Hace pocos días escribí un artículo titulado La tragedia de ser gobernados, que despertó reacciones muy positivas, aunque también algunos interrogantes sobre la posibilidad de que el hombre pudiera llegar algún día a autogobernarse. Algunos dijeron que eso no era posible y me emplazaron para que escribiera un artículo explicando por qué y cómo el ser humano puede llegar un día a merecer el autogobierno o, dicho como lo decía J. L. Borges, "Espero que el hombre algún día alcance a merecer no ser gobernado".
En aquel artículo dije que "El destino del hombre es el autogobierno" y que "Ser gobernados por otros siempre es un fracaso, una humillación y una insoportable opresión que se ha justificado en la Historia aludiendo a las bajas pasiones e instintos del ser humano, algo que está por demostrar. Si, para colmo, como ocurre en España, nos dejamos gobernar por una casta política elitista y arrogante, plagada de corruptos y canallas sin escrúpulos, la humillación se convierte en indignidad, fracaso y atentado contra las leyes supremas de la razón y de la vida."
A lo largo de mi vida, por mi condición de corresponsal de prensa en numerosos países y de organizador de foros de opinión, he conocido de cerca a muchos altos mandatarios. Casi todos ellos eran despreciables endiosados que se creían con derecho a gobernar y que carecían de respeto alguno por sus "subditos", pero hubo dos que se salvaron un poco de esa riste condena, quizás porque se hicieron a si mismos o por su condición humana de luchadores natos. Fueron el dictador panameño Omar Torrijos y el presidente italiano Sandro Pertini. Los dos me dijeron que el poder es malo por naturaleza y que el hombre debe aspirar a autogobernarse y a suprimir los gobiernos. A ambos les pregunté por qué decían eso. Torrijos me dijo que "el poder tiende a justificar su existencia creando conflictos e injusticias, que después soluciona" y me explicó el caso de la policía, que si no hay delitos los crea para incrementar la inseguridad y aumentar constantemente su poder. Perttini me dijo algo todavía más grave: "el poder tiende siempre a oprimir y a envilecer al ciudadano para justificar su existencia y hacerse imprescindible" y concluyó: "los gobiernos saben que carecen de sentido si los ciudadanos fueran honrados, educados y responsables, por lo que luchan para que sean justo lo contrario".
Poco tendría yo que añadir a tan sabias y sorprendentes declaraciones de dos hombres que conocían el poder porque lo estaban ejerciendo cuando pronunciaron aquellos terribles juicios.
Pero voy a permitirme la licencia de poner sobre la mesa el ejemplo de las rotondas, cada día más numerosas porque aportan autogestión del tráfico rodado en las carreteras y ciudades y solucionan muchos problemas. La rotonda elimina semáforos y guardias y entrega al ciudadano toda la responsabilidad del tráfico rodado. Curiosamente, funcionan y es muy difícil que se produzcan accidentes o problemas en esos espacios. La clave de su éxito es que el ciudadano, sin interferencia de la autoridad, al gestionarlas, se torna responsable y cumplidor.
Lo mismo podría ocurrir en miles de espacios de la vida política, social y cultural que, en manos de los ciudadanos y sin autoridades que las gestionen, funcionarían mil veces mejor.
Sin embargo, tienen razón los que afirman que el ser humano, por sus bajas pasiones, no está preparado actualmente para ejercer el autogobierno. Pero la explicación es la que daban Torrijos y Pertini: el mismo poder es el que introduce esas bajas pasiones en la ciudadanía, para envilecerla y así justificar su dominio y opresión.
Mientras tengamos al frente de nuestras vidas a políticos formados e incubados en esas organizaciones mafiosas y nada ejemplares llamadas partidos políticos, la humanidad jamás avanzará y el hombre será siempre más esclavo que libre. Los partidos políticos forman a los futuros dirigentes de la sociedad en un ambiente siniestro, donde no existe libertad sino sometimiento al lider, donde se han suprimido el libre debate, el reino de la verdad y la opinión sincera, donde la sumisión sustituye a la libertad y donde todo el que actua de acuerdo con su conciencia o libre albedrio será laminado por el verticalismo autoritario que convierte a las élites en cúpulas endiosadas y obtusas, muchas veces enfermas de aquel "sindrome de la arrogancia" que describe magistralmente en sus libros el médico británico David Owen, otro que conoce bien el poder desde dentro por haber sido ministro de Sanidad y de Asuntos Exteriores de su país.
El mundo tiene que ser cambiado para que se salve. Los que gestionen el poder no pueden ser políticos profesionales a los que el ciudadano no exige valores ni competencias, sino ciudadanos elegidos por su virtud, independencia, preparación y honradez. Poner a mafiosos o a vulgares mediocres desconocedores de la democracia y de la grandeza humana al frente de la sociedad es un suicidio. Cuando el mundo sea gobernado por filósofos virtuosos, estrechamente vigilados por ciudadanos y hayan quedado prohibidos los malvados partidos políticos, entonces, sólo entonces, el hombre podrá empezar a avanzar hacia el autogobierno, conquistando cada día nuevos metas en el autocontrol, la disciplina, la virtud y la canvivencia con sus semejantes.
