Un estudio elaborado por la Asociación de Jefes de Policía de Estados Unidos (Nacop) ha sorprendido a muchos ciudadanos porque asegura que políticos y asesinos en serie se parecen muchos y comparten numerosos rasgos psicológicos y de personalidad.
Según esa tesis, que pretende tener bases científicas, gente como Bush, Clinton, Obama, Sarkozy, Hugo Chávez o Zapatero serían bastante parecidos en su perfil psicológico a asesinos en serie como James Mason, el carnicero de Rostov o el estrangulador de Boston. Unos y otros son vanidosos, superficiales, mienten, no tienen remordimientos y no dudan en manipular sin miramientos a quienes les rodean para conseguir sus objetivos. "Irónicamente, los mismos comportamientos que vemos cada día en los hombres y mujeres que ocupan los principales puestos de responsabilidad del país”, asegura Jim Kouri, vicepresidente de la Nacop y autor del informe.
La teoría de Kouri conecta y concuerda con otra tesis históricamente comprobada, la que demuestra que los mayores asesinos de la historia fueron servidores del Estado.
Esa tesis permite afirmar que "Los campeones universales del crimen, los comunistas Mao Zedong y José Stalin, los emperadores romanos Nerón y Calígula; Adolfo Hitler, Pol Pot, el príncipe Vlad Tepes Drácula de Valaquia, conocido como el empalador, que llegó a torturar hasta la muerte a más de 100.000 personas; la condesa Elizabeth de Bathery, que desangró a casi un millar de niñas para bañarse en su sangre, creyendo que así obtendría dosis de juventud, Ivan el Terrible, Robespierre, Idi Amín Dadá, el doctor Mengele y otros muchos seres de crueldad desproporcionada tienen como denominador común su condición de estadistas o de servidores del Estado. Comparados con estos criminales "estatales", cualquier otro famoso asesino civil de la historia, como Jack el Destripador o el Carnicero de Rostow, ofrecen balances de víctimas tan reducidos que parecen aficionados de tercera categoría."
Para llegar a esta conclusión, que muchos ya sospechaban, el investigador Kouri buceó durante años en los archivos de análisis del comportamiento de la Oficina Federal de Investigación (FBI), buscando los denominadores comunes que definían la personalidad de los asesinos múltiples y comparándola con la forma de actuar de los políticos.
Kouri afirma haber comprobado estadísticamente que los representantes públicos, al igual que los peores criminales, diseñan y ejecutan cualquier estrategia que les lleve a conseguir sus objetivos y satisfacer sus enfermizas e irrefrenables ansias de poder, sin tener en cuenta las consecuencias sociales, morales o legales.
La tesis de Kouri confirma que la mayoría de los políticos comparten con los asesinos el nefasto principio de "El fin justifica los medios", lo que equivale a utilizar cualquier medio para alcanzar el fin deseado.
Entre los comportamientos habituales que Kouri ha podido observar entre la clase política destacan la impulsividad, la irresponsabilidad, un comportamiento parasitario y una carencia absoluta de objetivos vitales realistas. “Este comportamiento les permite hacer lo que desean y cuando desean”, asegura Kouri en su informe.
Las reacciones al informe han inundado los foros de Internet en Estados Unidos y otros países, donde aparecen miles de ciudadanos que se declaran afectados y vejados por la clase política, a algunos de cuyos miembros acusan de protagonizar escándalos de todo tipo, desde estafas a injusticias, sin olvidar persecuciones, violencia y agresiones sexuales, muchas de las cuales llegan a la prensa a través de denuncias a periodistas, colaboracionesw y cartas al director.
En mi libro Democracia Secuestrada (Almuzara 2005) hay un par de párrafos que parecen anticipar la tesis de Kouri y que conviene reproducir:
"¿Podemos imaginarnos trabajando en una institución o empresa como la siguiente?
Tiene poco más de 500 empleados, de los que 29 han sido acusados de maltratos a sus esposas, 7 han sido arrestados por fraude, 19 han sido acusados de firmar cheques sin fondos, 119 han arruinado al menos dos negocios o empresas, 3 han sido arrestados por utilizar la violencia, 71 no pueden disponer de tarjetas de crédito porque en el pasado hicieron mal uso de ellas, 14 han sido arrestados por asuntos relacionados con drogas, 8 han sido arrestados por rateros, 84 fueron detenidos por conducir ebrios y 21 están actualmente acusados en diferentes procesos.
¿Sabe de qué organización se trata? Aunque parezca increíble es una descripción publicada en la década de los 90 del Congreso de los Estados Unidos, uno de los clubes políticos más poderosos del mundo".
Si esas son las estadísticas del Parlamento considerado más libre y demócrata del mundo, imaginemos cuales serían las de otros parlamentos afectados por graves carencias democráticas, como las Cortes españolas, por ejemplo".
Francisco Rubiales
El golpe contra Mel Zelaya en Honduras y el sorprendente comportamiento del grueso de la comunidad internacional, que ha apoyado lo totalitario y despreciado lo democrático, ha puesto sobre la mesa grandes incognitas y desafios que apasionan y dividen al mundo actual y de cuya respuesta dependerá, probablemente, el futuro político de los ciudadanos y de la democracia en este complejo siglo XXI.
