La España del fracaso económico, del deterioro democrático, del divorcio entre políticos y ciudadanos y de la trifulca y la desunión política y territorial se dispone a presidir la Unión Europea, un privilegio que Zapatero, principal artífice del "fracaso español", tal vez no se merezca.
La presidencia de la Unión Europea que le corresponde a España en el primer semestre de 2010, más que un "acontecimiento planetario", como la definió la imprudente dirigente socialista española Leire Pajín, quizás constituya un gran riesgo para los europeos. De hecho, la presidencia de Zapatero significa colocar al frente de Europa al político que lidera el único país de la Unión que no sabe salir de la crisis y que ocupa los primeros puestos europeos (y en algunos casos mundiales) en deterioro profundo de la economía, en avance del desempleo y de la pobreza, en tráfico y consumo de drogas, en prostitución, alcoholismo, fracaso escolar y crecimiento de la decepción ciudadana frente a la democracia y a sus líderes políticos. Zapatero es también un líder que ha logrado dividir a España en lugar de unirla y que ha impuesto un desquiciante enfrentamiento con la oposición que se traduce en retroceso y deterioro de la convivencia.
La España que presidirá Europa en 2010 es, también, la que encabeza las estadísticas de población encarcelada, incremento de la inseguridad, coches oficiales al servicio de las élites políticas y la que posee una densidad mayor de funcionarios, asesores, enchufados y amigos del poder cobrando del casi agotado erario público, además de ser la nación que más intensa y velozmente se endeuda e incrementa su déficit público y la que posee el Estado más sobredimensionado y, según no pocos expertos, también el más monstruoso e insostenible de toda la Unión.
Las estadísticas y sondeos también revelan que el Zapatero que representará a Europa durante todo un semestre es, igualmente, el líder político de la sociedad europea que más rápidamente está perdiendo su antigua ilusión por Europa, la que deteriora con mayor velocidad el respeto por sus dirigentes políticos, la que acumula más decepción y rechazo ante su "degradada" democracia y la que amplia más intensamente la fosa que separa a los ciudadanos y a sus políticos.
Pero los datos dramáticos que el futuro presidente podrá "ofrecer" a Europa no se detienen ahí. La España de Zapatero es también la que más intensamente está padeciendo la plaga de la inseguridad ciudadana y la que menos confía en su Justicia. Los españoles que lidera Zapatero señalan en las encuestas a los partidos políticos, a la policía y a la Justicia como las instituciones más corruptas.
Existe, además, un problema de "sintonía" entre la España de Zapatero y la Unión Europea, que parecen transmitir en distinta onda en política exterior, en cooperación militar, en política económica y hasta en ideología. La disonancia es especialmente intensa en política exterior: los mejores amigos internacionales de Zapatero no son sus "colegas" demócratas europeos, sino sátrapas y tiranos tan sanguinarios como los hermanos Castro, de Cuba, y sus socios de Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Libia, Siria, Irán y otros muchos de similar pelaje.
La lista de dramas distancian a España del "alma" de Europa y parecen querer establecer de nuevo la frontera sur de África en los Pirineos. Para terminar, podemos aportar otros seis records "made in Spain": España es el país europeo más dañado por el nacionalismo excluyente, independentista y disgregador; también es el paraíso que las bandas internacionales señalan como el mejor de Europa para delinquir con mayor impunidad; la sociedad civil española, que en democracia debería tener la salud suficiente para servir de contrapeso al poder del Estado, está tan ocupada y manipulada por el poder político que languidece casi en estado de coma; el índice de periodistas sometidos al poder no para de crecer en España, lo que impide al país disfrutar de la sana fuerza de la crítica y de la fiscalización de los grandes poderes por una prensa libre; la pobreza crece en España actual a ritmo endiablado, hasta el punto de que las filas de los nuevos pobres esperando su turno en los comedores de caridad se están convirtiendo en una parte siniestra del paísaje; y, por último, la democracia española es, según numerosos expertos y analistas, la más desprestigiada ante sus ciudadanos y la que padece la más intensa degradación en toda la Unión.
España, que también es la única nación de la vieja Europa que todavía se enfrenta a un terrorismo alzado en armas, el de la banda vasca ETA, es una nación enferma y la única manera de curar una enfermedad parte de que previamente sea diagnosticada y asumida por el enfermo. La mentira, la propaganda más descarada, el autobombo y la adulación, propagados desde el gobierno, cuando afectan a la salud pública, siempre son suicidas.
Los últimos acontecimientos de la política española todavía descalifican más a Zapatero como futuro presidente de la Unión. El líder socialista español se ha empeñado en subir los impuestos y en facilitar todavía más el aborto a pesar de la más que evidente oposición de la mayoría de la sociedad española, mientras es acusado por el Partido Popular de espionaje telefónico, de utilizar la política para desprestigiar a la oposición y de intentar presentar ante los españoles al PP como un partido de delincuentes, acusaciones que, si se confirmaran, serían claras violaciones de los derechos humanos que en cualquier país democrático justificarían la dimisión del actual gobierno y unas nuevas elecciones.
