Los Foros Ciudadanos son estructuras más democráticas y adaptadas a las tendencias y exigencias políticas del siglo XXI que los viejos partidos políticos, organizaciones carentes de democracia interna, ancladas en el pasado, aisladas de las nuevas corrientes culturales y cívicas y tan deterioradas que son ya incapaces de asumir la responsabilidad de gestionar la democracia con eficacia y gobernar a ciudadanos libres.
El futuro de la democracia podría pertenecer por entero a los foros ciudadanos, ideados como organizaciones más democráticas, transversales y civicas que los viejos partidos políticos, deteriorados y muchos de ellos convertidos en mafias corruptas, acaparadoras de poder y de privilegios, ajenas al ciudadano e incapaces de adaptarse a las democracias modernas que quieren tener los hombres y mujeres libres.
Si los partidos políticos están deteriorando el sistema y lastrando la regeneración, los foros de ciudadanos están llamados a ejercer el papel contrario y facilitar una regeneración de la política con tres grandes cambios: la vigencia de la democracia interna en la organización, la erradicación de la corrupción y de otras prácticas mafiosas afincadas en los partidos y la incorporación de los ciudadanos a los procesos de participación y toma de decisiones.
Fenómenos como la caída de dirigentes como Sarkozy y Ängela Merkel, el desprestigio de la democracia en muchos países avanzados, el creciente divorcio entre los ciudadanos y el poder y hasta la rebeldía y las revueltas que están creciendo en muchas sociedades no son otra cosa que manifestaciones visibles de la profunda incompatibilidad existente entre partidos políticos y democracia, entre las macroestructuras de poder que gobiernan el mundo y una ciudadanía que está cansada de ser marginada, que rechaza la corrupción y el monopolio de la política que ejercen los políticos profesionales y que desea ser, como afirma la filosofía política, la protagonista soberana de la política y de la Historia.
Los partidos políticos, sin democracia interna y sin capacidad de debate, se han convertido en nidos de mediocres cuyos miembros, acostumbrados a someterse siempre al criterio del jefe y a anteponer los intereses del partido a los propios y a los de la sociedad, no preparan líderes aptos para gestionar democracias de hombres y mujeres libres, sino a totalitarios que, obligados por las leyes y reglas del sistema, se adaptan como pueden a la democraica, sin creer en ella.
Es metafísicamente imposible que un partido político que no practica la democracia sea capaz de gestionar con eficacia y justicia una democracia de ciudadanos. Como consecuencia de esa imposibilidad, las democracias han sido asesinadas por los partidos políticos y convertidas en oligocracias que funcionan como verdaderas dictaduras de partidos, donde sólo hay especio para políticos profesionales y no tienen sitio ni el debate, ni la libertad de conciencia, ni el bien común, ni el mismo ciudadano.
Los líderes de la Revolución Francesa, sobre todo Dantón y Rebespierre, prohibieron los partidos políticos porque los consideraban organizaciones sectarias y mafiosas, incapaces de defender el interés general. Lo mismo hicieron los fundadores de la primera democracia del mundo, los Estados Unidos de América, que consideraban a los partidos como organizaciones peligrosas, incapaces de anteponer los intereses de la nación a los propios.
Gracias a los filósofos alemanes y austriacos, los partidos políticos se consolidaron, por fin, en el siglo XIX, como espina dorsal de las democracias. Fueron concebidos en un principio como organizaciones abiertas de ciudadanos que debían situarse a mitad de camino, entre el Estado y la sociedad, cuyo fin primordial era elevar los deseos y opiniones del pueblo hasta las instituciones del Estado.
Pero los partidos pronto se deslizaron hacia el poder y se hicieron dueños del Estado, abandonando la equidistancia y dejando sólos a los ciudadanos, a los que decían representar, cuando únicamente sabían representar a sus militantes y a sus propios intereses.
Los partidos políticos se han hecho fuertes y casi invencibles, apoyándose en la realidad indiscutible de que son las únicas organizaciones disciplinadas de ciudadanos orientadas hacia la conquista y control del poder. Son las únicas piezas organizadas en la sociedad, donde los ciudadanos están dispersos, aislados y viviendo sus propias vidas, sin asociarse y sin apenas debatir y dialogar. El dominio de los partidos representa el dominio de la falange militar griega frente a las multitudes desorganizadas de los barbaros.
Los foros rompen ese aislamiendo de los ciudadanos y los acoge y organiza para que practiquen el diálogo, el debate y el discernimiento, bases de la democracia, y para que sus criterios y opiniones se abran paso y logren influir en los grandes poderes. Los foros acaban, al menos teóricamente, con la desorganización de los ciudadanos y con su desamparo frente al poder de los partidos. Sin secretarios generales endiosados, sin secretarios de organización represores, sin estructuras piramidales, sin financiación ilegal y mafiosa, sometidos al imperio de la democracia interna e integrado por ciudadanos iguales y libres, los foros son organizaciones mil veces más útiles, decentes y eficientes que los partidos políticos para garantizar la calidad de una democracia avanzada.
El foro ciudadano está naciendo y comienza a perfilarse como posible opción política que sustituya a los desvencijados y obsoletos partidos políticos, cuya etapa ya ha pasado y cuya gestión histórica está tan plagada de fracasos y de dramas que merecen un entierro rápido y sin gloria. Los partidos políticos han abandonado a los ciudadanos y se han apropiado del Estado y de sus recursos, olvidándose de su misión original de elevar los intereses del pueblo hasta los espacios del poder. Han acumulado un poder casi absoluto a lo largo del siglo XX, que podría denominarse como "el siglo de los partidos políticos", una etapa histórica digna de olvido por su opresión, violencia, guerras, asesinatos y fracasos en la convivencia y desarrollo humano. Tan sólo en ese siglo, el Estado, dominado por partidos políticos y líderes endiosados, asesinó a más de cien millones de ciudadanos en la retaguardia, en ciudades, plazas y pueblos, amparados en el concepto de seguridad nacional y estimulados por demencias como el culto a la personalidad, la guerra fría y el miedo al propio pueblo.
Los foros, en esta etapa crucial de su salida a la luz, deben ser cuidados y tutelados por ciudadanos demócratas para evitar que se convieertan en refugios de los mísmos sátrapas y predadores que siempre se han reciclado para mandar y dominar. Los viejos principios y reglas de la democracia, dinamitados por los partidos políticos, tienen que renacer en los foros, donde tienen que ser sagrados principios y reglas como la libertad, la soberanía plena del ciudadano, el carácter amateur de la política, la primacía del bien común sobre los demás intereses, la separación de poderes, el debate libre, la prensa crítica e independiente que fiscalice al poder, el Estado de Derecho, la fuerza de la sociedad civil, las elecciones libres, sin trucos y trampas como las listas cerradas que elaboran los partidos, y un concepto distinto y menos mafioso del poder político y de la representatividad, donde la permanencia en el poder del representante elegido esté limitada en el tiempo y dependa siempre de que mantenga la confianza de los ciudadanos, que, esta vez sí, deben ser los auténticos soberanos del sistema.
