El ministro Rubalcaba acaba de perder los nervios al ser interpelado en las Cortes sobre la falta de garantías que rodea al SITEL. Sin embargo, como afirma Esteban González Pons, SITEL es un juguete demasiado peligroso para que no esté ferreamente controlado por los jueces. "Es un sistema capaz de escuchar y grabar el cien por cien de las vidas del cien por cien de los españoles. SITEL no te graba la conversación, te graba la vida", afirma con razón el portavoz del PP, confirmando así las sospechas y miedos de los demócratas españoles, que no queremos que ese riesgo totalitario controlado por un gobierno poco fiable.
Si estuviera controlado por los jueces en todas sus fases, un sistema de espionaje avanzado como el SITEL sería tolerable, pero en manos de un gobierno poco fiable como el de Zapatero, el SITEL es un instrumento cargado de riesgo, que amenaza seriamente al ciudadano y es capaz de destruir la democracia.
Rubalcaba, para defender esa capacidad pública de espiar a cada español en sus conversaciones telefónicas, movimientos y uso de la informática, afirma que todo se hace bajo control judicial y ha mencionado al terrorismo y al narcotráfico como los enemigos que justifican el sistema de espionaje, ignorando que los ciudadanos españoles, en las encuestas, consideran ya a los políticos un problema mayor que los terroristas y los narcotraficantes.
En la reciente Conferencia Internacional de Conservación de Datos, celebrada en Madrid, el fiscal Pedro Martínez señaló en su ponencia que esta normativa “nos convierte a todos los ciudadanos en sospechosos, no diferencia entre personas honestas y delincuentes; por consiguiente, su objetivo no es controlar al delincuente, sino al ciudadano. Es pues una norma de control social como han denunciado numerosas asociaciones de derechos civiles”.
SITEL es un poderosísimo software de interceptación de telecomunicaciones que desarrolló Ericsson a petición del gobierno de Aznar, el cual sin embargo no se atrevió a implementarlo por las serias dudas que su encaje legal y constitucional suscitaba. Al gobierno de Zapatero, sin embargo, le faltó tiempo para ponerlo en marcha con la excusa de aumentar la eficacia en la persecución de los delitos.
Su implantación y uso está plagado de irregularidades, reales y potenciales, la primera en su propia raíz, pues se puso en marcha por medio de un vulgar reglamento, cuando por la naturaleza de la materia (derechos fundamentales) debería haberse regulado por ley orgánica, tal como manda la Constitución.
SITEL es un poderoso instrumento de control en manos del gobierno de turno que sólo es admisible en democracia cuando está controlado ferreamente por un sistema judicial fiable e independiente. En España, donde falla la confianza ciudadana en los políticos y donde la Justicia está polítizada hasta el tuétano, el SITEL es un arma totalitaria que podría ponerse al servicio de una casta o de un partido político y empleada para aterrorizar al ciudadano, para aplastar al adversario o para que un grupo político descontrolado pueda mantenerse permanentemente en el poder.
El fiscal Pedro Martínez, alarmado ante lo que el sistema de espionaje puede hacer, asegura que mediante estos datos de tráfico «se pueden saber los lugares por donde nos hemos movido durante el último año, con quién hemos hablado, dónde estaba nuestro interlocutor, cuánto tiempo duró la conversación, quiénes son nuestros amigos, nuestros clientes, los SMS que enviamos, a quién, las páginas web que visitamos, lo que descargamos, las compras que efectuamos por Internet, las operaciones de banca electrónica; en definitiva, nuestros gustos y preferencias podrán ser conocidas y analizadas».
El SITEL, por fin, ha llegado al Congreso, pero Rubalcaba, principal "controlador" del sistema, se ha limitado a acusar al PP de haberlo instalado y ha dicho que quienes deberían tener miedo de SITEL son los terroristas y los narcotraficantes, cerrando así el caso, sin otras garantías, sin más informaciones, sin expresar su voluntad de someter ese sistema espía al necesario control de los jueces.
Sin ese imprescindible control judicial y en manos de un gobierno que ha reconocido que aplica la ley "según convenga a la jugada", que ha demostrado con creces su capacidad de engañar, de mentir, de manipular y de ser arbitrario, en el que más del 60 por ciento de los ciudadanos, según las encuestas, han perdido la confianza, es un instrumento liberticida, un peligro mortal para la democracia y una amenaza directa para el ciudadano.
La gestión del secuestro del Alakrana por parte del gobierno español ha puesto en evidencia la incompetencia de Zapatero, su afición a la chapuza y, sobre todo, su tendencia a la opacidad, un rasgo preocupante en un gobernante europeo e incompatible con la democracia.
Despreciando el derecho fundamental del ciudadano a ser informado con veracidad, Zapatero compareció ante las cámaras para apuntarse el "tanto" político de la liberación de los secuestrados del atunero Alakrana, pero sin informar sobre los múltiples detalles oscuros de la operación.
Desde el principio, la operación ha sido opaca, sin que esa opacidad tenga nada que ver con la prudencia y discreción que requiere una negociación. El gobierno español parece ignorar que la democracia, más que un sistema de votos y de elección de representantes, es un sistema basado en la confianza y la limpieza en el que el derecha a informar y ser informado es fundamental. Un sistema opaco, sin transparencia ni verdad, es tiranía en estado puro.