La primera pregunta es si es lícito y admisible que alguien como Zelaya, que ganó unas elecciones presidenciales en Honduras con un discurso moderado y más bien conservador, se haya convertido en uno de los principales aliados del ultraizquierdista Hugo Chávez, rompiendo su tradicional alianza estratégica con los Estados Unidos y embarcando a su país, en contra del criterio de los que le votaron, en la alianza agresiva y procomunista que lideran los cubanos hermanos Castro y el gorila venezolano Hugo Chavez.
La segunda es incognita es todavía más profunda y trascendental: ¿Que debe prevalecer en el derecho de las democracias, el respeto al orden contitucional o el derecho de los pueblos y sociedades a rebelarse contra mandatarios que traicionan a sus pueblos y a los programas que presentaron cuando fueron elegidos?
La tercera pregunta es mas simple, pero quizás la más trascendente: ¿Que está ocurriendo en los Estados Unidos para que el gobierno de ese país, que se presenta ante el mundo como el primer defensor de la democracia, se adhiera al bando totalitario que apadrina el asalto a la democracia hondureña, con regímenes tan antidemocráticos como Cuba y Venezuela a la cabeza?
La democracia no es solo el resultado de unas votaciones sino también una cultura basada en el respeto a las leyes y a principios y valores inamovibles. Si algún dirigente político electo irrespeta esas leyes y principios, pierde la legitimidad y se sale del ámbito democrático.
Para un verdadero demócrata, las respuestas a las tres incognitas planteadas en Honduras son claras y contundentes:
1.- No es lícito lo que ha hecho en Honduras Mel Zelaya porque su "cambio de rumbo" representa una traición a sus votantes y a las leyes y normas que rigen la vida política de su país. La democracia exige que los gobernantes estén obligados a cumplir las leyes y sus programas electorales y que, cuando los traicionan, pierdan la legitimidad y los derechos que el pueblo y la Constitución les otorgó al elegirlos. Es cierto que muchos gobernantes defienden su derecho a gobernar como quieran, sin trabas ni compromisos, una vez que son elegidos, pero esa doctrina es antidemocrática y esconde siempre a dictadores potenciales y a sinvergüenzas camuflados de demócratas.
2,. El derecho del pueblo a rebelarse contra un mal gobernante que ha traicionado su programa y ha perdido la confianza de sus electores debe prevalecer siempre frente al mal llamado "orden constitucional". En el caso de Honduras, el primero que violó ese "orden constitucional" fue el propio Mel Zelaya, al cambiar su orientación política, al traicionar su programa electoral y al pretender sustituir las reglas básicas del orden democrático hondureño.
3.- Algo grave está ocurriendo en Estados Unidos, donde el presidente Obama está rompiendo con los más nobles y hermosos principios democráticos, recogidos claramente en la Constitución de los Estados Unidos y en la tradición de ese país. Al apoyar el actual asalto a Honduras, impulsado por los peores sátrapas totalitarios de América y Europa, Obama da la espalda a los grandiosos principios y doctrinas que fundaron su nación, en especial al pensamiento de próceres como Jefferson, Madison y otros.
Para los demócratas del mundo es comprensible que un marxista camuflado de demócrata como el español Zapatero se alinee con golpistas totalitarios como Hugo Chávez y con regímenes sanguinarios como el que han creado en Cuba los hermanos Fidel y Raul Castro, pero no es comprensible ni admisible que lo haga un país de probada fe democrática como Estados Unidos y un presidente como Obama.
Al analizar los sucesos de Honduras y, sobre todo, el comportamiento antidemocrático de buena parte de la comunidad internacional, surgen dos conclusiones inquietantes: la primera es que el poder político mundial está hoy copado, mayoritariamente, por falsos demócratas y vulgares dirigentes sin principios, obsesionados únicamente por acaparar poder y privilegios; la segunda conclusión es que la democracia, por desgracia, retrocede en la mayoría de los países del planeta.
Sus asesores y promotores pretenden compararlo con Obama y algunos de sus fieles afirman, incluso, que Zapatero es el modelo en el que Obama se inspira, pero las ideas y los hechos lo desmienten cada día con mayor rotundidad. Zapatero no sólo no se parece a Obama sino que es su antítesis.
En su reciente entrevista al diario L'Avvenire, Barak Obama, presidente de los Estados Unidos, reconoce y destaca el papel positivo que Benedicto XVI está jugando en la conformación del nuevo orden mundial. Obama admite que la influencia de la Iglesia trasciende sus propios confines y que respeta profundamente al Papa, en el que reconoce una figura que auna una gran cultura con una gran sensibilidad. Para Obama, el Papa es un líder mundial indiscutible ante problemas como el de Oriente Medio, el desarrollo de los pueblos y de las naciones, la forma integral de afrontar la pobreza o el fenómeno de las migraciones.
Ha constituido toda una sorpresa que la primera entrevista concedida por el nuevo presidente de Estados Unidos a un diario italiano no haya sido a una cabecera famosa de primer nivel, sino a Elena Molinari, que trabaja para l’Avvenire, el diario de la Conferencia Episcopal Italiana.
Obviamente, esas declaraciones sitúan a Obama a años luz de distancia de un Zapatero que desprecia al pastor de la Iglesia, agnóstico, furiosamente anticatólico, radical en sus juicios sobre el papel de la Iglesia en la cultura y la sociedad y promotor del laicismo y el relativismo en sus vertientes más drásticas.
