Voto en Blanco

Deberían cerrar todas las televisiones públicas en España

02.12.13 | 06:41. Archivado en Medios de Comunicación, Democracia, España

La televisión pública valenciana ha sido por fin cerrada bajo la excusa de que costaba demasiado dinero a una comunidad como la valenciana, obligada por la crisis a hacer recortes y a desplegar planes de austeridad. El cierre ha provocado un gran debate y una fuerte conmoción, sobre todo en algunos partidos políticos de oposición y entre los trabajadores del medio clausurado.

El punto de vista de Voto en Blanco en ese debate es que desde un enfoque ético las televisiones públicas deben cerrarse para ahorrar, antes que practicar recortes en los servicios fundamentales que presta el Estado al ciudadano, máxime si esos recortes, como ocurre en España, han llegado a afectar a la sanidad y la educación.

El director del Instituto Juan de Mariana y profesor del centro de estudios OMMA, Juan Ramón Rallo, lo tiene claro: "El cierre de Canal 9 debería escandalizar al ciudadano: no porque las administraciones públicas se desprenden de un mecanismo para manipular a las masas, sino porque la clausura haya tardado casi 25 años en producirse".

Rallo defiende la misma tesis que el blog Voto en Blanco viene proclamando desde el año 2004, cuando comenzó a publicarse para luchar por una verdadera democracia en España. Las televisiones controladas por los partidos gobernantes no defienden el bien común, sino el poder de los partidos y de sus élites. No existe justificación alguna en una verdadera democracia para crear un medio de televisión público. Si por razones extraordinarias y muy raras existiera la necesidad real de emitir mensajes concretos desde el gobierno, ese objetivo puede alcanzarse estableciendo acuerdos con los medios privados, lo que implicaría costos centenares de veces inferiores al costo de las ruinosas televisiones públicas.

Además, poner un medio de comunicación en manos de los gobernantes es proporcionarles mas poder del que deben poseer en democracia.

Rallo agrega que su tesis sobre el Canal 9 "resulta extensible a todos los medios de comunicación públicos. No hay ninguna razón que justifique coaccionar a los ciudadanos para sufragarlos".

La televisión, contrariamente a lo que opinan los gobernantes y sus partidos, nunca ha sido un bien público, pero en España se han mantenido intocables porque eran los juguetes favoritos de los que gobiernan el Estado. Ellos han preferido subir impuestos hasta extremos agobiantes y recortar servicios vitales y derechos adquiridos antes que cerrar las televisiones públicas.

Del mismo modo que el mercado regula que sólo los productos de calidad tengan éxito, del mismo modo consigue, mediante la competencia, los contenidos de las televisiones, que si quieren tener audiencia tienen que emitir aquello que la gente quiere ver. De ese modo, la gente que quiera ver noticias tendrá un canal de noticias y la gente que quiera ver telenovelas tendrá uno o varios canales de telenovelas, sin que el Estado intervenga y tenga que cobrar mas impuestos por sus juguetes mediáticos.

No existe en España ni una sola televisión pública que no emita programas similares a los de la privada y ningún programa de suficiente altura cultural o formativa que justifique una financiación forzosa con los impuestos de los ciudadanos.

Es difícil, pero podría ocurrir que existiera un profundo déficit cultural que pudiera ser llenado con una televisión no privada. En ese caso, esa televisión, como ocurre con la BBC británica, tendría que estar no en manos de los gobiernos o de los partidos políticos, sino controlada por ciudadanos independientes, de prestigio y ética probadas, que garantizarían que ese medio no fuera utilizado por los políticos para propaganda y engaño.

La televisiones públicas españolas, sin excepción, son perfectamente sustituibles por televisiones privadas y ni siquiera representan un servicio público de valor, sino que son únicamente instrumentos de propaganda al servicio de los gobernantes, que gracias a ellas incrementan su poder y proyectan la información y opinión conviene a los que mandan.

Existen otras razones para erradicar los canales de televisión públicos, como su enorme coste. El canal 9 de Valencia tiene mas empleados que Canal 5 o Antena 3 y su minuto de programación sale por mas del doble del costo razonable y de mercado.

El gran problema político de España es que, tras la muerte de Franco, la gente tenía tantas ganas de democracia que se tragó la falsa democracia que los partidos crearon en la Transición.

Las televisiones públicas, verdaderos juguetes utilizados para la propaganda y el fortalecimiento de los partidos en el poder, fueron recibidas con ilusión por unos ciudadanos, que eran incapaces de descubrir las consecuencias de poner aquellos instrumentos en manos de los partidos políticos gobernantes.

Voto en Blanco


El intento de "censurar" a Bloomberg ridiculiza a la falsa democracia española

El intento, por parte del equipo de Rajoy, de silenciar el tema "Bárcenas" en la entrevista que Bloomberg hizo al presidente español en Nueva York demuestra el escaso sentido de la democracia que tienen la Moncloa y el partido que gobierna España. La periodista norteamericana Sara Eisen, de la cadena económica Bloomberg, hizo cinco preguntas a Rajoy sobre el asunto Bárcenas, algunas con fina agudeza, algo que disgustó al presidente y a su equipo que, al parecer, intentaron que Bloomberg no las emitiera.

El tema ha sorprendido en el mundo desarrollado y ha servido para ridiculizar una vez mas a la pobre y degradada democracia española. Ese comportamiento es propio del pasado, de viejas dictaduras y de poderes que nada tienen que ver con las democracias, las cuales, aunque en la Moncloa no lo sepan, son imposibles sin respeto a la transparencia y a la verdad. El pueblo tiene siempre derecho a saber la verdad, un derecho sagrado en democracia. Rajoy y sus muchachos deberían hacer un curso acelerado para convertirse en demócratas, aunque mucho nos tememos que la democracia no se aprende con lecciones aceleradas sino con la práctica reiterada, durante la vida, del debate, la colaboración con el prójimo, el librepensamiento, el respeto a los demás, la ejemplaridad y el cultivo de los grandes valores.

La mentira y la apacidad se han transformado en políticas de Estado en la democracia española, sobre todo en los periodos de Zapatero y Rajoy. Zapatero mintió a los españoles muchas veces y lo hizo con especial descaro cuando ocultó la crisis y sus negociaciones con ETA. Rajoy inauguró su mandato con la inmensa falsedad de incumplir sus promesas electorales, subiendo los impuestos que prometió bajar y cerrando los ojos ante una corrupción que prometió combatir. El intento de "censurar" la entrevista de Bloomberg no es nada mas que una consecuencia lógica del pobre y viciado concepto de la democracia que tienen los grandes partidos políticos españoles, que creen que ganar las elecciones equivale a una patente de corso para practicar todo tipo de abusos y arbitrariedades, entre ellas violaciones reiteradas a la verdad y a la esencia de la democracia, un sistema cuyas principales reglas son ignoradas en España: separación de poderes, elecciones realmente libres, una ley asumida por los ciudadanos e igual para todos, imperio de la verdad y la transparencia, participación del ciudadano en los procesos de toma de decisiones, castigo para los corruptos y, sobre todo, eficaces y drásticas limitaciones al poder de los políticos y de sus partidos, que en España operan con una casi completa impunidad.

