Voto en Blanco

La izquierda y la derecha, los peores enemigos de España

Los españoles somos los últimos de la OCDE en matemáticas y penúltimos en comprensión lectora. Es él nuevo "record" negativo de esta España sucia, injusta y embrutecida que han fabricado nuestros políticos, una casta que merece el desprecio de los ciudadanos. El nuevo "record" se agrega a otros que sitúan a los españoles en la cabeza de la prostitución europea, el tráfico y consumo de drogas, el blanqueo de dinero, el alcoholismo, el desprecio a la política y a los políticos, la degradación de la democracia, la corrupción, la injusticia y otras muchas lacras y dramas, todas ellas productos de un liderazgo político indecente y malvado que está infectado a la nación entera.

España tiene grandes enemigos, dentro y fuera de su suelo, pero ninguno es tan miserable y dañino como aquellos españoles que, encuadrados en la izquierda y la derecha política, destrozan el país, dinamitan sus valores y se pelean por sus despojos sin otro instinto que el predador. Las izquierdas y las derechas, siempre enfrentadas entre si y solo capaces de unirse contra el pueblo y contra España, son las culpables de los grandes males de la nación desde los tiempos de la Reconquista. La pobreza, la injusticia, las guerras, las masacres y una inmensa catarata de males y canalladas son obra de esa política malvada y envilecida que lleva demasiados siglos dominando España y que, en los tiempos actuales, ha sabido camuflarse de "demócrata" para seguir cumpliendo su misión maligna y depravada.

Triturar a esa izquierda antiespañola, separatista, colaboracionista con el terrorismo, corrupta hasta la médula, y anticristiana, que ha hundido a este país en el caos más absoluto y en la iniquidad moral más terrible, debería ser la labor prioritaria de todo ciudadano honrado que ame a España, tan prioritaria como erradicar la derecha arrogante e inmoral "made in Spain", acomplejada y cruel, clasista y predadora, que lleva siglos creyendo que el Estado le pertenece, que sólo sabe luchar por sus privilegios y que contempla siempre al pueblo como maloliente masa de animales, digna de ser esclavizada.

No será hoy, ni mañana, ni dentro de un mes, pero llegará un día en el que nos deprenderemos de esta miserable izquierda, de esa derecha indigna y de esta falsa democracia fantasmagórica para instaurar un Estado que en lugar de avergonzarnos y envilecernos aporte unidad, dignidad, trabajo, solidaridad, ilusión y orgullo de ser español. No sabemos cuando, pero que no nos quepa duda de que ese momento llegará.

Mientras llega, nuestro primer deber como ciudadanos demócratas es luchar pacíficamente, aunque sin pausa, para que esa llegada se acelere.

La derecha y la izquierda, en España, no son, como en otros países, dos formas distintas de entender la sociedad y la vida política, sino dos facetas de la caza al ciudadano, dos bandas que constantemente se disputan el poder, representando no dos opciones distintas sino las dos caras de una misma moneda sucia y depravada, acostumbrada mil veces a anteponer sus propios intereses al bien común y entrenadas para actuar como parásitos de España. Quieren exhibir ante el engañado pueblo sus diferencias para que parezcan profundas, pero se trata de un burdo engaño porque siempre se ponen de acuerdo para otorgarse privilegios, para fortalecer su impunidad y para guardar silencio ante los respectivos saqueos y correrías.

El balance de esa derecha y de esa izquierda, después de haber mandado durante siglos, es sobrecogedor. Han convertido aquella España que fue un imperio temido en un país débil y sin amigos y en lugar de crear una sociedad justa y capaz de enorgullecer a sus miembros, han construido un país que paga impuestos insoportables, que apenas recibe servicios del Estado, con mas políticos "colocados" y cobrando del erario que Francia y Alemania juntas, que ocupa los primeros puestos del ranking mundial en corrupción, tráfico y consumo de drogas, acogida de dinero sucio, desempleo, avance de la pobreza, pésima distribución de la riqueza, fracaso escolar, baja calidad de la enseñanza, desprecio de los ciudadanos a sus dirigentes, descrédito de la política y muchos otros vicios y lacras.

Bajo su nefasto mandato han alimentado el nacionalismo, el separatismo, la insolidaridad, la envidia, la caída de los valores y la injusticia, además de haber violado las reglas básicas de la democracia, mentido, engañado y conducido a su pueblo por las rutas de la mentira y la estafa. Sus dirigentes han sido cualquier cosa menos ejemplares y hoy hay mas de mil causas abiertas contra los partidos políticos por corrupción y abuso de poder. Sólo ETA supera al PP y al PSOE como organizaciones con mas delitos y delincuentes encuadrados.

Solo sueñan con gestionar el poder y la riqueza que de ese poder puede extraerse. Para lograrlo, se alían con cualquiera, incluso con nacionalistas extremos que odian a España.. Son arrogantes e inmorales como nadie podía imaginar. No reaccionan ante las adversidades y han aprendido a blindarse ante el desprecio y el rechazo de los ciudadanos, a los que, hipócritamente, dicen que sirven. Las encuestas los señalan como el segundo gran problema del pais, pero ellos siguen en su terea de demolición y saqueo, mientras el pueblo ha convertido ya en sueño y leyenda su largo e insatisfecho anhelo de contar con un Estado decente, justo y capaz de hacer sentir mas orgullo que vergüenza.

Todavía son capaces de mantenerse algunos años en el poder porque han conseguido idiotizar a algunos millones de españoles, que siguen votándoles como auténticos esclavos lobotomizados, pero ellos saben que el número de la gente decente que les rechaza y aprende a despreciarlos es cada día mayor, lo que representa, mas temprano que tarde, su sentencia de muerte y el fin de la ignominia política española.

Voto en Blanco


La degradación de los políticos españoles

El sometimiento humillante al jefe, el autoritarismo, la ausencia de debate interno, la represión de la conciencia, la renuncia a la crítica, la alteración de la escala de valores y, en definitiva, la falta de libertad, convierte a los partidos políticos españoles en fábricas de ineptos, de propensos a la corrupción y de gente escasamente demócrata y poco preparada para gobernar en democracia.

