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"20 de noviembre": el mismo día que desapareció el "Franquismo" España se librará del "Zapaterismo"

Zapatero, incapaz de resistir por más tiempo la presión popular y mediática, ha tenido que convocar elecciones, nuevamente derrotado y también en contra de su voluntad. Las elecciones se celebrarán, por una ironía del destino, el 20 de noviembre, una fecha memorable porque ese día murió el general Franco. Los españoles tendrán así la oportunidad de enterrar el Zapaterismo el mismo día que enterraron el Franquismo, librándose en la misma fecha de dos de las peores enfermedades que han azotado España en las últimas siete décadas.

Los ocho años cortos de "Zapaterismo" han transformado profundamente a España, que era un país próspero y alegre y ahora es un país desolado y al borde de la ruina. Las mentiras, los errores, la antidemocracia y, sobre todo, el mal gobierno de Zapatero han desprestigiado a España en el mundo y han situado al país al borde del abismo, arruinado, dividido, odiando a sus políticos, sin amor por la democracia y sin esperanza ni confianza en el futuro.

Los efectos del Zapaterismo han sido terribles: cinco millones de parados, millones de nuevos pobres, jóvenes sin futuro que tienen que emigrar para trabajar, familias enteras sin ingresos, cientos de miles de desahuciados, despojados de sus hogares por impago, y una corrupción que se ha hecho fuerte en las oficinas y despachos del poder político, pero que ha contaminado y desquiciado a toda la sociedad española, convirtiendo a España en un país maldito para la inversión y el verdadero progreso.

Quien le suceda en el poder tendrá que desarrollar una tarea de titanes, enderezando unas finanzas de ruina, cuyos números oficiales son toda una mentira institucionalizada. Tendrá también que reconstruir la unidad, devolver la esperanza a los ciudadanos, prestigiar la política y el liderazgo, regenerar la democracia, reconstruir los valores y los principios, reformar el Estado, enfermo de obesidad mórbida, insostenible y convertido en un apeadero de chorizos y de amigos del poder, reconducir la educación, una de las peores de Occidente, reconstruir el tejido productivo, diezmado por el Zapaterismo y utilizar grandes dosis de ácido y lejía para limpiar una nación que el socialismo ha dejado sucia y putrefacta.

El drama político de los españoles tiene difícil solución porque el Partido Popular, la agrupación de derechas que se perfila como vencedora el 20 de noviembre, es también un partido minado por la corrupción, opaco, alejado de los intereses ciudadanos y más fiel a la partitocracia que a la verdadera democracia. Lo que le conviene a España no es enterrar sólo al Zapaterismo el próximo 20 de noviembre, sino aprovechar que se abren las urnas para enterrar a todo el sistema, injusto, oligárquico, desequilibrado, corrupto, mal diseñado y ajeno a los ciudadanos y al bien común, pero esa tarea es demasiado compleja para lograrla en una sólo jornada y habrá que conformarse con erradicar el Zapaterismo y arrojar fuera del poder al peor gobernante que ha padecido España desde los tiempos miserables de Fernando VII, el rey mentiroso y traidor a su pueblo.

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Mas dimisiones, más limpieza, más chorizos fuera de la política española

22.07.11 | 07:03. Archivado en Partido Popular, PSOE, Democracia, Corrupción, España

La dimisión de Francisco Camps es buena para la democracia y constituye un primer paso en la ruta hacia la regeneración y la decencia que debe transitar, ineludiblemente, la sucia y degradada democracia española. Culpable o inocente, su nombre había quedado manchado y su honor y limpieza, imprescindibles en política, estaban en entredicho. lo que requiere una dimisión fulminante en democracia. Con la dimisión de Camps, el Partido Popular lanza un mensaje claro a los españoles: no todos los partidos son iguales o, al menos, unos son más iguales que otros, refiriéndose a que dentro del PSOE hay muchos más casos de corrupción e indecencia, algunos más graves y nauseabundos que el que ha obligado a Camps a dimitir.

Sin embargo, a juzgar por la reacción de los socialistas, el "ejemplo" de Camps no va a surtir efecto con una dimisión fulminante de otros dirigentes de la izquierda que también están bajo sospecha y cuyos presuntos delitos e irregularidades son mucho más graves que haber aceptado trajes como regalo de una empresa proveedora.

Tan sólo en Andalucía, si algún juez se interesara, miles de andaluces podríamos señalar miles de casos de políticos que han recibido regalos de proveedores, la mayoría de ellos más costosos que los famosos trajes del presidente valenciano.

Resulta decepcionante y vergonzoso contemplar a dirigentes socialistas como Pepiño Blanco y la Valenciano, que, en lugar de admitir que en sus filas existe podredumbre e indicios de corrupción a raudales, como los que afectan a Rubalcaba, a Camacho, a Chaves, a Bono y a Barreda, por mencionar únicamente los más conocidos, se dedican a exigir más limpieza en el PP y también la implicación directa de Rajoy. Esa es la actitud hipócrita que ha llevado al socialismo español de Zapatero a acumular rechazo y desprecio de la gente decente de este país.