Voto en Blanco


Los errores dramáticos de Rajoy y Pedro Arriola

Los asesores del PP pasarán seguramente a la Historia como los tipos mas torpes y estúpidos del planeta político mundial. Cometen un error tras otro sin que jamás aprendan. El último, el de destruir los discos duros de los ordenadores de Bárcenas exigidos por el juez, ha sido de provocar carcajadas. Haber destruido esos discos duros ha sido una decisión que fortalece la desconfianza ciudadana y dispara todas las sospechas de que el Partido Popular está hasta el cuello de irregularidades y corrupciones.

Las estrategias de comunicación obsesionadas con ganar a cualquier precio, desprovistas de ética, que no son democráticas, basadas en la mentira y sin respeto alguno a las reglas básicas del sistema, no tienen futuro y, aunque triunfen en el corto plazo, siempre son derrotadas a medio y largo plazo. Además, son indecentes, degradan a sus seguidores y son vejatorias para la ciudadanía. Un verdadero demócrata jamás utilizaría esas estrategias de trileros.

Pedro Arriola es el principal asesor de Rajoy y del PP. Su competencia es la estrategia de comunicación, lo que en un partido político equivale a tener responsabilidad sobre el poder, que es lo máximo. El éxito o fracaso del partido y del líder dependen de sus ocurrencias, argumentos y tretas. La fuerza y el poder de un partido político, en democracia, dependen de los la imagen que sepa forjarse y de apoyos y votos que ese partido obtenga del electorado.

A juzgar por las encuestas, las experiencias y los resultados obtenidos, Arriola y Rajoy han fracasado de manera estrepitosa, pues nunca antes en la Historia moderna de la política española un líder como Rajoy, acogido por los ciudadanos con una ilusión sorprendente y premiado con una sólida mayoría absoluta, había despilfarrado su capital político en tan escaso tiempo. Zapatero tardó mas de seis años en convertirse en un estorbo para España y para su propio partido, mientras que Rajoy ha tardado menos de un año en conseguir un deterioro de imagen y prestigio similar y amenaza ya a su partido con llevarlo hacia una derrota rotunda y humillante.

Todos los errores estratégicos y tácticos de Arriola tienen el mismo patrón: desprecio a los ciudadanos y a su inteligencia. Hay un error de partida que ha marcado todo el estilo y el contenido de la asesoría de comunicación del PP: no existe respeto por la democracia y solo se venera y adora el poder en si mismo. Tampoco hay respeto por la verdad, ni por los valores básicos, ni por las normas fundamentales del sistema. El éxito lo preside todo y el grito "Mariano, los españoles no te han elegido para que seas demócrata o digas la verdad, sino para que soluciones los problemas" lo preside todo. Es la filosofía del todo vale si se obtiene el éxito y "del fin que justifica los medios". El problema es que esa filosofía es falsa porque los ciudadanos han elegido a Rajoy, como lo hicieron con Aznar, Zapatero o González, sobre todo para que sea justo, decente, ejemplar, eficiente y demócrata.

La lógica y la profesionalidad exigen que tanto él presidente como su estratega deberían jubilarse porque el fracaso que han acumulado en apenas dos años de gobierno supera todas las previsiones y causa escándalo dentro y fuera de España.

La estrategia de Arriola y de Rajoy tiene fallos de una importancia sustancial. La democracia exige verdad y transparencia, pero ellos han utilizado profusamente la opacidad y la mentira. Tenían el deber de cumplir las promesas hechas al electorado, pero ellos las han incumplido todas. Sabían que el pueblo quería regenerar la vida pública, pero ellos han cerrado los ojos ante la corrupción y han escondido todas las miserias, sin castigar a los ladrones y a los canallas. Por último, han creido firmemente en un principio que es falso: el tiempo lo cura todo, cuando en realidad hay veces que el tiempo lo pudre todo, como les ha ocurrido a ellos.

El discurso de Rajoy sobre Bárcenas del día 1 de agosto de 2013, ante el Senado, es un claro ejemplo del fracaso de las estrategias y métodos de Arriola y Rajoy. Cometieron demasiados fallos, pero los principales fueron los siguientes:

- Eligieron mal la fecha. Creían que el 1 de agosto, dia del inicio de las vacaciones, pocos españoles iban a escuchar el discurso, pero ocurrió justo lo contrario y los medios, sin noticias en verano, le dedicaron espacios preferenciales y lo destacaron mas de lo esperado.

- Negó la verdad evidente de que acudía al Congreso para hablar de Bárcenas forzado por la oposición, por la demanda de los españoles y por las críticas de la prensa internacional, lo que proyectó una sensación de falsedad a todo su discurso.

- Reconoció que se había equivocado, pero lo hizo sin dolor, ni arrepentimiento, sin convicción y utilizando el recocimiento del error como "justificación" para seguir defendiendo la tesis, que ya nadie cree, de que el partido no se financió ilegalmente.

- Utilizó la anáfora "Fin de la cita" como recurso dialéctico, ignorando que esa figura es peligrosa porque tiene un intenso efecto boomerang y suele volverse en contra de quien la utiliza. Con la repetición compulsiva de “fin de la cita”, Rajoy sólo ha conseguido la rechifla de la tribuna de oradores y, lo que es peor, de las redes sociales, donde se le ha puesto en ridículo. Hay una segunda teoría corriendo como la pólvora por Internet, que sostiene que el ya famoso “fin de la cita” no es un hallazgo dialéctico de Arriola, sino un error de Rajoy al leer letra por letra el discurso, incluso lo que nunca debió leer.

- Puso a funcionar el ventilador de manera irresponsable. En lugar de hacer un alegato a favor de la honradez de la clase política, de la validez de la democracia y defendiendo su inocencia explicando los hechos con honestidad y asumiendo las evidentes responsabilidades políticas del caso Bárcenas, Arriola despreció la humildad, la verdad y el arrepentimiento y prefirió que el presidente del Gobierno sembrara la sospecha sobre todo la Cámara con un discurso bronco y agresivo, donde seguía negando la evidencia de la corrupción interna de los partidos..

