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GLORIA A BLAS DE LEZO, GLORIA A ESPAÑA

16.11.09 | 17:39. Archivado en Cultura, España

Cuando la España de Zapatero, impregnada de derrota y de decadencia, se desmorona, cuando padecemos un terrible caso de piratería perpetrado contra un barco que, para colmo de males, navegaba probablemente con la ikurriña como bandera, cuando la sociedad exhibe su impúdica cobardía soportando, sin rebeldía ni dignidad, el dominio del mal gobierno, la injusticia, el abuso y el despilfarro, nos conviene recordar hechos nobles y heroícos del pasado, ocurridos cuando España era grande y cuando los vientres de las españolas, en lugar de esclavos, cobardes y mediocres, todavía parían a españoles de grandeza.

Recordamos en el artículo de hoy, enviado desde Pensamiento Hispánico, la proeza de Blas de Lezo, gran estratega, ingenioso y español grande, al que la España oficial le pagó con el olvido. Con apenas 3.000 hombres mal pertrechados y hambrientos, derrotó a los casi 30.000 combatientes movilizados por Inglaterra y a una flota de 186 navíos (60 más que la Armada Invencible de Felipe II), la mayor flota de la historia después de la que utilizaron los aliados para el Desembarco de Normandía, en la II Guerra Mundial.

Tres siglos después de la derrota más grande y menos conocida del Imperio Británico, un grupo de ingenieros españoles aterrizan en Cartagena de Indias, Colombia, para cumplir con la última voluntad del hombre que logró tal hazaña: el comandante Blas de Lezo, conocido como "Medio hombre" porque era manco, tuerto y tenía una pierna de palo.

En una de las murallas de la ciudad, pondrán una placa que reza: “Aquí España derrotó a Inglaterra y sus colonias”. “Con sólo 3.000 hombres y su ingenio, Lezo derrotó a una armada de unos 25.000 hombres, más 4.000 hombres traídos de Virginia por el medio hermano de George Washington.

Sin embargo, la historia se olvidó de él. En su testamento pedía que un grupo de españoles pusiera una placa para no olvidar aquella victoria. A eso hemos venido”, comenta a BBC Mundo Javier Rodríguez Zunzarren, decano del Colegio de Ingenieros Industriales de Valencia y artífice de esta “misión histórica”.

El ataque inglés (14 de marzo de 1741) tenía como fin partir las colonias españolas y, de haberlo conseguido, seguramente hoy buena parte de Suramérica hablaría inglés y no español.

"El almirante Edward Verton reunió la flota más grande de la historia (186 navíos, 60 navíos más que la Armada Invencible de Felipe II), sólo superada por el desembarco en Normandía en la Segunda Guerra Mundial.

Los ingleses acuñaron monedas celebrando la victoria antes de la batalla", explica a BBC Mundo el historiador y periodista Fernando Díaz Villanueva.

Allí les esperaba Blas de Lezo, un marino cosido de cicatrices, una leyenda de los mares que atemorizaba a los ingleses.

Oriundo de un pequeño pueblo vasco, Pasajes, Medio hombre había dejado su propia carne en sendas batallas contra Inglaterra desde que tenía 12 años, en la Guerra de Sucesión, cuando él mismo se amputó la pierna después de que un cañonazo se la destrozara. Luego vendrían varias cuchilladas, el muñón de su mano derecha y una esquirla que le reventó un ojo.

"Era Medio hombre pero era muy buen estratega. A las balas de cañón les ataba una cadena para luego abordar los barcos", comenta a BBC Mundo, Federico Vidal, otro de los ingenieros que ha cruzado el charco para conocer el escenario de la batalla.

Entre el calor húmedo y los enjambres de vendedores ambulantes que les persiguen, el grupo español recorre una ciudad muy diferente a la de Blas de Lezo.

"Fue tan humillante la derrota inglesa que el rey Jorge II prohibió hablar de ella o que se escribieran crónicas alusivas al hecho, como si nunca hubiese ocurrido" (Fernando Díaz Villanueva, historiador y periodista).

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Escapar de la cultura "progre" dominante

13.11.09 | 17:49. Archivado en Gobierno Zapatero, Política, Democracia, Corrupción, Cultura, España

La inepta torpeza del gobierno español, que vuelve a quedar demostrada en el asunto del pesquero vasco Alakrana, secuestrado por piratas somalíes, está generando más descontento en la sociedad, más rechazo a los políticos y una sensación general de fracaso que, unida a los demoledores efectos de una crisis económica, también mal gestionada, y a la corrupción generalizada, desquician y deprimen a la sociedad.

Vivimos tiempos de indecencia y de vergüenza ciudadana en España. La necesidad de regenerar la política se vuelve obsesiva y crece junto con nuestras ganas de erradicar la corrupción y la indecencia de muchos de nuesttros líderes políticos. Son horas de lucha en las que los demócratas deben distinguirse por su capacidad de combatir. Si la sociedad española quiere salir de la crisis, regerarse y recuperar la senda de la prosperidad, lo primero que debe hacer es sacudirse el dominio de la cultura "progre" dominante y propiciar una política en la que el protagonista sea el ciudadano, no el Estado, y una cultura donde el mérito sea tenido en cuenta, se ensalce el esfuerzo y los auténticos valores, arrasados en la España actual, se recuperen y ocupen la cúspide de la pirámide.

Quien consiga escapar de la propaganda y del narcótico que desde el Estado se esparce por la sociedad, principalmente a través de los medios de comunicación, advertirá fácilmente que la España que han creado los "progres" dominantes es un verdadero desastre: la democracia ha sido sustituida por una oligocracia de partidos; los valores han sido suplantados por privilegios y derechos, muchos de ellos falsos y bastardos; el esfuerzo ha sido erradicado y la sociedad está bajo el control de políticos mediocres, muchas veces corruptos, cuyo obra maestra es haber eliminado al ciudadano libre para sustituirlo por semiesclavos fanatizados, incultos y capaces hasta de defender a los suyos hagan lo que hagan.

Esta España, obra de la "progresía" dominante es un país en declive que ocupa la cabeza del ranking europeo en los capítulos más vergonzosos y dramáticos: desempleo, pobreza, prostitución, alcoholismo, consumo y tráfico de drogas, baja calidad de la enseñanza, fracaso escolar, destrucción del tejido empresarial, deterioro de la democracia, desencanto con el fucionamiento de la Justicia, corrupción política, privilegios para los políticos, coches oficiales, tamaño desproporcionado del Estado, despilfarro, televisión basura y vertiginoso crecimiento de la inseguridad ciudadana, la desconfianza, la división, el odio y la desesperación.

Mientras los ciudadanos toleren que el dinero público sea despilfarrado por los políticos y se emplee injustamente en colocar y subvencionar a los amigos del poder, la España "progre" será una cloaca.

