Voto en Blanco

Votos contra el Senado

28.10.11 | 07:01. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, España

Erradicar el Senado en las próximas elecciones, sepultándolo bajo una avalancha de votos en blanco, representaría, para los demócratas españoles, una victoria en toda regla, no sólo contra el despilfarro, sino también contra la casta política española, a la que se le lanzaría una seria advertencia contra la ineficacia y el abuso de poder, al mismo tiempo que se le demostraría quien tiene el verdadero poder en democracia.

La campaña ciudadana que pretende erradicar el Senado, sepultándolo bajo una avalancha de votos en blanco, toma cuerpo y se hace fuerte en vísperas de las próximas elecciones generales del 20 de noviembre. Muchos ciudadanos se resisten a lanzar su voto en blanco de protesta en la elección de diputados al Congreso porque sienten la necesidad de castigar con saña a los que han arruinado el país con su mal gobierno, eligiendo masivamente un gobierno de la oposición, pero, al mismo tiempo, quieren lanzar una seria advertencia a la pésima clase política española expresando claramente su deseo de que el Senado, una institución inútil y sin contenido, únicamente válida como aparcamiento de políticos en decadencia o spoco brillantes, desaparezca.

¿Para qué sirve el Senado? Prácticamente para nada. Es una institución costosa, con funciones que cumple el Congreso o que son prescindibles, creada únicamente para que más políticos puedan ordeñar al Estado. Una protesta masiva contra el senado, inundando las urnas con papeletas en blanco representaría un poderoso golpe de efecto contra los políticos españoles, que quedarían seriamente desacreditados ante la opinión pública mundial. El futuro gobierno y la misma oposición no tendrían más remedio que cuestionarse la existencia de un Senado inútil y sin contenido alguno, demasiado costoso para un país envuelto en una crisis severa y dolorosa.

Es comprensible que muchos ciudadanos quieran votar al partido que crean que puede gobernar mejor esta España arruinada y destrozada por Zapatero, pero esos mismos ciudadanos, descontentos ante la baja calidad de la democracia, el pésimo funcionamiento de la Justicia, la impunidad de la casta política , la corrupción, las subidas indiscriminadas de impuestos y la sucia resistencia de los políticos a privarse de privilegios y ventajas que se han autoadjudicado, sin merecerlos, sienten igualmente la necesidad de lanzar una advertencia seria a la clase política para que enderece su rumbo abusivo y comience a rebdir cuentas ante una ciudadanía que, en democracia, posee la soberanía y es la única capaz de proporcionar legitimidad a los gobernantes.

La supresión del Senado, obligada por una masa de votantes demócratas indignados, será interpretada como un serio aviso a una casta política que ha entregado el país, de manera miserable, a la corrupción, el abuso, la injusticia, la desigualdad, el despilfarro, el desprestigio internacional, el desempleo masivo, la pobreza y la ruina.

Todoslos demócratas deberíamos alzar la bandera de la lucha contra el Senado. En esta batalla no sirven ni la abstención ni el voto nulo. Sólo podrá lograrse con la protesta explícita que representan las papeletas del Senado en blanco, depositadas masivamente en las urnas por gente consciente que desea la regeneración y la resurrección de esta España postrada y humillada por nuestros inútiles gobernantes.

Voto en Blanco


Crece la "Indignación"

26.10.11 | 19:21. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, España

Ante el crecimiento acelerado y sólido del movimiento de los indignados en todo el mundo, los grandes poderes del planeta, preocupados e incapaces de controlar esa poderosa corriente de opinión, han decidido empujarla hacia la participación en la política para que se transforme en partidos políticos, una fórmula que disolvería la protesta como un azucarillo, la fagocitaría y la haría desaparecer sin que el sistema injusto que domina el mundo sufra daño vital alguno.

Nos oncontramos, probablemente, en las primeras grandes escaramuzas de la Tercera Guerra Mundial, donde luchan dos bandos bien definidos: por un lado los gobiernos, los partidos políticos y sus grandes aliados mundiales, dominadores de gran parte de la riqueza y de los recursos; por otro los ciudadanos, insatisfechos con su condición de sometidos, que no quieren ser esclavos y dispuestos a cambiar un sistema manifiestamente injusto en lo político, lo económico y lo social.

La lucha se extiende por todo el planeta, aunque no con la misma intensidad. En algunos espacios, la rebelión ciudadana es abierta y los enfrentamientos con el poder son cruentos, como ha ocurrido en en Túnez, Egipto y Libia y está ocurriendo en Siria, Yemen y otros países sometidos a dominios demasiado totalitarios y torpes, desprovistos de disfraces eficaces que camuflen el poder de las élites bajo ropajes de falsas democracias e igualdades trucadas. En otros lugares los enfrentamientos son más pacíficos, aunque no menos intensos, sin que todavía se haya vertido sangre en la lucha entre los amos y los esclavos.

Dos fenómenos están causando gran inquietud entre los políticos y los dominadores del mundo: el primero es el crecimiento vertiginoso de la protesta, como consecuencia de avances en la toma de conciencia y en la indignación; el segundo es la extensión del movimiento, que ya ha incorporado a cientos de millones de ciudadanos en todo el planeta, la inmensa mayoría de los cuales permanecen en sus hogares y puestos de trabajo, sin cruzar las lineas del activismo y la protesta callejera, pero prestando un creciente apoyo a los que se atreven a enfrentarse en las calles y plazas a los esbirros del poder.

Especialmente preocupante para los amos del mundo es la expansión del movimiento indignado en Estados Unidos, donde la sociedad civil y la opinión publica tienen una influencia y un peso superiores a los de cualquier otro país en el mundo.

La defensa de los poderosos contra el movimiento indignado tiene tres escenarios donde se le combate con toda energía: en las calles, interponiendo a la policía entre los que protestas y el verdadero poder; en la opinión pública, donde, con la sucia complicidad de los medios de comunicación sometidos, se denigra y desacredita el movimiento; en la política, donde se realizan esfuerzos por infiltrarlo y controlarlo, para que la protesta se diluya y termine siendo estéril.

El futuro es incierto y el desenlace de la guerra está todavía muy lejos. El mundo apenas vive las primeras escaramuzas de lo que será la espina dorsal del siglo XXI un enfrentamiento a gran escala entre los ciudadanos y sus dominadores, entre los que siempre han obedecido y los que siempre han dominado.

Los primeros síntomas de esta gran batalla, en su versión contemporánea, se detectaron después de la Segunda Guerra Mundial. Ya por entonces, algunos pensadores anticiparon grandes enfrentamientos entre los pueblos y sus clases gobernantes. Esa batalla se dio, primero, en el mundo dominado por el colonialismo y, poco después, dentro del comunismo, donde el nivel de opresión y de injusticia era mayor. La victoria de los ciudadanos contra el comunismo causó preocupación y miedo entre los poderosos de Occidente, que veían con claridad que pronto les tocaría a ellos enfrentarse a la indignación e los ciudadanos ante un mundo injusto, desequilibrado y pleno de corrupción y desigualdad.

Los mecanismos de defensa, casi siempre basado en el miedo, se pusieron en marcha para sustituir el miedo al comunismo por otros miedos: al terrorismo, a la guerra bacteriológica, a las grandes epidemias y, más recientemente, a la gran crisis económica.

El miedo siempre ha sido el arme preferida del poder y la más eficaz para dominar a las masas, pero en los últimos años, ante el empobrecimiento creciente de la población, ese miedo cada vez se muestra menos eficaz. Los poderosos no habían previsto que la gente, cuando se siente pobre y desamparada, se torna más valiente y osada y pierde gran parte de sus miedos ante el poder.

Gane quien gane la batalla final, el mundo se encuentra ante una gran oportunidad de cambiar su nausebundo diseño actual por otro más equilibrado y justo, en el que la gente pueda ser feliz, instaurando por vez primera una democracia auténtica bajo control cívico, con políticos obligados a obedecer los deseos de sus pueblos, ya sin impunidad y estrechamente controlados por una ley independiente y severa.