- Los aplausos de los suyos delante de una sociedad española que ya no soporta los fracasos reiterados, la arrogancia y los privilegios de la clase política tuvieron en efecto deprimente e incrementaron el rechazo ciudadano a la clase política desprestigiada que está conduciendo a España hacia la ruina, el fracaso y el desprestigio internacional. La interrupción de los discursos de Rajoy y Rubalcaba con vítores y aplausos de sus partidarios, todos ellos privilegiados y cobrando copiosamente del Estado, constituyeron un espectáculo demoledor para los dos grandes partidos y para la clase política en general.

El PP todavía podría salvarse si jubila con rapidez a Rajoy y a Arriola, cambiando drásticamente su estrategia de comunicación actual por otra que sea genuinamente ética y democrática, basada en el respeto al ciudadano, en la verdad y en el seguimiento de las normas básicas del sistema democrático, que exige limpieza, castigo para los corruptos, verdad, luz, transparencia, democracia interna y culto a los valores. Pero esa opción es imposible porque los dos grandes partidos han traspasado ya demasiadas veces esa línea roja irreversible que prohibe anteponer los intereses propios y el egoísmo al bien común y el interés general. Los partidos que se comportan así, no tienen regeneración posible porque la infección les ha contaminado el cerebro y la médula y les conduce, irremisiblemente, al abuso de poder, a la corrupción, a la mentira y a la muerte.

Voto en Blanco


El cierre de la televisión nacional griega, un triunfo para los demócratas

El cierre de la televisión pública en Grecia es un gran triunfo para la democracia y la libertad de los pueblos en todo el mundo. La experiencia histórica demuestra que permitir que un gobierno controle una televisión pública es como poner una pistola cargada en manos de un asesino en serie. Siempre la utilizará para eliminar el libre pensamiento y la reflexión ciudadana, estimulando en cambio la mentira, el engaño, la manipulación y la confusión de una ciudadanía a la que termina convirtiendo en un rebaño estúpido, torpe y fácil de gobernar desde el privilegio y el abuso despótico.
---

El cierre de la televisión nacional griega, un triunfo para los demócratas

Al menos un efecto positivo de la crisis en Grecia: el poder político ha tenido que cerrar la televisión nacional pública, un instrumento que utilizaron los políticos griegos en el pasado para manipular, mentir y engañar a sus ciudadanos. Privados de los medios de comunicación que controlan y, sobre todo, de sus televisiones públicas, los actuales políticos perderían capacidad para engañar y tendrían que someterse a la democracia y a los intereses de sus respectivos pueblos.

La democracia, de inspiración liberal, parte del criterio de que el Estado es un peligroso monstruo (Leviatan) al que los ciudadanos necesitan controlar férreamente para que no se deslice, como es natural en él, hacia la opresión y el abuso de poder. Aquella democracia original dictó que los medios de comunicación deberían estar siempre en manos privadas y ser independientes y libres para poder así controlar y fiscalizar a los grandes poderes. Poner una televisión en manos de un gobierno es mucho mas peligroso de lo que la gente cree; es como dar una pistola cargada a un asesino en serie. Con toda seguridad, la utilizará, como ha demostrado la Historia, para mentir, manipular, someter y hacer pasar por democracia lo que es una simple y sucia dictadura de partidos.

Por eso, el cierre de la televisión pública en Grecia es un gran triunfo para la democracia y la libertad de los pueblos en todo el mundo.

Sin embargo, algunos políticos europeos ajenos a la democracia y no pocos periodistas sometidos al poder y alejados de la información veraz han protestado repitiendo esa mentira de que "El cierre de un medio de comunicación siempre es una mala noticia en democracia", cuando la verdad es que solo los medios independientes, veraces y capaces de fiscalizar y controlar al poder son positivos para la democracia. De hecho, el cierre de un medio de comunicación que esté controlado por el poder político o el partido gobernante, transformado en medio de propaganda y manipulación, como ocurre con la mayoría de las televisiones públicas, es siempre una óptima noticia en democracia porque priva al poder de un valioso instrumento que utiliza para dominar y pervertir a la ciudadanía. ´

Las televisiones públicas podrían ser útiles a la democracia, pero siempre que su libertad, independencia y veracidad estuvieran garantizadas y que el control de ese medio, en lugar de estar en manos de un partido político, estuviera en las de una comisión de ciudadanos expertos, independientes de los partidos y con solvencia ética.

Los ciudadanos deberían exigir que hicieran lo mismo sistemas injustos y abusivos como el Español, entre otros, que prefiere asfixiar a los ciudadanos con impuestos y devaluar servicios vitales como la educación, la salud y la protección a los débiles antes que cerrar sus televisiones, utilizadas siempre para perpetuarse en el poder, engañar y manipular. La Historia también demuestra que los políticos conocen bien la fuerza manipuladora de las televisiones y prefieren subir impuestos, eliminar ayudas a las familias y hasta cerrar antes un sistema sanitario que eliminar ese valioso instrumento de control de la libertad, la conciencia y la ciudadanía que es la televisión. Los telediarios y otros programas de la televisión pública se han convertido en escenarios donde los políticos son las estrellas rutilantes y donde el poder político deslumbra y parece necesario, justo y popular, cuando en realidad es injusto, miserable y está necesitado de una inmensa regeneración ética y democrática. Visto a través del tramposo "milagro" de las televisiones del poder, las sociedades injustas y degradadas que gobiernan los políticos, muchas veces verdaderos espacios dominados por rateros y rufianes, parecen sociedades justas y democráticas.

Voto en Blanco


Decir la verdad en España

La verdad en España es democrática y la mejor terapia para acabar con una casta política deleznable, madre y patrocinadora de la injusticia y el abuso de poder. Una de esas verdades que es necesario proclamar es que el cobro actual de impuestos masivos es un abuso de poder intolerable y corrupto, utilizado por el sistema para sufragar sus lujos y excesos, no para crear una sociedad más justa, ni para financiar mejores servicios. Los impuestos en la España de Rajoy son un abuso de poder.

En España ha llegado la hora de decir la verdad. Quizás no podamos expulsar a los malos políticos, ni cambiar el sucio mundo que ellos han construido, pero sí podemos decir la verdad hasta que la sociedad se dé cuenta que está en manos de gente miserable, sin valor y sin decencia política.

Hay aspectos del denostado Régimen Franquista que tenían mas decencia y hasta solvencia humana y democrática que la obra de estos politicastros que se llaman a si mismos "demócratas", cuando realmente son predadores insaciables, arrogantes, antidemócratas, ineptos y corruptos.

Los españoles, en aquellos tiempos de Franco, no hacían declaración de la renta y no pagaban otros impuestos que los indirectos, muy suaves, que gravaban a las bebidas alcohólicas, los combustibles y otros productos de lujo. El Franquismo, austero y eficiente, vivía con poco dinero y con pocos funcionarios y políticos, sin que le faltara nunca capacidad de generar orden y organización. España entera funcionaba sin que los ciudadanos tuvieran que ser esquilmados y saqueados por el Estado y la casta política, como ocurre ahora.

