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La Constitución española no sirve

Cuando nuestra Constitución fue redactada, la sociedad española creía en la bondad de los partidos políticos y asumió un documento que depositaba en esos partidos demasiado poder, más del que era prudente, según ha demostrado la Historia.

Cuando la actual Constitución fue redactada y aprobada, la democracia española daba sus primeros pasos y, después de cuatro décadas de Franquismo, confiaba plenamente en la bondad de los partidos políticos. En consecuencia, España asumió una Constitución que entregaba a los partidos políticos demasiado poder y representación, más del que era prudente, según ha demostrado la historia.

Hoy, aquellos partidos políticos a los que la Constitución otrogó tanto poder y representatividad, incluso el derecho a intervenir en la Justicia y a mediatizar los grandes tribunales, ya no son de fiar, tras haberse convertido en maquinarias implacables de poder y de clientelismo, más fieles a sus propios intereses que al bien común y a los intereses de la nación.

Amaparados en las ventajas y poderes que les otorgaron los incautos españoles, los partidos han reforzado su poder, se han acorazado de inmunidad e impunidad y han invadido demasiados espacios de la sociedad, incluso aquellos que les están vedados en democracia: universidades, sindicatos, religiones, empresas, instituciones, asociaciones, cajas de ahorro, medios de comunicación, etc., acabando así con la independencia y colocando en coma profundo una sociedad civil española que, en democracia, debe ejercer como firme contrapeso independiente del poder político y como fuerza controladora del poder del Estado.

En consecuencia, la Constitución debe ser reformada si se quiere limpiar España de escoria corrupta e instaurar en serio una verdadera democracia.

Se habla desde hace meses de un cambio en la orientación del poder y en posibles pactos entre el PSOE y el PP para consensuar políticas como la Justicia y la lucha contra el terrorismo. Desgraciadamente, esos pactos no van a solucionar el problema porque el problema son los partidos políticos, que, sin controles ciudadanos y dueños absolutos del Estado, se han transformado en el peor enemigo de la democracia y en el mayor obstáculo para que se termine la degradación de la política española.

Un ejemplo claro del descontrol antridemocrático reinante en España es las reformas que propone la Fiscalía General del Estado, orientadas a convertir a los fiscales en una especie de custodios de los jueces, una medida que encadena todavía más el poder Judicial a la política de partidos y que se orienta justo en el sentido contrario del que establece la verdadera democracia.

Encomendar a los partidos políticos españoles la regeneración de la democracia española es como pedir a la zorra que cuide de las gallinas. ¿Quien puede ser tan imbecil para creer que los partidos políticos, que son auténticas organizaciones autoritarias, verticales y antidemocráticas, siempre sometidas al poder y al capricho de las élites, en cuyo interior se imponen el sometimiento al lider y el miedo a debatir libremente, puedan democratizar este país?

La unica regeneración auténtica y saludable de la democracia española pasa, inevitablemente, por limitar el poder de los partidos políticos y por restaurar los controles ciudadanos al poder, controles que obliguen a los poderes a competir entre sí, a que los representantes rindan cuentas a los ciudadanos, no a los partidos, como ahora hacen, y a restaurar el protagonismo que el ciudadano y la sociedad civil deben tener en el sistema, el cual les ha sido ilegítimamente arrebatado por los insaciables y degenerados partidos políticos.

Cualquier reforma debe partir de cambios profundos en la injusta y antidemocrática Ley Electoral española, cambios que eliminen las listas cerradas y bloqueadas que confeccionan los partidos y ante las que los ciudadanos únicamente pueden decir "sí" o "no", sin poder elegir a sus preferidos. No menos urgente es garantizar el valor igual de los votos, evitando que unos partidos necesiten 50.000 votos para lograr un diputado y otros casi 400.000. Y sin olvidar la que quizás sea la reforma más urgente y necesaria, la de conseguir que los políticos electos respondan ante los ciudadanos que los eligen, no ante las élites de sus respectivos partidos, como ahora ocurre en esta democracia española sin entrañas, sin justicia y sin ciudadanos soberanos.

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España: el Estado de Derecho está contra las cuerdas

El rescate ha sido pagado a los piratas y los secuestradores serán liberados. Muchos españoles están escandalizados ante la arbitrariedad y desigualdad en la Justicia. Los últimos tres meses, por la desmoralización y angustia política que han generado en la población, quizás han sido los peores de la democracia española, comparables a aquellos tiempos terribles de Felipe González, cuando FILESA, Roldán, los GAL y otros abusos inundaron España de hedor currupto.

Con su comportamiento en los últimos meses, el gobierno español ha convertido esta etapa en una de las peores de la moderna historia de España. pero el drama de España se convierte en tragedia si se analiza también el comportamiento de la oposición, que rivaliza con el del gobierno en antidemocracia, corrupción y suciedad moral.

La imagen de la policía exhibiendo esposados, como delincuentes ya condenados, a los detenidos sospechosos de los casos “Palma Arena” y Pretoria fue tan obscena y sucia que permite afirmar que el Estado de Derecho está siendo demolido en España. Igualmente lo ha sido el trato engañoso a los parados de larga duración, la concesión a un grupo de "amigos" de Zapatero la TDT de pago, todo un "regalo" arbitrario del poder, y la nefasta gestión del secuestro del atunero vasco Alakrana, hecho que demuestra la torpeza operativa de un gobierno de tercera división, que engaña a la opinión pública al ocultar que los somalies, con su piratería, se defienden del expolio impune de las costas de Somalia perpetrado por cientos de barcos de muchos países, protegidos por navíos y aviones de guerra.

La negativa del gobierno a luchar con decisición contra la corrupción y sus intentos de manipular a los medios de comunicaciín, transforma la política española en un desierto desolado, sin ética ni esperanza.

Pero la peor gestión del gobierno y la que más daño causa a España sigue siendo la de la crisis. Incapaz de responder con coherencia al desafío de la economía que se hunde, Zapatero ha permanecido escondido y más centrado en viajes y actuaciones internacionales que en asuntos domésticos, decidido a no dar su brazo a torcer y a no adoptar las medidas que la comunidad internacional y los expertos le aconsejan, entre ellas una reforma laboral que es urgente para que España vuelva a ser competitiva y medidas de estímulo al consumo, justo lo contrario de lo que logrará con su errónea subida de impuestos.

