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Con la llegada del PP al poder, España tendrá una oportunidad, quizás la última

02.12.11 | 06:49. Archivado en Partido Popular, PSOE, Política, Democracia, Corrupción, España, Zapatero

No es cierto que la llegada al poder del PP traerá consigo una explosión de protestas y una oposición fuerte en las calles a los muchos recortes y ajustes que el país necesita, telecomandada por el PSOE y los sindicatos. Por el contrario, España dejará al PP libertad para actuar y tomar las medidas que crea oportunas. El PP podrá gobernar con tranquilidad durante un tiempo razonable y sólo después, si las medidas no surten efecto, está prevista la revuelta de la izquierda y sus secuaces, especialmente sindicalistas, paniaguados, asociaciones dominadas por la izquierda, como feministas, gays, lesbianas y artistas, junto con las numerosas víctimas de la purga de cargos públicos que impondrá el nuevo gobierno.

La inmensa mayoría de los españoles están convencidos de que hay que cambiar muchas cosas y ha elegido al PP para que realice esos cambios, incluso si conllevan grandes sacrificios. La predisposición de los españoles al cambio, detectada por todas las investigaciones sociológicas, ha frenado las intenciones del PSOE, de los sindicatos y de otros colectivos rabiosamente anti PP de desgastar rápidamente al nuevo gobierno con manifestaciones y revueltas callejeras.

Cuando el PP llegue poder, España tendrá una oportunidad, probablemente la última, para enderezar su rumbo y evitar el desastre. Los socialistas derrotados, los sindicatos, los lobbyes radicales y los cientos de miles de paniaguados y corruptos que habrán perdido el acceso a la teta del Estado no se atreverán a salir a las calles para desgastar a la derecha porque saben que los ciudadanos quieren un cambio de rumbo y una política que signifique el principio de la regeneración.

La situación española está tan mal que el gobierno del PP tendrá no sólo 100 días, sino todo un año, por lo menos, para demostrar que sabe reconducir el país. Transcurrido ese tiempo, si no hay cambios visibles, si la economía no empieza a recobrar el pulso, si queda demostrado que los de derechas son tan corruptos e ineptos como los de izquierdas, se abrirá la veda y el sociedad se echará a la calle para provocar el caos y la revolución, producto de la desesperación y de la angustia.

Ojalá la derecha comprenda la situación y asuma que tiene una oportunidad histórica en sus manos. Si hace lo que hizo Aznar, que demostró pronto que la derecha era casi idéntica a la izquierda en todo, incluyendo la fácil convivencia con la corrupción, el distanciamiento del ciudadano, la violación de las reglas de la democracia y la afición a la manipulación y la mentira, entonces la oportunidad de España se habrá volatilizado y el país entrará de lleno en la ruta del caos.

El PP tiene poco tiempo para demostrar muchas cosas, entre ellas que quiere regenerar el sistema, podrido y envilecido, que heredan de los socialistas. Tendrán que inyectar independencia en la Justicia, devolver protagonismo al ciudadano, establecer controles y frenos al poder de los partidos, reformar la educación, recuperando la abandonada cultura del esfuerzo, apostar por las empresas, únicas creadoras de empleo y riqueza, adelgazar al Estado, adaptándolo a la nueva realidad de una España que se empobrece y que necesita ser austera, apelar al esfuerzo colectivo, a la unidad y a la decencia, para que, juntos y éticamente rearmados, salgamos de una crisis que más que económica es política y de valores.

No es fácil, pero es posible. Hay mucha gente esperando la oportunidad de sumar su esfuerzo al del resto de los españoles para, justos, salir del pozo al que nos han arrojado Zapatero y sus socialistas degradados. Pero sólo lo haremos si el PP demuestra con realidades tangibles, su vocación de cambiar la sociedad, de acabar con la corrupción, de imponer la austeridad, de encarcelar a los canallas, de erradicar la injusticia institucionalizada, de perseguir y desenmascarar a los muchos que se han hecho ricos de manera ilícita, de restablecer la igualdad ante la ley, la igualdad de oportunidades y el carácter impecable de la administración pública, de sus concursos, ayudas, subvenciones y contrataciones.

Si el PP únicamente se dedica a gobernar mejor, fracasará. España ya no necesita remedios paliativos, sino una cirugía profunda y agresiva que extirpe las enormes dosis de vileza que los malos políticos han inyectado en la sociedad.

Un PP que, una vez más, apueste por la partitocracia y relegue la democracia, que olvide que el ciudadano es el soberano del sistema y que se parezca demasiado al socialismo en el poder, abrirá las puertas a los millones de derrotados de la izquierda, a los sindicalistas resentidos y a los muchos que han dejado de ser mantenidos del Estado para que se lancen a las calles y emprendan una reconquista del poder que nos conducirá, directamente, hacia África y el Tercer Mundo. El país quedará, entonces, sembrado y arrasado por huelgas, manifestaciones y movimientos callejeros desestabilizadores, que traerán consigo el hundimiento definitivo de la economía, un desempleo todavía más masivo, el fracaso de la esperanza, la frustración generalizada y tal vez una revuelta ciudadana que quizás ya no pueda ser pacífica y que se parezca a las vividas recientemente por Egipto, Túnez y Siria.

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El "Zapaterismo", enfermedad terminal del socialismo

28.11.11 | 15:01. Archivado en PSOE, Política, Democracia, Corrupción, España, Zapatero

En buena lógica, el "Zapaterismo", humillado en las urnas por los españoles, debería entrar en crisis y desaparecer, tras una profunda renovación, pero el PSOE parece "preso" de esa estrategia nefasta, causante de estragos en el socialismo español y, sobre todo, en España, país al que ha dejado convertido en el pordiosero de Europa.

El "zapaterismo" no está muerto en el PSOE, un partido que, a pesar de haber sido humillado en las urnas por los españoles, se resiste a abandonar esa forma de dirigir el partido y de gobernar, que nació como una esperanza de regeneración y como una reacción ante el hundimiento mundial de las izquierdas, pero que ha terminado siendo una de las peores enfermedades del socialismo mundial.

El "zapaterismo", rechazado masivamente por el pueblo español, después de su humillante derrota y de haber sido el causante directo de que el PP haya logrado el poder con mayoría absoluta, parecía estar ya preparado para ser enterrado en España, pero, a juzgar por los movimientos internos del PSOE, un partido que se niega a regenerarse e, incluso, a renovarse, parece que continuará vivo y construyendo la tumba final del socialismo español.

El "zapaterismo es, esencialmente, una forma de dirigir el partido y el gobierno en base al reparto de bienes y privilegios entre los suyos. Es una especie de "clientelismo" a gran escala, que utiliza el dinero público para ganarse la adhesión de aquellos a los que beneficia, empezando por sus propios militantes y cuadros, pero incorporando, también, al movimiento a colectivos que el partido coloniza y protege, como han sido los escritores y artistas de la ceja y la SGAE, los sindicalistas, los gays y las lesbianas, las feministas y los cientos de miles de familias alguno de cuyos miembros fueron generosamente colocados en el sector público. El "Zapaterismo" es, también, un radicalismo socialista con talante, una ingeniería social aguda aplicada con anestesia, cuyo fin es transformar la sociedad creando las condiciones necesarias para que los votos de una izquierda ampliada, subvencionada y dominante, siempre prevalezcan en las urnas y aseguren el poder.

