Al conmemorarse el 20 aniversario de la caída del Muro de Berlín, conviene saber que muchos déspotas, muy parecidos a los comunistas derrotados, están gobernando nuestras democracias, tras haberse camuflado y travestido con trajes de demócratas.
La política mundial está empezando a ser dominada por un espécimen nuevo y letal, el de los nuevos déspotas travestidos de demócratas. Tienen una clara vocación autoritaria, pero les gusta vestir su liderazgo con la legitimidad que confiere el voto popular. Han asimilado la lección histórica de que las masas no toleran la tiranía, pero saben que, debidamente camuflada, esa tiranía puede avasallar y pervivir. Se declaran demócratas y, aparentemente, aceptan la democracia como terreno de juego, pero la manipulan, la pervierten y la utilizan en beneficio propio. En realidad son depredadores totalitarios, pero bien disfrazados de demócratas fervientes, actúan como prestidigitadores y son expertos en demagogia y otros trucos que le sirven para ocultar su verdadera naturaleza ante el ciudadano. Están floreciendo por doquier, en África, en Asia, en América y hasta en la vieja Europa que inventó la democracia, y amenazan con convertirse en la peor pesadilla política del siglo XXI.
Odian a los ciudadanos libres porque reflexionan, son exigentes, tienen criterio y resultan peligrosos. Por eso los exterminan poco a poco y los sustituyen por masas incultas y por grupos fanatizados y sometidos, entrenados para defender sus colores políticos con pasión y sin lógica. Han descubierto que la educación, bien manipulada y desprovista de eficacia, predispone para la esclavitud y, en consecuencia, están convirtiendo las escuelas públicas en fábricas de corderos. Así consiguen que su poder se sostenga, no sólo sobre la legalidad manipulada, sino también sobre el miedo y sobre pandillas peligrosas de ciudadanos descerebrados que les defienden y votan fielmente.
No creen en la división de poderes y, desde el poder Ejecutivo, manipulan y controlan el Parlamento y la Justicia, pero los muy hipócritas afirman en público que los poderes tienen que ser independientes y libres.
Obsesionados por el control del poder a toda costa, utilizan la mentira y el engaño sin límites. Su estrategia de poder les lleva a utilizar demasiadas veces la palabra "democracia" en sus discursos, para sólo lo hacen para esconder su alma autoritaria y su cinismo.
Son perfectamente capaces de aplastar al enemigo sin ni siquiera sentir remordimiento, pero prefieren comprar con dinero público al adversario porque han aprendido que crear mártires, a la larga, es peligroso.
Utilizan el dinero público como si fuera propio y siempre terminan endeudando a sus países hasta límites insoportables y ruinosos. Reparten el dinero entre los amigos y premian con monedas el sometimiento y el servilismo. Son hábiles creadores de clientelismo y dependencia, exterminadores de la libertad y del libre albedrío. El erario público les sirve para afianzar su poder, comprar voluntades y corromper, políticas que siempre se traducen en debilitamiento de la sociedad, hundimiento de los valores, pérdida de competitividad y retroceso económico. Los fondos públicos son también utilizados para ganar votos, pero encubren esa nefasta política con palabras engañosas y programas falsos: igualdad, ampliación de derechos, lucha contra la crisis, defensa del Estado... y, sobre todo, "progreso", la palabra mágica de la nueva especie política depredadora.
Algunos de ellos se sienten tan seguros que se atreven, incluso, a modificar los padrones electorales y a conceder el derecho al voto a los ciudadanos extranjeros partidarios de su proyecto. Los más salvajes y gorilas están dispuestos, incluso, a alterar los resultados electorales, pero esa "fechoría", por el momento, sólo es posible en países tercermundistas, muy dominados y degradados.
Conscientes de que el control del poder Judicial es vital para que sus desmanes estén dentro del marco legal, intervienen la Justicia en nombre del pueblo, violando así la esencia de la democracia, y procuran realizar ese atentado en coalición con otros partidos políticos, para demostrar a la ciudadanía que el sometimiento de jueces, magistrados y tribunales es una práctica legal.
El dominio de las fuerzas armadas es vital y lo consiguen eliminando en la milicia el sentido del honor y del deber, sustituyéndolo por el sometimiento a lo que llaman "la voluntad popular", que no es otra cosa que la voluntad y los intereses de ellos mismos y de sus aliados.
La sociedad civil es corrompida primero y después ocupada, maniatada y castrada, hasta dejarla casi en estado de coma. Los santuarios vitales de esa sociedad civil que, en democracia, debe ser independientes y servir de contrapeso al poder del Estado, son sistemáticamente controlados: colegios profesionales, sindicatos, organizaciones patronales, universidades, asociaciones, religiones, medios de comunicación, fundaciones, cajas de ahorros y hasta empresas.
Se sienten tan seguros y dominadores que hasta renuncian a la austeridad que caracterizaba a sus predecesores del "socialismo real". No tienen miedo de exhibir ante sus pueblos, generalmente empobrecidos y asustados, lujos, confort y privilegios que consideran con descaro atributos del poder.
Una de sus obras maestras es haber creado una clase empresarial parásita y dependiente del Estado, cuyos dirigentes les votan y se hacen millonarios al servicio del poder político.
Pero su verdadera obra de arte ha sido el control de los medios de comunicación, a los que necesitan para vestir de legitimidad sus dictaduras camufladas y obscenas. Con el dinero del Estado prefieren comprar medios de comunicación que periodistas porque saben que los periodistas suelen someterse y autocensurarse voluntariamente. Con los grandes medios de su parte, sobre todo con la televisión, el medio que más influye en los imbéciles, utilizan abiertamente las nuevas tecnologías, la psicología, el marketing y la sociología política para engañar, sojuzgar y envilecer.
Francisco Rubiales
Moratinos está en Cuba y se ha entrevistado con el dictador Raúl Castro, pero no con la disidencia, un capítulo que es siempre obligado en las visitas de cualquier país demócrata a la isla comunista del Caribe. Los disidentes cubanos, verdaderos héroes que resisten frente a uno de los estados más poderosos del mundo, se quejan de que la España de Zapatero bendice siempre a la dictadura cubana y jamás ha mostrado interés alguno por la democratización de Cuba y acusan a los ministros socialistas y a otros muchos visitantes de la izquierda española de sentirse muy a gusto con el gobierno opresor y represor de los hermanos Castro.
En su actual visita a Cuba, Moratinos, ministro español de Exteriores, se ha negado a entrevistarse con los disidentes demócratas cubanos, pero ha regalado a los dictadores de la isla un millón y medio de euros en dos días y prometido otros 35 millones de euros, dentro del capítulo de Cooperación Internacional, mientras se dispone a aprovechar la presidencia española de la Unión Europea para canalizar hacia Cuba ayudas y apoyos de toda la Unión. La España de los casi cinco millones de parados, muchos de los cuales sin subsidio ni ingreso alguno, financia y mima a los opresores de la isla caribeña, expresión elocuente del verdadero "talante", escasamente democrático, del gobierno de Zapatero.
