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Los sindicatos, al igual que los partidos, se han convertido ya en un obstáculo para la democracia, la decencia y el progreso

Al igual que los grandes partidos políticos españoles, los sindicatos han traicionado los fines para los que fueron creados y se han convertido en obstáculos que impiden el avance de la sociedad, la decencia y la democracia. Se han convertido en organizaciones endógenas, multimillonarias, adictas a las subvenciones, aliadas de los partidos políticos mafiosos de izquierdas y representativas de burocracias y de élites aferradas al poder y a los privilegios e incapaces de representar y defender a los trabajadores.

La jornada de huelga general del 14 de noviembre fue una demostración palpable de que los sindicatos, al igual que los grandes partidos políticos, concitan el rechazo y el desprecio de los ciudadanos. La escasa participación en la huelga de una ciudadanía cabreada y deseosa de protestar ante el gobierno por sus injusticias, arbitrariedades y traiciones a lo prometido solo tiene una explicación: la presencia de los sindicatos al frente de la protesta disuadió a cientos de miles de españoles, que prefirieron quedarse en sus casas antes que prestar su apoyo a la mugrienta casta sindicalista, tan corrompida como los partidos, compañera de viaje de los políticos en la destrucción de la economía, en tiempos de Zapatero, y copartícipe activo en el festín del abuso y del saqueo de las cajas de ahorros, en cuyos consejos estaban (y siguen estando) los sindicalistas, cobrando y guardando un silencio lleno de ignominia y oprobio.

Las encuestas del CIS no preguntan a los ciudadanos qué piensan de los sindicatos, quizás porque si lo hicieran los resultados serían desestabilizadores y sobrecogedores. La única duda es si los sindicatos están por delante o por detrás de los denostados y despreciados partidos políticos, considerados por los ciudadanos como el tercer mayor problema del país.

Muchos ciudadanos estamos seguros de que si Rajoy hubiera aumentado las subvenciones a los sindicatos en vísperas de la huelga general, ésta habría quedado automáticamente desconvocada, pues no hay grandeza ni ideología alguna que sustente la política sindical, salvo su propio provecho y beneficio, exactamente igual que ocurre con los partidos políticos, tan deteriorados que ya son incapaces de anteponer el bien común y el interés general a sus propios intereses bastardos.

Conviene recordar que los sindicatos tienen en democracia un papel claro y nítido: defender los intereses de los trabajadores y elevar sus deseos ante el poder político, un fin que ha sido traicionado porque los sindicatos han abandonado a sus representados y se han incorporado al poder, especialmente cuando gobiernan los partidos de izquierda, participando con ellos en la gestión de gobierno y cobrando por esa alianza una sustanciosa factura en dinero contante, privilegios y presencia neta en las instituciones del poder.

Los dos grandes sindicatos españoles son multimillonarias organizaciones con miles de inmuebles de su propiedad, decenas de miles de trabajadores empleados, con legiones de "liberados" cuyos sueldos pagan las empresas obligatoriamente, y con presencia en miles de instituciones y empresas públicas, donde cobran sueldos desproporcionados, co-gobiernan y toman decisiones que no les corresponden.

Durante el vergonzoso gobierno de Zapatero, cuando la prosperidad y la unidad de España fueron dinamitadas por un gobernante obtuso, inepto y dañino, los sindicatos guardaron un silencio cómplice que los ciudadanos no olvidan y que hoy están pagando con toneladas de repudio social y desprecio cívico de una población que no los quiere ni valora.

A los sindicatos, si no quieren perecer, sólo les queda un camino: destituir a todos los dirigentes corruptos y cómplices que participaron en el saqueo y demolición de España, redefinir sus objetivos y fines, recuperando su lugar equidistante entre los trabajadores y el poder, anteponer el interés general a sus propios intereses, renunciar a la financiación pública que disfrutan, abandonar la corrupción y pedir perdón públicamente por sus abusos, arbitrariedades y traiciones.

Si no lo hacen, no tendrán espacio alguno en la España regenerada, justa y decente que cada día más ciudadanos estamos intentando construir.

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El triunfo de los mediocres y de los partidos políticos

La mediocridad es la gran herejía de nuestra época. Los mediocres se han apoderado del mundo y lo han cambiado todo, desde la política a la religión, sin olvidar los valores, las costumbres y las leyes. Todo está dominado por esa plaga, la peor y mas dañina de todos los tiempos. Los partidos políticos son la gran expresión del triunfo de la mediocridad en el mundo actual.

Desde Aristóteles hasta Darwin y Spencer, ningún pensador político, filósofo o estudioso había imaginado que una sociedad pudiera ser liderada por mediocres. La historia de la Humanidad, claramente explicada por Darwin, refleja el triunfo de los más fuertes y mejores sobre los peores y los mas débiles. Desde los tiempos antiguos, los mas fuertes alcanzaban el poder y ejercían un liderazgo sustentado por la fuerza o la inteligencia superior. Sin embargo, todo cambió cuando se fundaron los partidos políticos y los mediocres descubrieron que, unidos y organizados, podían imponerse a los más fuertes e inteligentes, casi siempre divididos y desorganizados. A partir de entonces, el mundo, dominado por una panda de mediocres organizados en partidos políticos, está revuelto, es más inepto, injusto y depravado y muchas veces involuciona en lugar de evolucionar. Es la consecuencia directa del triunfo de la mediocridad, que ha tomado el poder y creado un imperio político donde los mediocres controlan la historia con la ayuda de torpes, imbéciles y malvados.

La mediocridad es la gran herejía de nuestra época. Los mediocres se han apoderado del mundo y lo han cambiado todo, desde la política a la religión, sin olvidar los valores, las costumbres y las leyes. Todo está dominado por esa plaga, la peor y mas dañina de todos los tiempos.

La sociedad, al igual que la naturaleza, se regía por la selección de las especies y los mejores se imponían a los peores. De ese modo, el mundo avanzaba y casi siempre mejoraba. Pero la irrupción de los partidos políticos en la escena lo cambió todo y los mediocres tomaron el poder, imponiendo a la Historia un devenir alocado, sin lógica, irracional y muchas veces dominado por el mal y sus secuelas de abuso, corrupción, violencia, desigualdad y opresión.