Los ciudadanos deben ser conscientes de que el primer deber de un demócrata español es sustituir la cultura del falso progresismo por un progreso verdadero, en el que la sociedad pueda crecer en valores, respeto, prosperidad y decencia, sin tener que someterse al sucio dominio de los que han minado las entrañas del Estado de corrupción y fracaso.

Por eso, además de expulsarlos del poder, utilizando para ello la fuerza de las urnas, que es el único poder que le queda al ciudadano en esta democracia degenerada, los demócratas deben despreciar y avergonzar a los que, con su actuación corrupta e inepta, nos han arrebatado los valores y el futuro.

El primer deber de un ciudadano libre es utilizar el voto para regenerar el sistema y crear una sociedad mejor. Pero no hay que esperar a que se abran las urnas para regenerar la sociedad. Al ciudadano, además del voto, le quedan otras muchas armas y recursos.

En la hora de las urnas, el demócrata debe apoyar a las formaciones políticas decentes y democráticas, aunque sean pequeñas y poco conocidas. Seguir votando a la derecha para castigar a la izquierda o votar a la izquierda para que no gobierne la derecha es perpetuar la partitocracia y arrojar más basura sobre el suelo de España. Si no se encuentran partidos dignos y merecedores de confianza, entonces se debe votar en blanco o depositar en la urna una papeleta que contengan una leyenda de reproche, algo así como "Delincuentes" o "Chirizos", para que la repulsa masiva inunde las urnas y los sinvergüenzas sientan en su pellejo todo el desprecio del pueblo.

Pero, además de utilizar el voto para regenerar la democracia, el ciudadano puede practicar erl boicot; puede manifestarse; puede reunirse para debatir, puede actuar como promotor del cambio político, social y cultural, puede practicar y difundir los valores y puede hacer sentir todo su desprecio y asco ante los que hoy, desde el poder político, nos conducen hacia el fracaso, la pobreza y la vergüenza.

En la práctica, puede apagar las cadenas de televisión autonómicas, innecesarios juguetes creados por los políticos para su propia gloria, apagar también las emisoras que se distingan por su sumisión al poder, por el servicio a la mentira y por la propagación de basura televisiva y modelos sociales repugnantes. Puede dejar de ver películas españolas, injustamente subvencionadas, a pesar de su baja calidad, solo porque los actores son amigos del régimen. Puede dejar de comprar periódicos sometidos. Puede escribir un blog, participar en blogs críticos solventes y aprovechar la fuerza de Internet para propagar la decencia y la democracia. Puede dejar de comprar productos de regiones españolas que se empeñan en ser superiores y en acumular ventajas insolidarias. Puede dejar de acudir a los actos públicos, donde muchos políticos ineptos e indecentes se exhiben ante las masas, apareciendo como héroes y logrando así ocultar su fracaso e incapacidad. Puede, también, realizar campañas regeneradoras, como colocar sobre las ventanas y balcones de sus hogares pancartas y carteles con leyendas de reproche o regeneración, como "Queremos políticos decentes" o "Que dimitan los chorizos" o "Desprecio para el poder político inepto"...

Algunas cosas cambiaron en México cuando, en los tiempos donde el PRI era la fuerza corrupta dominante, miles de mexicanos se manifestaron en el DF, por la gran avenida de Insurgentes, exhibiendo una gigantesca pancarta que decía "Que nos gobiernen las putas porque sus hijos han fracasado".

Para un ciudadano demócrata, lo importante es luchar por la demnocracia, con independencia de que esa meta se alcance o no. La democracia exige una lucha permanente por mantenerla limpia de sinvergüenzas y en España el ciudadano ha dormido durante tres décadas, permitiendo que el poder sea acaparado por demasiados mediocres, torpes y corruptos.

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Efectos secundarios de la crisis

10.11.09 | 18:06. Archivado en Política, Democracia, Economía, Corrupción, Cultura, España

Todo el mundo sabe que la crisis destruye empleo, comprime la demanda, empobrece a muchos y dinamita el tejido productivo de un país, pero lo que pocos saben es que posee otros muchos "efectos secundarios", no todos negativos, capaces de transformar la sociedad y de alterar la economía, la cultura y las costumbres.

La crisis estimula el ahorro, vuelve a convertir al norte en más importante que el sur, alarga las faldas de las mujeres (la abundancia tiende a acortarlas), baja los precios de casi todos los productos del mercado, estimula la práctica religiosa, incrementa la solidaridad y las donaciones para ayudar a los más necesitados, fortalece a la familia y hace que la gente valore más el estudio y la preparación profesional e intelectual para la vida. Especialmente importante es el auge que produce de la ética, que se convierte en una exigencia, de las prácticas religiosas y de la trascendencia porque el ser humano, ante la adversidad, suele buscar consuelo y explicación en el más allá.

El ejercito crece porque miles de desempleados se enrolan en sus filas. Al consumir menos, la gente permanece más en sus hogares, lee más y está más tiempo delante del televisor, lo que facilita el adoctrinamiento y dispara la capacidad de influencia del Estado y de otros poderes sobre los individuos, que generalmente ven como sus libertades y derechos retroceden.

La crisis es fatal para las relaciones humanas y para la democracia porque aisla a las personas, que, sin dinero para gastar, tienden a encerrarse en sus hogares y dejan de conversar, de debatir y de intercambiar ideas y opiniones, ejercicios de gran valor para las libertades y el civismo.

La brecha que separa a ricos y pobres se ensancha con la crisis porque hace más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. La sociedad se hace más injusta. Las clases medias son diezmadas. Los trabajadores fijos se convierten en una especie de "élite laboral" que es defendida por los sindicatos y desprecia a los trabajadores eventuales y autónomos. Los sindicatos pierden afiliados y suelen convertirse en odiosos ante la opinión pública mayoritaria porque solo protegen a sus afiliados y chantajean a las empresas y al Estado para consolidar abusos y privilegios.

La crisis fortalece el poder del Estado y resta poder al individuo y a la sociedad. Cuando millones de ciudadanos ven como sus ingresos disminuyen, el Estado sigue teniendo dinero porque aumenta los impuestos y ordena a sus inspectores y agentes recaudar sin piedad. El ciudadano se convierte, para el Estado, en una presa a la que hay que sacarle el dinero del bolsillo y, si es necesario, esquilmar mediante sanciones, denuncias, multas y expedientes. En la España actual, hay agentes de la policía de tráfico que, obligados a recaudar mediante denuncias, ya sancionan por "conducir distraído" o "por hablar con el copiloto", una forma abusiva de interpretar la ley por parte de la autoridad.

El foso que separa la sociedad del Estado se agranda, hasta el punto de que la mayoría de los ciudadanos, dentro de una crisis grave, suelen contemplar al Estado como un enemigo. El Estado en crisis se hace implacable y peligroso, deja de pagar sus deudas y facturas y tiende a ser más corrupto porque el escaso dinero existente tienta a los administradores públicos y gobernantes. Solo los más desposeídos contemplan al Estado con esperanza, porque reciben de él subsidios y pagas de subsistencia.