Entre las muchas injusticias y desmanes del gobierno español que preside José Luis Rodríguez Zapatero destaca la tutela y financiación de la dictadura de los hermanos Castro en Cuba, un país que era el 1959 la tercera nación más rica del continente americano, pero que hoy, gracias al socialismo impuesto por la revolución castrista, se ha convertido en una dictadura sanguinaria y en uno de los países más pobres del mundo.
El poder de los hermanos Castro, sostenido durante cinco décadas por una legión de militares, policías y chivatos, ha convertido a Cuba en una revolución represora y en una gran prisión que funciona como el paraíso de todos los izquierdistas del mundo, interesados en mantener en el Caribe una especie de parque jurásico, que visitan como turistas oficiales y disfrutan de su clima, de sus mujeres y de los privilegios del poder.
Aunque el "régimen" cubano no lo admita, Cuba es hoy uno de los países del mundo donde el sexo es más barato y al que muchos turistas, oficiales y privados, acuden atraídos por el sexo fácil.
La crisis está golpeando a Cuba con especial rigor, hasta el punto de que el Congreso del Partido Comunista Cubano (PCC) que estaba en preparación ha quedado suspendido, entre otras razones porque los hermanos Castro no tienen argumentos para justificar el estado de pobreza y postración de su pueblo, que padece restricciones de alimentos y energía como nunca antes en el pasado.
Los hermanos Castro han demostrado durante cinco décadas su incapacidad para dirigir el país hacia la dignidad y la prosperidad, proporcionando a la población una vida de seres humanos. Prometieron unas elecciones libres a los 18 meses del triunfo de la Revolución (julio 1960), pero no cumplieron su promesa. Durante su mandato, el gobierno castrista sólo ha sabido incrementar el jineterismo, destruir activos (edificios, casas, terrenos agrícolas e industrias) y alejarse de todos los derechos humanos. Apoyados por el ejército y la policía más densos de toda América Latina, el Castrismo se ha apoderado del Estado y pretende mantenerlo bajo control a toda costa, incluso cuando mueran sus fundadores.
Ese sistema injusto y opresor, con las manos manchadas de sangre, cuenta vergonzosamente con el apoyo, la tutela y la financiación del actual gobierno de España, que presiona constantemente a las democracias europeas para que ignoren los desmanes castristas y ayuden con dinero y concesiones al siniestro régimen cubano.
Nos hablan a diario de la pandemia de la gripe A para que no fijemos la atención en la verdadera pandemia que está asolando el mundo: la del poder inepto, la de una casta de tiranos camuflados de demócratas, desprovista de ética, que ha tomado el poder en muchos paises y está liquidando conceptos tan vitales para la democracia como la decencia, la verdad, el bien común y la eficiencia, sustituyéndolos por el privilegio, la arrogancia, la mentira y el fracaso.
El mayor preblema de nuestro mundo es el mal gobierno. El liderazgo político es tan deficiente que, a pesar de contar con todos los recursos del Estado y con la posibilidad de sacarnos el dinero del bolsillo, no ha solucionado durante siglos ni uno solo de los grandes problemas de la sociedad mundial: injusticia, hambre, pobreza, desigualdad, indefensión de los débiles, opresión, inseguridad,...
Es una pandemia que no es vírica sino política, letal para los ciudadanos, que germina en el caldo de la inmoralidad, de la incultura, de la mentira, de la traición, de la corrupción y de la desesperación, propagada por gobiernos materialistas y relativistas cuya única obsesión es controlar el poder y disfrutar de sus ventajas y privilegios.
Nuestro mundo es tan absurdo y frágil que siente pánico ante una epidemia de gripe A que causa menos muertos que la diarrea o que el tráfico rodado, mientras se siente a salvo rodeado de los lobos que ocupan el poder, ignorando que la peor pandemia de la Humanidad es el mal gobierno, el dramático hecho de que muchos de los que dirigen el mundo y nos representan sean ineptos, peligrosos ególatras dispuestos a todo y, según demuestra la historia, hasta capaces de convertirse, en circunstancias especiales, en asesinos locos que exterminan a decenas de millones de ciudadanos.
Muchos creen que la epidemia más destructiva de la historia humana y el motivo principal de las muchas desgracias del hombre ha sido la guerra, causante de cientos de millones de muertos, más de cien millones sólo en el siglo XX; otros creen que fue el totalitarismo, encarnado en fantasmas como la tiranía, el absolutismo, la plaga asesina bolchevique y el totalitarismo enloquecido nazi y fascista, culpables de opresión y de exterminios ideológicos y culturales masivos; otros señalan al egoismo, el odio y la violencia como las plagas humanas que nos han llevado al desastre.
Sin embargo, el virus más letal y dañino de la Historia ha sido y es el mal gobierno, el verdadero causante de la guerra, del hambre, de la violencia, la injusticia y casi la totalidad de los males de la raza humana.
El mayor drama de la historia humana ha sido el fracaso del liderazgo y de los políticos, que, a pesar de contar con todo el poder, los privilegios y los recursos, han sido incapaces de cumplir con su misión de mejorar el mundo y de solucionar los grandes problemas de la Humanidad.
Si alguien duda de esta tesis que señala al gobierno como el principal causante de los males del hombre, que analice cómo está siendo gestionada la actual crisis, una de las peores de la Historia, y comprobará toda la injusticia y la ineficiencia del poder, intervencionista, parcial, inepto e incapaz de atajar el mal, arbitrario a la hora de repartir los recursos comunes, que están siendo desviados hacia la banca y la gran empresa, dejando desamparados a las pequeñas y medianas empresas y a las familias y ciudadanos, mientras que los líderes de la comunidad exhiben su blindaje ante el drama colectivo subiendose sus sueldos, asegurando sus cargos e incrementando sus privilegios, que ya antes eran hirientes e injustos.
No es cierta la sentencia, alimentada desde la política, que dice que “los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”. No conozco un solo pueblo que sea peor que el gobierno que padece. Lo que sí es ciertos es que los ciudadanos tienen que implicarse en solucionar los problemas del planeta, ya que los políticos son incapaces de hacerlo. La sentencia que dice que “la política es algo demasiado importante para dejarla en manos de los políticos” se convierte cada día en más infalible.