La verdad es que el PSOE, plagado de corruptos, se precipitaría en el vacío y quedaría destruido si aceptara que sus miles de culpables de arbitrariedades, abusos de poder, colaboración con banda armada, injusticia, despilfarro con tarjetas de crédito públicas, enriquecimientos inexplicables, nepotismo, amiguismo trampas en concursos, concesiones, subvenciones, falsos EREs y otros muchos asuntos públicos, ademas de otras corrupciones y abusos de grueso calibre, tuvieran que considerar la posibilidad de asumir sus culpas yde dimitir. El PSOE únicamente es viable hoy como partido político si garantiza una alta dosis de impunidad a los suyos.

A Camps lo han perseguido los socialistas, magnificando el caso Gürtel con la ayuda de sus dos recursos más poderosos: la Fiscalía, funcionado al servicio del partido, no del Estado, y el eficaz aparato de propaganda, con sus terminales mediáticas sometidas, mientras que la presión contra Rubalcaba, Chaves, Barreda, Camacho y Bono, entre otros, parte de la misma sociedad, indignada ante sus actos, ajenos a la democracia y cargados de sospecha delictiva.

Camps ha dimitido, un gesto que en cualquier democracia solvente sería normal, pero que en la sucia España es todo un acontecimiento, pero les garantizo que no dimitirán los prebostes del socialismo implicados en casos más graves, entre otras razones porque el socialismo español únicamente es viable dentro de la impunidad y el poder descontrolado.

A los demócratas nos toca ahora presionar con todas nuestras fuerzas para que el ejemplo de Camps sea secundado por la inmensa cuerda de corruptos y de sospechosos que pueblan la política española y han convertido la democracia en una cochinera.

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España: el despotismo en el poder

Creímos que los tiempos del despotismo habían concluido y que, tras la muerte del dictador Franco, la libertad y la justicia habían entrado en la escena, pero el mandato de Zapatero nos ha hecho ver la verdad: el despotismo ha retornado a España y existe con todos sus rasgos y facetas del pasado, con impunidad de los poderosos, falta de controles al gobierno, poder desmedido de los nuevos amos políticos, caciquismo, ladrones corruptos en las administraciones públicas y en la alta economía y una inmensa legión de oprimidos, engañados y explotados por las clases poderosas, cuyos dirigentes, bien defendidos por policías, militares y periodistas domesticados, disfrutan de los mismos privilegios y fueros que gozaban en tiempos del absolutismo monárquico los nobles, la milicia y el clero.

¿Qué clase de sistema tolera que el Ejecutivo arruine a la nación y manipule a su antojo los demás poderes del Estado? Jefferson, Montesquieu y otros miles de pensadores justos, libres y certeros dirían al unísono que "el despotismo", el sistema donde el Ejecutivo carece de control alguno porque tiene en sus manos al Legislativo y al Judicial. Sin una Constitución democrática, la corrupción continuará, esté quien esté en el gobierno de España, pues el poder tiende a abusar por naturaleza y sólo se detiene donde encuentra límites legales y punitivos. En España, mientras no cambiemos este sistema antidemocrático, corrupto y desequilibrado, el poder de los gobernantes, es ilimitado.

En política no puede haber perdón para los que arruinan o traicionan a la patria. Perdonar a los malhechores en política equivale a aprobar su conducta y sus crímenes, lo que convierte al sistema y a los mismos ciudadanos en cómplices del crimen. Cabría pensar en el perdón cuando el delincuente, arrepentido, pide clemencia, pero eso no ocurre en la España actual, donde los políticos que roban, abusan y destruyen la patria con sus errores y arbitrariedades, plenos de arrogancia, ni piden perdón, ni dimiten.

La culpa es directamente proproporcional al poder. Aquellos que más poder han tenido son los más culpables. En la España actual, los grandes culpables de la situación son el presidente del gobierno, el vicepresidente, el rey, los presidentes del Congreso y del Senado, los ministros y los grandes magistrados.

La sociedad no puede indultar a los déspotas ni a los traidores, especialmente a los que han tenido en sus manos todos los poderes del Estado para hacer el bien y sólo han hecho mal. El pueblo español necesita, por razones de salud pública y dignidad moral, castigar a los que han hecho de España lo que hoy es, una nación descuartizada, empobrecida, desprovista de armadura ética, con sus valores desquiciados, sin esperanza, sin prestigio internacional y plagada de desempleados, nuevos pobres y gente triste.

Los principales culpables de la tragedia de España merecen castigos como la degradación pública y hasta el destierro, mientras que aquellos a los que se les puedan probar delitos y abusos deben ingresar en la cárcel. La sociedad española necesita castigar a sus predadores porque sin ese castigo no hay regeneración posible y porque dejar sin castigo a los canallas significa comulgar con sus maldades.

Es probable que el peor drama de España no sea la corrupción, a pesar de su inmensa gravedad, ni el abuso de poder, que ha alcanzado niveles de nausea, sino que no hay justicia para los grandes y poderosos, a los que siempre ha compensado delinquir, sobre todo si los delitos se cometen se hace con guantes blancos.

La desgraciada etapa de Zapatero, que por fortuna termina, dejando tras de sí un espeluznante reguero de destrucción y sufrimiento, tiene sólo una faceta buena: ha abierto los ojos a los españoles para que se den cuenta que nunca han tenido una democracia real y que han estado dominados y engañados por una pandilla de miserables.

