Voto en Blanco

España: la hora de los periodistas y de los jueces

Ante el drama de la España corrupta y decadente, la Historia otorga el protagonismo a periodistas y jueces y los coloca en la primera fila, como vanguardia de la regeneración.

El sistema ha fracasado en España. El hedor que expelen los partidos y el sector público lo inunda todo. La corrupción es el fracaso de la democracia y la corrupción, inoculada desde el poder político, ha infectado a la sociedad española hasta el tuétano. Pero la corrupción no es el único drama de la mal llamada "democracia española". También han fracasado sus dos pilares principales: la confianza y el respeto. Cuando todos están envueltos en la danza corrupta, de nada vale la alternancia. La única esperanza y la única salida del demencial laberinto español es que jueces y periodistas den un paso al frente y empleen su enorme poder en regenerar la democracia.

De los partidos políticos, principales causantes del daño y la parte más infectada de todo el sistema, no puede esperarse ningún impulso regenerador. Los partidos son el problema, no la solución. Esas formaciones, nacidas para estimular la participación ciudadana, se han apoderado del Estado y se han transformado en grupos más o menos mafiosos que anteponen el poder y los propios intereses al bien común, lo que ha degradado lo público y contaminado la sociedad, hasta convertirla en una cloaca donde germinan la corrupción, el clientelismo, la arbitrariedad, el abuso de poder y el despilfarro. En consecuencia, los partidos políticos son lo primero que hay que eliminar y refundar para que España vuelva a tener sentido como proyecto común.

Los jueces españoles deben utilizar el bisturí como lo hicieron sus colegas italianos con la "Tangentópolis", al principio de la década de los noventa, extirpando aquel planeta político degenerado y corrupto, dominado por la Democracia Cristiana y el Partido Comunista, con los socialistas de Bettino Craxi como acólitos especialmente corrompidos.

Como ocurrió en Italia, los jueces españoles deben actuar cuando contemplan el desamparo del pueblo y descubren que el sistema únicamente puede regenerarse si centenares de corruptos entran en la cárcel y si miles de políticos fracasados son obligados a jubilarse y dejar espacio a una nueva hornada de dirigentes honrados que permitan ser controlados y tutelados por el verdadero poder en democracia: los ciudadanos.

La prensa debe volver a ser libre y crítica y recordar que su primer deber es propagar la verdad, aunque esa verdad implique retirarle el apoyo y el sostén a los que, desde el poder público, alimentan a las empresas periodísticas con dinero y privilegios. Privado del apoyo popular, del respeto ciudadano, al poder político sólo le queda el apoyo de los medios de comunicación para mantenerse en pié. Sin el sostén artificial e interesado de los medios de comunicación, el actual sistema político español, corrompido y degenerado, se derrumbaría como una torre de barro.

Al ocultar sus lacras y miserias, al silenciar el protagonismo de los políticos en el fracaso y destrucción de la sociedad y al exhibir a los actuales dirigentes como si fueran héroes, en lugar de desvelar sus fracasos, torpezas, errores y culpas, los periodistas y los medios de comunicación se han hecho cómplices del desastre y merecedores del desprecio ciudadano.

Ha llegado la hora de la rectificación y de que jueces y periodistas cumplan sus deberes para con la democracia.

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El poder tiene fotofobia

Francisco Rubiales

Ayer impartí una conferencia sobre "Periodismo, democracia y control del poder público a través de la comunicación", en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, en la que defendí que en España no funciona ni una sóla de los reglas y leyes básicas necesarias para que existe democracia. Intenté demostrar que todos los cerrojos y controles de la democracia han sido violados y que el sistema que nos gobierna es una oligocracia que no merece respeto alguno y frente al cual los ciudadanos deben oponerse y ejercer presión cívica para obligar a los políticos a ser demócratas.

Analicé, uno por uno, el estado de los siete grandes cerrojos que, en democracia, tienen la misión de controlar al Estado y a encerrar sus tendencias opresoras en una jaula de acero. Analizamos la marginación del ciudadano, soberano del sistema (primer cerrojo), la nula defensa activa de los derechos fundamentales del ser humano (segundo), la violación de la regla que exige división e independencia en los poderes básicos del Estado (tercero), las elecciones universales, que no son libres sino mediatizadas y controladas por los partidos políticos (cuarto), la configuración de un Estado de Derecho con leyes impuestas en lugar de asumidas por todos y que en lugar de ser iguales para todos son desiguales y parciales (quinto), el escandaloso desequilibrio existente entre las esferas pública y privada, con una sociedad civil acupada y sometida por el poder político (sexto) y la inexistencia de una prensa libre e independiente, al servicio de la democracia y garante de las libertades a informar y a ser informados verazmente (septimo).

La terrible conclusión final fue que cada uno de esos sellos había sido violado precisamente por quienes tienen en democracia el deber de custodiarlos: los partidos políticos y los representantes del pueblo.

Los expliqué a los estudiantes que, probablemente, de los siete sellos que, en democracia, encierran al monstruo del Estado en una jaula de acero, el más eficaz de todos, en el siglo XXI, es el de la existencia de una prensa libre, independiente y vinculada a la verdad, porque los poderes tienen fotofobia y el periodfismo aporta luz y taquígrafos a la política, a la convivencia y a la democracia, impidiendo corrupciones, abusos y traiciones y desmanes.