Son los malos gobiernos los que han llevado a los pueblos hacia la guerra, los que han empujado a los pueblos europeos a pelear unos con otros durante más de veinte siglos. Carlos I de España y Francisco I de Francia, dos bravucones irresponsables, pelearon durante décadas y causaron decenas de miles de muertas sólo para demostrar cual de los dos era más chulo. Fueron los políticos los que embarcaron a la Europa próspera y alegre de 1914 en una guerra absurda que empujó a generaciones enteras hacia las trincheras, donde millones de vidas fueron segadas por las ametralladoras y los gases. Malos gobiernos fueron los que enfrentaron a los españoles en una guerra civil que era perfectamente evitable. Fueron los malos gobiernos los que perfeccionaron el totalitarismo y asesinaron a poblaciones enteras a mediados del siglo XX, dentro y fuera del frente bélico de la Segunda Guerra Mundial. Fueron los malos gobiernos los que inventaron la guerra fría, los que sembraron de conflictos bélicos el siglo, los que asesinaron sistemáticamente al adversario bajo la excusa de la seguridad nacional, los que derrocaron a los gobiernos populares y los que jamás dedicaron un esfuerzo a derrotar el hambre, la miseria y la injusticia.
Dicen los gobernantes en su descargo que la responsabilidad de los errores corresponde a toda la sociedad, pero no es cierto porque son ellos los que tienen el poder, sus lujos, sus privilegios y sus recursos: el presupuesto nacional, el monopolio de la violencia, el ejército, la policía y la fuerza de la ley. Nosotros sólo somos culpables de haberlos elegido sin exigirles casi nada a cambio. Ni siquiera los exigimos que sepan idiomas, que posean títulos superiores o que hayan demostrado en sus vidas poseer valores humanos.
Francisco Rubiales
Algunos ilusos, cuando lean esta información, quizás piensen que se trata de un capítulo más de la "Conspiranoia" mundial, pero, si reflexionan e investigan, descubrirán que es algo rigurosamente cierto, todo un proyecto de poder ideado por Fidel Castro y financiado por el petróleo venezolano, cuyo fin último es derrotar al binomio "democracia-capitalismo", sustituyéndolo por un neocomunismo más sutil e inteligente, aunque igual de totalitario, que el que fracasó y fue derribado en la vieja URSS.
Los desinformados creen que Fidel Castro ha abandonado el gobierno de Cuba porque está enfermo y cansado, pero lo cierto es que lo ha dejado en manos de su hermano Raúl para dedicarse en cuerpo y alma a lo que él define como su verdadera y más grandiosa obra revolucionaria: la resurrección del comunismo en el siglo XXI, bajo el impulso de Cuba y el dinero de Venezuela. Cuba es ya una pieza cazada y sometida y el viejo Fidel, ambicioso e iluminado, necesita emociones fuertes. Ahora quiere cazar al mundo entero.
Fidel cree que lo más importante que le ha ocurrido a la revolución mundial comunista, desde la toma del Palacio de Invierno, es su "amistad estratégica" con Hugo Chávez, el gorila rojo de Venezuela, con cuyos petrodólares se está reconstruyendo el comunismo, después de lo que Fidel describe como "la traición de Rusia", ocurrida cuando Moscú, tras la caída del Muro de Berlín, abandonó el comunismo y permitió que se desmoronara el bloque soviético.
El nuevo comunismo de este siglo XXI habla español, está dirigido por dos líderes de habla hispana, Fidel y Hugo, cuenta con el apoyo del español Zapatero y pretende renacer en América Latina, un territorio que están asaltando sin que Estados Unidos, en manos de un líder confundido como Obama, con escaso apego a la democracia e incapaz de defender los valores de un Occidente al que él, racialmente, no pertenece, mueva un solo dedo para impedirlo.
El primer gran asalto a la democracia y al capitalismo se está perpetrando en América Latina y Europa, dirigido por Fidel Castro, con el dinero de Venezuela, con la colaboración activa los dirigentes de Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, Brasil y Argentina, con la complicidad de los países más radicales del mundo islamista y con la colaboración del español Zapatero, que actúa como quintacolumnista en el corazón de la Europa democrática, el otro bastión a batir, junto con Estados Unidos, por el neocumunismo resucitado.
La batalla en América Latina ya se está librando en el terreno diplomático y financiero. Hay muchos millones de dólares venezolanos comprando voluntades y alianzas, pero el capítulo decisivo se dará en Bolivia, reeditando un viejo sueño de Fidel y el "Che" Guevara, según el cual desde Bolivía, situada en el corazón del subcontinente americano, puede desestabilizarse fácilmente todo el continente, utilizando su situación geográfica, la pobreza y el nacionalismo irredento de los indígenas.
El "Che" fracasó en su intento y encontró la muerte en las selvas bolivianas, pero ahora la operación, ideada por un Fidel plenamente dedicado a la geopolítica y a la geoestrategia, es más sofisticada y está mejor preparada. Con el dinero venezolano, van a crearse cinco bases militares en cada una de las fronteras de Bolivia con Argentina, Chile, Paraguay, Perú y Brasil. Allí operarán militares y entrenadores cubanos, dotados con pasaporte venezolano, algunos de los aviones recién adquiridos por Venezuela en Rusia y empezarán también a utilizarse las armas y equipos que ha adquirido Hugo Chávez en los últimos años, por valor superior a los 20.000 millones de dólares, una cifra que convierte a Venezuela en el primer comprador mundial de armamento.
Fidel y el gorila rojo están fraguando una importante alianza estratégica con todos los enemigos de la libertad y de la democracia en el mundo. Se presentan en público como el "Socialismo del Siglo XXI", pero eso es puro marketing que oculta el resurgimiento de aquel comunismo, de ignominiosa memoria, que asesinó a decenas de millones de personas bajo el liderazgo sangriento de Mao (en China) y Stalin (en la URSS), y que fue derribado por el propio pueblo al que decía servir.
Muchos de los dictadores y sátrapas adscritos a esa alianza estuvieron recientemente concentrados en la venezolana isla Margarita, invitados por Hugo Chávez. Además del brasileño Lula da Silva y de la chilena Bachelet, quizás los únicos aceptables en la reunión de "forajidos", allí estuvieron el dictador libio, Muamar el Gadafi, Robert Mugabe, tirano de Zimbawe, Teodoro Obiang, dueño de Guinea Ecuatorial, el mariscal de campo Alí Abdulah Saleh, dictador de Yemen, coronel Ibrahim Baré Mainassara, dictador de Niger, Yahya Jamneh, de Gambia, Joseph Kabila, cleptócrata del Congo, General Mohamed Abdelazzis, presidente de Mauritania gracias a un golpe de Estado, Faure Eyadima, sátrapa e Togo, también elevado al poder tras un golpe de Estado, y Abdelasis Bouteflika, líder de la totalitaria Argelia.
A ese inigualable "aquelarre" faltaron algunos amigos y aliados, como los sátrapas amigos latinoamericanos, especialmente el "nica" Ortega, el ecuatoriano Correa y el boliviano Morales, además de los sátrapas de Siria, Irán y Bielorrusia, el dubitativo Putín, que juega las dos cartas, las de la democracia y la de los dictadores, y el enigmático español Zapatero, del que se dice que nadie en el mundo sabe lo que realmente piensa, probablemente el mejor actor y quintacolumnista del grupo, en quien Fidel y Chávez confían para que sepa "vender" el proyecto en la Unión Europea y "lavar" la imagen internacional de la conspiración y de los forajidos y liberticidas que participan en ella.