Pero también corre el mundo grandes riesgos en esta contienda, sobre todo el de caer en manos de los totalitarios, que sueñan con un Estado todavía más poderoso e intervencionista. Muchos de esos totalitarios están hoy infirtrados en las vanguardias de los indignados. Son los imbéciles que piden más Estado, más poder´para el gobierno, más opresión para el ciudadano, en definitiva. Esos son los agentes del enemigo dentro de nuestras filas. Si sus tesis se imponen, el movimiento indignado terminará por hacer muchos ruido y por cambiarlo todo en apariencia, sin cambiar la sustancia, incrementando todavía más el lamentable poder de las élites que han convertido nuestro mundo en una pocilga.

Voto en Blanco


La falacia de "recortar menos"

24.10.11 | 17:39. Archivado en Partido Popular, PSOE, Política, Democracia, Corrupción, España

Al igual que ocurrió en las pasadas elecciones generales del año 2008, la mentira y el engaño dominan las actuales campañas electorales de los dos grandes partidos políticos. Ni el PSOE ni el PP se atreven a decir la verdad a los ciudadanos y optan por mentir. En 2008 ganó el que mintió y prometió más, que fue el PSOE. En la actual campaña, los dos partidos vuelven a mentir, pero los socialistas, de nuevo, están batiendo el record absoluto.

La campaña electoral de las elecciones del año 2008, en las que, para desgracia de España y de los españoles, Zapatero volvió a ganar la presidencia del gobierno, estuvo marcada por las falsas promesas. Aquella campaña fue un vil e inmoral festival de falsos análisis y de promesas de dinero y de avances, a pesar de que los políticos sabían que no podían cumplir o que prometían porque ya no había dinero ni para pagar las nóminas. Las ventajas fiscales y las ayudas prometidas pronto fueron suprimidas por un gobierno que despilfarró tanto que tuvo que congelar las pensiones, rebajar los sueldos y suprimir el cheque bebé y muchas ayudas y servicios sociales. Entonces ganó el más sinvergüenza, el partido que prometió más, el que negó la existencia de la crisis y proyectó más optimismo, a pesar de que ya se sabía que las arcas públicas estaban vacías y que España sólo sobreviviría con un endeudamiento masivo. Entonces venció el más inmoral y el que fue capaz de prometer y mentir más y mejor. Ganó, lógicamente, Zapatero, ayudado por aquel siniestro Pedro Solbes, del que hoy dicen que está hundido en sus remordimientos, que negaban al unísono la existencia de la crisis, bautizando la mayor tragedia económica del siglo como un ligero "desajuste" de la economía.

En la actual campaña electoral se está produciendo una situación parecida, igualmente indecente e irresponsable. Los más inmorales y mentirosos están prometiendo "menos recortes" con la esperanza de ganar, a pesar de que saben perfectamente que después del 20 de noviembre los recortes tendrán que ser brutales, gane quien gane, porque así lo exige la crisis, porque así lo imponen los mercados y los aliados europeos, porque el despilfarro socialista y el mal gobierno de Zapatero han dejado a España convertida en un guiñapo que sólo saldrá adelante con privaciones de escalofrío y sacrificios de agonía.

Los inmorales, para ganar votos, no sólo prometen a sus electores menos recortes, sino que preparan también una oleada de huelgas y de desordenes para desgastar al partido que obtenga la victoria, siempre que gane la derecha. Si ganara la izquierda, los recortes serían presentados por la propaganda como "necesarios", pero, si ganase la derecha, esos mismos recortes serían "vendidos" como el peaje antipopular y "fascista" que cobra el dóberman de la derecha cuendo llega al poder. Si ganase la izquierda, los recortes que impondría Rubalcaba serían vendidos por la derecha como consecuencia directa del despilfarro y del mal gobierno del socialismo, destructor de la riqueza.

Los partidos políticos están demostrando toda su bajeza en esta campaña, mintiendo abiertamente a un electorado que, aunque cada día es más consciente de la realidad y siente más rabia y ganas de protestar, todavía está lo suficientemente adormecido y sometido para creer las patrañas de sus políticos.

La gente más preparada e informada sabe que España sólo podrá salir de la crisis mediante grandes sacrificios y privaciones, practicando recortes brutales que, inevitablemente, tendrán que afectar también a servicios básicos como la salud y la educación, aunque los políticos ahora lo nieguen. Después del 20 de noviembre, tanto si gana la derecha como si gana la izquierda, habrá que renunciar a la división y unirse para hacer frente a una crisis de efectos brutales. Nos espera un calvario donde habrá supresión de pagas extraordinarias, congelación de sueldos y pensiones, menos fiestas y más trabajo, subidas de impuestos de infarto y muchos sacrificios que los políticos ni siquiera se atreven a mencionar en estos tiempos de siembra, cuando todas las energías y argucias se orientan a cautivar y engañar a los ciudadanos para que les entreguen el voto.

Preparar protestas masivas contra los recortes y huelgas para desgastar a la derecha, si ésta gana las elecciones, es de una irresponsabilidad tremenda y de una vileza difícilmente superable, sobre todo en tiempos difíciles que requieren unidad y sacrificios colectivos. Esas protestas y huelgas hundirán todavía más la economía y destrozarán lo poco que queda de España.

Todo el inmenso rosario de dramas que se avecinan se lo deberemos a nuestros malos políticos, sobre todo a Zapatero y a su inepto gobierno, incapaces de adoptar medidas contundentes en su momento, inútiles a la hora de atajar de manera adecuada la crisis, carentes de ideas, sin un gramo de ética, mentirosos y siempre aterrorizados ante la idea de perder el poder, que es lo único que realmente les importó en todos estos años, mucho más que la defensa del bien común, de la Justicia y de los tan cacareados logros sociales.

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España: una vez derrotada ETA, ya sólo nos queda derrotar a los malos políticos

22.10.11 | 18:18. Archivado en Partido Popular, PSOE, Política, Democracia, Terrorismo

Los medios de comunicación próximos al poder difunden hoy euforia y optimismo porque, según afirman, "la democracia ha derrotado a ETA", pero esa euforia es limitadamente compartida por una sociedad española que, sin dejar de sentir repulsa por ETA, hace ya mucho tiempo que dejó de considerar al terrorismo como su gran enemigo. En las encuestas, el terrorismo ha caído por debajo del puesto siete u ocho entre las preocupaciones y dramas de los españoles, desplazado, sobre todo, por el vertiginoso ascenso de la clase política y los malos políticos, que ocupan el tercer lugar entre las preocupaciones de los ciudadanos de España, sólo por detrás del desempleo y la crisis económica, dos dramas mayores que, en gran parte, han sido causados por obra de esos políticos que cada día son más desprestigiados y rechazados por la población.

Habría sido mayor motivo de euforia que se hubieran rendido los ladrones que han esquilmado las cajas de ahorro, los que nos han llevado hasta la ruina económica, los que nos han endeudado por tres generaciones al menos, los que han despilfarrado, los que hacen pagar a los más débiles el alto precio de sus errores, sin que ellos renuncien a sus privilegios, los que han convertido el Estado en un aparcamiento para colocar a sus parientes y amigos, todos ellos viviendo de una teta estatal que ya está agotada, los que han convertido a España, con su mal gobierno, en uno de los líderes mundiales de lo peor y lo deleznable: prostitución, tráfico y consumo de drogas, desempleo, baja calidad de la enseñanza, blanqueo de dinero, trata de blancas, violencia de género, injusticia, inseguridad, cohes oficiales para políticos, derroche público, arbitrariedad y, sobre todo, corrupción a gran escala.

Los demócratas españoles, cada día más aterrorizados ante el Estado de Injusticia reinante en nuestro país, al contemplar hoy la serpiente de ETA quebrada, se legran, pero se alegrarían cien veces mas si los derrotados fueran esos miembros indignos y corruptos de esa clase política que figura en las encuestas como objeto y diana del rechazo y desprecio masivo de los ciudadanos.

Los etarras estaban muy lejos y habían dejado de matar desde hace muchos meses, pero los políticos depredadores están muy cerca, gestionando mal el poder que le han delegado los ciudadanos, arruinándonos, cosiéndonos a impuestos, inundando el país de pobreza, ignorando los derechos constitucionales básicos del ciudadano, desde la vivienda al trabajo, envolviendonos en la injusticia y la corrupción, sin que ellos sean ejemplo alguno, sin renunciar a sus inmerecidos privilegios, esparciendo en su entorno desesperación, desconfianza, angustia y tristeza.