Francisco Rubiales
El PSOE que sobreviva al Zapaterismo tendrá que ser refundado, si quiere seguir siendo uno de los grandes partidos de España. Habrá quedado tan demolido por los estragos de Zapatero que tendrá que someterse a una profunda transformación, recibiendo enormes transfusiones de ética y decencia, si quiere salvarse.
Acaban de recibir el apoyo de Emilio Botín, el primer banquero de España, y se sienten felices y triunfadores porque gobiernan y disfrutan del poder y sus privilegios, pero no saben que el pueblo no les perdona sus traiciones, que el futuro se les está tornando amenazador y que se acercan tiempos de zozobra. Si el socialismo español continúa avanzando por la senda que ha emprendido bajo el mandato de Zapatero, terminará pagando una durísima factura por sus errores y carencias. Convertido únicamente en una maquinaria al servicio de la victoria electoral y de la permanencia en el poder, el socialismo en España ha aprendido a convivir con la corrupción, parece haber abandonado los viejos principios, se ha hecho compatible con socios poco escrupulosos y de ideología contraria, tolera demasiadas irregularidades y necesita, con urgencia, una drástica revolución ética, si quiere tener algún porvenir en una España futura, más limpia y democrática.
La política impulsada por el socialismo ha constituido un verdadero drama para España. En Andalucía, los escándalos generan vómitos y vergüenza; en el Baleares socialista se sanciona académicamente a niños por utilizar el idioma español en las escuelas; en Cataluña los socialistas han propiciado la ruina económica y el auge de un nacionalismo que persigue a los castellanoparlantes y que alimenta cada día más el independentismo y los privilegios; en Extremadura la obligación de someterse al poder es casi ineludible para los empresarios porque es casi imposible sobrevivir al margen del denso poder de la Junta; en muchas autonomías, el socialismo gobernante margina de los contratos y concursos públicos a gente cuyo único pecado es ser crítico; en Galicia gobernaron con tanta arrogancia y despilfarro que el pueblo sentenció su derrota en las urnas; allí donde gobierna el socialismo se genera arbitrariedad, se estimulan el desempleo y la pobreza y surgen no sólo marginación e injusticia sino también una vergonzosa fuga de cirujanos, medicos y otros profesionales en busca de sitios mejotres.
Muchos viejos izquierdistas que conservan el sentido de la honradez y muchos ciudadanos cansados de soportar corrupción y gobiernos arrogantes e ineficientes, han descubierto ya que., en algunos casos, están siendo gobernados por gente poco recomendable, lo que les empuja hacia la disidencia frente a un sistema político que no sólo genera vagos, chorizos y hasta delincuentes, sino que, además, carece de filtros para evitar que los "pájaros" vuelen libres y hasta lleguen al poder.
Algún día tendremos que taparnos la nariz colectiva y nos inundará el bochorno cuando descubramos que el "boom" de la construcción convirtió la política española en un estercolero, con tantos políticos, alcaldes y concejales procesados por corrupción o bajo sospecha que la Fiscalía Anticorrupción no da abasto.
La España que sostiene el "Zapaterismo" no resiste la prueba del algodón porque convive con lo corrupto y porque es capaz de asociarse con partidos antiespañoles y de escasos principios con tal de gobernar, lo que implica que, tarde o temprano, será barrida por una revolución ética que España necesita como el comer para poder regenerarse y resurgir.
El precio que el PSOE pagará en el futuro por haber abrazado el "Zapaterismo", por haberse unido en Galicia con el BNG, destructor de la unidad nacional y culpable de haber usado el dinero público de manera parcial y grotesca, por haber apadrinado el Estatuto de Cataluña, portador de insolidaridad, desigualdad terrotorial y privilegios anticonstitucionales, por haber contribuido a la persecución del idioma español y por convivir con el despilfarro, el amiguismo, el enchufismo, el clientelismo y otras enfermedades antidemocráticas, será terrible y marcará el futuro de ese partido.
Es cierto que la oposición del PP, cuando gobernó, pudo cambiar las cosas y no lo hizo, que Aznar gobernó con arrogancia insuperable, que la derecha tampoco está limpia de adorar al becerro de oro del poder y que la corrupción no es ajena al PP, pero no es menos cierto que, en democracia, la responsabilidad mayor es siempre del que gobierna, del que dispone de los recursos del Estado, cobra los impuestos a los ciudadanos, posee el monopolio de la violencia y ejerce la responsabilidad de legislar y hacer cumplir la ley.
Pedro Pacheco está sorprendiendo a los jerezanos con un discurso fresco, atrevido y democrático, que suena a música celeste en estos tiempos de postración, corrupción y abuso de poder. Que un candidato a alcalde con posibilidades hable de democracia, de ciudadanos responsables, de limpieza, de valentía y de libertades y derechos en el Jerez de la Frontera actual, arrasado por la corrupción institucional, el amiguismo, el enchufismo, el nepotismo y el fracaso de la política, es por lo menos sorprendente y suena como hablar de la selva virgen o de las playas del Caribe en corazón del Ártico. Muchos jerezanos, ante el discurso optimista y genuinamente democrático del ex alcalde, se están acercando a su causa. Algunos ya dicen que el Pacheco que regresa no es como el que se marchó y no son pocos los que ya lo identifican con "la esperanza".
Ha cambiado el viejo Andalucismo, abandonado por los andaluces por haberse convertido en nido de traiciones, ambiciones y manipulaciones, por un moderno Foro Ciudadano de Jerez cuyos estatutos y reglas son de una pureza democrática sorprendente. Sus palabras satisfacen a la audiencia y confirman que el Pacheco que retorna a la política, después de haber sido alcalde durante 24 años, parece muy distinto a aquel que se marchó a su casa, tras haber sido abandonado por muchos de los suyos en las urnas.
Él explica que ha leído mucho en los últimos años y que ha reflexionado tanto que ve hoy claro que "todos los males de la democracia se solucionan con más democracia". En concordancia con esa sentencia, no se presenta en representación de un partido político sino de un foro libre de ciudadanos y sus primeras promesas han sido prometer que no contratará asesores y que prescindirá del sueldo de alcalde y del coche oficial.
Algunos jerezanos demócratas comentan que escuchar hablar al nuevo Pacheco es una delicia. Su lenguaje es cívico y de una gran pulcritud democrática. El único problema es que muchos no le creen, no sólo porque en el pasado fue un político más, parecido a los que hoy están asolando España, sino porque los españoles han perdido ya la fe y la confianza en los políticos y nadie se atreve a creerles.
"Quiero hacer que la gente vuelva a creer en mi y en la democracia", le ha dicho al periodista de "El Mundo", que le entrevistó recientemente, al que sorprendio también cuando le dijo: "Noto un hastío hacia los políticos preocupante, que puede perjudicar al sistema democrático".