España, convertida en la “república bananera” de Europa por obra de Zapatero, según acaba de denunciar el consejero delegado del grupo PRISA, Juan Luis Cebrián, preocupa cada día más a los principales líderes europeos, que tendrán que decidir pronto si rescatan a España, inyectándole los recursos masivos que necesita tras el descalabro de la política económica socialista, o si dejan a España que se hunda y que de nuevo la frontera sur de Europa se sitúe en los Pirineos.
Los líderes de Francia y Alemania, Sarkozy y Merkel, cuyos países ya empiezan a crecer tras haber superado la crisis con las recetas que Zapatero se ha negado a aplicar en España (austeridad en el gasto público, flexibilidad laboral, moderación fiscal y ayudas para sostener a las pequeñas y medianas empresas, que constituyen la médula espinal de la economía), se sienten muy preocupados por el hundimiento de la economía española y por el peligro de que España lastre peligrosamente el progreso de Europa en los próximos años.
Al igual que muchos españoles, Sarkozy, Merkel y, según diversas fuentes, también Berlusconi y el inglés Gordon Brown, a pesar de ser este último correligionario de Zapatero, creen que España no podrá salir de la crisis mientras Zapatero se mantenga en el poder.
Esa condena generalizada de Zapatero en Europa es ya una verdad asumida en los principales foros internacionales, sobre todo en los económicos, donde la política de Zapatero asombra por su estupidez.
Una prueba de la condena internacional a Zapatero es el último informe de la firma de análisis Variant Perception, según el cual "España es el agujero de Europa" y advierte que Alemania y Francia tendrán que recapitalizar (rescatar) al país si quieren evitar que España se convierta en un peso muerto que impida la salud económica de Europa y su crecimiento.
Los errores de Zapatero son muchos, pero el mayor de todos, según los expertos y analistas de Europa, es el haberse negado a practicar la austeridad y haber mantenido temerariamente el despilfarro en tiempos de crisis, recurriendo al endeudamiento masivo de España para mantener los privilegios y lujos de las administraciones públicas y una política que, aunque se “venda” como social, es ineficaz y demagógica, sin otro fin que engañar a los ciudadanos y ganar votos.
Tenga usted cuidado, señor Obama, y medite con calma sus movimientos porque está usted a punto de cometer errores dramáticos para su país, los Estados Unidos, y para la causa mundial de la libertad. Esa izquierda europea a la que usted se acerca con incauta admiración es una quimera y lo que queda de ella está tan deteriorada que acaba de ser vapuleada por los ciudadanos en las elecciones del 7 de junio.
Debería ser usted menos ingenuo, señor Obama, y saber que la izquierda europea que admira, aquella que supo construir el "Estado de derecho" y apoyar a los ciudadanos más humildes y desprotegidos, es hoy un espejismo marketiniano que ya no existe y que ha sido suplantada por otra izquierda que ya no encarna la esperanza sino el ansia de poder, que convive con la corrupción y la indecencia, que no cree en la democracia y que se ha especializado en cobrar impuestos altos y gastar dinero a manos llenas.
Sea usted consciente de que esos mismos asesores que en su discurso de El Cairo le llevaron hasta el ridículo histórico y le envolvieron en el engaño y en la complacencia pacifista al distorsionar la verdad sobre Al-Andalus, contraponiendo su nunca existente tolerancia con una inquisición que nació cinco siglos más tarde, son los mismos que ahora sobrevaloran y le están "vendiendo" una izquierda europea idílica que sólo existe ya en la literatura de propaganda y en las mentes soñadoras de algunos jóvenes idealistas.
Siga usted, señor Obama, si quiere, los pasos de esa quimera, pero hágalo consciente de que los ciudadanos europeos han dejado de creer en ella y que, cansados de ser engañados y hartos de contemplar como los líderes de esa izquierda abandonan los viejos valores, se despojan de su armadura ética y se alían con el privilegio, la corrupción y el disfrute desmedido del poder, han decidido rechazarla en las urnas el pasado 7 de junio, castigándola por sus traiciones y convirtiéndola en una fuerza parlamentaria decadente y en declive.
Imite usted, si lo desea, al español Zapatero, al que algunos de sus asesores describen como un joven reformista, soñador y audaz, dispuesto a cambiar el futuro, pero sepa que ese dirigente español también perdió las elecciones del 7 de junio porque su pueblo, por fortuna, ha empezado a descubrir que estaba siendo engañado por una conspiración de sonrisas falsas, buenismo hueco, promesas sustentadas en mentiras y un malgobierno terrorífico que, disfrazado de progreso, conduce a España hacia la pobreza, la derrota y el fracaso histórico como nación.
Ojalá continúe usted encarnando el espíritu libre y pionero de los Estados Unidos de América y siga luchando por liquidar las injusticias y los desmanes. No abandone usted jamás su hermoso sueño de cambiar el mundo desde el corazón del Imperio, pero no cometa el error fatal de inspirarse, para hacerlo, en un modelo fracasado. No siga usted los pasos de aquellos que ya han traicionado y frustrado la esperanza de los más limpios y honrados demócratas de Europa.