Era una estrategia bien diseñada para triunfar y durar mucho tiempo, que cerraba los ojos ante la corrupción y perdonaba y otorgaba impunidad práctica a los gobernantes y gente influyente sus muchos errores y de abusos, entre los que destacan la utilización del dinero público para comprar voluntades y votos, la concesión de subvenciones, ayudas y ventajas a los amigos, la marginación, incluso ilegal y anticonstitucional, del adversario, la utilización de la Justicia y de l policía en beneficio del partido, el uso reiterado e intenso de la mentira como política de gobierno y una extensión forzosa de lo que ellos llaman "derechos", siempre orientados a beneficiar a sectores afines y colonizados para la izquierda. Sin embargo, cuando el despilfarro de Zapatero le cerró los grifos del crédito mundial y cuando la crisis impidió al Estado recaudar impuestos, todo el edificio se vino abajo con estrépito, causando a los socialistas una derrota humillante en las urnas, la peor de la etapa democrática.

El zapaterismo se expandió a través del tejido social español como un virus y llegó a infecta a capas y sectores que parecían inmunes, como banqueros, grandes fortunas, algunos colegios profesionales, amplios sectores de la Judicatura, funcionarios, enseñantes, etc., hasta que llegó la escasez de dinero y se produjo la debacle, ya que los antiguas apoyos, basados únicamente en el dinero y los privilegios, se volvieron hostiles cuando el partido no pudo asegurarles su dividendos y prebendas.

En la actual batalla para salir del foso, demasiados socialistas siguen adictos al "zapaterismo", practicando el engaño y negándose a reconocer culpa alguna en la derrota, atribuida por completo a la crisis. Los candidatos que contienden por el control del partido han sido cómplices directos de Zapatero y de sus errores y derrotas y no representan cambio alguno. Rubalcaba y Carme Chacón son dos claros discípulos del "zapaterismo", representantes ambos de dos generaciones socialistas que no han tenido la dignidad y la decencia de oponerse a los desmanes y abusos de Zapatero y de su gobierno, causantes de terribles daños y estragos a los españoles y a España, un país que, víctima de la mala gestión gubernamental, hoy se arrastra ante el mundo desarrollado como un pordiosero enfermo.

El "zapaterismo" ha arrebatado al PSOE lo que le quedaba de ideología y de principios, poniendo el partido al entero servicio del poder, único objetivo y única meta en la doctrina de ZP. Una vez perdido el poder, el "zapatrrismo", en buena lógica, carece de sentido y debía ser abandonado porque los españoles lo rechazan y es portador de fracaso y derrota, pero el partido, preso ya de esa estrategia de poder y privilegios, sigue abrazándolo, con lo que está cavando su tumba y apostando por convertirse, en el futuro, en un partido de segundo rango, minoritario dentro de la izquierda española.

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Rubalcaba, al igual que Zapatero, está delegitimado para dirigir el PSOE

A Zapatero le ha deslegitimado el pueblo español, rechazándolo, y a Rubalcaba lo han deslegitimado las urnas, donde ha recibido una severa derrota. Ninguno de los dos está capacitado, en democracia, para dirigir un partido que ha sido noqueado y que necesita levantarse de la lona y cambiar muchas cosas para poder volver a ser un partido útil para los ciudadanos y con opción de gobierno en España.

La falta de legitimidad de Zapatero y Rubalcaba es tan obvia que sorprende que el candidato recién vapuleado todavía aspire a ser secretario general de su partido. En cualquier país democrático y en cualquier partido decente, el rechazo de los votantes sería considerado un argumento supremo en contra, irrebatible.

Puede aducir Rubalcaba que el asumió la candidatura en momentos muy difíciles, cuando millones de españoles se sentían indignados y cabreados con Zapatero por haberles conducido hasta la pobreza, el desempleo, el endeudamiento y el inminente peligro de quiebra, pero ese argumento también falla porque si no es el único culpable de la derrota electoral del 20 de noviembre, lo que Rubalcaba no puede negar es que él fue el príncipal cómplice de Zapatero, como vicepresidente primero de su gobierno, en la actual tragedia de España.

El PSOE es un partido vertical, autoritario y, en algunos aspectos, totalitario, que es incapaz de desarrollar en su vida interna un auténtico debate, aunque sus militantes lo nieguen. Afirman creer en las primarias, pero el propio Rubalcaba se negó a someterse a ese proceso de selección cuando asumió la candidatura. Si sus militantes y cuadros, habituados a someterse a los criterios de los líderes para poder hacer carrera en el partido, se atrevieran a decir la verdad, reconocerían que el PSOE se encuentra ante uno de los momentos más graves de su historia, tras haber perdido cinco millones de sus votantes y ser considerado por buena parte de la opinión pública española e internacional como un partido corrupto, adicto a los privilegios y al dinero público y acostumbrado ya a anteponer sus propios intereses al interés general y al bien común.

Lo que el PSOE necesita es una perestroika, todo un proceso de cambio que le reconcilie con la libertad, la democracia, la verdad y el concepto de ciudadanía, ajenos a un partido que ha renunciado a la ideología y principios tradicionales de la izquierda con tal de mantenerse en el poder.

El PSOE, durante los dos últimos mandatos, comandado por Zapatero, ha mentido, manipulado, comprado votos con dinero público, protagonizado episodios de corrupción sobrecogedores, como los EREs falsos de Andalucía, alentado y fortalecido al nacionalismo más radical, al que se ha aliado en Cataluña y Galicia, convivido con los terroristas de ETA y protagonizado un desmantelamiento de España que ha arrebatado a nuestro país la prosperidad ganada, convirtiéndolo en una piltrafa que actúa como pordiosera desprestigiada en Europa y el mundo.

Cuando se han realizado todas esas "fechorías", cuando se ha abrazado el clientelismo como método de dominio, se ha mentido y se ha practicado una política que acogía en su seno la arbitrariedad y la corrupción, un partido auténticamente democrático y decente debe reconocerlo, pedir perdón y cambiar profundamente para volver a reconciliarse con la decencia y ser útil al ciudadano, cosas que el PSOE no ha hecho ni piensa hacer.

Lo que se está planteando ese partido no es una renovación, ni siquiera la refundación y regeneración que necesita como el aire que respira, sino un simple cambio de rostro para volver a las andadas. Unos dicen que Rubalcaba; otros que Carme Chacón, pero ninguno dice que hay que cambiar hasta el forro, que la vieja guardia, desde Felipe a Zapatero, pasando por Guerra, Chaves, Rubalcaba, Pepiño, Carme y otros centenares de rostros, todos comprometidos con los frustrantes gobiernos del pasado, ya son momias amortizadas que con sólo aparecer en público pierden votos y espantan voluntades.