Ante el lento pero constante deterioro de la imagen del gobierno y la subida del PP en intención de voto, el gobierno de Zapatero no se resigna a perder el poder y parece dispuesto a retenerlo, incluso recurriendo a métodos más propios de dictaduras bananeras que de democracias adscritas a la Unión Europea.

El trato vejatorio dado a los presuntos delincuentes políticos del PP es muy diferente al que el gobierno otorga a los muchos delincuentes de su propio partido o de formaciones aliadas. Hace un año, también en Mallorca, Gonzalo Aguiar, de Unión Mallorquina, por un delito similar no fue esposado ni humillado en público, ni obligado a desfilar esposado, como se ha hecho con los sospechosos de corrupción del PP balear. En otros muchos casos de corrupción denunciados en las Islas Baleares, como los de Ibiza Centre, Can Domenge, La Piñata o Soms Oms, ni siquiera se produjeron detenciones, porque los señalados eran miembros del partido en el poder o aliados,

La sospecha de que se utiliza sin las debidas garantías judiciales el sistema de escuchas telefónicas y de Internet SITEL ha creado en toda la sociedad un lamentable estado de inquietud que inclina a pensar que el Estado de Derecho está siendo laminado en España. La acusación de Maria Dolores de Cospedal de que el SITEL ha servido para intervenir teléfonos de miembros de la oposición sin orden judicial es gravísima y, de confirmarse, colocaría a Zapatero en niveles de corrupción política similares a los de los peores tiempos del gobierno de Felipe González, cuando se produjeron escuchas ilegales, terrorismo de Estado (GAL) y casos espeluznantes de corrupción, como los de FILESA, Juan Guerra y Roldán, entre otros muchos.

El PP, cuyo nivel de corrupción está sorprendiendo y asqueando a los españoles, no ha presentado pruebas sobre las escuchas ilegales, quizás porque no las tiene, y probablemente utiliza esa grave acusación como cortina de humo para ocultar su corrupción interna, pero lo dramático es que esas acusaciones son creíbles en una España cada día más decepcionada, desquiciada y destrozada por su miserable clase política.

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Cayó el Muro de Berlín, pero no el despotismo

Hace 20 años que cayó el Muro de Berlín, pero esa caída solamente significó el fin del Imperio Soviético, no el fin de los déspotas ni de la peor secta de la Historia de la Humanidad, la de los adoradores del Estado.

Hace 20 años, cuando cayó el Muro de Berlín, muchos demócratas y defensores de los derechos humanos se dejaron llevar por la euforia y creyeron como idiotas que los déspotas y la peor de las sectas de la Humanidad, la de los adoradores del Estado, habían sido derrotados, cuando lo único que ocurrió es que desapareció el Imperio Soviético. Lo peor de la especie humana, aquellos que anteponen el Estado al indivíduo y sus intereses personales al bien común, los derrotados en la URSS, los que se sienten a gusto practicando la opresión y el dominio, siguen más vivos que nunca y continúan practicando sus dos deportes favoritos: la caza de la libertad y del ciudadano libre.

En 1989, ante la imposibilidad de seguir manteniendo el control de unos estados injustos, opresores, que tenían en contra a sus propios pueblos y que eran económicamente inviables, los déspotas y sátrapas que se habían refugiado en el comunismo deidieron emigrar hacia la democracia, infiltrarse en los estados democráticos y dinamitarlos desde dentro.

La democracia, en manos de estúpidos y mediocres engreídos, solo celebró la fiesta de la "Caída del Muro" y ni siquiera advirtió ese movimiento de infiltración que, en apenas dos décadas, iba casi a destruirla.

Veinte años después, vemos los frutos de aquel enorme descuido y contemplamos cómo nuestras democracias se han pervertido y cómo el espíritu totalitario que anidaba en la URSS y en sus satélites se ha transformado en la "nueva izquierda" y se ha apoderado de muchos partidos políticos y democracias de occidente, convirtiéndo la política en otro estercolero, quizás peor del que construyeron en el indecente "Bloque Soviético".

La gran victoria de los déspotas y de los adoradores del Estado no ha sido travestirse de demócratas y, desde la izquierda, pudrir el sistema, sino infectar también a la derecha con su estatalismo y desprecio al ciudadano, hasta lograr que la única esperanza de los demócratas hoy no sea ya la alternancia, logrando que un partido de derecha sustituya al frente del Estado a la izquierda despota travestida, sino que sea el propio pueblo, con su rebelión, el que limpie la política infectada, corrupta y degradada.

Muchos ciudadanos, frustrados ante el dominio que ejercen los peores, saben ya que la división correcta en política no es entre derechas e izquierdas porque, lamentablemente, unos y otros han abrazado el despotismo, son corruptos y se parecen demasiado, sino entre demócratas y totalitarios. Los primeros creen en el individuo, dueño y soberano de la verdadera democracia, y en sus deberes y derechos, mientras que los totalitarios adoran al Estado y se refugian en él porque lo han transformado en el instrumento útil para dominar y perpetrar sus abusos y crímenes.

Pero el ciudadano consciente también sabe ya que el Estado es un monstruo frío, siempre inclinado a ejercer el poder absoluto y con recursos suficientes para imponer un dominio aplastante. En nuestros tiempos, con la ayuda de los totalitarios enrolados en su servicio, el Estado ha reforzado su arsenal con armas de especial eficiencia, capaces ya de controlar las mentes y corromper las almas a través de la desinformación y la propaganda. Hitler confesó que sus mejores armas para controlar al pueblo alemán habían sido “la confusión mental, los sentimientos contradictorios, la indecisión y el pánico”.

Frente a ese monstruo no existe más defensa que la democracia, pero la democracia, gestionada por canallas, mediocres, cobardes y sinvergüenzas, se ha vuelto abstracta y débil, desarmada de valores e incapaz de ejercer la influencia necesaria en el mundo. Los dirigentes políticos ya no están capacitados para plantarle cara al mal que encierra el Estado porque están incrustados en él y borrachos del boato y de los privilegios que emanan del mismo Estado. Ellos han encontrado justificación para todo, incluso para lo injustificable, y han permitido el florecimiento de la mentira por todas partes.