Para muchos españoles, la actual clase política, mucho más que la misma ETA, es el verdadero enemigo a erradicar en la nueva España decente, justa y próspera que deseamos.

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Los españoles, abandonados y traicionados por los grandes poderes

Muchos ciudadanos españoles, abandonados y traicionados por los grandes poderes y las instituciones del Estado, se sienten hoy desamparados y asustados ante el futuro.

La distancia que separa a los líderes políticos del pueblo se agranda cada día más en España, donde la sociedad civil, que en democracia debe funcionar con saludable independencia para actuar como contrapeso del poder político, se encuentra en estado de coma, con la mayoría de sus grandes santuarios y pilares, como son las universidades, los medios de comunicación, los sindicatos y las asociaciones y fundaciones de todo tipo, ocupadas por los políticos o controladas por las administraciones públicas a través de alianzas y subvenciones.

La sociedad española está sometida al poder como en los peores tiempos de su historia y son demasiados los ciudadanos se sienten desamparados y solos ante los muchos peligros que les amenazan.

El crecimiento del desempleo parece indetenible, al igual que la ruina económica de un país donde los políticos se sienten impunes y el gobierno, sin ni siquiera consultar a los ciudadanos, que en teoría son los soberanos del sistema democrático, no ha dudado en empobrecer el país y endeudarlo al menos para las próximas tres generaciones.

La Constitución no es ya una garantía porque es violada con impunidad por los poderosos. Con Cataluña pilotando los desmanes anticonstitucionales, se margina o persigue el idioma común español, se destruye el vital principio de la igualdad y se aprueban leyes fundamentales, como los estatutos con exiguas mayorías, que ni siquiera superan el tercio de la ciudadanía.

Ni uno solo de los controles y cautelas de la democracia funciona ya en España, donde la separación y la competencia de los poderes del Estado no existe; la prensa está cada día más sometida al poder y no puede cumplir ya su misión de informar libremente y crear criterio con independencia; los que mandan, al confeccionar las listas electorales cerradas, son los que eligen a los que van a mandar, sustrayendo al pueblo el sagrado derecho a elegir, garantizado por la democracia; los sindicatos y la patronal están sometidos al poder, que les compensa con rios de dinero público; los valores están en declive; la seguridad ciudadana es cada día más precaria; el olor a corrupción lo inunda todo y España gana puestos cada día en el ranking mundial de la vergüenza; desempleo, prostitución, alcohilismo, tráfico y consumo de drogas, fracaso escolar, población encarcelada, coches oficiales, hipetrofia del Estado, amiguismo y nepotismo en el sector público, ineficiencia de la Justicia y un tenebroso etcétera que genera una desolación y congoja que los ciudadanos no se merecen.

La verdad cruda es que la clase política, la sindical, la empresarial y las grandes instituciones y poderes están fallando y traicionando a los ciudadanos españoles, que cada día se sienten más desvalidos frente al aparato del Estado, sus grandes recursos y sus poderosos aliados.

La democracia española está secuestrada y la sociedad es rehén de las castas dominantes. Los ciudadanos contemplan impotentes los desmanes y no pueden hacer nada por cambiar la situación: el desempleo y la pobreza avanzan imparables; el endeudamiento público es atroz y suicida; las pymes y los autónomos están huérfanos de medidas que les permitan ser el motor de la economía; la patronal, obsesionada por abaratar el despido, es incapaz de crar una economía sin subvenciones; la fragmentación administrativa que provoca el Estado de las Autonomías; los gastos superfluos y el despilfarro del poder político; el amiguismo y el nepotismo, que colocan sin trabajar a miles de enchufados y miembros de los partidos políticos; la incapacidad del gobierno para impulsar esa reforma productiva de nuestro sistema económico que todos demandan, pero que nadie afronta.

Muchos españoles, preocupados por la situación, se preguntan qué ha ocurrido en España para que, en apenas tres décadas, hayamos pasado de la ilusión y el empuje de la Transición a la actual decadencia y tristeza ciudadana. La respuesta es obvia y está delante de nuestros ojos, aunque la propaganda política, ayudada por la ceguera de una sociedad que ya está contaminada por la corrupción y la desmoralización, prentendan ocultarla: España ha dejado de ser un país democrático porque nuestros dirigentes, a traición y a escondidas, la han sustituido por una sucia oligocracia de partidos políticos omnipotentes, verticales y autoritarios.

No hay otra salida que reconstruir la democracia y volver a dotarnos de un Estado justo y equilibrado. Hasta que el ciudadano no recupere el protagonismo que le han arrebatado los políticos y hasta que los partidos políticos y el Estado se sometan a los controles y cautelas que establece la democracia, todos ellos dinamitados en los últimos años, España seguirá siendo una cloaca.

Voto en Blanco


¡Que viene la izquierda!

18.10.11 | 06:39. Archivado en Gobierno Zapatero, PSOE, Política, Democracia, Corrupción

Zapatero, con sus abusos y errores, sigue siendo el mejor activo de la derecha española, a la que aporta los votos suficientes para elevarla hasta el poder, sin que la derecha haya realizado ningún esfuerzo por ilusionar o convencer a los votantes. La última sorprendente decisión de Zapatero, la de integrar a España como pieza clave del "escudo antimisiles" norteamericano, ha enrabietado a los pacifistas, empujándolos hacia la abstención, el voto en blanco o el poyo cabreado a la derecha de Rajoy.

Si Rajoy tuviera que pagar a Zapatero los favores que le ha hecho a la derecha, el PP tendría que endeudarse para las tres próximas generaciones. Gracias a Zapatero, el grito ¡Que viene la izquierda! está generando en España tanto o más miedo que el tradicional ¡Que viene la derecha!. Cuando sea enterrado el "Zapaterismo", sentirá miedo profundo a que regrese la izquierda la inmensa mayoría de la población española, dannificada por los abusos, arbitrariedades e insensateces de Zapatero y de su gobierno.

Entre los damnificados del Zapaterismo están los católicos, marginados y acosados, los que han perdido el empleo, los nuevos pobres, los que han tenido que cerrar sus empresas, los demócratas, que han visto como la democracia era ultrajada por el gobierno, y la gente de bien, que ha contemplado, aterrorizada, como la corrupción invadía las arterias de España y como los valores y principios se destruían bajo un mandato basado en la mentira, el engaño, el despilfarro, la corrupción y la deleznable obsesión por resucitar el odio y el enfrentamiento entre españoles.

Al lado del Zapaterismo sólo pueden permanecer los que han ordeñado sin contemplaciones la teta del Estado durante su mandato, los militantes socialistas que ya carecen de principios e ideales, lo sindicalistas adictos al dinero público y los fanatizados de la izquierda, capaces de votarla pase lo que pase, incluso cuando la corrupción y la desvergüenza se han adueñado del socialismo.

Durante siglos, tal vez desde el medievo, las clases feudales españolas, obtusas, conservadoras y egoístas, controlaron el Estado y practicaron con deleite la humillación del pueblo. Esa política abusiva de las clases dominantes, reunida en torno a la monarquía y sancionada por la nobleza, el clero y la miliacia, ha generado el rechazo a la derecha por parte de las clases populares, un rechazo que a veces se transformó en odio y que ha marcado la vida política española durante los últimos siglos.

Pero es posible que el Zapaterismo, con toda su inagotable ristra de abusos, desmanes, errores, corrupciones, mentiras y malgobierno, haya equilibrado la balanza y conseguido que, por primera vez en muchos siglos, el grito ¡Que viene la izquierda! provoque un terror semejante al viejo ¡Que viene la derecha!. Por eso, no habría dinero suficiente para que Rajoy pague a Zapatero sus favores, a los que hay que agregar que le ha aupado y llevado en volandas hasta la Moncloa, sin que la derecha realice esfuerzo alguno, sin aportar un gramo de ilusión y de esperanza a los españoles.