Un vistazo desinteresado a la Historia demuestra que los líderes antiguos eran los mejores y que el pueblo les exigía mucho, sobre todo que se asemejaran a los dioses. Se sentian orgullosos de sus dirigentes y los adornaban con privilegios para, a cambio, recibir de ellos protección y un liderazgo sabio y prudente. En la antigua Sumeria existían alimentos especiales elaborados para deificar a los reyes, que eran los únicos con derecho a consumirlos. A cambio, las exigencias a los poderosos eran enormes y el fracaso de los líderes se pagaba caro, incluso con la vida. Hoy todo se ha mediocrizado. A los políticos no se les exige nada, ni siquiera que sepan idiomas, y el fracaso ni siquiera provoca la dimisión. Desde que los partidos irrumpieron en la Historia, el liderazgo en la Tierra se transformó en una cloaca.

En el mundo de los líderes no tenían cabida ni la cobardía ni la mentira ni la corrupción, los tres pecados capitales del liderazgo actual. Cuando algún rey caía en esos vicios, la sociedad entera conspiraba para deponerlo porque se sentía indignada de tener a un canalla en el poder.

Los partidos políticos, ideados como estructuras superiores capaces de llevar la voz del pueblo hasta el corazón del Estado, han frustrado todas las esperanzas y traicionado las espectativas del pueblo. Se han convertido en maquinarias que únicamente se mueven por el poder y para el poder, tras haber abandonado al pueblo y adquirido el vicio rastrero de anteponer sus privilegios e intereses al bien común.

La vida interna de los partidos es un desastre antidemocrático y vertical que parece ideado para fabricar mediocres pervertidos y antidemócratas. Dentro de los partidos, para prosperar, hay que someterse al líder y renunciar a la crítica. No existe el debate ni el discernimiento, que son la esencia de la sabiduría y de la formación humana, sino pura sumisión esclava. Para prosperar dentro de un partido no hay que ser inteligente o virtuoso, sino someterse, decir siempre "sí" al líder, no pensar demasiado y acumular rencor y mala leche para cuando el poder se ponga a tiro. La verdad tiene allí menos importancia que la conveniencia y los análisis y conclusiones suelen ser fallidos, arbitrarios y parciales. Cuando después de años sometidos a esa disciplina de sumisión y represión de la creatividad, la imaginación y la chispa, un militante escala puestos y, tras ganar su partido las elecciones, accede a un ministerio o a la presidencia del gobierno, nos encontramos frente a un gran mediocre, cocido en el horno de la mediocridad y cargado de cobardía, hipocresía, falsedad y resentimiento. Cualquier cosa menos un demócrata, pero llevado en volandas por los mediocres hasta el liderazgo y la responsabilidad de gobernar una nación.

Después pasa lo que pasa. Basta contemplar a personajes como Felipe González, José María Aznar, Zapatero y Rajoy para descubrir la fuerza de la mediocridad y la pasta mediocre que inunda e infecta todo el edificio de la política, en España y en otros países, aunque España, probablemente, ejerce un liderazgo mundial en mediocridad difícil de desbancar.

Si alguien no cree en este análisis y en el duro diagnóstico de que el mundo, dominado por la mediocridad de los partidos, retrocede en lugar de avanzar, que mire y analice el balance de lo que han logrado los partidos políticos en los dos siglos que llevan dominando el mundo: No han logrado un mundo mejor sino todo lo contrario. El siglo XX, que fue el siglo del Estado y de los partidos políticos, fue también el de los asesinatos y la violencia. Sin contar con los muertos en campos de batalla, más de cien millones de civiles fueron asesinados por el poder político en limpiezas étnicas, guerras clandestinas, aniquilaciones culturales, odios nacionalistas y exterminios basados en la seguridad nacional. El resultado de la dictadura antidemocrática y anticiudadana de los partidos es aterrador: hambre, violencia, guerras, asesinatos, desigualdad, miedo, distancia creciente entre ricos y pobres, desprestigio de la política, corrupción, injusticia, mentiras, engaños y un largo y estremecedor etcétera, logrado por los mediocres organizados en sus lamentables y dañinos partidos políticos.

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Un mal dia para los chorizos de España: Partidos y sindicatos dejarán de estar exentos de responsabilidad penal

01.11.12 | 11:38. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, España, Justicia, Sindicatos

Los miles de chorizos y sinvergüenzas que se han amparado en la política para delinquir están de luto al conocer que el gobierno de Rajoy ha decidido iniciar la limpieza de la pocilga española retirando a los partidos políticos y a los sindicatos su condición actual de personas jurídicas exentas de responsabilidad penal. El gobierno está dispuesto también a abrir la puerta de la decencia democrática al sacar de las listas electorales no a los imputados, sobre los que aún no pesa indicios de responsabilidad criminal, pero sí a aquellos encausados a los que se va a abrir juicio oral.

La inmunidad de los partidos y sindicatos, con miles de causas abiertas por corrupción y muchas más en proceso de investigación, méritos suficientes acumulados ante la Justicia para ser clausuradas y prohibidas por ser asociaciones de malhechores, clama al cielo y contribuye poderosamente a que España sea uno de los países más injustos, podridos y políticamente corruptos del mundo occidental.

Así lo ha adelantado en el Pleno del Congreso el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, que tiene intención de incluir estos cambios en la futura reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal o bien en el nuevo Código Penal, informa Europa Press.

Muchos ciudadanos, asqueados de la política española y de la baja estofa de la clase política de este país, estamos hoy de fiesta, si es que damos crédito a la promesa de Gallardón, difícil de creer si se tiene en cuenta que su partido, al igual que el PSOE, Izquierda Unida y los nacionalismos con representanción parlamentaria, están infectados de corrupción y esconden en sus filas de militantes y dirigentes a demasiados chorizos y sinvergüenzas encausados, investigados o bajo sospecha porque no pueden justificar su veloz e inexplicable enriquecimiento en la política.

El anuncio se ha formalizado como respuesta a la interpelación planteada por la portavoz nacional de Unión Progreso y Democracia (UPyD), Rosa Díez, quien se ha mostrado satisfecha con los cambios prometidos. "Me ha alegrado la tarde", ha reconocido. La líder de la formación magenta ha recordado que España ocupa el trigesimoprimer puesto en el ránking mundial de la corrupción y ha resaltado la necesidad de adoptar medidas como un pacto para despolitizar la Justicia, restricciones en la presentación de candidatos y también una reforma de la ley electoral.