Ese robo masivo al ciudadano es la peor lacra del actual sistema.

Estamos en tiempos de pagar impuestos a Hacienda y sobre los españoles pesa como una losa de plomo esa obligación, que en el pasado, al principio de la etapa "democrática", era cumplida voluntaria y animosamente, mientras que ahora pagamos solo por miedo al castigo, con rabia porque ese dinero caerá en manos de gente que ha demostrado hasta la saciedad su capacidad de ser injusta y corrupta. sin que tengamos la seguridad de que nuestros impuestos van a ser empleados para financiar servicios necesarios y para hacer una sociedad mas justa.

Millones de españoles hacen en estos días la declaración de la renta de mala gana, con asco y con rabia, temiendo que sus impuestos vayan a ser empleados, como otros muchos fondos públicos, en pagar sobresueldos a políticos o para enriquecer ilícitamente a miles de canallas y sinvergüenzas incrustados en el Estado, militando en esos partidos poderosos que han gobernado tan mal que empujan a España hasta la pobreza, el fracaso y la desesperación.

Los impuestos en España no se utilizan hoy para crear una sociedad mas justa, ni para financiar servicios de calidad, sino para sostener un Estado enorme, insostenible, incosteable y plagado de gobiernos y parlamentos inútiles, de instituciones superfluas y de parásitos con carné de partido. El primer deber de un demócrata en la España injusta del presente es oponerse al abuso de poder que significan unos impuestos injustos y subyugadores, que no responden al interés general, sino al de los políticos y sus indecentes partidos.

Voto en Blanco


Demasiados medios de comunicación españoles que cultivan la mentira y la antidemocracia

Buena parte de los medios de comunicación españoles y de los periodistas destacados, aquellos que pueden influir directamente en la opinión pública, están cargándose de ignominia y son casi tan culpables como los políticos del desastre de España por cultivar la mentira y practicar la antidemocracia en su mas amplio espectro.

Como ha denunciado el alemán Die Welt, ante el desastre económico de los países del sur de Europa, entre ellos España, prefieren acusar a Alemania de colonialismo y de nazismo antes de reconocer la verdad de que sus gobiernos son corruptos, ineficaces y culpables directos de la ruina que les afecta.

El artículo de opinión, titulado "Una cuestión de decencia" y firmado por el periodista Ulrich Clauss, se lamenta la proliferación de imágenes de Angela Merkel con bigotes hitlerianos y de mensajes "groseros" y "anti-alemanes" en países como España, Italia, Grecia y Chipre.

En España, concretamente, ningún periódico o televisión es capaz de afrontar directamente los dos problemas mas graves que afectan al país: el primero es que toda su clase política está infectada de corrupción y es la principal culpable del desastre de la economía y de la ética; la segunda es que el país no es una democracia, una verdad conmovedora que los periodistas y los medios ocultan de manera activa hablando constantemente de "la democracia española", un fantasma inexistente en un país sin controles al poder de las castas políticas y los partidos, sin una Justicia independiente, sin separación de poderes, sin que el ciudadano pueda elegir sin trabas a sus representantes, sin castigo para los corruptos y sin defensa alguna de la verdad, sin una información limpia al servicio del ciudadano y sin una ley que sea igual para todos.

Es una verdadera lástima que tenga que ser la prensa extranjera la que desvele las grandes verdades de España, una vergüenza que reedita lo que ocurria en tiempos del dictador Franco, en los que había que leer la prensa internacional para saber la verdad sobre España.

Ese ocultamiento de la verdad carga de ignominia y de culpa a los periodistas españoles y sus medios de comunicación, incapaces de sumarse a la necesaria lucha que algunos ciudadanos aislados están librando, de manera desigual, contra el poder inmenso de los corruptos y los antidemócratas que controlan el poder.

Delante de las propias narices de los medios de comunicación españoles, sin que sus periodistas salten como un resorte para denunciarlos, se han cometido los abusos más indecentes y los peores atentados contra la ciudadanía. Los medios no se han lanzado al cuello del poder por sus violaciones de la ley al infectar lo público de corrupción; no se han denunciado las mentiras del poder y los incumplimientos de los programas electorales, lo que invalida y deslegitima la democracia; tampoco se ha denunciado el robo a los ciudadanos mediante las participaciones preferentes; no se ha denunciado la terrible contaminación de la Justicia, ni el hecho indecente en democracia de que los partidos políticos nombres a jueces y magistrados; tampoco se ha resaltado que existe un auténtico clamor popular, desatendido por los partidos políticos, como es habitual en España, que exige el fin de la financiación de los partidos y sindicatos con dinero procedente de los impuestos ciudadanos; los medios han silenciado el abuso de poder que representa que los españoles, que padecen sueldos bajos e insuficientes, estén pagando, proporcionalmente, los mayores impuestos de toda la Unión Europea; finalmente, nadie ha denunciado que los últimos gobiernos, sin publicidad y con disimulo, hayan metido la mano en los fondos de la seguridad social reservados para pagar pensiones y los hayan mal invertidos en comprar deuda española.

Hay otras mil fechorías, maldades y canalladas del poder silenciadas por los medios y por periodistas influyentes que silencian los dramas para seguir cobrando como colaboradores en los grandes medios. Las cajas de ahorro han sido saqueadas sin que la prensa lo denunciara como sus ladrones políticos y sindicales lo merecían, quizás porque esas cajas tenían cuentas generosas de publicidad con los medios. Nadie habla de las torturas camufladas, de los abusos policiales, de los desahucios injustos, de los miles de políticos que no pueden justificar sus abultados patrimonios, de los abusos de las organizaciones patronales y sindicales, de la inflación de empresas, instituciones, observatorios y otros muchos chiringuitos del poder, creados para colocar allí a los familiares y militantes. Nadie denuncia, por último, que el mayor problema de España es su degradada e inmoral clase política, ni que el Estado español, construido por los políticos, es tan injusto, enorme y costoso que si fuera adelgazado y limitado a su dimensión racional, más de la mitad de los problemas de financiación del país desaparecerían de manera fulminante. Ni siquiera se denuncia con la contundencia que merece el hecho dramático de que los ciudadanos rechazan masivamente a sus políticos, desconfían de ellos y transforman, poco a poco, ese rechazo en odio.

Seguir hablando de "la democracia española" en las presentes circunstancias es, por lo menos, una indecencia que descalifica a los periodistas sometidos y a buena parte de los degenerados medios de comunicación españoles, incapaces de servir a la verdad y dedicados por entero al servicio de sus amos y financiadores.