Tomas Jefferson, que ha sido uno de los grandes demócratas de la Historia, no confiaba en los partidos políticos porque los consideraba incapaces de anteponer el interés general al particular. En uno de sus libros argumenta, con gran carga de verdad, que ciertos partidos que ya han cruzado la linea roja, anteponiendo sus intereses a los del pueblo, la regeneración no es posible y que esos partidos quedarían irremediablemente perdidos para la democracia.

¿Es el PSOE uno de esos partidos que ya no pueden regenerarse? A juzgar por el triste espectáculo que estamos contemplando, es muy probable que la respuesta sea "Sí".

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Zapatero y su "Manual Insuperable" para destruir un país

16.11.11 | 08:22. Archivado en PSOE, Política, Democracia, Corrupción, España, Zapatero

No existe en el mundo un dirigente político que haya causado más daño a su país, en menos tiempo, que Zapatero. Los estragos causados por Zapatero y los despojos de la España del presente demuestran el inmenso alcance de la "fechoría" perpetrada por el líder socialista español, el cual podría ganar fama mundial escribiendo el manual perfecto para destruir una nación en tiempo record, desde el poder político.

Malos ejemplos como el de Zapatero, que exhibe ante los sufridos ciudadanos toda la arrogancia, la torpeza y el egoísmo antidemocrático de un líder político que antepone sus intereses y los de su partido al bien común, acelerán el estallido de la segunda y definitiva fase de la Tercera Guerra Mundial, de la que ya se están librando los primeros combates en todo el mundo, consistente en una rebelión de ciudadanos contra sus gobiernos. Cada día hay más ciudadanos hartos de soportar en el poder a ineptos, corruptos y hasta a delincuentes que, con una desfachatez sobrecogedora, empobrecen a sus países, destruyen la convivencia, liquidan la esperanza, hipotecan el futuro, despilfarran, se endeudan irresponsablemente y legislan una y otra vez, sin misericordia, contra los intereses de sus respectivos pueblos.

Zapatero heredó en 2004 una España que era mundialmente admirada por su crecimiento constante y por su vigor económico, pero en unos pocos años ha llenado el país de desempleados, nuevos pobres y jóvenes que no encuentran trabajo y tienen que emigrar, Zapatero, al que ya muchos españoles señalan como el peor gobernante desde los tiempos del rey felón Fernando VII, ha apoyado al nacionalismo más excluyente, ha alimentado la desintegración, ha endeudado al país hasta límites graves, ha despilfarrado, ha creado un Estado corrupto y minado por el amiguismo y la la arbitrariedad política y ha acabado con la democracia, la esperanza y la alegría.

Lo peor del "Zapaterismo" es que, a pesar de sus estragos reales, una masa importante de españoles, fanatizada y sin conciencia, sigue apoyándole y se manifiesta dispuesta a votarle, prolongando así la terrible agonía que padece España bajo el mandato de ese sátrapa inepto.

El caso de Zapatero será estudiado en las escuelas de formación política, escuelas de negocios y facultades de estudios jurídicos, políticos y administrativos como un caso insuperable de destrucción rápida y profunda de una nación. La demolición de España liderada por Zapatero es completa y tan profunda que abarca no sólo las estructuras económicas, políticas y sociales del país, sino también la vigencia de los grandes valores, la esperanza, la confianza y la fe de los ciudadanos en la democracia y en sus dirigentes, hasta el punto de que, probablemente, no existe en todo el conjunto de países que integran la OCDE un país que rechace con más intensidad que España a su clase política dirigente, un fenómeno no menos insólito si se tiene en cuenta que España era, hace apenas una década, el país de Europa que más ilusión tenía por la democracia y el proceso de unidad europeo.

Tras los estragos de Zapatero, España se está transformando en un país sin esperanza, que mira desconfiado a sus dirigentes y que contempla el futuro sin alegría, frustrado porque su masivo rechazo al dirigente inepto que les conduce hacia la perdición no tiene consecuencias, ya que Zapatero, pese a contar con un 80 por ciento de rechazo popular, sigue aferrado al poder, negándose a dimitir.

El PSOE, lejos de reconocer los daños causados a España por Zapatero y pedir perdón, ha cometido el grueso error de designar como candidato a su principal cómplice, Alfredo Pére Rubalcaba, un político oscuro que llevará al socialismo español hasta una humillante derrota.

La sustitución de Zapatero por Rajoy será un remedio temporal y parcial porque los estragos han sido tantos y tan profundos que lo que España necesita para salir del foso es una profunda reforma de su política, de los partidos y de las leyes.

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No basta con considerarse "responsable"; hay que pagar por ello

14.11.11 | 17:22. Archivado en Gobierno Zapatero, PSOE, Democracia, Corrupción, España, Zapatero

Zapatero se ha autoinculpado al considerarse el principal "responsable" del fracaso económico de España, plasmado en cinco millones de desempleados y más de diez millones de pobres. Rubalcaba, obligado por los hechos, también se ha considerado "corresponsable". Son dos buenos gestos, con los cuales quieren dar por cerrado el capítulo de "estragos" a España que ellos han causado, pero son gestos insuficientes para una sociedad democrática y decente. En política democrática rige el principio de que "el que la hace la paga" y no basta con considerarse responsable sino que también hay que pagar por ello.

Existe una "responsabilidad política" que en las democracias funciona con la dimisión del que ha cometido el error. En España, donde la impunidad política es casi absoluta, ni Zapatero ni Rubalcaba han dimitido. Podrían haberse contraído también otras responsabilidades en el plano del derecho penal, pero son dudosas porque la ley, en España, ha sido configurada para que los poderosos sean impunes y los débiles sean aplastados. Lo que está fuera de toda duda es que tanto Zapatero como Rubalcaba y el resto de la cúpula del "Zapaterismo" deben pagar políticamente por el daño que han causado a España y a los españoles.

Pagar significa dimitir y, si no lo hacen, ser castigados por sus propios partidos. Si eso no ocurre, como es probable en una España donde los grandes partidos políticos nunca fueron democráticos, es el electorado el que debe castigarlos con saña. En buena ley, si España fuera un país poblado por ciudadanos y no por una inmensa manada de borregos esclavos, Rubalcaba no debería recibir ni un sólo voto, ni siquiera los de sus familiares y amigos, porque ese castigo lo dicta la decencia democrática y la ortodoxia ética.

Zapatero, en buena ley y si la democracia fuera real, no debería abandonar el poder para incorporarse como miembro al Consejo de Estado y recibir indemnizaciones, dos pagas, una de ellas vitalicia, y una oficina a su servicio, con funcionarios y presupuesto incluidos, hasta el fin de sus días. La justicia democrática exige para él una condena pública y sonada y una retirada sin honra ni recompensa.

¿Que mérito ha acumulado Zapatero para recibir esos premios de los españoles? Ninguno. Otorgarle esos premios significa reconocer dos cosas: que España no es una democracia y que la casta política es una élite dictatorial y corporativista que impone su criterio a los del ciudadano y a los dictados de la democracia y protege a sus miembros, incluso cuando alguno de ellos, como es el caso de Zapatero, ha gobernado mal y causado al país daños terribles, posiblemente irreparables.