En concreto, ha lanzado dos propuestas. Por un lado, excluir a los imputados de las listas electorales y de los cargos públicos que ocupen, y por otro, "derogar" los privilegios de los partidos políticos. tales como sacar de la lista de personas jurídicas exentas de responsabilidad penal, un estatus que tienen las instituciones oficiales y que limita la persecución penal a los individuos sin que se pueda actuar contra los órganos ejecutivos y la organización.

Gallardón recogió el guante de ambas propuestas. A su juicio, sólo el Estado, las instituciones de carácter público, pueden tener ese "privilegio" de exención de responsabilidad penal, mientras que los partidos y sindicatos "son entidades de derecho privado y no tiene sentido eximirles".

En cuanto a la exclusión de los imputados, el ministro ha preferido elevar el listón. Según ha explicado, la figura del imputado se implantó como una garantía para la persona citada a declarar y ahora se ha convertido en una "precondena", en lo que se conoce como "la pena del Telediario". Por ello, el Gobierno prefiere buscar una fase judicial "ulterior" a la hora de establecer la inelegibilidad, y en este sentido ha propuesto esperar a la apertura del juicio, oral, que ya implica la existencia de un "indicio racional de criminalidad".

Los pasos anunciados por el ministro de Justicia son importantes y representan un golpe frontal y contundente contra los sinvergüenzas y canallas atrincherados en la política española. Es cierto que faltan algunas medidas para acabar con la lacra de la arbitrariedad, el saqueo y la rapiña, entre otros declarar a los partidos políticos responsables subsidiarios de los delitos que cometan sus cargos y eliminar la injusta financiación de los partidos con dinero público, procedente de los arruinados ciudadanos españoles, otra injusticia que clama al cielo, pero como comienzo de la lucha contra el crimen político en España no está mal.

Brindo para que las promesas se hagan realidad pronto.

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Políticos, sindicalistas, periodistas y jueces, los cuatro grandes fracasos de España

Los políticos, los sindicalistas, los periodistas y los jueces son los cuatro grandes culpables del fracaso español y los profesionales más despreciados por la sociedad, en la que el quinto gran culpable es la misma ciudadanía, integrada mayoritariamente por borregos sometidos que apoyan el sistema con su sometimiento y con sus votos ante las urnas, vergonzosamente permisivos e incapaces de poner freno a los abusos, desmanes e injusticias de su lamentable clase dirigente. Las encuestas reflejan en España, con meridiana claridad, el profundo desprecio ciudadano a esos grupos y profesionales, convertidos en los grandes pilares del actual desastre de España, un país de desempleados, pobres, fracasados, con sus valores en quiebra y poblado de gente triste, confusa y sin esperanza.

Los políticos españoles son culpables por corruptos, embaucadores y fracasados. Son los principales culpables porque acumulan mas poder y responsabilidad que ningún otro sector de la sociedad, controlando las leyes, la fuerza, el presupuesto y los poderosos recursos del Estado. A pesar de todo, no han sido capaces de solucionar los grandes problemas del país y muchas veces los han agrandado con sus errores y debilidades, olvidando que han sido elegidos, situados en la cúspide de la sociedad y rodeados de privilegios no para que tomen decisiones, sino para que acierten y aporten soluciones.

Los sindicalistas son también culpables del desastre español por renunciar a su función reguladora en las relaciones laborales y por haberse convertidos en vagos y maleantes subvencionados. Han abandonado a los trabajadores y se han integrado en el poder establecido, formando un bloque compacto con los políticos, especialmente con los de izquierda, repartiéndose privilegios y ventajas y comulgando con desmanes, abusos, corrupciones y traiciones.

Los periodistas se han convertido en los grandes cómplices del poder abusivo, corrupto y antidemocrático que está destrozando España, tras haber asesinado su propia independencia y, subyugados por el poder y sus ventajas, han renunciado a la verdad y a la fiscalización de los poderosos, incorporándose, vergonzosamente, a los dispositivos de propaganda y mentira del sistema. Han abandonado al pueblo a su suerte y han convertido la democracia en una orgía de poderosos sin control, sin crítica y sin vigilancia. Impregnados de ignominia y oprobio, la mayoría de los periodistas españoles, de un modo u otro, directa o indirectamente, se han vendido al poder y han fracasado, convirtiéndose, ante los ojos de los ciudadanos, en traidores y colaboracionistas que deberán ser castigados cuando España consiga ser un país democrático..

Los Jueces, igualmente sometidos al poder político, se han dejado dominar y controlar sin ofrecer resistencia, acabando con la independencia judicial y con la Justicia misma en un país que, por la densidad de delincuentes con poder, necesitaba, urgente e intensamente, de sus servicios. Son culpables, sobre todo, de cobardía y se han convertido en el pilar principal de la indecencia y la ignominia que campean por España, donde los poderosos, especialmente los políticos, saquean y delinquen con una intolerable impunidad práctica. La cobardía de los jueces ha convertido la democracia en una pantomima y ha permitido que la ley sea desigual y rastrera, dura para los pobres, blanda para los ricos e invisible para los poderosos.

Políticos, sindicalistas, periodistas y jueces son cuatro sectores tan intensamente contaminados que han perdido el norte y hasta ignoran su misión y lugar en la democracia. Para que España se regenere y sea un país democrático y decente, donde la prioridad sea el bien común y no el beneficio de los poderosos y el interés de los grandes partidos políticos, las cuatro profesiones contaminadas deben refundarse y regenerarse de manera especial, con una reeducación profunda de sus miembros, que deberán aprender cosas tan elementales como que el poder, en democracia, reside en el pueblo, que el ciudadano es el soberano del sistema, que la democracia es el reino de la verdad y de la luz, que el bien común debe presidir todos los procesos de toma de decisiones, que los poderes básicos del Estado deben ser independientementes, que los seres humanos nacen iguales y que la justicia, la libertad y la decencia son los valores supremos del sistema.