Tras la experiencia terrible del gobierno socialista, el cual fue precedido por el gobierno autoritario, arrogante y poco democrático de Aznar, sólo nos queda obligar al poder político a que se arrodille y pida perdón, después de lo cual deberá abrirse un periodo constituyente, que redacte una constitución auténticamente democrática, mientras, simultáneamente, se juzgan a los canallas y se limitan drásticamente los poderes de los partidos políticos, las verdaderas bestias del sistema y una de las fuentes corrosivas más potentes existentes en la sociedad.

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El calvario personal de Zapatero (y de todos los españoles)

La política está siendo para Zapatero un verdadero Calvario, un camino durísimo de desgaste y sufrimiento en el que lucha con uñas y dientes para impedir que los españoles asuman su triste realidad: la de un país pésimamente gobernado, que sigue hundiéndose y fabricando desempleo y pobreza Pero el drama tiende a crecer, del mismo modo que crecen el desgaste del gobierno, el rechazo de los ciudadanos al zapaterismo y los deseos de cambio..

Para evitar que los españoles asuman la verdad de que Zapatero es el peor gobernante de España desde los tiempos nefastos del rey traidor Fernando VII, el presidente parece dispuesto a hacer muchas barbaridades, incluso seguir mintiendo y ocultando la realidad para impedir, por todos los medios, que el Partido Popular arrase en las elecciones del año 2012.

Zapatero sabe que la política será para él un Calvario en lo que queda de legislatura, pero quiere que para el PP lo sea todavía más. Con Rubalcaba de candidato, los expertos y observadores esperan un despliegue de poder televisivo para desacreditar al PP y convencer a los españoles de que la derecha es por lo menos tan corrupta e inepta como la izquierda. Las televisiones sometidas al gobierno ofrecerán, probablemente, con creciente frecuencia detenciones de cargos corruptos del PP, con cuidado despliegue mediático, mientras que los comentaristas al servicio del socialismo renovarán su batería de argumentos y críticas para desprestigiar a la derecha.

Zapatero y Rubalcaba creen que todavía podría producirse el milagro si se dan las condiciones necesarias. Lo que nadie sabe es en que condiciones piensan cuando vaticinan una posible victoria socialista, a pesar de que el PSOE está casi desahuciado por los votantes españoles.

Los analistas especulan con escenarios que favorezcan al PSOE y que le ayuden a vencer y descubren, sobre todo, dos: el primero de ellos es la rendición de ETA, convenientemente magnificada y escenificada desde el poder como una victoria memorable de España contra la violencia; la segunda es una situación de tensión prebélica con Marruecos, tan intensa que provocaría la unidad de los españoles en torno a su gobierno.

La mayoría de los expertos y centros de análisis creen que la rendición de ETA no será suficiente argumento para cambiar el voto de castigo al socialismo, pero piensan que un escenario prebélico con Marruecos lleno de dramatismo y bien explotado por la propaganda, quizás pudiera conseguir el cambio de tendencia, aunque advierten que el desgaste socialista es tan profundo que cualquier escenario, incluso los teóricamente más favorables, podrían volvérseles en contra.

La resistencia tenaz del PSOE a dejar del poder está sorprendiendo a propios y extraños, y reforzando el criterio ciudadano de que el socialismo ha cambiado sus ideales por reparto de poder y de privilegios entre los suyos, único objetivo que parece moverles.

Si la estrategia de resistencia extrema en el poder llega a cuajar y a ponerse en práctica, la democracia y la sociedad española serían las primeras víctimas de ese juego demencial, temerario e inmoral.

Mucho más razonable, digno y democrático sería reconocer la verdad, explicar a los españoles que se han cometido errores, que la crisis es especialmente severa para nosotros y que la única forma de salir del foso de la destrucción de empleo y del avance hacia la pobreza, ante la imposibilidad de un pacto entre los dos grandes partidos y la sociedad civil española que consagre el esfuerzo, el sacrificio y la unidad, es a través de unas elecciones anticipadas que devuelva la voz a los ciudadanos y que genere un cambio.

Zapatero ha demostrado hasta la saciedad ser un soberbio peligroso que antepone su interés y su programa a cualquier otra causa o meta. Su retirada como candidato no fue voluntaria sino forzada por el rechazo ciudadano, que si seguía creciendo llevaría a su partido hasta una derrota humillante en 2012.

La mayoría de los españoles desean que el PSOE pase a la oposición y se regenere allí, alejado del clientelismo que ha minado sus entrañas, convirtiéndolo en un partido que en lugar de repartir ideas, ilusiones y servicio, reparte beneficios entre los suyos, convertidos, ante los ojos de los ciudadanos, en una legión de aprovechados incapaces de vivir al margen de unos fondos públicos que han dejado agotados.

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El sucio ejemplo del zapaterismo en desbandada

14.07.11 | 10:38. Archivado en PSOE, Política, Democracia, Corrupción, España, Zapatero

El zapaterismo agoniza ofreciendo a los españoles ejemplos deplorables de egoísmo, elitismo y desprecio al bien común. En lugar de otorgar prioridad absoluta a la búsqueda de soluciones para el drama de España, un país que cada día se acerca más al abismo de la quiebra y el fracaso, los gobernantes socialistas están obsesionados por mantenerse en el poder, agrupar a los suyos, disputarse el control del partido y recuperar la identidad como fuerza de izquierda, demostrando que para el PSOE e más importante el poder que España, el partido que la sociedad.

