya decisión de no repetir después de ocho años en la Moncloa sorprendió y agradó a los españoles. José Luis puede tener un golpe de responsabilidad y generosidad que sabremos valorar convocando elecciones anticipadas y devolviéndole al pueblo el poder soberano que ostenta en democracia para que sea el pueblo quien elija al pastor apropiado para el drama. La experiencia demuestra que su marido no era un líder para la pobreza, sino un manirroto preparado sólo para ejercer el liderazgo en la abundancia.
He dejado para el final el argumento más fuerte: si se marcha ahora, usted y las niñas lo recuperarán y podrán disfrutar de él en la familia. Si espera a que sea derrotado, recibirá en el hogar a un ser amargado, apenas los despojos de lo que fue. Y para colmo de males, su "sacrificio" habrá sido inútil porque su memoria será odiada y su partido, que también es el de usted, estará por lo menos dos décadas alejado del poder, hasta que las actuales generaciones se olviden del desastre causado por el "Zapaterismo", que recibió una España próspera y esperanzada y la entregó, tras su mandato, arrodillada, dividida, pobre y desesperada.
Esperamos que nos ayude. Nosotros, como demócratas, ante las carencias injustas de la legislación española, que margina al ciudadano, aunque sea mayoría, sólo podemos rumiar nuestra desolación, protestar indignados ante los estragos que su marido está causando y confiar en su sensibilidad como mujer, en su responsabilidad como española y en su influencia como esposa y madre.
Firmado:
Muchos demócratas españoles, desde la angustia cívica.
No es una utopía, ni un sueño, sino una realidad en crecimiento y ya visible. Lo que ocurre es que muchos están tan manipulados y confundidos por el poder que han perdido la visión. Los ciudadanos se están rebelando contra los políticos... y los políticos lo saben. Y están tan preocupados que estrechan filas, se hacen corporativos y han decidido unirse para defenderse. El enemigo, para muchos de ellos, somo los ciudadanos. La democracia ya no existe y ha sido sustituida por la indecencia.
Los ciudadanos rechazan el poder político en las democracias occidentales de muchas maneras. Una de ellas es votando contra lo que desea y propone la clase política que gobierna. Contra el Tratado de Maastricht votó nada menos que el 50.7 por ciento del electorado danés, en junio de 1992. Francia rechazó el mismo tratado, meses después, con un 49 por ciento de los votos. Pocos meses más tarde, los ciudadanos suizos se enfrentaron a sus élites políticas y se opusieron en referéndum a estrechar los lazos con la Unión Europea. En Italia, los plebiscitos de abril de 1993 demostraron que nada menos que el 82 por ciento exigía cambios radicales en el sistema electoral diseñado por los políticos. En Canadá, cerca del 55 por ciento de los votantes rechazaron el acuerdo constitucional de Charlottetown, a pesar de que era apoyado por todos los presidentes provinciales y por los tres mayores partidos del país. Más tarde, la nueva Constitución Europea, diseñada por políticos con alardes de éxito y apoyada por los parlamentos y gobiernos, fue rechazada por la mayoría de los electorados de Francia y Holanda, demostrando que el divorcio entre políticos y ciudadanos era ya alarmante y escandaloso.
Pero la corriente de oposición a los nuevos amos políticos, arrogantes, escasamente valorados y claramente enemistados con amplios sectores ciudadanos, tuvo muchas más manifestaciones en otros muchos países del mundo, entre ellos Polonia y España. En este último país, el gobierno que presidía el socialista José Luis Rodríguez Zapatero fue humillado dos veces seguidas por los ciudadanos, que se negaron a acudir a las urnas para pronunciarse en referéndum sobre los estatutos de Cataluña y Andalucía, propuestos por el gobierno, los cuales fueron finalmente aprobados con porcentajes vergonzosos, que apenas alcanzaban el tercio del electorado.
No es una expresión del cansancio o un desinterés circunstancial, como afirman los políticos, sino un verdadero movimiento "antisistema" que tiene múltiples aristas y que se plasma también en el ascenso de nuevos partidos populistas y muy críticos con la clase política tradicional. Ahí están para demostrarlo la Liga Norte, en Italia, el Partido Reformista, en Canadá, los grupos que apoyaron a Perot, en Estados Unidos, Ciudadanos y UPD, en España, el triunfo del populismo autóctono en países de América Latina como Venezuela, Bolivia y Ecuador, etc..