Juntos, llegamos a la conclusión de que ninguno de los grandes escandalos que han visto la luz en las dos últimas décadas de la Historia de España habrían sido conocidos y alcanzado el nivel de escándalos si no hubieran sido aireados por los medios de comunicación.

Les expliqué a los alumnos que es falso lo que dicen los políticos de que la antítesis de la democracia es la tiranía. Esa es una afirmación falsa porque no se atreven a decir la verdad: que lo contrario a la democracia es justo lo que ellos han creado, la oligocracia, que suele ser una oligocracia de partidos (partitocracia) y de políticos profesionales.

Al final llegamos a la conclusión de que la fotofobia del poder es tan intensa, que si únicamente funcionara la prensa libre y veraz, aunque hubieran sido violados todos los demás cerrojos, todavía quedaría algo de esperanza y el corazón de la democracia seguiría latiendo. El pánico del poder ante la luz de la verdad y su baja tendencia a operar en la oscuridad y el engaño hacen de la prensa libre el mejor antídoto contra las tendencias totalitarias y opresoras del poder público.

Pero constatamos con dolor que el periodismo en España, salvo pocas excepciones, ha sido comprado o sometido, con el agravante de que muchos periodistas se han sometido voluntariamente, en espera de ser recompensados por el poder. En las tertulias y análisis, la mayoría de los periodistas defiende a los suyos o interpreta la actualidad desde la óptica del partido en el que milita o al que sirve. Los periodistas independientes y libres, capaces de cumplir con el deber de fiscalizar a los grandes poderes (no solo al poder político), cada día más escasos y están cada vez más debilitados y acosados por la oligocracia.

Otras conclusiones paralelas fueron que en España se puede comprar impunidad en la mayoría de los medios a cambio de inversión publicitaria y que el panorama del periodismo español está dramáticamente corrompido, con nueve de cada diez periodistas alejados del concepto de "verdad", transformados, voluntaria o involuntariamente y con más o menos intensidad, en "policías del pensamiento", en "agitadores de masas", en "correas de transmisión del poder", en "propagandistas" o en cualquier otra cosa, salvo en lo que deberían ser en democracia: gente férreamente vinculada a la verdad, aliada de la democracia y de los ciudadanos, garantes del derecho a informar y a ser informados verazmente, insurrecta frente a los abusos del poder e indomable frente a la corrupción, la desverguenza y el antidemocrático comportamiento de muchos miembros de las castas poderosas que se han apoderado del Estado.

Al final hubo ovación, emoción y unos hermosos y efímeros sentimientos de felicidad colectiva porque las ideas de libertad y de resistencia frente a la opresión y el abuso, ideas que siempre hicieron progresar a la sociedad y que convirtieron en digna y noble a la raza humana a lo largo de la Historia, avanzaron unos centímetros en una pequeña aula de una universidad sevillana, en la tarde-noche cálida de un martes y trece de octubre.

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Voto en Blanco: Cerramos en agosto

02.08.09 | 10:28. Archivado en Medios de Comunicación, Democracia

Cerramos en agosto, por vacaciones, pero volveremos en septiembre con las baterías cargadas.

Voto en Blanco sigue alerta, promoviendo la regeneración en la postrada España, atento a los desmanes del poder y analizando la realidad para aportar lucidez, libertad y crítica democrática a sus lectores y para cumplir nuestra misión democrática de fiscalizar a los grandes poderes, a través de la información independiente, la verdad y la crítica.

Existen casi cinco mil artículos en nuestros archivos, disponibles para todos aquellos que deseen darse un baño de libertad en agosto y acceder a una imagen veraz y no manipulada de nuestro mundo. Utiliza el sistema de búsqueda de Voto en Blanco durante estas vacaciones y lee informes y análisis sobre gobierno, economía, política, medios de comunicación, justicia, poder y las innumerables modalidades de corrupción, despilfarro y abuso que protagonizan nuestros partidos políticos y nuestra deplorable casta dirigente.

Usted puede, también, aportar sugerencias, denuncias e ideas. Las agradecemos, las analizaremos y las responderemos al regresar.

¡Buenas vacaciones!

F. Rubiales

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¿Democracia en España? ¡Anda ya!

Si algo es científicamente evidente en la política española es que tras la muerte de Franco no se instauró la democracia, como se dijo, sino que un nuevo régimen sustituyó a otro que estaba agotado y un sistema autoritario anticuado cedió su sitio en la cúspide a otro régimen más modernizado, pero igualmente autoritario, capaz ahora de engañar mejor y de fingir democracia. Las élites que mandaban con Franco siguieron mandando, aunque tuvieron que cambiar de ropaje y de discurso. Por eso casi todos los socialistas y peperos que mandan hoy son hijos de antiguos falangistas o de grandes empresarios o funcionarios del Franquismo.