Voto en Blanco


¡Malditos periodistas españoles!

Son casi tan culpables como los políticos de los desastres de España y del inmenso sufrimiento de los españoles. Afirman los periodistas que "Sin Periodismo no hay democracia", pero eso no es cierto porque la democracia no necesita periodistas, sino periodistas independientes, veraces y críticos. En mi obra "Peridostas Sometidos, los perros del poder" defiendo la tesis de que las mayores dictaduras del planeta se han apoyado siempre en periodistas dispuestos a mentir, como buena parte de los españoles de hoy.

En las tertulias, los comunicadores sometidos repiten como loros eso de "la democracia española", cuando en España no existe democracia , ni nada que se le parezca. Algunos lo hacen porque sus patronos, los políticos y los banqueros, necesitan que el pueblo crea que lo que existe en España es una democracia, cuando en realidad es una dictadura camuflada de partidos. Pero decenas de miles de ellos lo hacen por incultura, porque ni siquiera se han molestado en estudiar qué es la democracia.

Ignoran que sin separación de los poderes básicos del Estado, sin una Justicia independiente, sin una ley que sea igual para todos, sin una sociedad civil independiente, que sirva de contrapeso al poder, sin elecciones realmente libres, en la que los ciudadanos sean los que elijan a sus representantes, no los partidos, y sin castigo para los ladrones, corruptos e ineptos, la democracia es imposible y el régimen resultante es una vulgar e ilícita opresión camuflada.

Los principales tertulianos de España discuten ahora, desde su ignorancia temeraria en materia política, cuando deben dimitir los políticos y la mayoría se inclina por defender la barbaridad de que lo hagan cuando sean imputados o, mejor, cuando se les abra juicio oral, ignorando que fuera de España, donde la democracia tiene mas solera y solvencia, las responsabilidades políticas van por un camino distinto de las responsabilidades penales. En Gran Bretaña, Alemania, Francia y, sobre todo, en Estados Unidos, los políticos dimiten por haber falsificado una tesis doctoral, por haber mentido a la policía en una multa de tráfico o simplemente por no haber previsto un fracaso o un error.

Eso es democracia, mientras que lo que existe en España, esa democracia que los periodistas con mas renombre del país defienden, es sólo una basura indecente, cargada de ignominia y opresión.

La ignorancia no exime de culpa y los periodistas españoles deberían saber que de las siete u ocho grandes normas y reglas imprescindibles para la demcoracia, en España no se cumple ni una sóla. No existe libertad plena para elegir a los representantes, ya que son los partidos políticos los que eligen al elaborar listas cerradas y bloqueadas; no existe una ley que sea igual para todos, no existen controles para limitar el poder de los partidos y de los políticos, no hay castigo para los corruptos y delincuentes, no existe una sociedad civil indpendiente que sirva de contrapeso al poder, no existen garantías para que la prensa libre e independiente ejerza su vital misión de fiscalizar a los grandes poderes; no se respeta el imperio de la verdad; no existe participación del ciudadano en los procesos de toma de decisiones, no hay transparencia suficiente, etc. etc.

El primer deber de un periodista honrado en la España actual es decir a sus lectores o seguidores que España no es un país demócrata. Gracias a las mentiras de "los perros del poder" se ha hecho un mito de la Transición, cuando aquello fue una inmensa estafa en la que unos falsos socialistas y unos franquistas reciclados, con el traicionero Carrillo como comparsa, pactaron la simple sustitución del franquismo agonizante por una sucia y autoritaria partitocracia sin ciudadanos, por completo ajena a la democracia y a sus reglas y principios.

Del mismo modo, gracias a las mentiras de los medios de comunicicación, los políticos españoles han podido robar, saquear y destruir el país, llevándolo hasta la ruina y el fracaso. Fenómenos como el enriquecimiento masivo de políticos, la corrupción en todas sus facetas, el saqueo de las cajas de ahorros, el robo a los ciudadanos mediante las participaciones preferentes y otros muchos desmanes nunca hubieran sido posibles sin la despreciable sumisión de los periodistas.

España está ya tan lejos de la decencia que no tiene vuelta atrás. La actual clase política y sus cómplices, sobre todo muchos periodistas y no pocos jueces, jamás se podrán regenerar, hasta el punto de que el país, para salvarse y ser un día una nación de gente decente y libre, tendrá que realizar terapias tan drásticas como las que realizaron húngaros y polacos con los políticos, funcionarios y periodistas del viejo comunismo, que fue arrojado del poder y sustituido masivamente por gente sin un pasado sucio y corrompido.

En mi obra "Peridistas Sometidos" hay un par de frases que merece la pena recordar: Una es "Si los periodistas españoles hubieran hecho sus deberes, España no sería hoy una cloaca". La otra es " El periodismo libre es la columna vertebral de la democracia, pero el periodismo sometido es el sostén de la tiranía. El periodismo español está enfermo porque hay demasiados profesionales que han renunciado a la independencia, que no propagan la verdad, sino la verdad del poder, que es muy distinta".

Voto en Blanco


Enterradores de la democracia, promotores de la dictadura

Nadie ha hecho más en la edad contemperánea por el retorno de una dictadura a España que Zapatero y Rajoy. La asfixiante mediocridad de ambos, su arbitrariedad, la capacidad de gobernar mal que comparten, la injusticia que propagan, su fácil convivencia con la corrupción y su escandalosa ineptitud desacreditan la democracia como sistema y promocionan cualquier dictadura futura, que sería bien recibida y hasta aclamada con tal de que prometa acabar con los políticos.

Escándalos como el del ex tesorero del PP Bárcenas, con sus 22 millones en Suiza, y el de los EREs mafiosos del PSOE andaluz, que representa el robo a los ciudadanos de al menos mil millones de euros, lanzan hacia el pueblo el mensaje claro de que el actual sistema, al que llaman democrático, está podrido y necesitado de un cambio radical.

Nadie ha hecho mas daño a la democracia española que Zapatero y Rajoy. Sus gobiernos han desacreditado el sistema democrático hasta extremos insospechados y lo han dañado quizás de manera irreversible, preparando los caminos para el futuro advenimiento de cualquier tipo de dictadura, que sería bien recibida por el agotado, esquilmado y cabreado pueblo español, siempre que prometa que acabará con los políticos.

Estos dos energúmenos mediocres y sus respectivos partidos políticos no sólo han arruinado, entristecido y cercenado el presente y el futuro de España, sino que, para colmo de males, han establecido unas bases sólidas para que en un futuro no muy lejano sea recibida con los brazos abiertos una dictadura, con tal de que prometa limpieza, moralidad y la erradicación de esos partidos políticos y políticos profesionales que han conducido a la nación hasta la ruptura y el borde del desastre.