La operación no estará finalizada hasta que no se aclaren las numerosas incógnitas del caso: ¿Que bandera llevaba el barco cuando fue apresado? ¿Quién y por qué se detuvo a los dos piratas y se trajeron a España? ¿Quién lo ordenó? ¿Quién pagó el rescate? ¿Se entregó dinero por error, como de ha dicho, a una facción pirata equivocada? ¿A que se debió el enfrentamiento entre la Audiencia Nacional y el gobierno? ¿Que significa lo que ha dicho el ministro de Justicia, de que el gobierno no paga "como tal" un rescate? ¿Qué le dijo Zapatero a los familiares de los secuestrados para que guardaran un silencio sepulcral? ¿Por qué se enfrentaron unos ministros con otros? ¿Qué se va a hacer con los dos piratas detenidos? ¿Existe el compromiso de liberarlos? ¿Vamos a tener que sufrir como pueblo la humillación de indultarlos? ¿Que hará el gobierno para que no vuelvan a secuestrar otra nave española? ¿Por qué no se embarcan militares españoles en los pesqueros, como ya han hecho otros países?
El propio Zapatero, exhibiendo un desprecio intolerable a la transparencia y a la verdad, parece que ha cerrado el caso afirmando eso de que "hemos hecho lo que debíamos", sin admitir error alguno, sin un atisbo de autocrítica.
Ni siquiera está claro el extraño incidente de los disparos realizados por la armada española a los piratas, ni se sabe si fue un montaje para salvar el honor ante la opinión pública o si simplemente se fue incompetente con el uso de las armas. No se sabe si tenían orden de no causar bajas. Tampoco se sabe que razones sustentan el malestar existente en el seno de las fuerzas armadas.
Quedan muchas más preguntas sin respuesta, además de flecos judiciales que sustanciar, responsabilidades políticas sin adjudicar y lecciones que aprender.
Aunque todavía falta distancia y demasiada información para realizar un análisis completo del asunto Alakrana, sí hay suficientes datos para afirmar que de todos los errores cometidos, el peor de todos no es la incompetencia del gobierno, ni la bisoñez de los ministros implicados, ni la preocupante mediocridad del liderazgo español, sino la opacidad demostrada, el miedo a la verdad y a la luz, una siniestra e inquietante afición a la oscuridad por parte de Zapatero y sus acólitos que nada tiene que ver con la democracia y que, desgraciadamente, apesta a raíces totalitarias, a tiranía camuflada.
El rescate ha sido pagado a los piratas y los secuestradores serán liberados. Muchos españoles están escandalizados ante la arbitrariedad y desigualdad en la Justicia. Los últimos tres meses, por la desmoralización y angustia política que han generado en la población, quizás han sido los peores de la democracia española, comparables a aquellos tiempos terribles de Felipe González, cuando FILESA, Roldán, los GAL y otros abusos inundaron España de hedor currupto.
Con su comportamiento en los últimos meses, el gobierno español ha convertido esta etapa en una de las peores de la moderna historia de España. pero el drama de España se convierte en tragedia si se analiza también el comportamiento de la oposición, que rivaliza con el del gobierno en antidemocracia, corrupción y suciedad moral.
La imagen de la policía exhibiendo esposados, como delincuentes ya condenados, a los detenidos sospechosos de los casos “Palma Arena” y Pretoria fue tan obscena y sucia que permite afirmar que el Estado de Derecho está siendo demolido en España. Igualmente lo ha sido el trato engañoso a los parados de larga duración, la concesión a un grupo de "amigos" de Zapatero la TDT de pago, todo un "regalo" arbitrario del poder, y la nefasta gestión del secuestro del atunero vasco Alakrana, hecho que demuestra la torpeza operativa de un gobierno de tercera división, que engaña a la opinión pública al ocultar que los somalies, con su piratería, se defienden del expolio impune de las costas de Somalia perpetrado por cientos de barcos de muchos países, protegidos por navíos y aviones de guerra.
La negativa del gobierno a luchar con decisición contra la corrupción y sus intentos de manipular a los medios de comunicaciín, transforma la política española en un desierto desolado, sin ética ni esperanza.
Pero la peor gestión del gobierno y la que más daño causa a España sigue siendo la de la crisis. Incapaz de responder con coherencia al desafío de la economía que se hunde, Zapatero ha permanecido escondido y más centrado en viajes y actuaciones internacionales que en asuntos domésticos, decidido a no dar su brazo a torcer y a no adoptar las medidas que la comunidad internacional y los expertos le aconsejan, entre ellas una reforma laboral que es urgente para que España vuelva a ser competitiva y medidas de estímulo al consumo, justo lo contrario de lo que logrará con su errónea subida de impuestos.
Ante el lento pero constante deterioro de la imagen del gobierno y la subida del PP en intención de voto, el gobierno de Zapatero no se resigna a perder el poder y parece dispuesto a retenerlo, incluso recurriendo a métodos más propios de dictaduras bananeras que de democracias adscritas a la Unión Europea.
El trato vejatorio dado a los presuntos delincuentes políticos del PP es muy diferente al que el gobierno otorga a los muchos delincuentes de su propio partido o de formaciones aliadas. Hace un año, también en Mallorca, Gonzalo Aguiar, de Unión Mallorquina, por un delito similar no fue esposado ni humillado en público, ni obligado a desfilar esposado, como se ha hecho con los sospechosos de corrupción del PP balear. En otros muchos casos de corrupción denunciados en las Islas Baleares, como los de Ibiza Centre, Can Domenge, La Piñata o Soms Oms, ni siquiera se produjeron detenciones, porque los señalados eran miembros del partido en el poder o aliados,
La sospecha de que se utiliza sin las debidas garantías judiciales el sistema de escuchas telefónicas y de Internet SITEL ha creado en toda la sociedad un lamentable estado de inquietud que inclina a pensar que el Estado de Derecho está siendo laminado en España. La acusación de Maria Dolores de Cospedal de que el SITEL ha servido para intervenir teléfonos de miembros de la oposición sin orden judicial es gravísima y, de confirmarse, colocaría a Zapatero en niveles de corrupción política similares a los de los peores tiempos del gobierno de Felipe González, cuando se produjeron escuchas ilegales, terrorismo de Estado (GAL) y casos espeluznantes de corrupción, como los de FILESA, Juan Guerra y Roldán, entre otros muchos.