El movimiento emite mensajes tan claros como alarmantes: la política, tal como está concebida, no sirve, es ilegítima, concita el rechazo de la ciudadanía y responde a un diseño que sólo interesa a los políticos profesionales y a sus partidos políticos, que ya aparecen señalados en las encuestas entre las instituciones más desprestigiadas y corruptas del planeta.
La primera conclusión que surge espontánea del análisis de este amplio movimiento de resistencia es que mucha gente está pensado que la democracia, en lugar de liberar, oprime y que el régimen que nos imponen los partidos políticos no es una democracia aceptada por la ciudadanía, sino una oligocracia despreciable e impuesta desde el poder y por la fuerza. La segunda conclusión es todavía más alarmante: nuestros gobernantes, teóricamente democráticos, empiezan a ser percibidos claramente como ineficientes y opresores por grandes sectores de la sociedad.
El número real de parados se acerca a lo cinco millones y al 60 por ciento de las familias españolas no les llega el dinero a final de mes, mientras que las colas son cada día más largas en los comedores de caridad y se incrementa el número de los sin techo que habitan en rincones de las ciudades, bajo cartones y plásticos. El déficit del Estado se ha quintuplicado en apenas un año y la deuda española es ya considerada "basura" en los mercados monetarios. El Estado se niega a adelgazar y desprecia la austeridad obligada contratando a muchos nuevos altos cargos. Todo un drama, doloroso, antidemocrático y caústico.
El tejido empresarial español, envidia de muchos países hasta hace pocos años y la única esperanza para la recuperación económica, se destruye cada día más, abandonado por el gobierno, que sólo cree en el funcionariado y en el poder del Estado. Hay 127.000 empresas desaparecidas, decenas de miles de autónomos expulsados del mercado y el 80 por ciento de las pymes que sobreviven están asfixiadas y en peligro de quiebra.
Esta España descoyuntada es la obra maestra de Zapatero, el peor dirigente posible, todo un drama para España, un tipo taimado, arrogante y autoritario que oculta sus propias carencias y vergüenzas detrás de una sonrisa falsa y de un talante maquillado.
Los datos económicos y el imparable proceso de destrucción de la prosperidad y la decencia que él está pilotando convierten a Zapatero en un verdadero tumor. Las encuestas reflejan que cada día son más los que rechazan a Zapatero y lo responsabilizan de los enormes daños que está sufriendo España. Muchos analistas y comentaristas lo califican ya como el peor gobernante de España desde Fernando VII. Pero el proceso de rechazo al cáncer es desesperadamente lento, tan lento que quizás alcancemos el colapso antes de que millones de españoles salgan a las calles para exigir elecciones anticipadas.
Se niega, por pura soberbia, a hacer lo que le aconsejan el FMI, la Unión Europea, otras instituciones internaciones y miles de expertos y es tan soberbio que cree que él tiene razón y todos los demás están equivocados. Un tipo así es como dormir con una víbora en la cama, pero España está llena de drogatas, borrachos, puteros, narcotizados, fanáticos y esclavos, impotentes para distinguir entre el bien y el mal, incapaces de percibir la tragedia que se avecina.
A Zapatero todo le sale mal. Contamina lo que toca. Algunos dicen que es "gafe", pero es más bien un inepto con poder, lo que es muchos peor.
Zapatero, a pesar de sus fracasos y del inexorable hundimiento de su prestigio e imagen, se niega a convocar nuevas elecciones y se mantiene en el mando practicando lo que mejor sabe hacer: la compra de voluntades.
No hace mucho compró el apoyo del PNV y de Coalición Canaria para que apoyen unos Presupuestos Generales para el año 2010 que los economístas y analistas políticos califican, con una unanimidad casi plena, como nefastos. Antes ya cerró pactos, a cambio de favores y concesiones, con los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos, gente que, por sus ideas y por su odio a la España constitucional, deberían ser sus adversarios.