La democracia no es el resultado de unas votaciones, sino un sistema y una cultura de respeto y convivencia que permite discrepar en armonía y en paz. Eso sí, tiene una reglas inamovibles sin las cuales el sistema no existe. Hay seis o siete importantísimas y ni una sóla de ellas se cumple en España:

--Separación de poderes básicos del Estados (Los poderes están ocupados por los partidos, que hasta se permiten la desvergüenza de nombrar a los altos magistrados)

--Los ciudadanos eligen libremente a sus representantes (son los partidos los que eligen, gracias a las listas cerradas y bloqueadas, mientras que al ciudadano se le ha arrebatado ese derecho, clave de la democracia)

--El ciudadano es el soberano y protagonista del sistema (aquí está relegado y marginado de los procesos de toma de decisiones e influencia. Sólo se le convoca para votar, sin que sus criterios sean tenidos en cuenta)

--El imperio de la ley, igual para todos (En España, como dijo el ministro Bermejo, la ley se aplica "según convenga a la jugada", de manera magmánima y suave para los amigos y de manera rigurosa y hasta letal para los adversarios)

--Una sociedad civil fuerte e independiente que sirva de contrapeso al Estado (En España la sociedad civil está ocupada por los partidos, que controlan hasta los santuarios más sagrados de esa sociedad civil, desde los sindicatos a los medios de comunicación, sin olvidar universidades, religiones, dundaciones, asociaciones y hasta empresas. En España, la sociedad civil está en estado de coma)

--Una prensa libre y crítica, capaz de fiscalizar a los ´grandes poderes (En España, los medios están sometidos a los grandes poderes y no cumplen la misión que la democracia les encomienda de servir a la verdad, cueste lo que cueste, criticando y fiscalizando a los grandes poderes, sobre todo al poder gubernamental, que necesita ser criticado para frenar sus tendencias autoritarias).

En fin, podríamos seguir enumerando carencias que hacen de nuestro sistema una vulgar e indecente tiranía de partidos políticos fuera de control y hablar de corrupción, de mentiras institucionalizadas, de poder irrefrenado e irrefrenable de los partidos, de despilfarro, de descontrol de lo público, de arrogancia del poder, de un Estado hipertrofiado, enfermo de obesidad mórbida, que no para de crecer, de contratos públicos trucados, de urbanismo ilegal, de políticos deslegitimados que empiezan a ser odiados por una población (sobre todo en sus sectores más cultos) que ya empieza a descubrir el gran engaño, etc., etc.

Lamentamos tener que decirlo, pero a los muchos inocentes demócratas españoles que siguen creyendo que viven en democracia les conviene una buena cura de realismo crítico para que asuman de una vez la verdad: que estamos dominados por una tiranía de partidos con disfraz de democracia.

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La clase política española es rechazada en las encuestas

El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sitúa a los partidos políticos españoles como la quinta preocupación de los ciudadanos, un dato que pone de relieve el desprestigio de la clase política y una inquietud creciente ciudadana ante la corrupción, el mal gobierno, el deterioro de la democracia, los privilegios de los políticos y su poder incontrolado.

Las cuatro primeras preocupaciones de los españoles son el paro, los problemas económicos, la inmigración y el terrorismo. La clase política aparece puntuada como problema sólo unas décimas por debajo del terorismo.

En el barómetro del mes anterior, los partidos políticos ya habían subido hasta el séptimo puesto de la lista, pero ahora aparecen en el quinto puesto, experimentando una subida sorprendente.

Este sondeo se basa en 2.482 entrevistas personales y domiciliarias realizadas en 234 municipios de 48 provincias entre el 4 y el 13 de junio y tiene un margen de error de más/menos 2 por ciento.

Hace sólo dos décadas, los políticos, junto con los periodistas, eran valorados y considerados como héroes por los ciudadanos, mientras que hoy aparecen en las encuestas como los más desprestigiados y rechazados, junto con los policías y los jueces, lo que refleja el profundo deterioro que ha sufrido la democracia española.

Un país que no respeta y rechaza a cuatro grupos profesionales que son los pilares indiscutibles del sistema democrático (políticos, jueces, policías y periodistas) es, sin duda, un país gravemente enfermo.

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Acertado mensaje de despedida de Losantos en la COPE

Federico Jiménez Losantos, cuya libertad informativa y descaro eran imprescindibles para regenerar la podrida democracia española, se ha despedido de la COPE con un mensaje de gran importancia: España no podrá ser nunca un país decente si no cierra antes con Justicia la herida del 11 M.

Los demócratas españoles le echaremos de menos, seguro, y le echará de menos todavía más la Iglesia Católica española, que, gracias a Federico y a César Vidal, ha demostrado valor en esta etapa y se ha sumado a las causas de la justicia y la libertad, aunque esas no hayan sido casi nunca sus banderas a lo largo de la Historia.

El mensaje de despedida de Federico Jiménez Losantos en la COPE tiene gran valor y alcance: España nunca será un país decente si antes no hace justicia en el asunto del 11 M, el atentado terrorista que abrió las puertas del poder al PSOE, con Zapatero como candidato, el más sangriento atentado terrorista de la historia de España, un drama nunca aclarado y envuelto todavía en un mar de sospechas, irregularidades y hedor a trampa y manipulación corrupta.

La democracia es un sistema que se basa en la confianza de los ciudadanos en sus instituciones y en su liderazgo. Hoy, esa confianza, imprescindible, se ha derrumbado y los políticos gobiernan el país despreciados y sin respeto por parte de la sociedad. Las encuestas demuestran que la clase política, junto con los jueces, los periodistas y los policías, son percibidos por los ciudadanos como los grupos profesionales más desprestigiados, corruptos y menos fiables, todo un drama para el sistema porque los gobernantes, los jueces, los periodistas y las fuerzas del órden público son piezas de valor crucial en la estructura democrática.

