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La izquierda y la derecha, los peores enemigos de España

Los españoles somos los últimos de la OCDE en matemáticas y penúltimos en comprensión lectora. Es él nuevo "record" negativo de esta España sucia, injusta y embrutecida que han fabricado nuestros políticos, una casta que merece el desprecio de los ciudadanos. El nuevo "record" se agrega a otros que sitúan a los españoles en la cabeza de la prostitución europea, el tráfico y consumo de drogas, el blanqueo de dinero, el alcoholismo, el desprecio a la política y a los políticos, la degradación de la democracia, la corrupción, la injusticia y otras muchas lacras y dramas, todas ellas productos de un liderazgo político indecente y malvado que está infectado a la nación entera.

España tiene grandes enemigos, dentro y fuera de su suelo, pero ninguno es tan miserable y dañino como aquellos españoles que, encuadrados en la izquierda y la derecha política, destrozan el país, dinamitan sus valores y se pelean por sus despojos sin otro instinto que el predador. Las izquierdas y las derechas, siempre enfrentadas entre si y solo capaces de unirse contra el pueblo y contra España, son las culpables de los grandes males de la nación desde los tiempos de la Reconquista. La pobreza, la injusticia, las guerras, las masacres y una inmensa catarata de males y canalladas son obra de esa política malvada y envilecida que lleva demasiados siglos dominando España y que, en los tiempos actuales, ha sabido camuflarse de "demócrata" para seguir cumpliendo su misión maligna y depravada.

Triturar a esa izquierda antiespañola, separatista, colaboracionista con el terrorismo, corrupta hasta la médula, y anticristiana, que ha hundido a este país en el caos más absoluto y en la iniquidad moral más terrible, debería ser la labor prioritaria de todo ciudadano honrado que ame a España, tan prioritaria como erradicar la derecha arrogante e inmoral "made in Spain", acomplejada y cruel, clasista y predadora, que lleva siglos creyendo que el Estado le pertenece, que sólo sabe luchar por sus privilegios y que contempla siempre al pueblo como maloliente masa de animales, digna de ser esclavizada.

No será hoy, ni mañana, ni dentro de un mes, pero llegará un día en el que nos deprenderemos de esta miserable izquierda, de esa derecha indigna y de esta falsa democracia fantasmagórica para instaurar un Estado que en lugar de avergonzarnos y envilecernos aporte unidad, dignidad, trabajo, solidaridad, ilusión y orgullo de ser español. No sabemos cuando, pero que no nos quepa duda de que ese momento llegará.

Mientras llega, nuestro primer deber como ciudadanos demócratas es luchar pacíficamente, aunque sin pausa, para que esa llegada se acelere.

La derecha y la izquierda, en España, no son, como en otros países, dos formas distintas de entender la sociedad y la vida política, sino dos facetas de la caza al ciudadano, dos bandas que constantemente se disputan el poder, representando no dos opciones distintas sino las dos caras de una misma moneda sucia y depravada, acostumbrada mil veces a anteponer sus propios intereses al bien común y entrenadas para actuar como parásitos de España. Quieren exhibir ante el engañado pueblo sus diferencias para que parezcan profundas, pero se trata de un burdo engaño porque siempre se ponen de acuerdo para otorgarse privilegios, para fortalecer su impunidad y para guardar silencio ante los respectivos saqueos y correrías.

El balance de esa derecha y de esa izquierda, después de haber mandado durante siglos, es sobrecogedor. Han convertido aquella España que fue un imperio temido en un país débil y sin amigos y en lugar de crear una sociedad justa y capaz de enorgullecer a sus miembros, han construido un país que paga impuestos insoportables, que apenas recibe servicios del Estado, con mas políticos "colocados" y cobrando del erario que Francia y Alemania juntas, que ocupa los primeros puestos del ranking mundial en corrupción, tráfico y consumo de drogas, acogida de dinero sucio, desempleo, avance de la pobreza, pésima distribución de la riqueza, fracaso escolar, baja calidad de la enseñanza, desprecio de los ciudadanos a sus dirigentes, descrédito de la política y muchos otros vicios y lacras.

Bajo su nefasto mandato han alimentado el nacionalismo, el separatismo, la insolidaridad, la envidia, la caída de los valores y la injusticia, además de haber violado las reglas básicas de la democracia, mentido, engañado y conducido a su pueblo por las rutas de la mentira y la estafa. Sus dirigentes han sido cualquier cosa menos ejemplares y hoy hay mas de mil causas abiertas contra los partidos políticos por corrupción y abuso de poder. Sólo ETA supera al PP y al PSOE como organizaciones con mas delitos y delincuentes encuadrados.

Solo sueñan con gestionar el poder y la riqueza que de ese poder puede extraerse. Para lograrlo, se alían con cualquiera, incluso con nacionalistas extremos que odian a España.. Son arrogantes e inmorales como nadie podía imaginar. No reaccionan ante las adversidades y han aprendido a blindarse ante el desprecio y el rechazo de los ciudadanos, a los que, hipócritamente, dicen que sirven. Las encuestas los señalan como el segundo gran problema del pais, pero ellos siguen en su terea de demolición y saqueo, mientras el pueblo ha convertido ya en sueño y leyenda su largo e insatisfecho anhelo de contar con un Estado decente, justo y capaz de hacer sentir mas orgullo que vergüenza.

Todavía son capaces de mantenerse algunos años en el poder porque han conseguido idiotizar a algunos millones de españoles, que siguen votándoles como auténticos esclavos lobotomizados, pero ellos saben que el número de la gente decente que les rechaza y aprende a despreciarlos es cada día mayor, lo que representa, mas temprano que tarde, su sentencia de muerte y el fin de la ignominia política española.

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El Estado se está convirtiendo en el peor enemigo del ciudadano

Tengo un amigo, profesor de universidad, que repite una y otra vez que la mayor tragedia de la España del presente es que el Estado se está convirtiendo, cada día mas, en el peor enemigo del ciudadano. Y, para sustentar su tesis, lanza una serie de interrogantes de gran calado: ¿Quién te exprime con los impuestos mas desproporcionados e injustos de toda Europa? ¿No es el Estado el que ha autorizado o permitido a los banqueros que nos estafen con las preferentes? ¿Quién permite que los ciudadanos, a los que debería servir y proteger, sean desahuciados y expulsados de sus hogares? ¿Quién permanece impasible mientras los más desesperados se suicidan, arrojándose de las ventanas y balcones o quemándose a lo bonzo? ¿No es el Estado que el que te priva del derecho a trabajar y a mantener a tu familia con dignidad? ¿Acaso no han sido los políticos, dueños del Estado, los que han acabado con la prosperidad, han endeudado al país por varias generaciones y han acabado con la esperanza. la confianza y la alegría del pueblo? ¿Ha hecho algo el Estado para impedir que las cajas de ahorro españolas hayan sido saqueadas y que los culpables sigan libres, sin que nadie les exija devolver el dinero? ¿Ha movido un solo dedo el Estado para impedir la corrupción masiva de las instituciones, la degradación moral de la clase política y la sustitución de la democracia por una sucia dictadura de partidos, sin ciudadanos ni controles al poder?

