Voto en Blanco

Las olimpiadas que de verdad necesita España

10.09.13 | 07:18. Archivado en Partido Popular, PSOE, Política, deportes, Economía, Corrupción, España

Organizar unos juegos olímpicos representa el esfuerzo supremo de una sociedad, que debe unirse y luchar duro para afrontar ese desafío, mientras el mundo entero la contempla. España, como han afirmado algunos miembros del COI, tiene ya unas grandes Olimpiadas que organizar: la de su supervivencia como país, un esfuerzo descomunal que incluye salir de la quiebra económica, recomponer su unidad rota, regenerar su falsa democracia, eliminar el terrible desempleo masivo que padece y erradicar la corrupción que pudre sus instituciones y su convivencia.

Las olimpiadas que realmente le interesa organizar a España son las que premian el esfuerzo y la victoria en asuntos como la prosperidad, el empleo, la limpieza, la educación, la justicia, la democracia, la decencia y otros grandes valores, por desgracia ausentes de la política y de la vida de los españoles.

Pero esas olimpiadas por la justicia, la decencia y el verdadero progreso no interesan a nuestros partidos políticos ni a nuestros políticos profesionales porque no representan gastos y comisiones, son demasiado grises y requieren una capacidad de liderazgo y un esfuerzo profesional y técnico que escapa a sus posibilidades y miserias.

Realizar un enorme esfuerzo de alcance nacional para organizar unos juegos olímpicos cuando el país está arruinado, en peligro de desmembrarse, con seis millones de desempleados, con sus jóvenes emigrando porque carecen de trabajo, con su clase política desptrestigiada, despilfarrando y divorciada de una ciudadanía que cada día le desprecia mas, es una frivolidad y un despropósito que el COI ha captado y castigado con una derrota rotunda, a pesdar de que el proyecto español, técnicamente, no lo mereciera.

Para España es mil veces mas importante y prioritario que el esfuerzo Olímpico el de regenerar su democracia y conseguir un liderazgo limpio y decente que sea capaz de unir a los españoles en torno a proyectos comunes, como corresponde a una verdadera nación. La gran debilidad de España es haber querido utilizar las Olimpiadas como proyecto ilusionante de unidad y esfuerzo, sin afrontar previamente los grandes dramas y lacras que atenazan a la nación, entre ellas su gran ruina económica, el desprestigio creciente de su clase política y la degradación de su convivencia y de su democracia.

Antes de organizar unos Juegos Olímpicos, España tiene que adelgazar su obeso e irracional Estado, restar grandes cantidades de poder y de impunidad a los partidos y a sus políticos profesionales, devolver el vigor a la economía, recomponer la unidad nacional, resquebrajada y dañada seriamente, restablecer el juego limpio entre los poderes del Estado, dejar de nombrar jueces desde los partidos, conseguir que los partidfos se retiren de la sociedad civil, que han ocupado como si fuera territorio enemigo, otorgar al ciudadano el protagonismo que le corresponde en democracia, dejar de cobrar impuestos confiscatorios e injustos, los mas desproporcionados y lamentables de toda Europa, cumplir las promesas electorales, dejar de mentir a los ciudadanos desde el poder y aprender, desde los partidos, a respetar la democracia y a servir, en lugar de "servirse" del pueblo.

La derrota olímpica de España ha sido dura, pero mas duro y lamentable es comprobar que los políticos no aprenden y que siguen buscando proyectos artificiales y grandiosos, antes de hacer frente a los grandes dramas de un país en el que vivir ya ha dejado de ser un privilegio y se ha convertido en un tormento para millones de ciudadanos insatisfechos y frustrados.

Por desgracia, hay demasiados políticos en España que prefieren unas Olimpiadas del deporte que las olimpiadas vitales por la supervivencia, mas crucial y necesaria. Son políticos sin grandeza, obsesionados siempre en "ganar" las próximas elecciones para seguir disfrutando del poder y sus privilegios, gente que cierra los ojos ante la España derrotada e injusta que ellos mismos están construyendo desde el poder político, sean del color que sean. No merecen liderar el país, sino ser señalados por el dedo acusador de la ciudadanía y repudiados como incompetentes e irresponsables enemigos del pueblo y de la nación.