Después de visitar Bielorrusia, Irán y Libia, tres de las peores dictaduras del planeta, el gorila venezolano Hugo Chávez vino a España para cerrar una gira marcada por la tiranía y la opresión. Cerrar su gira tiránica en España, un país en teoría democrático, le sirve al gorila para ganar prestigio y limpiar su imagen de tirano despreciable. A los gorilas, desde tiempos remotos, les gusta la mentira, el engaño, la propaganda y la niebla política y España es el país más confuso y nebuloso de Occidente. Figura entre las democracias sin serlo; cuenta con un presidente de gobierno que se autoproclama democrático pero que sólo sabe relacionarse bien con tiranos; es un país en el que la Justicia está bajo control político, en el que los ciudadanos no deciden, ni influyen, donde la sociedad civil esta sojuzgada, en el que la prensa independiente es casi inexistente y en el que los partidos políticos y los políticos profesionales carecen de controles democráticos y detentan un poder casi ilimitado.
España, triste país bañado en la niebla mentirosa y confusa, con apariencia democrática... pero sin serlo.
España es el paraíso de la niebla, hábitat idílico de tiranos y sátrapas como Chávez, a los que la vieja patria de Cervantes, al que ahora llaman "socialista", otorga a los dictadores un trato de primera, tan cariñoso y sumiso como el que los tiranos reciben en las pocilgas de Teherán, Minsk y Trípoli.

El gorila Chávez ha visitado España, donde se le ha tratado como si fuera una persona decente. Ahora llega Evo Morales, discípulo del gorila venezolano, otro dictadorzuelo que en España será tratado como un personaje. Después quiere venir Mel Zelaya, el hondureño aprendiz de gorila felizmente derrocado por gente que no quiere ser gobernada por los simios que corean "Socialismo o Muerte".
Cuando se corra la voz de que en el Madrid de Zapatero los dictadores de izquierda son subvencionados y tratados como héroes, sin que se les miren los herrajes de sus botas opresoras, sin que nadie les recuerde lo que encierran en sus cárceles, ni les echen en cara que aplastan sin piedad a la oposición y que cierran sin rubor los medios de comunicación críticos, vendrán todos los que faltan: el nicaragüense Daniel Ortega, el ecuatoriano Correa y tal vez hasta el anciano Fidel, amo de la cárcel cubana, patrón e icono del gorilato mundial.
Los gorilas acuden a España porque España es pura niebla política y moral, el espacio predilecto del gorila, donde la confusión, el engaño, la falta de ideales y el pragmatismo cobarde impiden que reluzcan las miserias del gorilato, donde el hedor que despide su irrespeto a las libertades y derechos no se percibe, donde el gorila manchado de opresión y sangre recibe en la Zarzuela y en la Moncloa el mismo trato que un demócrata decente.
España es pura niebla, una niebla soez que avergüenza a los auténticos demócratas.
La "sociedad civil", ese espacio cívico que debe funcionar en democracia con independencia y al margen del Estado, es la última esperanza de regeneración de la democracia en la mayoría de los paises del mundo que, como España, padecen una democracia degradada y podrida. En los muchos países del planeta dominados por tiranos, como Cuba, Venezuela, Birmania y otros, ante la represión y el control de la oposición, la sociedad civil es la verdadera alternativa al poder corrupto y degenerado que ha logrado el dominio del Estado. Con muchos de nuestros gobiernos ajenos a la verdadera democracia y entregados al privilegio, el abuso y la ineficacia, y con muchos de los partifos políticos de la oposición sin capacidad de ilusionar y de generar confianza en los ciudadanos, la sociedad civil es ya la única esperanza de regeneración.
En las democracias degradadas de Occidente, la sociedad civil empieza a cumplir un papel similar al que cumplió en la lucha contra los regímenes totalitarios del socialismo real. Aquí no se enfrenta, como allí, a un régimen totalitario de partido único, pero sí a unas castas políticas profesionales igualmente afincadas en partidos políticos muy poderosos y atrincheradas en el poder político, que han cometido el imperdonable error de transformar, a traición, las democracias en oligocracias y que también marginan a sus ciudadanos con idéntico sentido monopolístico de la política y del poder.
La sociedad civil es también aquí, en el Occidente falsamente democrático, la política del ciudadano que se opone a la política de las castas dominantes que ocupan el Estado. Allí, en el bloque comunista, sonaba el grito de guerra cívico que reclamaba el desmantelamiento del Estado totalitario; aquí es el clamor colectivo creciente, que convoca a la regeneración de una democracia podrida. En Occidente como antes en la Europa del Este, la sociedad civil representa el único camino transitable para que el ciudadano pueda recuperar la ciudadanía que le pertenece y que le ha sido arrebatada por los políticos. En ambos mundos, la sociedad civil es el mejor vehículo para la utopía y la reacción digna de los injustamente marginados, para introducir cordura y salud en unas sociedades enfermas.
Los periodistas, a pesar de que sus tareas profesionales les situaban en la vanguardia teórica de la sociedad, quedaron vergonzosamente al margen de los movimientos liberadores de la sociedad civil en el Este de Europa, un error lamentable que se está reproduciendo casi milimétricamente en Occidente, donde la mayoría de los periodistas también han sido ya neutralizados o incorporados a las élites del poder. Las investigaciones históricas demuestran que, cuando cayó el Muro de Berlín, los periodistas comunistas fueron, junto con los políticos, los más ajenos e inconscientes a la gran noticia de que su mundo se hundía, quizás porque, al igual que los políticos, estaban alienados por los privilegios y demasiado lejos de los sufrimientos y anhelos del pueblo que, conjuntamente, sojuzgaban.
Muchos filósofos occidentales, tanto de derecha como de izquierda, resaltan hoy las virtudes de la sociedad civil en comparación con el Estado, afirmando que es necesario aprender de la profunda lección que nos llegó desde el Este de Europa. Otros estudiosos creen que la sociedad civil está impulsando a escala mundial esa corriente que pugna por legitimar el poder político abriéndolo y difundiéndolo, mejor que concentrándolo en pocas manos. Cada vez más pensadores sostienen que, aunque las circunstancias no sean las mismas, sí existen coincidencias sorprendentes entre los sucesos de Europa del Este y lo que acontece en las democracias degradadas, como la que cita Berger cuando habla de la necesidad de librarnos del “aplastante peso del Estado en la vida social e individual”. De hecho, hasta la mayoría de los pensadores sometidos admiten hoy que en las sociedades occidentales se necesitan varias esferas intermedias que faciliten la relación entre el Estado y el ciudadano de a pie. Casi sin excepción, aceptan también que la inexistencia de una sociedad civil activa y vigorosa tiene como consecuencia directa el estancamiento.