Esta es la primera gran crisis mundial con Internet convertida en un poderosos medio de comunicación al alcance de muchos. Los expertos creen que el consumo de Internet crecerá y que los gobiernos, durante la crisis, contemplarán a la "red" como un enemigo a batir porque les resta control y dominio sobre el ciudadano.

Pero quizás el efecto más beneficioso de la crisis sea que los ojos y la mente de los ciudadanos se abren y les permiten ver el drama que representan sus gobernantes, generalmente ineptos, ociosos, corruptos e incapaces de cumplir con la misión que el ciudadano les ha encomendado: la de utilizar la fuerza del Estado y los recursos comunes para solucionar los problemas de la ciudadanía y hacer que el mundo sea mejor.

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Los ciudadanos quieren mandar

18.10.09 | 18:21. Archivado en Gobierno Zapatero, Política, Democracia, Corrupción, Cultura, España

La masiva manifestación de ayer en Madrid demuestra que los ciudadanos se están rebelando y quieren mandar. No se fian de sus dirigentes y consideran que la política, de la que dependen sus destinos, es algo demasiado importantre para dejarla en manos de políticos sin altura ni solvencia. El poder, convertido en "casta", se siente amenazado y reacciona considerando al ciudadano como enemigo, sustituyéndolo por una nueva "especie", la de los "BMT" (Botarates Manipulables Televidentes), incapaces de debatir, discernir, criticar y ser libres.

Más de un millón y medio de ciudadanos se rebelaron ayer en las calles de Madrid frente a un gobierno que desprecia el criterio de las mayorías y que, violando la democracia, quiere imponer una ley del aborto rechazada por la sociedad, sin atreverse a convocar un referendum que, sin la menor duda, perdería de manera humillante.

Ante la arrogancia del poder, que se impone ilícitamente a la voluntad popular, muchos ciudadanos, decepcionados ante el mal gobierno, ya no se fian de los políticos y quieren tomar el poder. A lo largo del siglo XX han comprobado que el mal gobierno ha llevado a la Humanidad hasta niveles de infamia intolerables, con Estados capaces de generar la guerra, los gulags, los hornos crematorios y otros mil métodos para acabar con la libertad. Tan sólo en el siglo XX los gobiernos han asesinado, a sangre fría y en las retaguardias, a más de cien millones de ciudadanos. Ahora, en el siglo XXI, muchos hombres y mujeres libres creemos que la política es algo demasiado importante para dejarla en manos de los políticos y sentimos el deber de regenerar la democracia y de erradicar a unos representantes e intermediarios que se han vuelto demasiado arrogantes e inútiles.

Seamos optimistas y pensemos que esa rabelión cívica contra el mal gobierno, cuyo epicentro es el deseo de transformar la actual democracia representativa, demasiado degradada y desequilibrada, en una democracia auténtica, de ciudadanos que controlan a sus representantes, se convertirá, poco a poco, en la fuerza dominante del siglo, hasta alcanzar la fuerza de un tornado. Los gobiernos que no sepan interpretar a tiempo esa corriente libertadora, serán arrasados por los ciudadanos indignados y cansados del abuso de poder. Algunos escritores y expertos en prospectiva han dicho que la próxima guerra mundial será la de los ciudadanos indignados contra sus gobiernos corruptos y degenerados.

El caso de España es paradigmático: arropado por millones de fanáticos que le votarían siempre, incluso si nos llevara hasta el fracaso y la derrota como nación, y apoyado por los cientos de miles de militantes de su partido, muchos de ellos enchufados en el poder y dotados de privilegios, y por otros cientos de miles de familiares y amigos del poder, José Luis Rodríguez Zapatero se siente lo bastante seguro para esperar una nueva reelección en el año 2012, a pesar de sus mentiras, engaños y reiterados fracasos como gobernante, los cuales están llevando a España hasta la ruina y la derrota como pueblo.

La actual democracia española es un bodrio de ciudadanos marginados y de poderes controlados por los partidos políticos, que no cumple ni siquiera una de las reglas fundamentales del sistema. Esta democracia degradada ni siquiera habría servido para los tiempos de la Guerra Fría, cuando el mundo, dividido en dos bandos irreconcialiables, el comunismo y la democracia, armados hastsa los dientes, amanecía cada día sorprendido de que los misiles no hubieran salido de sus silos y arrasado el planeta. Hoy, cuando los dos grandes desafíos de las sociedades son la decencia y la prosperidad, esta democracia es indigna.

En aquellos tiempos de guerra, tal vez tuviera cierto sentido que las democracias estuvieran controladas ferreamente por una clase dirigentecapaz de tomar decisiones de manera autónoma en situaciones de emergencia. Sin embargo, tras la caida del Muro de Berlín y la desaparición del enemigo soviético, ese concepto de "democracia de guerra" carece de sentido. Los ciudadanos se sienten estafados por sus dirigentes y con derecho a recuperar la soberanía que la democracia les otorga y los políticos le niegan.

Los partidos políticos y las castas dominantes se resisten a abandonar el dominio y el poder abusivo que ejercen sobre la sociedad e inventan nuevos enemigos que justifiquen su control absoluto de los recursos y de las decisiones. El terrorismo está siendo inflado y magnificado para que sea el nuevo gran enemigo y la civilización islámica está siendo "esculpida" mediáticamente para que parezca una amenaza atróz que justifique una nueva "democracia de guerra" en Occidente.

Pero muchos ciudadanos siguen confiando en la democracia, se resisten a caer en el engaño de los gobiernos y siguen firmes en el deseo de controlar el poder.

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La verdadera pandemia es la del poder inepto

Nos hablan a diario de la pandemia de la gripe A para que no fijemos la atención en la verdadera pandemia que está asolando el mundo: la del poder inepto, la de una casta de tiranos camuflados de demócratas, desprovista de ética, que ha tomado el poder en muchos paises y está liquidando conceptos tan vitales para la democracia como la decencia, la verdad, el bien común y la eficiencia, sustituyéndolos por el privilegio, la arrogancia, la mentira y el fracaso.

El mayor preblema de nuestro mundo es el mal gobierno. El liderazgo político es tan deficiente que, a pesar de contar con todos los recursos del Estado y con la posibilidad de sacarnos el dinero del bolsillo, no ha solucionado durante siglos ni uno solo de los grandes problemas de la sociedad mundial: injusticia, hambre, pobreza, desigualdad, indefensión de los débiles, opresión, inseguridad,...

Es una pandemia que no es vírica sino política, letal para los ciudadanos, que germina en el caldo de la inmoralidad, de la incultura, de la mentira, de la traición, de la corrupción y de la desesperación, propagada por gobiernos materialistas y relativistas cuya única obsesión es controlar el poder y disfrutar de sus ventajas y privilegios.