Ante la cultura de la desesperación a la que nos ha llevado el poder desmoralizado e ineficiente, sólo nos queda la sociedad civil como defensa y esperanza y el ciudadano libre e indomable como único recurso para la victoria.

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España: el ‘oído’ de Sitel no es democrático

Que te espíen y que violen tu intimidad es grave, pero que lo haga sin el preceptivo permiso de un juez y sin necesidad alguna un gobierno como el que preside Zapatero, habituado a mentir, poco fiable, escasamente democrático y sin la necesaria cobertura legal, eso ya es indignante para la ciudadanía española.

El Sistema Integral de Interceptación de las Comunicaciones Electrónicas (Sitel), que en estos momentos opera bajo el paraguas de una dudosa regulación, es otro signo que demuestra que la democracia en España es una quimera y que el sistema actual es un simple heredero directo del franquismo.

SITEL es el sistema que permite al Estado escuchar, sin autorización judicial, como es preceptivo en democracia, las conversaciones telefónicas de los ciudadanos a través del móvil y leer todos los mensajes intercambiados entre teléfonos.

Que el gobierno espíe a los ciudadanos siempre fue un abuso y un rasgo totalitario que provoca nauseas a los demócratas, pero quizás tuviera algún sentido en tiempos de la Guerra Fría, cuando el mundo estaba cuajado de espías y quintacolumnistas, dividido en dos bandos, el capitalismo y el comunismo, ambos armados hasta los dientes con misiles de múltiples cabezas atómicas. Sin embargo, ahora, cuando el enemigo mortal ya no existe, el espionaje de sus ciudadanos sólo demuestra que los gobiernos quieren controlar y oprimir a sus pueblos para mantener su poder. Sin otro objetivo que justificar sus abusos, privilegios y poderes especiales, los gobiernos inventan terroristas, pandemias y enemigos, cuando lo único que pretenden es desviar la atención del ciudadano, para que no centre su mirada en las injusticias y el avance de las desigualdades, el desempleo y la pobreza, espiándolos para mantenerlos bajo control y evitar que un día decidan rebelarse ante las corrupciones y la escasa democracia del sistema.

Para saber si existe o no democracia en una sociedad hay una ecuación infalible: si el gobierno teme a los ciudadanos, entonces existe democrcia, pero si son los ciudadanos los que temen al gobierno, entonces existe tiranía. En España, el gobierno no le tiene temor alguno al ciudadano y, en consecuencia, se permite todo tipo de abusos de poder y de invasión de la intimidad, como ocurre con SITEL, pero los ciudadanos cada día temen más a un gobierno cuyos miembros carecen de controles democráticos y se sienten prácticamente impunes e inmunes.

La última invasión de la intimidad y de la libertad de los ciudadanos en España está representada por la Ley 25/2007 de 18 de octubre, que establece que los operadores de servicios de telefonía móvil prepago deberán llevar un libro que registre la identidad de los clientes. Estos datos, según el Ministerio del Interior, pueden ser requeridos por orden de un juez con la finalidad de investigar delitos graves.

Casi la mitad de la población española utilizaba este sistema para comunicarse. Hasta el año pasado, tan sólo cinco millones se identificaron en el ministerio. Los que antes del 8 de noviembre no lo hagan, perderán inmediatamente la línea, con el coste que eso supone también para las operadoras.

SITEL tendrá capacidad para controlar el cien por cien de los teléfonos móviles españoles. El gobierno afirma que el sistema —implantado en Guardia Civil, Policía y Centro Nacional de Inteligencia— es utilizado únicamente por agentes facultados, pero lo cierto es que el gobierno, al eliminar el permiso judicial para espiar, ha burlado otra de las garantías democráticas que controlaban el poder del Estado y que proporcionaban respeto y seguridad al ciudadano.

SITEL es la penúltima violación de los derechos individuales en esta España donde cada día es más difícil encontrar un resquicio de democracia.

La Ley 25/2007 de Conservación de Datos, asegura que en la citada fecha tope (8 de noviembre) "los operadores vendrán obligados a anular o a desactivar aquellas tarjetas de prepago" no identificadas. La misma norma obliga a las compañías telefónicas a conservar durante un año todos los datos de tráfico (incluida la localización geográfica) tanto de los terminales fijos y móviles como de las IP de Internet o la telefonía por Internet.

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Los partidos políticos, el peor problema de España

02.11.09 | 18:34. Archivado en Partido Popular, PSOE, Izquierda Unida, Política, Corrupción

El Círculo de Economía, poderoso lobby español, económico y empresarial, culpó hace días a los políticos de la actual parálisis del país en su último informe de opinión de actualidad, titulado "Horizonte 2012. Cambio económico y responsabilidad política", y pide también reformas urgentes, no sólo económicas sino, sobre todo, políticas.

Tras afirmar que "España se enfrenta a una grave crisis económica e institucional que pone en serio riesgo los grandes avances alcanzados durante la democracia", en Círculo señala a los partidos políticos como los grandes culpables del drama español y sostiene que España "sufre una crisis institucional" derivada de determinadas prácticas de los partidos que desprestigian la política y de la parálisis en instituciones del poder judicial o la "aparente falta de misión" del Senado. Por ello, exige una reforma "en profundidad" de la ley electoral y de la financiación de partidos.

La opinión del Círculo coincide con la de los ciudadanos, que en las encuestas señalan ya a los políticos como su cuarta gran preocupación, por delante del terrorismo, y con la de miles de comentaristas políticos, intelectuales y analistas, que miran a los partidos y a los políticos profesionales como el más grave problema de España y como el principal obstáculo para el resurgimiento y la regeneración.

Ciertamente, aunque no todos los políticos son corruptos e indeseables, la densidad de los malos es tan alta que contamina al colectivo por completo, hasta el punto de que muchos ciudadanos piensa que los políticos y sus partidos son hoy el mayor drama de España, su mayor lastre y la peor amenaza ante el futuro.