Pocos ignoran que la política y los políticos españoles están seriamente degradados. Los fracasos acumulados al gobernar y los datos que arrojan las encuestas, donde queda reflejado el rechazo y el desprecio de los ciudadanos a la "casta" política, así lo confirman, pero pocos conocen las verdaderas razones que han provocado esa profunda degradación. Sin embargo, descubrir la causa es sencillo porque la Historia ha demostrado hasta la saciedad que la falta de libertad y sobre todo el sometimiento esclavo a otros humanos siempre empobrece y degrada.

La falta de libertad en la vida interna de los partidos ha convertido a esas formaciones en fábricas de ineptos, de corruptos y a veces también de enfermos mentales engreídos e incapaces de discernir entre el bien y el mal.

Un reciente estudio de la Universidad de Michigan revela que "Si todos fuéramos egoístas y malos, el ser humano se extinguiría", una conclusión reveladora que contradice el consejo "progre" de pensar siempre en uno mismo y que explica la enorme influencia que están teniendo los partidos políticos en el deterioro de la sociedad y hasta de la civilización humana.

Contemplar como un imbécil con poder se equivoca,, miente y mete la pata sin poder decirlo y, además, estar obligado a felicitar al inepto y al idiota es un ejercicio capaz de degradar y hasta de envilecer a cualquier ser humano. Si, además, uno está obligado, dentro de los partidos, regidos por el autoritarismo vertical, a repetir hasta la saciedad esa alabanza al torpe y esas lisonjas a los que mandan, aunque sean idiotas, la degradación se hace endémica e irreversible.

Cocinados en ese sometimiento al jefe, en la renuncia al libre albedrío, a la conciencia y a la crítica, sin libertad suficiente para crecer en responsabilidad y criterio propio, aquellos que se lo deben todo al partido y que desconocen otro mundo que el de la militancia se convierten en monstruos.

Para hacer carrera dentro de un partido político español hay que renunciar a la libertad individual, al libre pensamiento, a la conciencia propia, al análisis independiente, al debate y al discernimiento. El sometimiento al líder y al pensamiento oficial priva sobre cualquier otro valor, lo que implica un proceso implacable y profundo de empobrecimiento moral e intelectual que, al operar durante años, convierte a los militantes y cuadros en gente mediocre y mal preparada para gobernar.

Hay demasiados vicios internos en los partidos que conducen a la degradación y el envilecimiento, pero el mas grave de todos quizás sea el de la "omertá" (la obligación de guardar silencio sobre las suciedades y abusos), en aras de una lealtad mal entendida y transformada en complicidad. La ley dice que es obligación del ciudadano denunciar un delito cuando lo conoce, pero esa ley no rige en los partidos, donde la denuncia de los abusos, corrupciones y arbitrariedades está prohibida porque se confunde con la deslealtad y la traición. Es el mismo código de conducta que tienen las mafias, desde la de Chicago a la rusa, incluyendo a la yakuza japonesa y a la calabresa.

Dentro de los partidos se conocen casi todos los secretos y suciedades, pero muy raramente esos secretos salen del grupo, siempre por miedo a ser represaliado. Los cuadros del PP sabían de la existencia de sobres de dinero complementario en los altos niveles, así como del pago de "tributos" en negro por parte de empresas que aspiran a recibir contratos públicos, subvenciones o concesiones, pero nadie los denuncia ante el juez, como es el deber de todo demócrata. Ese silencio envilece y convierte a los partidos políticos en aglomeraciones de cómplices activos. Del mismo modo, todos los altos cargos de la Junta de Andalucía conocen las malas prácticas y delitos que comete el PSOE andaluz con los dineros públicos, utilizado para pagar campañas y "ayudas" a jefes, militantes y amigos del poder, pero nadie ha denunciado esos delitos porque pertenecer al partido implica comulgar con las canalladas y delitos.

Con esos comportamientos, España ha llegado a convertirse en una cloaca, impulsada y liderada desde la clase política, protagonista de una corrupción intensa y profunda que ha trascendido los ámbitos de los partidos políticos y ha anidado en el Estado y sus instituciones.

Frente a esa infección no hay mas receta que "mas democracia", una democracia auténtica que imponga la libertad en el seno de los partidos y que respete y haga cumplir una ley que debe reformarse para que los canallas y corruptos sean castigados y para que los ladrones políticos se pudran en la cárcel mientras no devuelvan el botín. La única salida para partidos políticos que hoy están "tocados" y en profundo declive sería la implantación de la libertad de debate, de conciencia y de pensamiento en sus filas, pero esos valores son imposibles en partidos verticales y autoritarios que incumplen el mandato constitucional de funcionamiento democrático en la vida interna

Voto en Blanco


España camina con paso firme hacia el Tercer Mundo

Uno de cada tres de los nuevos pobres europeos en 2025 será español, según un informe de Intermon Oxfam, que confirma así que España, mal gobernada y víctima de un Estado inmenso e incosteable, endeudamiento feroz, despilfarro y otros abusos de su clase política, camina con paso firme hacia el Tercer Mundo. Las frases del Ministro Montoro afirmando que España está de nuevo en vísperar de sorprender al mundo con su desarrollo económico son mentiras del poder y aspiraciones imposibles mientras persista el liderazgo de una clase política que mantiene un Estado obeso, injusto e incosteable, plagado de políticos enchufados.

Con un poder político caciquil e influido por terratenientes del pasado o adoradores del Estado, ya sean de derecha o de izquierda, España, ante la triste y suicida indiferencia de sus ciudadanos, muchos de ellos con alma de esclavos y atontados por el discurso castrante de políticos y de los periodistas sometidos al poder, se encamina con paso firme hacia el Tercer Mundo, donde nos esperan la pobreza, las tensiones y todo tipo de conflictos.