Hace tres décadas, los españoles eramos el pueblo europeo con mas fe en la democracia, pero hoy somo, junto con Grecia, el que menos cree en ella. Y no es culpa de la crisis, como afirman los políticos, sino de ellos, de su mal gobierno, de sus privilegios injustificados, de su arbitrariedad, corrupción, abuso de poder y privilegios mantenidos a costa de esquilmar a los ciudadanos y de acabar con la prosperidad.

Los pueblos que ven como la voluntad popular es doblegada y despreciada por sus dirigentes, empiezan a macerar la revancha en su interior y sueñan con un sistema que acabe con los depredadores que gobiernan. Es una ley política que se repite desde el principio de los tiempos. El abuso de poder y la corrupción generan tiranos y dictadores, que ahora no necesitan conquistar el poder pegando tiros, sino sometiéndose al criteriode las urnas, como han hecho an América Latina Hugo Chavez, Evo Morales, Daniel Ortega y otros. La mayor debilidad de la falsa democracia existente es lo fácil que resulta corromperla y controlarla desde dentro.

Zapatero y Rajoy están cumpliendo en España el mismo papel que cumplió en Venezuela Carlos Andrés Pérez o Fulgencia Batista en Cuba. Fueron tan inútiles, arbitrarios e injustos que prepararon el camino a dictadores como el coronel Chavez y el comandante Castro.

No sabemos cuanto tardará en llegar a España nuestro Castro particular, pero todo indica que ya está de camino y que si el sistema sigue desprestigiándose y abusando, como hace en la actualidad, su llegada entre aplausos es inminente.

Sin embargo, por muy deseado que sea un dictador que llegue con la escoba de limpiar corrupción y el martillo de descabezar políticos, la solución nunca podrá ser mejor que la construcción de una democracia verdadera, algo inédito en España y en otros muchos países del mundo, en los que llaman democracia a lo que es solo una dictadura de partidos disfrazada con ropajes democráticos.

La situación es tan grave que el tiempo para una solución decente y digna se acaba. O alguien construye una democracia verdadera, con controles férreos para que los políticos y sus partidos estén maniatados y no puedan anteponer, como es habitual en ellos, sus propios egoísmos e intereses bastardos al bien común, o no habrá otra salida que la llegada de un tirano con escoba y con martillo.

Lo que Zapatero y Rajoy han desprestigiado y convertido en basura no es la democracia sino un bodrio hipócrita y con alma tirana que sólo tiene de la democracia algunos ropajes. Ni una sola de las reglas básicas de la democracia se cumplen en países como España, quizás el mas sangrante y sucio ejemplo de todo el mundo desarrollado occidental. No hay separación de poderes, ni una ley igual para todos aceptada por los ciudadanos, ni elecciones verdaderamente libres que garanticen al ciudadano la elección de los mejores, mi respeto a la voluntad popular, ni castigo para los canallas y corruptos, ni una prensa libre e independiente que sea capaz de fiscalizar a los poderosos, ni una sociedad civil fuerte e independiente que sirva de contrapeso al poder político.

El gran pecado de gente como Zapatero y Rajoy, lo que les hará pasar a la Historia como fracasados y verdugos de sus pueblos, no son los recortes, ni los impuestos injustos, ni su negativa a adelgazar el Estado, ni siquiera su fracaso en la gestión de la economía, sino su labor como propagandistas y promotores de cualquier tiranía futura.

El pueblo entendía que para castigar a un mal gobierno había que votar a la oposición, pero ahora ha descubierto que tanto el gobierno como la oposición son indeseables y que ninguno merece el respeto y el apoyo de los ciudadanos decentes. Entonces, lo que se desmorona y padece es el sistema y, ante la impotencia del pueblo para castigar a sus malos gobernantes, bien guardados por policías, periodistas y jueces, empieza el sueño difuso en cualquier tipo de dictador-vengador que llegue para acabar con la infección de los políticos y sus partidos.

Es así de sencillo y de triste.

Voto en Blanco


Políticos y periodistas al servicio del gran engaño de la "democracia española"

Muchos españoles estan hartos de que políticos y periodistas hablen a diario de "la democracia española", como si existiera, ocultando al pueblo que el sistema político español no cumple ni una sola de las reglas básicas del sistema democrático y que lo que tenemos en España no es una democracia sino una dictadura camuflada de partidos políticos. Los últimos que han afirmado, de manera solemne, que España es una democracia son el nacionalista Artur Mas, el socialista Ramón Jauregui y el actual ministro José Ignacio Vert.

Para saber si en España hay o no hay democracia basta un ejemplo: hasta hace pocas semanas no se ha aprobado un ley que obligue a los partidos políticos publicar sus cuentas, una opacidad en grado mayúsculo que está frontalmente reñida con una democracia que, entre otras muchas cosas, exige claridad y transparencia. Pero existe una prueba igualmente contundente, más reciente: la negativa a dimitir de Durán y Lleida, a pesar de que había prometido hacerlo si su partido resultaba implicado directamente en corrupción, como ha ocurrido al demostrarse que robó fondos europeos destinados a la formación.

La democracia española es una gran patraña, un disfraz repugnante que oculta enormes vicios y déficits, todos ellos contrarios a la democracia. En España no hay separación e independencia de poderes, ni una ley igual para todos, asumida por los ciudadanos, ni procesos electorales libres, en los que los ciudadanos elijan como representantes a quienes deseen, ya que son los partidos políticos los que elaboran esas listas cerradas y bloqueadas que el ciudadano solo puede aceptar o rechazar en bloque, por citar únicamente tres exigencias fundamentales del sistema democrático ausentes en el sistema español.

Pero tampoco existe en España la garantía de una prensa libre e independiente, capaz de conseguir que los poderes sean fiscalizados, ni una sociedad civil fuerte e independiente, que actúe como contrapeso del poder político, ni existen controles, cautelas y contrapesos para controlar al poder, ni los partidos políticos están sometidos a control ciudadano alguno, ni los ciudadanos participan en los procesos de toma de decisiones, ni la voluntad popular es respetada por los políticos, ni los representantes se relacionan con los representados, ni los diputados y senadores, representantes de la soberanía popular, pueden hablar con libertad en las cámaras, ni votar en conciencia y un largo etcétera que convierte a la mal llamada "democracia española" en una estafa de gran calado, diseñada para gloria y provecho exclusivo de las clases dominantes, que operan en el sistema con arrogancia, impunidad y atiborradas de privilegios y ventajas.