Pero el Presidente de los Estados Unidos ha llegado todavía más lejos. Moviéndose en territorios intelectuales e ideológicos en los que Zapatero jamás podría situarse, desde la distancia de sus opiniones personales sobre el aborto, los anticonceptivos y las uniones entre homosexuales, reconoce el papel público de los obispos norteamericanos y acoge la crítica que han dirigido hacia algunas de sus políticas. Obama insiste en que él es el presidente de todos los norteamericanos, también de los católicos, y que defenderá siempre con fuerza el derecho de los obispos a criticarle, incluso con tonos apasionados, algo que no considera una intromisión de la Iglesia en el ámbito del poder civil, sino una contribución a la conformación de una sociedad en paz y en justicia.
Zapatero está claramente en las antípodas: no es el presidente de los españoles, sino únicamente de los que le votan, a los que intenta enfrentar con la otra mitad de España, generando una peligrosa corriente de odio fanático. A los obispos no les admite el derecho a la crítica y les exige que su discurso se mantenga en los ámbitos puramente religiosos. Lejos de reconocer la contribución de los católicos en la construcción de una sociedad en paz y justicia, se siente amenazado por el poder de convocatoria y por la influencia de la Iglesia y hace todo lo posible por desacreditarla ante los ciudadanos.
Lo de Obama es grandeza y democracia; lo de Zapatero es miseria y brotes verdes totalitarios. La actitud de Obama es una lección para Zapatero; la actitud de Zapatero sólo es digna de repudio intelectual y olvido.
Tenga usted cuidado, señor Obama, y medite con calma sus movimientos porque está usted a punto de cometer errores dramáticos para su país, los Estados Unidos, y para la causa mundial de la libertad. Esa izquierda europea a la que usted se acerca con incauta admiración es una quimera y lo que queda de ella está tan deteriorada que acaba de ser vapuleada por los ciudadanos en las elecciones del 7 de junio.
Debería ser usted menos ingenuo, señor Obama, y saber que la izquierda europea que admira, aquella que supo construir el "Estado de derecho" y apoyar a los ciudadanos más humildes y desprotegidos, es hoy un espejismo marketiniano que ya no existe y que ha sido suplantada por otra izquierda que ya no encarna la esperanza sino el ansia de poder, que convive con la corrupción y la indecencia, que no cree en la democracia y que se ha especializado en cobrar impuestos altos y gastar dinero a manos llenas.
Sea usted consciente de que esos mismos asesores que en su discurso de El Cairo le llevaron hasta el ridículo histórico y le envolvieron en el engaño y en la complacencia pacifista al distorsionar la verdad sobre Al-Andalus, contraponiendo su nunca existente tolerancia con una inquisición que nació cinco siglos más tarde, son los mismos que ahora sobrevaloran y le están "vendiendo" una izquierda europea idílica que sólo existe ya en la literatura de propaganda y en las mentes soñadoras de algunos jóvenes idealistas.
Siga usted, señor Obama, si quiere, los pasos de esa quimera, pero hágalo consciente de que los ciudadanos europeos han dejado de creer en ella y que, cansados de ser engañados y hartos de contemplar como los líderes de esa izquierda abandonan los viejos valores, se despojan de su armadura ética y se alían con el privilegio, la corrupción y el disfrute desmedido del poder, han decidido rechazarla en las urnas el pasado 7 de junio, castigándola por sus traiciones y convirtiéndola en una fuerza parlamentaria decadente y en declive.
Imite usted, si lo desea, al español Zapatero, al que algunos de sus asesores describen como un joven reformista, soñador y audaz, dispuesto a cambiar el futuro, pero sepa que ese dirigente español también perdió las elecciones del 7 de junio porque su pueblo, por fortuna, ha empezado a descubrir que estaba siendo engañado por una conspiración de sonrisas falsas, buenismo hueco, promesas sustentadas en mentiras y un malgobierno terrorífico que, disfrazado de progreso, conduce a España hacia la pobreza, la derrota y el fracaso histórico como nación.
Ojalá continúe usted encarnando el espíritu libre y pionero de los Estados Unidos de América y siga luchando por liquidar las injusticias y los desmanes. No abandone usted jamás su hermoso sueño de cambiar el mundo desde el corazón del Imperio, pero no cometa el error fatal de inspirarse, para hacerlo, en un modelo fracasado. No siga usted los pasos de aquellos que ya han traicionado y frustrado la esperanza de los más limpios y honrados demócratas de Europa.
No todo lo historiado es cierto; debe desecharse esa historiografía desinformada que intenta perpetuar la invención, lo que no fue. Antes de opinar y hablar de un asunto hay que estudiar, leer e informarse en fuentes serias y contrastadas. B. Obama, incurriendo en un anacronismo, ha viajado al Cairo, a enredarse en el mito de Al-Andalus a través de los consabidos tópicos; tendiéndole su idílico desideratum pacifista y conciliador al mundo árabe, se entretuvo en la complacencia y, dando un innecesario vapuleo a la historia de España, buscó el aplauso fácil. Una cosa fue la Córdoba Califal y otra distinta, la Inquisición. Espada en mano y alfanje en alto, los musulmanes, judíos y cristianos estaban de continuo enzarzados en sus luchas y odios, dice Domínguez Ortiz; Córdoba no fue un paraíso ni Al-Andalus una balsa de concordia cívica y fraterna. García de Cortázar apunta que tanto musulmanes heterodoxos como cristianos y judíos sufrieron “la implacable acción intolerante del Islam”.
