Voto en Blanco

El gobierno de España indulta a torturadores, políticos corruptos, banqueros y ladrones de guante blanco

Los gobernantes españoles han convertido el indulto en otro abuso del poder antidemocrático. Mientras que el otros países serios y decentes se indulta excepcionalmente, en España la media anual se acerca a 500, entre los que hay policías torturadores, jueces prevaricadores, políticos corruptos y delincuentes de cuello blanco, que, gracias al gobierno, quedan en libertad sin cumplir sus condenas. El indulto, en España, mas que un "gracia" para mejorar la Justicia, es otro abuso de poder y un privilegio para amigos de políticos. No queda un solo rincón en España donde no se encuentra porquería política.

Doscientos jueces de toda España han reprochado al gobierno de Rajoy en un manifiesto el indulto concedido a cuatro mossos d'esquadra condenados por torturas, para evitar su ingreso en prisión, por considerarlo un «fraude» y un «abuso» de la facultad de indulto, que «supone una afrenta al Poder Judicial» y a la misma democracia.

El indulto, en democracia, es una medida excepcional de gracia que concede el gobierno para reparar injusticias. En la mayoría de los países del mundo se indulta poco porque es un recurso que muchos consideran una puerta falsa para burlar la Justicia y beneficiar a los amigos del poder. Sin embargo, en España, donde el poder polítco ni respeta ni teme al pueblo, se abusa del indulto y se concede a una jauría de canallas que en cualquier otro lugar decente del planeta nunca serían perdonados.

El actual gobierno de Rajoy, en lo que va de año, ha indultado ya a 444 delincuentes, en su mayoría políticos corruptos, jueces prevaricadores, policías torturadores, narcotraficantes, ex golpistas del 23f, empresarios y ladrones de guante blanco. Desde 1977 se han indultado en España a 17.620 personas. La media anual ha sido de 480, pero Rajoy, si continúa con el rítmo actual, superará la media este año.

Cuenta Nacho Escolar en un estupendo artículo sobre el abuso de suicidios en España que "Los últimos industados en España han sido cuatro mossos de escuadra condenados por torturar a un ciudadano, al que confundieron con un atracador: asaltaron su casa, le detuvieron ilegalmente, le apalearon y le pusieron una pistola en la boca amenazando con disparar. La Justicia les condenó a cárcel, pero el Consejo de Ministros ha decidido indultarlos; lo ha hecho dos veces, para dejar claro quién manda, a pesar de que la Audiencia de Barcelona insistió en que debían ser encarcelados. Estos cuatro torturadores no solo no han pasado ni un solo día entre rejas, sino que siguen vistiendo el uniforme. Cualquier día se podrán cruzar con ellos por las calles de Barcelona."

Y agrega: "¿Hay impunidad ante los abusos policiales? Sí, es evidente: generalizada y sistemática. Es más fácil hallar en España a un torturador indultado -entre mossos, policías y guardias civiles condenados- que a uno que haya pisado la cárcel. ¿La razón? Que la mayor parte de las denuncias no se investigan, como critican Human Rights Watch y la ONU en sus informes sobre tortura en España. Que la mayor parte de las investigaciones que llegan al juzgado no prosperan. Y que cuando al fin hay una condena, en aquellos casos en los que las pruebas son palmarias, el Gobierno saca su último as de la manga y recurre al indulto: una figura legal tan abusiva, medieval y poco democrática como el derecho de pernada."

Durante la etapa de Zapatero (siete años) se concedieron 3.226 indultos en España, pero el record lo tiene Aznar, que indultó a 5.916 en ocho años. Los industados tenían un perfil similar (prevaricadores, torturadores, corruptos de todo pelaje y delincuentes de alto nivel), lo que indica que la derecha y la izquierda tiene un criterio similar sobre el indulto y los que merecen esa gracia especial.

En democracias auténticas y solventes, no tan degradadas y falsas como la española, se indulta mucho menos. Bush, durante sus ocho años de presidencia, indultó a 200 personas en Estados Unidos , mientras que el Inglaterra esa medida es todavía más excepcional y suele aplicarse a casos de injusticia, cuando el indultado ha pagado parte de su condena en la cárcel.

El último indulto de Zapatero, cuando ya era presidente en funciones, fue al consejero delegado del Banco de Santander, Alfredo Sáenz, una medida que generó cierto rechazo en la opinión pública española, que suele olvidar pronto y que ignora, de manera sistemática, el abuso del indulto que practican sus gobernantes y otros muchos atropellos del poder.

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El "tasazo" de Gallardón, el peor y mas brutal atropello del PP

Alberto Ruiz Gallardón ha conseguido el más difícil todavía como ministro de Justicia al poner de acuerdo, en su contra, a todas las asociaciones de jueces, fiscales y abogados con una ley de tasas judiciales que, en palabras pronunciadas por el propio presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo, Gonzalo Moliner, es «difícilmente explicable». Esa ley traerá grandes quebraderos de cabeza al gobierno de Rajoy porque es altamente sospechosa de inconstitucionalidad, ya que rompe el principio de igualdad, además de ser clasista, elitista e injusta.

De todos las atropellos, arbitrariedades y abusos perpetrados por el PP durante el año que lleva gobernando, ninguno ha sido tan feroz, antidemocrático y desvergonzado como el que ha promovido Gallardón con su "tasazo", una medida que elimina la Justicia gratuita y l convierte en un privilegio para ricos y en una trampa mortal para pobres y desvalidos.

Si se analiza con detalle y objetividad, la perversión que encierra ese asesinato de la justicia gratuita es todavía más indecente que los desahucios, mas injusto que los impuestos abusivos al ciudadano español, más intolerable que los privilegios inmerecidos que disfruta la "casta" política de España y casi tan repulsivo como el desempleo masivo y la pobreza obligada que tienen que soportar millones de españoles.

Hay quien dice que el gobierno no esperaba tanta resistencia ni rechazo de esa medida, claramente inconstitucional, porque el principal objetivo era recaudar mas dinero para el gobierno insaciable, pero nadie se cree a estas alturas que la avaricia sea la única causa de que los ciudadanos españoles estén siendo desposeidos, sistemáticamente, de sus derechos y conquistas históricas. Tiene que haber mas maldad en esos movimientos, todos ellos cargados de desigualdad, opresión e injusticia. Hay que ser muy malvado o por lo menos estar profundamente alienado y ajeno a la realidad para introducir ese cambio en la política de Justicia, que, al perder su gratuidad, se convierte en una trituradora que beneficia a los que pueden costear recursos, apelaciones y litigios largos, mientras que los pobres, al no poder pagar las tasas, son aplastados y se verán obligados a someterse más y a soportar con rabia e impotencia los abusos e injusticias de los poderosos.

La Administración, que es la que más recurre cada vez que el ciudadano protesta o reclama, no tendrá que pagar esas tasas, otra injusticia inmoral y rastrera que devalúa al ciudadano y desequilibra el sistema judicial en favor del poder.

Hasta para recurrir una multa habrá que pagar, lo que va a ahorrarle muchos miles de millones de euros al Estado. Los pobres y desposeidos tendrán que aceptar las migajas que les ofrezcan las administraciones, las aseguradoras y las grandes empresas como compensación por daños y perjuicios, si no quieren adentrarse en un costoso, largo e interminable laberinto de recursos judiciales y apelaciones que sólo estará al alcance de los ricos.