Ese es el destino lógico de una sociedad que ha dilapidado sus valores, que desconoce la importancia del esfuerzo y de la limpieza, que se ha habituado a lo corrupto, que consume sus energías en luchas internas, que otorga privilegios a una casta política que merece más el banquillo de los acusados, que desprecia la verdadera democracia, prisionera de partidos políticos todopoderosos que marginan al ciudadano, nombran jueces, se recubren de obscena impunidad y que premia a nacionalistas excluyentes, a los que se les ve a leguas su odio a la patria común.

España es candidato evidente al nuevo Tercer Mundo en gestación, del que salen, por su esfuerzo y ambición joven, aquellas sociedades que aman la libertad y el esfuerzo, presentes en países como Brasil, China, México, India y otros muchos, y en el que entran los que han abrazado la mentira, la corrupción, el hedonismo sin valores y el abuso de un poder político, con sus ciudadanos marginados o aplastados, que se ha utilizado para cimentar la injusticia, engordar a las élites y machacar a los débiles y desprotegidos.

Aunque no nos guste el destino que el mundo nos depara, quizás nos merezcamos caer en el foso de la pobreza por haber permanecido en nuestros hogares, acobardados y mudos, mientras los poderosos saqueaban las cajas de ahorro o subían injustamente los impuestos, mientras despilfarraban, se negaban a adelgazar el Estado monstruoso que habían construido, bendecían la terrible estafa de las participaciones preferentes y preferían expoliar al ciudadano antes que cerrar una sola de esas costosas televisiones públicas que únicamente sirven como vehículos de propaganda y mentira.

Para evitar el casi inexorable avance de España hacia el nuevo Tercer Mundo y la pobreza sólo hay un camino: la regeneración de la sociedad, una reacción vital y digna de la ciudadanía que suplante a los actuales dirigentes políticos por dirigentes decentes y democráticos, que restablezca la vigencia de los valores y que luche a diario por construir una sociedad justa, diametralmente opuesta a la actual, podrida de corrupción, abuso de poder y distancias insufribles entre ricos y pobres, políticos y ciudadanos y privilegiados y marginados.

Solo el pago de la terrible deuda acumulada, producto del despilfarro de los políticos y de una forma canalla de gobernar, donde se ha pensado siempre en el presente y jamás en el futuro, garantiza casi la caída en la pobreza, pues los españoles tardaremos décadas en pagar las deudas contraídas por políticos tan ineficaces y lamentables como Zapatero, Rajoy y muchos reyezuelos regionales que han construido verdaderos miniestados opulentos e injustos.

Pero de todas las lacras y herencias, la que mas nos empuja hacia ese nuevo Tercer Mundo amenazador que acogerá a los nuevos pobres del planeta es la corrupción, sobre toda la institucional, la que ha infectado la vida pública, los concursos del Estado, las subvenciones, el urbanismo, las concesiones y otras muchas manifestaciones del poder. La corrupción ha hecho de España un país maloliente, líder mundial en fracaso escolar, baja calidad de la enseñanza, alcoholismo, prostitución, refugio de mafias, tráfico y consumo de drogas, blanqueo de dinero, degradación de la política, desempleo, avance de la pobreza y un largo etcétera de degradaciones, que pesan sobre la nación como una losa de plomo y que nos empujan, con fuerza, hacia el foso de la pobreza y el fracaso.

Voto en Blanco


Arturo Más acusa a Rajoy, con razón, de no reformar la gruesa y grasienta administración central

Tiene toda la razón Artur Mas cuando afirma que "El Gobierno español da lecciones, pero no hace los deberes". Se refiere el político catalán a que mientras Rajoy exige a los gobiernos autonómicos suprimir instituciones y administraciones que duplican y hasta triplican el trabajo, no tiene el valor de suprimir ministerios y departamentos enteros de la Administración General que no tienen prácticamente trabajo porque sus funciones y servicios fueron transferidos a las autonomías.

La principal asignatura pendiente del gobierno Rajoy, además de cumplir de una vez lo que prometió durante la campaña electoral, es adelgazar un Estado obeso y enfermo, tan gigantesco que no es posible financiarlo y que es un auténtico monumento a la obscenidad y a la desvergüenza de los políticos, que lo han creado solo para colocar a sus familiares y amigos con carné.

El PP se niega a suprimir todo lo que los ciudadanos quieren que se suprima, lo que demuestra que los deseos del pueblo tienen para el PP el mismo valor que una mosca volando. Se niega a suprimir la diputaciones, a pesar de que son innecesarias, quizás porque la mayoría están ahora en su poder y representan un magnífico estacionamiento para políticos de segundo nivel. Se niegan a suprimir los miles de empresas e instituciones que han creado los ayuntamientos, los gobiernos autonómicos y el mismo gobierno central para burlar los controles al gasto y para colocar a cientos de miles de políticos y amigos del poder dotados de carné de partido. Entre las instituciones y entidades a suprimir figuran, como afirma Artur Mas, un político que conoce bien las entrañas injustas y corruptas de un Estado del que la Cataluña que el preside es parte destacada, ministerios y departamentos enteros de la Administración General que no tienen prácticamente trabajo porque sus funciones y servicios han sido transferidos ya a las autonomías.

Pero en esta España sucia y mal gestionada por sus pésimos políticos nadie quiere perder poder y fueros y los políticos prefieren aplastar al pueblo con impuestos y recortes antes que cerrar observatorios, empresas publicas y televisiones autonómicas que solo sirven para defender a sus amos con poder en la región o antes de dejar de financiar a sindicatos y partidos políticos, patronales corruptas y que no aportan nada al bien común.

De los casi 450.000 políticos enchufados en el Estado sin que sean necesarios, mas que los que existen en Francia, Alemania y Gran Bretaña juntos, España`podría prescindir de 300.000 sin causar daño alguno a la administración y a los servicios, lo que representaría un ahorro tan enorme que solucionaría, de golpe, mas de la mitad de los problemas de déficit y desequilibrio existentes.