Una vez proclamado el Califato Omeya de Córdoba el 929, en un territorio que comprendía partes de España, Portugal y Marruecos, en efecto, gozó de una época de pacífica coexistencia y de un desarrollo magnífico; así, el historiador J. Vernet, afirma que “en este periodo califal existió cierta tolerancia política y religiosa”.Luego, en el 1010, se entabla la guerra civil, que acarrea la desestabilización, hasta que en 1031, dividiéndose en los reinos de Taifas, cae, por fin, el Estado Omeya. La convivencia y tolerancia idílicas de la evocada Al-Andalus no se dio, no fue ningún modelo; sabios y filósofos, judíos y cristianos fueron perseguidos, encarcelados y desterrados, pregúntenle al sevillano Maimónides o al cordobés Averroes. El califato y los posteriores taifas regionales que le sucedieron, fueron regímenes teocráticos, que imponían el Islam y cortaban a hierro la disidencia religiosa. Por su parte, la Inquisición, que no es un fenómeno de origen peninsular, se remonta a mediados del s. XIII; a raíz de una ola de antisemitismo, la persecución a los herejes cala en la concepción cristiana de esa época, a finales del s. XIV. Después, en 1478, se estableció el Santo Oficio como instrumento indagador y con función represiva.
En la actualidad, el odio perseguidor no ha remitido, contra lo que creen los incautos admiradores del Islam y defensores de la imposible Alianza de Civilizaciones. Ayer, el jefe espiritual iraní, Jamenei declaró que “en Oriente Próximo toda la gente odia a América desde el fondo de su corazón”. Así, en los ámbitos musulmanes, las actuaciones judiciales “distan mucho de cumplir las normas internacionales sobre garantías procesales”; un hombre saudí, declarado culpable de secuestro, asesinato y delitos de ‘Luwat’ (relaciones homosexuales), según condena Amnistía Internacional, ha sido decapitado y crucificado en un lugar público de Riad, el pasado 29 de mayo; y añade que, en 2008, tiene noticia de 102 ejecuciones en Arabia Saudí y que, al menos, 136 personas están en espera de ejecución. A su vez, los regidores iraníes han ejecutado hoy en la horca a tres hombres condenados por su implicación terrorista, informa la agencia oficial IRNA. Y, en Bilbao, han detenido a 17 individuos, acusados de integrar el grupo terrorista Al Qaeda en el Magreb Islámico.
Todo esto responde a una barata dialéctica común a los mal llamados progresistas, que desde su aborrecimiento incomprensible a Occidente inventan, sin evidencia alguna, esa edad de oro de un califato tolerante de perfecta armonía y respeto mutuo; el presidente de Estados Unidos es experto en el discurso de la nada, en los mítines grandilocuentes, en las ovaciones cerradas y las apelaciones a un tiempo y un país que nunca existieron; es la fórmula sonriente y sonora que arrastra al auditorio con fáciles promesas y ofertas y que tan eficaz le resulta a ZP; no interesa el contenido, sino el tipo de oyentes y la forma de hablar; en el actual lenguaje politiquero, se ha impuesto un “modus dicendi” degradado y reducido, vacío y zafio, de expresión publicitaria y retórica vana que funciona al sosegar las conciencias sumidas en el complejo de culpa, procedente de verse desnudos de los valores tradicionales.
C. Mudarra
Algún día no muy lejano, los que resisten y se enfrentan a la actual democracia degradada serán considerados héroes, como lo son hoy aquellos que plantaron cara al comunismo o al nazismo, hace siete décadas.
La sociedad actual, cobarde y poco exigente, soporta con normalidad la actual democracia representativa, a pesar de que viola los grandes valores democráticos, es contraria a las leyes de la verdadera democracia y ha protagonizado la ignominia de enviar al ciudadano al exilio, pero un día no muy lejano esta falsa democracia será condenada y denostada por la Historia por haber dado cobijo a la corrupción, a la ineficacia y al abuso de poder y porque muchos de sus dirigentes antepusieron sus propios intereses a los de la comunidad y fracasaron como líderes.
Entonces, los que hayan resistido al sistema se cubrirán de honor y recibirán el homenaje de los ciudadanos por haber sabido enfrentarse a la ignominia, mientras que los "colaboracionistas" serán despreciados y olvidados.
Acabamos de conmemorar el 65 aniversario del desembarco aliado en Normandía, un acontecimiento que representó el principio del fin del totalitarismo nazi en la Segunda Guerra Mundial. También hemos conmemorado el 20 aniversario de la resistencia de los estudiantes chinos en Tien-An-Men. Los sobrevivientes de aquellas batallas, por haberse "resistido" al abuso y al mal gobierno, son cubiertos de honor y reciben el homenaje de las actuales generaciones.
Del mismo modo que hoy rendimos homenaje a los que plantaron cara a los totalitarismos nazi y comunista, algún día no muy lejano serán reconocidos con honor y admiración los que hoy resisten y plantan cara a las democracias degradadas del presente, un sistema político que, sin ser comparable en ignominia al nazismo y al comunismo, será considerado en el futuro abusivo, aberrante y contrario a la libertad, la justicia, la igualdad y a los demás valores de la verdadera democracia.