La vieja imagen del "Estado Protector", aquel "papá Estado" que te cuidaba y te protegía del abuso y del mal, se ha desvanecido y ha sido sustituida por un Estado predador, que miente, abusa, avasalla, roba, saquea, aplica la ley de manera interesada y que rige los destinos de la sociedad cuidando los intereses de los políticos y sus amigos poderosos, nunca los del ciudadano. Ese Estado depredador, el que convierte la vida de millones de ciudadanos en un infierno, impide que las víctimas protesten ante sus desgracias y humillaciones y cuando lo hacen les lanza a la policía para que los machaque a palos o les llama "nazis" para desacreditar lo que es mas un lamento de sufrimiento que una protesta política.

Resulta que siempre hay disponible legiones de policías, para guardar y defender a los culpables de la crisis, a los políticos irresponsables, a los poderosos, a la banca, pero nunca hay disponible ni un solo policía o guardia civil cuando los ciudadanos los necesitan, en casos de robos, estafas, crímenes o extorsiones. Esa policía que demuestra una eficacia extraordinaria a la hora de cuidar a los políticos o reprimir a los rebeldes es la misma que exhibió una incompetencia alarmante a la hora de aclarar el peor crimen de nuestra Historia moderna: el de los atentados del 11 M, todavía oscuros y bajo sospecha.

Las encuestas revelan que los españoles ya no consideran a ETA como su peor enemigo y el problema mas grave. El terrorismo ha sido sustituido por la clase política, que, organizada en partidos políticos que funcionan como bandas organizadas para controlar el poder, se ha adueñado del Estado y lo gestiona en provecho propio y en contra de las intereses de los ciudadanos. Algunos denominan Terrorismo de Estado el comportamiento agresivo, dañino y contrario al ciudadano del Estado y de sus amigos y aliados poderosos, sobre todo cuando practica con saña sus grandes vicios, que son el abuso de poder, la corrupción y la arbitrariedad en todos los campos y ámbitos.

Los políticos, dueños ahora de un Estado que antes era "de todos", si tienen claro desde hace tiempo que su principal enemigo es el ciudadano. Ante el temor a que el pueblo se rebele ante las injusticia, rearman y entrenan a sus policías y aprueban leyes cuyo objetivo no es ya el bien común sino el mantenimiento en el poder de las dos clases que dominan y controlan España: los políticos y los millonarios, todos ellos apoyados por la banca, la prensa, el aparato de Justicia y las fuerzas de seguridad represoras.

Hay algunos pensadores que creen que la enemistad profunda entre Estado y ciudadanos, un fenómeno que cada día se parece más a una guerra entre los dos bandos, será el gran signo de los tiempos durante el presente siglo XXI. Esa guerra entre políticos y ciudadanos marginados y oprimidos es la única tesis que explica el terrible resultado de las encuestas en España, donde, a pesar del maquillaje, la corrupción de los políticos y los políticos como grupo son dos de los cuatro grandes problemas del pueblo y de la nación, reflejando así un rechazo ciudadano a la clase dirigente que, en si mismo, deslegitima a los que están gestionando el Estado, muchas veces en contra de la voluntad popular.

Esa "guerra" entre ciudadanos y políticos es la espina dorsal de mi libro "Políticos, los nuevos amos" (Francisco Rubiales, ed. Almuzara 2007), premonitorio del terrible deterioro político actual, del avance de la corrupción y del enfrentamiento entre el poder político y la ciudadanía que hoy ya es el gran fenómeno de nuestro tiempo.

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Los peores "nazis" en España no son los ciudadanos que protestan, sino los políticos que gobiernan con injusticia y destruyen la nación

La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, en declaraciones a ABC, ha calificado de «nazismo puro» los escraches de los que están siendo objeto diversos miembros de su partido y aseguró que responden a un «espíritu totalitario y sectario» que recuerda a la España de los años 30.

Podría tener razón Cospedal si el "escrache" fuera un fenómeno aislado y no la respuesta de una sociedad ante el abuso, la corrupción y la indecencia del poder político, que lleva muchas décadas engañando, explotando, destruyendo la nación y causando a los ciudadanos, desde la arrogancia y la corrupción, daños terribles. Es ley universal que cuando los ciudadanos se sienten mal gobernados y víctimas de la injusticia y el abuso, tienen derecho a rebelarse y a expresar, de manera pacífica pero contundente, su protesta ante sus verdugos.

La Cospedal debería ser consciente de que los ciudadanos desprecian a los políticos en España y gritan en sus puertas porque están indignados y cabreados, porque son conscientes de que el manejo inmoral de los fondos públicos ha llevado al país a la ruina. También debería reflexionar sobre quien es mas nazi si el que se manifiesta en las calles y en las puertas de los hogares contra el abuso del poder o un poder que esquilma, saquea, engaña, arruina y gobierna de manera injusta y dañina.

Los políticos que padecen los gritos ciudadanos son los que han permitido el saqueo o saqueado directamente las cajas de ahorro y han estafado a cientos de miles de ciudadanos con el engaño de las participaciones preferentes, mientras apoyaban a los bancos en su brutal política de desahucios, basada en leyes que la Justicia Europea ha declarado injustas. Hay gente que se ha suicidado y que se ha quemado a lo bonzo agobiado por la injusticia que emana del poder de los políticos.

El manejo inmoral de los fondos públicos ha llevado al país a la ruina. Han saqueado las cajas de ahorro y han estafado a cientos de miles de ciudadanos con el engaño de las participaciones preferentes, mientras apoyaban a los bancos en su brutal política de desahucios, basada en leyes que la Justicia Europea ha declarado injustas. Han dejado seco al país y ese comportamiento ha sido el elemento principal para que España esté en bancarrota, con miles de familias pasando hambre, niños que no pueden comer en el colegio porque sus padres no pueden pagar el comedor, ciudadanos que han sido desahuciados y que mueren en la calle, como el caso de un chico de Teruel que murió de frío en su caseta de 4 m2 porque lo habían desahuciado al quedarse en paro, gente que se suicida, etc.....