Una rara unanimidad en la protesta, el rechazo y la indignación ha despertado el "tasazo" de Gallardón, un ministro millonario por tradición y familia que debe desconocer por completo lo que el pueblo sufre y padece. Lo han rechazado los jueces, los fiscales, los abogados, los procuradores, las asociaciones judiciales, los trabajadores del sector, los expertos y el pueblo en general.

A pesar de todo, la arrogancia del PP podría mantener su injusticia e imponerla al pueblo impotente y desamparado por esta falsa y depravada democracia, hecha a medida de los fuertes e implacable para los débiles.

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La gran perdedora en las elecciones catalanas ha sido España, no Artur Mas

Muchos creen que Artur Mas es el gran perdedor de las elecciones catalanas del 25 de noviembre, pero en realidad la gran perdedora ha sido España porque Cataluña ha demostrado claramente en las urnas que los que quieren romper con la nación son mayoría.

Si se suman los votos de CIU y de ERC, se obtiene una clara mayoría de 71 escaños, tres más de los necesarios. Si a eso se añade que en el PSC hay socialistas nacionalistas y que otras pequeñas formaciones radicales, también nacionalistas, recibieron bastantes votos, entonces es fácil concluir que los que defienden la unión entre Cataluña y España, únicamente defendida con claridad meridiana por el PP y Ciutadans, son una clara y exigua minoría.

Si España fuera un país serio y decente, tras las elecciones procedería a corregir errores y a neutralizar el cáncer del nacionalismo radical catalán, ya claramente rupturista e independentista. Y la única forma de hacerlo no es, como acostumbra el PP, demonizando y descalificando a los que quieren independizarse, sino contraponiendo a la realidad catalana, lamentable por su corrupción, ineficacia y abusos de poder, una España decente, democrática y atractiva, que cautive a los catalanes y les quite las ganas de marcharse, un sentimiento que crece en todos los territorios españoles cuando se contempla la injusticia, el abuso, la corrupción y otras maldades y carencias del sistema políticos español.

Así que, ni ayer se produjo una victoria del españolismo, ni una derrota del independentismo, sino una clara constatación de que Cataluña es hoy un grave problema para España porque los catalanes, mayoritariamente, quieren abandonar la nación común.

Hacer nuevas concesiones a los catalanes, como hizo Zapatero para detener el avance del monstruo, sería un error porque rompería el inalterable principio de la igualdad entre los pueblos de España. La solución no es otra que adecentar el país, perseguir a los corruptos, adelgazar el Estado, desinfectar la vida política, independizar y sanear la Justicia, limpiar a la policía de violentos y de torturadores y desplegar un intenso programa de saneamiento y limpieza que regenere el país y convierta a España en un país deseable y envidiable, no en la pocilga actual, lider mundial en casi todo lo deleznable: prostitución, drogas, baja calidad de la enseñanza, trata de blancas, blanqueo de dinero, corrupción, abuso de poder, coches oficiales, privilegios de las castas poderosas, marginación de los ciudadanos, desempleo masivo, avance de la pobreza, frustración de jóvenes, y un largo y escalofriante etcétera de dramas e injusticias que emanan de un poder inepto, incapaz y escasamente democrático.

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Ciutadans de Cataluña, una campaña política impecable

23.11.12 | 18:36. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, Nacionalismo, España

Joaquín Leguina, el único socialista intelectualmente honrado que conozco, acaba de afirmar que si él fuera catalán votaría a Ciutadans, no a los socialistas catalanes, porque los planteamientos y propuestas de Ciudadanos son más claros y acertados. Creo que muchos demócratas de este país haríamos lo mismo porque la campaña política del partido de Albert Rivera ha sido impecable y digna de elogio.

Ciudadanos ha defendido y reivindicado como ningún otro partido, la unidad de todos en Cataluña, España y Europa, el único mensaje que tiene solvencia suficiente para imponerse al rastrero mensaje de ruptura lanzado por CIU.

El partido de Albert Rivera ha sido capaz de captar para su causa a mucha gente libre y honrada que, en ocasiones anteriores, votó al PP, al PSOE e, incluso, a CIU, lo que constituye un mérito en un ambiente tan confuso y viciado como el que han creado los nacionalistas en estas elecciones.

Otro acierto del partido ha sido reivindicar una nueva ley electoral más equilibrada y justa, donde se le otorguen escaños al voto en blanco, una fuerza que crece cada día más en esta España descontenta y desengañada por la incompetencia, corrupción y arbitrariedad de la clase política.

Las encuestas otorgan al partido de los ciudadanos un crecimiento notable, tras perfilarse como el mas beneficiado por las deserciones del PSC y del PP catalán, cuyos planteamientos están cargados de confusión, dudas y cobardía.

Sólo hay que oír a la candidata del PP, Alicia Sanchez Camacho, afirmando a la cadena nacionalista RACV "Creo en la palabra de Artur Mas" para persuadirse que el PP, como muchas veces en el pasado, oculta propuestas, duda y sigue siendo capaz de repetir las fechorías de Aznar, cuando toleró los abusos y adoctrinamientos anticonstitucionales del nacionalismo catalán, pactó con ellos para afianzar el poder del PP en el Estado y compró votos a CIU, pagando por ello facturas vergonzosas e inconfesables.

A pesar del fanatismo, el odio y la ceguera que domina a buena parte del electorado catalán, muchos ciudadanos honrados y demócratas de Cataluña saben que el nacionalismo no es el único culpable de que Cataluña esté hoy al borde de la independencia y que el PP y el PSOE, sobre todo los socialistas en tiempos de Zapatero, tienen por lo menos la misma culpa, tras haber permitido los abusos y violaciones nacionalistas de la Constitución, la insumisión y el desacato ante los altos tribunales y el adoctrinamiento fascista de los jovenes en el odio y la revancha frente a la nación común. Los dos grandes partidos españoles lo han permitido todo e, incluso, han alentado la separación, como ocurrió con Zapatero, que impulsó el nuevo Estatuto de Cataluña sin que nadie lo reivindicara ni demandara, salvo sus amigos nacionalistas, para incrementar su poder y control de una sociedad catalana que cada día estaba más secuestrada por su corrupta, despilfarradora e inepta clase política.

La Cataluña que Artur Mas conduce hacia la independencia y el conflicto es una caja de sorpresas que esconde bajo la alfombra del poder muchas desvergüenzas, arbitrariedades, abusos e ignominias. Un ejemplo es el fraude fiscal, el más alto de Europa, cercano ya a los 18.000 millones de euros, casi el 25 por ciento del PIB catalán, amparado por el propio gobierno, que ha decidido no controlarlo.

Ante ese panorama desolador, que impide a los honrados y decentes votar a los nacionalistas y a sus cómplices, los grandes partidos nacionales de derecha e izquierda, surge limpia, valiente y decente la opción de Ciudadanos, un partido que mira al frente y a los ojos de sus votantes, sin volver el rostro y sin esconder miserias porque no tiene nada que ocultar.