Existen muchas formas de resistencia pacífica frente a la vergonzosa degradación actual de la democracia, desde la denuncia de las carencias y vilezas que encierra el sistema hasta el apoyo a partidos políticos emergentes y dignos, sin olvidar la práctica de formas claras de protesta y rechazo como el voto en blanco, el voto nulo de reproche o la abstención activa y consciente. Que nadie dude que algún día los que hoy se resisten al abuso de los partidos políticos y a la degeneración de un sistema democrático que, a traición, ha sido transformado en una oligocracia sin decencia, serán cubiertos de honor en el futuro, mientras que sobre los que defienden esta falsa democracia y participan en la "gran estafa" recibirán oprobio y olvido.
No falta demasiado tiempo para que las futuras generaciones se sorprendan ante el gran envilecimiento que llegaron a soportar los ciudadanos en nuestra época y ante el poder desproporcionado y abusivo que lograron acaparar los partidos políticos y los dirigentes, tan grande que transformaron la democracia en una estafa.
En esos días hermosos del futuro, cuando sean reconocidos y valorados los sufrimientos de los verdaderos demócratas de hoy, que son marginados por el poder, mermados en sus oportunidades, privados de ayudas estatales, señalados como enemigos del sistema y, en algunos casos, hasta perseguidos y doblegados por medio de la violencia, descubriremos hasta que punto era falso, truculento e indigno el concepto de "representatividad", esgrimido por los políticos para exiliar a los ciudadanos y controlar en exclusiva el poder y los recursos del Estado sin tener que sufrir controles ciudadanos y sin rendir cuentas a nadie. Lo que hoy parece normal a muchos, entonces será considerado como una estafa y como un abuso insoportable por parte de los poderosos.
El grueso de los intelectuales que aconsejan al presidente Obama forman parte del “paternalismo libertario”, una escuela económica, sociológica y política nueva que se sitúa a mitad de camino entre el liberalismo y el socialismo. El nuevo lobby intelectual, integrado por sociólogos, sicólogos y economistas, no cree conveniente dejar que el mercado lo decida y lo regule todo, como predican los ultraliberales, pero tampoco están de acuerdo con imponer desde el poder comportamientos precisos, como piensan los socialistas progresistas. Ellos creen que el mercado y los ciudadanos deben ser siempre libres y que la libertad individual es intocable, pero aconsejan ayudar desde el poder a eliminar distorsiones y a que las decisiones adoptadas sean racionales y lógicas.
La nueva doctrina es conocida como “Economía cognitiva” (behavioral economics) y también como “Paternalismo libertario”, dos términos en apariencia contrapuestos pero que expresan el respeto que profesan tanto a la libertad del mercado como a la capacidad del gobierno para eliminar distorsiones y ayudar a que el comportamiento humano sea más racional.
Según la revista Time, este grupo de expertos, sin hacerse notar demasiado, ha comenzado a influir poderosamente en Obama. Los “behavioralist” fueron decisivos en la campaña electoral y ahora lo están siendo también en el gobierno.
El problema del mercado, según los “behavioralist”, es que los individuos suelen comportarse de forma irracional y ese comportamiento altera el mercado. Por ejemplo, compran coches que no pueden pagar sólo porque lo ha hecho un vecino suyo, se endeudan más allá de la prudencia, consumen alimentos muy peligrosos para la salud o venden sus acciones en la bolsa, aunque pierdan dinero, cuando son víctimas del pánico. Los “paternalistas libertarios” creen que el Estado debe actuar, sin limitar la libertad del ciudadano, para que adopten decisiones que les hagan más ricos, más felices y más saludables.
Se trata de una auténtica “Tercera vía” entre el predominio del Estado sobre la libertad, impuesto por los socialistas progresistas, y la libertad absoluta que predican los liberales. El objetivo es orientar las decisiones y elecciones, pero sin coaccionar las libertades y derechos individuales, que deben ser sagrados en democracia.
En apariencia, los “paternalistas libertarios” están más cerca que los liberales del socialismo progresista, pero no es así. Sus teóricos son furiosamente contrarios al socialismo, al que consideran un peligro y un adversario de la democracia.
Una de las piezas claves de la nueva influencia en la Casa Blanca es Cass Sunstein, profesor de la Universidad de Chicago, amigo de Obama y marido de la consejera de política exterior, Samantha Power, elegido recientemente por Obama para que dirija la Oficina de asuntos informativos y regulación, un espacio tan oscuro como influyente que orienta toda la política del gobierno. La otra pieza Richard Thaler, uno de los padres de la economía cognitiva, autor del libro “Nudge”, de obligada lectura en la galaxia de Obama. Sunstein y Thaler defienden que el gobierno debe ser paternalista y libertario. Los ciudadanos, como decía Milton Friedman, deber conservar intacta su “capacidad de elegir”, pero el aspecto “paternalista” legitima a los gobernantes a actuar como “arquitectos de la elección” ayudando a la gente a que elija con más conocimiento y libertad.
Todo un galimatías típico del universo contradictorio y ambiguo de Obama, que ni es blanco ni negro, que ni es socialista ni liberal, que ni es pacifista ni belicoso, o quizás un arriesgado trabajo de orfebrería política que pretende compaginar dos principios que hasta hoy habían sido incompatibles en democracia: la libertad individual y la ingerencia del Estado.