Francisco Rubiales
Se llaman "demócratas" porque han sido elegidos en las urnas, pero su sistema es falso y perverso porque no respeta ninguna de las reglas de la verdadera democracia: ni la separación de los poderes básicos del Estado, ni la libre alternancia, ni el imperio de una ley igual para todos, ni el respeto a los derechos fundamentales, ni el protagonismo del ciudadano, ni la libertad de información, ni la necesaria fortaleza de la sociedad civil, ni un sufragio universal verdaderamente libre, sin esas sucias y antidemocráticas listas cerradas y bloqueadas que impiden que el ciudadano pueda elegir a los representantes que quiera. Los hay de derechas y de izquierdas, pero los izquierdistas son los verdaderos maestros del nuevo despotismo disfrazado de democracia. Es una reencarnación del viejo totalitarismo comunista reformado en los laboratorios del poder, una fórmula que ellos consideran infalible para encaramarse nuevamente a la cúspide y permanecer en ella "para siempre".
Es el mayor engaño político desde el triunfo de la Revolución soviética, toda una "democracia totalitaria" de laboratorio, una astuta perversión de los sistemas democráticos nacidos y perfeccionados en Occidente durante los siglos XVIII y XIX y su sustitución por un sistema trucado que instaura el despotismo y pretende legalizarlo con unos procesos electorales también manipulados y falseados, donde una parte del pueblo cegado por la propaganda, desinformado, cargado de odio sectario y fanatizado por el miedo y la mentira suele otorgar el voto a los nuevos amos.
Venezuela, que en su momento estuvo a la vanguardia de la independencia americana, gracias al liderazgo de Simón Bolívar, es ahora el laboratorio mundial donde se perfecciona el fraude y se expande el virus del neototalitarismo que pasa por elecciones.
Se trata de una enorme conspiración de la izquierda mundial, que, después del hundimiento del Muro de Berlín y del fracaso del totalitarismo abierto comunista, cree haber encontradoahora la fórmula perfecta para renacer y retomar la ruta hacia el dominio mundial. En apariencia es demócrata porque acepta el sufragio, pero truca el sistema, lo pervierte y en realidad promueve una legalidad que se ajusta perfectamente a la unanimidad forzada soviética y a los campos de concentración de Cuba.
Apoyado por la izquierda de todo el mundo, que, calladamente, contempla el experimento venezolano con entusiasmo, el neodespotismo ha conseguido anidar en Bolivia, Ecuador y Nicaragua, aunque su última conquista, la de Honduras, se les ha frustrado, lo que explica el inédito y casi unánime rechazo internacional, impulsado por la izquierda, a la rebelión de las instituciones y poderes de Honduras ante el asalto al poder que estaba a punto de culminar el depuesto presidente Mel Zelaya.
Zelaya estaba en la ruta del "chavismo" neodéspota, lo que implica el control de los poderes del Estado, el descrédito y exterminio de la oposición, la liquidación de la libertad de prensa, la supresión o control de las instituciones y organizaciones fuertes de la sociedad civil, la división de la sociedad en bandos irreconciliables, un discurso de odio y revancha que lleva a la intimidación de la ciudadanía, el desarme moral y la desvinculación de las fuerzas armadas de su deber de defender la patria de enemigos internos, reforma constitucional, supresión de la limitación temporal del poder presidencial para permitir la reelección indefinida y la instauración permanente del líder en el poder, limitación a la propiedad privada, salvo a la que convenga al Estado y a sus amigos, debilitamiento y casi liquidación de las clases medias, descenso del nivel cultural de los ciudadanos y de la calidad de la enseñanza y control del poder por parte de una militancia de izquierdas bien entrenada, completamente adicta al neodespotismo, cargada de privilegios y bien pagada por los fondos públicos.
El "neodespotismo" no es, por desgracia, un fenómeno exclusivo de América Latina, sino una conspiración de escala mundial en la que está implicada una izquierda que quedó huérfana tras la derrota del comunismo y que tuvo que adaptarse a la democracia sin creer en ella, Desde entonces, ha funcionado como una quinta columna que ha pervertido la democracia todo lo que ha podido, estigmatizando el liberalismo y fortaleciendo el poder del Estado, que es la esencia de la fe de la izquierda, a la que jamás han renunciado.
Si se observa con imparcialidad la política actual, es fácil descubrir que en muchos países en teoría democráticos, pero dominados por la izquierda, como España, se cumplen muchas de las perversiones del neodespotismo "chavista", aunque no todas todavía: descrédito de la oposición, control de la libertad de prensa, manipulación de la sociedad a través de la mentira, el miedo y el control de los medios, la supresión o control de las instituciones y organizaciones fuertes de la sociedad civil, la división de la sociedad en bandos irreconciliables, un discurso de odio y revancha que lleva a la intimidación de la ciudadanía, el desarme moral y la desvinculación de las fuerzas armadas de su deber de defender la patria de enemigos internos, reforma constitucional, debilitamiento y casi liquidación de las clases medias, descenso del nivel cultural de los ciudadanos y de la calidad de la enseñanza y control del poder por parte de una militancia de izquierdas bien entrenada, completamente adicta al neodespotismo y cargada de privilegios y bien pagada por los fondos públicos.
Millones de personas se concentrarán hoy, 4 de septiembre, en todo el mundo, para alzar su voz en protesta contra el gorila despótico venezolano Hugo Chávez, contra los muchos aliados que, atraídos por sus petrodólares, le siguen en muchos países, y contra lo que ese movimiento representa de peligro para la democracia: toda una peligrosa adaptación, hipócrita y sutil, de la vieja tiranía a las urnas y a los tiempos modernos.
Como ocurre desde el comienzo de los tiempos, la peor pesadilla del ser humano es el despotismo de los sátrapas, un vicio que ha derramado ríos de sangre, practicado por los peores especímenes de la raza humana, gente que se atrinchera en el poder para someter a sus semejantes y disfrutar del poder.
En este siglo XXI, la plaga de los déspotas ha cobrado una especial virulencia y se ha tornado más peligrosa que nunca porque sus activistas han aprendido a burlar las defensas y practican técnicas muy sofisticadas para dominar y someter. Los nuevos sátrapas son ahora, casi siempre, antiguos marxistas disfrazados de demócratas que han adaptado sus estrategias de dominio al siglo XXI,, tras haber aprendido la lección de que el viejo comunismo fracasado era demasiado directo, auténtico y fiel a sus principios para poder triunfar.
La primera estrategia es que, en lugar de someter abiertamente a sus pueblos, prefieren hacerlo después de confundirlos y manipularlos, mintiendo hasta la saciedad, lanzando soflamas en favor del "progreso" y utilizando el engaño, la propaganda y la eficaz ayuda de unos medios de comunicación que, necesariamente, tienen que dominar; la segunda es el acoso continuo y la progresiva destrucción de la sociedad civil organizada y de la oposición política, frustrando así la esperanza de los ciudadanos en un cambio e impidiendo una alternativa a sus nefastos gobiernos.