Voto en Blanco


El rotundo fracaso del sueño olímpico de Madrid 2020 demuestra que España es un país insignificante, aislado y sin amigos

08.09.13 | 08:18. Archivado en Política, deportes, Corrupción, España

El rotundo fracaso del sueño olímpico español coloca a la sociedad española frente a una realidad que siempre le ha sido ocultada por el poder: España es un país quebrado, sin amigos en el mundo, sin peso internacional, lleno de desempleados, marcado profundamente por la corrupción, con tendencias separatistas internas, con sus políticos desprestigiados y rechazados por su pueblo, sin democracia, minado por los privilegios de los poderosos, el despilfarro, el endeudamiento y otras lacras que permiten que sea tomado muchas veces como ejemplo de mal gobierno, decadencia y derrota.

Los políticos y los periodistas, dos profesiones que, según las encuestas, son especialmente criticadas y rechazadas por los ciudadanos, son los principales culpables de haber engañado a los españoles con un sueño olímpico imposible y artificialmente presentado con posibilidades de éxito. Los ciudadanos deberían reclamar responsabilidades a aquellos que les ocultan la auténtica naturaleza de nuestra nación, cuya derrota frente a Tokio y Estambul parece lógica si se tienen en cuenta las verdades de la España actual que se ocultan al ciudadano: un país que lidera casi todo lo triste y lamentable del mundo, desde el tráfico y consumo de drogas hasta la trata de blancas, el blanqueo de dinero y el fracaso escolar, sin olvidar otras lacras tan terribles como el desempleo masivo, la corrupción institucional, el avance de la pobreza, el desprestigio de su clase dirigente, la emigración masiva de sus jóvenes, en busca de empleo, la falta de democracia auténtica y un escasisimo peso y prestigio en la comunidad mundial, que le cierra las puertas de los grandes foros y oportunidades.

La tibieza española frente al dopaje no es la principal causa de la derrota, como algunos sugieren, ni la presentación de la candidatura fue mala. Lo que falló es la realidad de una España que, en manos de esos políticos sin altura que se autoproclaman "demócratas", no para de degradarse y de avanzar hacia su derrota. Pensar que un país como España, atribulado por todos sus dramas, a los que hay que agregar el nada despreciable del proceso separatista de vascos y catalanes, pueda ganar un concurso internacional de élite cuyo premio final es nada menos que la organización de unas Olimpiadas, es un terrible engaño y una ingenuidad enferma. A los españoles se les ha engañado diciéndoles que el triunfo olímpico estaba al alcance de la mano, cuando en realidad, con un país quebrado y minado por el desempleo y la corrupción, era casi imposible. La derrota frente a la candidatura de Turkia, un país acosado por sus conflictos internos, demuestra el lugar que España ocupa en el mundo.

Fracasos como el olímpico, unido a la soledad en el caso de Gibraltar, demuestran que España no solo debe regenerar su degradada democracia y su dañada economía, sino que debe replantearse sus alianzas y dotarse de un liderazgo decente y justo que, aceptado por el pueblo y apoyado por los ciudadanos, sin abusos, suciedades y divisiones partidistas, sea capaz de conducir al país hacia el resurgimiento y el respeto internacional.

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que España tenía peso y era respetada por las grandes potencias por su poder diplomático. España mantenía entonces unas "privilegiadas" relaciones con Latinoamérica y el mundo árabe y era respetada y hasta temida en algunos foros de influencia, pero aquellos activos han sido dilapidados por los gobiernos del PSOE y del PP, que han querido comportarse como nuevos ricos y que han despreciado con frivolidad todo lo que procedía del pasado, incluso aquello que era positivo.