Pero los políticos, auténticos sátrapas dañinos para el ciudadano y la patria, se niegan a hacerlo, en contra de la voluntad popular y lejos de la decencia democrática.

Voto en Blanco


Los partidos políticos españoles nos llevan hacia el totalitarismo

Los actuales partidos políticos, degradados y alejados de una ciudadanía que los culpa, cada día con mas claridad, de la ruina y de los grandes problemas de España, están conduciendo al país también hacia el totalitarismo. Muchos de los jóvenes que integran las nuevas generaciones de españoles, decepcionados con el actual sistema político español, creador de desempleo y plagado de corrupción, injusticia y abuso de poder, ven con buenos ojos y hasta admiran totalitarismos indecentes, injustos y crueles como los vigentes en Cuba y Venezuela o las doctrinas y propuestas de nazis y comunistas.

Una prueba de la degradación de las nuevas generaciones de españoles y de su peligroso alejamiento de conceptos como libertad y democracia es la opinión de Beatriz Talegón, secretaria general de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas, que ha afirmado en Twitter que "Cuba no es una dictadura". Posteriormente, asustada ante la avalancha de críticas recibidas por esa afirmación, sorprendente en una dirigente de un socialismo que, al menos en teoría, cree en la democracia, ha eliminado el tweet en el que aparecían esas palabras.

Otra prueba del drama que se nos avecina con millones de jóvenes que, decepcionados de la actual corrupción y abuso de poder en España, se echan en brazos del totalitarismo, son las denuncias contenidas en el libro “Pisando charcos”, del político Percival Manglano, en el que se estremece ante el deslizamiento de los jóvenes hacia el totalitarismo y propone, como remedio ineludible, una regeneración profunda de la degradada y antidemocrática política española.

Las propuestas de Manglano son casi idénticas a las que vine proponiendo este blog "Voto en Blanco" desde 2004, todas ellas orientadas a sustituir la actual dictadura de partidos vigente en España por una democracia auténtica, con listas abiertas, leyes iguales para todos, partidos con poderes controlados, protagonismo de los ciudadanos, poderes básicos del Estado independientes y separados, una sociedad civil fuerte y capaz de servir de contrapeso al poder, castigo para los corruptos y canallas que saquean el Estado y un largo etcétera de reformas profundas que representarían un giro de 180 grados en la actual política española, plagada de corrupción, delito, injusticia y abuso de poder.

Los actuales partidos políticos, sobre todo aquellos que tienen representación parlamentaria fuerte (PP, PSOE, IU y los nacionalistas vasco y catalán) constituyen para España un auténtico cáncer que ya ha conducido a la nación hasta la ruina y el fracaso presente y que amenazan también, en un futuro próximo, con acabar con la fe en la democracia para recibir con los brazos abiertos a cualquier totalitarismo que prometa arrasar con el actual sistema injusto y podrido y acabar con los políticos delincuentes que han destrozado la nación y saqueado el Estado y las finanzas.

Voto en Blanco


Los grandes partidos españoles no quieren regenerarse

Los grandes partidos políticos españoles con representación parlamentaria se niegan a regenerarse. A todos les ha ido tan bien sin democracia, subvencionados con dinero público, repartiendose poder, dinero y privilegios y practicando el engaño, la corrupción y el abuso de poder, que ahora se niegan a cambiar.

En la conmemoración del 30 aniversario de la llegada al poder de los socialistas, en 1982, un Felipe González caducado, sobrepasado por la historia, aburguesado y con rostro de dinosaurio, recomendó a su partido, abandonado por los ciudadanos y en caida libre, una receta vieja y sin mordiente: que miraran al pueblo sin sectarismo y que le escucharan. Mas de lo mismo, una salida frustrante y alienante que ignora lo que el partido realmente necesita para resucitar: abandonar la corrupción,renunciar al dinero público, adoptar el servicio al ciudadano como norma de comportamiento, abrazar la democracia, jubilar a sus momias caducas, nunca más hacese una foto con sátrapas y desalmados que despiertan el odio ciudadano, como Zapatero, cuya última fechoría conocida es que "birló" 17.000 millones de euros a la seguridad social española, y enarbolar la bandera de la ética y la regeneración conduciendo a los españoles hacia un futuro más justo, decente y próspero.

Lo mismo ocurre en el PP, un partido que ya nació viejo y que con Aznar se hizo mas socialdemócrata que liberal, adoptando como propios todos los dramas y vicios de la izquierda, desde la corrupción al ansia de poder, pasando por la renuncia a la democracia y terminando con la arrogancia más despreciable y el divorcio con los ciudadanos. El ex presidente Aznar se perfila como posible sucesor de un Rajoy que no convence ni a los suyos, lo que demuestra la nula capacidad de renovación y la inexistencia de un sano y democrático deseo de cambiar y abandonar la actual política de abuso de poder, corrupción y deterioro democrático.

Son partidos confundidos y aterrorizados que se empeñan en mantener las viejas recetas sin darse cuenta que la ciudadanía española está cambiando a pasos agigantados, que los españoles ya no soportan el abuso de poder y ser gobernados por ineptos, corruptos y ególatras sin grandeza ni solvencia ética, atrincherados en el privilegio, que jamás dimiten, que no devuelven lo que roban y que rara vez pagan con la cárcel sus delitos.

Tanto los partidos españoles como los nacionalistas están sobrepasados por la historia y anclados en el pasado, negándose a la regeneración, lo que equivale a un suicidio que no tardará mucho en hacerse cadaver.

Ignoran lo que se deriva de las encuestas, en las que los ciudadanos les señalan como el tercer gran problema del país, después de la corrupción, que también es un problema de los paertidos. No asumen que los partidos políticos han dejado de ser la solución para convertirse en el núcleo del problema. Ni siquiera perciben que son ya el mayor obstáculo para que España resurja y avance hacia un futuro mas justo y mejor. Ajenos a la democracia y divorciados de la decencia y la ética, están muerttos y ni siquiera lo saben.