Zapatero se sostiene como jefe del gobierno de la maltrecha España, un país que llegó a ser próspero y al que el liderazgo torpe y mediocre de Zapatero le ha arrebatado la tranquilidad, la esperanza y el respeto, porque tiene enfrente a una sociedad envilecida y cobarde, que es capaz de votar en las urnas a su verdugo, y porque la oposición política, representada por el Partido Popular, es una auténtica vergüenza, plena de debilidad, de falta de ideas, de incapacidad para ilusionar y sin un liderazgo solvente que sea capaz de echar sobre el cadáver político de Zapatero las tres paladas que necesita.
Existe en la sociedad española un intenso malestar de fondo contra el gobierno y la oposición. El drama envuelve ya a toda la "casta" política, que, fracasada, aparece ya en las encuestas como el tercer gran problema de España. Si no fuera tan inútil e inepta, la oposición de derecha lo tendría "a huevo". Es tan innútil la oposición y el "Zapaterismo" está causando tanto daño a la nación que si existiera una alternativa política atractiva, ya habría sido obligado a dimitir.
Pero el peor drama de España es que, para desgracia de los españoles, han coincidido en esta etapa histórica el peor gobierno, la peor oposición y la sociedad más envilecida y cobarde.
La solución, nos guste o no, sólo está en manos de los ciudadanos porque nuestros políticos son un verdadero fracaso y un lastre para nuestro futuro.
La ideología de Zapatero es, en apariencia, un gran misterio porque, aunque él se define como "de izquierdas" su comportamiento es contradictorio y confunde a los analistas, que más bien se inclinan a pensar que el presidente es un pragmático sin otra ideología que el ansia de poder y el deseo de mantenerlo a cualquier precio. Sin embargo, hay pistas que permiten concluir que Zapatero es un neocomunista camuflado, muy cercano a las tesis y práxis del Socialismo del Siglo XXI, el movimiento que encabezan en América Latina el dictador venezolano Hugo Chávez y los hermanos Castro Ruz, dictadores cubanos.
Cuando llegó al poder, Zapatero se autosituó en el "Republicanismo" y se declaró admirador del pensador irlandés Philip Pettit, autor del libro "Republicanismo. Una teoría sobre la libertad y el gobierno" (Paidós, 1999), pero fue un engaño más porque el republicanismo es democrático, se basa en el consenso, respeta el juego de las mayorías y exige la aprobación de las leyes con grandes apoyos y mayorías muy sólidas, justo lo contrario de lo que Zapatero está haciendo en España.
Zapatero, en realidad, es, como todo marxista leninista, un adorador del Estado que antepone la fuerza del gobierno a la de la sociedad y de lo colectivo frente a lo indivídual. La democracia es justo lo contrario: predominio de la sociedad sobre el Estado y valoración suprema del indivíduo como ciudadano, que es el soberano del sistema. Si él fuera un latinoamericano, militaría claramente en el Socialismo del Siglo XXI, con el venezolano Chávez, el boliviano Evo Morales, el ecuatoriano Correa, el nicaragüense Daniel Ortega, el depuesto hondureño Zelaya y otros, todos ellos bajo la inspiración ideológica de Fidel Castro, inventor de la tesis de que al comunismo se puede llegar mejor a través de las urnas, aprovechando las debilidades y huecos de la democracia, que son muchos.
Pero Zapatero tiene el problema de ser un líder occidental, europeo, jefe del gobierno de un país que, a pesar de sus debilidades, sigue adotando la democracia y la recién conquistada libertad. Mostrar en Europa y en España, abiertamente, su verdadero rostro neo-comunista, próximo a las tesis totalitarias y poco amigo de las libertades y derechos individuales, podría resultarle suicida.
Por eso disimula, confunde y se traviste de demócrata, siempre con la ayuda de las medios y televisiones amigas, de lobbys y grupos de izquierda bien lubricados con dinero público y de un partido socialista al que ha domesticado con mano de hierro, alejando de sus centros de decisión a los demócratas y a la gente de conciencia, pero sin salirse jamás del guión neocomunista, de su hoja de ruta para la conquista de un poder político prácticamente ilimitado.
El socialismo del Siglo XXI, en síntesis, propugna la toma del poder a través de elecciones y el uso masivo del dinero público y de los recursos del Estado para que el líder siga manteniendose en el poder. Para lograrlo, el guión establece que hay que aplastar a la oposición y que, cuando sea posible, si es necesario, se reforme la Constitución para que el liderazgo sea eterno. El sistema, sin salirse formalmente de las reglas democráticas, se transforma así en una dictadura legalizada de partido único, ya que el lider siempre gana las elecciones y la oposición, desarticulada y desmoralizada, pierde siempre.