El diario "El País" le llama "El político irreverente", una irreverencia de la que ya dio muestra cuando denunció en los años 80 que "la Justicia, en España, es un cachondeo" o cuando llamó "soplapollas" a Alfonso Guerra, un profesional del oficialismo, sentado en su poltrona desde hace décadas. El mismo periódico resalta que su frase favorita es la que pronunció Martín Luther King, "Si alguien se te sube a la espalda es porque antes has doblado la rodilla", ante la que Pacheco afirma: "Nunca me he doblegado. Nunca le he movido el rabito a ningún comisario político".
No promete milagros sino esfuerzo colectivo y toda su experiencia al servicio de una ciudad que, durante su mandato, llegó a ser la más pujante de España y que hoy, tras haber "padecido" los mandatos del PP y del PSOE al frente de su Alcaldía, se ha convertido "en un villorrio" marcado por el desempleo, el avance de la pobreza y, lo que quizás sea más grave y profundo: la infelicidad y la tristeza de muchos de sus ciudadanos.
Su sueño es consolidar la democracia en la ciudad de Jerez y, en el futuro, si se dan las condiciones, expandir esa democracia por toda Andalucía y España. Cree que de la crisis sólo puede salirse con el concurso y la participación de los ciudadanos y piensa también que los partidos políticos son organizaciones obsoletas, sin ciudadanos y sin sitio en las sociedades modernas democráticas. No se atreve todavía a decirlo, pero lo confiesa a sus amigos: si la experiencia del Foro de Jerez cuaja, pronto habrá otros muchos foros ciudadanos disputándole a los partidos el oscuro y siniestro monopolio que ejercen sobre la representación ciudadana en la política española.
El "manifiesto Constituyente" del Foro Ciudadano de Jerez, por el que Pacheco se presenta como candidato, recientemente publicado, es un documento avanzado y de una pureza democrática fuera de toda duda. En uno de sus atrevidos párrafos, dice: "La clave del problema quizá resida en el concepto de representatividad. Los políticos defienden algo tan indefendible como que los representantes elegidos por el pueblo tienen libertad total para tomar decisiones y gobernar, mientras que los demócratas y rebeldes creen que la representatividad debe entenderse de otro modo y que los representantes, para seguir siéndolo, deben ganarse constantemente ese derecho a representar ante los ciudadanos que les han elegido y que poseen el derecho a controlarlos ( y evaluarlos constantemente, no solo en época de elecciones)."
En una Andalucía sumida en el desánimo y en la pugna entre dos viejos partidos que se parecen demasiado, el PSOE y el PP, ambos militando en la más dura partitocracia sin ciudadanos, Pacheco representa, quizás, el único aire fresco del panorama y la única sorpresa optimista ante las cansinas urnas.
Las guerras progresistas no son "guerras" sino "operaciones". La palabra "guerra" está prohibida para ellos, a pesar de que la Historia demuestra que el "progresismo" fue, junto con la religiones, el causante de los mayores dramas bélicos y matanzas de la Humanidad. Las guerras progresistas son tan hipócritas que se autoenvuelven en un patético manto humanitario que sólo reconoce víctimas "colaterales".
Algunos se extrañan de que los progresistas vayan a la guerra, pero, si se analiza la Historia, se descubre los progresistas son, junto con los fanáticos religiosos, los tipos más belicosos del género humano. Stalin esgrimía el "progreso" cuando invadió Polonia, cuando masacró a la oficialidad polaca y cuando después ocupó toda la Europa del Este, imponiendo a sus ciudadanos el "progresismo" esclavo comunista. Hasta las ejecuciones de Paracuellos, de las que tanto sabe Santiago Carrillo, se hicieron amparadas en el progreso.
La guerra de Libia es la típica guerra progresista moderna. Lo ha dicho The New York Times cuando hace días publicó «A Very Liberal Intervention». Lo han dicho también el español Pepiño Blanco y la ministra Chacón, la "esperanza blanca" del socialismo español. Ahora no esgrimen la defensa de Occidente, ni ponen el énfasis en la propagación de una democracia en la que creen bastante poco. La justificación es ahora humanitaria y acuden a la guerra para salvar civiles, pero lo hacen matando civiles (efectos colaterales) e imponiendo la libertad con bombas.
La ministra de Asuntos Exteriores y Cooperación, Trinidad Jiménez, ha defendido que la intervención militar en Libia "no es exactamente una guerra". El grupo PRISA, editor del diario "El País", una especie de "biblia" de la "progresía" española, ha prohibido a sus redactores llamar "Guerra" a la intervención armada en Libia. Estos progresistas demuestran, una vez más, que carecen de ideología y que su único fuerte es la propaganda engañosa.
La realidad es que las guerras progresistas y las conservadoras, las religiosas, las neocom y todas las guerras de la Historia, son parecidas y todas tienen la rapiña y el reparto del botín como fines sustanciales.
La Inquisición quemaba herejes para incautarse de sus bienes y lo mismo hicieron nazis y bolcheviques con opositores, judíos y burgueses. La revolución Cubana, medio siglo después de su triunfo, todavía sigue vendiendo bienes incautados a la burguesía de los tiempos de Batista.
La guerra progresista no necesita de provocaciones, ni de causas que reclamen venganza, como el 11 S o el avance de Al Qaeda. A los progresistas, para tomar las armas, les basta esgrimir la existencia de un pueblo explotado y en peligro de ser masacrado.
Las guerras progresistas tienen su punto débil en las contradicciones profundas que infectan su filosofía. "Esto no es Las Azores", afirma Pepiño Blanco para defender la Guerra de Zapatero, pero olvida que Zapatero siempre negó la guerra como medio para solucionar cualquier tipo de conflicto. También Obama, pontífice del progresismo occidental, está envuelto en un mar de contradicciones y ahora olvida lo que repitió hasta la saciedad en su campaña: "La democracia no puede imponerse a punta de pistola".
Se esfuerzan en demostrar que la guerra de Libia es justa, mientras que la de Irak fue injusta, pero la verdad es que se parecen demasiado: detrás está el petróleo; pretenden derribar a un dictador antes apoyado y protegido por Occidente; no esta nada claro que la mayoría de los ciudadanos rechazaran las dictaduras de Sadam Hussein y de Muamar el Gadafi.
La verdad, una vez despojada de propaganda y engaños miserables, es que tanto Obama como Zapatero han cedido a las presiones de las grandes empresas e intereses que reclaman botines de guerra para expandir las economías y que uno y otro han terminado aceptando la utilización de la fuerza militar para defender la hegemonia y el futuro del Occidente próspero. La defensa de los oprimidos, de la libertad y de la democracia son sólo excusas baratas.