La izquierda europea, triunfante y cargada de prestigio en el pasado, se va hoy por el sumidero, maltrecha y fracasada. Pero que nadie se alegre de la ruina de la izquierda porque es una mala noticia para todos: para Europa, para la democracia y para la misma derecha.
La izquierda acaba de cosechar los peores resultados de su historia en Europa. Ha retrocedido, sin excepción, en todos los frentes, incluso en España, que es donde más resiste, víctima de sus propios dramas y sobre todo castigada por haber abandonado sus viejos principios, sustituyéndolos por el apego al poder y al privilegio. Antes quería transformar el mundo, pero ahora la izquierda se conforma con manejar el dinero público y gobernar a cualquier precio.
Europa es ya un enorme mapa azul con unas pocas islas rojas: la inglesa, representada por un Gordon Brown en bancarrota, que se está despidiendo del poder, el Portugal de Sócrates, también en declive y castigado con dureza en las elecciones del pasado domingo, y la España de Zapatero, un líder que está arruinando velozmente, por culpa de sus mentiras, triquiñuelas y malgobierno, el enorme patrimonio de esperanza e ilusión que le confiaron los españoles en el año 2004.
¿Qué le ocurre a la izquierda europea? ¿Por qué está siendo abandonada por los ciudadanos? La clave la aportó el ex ministro de cultura francés Jack Lang, el mismo domingo, después de la "debacle" del socialismo francés, cuando afirmó que la izquierda "ha dejado de encarnar la esperanza". Sea cual sea la razón, cada vez es más evidente los europeos ya no quieren en el poder a una izquierda que en muchos países sólo se distingue de la derecha en que cree tener más derecho al poder, gasta más dinero y cobra más impuestos.
El panorama es verdaderamente desolador para la izquierda europea. Los socialdemócratas alemanes apenas han logrado el 20,8% de los sufragios, mientras que en Italia el Partido Democrático -con todo a favor- sólo ha obtenido el 26% de los votos. En Portugal y Austria, más de lo mismo. Un 26% en el primer caso y un 23% en el segundo. Mientras que en el Reino Unido la debacle del Partido Laborista convierte a la izquierda en una caricatura de sí misma. Con el 15,3% de los votos, el Partido Laborista es la tercera fuera del país. Ni en los tiempos de Margaret Thatcher los laboristas habían mordido tanto polvo.
En España, el sontiente Zapatero, que se presenta ante Europa como adalid de la nueva izquierda, también ha sido abandonado por sus votantes, quizás por sus interminables engaños, uno de los cuales ha sido repetir hasta el cansancio que la solución de la crisis y del futuro es precisamente esa socialdemocracia que ha salido despreciada por los votantes en toda Europa.
Muchos pensadores creen que el fracaso de la izquierda se debe a que los socialdemócratas no han sabido capitalizar –ni mucho menos canalizar- el descontento de la ciudadanía con la situación económica, pero esa interpretación es parcial y no explica por completo un declive que comenzó mucho antes de que estallara la crisis. La verdadera clave está en que los votantes de la izquierda, más sensibles que los de la derecha a los valores y principios, esperaban de la izquierda un rearme moral, una defensa de la democracia y una oposición contundente a la corrupción, que no se han producido.
Frustrados ante las "amistades peligrosas" de la izquierda, que ha protegido a demasiados dictadores y que comparte sin pudor la cama con sátrapas comunistas trasnochados, como Fidel Castro, o con fascistas de nuevo cuño con mando en paises latinoamericanos, e indignados ante un liderazgo que ha conducido a la izquierda hacia las poltronas y la profesionalización, sin acometer la lucha contra la degeneración del sistema, los votantes de la izquierda han castigado a sus partidos quedándose en sus casas, votando en blanco o apoyando a partidos pequeños ilusionantes o a personajes estranbóticos como Daniel Cohn Bendit, el célebre Dany el Rojo del Mayo del 68, un viejo izquierdista profesional que, a sus 64 años y aunque parezca increible, es hoy la única esperanza blanca de la izquierda europea.
Todos dicen que han ganado, pero todos hemos perdido en estas elecciones europeas de 2009, cuyos resultados han sido el reflejo inmisericorde del estado de postración en que se encuentran la ciudadanía, la clase política, la democracia y una Unión Europea que ha dejado de ser un proyecto común ilusionante para convertirse en algo parecido a un aparcamiento de lujo para caciques y sátrapas políticos con prejubilación de lujo.
En España ha ganado la oposición de derecha, pero sólo ha conseguido 23 escaños por 21 del PSOE, una victoria ridícula de Rajoy si se tiene en cuenta que se ha enfrentado a un Zapatero en declive y que hace méritos para pasar a la Historia como el peor gobernante español desde Fernando VII. Al "victorioso" PP ni siquiera le han votado los millones de parados y pobres que ha "fabricado" el gobierno de Zapatero en el último año con su pésima gestión de la crisis.