Las ironías del destino podrían lograr que Zapatero, el peor presidente de gobierno español en muchas décadas y el personaje que más daño ha causado a su país en menos tiempo, sea el que propicie una renovación profunda del mapa político español. Es más que probable que Zapatero deje a su partido, el PSOE, tan derrotado y desmoralizado que tenga que replantearse su identidad y sus bases ideológicas de cara al futuro, si es que quiere algún día regresar al poder. También es posible que de esa refundación del PSOE surja un partido que, en lugar de dedicar su alma y su esfuerzo a repartir entre los suyos el poder, los privilegios y hasta el dinero público, afronte la regeneración de la política española, corrompida, antidemocrática y alejada del pueblo y del bien común.

Visto desde hoy, esa regeneración de la putrefacta izquierda española, autora de desmanes insoportables para la gente de bien e incompatibles con la democracia, parecería una utopia imposible. Sin embargo, cosas más extrañas han ocurrido en la Historia, aunque para lograrlas hayan tenido que desaparecer de la escena todos los implicados en el drama. Traducido al presente español, puede afirmarse que la izquierda española nunca avanzará un sólo centímetro hacia la regeneración y la limpieza hasta que no haya hecho desaparecer de la escena a Zapatero, a Rubalcaba, a Pepiño, a Leire Pjín y a todos los cómplices e implicados en el sucio festival del zapaterismo derrotado y dañino, junto a otros miembros ocultos de la actual fauna depredadora del socialismo español.

Si eso ocurriera (Dios lo quiera) una vez más asistiriamos al éxito de aquel viejo proberbio oriental que afirma que para que las cosas se arreglen, antes tienen que estropearse hasta el extremo.

Voto en Blanco


Voto en Blanco o Abstención, un dilema para demócratas con solución fácil

14.10.11 | 06:48. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, España

Muchos españoles demócratas, preocupados ante el profundo deterioro de la política y la vida pública en España, dudan si es mejor votar en blanco o abstenerse para castigar en las próximas elecciones del 20 de noviembre a los políticos que han destrozado España. Elegir entre el Voto en Blanco y la Abstención es todo un dilema para los demócratas y la gente decente de España, que quiere castigar a los partidos gobernantes y a la castas política.

Ambas opciones son democráticamente aceptables, como también es comprensible que muchos españoles quieran vengarse del actual gobierno socialista, encabezado por Zapatero y Rubalcaba, principal responsable de la ruina de España, votando a sus adversarios de la derecha, dirigida por Mariano Rajoy. Sin embargo, ese voto de la venganza, gracias al cual se sustituye en un partido por otro similar, no beneficia a la democracia porque alimenta la partitocracia actual.

Sin embargo, existen notables diferencias entre el Voto en Blanco y la Abstención, que conviene a analizar con detalle y justicia, antes de decidir qué hacer en la jornada electoral del 20 de noviembre.

Los defensores de la Abstención afirman que votar en blanco representa acudir a las urnas y aceptar el sistema. Dicen que la Abstención es una protesta más radical, que indica claramente el rechazo a un sistema prostituido. Sin embargo, ese sistema está habituado a soportar la abstención sin que jamás ocurra nada. En Polonia, hace pocos días, eligieron un nuevo gobierno con una abstención abrumadora, superior al 50 por ciento, pero los políticos no se sintieron afectados por la enorme ausencia de ciudadanos y atribuyeron la abstención a la desidia cívica, la indiferencia política y a la incultura ciudadana, que hace que muchos prefieran permanecer en sus casas o irse al campo antes que ejercer su derecho al voto. En España, no hace mucho, los catalanes aprobaron su nuevo Estatuto, un documento posteriormente tachado de anticonstitucional, en medio de una oleada inmensa de abstenciones, hasta el punto de que esa ley fundamental solo fue aprobada por un tercio del electorado. Y, sin embargo, no ocurrió nada. Los políticos nacionalistas catalanes, en complicidad con Zapatero, tuvieron la suficiente desfachatez y sentido antidemocrático para dar por buena esa exigua e insuficiente aprobación ciudadana a una ley destinada a cambiar profundamente las reglas del juego en Cataluña y las relaciones de esa región con el resto de España.

La Historia Universal está plagada de ejemplos que demuestran cómo la abstención resultó triunfadora en múltiples elecciones, sin que esa victoria del abstencionismo fuera reconocida o tuviera efecto alguno sobre los arrogantes y muchas veces indecentes y antidemocráticos políticos.

El Voto en Blanco también representa una protesta electoral profunda porque el votante, sin renunciar a su derecho al sufragio, una conquista histórica de la libertad que ha costado esfuerzo y sangre, emite un voto de castigo explícito, que no puede interpretarse como indiferencia o desidia porque quien lo emite se ha molestado en acudir ante la urna y en depositar allí su protesta. El fallecido Premio Nobel José Saramago escribió una novela (Ensayo sobre la lucidez) en la que defiende la idea de que el voto en blanco masivo hace temblar al sistema.

Los detractores del Voto en Blanco dicen que, al acudir a las urnas, se admite de algún modo el sistema y se colabora con él, pero los defensores argumentan que depositar ese voto de protesta no significa aceptar o asumir el sistema, sino criticarlo directamente y rechazarlo, aprovechando ese único minuto de poder que el podrido sistema otorga al ciudadano, que sólo puede ejercerlo en el momento en que deposita su papeleta en la urna para, posteriormente, perder de nuevo todo el protagonismo que le corresponde, usurpado por los partidos y sus políticos profesionales.

La fuerza del voto en blanco es que cada voto es un rechazo auténtico y directo, mientras que en las abstenciones se mezclan demasiadas cosas: los demócratas de verdad que quieren castigar al sistema, los indiferentes, los apolíticos, los vagos y los desinteresados por la política y la cosa pública.

Doce millones de abstenciones en la España del 20 de noviembre no representaría peligro alguno para la degradada clase política española, que no dudaría en sentirse legitimada por los votos recibidos, tras desacreditar la abstención como irresponsable y practicada por indiferentes´y haraganes, pero diez millones de votos en blanco constituirían una masa de protesta insoportable para el sistema, una condena explícita y frontal a la injusticia, a la corrupción, a la ineficacia y al mal gobierno que ha convertido la España del presente en una cloaca.

El sistema, que ha aprendido a neutralizar la abstención con argumentos que, aunque falsos, son creíbles, no sabe cómo defenderse de una oleada de votos en blanco y teme tanto ese tipo de protesta que ha intentado desacreditarla con falsas leyendas como la que dice que el voto en blanco beneficia al partido ganador.

Hay millones de españoles que ya han decidido protestar contra los políticos el 20 de noviembre y que deberían reflexionar sobre la mejor forma de lograr que su protesta tenga peso e influencia. Hay muchos demócratas de buena voluntad que defienden la abstención, entre los que figuran los seguidores de García Trevijano, encuadrados en su Movimiento Ciudadano por la República Constitucional, cuya valiosa y bien fundada abstención activa quedará, lamentablemente, diluida entre otras muchas abstenciones y desvirtuada por la poderosa e inmoral propaganda del sistema, que la atribuirá a la indiferencia inculta del pueblo o, como mucho, al malestar provocado por la crisis.

Voto en Blanco


Sea decente y patriota; desprecie a los políticos

13.10.11 | 08:57. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, España, Zapatero

El 12 de octubre, fiesta nacional de España, nueva y sonora pitada a Zapatero. Las pitadas son un reflejo de la indignación ciudadana y la respuesta ciudadana a una política nefasta y dañina, que nos ha llevado hasta la pobreza, el desempleo, el hundimiento de los valores y el desprestigio. Esas pitadas son eficaces porque colocan a los malos políticos, de manera visible y ostentosa, donde les corresponde y ponen de manifiesto que el ciudadano, aunque los políticos lo ignoren, es el protagonista supremo y el único soberano en democracia.