Quien lo dude, que le pregunte a Zapatero donde está su democracia cuando se resiste a abandonar el poder, a pesar de que tiene más rechazo popular en España (80 por ciento, según las encuestas) que el que tiene Gadafi en su país o el que tuvieron el tunecino Ben Alí y el egipcio Hosni Mubarak, antes de ser expulsados ¿Quien defiende a los jóvenes parados españoles, más numerosos que los de cualquier dictadura árabe, de sus malos gobernantes que les están llevando hacia la pobreza y la desesperación? ¿Quién libera a los ciudadanos españoles de la corrupción pública galopante que corroe la nación? La España de Zapatero ha burlado todas las reglas básicas de la democracia, desde la separación de poderes al imperio de una ley que no es igual para todos, y sólo conserva de ese sistema la alternancia en el poder con una derecha que también cree más en la partitocracia que en la verdadera democracia.
Cuando hace días publicamos un artículo sobre el retorno de Pedro Pacheco y sus planteamientos innovadores y genuinamente democráticos, algunos lectores de Voto en Blanco, basados en el pasado de ese político jerezano, expresaron dudas y críticas. Algunos de ellos preguntaron que trae consigo Pacheco en su retorno y que ideas soportan al Foro Ciudadano por el que se presenta como candidato a alcalde. Hemos investigado y hemos encontrado en el "Manifiesto Constituyente" de esa agrupación de ciudadanos un auténtico modelo de democracia ciudadana avanzada, libre y responsable. Si cumplen lo que afirman en ese documento, se convertirán en un modelo a seguir y si triunfan con la candidatura de Pacheco, no me extrañaría que en el futuro otros muchos foros presentaran a candidatos, rompiendo así el lamentable monopolio de la política que ejercen los partidos políticos, agrupaciones desprestigiadas que han despreciado y expulsado al ciudadano, sustituyéndolo por el militante sometido, sin libertad ni autonomía, sin otros criterios que los de seguir la voz de sus amos y acaparaer privilegios.
Reproducimos a continuación algunos de los párrafos del sorprendente Manifiesto del Foro Ciudadano de Jerez:
Todavía en las puertas del siglo XXI, nos encontramos en una época de profundos cambios sociales y tecnológicos, que están transformando todos los aspectos de nuestra vida, (culturales, económicos, ecológicos y sociales). Estos cambios estamos obligados a revertirlos para favorecer el desarrollo de una sociedad más libre, participativa, solidaria y ecológica.
Actualmente la tendencia nos lleva por caminos bien distintos: la resignación, la abulia y el absentismo de la ciudadanía, consagran un mundo más injusto, que la inmensa mayoría de los ciudadanos vivan en condiciones de pobreza y de extrema necesidad, mientras que en una pequeña minoría privilegiada se concentra todo el poder y la riqueza.
Este estado de cosas no sucede por casualidad, ni por generación espontánea. Ocurren porque los ciudadanos las provocamos y las consentimos. Somos corresponsables del rumbo que está tomando nuestra sociedad. Hemos de exigir responsabilidades a nuestros gobernantes, pero coherentemente también tenemos la obligación de asumirlas. Hemos de implicarnos como ciudadanos en todas las cuestiones que afectan a nuestra vida, sean locales, regionales, nacionales o internacionales. Con nuestras decisiones personales o colectivas, podemos hacer que las cosas sigan empeorando o que cambien de tendencia.
Queremos que el FORO CIUDADANO sea un movimiento en el que la participación tenga el mismo peso que el deseo de regeneración. Este nuevo MOVIMIENTO CIUDADANO quiere acoger en sus filas no sólo a ciudadanos descontentos, sino también a los ciudadanos que están exiliados de la política y desamparados.
La oligocrácia de partidos es un tipo de gobierno que elimina todos los contrapesos y vigilancias que la democracia ideó para limitar el poder de los gobernantes y para mantener el equilibrio social: la división y la independencia de los poderes legislativos, ejecutivo y judicial, arrasada por los partidos políticos; la prensa independiente y libre, casi plenamente erradicada de España tras las alianzas entre empresas periodísticas y poder; la libertad y conciencia de los representantes ciudadanos en el Parlamento férreamente sometida ahora a los partidos y la existencia de una sociedad civil fuerte, que en España , acosada por el poder político se encuentra en estado de coma.
Cualquier movimiento político que pretenda tener futuro en la actual sociedad española tiene que apostar por recuperar la democracia y devolver a los ciudadanos, el protagonismo que los partidos políticos y los políticos profesionales les han arrebatado.
Todos los problemas de la democracia se resuelven con más democracia.
Los ciudadanos deben rebelarse y se deben pronunciar. No se fían de sus dirigentes y consideran que la política, de la que dependen sus destinos, es algo demasiado importante para dejarla en manos de ciertos políticos.
La clave del problema quizá resida en el concepto de representatividad. Los políticos defienden algo tan indefendible como que los representantes elegidos por el pueblo tienen libertad total para tomar decisiones y gobernar, mientras que los demócratas y rebeldes creen que la representatividad debe entenderse de otro modo y que los representantes, para seguir siéndolo, deben ganarse constantemente ese derecho a representar ante los ciudadanos que les han elegido y que poseen el derecho a controlarlos ( y evaluarlos constantemente, no solo en época de elecciones).
El bienestar social en las sociedades avanzadas, el creciente malestar político, la globalización, la sociedad del espectáculo, el progreso tecnológico, el terrorismo, el pensamiento único, la ruina de la ética y el profundo deterioro de la política, en manos hoy de profesionales desentrañados del pueblo soberano, a los que sólo les interesa el poder y el dominio, han compuesto un giro de 180 grados en la política , transformando la democracia en un partidocracia, que en algunos países como España, se ha hecho agobiante y muy parecida a una dictadura de partidos.
La esencia de la política ha cambiado, las promesas, los compromisos y los deberes de los gobernantes han cedido el paso a una democracia sistemática del lenguaje y del gobierno cuyo único objetivo es fabricar votantes serviles que perpetúen en el poder a las élites que han ocupado el Estado.
El FORO CIUDADANO cree que ante la gran crisis que es está azotando al mundo, es más urgente refundar la democracia e inyectar ética en la vida diaria que inyectar dinero en el sistema financiero.
En la España actual, las masas idiotizadas sonríen con talante mientras la democracia es acosada. La mentira y la perversión del lenguaje siempre fueron las armas preferidas de los totalitarios para destruir la sociedad y crear otra acorde con sus intereses.
Con la ayuda de las escuelas, la televisión y los medios de comunicación sometidos al poder dominante están creando e imponiendo la nueva ideología. Los demócratas españoles debemos asumir la verdad amarga: los que se atreven a ser verdaderamente libres son “proscritos” en este nuevo mundo que está creando nuestra oligarquía partitocrática.
Mientras la corrupción cabalgue libre por nuestros campos y ciudades, seremos un pueblo sometido y sin futuro.