El nuevo despotismo no es "ilustrado", sino camaleónico", "osado" y "sin escrúpulos", un sistema de dominio diseñado para la trampa, la hipocresía y la mentira. Los dos modelos destacados de la nueva estrategia del autoritarismo sátrapa son Hugo Chavez, líder de Venezuela, y José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno de España. El primero desarrolla el modelo adaptado a los pueblos poco desarrollados y se apoya en el dinero del petróleo para expandir su régimen, mientras que el español se presenta como paradigma de una nueva izquierda que, sin creer en la democracia, hace constante profesión de fe en ese sistema, al que pervierte a diario mediante la mentira, la manipulación y el engaño. Uno y otro han podido construir su poder sobre el fracaso de la derecha que les precedió en el poder, culpable de errores fundamentales como el de ser elitista, corrupta, crispadora, manipuladora y escasamente democrática, lo que llevó al pueblo a pensar que tal vez la izquierda, a pesar de sus demostradas tendencias totalitarias y corruptas, fuera una opción mejor.
Los denominadores comunes de ambos, el venezolano y el español, son la degeneración de la verdadera democracia, el intento de perpetuarse en el poder, el uso de la manipulación y el acoso sin piedad a la oposición para debilitarla y cerrarle el camino hacia el poder y el apoyo de sus regímenes en los sectores que viven del erario público, los subvencionados y las capas más lumperizadas de la sociedad. Al comprobar que son los más incultos los que les apoyan más fácilmente, tienden a deteriorar la calidad de la educación y a sustituir la enseñanza libre por el adoctrinamiento.
Aunque hipócritamente exhiben la "democracia" como mascarón de proa de sus mandatos, en lugar de gobernar sociedades libres construyen regímenes sometidos que no soportan el más elemental test democrático: no respetan la separación de poderes, ni permiten una sociedad civil fuerte e independiente, ni otorgan protagonismo al ciudadano, ni respetan los controles democráticos al poder político, ni permiten la crítica y la fiscalización de la prensa libre, ni aplican la igualdad ante la ley, ni controlan el poder casi absoluto de sus propios partidos políticos, ni luchan contra la corrupción, un caldo de cultivo viscoso y dañino en el que los nuevos sátrapas se sienten a gusto.
El culto a la personalidad es otro rasgo siniestro que les une.
El culto a la personalidad de los dictadores es uno de los dramas inevitables de toda sociedad totalitaria. Todo país que haya caido bajo el dominio de un sátrapa se ha visto atrapado en la funesta dinámica de unas masas manipuladas y muchas veces descerebradas que apoyan el mal gobierno y adoran a su lider, que se presenta ante su pueblo como un personaje providencial, dotado de una aureola de superioridad, como si fuese un enviado celestial.
Desde la Unión Soviética, con su horrendo recuerdo de José Stalin, hasta La Habana, con el cruel “sabelotodo” Fidel Castro, sin olvidar al mayor asesino de la Historia, el "Gran Timonel" comunista chino Mao Tse tung, los caudillos han estimulado el culto a la personalidad y se han hecho admirar y hasta "adorar" por su súbditos, que casi siempre eran, también, sus víctimas.
El caudillismo es el camino más corto o directo para que se desarrolle el culto hacia esos personajes arrogantes y absolutistas que abrazan el trono de manera indefinida. El alarmante fenómeno de la adoración de los tiranos hizo del comunismo en el siglo XX una espantosa pesadilla con un enorme costo de sufrimiento y muerte para los pueblos que lo sufrieron.
Cuando los poderes e instituciones de la pequeña y pobre Honduras pararon los pies al presidente Mel Zelaya, empeñado en romper la Constitución y los equilibrios de la democracia hondureña, Zapatero y Moratinos condenaron "el golpe", por entonces incruento, y retiraron de Tegucigalpa al embajador de España, pero después guardaron un cobarde silencio ante los crímenes de la dictadura comunista china, que acaba de asesinar en Xinjiang a 156 personas, muchas de ellas con disparos en la cabeza.
España, cobardemente, mantiene a su embajador en China porque no se atreve a enfrentase a los poderosos o porque le importa más que sea depuesto un presidente antidemócrata que el asesinato a balazos de 156 ciudadanos por la policía de la dictadura china.
La actitud de España es igualmente tolerante, protectora y sometida ante otras tiranías manchadas de sangre, como Cuba, a la que defiende y apadrina, o ante otras gobiernos alejados de la democracia, como Irán y los latinoamericanos agrupados en torno a Hugo Chavez, donde se encuentran Bolivia, Ecuador y Nicaragua.
Toda prensa decente y no sometida de Occidente denuncia la hipocresía y la bajeza reiterada de muchos políticos de las falsas democracias del mundo por su cobardía ante los abusos y crímenes del gigante chino.
La mayoría de los que murieron recientemente en China, durante disturbios interétnicos entre hans e uigures, cayeron a manos de las fuerzas del orden, que causó una masacre al reprimir a los ciudadanos uigures con fuerza desproporcionada.
El cobarde "mutismo" de la comunidad internacional frente a la magnitud de los disturbios en Urumqi, capital de Xinjiang, es repugnante, sobre todo si se compara esa cobardía con la actitud de fuerza exhibida frente a los hondureños que se conjuraron contra un presidente Zelaya que, vendido a los hermanos Castro y al gorila Chavez, quiso desquiciar la estructura legal de la democracia hondureña y eliminar la limitación del poder presidencial, un requisito vital para que exista democracia.

El caso de Honduras, donde la comunidad mundial ha aplaudido al que irrespeta la ley y condenado sin defensa a los que luchaban por mantener el respeto a la democracia y a la Constitución, está demostrando que la casta política gobernante en el mundo está perdiendo la vergüenza a ritmo de vértigo y que la mayoría de las democracias han alcanzado un grado de podredumbre ética tan elevado que sorprende a los ciudadanos e indigna a muchos observadores y analistas políticos de todo el mundo.
La reacción antidemocrática del establishment político y diplomático internacional ante la deposición del ex presidente de Honduras, José Manuel (Mel) Zelaya Rosales, parece irreal. Ningún demócrata consigue explicarse cómo se trata a Honduras con mayor rudeza que a Cuba, Irán, China o Corea del Norte. No se entiende tampoco por qué la OEA expulsa a Honduras de esa sociedad de naciones por defender la democracia, mientras invita a ingresar a la misma a una dictadura represora y manchada de sangre como Cuba. No es fácil para las personas decentes entender cómo la OEA, la ONU, y la Unión Europea se quedan impasibles y se niegan a condenar las amenazas de invasión armada que desde Venezuela y Nicaragua se lanzan contra Honduras, ni es admisible que se demonice el nuevo gobierno de Honduras mientras mantienen un cobarde y sucio silencio ante los crímenes que comete la dictadura china y los atentados contra los derechos humanos que se perpetran casi a diario en países como Cuba, Irán y Corea del Norte, por citar sólo a las más cruentas entre las numerosas dictaduras mundiales intocables.