Lo han invadido todo y han acumulado un poder casi ilimitado, antidemocrático y generador de desigualdades, desequilibrios y abusos; han destruido la democracia y la han sustituido por una sucia oligocracia que no merece respeto alguno; han aplastado a la sociedad civil, colocándola en estado de coma; han abierto las puertas de la democracia a la corrupción y han nutrido sus filas de corruptos e indecentes; han expulsado al ciudadano de la política, que han acaparado como monopolio; con su mal ejemplo, han degradado el sistema y debilitado los valores y principios que regían la convivencia; se han apoderado de todo lo que generaba poder y dinero, penetrando en todos los rincones de la sociedad, incluso en santuarios donde su presencia es nociva e indeseable. Son los partidos políticos, concebidos en un principio como piezas claves de la democracia, pero transformados hoy, después de un lamentable proceso de degradación, en los principales culpables del drama español y en los mayores obstáculos para la regeneración económica, social, cultural y política de España.

Ya es hora de reconocer la verdad. Los partidos políticos fueron admitidos en democracia con grandes cautelas porque no eran fiables. En la Revolución Francesa estaban proscritos y en el nacimiento de los Estados Unidos fueron rechazados como agrupaciones que tendían al dominio y al comportamiento mafioso. Se les permitió entrar en el sistema siempre que sirvieran para incrementar la participación de los ciudadanos en la vida política y para llevar la voz del pueblo hasta el poder, pero los partidos han abandonado sus espacios intermedios de puente para apoderarse del Estado y de la sociedad, convirtiéndose en los grandes dramas de la sociedad moderna y en los peores enemigos de la ciudadanía.

Se han apoderado de las universidades, de las cajas de ahorros y de multitud de asociaciones ciudadanas culturales y sociales. En la enseñanza, sector clave por su influencia en niños y jóvenes, han doblegado la independencia y subyugado la libertad, imponiendo asignaturas doctrinarias, colocando a sus "enviados" para que dirijan los centros y doblegando a los privados a través de subvenciones y conciertos. Donde todavía no se atreven a penetrar, compran voluntades y maniatan la independencia a través del dinero, pactos, concesiones y privilegios, muchas veces opacos y generalmente inconfesables. En la sociedad civil, un reducto que la democracia exige que sea independiente y libre para que sirva de contrapeso al poder, ya lo dominan casi todo y pugnan por doblegar a los que resisten: medios de comunicación, iglesias, fundaciones, asociaciones, colegios profesionales y hasta asociaciones de consumidores y de vecinos.

Los partidos políticos se han convertido en "el problema" de España. Se reparten el poder, lo politizan todo y se ponen de acuerdo entre ellos para incrementar constantemente su poder. Nombran presidentes en las cajas de ahorros y en decenas de instituciones que deberían ser libres y profesionales, mientras ellos se dotan de sueldos de lujo y de pensiones que cuadruplican en ventajas a las de los profesionales más destacados.

Son un cáncer y España no podrá salir del foso al que está siendo conducida por sus políticos hasta que la democracia no sea instaurada realmente y los déspotas, corruptos y sinvergüenzas, muy abundantes en las filas de los partidos, no sean expulsados, encarcelados o arrojados al basurero del desprestigio y del desprecio cívico.

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¿Coseguirá el PSOE de Zapatero aplastar al PP?

24.10.09 | 16:14. Archivado en Partido Popular, PSOE, Política, Democracia, Corrupción, España, Zapatero

El "Caso Gürtel" es un caso de corrupción real y palpable que afecta de manera vergonzosa al Partido Popular, pero detrás de él se percibe la mano del PSOE, un partido empeñado en desacreditar a la oposición de derecha y en impedirle el acceso al poder. La gran duda es si lo hace desde la competencia limpia, que es un valor en democracia, o utilizando en su acoso recursos del Estado que deben ser neutrales, prohibidos en democracia y reñidos con la decencia.

La gran pregunta que emerge del "caso Gürtel" es si el PSOE de Zapatero logrará finalmente su propósito de aplastar al PP y cerrarle el paso hacia la victoria electoral en 2012, consiguiendo así que Zapatero, un pésimo gobernante, nefasto para España, acceda a un tercer mandato.

El PSOE de Zapatero, cuyo rasgo dominante es que ansía el poder por encima de todo, intentó dinamitar al Partido Popular después de derrotarlo en 11 de marzo de 2004, presentándolo ante los españoles como un partido de mentirosos arrogantes, insensible a los deseos del pueblo y poco democrático.

Como no pudo lograr su objetivo, entonces intentó aislarlo y cerrarle cualquier posibilidad de alianza con otros partidos, para lo cual cerró pactos, algunos de ellos inconfesables, con los pequeños partidos nacionalistas, a pesar de las teóricas diferencias ideológicas, otorgándoles más poder del que les correspondía, estimulando su nacionalismo disgregador y permitiéndoles que practicaran niveles intolerabloes y nauseabundos de el chantaje antidemocrático e insolidario.

Al fallarles también esa "jugada" y al ver que el PP, a pesar de todo, ganó las elecciones en Galicia y dominó en las "europeas", Zapatero y sus adláteres volcaron todo su esfuerzo en la "tarea" de demostrar a los españoles que el PP es un partido tan corrupto o más que el mismo PSOE, para lo cual movilizaron todas sus piezas, que no son pocas. Algunos observadores y analistas creen que, incluso, utilizaron recursos del Estado, como sectores de las fuerzas de inteligencia y seguridad, que, en democracia, deben ser escrupulosamente neutrales.

La historia dirá si el "caso Gürtel" acabará o no con el PP o si, como algunos creen, tendrá poca influencia en los electores o, incluso, generará un efecto contrario en la sociedad, que a veces decide proteger y arropar al débil frente al fuerte, a la víctima frente al cazador.

Ocurra lo que ocurra, el PP debe aprender de una vez una lección vital: el PSOE es un adversario peligroso capaz de utilizar muchos recursos para lograr su anhelo de controlar el poder, incluso algunos que en una verdadera democracia son impensables. En consecuencia, al PP no le queda otro camino que le conduzca al poder que el de la regeneración de la democracia, empezando por sus propias filas.