El guión ideado por Fidel Castro y apoyado con entusiasmo por Hugo Chávez establece que el poder del lider debe ser ilimitado y que si algún miembro de la oposición, a pesar de la propaganda y del acoso, logra ganar unas elecciones a alcalde o presidente regional, se le extrangula desde el poder central privándole de dinero público y desacreditándole a través de los medios y del sistema judicial, que previamente ha sido controlado por el gobierno, como todas las instituciones y los poderes fundamentales del Estado.
Una de las claves principales para el control del poder y de la sociedad es el clientelismo. Para establecerlo, se crean muchos y bien pagados puestos en el Estado, que se otorgan a amigos y partidarios, a cambio de lealtades y apoyos, en teoría inquebrantables.
El guión, que incluye acabar disimuladamente con las libertades individuales y el incremento de las libertades y derechos colectivos, fácilmente manipulables desde el poder, utilizando con falsedad el concepto de "mayoría", requiere aplastar y "freir" con impuestos a las clases medias, demasiado proclives a la libertad y a la crítica, bajar el nivel cultural de la población para que reflexione poco, y dividir a la sociedad en bandos enfrentados, para estimular el fanatismo, pone un especial énfasis en desmoralizar y desarticular a la sociedad civil, colocándola en estado de coma, aunque sin liquidarla.
De toda la "fauna" de la izquierda radical mundial, el venezolano Hugo Chavez es el más elemental, espontáneo y descarado, lo que le lleva a exteriorizar en público algo que sus amigos y colegas de la izquierda radical internacional no se atreven a expresar: admiración por personas que el mundo civilizado y democrático suele condenar por sus crímenes o por su totalitarismo, gente a los que Chávez define como "los chicos malos del mundo", una jauría en la que figuran el cubano Fidel Castro, Robert Mugabe, de Zimbabue, y al santón funesto Mahmud Ahmadinejad, de Irán, entre otros.
Poco antes, Hugo Chávez se había atrevido a "vender" al famoso terrorista venezolano Ilich Ramírez Sánchez, alias “Carlos” o ‘El chacal’, como un “luchador revolucionario”, y a atacar el Sistema Judicial francés, acusándole de condenar “injustamente” a este asesino abyecto que está pagando cadena perpetua en Francia. También expresó sus dudas acerca de la verdadera naturaleza del sanguinario dictador de Uganda, Idi Amin, al que la historia moderna califica de “caníbal”.
Chávez es el menos hipócrita y el más básico de los "chicos malos" del mundo actual, lo que le permite mostrarse tal cual es y llamar "hermanos" a grandes asesinos en serie mundiales, sobre los que la izquierda internacional guarda un silencio sepulcral e hipócrita, sin atreverse a alabarlos ni a condenarlos.
Todos los "colegas" de Chavez se cuidan más que él, desde el propio Fidel Castro hasta Evo Morales, Correa y el mismo Ahmadinejad, pero quien más se cuida es el español Zapataro, que, al sentarse entre los demócratas ricos del mundo desarrollado, no tiene más remedio que ocultar sus verdaderas ideas y iconos.
Curiosamente, algunos de esos "chicos malos" admirados por Chavez son los mejores aliados de Zapatero en la "Alianza de Civilizaciones", un programa que, según sus críticos, reune a demasiados mezquinos y portadores de ideas totalitarias.
Sobre el terrorista Carlos, que durante años fue el asesino más buscado del siglo XX, el gorila Chavez dice: “… Carlos lo que fue en verdad es un luchador revolucionario. ¡Yo lo reivindico, qué me importa lo que digan mañana en Europa. Está condenado injustamente, así lo pienso, a cadena perpetua… la policía francesa lo secuestró. Se lo llevaron secuestrado desde donde estaba viviendo en Sudán, lo metieron en un saco y se lo llevaron a País, allá está preso”.
Ante esas palabras, la oposición venezolana afirma que es el "vergonzoso alegato de un delincuente que se desnuda en toda su ruindad".