Voto en Blanco


Guardiola, ejemplo para la lamentable clase política

08.05.12 | 09:30. Archivado en Política, deportes, Democracia, Corrupción, España

Pep Guardiola, al abandonar voluntariamente como entrenador del Barcelona club de fútbol, se ha convertido en todo un ejemplo a seguir para los políticos españoles, famosos en el mundo no sólo por su ineptitud y pésima capacidad de liderazgo, sino también por su fácil convivencia con la corrupción, por el rechazo que despiertan entre sus administrados y porque jamás dimiten, ni siquiera cuando el pueblo se lo reclama como castigo a sus errores y abusos. La dimisión de Guardiola es toda una bofetada a la "casta" política española, una de las peores del mundo, muchos de cuyos miembros, ya agotados y sin nada que ofrecer a la comunidad, se aferran a sus cargos con uñas y dientes y llevan más de tres décadas subidos en el coche oficial y disfrutando de privilegios inmerecidos.

Pep Guardiola, entrenador del Barcelona, probablemente el mejor club de fútbol del mundo, ha decidido abandonar su puesto después de cuatro años de trabajo brillante porque afirma que ha perdido la frescura y la energía que tenía cuando asumió el puesto. Su salida en el cénit de su carrera representa todo un ejemplo para muchos profesionales, sobre todo para los políticos españoles, incapaces de abandonar sus puestos, incluso cuando han perdido no sólo la frescura y la energía iniciales, sino también la decencia y la honradez necesarias para ejercer el liderazgo en democracia.

Guardiola ha dejado su cargo cargado de éxitos y de laureles, de una manera ejemplar y cuando su liderazgo continua siendo deseado por sus jugadores y por el club que lo contrató, otra diferencia fundamental con los impresentables políticos españoles, que ni siquiera abandonan del todo cuando son rechazados masivamente por el pueblo, como ha ocurrido recientemente con el presidente socialista Zapatero, que sigue "instalado" en el Consejo de Estado, disfrutando de privilegios, a pesar de haber acumulado una carga de derrotas, fracasos y rechazo popular que ningún profesional con pudor podría resistir.

Guardiola fue presentado como nuevo entrenador del FC Barcelona 17 de junio de 2008, con 38 años, en sustitución de Frank Rijkaard. En tan sólo 4 años ganó 13 títulos y se colocó como el mejor entrenador del mundo. Hoy se va por la puerta grande, ofreciendo a muchos profesionales, en especial a los políticos españoles, un claro ejemplo de comportamiento decente y honrado.

Voto en Blanco


España: deportistas en edad de oro; políticos en la pocilga

29.07.10 | 18:40. Archivado en Política, deportes, Democracia, Corrupción, España

Algunos participantes en los debates de Voto en Blanco defienden la tesis de que cada país tiene los políticos que se merece y que la actual degradación de la política española es consecuencia directa de la degradación de la sociedad. Si eso es así, ¿cómo explicar que la misma España que cuenta con los peores políticos de Europa, consiga éxitos deportivos que son la envidia del mundo? ¿Tenemos los deportistas que nos merecemos como sociedad?

Las victorias españolas en los campeonatos mundiales de fútbol, en Wimbledon, en los mundiales de motociclismo, en baloncesto internacional y en el Tour de Francia constituyen un impresionante éxito del deporte español, que es envidiado en todo el mundo. Esa misma España que triunfa en el deporte padece un liderazgo fatal y se encuentra en el pozo del desprestigio mundial por el escaso valor de su política, degradada por la corrupción, el desacierto, el mal gobierno y por una catarata de errores que ponen en peligro la cohesión, la prosperidad, el presente y el futuro de un país que, por culpa de sus malos dirigentes políticos, ha perdido la confianza y camina hacia la frustración y la derrota como pueblo.

La última "trastada" antidemocrática ha ocurrido en Cataluña, donde el nacionalismo, cada día más dictador y siempre sediento de odio, separación, victimismo y revancha, ha prohibido las corridas de toros, no tanto por la crueldad que encierran como porque "huelen" a España. Otras fiestas populares genuinamente catalanas, en las que se maltrata al toro con más saña que en la tauromaquia, no han sido prohibidas.

¿Cual de las dos caras refleja la España real, la que triunfa en el deporte o la que se revuelca en la pocilga política? Si es cierto que ´cada país tiene los políticos y los éxitos que merece, por qué cosechamos éxitos en deporte y fracasos en política?