Empiezan a alarmarse ante el clamor popular que les acusa y la resistencia ciudadana, pero, alienados, interpretan ese sentimiento del pueblo como una rabia pasajera ante la crisis y sus privaciones. No se atreven a asumir que los dirigentes están aislados, que ya no pueden pasear por las calles, ni salir de compras porque el pueblo les pita y abuchea. Tienen miedo al pueblo, un sentimiento sano en demcoracia porque el pueblo es el soberano del sistema, pero ellos reaccionan como estúpidos sátrapas contratando a mas policías y entrenándolos bien para la lucha callejera contra su propio pueblo.

Algunos ciudadanos se extrañan de la torpeza y ceguera de los partidos políticos españoles, incapaces de interpretar los signos de los tiempos, a pesar de que son claros y contundentes, pero no saben que todo lo que ocurre es lógico porque los partidos, sin democracia interna y regidos por el sometimiento al lider, la falta de debate, la represión de la libertad individual y el culto a la simulación y la mentira, son magníficas escuelas que fabrican mediocres, muchos de ellos con ribetes sicopáticos, cualquir cosa menos los dirigentes que la democracia requiere y la sociedad necesita en el siglo XXI.

Los partidos son manadas de auténticos dinusaurios políticos en extinción y cementerios llenos de cadáveres ambulantes.

Voto en Blanco


Los políticos han fracasado y la crisis política de España es terminal

Los últimos datos del CIS revelan que el rechazo ciudadano a los políticos, a sus partidos y al sistema avanzan de manera inexorable en España, lo que obliga a asumir que los políticos han fracasado y que el gobierno, los partidos y el mismo sistema han entrado en una dinámica que les convierte en ilícitos y en adversarios del ciudadano, que los repudia y considera indeseables.

El 86% de los españoles tiene poca o ninguna confíanza en Rajoy el 89% poca o ninguna confianza en Rubalcaba. Esos datos, unidos a la pésima valoración de la clase política y de las instituciones del Estado, incluyendo a la Monarquía, además del hundimiento de la confianza y el suspenso a todos y cada uno de los políticos sometidos al juicio de los ciudadanos, convierten el sistema político español en un fracaso completo que exige una refundación.

¿Qué mas necesitan nuestros políticos para admitir su fracaso y dimitir? Ningún país de Europa ni del Occidente civilizado atraviesa una situación de colapso democrático semejante. Lo de España es un profundo escándalo que no tiene ya solución. Los partidos están desprestigiados, los políticos son rechazados por los ciudadanos, las instituciones están devaluadas y el rechazo so convierte cada día mas en odio.

La reacción de los partidos políticos ante los resultados desastrosos de la encuesta ha sido decepcionante. El PSOE y el PP restan importancia a la encuesta y siguen criticándose y resaltado el fracaso del contrario, sin asumir que el fracaso es de todos los políticos, desprestigiados y rechazados, y que lo que se está hundiendo es todo el sistema.

La reacción del PP, el partido gobernante, es especialmente obtusa y reveladora de su distanciamiento con los ciudadanos y con la realidad.
El PP dice, tras datos del CIS, que "buena parte de la desafección" por la política desaparecerá cuando acabe la crisis, lo que equivale a interpretar los datos como superficiales y a no reconocer la crisis de la clase política y del sistema.

La mayoría de los votos que huyen de los grandes partidos no van a otros, sino a la abstención o el voto en blanco, lo que refleja el avance del rechazo general a los políticos y al sistema y que el terreno está abonado para que en España triunfe una opción política extremadamente crítica con la política tradicional, parecida a la que representa en Italia el Movimiento 5 Estrellas, del político-cómico Beppe Grillo.

La Guardia Civil (5,71), la Policía (5,65) y las Fuerzas Armadas (5,21) aparecen en la encuesta como las únicas instituciones que aprueban los ciudadanos. Sin embargo, el Sindicato Unificado de Policía no se cree esos resultados y afirma que le huelen "a cocina" porque los datos internos que manejen ellos reflejan un profundo deterioro de la imagen y el respeto ciudadano a la policía, precisamente por su apoyo a los políticos y a su política represiva.

Entre las profesiones mas denostadas figuran las de políticos, periodistas y jueces, las tres básicas y con elevado protagonismo en la democracia, lo que refleja el profundo deterioro y el rechazo ciudadano al sistema.

La Monarquía, por vez primera, aparece entre los diez grandes problemas de los españoles, una lista que sigue encabezada por el paro (1), la corrupción (2), la situación económica (3) y los políticos y sus partidos (4).

Si hoy se celebraran elecciones generales, el PP conseguiría de nuevo la victoria, con un respaldo electoral del 34%, lo que supone su peor dato de la era Rajoy, pero aún así aumenta un punto, hasta los 5,8, su ventaja sobre el PSOE respecto al mes de enero. Esos datos reflejan la pérdida de la mayoría absoluta que cosechó la derecha en las últimas elecciones y la pérdida de millones de votos. Suben las opciones de Izquierda Unida y de UPyD, pero todavía se encuentran a gran distancia, sin superar el 10 por ciento de apoyo ciudadano.

Los resultados de la encuesta del CIS deberían haber provocado una conmoción y una reacción contundente de los políticos y de sus partidos para salvar un sistema que atraviesa una crisis profunda, pero no ha sido así. El deterioro de la clase política española es de tal envergadura que no asumen que el rechazo ciudadano aumenta, es imparable y en muchas ocasiones se transforma en odio, lo que invalida el sistema y convierte en ilícitos al gobierno a la representación política, al liderazgo de los partidos, a los políticos y al mismo sistema.

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Mentira, confusión y agotamiento moral nos conducen hacia una nueva barbarie

Desde el fin de la II Guerra Mundial, la conciencia moral del mundo nunca ha estado tan agotada y desalentada como ahora. Las violaciones del derecho internacional y de los derechos humanos permanecen hoy impunes, sin que los ciudadanos reacciones, sin que los intelectuales y periodistas, teóricos vigilantes del pulso del mundo, adviertan el desastre, sin que surja, como en el pasado, movimiento alguno de protesta que haga temblar a los déspotas.