No todos los políticos son malos, pero todos son culpables porque el que no está implicado en la corrupción y el abuso es cómplice por su cobardía y silencio. La única forma de acabar con esa lacra es el rechazo abierto del ciudadano a esa clase política contaminada y dañina, un rechazo activo que debe manifestarse en todos los ámbitos de la vida, desde las urnas a los actos públicos, desde la relación personal a la creación de opinión. Es la única manera de ponerlos de rodillas y de obligarles a que valoren al ciudadano, que es el soberano del sistema, y a que respeten una democracia que han transformado, traidoramente, en una sucia dictadura de partidos.
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Por desgracia para todos nosotros, ser patriota en España conlleva el deber de despreciar a los políticos y hostigarlos hasta conseguir que nos devuelvan la democracia que nos han arrebatado y prostituido.

Hay cientos, miles de razones que justifican y convierten en justo y necesario el desprecio a los políticos: han arruinado el país; se han endeudado hasta la locura; se han atiborrado de privilegios y ventajas; han despilfarrado; han hecho pagar a los más desprotegidos, a las clases medias y a los empresarios, la durísima factura de una crisis que ellos mismos han generado; han trucado y envilecido concursos públicos y oposiciones, beneficiando a sus amigos y marginando a los adversarios; han falseado las cuentas públicas y ocultado deudas y despilfarros; han permitido, olvidando sus obligaciones reguladoras, que los bancos practicaran la usura, vendieran productos financieros basura y repartieran hipotecas como si fueran churros; han convertido el Estado en un refugio para sus parientes, amigos y compañeros de la política; han infectado al país de corrupción; han incumplido todas las leyes y reglas de la democracia; han aplicado desigualmente la ley, beneficiando a los amigos y aplastando a los adversarios, han estimulado los nacionalismos y los independentismos, sólo para conseguir sus votos y seguir mandando; han comprado votos, voluntades, instituciones y empresas con dinero público; han invadido y ocupado la sociedad civil, privándola de la independencia y de la fuerza que necesita en democracia para servir de contrapeso al poder político; han mentido a los ciudadanos, que son los soberanos en democracia; han desprestigiado a España en el concierto mundial; han llenado el país de desempleados, pobres y gente presa de la desesperación y la tristeza; han incumplido muchos mandatos constitucionales, desde el que garantiza la igualdad ante la ley hasta los que aseguran trabajo y vivienda para los ciudadanos; han corrompido con dinero y privilegios a los sindicatos, a la patronal y a buena parte de la prensa; han arruinado a miles de empresas y empresarios autónomos; han incumplido la ley no pagando sus deudas; han relegado la educación, haciendo de España uno de los países peor formados del planeta; han convertido a España en refugio y oasis para bandas de delincuentes internacionales; han preferido desmontar el Estado de Bienestar y rebajar prestaciones tan básicas y necesarias como la sanidad y la educación, antes de renunciar a sus privilegios y de suprimir la financiación, a cargo del Estado, de sus partidos políticos; han arruinado la seguridad ciudadana y la convivencia, utilizando a la policía como guardaespaldas y para defender sus propios privilegios elitistas; han asesinado la democracia, convirtiéndola en una sucia oligocracia de partidos; han liquidado la esperanza, la confianza, la cohesión y gran parte de los valores y principios que nos garantizaban la decencia y el orgullo como pueblo.

Si después de todas esas fechorías, comprobadas y demostradas, usted sigue respetando a sus políticos, sean del color que sean, es que tiene alma de esclavo y ha perdido esa dignidad suprema del ciudadano que le impide delegar aspectos tan indelegables como la voluntad política y la decencia.

Despreciar a los políticos significa nunca darles la mano, ni presentarles a nuestras familias; jamás acudir a actos públicos en los que ellos estén presentes; no votarlos nunca, ni confiar en sus promesas, ni votar lo que ellos recomienden, ni entregarles voluntariamente nuestro dinero, ni otorgarles admiración, confianza u obediencia; no ser audiencia de los medios que ellos manipulan y sentirse obligados a abuchearles y pitarles cuando comparezcan en público.

Son castigos ciudadanos pacíficos, llenos de dignidad, cuyo fin es obligar a los políticos a que respeten la democracia y las reglas del juego político. Nuestro deber de ciudadanos exige rechazarlos sin descanso y despreciarlos hasta que cambien de rumbo, renuncien a su impunidad práctica y demuestren que los canallas, sinvergüenzas y chorizos que están incrustados en sus filas han sido sentados ante los tribunales.

Ni siquiera merecen nuestros impuestos ni nuestro esfuerzo ciudadano porque, mientras sus filas estén pobladas de chorizos, no está garantizado que esos dineros del pueblo no sean empleados para enriquecer a los más corruptos o para financiar privilegios inmerecidos, lujos incosteables y compra de votos y de voluntades. Un ciudadano, cuando se siente rodeado de corrupción y ha perdido la confianza en sus instituciones, sólo paga impuestos por temor al castigo, nunca con la generosidad del contribuyente solidario.

El rechazo y el desprecio a los políticos son un castigo directo del ciudadano a una casta política que ha demostrado su fracaso y su indecencia hasta la saciedad. Debe aplicarse a aquellos políticos que no han pedido perdón, ni han rectificado su deriva encanallada, ni han demostrado su voluntad de regenerar la democracia española. Ese castigo es el camino más directo y seguro para acabar con el abuso y la corrupción y para establecer los cimientos de la regeneración.

Para cualquier ciudadano decente, despreciar a los políticos que han hundido a su país e infectado la sociedad no es una opción sino un deber.

Voto en Blanco


Analizada como una batalla de la Tercera Guerra Mundial, la actual crisis se entiende fácilmente

Hace seis años decíamos en este blog que la Tercera Guerra Mundial se estaba librando ya y que esa guerra no enfrentaba a estados contra estados, sino a los ciudadanos contra sus gobernantes. Hoy podemos afirmar que esa guerra está en su momento decisivo y que la actual crisis económica mundial es una consecuencia directa de esa gran división del mundo entre explotados y oprimidos que tratan de liberarse y los sátrapas de siempre, que pretenden mantener su dominio.

Mi amigo Eusebio explica la crisis como una importante batalla en la guerra que libran, desde siempre, los opresores y los oprimidos, los amos y los esclavos. Voy a intentar resumir su tesis:

Los poderosos están tensando la cuerda hasta colocarla al borde de la ruptura. La actual crisis no es otra cosa que un intento desesperado de los amos de siempre por mantener su poder, utilizando esta vez la estrategia del desastre, llevando a los pueblos hasta el límite para poder así justificar la existencia de gobiernos fuertes y poderes especiales, suprimiendo derechos y conquistas históricas populares.

La guerra entre opresores y oprimidos tiene batallas visibles y abiertas, como las recientes o actuales de Egipto, Túnez, Libia, Siria y Yemen, y otras más ocultas y silenciosas, como las que se desarrollan en países como Gracia, España y muchos países de todo el mundo, entre los cuales hay no pocos que se autotitulan democráticos pero que, en realidad, son dictaduras camufladas de partidos políticos, profesionales de la política y grandes corporaciones que sustentan el dominio y el expolio de las sociedades.

Ante las rebeliones desatadas en todo el mundo, donde los ciudadanos quieren sacudirse el dominio de sus ineptos e injustos amos para instaurar, en lugar de las tiranías camufladas de democracia, verdaderas democracias de ciudadanos, sometidas a control cívico y al imperio de la ley, los dominadores responden, a través de los mercados y de los gobiernos que controlan, cunduciendo a las sociedades hasta la crisis, la pobreza y el caos, para que el mismo pueblo reclame poderes especiales que impongan disciplina y restaure el ancestral dominio de los amos sobre los esclavos. La corrupción extrema de los gogernantes, el endeudamiento extremo, el despilfarro y el expolio de las arcas públicas no son otra cosas que estrategias de los dominadores y explotadores para ganar la guerra contra el pueblo rebelde que quiere justicia y decencia.

En mi libro "Peridistas sometidos, los perros del poder" (Almuzara, 2009), hay un párrafo que dice: "La tozudez enfermiza del poder, que se ha negado a introducir en el sistema las reformas que exigen el ciudadano y la decencia, nos está llevando hasta las puertas del enfrentamiento. Hay muchos filósofos y politólogos que opinan que la Tercera guerra mundial será la de los ciudadanos, cansados de mentiras, manipulaciones y mal gobierno, contra gobiernos a los que considera opresores. La insolencia y la arrogancia de los poderosos están llevando a la sociedad hacia el desastre".