Cuando la convocatoria de elecciones anticipadas se ha convertido ya en un clamor de la mayoría de los ciudadanos, ellos están en otra onda. Cuando resulta evidente que los mercados no confían en el gobierno de Zapatero, se apalancan en el poder, rechazando la única salida democrática y decente al problema, que es dar la palabra al pueblo soberano para que hable en las urnas y elija a los que deben dirigir el país en el proceso de recuperación. Hasta se aprecian ya roces y enfrentamientos entre Zapatero y Rubalcaba, luchas que, en las actuales circunstancias de emergencia nacional, son obscenas.

Están en desbandada y buscan acomodo en las instituciones españolas y mundiales. Casi todos los organismos reguladores españoles están en manos de socialistas. Bibiana Aido se ha colocado en la ONU, quitando el sitio a profesionales mejor preparadas y con mejor curriculum. Moratinos, tras haber fracasado como ministro de exteriores, ha fracasado también en su asalto a la FAO.

Ni siquiera han pedido perdón por sus errores, por haber conducido a la sociedad española hasta la pobreza y el descrédito mundial. Para colmo de males, someten los destinos de España a una inoperante y absurda bicefalia, sin que nadie sepa a ciencia cierta si el que manda es Zapatero o Rubalcaba.

España es un juguete roto en manos de estos socialistas en desbandada, aterrorizados ante la terrible travesía del desierto que se les avecina. Se niegan a anticipar las elecciones, pero resistir hasta la primavera de 2012 en el gobierno, hundiendo al país cada día un poco más, significa, con seguridad, el hundimiento final del socialismo, que conseguiría menos de cien escaños en el Congreso.

El futuro del socialismo español es casi tan terrible como el de España bajo su gobierno. Un partido que ha renunciado a las ideas para convertirse en una oficina de reparto de puestos de trabajo y de privilegios entre los suyos carece de resistencia y solvencia ante la escasez y la crisis. ¿Cómo va a sobrevivir el PSOE sin poder gobernar ni repartir dinero público entre los suyos, cuando ese reparto de dinero y privilegios ha sido la columna vertebral del partido en los últimos siete años?

Hay quien dice que resisten en el poder, en contra de la voluntad popular, sólo para situar a los suyos en puestos de supervivencia y para llenar bien las alforjas para que la travesía del desierto sea más llevadera, pero esa actitud, si fuera cierta, sería de una vileza que ni siquiera sus enemigos más acérrimos podrían imaginar.

La excusa de que permanecen en el poder para culminar el proceso de reformas es falsa e hipócrita porque en realidad las reformas que hacen son tan suaves que no surten efecto alguno. La reforma laboral no ha generado empleo; las medidas de austeridad no han detenido el hundimiento de la economía, los recortes no han convencido a los mercados, ni la supresión de servicios y ventajas sociales ha tranquilizado a los inversores internacionales. Lo de Zapatero es puro teatro en espera de un milagro exterior que haga retornar al mundo por la senda de la prosperidad. Toda la filosofía del zapaterismo en estos momentos es esperar hasta que Alemania, Francia, China y Estados Unidos tiren del carro y España vuelva a ser una economía viable. Si eso ocurriera, veríamos a un Zapatero fatuo afirmar que sus medias han dado resultado y que su lucha contra la crisis ha sido un éxito.

La sociedad española, acobardada y miedosa, debería rebelarse y exigir a los sátrapas que abandonen el poder y que dejen de causar más daño a la nación, abrigando a Zapatero y a su banda a que devuelvan el poder al pueblo, que debe pronunciarse con urgencia en las urnas para resurgir o, al menos, para corresponsabilizarse de la catástrofe.

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Rubalcaba es un perdedor, pero también un remedio para el deprimido PSOE

11.07.11 | 11:46. Archivado en Gobierno Zapatero, PSOE, Política, Democracia, Corrupción, España

Rubalcaba sabe que va a perder frente a Rajoy y por eso apuesta por un absurdo giro a la izquierda que en Europa nunca van a aceptar. Su grito demagogo ¡Que paguen los ricos! es un anatema en la actual política europea, en el FMI, en Washington, en el sistema financiero mundial y hasta en su propio partido, que se ha dedicado a beneficiar a la banca y a las grandes fortunas españolas durante los últimos siete años.

Su política es un gratuito brindis al sol que no le compromete a nada porque nunca va a poder cumplir sus promesas desde el poder. Consciente de que sus palabras y sus promesas no encierran peligro, ha dicho nada menos que las cajas y los bancos, de sus beneficios, tendrán que emplear una parte para la creación de empleo, que gravará con impuestos los grandes patrimonios y nada menos que reformará el sistema electoral.

Seguramente, antes de lanzar esas frases habrá llamado a Emilio Botín, a Florentino Pérez, a los Entrecanales y a muchos otros dueños de grandes fortunas para advertirles que no hagan caso a sus promesas, que sus palabras no encierran peligro y que son gestos para la galería y para dar ánimos a un partido que está desquiciado por el olor a derrota y aterrorizado ante la travesía del desierto que le espera.

El giro a la izquierda de Rubalcaba no es, como muchos medios afirman, para ganar votos, sino gestos potentes para asumir el liderazgo en un partido socialista que, bajo Zapatero, se ha radicalizado absurdamente, remando contra corriente, avanzando hacia donde nadie iba en la política mundial, convirtiéndose en una reliquia perdedora.