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Partidos políticos y sindicatos "contaminan" y debilitan el movimiento popular español y la lucha por la regeneración

19.09.12 | 10:45. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, España, Sindicatos

La manifestación del 15 de septiembre en Madrid, organizada para protestar por los recortes, no fue un éxito por culpa de los sindicatos, organizaciones tan deterioradas y desprestigiadas que contaminan y debilitan cualquier expresión popular de resistencia o protesta. Lo mismo ocurre con los partidos políticos, cuya credibilidad y prestigio están por los suelos y son considerados cada día por mas ciudadanos como parte importante del problema de España, nunca como solución.

Hay en España ganas de protestar y razones para que las calles de Madrid se hubieran llenado de ciudadanos indignados ante los desatinos, errores, arbitrariedades, injusticias y abusos del poder político, pero la manifestación, a pesar de haber sido financiada con el flete de casi un millar de autobuses, ni siquiera congregó a cien mil personas, todo un fracaso que sólo es explicable si se tiene en cuenta que los que organizaban y encabezaban la manifestación son gente despreciada y rechazada por la inmensa mayoría de los españoles descontentos.

Los expertos y observadores se sorprenden de que en España la protesta sea tan débil, a pesar de que existen suficientes razones y argumentos para que millones de ciudadanos salgan a la calle para rechazar con fuerza invencible canalladas, dramas y arbitrariedades tan graves como la injusticia generalizada, las subidas abusivas de impuestos, la ineficacia del poder, la negativa de los políticos a adelgazar un Estado monstruoso e incosteable, la corrupción generalizada, política e institucional, el desempleo masivo, la caída de los valores, el avance de la pobreza y la pérdida continuada de derechos, servicios y logros democráticos.

La única explicación de esa paralización de la sociedad española ante el fracaso de sus políticos y los reiterados abusos de poder e injusticias es que la presencia en las protestas de partidos políticos y sindicatos disuade, contamina y debilita cualquier movimiento de protesta o resistencia. Hay cientos de miles de españoles que saldrían a las calles si tuvieran la garantía de que su protesta no iba a ser capitalizada y manipulada por partidos políticos, políticos profesionales y sindicalistas, que son los grandes culpables del drama que padece el país.

España necesita movimientos ciudadanos limpios y sin contaminación, nacidos en la sociedad civil y alejados por completo de partidos y sindicatos, dos sectores malditos y tan contaminados que generan rechazo y desprecio. El éxito inical del movimiento de los "Indignados" y del 15 M se debió a que los ciudadanos les percibieron, al principio, como un movimiento espontáneo, al margen de los partidos y sindicatos. Esa independencia y limpieza generó un apoyo inusitado y sorprendente de los ciudadanos a los jóvenes indignados, a los que regalaban todo tipo de cosas y a los que se sumaban familias enteras cargadas de ilusión ante un posible cambio democrático, una fuerza que se diluyó como un azucarillo cuando los ciudadanos empezaron a sospechar que el movimiento estaba infiltrado por partidos políticos como Izquierda Unida y capitalizado por políticos oportunistas.

El divorcio entre ciudadanos y políticos es en España mucho mas grave de los que la gente piensa y tendrá consecuencias graves, durante décadas, en el panorama político español. Partidos, sindicatos y políticos profesioanles no sólo son ya objeto de rechazo para cientos de miles de ciudadanos, sino que, además, suscitan desprecio y hasta odio en muchos demócratas, plenamente convencidos de que políticos y sindicalistas, como indican las encuestas, son los principales obstáculos, junto con periodistas y jueces, para que España deje de ser una pocilga e inicie la ansiada ruta hacia la regeneración y el despegue económico.

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Los españoles, una manada de cobardes que serán despreciados por la Historia

En teoría, los millones del "rescate" tendrían que haber representado la salvación para España, pero la prima de riesgo sigue subiendo y está en niveles de record, mientras la bolsa cae y la desconfianza en España no para de crecer. Los mercados están diciendo con insistencia y a gritos que el problema de España es su clase politica, corrupta e inservible, pero nadie quiere escucharlos... y así nos va.

Si los españoles de las actuales generaciones no conseguimos forzar a nuestros políticos a que adelgacen el Estado, extirpen la corrupción y eliminen la legión de ineptos y parásitos que tienen ocupado el Estado, haciéndolo incosteable, inviable, torpe, corrupto e indecente, pasaremos a la Historia como una triste y despreciable manada de cobardes.

Los mercados lo están exigiendo y en los centros de poder de todo el mundo se sabe que el gran problema de España es su clase política, clientelar, arrogante, atrincherada en el poder, alejada del pueblo y ajena a la democracia, que está estrangulando al país con sus privilegios y que pesa sobre la economía como una insoportable losa de plomo. Pero Rajoy, un pusilánime sin brío ni agallas, no se atreve a afrontar el problema y, como consecuencia, la prima de riesgo sube, la bolsa baja y los mercados siguen desconfiando de una España que es inviable por culpa de sus políticos.

El problema tiene que ser resuelto por los ciudadanos, que tenemos que salir a las calles a exigir a la "casta" que sea decente y digna, que deje de hundir al país, que nos permita salir a flote, que deje de robar, que devuelva a los ciudadanos el papel de protagonismo que le corresponde en democracia,

España tiene que suprimir las subvenciones a partidos políticos y sindicatos, fusionar municipios, suprimir diputaciones, reducir parlamentos regionales y licenciar a 300.000 de los casi 500.000 políticos que, sin aportar nada a la nación ni al bien común, están agarrados como posesos a la teta del Estado, esquilmando nuestros impuestos y saqueando las arcas públicas. Si los políticos no quieren hacer esa reforma, los ciudadanos tenemos que forzarlos. Si no lo hacemos, pasaremos a la Historia como un pueblo de cobardes sin dignidad.

El espectáculo de un Zapatero agazapado como una gallina en el Consejo de Estado, esperando a que España olvide que fue él quien causó los actuales estragos, sin que nadie le reclame nada, ni le afee su sucio comportamiento, ni se le castigue, es deleznable, como también lo es el de un Divar, presidente del Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, se niegue a dimitir a pesar de que abusó de su cargo y gastó de manera indecente e inmoral el dinero de todos. Pero el espectáculo más bochornoso de todos, el que provoca la desconfianza masiva de los mercados y la seguridad de que España carece de futuro es el de los miles de sinvergüenzas y chorizos reclutados entre políticos y sindicalistas, que ya han arruinado las cajas de ahorros españolas, muchos de los cuales siguen sentados en los consejos de administración de esas entidades saqueadas, sin que nadie les pida cuentas, les castigue y les obligue a devolver lo robado.