Sin que nadie reaccione, países como Cuba, Venezuela, Nicaragua, Irán, China y otros están siendo oprimidos por sus dictaduras, en algunos casos encabezadas por chulos disfrazados de demócratas, que están siguiendo al pie de la letra un guión preescrito para esclavizar a los pueblos y recuperar la tiranía comunista con otros métodos y por otros caminos.

En algunas democracias teóricas, como España, transformadas en oligocracias alejadas del ciudadano, los hechos y dramas demuestran la impotencia inepta del poder político y hacen evidente el decaimiento y la degradación del país. El incremento de una corrupción casi siempre impune y el hecho de que grandes crímenes como los del 11 M permanezcan sin resolver están contribuyendo al hundimiento de la esperanza. En esta España degradada, el gobierno adopta sin escrúpulos medidas contrarias a la voluntad popular y se atreve a gobernar en contra de los deseos y opiniones de la mayoría, con impunidad y de espaldas al pueblo soberano.

En muchos países islámicos se asesina al que practica otra religión, se aplasta a la mujer, se mutila al delincuente, se predica la guerra y el exterminio del infiel y se violan a diario los derechos humanos básicos, sin que esas canalladas tengan consecuencias en el plano internacional.

Dirigida por gobiernos que llaman "pragmatismo" a la cobardía y a la ausencia de moral, la Humanidad está perdiendo la capacidad de sentir asco y de rebelarse.

Es fácil pensar que frente a los poderosos aparatos estatales de propaganda, los principales causantes del desfallecimiento moral y del envilecimiento, no hay defensa posible y que el librepensamiento y la resistencia están condenadas al fracaso, pero no es así si se analiza la Historia.

Hace poco más de un siglo, el "Yo acuso" de Emile Zola hizo temblar a Francia y poco después, en 1914, "Canto de odio", de Lissauer, una poesía de 14 versos, se transformaba en un acontecimiento capaz de cambiar la Historia.

La clave del desastre moral del mundo actual está en el uso de la propaganda y de la mentira organizada por parte de los gobiernos. Aunque sean pocos los que perciban la tragedia y sin que periodistas e intelectuales lo denuncien, lo cierto es que los mentirosos en el poder están destruyendo la estructura moral del mundo civilizado y lo están empujándolo hacia un nuevo tipo de barbarie.

Hítler fue el primero que utilizó la propaganda para convertir la mentira en algo natural. Los imitadores han sido muchos y en la España actual la mentira del poder está alcanzado el rango de política de Estado, después de la gran estafa al ciudadano que representó Zapatero y el incumplimiento salvaje de todas sus promesas electorales realizado por Rajoy. La mentira oficial está acabando no sólo con la democracia en España, sino también con la política, la confianza, la ética, la literatura y el arte.

La situación exige que cualquier regeneración pase por recuperar la verdad como modelo de convivencia y guía del liderazgo.

En España, la pandilla decadente de siempre, amparada bajo el paraguas del falso "progreso", la misma que en tiempos de Hítler y de Stalin llamaba cobardes a los prudentes y débiles a los humanistas, está actuando con apoyo oficial, llamando pesimista al que duda, etiquetando como antisistema al que protesta y señalando como fascista al que se rebela.

El poder político ha renunciado a ser ejemplar, despojando así al liderazgo de su principal fuerza moral, y no le importa humillarse, contradecirse y mentir con tal de mantenerse en el poder. Los políticos profesionales se han transformado en una raza maldita que pilota la decadencia, que arrasa la democracia y que conduce a la Humanidad por una senda sin principios ni valores, hacia la derrota y el fracaso.

Voto en Blanco


¿Qué es lo que ves? (Test democrático para españoles)

Se trata de una prueba extraordinariamente eficaz y científica para detectar el nivel de democracia, de sensibilidad y cultura política en cada uno de nosotros. Prueba a hacerla y ojalá obtengas un resultado satisfactorio:

Si identificas la imagen con una reunión de diputados en el Congreso, entonces eres un obsesionado y debes tratarte con un especialista.

Si identificas la imagen con uno de tus sueños democráticos, el de ver "colgados" a los corruptos, entonces eres un idealista utópico en estado peligroso. También debes consultar con un especialista.

Si, por el contrario, ves un tendedero con chorizos colgados, pero percibes un asombroso parecido con la clase política española, entonces eres perfectamente normal y mereces ser felicitado.

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España: a pesar del drama político, hay espacio para el optimismo

Aunque la realidad española refleje un panorama siniestro y decepcionante, pleno de pesimismo, también existe espacio en España para un optimismo político creciente y cargado de esperanza. Hace diez años, los políticos robaban y delinquían sin trabas y sin que los ciudadanos se dieran cuenta. La cobertura mediática y la ignorancia convertían en opacos e invisibles los errores, traiciones y carencias de la clase política, pero hoy han cambiado las cosas, los medios de comunicación sometidos al poder ya no son tan creíbles, el ciudadano ha aprendido a ser crítico y los políticos, como debe ocurrir en democracia, temen al ciudadano y sienten respeto a la fuerza de la opinión pública.

Zapatero fue obligado a salir de la política por una rebelión popular de rechazo y desprecio que amenazó de muerte al PSOE. Ese partido, en otro tiempo hegemónico, sigue cayendo en picado y perdiendo apoyo popular, todo por culpa de sus corrupciones, abusos de poder, arbitrariedades y por haber sostenido en la Moncloa a un insensato Zapatero que cavó como nadie la sepultura de España. Una década antes, políticos sin valores que cultivaron la corrupción, la arrogancia y la lejanía de la democracia, como Felipe González y José María Aznar, pasaron por el poder entre aplausos, sin que el pueblo se diera cuenta que eran unos gobernantes mediocres, sin altura, sin grandeza y merecedores de repudio.