He conocido a Albert Rivera y he conversado con él lo suficiente para descubrir que es un tipo limpio y lúcido, capaz de entender que Artur Mas, al alimentar el odio y al sustraer dinero de la sanidad para regalarlo a los medios de comunicación que le defienden, se comporta como un auténtico fascista. También es un demócrata que, milagrosamente, ha sabido mantenerse al margen de la corrupción que suele emanar de los partidos políticos y del sistema español en funcionamiento. Albert cree en la libertad, conoce las reglas de la democracia y las respeta, proyectando hacia la ciudadanía una oferta limpia y sin trucos. Ojalá, para bien de Cataluña y de España, sus filas crezcan y su presencia en el Parlament sea lo bastante nutrida para impregnar de decencia y política limpia aquella pocilga ensuciada a diario por el nacionalismo y por los depravados grandes partidos españoles.

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El "Eje del mal" en la España degradada

21.11.12 | 17:27. Archivado en Corrupción, España

España está tan mal que la gente, sin esperanza y aplastada por la desilusión, los impuestos y el mal gobierno, ya no aguanta mas. La pobreza se desborda y la ilusión ha sido erradicada de una sociedad conducida hacia el matadero por una de las clases políticas peores del mundo conocido. Sus fechorías, errores y abusos han sido insoportables, pero los políticos, los grandes autores del crimen de España, no han actuado solos y han podido contar con la ayuda de miserables, cobardes y fanáticos esclavizados. En España se acerca la hora de ajustar cuentas y de conocer las terribles verdades que, cuidadosamente, han ocultado las élites que detentan el poder. Pronto, cuando el pueblo ya no sea capaz de resistir más indecencia e injusticia, la inmundicia que se esconde hoy bajo las alfombras del poder saldrá a flote y todos conoceremos a los canallas y a sus incalculables y sorprendentes fechorías.

¿Donde están los grandes culpables de la degradación actual de España? ¿Quienes son los principales artífices de la desgracia? ¿Son los políticos los únicos culpables del desastre? ¿Qué papel de culpa le corresponde a los ciudadanos? ¿Cómo podemos identificar a los integrantes del "Eje del mal" que ha llevado hasta la derrota y la ruina a nuestra nación?

Los grandes culpables del desastre de España o el "Eje del mal" que ha arruinado y destrozado el país está integrado por los siguientes grupos: Partidos políticos; políticos profesionales; sindicatos sometidos, jueces politizados y sumisos; élites financieras y banqueros; periodistas sometidos; organizaciones patronales mafiosas; empresarios y profesionales babosos y ciudadanos sin ciudadanía, sometidos, fanatizados, engañados y esclavos del poder.

Esos grupos son los merecedores de la gran ración de ignominia y oprobio que corresponde a la población española por degradar al país, empobrecerlo, llenarlo de corrupción, desempleo y tristeza y por arrebatarle los valores y el prestigio, hasta convertirlo en un juguete roto y en el hazmerreir de medio mundo. Esos son los sectores y grupos más sucios y asquerosos de la nación española, los grandes culpables de la degradación y del hundimiento de la patria. La parte de culpa que corresponde a esos grupos es tan voluminosa que apenas quedaría libre entre un 5 y un 10 por ciento del total para culpar al resto de los grupos y sectores del país.

En la cabeza, ocupando el lugar de honor como grandes culpables del drama español, están los partidos políticos y sus políticos profesionales, lo peor de la nación, gente traidora que ha utilizado su inmenso poder para pervertir la democracia, que ha suprimido los controles y contrapesos que el sistema democrático establece para limitar el poder, ha antepuesto, sistemáticamente, sus intereses al interés general y al bien común y ha contaminado a la sociedad entera con su corrupción, abuso de poder, arbitrariedad y mentiras. Nadie como los políticos son merecedores de oprobio y desprecio por parte de la ciudadanía española. Muchos han robado, aplicado las leyes con arbitrariedad, sembrado el odio y la envidia en la ciudadanía, mentido, engañado, falseado concursos públicos, trucado oposiciones, cobrado comisiones ilegales, chantajeado, beneficiado a los amigos, marginado a los adversarios, comprado votos y repartido el dinero publico con criterios parecidos a los que utilizaba la mafia de Chacago. Ninguno de ellos ha denunciado la podredumbre que les rodeaba, lo que les convierte, masivamente, en cómplices y colaboradores del desastre. Ninguno ha pedido públicamente perdón por los abusos, traiciones y errores de ellos o de sus compañeros de partido. Son el auténtico núcleo duro y mugriento del "Eje del mal".

Dentro del nefasto capítulo "Políticos", especial mención merecen los nacionalismos, sobre todo el catalán y el vasco, que han dedicado sus mejores esfuerzos, en los últimos treinta años, a envenenar a la sociedad, a sembrar el odio a España, a fomentar el victimismo, a falsear la Historia y a practicar el boicot constante al Estado, a la unidad y a la misma idea de España.

Detrás de los políticos y de sus partidos, líderes indiscutibles del desastre y de la traición a España, están los sindicalistas, jueces, banqueros y periodistas, los grandes cómplices del drama y la guardia de corps que ha servido a la casta política para engañar, expoliar, someter y reprimir a los ciudadanos. Sin la sucia complicidad de estos profesionales, la gran estafa política y el asesinato de la democracia en España no hubieran sido posibles. El sindicalismo, especialmente UGT y CC.OO., y la patronal organizada han abandonado la representación democrática de los trabajadores y empresarios para insertarse en el poder político y participar, de manera inmoral, en el gran festín del dinero público fácil, lo que les ha convertido en los peores cómplices de "la casta". Tanto los periodistas sometidos como los jueces politizados y los banqueros inmorales merecen el título de "perros del poder", porque han olvidado su deber de servir a los ciudadanos y a la democracia para convertirse en guardianes y en sostenedores de la casta política y de sus tropelías, corrupciones y arbitrariedades.

Existe en España un lamentable y viscoso ejército de empresarios y profesionales babosos que se arrastran sin decoro ni dignidad ante el poder, mendigando siempre parte del pastel del dinero público y aceptando sin escrúpulos participar en la corrupción y el cohecho. Los ves siempre en los actos públicos, doblando el espinazo y compitiendo por dar la mano y postrarse ante el presidente autonómico, el ministro, el consejero o el alcalde. La baba que destilan es uno de los más nocivos componentes del caldo sucio que contamina la democracia española.

Y, finalmente, llega la culpa del mismo pueblo, enorme y triste, digna de la vulgaridad y la mediocridad impuesta por la política. Se someten al poder, defienden a los suyos con fanatismo y sin espíritu crítico, votan a pesar de que sus votos sostienen el injusto sistema político español y renuncian a la ciudadanía para arrojarse en brazos de la esclavitud, sin espíritu crítico, sin responsabilidad democrática, sin hacer valer sus derechos, sin cumplir sus deberes, sin defender la democracia, como es su deber de ciudadanos. Ellos son el ingrediente base de la sopa maloliente que impregna a España de hedor, injusticia y abuso. No son los protagonistas del gran delito, pero son sus palmeros y los cómplices de una de las peores castas políticas del planeta.