El PP, cuyo nivel de corrupción está sorprendiendo y asqueando a los españoles, no ha presentado pruebas sobre las escuchas ilegales, quizás porque no las tiene, y probablemente utiliza esa grave acusación como cortina de humo para ocultar su corrupción interna, pero lo dramático es que esas acusaciones son creíbles en una España cada día más decepcionada, desquiciada y destrozada por su miserable clase política.
La inepta torpeza del gobierno español, que vuelve a quedar demostrada en el asunto del pesquero vasco Alakrana, secuestrado por piratas somalíes, está generando más descontento en la sociedad, más rechazo a los políticos y una sensación general de fracaso que, unida a los demoledores efectos de una crisis económica, también mal gestionada, y a la corrupción generalizada, desquician y deprimen a la sociedad.
Vivimos tiempos de indecencia y de vergüenza ciudadana en España. La necesidad de regenerar la política se vuelve obsesiva y crece junto con nuestras ganas de erradicar la corrupción y la indecencia de muchos de nuesttros líderes políticos. Son horas de lucha en las que los demócratas deben distinguirse por su capacidad de combatir. Si la sociedad española quiere salir de la crisis, regerarse y recuperar la senda de la prosperidad, lo primero que debe hacer es sacudirse el dominio de la cultura "progre" dominante y propiciar una política en la que el protagonista sea el ciudadano, no el Estado, y una cultura donde el mérito sea tenido en cuenta, se ensalce el esfuerzo y los auténticos valores, arrasados en la España actual, se recuperen y ocupen la cúspide de la pirámide.
Quien consiga escapar de la propaganda y del narcótico que desde el Estado se esparce por la sociedad, principalmente a través de los medios de comunicación, advertirá fácilmente que la España que han creado los "progres" dominantes es un verdadero desastre: la democracia ha sido sustituida por una oligocracia de partidos; los valores han sido suplantados por privilegios y derechos, muchos de ellos falsos y bastardos; el esfuerzo ha sido erradicado y la sociedad está bajo el control de políticos mediocres, muchas veces corruptos, cuyo obra maestra es haber eliminado al ciudadano libre para sustituirlo por semiesclavos fanatizados, incultos y capaces hasta de defender a los suyos hagan lo que hagan.
Esta España, obra de la "progresía" dominante es un país en declive que ocupa la cabeza del ranking europeo en los capítulos más vergonzosos y dramáticos: desempleo, pobreza, prostitución, alcoholismo, consumo y tráfico de drogas, baja calidad de la enseñanza, fracaso escolar, destrucción del tejido empresarial, deterioro de la democracia, desencanto con el fucionamiento de la Justicia, corrupción política, privilegios para los políticos, coches oficiales, tamaño desproporcionado del Estado, despilfarro, televisión basura y vertiginoso crecimiento de la inseguridad ciudadana, la desconfianza, la división, el odio y la desesperación.
Mientras los ciudadanos toleren que el dinero público sea despilfarrado por los políticos y se emplee injustamente en colocar y subvencionar a los amigos del poder, la España "progre" será una cloaca.
Los ciudadanos deben ser conscientes de que el primer deber de un demócrata español es sustituir la cultura del falso progresismo por un progreso verdadero, en el que la sociedad pueda crecer en valores, respeto, prosperidad y decencia, sin tener que someterse al sucio dominio de los que han minado las entrañas del Estado de corrupción y fracaso.
Por eso, además de expulsarlos del poder, utilizando para ello la fuerza de las urnas, que es el único poder que le queda al ciudadano en esta democracia degenerada, los demócratas deben despreciar y avergonzar a los que, con su actuación corrupta e inepta, nos han arrebatado los valores y el futuro.
El primer deber de un ciudadano libre es utilizar el voto para regenerar el sistema y crear una sociedad mejor. Pero no hay que esperar a que se abran las urnas para regenerar la sociedad. Al ciudadano, además del voto, le quedan otras muchas armas y recursos.
En la hora de las urnas, el demócrata debe apoyar a las formaciones políticas decentes y democráticas, aunque sean pequeñas y poco conocidas. Seguir votando a la derecha para castigar a la izquierda o votar a la izquierda para que no gobierne la derecha es perpetuar la partitocracia y arrojar más basura sobre el suelo de España. Si no se encuentran partidos dignos y merecedores de confianza, entonces se debe votar en blanco o depositar en la urna una papeleta que contengan una leyenda de reproche, algo así como "Delincuentes" o "Chirizos", para que la repulsa masiva inunde las urnas y los sinvergüenzas sientan en su pellejo todo el desprecio del pueblo.
Pero, además de utilizar el voto para regenerar la democracia, el ciudadano puede practicar erl boicot; puede manifestarse; puede reunirse para debatir, puede actuar como promotor del cambio político, social y cultural, puede practicar y difundir los valores y puede hacer sentir todo su desprecio y asco ante los que hoy, desde el poder político, nos conducen hacia el fracaso, la pobreza y la vergüenza.