En el mismo libro se dice: "Los nuestros son tiempos de rebelión: rebelión de los oprimidos frente a los opresores; rebelión de los pobres frente a los plutócratas; rebelión de los receptores de mensajes frente a los que engañan y degradan". La crisis mundial, con su inmenso pánico y las agresiones que conlleva (pobreza, desempleo, desconfianza, etc.) no es otra cosa que un intento desesperado de los grandes poderes mundiales, herederos de la opresión histórica perpetrada por faraones, emperadores, reyes, sátrapas, plutócratas y otros tipos de explotadores, por cambiar el rumbo de una Tercera Guerra Mundial que se estaba inclinando, peligrosamente, del lado del ciudadano, de la libertad, la justicia y la decencia.

La actual guerra se está librando entre los ciudadanos y sus vampiros; entre los esclavos milenarios contra los amos de siempre, entre las muchedumbres planetarias contra los usurpadores de los medios de vida de la civilización humana. Es un proceso que cada día resulta más evidente, a pesar de su ocultación mediática y de las mentiras por parte de los poderosos.

A lo largo de toda la Historia de la Humanidad, el miedo ha sido utilizado siempre por los poderosos para reforzar y mantener el poder: miedo a lo desconocido, a la naturelaza, a los dioses, a los invasores, a los desastres, al enemigo, etc.. Durante la segunda mitad del siglo XX, el poder mundial opresor se mantuvo con firmeza gracias al miedo al comunismo y a la doctrina de la seguridad nacional. Una vez derrumbado el Muro de Berlín y desaparecido el fantasma comunista, los poderosos hipertrofiaron la amenaza del terrorismo para justificar su dominio injusto y antinatural sobre hombres y mujeres y la supresión de la libertad y los derechos fundamentales. Pero la amenaza terrorista se ha esfumado y ya no asusta a nadie. Se experimentó con la amenaza de nuevos virus y gripes mortíferas, pero esas experiencias fracasaron. La actual crisis económica mundial sí parece que les funciona y está siendo mantenida, a pesar de sus enormes costes y traumas, para que el poder mundial de siempre mantenga su indecente y deleznable opresión.

Voto en Blanco


Desastre y delincuencia política en las cajas de ahorro españolas

10.10.11 | 12:09. Archivado en Política, Democracia, Economía, Corrupción, España

Muchos españoles se sorprenden en estos días y se indignan ante los escándalos que emergen de algunas cajas de ahorro españolas radicadas en Castilla la Mancha, Galicia y Valencia, entre otras. No entienden como los directivos de cajas arruinadas, a las que les faltan cientos de millones en sus fondos, se repartan decenas de millones de euros como indemnización por despido o por prejubilación, ni comprenden cómo no intervino, para impedir ese expolio, el Banco de España, que es el organismo regulador del Estado. Sin embargo, si existe una explicación, aunque es lamentable y cargada de ignominia: los directivos conocen los oscuros secretos de las cajas y se sienten tan fuertes que se reparten el botín sin miedo a represalias porque saben que si hablaran y revelaran lo que saben los partidos políticos quedarían desacreditados ante sus electores y miles de cargos políticos quizás tuvieran que ir a la cárcel. Esa es la sucia razón por la que se les permite el expolio y ni siquiera se les obliga a devolver el dinero que se han llevado, una práctica que no es nueva y que viene sangrando a las cajas españolas desde hace un par de décadas.

Las cajas de ahorro españolas son el capítulo donde la delincuencia política y la ineficacia de los partidos es más visible y escandalosa. Las cajas ya han desaparecido prácticamente, todas ellas víctimas de la ruina, del mal gobierno de los políticos y del abuso y el expolio al que, en mayor o menor grado, han sido sometidas por una casta política que, tras sentarse en sus consejos, al lado de sindicalistas insaciables, han gestionado mal y a veces han expoliado unas instituciones que eran una de las piezas más hermosas, justas y equilibradas del sistema financiero mundial.

Los organizadores de la Expo 92 que se celebró en Sevilla investigaron sobre los valores genuinos de España que convenía exhibir en el recinto de la sevillana Isla de la Cartuja, ante la comunidad mundial. El resultado reveló que las cajas de ahorro españolas, junto con el trato que recibían los ciegos españoles, gracias a la ONCE, eran dos tesoros genuinos y de gran valor, dignos de ser exhibidos.

Hoy, aquellas cajas, creadas para hacer llegar a los más humildes las ventajas del sistema financiero, sin ánimo de lucro y dedicando sus beneficios a obras sociales y culturales, han sido destruidas, después de que la clase política y los sindicatos se sentaran en sus consejos, desplazaran a los profesionales, sustituyeran la ética por la indecencia y entraran a saco en los fondos disponibles.

El asesinato de las cajas de ahorro y las grandes canalladas que se han realizado en ese sector financiero no ha sido obra de un solo partido, sino de todos los que han gobernado, sin excepción, con especial culpabilidad de los dos grandes partidos, el PSOE y el PP. A las cajas las han expoliado y hundido los socialistas, la derecha, los nacionaloistas y todo político local, provincial, regional o nacional que las haya tenido a tiro.

Hay una inmensa mayoría de ciudadanos españoles que piensa que lo que han hecho los políticos con las cajas merece cárcel, sin duda alguna.

El socialista Moltó y su "tropa" se van a librar del castigo que merecen tras haber exprimido y hundido la caja de Castilla la Mancha, convertida por ellos en un guiñapo intervenido por el Banco de España con dinero de todos. Lo mismo puede decirse de los directivos del PP que convirtieron la CAM valenciana en un pozo sin fondo donde robar y repartirse dinero.

Tanto el PSOE como el PP son plenamente conscientes de que han abusado del poder en las cajas y que han practicado el robo y el expolio con una vileza ilimitada, pero ambos callan y de ese asunto no se habla en la actual campaña electoral, quizás porque ni a Rubalcaba ni a Rajoy les conviene que la inmensa cantidad de excrementos que tienen bajo sus respectivas alfombras salga a la luz e inunde la política española con su hedor insorportable. Si se hablara con libertad y verdad de lo que ha ocurrido en las cajas, millones de ciudadanos no acudirían a las urnas para votar a partidos desacreditados por su pasado o tal vez, indignados de verdad, saldrían a las calles para demandar justicia y el ingreso en prisión de los ladrones.

De los sindicatos puede decirse lo mismo porque han participado en la comilona siniestra de las cajas con toda crudeza y desvergüenza, con el agravante de que sus representantes, muchas veces, han sido árbitros del poder en los consejos y pudieron evitar el expolio en el que participaron, envileciendose con la misma suciedad que sus colegas de la política española.

El sucio y delictivo festín de las cajas de ahorro ha costado a los españoles muchos miles de millones de euros, los que había en las reservas, más los que han sido producto del endeudamiento. El expolio de las cajas y la delincuencia política que la ha protagonizado tienen gran parte de culpa en la actual crisis española, donde el pozo sin fondo que representan las cajas de ahorro, casi todas arruinadas y todas expoliadas en mayor o menor grado, constituyen un inmenso lastre que, tarde o temprano, los ciudadanos tendremos que pagar con nuestros impuestos y privaciones.

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Reveses en la campaña de Rubalcaba, que ya no lucha por la victoria sino por conseguir 120 diputados

08.10.11 | 14:48. Archivado en Gobierno Zapatero, PSOE, Democracia, Corrupción, España

La campaña de Rubalcaba acumula reveses y fracasos como el crecimiento dramático del paro en septiembre y la acusación de corrupción contra el ministro de Fomento, Pepiño Blanco. El candidato, abrumado por las encuestas y por los dramas que hunden a su partido, desapareció de la escena. Técnicamente, la campaña es tan inexplicable y extraña que nadie la entiende. Su apuesta por el extremismo y por resucitar un impuesto como el del Patrimonio, injusto, obsoleto y rechazado por todos los países democráticos, constituye la clave que lo explica todo. Con esa política confiscatoria no ganará ni un sólo voto del centro, aunque tal vez pesque algo en las aguas envilecidas del extremismo de izquierda, donde florecen la envidia y el odio hacia todo el que posea bienes o haya triunfado. El candidato no lucha para ganar sino para que su partido no se hunda en la derrota.