Sólo así, trascendiendo los limitados y esqueléticos límite del viejo partidismo, reducido a una vergonzosa lucha por el poder, sin ideas propias y en subasta permanentemente, podemos reclutar ciudadanos para este nuevo FORO y presentar a nuestras gentes como una esperanza y una apuesta interesante, de futuro.
Aunque el panorama es ciertamente desolador, existe la esperanza; ahí está, y hay que hacer hincapié en el valor de las nuevas tecnologías aplicadas a la comunicación (internet, prensa independiente, etc.) es un cauce poderoso para el necesario cambio político que merece la democracia; y así debemos instar a los ciudadanos a asociarse, a desmontar el aislamiento, el miedo y la soledad y a agruparse para desafiar a esos partidos políticos.
Hay que ayudar a crear un movimiento ciudadano, que recupere los valores éticos y que auspicie el debate cívico y la discusión, debilitando la política actual por los medios que se nos ocurran; dignificar la política, como para generar transformaciones políticas capaces de despertar a nuevos ciudadanos y liberarlos del impúdico secuestro que de nuestra voluntad, han conseguido esos partidos políticos.
Como decía Martin Luther King, para que alguien se te suba encima, primero tienes que doblar la espalda. El FORO más que militantes quiere ciudadanos libres y celosos de sus derechos. La única forma de regenerar Andalucía y su política y conseguir nuestro despertar es creando una organización de ciudadanos libres, de gente incapaz de doblegarse ante el poder y de no permitir que la corrupción se adueñe de nuestras vidas. No queremos hacer política, sino regenerarla.
Mientras que la economía y la comunicación avanzan hacia la globalización y las tecnologías de la información hacen posible un mundo pequeño con una portentosa capacidad de relacionarse, los seres humanos se refugian cada vez más en su interior y aprenden a vivir en el temor y la desconfianza. Es probablemente la mayor paradoja de nuestra cultura: nunca antes el mundo fue más global, pero tampoco nunca antes el ser humano fue más solitario y receloso.
Hay que advertir el peligro que supone hoy excluir a los ciudadanos del ejercicio de la política, convirtiéndolos en sumisos receptores de servicios y dóciles votantes de urnas sobres listas electorales cerradas, herméticas, elaboradas por ejecutivas para premiar a los mediocres y disciplinados ”políticos profesionales”.
El ciudadano es el gran perdedor en esta batalla porque ha sido expulsado de la política, una actividad noble que ha quedado desacreditada y ejercida en régimen de monopolio por los políticos profesionales. El verdadero ciudadano, celoso de sus libertades y derechos es incapaz de ceder a otros su voluntad política, que es indelegable.
Cuando hace un par de años John Micklethwait, director del semanario The Economist", publicó el libro "God is back" (Vuelve Dios), abrió las puertas al que será uno de los grandes debates del siglo XXI. Pero él no anticipa nada porque se limita a analizar un fenómeno cada día más evidente en la cultura occidental: el regreso a la cultura, a la política y a la sociedad de ese Dios que había sido expulsado.
Dios, expulsado de la cultura occidental dominante desde mediados del siglo XIX, cuando se creía que Dios y modernidad eran incompatibles, y vuelto a expulsar por la cultura relativista "progre", que ha tomado el poder en numerosas sociedades occidentales, entre ellas España, está regresando en el siglo XXI, un siglo que algunos pensadores ya definen como "el siglo de Dios" o "El siglo de la espiritualidad".
Dios fue claramente expulsado de la cultura en la etapa final de la Ilustración, más bien a partir de la segunda mitad del siglo XIX, cuando la revolución de la ciencia y de la técnica, los grandes descubrimientos geográficos y lacolonización de nuevos paises y espacios hicieron que el hombre se sintiera dueño del Universo y sin necesidad alguna de tener un Dios.
Pero, curiosamente, ha sido la modernidad, al permitir una libre competencia entre las ideas laicas, el ateísmo y las religiones, la que ha traido de nuevo a Dios, triunfante en esa dialéctica. Las demanda de enfoques y soluciones religiosas no para de crecer entre unos ciudadanos que desean, cada día con más fuerza, un rearme ético y religioso de la sociedad, de la cultura y de la política.
Micklethwait afirma que aquellos, como Fukuyama, que al descubrir la gran ausencia de Dios de los grandes acontecimientos del siglo XX, anticiparon un mundo futuro sin sitio para Dios, se han equivocado.
Ciertamente, Dios está regresando a nuestro mundo cargado de salud y de fuerza, con una presencia creciente en la política, en la cultura y en la vida de unos seres humanos que, sin la idea de Dios se sienten no sólo huérfanos y desamparados, sino también desorientados y en un peligroso mundo sin valores..Algunos pensadores creemos que dentro de una década, los "sin Dios" serán expulsados del liderazgo y resultará inconcebible que un ateo o un agnóstico pueda ser elegido en las urnas líder de una comunidad de creyentes. Sería como "poner al lobo al cuidado de las ovejas".
Micklethwait, que es católico, pero que ha escrito "God is back" al alimón con el ateo Adrian Wooldridge, opina que Dios nunca se fue de Estados Unidos, aunque sí de otros muchos espacios y culturas del mundo, especialmente de Europa. Ambos autores han estudiado el auge de los movimientos religiosos en todo el mundo, incluyendo el mundo islámico, y se sienten capaces de afirmar que el regreso de Dios es una corriente poderosa, prácticamente indetenible.
Exponen el fenómeno de la "competencia" entre las distintas religiones como causa y efecto de ese retorno de Dios y señala a Latinoamérica, un territorio tradicionalmente católico en el que hoy se han intruducido con gran éxito numerosas iglesias evangélicas y sectas.
Cree que la elección de Obama, que es tan religioso como Bush, potenciará a escala mundial el regreso de Dios a la vida política, especialmente en Europa, donde muchos políticos han luchado por expulsar a Dios de la cultura y de la sociedad. Obama, como portador de una cultura religiosa, es más aceptable para los europeos que Bush.
Pero el acontecimiento que más influencia tuvo en el retorno de Dios fue, con toda seguridad, la caída del Muro de Berlín. El hundimiento del comunismo, que, junto con el socialismo, fue el mayor asesino de Dios en toda la Historia, representó también el hundimiento de las certezas que proporcionaban el Estado y la filosofía política y el inicio de una etapa marcada por las incertidumbres, las dudas y la conciencia de que el mundo construido por el hombre está mal diseñado, es injusto y sólo beneficia a unos cuantos poderosos cargados de privilegios y de arrogancia. Los "progres", herederos culturales y, en algunos aspectos, también políticos de los derrotados comunistas, también están siendo derrotados en todo el planeta, una vez descubiertas sus falsedades, engaños, tendencias totalitarias y la gran verdad oculta de sus ansias irrefrenables de dominio.