En la práctica, puede apagar las cadenas de televisión autonómicas, innecesarios juguetes creados por los políticos para su propia gloria, apagar también las emisoras que se distingan por su sumisión al poder, por el servicio a la mentira y por la propagación de basura televisiva y modelos sociales repugnantes. Puede dejar de ver películas españolas, injustamente subvencionadas, a pesar de su baja calidad, solo porque los actores son amigos del régimen. Puede dejar de comprar periódicos sometidos. Puede escribir un blog, participar en blogs críticos solventes y aprovechar la fuerza de Internet para propagar la decencia y la democracia. Puede dejar de comprar productos de regiones españolas que se empeñan en ser superiores y en acumular ventajas insolidarias. Puede dejar de acudir a los actos públicos, donde muchos políticos ineptos e indecentes se exhiben ante las masas, apareciendo como héroes y logrando así ocultar su fracaso e incapacidad. Puede, también, realizar campañas regeneradoras, como colocar sobre las ventanas y balcones de sus hogares pancartas y carteles con leyendas de reproche o regeneración, como "Queremos políticos decentes" o "Que dimitan los chorizos" o "Desprecio para el poder político inepto"...
Algunas cosas cambiaron en México cuando, en los tiempos donde el PRI era la fuerza corrupta dominante, miles de mexicanos se manifestaron en el DF, por la gran avenida de Insurgentes, exhibiendo una gigantesca pancarta que decía "Que nos gobiernen las putas porque sus hijos han fracasado".
Para un ciudadano demócrata, lo importante es luchar por la demnocracia, con independencia de que esa meta se alcance o no. La democracia exige una lucha permanente por mantenerla limpia de sinvergüenzas y en España el ciudadano ha dormido durante tres décadas, permitiendo que el poder sea acaparado por demasiados mediocres, torpes y corruptos.
La feroz crisis multipolar que padece España tiene algunas facetas positivas: está convenciendo a los españoles de que no tienen una democracia sino una dictadura de partidos; esta abriendo los ojos de los ciudadanos para que vean la baja calidad de muchos de sus dirigentes, ineptos y poco solventes; está generando reacciones positivas en la sociedad, entre individuos libres y conscientes, decididos a luchar contra la corrupción del poder y por la regeneración de la política, la economía y la ética.
Ya lo dijo Honorato de Balzac: "En las grandes crisis, el corazón se rompe o se curte". En España, país donde grandes masas de ciudadanos tienen el corazón podrido por la propaganda política y por la división, fanatismo y odio que se estimula desde los partidos, la crisis está curtiendo a otros muchos ciudadanos y fortaleciendo el deseo de una patria mejor, que recupere el esfuerzo, el servicio y el sentido del bien común, tras erradicar la plaga de sinvergüenzas y parásitos que infectan el Estado.
Con una izquierda que no es demócrata porque nunca abandonó el leninismo y con una derecha que tampoco lo es porque se averguenza del liberalismo, España es un país sin ilusión ni horizonte político, una sociedad enferma de dos tipos de cáncer mortales: el mal gobierno y la desconfianza.
España se hunde cada día más, pero también aumenta a diario el número de ciudadanos conscientes de que están mal gobernados, que sus dirigentes no son de fiar y que es necesario refundar la democracia para hacerla auténtica y dotarla de los imprescindibles controles y cautelas que los políticos han dinamitado.
Conscientes de su pobreza de ideas y de su escasa fe en la democracia, los partidos se han dedicado a fabricar fanáticos y zombies, en lugar de propiciar la ciudadanía. Los políticos, especialmente los mediocres, saben que es más facil gobernar a un rebaño de esclavos engañados y sometidos que a una sociedad de hombres y mujeres libres.
El miedo al ciudadano libre, ese que participa en la política y toma decisiones, el que es incapaz de delegar la voluntad política, algo que es indelegable para un ser humano, es el gran pecado de los políticos españoles y de sus partidos. Porque prefieren una sociedad esclava y narcotizada que una sociedad libre, la enseñanza no tiene calidad en España y desde el poder no se hace nada por combatir nuestros peores males: el fracaso escolar, la droga, el alcohol, la prostitución, la corrupción, la delincuencia y otras lacras que envilecen al hombre y facilitan el dominio de los políticos.
La ciudadanía española es cada día más consciente de que son tan ineptos que es necesario erradicarlos.
Que te espíen y que violen tu intimidad es grave, pero que lo haga sin el preceptivo permiso de un juez y sin necesidad alguna un gobierno como el que preside Zapatero, habituado a mentir, poco fiable, escasamente democrático y sin la necesaria cobertura legal, eso ya es indignante para la ciudadanía española.
El Sistema Integral de Interceptación de las Comunicaciones Electrónicas (Sitel), que en estos momentos opera bajo el paraguas de una dudosa regulación, es otro signo que demuestra que la democracia en España es una quimera y que el sistema actual es un simple heredero directo del franquismo.
SITEL es el sistema que permite al Estado escuchar, sin autorización judicial, como es preceptivo en democracia, las conversaciones telefónicas de los ciudadanos a través del móvil y leer todos los mensajes intercambiados entre teléfonos.
Que el gobierno espíe a los ciudadanos siempre fue un abuso y un rasgo totalitario que provoca nauseas a los demócratas, pero quizás tuviera algún sentido en tiempos de la Guerra Fría, cuando el mundo estaba cuajado de espías y quintacolumnistas, dividido en dos bandos, el capitalismo y el comunismo, ambos armados hasta los dientes con misiles de múltiples cabezas atómicas. Sin embargo, ahora, cuando el enemigo mortal ya no existe, el espionaje de sus ciudadanos sólo demuestra que los gobiernos quieren controlar y oprimir a sus pueblos para mantener su poder. Sin otro objetivo que justificar sus abusos, privilegios y poderes especiales, los gobiernos inventan terroristas, pandemias y enemigos, cuando lo único que pretenden es desviar la atención del ciudadano, para que no centre su mirada en las injusticias y el avance de las desigualdades, el desempleo y la pobreza, espiándolos para mantenerlos bajo control y evitar que un día decidan rebelarse ante las corrupciones y la escasa democracia del sistema.