La presentación de Rubalcaba como candidato ha sido un "Reality Show" en el que las palabras y las promesas carecían de valor y estuvieron siempre al servicio del espectáculo. La gente cree que Rubalcaba está enfrentado a Zapatero, pero no es cierto porque Zapatero le ha convertido en un discípulo, igual que hizo Felipe Gonzáles en el pasado. Nada es más admirable para un manipulador silencioso, profesional de las alcantirillas, como Rubalcaba, que el falso discurso convincente, la simulación escenográfica y el dominio del engaño, disciplinas en las que Zapatero ha sido un gran maestro, hasta que la sociedad española le ha dicho "basta de mentiras" y lo ha condenado al ostracismo político.

Pero Alfredo ha quedado fascinado con el modelo de Zapatero y cree que haber resistido en el poder, durante siete años, mintiendo como un bellaco y transformando el país contra los deseos de la mayoría es toda una gesta. Él cree firmemente que la capacidad de engañar de Zapatero, unida a su habilidad personal para la manipulación y la maniobra, constituyen un arma casi invencible en política, por lo menos capaz de resucitar al alicaido PSOE, que tiembla ya ante la derrota que se le avecina y ante una pavorosa travesía del desierto sin cargos públicos, sin privilegios, sin la capacidad de legislar y sin control de los fondos estatales.

Los que le conocen afirman que Rubalcaba no tiene ideología, ni comprende lo que esa palabra significa. Para él, la política es maniobra, estretegia y táctica, todo un sistema de movimientos orientado a alcanzar los objetivos por el medio más seguro y eficaz. Si hubiera que comprarlo con alguien habría que recurrir a los viejos bolcheviques miedosos que tomaron el poder con Lenin pero que después, bajo Stalin, cambiaron sus ideas y se adaptaron a los caprichos del vencedor. "Todo al servicio del poder", ese es el único lema valioso en su cosmología personal. Por eso dice ahora cosas tan sorprendentes como que posee la receta para acabar con el paro o que los banqueros, a los que Zapatero y él han beneficiado, deben pagar la crisis, o que son los ricos, a los que Zapatero y él han cultivado y mimado, los que deben pagar más impuestos. La palabra, para el candidato Rubalcaba, es un simple medio y siempre estará al servicio del fin.

Rubalcaba no es la solución de los problemas de España que el mismo ha generado desde el gobierno. Es sólo una compresa para el sangrante PSOE o quizás mejor un chute de anfetaminas. Es así como hay que entender su irrupción en ese sobrecogedor "valle de las tinieblas" que es la actual política española por obra y gracia de Zapatero y su "tropa".

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Rubalcaba, ¿candidato para el suicidio socialista?

09.07.11 | 13:44. Archivado en PSOE, Democracia, Corrupción, España, Zapatero

Es calvo, viejo, feo y conspirador y dirige la mal llamada "democracia española" sin que nadie le haya votado. Su biografía está cargada de elementos inquietantes y turbios. Para colmo, su candidatura está "tutelada" por un Zapatero que ha desertado, que es el reverso del rey Midas y que todo lo que toca lo destruye. Nadie puede entender que Rubalcaba sea el candidato socialista para las próximas elecciones, salvo que sea un candidato para el suicidio, el enterrador del PSOE, un tipo elegido para cavar la tumba del socialismo en España. Lo lógico sería que el PSOE presentara como candidato a un demócrata decente y veraz, justo lo contrario de lo que ha sido ZP, pero la decisión ha sido otra: introducir en la cúspide más bruma, inquietud, sospecha y zozobra.

Mintió y defendió lo indefendible cuando era portavoz de aquel gobierno de Felipe González que se impregno de corrupción y que practicó el terrorismo de Estado, manchándose las manos de sangre. Desde entonces, siempre ha estado vinculado a las cloacas, rodeado de policías corruptos, de matones, de espias y de aparatos de vigilancia. Se jazta de saberlo todo sobre los demás y los políticos, que por lo visto están cargados de secretos inconfesables, le temen más que a un potro de tortura. Uno de ellos le puso como mote "El malvado Rubalcaba, que si puede te la clava".

Pero el PSOE, hundido y desmoralizado tras el mandato de Zapatero, que casi ha destruido a España y la ha sembrado de desempleados, nuevos pobres y gente aterrorizada ante el presente y el futuro, quiere presentar como candidato a alguien que quizás lo supere y lo haga bueno. Quizás esa sea la única explicación racional del extraño misterio Rubalcaba.

Consciente del drama que arrastra como cómplice de Zapatero y coautor de la destrucción de España, Rubalcaba intenta distanciarse desesperadamente del Zapaterismo, lanzando a los españoles un mensaje que, aunque falso, es el único que puede salvarle del desastre: "Yo no tengo nada que ver con los errores de Zapatero".

Para lograrlo, está realizando gestos elocuentes, que son los que cuentan en política: golpea a la SGAE, protegida por el mismo Zapatero, restablece la velocidad de 120 en las carreteras, le dice a Felipe González que se ahorre sus consejos y da la sensación de que ha borrado del mapa al presidente, que está como desaparecido y sumido en la depresión. Esa obsesión por distanciarse de Zapatero le ha llevado a dimitir ante si mismo, a realizar guiños a la izquierda, como plantear subidas de impuestos a los ricos y a meter la pata al afirmar que él sí tiene la receta para acabar con el paro, provocando la indignación de media España, que le reclama por qué no la ha empleado entonces cuando era vicepresidente.