Es cierto que no todos los políticos son indecentes, pero el gran drama de España es que los que no lo son guardan silencio y continúan al lado de los canallas, dentro de los partidos políticos, sin denunciarlos, lo que les convierte también en cómplices miserables. Estos inmorales que generan dolor e injusticia se encubren y se esconden tras el partido y la ideología para pervertir el orden de las cosas y decir que lo que hacemos los ciudadanos son maniobras de intimidación parecida a las de los criminales nazis. Pero, en honor a la verdad, hay que afirmar que los que es verdaderamente nazi es invertir el orden moral para que las victimas, después de haber sido saqueadas, engañadas, desahuciadas y convertidas en cadáveres vivientes, tengan que sentirse culpables por protestar contra los responsables del drama. El auténtico discurso nazi es hacer aparecer a las victimas como culpables y a los verdugos como inocentes.

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España tiene de democracia lo que Belén Esteban de filósofa

"España tiene de democracia lo que Belén Esteban de filósofa". Nunca había visto una sentencia tan certera y oportuna plasmada en un muro urbano. Es la imaginación creativa del pueblo en acción, una creatividad que se dispara en tiempos de injusticia y abuso de poder, como los actuales . Si algo está quedando claro en esta España atormentada por sus políticos y plagada de injusticias y corrupciones, es que su sistema no es democrático. Ni una sola de las reglas y normas claves del sistema democrático se cumplen en esta España donde llaman democracia a una vulgar y sucia dictadura de partidos políticos sin control y sin ciudadanos.

Los políticos españoles, sean de derechas o de izquierdas, lo ignoran todo de la democracia. La democracia es "el gobierno del pueblo", pero ellos creen que consiste solo en "elegir a los dictadores".

Una de las mejores definiciones de la democracia real es "el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo" (Abrahan Lincoln, Gettysburg, 1863). Otro rasgo indisoluble de la democracia es que la titularidad del poder reside en la totalidad de los miembros de un pueblo o nación, lo que exige que la toma de decisiones responda a la voluntad colectiva de los ciudadanos. La más jurídica se refiere al conjunto de leyes y normas que limitan y controlan los poderes públicos para que no se extralimiten ni se salgan de los cauces de una ley que es igual para todos y que ha sido asumida por la mayoría.

Si se analizan esas definiciones y rasgos, se llega a la conclusión de que España es cualquier cosa menos una democracia. Con un presidente del gobierno (Rajoy) que tiende a dejar que los temas se solucionen solos y que el tiempo los haga olvidar, los problemas y los dramas persisten y siguen causando dolor. El pueblo queda de ese modo excluido de las decisiones y es maltratado por su principal representante. La voluntad de los españoles es ignorada de manera sistemática por los representantes políticos, que se creen con el derecho a tomar las decisiones que consideren oportunas y a aprobar las leyes que a ellos les plazcan, incluso si el pueblo, mayoritariamente, desea lo contrario.

Si se analiza la democracia española desde la definición de Lincoln en Gettysburg, entonces la lejanía de la democracia es todavía mayor, ya que en España no gobierna el pueblo marginado, sino una casta, ni se gobierna por el pueblo, ni para el pueblo porque se gobierna para los amigos del poder y los intereses de los poderosos y de los partidos políticos prevalecen siempre sobre el interés general y el bien común.

Nadie sabe si la inmensa incultura democrática que exhiben los gobernantes es real o interesada, aunque mas bien parece que las reglas y normas básicas del sistema se ignoran porque a los políticos les conviene. La democracia tiene exigencias básicas sin las cuales no puede existir, ninguna de las cuales se respetan en España, donde el sistema vigente no se parece ni por asomo a una democracia real.

En España no existe la libre elección de los representantes, que en realidad son elegidos por los partidos, que son los que elaboran las listas "cerradas y bloqueadas", ante las cuales los ciudadanos sólo pueden decir "si" o "no", sin poder alterarlas ni introducir a sus preferidos. Tampoco existe separación e independencia en el funcionamiento de los poderes básicos del Estado, lo que convierte a la Justicia y al Parlamento en apéndices esclavos del Ejecutivo y de los partidos.

La ley no es igual para todos, ni las leyes vigentes son leyes asumidas por los ciudadanos, sino ideadas, debatidas y aprobadas por los políticos, en representación de sus respectivos partidos, sin participación de la ciudadanía, Para colmo de males y de violación a la democracia, esas leyes, producto de la voluntad partidista, se aplican con diferente rasero y de manera arbitraria: con rigor para el adversario y con benevolencia para el amigo, un comportamiento que genera injusticia, que convierte en impunes a los poderosos, sobre todo a los políticos y a sus amigos y que invalida por si mismo la democracia.

No existe una sociedad civil independiente y libre que funcione como contrapeso del poder político, ni una prensa independiente y libre que cumpla la misión de fiscalizar a los grandes poderes, ni el ciudadano es respetado y tomado en cuenta en la política, como consecuencia de su condición de soberano. El sistema español desprecia y margina al ciudadano, que ni siquiera puede hacer llegar sus deseos y anhelos a las Cámaras porque las iniciativas legislativas populares dependen de lo que quieran los partidos y porque ni siquiera existe relación entre los diputados y senadores con los ciudadanos a los que dicen representar.

Sin una ley igual para todos, sin controles que limiten el poder de los poderosos, sin los contrapesos y cautelas propios del sistema democrático, el sistema español es un auténtico fraude, una auténtica dictadura de partidos políticos sin ciudadanos y sin garantías.

Sinceramente, creo que Belén Esteban tiene mas de filósofa que España de demócrata. Y estoy dispuesto a demostrarlo ante quien lo niegue y donde sea necesario.

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El socialismo español es un cadáver

14.01.13 | 19:06. Archivado en PSOE, Política, Democracia, Corrupción, Ideología

El PSOE no lo sabe, pero está muerto. Ayer, en la reunión de su ejecutiva federal, demostró ser un cadáver que empieza a oler mal. Dice que va a recuperar el diálogo con los ciudadanos, pero en lugar de hablar de justicia, unidad nacional, democracia y lucha contra la corrupción, auténticos anhelos populares en España, quiere hablar de federalismo. ¿A quién coño le interesa el federalismo? Ni siquiera a los socialistas, sino únicamente a los socialistas catalanes. ¿Y van a embarcar a España entera en una reforma constitucional para convertirla en un Estado Federal que no desea nadie, sólo porque el partido no quiere romperse?. Son momias y, además, están locos.

Las imbecilidades y abusos del Zapaterismo siguen presentes y han desdibujado al partido. Los socialistas españoles, en lugar de defender la unidad de España, que es uno de los principales anhelos de la sociedad, siguen haciendo concesiones a los catalanes, arrastrando en esa estúpida aventura a todo el pueblo español. La debilidad y la falta de convicciones les lleva hacia el federalismo, una vía que ni siquiera comparten y que sólo adoptan para tapar la boca al PSC. Los ciudadanos perciben esa cobardía y arbitrariedad y no la van a soportar. Muchos recordamos todavía al gran enterrador del socialismo español en los últimos tiempos, el cobarde Zapatero, que para contentar a los nacionalistas catalanes dijo aquello de "apoyaré todo lo que el Parlamento catalán apruebe". A aprobó el nuevo Estatuto, un documento al margen de la Constitución, cargado de entreguismo, cobardía y traición a los valores fundamentales de la nación.