Los autores piensan que la ausencia de Dios causó estragos en la política y en la cultura, al menos durante el siglo XX, en el que fueron asesinados decenas de millones de personas por estados gobernados por ateos militantes, como China (Mao), la URSS (Stalin), Alemania (Hitler) y otros muchos. Además, analiza el fenómeno de que las grandes guerras mundiales del siglo XX no fueron guerras de religión, como las que asolaron Europa en el pasado, sobre todo en el siglo XVI y XVII, sino guerras marcadas por la más completa ausencia de Dios.
Francisco Rubiales
El socialismo español está perdiendo su batalla decisiva ante los ciudadanos, que están rechazando, cada vez con más fuerza, su bien elaborada y hasta ahora infalible propaganda y empiezan a identificar el socialismo no con la justicia social y el Estado de Bienestar, sino con el abuso de poder, el desempleo y la ruina económica.
Los últimos mensajes propagandísticos del PSOE son tan demenciales y absurdos que no resultan creibles. Uno de ellos ha sido el intento de apropiarse del feminismo político, cuando la historia demuestra que el PSOE siempre se opuso al voto igualitario de la mujer; otro fue culpar al PP del hundimiento de la economía española, justo lo contrario de lo que en realidad ha ocurrido. Esos mensajes fracasados de la propaganda socialista reflejan que también ese recurso, el más saludable y eficaz del partido, ha entrado en colapso y ha dejado de funcionar, dejando al PSOE sin blindaje defensivo ante la realidad.
La propaganda ha sido siempre la mejor baza del socialismo español. Aunque parezca increíble, sus argumentos y teorías se han impuesto sobre la realidad, hasta el punto de que una gran parte de los españoles veía a los socialistas como justicieros populares, dispuestos a repartir mejor la riqueza y a socorrer a los más desamparados.
La éxito de la propaganda socialista ha sido sublime y ha conseguido que los españoles olviden un pasado cargado de fracasos. El socialismo que resurgió tras la muerte de Franco y que alcanzó su gran éxito electoral en 1982, con Felipe González como líder, tenía la imagen de un partido joven, rebelde, pacífico, generoso, idealista y noble, atributos de gran valor político que han ido dilapidando con el tiempo y con sus fracasos en el gobierno, hasta que Zapatero, con su política atroz y destructiva, que ha incluído la demolición del prestigioso "Estado de Bienestar", ha terminado por pulverizar aquella imagen idílica del socialismo, sustituyéndola por etiquetas tan negativas como el abuso de poder, la renuncia a las ideas y principios, la obsesión por los cargos y el poder, la entrega a los privilegios, la corrupción, las alianzas "contra natura" con los partidos nacionalistas enemigos de España, el desempleo masivo, el endeudamiento, el despilfarro, la pobreza de España y su derrota como pueblo.
La peor tragedia para el socialismo, la del hundimiento de su eficiente armadura propagandística, no es culpa exclusiva de Zapatero, pero el actual presidente es, con mucha diferencia, el principal responsable de la tragedia. Bajo el mandato de Felipe González, la imagen socialista se deterioró por causa de la corrupción, el terrorismo de Estado y el fracaso económico, pero pudo recuperarse gracias a los enormes errores y carencias de la presidencia de Aznar, a la habilidad de los propagandistas socialistas y a la ayuda de los medios de comunicación sometidos a la izquierda. Sin embargo, bajo el mandato nefasto de Zapatero, esa "cobertura" propagandística se está disipando de manera violenta, abriendose paso en la sociedad española una imagen más auténtica y real de lo que el socialismo español ha significado en la Historia reciente: desempleo, pobreza, creación de un Estado monstruoso e insostenible, avance de la corrupción, clientelismo, nepotismo, amiguismo, engaños y privilegios desenfrenados para los políticos.
En los núcleos de reflexión del socialismo español, donde operan varias fundaciones y thinks tanks, existe una profunda preocupación ante el desprestigio creciente del socialismo en España y el hundimiento de los grandes principios propagandícticos que lo sostenían como una utopía y un sueño en amplios sectores de la sociedad. El fracaso de Zapaterismo, según los análisis internos de muchos pensadores socialistas, ha sido demasiado contundente y evidente en lo económico y en la pérdida de prestigio internacional, lo que está teniendo un efecto demoledor sobre la imagen del socialismo y de toda la izquierda en España.
Lo que más preocupa en esos círculos es que se está afianzando sólidamente la idea de que socialismo equivale a ruina económica y a corrupción.
Esa idea, terrible para ellos, aunque quizás saludable y liberadora para la sociedad española, es tan básica y destructiva que podría cerrar las puertas del poder político a los socialistas durante décadas.
La derrota del núcleo fuerte de la propaganda socialista traerá consigo, de manera inevitable, el auge de la derecha. Sin embargo, en España, ese auge todavía está en sus inicios, frenado por factores tan negativos como el escaso atractivo de Mariano Rajoy y de su equipo, la adhesión de los populares a la peor versión de la partitocracia, su poca afición a la regeneración política y moral del país y la probada incapacidad del Partido Popular para entusiasmar a los españoles con sus ideas y propuestas.
Pero los expertos creen que, si los populares consiguen esta vez, como ya hicieron en tiempos de Aznar, enderezar el rumbo de España y devolver la prosperidad y la esperanza a esta sociedad, empobrecida y entristecida por el socialismo inepto de Zapatero, el resurgimiento, auge y consolidación de la derecha será un hecho de enormes proporciones y alcance político en la España de la primera mitad del siglo XXI.
Los dinosaurios siempre han ejercido una atracción especial sobre los más jóvenes, un fenómeno que se aprecia en los museos y exhibiciones jurásicas y que, curiosamente, se reproduce también en la política española, en la que los más jóvenes, asqueados de la corrupción y del fracaso de los políticos actuales, están apoyando a los viejos dinosaurios que retornan a la escena.
El fenómeno del amor entre jóvenes y dinosaurios está ocurriendo en Asturias, donde muchos jóvenes que votan por primera vez se decantan por Álvarez Cascos, un viejo diplodocus que retorna a la política actual, pero ocurre también, de manera todavía más espectacular, en la ciudad andaluza de Jerez, donde Pedro Pacheco, otro gran saurio político que regresa del pasado, está encontrando un sorprendente apoyo masivo de los jóvenes jerezanos, que lo ven como una esperanza de regeneración y de retorno a un pasado que, sin duda, fue mejor que el asqueroso presente político local.
Contrariamente a lo que ocurre en los museos, en la política no todos los dinosaurios son atractivos para los jóvenes. Sólo les atraen los ejemplares solitarios y libres que han abandonado la manada de predadores organizados (partidos políticos), dedicados a dominar y devastar. A los jóvenes les encanta la rebeldía. Los dinosarios viejos de la manada depredadora, como los Manolo Chaves, los Griñán, los Guerra y los extranjeros Gadafi, Mubarak y muchos otros que viven del dominio y la explotación de sus pueblos solo les provocan desprecio.