La derecha española debe asumir de una vez por todas que, pareciéndose al PSOE y dirigido por chorizos con gomina, jamás llegará al poder en una España que quiere retornar a la decencia. Ante un panorama de corrupción generalizada, es probable que los españoles digan aquello de que "más vale malo conocido que .." y sigan votando al PSOE.

Para enfrentarse al PSOE, la derecha española tiene que hacerse demócrata, adoptar un modelo de partido distinto al que diseñó José María Aznar, sin semidioses intocables al frente, ajeno al leninismo, capaz de tolerar el libre debate interno y de premiar el mérito por encima del servilismo, un partido de hombres y mujeres libres y honrados, como exige la democracia.

El caso Gürtel, por mucha agresión del PSOE que esconda, es un caso de corrupción real que, además, tiene problemas estéticos de pésimo gusto, con gente pija de gomina que recibe regalos a cambio de contratos, con dirigentes implicados que no merecen el privilegios de dirigir a un pueblo digno.

Limpien ustedes su partido y abracen sin cautelas la regeneración de la democracia, aquella que Aznar traicionó después de haberla prometido en su campaña electoral de 1996, una traición que decepcionó a muchos demócratas españoles, a los cuales la derecha humilló con aquel Pacto por la Justicia, impulsado por Aznar, que permitió a los grandes partidos políticos nombrar a los grandes magistrados y entrar a saco en los tribunales de justicia.

Sin democracia, el PSOE siempre gana, porque su leninismo sin escrúpulos, vertical y autoritario lo convierte en una maquinaria de poder casi invencible.

La realidad de España a principios del siglo XXI es todo un drama: Desde la izquierda y desde la derecha, la democracia ha sido asesinada y sustituida, secretamente y con nocturnidad, por una oligocracia de partidos que gestiona un Estado como si fuera de su propiedad, que predomina ilícitamente sobre los ciudadanos y la sociedad civil y que sabe coexistir sin trumas con la currupción y la mentira.

Únicamente un partido que crea de verdad en la democracia y la ponga en práctica, que otorgue valor al ciudadano, a la libertad, a las ideas, al debate y a la decencia, podra derrotar al PSOE, el cual se sentiría obligado a refundarse, si es que quiere volver a gobernar.

Nuestros partidos deberían aprender, de una vez, a ser demócratas. España y millones de españoles hastiados de corrupción y de indecencia se lo agradeceríamos.

Francisco Rubiales

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Caja Madrid desvela las carencias democráticas del PP

21.10.09 | 18:40. Archivado en Partido Popular, Democracia, Economía, Corrupción

El Partido Popular habla constantemente de "despolitizar" las cajas de ahorro, pero en la hora de la verdad, cuando se pugna por la presidencia de Caja Madrid, sólo propone a políticos. Es una contradicción que demuestra la hipocresía de los populares que, en el fondo, se parecen al PSOE como dos gotas de agua.

Para sustituir a Miguel Blesa como presidente de Caja Madrid, Esperanza Aguirre quiere imponer a Ignacio González, su mano derecha, mientras el PSOE y el PP se inclinan por De Guindos, mientras que Rajoy, desde la trastienda, impulsa la candidatura de Rodrigo Rato. El pulso de Caja Madrid demuestra que los partidos políticos españoles mienten cuando hablan de regeneración democrática o de limpieza política. En el fondo, siguen obsesionados por el poder y dispuestos a seguir repartiéndose el pastel entre ellos, sin participación del ciudadano, sin presencia alguna de la sociedad civil.

La constatación de la hipocresía afecta, de manera especial, a Esperanza Aguirre, la dirigente popular que exhibe con más intensidad criterios presuntamente liberales y que, aparentemente, apuesta por la regeneración de la democracia, en especial por la "despolitización" de las cajas de ahorro españolas, secuestradas por los partidos políticos, que, junto con los sindicatos, dominan sus consejos de administración e imponen a los presidentes.

El apoyo de Rajoy a Rodrigo Rato es otro reflejo de la miseria política española porque lo que pretende no es tanto poner Caja Madrid en manos de un gestor experimentado como quitarse de en medio a un prestigioso y peligroso rival político, del que se habla como sustituto de Rajoy si el registrador gallego fracasa en su próximo enfrentamiento electoral con Zapatero.

Mientras tanto, el drama del intervencionismo de los políticos en la sociedad y en la economía alcanza su cenit en Andalucía, donde el leninismo visceral de su gobierno lo hace intervencionista, dominador e implacable ante cualquier espacio de poder. La Junta, desoyendo los consejos de los expertos y los criterios de muchos sectores que aconsejan una retirada de los políticos de las cajas para permitir una más profunda profesionalización de su dirección, cambia la ley de cajas para controlarlas todavía más y poder obligarlas a fusionarse en base a criterios políticos, no financieros ni empresariales.

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Gürtel demuestra que el PP es casi igual que el PSOE, pero con gomina

11.10.09 | 20:00. Archivado en Partido Popular, PSOE, Democracia, Corrupción, España

El caso Gürtel está demostrando a los españoles, cada día más angustiados ante la degradación de su democracia, que el Partido Popular (PP) es casi idéntico al PSOE y que la derecha española sólo se diferencia de la izquierda en la gomina. El caso Gürtel no es distinto de Filesa, los trajes de Camps son como las joyas de Corcuera y los lujosos safaris de Bárcenas son semejantes a la pesca en Senegal del jefe de los espias españoles.

El caso Gürtel también está demostrando que las raíces del mal que está arrasando a España, surgen de los partidos políticos, instituciones que funcionan internamente sin democracia y en las que el servilismo ante el líder, el verticalismo y la ausencia de debate libre han hecho estragos, transformándolas en fábricas de políticos mediocres y de no pocos chorizos.

Cuando uno contempla a los Correa y a los Crespo parece que está viendo a gente del pasado como Roldán, Juan Guerra o a cualquiera de los implicados de Filesa y otras tramas corruptas del PSOE. La única diferencia es que los presuntos chorizos de la derecha utilizan más cosmética y gomina que sus predecesores de la izquierda.