Más del 62 por ciento de los hondureños (casi diez puntos más que en los anteriores comicios) acudieron el 29 de noviembre a las urnas para elegir nuevo presidente y poner fin así, de una manera pacífica e incuestionablemente democrática, a la pesadilla del anterior mandatario Mel Zelaya, traidor a la Constitución y ejemplarmente expulsado del poder por los partidos políticos, el Parlamento, la Corte Suprema, la sociedad civil y las demás grandes instituciones del Estado hondureño.
Pero el gobierno español, aliándose una vez más con la antidemocracia y despreciando la decisión popular, sigue pugnando vergonzosamente por descalificar esas elecciones y por restituir el poder a un ex presidente Zelaya cuyo único "merito" es ser amigo del gorila venezolano Hugo Chávez y de ese neofascismo socialista que tanto gusta a Zapatero, apoyado también por los dictadores cubanos y por sus seguidores autoritarios de Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Paraguay.
Con su actitud, España no sólo exhibe su alianza con los gorilas del neofascinsmo socialista "del siglo XXI" y su escaso aprecio por la democracia y sus reglas, sino que demuestra también un perverso corporativismo con la casta política, cuyo único objetivo es la defensa a ultranza de los mandatarios y políticos frente a sus oprimidos pueblos, a los que niega el derecho sagrado a expulsar a los malos gobernantes.
La rebeldía frente al mal gobernante y el levantamiento popular para expulsar del poder a los canallas y déspotas es un derecho supremo, con rango superior a cualquier regla constitucional, que está grabado en el alma y en la dignidad humana desde la noche de los tiempos, como regla inexorable de la Ley Natural,
reconocido por las grandes religiones y por algunas constituciones democráticas, con la de Estados Unidos a la cabeza.
Vivir en este mundo no merece la pena si los ciudadanos estuvieran obligados a soportar la tiranía y el mal gobierno sin rebelarse, sólo por haber cometido el error de votar un día a un sinvergüenza o a un inepto. La representatividad no es intocable en democracia, un sistema donde la único sagrado es la voluntad popular, mucho más importante y digna que la voluntad de un arrogante mequetrefe o de muchos mequetrefes unidos, situados al frente de sus respectivos estados.
El depuesto Manuel Zelaya ha quedado ampliamente rechazado por su pueblo en las urnas y todavía más deslegitimado, al igual que la pléyade de los antidemócratas que le apoyaban, principalmente Hugo Chávez, con los países de la Alternativa Bolivariana para Las Américas (ALBA), ayudados por la complicidad del Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), y, posteriormente, con la del gobierno de Lula da Silva, Presidente de Brasil y de José Luis Rodríguez Zapatero, cabeza de puente del "lobby bolivariano" en Europa.
Gran parte del pueblo hondureño creía inocentemente que la celebración de unas elecciones transparentes, organizadas por la autoridad independiente, representada por el Tribunal Supremo Electoral, que en Honduras es totalmente autónomo, sería la mejor vía para resolver la crisis que había fracturado al país. Pero no contaban con la contumacia antidemocrática y el irrespeto a la voluntad del pueblo de Hugo Chavez y de sus amigos, que, obsesionados por incorporar a los hondureños, por la fuerza si es necesario, al neofascismo socialista bolivariano, rechazan ahora las elecciones del 29 de noviembre.
El pepel de España, defendiendo los intereses de Hugo Chavez en la devaluada cumbre Iberoamericana que se celebra en Portugal, a la que faltan tantos jefes de Estados que es imposible ocultar su fracaso, es triste, lamentable y vergonzante para los ciudadanos demócratas del mundo y para los muchos españoles de bien que ya no se sienten representados por Zapatero y su inepto gobierno.
El eco de la protesta de los jóvenes iraníes contra el fanatismo totalitario de los ayatollás se ha apagado y el fanático Ahmadinejad se ha consolidado, a pesar del fraude electoral, sobre todo en los países donde la izquierda, subyagada por la figura del tirano iraní, tiene poder sobre los medios de comunicación y la opinión pública. El sucio fraude electoral perpetrado por el régimen contra la esperanza del pueblo se silencia y se da por bueno. Parece imposible que la izquierda mundial, antaño defensora, al menos en teoría, de los derechos humanos y las libertades, se sienta fascinada hoy y casi enamorada de un fanático peligroso y asesino como el presidente iraní.