Al inclinarse reverencialmente ante el rey de Arabia Saudita, tirano promotor del Islam y violador contumaz de los derechos humanos, Obama ha cometido un error que le costará caro y que marcará el resto de su carrera política. El pueblo americano, el único del mundo que se siente superior a su gobierno y cuya fe en la democracia está por encima de toda duda, nunca le perdonará ese gesto humillante no solo para la nación americana sino para todo lo que conocemos como Occidente.
En política, los gestos son más importantes que las palabras. Obama, que ha demostrado ser uno de los mayores maestros en el uso de la palabra, no ha tardado en exhibir su torpeza en el ámbito de los gestos.
Barack Obama, líder electo de la primera potencia mundial, parece que hacía la "venia" al Rey Abdalá de Arabia Saudita, un acto de reverencia que, en las costumbres musulmanas, supone la sumisión ante un representante de Dios en la Tierra.
El desgraciado gesto tuvo lugar la semana pasada, en la cumbre del G-20, en Londres. La Casa Blanca negó enfáticamente que Obama practicara la venia. El portavoz de la Casa Blanco Robert Gibbs expresó que Obama estaba simplemente inclinándose para estrechar la mano del monarca. Otro asistente de la Casa Blanca explicó el gesto diciendo que el presidente se inclinó porque es más alto que el Rey Abdalá.
Sin embargo, las imágenes del encuentro, repetidas hasta la saciedad por las televisiones y analizadas milimétricamente por expertos, muestran claramente al presidente Obama inclinándose, doblando la rodilla y luego enderezándose cuando estrechaba la mano del monarca.
El gran problema de Obama es que su lenguaje corporal es tan evidente y expresivo que son muchos los ya interpretan el saludo como un acto de humillación y sometimiento simbólico al mundo árabe musulmán.
Numerosos comentaristas políticos, entre ellos algunos de la cadena Fox News, interpretan el gesto de Obama como "propia de un súbdito que muestra sumisión ante un monarca".
La negación de la Casa Blanca ha servido para echar más leña al fuego, estimular la polémica y las burlas de los conservadores.
El mayor problema de Obama es que en el mundo árabe también se ha interpretado su gesto como una reverencia, pero en lugar de suscitar críticas, ha sido recibido con aprobación. Muhammad Diyab, comentarista del periódico Al-Sharq Al-Awsat, interpreta la inclinación como parte del "diálogo interreligioso e intercultural, destinado a desactivar odios, conflictos y guerras".
La polémica en torno al saludo ha recordado a los norteamericanos los terribles atentados del 11-S y el hecho de que 17 de los 21 secuestradores fueran de nacionalidad saudí, un dato que desató en Estados Unidos las críticas al conservador régimen saudí, al que se consideró culpable de haber estimulado el antiamericanismo en el mundo musulmán y hasta la predisposición al terrorismo islamista entre los jóvenes.
Para ver el video de la inclinación, pulsa aquí.
Inconsciente y ridículo, Zapatero pasea por el G-20, ante el asombro de sus colegas, su estafadora sonrisa televisiva, ignorando que el mayor fracaso para un político honrado es llevar al país que dirige hasta la ruína. Si fuera un dirigente digno y responsable, la imagen de España, conducida por él mismo hacia el fracaso, la derrota y la pobreza, debería helar su sonrisa y provocarle lágrimas.
El optimismo de Zapatero es fatuo, casi bobo y sin contenido, una simple cáscara de nada. Mientras él sonrie en el G-20, España supera ya los 4 millones de parados reales, incrementa su ridículo internacional y gana posiciones en el ranking mundial de la bellaquería, el fracaso y la vergüenza. Somos campeones de Europa en desempleo, prostitución, violencia doméstica, consumo y tráfico de drogas, alcoholismo, coches oficiales, decepción ante la política, desprestigio de los dirigentes e incremento de la inseguridad ciudadana, tamaño del Estado, pobreza y número de parásitos y "enchufados" por el poder. En fracaso escolar, donde también somos campeones absolutos de Europa, la cifra no para de crecer y alcanza ya un terrorífico 31%.
La prensa alemana, que es libre y no está "comprada" por el dinero público que gestiona el gobierno español, interpreta correctamente el "drama" de España y sostiene que Zapatero conduce a su pueblo hacia la "Segunda División". Allí sí tienen claro que la sonrisa de Zapatero es la del payaso fracasado, que ya no hace reir.
Mientras que todo el mundo próspero es consciente de que la única salida de la crisis pasa por la educación de los jóvenes y por la creación de valor añadido mediante las nuevas tecnologías y la innovación, los chavales españoles sin formación profesional ni bachillerato (catalogados como jóvenes con riesgo de exclusión social) se elevan al 40%, muy por encima del 15% previsto en los objetivos de Lisboa. Eso significa que hay un 40% de los jóvenes que aunque quieran no podrían trabajar porque no tienen capacitación alguna. Muy preocupante. Así lo ha puesto de manifiesto en la mañana de este miércoles el portavoz de Educación en el Congreso, Juan Antonio Gómez Trinidad. La ministra Cabrera asegura estar preocupada, pero la verdad es que no hace mucho por remediar la situación. Incluso llega a afirmar que aunque “acate” la sentencia del Supremo que declara nula la posibilidad de pasar de curso con cuatro asignaturas, defiende la flexibilización como una manera de no dejar a nadie descolgado y de prestigiar el bachillerato. El caso es que las cifras de fracaso escolar están ahí y resultan cada día más preocupantes.