Nuestro mundo es tan absurdo y frágil que siente pánico ante una epidemia de gripe A que causa menos muertos que la diarrea o que el tráfico rodado, mientras se siente a salvo rodeado de los lobos que ocupan el poder, ignorando que la peor pandemia de la Humanidad es el mal gobierno, el dramático hecho de que muchos de los que dirigen el mundo y nos representan sean ineptos, peligrosos ególatras dispuestos a todo y, según demuestra la historia, hasta capaces de convertirse, en circunstancias especiales, en asesinos locos que exterminan a decenas de millones de ciudadanos.

Muchos creen que la epidemia más destructiva de la historia humana y el motivo principal de las muchas desgracias del hombre ha sido la guerra, causante de cientos de millones de muertos, más de cien millones sólo en el siglo XX; otros creen que fue el totalitarismo, encarnado en fantasmas como la tiranía, el absolutismo, la plaga asesina bolchevique y el totalitarismo enloquecido nazi y fascista, culpables de opresión y de exterminios ideológicos y culturales masivos; otros señalan al egoismo, el odio y la violencia como las plagas humanas que nos han llevado al desastre.

Sin embargo, el virus más letal y dañino de la Historia ha sido y es el mal gobierno, el verdadero causante de la guerra, del hambre, de la violencia, la injusticia y casi la totalidad de los males de la raza humana.

El mayor drama de la historia humana ha sido el fracaso del liderazgo y de los políticos, que, a pesar de contar con todo el poder, los privilegios y los recursos, han sido incapaces de cumplir con su misión de mejorar el mundo y de solucionar los grandes problemas de la Humanidad.

Si alguien duda de esta tesis que señala al gobierno como el principal causante de los males del hombre, que analice cómo está siendo gestionada la actual crisis, una de las peores de la Historia, y comprobará toda la injusticia y la ineficiencia del poder, intervencionista, parcial, inepto e incapaz de atajar el mal, arbitrario a la hora de repartir los recursos comunes, que están siendo desviados hacia la banca y la gran empresa, dejando desamparados a las pequeñas y medianas empresas y a las familias y ciudadanos, mientras que los líderes de la comunidad exhiben su blindaje ante el drama colectivo subiendose sus sueldos, asegurando sus cargos e incrementando sus privilegios, que ya antes eran hirientes e injustos.

No es cierta la sentencia, alimentada desde la política, que dice que “los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”. No conozco un solo pueblo que sea peor que el gobierno que padece. Lo que sí es ciertos es que los ciudadanos tienen que implicarse en solucionar los problemas del planeta, ya que los políticos son incapaces de hacerlo. La sentencia que dice que “la política es algo demasiado importante para dejarla en manos de los políticos” se convierte cada día en más infalible.

Son los malos gobiernos los que han llevado a los pueblos hacia la guerra, los que han empujado a los pueblos europeos a pelear unos con otros durante más de veinte siglos. Carlos I de España y Francisco I de Francia, dos bravucones irresponsables, pelearon durante décadas y causaron decenas de miles de muertas sólo para demostrar cual de los dos era más chulo. Fueron los políticos los que embarcaron a la Europa próspera y alegre de 1914 en una guerra absurda que empujó a generaciones enteras hacia las trincheras, donde millones de vidas fueron segadas por las ametralladoras y los gases. Malos gobiernos fueron los que enfrentaron a los españoles en una guerra civil que era perfectamente evitable. Fueron los malos gobiernos los que perfeccionaron el totalitarismo y asesinaron a poblaciones enteras a mediados del siglo XX, dentro y fuera del frente bélico de la Segunda Guerra Mundial. Fueron los malos gobiernos los que inventaron la guerra fría, los que sembraron de conflictos bélicos el siglo, los que asesinaron sistemáticamente al adversario bajo la excusa de la seguridad nacional, los que derrocaron a los gobiernos populares y los que jamás dedicaron un esfuerzo a derrotar el hambre, la miseria y la injusticia.

Dicen los gobernantes en su descargo que la responsabilidad de los errores corresponde a toda la sociedad, pero no es cierto porque son ellos los que tienen el poder, sus lujos, sus privilegios y sus recursos: el presupuesto nacional, el monopolio de la violencia, el ejército, la policía y la fuerza de la ley. Nosotros sólo somos culpables de haberlos elegido sin exigirles casi nada a cambio. Ni siquiera los exigimos que sepan idiomas, que posean títulos superiores o que hayan demostrado en sus vidas poseer valores humanos.

Francisco Rubiales

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EN 30 AÑOS ¿NOS HEMOS VUELTO GILIPOLLAS?

10.10.09 | 16:40. Archivado en Cultura, España

Es inaceptable, pero en apenas 30 años nos han deteriorado nuestro mundo más de lo que creíamos.

Escenario: Tienes que hacer un viaje.

Año 1979: Viajas en un avión de Iberia, te dan de comer y te invitan a lo que quieras de beber, todo servido por azafatas espectaculares en un asiento en el que caben dos como tú.

Año 2009: Entras en el avión abrochándote el cinturón de los pantalones que te han hecho quitar para pasar el control, te sientan en una butaca en la que si respiras profundo le metes el codo en el ojo al de al lado y si tienes sed el azafato te ofrece una carta con las bebidas y sus precios subidos un 50% porque si. Y no protestas por si acaso. Cuando aterrizas te meten el dedo por el culo para ver si llevas drogas.

Escenario: Manolo tiene pensado ir al bosque después de clase, según entra al colegio le enseña una navaja a Pancho con la que pretende hacer un tirachinas.

Año 1979: El subdirector lo ve y le pregunta donde las venden, y le enseña la suya, que es antigua, pero mas buena.

Año 2009: La escuela se cierra, llaman a la guardia civil y llevan a Manolo al reformatorio. Antena 3 y Tele cinco presentan los informativos de las 15:00 desde la puerta del colegio.

Escenario: Disciplina escolar:

Año 1979: Hacías una putada en clase. El profesor te metía dos buenas hostias, bien merecidas. Al llegar a casa, tu padre te arreaba otras dos.

Año 2009: Haces una putada. El profesor te pide disculpas. Tu padre te pide disculpas y te compra una moto.

Escenario: Fran y Marcos se reparten unos puñetazos después de clase.

Año 1979: Los compañeros los animan, Marcos gana. Se dan las manos y terminan siendo colegas en los billares.

Año 2009: La escuela se cierra, Tele cinco proclama el mes antiviolencia escolar, el periódico 20 minutos titula a cinco columnas el asunto y Antena 3 aposta de nuevo a Matías Prats en pleno temporal frente a la puerta del colegio para presentar el telediario.

Escenario: Luis rompe el cristal de un coche en el barrio; su padre saca el cinturón y le pega unos buenos latigazos con él.

Año 1979: Luis tiene más cuidado la próxima vez, crece normalmente, va a la universidad y se convierte en un hombre negocios con éxito.