Para saber si existe o no democracia en una sociedad hay una ecuación infalible: si el gobierno teme a los ciudadanos, entonces existe democrcia, pero si son los ciudadanos los que temen al gobierno, entonces existe tiranía. En España, el gobierno no le tiene temor alguno al ciudadano y, en consecuencia, se permite todo tipo de abusos de poder y de invasión de la intimidad, como ocurre con SITEL, pero los ciudadanos cada día temen más a un gobierno cuyos miembros carecen de controles democráticos y se sienten prácticamente impunes e inmunes.
La última invasión de la intimidad y de la libertad de los ciudadanos en España está representada por la Ley 25/2007 de 18 de octubre, que establece que los operadores de servicios de telefonía móvil prepago deberán llevar un libro que registre la identidad de los clientes. Estos datos, según el Ministerio del Interior, pueden ser requeridos por orden de un juez con la finalidad de investigar delitos graves.
Casi la mitad de la población española utilizaba este sistema para comunicarse. Hasta el año pasado, tan sólo cinco millones se identificaron en el ministerio. Los que antes del 8 de noviembre no lo hagan, perderán inmediatamente la línea, con el coste que eso supone también para las operadoras.
SITEL tendrá capacidad para controlar el cien por cien de los teléfonos móviles españoles. El gobierno afirma que el sistema —implantado en Guardia Civil, Policía y Centro Nacional de Inteligencia— es utilizado únicamente por agentes facultados, pero lo cierto es que el gobierno, al eliminar el permiso judicial para espiar, ha burlado otra de las garantías democráticas que controlaban el poder del Estado y que proporcionaban respeto y seguridad al ciudadano.
SITEL es la penúltima violación de los derechos individuales en esta España donde cada día es más difícil encontrar un resquicio de democracia.
La Ley 25/2007 de Conservación de Datos, asegura que en la citada fecha tope (8 de noviembre) "los operadores vendrán obligados a anular o a desactivar aquellas tarjetas de prepago" no identificadas. La misma norma obliga a las compañías telefónicas a conservar durante un año todos los datos de tráfico (incluida la localización geográfica) tanto de los terminales fijos y móviles como de las IP de Internet o la telefonía por Internet.
El verdadero talante de Zapatero, arrogante y autoritario, aflora cada vez que el pueblo le planta cara. Ahora está despreciando a la mayoría de la sociedad española, que se opone a dos de sus inciativas: la ampliación de la ley del aborto y la subida de impuestos. Pero Zapatero es un experto en despreciar la opinión mayoritaria de los ciudadanos, que también se oponen a su despilfarro y que quieren un profundo plan de austeridad en el gobierno. Si la democracia es, como algunos afirman, "la voluntad de la mayoría", Zapatero es uno de esos enemigos de la democracia a los que en la Grecia clásica llamaban "oligarcas".
El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, se niega a ceder ante los casi dos millones de españoles que se manifestaron recientemente en Madrid contra la reforma de la actual ley del aborto, que lo facilita hasta el grado de permitir que las adolescentes de 16 años puedan abortar sin conocimiento de sus padres. Pero se niega también a retirar otras medidas de su gobierno que las mayorías rechazan, como la subida de los impuestos y el despilfarro de su gobierno en tiempos de crisis.
La decisión de Zapatero revela su verdadero talante arrogante, autoritario y antidemocrático, pues no hay peor pecado en democracia que gobernar contra la voluntad popular mayoritaria.
Sabedor de que gobierna en contra de la voluntad de la mayoría, Zapatero se niega a someter la reforma de la ley del aborto a referendum y engaña de nuevo al apoyarse en encuestas que reflejan no el apoyo a su reforma sino el apoyo de la sociedad al aborto.
Prefesional del engaño y político taimado, Zapatero desvía el núcleo del debate hacia el "aborto sí o aborto no", cuando lo que se discute en la España actual no es eso sino otra cosa muy diferente: si se apuesta por la vida o por la muerte, si se ayuda a las madres a que tengan a sus hijos y, si lo desean, lo den en adopción, o si se facilita, como quieren Zapatero y sus seguidores, la cultura de la muerte y el poder público empuja a las mujeres hacia el aborto.
Su reacción altiva ante la mayor manifestación de protesta cívica de la sociedad española desde la muerte de Franco demuestra que la "democracia" de Zapatero es un timo, como lo es también su falso talante dialogante y sonriente. En la hora de la verdad surge siempre el talante arrogante y autoritario de un político sin grandeza, nada democrático, decidido a imponer su voluntad a las mayorías y a dividir la sociedad española, enfrentandola de manera temeraria, siempre para mantenerse en el poder.
Felipe González se enfrentó en una ocasión claramente a la mayoría de los españoles, cuando, después de criticar a la OTAN, propuso la permanencia de España en la alianza, pero tuvo la decencia de convocar un referendum, defender sus tesis y someterse al electorado, que cambió de opinión y le apoyó. Aznar fue menos demócrata y abrió la espita de la arrogancia en el poder cuando implicó a España en la guerra de Irak, en contra del criterio de la mayoría, y cuando, en lugar de cumplir su promesa de regenerar la democracia, la prostituyó proponiendo al PSOE el nefasto Pacto por la Justicia, gracias al cual los partidos políticos violan hoy la independencia judicial y nombran jueces y magistrados en España. Pero el campeón indiscutible del enfrentamiento con las mayorías es Zapatero, que ha humillado la voluntad popular de los españoles en demasiadas ocasiones: al negociar con ETA, al negar la existencia de la crisis, al promover el Estatuto de Cataluña, al imponer una nueva ley sobre el aborto, al subir los impuestos, al despilfarrar los fondos públicos... y en un largo etcétera.