La única explicación rigurosa del fenómeno está en la estadística, que establece que cada país, cada dos siglos, aproximadamente, tiene la mala suerte de que lo peor de su sociedad, la escoria, alcance el poder y lo ocupe. Es lo que le ocurrió a la España de Fernando VII, rey traidor y felón cuyos desmanes y errores todavía pasan factura, y es lo que le está ocurriendo a la España actual que, con Zapatero, está alcanzando el cénit de la corrupción, el despropósito, el fracaso y el desprestigio mundial, culminando así un camino que empezó tras la muerte de Franco, cuando en lugar de instaurar una democracia, España se limitó a sustituir el agonizante "Franquismo" por una "partitocracia" que en realidad no tenía nada de democrática.

Adolfo Suárez era un franquista reciclado sin la menor idea de lo que era la democracia. Su Partido, UCD, escandalizó a los españoles cuando se autodestruyó, víctima de las rencillas y enfrentamientos internos, ofreciendo un espectáculo degradante de dirigentes que se despedazaban en público y que anteponiían su egoísmo al interés general.

Felípe González tampoco sabía lo que era la democracia, ni le interesaba, pero era un experto en manejar la partitocracia y, como buen socialista, creía más en el Estado que en la sociedad y el individuo. Cuando su gobierno arrebató a Ruiz Mateos su imperio empresarial de RUMASA, cuando Roldán, el jefe socialista de la Guardia Civil, robó los recursos de los huérfanos del cuerpo, y cuando el Ministerio del Interior atravesó la línea roja y se dedico a matar terroristas, practicando un nauseabundo terrorismo de Estado, los españoles percibieron que las mafias y lo más depravado del país habían tomado el poder y que cualquier robo o abuso empezaba a ser lícito en aquella España sucia.

Aznar, líder de la derecha española, pudo haber cambiado el curso de la historia de la democracia española introduciendo reformas democratizadoras en aquella sucia partitocracia de partidos políticos totalitarios y de políticos profesionales endiosados, pero hizo todo lo contrario y alimentó todavía más un sistema de partidos que se hizo todavía más arrogante, despreciable y odioso. Sin pudor ni decencia, incumplió sus promesas de regenerar la democracia y se autoatribuyó el derecho a nombrar jueces, eliminando lo poco que quedaba de la independencia del poder judicial. Aznar terminó su mandato como un faraón casi totalitario, designando "a dedo" a su sucesor, Mariano Rajoy, quien desde entonces se arrastra por la política con ese estigma ,que le resta legitimidad y solvencia democrática.

Cuando descubrieron que la derecha se comportaba como la izquierda, los ciudadanos españoles empezaron a perder el respeto y el aprecio por los políticos y por el mismo sistema. La democracia española empezaba ya a apestar a cadaver.

Con Zapatero, el deslizamiento de la política española hacia el pozo del cieno y de los excrementos ha llegado a extremos vomitivos. Su gobierno ha elevado el nivel de la corrupción y de la mentira hasta limites intolerables en el Occidente democrático, Sus errores han empobrecido a España y llenado la sociedad de parados y nuevos pobres. La antigua prosperidad española, forjada durante los tiempos de Aznar, se ha ido a pique, como también se han hundido los valores, la cohesión y el respeto por un clase política que ya aparece en las encuestas como uno de los grandes problemas de la nación. Su compra de votos a los nacionalistas, a cambio de dinero público, su desenfrenado despilfarro y su endeudamiento atroz quedarán en la memoria de España, formando parte de su historia más trágica y despreciable.

La política española es lo peor de una sociedad desigual que tiene en sus deportistas lo mejor. El deporte y la política, en España, son las dos caras opuestas de la misma moneda. En la política dominan la mentira, la sumisión, la arrogancia, la terquedad, el mal gobierno, el desprecio a los ciudadanos, los privilegios desproporcionados e inmerecidos y la corrupción en todas sus facetas, mientras que el deporte debe entenderse como la reacción de la parte más sana de la atribulada sociedad española ante la decadencia y degradación del país, pésimamente gobernado por unas castas deleznables de dirigentes. En el deporte funcionan, precisamente, los valores que están ausentes de la política: esfuerzo, humildad, excelencia, unidad, espíritu de lucha y amor al pueblo al que se pertenece.