Sin embargo, la verdad pesa como una losa de plomo sobre el candidato Alfredo: Ningún partido político de ningún país democrático moderno se atrevería a presentar como candidato y a elevar hasta la secretaria general del partido gobernante a un tipo como Rubalcaba, salvo que hubiera algo desconocido detrás o que la podredumbre hubiera llegado hasta lo más profundo de la estretegia colectiva y del cerebro del grupo.

Hombres como Rubalcaba existen en todas partes, pero jamás son exhibidos. Lo sucio tiende a ocultarse en política. El gran Charles de Gaulle decía que los hombres de las cloacas del Estado son necesarios, pero que nadie les vea jamás el rostro. Sin embargo, en España, los socialistas han convertido en su candidato al mejor experto en cloacas y operaciones encubiertas del país. La única explicación posible es que el PSOE tenga las cosas más claras que nadie y considere a España una inmensa cloaca, poblada de ratas y de lodo pestilente, algo que, por desgracia, quizás esté más cerca de la realidad que considerar a la España destruida por Zapatero como un auténtico país. Si España es una gran cloaca, entonces nadie mejor que Rubalcaba para moverse como capitán de los excrementos en sus entrañas putrefactas.

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El caciquismo socialista que ha arruinado a España

06.07.11 | 19:35. Archivado en Gobierno Zapatero, PSOE, Política, Corrupción, Zapatero

No es la crisis la que ha arruinado a España, sino el socialismo cacique y despilfarrador. Lo mismo ha ocurrido en Europa, donde sólo los países que han sido administrados por el socialismo no consiguen superar sus dramas económicos.

España no ha sido arruinada por la crisis sino por sus políticos, despilfarradores, torpes, ineptos y transformados en caciques que administraban con capricho el dinero público. En lugar de imitar a la hormiga, han copiado a la cigarra y nos han dejado sin nada en los tiempos duros. Han construido universidades en cada provincia, aeropuertos que no tienen aviones y líneas de alta velocidad utilizadas por 10 o 12 personas al día. Pero la mayor insensatez de los nuevos señoritos despilfarradores ha sido engordar el Estado hasta provocarle obesidad mórbida, llenándolo de enchufados, amigos del partido, familiares de políticos y otros parásitos que cobran sin aportar nada. La nómina de asesores se ha disparado y se han creado centenares de empresas públicas con dos únicos fines: incrementar la capacidad de endeudamiento y colocar a miles de enchufados.

Aunque los dos grandes partidos políticos españoles, el PSOE y el PP, han exhibido comportamientos similares, el comportamiento del PSOE ha traspasado todas las líneas rojas y ha convertido la administración de los fondos públicos en una verbena, tras comprar, una y otro vez, votos nacionalistas con el dinero de todos y haber realizado tropelías como pagar con dinero público la campaña de Moratinos para dirigir la FAO, entregar casi 100 millones de euros a la ONU para financiar políticas de igualdad, pagando de ese modo, también, el alto puesto de Bibiana Aído y utilizar aviones del ejército para asuntos del PSOE..

Los socialistas han hecho ricos a los sindicatos y a la patronal. En Andalucía, los jefes de UGT y de CC.OOO son magnates y la Confederación de Empresarios (CEA) es una imperio donde sobra el dinero por todas partes y en cuyo seno han proliferado empresas que muchos sospechan que están vinculadas a altos cargos de la patronal, beneficiados por ese lamentable montaje.

Las cajas de ahorro, que eran el más social y humano instrumento financiero existente en el mundo para las clases más humildes, han sido destruidas por el despilfarro de los nuevos caciques políticos y sindicales, que han entrado en sus consejos y patronatos para desplazar a los profesionales, imponer políticas sectarias y entregar créditos, muchas veces impagados, a los partidos y a los amigos del poder, delitos canallescos que, como muchos otros perpetrados por la "casta" política española, han quedado impunes.

En algunos países prósperos de Europa, muchos se sienten indignados por el uso frívolo y sectario que España ha hecho de los algunos fondos europeos de ayuda. Los aeropuertos sin aviones y los trenes de alta velocidad sin pasajeros son ya el argumento supremo que equipara a España con la arruinada Grecia de Papandreu, también socialista.

Los gastos de publicidad, utilizada para comprar periodistas y medios de comunicación, el despilfarro en concursos públicos, muchos de ellos entregados a dedo a empresas de amigos del poder, a cambio, quizás, de comisiones ocultas, completan el cuadro de un poder que se ha sentido tan seguro frente a un pueblo fanatizado y acobardado que no le ha temblado el pulso a la hora de culminar desmanes y abusos como los de los falsos EREs en Andalucía, la violación de los principios del urbanismo, la subasta de concesiones y otras muchas canalladas que, si no son castigadas por la Justicia, constituirán la base de lodo y excremento que convertirá la falsa democracia española en una nauseabunda y vergonzante "coprocracia" (gobierno de mierda).