La izquierda mundial ha debido caer muy bajo para tratar al fanático presidente iraní Ahmadinejad como uno de sus iconos predilectos. La prensa mundial de izquierdas y sus intelectuales y periodistas lo alaban y lo cuidan como un valor mundial, olvidando sus crímenes, mentiras y su reconocido y reciente fraude electoral frente a su adversario Mir Hossein Mussavi.
La locura de convertir en héroe a un peligroso antidemócrata solo puede explicarse si se admite que la izquierda, antaño defensora de los derechos humanos y las libertades, se ha deteriorado tanto que se ha olvidado de la democracia y adora a cualquier asesino con tal de que sea antiyanki, anticapitalista y antidemócrata.
La izquierda se lo perdona todo: el que mutile a los ladrones, ahorque a las mujeres infieles, ejecute a los gays y extermine a sus adversarios con métodos que superan en crueldad y saña a los empleados por el KGB y la Gestapo. Lo verdaderamente importante para radicales camuflados de izquierda, como Zapatero, es que el loco Ahmadinejad sea antijudío y antiamericano.
Ahmadinejad ha conseguido fascinar a la izquierda mundial con sus mentiras atrevidas: ha dicho que está a punto de llegar un nuevo mesias que pondrá las cosas en su sitio y que liquidará el Estado sionista de Israel de la faz de la tierra. Ha dicho también que el Holocausto es un mito y una estafa porque nunca ocurrió. Ha asegurado que en Irán no existen los gays, pero ha ocultado que su régimen los ahorca en masa. Por último, ha asegurado que su país no quiere poseer la bomba atómica, mientras la fabrica a todo gas para emplearla contra sus adversarios.
El fraude electoral en las últimas elecciones de Irán ha sido minimizado en los países donde domina la izquierda, donde ni siquiera ha sido valorado el hecho de que millones de iraníes se hayan lanzado a las calles para protestar por el totalitarismo del régimen de los ayatollas. En esos mismos países se acosa a Honduras por haberse sacudido a un presidente como Zelaya, anticonstitucional y arbitrario, aunque aliado del izquierdismo mafioso y sanguinario que encabezan los hermanos Castro, amparados por el dinero del venezolano Hugo Chávez.
El radicalismo antidemocrático del fanático Ahmadinejad sigue fascinando a cierta descerebrada izquierda mundial, cuyo desprecio por las libertades individuales y la sociedad civil ya es indisimulable. En esa izquierda "amiga" del radical iraní milita, para vergüenza de los demócratas españoles, el español Zapatero, que mantine con Ahmadinejad una especie de idilio que incluye una colaboración estrecha en torno a la Alainza de las Civilizaciones.
Cuando nuestra Constitución fue redactada, la sociedad española creía en la bondad de los partidos políticos y asumió un documento que depositaba en esos partidos demasiado poder, más del que era prudente, según ha demostrado la Historia.
Cuando la actual Constitución fue redactada y aprobada, la democracia española daba sus primeros pasos y, después de cuatro décadas de Franquismo, confiaba plenamente en la bondad de los partidos políticos. En consecuencia, España asumió una Constitución que entregaba a los partidos políticos demasiado poder y representación, más del que era prudente, según ha demostrado la historia.
Hoy, aquellos partidos políticos a los que la Constitución otrogó tanto poder y representatividad, incluso el derecho a intervenir en la Justicia y a mediatizar los grandes tribunales, ya no son de fiar, tras haberse convertido en maquinarias implacables de poder y de clientelismo, más fieles a sus propios intereses que al bien común y a los intereses de la nación.
Amaparados en las ventajas y poderes que les otorgaron los incautos españoles, los partidos han reforzado su poder, se han acorazado de inmunidad e impunidad y han invadido demasiados espacios de la sociedad, incluso aquellos que les están vedados en democracia: universidades, sindicatos, religiones, empresas, instituciones, asociaciones, cajas de ahorro, medios de comunicación, etc., acabando así con la independencia y colocando en coma profundo una sociedad civil española que, en democracia, debe ejercer como firme contrapeso independiente del poder político y como fuerza controladora del poder del Estado.
En consecuencia, la Constitución debe ser reformada si se quiere limpiar España de escoria corrupta e instaurar en serio una verdadera democracia.