De sus cuatro letras históricas (P S O E) acaban de perder la E de "Español", que es la única que les quedaba viva, tras haber perdido la P de Partido, sustituida por la M de Mafia, la S de socialista, y la O de obrero..

Rubalcaba debería saber que contemporizar con los catalanes es la vía más rápida hacia la desaparición como gran partido. La encuesta que hoy pública El País coloca al PSOE en el momento más bajo de su historia, en intención de voto, peor incluso que cuando fue arrasado por el PP en las anteriores elecciones. El partido. incapaz de defender principios firmes, valores y sentimientos que conecten con la ciudadanía, está muerto y poblado por una militancia muerta que sólo produce ideas suicidas. Se han reunido el sábado durante muchas horas y no han producido una sola idea que genere entusiasmo o admiración. Rubalcaba, que lucha por su propio poder y nunca por el interés general, ha conseguido una tregua de un año para reconducir al partido, pero los muertos no pueden reconducir nada, ni siquiera detener las exequias del socialismo español, un fenómeno que vemos muchos españoles, pero que los socialistas no pueden ver porque ellos mismos son el cadáver.

La gente quiere ver a la izquierda recuperando el sentido del Estado, que es un rasgo propio, y de la ética, algo que nunca han valorado. Quiere también que los socialistas alcen la bandera de la regeneración y que empiecen a acorralar a los chorizos, pero no pueden hacerlo porque los chorizos también son ellos, aunque en este caso acompañados por la derecha, los comunistas y los nacionalistas. La gente quiere participar en las decisiones, que se exijan valores y solvencia a los políticos, que se persiga a los ladrones y que se adelgace el inmoral e insostenible Estado que ellos, justo con los demás colegas de "la casta" española, han construido para que les sirva de refugio y de parking de lujo para privilegios y ventajas.

Pero de esas cosas nunca hablan los cadáveres.

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¡La huida indignada de Depardieu!

07.01.13 | 17:11. Archivado en Democracia, Economía, Europa, Corrupción, Ideología

El actor francés Gerard Depardieu tiene razón y muchos demócratas nos solidarizamos con él en su lucha contra un gobierno francés que, como muchos otros, entre ellos el de España, mas que cobrar impuestos saquea el esfuerzo y la riqueza ajena. Aguantar mansamente que un gobierno te arrebate por la fuerza hasta el 75 por ciento del dinero que ganas con tu esfuerzo es de cobardes. Lo del actor francés es una ejemplar y honrosa rebelión contra la ignominia y el abuso de poder.

El gobierno socialista de Francia ha utilizado sus cañones de propaganda para desacreditar y estigmatizar al actor Gerard Depardieu como un egoísta y un avaro que se niega a pagar impuestos, pero la verdad es que la resistencia del actor es un gesto digno y decente de rebeldía frente a un gobierno que ha cruzado la línea roja del abuso al cobrar a los franceses que mas ganan impuestos abusivos y saqueadores, que llegan al 75 por ciento de los ingresos.

Si Lenin saliera de su tumba, se autoenterraría horrorizado al ver como el antiguo paraíso socialista por él creado es hoy un refugio de millonarios que huyen del expolio de las izquierdas que gobiernan países europeos en teoría libres. El presidente Vladimir Putin «ha acordado dar la ciudadanía rusa al actor francés Gérard Depardieu». Se trata de un nuevo e imprevisible episodio de la saga/fuga de los exiliados fiscales que continúan instalándose en el Reino Unido, en Bélgica, en Suiza, en los EE.UU y otros países. por razones fiscales.

El caso muy particular de Gérard Depardieu tuvo la virtud de provocar un escándalo nacional, cuando Jean-Marc Ayrault calificó de “despreciable” la decisión del actor de instalarse en la frontera belga. El actor recibió inmediatamente el apoyo expreso de grandes personalidades, como Catherine Deneuve y Alain Delon, entre otros, alimentando el debate de fondo sobre una imposición fiscal que muchos han denunciado como “confiscatoria”.

Depardieu anunció que estaba dispuesto a pedir la nacionalidad belga. Pero el proyecto encontró muy pronto varios obstáculos administrativos. Así las cosas, la sorprendente decisión del presidente Putin abre una nueva etapa, que pudiera tener muchos “flecos” inflamables.

Muchos gobiernos europeos que se autoconsideran democráticos están demostrando poseer una concepción dictatorial e injusta del poder al preferir arrebatar el dinero a los ciudadanos, elevando los impuestos hasta niveles abusivos, antes que reformar las costosas y hipeetrofiadas estructuras de unos estados que fueron creados en tiempos de abundancia, pero que hoy son incosteables, y antes de expulsar del poder a miles de políticos con carné y amigos del poder, que, gracias a sus amigos políticos, viven enchufados a la teta del Estado, sin aportar nada al bien común.

Esos políticos depredadores, insaciables e irrespetuosos con el ciudadano y la voluntad popular consideran que al ser votados obtienen el derecho a ser dictadores durante una legislatura, algo inconcebible en democracia, aunque explicable en sistema tiránicos y sin respeto por el ser humano. Esa forma de gobernar, muy extendida por el mundo a principios de este siglo XXI y brutal en algunos países, entre ellos España, elimina el viejo concepto de patria, donde un conjunto de ciudadanos se sentían en un hábitat común y unidos a otros por objetivos y metas comunes. Ya no queda nada de eso sino una creciente, irracional y estremecedora pugna entre políticos cargados de ventajas y privilegios inmerecidos y ciudadanos, mas o menos aplastados por poderes nada democráticos.

La mayoría de los que escapan estarían dispuestos a pagar más impuestos para ayudar a superar la crisis y para evitar el sufrimiento de los más débiles, pero se resisten, con razón, a entregar su dinero a unos gobiernos minados de corrupción y dominados por el favoritismo y la arbitrariedad, incapaces de dar ejemplo renunciando a sus privilegios y ventajas desorbitadas.

En España, el drama fiscal es doblemente escandalosos y grave porque, además del expolio que padece con unos impuestos que son, proporcionalmente, los mas altos de toda Europa, sin recibir del Estado servicios de calidad a cambio, el ciudadano no confía que el poder político haga un uso digno y decente del dinero de sus impuestos, ante la abundancia estremecedora de corrupción, favoritismo, arbitrariedad, injusticia y de políticos que se enriquecen sin poder explicarlo.