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No habrá dias en el calendario para perdonar lo que han hecho los políticos españoles

Hablamos de rojos y azules, de derechas y de izquierdas, de los míos y de los tuyos, pero no hablamos de lo que realmente es importante para los españoles: la necesidad de acabar con la sucia impunidad de los políticos, ese derecho que se han autoatribuido de destrozar un país sin que tengan que pagarlo con la vergüenza pública, la inhabilitación perpetua o la cárcel. Ese es el verdadero gran problema de España, el de una masa despreciable de borregos que se deja esclavizar y aplastar por la chusma que le gobierna.

En el reciente debate sobre el Estado de la nación, casi todos los grupos acusaron a Zapatero por sus estragos y desmanes, pero la única diputada que puso el dedo en la llaga fue Rosa Diez, al escupir al rostro del presidente la dura sentencia de que "No habrá días en el calendario para perdonar lo que ha hecho" y, refiriéndose a los que gobiernan, remato: "Han dado sentido al crimen".

Seis años antes de que la Exposición Universal Sevilla 1992 abriera sus puertas, en 1986, el equipo gestor del gran evento realizó un estudio sobre los tesoros y rasgos que España poseía, dignos de ser exhibidos ante el mundo. Lógicamente, surgieron monumentos impresionantes, como la Alhambra y varias catedrales, pero nos sorprendieron dos, de carácter inmaterial, que fueron las cajas de ahorro y la organización de los ciegos. Según aquel análisis, ningún país del mundo tenía un mejor sistema que España para tratar con dignidad a los ciegos (ONCE), ni un sistema bancario popular y social, original, pujante y adaptado a las necesidades de las clases más humildes, como las cajas de ahorro, que por entonces todavía eran boyantes y representaban más del 40 por ciento de la actividad bancaria del país.

Hoy, poco más de dos décadas después, la ONCE resiste como puede, pero el magnífico sistema financiero popular de las cajas de ahorro ha sido arruinado y destrozado por los políticos y sindicalistas que entraron a saco en esas organizaciones, se sentaron en sus consejos e impusieron la arbitrariedad, el sectarismo y el abuso en su comportamiento.

¿Quien pagará por ese crimen? ¿Por qué no están sentados ante el banquillo, llorando y pidiendo perdón, gente como el castellano manchego Moltó, alto cargo socialista, que destruyó la caja de ahorros manchega, o Miguel Blesa, que hizo trizas aquella joya de la corona llamada Caja Madrid, por entonces compitiendo con la Caixa catalana y hoy de rodillas y humillada ente el mercado?

El verdadero drama de España y su peor pesadilla no es el mal gobierno, sino la impunidad de la casta política, el derecho bastardo que se han atribuido de gobernar contra la voluntad popular, con impunidad y sin miedo alguno a que el sometido pueblo les haga pagar sus abusos y desmanes. El mal gobierno es sólo la consecuencia de esa impunidad antidemocrática y criminal.

El presidente Zapatero se marcha entre sonrisas, después de haber destrozado a España y haber convertido a sus habitantes, antes prósperos y confiados, en una legión de aterrorizados ante el presente y el futuro que les espera. Ha llenado España de desempleados, de nuevos pobres y de gente cargada de tristeza y desesperación, pero le espera como premio un retiro lujoso, probablemente en León, cobrando casi 160.000 euros del erario público, pagados precisamente con los impuestos de esos españoles a los que ha hecho más podres y desgraciados.

Pero no sólo ha arruinado a España sino que, además, ha estimulado el independentismo, que ahora está más fuerte que nunca, y ha utilizado el dinero público para fines ilícitos y antidemocráticos como comprar los votos que necesitaba para seguir mandando, financiar los puestos de trabajo y las carreras de sus amigos, como son los casos de Moratinos y Bibiana Aido, entre otros muchos.

El balance de Zapatero es sobrecogedor y digno de que sea juzgado públicamente en el Santiago Bernabeu, un estadio que se llenaría de indignado, aunque las entradas costaran 1.000 euros. Ha desprestigiado a España en el mundo, ha endeudado al país para varias generaciones, ha despilfarrado como un loco, ha sido parcial y arbitrario con los fondos públicos, beneficiando a los suyos y castigando a los que piensan distinto, ha introducido a los amigos de ETA en las instituciones, ha mentido decenas de veces a los ciudadanos, ha impuesto leyes y decretos en contra de la voluntad popular y ha dañado, quizás de manera irreversible, la imagen de la política, de la democracia y del liderazgo en España.

A cambio de todo eso, para vergüenza y escarnio de la masa bobina española, recibirá una pensión y tendrá un futuro de lujo como ex presidente y miembro del Consejo de Estado.

Zapatero no es más que la punta de lanza de una clase política deplorable, una de las de peor calidad en todo el mundo, que, para desgracia de los españoles, ha tomado el poder en este pobre país. Detrás de Zapatero están los cientos de miles de corruptos que se han enriquecido con la política y la función pública, partidos políticos que son verdaderas mafias de poder, el urbanismo prostituido de los últimos años, el apoyo a los nacionalismos que odian a España, el enchufismo, el amiguismo y el nepotismo que ha beneficiado a cientos de miles de paniaguados, todos ellos amigos del partidos, concursos públicos trucados, oposiciones a funcionarios falseadas, concesiones arbitrarias, abusos de poder, sindicatos cuya traición a la clase obrera fue comprada con fondos del Estado y mil tropelías y fechorías más que los borregos acobardados que integran la ciudadanía española soportan sin dignidad ni decencia.