Comparar a Nadal con Zapatero, a Contador con Rubalcaba o a Iker Casillas con Montilla es como querer comparar el sol con la noche o a San Juan de la Cruz con un asesino en serie. Son los dos extremos del espectro, irreconciliables, separados por años luz de distancia.

Es absolutamente imposible trasladar los valores del deporte a la politica española porque a políticos y deportistas les separan un infinito de ideas y conceptos. Habrá que luchar con todas las fuerzas para que termine pronto el ciclo maldito de la política española y los dirigentes vuelvan a demostrar honradez, dignidad y solvencia.

Voto en Blanco


¿Debió el rey levantarse y abandonar Mestalla cuando fue abucheado el himno nacional?

Cuando ocurrieron los lamentables hechos de la final de la Copa del Rey y sentimos vergüenza ante esos hechos, abrimos un debate interno en Voto en Blanco para analizar si el rey Juan Carlos debió o no abandonar el Estadio de Mestalla cuando la mayoría de los aficionados allí presentes pitaron y abuchearon el himno nacional español y la monarquía que él representa. El resultado del debate no fue unánime, pero la mayoría creyó que debió hacerlo para poner freno a los abusos del nacionalismo, cada día más radical e independentista, precisamente como consecuencia de la complacencia del gobierno y de la debilidad del poder político y de las instituciones.

Algunos siguen aconsejando prudencia ante los desmanes del nacionalismo, pero la mayoría de los que han sido consultados creen que el rey debió levantarse de su asiento y abandonar el estadio de Mestalla en la noche de la final de la copa, cuando el himno nacional y la monarquía fueron ruidosamente abucheados y pitados por la mayoría de los aficionados presentes. Una actitud firme del rey quizás hubiera servido para plantear con la crudeza necesaria el debate sobre la deriva del nacionalismo en España, cada día más radical, independentista, hostil y desenfrenado, precisamente como consecuencia de la debilidad del poder político, la complacencia y complicidad del actual gobierno, que, en el caso de Cataluña, gobierna con ellos como socios, y la indiferencia de la Justicia y de las grandes instituciones del Estado.

Muchos creemos que la debilidad y la complacencia de un poder político carente de ideología y principios sólidos frente al nacionalismo han llevado a España hasta la situación presente, en la que Cataluña (más que el País Vasco) se ha convertido en un cáncer para España, que lastra el progreso, que está creando metástasis en otras autonomías y que constituye un pésimo referente sobre la democracia, la dignidad y la convivencia.

Permitir que los que se expresan en español o los que quieren que sus hijos estudien en la lengua común sean marginados o perjudicados por un poder político borracho de nacionalismo, que viola la Constitución, es una vileza sin perdón del gobierno y de la Justicia. Gobernar con esos dictadores nacionalistas como socios es, además, antidemocrático y sucio. En estas conclusiones no hubo discrepancia.

Una actitud digna del monarca español en la noche de Mestalla quizás hubiera abierto el debate necesario y siempre aplazado sobre la convivencia y la unidad de la nación. No se puede avanzar con una autonomía como la catalana, que rema abiertamente en sentido contrario, ni tiene sentido que un partido político que se dice español, como el PSOE, haga las veces de timonel en la insolidaria chalupa catalana.

Con Cataluña como lastre canceroso, España siente los estragos de esa enfermedad. El lamentable boicot anticatalán, también llamado Compra Selectiva, se practica en ambos bandos, se extiende con eficacia a muchas regiones de España y se agranda con estos acontecimientos. Según algunos datos, el boicot no sólo afecta a alimentos y bebidas, sino también a productos industriales y, últimamente, alcanza ya a los automóviles Seat y Audi, esta última marca por haber aceptado construir en la factoría catalana de Martorell su nuevo modelo Q3.