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El "Zapaterismo", reino de lo inmoral y patria de la indecencia

01.11.11 | 07:32. Archivado en Gobierno Zapatero, PSOE, Democracia, Corrupción, Zapatero

El "Zapaterismo", hoy en agonía, ha sido la peor plaga de la historia moderna de España, un país que, bajo la zarpa de Zapatero, no sólo se ha arruinado, sino que también se ha convertido en el reino de lo inmoral y en la patria de la indecencia. Por culpa del "Zapaterismo", el PSOE, que aparece ante los ciudadanos como el partido que ha arruinado a España, avanza hacia una derrota tan severa en las próximas elecciones generales, que tendrá que ser refundado, después de protagonizar una dolorosa travesía del desierto.

El Zapaterismo ni siquiera es una doctrina y menos aún una ideología. Es sólo una forma antidemocrática de ejercer la política, basada en criterios básicos inmorales. El Zapaterismo nació como una ecuación matemática que perfeccionaba el clientelismo desplegado en Andalucía por Manuel Chaves y en Extremadura por Rodríguez Ibarra, transformándolo en un sistema capaz de asegurar una larga y poderosa hegemonía al socialismo.

Zapatero ya tenía su sistema pergeñado cuando ganó las primarias a Bono y se hizo con la secretaría general del PSOE. Había hecho números y descubierto que, a pesar del auge de la población urbana, cuyos votos son mayoritariamente de derechas, utilizando los recursos públicos para captar a grupos marginados y colectivos perfectamente detectados, el PSOE podría añadir por lo menos dos millones de votos a su ya amplia base de votantes fieles, lo que le garantizaría una masa electoral suficiente para mantenerse en el poder un mínimo de tres o cuatro legislaturas. Los números, bien definidos y basados en cálculos reales, demostraban que el acceso del PP a la Moncloa podría quedar bloqueado, lo que causaba un efecto muy convincente en los interlocutores. El plan fue mostrado con habilidad por Zapatero a Manolo Chaves, a Felipe González y a otros socialistas influyentes de la época y todos apoyaron aquella brillante teoría, por lo que decidieron darle un oportunidad y otorgarle un poder especial al joven y ambicioso Zapatero, dotado, además, de una sonrisa cautivadora y un atractivo talante, muy cotizado por entonces en la crispada sociedad española gobernada por Aznar.

El "Zapaterismo", según lo previsto, debía entrar en escena en 2008, después de desgastar severamente al gobierno de Aznar con movidas y campañas como las del Prestige, el "No a la Guerra" y otras, pero los atentados de Atocha en vísperas de las elecciones del 2004 aterrorizaron a la sociedad española que dio la victoria, sorpresivamente, a un Zapatero que ni siquiera lo esperaba.

Aquella victoria hizo que el plan de conquista que conllevaba el Zapaterismo tuviera que improvisarse.

Ya antes, para que sirviera como asesor y director del gran programa de captación clientelar, había sido trasladado a Madrid el político andaluz Alfonso Perales (posteriormente fallecido), que era la mejor cabeza política y estratégica del socialismo andaluz, destinado a ser Secretario de Organización del PSOE, un cargo que asumió Pepiño Blanco como resultado de la inesperada victoria de su campaña, en 2004.

Pero el plan de Zapatero, que aseguraba once millones de votos socialistas, tenía un punto débil: la prosperidad de la sociedad y la abundancia de dinero público tenían que mantenerse a toda costa para que los ciudadanos se sintieran a gusto y el gobierno pudiera financiar con los abundantes ingresos fiscales la adhesión y la compra de votos de gays, lesbianas, sindicalistas, grandes empresarios, artistas, intelectuales, empresarios de la comunicación, políticos nacionalistas, gente de la movida ecologísta y otros grupos marginados, que debía sumarse, a base de subvenciones y dinero abundante, al gran movimiento zapaterista.

La maquinaria comenzó a funcionar con fluidez, dentro de una prosperidad desconocida en España, lo que permitió perpetrar atentados tan antidemocráticos y viles como el "Pacto del Tinel", en el que las fuerzas políticas catalanas, encabezadas por los socialistas, sellaron ante notario un boicot al Partido Popular para impedirle el acceso a las instituciones de gobierno, lo que tiñó de abuso y vileza el nacimiento del Zapaterismo activo.

Las cosas marchaban tan bien que cuando entró la crisis en escena Zapatero se resistió como gato panza arriba a admitir su existencia e intentó paliarla con un endeudamiento exterior que llegó a ser temerario y demencial.

Cuando, por fin, la crisis se adueñó del territorio y empezó a crear desempleo y destrucción en el tejido productivo, un Zapatero nervioso y asustado, que veía como su montaje se derrumbaba hecho pedazos, no supo reaccionar y, con sus dilaciones y medidas erróneas, contribuyó seriamente a que la crisis fuese en España diez veces más cruel y dañina que en cualquier otro país de nuestro entorno.

Si a esos comienzos se agregan otras traiciones a la democracia y a la ética como la entronización de la mentira como política de gobierno, el engaño, la manipulación, la compra de votos y apoyos parlamentarios con dinero público, el despilfarro, el endeudamiento irracional, la politización descarnada de la Justicia, el uso de la Fiscalía como bate de deisbol para golpear al adversarios, las negociaciones cobardes y sucias con ETA y, sobre todo, el amparo de la corrupción más feroz en el sector público, el "Zapaterismo", hoy en profundo declive tras haber causado a España enormes estragos, pasará a la Historia como la peor plaga para un país al que arruinó y llenó de desempleados, nuevos pobres y gente triste y sin esperanza.

El Zapaterismo, por fortuna y para alegría de los españoles decentes, está siendo enterrado en estos días, cargado de la ignominia que merece por sus planteamientos mafiosos y antidemocráticos. Utilizar el dinero público para crear redes clientelares que garanticen la hegemonía de un partido es, además de contrario a la democracia, indecente y digno de castigo.

El Zapaterismo fue una enorme trampa envilecedora que pudo funcionar en la prosperidad porque el dinero abundante lo suaviza todo y lubrica las mentes y las almas, pero que, en si mismo, era una forma nauseabunda de hacer política que nunca debió nacer y desarrollarse en España.

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Sea decente y patriota; desprecie a los políticos

13.10.11 | 08:57. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, España, Zapatero

El 12 de octubre, fiesta nacional de España, nueva y sonora pitada a Zapatero. Las pitadas son un reflejo de la indignación ciudadana y la respuesta ciudadana a una política nefasta y dañina, que nos ha llevado hasta la pobreza, el desempleo, el hundimiento de los valores y el desprestigio. Esas pitadas son eficaces porque colocan a los malos políticos, de manera visible y ostentosa, donde les corresponde y ponen de manifiesto que el ciudadano, aunque los políticos lo ignoren, es el protagonista supremo y el único soberano en democracia.