Mucha gente se pregunta: Ser español, ¿Para qué? ¿Para pagar impuestos y mantener gobiernos corruptos? Y no pocos sueñan con el exilio en busca de países mas justos y decentes, en los que vivirían como ciudadano del mundo, lo mismo que quiere hacer Depardieu para que el gobierno no le robe.

Ya que enfrentarse al Estado abiertamente no es posible porque el ciudadano es demasiado débil en las falsas democracias para hacer frente a la injusticia estatal, al menos conserva el derecho a escapar de países abusivos e injustos, como hacían los disidentes y resistentes en los países totalitorios socialistas de detrás del Telón de Acero.

El abuso de ciertos gobernantes con sus ciudadanos, a los que aplastan legalmente, aunque de manera ilícita, está eliminando el valor de la nacionalidad tradicional y el sentido de pertenecer a una patria que ya no te protege, sino que te esquilma y aplasta. La huida de países que han caído en manos de políticos incompetentes y antidemocráticos, aunque conserven el disfraz democrático con total hipocresía, será una constante en un siglo XXI que estará marcado por la lucha constante entre ciudadanos y políticos, una verdadera Tercera Guerra Mundial que producirá centenares de episodios de oposición y violencia y que demostrará la triste realidad de que muchos gobiernos, incluso aquellos que se declaran democráticos, consideran a sus propios pueblos como los auténticos enemigos a derrotar.

La gente libre y honrada intentará vivir donde encuentre trabajo, justicia y decencia política. Ya lo hacen los ricos, pero pronto será también una opción para el pueblo aplastado. Ese éxodo ciudadano hacia países decentes, unido a muchos boicots y manifestaciones de resistencia, terminará arruinando a los paises que posean castas políticas abusivas y depredadores, como es el caso de la actual España y, según Depardieu y otros muchos franceses, también la Francia socialista de Hollande.

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La entrevista de Hermida, una vergüenza, pero el rey sigue siendo la mejor opción

La entrevista de Jesús Hermida al rey Juan Carlos del 4 de enero fue una vergüenza para el periodismo español, ya desprestigiado y tan sometido que causa risa en medio mundo, porque fue un homenaje laudatorio y propagandístico, nada periodístico, destinado a dar lustre al monarca, cuya imagen y prestigio han caído en barrena.

Ninguno de los grandes temas que preocupan a España ni de las grandes incógnitas que rodean a Juan Carlos, todos de interés periodístico y dignas de que los ciudadanos las conozcan, fueron abordados abiertamente en la entrevista lamiosa: la corrupción política, la inmoralidad de los bancos, la pobreza que avanza galopante, la inmensa riqueza del rey, Urdangarín, sus relaciones con Corina, la unidad de la Familia Real, la opinión del monarca sobre el deterioro de la democracia en España, la injusticia, los desahucios, el separatismo, su abdicación, etc.. Tiene razón el senador vasco Iñaki Anasagasti, cuando afirma que el rey "sigue protegido por la censura". Es una pena que un profesional como Hermida se prestara a tamaño montaje.

El Estado ha sacado su artillería pesada para salvar al monarca, que atraviesa horas complicadas. Los españoles fueron tratados, una vez más, como estúpidos anestesiados o como indignos de conocer la verdad. Ese tratamiento, indecente en una democracia de ciudadanos libres, es la mejor prueba de que España está gobernada por sátrapas con vocación de tiranos, sin apego alguno a la democracia, ni a sus reglas. Todo se limitó a una especie de homenaje laudatorio al monarca, que ve con preocupación como tiene que traspasar la Corona a su hijo en medio de un deterioro notable de la institución monárquica.

El estado de corrupción y de deterioro de la política en España es de tal envergadura que ni siquiera existe un respeto mínimo por la verdad, ni resquicios de debate público, sino simple y dura propaganda para dirigir al rebaño. En España ya no existe pugna entre democracia y libertad, ni entre verdad y mentira, sino entre una tiranía camuflada y otra descarada y entre la mentira de la derecha frente a la mentira de la izquierda.

La única baza favorable al rey es que la casta política española está tan desprestigiada que el país entero tiembla ante la posibilidad de que retorne la República y uno de nuestros impresentables y escasamente democráticos políticos asuma la Jefatura del Estado.

¡Que Dios salve al Rey, a pesar de toda su lamentable mediocridad, ante el horror potencial de que un político le suceda!

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El peso de la voluntad popular: los políticos no deben ganar el pulso al pueblo

04.01.13 | 07:04. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, Ideología, España

Uno de los rasgos más indecentes de la clase política española y del bastardo sistema que ellos han creado, al que llaman "democracia", sin serlo, es que la voluntad popular no tiene peso alguno y que la voluntad de los políticos siempre se impone a los deseos de los ciudadanos, incluso cuando existe una práctica unanimidad en la opinión pública.

Es lo que está ocurriendo con dos protestas que han logrado aglutinar a la inmensa mayoría de las profesiones y sectores implicados: la de los médicos en Madrid, que se oponen a la gestión privada de hospitales que eran públicos, por miedo a perder la esencia de la sanidad pública, y la del personal de Justicia, que se opone a la ley que ha impulsado el ministro Gallardón y que ha aprobado el gobierno de Rajoy, que acaba con la Justicia gratuita y la convierte en un servicio elitista, que sólo es eficaz para los que pueden pagar.

A pesar de la rara unanimidad que existe en esas protestas, los políticos, en contra de los principios democráticos y de la decencia de la política, parece que resisten la presión popular y están en vías de doblegar, una vez más, la voluntad popular.

Si los políticos ganan esas dos batallas, será un desastre para España y, sobre todo, para el futuro político de una nación que habrá demostrado así que es rehén de sus gobernantes y que el gobierno que padecemos es una dictadura de partidos y de políticos profesionales disfrazada de democracia.

Esas batallas deben ganarla los médicos, los enfermeros, los jueces, los magistrados y los abogados porque si no la ganan, los escasos restos de democracia que subsisten en España tenderán a volatilizarse y la clase política, despreciable y culpable de haber conducido al país hasta el desastre y la corrupción, se convencerá más de que es impune e inmune y que no debe temer nada de la Justicia y del pueblo, un sentimiento terrible que hará crecer la tiranía.

En una democracia real, cuando los gobernantes y el pueblo, que es soberano y protagonista del sistema, entran en conflicto, las diferencias deben dirimirse en un referendum, gracias al cual se produciría un saludable y enriquecedor debate en la sociedad que pondrá sobre la mesa todas las ventajas, efectos y perjuicios de la decisión.

Pero el referendum, que es la salida lógica en democracia cuando los gobernantes y la opinión pública mayoritaria entran en colisión, es una vía muerta en España porque a los políticos, auténticos sátrapas despiadados y habituados a imponer su voluntad, no les interesa confrontar sus criterios con los del marginado y despreciado ciudadano.