Los ciudadanos muy rara vez son convocados a referendum, a pesar de que los gobiernos toman decisiones que chocan frontalmente con la voluntad popular y con los criterios de la inmensa mayoría. En este momento, existen en España por lo menos tres anhelos de inmenso alcance y profundidad que el gobierno y los grandes partidos ignoran y esconden porque no les conviene atenderlos, lo que demuestra el inmenso déficit democrático vigente. El primero de esos deseos es que se castigue a los políticos corruptos que han robado, en especial a los políticos y sindicalistas que han saqueado las cajas de ahorro y a los miles de cargos y ex cargos públicos que no pueden explicar su vertiginoso enriquecimiento. El segundo es que se reduzca drásticamente el tamaño del Estado y que sean expulsados de sus cargos al menos 300.000 de los casi 500.000 políticos que cobran sueldos del Estado, sin aportar nada al bien común, más políticos cobrando que los que existen en Alemania, Francia e Inglaterra juntos, todo un abuso que los partidos y gobiernos mantienen vigente porque así practican el rentable clientelismo y pueden favorecer, colocar a amigos, familiares y militantes, violando el concepto de igualdad de oportunidades, garantizado por la Constitución. El tercero es que se inicie con firmeza un rápido camino hacia el establecimiento en España de una verdadera democracia, donde la Justicia y los demás poderes del Estado sean independientes, donde se castigue a los delincuentes, se acabe la sucia impunidad de los políticos y se establezcan las bases para disfrutar de un Estado decente y al servicio del bien común, no al servicio de las cada día más odiadas "castas" políticas.

La gran estafa de hacer pasar por democracia lo que no es sino una sucia oligocracia es toda una conspiración contra el pueblo en la que participan las tres profesiones más desprestigiadas y odiadas del país: políticos, periodistas y jueces. Los políticos y periodistas, conscientes de que esa democracia no existe y que está cargada de abusos, corrupciones, carencias básicas y arbitrariedades, hablan de ella como si existiera y disfrutan de los frutos de la violación del sistema, mientras que los jueces ignoran su deber de castigar a los que están estafando al pueblo diariamente, prostituyendo el sistema que rige nuestra convivencia y desarrollo y robando dinero público y privado.

Voto en Blanco


La entrevista de Hermida, una vergüenza, pero el rey sigue siendo la mejor opción

La entrevista de Jesús Hermida al rey Juan Carlos del 4 de enero fue una vergüenza para el periodismo español, ya desprestigiado y tan sometido que causa risa en medio mundo, porque fue un homenaje laudatorio y propagandístico, nada periodístico, destinado a dar lustre al monarca, cuya imagen y prestigio han caído en barrena.

Ninguno de los grandes temas que preocupan a España ni de las grandes incógnitas que rodean a Juan Carlos, todos de interés periodístico y dignas de que los ciudadanos las conozcan, fueron abordados abiertamente en la entrevista lamiosa: la corrupción política, la inmoralidad de los bancos, la pobreza que avanza galopante, la inmensa riqueza del rey, Urdangarín, sus relaciones con Corina, la unidad de la Familia Real, la opinión del monarca sobre el deterioro de la democracia en España, la injusticia, los desahucios, el separatismo, su abdicación, etc.. Tiene razón el senador vasco Iñaki Anasagasti, cuando afirma que el rey "sigue protegido por la censura". Es una pena que un profesional como Hermida se prestara a tamaño montaje.

El Estado ha sacado su artillería pesada para salvar al monarca, que atraviesa horas complicadas. Los españoles fueron tratados, una vez más, como estúpidos anestesiados o como indignos de conocer la verdad. Ese tratamiento, indecente en una democracia de ciudadanos libres, es la mejor prueba de que España está gobernada por sátrapas con vocación de tiranos, sin apego alguno a la democracia, ni a sus reglas. Todo se limitó a una especie de homenaje laudatorio al monarca, que ve con preocupación como tiene que traspasar la Corona a su hijo en medio de un deterioro notable de la institución monárquica.

El estado de corrupción y de deterioro de la política en España es de tal envergadura que ni siquiera existe un respeto mínimo por la verdad, ni resquicios de debate público, sino simple y dura propaganda para dirigir al rebaño. En España ya no existe pugna entre democracia y libertad, ni entre verdad y mentira, sino entre una tiranía camuflada y otra descarada y entre la mentira de la derecha frente a la mentira de la izquierda.

La única baza favorable al rey es que la casta política española está tan desprestigiada que el país entero tiembla ante la posibilidad de que retorne la República y uno de nuestros impresentables y escasamente democráticos políticos asuma la Jefatura del Estado.

¡Que Dios salve al Rey, a pesar de toda su lamentable mediocridad, ante el horror potencial de que un político le suceda!

Voto en Blanco


El lema de la FAPE "Sin periodismo no hay democracia" es una estafa

El periodismo, cuando es servil y contrario a la verdad, no es bueno para la democracia y suele sostener tiranías y abusos de poder. Es el periodismo libre, crítico e independiente el que es vital para la democracia, pero la FAPE parece no saberlo. Muchos de los que hoy gritan "Sin periodismo no hay democracia" han sido o son parciales y arbitrarios defensores de sus amos, gente que ha ocultado la verdad, manipulado o mentido para beneficiar a los suyos. Lo que debería reivindicar la FAPE es el periodismo decente, escaso en la España actual.

La Federación Española de Asociaciones de la Prensa (FAPE) ha caído en la demagogia frívola y el victimismo barato al aprobar y difundir el lema "Sin periodismo no hay democracia", una falsedad con la que quiere resumir el drama que vive el periodismo español, con miles de periodistas en el desempleo y con la casi totalidad de los medios perdiendo audiencia, prestigio y credibilidad.

La FAPE debería saber que ese lema es falso y esconde una auténtica estafa al ciudadano. Lo que la democracia necesita no es "Periodismo" sino "Periodismo honrado, independiente y valiente", capaz de fiscalizar a los grandes poderes, un requisito sin el cual la democracia no es posible. Es evidente que con periodistas cobardes, comprados o sometidos a los poderes, sobre todo al poder político, la democracia se debilita y lo que florece es cualquier tipo de tiranía porque ese periodismo al servicio del poder apuntala y fortalece la corrupción, la mentira y la injusticia.

Muchos de los periodistas que hoy lucen en sus solapas esa leyenda son ejemplos vivientes de lo que es sometimiento al poder y están acostumbrados a defender ante una audiencia cada día más indignada no la verdad, ni la objetividad, ni los valores de la democracia, sino el criterio y los intereses de los que mandan. Más que periodistas han sido "perros del poder", comprados o voluntarios, por muy duro que esa afirmación suene.