Tampoco han ganado los ciudadanos, que han desaprovechado el único momento de poder que les otorga esta degradada democracia para dar un castigo rotundo al mal gobierno, a la corrupción y a esa casta política de nuevos amos que tienen más interés en mantener sus privilegios que en servir al ciudadano. Desgraciadamente, la ciudadanía española y europea han perdido una ocasión única para ordenar desde las urnas un cambio del sistema y jubilar a las castas ineficientes que le malgobiernan.
La democracia también ha perdido porque no ha salido renovada de las urnas, sino más degradada y sin esperanza, sin corregir el rumbo, sin haber sabido sacudirse el dominio de esos partidos que la han traicionado y asesinado, convirtiéndola en una sucia oligocracia.
El PP dice en España que su victoria le abre el camino hacia la Moncloa, pero no es cierto porque la derecha sigue sin capacidad de crear ilusión y sin que el liderazgo de Rajoy congregue o entusiasme a nadie. Que tenga cuidado, no sea que su victoria sea como aquella del 27 de mayo de 2007, que, según dijo Rajoy, le conducía a la Moncloa y que realmente fue la antesala de su sorprendente derrota en las generales de 2008 frente a un Zapatero ya desprestigiado y envuelto en el fracaso.
Ni siquiera han ganado la abstención y el voto en blanco, dos opciones a las que muchos demócratas y descontentos recurrieron para demostrar a los políticos que son una casta arrogante, usurpadora y culpable de la degradación de la sociedad, de la economía y de la política. La participación en Europa fue del 43,24%, alrededor de dos puntos y medio menos que en 2007, mientras que en España la participación creció ligeramente. El voto en blanco se duplicó ampliamente en España, pasando del o.61 al 1.41 por ciento, pero fue un crecimiento insuficiente para que los políticos lo consideren una bofetada de desprecio cívico.
Tampoco han ganado esos partidos nuevos que se distanciaban del bipartidismo y de la partitocracia, cuyas ideas y programas sonaban a democracia limpia y emergente. UPyD ha conseguido un único escaño y los demás se han quedado fuera del Parlamento Europeo, demostrando que, para colmo de males, el bipartidismo español, auténtico cáncer de la democracia, sigue gozando de buena salud.
Quizás la única noticia buena es que el partido sucursal de ETA se queda sin escaño.
El panorama que surge de las elecciones del 7 de junio en España es desolador. El socialismo gobernante, a pesar de sus abusos, corrupciones y pésimo gobierno, seguirá en el poder y sin haber sentido en sus carnes ese necesario voto ciudadano de rechazo que le haría reaccionar y corregir, mientras que el Partido Popular ha ganado por tan poco margen que no sabe como interpretar su victoria, aunque exteriorice una euforia que es tan alocada como ficticia.
Es probable que tengan razón aquellos pensadores que afirman que la única manera de solucionar un drama político es empeorándolo hasta el extremo de que sea insoportable para que entonces, sólo entonces, surja la esperada regeneración.
Lo único evidente en las elecciones del 7 de junio de 2009 es que la gran derrotada ha sido, de nuevo, la esperanza.
Algún día no muy lejano, los que resisten y se enfrentan a la actual democracia degradada serán considerados héroes, como lo son hoy aquellos que plantaron cara al comunismo o al nazismo, hace siete décadas.
La sociedad actual, cobarde y poco exigente, soporta con normalidad la actual democracia representativa, a pesar de que viola los grandes valores democráticos, es contraria a las leyes de la verdadera democracia y ha protagonizado la ignominia de enviar al ciudadano al exilio, pero un día no muy lejano esta falsa democracia será condenada y denostada por la Historia por haber dado cobijo a la corrupción, a la ineficacia y al abuso de poder y porque muchos de sus dirigentes antepusieron sus propios intereses a los de la comunidad y fracasaron como líderes.
Entonces, los que hayan resistido al sistema se cubrirán de honor y recibirán el homenaje de los ciudadanos por haber sabido enfrentarse a la ignominia, mientras que los "colaboracionistas" serán despreciados y olvidados.
Acabamos de conmemorar el 65 aniversario del desembarco aliado en Normandía, un acontecimiento que representó el principio del fin del totalitarismo nazi en la Segunda Guerra Mundial. También hemos conmemorado el 20 aniversario de la resistencia de los estudiantes chinos en Tien-An-Men. Los sobrevivientes de aquellas batallas, por haberse "resistido" al abuso y al mal gobierno, son cubiertos de honor y reciben el homenaje de las actuales generaciones.
Del mismo modo que hoy rendimos homenaje a los que plantaron cara a los totalitarismos nazi y comunista, algún día no muy lejano serán reconocidos con honor y admiración los que hoy resisten y plantan cara a las democracias degradadas del presente, un sistema político que, sin ser comparable en ignominia al nazismo y al comunismo, será considerado en el futuro abusivo, aberrante y contrario a la libertad, la justicia, la igualdad y a los demás valores de la verdadera democracia.