Con Zapatero, la burla a los criterios mayoritarios se ha convertido en una indecencia del sistema y en una clara manifestación de antidemocracia que, por salud pública, es necesario erradicar antes de que el mal se consolide y acabe con lo poco que queda de la democracia española.
Lo correcto en democracia es obedecer los deseos de las mayorías y, cuando el gobierno no está de acuerdo con esos criterios, someter la cuestión a referendum. Si lo gana, el gobierno impone su política, pero si lo pierde, debe dimitir. Así se comportan todavía algunas democracias occidentales, pero no la española, que constituye hoy una vergüenza mundial para el sistema de libertades y derechos.
En los últimos dieciocho meses, hasta junio pasado, Comisiones Obreras y UGT han recibido de las arcas públicas más de 295 millones de euros.
Los sindicatos españoles son los más financiados de toda Europa por fondos públicos, lo que los convierte en aliados y socios del gobierno y en organizaciones maniatadas, incapaces de criticar la política oficial, de oponerse a políticas que, como la reciente subida de impuestos, perjudican a los trabajadores, o de plantar cara con una huelga general, a la ruina de España, pilotada por el gobierno de Zapatero. UGT ha recibido más de 55 millones de euros en el segundo trimestre, mientras que CC OO ha cobrado más de 70.
Los dos grandes sindicatos españoles saben que el mercado laboral es demasiado rigido y que necesita una urgente reforma, pero no pueden admitirlo porque el gobierno no les perdonaría el gesto. También son conscientes de que la subida de los impuestos que impone el gobierno de Zapatero será perjudicial para la economía y el empleo, pero guardan silencio para no perder los muchos privilegios que el gobierno de Zapatero les concede.
Comisiones Obreras (CC OO) y Unión General de Trabajadores (UGT) han recibido en concepto de ayudas y subvenciones estatales, en el segundo trimestre del año, un total de 125,6 millones de euros, según el Boletín Oficial del Estado del pasado 28 de septiembre. Las ayudas, otorgadas por el Servicio Público de Empleo Estatal, tienen como finalidad declarada mejorar la formación profesional de los trabajadores, pero en realidad forman parte de la financiación de los sindicatos. Esta cantidad viene a sumarse a los más de 170 millones de euros que los dos sindicatos han recibido durante el pasado año y los primeros meses del presente, según adelantó LA RAZÓN en su edición del pasado 28 de septiembre, y sobre la base de los datos recogidos por el BOE.
Éstas son las cantidades que, grosso modo, cobran los dos sindicatos mayoritarios del Presupuesto para destinar, principalmente, a cursos de formación y actividades sindicales, independientes de los ingresos que perciben por las aportaciones de los afiliados.
Moratinos está en Cuba y se ha entrevistado con el dictador Raúl Castro, pero no con la disidencia, un capítulo que es siempre obligado en las visitas de cualquier país demócrata a la isla comunista del Caribe. Los disidentes cubanos, verdaderos héroes que resisten frente a uno de los estados más poderosos del mundo, se quejan de que la España de Zapatero bendice siempre a la dictadura cubana y jamás ha mostrado interés alguno por la democratización de Cuba y acusan a los ministros socialistas y a otros muchos visitantes de la izquierda española de sentirse muy a gusto con el gobierno opresor y represor de los hermanos Castro.
En su actual visita a Cuba, Moratinos, ministro español de Exteriores, se ha negado a entrevistarse con los disidentes demócratas cubanos, pero ha regalado a los dictadores de la isla un millón y medio de euros en dos días y prometido otros 35 millones de euros, dentro del capítulo de Cooperación Internacional, mientras se dispone a aprovechar la presidencia española de la Unión Europea para canalizar hacia Cuba ayudas y apoyos de toda la Unión. La España de los casi cinco millones de parados, muchos de los cuales sin subsidio ni ingreso alguno, financia y mima a los opresores de la isla caribeña, expresión elocuente del verdadero "talante", escasamente democrático, del gobierno de Zapatero.
Entre las muchas injusticias y desmanes del gobierno español que preside José Luis Rodríguez Zapatero destaca la tutela y financiación de la dictadura de los hermanos Castro en Cuba, un país que era el 1959 la tercera nación más rica del continente americano, pero que hoy, gracias al socialismo impuesto por la revolución castrista, se ha convertido en una dictadura sanguinaria y en uno de los países más pobres del mundo.
El poder de los hermanos Castro, sostenido durante cinco décadas por una legión de militares, policías y chivatos, ha convertido a Cuba en una revolución represora y en una gran prisión que funciona como el paraíso de todos los izquierdistas del mundo, interesados en mantener en el Caribe una especie de parque jurásico, que visitan como turistas oficiales y disfrutan de su clima, de sus mujeres y de los privilegios del poder.
Aunque el "régimen" cubano no lo admita, Cuba es hoy uno de los países del mundo donde el sexo es más barato y al que muchos turistas, oficiales y privados, acuden atraídos por el sexo fácil.
La crisis está golpeando a Cuba con especial rigor, hasta el punto de que el Congreso del Partido Comunista Cubano (PCC) que estaba en preparación ha quedado suspendido, entre otras razones porque los hermanos Castro no tienen argumentos para justificar el estado de pobreza y postración de su pueblo, que padece restricciones de alimentos y energía como nunca antes en el pasado.