La ausencia de Justicia en el caso del 11 M tiene mucho que ver con ese hundimiento de la confianza ciudadana en España y con el pavoroso desprestigio de los grandes poderes. La historia demuestra que sin confianza y sin el reconocimiento ciudadano de los grandes poderes e instituciones, la democracia no es posible y queda sustituida por una dictadura más o menos legalizada por las urnas.

La sentencia de FJL al despedirse hoy de la COPE es grande, veraz y certera: España no podrá renacer, ni su sistema político, hoy podrido, podrá regenerarse, si antes no cierra con Justicia el drama del 11 M, un acontecimiento trascendental de nuestra historia que, inadmisiblemente, permanece envuelto en la sospecha, sin que sus grandes incognitas hayan sido resueltas:

¿Quién puso las bombas en los trenes?
¿Quién inspiró ese atentado?
¡Por qué se destruyeron las pruebas?
¿Por qué los que fueron señalados como culpables e inspiradores terminaron absueltos?
¿Tuvo algo que ver la ETA en el atentado?
¿Fue, como parece, corrupto e ineficiente el comportamiento de las fuerzas policiales?
¿Por qué se instruyó tan mal la causa del 11 M?
¿Funcionó la Justicia de manera independiente o se colocó, miserablemente, al servicio del poder político?
¿Hay algún tipo de inspiración política detrás del atentado?

Etc. etc.....

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La resurrección del periodismo libre (artículo recomendado)

Si los periodistas hiubieran hecho sus deberes, las democracias no estarían podridas, la corrupción no habría infectado tan peligrosamente el tejido social y los ciudadanos no habrían sido expulsados de la democracia por partidos y gobiernos que, con una prensa libre y crítica, estarían sometidos a controles y nunca habrían podido alcanzar los escandalosos niveles de corrupción y arrogancia actuales.

Los periodistas no son los principales responsables del desastre mundial actual, pero sí son los principales cómplices de los dirigentes políticos mundiales, que son los grandes culpables. La agonía de la prensa libre y crítica permite que muchos dirigentes políticos del mundo, inmersos en la ineficacia y la corrupción, estén llavando a sus pueblos hacia el desastre.

El deterioro de las democracias y el poder excesivo de los partidos políticos y de las castas políticas profesionales están provocando la reacción de la sociedad y el auge de un movimiento que reivindica la libertad de prensa y el periodismo crítico como recetas contra la corrupción, el abuso del poder, la arrogancia y otros males actuales de la política.

En muchos países que se autoproclaman "democracias", sin serlo, los analistas y expertos señalan a la prensa y a los periodistas como grandes cómplices del poder político y como responsables, junto con los políticos y los jueces, del deterioro de la democracia y de la degeneración de los poderes públicos.

Surgen artículos y libros por todas partes en los que se reivindica la libertad de prensa y la necesidad de que el periodista fiscalice al poder. En esa linea se sitúan decenas de obras, entre las cuales pueden citarse "La Casta", escrito en Italia por los periodistas Antonio G. Stella y Sergio Rizzo, "Basta de Mentiras", de John Pilger, "Periodistas Sometidos, los perros del poder", de Francisco Rubiales, "El negocio del poder", Federico Quevedo y Daniel Forcada, y, sobre todas las demás, la trilogía "Milennium", del sueco Stieg Larsson, best seller mundial cuyo protagonista es un periodista ético y libre, dedicado a iluminar y destapar el mundo oscuro, totalitario y sucio que se oculta detrás de las fachadas de democracias tan avanzadas y reputadas como la de Suecia.

El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, definió recientemente la trilogía de Larsson como "un canto a la libertad de prensa".

Muchos gobiernos de las falsas democracias actuales olvidan que la libertad de información, además de garantizar la libertad de los periodistas a decir la verdad sobre cualquier asunto, por muy peliagudo que sea, garantiza sobre todo el derecho de los ciudadanos a ser informados con veracidad e independencia sobre todos los asuntos que le conciernen, para que puedan decidir correctamente.

Esa libertad de prensa, casi en extención porque los poderosos no quieren testigos incómodos ni investigadores libres que descubran sus fracasos y les impidan sus abusos y delitos, está siendo reivindicada en todo el mundo como la única terapia de eficacia probada para luchar contra la corrupción, el deterioro de las democracias, el abuso del poder y otros muchos males generados por una clase política que no está a la altura de las circunstancias y que, en muchos casos, está llevando a sus pueblos directamente hacia la pobreza, la derrota y el fracaso.

La mejor manera de expresar la importancia que tiene el periodismo libre y no sometido en las democracias quizás sea recordar algunos párrafos del libro "Periodistas sometidos, los perros del poder":

"Si los periodistas españoles hubieran hecho sus deberes, España no sería hoy una cloaca. Ante el miedo a que los ciudadanos conozcan sus fechorías, las ratas, asustadas, se habrían escondido en sus madrigueras. Pero sin auténticos periodistas que digan la verdad y denuncien los abusos y corrupciones del poder, los miserables se tornan impunes y tienen todo el campo libre para cazar."

"Si los periodistas hubieran hecho bien su trabajo en España, la democracia no habría sido asesinada por los partidos políticos y transformada en una oligocracia sin dignidad ni respeto."