Pensar que Rajoy, capitán de la cobardía y del miedo, un personaje forjado en el seno de un partido clientelar y acostumbrado a anteponer sus propios intereses partidistas a los de la patria, será capaz de limpiar el corral de zorros y serpientes es tan ridículo y estúpido como creer que los mismos que nos han llevado hasta la ruina van a salvarnos ahora del desastre.

Es duro, pero los mercados temen, con toda razón, que el dinero del rescate caiga también en ese pozo sin fondo que es el actual sistema de cajas de ahorros, donde los mismos políticos y sindicalistas, rodeados de consejeros, asesores y expertos, que las han arruinado siguen mandando y controlando la máquina de despilfarrar y malversar. Hasta que los mercados no se convenzan de que serán los "hombres de negro" enviados por Europa los que controlen el río de euros entregado a España, sin que ni siquiera lo toquen Rajoy o de Guindo, la prima de riesgo no bajará y la economía española empezará a recomponerse. Los mercados están diciendo con insistencia que el probema de España es su clase polñitica, corrupta e inservible, pero nadie quiere escucharlos... y así nos va.

El pueblo es el único que puede solucionar el drama de España, enseñando los dientes, metiéndole el miedo en el cuerpo a los canallas y haciéndoles ver que la única solución del país pasa por adecentar el Estado, el liderazgo, la política y la vida pública, lo que significa adelgazar el Estado, impedir el acceso al poder de los que viven de la sangre ajena y elegir como representantes públicos y líderes a personas de probada decencia y de valores garantizados, no a los predadores amigos del partido o a los dirigentes arbitrarios encuadrados en las mafias del poder.

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¿Impedirá el gobierno del PP la actuación fascistoide y violenta de los piquetes sindicales?

15.03.12 | 17:53. Archivado en PSOE, Democracia, Corrupción, España, Sindicatos

Se autodenominan "piquetes informativos", pero son verdaderas pandillas fascistoides y violentas que violan el derecho ciudadano a decidir libremente si trabajan o no durante una huelga. Sacan a los conductores de las carreteras, sabotean las cerraduras con silicona, impiden el paso libre a los que quieren trabajar e imponen el terror en lo que ellos denominan servicios "vitales", sobre todo en los transportes públicos, para inmovilizar a los ciudadanos y lograr así, por la fuerza, que la huelga triunfe. Hasta ahora, durante el mandato socialista, esos piquetes, verdaderas bandas callejeras violentas, han operado con total impunidad, sin que la policía les haga frente y garantice el derecho ciudadano a participar o no en la huelga, pero los votantes del PP, mayoritarios, esperan que el gobierno frene en esta ocasión los desmanes de unos sindicatos que se sienten desesperados y angustiados porque son conscientes de que si la huelga fracasa, a ellos sólo les queda cavar su tumba.

La actuación de los piquetes ha sido hasta ahora una de las lacras de la mal llamada "democracia" española, un abuso contra la libertad y la convivencia vergonzosamente tolerado por el poder político. Si esta vez ocurre lo mismo, se cargarán de razón los muchos ciudadanos que piensan que el PP y el PSOE se parecen demasiado y que el gobierno de Rajoy carece de la firmeza suficiente para defender los derechos básicos ciudadanos.

Los sindicatos convocantes de la huelga general del día 29 de marzo deben jugar limpio y no abusar de la desesperación de las masas en momentos delicados para España, cuando la crisis nos atenaza y amenaza nuestro futuro y cuando la imagen del sindicalismo español está por los suelos, después de haber mantenido un vergonzoso y cobarde silencio durante el mandato de Zapatero, a pesar de que España se hundía, se bajaban sueldos y pensiones y el país se llenaba de desempleados y nuevos pobres.

Muchos españoles ven en la huelga del 29 de marzo una ocasión única para derrotar a un sindicalismo que se ha hecho sectario, adicto al dinero y a los privilegios y que no duda en anteponer los propios intereses de los líderes y burócratas liberados a los de los trabajadores y empleados españoles, a los que dicen defender. Cada día son más los españoles que reniegan de un sindicalismo que ha entregado su independencia y libertad al PSOE, cuyas filas están llenas de vagos que cobran sin trabajar y que es incapaz de asumir el reto democrático de financiarse con las cuotas de sus afiliados, renunciando al dinero de los impuestos abrumadores que pagan los españoles.

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Una huelga para defender los privilegios y dineros sindicales

14.03.12 | 07:03. Archivado en Política, Economía, Corrupción, España, Sindicatos

Los dos grandes sindicatos españoles (UGT y CC.OO.), que guardaron un silencio cobarde y cómplice mientras España se hundía y se perdian millones de puestos de trabajo, bajo el mandato de Zapatero, convocan ahora una huelga general, en el momento menos propicio, cuando España necesita unidad y esfuerzo para salir de la crisis, movidos únicamente por el miedo a perder el dinero abundante, el poder y los privilegios que les regalaba el socialismo en el poder.

Buena parte de los españoles contemplan la huelga como algo ajeno y sienten curiosidad de saber quien ganará el pulso, si los sindicatos, que luchan por mantener sus dineros y privilegios con la ayuda de los socialistas y de sus huestes de sindicalistas profesionales liberados, o la España responsable, consciente de que la huelga es un suicidio en estos tiempos, que mantendrá el pulso con la ayuda del gobierno y de la parte más consciente, responsable y laboriosa del país.

Nadie se cree que la huega del 29 de marzo haya sido convocada para defender los intereses de los trabajadores, vejados durante los últimos años sin que los sindicalistas millonarios movieran un solo dedo, ni por rechazo a los postulados básicos de la reforma laboral, sino porque los sindicatos, bajo el gobierno de Rajoy, han dejado de ser parte del poder decisivo y porque tanto sus ingresos como los privilegios que disfrutaban empiezan a derrumbarse.