Quizás haya llegado la hora de reconocer que así no podemos continuar, que el fenómeno de las autonomías se ha ido de las manos y que España no puede vivir con 17 taifas cuasi independientes, enfrentadas entre sí y arrancando dinero y concesiones a un gobierno central que no sabe imponer austeridad y disciplina en un país que, golpeado por la crisis con más intensidad que cualquier otro de Europa, es conducido por el mal gobierno hacia su derrota y fracaso histórico.

Algún día no muy lejano, tal vez cuando la ruptura ya sea inevitable, lamentaremos la cobardía y la debilidad suicida que exhibieron el gobierno y las instituciones actuales frente al insolidario y disgregador movimiento nacionalista radical.

La prueba más brutal y elocuente de esa debilidad es los tres años que lleva el Tribunal Constitucional, aterrorizado ante el compromiso de tener que decidir, deliberando sobre un nuevo Estatuto de Cataluña que la inmensa mayoría de los españoles, incluídos la mayoría de los mismos jueces del Constitucional, sabemos que maltrata principios constitucionales básicos en varios apartados decisivos del texto.

La conclusión más clara y unánime de nuestro debate fue que la mayoría de los problemas actuales de España se deben a que al poder carece de la suficiente talla política y altura moral e intelectual, un déficit que afecta tanto al gobierno como a la oposición y a las principales instituciones del Estado.

Voto en Blanco


El verdadero "Estado de la Nación" reflejado en la final de la Copa del Rey

Es lamentable reconocerlo, pero el verdadero "Estado de la Nación" española no fue el que se escenificó, los días 12 y 13 de mayo, en las Cortes, donde la realidad fue cuidadosa y antidemocráticamente ocultada al ciudadano por la casta política, sino el que se vio en la final de la Copa del Rey de fútbol, celebrada en Valencia, cuando gran parte de las aficiones del Atlético de Bilbao y del Barcelona boicotearon el himno nacional y abuchearon a los monarcas españoles, mientras la televisión oficial censuraba el espectáculo, como en los tiempos de Carrero Blanco.

En ese espectáculo, seguido en vivo y en directo por buena parte del país a través de la televisión, surgió a la luz con claridad meridiana la realidad de un país dividido, divorciado de sus dirigentes políticos, con regiones cuyo nacionalismo, cobardemente mimado por el gobierno de Zapatero, ha abrazado abiertamente el independentismo, y con una televisión pública que se atrevió a hacer lo que no se hacía en España desde los tiempos del general Franco: censurar políticamente información crucial en un espectáculo deportivo de interés general.

Quizás el dato más bochornoso de la noche de la final fue el "arrepentimiento" de la televisión oficial por haber censurado una información clave y la posterior retransmisión, en diferido, durante el descanso, del abucheo al himno y a los reyes de España, pero "manipulando" la verdad, como suele ocurrir en las tiranías, elevando el tono de la música y "tapando" el sonido y las imágenes de la estruendosa protesta de los vascos y catalanes.

La final de la Copa del Rey, con el estadio de Mestalla abarrotado, representó un duro contraste que puso en evidencia la farsa escenificada en el Congreso de los Diputados, donde la verdadera situación de España fue ocultada por los políticos, que engañaron a los ciudadanos decenas de veces, tanto en lo que discutían como en lo que ocultaban.

A pesar de los esfuerzos de los grandes partidos por disimular el drama de España y por hacer creíble la pantomima, el "Debate" aclaró algunas verdades, entre ellas que los políticos españoles y los ciudadanos viven en mundos y dimensiones diferentes; que la "casta" política sólo se representa a sí misma; que sólo se hablo, y de manera parcial, de economía, pero no de otros dramas que afligen a los españoles, como son la inseguridad ciudadana, el pésimo funcionamiento de la Justicia, la corrupción generalizada, la desconfianza, la desigualdad creciente, el hundimiento de los valores, el avance de la pobreza, la degeneración de la democracia, la desunión entre los pueblos de España, la insostenibilidad de un Estado demasiado costoso, hipertrofiado, ineficaz y corrupto y el negro horizonte que planea sobre un país al que el mal gobierno y la torpeza de la oposición han llevado hasta la frontera del fracaso y la derrota.