“No hay un solo caso de periodista esclavo que sea recordado por la Historia, del mismo modo que tampoco merecen el recuerdo los militares cobardes o los médicos al servicio de la muerte. Que quede claro que los periodistas sometidos al poder sólo pueden esperar poder y dinero, pero nunca reconocimiento, honor o respeto.”

“La democracia es el único sistema que ha conseguido encerrar a los grandes poderes, sobre todo al insaciable poder del Estado, en una jaula con siete cerrojos. La prensa libre es el séptimo sello que cierra esa jaula.”

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"Periodistas Sometidos. Los perros del poder"

Si los periodistas españoles hubieran hecho sus deberes, España no sería hoy una cloaca. Ante el miedo a que los ciudadanos conozcan sus fechorías, las ratas, asustadas, se habrían escondido en sus madrigueras. Pero sin auténticos periodistas que digan la verdad y denuncien los abusos y corrupciones del poder, los miserables se tornan impunes y tienen todo el campo libre para cazar.

Si los periodistas hubieran hecho bien su trabajo en España, la democracia no habría sido asesinada por los partidos políticos y transformada en una oligocracia sin dignidad ni respeto.

El periodismo libre es la columna vertebral de la democracia, pero el periodismo sometido es el sostén de la tiranía. El periodismo español está enfermo porque hay demasiados profesionales que han renunciado a la independencia, que no propagan la verdad, sino la verdad del poder, que es muy distinta, y que se han sometido a cambio de dinero, privilegios o, lo que es todavía peor, en espera de ser recompensados por los poderosos. Aquellos periodistas que aportan luz, información independiente y verdad, son los guardianes de la democracia, pero los que se han sometido son "los perros del poder".

El libro "Periodistas Sometidos. Los perros del poder" (Editorial Almuzara, 2009), el último publicado por Francisco Rubiales, ha sido acogido con gran interés por políticos, periodistas y ciudadanos interesados en conocer con detalle la profunda crisis del periodismo en España, el sometimiento al poder de miles de periodistas y de redacciones completas, la agonía del periodismo libre, independiente y crítico y la rotura de la vieja alianza entre periodistas y ciudadanos, sin la cual la democracia deja de existir.

Es el tercer y último libro de la trilogía de pensamiento político que comenzó con “Democracia Secuestrada” (Almuzara 2005) y continuó con “Políticos, los nuevos amos” (Almuzara 2007).

El libro, con prologo del periodista y académico Luis María Ansón, estudia los orígenes del periodismo moderno, que nace vinculado a la democracia y a los ciudadanos libres, exalta la vinculación inquebrantable del periodismo con la verdad y la necesidad de que mantenga la independencia y la libertad necesarias para que informe y cree opinión con veracidad, critique y fiscalice a los grandes poderes, tareas indispensables para que funcione la democracia.

El ensayo analiza el fenómeno de los numerosos periodistas que rompen su alianza con la democracia y con los ciudadanos, abandonan el servicio a la verdad y se someten al poder a cambio de sueldos, concesiones y premios. Con abundancia de datos y argumentos demuestra que no es lo mismo difundir “la verdad” que "la verdad del poder" y sostiene que del mismo modo que la prensa libre es el pilar de la democracia, la prensa sometida es el pilar de la tiranía.

Tras repasar numerosos ejemplos de periodistas que fueron perseguidos e, incluso, asesinados por defender la verdad, el análisis concluye que aquellos que se alejan de la verdad para servir al poder deberían abandonar las asociaciones profesionales de periodistas para incorporarse a otras asociaciones distintas que congreguen a propagandistas, agitadores de masas, publicistas o policías del pensamiento.

Es un libro de gran interés que analiza el control informativo de los gobiernos, el sometimiento al poder de miles de profesionales, el auge de la policía del pensamiento, el valioso papel de Internet como proveedor de información veraz y crítica y la necesidad de reconstruir la alianza rota entre periodistas y ciudadanos para devolver la dignidad perdida a la política y regenerar la democracia.

En su prólogo, Ansón define el libro como “implacable” y “redactado con grave acento de verdad” y cree que “se hará referencia en las facultades de Ciencias de la Información” y permitirá reflexionar a los que trabajamos en esta profesión y a muchos otros que se mueven en los entornos de la política y la información.

El autor cree que el libro interesa de manera especial a los informadores que se mueven por Internet, en especial a los blogueros, para que tomen conciencia del valor y la importancia del trabajo que están realizando como modernos generadores de información y opinión.

En la contraportada del libro se destacan dos párrafos:

No hay un solo caso de periodista esclavo que sea recordado por la Historia, del mismo modo que tampoco merecen el recuerdo los militares cobardes o los médicos al servicio de la muerte. Que quede claro que los periodistas sometidos al poder sólo pueden esperar poder y dinero, pero nunca reconocimiento, honor o respeto.”

La democracia es el único sistema que ha conseguido encerrar a los grandes poderes, sobre todo al insaciable poder del Estado, en una jaula con siete cerrojos. La prensa libre es el séptimo sello que cierra esa jaula.”

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El "Voto Nulo de Reproche" (artículo recomendado)

Los acontecimientos de los últimos días en España, desde el lamentable debate del Estado de la Nación, donde se escamoteó la verdad a los ciudadanos y se ocultaron dramas como la inseguridad ciudadana, la muerte de la democracia, la desconfianza, la pobreza creciente, la corrupción y el fracaso de la Justicia, entre otros, y el bochornoso espectáculo de la pitada de los independentistas vascos y catalanes al himno nacional y a los monarcas, sin olvidar la vergonzosa "censura franquista" practicada por Televisión Española, obligan a los demócratas españoles a reaccionar con dignidad en defensa de la nación con un duro reproche al mal gobierno y a la casta política que nos conduce hacia el fracaso como pueblo.