Los médicos deberían radicalizar su huelga y los jueces, fiscales y abogados, también, hasta lograr la victoria, incluso con independencia de que tengan o no razón, únicamente por el saludable objetivo de imponer la voluntad popular al capricho de los políticos, quizás para que persista algo de democracia en este país aplastado bajo la garra de una de las peores y mas ineptas y corruptas clases políticas del planeta, que, erróneamente, se cree autorizada por las urnas para ejercer una dictadura sin límites durante el tiempo que dure la legislatura, toda una aberración intolerable que dinamita la democracia y consagra la peor de las opresiones..

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España: ¿Prevarican nuestros gobernantes?

Existen pruebas suficientes para saber que la actual política económica española conduce a la recesión y al empobrecimiento. Los resultados están a la vista: record mundial de parados, avance de la pobreza y recesión creciente. El gobierno de Rajoy, con el beneplácito de la Europa del norte y de sus bancos, cuyo principal objetivo no es que España salga de la crisis sino que pague los préstamos que le hizo la banca alemana y europea, está realizando, conscientemente, un diagnóstico erróneo y aplicando una receta que es dañina para España y sus intereses, lo que constituye una traición al bien común y una agresión imperdonable al alma y al futuro de la nación.

Si es cierto, como parece evidente, que el gobierno es consciente de que la política que aplica conduce al abismo, eso es prevaricación. Abrumar al ciudadano con impuestos insoportables y desmontar la sanidad y la educación, antes que reducir el número de políticos inútiles mantenidos por el Estado y las instituciones que sólo sirven de parking para enchufados, también huele a prevaricación.

No hacen falta más pruebas para concluir que los recortes, ahorros y subidas de impuestos solo conducen a la recesión y que la economía española, con las recetas aplicadas hasta ahora por Zapatero y Rajoy, apoyadas por Europa, no hace otra cosa que retroceder, empobrecerse, destruir su tejido productivo, aniquilar a las clases medias, vitales para la prosperidad del país, e hipotecar su futuro como nación.

Si esa política fuera sólo un error o una equivocación, el asunto tendría solución, pero se trata de una demolición controlada y vergonzosa de la riqueza nacional y de la prosperidad alcanzada en las anteriores décadas.

La verdadera razón de la enfermedad de España no son sus altos costes de producción, ni sus salarios, que son de los mas bajos de Europa, sino la vigencia de un modelo de Estado inviable e insostenible, minado por el nepotismo y la corrupción, impuesto por una oligarquía de partidos en connivencia con las oligarquías financiera y económica, con la connivencia del poder judicial, de los grandes medios de comunicación y otros mecanismos de control.

En España no existe separación de poderes, ni independencia del poder judicial, ni existe una sociedad civil autónoma del poder político, ni controles democráticos al poder político, ni una ley igual para todos, ni prácticamente ninguna de las normas básicas que rigen la democracia. Los diputados españoles no representan a los ciudadanos, sino a los partidos que los ponen en una lista y la corrupción y el abuso de poder campean por las instituciones y las tierras de España sin que el sistema le ponga freno. Los casos de corrupción que afloran apenas son el 10 por ciento del total y la mayoría de los expedientes y denuncias son escondidos en los cajones para que prescriban y los bandidos nunca paguen sus crímenes, ni devuelvan un sólo euro de lo que han robado.

El gobierno es plenamente consciente de que en España sobran más de 300.000 políticos que viven a costa del Estado, sin aportar nada al bien común, pero no hace nada por cambiar esa vergüenza y prefiere reducir los servicios sociales y freír al ciudadano con los impuestos y tasas mas altos y desproporcionados del continente europeo.

Lo que está ocurriendo en España es una auténtica conspiración del poder político contra los ciudadanos y contra la nación, plenamente conocida y consentida por los grandes partidos políticos, por el gobierno, por las instituciones europeas y por los gobiernos hegemónicos que, con Alemania a la cabeza, comandan los destinos de la Unión Europea.

Todos ellos saben que el Estado español, tal como está construido, no es viable y que sus costos son tan elevados que no queda dinero para la sanidad, la educación, los servicios sociales y pronto para mantener las pensiones. Las recetas eficaces son conocidos, pero los políticos, tercos, insensibles y sin alma ni grandeza, se niegan a aplicarlas. Bastaría con suprimir el costoso e irracional sistema autonómico, con 17 gobiernos y otros tantos parlamentos, además de empresas publicas e instituciones de todos tipo para que el país volviera a la prosperidad. Si además se unieran municipios y se suprimieran los ayuntamientos de menos de 5.000 habitantes, como han hecho otros países de Europa, habría dinero suficiente para garantizar las pensiones y para financiar una educación y un sistema sanitario de lujo.

En España sobran el talento, la capacidad de crear y de trabajar duro y hasta sería fácil, si alguien lo pretendiera, despertar ilusión y entusiasmo, pero los miserables políticos que controlan los destinos de España prefieren seguir empujando al ganado hasta el abismo.

La solución para España ya no está en su gobierno, incapaz de renunciar a su política obtusa y antidemocrática, ni en los partidos políticos, organizaciones que están infectadas por la arrogancia, la corrupción y la lejanía del pueblo y de la democracia, sino en los gobiernos y las instituciones europeas, que deberían imponer a Mariano Rajoy un rotundo y profundo cambio en la estructura del Estado y una intensa democratización del país, que desinfecte el vertedero nacional y erradique el robo, el saqueo y la corrupción.

España no debería recibir más dinero de Europa sin que se garantice antes la democracia, sin que cambie a fondo el sistema político y económico, hoy en manos de una oligarquía política aliada con la oligarquía económica y financiera, y sin que se aumente el protagonismo y la participación ciudadana en las decisiones políticas, como establece la democracia.

Europa y, sobre todo, Alemania, debería comprender que por el camino actual ni siquiera podrá cobrar las deudas porque España se desmoronará y será presa de profundas convulsiones sociales en un futuro no lejano. La única manera de cobrar es devolviendo a España aquello que su miserable clase política le ha arrebatado: democracia, decencia, limpieza y honor.

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El "tasazo" de Gallardón, el peor y mas brutal atropello del PP

Alberto Ruiz Gallardón ha conseguido el más difícil todavía como ministro de Justicia al poner de acuerdo, en su contra, a todas las asociaciones de jueces, fiscales y abogados con una ley de tasas judiciales que, en palabras pronunciadas por el propio presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo, Gonzalo Moliner, es «difícilmente explicable». Esa ley traerá grandes quebraderos de cabeza al gobierno de Rajoy porque es altamente sospechosa de inconstitucionalidad, ya que rompe el principio de igualdad, además de ser clasista, elitista e injusta.