La OEA, la ONU y España han sido rápidas y drásticas a la hora de condenar a los que llaman "golpistas", después de guardar un silencio cómplice cuando el gobierno de "Mel" Zelaya violaba reiteradamente la Constitución y sus leyes, desobedecía el mandato de varios jueces de distintas instancias, tanto de la Corte Suprema de Justicia como del Tribunal Supremo Electoral, violentando así el Estado de Derecho o cuando de manera pública admitió implícitamente que eran ciertas las denuncias que se hicieran en su momento de que él había ganado las elecciones presidenciales mediante fraude electoral.
La actitud de España es especialmente dolorosa para los demócratas hondureños, que no pueden entender cómo Zapatero se rasga las vestiduras, indignado por el trato que recibe el presidente tirano y violador de las leyes hondureñas, y castiga al pueblo que ha venido siendo víctima de este dictador, retirándole su amistad y sus programas de cooperación.
Para muchos demócratas del planeta, el comportamiento de los gobiernos llamados democráticos sin serlo es inexplicable, injusto y cobarde, duro con los débiles y blando y tolerante con los fuertes, influido más por los intereses que por los principios, sin reflejo alguno de ética o decencia.
Los gobiernos latinoamericanos que han cometido el "error" de importar técnicas educativas españolas y que han acogido a expertos españoles se han arrepentido de haberlo hecho al comprobar que sus sistemas educativos se deterioran rápidamente y pierden calidad.
Tras publicar el artículo España exporta baja calidad educativa, un lector y activo participante en Voto en Blanco nos envía desde República Dominacana un comentario de interés que, como es habitual en Voto en Blanco, reproducimos en forma de post:
Pues en República Dominicana también importamos asesores españoles para renovar nuestro sistema educativo y no se pueden ustedes imaginar lo de idioteces y tonterías que nos trajeron. Esos técnicos españoles se creen al llegar a los países en vías de desarrollo que ellos son los tuertos que llegan a países de ciegos; pero están muy equivocados, porque al menos aquí en República Dominicana les podemos dar diez vueltas en mejor nivel de formación y de calidad educativa, DEMOSTRADO.
Por ejemplo: en respeto, disciplina y orden en las escuelas (aquí todos los escolares de todas las escuelas llevan uniforme, hablan de usted al profesor y el profesor a los alumnos, y todos los discentes se levantan al entrar el maestro en el aula, suben la bandera y cantan el himno nacional dominicano al inicio del día escolar y al término del mismo; ¡ah! y se imparte en todas las escuelas y liceos del país una asignatura sometida como las demás a exámenes y calificaciones, vamos que hay que aprobarla para pasar al curso siguiente, titulada FORMACIÓN INTEGRAL HUMANA Y RELIGIOSA, la cual consta del hecho religioso, principalmente el cristiano, que es el que ha conformado esta cultura y el Occidente, y de formación humano-cívica en general; y con todo esto salen adelante generaciones de jóvenes bien preparados para ganarse y defendese en la vida. Nuestro nivel educacional dominicano es el noveno del mundo en calidad,
después del finlandés, del noruego, del japonés, etc.
¿Cómo entonces vinieron estos técnicos españoles a querer inventar con nosotros, a querer descubrirnos la polvora y a tomarnos como ratoncitos de laboratorio? Por acuerdos politiqueros entre Estados, que nadie sabe a qué intereses creados se deben. La cuestión es que han querido implantar sin éxito toda una serie de necedades con la cual ellos se la dan de ser muy avanzados y con las que nos han complicado la vida a los docentes dominicanos, en el peor sentido de la palabra, durante el tiempo en que se pusieron a prueba métodos dizque pedagógicos del no va más.
Por ejemplo: nos han querido hacer aborrecer el tradicional y antíquisimo método de la memorización, como ya superado, como anacrónico, cuando está demostrado que la memorización sigue siendo básica en todos los niveles educativos desde la primaria para aprender la tabla de multiplicar hasta la universidad para aprender la tabla periódica de elementos químicos, les guste o no a los pendejos pedagogos neomodernos que no saben donde tienen ni su propia mano derecha.
También nos han querido implantar aquí que no se tomen medidas disciplinarias contra los alumnos que no dejan que el proceso educativo sea posible, porque según estos sabelotodos la disciplina es contraproducente incluso cuando se trata de aplicarla a muchachos antisociales-abusadores que siempre hay en cualquier lugar; según estos visionarios de laboratorios que nunca han impartido clases y menos en aulas repletas con más de 60 criaturitas tremendas, si uno o varios no dejan al maestro hacer de maestro, no se les puede expulsar de la escuela sino que hay que dejarlos en las clases de manera que le impidan el aprendizaje a quienes sí quieren aprender (falacias del sistema educativo español, que gracias a Dios aquí no han calado, porque cuando un alumno no se atiene al orden requerido dentro de la escuela, aquí seguimos expulsándolo a su casa y si se jode se jode él, pero no dejamos que joda a los demás).
Incluso trataron de inculcarnos a los maestros dominicanos, por medio de cursillos y más cursillos vanos de reciclaje en nuevas formas educativas, que no debemos califar a los alumnos con notas ni estresarlos con exámenes; pero muchos no hemos tragado por la sencilla razón de que la competitividad es completamente natural y muy sana para que se distingan los más aptos. Son las sociedades cerradas y clasistas las que eliminan la competencia. Se puede competir leal o deslealmente, pero no dejar de competir, porque la competencia es tan intrínseca en el ser humano como el sexo.
Esos asesores españoles que llegan desde la progre España a intentar sembrar en nuestros países latinoamericanos sus pendejadas pseudocientíficas, lo que hacen es complicar las cosas simples, disfrazar de ciencia lo que no es más que una cuestión de sentido común, e inventar una jerga para decir muy solemnemente auténticas patochadas.