Todo parece indicar que una de las principales razones de la huelga general convocada por los dos grandes sindicatos es el dinero. La reforma laboral recientemente aprobada por el gobierno de Rajoy quita protagonismo y dinero a los sindicatos, algo que les parece intolerable a sus dirigentes. Tan sólo en los EREs, los sindicatos, que ahora ya no son imprescindibles en el proceso, dejan de ganar más de 100 millones de euros al año, tan solo en asesorías laborales, y dejan de cobrar ese inexplicable 10 o 15 por ciento de la indemnización que recibían los trabajadores por encima de los 20 días por año trabajado, lo que supone ingresos superiores a los de la asesoría. Finalmente, los cambios en los programas de formación también merman las arcas sindicales, ya que la reforma aprobada permite a las empresas organizar sus propios cursos, antes monopolizados por sindicatos y patronal. Es evidente que los sindicatos y las patronales quedan perjudicadas con la reforma, pero ganan los ciudadanos y España.

Apoyados por un PSOE que, en lugar de echarse a las calles debería estar pidiendo perdón a los españoles por la ruina ocasionada y el baño de corrupción e indecencia proporcionado al país, por una Izquierda Unida desfasada por la Historia, y por la inmensa masa de los liberados que no trabajan y de los burócratas, los dos grandes sindicatos españoles afrontan la huelga con el riesgo de que el seguimiento sea mínimo e insignificante, un peligro que intentarán neutralizar paralizando, a base de piquetes, servicios básicos como los transportes, para inmovilizar por la fuerza a un país que quizás no quiera ir a la huelga cuando suenan las trompetas del esfuerzo colectivo y la reconquista de la prosperiad. Otro grave riesgo que asumen los sindicatos es que la sociedad española descubra con claridad en esta jornada de huelga que, con su actual diseño, burocrático y sirviendo al poder socialista como correa de transmisión, los sindicatos son obsoletos y constituyen una terrible rémora para el pregreso de España.

Ojalá el gobierno de Rajoy, por vez primera en democracia, impida la actuación pandillera y mafiosa de esos piquetes violentos que se autotitulan "informativos" y garantice también que los que quieren trabajar el 29 de marzo puedan hacerlo sin chantaje ni coacción sindical.

Ir a la huelga general cuando todos los expertos recomiendan trabajar mas e, incluso, reducir los salarios y eliminar el absentismo laboral como única forma de ser más eficaces, productivos y competitivos, es una locura que solo los sindicatos alienados y minados por el egoísmo pueden acometer. Los sindicatos lo saben, pero jamás admitirán que la "sociedad del bienestar" es un lujo que sólo está al alcance de países prósperos con riqueza suficiente para fiananciar una sanidad y una educación de calidad gratuitas. A los paises empobrecidos, como España, no les queda otra vía que maldecir a los que han despilfarrado su riqueza y esforzarse con gran dureza para recobrar la prosperidad perdida y con ella los derechos sociales que la pobreza nos arrebata.

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Los políticos y sindicalistas están asesinado a las cajas de ahorros españolas

06.02.11 | 20:24. Archivado en Gobierno Zapatero, Economía, Corrupción, España, Sindicatos

El cáncer que está acabando con las cajas de ahorros españolas es la presencia de políticos y sindicalistas en sus consejos. Los socialistas, después de colaborar en el hundimiento y ruina de las cajas, quieren ahora resolver el problema que ellos mismos han creado. Pero de nuevo se equivocan al proponer nacionalizarlas, lo que significa más políticos y sindicalistas depredadores en esas desgraciadas instituciones.

Las cajas de ahorros españolas eran las perlas de la estructura financiera del franquismo. Inspiradas en criterios benéficos y populares, las cajas cumplían un doble papel de gran importancia: acercar la economía moderna a las familias y a las clases populares y, a través de sus obras sociales, estimular la cultura y las actividades benéficas y de justicia social.

Pero, inexplicablemente, la llegada de la mal llamada "Democracia Española", un sistema que más bien fue una dictadura camuflada de partidos políticos, trajo consigo una lamentable sentencia de muerte para esas cajas de ahorro, que fueron ocupadas por los políticos y los sindicatos, que desplazaron a los profesionales de su dirección y que las corrompieron y utilizaron en beneficio propio, condenándolas a muerte.

Hoy, cuando la mayoría de las cajas españolas están ya arruinadas, resulta evidente que los políticos y los sindicalistas son los principales culpables del asesinato de esas estupendas instituciones. Y deberían pagar por ese crimen.

El éxito de las cajas fue impresionante y llegaron a constituir el 50% del mercado financiero español, lo que permitía una estimulante dualidad entre bancos y cajas, que generaba envidia en el mundo, una sana competencia y un mejor servicio a la sociedad.

Pero, tras la muerte de Franco, entraron en la escena las dos plagas mayores de la historia moderna de España, los políticos y los sindicalistas, y las cajas fueron asesinadas. Al invadir y dominar los consejos de administración, los partidos y los sindicatos corrompieron y traicionaron el espíritu fundacional de las cajas y las pusieron no al servicio de las clases populares, sino de sus propios intereses.

El resultado fue una paulatina pero constante eliminación de los profesionales en la dirección y la sustitución de los criterios racionales y técnicos por el amiguismo, el partidismo y la arbitrariedad. Se concedieron créditos a los partidos políticos, muchos de los cuales nunca fueron pagados o fueron vergonzosamente condonados; se dieron créditos masivos a los mismos promotores inmobiliarios que daban comisiones a los partidos y a los ayuntamientos; fueron beneficiados los amigos del poder y se utilizó el dinero de las cajas para comprar voluntades y doblegar a los críticos y disidentes, desmanes que el poder político nunca condenó ni evitó, sino que apoyó vergonzosamente porque favorecía sus miserables intereses.

Es fácilmente demostrable que, en los últimos 25 años, desde instancias gubernamentales y desde el mismo Banco de España, se ha estado trabajando contra las Cajas. Pero lo peor de todo no fue el asesinato de esas hermosas instituciones, sino la forma como las mataron: desvalijando sus fondos, liquidando sus recursos, exprimiéndolas de manera miserable y llevándolas irresponsablemente hasta el precipicio.