Año 2009: Arrestan al padre de Luis por maltrato a menores. Sin la figura paterna, Luis se une a una banda. Los psicólogos convencen a su hermana de que el padre abusaba de ella y lo meten en la cárcel. La madre de Luis se enrolla con el psicólogo. Mercedes Mila abre la final de Gran Hermano con un discurso relativo a la noticia.

Escenario: Juan se cae mientras echaba una carrera y se araña en la rodilla. Su profesora, María, se lo encuentra llorando al borde del camino. María lo abraza para confortarlo.

Año 1979: Al poco rato, Juan se siente mejor y sigue jugando.

Año 2009: María es acusada de perversión de menores y se va al paro. Se enfrenta a tres años de cárcel. Juan se pasa cinco años de terapia en terapia. Sus padres demandan al colegio por negligencia y a la profesora por trauma emocional, ganando ambos juicios. María, en paro y endeudada, se suicida tirándose de un edificio. Cuando aterriza, lo hace encima de un coche y también rompe una maceta. El dueño del coche y el dueño de la planta demandan a los herederos de María por destrucción de la propiedad. Ganan. Tele cinco y Antena 3 producen juntos la película y definitivamente el plató de los informativos ya queda emplazado en medio de la calle.

Escenario: Relación habitual entre padre e hijo:

Año 1979: Le pido dinero a mi padre para salir.

Año 2009: Mi padre me pide dinero para apaciguar al banco.

Escenario: llega el 28 de octubre.

Año 1979: Llega el día del cambio de horario de verano al horario de invierno. No pasa nada.

Año 2009 : Llega el día del cambio de horario de verano al horario de invierno. La gente sufre trastornos del sueño, depresión y amenorrea.

Escenario: El fin de las vacaciones.

Año 1979: Después de chuparse una caravana del copón con toda la familia metida en un seiscientos tras 15 días de vacaciones en la costa, se terminan las vacaciones. Al día siguiente se trabaja y no pasa nada.

Año 2009: Después de volver de Cancún, en un viaje todo pagado. Se terminan las vacaciones y la gente sufre trastornos del sueño, depresión y seborrea.

Conclusión: El mundo se ha deteriorado y nos hemos vuelto gilipollas. Perece que en lugar de progresar, hemos retrocedido. Bien nos iría ser un poco normales y decirle a los medios de comunicación que no sean tan sensacionalistas.

(Elaborado con información procedente de Internet)

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EL MITO DE AL-ANDALUS

11.06.09 | 20:48. Archivado en EEUU, Democracia, Corrupción, Cultura, Ideología, Andalucía, España

No todo lo historiado es cierto; debe desecharse esa historiografía desinformada que intenta perpetuar la invención, lo que no fue. Antes de opinar y hablar de un asunto hay que estudiar, leer e informarse en fuentes serias y contrastadas. B. Obama, incurriendo en un anacronismo, ha viajado al Cairo, a enredarse en el mito de Al-Andalus a través de los consabidos tópicos; tendiéndole su idílico desideratum pacifista y conciliador al mundo árabe, se entretuvo en la complacencia y, dando un innecesario vapuleo a la historia de España, buscó el aplauso fácil. Una cosa fue la Córdoba Califal y otra distinta, la Inquisición. Espada en mano y alfanje en alto, los musulmanes, judíos y cristianos estaban de continuo enzarzados en sus luchas y odios, dice Domínguez Ortiz; Córdoba no fue un paraíso ni Al-Andalus una balsa de concordia cívica y fraterna. García de Cortázar apunta que tanto musulmanes heterodoxos como cristianos y judíos sufrieron “la implacable acción intolerante del Islam”.

Una vez proclamado el Califato Omeya de Córdoba el 929, en un territorio que comprendía partes de España, Portugal y Marruecos, en efecto, gozó de una época de pacífica coexistencia y de un desarrollo magnífico; así, el historiador J. Vernet, afirma que “en este periodo califal existió cierta tolerancia política y religiosa”.Luego, en el 1010, se entabla la guerra civil, que acarrea la desestabilización, hasta que en 1031, dividiéndose en los reinos de Taifas, cae, por fin, el Estado Omeya. La convivencia y tolerancia idílicas de la evocada Al-Andalus no se dio, no fue ningún modelo; sabios y filósofos, judíos y cristianos fueron perseguidos, encarcelados y desterrados, pregúntenle al sevillano Maimónides o al cordobés Averroes. El califato y los posteriores taifas regionales que le sucedieron, fueron regímenes teocráticos, que imponían el Islam y cortaban a hierro la disidencia religiosa. Por su parte, la Inquisición, que no es un fenómeno de origen peninsular, se remonta a mediados del s. XIII; a raíz de una ola de antisemitismo, la persecución a los herejes cala en la concepción cristiana de esa época, a finales del s. XIV. Después, en 1478, se estableció el Santo Oficio como instrumento indagador y con función represiva.

En la actualidad, el odio perseguidor no ha remitido, contra lo que creen los incautos admiradores del Islam y defensores de la imposible Alianza de Civilizaciones. Ayer, el jefe espiritual iraní, Jamenei declaró que “en Oriente Próximo toda la gente odia a América desde el fondo de su corazón”. Así, en los ámbitos musulmanes, las actuaciones judiciales “distan mucho de cumplir las normas internacionales sobre garantías procesales”; un hombre saudí, declarado culpable de secuestro, asesinato y delitos de ‘Luwat’ (relaciones homosexuales), según condena Amnistía Internacional, ha sido decapitado y crucificado en un lugar público de Riad, el pasado 29 de mayo; y añade que, en 2008, tiene noticia de 102 ejecuciones en Arabia Saudí y que, al menos, 136 personas están en espera de ejecución. A su vez, los regidores iraníes han ejecutado hoy en la horca a tres hombres condenados por su implicación terrorista, informa la agencia oficial IRNA. Y, en Bilbao, han detenido a 17 individuos, acusados de integrar el grupo terrorista Al Qaeda en el Magreb Islámico.

Todo esto responde a una barata dialéctica común a los mal llamados progresistas, que desde su aborrecimiento incomprensible a Occidente inventan, sin evidencia alguna, esa edad de oro de un califato tolerante de perfecta armonía y respeto mutuo; el presidente de Estados Unidos es experto en el discurso de la nada, en los mítines grandilocuentes, en las ovaciones cerradas y las apelaciones a un tiempo y un país que nunca existieron; es la fórmula sonriente y sonora que arrastra al auditorio con fáciles promesas y ofertas y que tan eficaz le resulta a ZP; no interesa el contenido, sino el tipo de oyentes y la forma de hablar; en el actual lenguaje politiquero, se ha impuesto un “modus dicendi” degradado y reducido, vacío y zafio, de expresión publicitaria y retórica vana que funciona al sosegar las conciencias sumidas en el complejo de culpa, procedente de verse desnudos de los valores tradicionales.

C. Mudarra

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¿Es mejor una dictadura que una democracia degenerada?