No todos los políticos son malos, pero todos son culpables porque el que no está implicado en la corrupción y el abuso es cómplice por su cobardía y silencio. La única forma de acabar con esa lacra es el rechazo abierto del ciudadano a esa clase política contaminada y dañina, un rechazo activo que debe manifestarse en todos los ámbitos de la vida, desde las urnas a los actos públicos, desde la relación personal a la creación de opinión. Es la única manera de ponerlos de rodillas y de obligarles a que valoren al ciudadano, que es el soberano del sistema, y a que respeten una democracia que han transformado, traidoramente, en una sucia dictadura de partidos.
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Por desgracia para todos nosotros, ser patriota en España conlleva el deber de despreciar a los políticos y hostigarlos hasta conseguir que nos devuelvan la democracia que nos han arrebatado y prostituido.

Hay cientos, miles de razones que justifican y convierten en justo y necesario el desprecio a los políticos: han arruinado el país; se han endeudado hasta la locura; se han atiborrado de privilegios y ventajas; han despilfarrado; han hecho pagar a los más desprotegidos, a las clases medias y a los empresarios, la durísima factura de una crisis que ellos mismos han generado; han trucado y envilecido concursos públicos y oposiciones, beneficiando a sus amigos y marginando a los adversarios; han falseado las cuentas públicas y ocultado deudas y despilfarros; han permitido, olvidando sus obligaciones reguladoras, que los bancos practicaran la usura, vendieran productos financieros basura y repartieran hipotecas como si fueran churros; han convertido el Estado en un refugio para sus parientes, amigos y compañeros de la política; han infectado al país de corrupción; han incumplido todas las leyes y reglas de la democracia; han aplicado desigualmente la ley, beneficiando a los amigos y aplastando a los adversarios, han estimulado los nacionalismos y los independentismos, sólo para conseguir sus votos y seguir mandando; han comprado votos, voluntades, instituciones y empresas con dinero público; han invadido y ocupado la sociedad civil, privándola de la independencia y de la fuerza que necesita en democracia para servir de contrapeso al poder político; han mentido a los ciudadanos, que son los soberanos en democracia; han desprestigiado a España en el concierto mundial; han llenado el país de desempleados, pobres y gente presa de la desesperación y la tristeza; han incumplido muchos mandatos constitucionales, desde el que garantiza la igualdad ante la ley hasta los que aseguran trabajo y vivienda para los ciudadanos; han corrompido con dinero y privilegios a los sindicatos, a la patronal y a buena parte de la prensa; han arruinado a miles de empresas y empresarios autónomos; han incumplido la ley no pagando sus deudas; han relegado la educación, haciendo de España uno de los países peor formados del planeta; han convertido a España en refugio y oasis para bandas de delincuentes internacionales; han preferido desmontar el Estado de Bienestar y rebajar prestaciones tan básicas y necesarias como la sanidad y la educación, antes de renunciar a sus privilegios y de suprimir la financiación, a cargo del Estado, de sus partidos políticos; han arruinado la seguridad ciudadana y la convivencia, utilizando a la policía como guardaespaldas y para defender sus propios privilegios elitistas; han asesinado la democracia, convirtiéndola en una sucia oligocracia de partidos; han liquidado la esperanza, la confianza, la cohesión y gran parte de los valores y principios que nos garantizaban la decencia y el orgullo como pueblo.

Si después de todas esas fechorías, comprobadas y demostradas, usted sigue respetando a sus políticos, sean del color que sean, es que tiene alma de esclavo y ha perdido esa dignidad suprema del ciudadano que le impide delegar aspectos tan indelegables como la voluntad política y la decencia.

Despreciar a los políticos significa nunca darles la mano, ni presentarles a nuestras familias; jamás acudir a actos públicos en los que ellos estén presentes; no votarlos nunca, ni confiar en sus promesas, ni votar lo que ellos recomienden, ni entregarles voluntariamente nuestro dinero, ni otorgarles admiración, confianza u obediencia; no ser audiencia de los medios que ellos manipulan y sentirse obligados a abuchearles y pitarles cuando comparezcan en público.

Son castigos ciudadanos pacíficos, llenos de dignidad, cuyo fin es obligar a los políticos a que respeten la democracia y las reglas del juego político. Nuestro deber de ciudadanos exige rechazarlos sin descanso y despreciarlos hasta que cambien de rumbo, renuncien a su impunidad práctica y demuestren que los canallas, sinvergüenzas y chorizos que están incrustados en sus filas han sido sentados ante los tribunales.

Ni siquiera merecen nuestros impuestos ni nuestro esfuerzo ciudadano porque, mientras sus filas estén pobladas de chorizos, no está garantizado que esos dineros del pueblo no sean empleados para enriquecer a los más corruptos o para financiar privilegios inmerecidos, lujos incosteables y compra de votos y de voluntades. Un ciudadano, cuando se siente rodeado de corrupción y ha perdido la confianza en sus instituciones, sólo paga impuestos por temor al castigo, nunca con la generosidad del contribuyente solidario.

El rechazo y el desprecio a los políticos son un castigo directo del ciudadano a una casta política que ha demostrado su fracaso y su indecencia hasta la saciedad. Debe aplicarse a aquellos políticos que no han pedido perdón, ni han rectificado su deriva encanallada, ni han demostrado su voluntad de regenerar la democracia española. Ese castigo es el camino más directo y seguro para acabar con el abuso y la corrupción y para establecer los cimientos de la regeneración.

Para cualquier ciudadano decente, despreciar a los políticos que han hundido a su país e infectado la sociedad no es una opción sino un deber.

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Tras haber hundido a España en la miseria, Zapatero será premiado con privilegios como un sueldo vitalicio de 71.000 euros

06.10.11 | 13:47. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, España, Zapatero

José Luis Rodríguez Zapatero ha hundido a España en la miseria, ha endeudado al país por décadas, hipotecando el futuro de por lo menos tres generaciones, ha desprestigiado a España en el mundo, ha deteriorado el sistema, ha cobijado la corrupción y, durante su nefasto mandato, España pasó de ser la octava economía del mundo a ser la número 15, descendiendo en barrena.

A pesar de su ominioso balance, al que habría que agregar la ruptura de la igualdad, el estímulo del nacionalisno radical y el independentismo y el haber contribuido poderosamente al descrédito de España, de la política, de los políticos y de lo público, además de haber destruido en gran parte el tejido productivo de la nación, como ex presidente del Gobierno, el Estado le remunerará con un sueldo vitalicio de unos 71.000 euros al año, sueldo al que habrá que añadir otro como miembro del Consejo de Estado, y pondrá a su disposición, hasta su muerte, a dos funcionarios, uno de ellos con categoría de director general.

Recibirá también un cuantioso sueldo como miembro del Consejo de Estado, cargo que asumirá de manera automática como ex presidente del Gobierno. ¿Para qué necesita el Consejo de Estado una mente como la de Zapatero, experta en errores y estragos?

Abrirá un despacho como ex presidente, a partir de diciembre próximo, en la ciudad de León y asistirá a los plenos del Consejo de Estado una vez al mes. Zapatero acaba de anunciar a sus amigos que es el único cargo que quiere asumir porque, según también les ha dicho, no se dedicará a ninguna actividad privada.