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Los sindicatos, al igual que los partidos, se han convertido ya en un obstáculo para la democracia, la decencia y el progreso

Al igual que los grandes partidos políticos españoles, los sindicatos han traicionado los fines para los que fueron creados y se han convertido en obstáculos que impiden el avance de la sociedad, la decencia y la democracia. Se han convertido en organizaciones endógenas, multimillonarias, adictas a las subvenciones, aliadas de los partidos políticos mafiosos de izquierdas y representativas de burocracias y de élites aferradas al poder y a los privilegios e incapaces de representar y defender a los trabajadores.

La jornada de huelga general del 14 de noviembre fue una demostración palpable de que los sindicatos, al igual que los grandes partidos políticos, concitan el rechazo y el desprecio de los ciudadanos. La escasa participación en la huelga de una ciudadanía cabreada y deseosa de protestar ante el gobierno por sus injusticias, arbitrariedades y traiciones a lo prometido solo tiene una explicación: la presencia de los sindicatos al frente de la protesta disuadió a cientos de miles de españoles, que prefirieron quedarse en sus casas antes que prestar su apoyo a la mugrienta casta sindicalista, tan corrompida como los partidos, compañera de viaje de los políticos en la destrucción de la economía, en tiempos de Zapatero, y copartícipe activo en el festín del abuso y del saqueo de las cajas de ahorros, en cuyos consejos estaban (y siguen estando) los sindicalistas, cobrando y guardando un silencio lleno de ignominia y oprobio.

Las encuestas del CIS no preguntan a los ciudadanos qué piensan de los sindicatos, quizás porque si lo hicieran los resultados serían desestabilizadores y sobrecogedores. La única duda es si los sindicatos están por delante o por detrás de los denostados y despreciados partidos políticos, considerados por los ciudadanos como el tercer mayor problema del país.

Muchos ciudadanos estamos seguros de que si Rajoy hubiera aumentado las subvenciones a los sindicatos en vísperas de la huelga general, ésta habría quedado automáticamente desconvocada, pues no hay grandeza ni ideología alguna que sustente la política sindical, salvo su propio provecho y beneficio, exactamente igual que ocurre con los partidos políticos, tan deteriorados que ya son incapaces de anteponer el bien común y el interés general a sus propios intereses bastardos.

Conviene recordar que los sindicatos tienen en democracia un papel claro y nítido: defender los intereses de los trabajadores y elevar sus deseos ante el poder político, un fin que ha sido traicionado porque los sindicatos han abandonado a sus representados y se han incorporado al poder, especialmente cuando gobiernan los partidos de izquierda, participando con ellos en la gestión de gobierno y cobrando por esa alianza una sustanciosa factura en dinero contante, privilegios y presencia neta en las instituciones del poder.

Los dos grandes sindicatos españoles son multimillonarias organizaciones con miles de inmuebles de su propiedad, decenas de miles de trabajadores empleados, con legiones de "liberados" cuyos sueldos pagan las empresas obligatoriamente, y con presencia en miles de instituciones y empresas públicas, donde cobran sueldos desproporcionados, co-gobiernan y toman decisiones que no les corresponden.

Durante el vergonzoso gobierno de Zapatero, cuando la prosperidad y la unidad de España fueron dinamitadas por un gobernante obtuso, inepto y dañino, los sindicatos guardaron un silencio cómplice que los ciudadanos no olvidan y que hoy están pagando con toneladas de repudio social y desprecio cívico de una población que no los quiere ni valora.

A los sindicatos, si no quieren perecer, sólo les queda un camino: destituir a todos los dirigentes corruptos y cómplices que participaron en el saqueo y demolición de España, redefinir sus objetivos y fines, recuperando su lugar equidistante entre los trabajadores y el poder, anteponer el interés general a sus propios intereses, renunciar a la financiación pública que disfrutan, abandonar la corrupción y pedir perdón públicamente por sus abusos, arbitrariedades y traiciones.

Si no lo hacen, no tendrán espacio alguno en la España regenerada, justa y decente que cada día más ciudadanos estamos intentando construir.

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El triunfo de los mediocres y de los partidos políticos

La mediocridad es la gran herejía de nuestra época. Los mediocres se han apoderado del mundo y lo han cambiado todo, desde la política a la religión, sin olvidar los valores, las costumbres y las leyes. Todo está dominado por esa plaga, la peor y mas dañina de todos los tiempos. Los partidos políticos son la gran expresión del triunfo de la mediocridad en el mundo actual.

Desde Aristóteles hasta Darwin y Spencer, ningún pensador político, filósofo o estudioso había imaginado que una sociedad pudiera ser liderada por mediocres. La historia de la Humanidad, claramente explicada por Darwin, refleja el triunfo de los más fuertes y mejores sobre los peores y los mas débiles. Desde los tiempos antiguos, los mas fuertes alcanzaban el poder y ejercían un liderazgo sustentado por la fuerza o la inteligencia superior. Sin embargo, todo cambió cuando se fundaron los partidos políticos y los mediocres descubrieron que, unidos y organizados, podían imponerse a los más fuertes e inteligentes, casi siempre divididos y desorganizados. A partir de entonces, el mundo, dominado por una panda de mediocres organizados en partidos políticos, está revuelto, es más inepto, injusto y depravado y muchas veces involuciona en lugar de evolucionar. Es la consecuencia directa del triunfo de la mediocridad, que ha tomado el poder y creado un imperio político donde los mediocres controlan la historia con la ayuda de torpes, imbéciles y malvados.

La mediocridad es la gran herejía de nuestra época. Los mediocres se han apoderado del mundo y lo han cambiado todo, desde la política a la religión, sin olvidar los valores, las costumbres y las leyes. Todo está dominado por esa plaga, la peor y mas dañina de todos los tiempos.

La sociedad, al igual que la naturaleza, se regía por la selección de las especies y los mejores se imponían a los peores. De ese modo, el mundo avanzaba y casi siempre mejoraba. Pero la irrupción de los partidos políticos en la escena lo cambió todo y los mediocres tomaron el poder, imponiendo a la Historia un devenir alocado, sin lógica, irracional y muchas veces dominado por el mal y sus secuelas de abuso, corrupción, violencia, desigualdad y opresión.

Un vistazo desinteresado a la Historia demuestra que los líderes antiguos eran los mejores y que el pueblo les exigía mucho, sobre todo que se asemejaran a los dioses. Se sentian orgullosos de sus dirigentes y los adornaban con privilegios para, a cambio, recibir de ellos protección y un liderazgo sabio y prudente. En la antigua Sumeria existían alimentos especiales elaborados para deificar a los reyes, que eran los únicos con derecho a consumirlos. A cambio, las exigencias a los poderosos eran enormes y el fracaso de los líderes se pagaba caro, incluso con la vida. Hoy todo se ha mediocrizado. A los políticos no se les exige nada, ni siquiera que sepan idiomas, y el fracaso ni siquiera provoca la dimisión. Desde que los partidos irrumpieron en la Historia, el liderazgo en la Tierra se transformó en una cloaca.

En el mundo de los líderes no tenían cabida ni la cobardía ni la mentira ni la corrupción, los tres pecados capitales del liderazgo actual. Cuando algún rey caía en esos vicios, la sociedad entera conspiraba para deponerlo porque se sentía indignada de tener a un canalla en el poder.