01.06.09 | 17:38. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, Cultura, Ideología, España

¿Es mejor una dictadura que una democracia degenerada y transformada en oligocracia, como la que padecemos en España? La elección no es fácil porque ambas provocan desprecio y repugnancia, pero si tuviéramos que elegir por fuerza entre una y otra, quizás fuera preferible la tiranía. Escapar de la tiranía es siempre más fácil que liberarse de una democracia adulterada.

Existen razones y argumentos suficientes para demostrar que una opción y otra son igualmente despreciables, pero la gran diferencia es que el despotismo hace al hombre esclavo, mientras que la democracia degenerada, además de esclavizarlo, lo envilece.

El despotismo tirano elimina todas las formas de libertad y exige sometimiento, mientras que la democracia corrompida (partitocracia) necesita mantener esas formas de libertad para demostrar que es "democracia", pero se apodera de ellas y las profana.

Como la libertad de opinión le parece peligrosa, pero considera su apariencia necesaria, la partitocracia fustiga al pueblo con una mano para sofocar la opinión real, mientras que con la otra mano lo golpea para forzarle a representar un simulacro de opinión supuesta.

El dictador déspota prohibe la discusión y exige sólo obediencia, mientras que el falso demócrata manipula el debate para que tenga apariencia de opinión libre, cuando en realidad prescribe y controla con mano de hierro las ideas y criterios.

La peor de las tiranías es la que se considera legítima y aspira a obtener el consentimiento de sus "subditos". Para alcanzar esa aprobación forzada, la democracia degradada acusa a los ciudadanos pacíficos de indiferentes, trata a los críticos como autoritarios, totalitarios, desfasados y políticamente incorrectos, mientras persigue a los rebeldes como si fueran peligrosos "antisistema". Los déspotas pueden llegar al extremo de ejecutar a sus adversarios, pero las partitocracias degeneradas estimulan un servilismo sin límites y no necesitan asesinar a sus enemigos porque saben cómo fabricar cadáveres ambulantes.

En lo único que ambas son iguales es en el magistral manejo del miedo, pero mientras que en las dictaduras el miedo permite el derecho a la revancha y el deseo de recuperar la dignidad, en las democracias degradadas se manipula, se disfraza de coraje y se utiliza para hacer olvidar las propias vergüenzas y para congraciarse con las propias miserias.

La dictadura déspota es moralista y defiende realmente algunos valores que le convienen, como el orden, la no violencia, el respeto a la vida y a las propiedades ajenas y la convivencia honrada y pacífica, mientras que la democracia degenerada se siente más a gusto en una sociedad sin respeto y confundida en su escala de valores, en la que algunos valores secundarios, de carácter político, cobran un protagonismo inapropiado, mientras que los grandes valores son relegados y donde los ciudadanos, permanentemente asustados, justifican en cada instante la existencia de una autoridad que consideran necesaria para mantener el orden y hasta para reprimir.

De hecho, las dictaduras suelen producir sociedades con pocos delincuentes, en las que los ciudadanos duermen con las puertas de sus hogares abiertas, mientras que las democracias degradadas construyen cárceles sin cesar para encerrar en ellas a sólo una parte de las mareas de delincuentes que genera. Cuando murió Franco, había en España menos de 15.000 presos, mientras que hoy la "democracia" tiene casi 100.000, la mayor densidad de encarcelados en toda la Unión Europea.

El despotismo sofoca la libertad de prensa, mientras que la partitocracia degenerada convierte a la prensa en una parodia. Cuando la libertad de prensa se proscribe, la opinión pública duerme, pero nada ni nadie la corrompe; cuando, por el contrario, los periodistas comprados, los comunicadores aliados y los panfletarios a sueldo se apoderan de esa opinión pública, se abre la puerta al oprobio y a la prostitución de las ideas. Entonces, engañan, generan falsos debates, discuten como si pretendieran convencer, aparentan cólera y discrepan como si existiera una pugna real entre opciones y criterios. Pero todo es un escenario falso para hacernos creer que las víctimas pueden resistir y defenderse, cuando, en realidad, el poder aplica las leyes a su gusto, perdona a los suyos y condena y aplasta de antemano al adversario, fabricando cadáveres.

El despotismo reina por el silencio, pero deja al hombre el derecho a callar, mientras que la degeneración de la democracia le condena a hablar y le persigue hasta en el santuario íntimo de su pensamiento, obligándole a mentir y a engañarse a sí mismo.

Pero el argumento que demuestra toda la capacidad destructva de la falsa democracia prostituida es que cuando el pueblo es esclavo sin estar envilecido, conserva la posibilidad de remediar su desgracia y de recuperar su dignidad en la primera oportunidad que se le presente, mientras que la democracia degradada envilece al pueblo, al mismo tiempo que lo oprime, le acostumbra a despreciar todo lo que antes respetaba y a emular lo que condenaba, cerrando todas las puertas a la regeneración y a la esperanza.

Los pueblos alemán e italiano supieron construir una democracia sobre las cenizas del nazismo y del fascismo, pero ¿cómo podrían construir un régimen justo para sustituir al que les gobierna hoy si ni siquiera son conscientes de la degeneración que padecen?

Bajo Franco, los españoles sabían que estaban oprimidos y, tras la muerte del dictador, el pueblo español que sobrevivió al franquismo supo reaccionar y construir lo que entonces creyó que iba a ser una democracia ciudadana, pero ¿podrá reaccionar del mismo modo la sociedad española actual? ¿Puede regenerarse el que ni siquiera es consciente de que está degenerado?

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¿Se está desatando en España una potente ola conservadora?

13.04.09 | 19:23. Archivado en Política, Democracia, Cultura, Ideología, España, Zapatero

La indignación de la sociedad ante los abusos y errores cometidos por los gestores políticos de la Caja de Castilla La Mancha (CCM), que han obligado a la intervención del Banco de España, y las marchas por la vida que inundaron las principales capitales de España en la jornada del 29 de marzo son pruebas evidentes de que existe una "reacción" defensiva de la sociedad española frente a los abusos del poder y los ataques "progres" a viejos valores y costumbres muy arraigados en la sociedad española.

La cobarde incapacidad de la oposición política, igualmente implicada en casos de corrupción y abuso e incapaz de ofrecer una alternativa limpia y creíble a los desmanes e incapacidades de la "progresía", también empuja y anima la reacción vital de la sociedad civil española contra la ineptitud de los políticos, la corrupción y el retroceso general.

Los falsos "progres" están jugando con fuego porque sus abusos tal vez estén ya generando en España una poderosa reacción conservadora que amenaza con barrerlos. El mejor ejemplo de lo que está ocurriendo está en el aborto. Regulado por la ley, estaba asumido por la sociedad, pero al intentar liberalizarlo todavía más, la sociedad reacciona cuestionándolo y defendiendo el derecho a la vida frente a la cultura "del lado oscuro". Sorprendidos, los líderes progres dicen ahora que el aborto fue debatido y asumido hace más de dos décadas, sin comprender que sus abusos han llevado a los ciudadanos a cuestionar aquellas medidas del pasado.