Únicamente se han salvado de la masacre las escasas cajas que limitaron o, incluso, impidieron la invasión de los políticos y sindicalistas en sus estructuras de decisión. Todas, incluso las pocas que cerraron el paso a partidos y sindicatos, tuvieron que pagar algún tipo de peaje, financiando desmanes políticos o repartiendo créditos estratégicos y comisiones, pero algunas consiguieron encapsular el cancer político y sindical y lograron sobrevivir hasta hoy sin sufrir daños fatales.

Ahora, después de décadas intentándolo, parece que ha llegado la hora del entierro de la mayoría de las cajas españolas, algunas de las cuales se transformarán en bancos y otras se diluirán en alianzas que nadie sabe cómo y hasta cuando funcionarán. La triste y falsa justificación de la matanza es que la crisis y la difícil coyuntura económica son irresistibles para las cajas, ocultando el dato vital de que si no pueden resistir es porque la miseria política las ha debilitado hasta el extremo.

La actual agonía de las cajas de ahorro es curiosamente paralela al declive de la familia española, auténtica columna vertebral de la sociedad, también acosada y esquilmada por la pésima clase política que está destrozando España desde el poder. También es simultánea al desprestigio de la casta política, española, una de las peor valoradas del mundo por su pueblo.

Es obvio que, además del acoso indecente de los políticos y sindicatos, hay otros factores que han contribuido a la ruina de las cajas, entre ellos su exposición excesiva a los valores inmobiliarios y a la crisis económica, pero casi siempre ha sido la mala gestión de los políticos la que ha expuesto a las cajas, sin prudencia ni cautelas, a todos los riesgos y peligros imaginables.

El resultado es que la mayoría de las cajas están en la ruta del desastre tras haber sufrido daños más intensos y dramáticos que los bancos privados, a pesar de que, teóricamente, al no tener que compensar a sus accionistas, tenían ventajas estructurales para resistir mejor esos dramas que acosan a la economía española.

La crisis inmobiliaria ha provocado unas perdidas de alrededor de 150 mil millones de euros entre promotores y entidades financieras que aún no han emergido, lo que lastra la credibilidad de toda la economía. Es lógico que las Cajas de Ahorros hayan salido perjudicadas, pero no hasta el extremo de su ruina, al que se ha llegado por culpa de la mala gestión de políticos y sindicalistas.

La desaparición de las cajas trae consigo nuevos problemas en el futuro, entre ellos un mayor oligopolio financiero, que causará problemas de exclusión para los sectores más débiles de la población. ¿Quién cumplirá en adelante el papel de banco de las familias y de los más desfavorecidos? ¿Dejará la sociedad de recibir el dividendo social que le entregaban las cajas?

La casta política española, tanto de izquierda como de derecha, tiene en su "debe" otro drama que los ciudadanos deberían hacerle pagar: el de haber esquilmado y liquidado el sistema español de cajas, un auténtico orgullo nacional hasta no hace mucho.

Voto en Blanco


Sindicatos y ciudadanos culpan a los controladores, por su huega salvaje, y al Gobierno, por su mala gestión, que ha desatado el caos en el espacio aéreo

04.12.10 | 09:54. Archivado en Gobierno Zapatero, Corrupción, España, Sindicatos

El gobierno español quiere "demonizar" a los controladores por su actual protesta, que ha paralizado el cielo español para la navegación aérea y causado daños a cientos de miles de ciudadanos, pero, en honor a la verdad, hay que saber que el gobierno, arrogante, imprudente y autoritario, tiene también una enorme responsabilidad en lo ocurrido.

La gente grita en los aeropuertos "Gobierno dimisión, controladores a prisión", expresando así que culpan a los controladores y al gobierno del enorme caos aéreo desatado en España.

Los sindicatos CC.OO. y UGT han asegurado que el caos desatado con el cierre de prácticamente todo el espacio aéreo español se debe a la "irresponsabilidad" del Gobierno, que ha aprobado la regulación de la jornada laboral de los controladores en vísperas del puente de la Constitución y sin diálogo previo ni negociación con los afectados.

El secretario general de la Federación de Servicios Públicos de CC.OO., Enrique Fossoul, ha declarado que el Gobierno ha cometido una "irresponsabilidad" y un "error" al privatizar parte de AENA horas antes de comenzar el puente de la Constitución, incluyendo en el decreto la regulación de la jornada laboral de los controladores.

Consideró igualmente que la respuesta de los controladores, que han abandonado sus puestos tras conocer la noticia, es "una barbaridad" y "no se puede justificar". "Que cada uno asuma su responsabilidad", añadió.

Por su parte, el portavoz de UGT en AENA, Raúl Gómez, consideró también que la reacción de los controladores responde a la "postura desmedida" del Gobierno a la hora de establecer una jornada de 1.670 horas anuales y, "por primera vez", la obligación de cubrir 80 horas extraordinarias.

El portavoz de la Unión Sindical Obrera (USO) José Vía también atribuyó el bloqueo de los aeropuertos a una "reacción desesperada" de este colectivo ante la privatización de parte de AENA y la regulación de la jornada laboral de los controladores.

Eso sí, censuró emplear las bajas medidas como "huelga salvaje" y advirtió al colectivo de que ésta "irá en contra" de sus propios intereses. "Estamos de acuerdo en las protestas, pero no en el procedimiento", sentenció un portavoz.

Muchos analistas sospechan que el gobierno aprovecha este caos aéreo para "demonizar" a los controladores y desviar hacia ellos la atención de la sociedad española, atribulada por el verdadero problema de España, que es el mal gobierno de Zapatero y el avance inexorable del país hacia la pobreza, el paro y el fracaso. Algunos analistas opinan que el gobierno ha "provocado" con su torpeza esta explosión de los controladores, justo en vísperas del gran puente de la Constitución, cuando el daño al tráfico aéreo es mayor.