El gran problema del mundo, desde que lo conocemos, es que casi siempre ha sido empujado por sus gobernantes hacia el lado miserable de la vida, estimulandoles la envidia, el odio, la violencia y otras bajas pasiones que sólo convienen al poder, que así se justifica, se hace necesario y permite a las élites poderosas disfrutar de privilegios que no merecen y que construyen sobre las privaciones de las mayorías.
Fidel Castro, a quien también conocí cuando era corresponsal extranjero en Cuba, decía algo parecido a lo que afirmaban Torrijos y Pertini, pero adobado por su totalitarismo marxista leninista: "el comunismo va a crear un 'hombre nuevo' que ya no necesitará ser gobernado y nos permitiremos, entonces, suprimir el Estado".
Todos sabemos lo que ocurrió con el comunismo, que quería suprimir el Estado, pero sólo supo convertirlo en un gigante cruel y asesino. Sin embargo, reconocía que la meta del ser humano es prescindir del gobierno y del Estado, dos instituciones que degradan la especie humana y que reducen al hombre, rey de la creación, a la condición de esclavo sometido a grupos organizados.
No sé si estas reflexiones explican y justifican mi afirmación de que "El destino del hombre es el autogobierno", pero al menos demuestran que bajo gobiernos como los que, por desgracia, estamos sufriendo, la Humanidad no puede avanzar y tiende a retroceder, rodeada de abuso, corrupción y de manadas de chorizos y delincuentes afincados en el poder, con más poder del que merecen. Por lo que a mi respecta, creo firmemente que el hombre avanzará a pasos de gigante hacia la perfección y la verdadera civilización si no tuviera el lastre de sus gobiernos y creo también con toda mi alma en la afirmación de Rousseau, cuando dijo que "la voluntad política es indelegablo y cuando el hombre permite ser representado por otros, pierde la condición de ciudadano y se torna esclavo".
Gracias Löwe,
Decía Nietzsche que Jesús era un hombre libre, nada más ni nada menos...
Joer, Obras son amores, dices verdades como casas y parece tan fácil que no resulta lógico que anden sueltos los delincuentes.
Recuerdo que Felipe González, allá por el 82, dirigiéndose a CCOO, UGT y diferentes movimientos sociales reivindicativos que extremaban bastante su antagonismo con las derechas, lógico por otra parte aunque no conveniente ni necesario, decía que había que avanzar en la democracia poco a poco, sin pausa pero sin extremismos, "no sea que de pronto a algún loco se le ocurra dar otro golpe de Estado como en el 36".
El 23-F confirmó sus temores.
"¿Nos tendrá que poner alguien de acuerdo a todos usando la fuerza? Esperemos que no, que seamos capaces de enderezar el rumbo, el rumbo de la humanidad que está trazado desde los tiempos de Jesús o Platón…", dices.
Yo también espero que no. Además estoy convencido de que eso ya no es posible en la UE.
Pero valga la reflexión.
Lo de Jesús me va. Todo un hombre.
Pero incluso también los políticos borrachos de poder empiezan a tener miedo. Sin rumbo, el barco va a la deriva, corre riesgo de naufragar… ¿Quién lo pilota? ¿Hace falta piloto? ¿Seremos capaces de ponernos de acuerdo? ¿Nos tendrá que poner alguien de acuerdo a todos usando la fuerza? Esperemos que no, que seamos capaces de enderezar el rumbo, el rumbo de la humanidad que está trazado desde los tiempos de Jesús o Platón…
Pero bajemos a la tierra, aquí es la vieja historia de siempre, la de perros y gatos, de derechas y de izquierdas, de quienes sacan partido y se lo comen todo, o de los que han perdido el aire en las velas, e incluso el mar y la brújula. De quienes sin rumbo no entienden lo que ocurre o de los que se creen triunfantes sin querer aún enterarse de que lo que el destino nos depara a todos es un lugar incierto. De nuevo están ahí las dos Españas, que se obcecan en persistir necesitadas la una de la otra, pero que sólo se explican a sí mismas, y de hecho se reinventan, maniéndose mutuamente antagónicas, utilizando si hace falta enfrentamientos vacíos, como si la confrontación fuese una razón, y el descaro su argumento.
Debería ser también nuestra gran esperanza para hacer prevalecer la justicia de la humanidad frente a la del dios del dinero, el dios del neoliberalismo económico. La democracia debe representar la justicia humana frente al becerro de oro que exige sacrificios humanos. La democracia da cauce a la dignidad humana a través de la palabra. La democracia representa el imperio de lo humano a través del imperio de la ley más humana administrada desde los ideales de la humanidad. Solo una gran sinfonía que aúne y armonice lo diverso será capaz del milagro que la humanidad necesita. Solo a través de la democracia se podría llegar a pensar en una aurora para la paz mundial.