El premio a Zapatero, inmerecido por las fechorías y daños causados a España, constituye una terrible lacra para la democracia española y una injusticia de hondo calado que el pueblo español no debería soportar. Es necesario cambiar las leyes y recuperar la decencia democrática para evitar que en el futuro otros sátrapas y malos gobernantes, en lugar de ser castigados, como merecen, sean premiados por un sistema que no duda en encarcelar al pobre diablo que roba un jamón, acuciado por el hambre.

El premio de Zapatero es, además, un obstáculo para la necesaria regeneración de España. No puede haber regeneración mientras se mantenga la impunidad de los políticos y mientras sean premiados los que han llevado al país hasta la ruina, la pobreza y el descrédito internacional.

El balance de Zapatero es sobrecogedor porque, con su gobierno, ha contribuido directamente a que España destaque mundialmente en capítulos y rubros tan deleznables como el alcoholismo, la drogadicción, el tráfico de drogas, la delincuancia internacional, la trata de blancas, la violencia de género, la corrupción institucional, los privilegios inmerecidos para la casta gobernante, el despilfarro, el fracaso escolar, la baja calidad de laenseñanza, el estímulo al odio histórico entre clases e ideologías, el fortalecimiento del nacionalismo radical, la elevación de la mentira y el engaño a políticas de Estado, la pérdida de independencia de los medios de comunicación, el semetimiento de lo jueces, la marginación de los ciudadanos, la compra de votos y apoyos con dinero público, el endeudamiento enloquecido, el desempleo, el avance de la pobreza, el retroceso, social y económico, el odio a los políticos, la pérdida de servicios y ventajas sociales y un sinnumero de lacras y vicios que pueden resumirse con la frase "colapso generalizado del orgullo de ser españoles y de los valores y principios".

Premiar al responsable principal de esos desastres con privilegios de alto nivel es una auténtica vergüenza para un pueblo que, por culpa de abusos e injusticias de ese calado, está aprendiendo rápidamentre a despreciar a sus políticos.

Voto en Blanco


¿Quien ha causado más más daño a España, González, Aznar o Zapatero?

26.09.11 | 14:03. Archivado en Partido Popular, PSOE, Política, Democracia, España, Zapatero

Si investigásemos de manera objetiva y profunda sobre los daños causados a España por los presidentes de gobiernos elegidos desde la muerte de Franco, no sería fácil señalar al campeón porque los estragos causados al país por sus tres últimos mandatarios, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, son terribles. Felipe González podría ser señalado como el vencedor por haberle abierto a los demás las sendas de la corrupción, el abuso de poder y el despilfarro, pero, para desgracia de los españoles, Aznar y Zapatero hicieron méritos suficientes para disputarle el sucio título de "gran destructor" de España.

González fue el "inventor" de un estilo vergonzante de hacer política en España que sus sucesores han imitado con más o menos fortuna. Ese estilo consiste en engañar a los ciudadanos con mentiras, despojar de contenido la democracia para convertirla en partitocracia y considerar el poder como un derecho de los elegidos para tomar decisiones, sin leyes que controlen el abuso de poder y sin rendir cuenta a los ciudadanos. Su balance como gobernante fue demoledor, ya que España, bajo sus mandatos, se convirtió en un país endeudado, empobrecido, plagado de desempleados e infectado por una corrupción que se inició en el corazón del Estado y desde allí infectó a la sociedad. Sin embargo, su sentido del Estado y su buena gestión en política exterior son aspectos positivos que quizás le impidan ser considerado como el campeón de los desastres.

Aznar fue una gran frustración y un accidente lamentable en la política española, que también marcó todo un estilo deplorable de ejercer el poder. Tuvo la valiosa oportunidad de demostrar a los españoles que la política podía ser decente, diametralmente diferente de la practicada por González, pero demostró todo lo contrario, que la derecha se parecía demasiado a la izquierda y que el engaño, el abuso de poder y la convivencia con la corrupción eran ya políticas de Estado en un país que avanzaba hacia su descomposición. Aznar no fue capaz de cambiar la pésima política educativa inpuesta por González, ni fortalecío el papel de los ciudadanos, de la sociedad y de la ley frente al predominio absoluto del poder de los partidos, ni cambio la injusta ley electoral, ni reformó una Constitución que hacía agua, ni suprimió el impuesto de Patrimonio que hoy rechazan los populares. Por el contrario, fue el autor de un pacto por la justicia que permitía a los partidos nombrar jueces y magistrados, eliminando, todavía más, la división e independencia de los poderes básicos del Estado en España. La última etapa de su gobierno fue un derroche de arrogancia y una exhibición de mal talante que abrieron las puertas del poder a un socialismo que, gracias a los errores y carencias democráticas de Aznar, pudo resucitar, a pesar del desastre de Felipe, y elevar a un inepto como Zapatero hasta la Moncloa. Su balance final no fue tan desastroso porque su política económica funcionó y rectificó el drama de González convirtiendo a España en un país próspero y pujante, que sorprendió a Europa y el mundo con su crecimiento.

El gobierno de Zapatero empezó sembrando iñusión y esperanza en un país cansado de arrogancia y mal talante. La sonrisa y el estilo educado y mesurado del socialista Zapatero permitían presagiar una etapa positiva en la Historia de España. Pero pronto todo se frustró. Zapatero se convirtió pronto en un mentiroso compulsivo, en un voluntarista sin formación ni recursos que perdia prestigio y presencia en el concierto mundial, para terminar siendo protagonista de chistes, adquiriendo internacionalmente el perfil de un "lepero" de la política. En el interior, fue maestro del despilfarro, el endeudamiento, la corrupción y los desatinos, estimulando el separatismo, comprando votos con dinero público, cambiando leyes en contra de la voluntad popular y llenando el Estado de enchufados y amigos del partido. Bajo su mandato, España se degradaba, se empobrecía, se llenaba de desempleados y perdia la confianza en el poder y la fe en la democracia.

Zapatero quizás merezca ser el campeón de los desmanes y de la destrucción del país, a juzgar por su balance. Mientras que González tuvo su lado positivo en la política exterior, colocando a España dentro de la vanguardia de Europa y del mundo, y Aznar cosechó un gran triunfo con su despegue económico, Zapatero no posee nada positivo ni destacado, ni siquiera interesante en su vulgar y nefasta trayectoria. Ha fracasado en todos los ámbitos y convertido a España en un país mendigo y escasamente valorado en el mundo, mientras en el interior ha sembrado el país de pobres, desempleados y gente triste, abrumada por su presente y temerosa del futuro.

Gonzalez fue un corruptor de la inocencia española; Aznar fue una decepción porque pudo enderezar la sucia deriva de España y no lo hizo, pero Zapatero, sin nada positivo en su balance y agregando la ineptitud y la impotencia a su figura, se ha convertido en nuestra peor pesadilla y en el campeón indiscutible de los desastres políticos, económicos y sociales de España.