Si Zapatero dejara de sonreir un rato y reflexionara con la seriedad que su cargo exige, descubriría que la economía española no tiene futuro, ni podrá salir de la crisis, aunque la crisis finalice y los demás países reemprendan la ruta de la prosperidad, hasta que no sustituyamos al ladrillo como motor de la economía. El "ladrillo" y sus aledaños han representado hasta el 30 por ciento del PIB español, pero el sector de la construcción, con casi dos millones de viviendas por vender, está estancado y así permanecerá por dos décadas.
El inepto dirigente sonriente actúa en la reunión del G-20 como si fuera un supermán, dando el visto bueno a Obama, sin tener conciencia de que el país que él dirige se convierte en un parking de desempleados, inmigrantes ilegales, delincuentes y españoles divididos en dos bandos: los engañados y los sin esperanza.
Como fervoroso creyente en el poder y en la fuerza del Estado, ZP cree que el G-20 es la panacea y el gran foro de los milagros, capaz de resolver los problemas, ignorando lamentablemente que en democracia el único protagonismo lícito y eficaz es el del ciudadano y la sociedad. Ni siquiera es consciente del ridículo que hace cuando recomienda a sus colegas que "escuchen la voz de los sindicatos" o que la solución de la crisis está en "incrementar las políticas sociales".
La salida de las tropas españolas de Kosovo, aunque esté políticamente justificada, es un ejemplo más de la torpeza operativa de un gobierno cuyas actuaciones y estilo restan prestigio, solvencia y oportunidades a España en el escenario mundial. Por lo pronto, la torpeza del gobierno Zapatero ya ha generado una declaración de gran dureza en Washington, cuya nueva administración dice sentirse "profundamente decepcionada" por el abandono unilateral español de la misión de la OTAN en Kosovo.
La salida de Kosovo es la enésima prueba de que Zapatero es un peligroso inepto al frente de un país mal gobernado, que no se merece un dirigente de tan escasa talla.
Mas que una decisión justificada por los intereses de España, un país que, con conflictos independentistas abiertos en Cataluña y el País Vasco, no puede estar de acuerdo con la forma casi mafiosa utilizada para otorgar la independencia a Kosovo, la escapada española, mal realizada y peor explicada, parece una rabieta infantil o un gesto insolidario que no ha sido ni siquiera explicado en España, donde sus ciudadanos son reiteradamente ignorados por un gobierno que nadie sabe si es más torpe que arrogante o más inepto que insolvente.
Curiosamente, la "escapada" española de Kosovo se produce después de que Zapatero y sus asesores han comprobado que no van a recibir del nuevo presidente de Estados Unidos, Barak Obama, la amistad y la complicidad que esperaban.
Al igual que ocurrió con la "huída" española de Irak, realizada también sin tacto y sin clase, la escapada de Kosovo puede representar para España nuevas represalias veladas, pérdida de negocios y oportunidades y costosas marginaciones en el plano internacional, medidas que ahora, en tiempos de crisis, serían especialmente dañinas.
El dinero que costó a España el "abandono" del escenario de Irak es un "tabú" del que el gobierno no quiere oir hablar y que la prensa ha silenciado sistemáticamente. Sin embargo, aquella decisión costó a España miles de millones de euros, consecuencia de que fue marginada de importantes negocios internacionales y de padecer una larga lista de "represalias encubiertas" que dificultaron los negocios a las empresas españolas, frenaron el trasvase de tecnologías de alto valor y aislaron a España en el mundo.
Después de su salida de Kosovo, la nueva administración de Washington "recordará" otras ofensas como la que Zapatero realizó al permanecer sentado cuando desfilaba la bandera de Estados Unidos por el Paseo de la Castellana y la precipitada huida española de Irak y, con bastante probabilidad, pensará que la administración Bush tenía razón al considerar a Zapatero como un aliado poco fiable y ideológicamente inclinado hacia el antiamericanismo.
A pesar de que el PSOE repite sin cesar que el alejamiento entre Estados Unidos y España era un problema personal de Bush, amigo de Aznar y enemigo de Zapatero, la llegada al poder de Obama y sus primeros pasos demuestran que la clave del problema reside en que Zapatero y la política de su gobierno generan profunda desconfianza y rechazo en Washington.
Como consecuencia de ese rechazo, Obama ha vuelto a dejar tirado a ZP en su primer viaje a Europa como presidente, igual que hizo en su anterior viaje como candidato. El nuevo presidente de EEUU realizará una gira por Europa, sin pisar España, del 31 de marzo al 5 de abril, con etapas en el Reino Unido, Francia, Alemania y República Checa.
La izquierda española promocionó a Obama como un mesias "progre" y bendijo su victoria como un bien para el mundo, pero un mes después de su toma de posesión, al comprobar sus primeros movimientos políticos y estratégicos, continuación evidente de la política de Bush, un silencio cauto y decepcionado ha sustituido a las viejas alabanzas.