Álvarez Cascos, que fue número dos del Partido Popular en tiempos de Aznar, y Pedro Pacheco, que lo fue todo en el antiguo Partido Andalucista y alcalde de Jerez durante 24 años, tienen en común otros rasgos, además del de ser viejos y destacados ejemplares de la fauna política española: uno y otro han roto con sus antiguos partidos, el asturiano con el PP y el andaluz con el PA, quizás porque ya no tienen sitio en esas maquinarias implacables de poder, capaces de convivir con la corrupción y ajenas a la ciudadanía y al concepto de bien común. Uno y otro son portadores de recuerdos mejores de una política española que en el pasado fue más limpia, fresca, popular, eficaz y decente.
El andaluz Pacheco alcanzó en los años ochenta fama nacional con su frase "La Justicia es un cachondeo" y denunció connivencias de jueces y magistrados en su disputa legal con el cantante Bertín Osborne, dueño de una gran vivienda contraria a las ordenanzas. Pero su mayor prestigio y fama la alcanzó cuando catapultó a Jerez, su ciudad, hacia los espacios de la promoción mundial, construyendo un circuito de alta velocidad que acogió la Fórmula 1 y un estadio olímpico, organizó unos juegos ecuestres mundiales y, como alcalde, atrajo a empresas, remodeló la ciudad y colocó a Jerez en el exclusivo y restringido club de las ciudades competitivas y pujantes del mundo.
Detrás de él llegaron al Ayuntamiento los dos partidos poderosos de España, el PP y el PSOE, cuyas gestiones municipales, decepcionantes, ineficientes y, en algunos casos, corruptas, convirtieron a Jerez en un cadáver ambulante, lleno de desempleados, nuevos pobres y gente triste y sin esperanza. Tanto el PP como el PSOE le han hecho a Pacheco la campaña para que regrese, portando consigo la esperanza en la regeneración.
Los jóvenes jerezanos, muchos de los cuales no recuerdan a Pacheco como alcalde, se están decantando en las encuestas por apoyarlo de manera masiva y por influir en sus familias para que los adultos le entreguen el voto. Cuando les preguntas por qué apoyan a un político que fue alcalde durante nada menos que 24 años, responden que Pacheco no pertenece a ninguno de los dos partidos corruptos y que devolverá a la ciudad el empuje y la alegría que ha perdido.
Los jóvenes, según las encuestas, repudian la política y sólo buscan en los políticos a gente libre de corrupción y eficaz, que solucione los problemas y sepa anteponer los intereses colectivos sobre los de sus propios partidos.
El "milagro de los dinosaurios" en la política no es un fenómeno inédito en el mundo porque suele producirse siempre, cuando el presente es tan asqueroso que el pasado se transforma en esperanza.
Los medios de comunicación nos han bombardeado hasta el último detalle, con noticias e informes, sobre las revueltas de Egipto y Libia, pero han silenciado y ocultan la ejemplar revolución cívica que se está desarrollando desde hace dos años en Islandia, donde los ciudadanos, de manera pacífica pero con ejemplar firmeza, han obligado a dimitir a un gobierno en pleno y se han reunido en asamblea permanente para reescribir la Constitución.
Precisamente porque la de Islandia es una revolución ciudadana modélica, ha sido silenciada en los caducadas y degradadas democracias de Europa, en las que el único poder consentido es el de las castas políticas profesionales y donde el ciudadano ha sido expulsado de los procesos de toma de decisiones.
La censura de la revolución de Islandia es la mejor prueba de que existe el control de la información, siempre que la información que se silencia sea peligrosa para los partidos políticos, como ocurre con el caso de Islandia.
En Islandia, el pueblo ha hecho dimitir a un gobierno en pleno, se nacionalizaron los principales bancos, se decidió no pagar la deuda que estos han creado con Gran Bretaña y Holanda, por causa de su mala política financiera, y se acaba de crear una asamblea popular para redactar una nueva Constitución en la que los ciudadanos sean los protagonistas, en lugar de los políticos.
Islandia constituye hoy el mejor ejemplo de reacción ciudadana digna y pacífica contra ese poder inepto y falto de decencia que ha prostituido la democracia y ha conducido al mundo hasta la crisis. La de Islandia es una ola de rebeldía ciudadana que los políticos temen por su capacidad potencias de servir de ejemplo y de expandirse por toda la Europa de los políticos, de la que los ciudadanos han sido expulsados.
Los hechos silenciados durante los dos últimos años son los siguientes:
2008. Se nacionaliza el principal banco del país. La moneda se desploma, la bolsa suspende su actividad. El país está en bancarrota.
2009. Las protestas ciudadanas frente al parlamento logran que se convoquen elecciones anticipadas y provocan la dimisión del primer ministro, y de todo su gobierno en bloque. Continúa la pésima situación económica del país.
Mediante una ley, los políticos proponen la devolución de la deuda a Gran Bretaña y Holanda, a través del pago de 3.500 millones de euros, suma que pagarían todos las familias islandesas mensualmente durante los próximos 15 años al 5,5% de interés.
2010. La gente se vuelve a echar a la calle y solicita someter la ley a referéndum.
En enero de 2010 el Presidente, se niega a ratificarla y anuncia que habrá consulta popular.
En marzo se celebra el referéndum y el NO al pago de la deuda arrasa con un 93% de los votos.
A todo esto, el gobierno ha iniciado una investigación para dirimir jurídicamente las responsabilidades de la crisis. Comienzan las detenciones de varios banqueros y altos ejecutivos. La Interpol dicta una orden, y todos los banqueros implicados, abandonan el país.
En este contexto de crisis, se elige una asamblea para redactar una nueva constitución, que recoja las lecciones aprendidas de la crisis y que sustituya a la actual, que es una copia de la constitución danesa.
Para ello, se recurre directamente al pueblo soberano. Se eligen 25 ciudadanos sin filiación política de los 522 que se han presentado a las candidaturas, para lo cual sólo era necesario ser mayor de edad y tener el apoyo de 30 personas.
La asamblea constitucional comienza su trabajo en febrero de 2011 y presentará un proyecto de carta magna a partir de las recomendaciones consensuadas en distintas asambleas que se celebrarán por todo el país.
Deberá ser aprobada por el actual Parlamento y por el que se constituya tras las próximas elecciones legislativas.
Esta es la breve historia de la revolución islandesa: dimisión de todo un gobierno en bloque, nacionalización de la banca, referéndum para que el pueblo decida sobre las decisiones económicas trascendentales, encarcelación de responsables de la crisis y reescritura de la constitución por los ciudadanos.
Lo ocurrido en Islandia ha sido considerado por políticos como Merkel, Sarkozy, Cameron, Zapatero, Berlusconi y otros como peligroso y digno de ser silenciado, no sea que los europeos decidan hacer lo mismo y ellos pierdan su indecente y antidemocrático dominio rentable sobre el ciudadano.