Los partidos políticos, ideados como estructuras superiores capaces de llevar la voz del pueblo hasta el corazón del Estado, han frustrado todas las esperanzas y traicionado las espectativas del pueblo. Se han convertido en maquinarias que únicamente se mueven por el poder y para el poder, tras haber abandonado al pueblo y adquirido el vicio rastrero de anteponer sus privilegios e intereses al bien común.

La vida interna de los partidos es un desastre antidemocrático y vertical que parece ideado para fabricar mediocres pervertidos y antidemócratas. Dentro de los partidos, para prosperar, hay que someterse al líder y renunciar a la crítica. No existe el debate ni el discernimiento, que son la esencia de la sabiduría y de la formación humana, sino pura sumisión esclava. Para prosperar dentro de un partido no hay que ser inteligente o virtuoso, sino someterse, decir siempre "sí" al líder, no pensar demasiado y acumular rencor y mala leche para cuando el poder se ponga a tiro. La verdad tiene allí menos importancia que la conveniencia y los análisis y conclusiones suelen ser fallidos, arbitrarios y parciales. Cuando después de años sometidos a esa disciplina de sumisión y represión de la creatividad, la imaginación y la chispa, un militante escala puestos y, tras ganar su partido las elecciones, accede a un ministerio o a la presidencia del gobierno, nos encontramos frente a un gran mediocre, cocido en el horno de la mediocridad y cargado de cobardía, hipocresía, falsedad y resentimiento. Cualquier cosa menos un demócrata, pero llevado en volandas por los mediocres hasta el liderazgo y la responsabilidad de gobernar una nación.

Después pasa lo que pasa. Basta contemplar a personajes como Felipe González, José María Aznar, Zapatero y Rajoy para descubrir la fuerza de la mediocridad y la pasta mediocre que inunda e infecta todo el edificio de la política, en España y en otros países, aunque España, probablemente, ejerce un liderazgo mundial en mediocridad difícil de desbancar.

Si alguien no cree en este análisis y en el duro diagnóstico de que el mundo, dominado por la mediocridad de los partidos, retrocede en lugar de avanzar, que mire y analice el balance de lo que han logrado los partidos políticos en los dos siglos que llevan dominando el mundo: No han logrado un mundo mejor sino todo lo contrario. El siglo XX, que fue el siglo del Estado y de los partidos políticos, fue también el de los asesinatos y la violencia. Sin contar con los muertos en campos de batalla, más de cien millones de civiles fueron asesinados por el poder político en limpiezas étnicas, guerras clandestinas, aniquilaciones culturales, odios nacionalistas y exterminios basados en la seguridad nacional. El resultado de la dictadura antidemocrática y anticiudadana de los partidos es aterrador: hambre, violencia, guerras, asesinatos, desigualdad, miedo, distancia creciente entre ricos y pobres, desprestigio de la política, corrupción, injusticia, mentiras, engaños y un largo y estremecedor etcétera, logrado por los mediocres organizados en sus lamentables y dañinos partidos políticos.

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Los fascistas ya han llegado a España, pero no tienen el rostro de Franco

Tanto tiempo esforzándonos por erradicar el fascismo, pensando que cuando regresara tendría la cara de Franco, y ahora resulta que ya ha regresado, pero con el rostro de Artur Mas, Mariano Rajoy, Rodríguez Zapatero, Pérez Rubalcaba y otros por el estilo. Algunos cándidos creen que el fascismo llega con botas militares, golpes de porras policiales, partidos neonazis, fachada autoritaria y represión de las libertades básicas, pero se equivocan porque desconocen que el fascismo modernizado llega unido al desprestigio de la democracia, al poder descontrolado de los partidos políticos y a la perversión de un sistema que se hace pasar por demócrata sin serlo. El fascismo no es otra cosa que ausencia de democracia y la hegemonía de contravalores como la corrupción, el engaño al pueblo desde el poder, la impunidad de los políticos, la injusticia generalizada y la caída en picado de la honradez y otros valores básicos.

El fascismo, en su versión sutil, está tan incrustado ya en la médula del actual sistema político español que es necesario que cantemos de nuevo aquello de "Libertad, libertad, sin ira, libertad".

Los fascistas de hoy en España no son generales que imponen su voluntad a golpe de fusil y de cadáveres, sino políticos aparentemente demócratas que desvirtúan el sistema y utilizan la fuerza del Estado para someter a los ciudadanos, incrementar su poder, abrir las puertas a la corrupción, engañar, promover lo injusto y atrincherarse en el cargo y sus privilegios. Los desahucios masivos, la corrupción que infecta a los partidos e instituciones y el abandono de los desempleados y pobres son tan fascistas o mas que las escuadras falangistas del pasado.

Ante el blindaje de los falsos demócratas españoles que detentan el poder, impermeables a la voluntad popular, a los españoles no nos queda otra misión política que expresar nuestro malestar mediante la protesta, la crítica, la propaganda y las manifestaciones, una forma no convencional de participar en la política que constituye un derecho fundamental en democracia.

Los nuevos fascistas españoles, aunque se camuflen, están cada día mas desenmascarados. Cada vez son mas los ciudadanos que los han "detectado" y que ya no los votan y los combaten en todos los ámbitos de la comunicación social y la sociedad civil, criticándolos, desenmascarándolos y descubriendo sus traiciones, carencias, vicios y miserias.

Pensándolo bien y aunque duela reconocerlo, los españoles, desde la muerte de Franco, no nos hemos comportado como auténticos ciudadanos, sino como cobardes imbéciles sometidos, pues hemos permitido, sin resistencia, que un nuevo fascismo, mas hipócrita, ineficiente y malsano, se instale en el país, arruinándonos y destruyendo los cimientos de la nación.

Los fascistas españoles, incrustados en el poder del Estado y en las instituciones, dejan a sus ciudadanos al margen de sus decisiones y adoptan casi todas sus medidas en contra de la voluntad popular. Previamente, a escondidas, han cambiado las reglas de la democracia por otras normas bastardas que permiten el abuso de poder y la corrupción desencadenada de la "casta" política, que ya puede operar con impunidad. Sin que los ciudadanos lo perciban, con nocturnidad y alevosía, han transformado la democracia en una sucia partitocracia, casi una dictadura pura de partidos políticos y políticos profesionales impregnada de auténtico fascismo.

No escuchan el lamento y los anhelos de los ciudadanos, pero sí hacen caso a sus clientes, a los aliados que les ayudan a ejercer el dominio y la opresión, gente como los indeseables que han saqueado las cajas de ahorro y el sistema financiero.

Todo ese neofascismo escondido pero presente en el sistema político español significa acercarse a la tiranía y cuando el gobernante deja de ser limpio, decente y demócrata para convertirse en un tirano al pueblo le asiste el derecho y la obligación de rebelarse.

En la España de Zapatero y, por desgracia, también en la de Rajoy, donde los políticos prefieren aplastar al pueblo con impuestos y recortes antes de cerrar una televisión pública o de eliminar empresas e instituciones públicas inútiles y plagada de vagos que viven a costa del Estado, existe más razón histórica, dignidad y decencia en un solo rebelde que lucha por mejorar el sistema y por una sociedad más justa que en todos los ministros, diputados y senadores juntos.