España, a pesar de sus sufrimientos y de soportar todavía la bota de una casta política que ha sustituido el servicio al ciudadano, la sensatez, la democracia y la decencia por el egoísmo, la avaricia, la opresión y la corrupción, está avanzando notablemente y está creando las bases para que en el futuro no puedan existir en la cúspide del poder mediocres e ineptos sin entrañas como González, Aznar, Zapatero y Rajoy.

Hasta José María Aznar lo admite: "Los políticos son ahora un problema grave para España".

Los políticos se sienten acosados, contratan a mas policías y empiezan a sentir un saludable miedo a una ciudadanía que ya no está dispuesta a soportar tiranías y abusos. Los políticos ya no pasean por las calles, ni van de compras. No se atreven porque le temen a los pitidos y abucheos de un pueblo que no les quiere. Si eso es democracia, que venga Dios y lo vea. Eso es una tiranía vulgar, camuflada y travestida con ropajes democráticos falsos e hipócritas.

Un lector habitual de Voto en Blanco me preguntaba en la calle, hace unos pocos días, si podía escribir algo optimista y prometí complacerle. Con este artículo pago mi deuda y aseguro a mis lectores que, aunque el compromiso de este blog es ser crítico, denunciar los desmanes y reflejar con verdad una realidad que, por su naturaleza, es pesimista, también debe recoger las gotas de optimismo que empiezan a caer sobre nuestras vidas: los ciudadanos aprenden; ya saben que no hay partidos buenos y malos, sino que casi todos son mas o menos iguales y que el problema mayor de España son sus partidos, profundamente antidemocráticos, y sus políticos, en su mayoría ineptos, corruptos, avarientos y nada demócratas. La gente sabe que lo que falla es el sistema y sabe también que la solución no es castigar a un partido votando a su oposición. También está aprendiendo a desconfiar de los medios de comunicación, a los que ya identifica con el sometimiento al poder y la traición a la verdad y a la ciudadanía.

El crecimiento de la abstención, del voto en blanco, de la crítica en las redes y del rechazo a los abusos y arbitrariedades de la "casta" son claros síntomas de avance que destilan optimismo. La gente exige a los políticos que dimitan, que devuelvan lo robado y que paguen con cárcel sus abusos y canalladas. Hace poco más de una década, los mismos que hoy se sienten señalados y despreciados, robaban con impunidad absoluta y entre aplausos de un público idiotizado e ignorante.

La presión popular está empezando a notarse y a tener peso, a pesar de que el festival del pueblo que reclama y exige apenas ha empezado. La conciencia crece entre los ciudadanos y se hace fuerte en sectores decisivos e influyentes, como la justicia, el derecho, el empresariado, las fuerzas armadas y algunos grupos, todavía minoritarios, del periodismo, el funcionariado, la sanidad y otros. Pronto, las canalladas tendrán en España un alto precio y los sinvergüenzas empezarán a sentirse incómodos en la politica. Mas pronto que tarde, los partidos políticos tendrán que reformarse o morir, aplastados por el desprecio de una sociedad que ya no tolera abusos de poder, torpezas y corrupciones.

Miles de jueces y abogados se han echado a la calle para protestar por la inicua ley de Gallardón que elimina la justicia gratuita en España, obligando al ministro a retroceder y a esgrimir excepciones y excusas. La oposición de los vecinos a los desahucios ha creado un estado de opinión que ha obligado al insensible gobierno de Rajoy a decretar una moratoria para que los más desposeidos puedan conservar sus viviendas dos años más. El catalán Artur Mas ha sido castigado en las urnas no sólo por su imagen de político corrupto, sino por haber conducido a los catalanes, con frivolidad y temeridad, hacia el borde de un conflicto que podría haber generado violencia y dramas incalculables. El movimiento 15 M, cuando nació, antes de que fuera prostituido por los partidos políticos infiltrados, hizo temblar al sistema con su fuerza de protesta ciudadana. Son símbolos de que en la España impune e injusta que han creado los políticos como coto privado de caza, las víctimas se rebelan y plantan cara a los predadores.

La palabra mágica en la actual política española es la "regeneración", un concepto brillante y una bandera ilusionante y ganadora que está esperando a que alguien se atreva a enarbolarla para dar comienzo así a la mas esperanzadora revolución ciudadana imaginable, todo un acontecimiento que enfrentará a ciudadanos y a políticos sin decencia ni ética, una lucha hermosa que se convertirá en el eje del presente siglo y en el punto de partida para crear un mundo mejor, realmente democrático y libre de comisionistas, corruptos, canallas y delincuentes impunes y con poder.

Voto en Blanco


La gran perdedora en las elecciones catalanas ha sido España, no Artur Mas

Muchos creen que Artur Mas es el gran perdedor de las elecciones catalanas del 25 de noviembre, pero en realidad la gran perdedora ha sido España porque Cataluña ha demostrado claramente en las urnas que los que quieren romper con la nación son mayoría.

Si se suman los votos de CIU y de ERC, se obtiene una clara mayoría de 71 escaños, tres más de los necesarios. Si a eso se añade que en el PSC hay socialistas nacionalistas y que otras pequeñas formaciones radicales, también nacionalistas, recibieron bastantes votos, entonces es fácil concluir que los que defienden la unión entre Cataluña y España, únicamente defendida con claridad meridiana por el PP y Ciutadans, son una clara y exigua minoría.

Si España fuera un país serio y decente, tras las elecciones procedería a corregir errores y a neutralizar el cáncer del nacionalismo radical catalán, ya claramente rupturista e independentista. Y la única forma de hacerlo no es, como acostumbra el PP, demonizando y descalificando a los que quieren independizarse, sino contraponiendo a la realidad catalana, lamentable por su corrupción, ineficacia y abusos de poder, una España decente, democrática y atractiva, que cautive a los catalanes y les quite las ganas de marcharse, un sentimiento que crece en todos los territorios españoles cuando se contempla la injusticia, el abuso, la corrupción y otras maldades y carencias del sistema políticos español.