¿Pero es que se puede aún pedir utopía en los tiempos que corren? Seamos realistas, es el único camino posible, del que ya nos hablaron Jesús o Platón. La democracia es nuestra única gran esperanza real. Nos faltan ideales y nos sobran ideologías, nos falta fe y nos sobran religiones. La democracia es el único antídoto conocido contra el fanatismo de las ideologías y de las religiones, que corrompen los ideales o la fe con solo formularlos en el restringido contexto del grupo que las utiliza o las mediatiza, y que a veces -con demasiada frecuencia- no hacen sino provocar enfrentamientos violentos entre las personas.
Mario 19.01.12 | 11:19 :...
Leídos los versículos. Recordados de cuando, hace años, los leí por primera vez. Esos versículos, y otros similares, son deprimentes, son los que sumergen en confusión al hombre en general. A mí desde luego. Hasta tal punto que no he podido más que llegar a una pregunta: Si el hombre fue hecho a imagen y semejanza, ¿cómo se supone que es su creador?. Si un ser omnipotente se pone a crear algo, ¿por qué no hacerlo sin defectos?. Lo cuál, a su vez, lleva a una conclusión: No es posible que haya un creador así. No hay tal.
El hombre no es perfecto, pero puede convivir con sus semejantes dentro de unas reglas que la sociedad se ha dado a sí misma. El que las transgreda perjudicando al resto, debe ser "multado".
Y eso es lo que no suele ocurrir con todos. El delincuente mísero recibe todo el castigo mientras que el delincuente poderoso raramente es castigado.
Contra todo eso ha protestado el 15-M.
La anarquía es eso, ausencia total de gobernantes y convivencia del género humano de buena fe y con la mejor voluntad. Eso es la utopía por excelencia de la política y la organización social del hombre.
Está bien el ejemplo de las rotondas, pero no hay que olvidar que el "uso" de éstas se ha establecido mediante unas normas de circulación..... que ha puesto el hombre.
Si tenemos leyes, hay que cumplirlas y para ello el ser humano debe ser consciente de que esas leyes se establecieron en beneficio de todos. Hay que formar a los ciudadanos, desde pequeños, en la convicción de que las leyes, aprobadas por todos, hay que respetarlas.
Y desde luego ha de caer conto su peso sobre el infractor en el grado que corresponda.
Simplemente, hay que aplicar la Ley.
Creo que el autogobierno, la anarquía, no es posible.
Pues la verdad, sintiendolo mucho me parece que en cualquier país se necesita un gobierno, lo cual no quiere decir que sea un mal gobierno o una constitución como existe actualmente en la mayoría de los paises del mundo.
Y me gustaría saber que diferencia piensa usted que existe entre una democracia participativa y un autogobierno, y que nos describiera como se imagina usted, por ej. funcionaría un país, pongamos España, con autogobierno.
Cuando usted pone como ej. las rotondas, parece como si las rotondas se hubieran hecho solas y las leyes para utilizarlas hubieran salido de la nada y y no hubiera un cuerpo policial para que se cumplan esas leyes.
El hombre está hecho para vivir en sociedad y quizas en grupos muy pequeños, se podría, aunque dificilmente que funcionara ese autogobierno, pero de nueo idealmente expliquenos como en un pais cualquiera con millones de habitantes, se imagina usted el funcionamiento.
No puedo estar más de acuerdo con usted tanto por este artículo como con el que se titula "La tragedia de ser gobernados". Hay un movimiento en los paises que comprenden el "Imperio Británico" cuyos partícipes se denominan "Freemen" y viven segun la ley común "Common Law" - no reconocen las "leyes" de los paises donde residen ya que no son leyes ni siquiera en sus términos "legales" ya que por consenso se llaman "ACTS" y no "LAW" y al ser "Acts" sólo se tienen que obedecer si uno se somete a ellas y las aceptas. Han ganado batallas contra ayuntamientos abusivos - cada día son más los que usan los "ACTS" en contra del propio sistema judicial que no es más que un sisitema para hacer dinero - claro está que esto parece una anarquía pero no lo es ya que en Common Law están establecidas las bases para la convivencia y estas se acatan. Esto es mucho más complejo para poder explicar con más detalle además seguro que usted ya sabe la Ley Común. Un saludo.
Sr. Mario:
Le agradezco su aliento. Leeré los versículos de la Biblia que me recomienda.
Si le gustan las ideas que defiendo en mis artículos, ayúdeme a difundirlos.
Un cordial y agradecido saludo.
F. Rubiales
Sr. Rubiales, sigo su blog desde hace tiempo y de verdad que le admiro por su valentía y como dice Vd. las cosas, hacen faltas muchísimas personas como Vd.
Si me permite quisiera remitirle a la Biblia, a algunos versículos que apoya lo que Vd. aquí escribe.
GÉNESIS 8:21, ECLESIASTÉS 8:9, y JEREMÍAS 10:23.
Domingo, 3 de junio
José Pómez
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
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