Voto en Blanco


Artur Mas es, probablemente, un enfermo mental muy grave

12.11.12 | 09:13. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, Nacionalismo, Ideología, España

Del señor Mas ya se escribe en la prensa que podría sufrir un transtorno mental tarnsitorio. De hecho, tiene todos los síntomas del "síndrome de 'hybris'", una enfermedad típica de políticos descubierta y clasificada por el psiquiatra británico David Owen, que fue ministro de Sanidad y de Asuntos Exteriores de Inglaterra entre 1974 y 1979. El síndrome trastorna la personalidad y provoca aislamiento, pérdida de la conciencia ética, una conducta arrogante, incapacidad para discernir y escuchar a los demás y una peligrosa tendencia a la huida hacia adelante. En algunos casos graves, estos políticos enfermos pueden hasta conducir a sus pueblos, de manera irresponsable, hasta el desastre, la confrontación y la guerra.

Le han humillado en Moscú y en Bruselas, sin que ningún dirigente importante se atreva a recibirlo; le han dicho que la Cataluña que el quiere forjar, independiente, quedará fuera de Europa; le han demostrado con números y datos irrefutables que la Cataluña independiente perdería el 30 por ciento de su actual PIB y casi el 50 por ciento de su mercado, lo que significaría la muerte de por lo menos el 20 por ciento de su tejido productivo y le han asegurado que el país que él pretende crear no tendría capacidad alguna para financiarse, ni para pagar sus deudas, lo que equivale a nacer en la ruina, pero a Artur Mas todo le da igual y, terco como una mula y con la soberbia típica de un demente, sigue adelante, conduciendo a su pueblo hasta el desastre. Juzgarlo como una persona normal sería injusto porque nos encontramos, probablemente, ante un enfermo mental en estado grave y necesitado de cuidados especializados.

El político y psiquiatra David Owen, que fue ministro de Sanidad y de Exteriores británico, afirma que sí, que muchos de los que hoy nos gobiernan son peligrosos enfermos mentales. La enfermedad explicaría muchos de lo que al pueblo le resulta inexplicable, incluyendo las mentiras, los fracasos y las medidas contra el ciudadano, la injusticia reinante, la corrupción y la torpeza estúpida frente a la crisis.

Pero Artur Más no es el único demente encaramado al poder en España, aunque probablemente sea el que padece la enfermedad en estado más avanzado y grave.. A juzgar por lo que se ve, parece que ningún otro país de Europa tiene tantos enfermos mentales en el poder o dirigiendo partidos políticos e instituciones públicas. Zapatero, cuando precipitó a España en la ruina y el fracaso lo hacía desde la demencia que provoca la Moncloa, al igual que González cuando puso las bases para la corrupción masiva, o Aznar, cuando fue dominado por la arrogancia e incumplió sus promesas de regeneración, o Rajoy, cuando al llegar al poder ha hecho todo lo contrario de lo que prometió en campaña, engañando y estafando a la nación, o el andaluz Griñán, que pugna por dirigir el PSOE a pesar de estar manchado por el escándalo corrupto de los ERES mafiosos, uno de los más terribles de la historia moderna de España, o el actual ministro del interior, ciego ante las injusticias y abusos, pero obsesionado por defender con policías y guardias a los diputados frente a pobres manifestantes que no tienen más fuerza que la de interponer sus cuerpos a los gases y porras de la policía.

Cuando Zapatero se hundía sin remedio en las encuestas, rechazado visceralmente por los españoles, le preguntaron, en una entrevista, si se sentía mal ejerciendo el poder y con millones de ciudadanos rechazándole, pero, ante la sorpresa del entrevistador, afirmó que se sentía perfectamente y que dormía a pierna suelta. Lo mismo responderían hoy Rajoy, Montoro, Luis de Guindos, Artur Mas, Dolores de Cospedal, Griñán y muchos otros políticos españoles, a pesar de que deberían sentirse muy mal ante los estragos de la crisis, los millones de desempleados y pobres que llenan las calles de España y el inmenso sufrimiento que las medidas que ellos adoptan causan a millones de españoles.

Tras desempeñar cargos como el de ministro de Sanidad (1974-1976) y el de Asuntos Exteriores (1977-1979) en el Reino Unido, Owen, médico de profesión, se concentró en los años siguientes en la medicina y en la investigación del cerebro humano. Durante este tiempo, el inglés ha desarrollado una tesis sobre este "síndrome de 'hybris'", para él un desorden de personalidad cuyos síntomas serían el aislamiento, el déficit de atención y la incapacidad para escuchar a cercanos o a expertos. David Owen (In Sickmess and in Power, 2008) explica que el dominio del poder ocasiona cambios en el estado mental y conduce a una conducta arrogante, por lo que las enfermedades mentales necesitan una redefinición que incluya el Síndrome de la Arrogancia en el elenco mundial de enfermedades mentales.

A algunos políticos, el poder les hace perder la cabeza, los convierte en arrogantes y soberbios y les aleja de la realidad, situándolos en una peligrosa alienación que les hace perder la noción de la realidad. Pero a otros los convierte en verdaderos y peligrosos enfermos mentales, incapacitados, según Owen, para tomar decisiones y gobernar. Cuando acceden al poder se creen dioses o sus enviados en la Tierra, propician el culto a la personalidad y muchas veces se tornan crueles. Algunos creen que esa enfermedad se da únicamente en las tiranías, pero lo cierto es que también se desarrolla en las democracias, afectando a personas que han sido elegidas en las urnas. El síndrome, en los dirigentes que gobiernan las democracias, al no poder comportarse como dictadores crueles, tiene otros rasgos y manifestaciones: se sienten eufóricos, no tienen escrúpulos, no son conscientes de sus errores y fracasos y son capaces de dormir a pierna suelta (como Zapatero) sin que ni siquiera les afecte el rechazo masivo de los ciudadanos o su inmensa y aterradora cosecha de fracasos, dramas y carencias que, para cualquier persona con salud mental, resultarían insoportables.

Voto en Blanco


Un sistema corrupto no se puede autoregenerar

El PP anuncia que reducirá la administración y el numero de coches oficiales y el PSOE y el PP se ponen de acuerdo para eliminar los casos mas sangrantes e injustos de desahucio. Algunos incautos ven en esas medidas signos de regeneración, pero se trata solo de parches para quedar bien ante la galería. Los dos partidos están aterrorizados porque los ciudadanos les dan cada día mas la espalda y crecen como la espuma los abstencionistas, los que votan en blanco y los que se apuntan a la crítica, resisten y llenan la atmósfera de argumentos y denuncias sobre la naturaleza malvada y delictiva de los grandes partidos políticos españoles y de todo el sistema, ajeno por completo a la verdadera democracia. Ante el miedo a que desaparezca la falsa democracia que a ellos les permite vivir como reyes, ceden y hacen concesiones con actitud hipócrita. Pero la verdad es evidente: un sistema corrupto nunca podrá autoregenerarse, ni siquiera cuando lo pretende.