Existen muchas formas de resistencia pacífica frente a la vergonzosa degradación actual de la democracia, desde la denuncia de las carencias y vilezas que encierra el sistema hasta el apoyo a partidos políticos emergentes y dignos, sin olvidar la práctica de formas claras de protesta y rechazo como el voto en blanco, el voto nulo de reproche o la abstención activa y consciente. Que nadie dude que algún día los que hoy se resisten al abuso de los partidos políticos y a la degeneración de un sistema democrático que, a traición, ha sido transformado en una oligocracia sin decencia, serán cubiertos de honor en el futuro, mientras que sobre los que defienden esta falsa democracia y participan en la "gran estafa" recibirán oprobio y olvido.
No falta demasiado tiempo para que las futuras generaciones se sorprendan ante el gran envilecimiento que llegaron a soportar los ciudadanos en nuestra época y ante el poder desproporcionado y abusivo que lograron acaparar los partidos políticos y los dirigentes, tan grande que transformaron la democracia en una estafa.
En esos días hermosos del futuro, cuando sean reconocidos y valorados los sufrimientos de los verdaderos demócratas de hoy, que son marginados por el poder, mermados en sus oportunidades, privados de ayudas estatales, señalados como enemigos del sistema y, en algunos casos, hasta perseguidos y doblegados por medio de la violencia, descubriremos hasta que punto era falso, truculento e indigno el concepto de "representatividad", esgrimido por los políticos para exiliar a los ciudadanos y controlar en exclusiva el poder y los recursos del Estado sin tener que sufrir controles ciudadanos y sin rendir cuentas a nadie. Lo que hoy parece normal a muchos, entonces será considerado como una estafa y como un abuso insoportable por parte de los poderosos.
La reciente declaración de Leire Pajín, según la cual la coincidencia de Zapatero y Obama, el primero como presidente de la Unión Europea y el segundo como líder de los Estados Unidos de América, constituye un importante "acontecimiento planetario", es sonrojante, "pelota" e impropia de la secretaria de organización de un partido político como el PSOE, gobernante en España.
La declaración, "alucinada", causará risas en todo el continente y reclama consideraciones y datos que la equilibren, contrarresten y sitúen la presidencia española de la Unión Europea más cerca de la galaxia de lo veraz.
La presidencia de la Unión Europea que le corresponde a España en el primer semestre de 2010, más que un "acontecimiento planetario", quizás constituya un gran riesgo. De hecho, la presidencia de Zapatero significa colocar al frente de Europa al político que lidera un país que ocupa los primeros puestos europeos (y en algunos casos mundiales) en avance del desempleo y de la pobreza, en tráfico y consumo de drogas, en prostitución, alcoholismo, fracaso escolar y crecimiento de la decepción ciudadana frente a la democracia y a sus líderes políticos.
La España que presidirá europa en 2010 es, también, la que encabeza las estadísticas de coches oficiales al servicio de las élites políticas y la que posee una densidad mayor de funcionarios, asesores, enchufados y amigos del poder cobrando del casi agotado erario público, además de ser la nación que más intensa y velozmente se endeuda e incrementa su déficit público y la que posee el Estado más sobredimensionado y, según no pocos expertos, también el más monstruoso e insostenible de toda la Unión.
Las estadísticas y sondeos también revelan que el Zapatero que representará a Europa durante todo un semestre es, igualmente, el líder político de la sociedad europea que más rápidamente está perdiendo su antigua ilusión por Europa, la que deteriora con mayor velocidad el respeto por sus dirigentes políticos, la que acumula más decepción y rechazo ante su "degradada" democracia y la que amplia más intensamente la fosa que separa a los ciudadanos y a sus polítidos.
Pero los datos dramáticos que el futuro presidente podrá "ofrecer" a Europa no se detienen ahí. La España de Zapatero es también la que más intensamente está padeciendo la plaga de la inseguridad ciudadana y la que menos confía en su Justicia. Los españoles que lidera Zapatero señalan en las encuetas a los partidos políticos, a la policía y a la Justicia como las instituciones más corruptas.
La lista de dramas españoles es casi interminable, pero aportemos, para terminar, otros seis records: España es el país europeo más dañado por el nacionalismo excluyente, independentista y disgregador; también es el paraíso que las bandas internacionales señalan como el mejor de Europa para delinquir con mayor impunidad; la sociedad civil española, que en democracia debería tener la salud suficiente para servir de contrapeso al poder del Estado, está tan ocupada y manipulada por el poder político que languidece casi en estado de coma; el índice de periodistas sometidos al poder no para de crecer en España, lo que impide al país disfrutar de la sana fuerza de la crítica y de la fiscalización de los grandes poderes por una prensa libre; la pobreza crece en España actual a ritmo endiablado, hasta el punto de que las filas de los nuevos pobres esperando su turno en los comedores de caridad se están convirtiendo en una parte siniestra del paísaje; y, por último, la democracia española es, según numerosos expertos y analistas, la más desprestigiada ante sus ciudadanos y la que padece la más intensa degradación en toda la Unión.
Ojalá esa adolescente Leire, tan enamorada de su líder, asuma las dosis de verdad que su análisis necesita y reconozca que, además de un "acontecimiento planetario", la presidencia española de Europa también representa todo un "riesgo" para los europeos.