Si los directivos de la FAPE no creen que eso sea así, que indaguen entre los ciudadanos y tal vez descubran el profundo desprecio que los demócratas y gente honrada de España profesan a los periodistas, por sus mentiras, silencios cómplices, manipulaciones y connivencia con un poder político que ha dinamitado prácticamente todos los controles democráticos al poder y que campea por España disfrutando abusos, corrupciones y de una impunidad casi completa.

El número de periodistas en paro se ha triplicado en un año, hasta los 27.443. La crisis les ha golpeado duro, pero ellos quieren ayudas oficiales y tratamiento preferencial, olvidando que durante las últimas décadas han servido a los poderosos, mas que a la democracia, lo que implica que la sociedad no sólo no está en deuda con ellos sino que tiene mucho que reprocharles por haberse aliado con la mentira, la manipulación y las mafias que han arruinado a España.

Los periodistas, junto con los políticos, los jueces y los policías eran en 1978 los héroes del sistema y los profesionales más admirados y valorados. Hoy, después del fracaso de la mal llamada democracia española, sin separación de poderes, sin una ley igual para todos, manada por la corrupción, sin decencia y sin justicia, esos mismos profesionales figuran en las encuestas como los mas rechazados y despreciados por la ciudadanía.

Por algo será.

En mi libro "Periodistas sometidos, los perros del poder" (Almuzara 2009) hay una frase que resume con claridad el problema: "El periodismo libre es la columna vertebral de la democracia, pero el periodismo sometido es el sostén de la tiranía.". Algo tan elemental debería conocerlo la FAPE y difundirlo para que los ciudadanos conozcan su apuesta por la libertad y la decencia.

La FAPE debería rectificar y enterrar ese eslogan truculento y adoptar otro que encarne lo que el periodismo español necesita: recuperar el favor de los ciudadanos, para lo que tendrá que abandonar sus alianzas inconfesables y su cobardía ante el poder político y financiero para cerrar una alianza de hierro con el ciudadano, a los que está obligado a proporcionar información veraz, limpia e independiente, la única alianza permitida al periodismo en democracia.

La FAPE, si quiere que el periodismo resucite y recupere el vigor y respeto que ha perdido, debe liderar una profunda regeneración que proclame la grandeza de la verdad, de la independencia y de la crítica frente a los grandes poderes, verdadera misión central del periodismo en democracia. La bandera de la regeneración y no la victimista y llorona enarbolada en la actualidad es la que la FAPE tiene que alzar porque es la única que puede salvar a una profesión que está asustada porque ya se hace mejor periodismo en las peluquerías, bares e internet que en las redaciones mediáticas.

Voto en Blanco


Políticos, sindicalistas, periodistas y jueces, los cuatro grandes fracasos de España

Los políticos, los sindicalistas, los periodistas y los jueces son los cuatro grandes culpables del fracaso español y los profesionales más despreciados por la sociedad, en la que el quinto gran culpable es la misma ciudadanía, integrada mayoritariamente por borregos sometidos que apoyan el sistema con su sometimiento y con sus votos ante las urnas, vergonzosamente permisivos e incapaces de poner freno a los abusos, desmanes e injusticias de su lamentable clase dirigente. Las encuestas reflejan en España, con meridiana claridad, el profundo desprecio ciudadano a esos grupos y profesionales, convertidos en los grandes pilares del actual desastre de España, un país de desempleados, pobres, fracasados, con sus valores en quiebra y poblado de gente triste, confusa y sin esperanza.

Los políticos españoles son culpables por corruptos, embaucadores y fracasados. Son los principales culpables porque acumulan mas poder y responsabilidad que ningún otro sector de la sociedad, controlando las leyes, la fuerza, el presupuesto y los poderosos recursos del Estado. A pesar de todo, no han sido capaces de solucionar los grandes problemas del país y muchas veces los han agrandado con sus errores y debilidades, olvidando que han sido elegidos, situados en la cúspide de la sociedad y rodeados de privilegios no para que tomen decisiones, sino para que acierten y aporten soluciones.

Los sindicalistas son también culpables del desastre español por renunciar a su función reguladora en las relaciones laborales y por haberse convertidos en vagos y maleantes subvencionados. Han abandonado a los trabajadores y se han integrado en el poder establecido, formando un bloque compacto con los políticos, especialmente con los de izquierda, repartiéndose privilegios y ventajas y comulgando con desmanes, abusos, corrupciones y traiciones.

Los periodistas se han convertido en los grandes cómplices del poder abusivo, corrupto y antidemocrático que está destrozando España, tras haber asesinado su propia independencia y, subyugados por el poder y sus ventajas, han renunciado a la verdad y a la fiscalización de los poderosos, incorporándose, vergonzosamente, a los dispositivos de propaganda y mentira del sistema. Han abandonado al pueblo a su suerte y han convertido la democracia en una orgía de poderosos sin control, sin crítica y sin vigilancia. Impregnados de ignominia y oprobio, la mayoría de los periodistas españoles, de un modo u otro, directa o indirectamente, se han vendido al poder y han fracasado, convirtiéndose, ante los ojos de los ciudadanos, en traidores y colaboracionistas que deberán ser castigados cuando España consiga ser un país democrático..

Los Jueces, igualmente sometidos al poder político, se han dejado dominar y controlar sin ofrecer resistencia, acabando con la independencia judicial y con la Justicia misma en un país que, por la densidad de delincuentes con poder, necesitaba, urgente e intensamente, de sus servicios. Son culpables, sobre todo, de cobardía y se han convertido en el pilar principal de la indecencia y la ignominia que campean por España, donde los poderosos, especialmente los políticos, saquean y delinquen con una intolerable impunidad práctica. La cobardía de los jueces ha convertido la democracia en una pantomima y ha permitido que la ley sea desigual y rastrera, dura para los pobres, blanda para los ricos e invisible para los poderosos.

Políticos, sindicalistas, periodistas y jueces son cuatro sectores tan intensamente contaminados que han perdido el norte y hasta ignoran su misión y lugar en la democracia. Para que España se regenere y sea un país democrático y decente, donde la prioridad sea el bien común y no el beneficio de los poderosos y el interés de los grandes partidos políticos, las cuatro profesiones contaminadas deben refundarse y regenerarse de manera especial, con una reeducación profunda de sus miembros, que deberán aprender cosas tan elementales como que el poder, en democracia, reside en el pueblo, que el ciudadano es el soberano del sistema, que la democracia es el reino de la verdad y de la luz, que el bien común debe presidir todos los procesos de toma de decisiones, que los poderes básicos del Estado deben ser independientementes, que los seres humanos nacen iguales y que la justicia, la libertad y la decencia son los valores supremos del sistema.

Voto en Blanco


Jueves, 21 de septiembre

BUSCAR

Editado por

Síguenos

Hemeroteca

Septiembre 2017
LMXJVSD
<<  <   >  >>
    123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930