Han tenido que morir aplastadas cuatro niñas en el Madrid Arena para que el ayuntamiento de la capital de España, asustado ante la reacción popular, deje de alquilar espacios públicos que incumplen las leyes y normas, demostrando así su ineptitud, frivolidad y nula preparación para gobernar. Van a suprimir ahora muchos coches oficiales y a reducir puestos de trabajo en la Administración, pero no lo hacen por principios democráticos sino por miedo a la furia del pueblo, que reclama el fin de esos privilegios y abusos. Parece regeneración, pero es solo una postura forzada por el miedo al pueblo indignado. Si hubiera sido una cuestión de principios,lo habrían hecho antes. Llevan décadas mandando y solo los suprimen ahora, cuando el grito de la sociedad se torna amenazador. Con los desahucios ocurre lo mismo: PSOE y PP se ponen de acuerdo para cambiar la ley sólo después de que Europa los considere ilegales y de que millones de españoles hayan protestado por esa injusticia lacerante. Todavía no han cerrado ni una televisión pública, a pesar de que reducen derechos y conquistas sociales cada día y esquilman a los ciudadanos con una catarata de impuestos y tasas insoportables. Nuestros partidos políticos carecen de sentido de la justicia y únicamente responden a una sucia dinámica de poder y de dominio.

El caso del PSOE es especialmente lamentable y despreciable. Estuvo durante años gobernando y no hizo nada por evitar los desahucios, a pesar de que durante el mandato de Zapatero se produjeron más de 300.000. Ahora sí están dispuestos a cambiar la ley, pero sólo porque necesitan votos. No hay ni chispa de valor o principios en su posicionamiento presente, como lo demuestra su inexplicable oposición a la supresión de coches oficiales planteada por el PP, que a los socialistas les parece "poco relevante".

Pero nadie demuestra mejor que los partidos nacionalistas que el sistema está podrido y es incapaz de regenerarse. El independentismo catalán es un edificio de barro forjado sobre la mentira, la tergiversación y un cúmulo de información falsa y mentiras dirigidas a manipular al ciudadano, provocandole odio a España y sueños imposibles. Es un mundo de cartón piedra levantado por las tribus nacionalistas para poder robar más y sin testigos, aunque también como reacción indignada ante la incapacidad de los gobiernos españoles, pero, sobre todo, para tapar las miserias y carencias de los gobiernos catalanes, mas despilfarradores, ineptos y corruptos que los de la misma nación.

Los partidos políticos son el problema y del problema nunca puede surgir la solución. Todos los grandes dramas presentes son obra de los dos principales partidos políticos, desde el auge del independentismo, estimulado por Zapatero al apoyar un nuevo Estatuto Catalán que es insolidario, desigual, injusto y producto del odio a España, hasta la pésima distribución de la riqueza, sin olvidar la pérdida de la prosperidad, de los valores y de la decencia, además de haber construido un país que ejerce liderazgo mundial en casi todo lo deleznable: trata de blancas, blanqueo de dinero, tráfico y consumo de drogas, baja calidad de la enseñanza, deterioro de la democracia, corrupción y un larguísimo etcétera.

Nadie ha visto a los políticos del PSOE o del PP pedir perdón por haber convertido España en un basurero. Siguen mandando, cargados de arrogancia y disfrutando de privilegios que no merecen, tras haberse apropiado del Estado, del que han expulsado al ciudadano.

Luchan entre ellos por alcanzar el liderazgo, como si fueran machos alfa dominando la manada, pero no son más que mediocres que han alcanzado fuerza asociándose con otros mediocres en sus respectivos partidos. Solos, uno por uno, son pobres diablos impotentes, que en una vida igualitaria y competitiva nunca triunfarían. Griñán quiere suceder a Rubalcaba y algunos empujan a Esperanza Aguirre para que suplante al frente del PP al lánguido y acobardado Rajoy, pero todos ignoran que los ciudadanos ya no los quieren, que ellos, impregnados de fracaso e implicados en el actual drama de España, no tienen nada que ofrecer a la ciudadanía, necesitada de gente nueva y decente, que crea en la democracia y sea ejemplar, gente que posea una escala de valores digna y que anteponga el bien común al interés propio, justo lo contrario de lo que han venido haciendo los gobiernos y partidos desde la muerte del dictador.

En España hay mucha gente preparada y decente capaz de ejercer un liderazgo democrático y eficaz, pero la conjura de los mediocres, encabezada por los grandes partidos políticos, les cierran el paso. Los ciudadanos tienen la palabra, pues son los únicos que pueden limpiar la pocilga y desterrar a los cerdos dominantes.

Voto en Blanco


Antología del disparate: "la Casa Real Catalana" y otras memeces nacionalistas

07.11.12 | 11:29. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, Nacionalismo, España

Hablan de una "Casa Real Catalana" y afirman que Colón era catalán Si quiere reirse de las memeces, mentiras y paranoias del nacionalismo catalán y de los efectos nocivos que la incultura y el adoctrinamiento han causado a la población y al tejido social, pulse AQUI y flipe leyendo cosas sobre la Casa Real Catalana, el origen catalán de Cristobal Colón y otras imbecilidades de alcurnia.

Para los que no accedan al enlace, hemos seleccionado dos párrafos de la página de turismo enlazada que demuestran la estulticia nacionalista y el profundo drama creado por el nacionalismo inculto, cateto y excluyente en el noble pueblo de Cataluña:

"Sólo la constante voluntad de aniquilar la memoria histórica catalana por parte de los españoles explica la tergiversación de la nacionalidad de Cristóbal Colón haciendo creer que era Genovés.

Hemos preparado dos rutas, el imperio catalán en el Mediterráneo, y el descubrimiento catalán de América"

Si quiere seguir "disfrutando" del psiquiátrico nacionalista catalán, pulse AQUÍ y contemple como los nacionalistas descerebrados de ERC afirman que "los catalanes, cuando sean independientes, seguirán dentro de la Unión Europea porque conservarán la nacionalidad española". Demencial. Los locos han tomado el poder en Cataluña.


En verdad, políticos y banqueros son mala gente

Pretenden arreglarlo ahora con un acuerdo PP-PSOE, pero quizás ya sea tarde y demuestran que solamente se movilizan ante la indignación popular por tanto dolor e indecencia. Los políticos ignoran que la práctica indiscriminada del desahucio en España es un claro signo de tiranía. Soportar esa injusticia degradante constituye una cobardía insoportable y una auténtica renuncia a las libertades y derechos básicos ciudadanos. Los desahucios son tan crueles e inhumanos que producen asco y demuestran la baja calidad moral y humana de los políticos y banqueros españoles, gente que, al permitir que los pobres y desamparados, después de perder el trabajo y la felicidad, pierdan tambien sus hogares, exhiben sin pudor su naturaleza desalmada.

Los desahucios en España constituyen un espectáculo bochornoso y moralmente insoportable, algo que no debería ocurrir y que la clase política debería impedir en la mayoría de los casos. Arrebatar la vivienda a gente ya previamente azotada por el desempleo y la pobreza, que se siente desamparada y atemorizada, es de una crueldad supina y de una bajeza que sólo es posible en una sociedad injusta y desalmada, como la que hemos creado en España.