Rubalcaba no despega y los deseos de "venganza" del electorado contra el PSOE están creciendo a diario, impulsados por el incremento del desempleo, los aires de corrupción y los escándalos en las cajas de ahorro. En el horizonte electoral se perfila claramente una derrota severa del partido que ha gobernado España en los últimos años, liderando el hundimiento económico, político y moral del país.

La demencial campaña electoral que está desplegando Rubalcaba cobra sentido y parece lógica si se analiza desde la óptica de que el candidato socialista tiene ya asumida su derrota y que se única obsesión es evitar un desastre electoral que colocaría al PSOE en vía muerta y a él le haría perder el control del partido. Si consigue menos de 120 diputados, Rubalcaba se sentirá derrotado, pero si consigue menos de 100, su carrera política habrá terminado y el PSOE sufrirá una sangría de apoyos al tener que atravesar un terrible desierto de sal y de fuego.

Desde esa óptica de una lucha por la supervivencia de su partido y de él mismo, sí se entienden sus aparentemente irracionales posturas y propuestas de campaña, entre ellas el apoyo a la insumisión de los catalanes ante la Justicia, la resurrección de un impuesto obsoleto, injusto y ya erradicado del mundo democrático, como el del Patrimonio, sus amenazas a los bancos o el propósito de crear, si alcanza la presidencia, un verdadero impuesto que le saque el dinero a los millonarios, no como el del Patrimonio, que esquilma a las clases medias, a los ahorradores y a los empresarios pequeños y medianos.

La de Rubalcaba es, a todas luces, una campaña a la defensiva y, lo que es peor, negativa y contraproducente, pues estimula lo peor que existe en la sociedad y alimenta los odios, rencores, envidias y otras pasiones propias de la chusma fanatizada.

La campaña de Rubalcaba no está dirigida a los españoles cultos, demócratas y pensantes, sino a las masas adoctrinadas por la izquierda, cargadas de rencor y de odio, dispuestas siempre a castigar al que más tiene y a emplear el victimismo como arma arrojadiza. Sus clientes son la parte menos democrática de la sociedad porque sabe que la parte decente, después de los desastres y dramas provocados por el socialismo bajo el mandato de Zapatero, jamás le va a votar.

Si Rubalcaba consigue arrebatarle algunos centenares de miles de votos a la abstención y a Izquierda Unida, conseguirá que su partido aguante y no baje de esa fatídica cifra de 120 diputados, tan temida por el partido. Si ni siquiera consiguiera 100 diputados, el PSOE, sin forma alguna de alimentar a sus huestes, acostumbradas al clientelismo, el privilegios y las ventajas sufragadas por el erario público, entraría en bancarrota.

Voto en Blanco


Tras haber hundido a España en la miseria, Zapatero será premiado con privilegios como un sueldo vitalicio de 71.000 euros

06.10.11 | 13:47. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, España, Zapatero

José Luis Rodríguez Zapatero ha hundido a España en la miseria, ha endeudado al país por décadas, hipotecando el futuro de por lo menos tres generaciones, ha desprestigiado a España en el mundo, ha deteriorado el sistema, ha cobijado la corrupción y, durante su nefasto mandato, España pasó de ser la octava economía del mundo a ser la número 15, descendiendo en barrena.

A pesar de su ominioso balance, al que habría que agregar la ruptura de la igualdad, el estímulo del nacionalisno radical y el independentismo y el haber contribuido poderosamente al descrédito de España, de la política, de los políticos y de lo público, además de haber destruido en gran parte el tejido productivo de la nación, como ex presidente del Gobierno, el Estado le remunerará con un sueldo vitalicio de unos 71.000 euros al año, sueldo al que habrá que añadir otro como miembro del Consejo de Estado, y pondrá a su disposición, hasta su muerte, a dos funcionarios, uno de ellos con categoría de director general.

Recibirá también un cuantioso sueldo como miembro del Consejo de Estado, cargo que asumirá de manera automática como ex presidente del Gobierno. ¿Para qué necesita el Consejo de Estado una mente como la de Zapatero, experta en errores y estragos?

Abrirá un despacho como ex presidente, a partir de diciembre próximo, en la ciudad de León y asistirá a los plenos del Consejo de Estado una vez al mes. Zapatero acaba de anunciar a sus amigos que es el único cargo que quiere asumir porque, según también les ha dicho, no se dedicará a ninguna actividad privada.

El premio a Zapatero, inmerecido por las fechorías y daños causados a España, constituye una terrible lacra para la democracia española y una injusticia de hondo calado que el pueblo español no debería soportar. Es necesario cambiar las leyes y recuperar la decencia democrática para evitar que en el futuro otros sátrapas y malos gobernantes, en lugar de ser castigados, como merecen, sean premiados por un sistema que no duda en encarcelar al pobre diablo que roba un jamón, acuciado por el hambre.

El premio de Zapatero es, además, un obstáculo para la necesaria regeneración de España. No puede haber regeneración mientras se mantenga la impunidad de los políticos y mientras sean premiados los que han llevado al país hasta la ruina, la pobreza y el descrédito internacional.

El balance de Zapatero es sobrecogedor porque, con su gobierno, ha contribuido directamente a que España destaque mundialmente en capítulos y rubros tan deleznables como el alcoholismo, la drogadicción, el tráfico de drogas, la delincuancia internacional, la trata de blancas, la violencia de género, la corrupción institucional, los privilegios inmerecidos para la casta gobernante, el despilfarro, el fracaso escolar, la baja calidad de laenseñanza, el estímulo al odio histórico entre clases e ideologías, el fortalecimiento del nacionalismo radical, la elevación de la mentira y el engaño a políticas de Estado, la pérdida de independencia de los medios de comunicación, el semetimiento de lo jueces, la marginación de los ciudadanos, la compra de votos y apoyos con dinero público, el endeudamiento enloquecido, el desempleo, el avance de la pobreza, el retroceso, social y económico, el odio a los políticos, la pérdida de servicios y ventajas sociales y un sinnumero de lacras y vicios que pueden resumirse con la frase "colapso generalizado del orgullo de ser españoles y de los valores y principios".

Premiar al responsable principal de esos desastres con privilegios de alto nivel es una auténtica vergüenza para un pueblo que, por culpa de abusos e injusticias de ese calado, está aprendiendo rápidamentre a despreciar a sus políticos.

Voto en Blanco


Los verdaderos indignados

04.10.11 | 17:49. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, España

Los "indignados" son el gran fenómeno de este inicio del siglo XXI. Pero los indignados no son únicamente los cientos de miles que salen a las calles a protestar contra la injusticia y el mal gobierno, sino los cientos de millones de ciudadanos que están indignado en silencio, en sus hogares, acumulando desprecio y rechazo hacia una clase política que patrocina la corrupción, la injusticia, el abuso de poder y la arrogancia. Esa indignación contra la casta gobernante será la gran marca de la vida y de la convivencia en este siglo.

Hay más indignados silenciosos, encerrados en sus hogares, que en las calles de España. Por cada indignado que se manifiesta en las calles y plazas, hay más de cien que rumian en silencio su rechazo a un Estado que cada día es más injusto y despreciable, gobernado por una casta de políticos a la que se le ha perdido el afecto y el respeto. Para millones de españoles, el enemigo ya no es terrorismo, un fenómeno despreciable, pero lejano, sino los políticos injustos, corruptos y arrogantes que les han conducido hasta el desempleo, la pobreza y la infelicidad.

Cuando los políticos indecentes no dimiten y los jueces no actúan contra los políticos delincuentes, el pueblo toma el relevo y hace lo que puede, que no es demasiado, pero rechaza a los políticos, los castiga en las urnas, los desprestigia, los desprecia y les llama "chorizos" de manera indiscriminada. Nunca en la historia reciente de España estuvo más bajo el prestigio y el respeto a los dirigentes políticos. La distancia que separa al pueblo de los que se dicen sus representantes es ya inmensa. Más que como representantes, empiezan a ser percibidos como opresores.