Estamos en contra de la partitocracia, pero la apoyamos cuando votamos a uno de sus partidos políticos. Luchamos contra la corrupción y la ineficiencia, pero las fortalecemos cuando depositamos nuestra papeleta electoral en favor de un candidato. Usamos la papeleta como un cuchillo y castigamos el mal gobierno eligiendo a otro partido que, probablemente, lo hará igual o peor. ¿Cuantas veces la sociedad y su diversidad de instituciones nos han planteado verdaderas encrucijadas trucadas, dilemas inmorales que llevan siempre al error, sea cual sea la opción elegida? ¿Cuantas veces hemos caído en la trampa, eligiendo lo que creíamos era el menor de los males? ¿Se puede ser medianamente honrado o moderadamente corrupto? ¿Acaso todavía no ha llegado la hora de decir "No" a la indecencia cuando votamos, en el único momento de poder que nos queda como ciudadanos?

Hemos reflexionado durante más de un mes, hemos realizado consultas y debatido el asunto en varios foros antes de llegar a la conclusión de que los demócratas españoles que nos sentimos indignados con la partitocracia, la ineficacia y la corrupción del poder político debemos castigar a los partido políticos con un Voto Nulo de Reproche (VNR) en las próximas elecciones europeas.

A muchos de nosotros nos resulta doloroso renunciar al "Voto en Blanco", impecable y democrático, pero lo hacemos ante las próximas elecciones europeas convencidos de que, en las actuales circunstancias críticas que vive España, es necesario un voto más duro y una condena más directa y explicita de la degeneración política y de la antidemocracia reinantes.

El VNR es una opción que cumple con todos los requisitos democráticos: castiga a la partitocracia, no renuncia al ejercicio del sufragio universal, un derecho ganado con sangre por los demócratas a lo largo de la Historia, y castiga a los partidos políticos, pero no de manera ambigua e inexpresiva, sino incluyendo en la papeleta un claro y contundente mensaje de reproche a los políticos.

La opción consiste en depositar en el sobre oficial y en la urna una papeleta en la que, previamente, se habrá escrito en mensaje de reproche a la casta política, algo así como "¡No a los políticos corruptos!" o "Zapatero, al paro tu primero" o "¡Habéis asesinado la democracia!" o "¡Decimos NO a vuestra Oligocracia!". Hay mil opciones más y todo el espacio libre para la creatividad y para la expresión de nuestra indignación y rabia ante el antidemocrático y poco ético rumbo de la política española.

Ese voto será computado como Nulo, pero será también portador de un mensaje concreto de condena. Cuando veamos los votos nulos contabilizados, comprobaremos el alcance del reproche. Vale cualquier mensaje, con tal de que contenga un reproche. Este blog se ofrece para publicar vuestras sugerencias y estamos seguros de que otros muchos blogs democráticos también apoyarán la nueva opción y se ofrecerán para publicar esos mensajes.

El Voto Nulo tradicional, el que se contabiliza cuando se introduce una papeleta en blanco o con tachaduras, no expresa nada y puede ser interpretado por los políticos como un error del votante. Sin embargo, el Voto Nulo de Reproche es un mensaje claro y evidente de protesta y rechazo, que no deja lugar a dudas, a una clase política a la que no consideramos ni democrática ni digna de representarnos.

El Voto Nulo de Reproche está cargado de tradición democrática y ha cosechado grandes éxitos en el pasado. En algunas ocasiones, personajes como el "Pato Donald" casi obtuvieron la mayoría y en otras citas electorales, los gobiernos ineptos y corruptos sintieron vergüenza ante la lluvia de reproches ciudadanos depositados en las urnas.

Votaremos con un "reproche" porque los políticos no han sido capaces de solucionar ni uno solo de los grandes problemas de nuestra sociedad: empleo, desigualdad, justicia, pobreza, inseguridad, convivencia, etc. y por muchas razones más entre ellas porque los ciudadanos han sido expulsados de la política, porque la corrupción anida en el corazón del Estado, porque los partidos políticos son insaciables en su poder, porque la sociedad civil ha sido ocupada por los partidos, porque la democracia ha sido asesinada y suplantada por una partitocracia que no queremos, porque el gobierno miente y la oposición, también, porque la Justicia es arbitraria, porque hay cientos de miles de enchufados, amigos del poder, familiares y asesores inútiles cobrando del erario público, muchos de ellos sin ni siquiera trabajar, porque muchos políticos se han hecho arrogantes, porque despilfarran el dinero escaso, porque han decidido endeudar a las próximas generaciones de españoles, porque lo único que saben fabricar es desempleados y pobres, porque el poder beneficia a los amigos y aplasta a los enemigos, porque la impunidad de los políticos se ha convertido en norma del sistema, porque queremos un mundo mejor y más limpio... y por mil motivos más.

Invitamos a los lectores de Voto en Blanco y a los blogueros amigos que coincidan con nuestro análisis a que se sumen a la opción democrática y recomienden el VNR para las próximas elecciones europeas.