Contemplar un desahucio es asistir en directo al fracaso de una sociedad, de su política y de su ética. La policía expulsando de su hogar a familias desesperadas, incluyendo a ancianos y niños, entre lágrimas y gritos de protesta impotente, es algo que debería impedirse. Los bancos, después de haber recibido toneladas de miles de millones de dinero público, pagado con los impuestos ciudadanos, no deberían ser tan crueles y malvados, mientras la pasividad de los gobernantes merece que los ciudadanos los expulsen del poder y les sustituyan por gente con alma y decencia. La avaricia del sistema bancario español es una lacra para el país que nada tiene que ver con el justo beneficio que deben buscar las empresas, Aplastar al cliente que ya está aplastado y al que no es posible cobrarle, amparándose en una ley de principios del siglo XX que los ineptos y miserables políticos no se han atrevido a derogar, es una crueldad innecesaria, propia de bandidos.

Los banqueros se atreven a realizar esas crueldades y los políticos se lo permiten porque nadie tiene respeto en España a los ciudadanos, ni a sus derechos básicos, ni a su potencial rebeldía, castrada por el miedo y la incultura democrática reinante. Si España fuera un país de ciudadanos en lugar de una cloaca habitada por borregos acobardados, ni unos ni otros se atreverían a culminar semejantes canalladas.

Los banqueros insaciables son los principales culpables de que la sociedad española odie a todos los que tienen dinero, de manera injusta e indiscriminada, incluso a Amancio Ortega, dueño del imperio Zara, uno de los españoles con más méritos y merecedores de admiración y respeto, creador de más de 110.000 puestos de trabajo, que acaba de ser linchado por la prensa de izquierdas y "progre" porque le ha donado 20 millones de euros a Cáritas, ONG ejemplar, perteneciente a la Iglesia Católica, libre de robos y manipulaciones políticas, que está ayudando a más de dos millones de españoles, que han quedado arruinados por obra de la crisis y de los políticos. Como han comentado algunos analistas, Amancio Ortega habría sido mejor tratado por los medios progresistas si hubiera asaltado un supermercado, como hizo el impresentable político comunista Sánchez Gordillo, cuyo robo a Mercadona fue tratado como heroico por la triste progresía izquierdista española.

Cuando le arrebatan a una familia desgraciada su vivienda, el problema para ellos no termina porque quedan endeudados con el banco hasta que no liquiden la deuda, lo que significa embargos sucesivos y, en la práctica, una pobreza eterna y humillante que convierte la vida en un suplicio.

El índice de suicidios crece como la espuma en la España injusta que nos han construido el PSOE y el PP y los desahucios son una de las principales causas. Los dos casos recientes mas impactantes fueron un ahorcado y otro que se lanzó al vacío, desde la ventana de la casa que iban a expropiarle.

Para los políticos, gente insensible, alienada, arrogante y ajena al sufrimiento que les rodea sin que ellos, desde el lujo, lo perciban, habría sido (y es) fácil evitar los desahucios, pero no lo han hecho porque les importa un bledo el sufrimiento ajeno y están borrachos de poder y de privilegios. Habría bastado con aprobar la dación en pago o negociar con los bancos una moratoria, obligatoria al menos para aquellas entidades que hubieran recibido fondos públicos. Pero no han hecho nada y, cuando se les presentó la ocasión de votar, el PP y el PSOE votaron en contra de que la deuda quedara liquidada con la entrega de la vivienda al banco (dación en pago).

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Un mal dia para los chorizos de España: Partidos y sindicatos dejarán de estar exentos de responsabilidad penal

01.11.12 | 11:38. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, España, Justicia, Sindicatos

Los miles de chorizos y sinvergüenzas que se han amparado en la política para delinquir están de luto al conocer que el gobierno de Rajoy ha decidido iniciar la limpieza de la pocilga española retirando a los partidos políticos y a los sindicatos su condición actual de personas jurídicas exentas de responsabilidad penal. El gobierno está dispuesto también a abrir la puerta de la decencia democrática al sacar de las listas electorales no a los imputados, sobre los que aún no pesa indicios de responsabilidad criminal, pero sí a aquellos encausados a los que se va a abrir juicio oral.

La inmunidad de los partidos y sindicatos, con miles de causas abiertas por corrupción y muchas más en proceso de investigación, méritos suficientes acumulados ante la Justicia para ser clausuradas y prohibidas por ser asociaciones de malhechores, clama al cielo y contribuye poderosamente a que España sea uno de los países más injustos, podridos y políticamente corruptos del mundo occidental.

Así lo ha adelantado en el Pleno del Congreso el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, que tiene intención de incluir estos cambios en la futura reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal o bien en el nuevo Código Penal, informa Europa Press.

Muchos ciudadanos, asqueados de la política española y de la baja estofa de la clase política de este país, estamos hoy de fiesta, si es que damos crédito a la promesa de Gallardón, difícil de creer si se tiene en cuenta que su partido, al igual que el PSOE, Izquierda Unida y los nacionalismos con representanción parlamentaria, están infectados de corrupción y esconden en sus filas de militantes y dirigentes a demasiados chorizos y sinvergüenzas encausados, investigados o bajo sospecha porque no pueden justificar su veloz e inexplicable enriquecimiento en la política.

El anuncio se ha formalizado como respuesta a la interpelación planteada por la portavoz nacional de Unión Progreso y Democracia (UPyD), Rosa Díez, quien se ha mostrado satisfecha con los cambios prometidos. "Me ha alegrado la tarde", ha reconocido. La líder de la formación magenta ha recordado que España ocupa el trigesimoprimer puesto en el ránking mundial de la corrupción y ha resaltado la necesidad de adoptar medidas como un pacto para despolitizar la Justicia, restricciones en la presentación de candidatos y también una reforma de la ley electoral.

En concreto, ha lanzado dos propuestas. Por un lado, excluir a los imputados de las listas electorales y de los cargos públicos que ocupen, y por otro, "derogar" los privilegios de los partidos políticos. tales como sacar de la lista de personas jurídicas exentas de responsabilidad penal, un estatus que tienen las instituciones oficiales y que limita la persecución penal a los individuos sin que se pueda actuar contra los órganos ejecutivos y la organización.

Gallardón recogió el guante de ambas propuestas. A su juicio, sólo el Estado, las instituciones de carácter público, pueden tener ese "privilegio" de exención de responsabilidad penal, mientras que los partidos y sindicatos "son entidades de derecho privado y no tiene sentido eximirles".

En cuanto a la exclusión de los imputados, el ministro ha preferido elevar el listón. Según ha explicado, la figura del imputado se implantó como una garantía para la persona citada a declarar y ahora se ha convertido en una "precondena", en lo que se conoce como "la pena del Telediario". Por ello, el Gobierno prefiere buscar una fase judicial "ulterior" a la hora de establecer la inelegibilidad, y en este sentido ha propuesto esperar a la apertura del juicio, oral, que ya implica la existencia de un "indicio racional de criminalidad".

Los pasos anunciados por el ministro de Justicia son importantes y representan un golpe frontal y contundente contra los sinvergüenzas y canallas atrincherados en la política española. Es cierto que faltan algunas medidas para acabar con la lacra de la arbitrariedad, el saqueo y la rapiña, entre otros declarar a los partidos políticos responsables subsidiarios de los delitos que cometan sus cargos y eliminar la injusta financiación de los partidos con dinero público, procedente de los arruinados ciudadanos españoles, otra injusticia que clama al cielo, pero como comienzo de la lucha contra el crimen político en España no está mal.

Brindo para que las promesas se hagan realidad pronto.

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