Voto en Blanco


La huelga general permite al gobierno de Zapatero probar sobre el terreno sus dispositivos antirebeldía ciudadana

01.10.10 | 19:46. Archivado en Gobierno Zapatero, Política, Terrorismo, Sindicatos

El gobierno ha aprovechado la huelga general para probar sobre el terreno los dispositivos antirebeldía ciudadana que viene diseñando y configurado desde el año 2008, cuando los principales estrategas occidentales aconsejaron a los gobiernos prepararse ante la posibilidad de que la crisis económica propiciara el estallido de tumultos y revueltas masivas de ciudadanos, indignados por el desempleo, el avance de la pobreza y la pérdida de confianza en el poder.

La huelga ha representado una oportunidad única e inmejorable para probar en escenarios auténticos los dispositivos de seguridad ideados para frenar la rebelión popular contra la casta política. Esa es la razón que explica la presencia en las calles de un desproporcionado dispositivo policial, mucho más denso y fuerte del que la débil huelga general exigía.

La policía, que ha ocupado lugares estratégicos previamente definidos en las principales ciudades, no ha salido a las calles sólo para garantizar el derecho de los españoles a trabajar, sino también para probar su capacidad para controlar y neutralizar masas de ciudadanos indignados y desesperados por el fracaso, la pobreza, el hambre y el odio a la inepta casta política que dirige los destinos de España.

Los dispositivos antirebeldía han sido diseñados y desarrollados por la mayoría de los gobiernos del mundo en previsión de conflictos masivos motivados por la crisis económica y la pobreza. En España han sido preparados por los ministerios del Interior y de Defensa, bajo la supervisión directa de Presidencia. Su objetivo es controlar, si resultase necesario, movimientos masivos de ciudadanos rebeldes, indignados y lanzados a las calles por el intenso deterioro de la economía.

La mayor carencia del dispositivo era su dificultad para ser probado en escenarios reales, con ciudadanos en las calles. La huelga general del 29 de septiembre ha proporcionado al gobierno español la ocasión óptima para probar su capacidad represora en las mismas calles de España donde se habían previsto las potenciales revueltas. Pero lo único que ha podido probarse es el primer escalón del dispositivo, el que contempla la intervención policial. El segundo escalón, que incorporaría a las fuerzas armadas en caso de extrema necesidad, únicamente ha podido probarse hasta ahora en escenarios virtuales, mediante supuestos tácticos y operativos con ordenadores.

El dispositivo parece haber funcionado de manera satisfactoria en todo el país, salvo en Barcelona, donde la torpeza del alcalde hizo coincidir el desalojo de un importante nido de okupas con la huelga general. En Barcelona, el dispositivo de represión y control quedó claramente desbordado.

Voto en Blanco


Huelga General: sindicatos gansteriles en una España injusta

Los primeros datos sobre la Huelga General de hoy, 29 de septiembre, indican que, incapaces de respetar la libertad y de permitir que los que quieran hacer la huelga la hagan y los que quieran trabajar trabajen, los sindicatos españoles han adoptado un deleznable comportamiento gansteril para paralizar el país y arrasar el derecho ciudadano a trabajar.

Carreteras cortadas, autobuses apedreados, contenedores quemados, amenazas, apaleamientos, violencia física y pasicológica y otras muchas "fechorías" propia de gansters, anticonstitucionales y antidemocráticas, han sido el recurso principal de los sindicatos para lograr que triunfe la huelga y poder hablar de un país paralizado, a pesar de que la voluntad mayoritaria era trabajar hoy para evitar más daños a España y a su ya maltrecha economía.

Toda esa violencia se ha perpetrado de manera hipócrita y engañosa, a través de piquetes que se autodenominan "informativos", cuando en su mayoría son bandas amedrentadoras de comportamiento violento y anticiudadano, típicas del antiguo y ya superado sindicalismo gansteril.

Si a la ciudadanía española le quedaban dudas sobre la naturaleza antidemocrática de los sindicatos mayoritarios españoles, hoy, con su comportamientos gansteril, ha quedado demostrado su espíritu anticívico y su totalitario sentido de la libertad.

El vencedor de la jornada de hoy ha sido Zapatero, maestro del engaño y de la confusión, que ha tenido la habilidad de escurrir el bulto y de eludir el impacto de un huelga que nadie sabe si es contra el gobierno, para apoyar al gobierno, para desprestigiar a la oposición o para cubrir el expediente.

Pero los perdedores, sin la menor duda, serán la "casta" profesional que dirige los sindicatos y sus miles de "liberados" que cobran sin trabajar, cuya popularidad, ya por los suelos, descenderá todavía más, adquiriendo perfiles nuevos de violencia, gansterismo y totalitarismo, que se agregarán a los que ya tienen como vagos, aprovechados, subvencionados por el gobierno y cómplices de la nefasta política económica de Zapatero, la que destruye el tejido productivo, la que ha generado cinco millones de parados, la que fabrica cientos de miles de nuevos pobres y la que está llevando a España hasta la ruina.

Sea cual sea el balance final que se ofrezca a la población, la huelga, objetivamente, será un fracaso porque ha carecido de un objetivo compartido por la mayoría de los ciudadanos, porque desde el principio fue rechazada por la mayoría de los trabajadores y porque allí donde no hubo gansterismo, apenas se notó.

La experiencia de hoy debe obligar a los partidos políticos a comprometerse a regular el derecho de huelga, evitando que se imponga siempre, por la fuerza y la violencia, sobre el derecho al trabajo, igualmente constitucional y básico. Ni el PSOE ni Aznar se atrevieron a regular ese derecho a la huelga, que cada vez que se ejerce avergüenza a los españoles y escandaliza a las sociedades civilizadas del mundo.

La policía ha intervenido para evitar desmanes sindicales, pero lo ha hecho con menos contundencia y celo del debido y, desde luego, sin garantizar, como era su deber, el derecho ciudadano a trabajar.

Los sindicatos españoles han demostrado hoy, por la vía de los hechos, que son grupos infectados por el totalitarismo, incapaces de entender y respetar las reglas que garantizan la libertad y el derecho a elegir en democracia. El dinero que reciben del gobierno para comprar su complicidad y para "formar" a los obreros y empleados españoles, no lo merecen, ni tampoco la confianza ciudadana, que hoy han defraudado.

Después de la jornada de hoy, la muerte de "estos" sindicatos, si llegara a producirse un día, no causará lágrima alguna entre los demócratas españoles y la gente decente.

Voto en Blanco


Martes, 26 de septiembre

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