El origen de los actuales dramas de la derecha está en José María Aznar. Cuando derrotó a Felipe González en 1996, Aznar optó por copiar la estructura interna organizativa del PSOE, vertical, ferreamente disciplinada y nada democrática, en lugar de haber dotado a la derecha de un partido político democrático y con capacidad de debate en libertad.

Todo lo que ha ocurrido después en el seno del PP, es consecuencia de aquella opción desgraciada de Aznar, que prefirió copiar las miserias leninistas de su adversario socialista a crear una estructura democrática y ética.

Como consecuencia, ambos partidos se parecen hoy como dos gotas de agua en su financiación irregular, en su servilismo ante el lider, en su escasa libertad para debatir y en su capacidad para fabricar chorizos y mediocres que, cuando llegan al poder, no conocen la democracia ni tienen capacidad para gobernar en un sistema de libertades y derechos. En uno y otro partido, la cizaña asfixia al trigo y la metástasis corrupta estrangula una decencia que, derrotada y sin sitio, retrocede.

Pero el PP no sólo copió la estructura organizativa del PSOE, sino también sus métodos estalinistas y peores "tics" totalitarios. Perdio el pudor y permitió que algunos "de los nuestros" pidieran dinero a cambio de contratos, concursos y concesiones, dejó que muchos recibieran regalos, convirtió a los recaudadores del partido en semidioses, premió la sumisión servil, por encima de la inteligencia, reprimió la creatividad, perdonó a los sinvergüenzas y utilizó todo su poder para tapar la basura y cubrir las espaldas de los delincuentes, ignorando que quien convive con las ratas en las cloacas también se vuelve, tarde o termprano, estiercol y cieno.

Basta con echar una mirada a la vida interna de esos partidos políticos españoles, que deberían ser la columna vertebral del sistema democrático y que forman gobierno cuando ganan las elecciones, para darse cuenta que allí rige un poder vertical, implacable, en el que unos pocos mandan y otros muchos obedecen, con elites entronizadas que son la cúspide de una tupida red clientelar, que imponen en su entorno una disciplina de hierro y que suelen sentirse por encima de la ideología, de los reglamentos y hasta de la razón. Y cabe preguntarse entonces si un partido político, revelándose autoritario en su vida interna, puede comportarse democráticamente cuando alcanza el poder o si puede un partido de esa guisa, forjado en las orillas del totalitarismo, gestionar con garantías un gobierno realmente democrático. La respuesta es “no”.

Gestionada por partidos políticos como los grandes de España, la democracia no es fiable. Unos partidos que se han perfeccionado sólo en la acumulación de poder y en la defensa de sus propios intereses no están capacitados para garantizar el bien común cuando ganan las elecciones y ocupan el Estado.

Los partidos políticos españoles han olvidado conscientemente que no hay más democracia real que la que otorga el poder al ciudadano. Una democracia en manos de intermediarios, de profesionales, de partidos políticos transformados en maquinarias de poder o de elites más o menos cualificadas, no es una democracia auténtica, sino un remedo interesado que, en la práctica, desplaza al dueño de la soberanía y lo sustituye de manera ilícita. Los argumentos elaborados para justificar la democracia representativa como única vía para evitar el caos y la anarquía en una sociedad democrática son bastardos e interesados. La frase de Rousseau

“En el instante en que un pueblo permite ser representado, pierde su libertad”.

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El mayor error de la derecha española se llama Aznar

09.10.09 | 17:20. Archivado en Partido Popular, Democracia, Corrupción, Ideología, España

El PP de Rajoy está empantanado en el lodo de la corrupción y, a pesar del desprestigio de un Zapatero fracasado, inepto, mentiroso y sin imagen, es incapaz de avanzar en intención de voto. En calle Génova no se explican lo que ocurre y no entienden por qué razón el PP no despega ya y se proyecta claramente como el ganador de las próximas elecciones. No saben que el gran culpable de su tragedia se llama José María Aznar, cuya herencia pesa sobre Rajoy y sobre la derecha española como una losa de plomo.

Dicen los psicólogos que cuando alguien tiene un enemigo acérrimo y lo combate tenazmente, termina pareciéndose a él. Eso es, tal vez, lo que le pasó a José María Aznar, el cual, cuando por fin logró echar a Felipe González de la Moncloa, copio su modelo de partido leninista e impuso al PP una disciplina y una dictadura interna que acabó con el debate y convirtió al partido de la derecha española en una eficaz fábrica de esclavos y de mediocres.

Si hubiera sido un demócrata, Aznar habría cambiado el triste destino de la democracia española, pero fue tan autoritario y truculento como sus predecesores socialistas. Al fin y al cabo, los socialistas no creen en la democracia porque nunca renunciaron al leninismo, pero la derecha está obligada a creer en el sistema de las libertades y derechos, sobre todo si se mantiene fiel a sus raices liberales. Pero Aznar hizo suyos todos los vicios del socialismo, convirtió al PP en un partido "gemelo" del PSOE, capaz de convivir con la corrupción y atenazado por el autoritarismo verticalista, y terminó pareciéndose a González como si fueran hijos de la misma madre.

Muchos creen que su mayor error fue implicar a España en una guerra de Irak que el pueblo no quería, pero aquello fue solo la consecuencia de una arrogancia muy anterior.

Aznar pudo haber cumplido su promesa de regenerar la democracia, demostrando así que su gobierno era distinto y mejor que el de la izquierda, pero no lo hizo y en lugar de hacerlo doblegó todavía más la frágil democracia española con el Pacto por la Justicia, una iniciativa liberticida que asesinó lo que quedaba de democracia en España y convirtió a la partitocracia en un fortín inexpugnable. Pudo haber reformado la enseñanza para que de las escuelas españolas volvieran a salir hombres y mujeres libres, formados y reflexivos, pero sólo planteó una tímida reforma al final de su mandato, sin empuje ni ilusión, reforma que Zapatero arrojó a la basura sin pena ni gloria. Ni siquiera fue capaz de devolver a la prensa la libertad que necesitaba para que fiscalizara a los grandes poderes. Para desgracia de España, Aznar odiaba la crítica y la verdad todavía más que González. Ni siquiera se atrevió a devolver la independencia y el vigor que necesitaba la sociedad civil para que sirviera de contrapeso al estado, como mandan los cánones democráticos. Aznar le puso a la sociedad civil el pie en la cabeza y por poco la descuyunta. Para colmo de males, utilizó el látigo como si fuera un cuatrero del Far Werst y aterrorizó a todos sus adversarios y críticos demonizándolos sin piedad, arrojándoles encima todo el peso del Estado, incluyendo una Justicia que ya no era igual para todos.