Algunas de las grandes "miserias" y "carencias" de la España real, como la intensidad de los sentimientos separatistas, el odio a la monarquía y a los símbolos de la nación en regiones españoles quebernadas, precisamente, por los socialista, la creciente desunión de la nación, la obsesión del poder por ocultar la verdad a la ciudadanía y hasta la capacidad de censurar de un régimen que ya no es democrático y que cada día se parece más al viejo franquismo agotado, afloraron en la noche del miércoles, en la esperada final de la Copa del Rey de fútbo, lsin que el poder político pudiera ocultarlas.

Voto en Blanco


El Real Madrid, igual que España

17.01.09 | 17:43. Archivado en deportes, Democracia, Corrupción, América Latina, España

Los escándalos e irregularidades vividos por el Real Madrid, convertido en un nido de sospechas sobre mafias, sobreprecios pagados, dinero negro, amaños y hasta asambleas trucadas, que culminaron con la dimisión de su presidente, no son un hecho aislado sino el fiel reflejo de lo que ocurre en España, un país donde la moral, los valores y la decencia se encuentran en caida libre.

Los ingleses, que siempre han mirado con envidia al Real Madrid, el club de fútbol más famoso y con mejor historial del mundo, rien ahora a carcajadas, con Ferguson al frente, ante el hundimiento moral y deportivo del equipo de la capital de España.

Pero que nadie se extrañe porque lo que está ocurriendo en el Real Madrid, la marca española más conocida en el mundo, es consecuencia del ambiente general dominante en España, un país que pierde a chorros su prestigio internacional, sufre un terrible deterioro moral en su liderazgo, abandona los valores del pasado, destruye su unidad como nación, padece una rotura generalizada de los reglas de convivencia y se hunde cada día más en la indecencia.

El mal de España proviene de la cúspide y se ha ido extendiendo como un virus hacia la base de la pirámide social. Cuando los ciudadanos contemplan cómo los políticos despilfarran y, en tiempos de crisis, adquieren coches de lujo, se suben los sueldos y son muchos los que se enriquecen sin poder justificarlo, tiende a hacer lo mismo porque el poder, al reflejar su fuerza y resplandor a diario a través de la televisión y otros medios, se convierte en el gran prescriptor y en el modelo a seguir por buena parte de la ciudadanía.

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Baloncesto: ¿Perdimos por culpa de Zapatero?

17.09.07 | 13:23. Archivado en Gobierno Zapatero, Política, Internacional, deportes

Cuando vi a Zapatero en el palco, me eché a temblar y le dije a mi esposa: "hoy perdemos la final". A mitad del encuentro, cuando la TV entrevistó a ZP en uno de los descansos, me llamó un amigo y me preguntó: ¿Has visto a ZP en el palco? Le respondí que sí y me dijo "Seguro que perdemos". Y perdimos.

Yo no sé si ZP es o no es "gafe", pero hay muchos indicios en ese sentido:

- Apoyó a la candidata socialista Ségolène Royal, perdedora de las elecciones frente a Nicolás Sarkozy.
- En abril pasado protagonizó una entrada triunfal en la bolsa española para hablar con euforia de la marcha de la economía, pero poco después de que abandonara el edificio la bolsa se desplomó. Ocurrió lo mismo hace apenas diez días: habló de la fortaleza de la economía española, junto al banquero Botín, y al día siguiente la bolsa se hundió.
- En las mismas fechas, su "amigo" Pascual Maragall, sorprendió a la opinión pública española afirmando que el Estatut de Cataluña, probablemente la pieza política clave del gobierno Zapatero, había sido "un error".
-Su amigo Miguel Sebastián, designado por el propio Zapatero candidato a la Alcaldía de Madrid, perdió estrepitosamente las elecciones y quedó humillado en su enfrentamiento a Ruiz Gallardón.
-Apoyó a John Kerry y perdió con Bush.
-Apoyó al Valencia y perdió la final.
-Apoyó la candidatura de La Alhambra a una de las 7 maravillas y quedó fuera.