Los hermanos Castro han demostrado durante cinco décadas su incapacidad para dirigir el país hacia la dignidad y la prosperidad, proporcionando a la población una vida de seres humanos. Prometieron unas elecciones libres a los 18 meses del triunfo de la Revolución (julio 1960), pero no cumplieron su promesa. Durante su mandato, el gobierno castrista sólo ha sabido incrementar el jineterismo, destruir activos (edificios, casas, terrenos agrícolas e industrias) y alejarse de todos los derechos humanos. Apoyados por el ejército y la policía más densos de toda América Latina, el Castrismo se ha apoderado del Estado y pretende mantenerlo bajo control a toda costa, incluso cuando mueran sus fundadores.
Ese sistema injusto y opresor, con las manos manchadas de sangre, cuenta vergonzosamente con el apoyo, la tutela y la financiación del actual gobierno de España, que presiona constantemente a las democracias europeas para que ignoren los desmanes castristas y ayuden con dinero y concesiones al siniestro régimen cubano.
La masiva manifestación de ayer en Madrid demuestra que los ciudadanos se están rebelando y quieren mandar. No se fian de sus dirigentes y consideran que la política, de la que dependen sus destinos, es algo demasiado importantre para dejarla en manos de políticos sin altura ni solvencia. El poder, convertido en "casta", se siente amenazado y reacciona considerando al ciudadano como enemigo, sustituyéndolo por una nueva "especie", la de los "BMT" (Botarates Manipulables Televidentes), incapaces de debatir, discernir, criticar y ser libres.
Más de un millón y medio de ciudadanos se rebelaron ayer en las calles de Madrid frente a un gobierno que desprecia el criterio de las mayorías y que, violando la democracia, quiere imponer una ley del aborto rechazada por la sociedad, sin atreverse a convocar un referendum que, sin la menor duda, perdería de manera humillante.
Ante la arrogancia del poder, que se impone ilícitamente a la voluntad popular, muchos ciudadanos, decepcionados ante el mal gobierno, ya no se fian de los políticos y quieren tomar el poder. A lo largo del siglo XX han comprobado que el mal gobierno ha llevado a la Humanidad hasta niveles de infamia intolerables, con Estados capaces de generar la guerra, los gulags, los hornos crematorios y otros mil métodos para acabar con la libertad. Tan sólo en el siglo XX los gobiernos han asesinado, a sangre fría y en las retaguardias, a más de cien millones de ciudadanos. Ahora, en el siglo XXI, muchos hombres y mujeres libres creemos que la política es algo demasiado importante para dejarla en manos de los políticos y sentimos el deber de regenerar la democracia y de erradicar a unos representantes e intermediarios que se han vuelto demasiado arrogantes e inútiles.
Seamos optimistas y pensemos que esa rabelión cívica contra el mal gobierno, cuyo epicentro es el deseo de transformar la actual democracia representativa, demasiado degradada y desequilibrada, en una democracia auténtica, de ciudadanos que controlan a sus representantes, se convertirá, poco a poco, en la fuerza dominante del siglo, hasta alcanzar la fuerza de un tornado. Los gobiernos que no sepan interpretar a tiempo esa corriente libertadora, serán arrasados por los ciudadanos indignados y cansados del abuso de poder. Algunos escritores y expertos en prospectiva han dicho que la próxima guerra mundial será la de los ciudadanos indignados contra sus gobiernos corruptos y degenerados.
El caso de España es paradigmático: arropado por millones de fanáticos que le votarían siempre, incluso si nos llevara hasta el fracaso y la derrota como nación, y apoyado por los cientos de miles de militantes de su partido, muchos de ellos enchufados en el poder y dotados de privilegios, y por otros cientos de miles de familiares y amigos del poder, José Luis Rodríguez Zapatero se siente lo bastante seguro para esperar una nueva reelección en el año 2012, a pesar de sus mentiras, engaños y reiterados fracasos como gobernante, los cuales están llevando a España hasta la ruina y la derrota como pueblo.
La actual democracia española es un bodrio de ciudadanos marginados y de poderes controlados por los partidos políticos, que no cumple ni siquiera una de las reglas fundamentales del sistema. Esta democracia degradada ni siquiera habría servido para los tiempos de la Guerra Fría, cuando el mundo, dividido en dos bandos irreconcialiables, el comunismo y la democracia, armados hastsa los dientes, amanecía cada día sorprendido de que los misiles no hubieran salido de sus silos y arrasado el planeta. Hoy, cuando los dos grandes desafíos de las sociedades son la decencia y la prosperidad, esta democracia es indigna.
En aquellos tiempos de guerra, tal vez tuviera cierto sentido que las democracias estuvieran controladas ferreamente por una clase dirigentecapaz de tomar decisiones de manera autónoma en situaciones de emergencia. Sin embargo, tras la caida del Muro de Berlín y la desaparición del enemigo soviético, ese concepto de "democracia de guerra" carece de sentido. Los ciudadanos se sienten estafados por sus dirigentes y con derecho a recuperar la soberanía que la democracia les otorga y los políticos le niegan.
Los partidos políticos y las castas dominantes se resisten a abandonar el dominio y el poder abusivo que ejercen sobre la sociedad e inventan nuevos enemigos que justifiquen su control absoluto de los recursos y de las decisiones. El terrorismo está siendo inflado y magnificado para que sea el nuevo gran enemigo y la civilización islámica está siendo "esculpida" mediáticamente para que parezca una amenaza atróz que justifique una nueva "democracia de guerra" en Occidente.
Pero muchos ciudadanos siguen confiando en la democracia, se resisten a caer en el engaño de los gobiernos y siguen firmes en el deseo de controlar el poder.