Con esa "herencia" dramática, el PP perdió las elecicones, a pesar de sus brillantes éxitos en economía y de haber convertido a España en un país próspero. La herencia de Aznar es el soporte principal de Zapatero, al que los españoles perdonan su torpeza, sus mentiras y sus pésimo gobierno tal vez porque estaban tan cansados del bigote furibundo que siguen prefiriendo la sonrisa falsa y torpe del nefasto socialista.

Rajoy, que no es un político brillante, ni especialmente atractivo, está castrado y lastrado por la herencia de Aznar. Se debilidad le hace incapaz de mantener con la necesaria mano de hierro el orden interno en un partido del que Aznar hizo un monolito. Como consecuencia, los barones, que han perdido el miedo, se le rebelan. En apariencia, el partido solo sabe adular al líder pero la realidad es que el partido está castrado y que sus mecanismos internos han dejado de funcionar. Nadie se atreve en la derecha a debatir con libertad creativa el drama de España. Gracias a la "herencia" de Aznar y a la debilidad de su heredero, el PP no es capaz de despegarse de la corrupción, ni dar ejemplos de democracia, ni asociarse con la verdad, ni siquiera es capaz de desplegar otra estrategia que la pobre y lastimosa que aconseja el "estratega" Arriola: esperar a que el gobierno se desgaste para ocupar su sitio en el cielo del poder.

Aunque a los del PP no les guste oirlo, la sentencia es tan cierta como la vida misma: "José María Aznar es el verdadero padre político de Zapatero". .

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España: el ciudadano exige ética y limpieza de chorizos en todos los partidos

08.10.09 | 18:42. Archivado en Partido Popular, PSOE, Política, Democracia, Corrupción, España

El péndulo empieza a moverse en España hacia la ética y la decencia. La sociedad está asqueada de políticos inmunes y corruptos, de falsos progresistas, de pijos inmundos encuadrados en la derecha, de despilfarradores, de autoritarios y totalitarios con disfraz de demócratas y de demoledores de la ética de todos los colores y tendencias. Las encuestas comienzan a reflejar una reacción de la sociedad, que se mueve en sentido contrario al que han impuesto los políticos desde hace décadas. La gente quiere decencia, esfuerzo, premio al mérito, sacrificio, resurgimiento y regeneración.

El 94% de los internautas esdpañoles pide la destitución de todos los políticos corruptos, de los que robaron y se enriquecieron ilegalmente y también de los que aceptaron regalos, pero no sólo los del PP, sino los del PSOE y de todos los partidos. Si esa medida se adoptara, más del 80 por ciento de nuestos políticos tendrían que irse al paro y las administraciones públicas y las instituciones del estado quedarían casi desérticas y desmanteladas.

El obsceno espectáculo del escándalo Gürtel está actuando como vacuna en muchos sectores de la sociedad española. La visión de los "pijos" de derecha distribuyendo corrupción, recibiendo regalos y participando en fiestas donde se mezclaba la gomina con "servicio de chicas", al agregarse a visiones anteriores como las de decenas de alcaldes enriquecidos gracias al urbanismo criminal y miles de poderosos que, a pesar de sus abusos, errores y despilfarros, permaneces protegidos por la impunidad, quizás cambie de una vez la sucia tendencia de la sociedad española, vergonzosamente permisiva con los numerosos piratas que se han incrustado en los partidos políticos y controlado el poder en nuestra degradada democracia.

La dureza de la crisis está ayudando a acelerar la regeneración. Los errores del gobierno, la impunidad de muchos gobernantes y el fatal convencimiento de que una pandilla de inútiles podría estar arruinando a España y llevándonos hacia la derrota como pueblo, sin pagar factura alguna, está produciendo anticuerpos y deseos de cambio. El terreno ya está abonado para que llegue alguien con brío suficiente para refundar la democracia y mandar a la cárcel a los miles de políticos que la merecen.

Por mucha propaganda política y por muchos narcóticos que se distribuyan a través de los medios de comunicación, especialmente desde la pantalla de la TV, la gente empieza a sentir asco y a tomar conciencia de la realidad de España, un país que ocupa puestos de cabeza en los peores rankings mundiales de prostitución, tráfico y consumo de drogas, desempleo, alcoholismo, avance de la pobreza, avance de la corrupción, crecimiento desordenado del Estado, desprestigio de la político, de los políticos y del sistema, población encarlelada, crecimiento de la delincuencia y la inseguridad... y un largo etcétera que nos está convirtiendo, a pasos agigantados, en "un país de mierda".

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El PP alucina y dice que ve cerca la victoria en Andalucía

El PP de Andalucía está eufórico después del masivo acto de Dos Hermanas, que reunió el pasado domingo, día 27 de septiembre, a más de 20.000 militantes y simpatizantes de la derecha en el velódromo de la ciudad, sede de muchos actos triunfales socialistas en el pasado. Algunos expertos y observadores se ríen del optimismo infantil del PP y creen que Arenas y sus adláteres están tan acostumbrados a la derrota que sólo son capaces de ganar cuando sueñan. Aunque ellos dicen que la tendencia ya ha cambiado, que se acercan a la victoria y que tras el acto de Dos Hermanas habrá "un antes y un después", lo cierto es que nada ha cambiado, que el PP sigue necesitando un líder capaz de entusiasmar y que no genere rechazo estético, un programa de regeneración y limpieza que el partido no es capaz de asumir y un vuelco masivo en los votos que les haga llenar otros 99 velódromos como el que llenaron el pasado domingo.

La única posibilidad de victoria que tiene el PP de Andalucía es que se produzca un derrumbe traumático del PSOE en España y que ese hundimiento arrastre al PSOE de Andalucía. Entonces, más que ganar el PP de Andalucía, asistiríamos a una derrota del PSOE andaluz, lo que no es lo mismo.