Lo mismo está ocurriendo con la política, donde los abusos del poder están llevando a la ciudadanía a replantearse el "sistema" y a descubrir que le quieren engañar haciendoles pasar por "democracia" lo que es una vulgar oligocracia de partidos demasiados poderosos y llenos de autócratas profesionales apalancados en el poder y los privilegios.

Algo similar está ocurriendo con los valores y principios. Frente a una política permisiva en exceso, vacía y decidida a demoler lo viejo sin sustituirlo por nada nuevo, la gente está reaccionado a favor de los antiguos valores perdidos y sintiendo asco ante la televisión basura, la ostentación de los macarras, chivalos, proxenetas y putas en la pequeña pantalla y las nuevas posturas estimuladas por el poder progre, como los abusos de las minorías, el feminismo beligerante anti-macho, el vacío ético, la corrupción galopante y los privilegios desenfrenados de unos políticos que se comportan como los "nuevos amos".

Algunos ministros como Maleni y Bermejo, ambos ya fuera del gabinete, han experimentado en carnes propias la fuerza de la reacción conservadora, al igual que el cine español, sometido a durísimo boicot en las taquillas por los abusos de la tribu "progre" de los artistas.

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España: la sociedad del miedo

La rebeldía ha sido siempre el motor de la historia, pero el miedo ha sido el freno. Miedo y rebeldía han pugnado a lo largo y ancho de los tiempos. Cuando la rebeldía fue más fuerte que el miedo, las sociedades avanzaron y la Humanidad progresó, pero cuando se impuso el miedo, se abrieron las puertas de la parálisis y del retroceso. La rebeldía y el inconformismo son las armas del progreso, mientras que el miedo es el instrumento preferido por los dictadores, sátrapas y amigos del totalitarismo y del pasado. Aunque se llamen progresistas, el culto al miedo les denuncia y les arroja al despreciable mundo de los sátrapas y reyezuelos déspotas.

Esta tesis, certera y sabia, se emparenta con el también sabio principio de que "Cuando el pueblo le teme al gobierno, existe dictadura y cuando es el gobierno el que le teme al pueblo, entonces hay democracia".

Una sociedad del miedo no debate abiertamente temas relacionados con los derechos humanos. Su pueblo no protesta. Su régimen no investiga. Su prensa no denuncia. Sus tribunales de justicia no protegen. En cambio, las sociedades democráticas realizan constantes exámenes de sí mismas.

La sociedad del miedo es muy parecida a la sociedad española actual, donde es el pueblo el que le teme al gobierno y no al reves, donde los abusos y currupciones gozan de práctica impunidad, las grandes dudas y sospechas, como las que rodean al 11 M, no se investigan hasta desvelar la verdad, el gobierno gestiona la mentira sin pudor, la prensa, salvo honrosas excepciones, no informa salvo de lo que interesa a los "amos", la justicia se "adapta" al momento político y el debate está falsificado y controlado desde el poder. En la España de Zapatero, la gente rebelde e independiente teme ser "señalada" por el poder como antisistema o, simplemente, como "adversaria", y sufrir consecuencias como la pérdida del empleo, la marginación de los contratos públicos y subvenciones, cuando no la visita de inspectores de Hacienda y otras "consecuencias" muy desagradables.

El fantasma del terrorismo ha servido a muchos Estados de excusa para volver a utilizar el miedo en su provecho. Resultaba evidente que la desaparición del gran enemigo comunista incomodó a la mayoría de los gobiernos y ejércitos, a los que ahora les resultaba difícil demostrar la necesidad de seguir produciendo masivamente misiles, tanques y aviones, de seguir acaparando privilegios y de continuar consumiendo para la Defensa las mayores cuotas de los presupuestos estatales.

En España, donde el gobierno está al frente de una sociedad debilitada hasta el extremo y sin capacidad de rebelión, ni siquiera es necesario el terrorismo para imponer el miedo. El gobierno Zapatero ha conseguido imponer el miedo y la autocensura esgrimiendo otros fantasmas más sutiles: miedo al imponente poder del Estado, terror a ser tachado de fascista o antisistema y pánico a perder el favor de lo público, quedando al margen del empleo, los negocios, los privilegios y la riqueza.

Zapatero ha adquirido méritos suficientes para pasar a la historia como el hombre que cambió España a velocidad de vértigo, como el que debilitó la unidad nacional, como el que trastocó las alianzas internacionales o como aquel que descoyuntó el país para contentar a los nacionalistas extremos, pero es más probable que consiga hacerlo por haber arrebatado los más preciados valores y logros a un pueblo de borregos que no supo impedirselo con la rebeldía.

Paises como Estados Unidos y Gran Bretaña han tenido que adaptar y reeditar los viejos fantasmas de la Guerra Fría, fijando la mirada en el terrorismo, para inyectar en sus pueblos el miedo que necesitan los poderosos para dominar y sojuzgar, pero Zapatero ha tenido que hacer poco para amedrentar a un pueblo cobarde de nuevos ricos, dispuestos a todo con tal de conservar su recien ganado bienestar.

En España, en vez de agigantar el fantasma del terrorismo, se ha pactado con él y se le ha beneficiado en los tribunales de justicia. Después del trauma nacional causado por los atentados de marzo de 2004, en Madrid, el gobierno de España no nocesita hablar de enemigos invisibles, de quintacolumnistas preparados para asesinar y de adversarios infiltrados dispuestos a todo. Aquí es suficiente el miedo a enemistarse con las poderosas castas políticas. Zapatero, al frente de su gran manada de borregos, se rie de que americanos y británicos, para lograr una escuálida cosecha de miedo, tengan que resucitar las odiosas doctrinas de la Seguridad Nacional y, como en los oscuros tiempos del macartysmo, espien sin controles democráticos a sus ciudadanos, alcanzando límites nunca antes permitidos, leyendo incluso sus correos electrónicos y escuchando sus conversaciones telefónicas.

En España, el poder político consigue todo eso y mucho más sin esfuerzo alguno, quizás porque el miedo está instalado en las almas de unos ciudadanos que ni siquiera tuvieron que luchar por la democracia adulterada que poseen, que les fue "regalada", tras la muerte del dictador, por una casta de políticos que se instalaron en el poder como los "nuevos amos".

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Cuando los profesionales del poder se disfrazan de "progreso"

06.04.09 | 17:05. Archivado en Educación, Política, Democracia, Corrupción, Cultura, España, Zapatero

Se aprovechan de que la lucha por el progreso es una causa noble y se autodenominan "progresistas", pero en realidad son profesionales del poder que luchan por perpetuarse. Confunden la “democracia” con la “oligocracia”, prefieren las libertades y derechos colectivos a los del individuo, devalúan al ciudadano y lo subordinan al Estado, que es lo que de verdad adoran, y han sustituido los derechos y libertades del pueblo en democracia por el “populismo”. En sus filas hay gente bienintencionada, honrada y decente, pero la mayoría son "profesionales" decididos a vivir del presupuesto e instalados en el privilegio. Se llaman “progresistas” y se consideran de izquierdas, pero en realidad son autoritarios y la mayoría son antiguos marxistas reciclados. En España han llegado al poder de la mano de Zapatero y se han convertido en una plaga.