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¿No es ya la COPE "una bendición de Dios"?

24.04.09 | 18:07. Archivado en Medios de Comunicación, Política, Religión, España

Hace poco, la COPE era considerada como una "bendición de Dios" por gran parte de la alta jerarquía católica española, según declaró el cardenal de Sevilla, Carlos Amigo, precisamente porque sus opiniones eran un contraste democrático y un baluarte de la disensión y la libertad de expresión en España. Hoy, esos conceptos parecen abandonados, a juzgar por la expulsión de Federico Jiménez Losantos, que es el principal activo de la cadena de radio católica española.

Aunque a veces sus críticas sean duras y dolorosas, la realidad ha demostrado que eran ciertas. Aunque sus informaciones hayan escandalizado a muchos, la COPE, pese a quien pese, es hoy una pieza imprescindible de la democracia española, sin la cual la sociedad española se encontraría más indefensa y sin contrapeso ante un gobierno demasiado poderoso.

El cardenal de Sevilla, Carlos Amigo, supo ver, en marzo de 2006, el núcleo de la cuestión cuando, entrevistado en la "Cuatro", justificó y bendijo el trabajo de la COPE ante las preguntas "insidiosas" del periodista Iñaki Gabilondo, sometido al poder e icono mediático de los socialistas españoles: "la COPE es una bendición de Dios", dijo el cardenal, tras advertir del peligro de tener un país con "un gobierno único, medios de comunicación únicos y pensamiento único".

Ciertamente, sin la COPE, la democracia española, ya bastante degradada porque los gobiernos y los partidos invaden y ocupan el Estado, infiltran y mediatizan los poderes básicos y acumulan un poder desmedido, que carece de los más elementales controles ciudadanos, sería todavía menos democracia.

A los "esclavos" del poder, a los muchos que se benefician de la militancia política y a sus fanáticos "hooligans", carentes de capacidad crítica y defensores "hasta la muerte" de los suyos, les molesta la crítica, pero si leen los clásicos y se documentan en lo que es la democracia tendrán que admitir que, sin oposición y sin medios de comunicación capaces de ejercer la crítica y de influir, el Estado, privado de controles y contrapesos, tiende a hacerse totalitario.

En España fallan casi todos los presupuestos necesarios para que exista democracia: las elecciones están mediatizadas por esas listas cerradas y bloqueadas que impiden a los ciudadanos elegir libremente; los poderes básicos (ejecutivo, judicial y legislativo) carecen de independencia y están controlados o asediados por los partidos; la mayoría de los medios de comunicación están bajo control de los grandes poderes; la sociedad civil está agonizante; el Gobierno actua al margen de la opinión pública y, a veces, en contra de la opinión mayoítaria, etc.

En esa situación de intenso déficit emocrático, la existencia de un medio como la COPE, capaz de contrarrestar la enorme preponderancia de los medios progubernamentales, de irritar al todopoderoso poder político y de desvelar y denunciar sus mentiras, manejos, privilegios, trampas y traiciones, representa una garantía democrática (o una "bendición de Dios, dicho en términos católicos).

En una situación española marcada por el profundo déficit democrático, la corrupción, el poder incontrolado del gobierno y de la clase política y la marginación de los ciudadanos y de la sociedad civil frente al poder político, resulta de gran importancia que la Iglesia católica española, que también sufre el acoso gubernamental, se alie con los demócratas, las libertades y los derechos cívicos .

Ese apoyo de la Iglesia a la regeneración democrática y a las libertades y derechos fundamentales en España era también el camino hacia la propia regeneración de una Iglesia envejecida y adormilada que perdía constantemente fieles e influencia en la sociedad. Cuando parecía que el catolicismo español había encontrado su ruta hacia la "resurrección" y abrazado la causa de la regeneración y la recuperación de los valores, nos sorprende ahora el paso atrás del "desarme" de la COPE, su principal tribuna de influencia.

¿Error o traición de una jerarquía católica española cuyo mayor pecado histórico ha sido haberse alineado demasiadas veces al lado de los poderosos, abandonando el bando de la justicia y la decencia?

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Periodistas, ¿pilares de la democracia" o "perros del poder"?

19.04.09 | 19:44. Archivado en Medios de Comunicación

Los periodistas españoles, duramente golpeados por la crisis, están pidiendo a Bruselas ayudas urgentes, como las que se están concediendo a bancos y compañías automovilísticas, y lo hacen acogiéndose al argumento de que los periodistas somos "un puntal de la democracia europea".

Suena bien, pero el argumento es falso porque los periodistas sólo somos un "puntal" de la democracia cuando conservamos la independencia y ejercemos la función de fiscalizar a los grandes poderes, sobre todo a los gobiernos, pero no cuando nos sometemos al poder y ponemos la inteligencia y el trabajo al servicio de un gobierno o de un partido político.

Ante la caída de las tiradas, el hundimiento de la publicidad y el cierre de numerosos medios y redacciones, las principales asociaciones de periodistas de Europa, entre ellas la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), han escrito al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, y a los grupos políticos de la Eurocámara pidiéndoles que adopten medidas urgentes para defender a las empresas periodísticas, a las que califican de "puntal de la democracia europea".

El presidente de la Federación Europea de Periodistas (FEP), Arne Koening, urge a los políticos para que actuen "antes de que sea demasiado tarde".