El clientelismo del PSOE de Andalucía es tan brutal, los votos cautivos son tantos, el peso de la Junta en la sociedad es tan apabullante y la propaganda socialista es tan eficaz que la victoria del PSOE en las próximas elecciones, una vez más, está prácticamente asegurada. Además, si las cosas se pusieran complicadas para la izquierda, las campanas del miedo tocarían a rebato y los votos de la desmoralizada Izquierda Unida y de muchos andaluces neutrales ácudirían para apoyar al PSOE y para evitar que la odiada derecha llegara al poder.

A pesar de que la hoja de servicios del socialismo andaluz como partido gobernante es penosa y de que Andalucía siga ocupando los vagones de cola en los trenes de España y de Europa, a pesar de haber recibido toneladas de ayuda europea, todavía es mayor el rechazo visceral que genera la derecha en Andalucía.

Bajo el mandato de Javier Arenas, a pesar de haber logrado algunos avances, el Partido Popular sigue lastrado por la imagen de "señoritos" que proyectan muchos de sus líderes y por el rechazo que genera su principal dirigente regional cada vez que se abren las urnas.

Para ganar, el PP andaluz necesitaría todo un milagro: volverse como un calcetín, cambiar de líderes y ser capaz de presentar a los andaluces un proyecto ilusionante y creíble que liberara a la postrada y castrada sociedad andaluza de las afiladas y firmes garras del PSOE.

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La imbecilidad política de los españoles

Tenemos un gobierno inepto y nocivo que nos lleva hacia el precipicio y una oposición incapaz de convertirse en alternativa ilusionante, pero es más que probable que la culpa de este drama la tengamos los españoles, posiblemente los campeones mundiales de la imbecilidad política, por no ser exigentes con nuestros líderes, por elegir en las urnas a gente sin preparación ni solvencia, por haberlos aplaudido en lugar de expulsarlos del poder cuando asesinaban la democracia y la sustituían por una oligocracia indecente, una especie de dictadura "legal" de los partidos políticos y de sus élites profesionales.

La imbecilidad política nos llevó a reírnos cuando el socialista Tierno Galván dijo aquella sinvergonzonería de que “las promesas electorales están para no cumplirlas” y cuando el mismo alcalde madrileño invitaba a nuestros hijos a “colocarse” con porros, alcohol y quien sabe si con cualquier otra basura en las noches felices de Madrid.

También aplaudimos cuando Alfonso Guerra nos anunció que “Montesquieu ha muerto”, ignorando que lo que estaba diciendo es que se acabó la separación de los poderes básicos del Estado, lo que equivalía a autorizar, como ciudadanos, las puñaladas que los políticos socialistas ya le estaban dando a la joven democracia española.

También sonreímos y nos sentimos estúpidamente orgullosos cuando Felipe González instauró el reino del “Pelotazo” y cuando Solchaga afirmó aquello de que “España es el país del mundo donde uno puede hacerse más rico en menos tiempo”.

Cuando Julio Anguita, que ya conocía desde dentro las puñaladas y hachazos que nuestros líderes asestaban al sistema democrático, rompiéndole los cerrojos que servían para limitar el poder de los partidos y del Estado, repetía una y otra vez aquello de “programa”, “programa”, también lo ridiculizamos, creyendo que el comunista era un visionario iluminado, ignorando que lo que quería decirnos es que la inmoral casta política española ni siquiera tenía la vergüenza suficiente para cumplir lo que prometía.

Y lo soportamos todo, desde mentiras a engaños, sin ahorrarnos vejaciones y ríos de corrupción y desvergüenza. Admitimos que la izquierda pactara con la derecha para gobernar, que los que defendían la idea de España, siempre para gobernar, se aliaran con los enemigos nacionalistas de España. Admitimos aquella vergonzosa ley electoral que otorgaba grandes dosis de poder a partidos nacionalistas minúsculos, permitiendo que nos chantajearan desde Cataluña y el País Vasco.

Ni siquiera respondimos con un puñetazo en la mesa cuando nuestros dirigentes, a los que pagamos el sueldo y elegimos para que sean eficientes y justos, comenzaron a gobernar de espaldas al ciudadano, en contra de los deseos y anhelos de la mayoría. Aznar nos implicó en una guerra como la de Irak, a pesar de la oposición de los españoles. Zapatero nos metió con calzador el Estatuto de Cataluña, anticonstitucional, insolidario y una bomba de relojería en el corazón de la Constitución Española, y le permitimos, además, que nos engañara como a bobos cuando negociaba en secreto en ETA y aseguraba que era mentira, cuando otorgaba a la banda tratamiento de privilegio y cuando negaba como un tahúr la existencia de la crisis económica.

Hemos soportado la corrupción, hemos cerrado los ojos ante el enriquecimiento delictivo de miles de políticos, hemos abierto la mano, por si caía algo de dinero, ante el urbanismo salvaje que destruía nuestras costas y hemos permitido, sin rechistar, el cáncer de la financiación ilegal de los partidos políticos, permitiendo que se atiborraran de dinero sucio, que sus recaudadores visitaran nuestras empresas pidiendo comisiones y que nos cobraran dinero a cambio de subvenciones a las que tenemos derecho.

Ante nuestros ojos han convertido España en un basurero que hoy ocupa puestos de cabeza en el ranking mundial del desempleo, el avance galopante de la pobreza, el alcoholismo, el tráfico y consumo de droga, la prostitución, el incremento de la delincuencia, la densidad de la población encarcelada, el fracaso escolar, la pérdida de calidad en la enseñanza y el deterioro de la confianza y la fe en la democracia como sistema.

Ahora, cuando contemplamos impotentes cómo nuestros líderes políticos nos llevan hasta el abismo y cómo la sociedad española está perdiendo a chorros la prosperidad que con tanto trabajo se ganó en las pasadas décadas, quizás ya sea demasiado tarde porque los políticos se han blindado y, en la práctica, no existen mecanismos para arrojar del poder a los ineptos, ni para regenerar una vida política que ya está infectada hasta el tuétano.

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