De todos las atropellos, arbitrariedades y abusos perpetrados por el PP durante el año que lleva gobernando, ninguno ha sido tan feroz, antidemocrático y desvergonzado como el que ha promovido Gallardón con su "tasazo", una medida que elimina la Justicia gratuita y l convierte en un privilegio para ricos y en una trampa mortal para pobres y desvalidos.

Si se analiza con detalle y objetividad, la perversión que encierra ese asesinato de la justicia gratuita es todavía más indecente que los desahucios, mas injusto que los impuestos abusivos al ciudadano español, más intolerable que los privilegios inmerecidos que disfruta la "casta" política de España y casi tan repulsivo como el desempleo masivo y la pobreza obligada que tienen que soportar millones de españoles.

Hay quien dice que el gobierno no esperaba tanta resistencia ni rechazo de esa medida, claramente inconstitucional, porque el principal objetivo era recaudar mas dinero para el gobierno insaciable, pero nadie se cree a estas alturas que la avaricia sea la única causa de que los ciudadanos españoles estén siendo desposeidos, sistemáticamente, de sus derechos y conquistas históricas. Tiene que haber mas maldad en esos movimientos, todos ellos cargados de desigualdad, opresión e injusticia. Hay que ser muy malvado o por lo menos estar profundamente alienado y ajeno a la realidad para introducir ese cambio en la política de Justicia, que, al perder su gratuidad, se convierte en una trituradora que beneficia a los que pueden costear recursos, apelaciones y litigios largos, mientras que los pobres, al no poder pagar las tasas, son aplastados y se verán obligados a someterse más y a soportar con rabia e impotencia los abusos e injusticias de los poderosos.

La Administración, que es la que más recurre cada vez que el ciudadano protesta o reclama, no tendrá que pagar esas tasas, otra injusticia inmoral y rastrera que devalúa al ciudadano y desequilibra el sistema judicial en favor del poder.

Hasta para recurrir una multa habrá que pagar, lo que va a ahorrarle muchos miles de millones de euros al Estado. Los pobres y desposeidos tendrán que aceptar las migajas que les ofrezcan las administraciones, las aseguradoras y las grandes empresas como compensación por daños y perjuicios, si no quieren adentrarse en un costoso, largo e interminable laberinto de recursos judiciales y apelaciones que sólo estará al alcance de los ricos.

Una rara unanimidad en la protesta, el rechazo y la indignación ha despertado el "tasazo" de Gallardón, un ministro millonario por tradición y familia que debe desconocer por completo lo que el pueblo sufre y padece. Lo han rechazado los jueces, los fiscales, los abogados, los procuradores, las asociaciones judiciales, los trabajadores del sector, los expertos y el pueblo en general.

A pesar de todo, la arrogancia del PP podría mantener su injusticia e imponerla al pueblo impotente y desamparado por esta falsa y depravada democracia, hecha a medida de los fuertes e implacable para los débiles.

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El triunfo de los mediocres y de los partidos políticos

La mediocridad es la gran herejía de nuestra época. Los mediocres se han apoderado del mundo y lo han cambiado todo, desde la política a la religión, sin olvidar los valores, las costumbres y las leyes. Todo está dominado por esa plaga, la peor y mas dañina de todos los tiempos. Los partidos políticos son la gran expresión del triunfo de la mediocridad en el mundo actual.

Desde Aristóteles hasta Darwin y Spencer, ningún pensador político, filósofo o estudioso había imaginado que una sociedad pudiera ser liderada por mediocres. La historia de la Humanidad, claramente explicada por Darwin, refleja el triunfo de los más fuertes y mejores sobre los peores y los mas débiles. Desde los tiempos antiguos, los mas fuertes alcanzaban el poder y ejercían un liderazgo sustentado por la fuerza o la inteligencia superior. Sin embargo, todo cambió cuando se fundaron los partidos políticos y los mediocres descubrieron que, unidos y organizados, podían imponerse a los más fuertes e inteligentes, casi siempre divididos y desorganizados. A partir de entonces, el mundo, dominado por una panda de mediocres organizados en partidos políticos, está revuelto, es más inepto, injusto y depravado y muchas veces involuciona en lugar de evolucionar. Es la consecuencia directa del triunfo de la mediocridad, que ha tomado el poder y creado un imperio político donde los mediocres controlan la historia con la ayuda de torpes, imbéciles y malvados.

La mediocridad es la gran herejía de nuestra época. Los mediocres se han apoderado del mundo y lo han cambiado todo, desde la política a la religión, sin olvidar los valores, las costumbres y las leyes. Todo está dominado por esa plaga, la peor y mas dañina de todos los tiempos.

La sociedad, al igual que la naturaleza, se regía por la selección de las especies y los mejores se imponían a los peores. De ese modo, el mundo avanzaba y casi siempre mejoraba. Pero la irrupción de los partidos políticos en la escena lo cambió todo y los mediocres tomaron el poder, imponiendo a la Historia un devenir alocado, sin lógica, irracional y muchas veces dominado por el mal y sus secuelas de abuso, corrupción, violencia, desigualdad y opresión.

Un vistazo desinteresado a la Historia demuestra que los líderes antiguos eran los mejores y que el pueblo les exigía mucho, sobre todo que se asemejaran a los dioses. Se sentian orgullosos de sus dirigentes y los adornaban con privilegios para, a cambio, recibir de ellos protección y un liderazgo sabio y prudente. En la antigua Sumeria existían alimentos especiales elaborados para deificar a los reyes, que eran los únicos con derecho a consumirlos. A cambio, las exigencias a los poderosos eran enormes y el fracaso de los líderes se pagaba caro, incluso con la vida. Hoy todo se ha mediocrizado. A los políticos no se les exige nada, ni siquiera que sepan idiomas, y el fracaso ni siquiera provoca la dimisión. Desde que los partidos irrumpieron en la Historia, el liderazgo en la Tierra se transformó en una cloaca.

En el mundo de los líderes no tenían cabida ni la cobardía ni la mentira ni la corrupción, los tres pecados capitales del liderazgo actual. Cuando algún rey caía en esos vicios, la sociedad entera conspiraba para deponerlo porque se sentía indignada de tener a un canalla en el poder.

Los partidos políticos, ideados como estructuras superiores capaces de llevar la voz del pueblo hasta el corazón del Estado, han frustrado todas las esperanzas y traicionado las espectativas del pueblo. Se han convertido en maquinarias que únicamente se mueven por el poder y para el poder, tras haber abandonado al pueblo y adquirido el vicio rastrero de anteponer sus privilegios e intereses al bien común.