Así que, ni ayer se produjo una victoria del españolismo, ni una derrota del independentismo, sino una clara constatación de que Cataluña es hoy un grave problema para España porque los catalanes, mayoritariamente, quieren abandonar la nación común.

Hacer nuevas concesiones a los catalanes, como hizo Zapatero para detener el avance del monstruo, sería un error porque rompería el inalterable principio de la igualdad entre los pueblos de España. La solución no es otra que adecentar el país, perseguir a los corruptos, adelgazar el Estado, desinfectar la vida política, independizar y sanear la Justicia, limpiar a la policía de violentos y de torturadores y desplegar un intenso programa de saneamiento y limpieza que regenere el país y convierta a España en un país deseable y envidiable, no en la pocilga actual, lider mundial en casi todo lo deleznable: prostitución, drogas, baja calidad de la enseñanza, trata de blancas, blanqueo de dinero, corrupción, abuso de poder, coches oficiales, privilegios de las castas poderosas, marginación de los ciudadanos, desempleo masivo, avance de la pobreza, frustración de jóvenes, y un largo y escalofriante etcétera de dramas e injusticias que emanan de un poder inepto, incapaz y escasamente democrático.

Voto en Blanco


Ciutadans de Cataluña, una campaña política impecable

23.11.12 | 18:36. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, Nacionalismo, España

Joaquín Leguina, el único socialista intelectualmente honrado que conozco, acaba de afirmar que si él fuera catalán votaría a Ciutadans, no a los socialistas catalanes, porque los planteamientos y propuestas de Ciudadanos son más claros y acertados. Creo que muchos demócratas de este país haríamos lo mismo porque la campaña política del partido de Albert Rivera ha sido impecable y digna de elogio.

Ciudadanos ha defendido y reivindicado como ningún otro partido, la unidad de todos en Cataluña, España y Europa, el único mensaje que tiene solvencia suficiente para imponerse al rastrero mensaje de ruptura lanzado por CIU.

El partido de Albert Rivera ha sido capaz de captar para su causa a mucha gente libre y honrada que, en ocasiones anteriores, votó al PP, al PSOE e, incluso, a CIU, lo que constituye un mérito en un ambiente tan confuso y viciado como el que han creado los nacionalistas en estas elecciones.

Otro acierto del partido ha sido reivindicar una nueva ley electoral más equilibrada y justa, donde se le otorguen escaños al voto en blanco, una fuerza que crece cada día más en esta España descontenta y desengañada por la incompetencia, corrupción y arbitrariedad de la clase política.

Las encuestas otorgan al partido de los ciudadanos un crecimiento notable, tras perfilarse como el mas beneficiado por las deserciones del PSC y del PP catalán, cuyos planteamientos están cargados de confusión, dudas y cobardía.

Sólo hay que oír a la candidata del PP, Alicia Sanchez Camacho, afirmando a la cadena nacionalista RACV "Creo en la palabra de Artur Mas" para persuadirse que el PP, como muchas veces en el pasado, oculta propuestas, duda y sigue siendo capaz de repetir las fechorías de Aznar, cuando toleró los abusos y adoctrinamientos anticonstitucionales del nacionalismo catalán, pactó con ellos para afianzar el poder del PP en el Estado y compró votos a CIU, pagando por ello facturas vergonzosas e inconfesables.

A pesar del fanatismo, el odio y la ceguera que domina a buena parte del electorado catalán, muchos ciudadanos honrados y demócratas de Cataluña saben que el nacionalismo no es el único culpable de que Cataluña esté hoy al borde de la independencia y que el PP y el PSOE, sobre todo los socialistas en tiempos de Zapatero, tienen por lo menos la misma culpa, tras haber permitido los abusos y violaciones nacionalistas de la Constitución, la insumisión y el desacato ante los altos tribunales y el adoctrinamiento fascista de los jovenes en el odio y la revancha frente a la nación común. Los dos grandes partidos españoles lo han permitido todo e, incluso, han alentado la separación, como ocurrió con Zapatero, que impulsó el nuevo Estatuto de Cataluña sin que nadie lo reivindicara ni demandara, salvo sus amigos nacionalistas, para incrementar su poder y control de una sociedad catalana que cada día estaba más secuestrada por su corrupta, despilfarradora e inepta clase política.

La Cataluña que Artur Mas conduce hacia la independencia y el conflicto es una caja de sorpresas que esconde bajo la alfombra del poder muchas desvergüenzas, arbitrariedades, abusos e ignominias. Un ejemplo es el fraude fiscal, el más alto de Europa, cercano ya a los 18.000 millones de euros, casi el 25 por ciento del PIB catalán, amparado por el propio gobierno, que ha decidido no controlarlo.

Ante ese panorama desolador, que impide a los honrados y decentes votar a los nacionalistas y a sus cómplices, los grandes partidos nacionales de derecha e izquierda, surge limpia, valiente y decente la opción de Ciudadanos, un partido que mira al frente y a los ojos de sus votantes, sin volver el rostro y sin esconder miserias porque no tiene nada que ocultar.

He conocido a Albert Rivera y he conversado con él lo suficiente para descubrir que es un tipo limpio y lúcido, capaz de entender que Artur Mas, al alimentar el odio y al sustraer dinero de la sanidad para regalarlo a los medios de comunicación que le defienden, se comporta como un auténtico fascista. También es un demócrata que, milagrosamente, ha sabido mantenerse al margen de la corrupción que suele emanar de los partidos políticos y del sistema español en funcionamiento. Albert cree en la libertad, conoce las reglas de la democracia y las respeta, proyectando hacia la ciudadanía una oferta limpia y sin trucos. Ojalá, para bien de Cataluña y de España, sus filas crezcan y su presencia en el Parlament sea lo bastante nutrida para impregnar de decencia y política limpia aquella pocilga ensuciada a diario por el nacionalismo y por los depravados grandes partidos españoles.

Voto en Blanco


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