Voto en Blanco


Los malos políticos

21.09.11 | 16:43. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, Zapatero

El mayor problema del mundo es el mal gobierno. Comparado con los demás problemas, el del pésimo liderazgo es el más dañino y destructivo del planeta. Nadie entiende cómo los ciudadanos se han dejado dominar por esa indigna ralea de políticos que, con su egoísmo, torpeza, arrogancia y vicios, están conduciendo al mundo hacia el sufrimiento y la destrucción. Los ciudadanos deberían ser muy exigentes con sus líderes, a los que entregan nada menos que el poder de decidir por los demás, pero los muy imbéciles ni siquiera les exigen que sepan idiomas. Deberían pedirles estudios superiores, certificados de limpieza penal y someterlos a todo tipo de pruebas, incluyendo controles antidroga y fe de valores humanos y de bondad, pero en lugar de eso permiten que incapaces, depredadores, ladrones y verdaderos delincuentes dirijan, en su nombre, los destinos del mundo.

Los malos políticos son más dañinos que los delincuentes y que los asesinos porque, al poseer un poder inmenso y al controlar los grandes recursos del Estado, incluyendo las leyes, el dinero público y las armas, causan injusticia, dolor y todo tipo de estragos. Sin embargo, a pesar de que los daños que causan llegan a ser peores que las plagas y epidemias masivas, es casi imposible que pisen las cárceles.

Países como España son un ejemplo vivo y elocuente de los daños terribles que pueden causar los malos dirigentes cuando se adueñan del poder. Miles de políticos españoles han robado, oprimido a los débiles, practicado el nepotismo, engañado a los ciudadanos, marginado a sus enemigos, utilizado el dinero público para fortalecer su poder personal y propagado todo tipo de vicios y corrupciones, infectando la sociedad hasta límites que jamás debieron ser soportados por una ciudadania digna y decente. Aunque los políticos aparecen en las encuestas españolas como el "tercer" mayor problema del país, en realidad son el primero, a mucha distancia del resto, porque el político es el responsable de otras graves preocupaciones como el desempleo y el mal estado de la economía.

Platón, en Georgias, pone en boca de Sócrates las siguientes palabras: "Pericles ha hecho a los atenienses perezosos, cobardes, charlatanes y ávidos de dinero, debido al establecimiento de un salario para los cargos públicos". Mas adelante toca uno de los temas cruciales de la política a lo largo de la Historia: "¿No hubiera debido, de acuerdo con nuestros principios, hacerlos más justos de lo que les habia encontrado, si verdaderamente poseía, para dirigirlos, las virtudes del político?".

Platón toca el núcleo del liderazgo: la capacidad que tienen los dirigentes para hacer de sus ciudadanos gente virtuosa o canalla. Pericles envileció a los atenienses, del mimo modo que muchos de nuestros políticos actuales, en lugar de "fabricar" ciudadanos responsables y pensantes, generan sociedades envilecidas y nutridas de esclavos, corruptos, fanáticos y gente cargada de envidia hacia los que triunfan, odio a los que piensan distinto y espíritu de revancha contra todo.

Muchos creen que la peor herencia que nos dejará Zapatero será la ruina económica, pero se equivocan porque su herencia más envenenada y ruín es una sociedad envilecida, en la que él ha alimentado el fanatismo, el odio al adversario, la disgregación, la envidia, el independentismo, el culto a la mentira, la convivencia con la corrupción, el desprecio a valores claves como el esfuerzo, la excelencia y el mérito, la pillería y una confusión inmensa que impide a la ciudadanía descubrir dónde está la verdad y donde la mentira, qué es bueno y qué es malo. Cuando Zapatero se haya marchado a "inspeccionar las nubes desde una hamaca", como ha afirmado, al exilio dorado que le corresponde como sátrapa, sin que pueda ser castigado por los estragos que ha causado, los españoles seremos no sólo más pobres, sino también más cobardes, charlatanes, envidiosos, corruptos, ávidos de dinero y peores personas.

Su última "fechoría" ha sido elegir como candidato a sucederle a un Rubalcaba que podría superarle en despropósitos, desatinos y daños a la nación.

Ese es su verdadro daño porque de la ruina económica se puede salir con medidas acertadas y una dosis adecuada de esfuerzo, pero reconstruir los valores destruidos por este pobre diablo será obra de décadas, de muchas décadas y de muchas transformaciones y traumas.

Aunque Zapatero sea de los peores especímenes de la fauna mundial de políticos torpes, egoístas y sin entrañas, hay muchos parecidos a él esparcidos por el planeta. La mejor prueba del fracaso de estos energúmenos con poder es su balance, la obra que dejan para futuras generaciones. Han contado con todo el poder del Estado y con sus inmensos recursos (dinero, armas, leyes, legiones de servidores, etc.), per no han resuelto ninguno de los grandes problemas de las sociedades que administraron, como ocurrió con Pericles.

El mundo, tras el mandato desgraciado de estos sátrapas, casi siempre es más injusto y triste que antes, con el foso que separa a ricos y pobres más ancho, con los débiles más desprotegidos y desamparados, con menos derecho a la vivienda, con menos dinero para ser dignos, con peor formación y con mucha menos confianza, esperanza e ilusión.

¡Malditos sean!

Voto en Blanco


La dramática decadencia del socialismo español

05.09.11 | 18:04. Archivado en PSOE, Política, Democracia, Europa, Corrupción, Zapatero

En Estados Unidos dicen que en España ya gobierna Rajoy, una exageración, sin duda, pero que revela algo indudable: que el PSOE de Zapatero ofrece un encefalograma casi plano y apesta a cadáver.

El imperio socialista se está derrumbando a marchas forzadas y está perdiendo todos aquellos rasgos que le hicieron un partido ganador. Ya ni siquiera es capaz de exhibir su sorprendente facilidad para lograr acuerdos con casi todas las formaciones políticas del arco parlamentario español, con los sindicatos, con los grandes empresarios y hasta con organizaciones clandestinas y delictivas como ETA, mientras el Partido Popular, que durante años se ha encontrado aislado y sin capacidad para hacer lo mismo, gana amigos y ve como se le abren las puertas del poder.

Los socialistas han "vendido" su capacidad para hacer amigos como un valor político, como el resultado del diálogo, pero en realidad es todo lo contrario: el PSOE ha sido capaz de pactar con todos porque ha carecido de principios sólidos y ha preferido la estrategia a las ideas y los valores.

Los socialistas se declaran amigos de las víctimas del terrorismo, pero las humillan cuando legitiman a ETA e incorporan a los terroristas al sistema democrático, sin arrepentimiento, sin abandonar las armas; dicen que son demócratas, pero pueden llegar a acuerdos con todo tipo de organizaciones totalitarias, como los comunistas españoles, dominadores de IU, y con la ETA armada; se declaran españoles, pero mantienen estrechas relaciones y pactos de amistad con partidos nacionalistas radicales, antiespañoles e independentistas; se declaran socialistas, pero sus mejores amigos son los grandes capitalistas y empresarios españoles, con Emilio Botín a la cabeza.