En Estados Unidos no han olvidado la "ofensa" de Zapatero a la bandera de las barras y estrellas en el desfile de la Castellana, ni gusta el escaso apego de ZP a la verdadera democracia, ni sus mentiras desde el poder, ni sus arremetidas contra los viejos valores de la cultura occidental, ni su control excesivo sobre unos medios de comunicación que deben ser libres y críticos en democracia, ni sus amigos dictadores de Venezuela, Cuba y otros totalitarismos, ni su política de apoyo a la desprestigiada ONU, ni su Alianza de Civilizaciones, ni su política contra la crisis, ni su marginación de la iniciativa privada y de la empresa, ni su negativa a bajar impuestos, a pesar de que se comprometió a hacerlo en la cumbre de Washington, ni esa obsesión por engordar el poder del gobierno y de las administraciones públicas, que está convirtiendo a España en el país más estatalista del Occidente desarrollado.
Y, como la España de Zapatero no gusta, Washington lo demuestra con sus gestos, que, en política, son más elocuentes y fiables que las palabras.
¿Quieren un vaticinio? El asunto Obama será una de las mayores frustraciones de la "progresía" española. Desde el poder socialista, poco a poco, pronto empezarán a expresarse críticas a Obama, al que acusarán de parecerse demasiado a Bush y de haber frustrado las esperanzas de la "progresía" en un cambio del gobierno de Estados Unidos, que, según los progres, debería abandonar su fe en el libre mercado y anteponer el poder del Estado al tradicional y democrático predominio en USA de las libertades y derechos individuales sobre el poder político.
A pesar de sus errores y abusos imperiales, los demócratas de todo el mundo seguimos agradeciendo al cielo la existencia de los Estados Unidos de América.
La izquierda y la progresía mundial, que creían que Obama era uno de los suyos, está sorprendida y descorazonada ante el hecho incuestionable de que el actual presidente negro de los Estados Unidos se parece cada día más a Bush.
El periodista y escritor italiano Christian Rocca, uno de los observadores y analistas de la realidad americana más sagaces y lúcidos, en un estupendo artículo titulado "George W. Obama", publicado en "Il Foglio", destaca la sorpresa mundial que representa el hecho de que el nuevo presidente de los Estados Unidos se parezca cada día más al ya retirado George W. Bush.
El Obama del cambio, la esperanza y el "yes, we can", está desconcertando al mundo por su intenso parecido a Bush. Sus análisis ideológicos, sus últimas medidas y sus movimientos estratégicos en la lucha contra el terrorismo internacional le acercan tanto a la política del último presidente que su administración se parace demasiado a un "tercer mandato" de Bush.
Esa es la tesis que defiende el periodista y escritor italiano Christian Rocca en su artículo "George W. Obama", publicado el día 24 de febrero en "Il Foglio".
Rocca, autor también del magnífico libro "Cambiare Regime", en el que analiza el incomprensible apoyo de la izquierda mundial a 45 dictadores modernos y pone en duda la fe de esa izquierda en la democracia, piensa que Obama está siguiendo la senda de Bush de manera tan fervorosa que en algunos aspectos incluso llega a superar las tesis del duro binomio Bush-Cheney, como ha ocurrido con el asunto Guantánamo, sobre el que Obama dice ahora que los presos de esa base americana son tratados bien, "en línea con los requerimientos de la Convención de Ginebra".
El equipo de Obama, una vez concluida aquella campaña electoral cargada de magia y de esperanza de cambio, piensa que Guantánamo no es una vergüenza internacional, ni un gulag donde se tortura, sino una cárcel especial donde se respetan los derechos humanos y se trata "bien" a los presos. Piensan cumplir la promesa electoral de cerrar esa cárcel, pero dejando claro antes que Guantánamo tuvo y tiene sentido dentro de la lucha, implacable y necesaria, contra el terrorismo.
Otra noticia reciente que también refleja el profundo cambio de Obama es la opinión dada por el nuevo Departamento de Justicia a una Corte norteamericana, según el cual, los presos de la cárcel de Bagran, en Afganistán, considerada por los expertos como mucho más dura y represiva que Guantánamo, no poseen derecho legal alguno, ni a apelar al habeas corpus, ni a reclamar una revisión judicial de su estatus.
Hay una tercera noticia, también del último fin de semana de febrero, que refleja igualmente la concordancia de Obama con Bush de la política antiterrorista. Se trata de la decisión de continuar protegiendo como "secreto de Estado" los programas antiterroristas de Bush. En concreto, el viernes 20 de febrero los hombres de Obama depositaron en una corte federal una petición urgente que bloquea una sentencia que obliga a mostrar a los abogados de una fundación islámica las pruebas de que las comunicaciones internas de esa fundación habían sido interceptadas e intervenidas.
Pero todavía hay más. La decisión de Obama de incrementar los ataques con misiles contra Al Queda desde Pakistan ha provocado un comentario del New York Times, el pasado sábado, en el que se dice que "Los ataques son otro signo de que el presidente Obama está siguiendo y, en algunos casos, incrementando, la política de la Administración Bush de utilizar las agencias de espionaje norteamericanas contra los sospechosos de terrorismo en Pakistán".
Según Rocca, estas noticias, publicadas en la portada de todos los grandes diarios norteamericanos, han abierto un intenso debate sobre las razones que han provocado el drástico cambio en la política de Obama y las claves de giro ideológico, político y estratégico dado por el presidente, una vez ocupado el despacho oval.
Ese debate, que promete ser apasionante, está en curso y, seguramente, pondrá de manifiesto que un presidente de los Estados Unidos, sea cual sea el color de su piel o su ideología, tiene como prioridad suprema la defensa de los intereses de su país como primera potencia mundial.
Francisco Rubiales
Sábado, 21 de noviembre
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