Y este intento de complicar lo simple no es desinteresado, porque muchos son sanguijuelas que viven de esa jerga (cursos de capacitación, de perfeccionamiento del profesorado, etc.). Cualquier maestro sabe in situ que prácticamente todos los textos de pedagogos que nos recomiendan esos técnicos venidos de España como si fueran misioneros de la sabiduría, no son más que una sarta de teorías propias de quienes no han estado jamás ante una clase llena de niños y niñas y no saben como en verdad se comportan éstos. Así, un muy sesudo pedagogo español, que afirma que señalar en color rojo los errores de un examen o en un ejercicio era vejatorio para el alumno, y otro, más inteligente todavía, sostiene que los fallos y los errores son una expresión de la creatividad de los niños. Sé de otro, del cual puedo precisar que es profesor de la Universidad de Murcia, que, impartiendo una conferencia sobre la educación para la salud, afirmó que un profesor de física también podía contribuir a la educación para la salud estudiando en clase la elasticidad de los preservativos. Hay otro pedagogo que se lamenta de que “el saber en la escuela sea jerárquico. Pues claro que sí, y cuestionar semejante cosa es tan absurdo como lamentarse de que la lluvia caiga de arriba abajo. Puede que sea muy elitista eso de que la lluvia vaya desde las nubes al suelo, pero es lo natural, lógico y lo mejor para todos. Pero claro, reconocer que en la transmisión del saber hay una jerarquía porque hay quienes saben más y quienes saben menos es renunciar a lo políticamente correcto, y hay algunos personajes que están dispuestos a cargarse la escuela pública antes que renunciar a sus mamarracherías pedagógico-progres.
Y para terminar, acabo de estar en España, en Sevilla y en Córdoba, durante una semana que fui a ver a un familiar enfermo y cuál no sería mi sorpresa al ver salir de una escuela a los alumnos y ver que llevaban en las manos unos libros de una asignatura llamada LENGUA CASTELLANA. Pero ¿será posible?, ya hasta se avergüenzan de llamar a la lengua oficial de España que es la LENGUA ESPAÑOLA, de llamarla española o español. Al menos en todos los países de Latinoamerica y resto del mundo, excepto en España, tenemos el honor y la dignidad de seguir llamando al pan pan, al vino vino y al español español. Aquí en República Dominicana, e igualmente en el resto de países de las Américas, la asignatura del idioma que hablamos se llama en la portadas de los libros LENGUA ESPAÑOLA y no es ninguna deshonra para nosotros.
Fej Delvahe
Argentina es un país que parece tocado por el infortunio, al menos en lo que se refiere a los dirigentes políticos que, sin descanso, malgobiernan y conducen el país hacia el fracaso. No hay historiador o analista político mundial solvente que no se sorprenda ante el insólito celo que han demostrado casi todos los líderes políticos recientes de Argentina en la tarea de destruir el país e impedir la felicidad de sus ciudadanos. La gran nación del cono sur padece ahora la plaga de los esposos Kirchners, gente insuperable en capacidad para convertir la democracia y el liderazgo en un garito.
Ni la comunidad internacional ni los mismos argentinos saben lo que piensan los Kirchners, ni qué ideología profesan, aunque todos sospechan que en lo único que creen es en el propio provecho y en cómo extraer del poder político beneficios, privilegios y ventajas.
Pero el espejismo de los poderosos esposos parece que empieza a derrumbarse si se tiene en cuenta que Nestor Kirchner, según muchos indicios, entre ellos la más reciente encuesta del periódico La Nación, podría ser derrotado en los próximos comicios legislativos por el empresario de origen colombiano Francisco de Narvaez, hasta hace pocas semanas un desconocido.
El hecho de que Nestor Kirchner no tienga asegurado el triunfo en Buenos Aires es una buena noticia porque anticipa un cambio de ciclo en la política argentina que solo puede ser positivo.
Ahora, cuando los Kirchner vislumbran por el horizonte el fantasma de su derrota, es cuando se percibe con más claridad las trampas, trucos y recursos autoritarios y sin escrúpulos con los que gobiernan Argentina desde 2003, cuando Néstor asumió la Presidencia de la Nación.
Ante una ciudadanía argentina por desgracia ya acostumbrada al abuso y al despojo, el matrimonio de Cristina y Néstor Kirchner está echando mano de todo el arsenal a disposición de cualquier gobernante sin escrúpulos y decidido a dejar a un lado todo recato en el manejo del poder.
Uno de sus instrumentos preferidos es el empleo de la propaganda y de la publicidad oficial con fines proselitistas. Sólo durante el 2008, el gobierno federal argentino gastó 125 millones de dólares en anuncios del Estado, un gasto que le abre las puertas de muchos medios y que les hace ganar apoyos y amistades compradas.
Cuando uno mira cualquier canal de televisión en Argentina descubre con rapidez la enorme cantidad de propaganda a favor del gobierno que proyectan hacia los ciudadanos, un fenómeno que sólo se percibe con similar intensidad en algunas dictaduras alejadas de la democracia y en la España de Zapatero, el modelo en el que los esposos argentinos parecen inspirarse.
No contentos con los apoyos que obtienen a través de la inversión publicitaria, el pasado 27 de mayo, Cristina, la esposa de Néstor, que ocupa ahora la Presidencia, recurrió al concepto de la “prensa libre”, en el que no cree, para cancelar las deudas impositivas que cinco grandes empresas de medios de comunicación mantenían con el Estado, un gesto disfrazado de ayuda ante la crisis que en realidad oculta una movida estratégica para "comprar" espacios y apoyos mediáticos.
El caracter nada noble ni desinteresado de la "jugada" se hizo evidente cuando se reveló que las cinco empresas saldarían sus deudas con espacios para publicidad oficial, donde se mostrarán ante la audiencia las facetas “positivas” del matrimonio presidencial.
El audaz y sagaz Zapatero, en España, donde ha creado una densa red de intereses y de cadenas de televisión aliadas o concedidas "a dedo" a sus amigos, debe estar envidiando a Cristina Kirchner por haber dado el paso que él no se atreve a dar. El presidente español lleva más de un año intentando prestar la ayuda multimillonaria que muchos medios de comunicación españoles, asfixiados por la crisis, le están demandando. Si no se atreve a entregar el dinero que las empresas mediáticas le piden es porque el país está ya endeudado hasta las cejas, porque la oposición está vigilante y porque cada día hay más ciudadanos hastiados de tragar parcialidad y propaganda progubernamental en casi todas las cadenas de televisión del país.
Argentina y España no sólo se parecen en la osadía dudosamente democrática de sus respectivos dirigentes políticos y en la progresiva ruina económica y ética de ambas naciones, sino también en que la sociedad civil de ambos paises comienzan a despertar, a querer sacudirse el engaño y a incrementar la pésima calidad democrática de los gobiernos que padecen. Zapatero acaba de sufrir una derrota en las elecciones europeas del 7 de junio y en Argentina faltan pocos días para saber si el pueblo argentino va a continuar avalando el esquema de corrupción patrocinado por el matrimonio Kirchner o si la parte honrada y decente del país reaccionará expulsando a la pareja de los ámbitos del poder político y de la Casa Rosada.
Sábado, 21 de noviembre
Vicente Torres
Pedro Fernández Barbadillo
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Jesús Montesinos
José Luis Palomera Ruiz
Antonio Javier Vicente Gil
JUAN JULIO ALFAYA
Francisco Rubiales
Vicente A. C. M.