Es la "venganza" de unos ciudadanos que se sienten marginados del poder y sometidos a una casta de políticos tan inepta como cargada de privilegios. El fenómeno se extiende por todo el mundo y agudiza la sensación, cada día más real, de que el verdadero enemigo de los gobiernos no son, como en el pasado, otros gobiernos extranjeros, sino sus propios ciudadanos. En Estados Unidos, en Europa y en muchos otros países del mundo, los indignados crecen como la espuma, siempre bajo el denominador común del desprecio a la casta gobernante y a sus injusticias. Ayer mismo los indignados se manifestaron masivamente en Nueva York y Manchester, mientras que las protestas crecian en otras muchas ciudades del planeta.

Los pensadores políticos sostienen que cuando una gran parte del pueblo rechaza a sus dirigentes, éstos pierden la legitimidad y se transforman en opresores, aunque hayan sido elegidos democráticamente.

Los partidos políticos y sus políticos profesionales son cada día más conscientes del drama que padecen al ser rechazos por el pueblo al que gobiernan. Muchos de ellos se niegan a asumir la realidad y hablan de que ese rechazo es un efecto exclusivo de la crisis, pero ignoran que el fenómeno se debe, sobre todo, a que ellos han engañado a los ciudadanos, vendiéndoles una democracia falsa, que en realidad es una sucia dictadura de partidos.

En abierto enfrentamiento con quienes les esquilman con impuestos injustos, les endeudan, les humillan con sus privilegios desproporcionados e inmerecidos y les rebajan sueldos y pensiones para hacer frente a una crisis que ellos mismos han provocado, los ciudadanos están aprendiendo no solo a rechazar, sino también a odiar a los políticos que les gobiernan, un sentimiento nuevo que neutraliza el liderazgo, impide el avance de la sociedad, refleja el fin de una época y confirma la certeza de que el modelo político vigente ya no sirve.

La masa de indignados silenciosos es tan grande que la politica tiene que darles una respuesta. Sin esa respuesta, las urnas se van a convertir en un potro donde se practique la venganza. Los ciudadanos de toda Europa votan contra sus gobiernos para castigarlos y critican a los políticos porque están convencidos de que son los mayores culpables del drama que padecen. Otros muchos, todavía más decepcionados con la iniquidad reinante, optan por la abstención electoral, el voto en blanco y el activismo contra los que mandan y poseen poder.

El divorcio entre ciudadanos y políticos es cada día más intenso y constituye ya el peor drama de la actualidad. Los países no pueden salir de la crisis mientras que sus ciudadanos rechacen a los que les gobiernan porque salir de la crisis requiere un esfuerzo colectivo y el despliegue de las mejores cualidades y energías de la sociedad, tesoros que los ciudadanos esconden y que no están dispuestos a entregar a una casta política a la que están aprendiendo a despreciar.

La respuesta a los indignados no puede provenir de los actuales partidos políticos, porque esos partidos, cargados de privilegios y alejados del ciudadano, son, precisamente, los grandes culpables del drama que vive el mundo y los directos causantes de la pobreza que avanza.

La única respuesta que los ciudadanos van a admitir es una refundación de la política y el nacimiento de un nuevo sistema donde la verdadera democracia quede instaurada, al mismo tiempo que se recuperan los grandes valores perdidos y los ciudadanos ejerzan como cotroladores y vigilantes del poder político.

Voto en Blanco


La indefensión de un pueblo gobernado por sátrapas injustos

02.10.11 | 14:39. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, España

En estos tiempos de crisis, quizás la peor tragedia para el ciudadano es estar gobernado por incompetentes que se consideran con derecho a decidir sobre la vida ajena, algo que suelen hacer siempre sin eficacia, con injusticia y sin tocar sus propios privilegios. La experiencia está demostrando que lo peor de la crisis son, sin duda, los políticos que malgobiernan la nave.

¿Quien restituye a la atleta Marta Dominguez su honor y su fama, destruidos por una falsa acusación policial y por un politizado y partidista despliegue mediático, con las cámaras del telediario previamente convocadas? España es un país donde el abuso y la injusticia campean y dominan la existencia de los ciudadanos, que se sienten abandonados por un poder político arbitrario y despreciados por la Justicia y las fuerzas de seguridad.

Las cámaras de televisión fueron previamente avisadas para que cubrieran con detalle y prioridad la detención de Marta Dominguez, a la que el mismo Rubalcaba, hoy esperanza de los socialistas y candidato a presidir el gobierno de España, acusó falsamente de haberse dopado. Después, la Justicia le exime de toda culpa, pero la atleta queda marcada y dañada por las acusaciones, sin que nadie le haya pedido disculpas.

¿Cuantos han sido detenidos por la policía ante las cámaras de televisión y después dejados en libertad porque eran inocentes? Muchos, demasiados, mientras que los políticos y altos mandos policiales que avisaron a ETA de que iba a sufrir una redada permanecen sin castigo. Los que han endeudado a España por tres o cuatro generaciones, los que han sembrado las calles de pobres y desempleados, los que se han enriquecido sin poder justificarlo, los que han cobrado comisiones en nombre de los partidos, los que han beneficiado a su familia y a sus amigos con dinero público, los que han marginado al adversario, los que han trucado concursos y oposiciones para beneficiar a los suyos y los que han comprado votos y voluntades con el dinero de todos permanecen sin castigo en un país claramente dominado por sátrapas.

Hay decenas de miles de casos de indefensión y de injusticia que atraviesan el mapa de España, llenando de desasosiego y dolor a una ciudadanía desprotegida y despreciada por la clase política gobernante. Pongamos algunos ejemplos simples:

El gobierno, presionado por el candidato Rubalcaba, acaba de imponer a los españoles un impuesto injusto y obsoleto como el del Patrimonio, sin que a los ciudadanos les quede otra salida que pagarlo y acumular odio contra los opresores.

Las administraciones públicas exhiben su condición delictiva al esconder en los cajones facturas que no pagan, causando con esa actitud la ruina a miles de empresas y provocando destrucción de empleo y del tejido productivo español.

El nacionalismo catalán prohibe las corridas de toros sin otra explicación que desligar a Cataluña de todo lo que tenga sabor español, despreciando el criterio de los amantes de la tauromaquia y a pesar de que es probable que los alto tribunales anulen la decisión caprichosa de la Generalitat.

En los cuarteles de la policía se acumulan miles de denuncias, mientras que decenas de miles de ciudadanos ya no denuncian los delitos y agresiones que padecen porque la misma policía les disuade y les dice que no pueden hacer nada contra los delincuentes porque los jueces los sueltan. Quizás lo hacen porque las cárceles ya están llenas o porque alimentar a los presos es un lujo en estos tiempos de crisis.

El papa Benedicto XVII acaba de calificar de "cuadrillas de bandidos" a aquellos políticos que se consideran fuentes del derecho, que gobiernan y lesgislan según su capricho, sin tener en cuenta los dictados de la naturaleza y la razón.

Los delitos de los servidores del Estado permanecen sin castigo y cada día son más impunes los políticos corruptos que no pueden justificar su riqueza, mientras que un simple ciudadano es condenado a prisión por robar un jamón, acuciado por el hambre.

El pueblo está indefenso y sometido ante un poder político que ha olvidado que está al servicio del ciudadano. Las calles se llenan de gente que deambula entre la pobreza, la tristeza y la desesperación, mientras que los políticos continúan con sus altos sueldos y privilegios intocables.

El que nos construyen nuestros políticos es un mundo injusto que no merece respeto y cuyos dirigentes han contraído una enorme deuda con la Justicia, la equidad y la decencia, una deuda que el pueblo cada día tiene más ganas de cobrarse, cueste lo que cueste.

A pesar de la profunda e inmensa injusticia que rige en la sociedad española, donde el foso que separa a ricos y pobres es cada día más amplio y en la que los políticos son poderosos, ricos e impunes, muchos ciudadanos, esclavos e imbéciles, se disponen a acudir a las urnas para renovar su "confianza" en los mismos que nos han envuelto en la miseria, la podredumbre, la pobreza y la indignidad.

El próximo 20 de noviembre, más que una jornada electoral, España protagonizará una solemne jornada de ratificación de la esclavitud ante la casta dominante.

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Miércoles, 17 de septiembre

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