España, que también es la única nación de la vieja Europa que todavía se enfrenta a un terrorismo alzado en armas, el de la banda vasca ETA, es una nación enferma y la única manera de curar una enfermedad no es adulando al lider de los enfermos, sino asumiendo el mal y sometiéndose a terapias urgentes. La mentira, el autobombo y la adulación, cuando afectan a la salud pública, siempre son suicidas.
La situación de Europa es triste y dramática. En manos de políticos profesionales que han decidido construir la Unión al margen de los ciudadanos, la única respuesta digna y constructiva de un demócrata ante las urnas es decir de nuevo “No” a los políticos que les convocan, ya sea mediante el voto en blanco, la abstención o con un voto nulo acompañado de un mensaje de reproche. Para ser justos, existe otra opción digna de demócratas: apoyar con el voto a partidos pequeños y con futuro, todavía no contaminados por el poder, que sean críticos con la sucia partitocracia imperante y hayan demostrado su autentica fe en la democracia, como son los españoles UPyD y Ciudadanos, entre otros. Pero apoyar con nuestro voto a partidos elitistas y profesionales, interesados en la actual deriva de Europa, seria una imperdonable traición a la verdadera democracia y al noble sentido de la ciudadanía.
Hace muchos años que los expertos europeos vienen advirtiendo que el foso que separa a los ciudadanos de los políticos es cada día más grande. El rechazo de los ciudadanos franceses y holandeses, vía referendum, del proyecto de Constitución Europea y el "no" de Irlanda al Tratado de Lisboa fueron la constatación de que esa separación, todo un cáncer para la democracia, es una realidad hiriente y preocupante.
En lugar de reaccionar ante la evidencia de que los ciudadanos están diciendo constantemente “NO” a una Europa como la actual, controlada por los gobiernos, poblada de políticos profesionales y sin poder de decisión ni protagonismo alguno de los ciudadanos, los gobiernos europeos han optado por diseñar el futuro de Europa manteniendo a los ciudadanos al margen.
Los políticos europeos tienen miedo a sus ciudadanos y han decidido marginarlos del proceso de toma de decisiones. Saben que los ciudadanos piensan de modo diferente a sus castas políticas y, en lugar de someterse al poder soberano que el ciudadano tiene en democracia, han optado por la vileza de construir la Europa que ellos desean, al margen de los criterios de la ciudadanía.
Ese pecado de los políticos convierte a la actual Unión en una entidad bastarda, que solo interesa a los políticos profesionales, que la han convertido en una mezcla de excusa para los fracasos, refugio para los políticos desgastados y escenario secundario para ampliar sus poderes y privilegios.
Las subvenciones y ayudas europeas son gestionadas y administradas por unos gobiernos que, cuando no son finalistas, las derivan hacia sus amigos y aliados, mientras que las niegan a sus adversarios. Los políticos utilizan la Unión Europea para aumentar su poder y para marginar todavía más a los ciudadanos. Aquella “Europa de los ciudadanos” e incluso el sueño de la “Europa de los pueblos” son hoy cadáveres abandonados por estirpes de políticos elitistas que han preferido construir, contra la opinión de sus “subditos”, la “Europa de los políticos”.
Por estas y otras muchas razones, votar en las próximas elecciones europeas carece de sentido para un verdadero demócrata, salvo que aproveche su momento de poder para reprochar con dureza a los constructores de una Europa extraña al ciudadano que su actitud traiciona los principios democráticos.
El asesinato de aquel hermoso y esperanzador poryecto de la "Europa de los Ciudadanos", nacido a finales del siglo XX, por parte de los partidos políticos y los gobiernos, constituye un lastre decisivo en la construcción de Europa y motivo suficiente para que los ciudadanos hagan morder el polvo a sus políticos en el único momento en que pueden hacerlo: cuando se abren las urnas.
Ese sentimiento de "rechazo a la casta" explica el fenómeno de que una parte creciente e importante de los ciudadanos de Europa hayan decidido abstenerse o decir “NO” cuando son consultados. La clave está en que la democracia europea está enferma y que esa enfermedad que padece tiene su origen en la altivez de los políticos y en el desencanto de unos ciudadanos que, aunque lo hayan olvidado los políticos, son los únicos dueños de la soberanía y los únicos que tienen capacidad para legitimar el sistema.
Inconsciente y ridículo, Zapatero pasea por el G-20, ante el asombro de sus colegas, su estafadora sonrisa televisiva, ignorando que el mayor fracaso para un político honrado es llevar al país que dirige hasta la ruína. Si fuera un dirigente digno y responsable, la imagen de España, conducida por él mismo hacia el fracaso, la derrota y la pobreza, debería helar su sonrisa y provocarle lágrimas.
El optimismo de Zapatero es fatuo, casi bobo y sin contenido, una simple cáscara de nada. Mientras él sonrie en el G-20, España supera ya los 4 millones de parados reales, incrementa su ridículo internacional y gana posiciones en el ranking mundial de la bellaquería, el fracaso y la vergüenza. Somos campeones de Europa en desempleo, prostitución, violencia doméstica, consumo y tráfico de drogas, alcoholismo, coches oficiales, decepción ante la política, desprestigio de los dirigentes e incremento de la inseguridad ciudadana, tamaño del Estado, pobreza y número de parásitos y "enchufados" por el poder. En fracaso escolar, donde también somos campeones absolutos de Europa, la cifra no para de crecer y alcanza ya un terrorífico 31%.