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La tragedia del Real Betis

19.04.07 | 13:30. Archivado en deportes

Le ha dimitido la Comisión del Centenario en pleno y la afición grita en el estadio "Lopera vete ya", pero el presidente del Real Betis, que llegó a ser uno de los hombres más poderosos de Sevilla, se niega a marcharse, no entiende que está rodeado por la crisis y el rechazo y evidencia una decadencia patética, que está arrastrando hasta el foso al que llegó a ser uno de los clubes de fútbol más populares y atractivos de España.

Manuel Ruiz de Lopera pudo haber sido hasta alcalde de Sevilla en sus buenos tiempos, si se hubiera presentado a unas elecciones, pero hoy vive en la más triste decadencia, resistiendo como puede al frente del Betis, un club de su propiedad al que se aferra sin escrúpulos, a pesar del rechazo de la afición, quizás porque es la única manera de que un antiguo ditero y prestamista alcance brillo y proyección social en la ciudad de Sevilla.

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Boicot, única respuesta digna de un demócrata a las ofensas del nacionalismo catalán

Ante la pasividad del gobierno, a un ciudadano español demócrata y digno sólo le queda el boicot como respuesta a las ofensas reiteradas del nacionalismo catalán. La última "agresión" nacionalista a la colectividad de españoles tuvo lugar el pasado domingo, en el Algarve portugués, cuando se jugaba la final del Mundialito Benjamín (8 años) y el equipo del Barcelona se negó a salir cuando sonaba el himno de España. Uno de los técnicos del Valencia dice que "fueron ordenes del Barça".

Ante el hecho evidente de que el fútbol club Barcelona adoctrina a sus alevines en el odio a lo español. la respuesta más digna de un ciudadano demócrata es el boicot: nada de coches fabricados en Cataluña, nada de cava, ni de Priorato, ni de Penedés, ni de alimentos o cualquier otro producto elaborado en aquella tierra donde los políticos trafican con el odio y el pueblo lo consiente.

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ZP necesita un narcótico para España

03.07.06 | 09:21. Archivado en Gobierno Zapatero, Política, deportes, Democracia, Corrupción

ZP y su gobierno necesitan una fuerte dosis de narcótico que sea capaz de sustituir al fútbol. La derrota de la selección nacional en Alemania ha frustrado las esperanzas del gobierno español, que contaba al menos con la presencia de España en las semifinales, un éxito con fuerte efecto narcótico sobre la sociedad.

El éxito de España en Alemania 2006, vaticinado por el propio Zapatero, habría servido para que la sociedad española olvidara las duras estampas y sensaciones que está viviendo y que cuestionan la sonriente obsesión de Zapatero por pactar con ETA "como sea": inquietantes revelaciones de la prensa que demuestran viejas negociaciones entre el PSOE y los etarras, extorsiones etarras a empresarios, resurrección de la "kale borroka", terroristas arrogantes y dando patadas a los cristales en los juicios, un Arzallus de imagen deleznable amenazando con "impugnar y no acatar la Constitución" y el desprecio reiterado de los etarras y batasunos a la memoria de las víctimas. El narcótico futbolístico también habría servido para que el trago de la negociación entre el Estado y ETA, de idual a igual, pudiera ser "asimilado" más fácilmente por una sociedad española muy sensible ante el perdón del gobierno a ETA.

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El fútbol tampoco escapa a la decadencia --- 'Con otro acento' (Observatorio Latinoamericano)

05.06.06 | 08:46. Archivado en deportes, Cultura, América Latina

En los próximos días se celebrará un nuevo Campeonato Mundial de Fútbol. La cita es esta vez en Alemania y, nuevamente, Brasil es señalado como el gran favorito, frente a un grupo de directos adversarios en el que, una vez más, se destaca a Argentina, su vecino del Cono Sur.

Decenas de futbolistas argentinos y brasileños juegan, desde hace años, en diversos equipos de las ligas europeas de máximo nivel, aumentando, si se me permite, su indiscutible brillo y poderío. Nombres como los de Ronaldhino, Messi, Riquelme, Kaká, Adriano, Robinho o Saviola son solo algunos de los más conocidos. Pero hay muchos más.

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