El PSOE es un sorprendente e inquietante nido de contradicciones. Dicen que respetan el Estado de Derecho, pero escupen sobre la separación de poderes y controlan la Justicia al nombrar jueces y magistrados o al poner a la Fiscalía al servicio del gobierno; se declaran amigos de los débiles y necesitados, pero han hecho pagar la terrible factura de la crisis a las clases más humildes y desposeídas de España; alardean de su política social, pero el de Zapatero es el gobierno que ha destruido más políticas sociales en menos tiempo, desde la Guerra Civil; se autoproclaman "progresistas", pero han creado una sociedad que retrocede en casi todos los ámbitos: en el trabajo, con cinco millones de desempleados, en la prosperidad, con más de diez millones de pobres, en la democracia, con millones de ciudadanos decepcionados con el sistema, en la política, con media España insatisfecha con el liderazgo, y con la limpieza, creando una sociedad tan corrupta que ha sobrepasado a todas las de Europa y se compara ya con las más sucias y vergonzantes del Tercer Mundo.

He leído o escuchado a muchos pensadores de altura afirmar que cuando un partido puede pactar con todos no es digno de confianza porque carece de principios. Lo decía con especial insistencia Sandro Pertini, fallecido presidente de Italia. Es cierto que él se refería, cuando lo dijo, a la Democracia Cristiana italiana y quizás también al socialismo de Betino Craxi, partidos expertos en gobiernos polícromos y multipolares, pero el PSOE español de Zapatero se parece a esos dos partidos italianos como dos gotas de agua.

De todas las contradicciones y renuncias del socialismo español, quizás el capítulo más lamentable y sucio sea la facilidad que demuestra para sellar pactos "contra natura" con partidos situados, teóricamente, en las antípodas ideológicas. El PSOE ha pactado con independentistas, nacionalistas radicales, amigos del terrorismo, sindicatos corruptos y antiobreros y múltiples partidos de la derecha española. Y esos pactos, ideológicamente imposibles, sólo son posibles porque el PSOE ha sucumbido siempre a la tentación del poder, ha renunciado a las ideas y a los principios y ha abrazado la permanencia en el gobierno como la única y gran ideología del partido.

El pretendido "progresismo" socialista es un inmenso fraude, pues no se puede ser progresista cuando, al mismo tiempo, se cultivan "comportamientos" como la corrupción, la protección de los que, desde sus filas, violan las leyes, presentando imputados como candidatos, destruyendo la prosperidad, empobreciendo a los españoles y generando un profundo rechazo hacia la clase política y hasta a la democracia.

Dicen que han abandonado el marxismo, pero no tienen dificultad alguna para entenderse y colaborar con los marxistas totalitarios españoles, con los que querían pactar para conservar parcelas de poder como Extremadura, la ciudad de Sevilla, donde el candidato comunista a las elecciones,Torrijos, era un imputado por la Justicia, y en otros lugares, siempre para mantenerse en el poder, único gran "valor" del socialismo español configurado por Zapatero y Rubalcaba.

La última gran decepción del socialismo español ha sido la elección de Rubalcaba como candidato. Después del fracaso del Zapaterismo, el PSOE necesitaba un candidato limpio, ajeno a los fracasos y que no hubiera tenido participación alguna en la ruina de España, pero Zapatero eligió como sucesor a su principal cómplice, condenando así al partido a una derrota que probablemente será cruenta y dramática.

Ante el espectáculo aterrador de un socialismo español que ha abandonado al pueblo y que aplica las recetas que le exigen los ricos del planeta, los ciudadanos españoles decentes, conscientes y responsables miran hacia la derecha, para buscar en ese espacio una alternativa de gobierno esperanzadora, pero allí sólo encuentran un partido que se financia de forma parecida al PSOE, que convive fácilmente con la corrupción y que tiene una idéntica concepción de la democracia, a la que ha abandonado para abrazar la partitocracia más radical, sin ciudadanos, con el concepto de la "representatividad" hipertrofiado y exigiendo a los votantes un impresentable "cheque en blanco" que les permita hacer lo que quieran durante la etapa de gobierno.

España, realmente, se encuentra en una terrible encrucijada sin esperanza y, en manos de políticos sin alma y sin valores, parece abandonada por sus socios, por los mercados, por la suerte y hasta por la misma Providencia.

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El socialismo, sin dinero, no es viable

03.09.11 | 21:44. Archivado en PSOE, Política, Economía, Ideología, Zapatero

Muchos socialistas españoles están deprimidos y de luto porque, tras haber sido forzados a apoyar la reforma constitucional pactada entre Zapatero y Rajoy, que limita el gasto y que impone la estabilidad presupuestaria, tienen la sensación de haber firmado la sentencia de muerte de su partido.

Me asegura un amigo socialista, miembro de los equipos estratégicos del partido, que Zapatero acaba de darle la puntilla al socialismo español al haber pactado con el PP la reforma constitucional que impide gastar más de lo que se ingresa. Para miles de socialistas, es evidente que, sin dinero abundante, el socialismo es inviable y que el PSOE, sin una vía libre para endeudarse, está acabado.

A partir de ahora, el gobierno sólo podrá gastar de acuerdo con lo que ingresa, lo que significa que las políticas sociales, esencia del socialismo, serán más o menos generosas según la capacidad de austeridad y ahorro de cada gobierno, lo que coloca al PSOE, más despilfarrador y atado por el clientelismo y la necesidad de colocar y alimentar a sus militantes y aliados, en clara desventaja con respecto al PP, un partido con menos compromisos clientelares, más austero en el gasto y con más capacidad de generar riqueza.

En adelante, el partido político que suprima más ministerios, empresas públicas, administraciones duplicadas, radios y televisiones autonómicas, cargos de asesores y enchufados inútiles será el que pueda financiar más y mejores prestaciones sociales.

Hasta ahora, los socialistas han financiado su política social, de la que han alardeado siempre, gracias al endeudamiento, pero ahora, después de que Zapatero haya agotado el crédito con su política demencial de despilfarro y endeudamiento masivo, el grifo se ha cerrado y el socialismo español, sin recursos públicos para comprar votos y voluntades, sin dinero para alimentar a los suyos y sin capacidad para practicar el amiguismo, el clientelismo, el nepotismo y otros vicios que les proporcionaban votos, se ha quedado inerme y sin futuro.

El PP, gracias a la estabilidad presupuestaria, ha capado a su principal adversario político y le ha privado de su única ventaja electoral: la de gastar sin límites para financiar el clientelismo, la compra de voluntades, sus lujos y privilegios desproporcionados y unas prestaciones sociales que utilizaba con maestría propagandística para fortalecer su imagen de partido amigo de los humildes y desposeídos.

A partir de ahora, el partido mas social en España no será el que más se endeude, sino el que más se aparte de la corrupción, el que suprima la financiación mafiosa, a cargo del Estado, de los partidos, los sindicatos, la patronal y otros estamentos que , en democracia, deben ser autónomos e independientes, el que sepa ahorrar más en la gestión pública, el más austero y el que consiga adelgazar un Estado que, por culpa del electoralismo, del egoísmo político y del gasto descontrolado y loco, se había tornado inviable y esperpéntico.

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