La prensa alemana, que es libre y no está "comprada" por el dinero público que gestiona el gobierno español, interpreta correctamente el "drama" de España y sostiene que Zapatero conduce a su pueblo hacia la "Segunda División". Allí sí tienen claro que la sonrisa de Zapatero es la del payaso fracasado, que ya no hace reir.
Mientras que todo el mundo próspero es consciente de que la única salida de la crisis pasa por la educación de los jóvenes y por la creación de valor añadido mediante las nuevas tecnologías y la innovación, los chavales españoles sin formación profesional ni bachillerato (catalogados como jóvenes con riesgo de exclusión social) se elevan al 40%, muy por encima del 15% previsto en los objetivos de Lisboa. Eso significa que hay un 40% de los jóvenes que aunque quieran no podrían trabajar porque no tienen capacitación alguna. Muy preocupante. Así lo ha puesto de manifiesto en la mañana de este miércoles el portavoz de Educación en el Congreso, Juan Antonio Gómez Trinidad. La ministra Cabrera asegura estar preocupada, pero la verdad es que no hace mucho por remediar la situación. Incluso llega a afirmar que aunque “acate” la sentencia del Supremo que declara nula la posibilidad de pasar de curso con cuatro asignaturas, defiende la flexibilización como una manera de no dejar a nadie descolgado y de prestigiar el bachillerato. El caso es que las cifras de fracaso escolar están ahí y resultan cada día más preocupantes.
Si Zapatero dejara de sonreir un rato y reflexionara con la seriedad que su cargo exige, descubriría que la economía española no tiene futuro, ni podrá salir de la crisis, aunque la crisis finalice y los demás países reemprendan la ruta de la prosperidad, hasta que no sustituyamos al ladrillo como motor de la economía. El "ladrillo" y sus aledaños han representado hasta el 30 por ciento del PIB español, pero el sector de la construcción, con casi dos millones de viviendas por vender, está estancado y así permanecerá por dos décadas.
El inepto dirigente sonriente actúa en la reunión del G-20 como si fuera un supermán, dando el visto bueno a Obama, sin tener conciencia de que el país que él dirige se convierte en un parking de desempleados, inmigrantes ilegales, delincuentes y españoles divididos en dos bandos: los engañados y los sin esperanza.
Como fervoroso creyente en el poder y en la fuerza del Estado, ZP cree que el G-20 es la panacea y el gran foro de los milagros, capaz de resolver los problemas, ignorando lamentablemente que en democracia el único protagonismo lícito y eficaz es el del ciudadano y la sociedad. Ni siquiera es consciente del ridículo que hace cuando recomienda a sus colegas que "escuchen la voz de los sindicatos" o que la solución de la crisis está en "incrementar las políticas sociales".
La salida de las tropas españolas de Kosovo, aunque esté políticamente justificada, es un ejemplo más de la torpeza operativa de un gobierno cuyas actuaciones y estilo restan prestigio, solvencia y oportunidades a España en el escenario mundial. Por lo pronto, la torpeza del gobierno Zapatero ya ha generado una declaración de gran dureza en Washington, cuya nueva administración dice sentirse "profundamente decepcionada" por el abandono unilateral español de la misión de la OTAN en Kosovo.
La salida de Kosovo es la enésima prueba de que Zapatero es un peligroso inepto al frente de un país mal gobernado, que no se merece un dirigente de tan escasa talla.
Mas que una decisión justificada por los intereses de España, un país que, con conflictos independentistas abiertos en Cataluña y el País Vasco, no puede estar de acuerdo con la forma casi mafiosa utilizada para otorgar la independencia a Kosovo, la escapada española, mal realizada y peor explicada, parece una rabieta infantil o un gesto insolidario que no ha sido ni siquiera explicado en España, donde sus ciudadanos son reiteradamente ignorados por un gobierno que nadie sabe si es más torpe que arrogante o más inepto que insolvente.
Curiosamente, la "escapada" española de Kosovo se produce después de que Zapatero y sus asesores han comprobado que no van a recibir del nuevo presidente de Estados Unidos, Barak Obama, la amistad y la complicidad que esperaban.
Al igual que ocurrió con la "huída" española de Irak, realizada también sin tacto y sin clase, la escapada de Kosovo puede representar para España nuevas represalias veladas, pérdida de negocios y oportunidades y costosas marginaciones en el plano internacional, medidas que ahora, en tiempos de crisis, serían especialmente dañinas.
El dinero que costó a España el "abandono" del escenario de Irak es un "tabú" del que el gobierno no quiere oir hablar y que la prensa ha silenciado sistemáticamente. Sin embargo, aquella decisión costó a España miles de millones de euros, consecuencia de que fue marginada de importantes negocios internacionales y de padecer una larga lista de "represalias encubiertas" que dificultaron los negocios a las empresas españolas, frenaron el trasvase de tecnologías de alto valor y aislaron a España en el mundo.