Se habla desde hace meses de un cambio en la orientación del poder y en posibles pactos entre el PSOE y el PP para consensuar políticas como la Justicia y la lucha contra el terrorismo. Desgraciadamente, esos pactos no van a solucionar el problema porque el problema son los partidos políticos, que, sin controles ciudadanos y dueños absolutos del Estado, se han transformado en el peor enemigo de la democracia y en el mayor obstáculo para que se termine la degradación de la política española.
Un ejemplo claro del descontrol antridemocrático reinante en España es las reformas que propone la Fiscalía General del Estado, orientadas a convertir a los fiscales en una especie de custodios de los jueces, una medida que encadena todavía más el poder Judicial a la política de partidos y que se orienta justo en el sentido contrario del que establece la verdadera democracia.
Encomendar a los partidos políticos españoles la regeneración de la democracia española es como pedir a la zorra que cuide de las gallinas. ¿Quien puede ser tan imbecil para creer que los partidos políticos, que son auténticas organizaciones autoritarias, verticales y antidemocráticas, siempre sometidas al poder y al capricho de las élites, en cuyo interior se imponen el sometimiento al lider y el miedo a debatir libremente, puedan democratizar este país?
La unica regeneración auténtica y saludable de la democracia española pasa, inevitablemente, por limitar el poder de los partidos políticos y por restaurar los controles ciudadanos al poder, controles que obliguen a los poderes a competir entre sí, a que los representantes rindan cuentas a los ciudadanos, no a los partidos, como ahora hacen, y a restaurar el protagonismo que el ciudadano y la sociedad civil deben tener en el sistema, el cual les ha sido ilegítimamente arrebatado por los insaciables y degenerados partidos políticos.
Cualquier reforma debe partir de cambios profundos en la injusta y antidemocrática Ley Electoral española, cambios que eliminen las listas cerradas y bloqueadas que confeccionan los partidos y ante las que los ciudadanos únicamente pueden decir "sí" o "no", sin poder elegir a sus preferidos. No menos urgente es garantizar el valor igual de los votos, evitando que unos partidos necesiten 50.000 votos para lograr un diputado y otros casi 400.000. Y sin olvidar la que quizás sea la reforma más urgente y necesaria, la de conseguir que los políticos electos respondan ante los ciudadanos que los eligen, no ante las élites de sus respectivos partidos, como ahora ocurre en esta democracia española sin entrañas, sin justicia y sin ciudadanos soberanos.
Al conmemorarse el 20 aniversario de la caída del Muro de Berlín, conviene saber que muchos déspotas, muy parecidos a los comunistas derrotados, están gobernando nuestras democracias, tras haberse camuflado y travestido con trajes de demócratas.
La política mundial está empezando a ser dominada por un espécimen nuevo y letal, el de los nuevos déspotas travestidos de demócratas. Tienen una clara vocación autoritaria, pero les gusta vestir su liderazgo con la legitimidad que confiere el voto popular. Han asimilado la lección histórica de que las masas no toleran la tiranía, pero saben que, debidamente camuflada, esa tiranía puede avasallar y pervivir. Se declaran demócratas y, aparentemente, aceptan la democracia como terreno de juego, pero la manipulan, la pervierten y la utilizan en beneficio propio. En realidad son depredadores totalitarios, pero bien disfrazados de demócratas fervientes, actúan como prestidigitadores y son expertos en demagogia y otros trucos que le sirven para ocultar su verdadera naturaleza ante el ciudadano. Están floreciendo por doquier, en África, en Asia, en América y hasta en la vieja Europa que inventó la democracia, y amenazan con convertirse en la peor pesadilla política del siglo XXI.
Odian a los ciudadanos libres porque reflexionan, son exigentes, tienen criterio y resultan peligrosos. Por eso los exterminan poco a poco y los sustituyen por masas incultas y por grupos fanatizados y sometidos, entrenados para defender sus colores políticos con pasión y sin lógica. Han descubierto que la educación, bien manipulada y desprovista de eficacia, predispone para la esclavitud y, en consecuencia, están convirtiendo las escuelas públicas en fábricas de corderos. Así consiguen que su poder se sostenga, no sólo sobre la legalidad manipulada, sino también sobre el miedo y sobre pandillas peligrosas de ciudadanos descerebrados que les defienden y votan fielmente.