Hasta que los españoles no se impongan y consigan que la Justicia castigue a esos miserables que han destruido la nación, la regeneración no será posible. Sin una ciudadanía indignada, rebelde y dispuesta, contra viento y marea, a que los canallas paguen sus culpas, España carecerá de democracia, de futuro y de decencia.

El único debate que hoy merece la pena en España, cuando Zapatero ya es un cadáver apestoso, es cómo evitar que otro Zapatero pueda llegar en el futuro y destruir lo poco que nos queda. Esas reformas nunca va a hacerlas el Partido Popular, cuya financiación y funcionamiento interno son casi idénticos a los del socialismo, un partido que, como el PSOE, milita en la partitocracia, no en la democracia, que se cree con el mismo derecho a tomar las medidas que considere conveniente, en contra de la voluntad popular y más en beneficio propio que del bien común. La verdadera naturaleza del PP, el partido que, probablemente, heredará el poder de Zapatero, ya quedó demostrada en tiempos de Aznar, un tipo tan arrogante, alejado del ciudadano y autoritario que ni siquiera pudo ganar las elecciones del 2004, a pesar de su impresionante éxito económico.

El como de la desgracia y la prueba definitiva de la esclavitud bovina de los españoles es haber admitido, sin garantía de reforma alguna de una sistema podrido y prostituido, como sucesor de Zapatero a un personaje como Rubalcaba, al que los suyos quieren reciclar como "Alfredo", criado y crecido en las cloacas del Estado, manipulador, mentiroso, elitista, falso y cómplice proactivo de los peores desmanes y abusos del socialismo español moderno, en tiempos de Felipe González, cuando España abrazó la corrupción y el crimen de Estado como política oficial, y en los nefastos tiempos de Zapatero, cuando España fue dinamitada y fue llenada de desempleados, pobres, desahuciados y gente triste y sin futuro.

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"No hay pan para tanto chorizo"

01.07.11 | 17:50. Archivado en Partido Popular, PSOE, Política, Democracia, Corrupción, España

"No hay pan para tanto chorizo" se perfila ya como el gran eslogan del movimiento 15 M de los indignados y los que no se sienten representados. Ele eslogan compite con otro muy acertado y representativo, el de "No nos sentimos representados", pero el de los chorizos, por su fuerza comunicativa, tiene ventajas. Tal vez llegue a ser para los españoles del futuro lo que fue aquel eslogan de "La imaginación al poder" que se convirtió en símbolo del mayo francés de 1968.

El "No hay pan para tanto chorizo" es un eslogan sencillo, potente y didáctico, perfecto como resumen de un sentimiento colectivo, una frase concluyente que plasma con maestría la situación actual de España, un país que parece gobernado por un charcutero y dominado por una clase política donde existen demasiados ineptos, aprovechados, egoístas, arrogantes y ladrones.

El "No hay pan para tanto chorizo" difunde muchos mensajes a la vez: que ya no queda dinero para robar, que hay demasiados delincuentes en el sector público, que el pueblo está indignado y que el país, por obra de sus políticos, ha sido convertido en una inmensa fábrica de chacina.

En torno a ese eslogan es posible articular una rebelión cívica y un movimiento de regeneración ilusionante, siempre que logremos preservarlo precisamente de esos chorizos que han destruido España y que ahora, asustados, pugnan por desacreditar y eliminar la rebeldía ciudadana que no controlan.

El Estado está utilizando tuda su sutileza y que, por fortuna, ya no es mucho porque está atrofiado por el exceso de poder y de dinero, para aplastar el movimiento rebelde. La policía se infiltra en las manifestaciones y practica la violencia para desacreditar a los pacifistas; los periodistas comorados resaltan la estética negativa del movi,iento y otros errores, también para desacreditarlo; los políticos fingen que se adhieren a sus demandas, pero en el fondo odian a los indignados y los consideran sus auténticos enemigos; los grandes empresarios que hacen negocios con el poder, la derecha que espera sustituir a la izquierda en el festín público, los cientos de miles de enchufados y sinvergüenzas que viven de los fondos públicos, los nacionalistas que viven a cuerpo de rey chantajeando al Estado y otras tribus impresentables del Estado español sueñan con destruir a los indignados para que todo siga igual.

Pero el movimiento, a pesar de sus debilidades y de haberse dejado dominar, muchas veces, por los agitadores profesionales de una izquierda mezquina que es, precisamente, la principal causante de la ruina de España, está sirviendo como catalizador y como vehículo para que millones de españoles hartos de ver a tanto sinvergüenza en el poder se manifiesten contra la canalla política y exijan cambios drásticos.

Los políticos están asustados y apenas son ya visibles. Búsquenlos por las calles y verán como parece que la tierra se los ha tragado. Están esustados y esperando que escampe para seguir disfrutando de un sistema que ellos han pervertido para convertirse en los "nuevos amos".

Ya sólo confian en esa policía que ellos han equipado y entrenado con mimo para que les defiends de la indignación popular. Perro olvidan que la policía, por muy entrenada que esté, es pueblo, al igual que los soldados, y que cuando descubran que los malos no son los que salen a las calles, sino los que se esconden como ratas, entonces volveran sus porras y sus fusiles hacia los palacion y despachos donde se cuecen la corrupción, la injusticia y el abuso.

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