Después de su salida de Kosovo, la nueva administración de Washington "recordará" otras ofensas como la que Zapatero realizó al permanecer sentado cuando desfilaba la bandera de Estados Unidos por el Paseo de la Castellana y la precipitada huida española de Irak y, con bastante probabilidad, pensará que la administración Bush tenía razón al considerar a Zapatero como un aliado poco fiable y ideológicamente inclinado hacia el antiamericanismo.
El gobierno de Bélgica es el primero que cae como consecuencia de la crisis y lo ha hecho por presionar al Tribunal de Apelaciones. Si en España se aplicaran las mismas reglas éticas, el gobierno debería haber dimitido hace meses.
El primer ministro de Bélgica, el democristiano flamenco Yves Leterme, se ha convertido en el primer líder europeo que pierde el poder por causa de la crisis económica en Europa. Y lo hizo no por gestionar mal la crisis en general, sino por presionar al Tribunal de Apelaciones de Bruselas para evitar la paralización de la venta de Fortis.
Si en España se aplicasen las mismas normas éticas y democráticas vigentes en la política belga, el gobierno español, que no necesita presionar a los altos tribunales porque nombra, incluso, a sus miembros, debería haber dimitido hace mucho tiempo.
El Tribunal de Casación belga, similar al Supremo español, concluyó en informe de gran dureza, que hay "indicios serios" de la intervención del Gobierno para presionar a los jueces, lo que provocó un escándalo político que no dejó a Leterme más salida que presentar la dimisión de todo el Ejecutivo ante el rey.
Para países como España, donde las democracias han sido desarboladas y degradadas, lo que convierte a los gobiernos en prácticamente blindados e impunes, lo ocurrido en Bélgica es todo un ejemplo a considerar.
Las revueltas callejeras de Grecia no remiten y se reproducen cada noche, contagiando ya a otras sociedades europeas. No son la respuesta airada al asesinato del joven Alexandros Grigoropulos, de 15 años, por el disparo de un policía, sino la rebelión de los jóvenes, convertidos en vanguardia de la sociedad, contra la injusticia y la falta de horizontes y de esperanzas, frutos de un estilo falso y estafador de hacer política en paises que, sin merecerlo, se autoproclaman "demócratas".
La rebelión de los jóvenes griegos no debe entenderse como una reacción violenta al abuso policial que constituyó el asesinato del joven Grigoropulos, sino como un brote de indignación y de rechazo frente a la lacra del mal gobierno y a una forma bastarda de hacer política en Grecia y en numerosos países del mundo que se autoproclaman democracias, donde los privilegios de la casta política, la corrupción y la ineficacia están abonando el terreno para que los ciudadanos salgan a las calles con la esperanza de expulsar a sus dirigentes del poder.
Los griegos ocupan, desde hace décadas, uno de los últimos vagones del tren de la prosperidad en Europa. Su sociedad empieza a estar desesperada y ha decidido enfrentarse al Estado utilizando el "fuego griego", después de comprobar que es ridículo enfrentarse a los políticos con banderitas y silbatos.
La forma más inteligente de analizar los socesos de Grecia es entendiéndolos como una "tarjeta amarilla" mostrada por los ciudadanos a los políticos que están prostituyendo las democracias en todo el mundo.
La sociedad griega, como muchas otras sociedades del mundo desarrollado, está cansada de que le engañen y le estafen, de los miserables salarios que reciben, de las pésimas condiciones laborales, de la corrupción y del cúmulo de abusos que perpetra la clase política, así como de la inseguridad y de la injusticia que rodea sus vidas, mientras soportan impotentes que sus dirigentes electos, convertidos en una casta elitista, arrogante e inepta, vivan en una burbuja de privilegio, lujo y poder.
Han sido elegidos para que gestionen una empresa llamada Estado, propiedad de los ciudadanos, y se han apropiado de ella, marginando a sus dueños y sometiéndolos a humillaciones y expolios inicuos.
El ciudadano, cansado de ser escoria y de quedar al margen de las decisiones, quiere ser respetado por los políticos a los que paga y empieza a estar dispuesto a conseguirlo en las calles, con su protesta.
Cuanto más culta es una sociedad (y la griega es heredera de una de las culturas más sorprendentes y espectaculares de la Historia) menos dispuesta se siente a seguir siendo estafada por sus dirigentes políticos.
En todas las democracias degradades de Ocidente huele a podrido. Hasta en Estados Unidos, reserva de los demócratas, ha penetrado el lodo de la corrupción. El gobernador del estado de Illinois acaba de ser detenido porque puso en subasta el cargo de senador que dejó libre Barak Obama. En otras latitudes, en teoría democratas, monarcas, políticos, jueces, militares, funcionarios y altos cargos, todos ellos en teoría servidores del Estado y del pueblo que les paga, se hacen ricos a velocidad de vértigo sin que sus ingresos legales lo justifiquen, sin que jamás sufran castigo por sus delitos.
Sábado, 21 de noviembre
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Vilagarcía na Rede
José Luis Palomera Ruiz
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
JUAN JULIO ALFAYA