No creen en la división de poderes y, desde el poder Ejecutivo, manipulan y controlan el Parlamento y la Justicia, pero los muy hipócritas afirman en público que los poderes tienen que ser independientes y libres.
Obsesionados por el control del poder a toda costa, utilizan la mentira y el engaño sin límites. Su estrategia de poder les lleva a utilizar demasiadas veces la palabra "democracia" en sus discursos, para sólo lo hacen para esconder su alma autoritaria y su cinismo.
Son perfectamente capaces de aplastar al enemigo sin ni siquiera sentir remordimiento, pero prefieren comprar con dinero público al adversario porque han aprendido que crear mártires, a la larga, es peligroso.
Utilizan el dinero público como si fuera propio y siempre terminan endeudando a sus países hasta límites insoportables y ruinosos. Reparten el dinero entre los amigos y premian con monedas el sometimiento y el servilismo. Son hábiles creadores de clientelismo y dependencia, exterminadores de la libertad y del libre albedrío. El erario público les sirve para afianzar su poder, comprar voluntades y corromper, políticas que siempre se traducen en debilitamiento de la sociedad, hundimiento de los valores, pérdida de competitividad y retroceso económico. Los fondos públicos son también utilizados para ganar votos, pero encubren esa nefasta política con palabras engañosas y programas falsos: igualdad, ampliación de derechos, lucha contra la crisis, defensa del Estado... y, sobre todo, "progreso", la palabra mágica de la nueva especie política depredadora.
Algunos de ellos se sienten tan seguros que se atreven, incluso, a modificar los padrones electorales y a conceder el derecho al voto a los ciudadanos extranjeros partidarios de su proyecto. Los más salvajes y gorilas están dispuestos, incluso, a alterar los resultados electorales, pero esa "fechoría", por el momento, sólo es posible en países tercermundistas, muy dominados y degradados.
Conscientes de que el control del poder Judicial es vital para que sus desmanes estén dentro del marco legal, intervienen la Justicia en nombre del pueblo, violando así la esencia de la democracia, y procuran realizar ese atentado en coalición con otros partidos políticos, para demostrar a la ciudadanía que el sometimiento de jueces, magistrados y tribunales es una práctica legal.
El dominio de las fuerzas armadas es vital y lo consiguen eliminando en la milicia el sentido del honor y del deber, sustituyéndolo por el sometimiento a lo que llaman "la voluntad popular", que no es otra cosa que la voluntad y los intereses de ellos mismos y de sus aliados.
La sociedad civil es corrompida primero y después ocupada, maniatada y castrada, hasta dejarla casi en estado de coma. Los santuarios vitales de esa sociedad civil que, en democracia, debe ser independientes y servir de contrapeso al poder del Estado, son sistemáticamente controlados: colegios profesionales, sindicatos, organizaciones patronales, universidades, asociaciones, religiones, medios de comunicación, fundaciones, cajas de ahorros y hasta empresas.
Se sienten tan seguros y dominadores que hasta renuncian a la austeridad que caracterizaba a sus predecesores del "socialismo real". No tienen miedo de exhibir ante sus pueblos, generalmente empobrecidos y asustados, lujos, confort y privilegios que consideran con descaro atributos del poder.
Una de sus obras maestras es haber creado una clase empresarial parásita y dependiente del Estado, cuyos dirigentes les votan y se hacen millonarios al servicio del poder político.
Pero su verdadera obra de arte ha sido el control de los medios de comunicación, a los que necesitan para vestir de legitimidad sus dictaduras camufladas y obscenas. Con el dinero del Estado prefieren comprar medios de comunicación que periodistas porque saben que los periodistas suelen someterse y autocensurarse voluntariamente. Con los grandes medios de su parte, sobre todo con la televisión, el medio que más influye en los imbéciles, utilizan abiertamente las nuevas tecnologías, la psicología, el marketing y la sociología política para engañar, sojuzgar y envilecer.
Francisco Rubiales
Miércoles, 10 de febrero
JUAN JULIO ALFAYA
Rufino Soriano Tena
Julio César Izquierdo
Vicente A. C. M.
Francisco Rubiales
Jorge Moragas
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Angel Escuredo
Jesús Montesinos
Pedro Fernández Barbadillo
Juan Fernandez Krohn