La política del gobierno de Zapatero para hacer frente a la crisis económica, presentada como "solidaria" por la propaganda gubernamental, está teniendo justamente el efecto contrario: acentúa la desigualdad y ensancha el foso que separa a ricos y pobres.
Además de diezmar a las clases medias y de golpear con especial fiereza a los autónomos, pequeños empresarios y comerciantes, muchos de los cuales engrosan las filas de los nuevos pobres, en España la crisis está haciendo más ricos a los que ya eran ricos y más pobres a los que eran pobres.
Hay muchos síntomas que demuestran que los ricos viven en la crisis mejor que nunca. Los fabricantes de coches de lujo apenas notan la crisis y algunas marcas míticas, como Ferrari, venden más coches que nunca, mientras que la ropa de marcas de gran prestigio y las joyas y relojes de alta gama se venden más que nunca, un fenómeno que se manifiesta también el los restaurantes de lujo, cuyas ventas no sólo no se resienten sino que, en muchos casos, se incrementan.
Los expertos creen que la crisis y la política socialista están generando una triste e injusta paradoja: la bajada de los precios enriquece a los ricos y aplasta a los pobres, mientras se incrementan la injusticia social y la desigualdad.
La reciente subida de impuestos aprobada por el gobierno de Zapatero, especialmente cruel con las clases medias y bajas e incapaz de tocar las SICAV, refugio de los grandes capitales, incrementará aun más la desigualdad y hará más ancha la fosa que separa a ricos y pobres en esta España cada día más injusta.
Las ventajas para los ricos son inmensas y no paran de crecer: los bancos les prestan dinero en condiciones preferentes y muchas marcas con necesidad de vender porque sus stocks crecen sin parar, les ofertan sus productos en condiciones muy ventajosas. Los asesores y expertos aconsejan a los pocos empresarios que se atreven a abrir negocios que los orienten hacia los mercados y sectores de alto poder adquisitivo, los únicos que están consumiendo e inviritendo con alegría.
El panorama es diametralmente opuesto para los pobres, cada día más numerosos. El desempleo los incrementa a diario y muchos de ellos, sin recursos ni subsidios, tienen que alimentarse en comedores de caridad, mientras crece constantemente el número de los sin techo que, tras ser expulsados de sus casas por no poder pagar la hipoteca, duermen en parques o en rincones de las ciudades, bajo cartones y plásticos.
En último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre España otorga toda la razón a aquellos que hace una semana exhibían una pancarta, en el velódromo de la ciudad sevillana de Dos Hermanas, que definía al gobierno de Zapatero como una "Pandilla de inútiles, que estáis arruinando España".
El ex ministro Cristóbal Montoro, al ver aquella pancarta en el masivo acto del PP en Dos Hermanas, la leyó en su discurso y acusó al Gobierno de "estar arruinando España" por "haber metido mano en la caja" de todos los ciudadanos, al aprobar una subida de impuestos que crea en España una nueva crisis: la fiscal.
El coordinador de Política Económica de los populares señaló que el país "vive tres crisis simultáneamente", la financiera, ya que a las empresas les falta crédito; la del paro, "la mayor del mundo desarrollado"; y desde ayer "la crisis fiscal del Estado".
Ahora, con su demoledor criterio sobre España, el FMI no sólo desmiente las previsiones optimistas del gobierno de Zapatero, sino que ha ratificado que España pasará por dificultades económicas durante "bastante tiempo" y llamó al gobierno español a reducir el déficit presupuestario, recortar el gasto, reformar el mercado laboral y mejorar la competitividad. A juicio del FMI, España requiere "una reestructuración fundamental de su economía, ya que su crecimiento potencial ha caído probablemente más que casi ningún otro país europeo".
"Evaluamos que en España prevalecerán condiciones bastante estrechas durante bastante tiempo", ha anunciado Ajai Chopra, vicedirector del Departamento Europeo del FMI, quien sostiene que España será uno de los pocos de la eurozona donde se prolongará la recesión en 2010 (-0,7%). "El déficit presupuestario tiene que ser corregido en España" ,
¿Cómo ha reaccionado el gobierno español? Desacreditando al FMI, reiterando su optimismo y negando su demostrada insolvencia, Por boca de una de las voces mas desprestigiadas del Ejecutivo, el vicepresidente tercero del gobierno y ministro de Política Territorial, Manuel Chaves, ha dicho que "La posibilidad de error del FMI es muy grande".
El criterio del FMI es compartido por la inmensa mayoría de los españoles, según la encuesta que publica el diario "El País", la cual revela que el 61 por ciento de los españoles "desaprueba la gestión de Zapatero".
La crisis está erosionando cada vez con más intensidad el capital político del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, que ya inspira poca o ninguna confianza al 72 por ciento de los españoles, casi las tres cuartas partes de los ciudadanos, según la encuesta, realizada por Metroscopia.
Los distintos datos sociológicos y las opiniones de las grandes instituciones internacionales, de la prensa y de los expertos indican que los ciudadanos españoles creen realmente lo que decía aquella terrible pancarta, que "la pandilla de inútiles" que integran el gobierno "está arruinando a España".
La conclusión que emana de todos estos datos y opiniones es que España está secuestrada, en manos de un gobierno inepto y rechazado por los ciudadanos, que sigue en el poder y se niega a dimitir y a convocar nuevas elecciones, a pesar de su incapacidad comprobada, amparándose en la masa de votos que le aupó hasta el poder en 2008 y en la tribu de los fanáticos y suicidas que siguen apoyándoles todavía, a pesar de que es ya más que evidente que España, bajo el mandato de Zapatero, avanza hacia la pérdida de su prosperidad y hacia su derrota como pueblo.
Sábado, 21 de noviembre
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