Todos los estados totalitarios y asesinos del siglo XX se autodenominaron “progresistas”. Lo hicieron con idéntico énfasis el comunismo, el fascismo y el nazismo, tres barbaries cuyo denominador común, al igual que en el progresismo actual, fue el predominio del Estado sobre el ciudadano y de lo colectivo sobre lo individual. Su balance fue estremecedor no solo porque eran adictos a la guerra, sino porque terminaron exterminando a decenas de millones de sus propios ciudadanos, siempre bajo la excusa de que se oponían al “progreso”, entronizando la violencia y el asesinato de los adversarios, considerados "parte del pasado" y elementos "superados por la historia".

El "progre" actual es ciertamente menos violento que sus colegas del pasado siglo, pero comparten una adoración por los derechos y valores colectivos y por la fuerza del Estado, que les empuja a a "comprender" los abusos de Fidel Castro, a doblar la cerviz ante el totalitarismo de China y a babear cobardemente ante las agresiones del totalitarismo islamista, en el que no ven su violencia intrínseca, ni su capacidad para subyugar a la mujer, ni su elitismo, considerándolo como un fenómeno normal y propio del multiculturalismo y de las sociedades mestizas.

Ignorar los derechos del feto que crece en el vientre materno, confundir "igualdad" con "paridad", dialogar sin defender los propios valores, conceder al asesino similares derechos que a sus víctimas y sustituir el respeto a las minorías por una dictadura minoritaria no es progresismo sino totalitarismo disfrazado. Decir que nada es verdad o mentira, porque todo depende del punto de vista, como hacen el relativismo y el utilitarismo, es, además, contrario a la democracia, sistema que se construye sobre una gran verdad colectiva.

Todo es confusión en la "progresía", una fe que ni siquiera es una ideología, porque le falta consistencia y grosor intelectual. Derrotado en el siglo XX por sus abusos, parecía que iba a morir, pero renace para tapar las enormes brechas que dejó abiertas en la izquierda mundial la caída del Muro de Berlín. Como el totalitarismo estaba desprestigiado, se disfrazó de democracia, pero jamás llegó a entenderla porque la democracia es justo lo contrario de lo que ellos proclaman y en democracia el individuo y el ciudadano son más importantes que el Estado.

El ex lider comunista español Julio Anguita definió la "progresía" con tanta crueldad como precisión cuando dijo que es "el sumidero por donde se han ido las auténticas ideas de la izquierda".

Sus contradicciones y paradojas son memorables: cuando el desempleo y la pobreza cubren cada día más la sociedad con su manto negro de tristeza e infelicidad, ellos se suben los sueldos, compran coches de lujo y siguen gastando un dinero público que creen que les pertenece porque ocupan el poder. Están contra la pena de muerte, pero defienden el aborto, que causa millones de muertos, y la eutanasia; siempre hablan de tolerancia, pero no soportan la disidencia y llaman "fascistas" a los que piensan diferente; dicen que la igualdad es lo más importante, pero ellos se hacen millonarios en el poder; dejan libres a los Albertos, multimillonarios acusados de estafar miles de millones, y meten en la cárcel al que roba un jamón en un supermercado; proclaman la libertad a los cuatro vientos, pero han creado la doctrina de lo "políticamente correcto", una especie de pensamiento único dictatorial al que hay que someterse por la fuerza.

Utilizan como blindaje a los periodistas sometidos y a los medios de comunicación afines, a los que alimentan generosamente desde el poder con contratos publicitarios y concesiones para que camuflen o silencien lo que les perjudica, propaguen el pensamiento único y fustiguen a los que se oponen a la doctrina oficial. Así han conseguido transformar en silencio, sin denuncias y sin ruido, la democracia en una oligocracia autoritaria, donde los ciudadanos han sido suplantados por los partidos políticos.

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El alma de la crisis: nadie se fía de nadie;

La más espantosa recesión económica que se recuerda lleva casi dos años destruyendo la prosperidad mundial y el problema sigue siendo una crisis de confianza. Todos dicen, con razón, que la confianza perdida es la clave del drama. Lo dicen Obama, Sarkozy, Ángela Merkel y hasta Zapatero. Los grandes expertos y economistas de prestigio llegan más lejos y reconocen que "nadie se fía de nadie" y que, mientras no se recupere la confianza en el sistema, seguiremos hundiéndonos.

La gran pregunta que hoy se formulan miles de expertos, estudiosos y thinks tanks en todo el mundo es ¿Cómo podemos recuperar la confianza?

Todos coinciden en la pregunta, pero lo sorprendente es que también todos coinciden en la respuesta, aunque son tan cobardes y tienen tanto miedo al poder que no se atreven a formular en público que la única manera de recuperar la confianza en este mundo desquiciado es que la Justicia castigue a los miles de personajes que nos han llevado hasta el desastre, empezando por los más poderosos. Sin el castigo ejemplar de los poderosos que nos han llevado a la ruina, la desconfianza seguirá reinando y el mundo se ira a pique.

Tienen que ser castigados los jefes de Estado y de Gobierno que hayan entrado en el cargo con una mano delante y otra detrás y hoy aparezcan en las listas internacionales de millonarios; los gobernantes que tenían el deber de controlar la limpieza de las finanzas y nunca lo hicieron, no sólo los ministros de Economía y Hacienda, sino también a los responsables de los organismos reguladores del mercado, que cerraron los ojos mientras los brokers y banqueros endosaban basura tóxica a los inocentes y confiados ahorradores; los consultores y expertos que auditaron balances enfermos y otorgaron la máxima calificación a la basura tóxica que circulaba por los mercados, infectándolos; los brokers y banqueros que crearon la basura para hinchar artificialmente sus balances y poder cobrar premios y bonus tan millonarios como inmerecidos; los dirigentes políticos corruptos que no saben cómo justificar su veloz enriquecimiento y a los que han convertido la mentira y el engaño como un sistema de gobierno, anteponiendo el poder y el privilegio al servicio y el bien común.

Cuando el pueblo los vea sentados en el banquillo y humillados, entonces volverá a confiar. Mientras tanto, con toda la razón del mundo, no volverá a creer en un sistema cuyo mayor problema es la indecencia. Mientras los ladrones de guante blanco sigan en libertad, blindados, impunes y millonarios, nadie se fiará de nadie. Mientras los impuestos ciudadanos se empleen para financiar coches de lujo y para retroalimentar a grupos terroristas, la gente odiará en secreto al sistema y lo considerará opresor e indigno. MIentras la misma ley se aplique según convenga al poder, la confianza permanecerá ausente.

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