La vida interna de los partidos es un desastre antidemocrático y vertical que parece ideado para fabricar mediocres pervertidos y antidemócratas. Dentro de los partidos, para prosperar, hay que someterse al líder y renunciar a la crítica. No existe el debate ni el discernimiento, que son la esencia de la sabiduría y de la formación humana, sino pura sumisión esclava. Para prosperar dentro de un partido no hay que ser inteligente o virtuoso, sino someterse, decir siempre "sí" al líder, no pensar demasiado y acumular rencor y mala leche para cuando el poder se ponga a tiro. La verdad tiene allí menos importancia que la conveniencia y los análisis y conclusiones suelen ser fallidos, arbitrarios y parciales. Cuando después de años sometidos a esa disciplina de sumisión y represión de la creatividad, la imaginación y la chispa, un militante escala puestos y, tras ganar su partido las elecciones, accede a un ministerio o a la presidencia del gobierno, nos encontramos frente a un gran mediocre, cocido en el horno de la mediocridad y cargado de cobardía, hipocresía, falsedad y resentimiento. Cualquier cosa menos un demócrata, pero llevado en volandas por los mediocres hasta el liderazgo y la responsabilidad de gobernar una nación.

Después pasa lo que pasa. Basta contemplar a personajes como Felipe González, José María Aznar, Zapatero y Rajoy para descubrir la fuerza de la mediocridad y la pasta mediocre que inunda e infecta todo el edificio de la política, en España y en otros países, aunque España, probablemente, ejerce un liderazgo mundial en mediocridad difícil de desbancar.

Si alguien no cree en este análisis y en el duro diagnóstico de que el mundo, dominado por la mediocridad de los partidos, retrocede en lugar de avanzar, que mire y analice el balance de lo que han logrado los partidos políticos en los dos siglos que llevan dominando el mundo: No han logrado un mundo mejor sino todo lo contrario. El siglo XX, que fue el siglo del Estado y de los partidos políticos, fue también el de los asesinatos y la violencia. Sin contar con los muertos en campos de batalla, más de cien millones de civiles fueron asesinados por el poder político en limpiezas étnicas, guerras clandestinas, aniquilaciones culturales, odios nacionalistas y exterminios basados en la seguridad nacional. El resultado de la dictadura antidemocrática y anticiudadana de los partidos es aterrador: hambre, violencia, guerras, asesinatos, desigualdad, miedo, distancia creciente entre ricos y pobres, desprestigio de la política, corrupción, injusticia, mentiras, engaños y un largo y estremecedor etcétera, logrado por los mediocres organizados en sus lamentables y dañinos partidos políticos.

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Los fascistas ya han llegado a España, pero no tienen el rostro de Franco

Tanto tiempo esforzándonos por erradicar el fascismo, pensando que cuando regresara tendría la cara de Franco, y ahora resulta que ya ha regresado, pero con el rostro de Artur Mas, Mariano Rajoy, Rodríguez Zapatero, Pérez Rubalcaba y otros por el estilo. Algunos cándidos creen que el fascismo llega con botas militares, golpes de porras policiales, partidos neonazis, fachada autoritaria y represión de las libertades básicas, pero se equivocan porque desconocen que el fascismo modernizado llega unido al desprestigio de la democracia, al poder descontrolado de los partidos políticos y a la perversión de un sistema que se hace pasar por demócrata sin serlo. El fascismo no es otra cosa que ausencia de democracia y la hegemonía de contravalores como la corrupción, el engaño al pueblo desde el poder, la impunidad de los políticos, la injusticia generalizada y la caída en picado de la honradez y otros valores básicos.

El fascismo, en su versión sutil, está tan incrustado ya en la médula del actual sistema político español que es necesario que cantemos de nuevo aquello de "Libertad, libertad, sin ira, libertad".

Los fascistas de hoy en España no son generales que imponen su voluntad a golpe de fusil y de cadáveres, sino políticos aparentemente demócratas que desvirtúan el sistema y utilizan la fuerza del Estado para someter a los ciudadanos, incrementar su poder, abrir las puertas a la corrupción, engañar, promover lo injusto y atrincherarse en el cargo y sus privilegios. Los desahucios masivos, la corrupción que infecta a los partidos e instituciones y el abandono de los desempleados y pobres son tan fascistas o mas que las escuadras falangistas del pasado.

Ante el blindaje de los falsos demócratas españoles que detentan el poder, impermeables a la voluntad popular, a los españoles no nos queda otra misión política que expresar nuestro malestar mediante la protesta, la crítica, la propaganda y las manifestaciones, una forma no convencional de participar en la política que constituye un derecho fundamental en democracia.

Los nuevos fascistas españoles, aunque se camuflen, están cada día mas desenmascarados. Cada vez son mas los ciudadanos que los han "detectado" y que ya no los votan y los combaten en todos los ámbitos de la comunicación social y la sociedad civil, criticándolos, desenmascarándolos y descubriendo sus traiciones, carencias, vicios y miserias.

Pensándolo bien y aunque duela reconocerlo, los españoles, desde la muerte de Franco, no nos hemos comportado como auténticos ciudadanos, sino como cobardes imbéciles sometidos, pues hemos permitido, sin resistencia, que un nuevo fascismo, mas hipócrita, ineficiente y malsano, se instale en el país, arruinándonos y destruyendo los cimientos de la nación.

Los fascistas españoles, incrustados en el poder del Estado y en las instituciones, dejan a sus ciudadanos al margen de sus decisiones y adoptan casi todas sus medidas en contra de la voluntad popular. Previamente, a escondidas, han cambiado las reglas de la democracia por otras normas bastardas que permiten el abuso de poder y la corrupción desencadenada de la "casta" política, que ya puede operar con impunidad. Sin que los ciudadanos lo perciban, con nocturnidad y alevosía, han transformado la democracia en una sucia partitocracia, casi una dictadura pura de partidos políticos y políticos profesionales impregnada de auténtico fascismo.

No escuchan el lamento y los anhelos de los ciudadanos, pero sí hacen caso a sus clientes, a los aliados que les ayudan a ejercer el dominio y la opresión, gente como los indeseables que han saqueado las cajas de ahorro y el sistema financiero.

Todo ese neofascismo escondido pero presente en el sistema político español significa acercarse a la tiranía y cuando el gobernante deja de ser limpio, decente y demócrata para convertirse en un tirano al pueblo le asiste el derecho y la obligación de rebelarse.

En la España de Zapatero y, por desgracia, también en la de Rajoy, donde los políticos prefieren aplastar al pueblo con impuestos y recortes antes de cerrar una televisión pública o de eliminar empresas e instituciones públicas inútiles y plagada de vagos que viven a costa del Estado, existe más razón histórica, dignidad y decencia en un solo rebelde que lucha por mejorar el sistema y por una sociedad más justa que en todos los ministros, diputados y senadores juntos.

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Martes, 21 de noviembre

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