Como periodista y miembro de la FAPE rechazo esa petición y considero injusto que las empresas periodísticas reciban dinero público para superar la crisis. Si el argumento es que la información es necesaria para los ciudadanos y para la correcta toma de decisiones de la sociedad, habría que considerar que únicamente es necesaria la información libre y no contaminada por la censura, la autocensura o los intereses de los poderosos. Además, en Internet existe hoy más información libre, independiente y contrastada que la que ofrecen la mayoría de los medios tradicionales en crisis. Creo que los periodistas tenemos el mismo derecho que los camioneros, los electricistas, los hoteleros, los abogados y otros profesionales y gremios a recibir ayuda urgente ante la crisis, pero ni un gramo más. Otorgar preferencia a las empresas peridísticas en esta coyuntura seria injusto, discriminatorio y un abuso de poder más que se agregaría a los muchos que el poder ya practica con los medios afines que se someten y silencian lo que el poder no quiere que se sepa. A esos medios sometidos, el poder político ya beneficia con publicidad, concesiones, información confidencial y por otros caminos, todos ellos discriminatorios y antidemocráticos.

Tal vez Durao Barroso debería saber que los periodistas solamente son puntales de la democracia cuando son libres y conservan su capacidad crítica, cumpliendo con celo su misión democrática de fiscalizar a los grandes poderes, pero que se convierten en todo lo contrario, el elementos "nocivos" para la democracia, cuando se someten al poder o ponen su trabajo y talento al servicio de un gobierno o de un partido, renunciando a la independencia y a la critica.

Las estadísticas demuestran que más de la mitad de los periodistas europeos trabajan, directa o indirectamente, para alguno de los grandes poderes, generalmente para el poder político, poderes a los que no fiscalizan ni critican, mientras otros muchos practican la autocensura, renunciando a criticar a los poderosos por miedo o porque esperan recibir recompensas.

Ese comportamiento no es de periodistas democráticos sino de auténticos "perros del poder", de gente que ha renunciado a la independencia y a la criçitica para actuar como "policía del pensamiento".

En países como España, donde el poder político es abrumadoramente dominante, casi la mitad de los periodistas trabajan ya, directa o indirectamente, para el poder político.

Esos periodistas sometidos y ajenos a valores que son imprescindibles en la profesión, como la adhesión a la verdad, en lugar de recibir ayudas de la Comisión Europea, deberían ser señalados como adversarios de la democracia o, al menos, dejar de ser considerados periodistas para que engrosen las filas de los publicistas, los propagandistas o los agitadores de masas.

Voto en Blanco

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El alma de la crisis: nadie se fía de nadie;

La más espantosa recesión económica que se recuerda lleva casi dos años destruyendo la prosperidad mundial y el problema sigue siendo una crisis de confianza. Todos dicen, con razón, que la confianza perdida es la clave del drama. Lo dicen Obama, Sarkozy, Ángela Merkel y hasta Zapatero. Los grandes expertos y economistas de prestigio llegan más lejos y reconocen que "nadie se fía de nadie" y que, mientras no se recupere la confianza en el sistema, seguiremos hundiéndonos.

La gran pregunta que hoy se formulan miles de expertos, estudiosos y thinks tanks en todo el mundo es ¿Cómo podemos recuperar la confianza?

Todos coinciden en la pregunta, pero lo sorprendente es que también todos coinciden en la respuesta, aunque son tan cobardes y tienen tanto miedo al poder que no se atreven a formular en público que la única manera de recuperar la confianza en este mundo desquiciado es que la Justicia castigue a los miles de personajes que nos han llevado hasta el desastre, empezando por los más poderosos. Sin el castigo ejemplar de los poderosos que nos han llevado a la ruina, la desconfianza seguirá reinando y el mundo se ira a pique.

Tienen que ser castigados los jefes de Estado y de Gobierno que hayan entrado en el cargo con una mano delante y otra detrás y hoy aparezcan en las listas internacionales de millonarios; los gobernantes que tenían el deber de controlar la limpieza de las finanzas y nunca lo hicieron, no sólo los ministros de Economía y Hacienda, sino también a los responsables de los organismos reguladores del mercado, que cerraron los ojos mientras los brokers y banqueros endosaban basura tóxica a los inocentes y confiados ahorradores; los consultores y expertos que auditaron balances enfermos y otorgaron la máxima calificación a la basura tóxica que circulaba por los mercados, infectándolos; los brokers y banqueros que crearon la basura para hinchar artificialmente sus balances y poder cobrar premios y bonus tan millonarios como inmerecidos; los dirigentes políticos corruptos que no saben cómo justificar su veloz enriquecimiento y a los que han convertido la mentira y el engaño como un sistema de gobierno, anteponiendo el poder y el privilegio al servicio y el bien común.

Cuando el pueblo los vea sentados en el banquillo y humillados, entonces volverá a confiar. Mientras tanto, con toda la razón del mundo, no volverá a creer en un sistema cuyo mayor problema es la indecencia. Mientras los ladrones de guante blanco sigan en libertad, blindados, impunes y millonarios, nadie se fiará de nadie. Mientras los impuestos ciudadanos se empleen para financiar coches de lujo y para retroalimentar a grupos terroristas, la gente odiará en secreto al sistema y lo considerará opresor e indigno. MIentras la misma ley se aplique según convenga al poder, la confianza permanecerá ausente.

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