El boicot informativo a Islandia ha sido escrupulosamente seguido por los miles de periodistas sometidos que escriben y opinan en la prensa, la radio y la televisión, la mayoría de los cuales están comprados por le poder político, que, en contra de los criterios democráticos, proporciona a los medios concesiones exenciones y publicidad a cambio de silencios y apoyos.
Pero la lección que el pueblo islandés ha sabido dar a toda Europa, plantándole cara al sistema y dando una lección de democracia al resto del mundo, será conocida y valorada, tarde o temprano, a pesar de la censura vulgar de las castas políticas responsables de la crisis y del desencante masivo de los ciudadanos.
Los egipcios, los tunecinos, los libios, los cubanos, los venezolanos, los chinos y los demás ciudadanos sometidos a tiranías en el mundo deben saber que todo es cuestión de tiempo y que, tarde o temprano, las dictaduras acaban desapareciendo, para dar paso a las democracias totalitarias. Muchas democracias que tuvieron en sus orígenes rasgos auténticos también evolucionan hacia democracias degradadas y falsificadas, dominadas por un totalitarismo que no da la cara.
El problema es saber cual de los dos sistemas es peor.
El relevo de una dictadura por una democracia totalitaria es prácticamente inevitable y constituye un "avance" de la "casta" política mundial hacia métodos más sofisticados y eficaces de dominio y explotación. Los sátrapas que gobiernan hoy el mundo son herederos directos de las castas dominantes de todos los tiempos, desde los faraones a los monarcas absolutos, pasando por emperadores, señores feudales y tiranos de todo pelaje. El objetivo, para ellos, siempre ha sido el mismo: dominar a sus semejantes y contemplar el mundo desde las alturas del poder, gozando de ltodos os privilegios posibles.
La "casta" siempre es la misma, aunque en cada tiempo adopte el modelo más apropiado para disfrazar el dominio y la opresión. En nuestros tiempos, el mejor camuflaje existente es la democracia falsificada, un disfraz eficaz que oculta la tiranía y el totalitarismo detrás de una fachada aparentemente democrática.
En mi libro "Políticos, los nuevos amos" (Almuzara, 2007), hay un párrafo que lo explica con claridad y crudeza: Los poderosos, distintos en cada etapa de la Historia, parecen pertenecer a una estirpe de dominadores que se transmiten unos a otros no sólo la filosofía de sojuzgamiento, la espada, el mazo, la bayoneta o la ametralladora, sino también una especie de «gen» que los impulsa a contemplar la sociedad desde arriba. Ahora, al iniciarse el tercer milenio, están encarnados en las democracias, adaptados a las nuevas reglas, ocupando, como siempre, las alturas del Estado y ejerciendo, desde el poder político, el sometimiento. Con esos depredadores han retornado las viejas doctrinas totalitarias y oligárquicas, camufladas también con envoltorios democráticos y destilando ese elitismo que tan bien exponen Strauss y Bloom y que sobresale en la influyente obra de James Burnham «The Machiavellians: Defenders of Freedom»
Las dictaduras y el despotismo provocan repugnancia a los demócratas, pero muchos, si nos forzaran a elegir entre una dictadura despótica y una democracia degenerada y transformada en una partitocracia envilecida, quizás el despotismo nos perecería preferible.
Una opción y otra son igualmente despreciables, pero la gran diferencia es que el despotismo hace al hombre esclavo, mientras que la democracia degenerada, además de esclavizarlo, lo envilece.
El despotismo elimina todas las formas de libertad y exige sometimiento, mientras que la falsa democracia, generalmente mostrando el rostro de la partitocracia, necesita mantener esas formas de libertad para aparentar que es "democracia", pero se apodera de ellas y las profana. Contra el despotismo se lucha frente a frente porque el adversario siempre es visible, pero contra las democracias falsas es más difícil luchar porque sus dirigentes, hipócritas, se disfrazan de demócratas y emplean el lenguaje de la mentira y la manipulación para esconder sus vilezas, confundir y engañar.
Como la libertad de opinión le parece peligrosa, pero considera su apariencia necesaria, la partitocracia fustiga al pueblo con una mano para sofocar la opinión real, mientras que con la otra mano lo golpea para forzarle a representar un simulacro de opinión supuesta.
El dictador déspota prohibe la discusión y exige sólo obediencia, mientras que el falso demócrata manipula el debate para que tenga apariencia de opinión libre, cuando en realidad prescribe y controla con mano de hierro las ideas y criterios.
La peor de las tiranías es la que se considera legítima y aspira a obtener el consentimiento de sus "subditos". Para alcanzar esa aprobación forzada, la democracia degradada acusa a los ciudadanos pacíficos de indiferentes, trata a los críticos como autoritarios, totalitarios, desfasados y políticamente incorrectos, mientras persigue a los rebeldes como si fueran peligrosos "antisistema". Los déspotas pueden llegar al extremo de ejecutar a sus adversarios, pero las partitocracias degeneradas estimulan un servilismo sin límites y no necesitan asesinar a sus enemigos porque saben cómo fabricar cadáveres ambulantes.
En lo único que ambas son iguales es en el magistral manejo del miedo, pero mientras que en las dictaduras el miedo permite el derecho a la revancha y el deseo de recuperar la dignidad, en las democracias degradadas se manipula, se disfraza de coraje y se utiliza para hacer olvidar las propias vergüenzas y para congraciarse con las propias miserias.
La dictadura déspota es moralista y defiende realmente algunos valores que le convienen, como el orden, la no violencia, el respeto a la vida y a las propiedades ajenas y la convivencia honrada y pacífica, mientras que la democracia degenerada se siente más a gusto en una sociedad sin respeto y confundida en su escala de valores, en la que algunos valores secundarios, de carácter político, cobran un protagonismo inapropiado, mientras que los grandes valores son relegados y donde los ciudadanos, permanentemente asustados, justifican en cada instante la existencia de una autoridad que consideran necesaria para mantener el orden y hasta para reprimir.
De hecho, las dictaduras suelen producir sociedades con pocos delincuentes, en las que los ciudadanos duermen con las puertas de sus hogares abiertas, mientras que las democracias degradadas construyen cárceles sin cesar para encerrar en ellas a sólo una parte de las mareas de delincuentes que genera.
El despotismo sofoca la libertad de prensa, mientras que la partitocracia degenerada convierte a la prensa en una parodia. Cuando la libertad de prensa se proscribe, la opinión pública duerme, pero nada ni nadie la corrompe; cuando, por el contrario, los periodistas comprados, los comunicadores aliados y los panfletarios a sueldo se apoderan de esa opinión pública, se abre la puerta al oprobio y a la prostitución de las ideas. Entonces, engañan, generan falsos debates, discuten como si pretendieran convencer, aparentan cólera y discrepan como si existiera una pugna real entre opciones y criterios. Pero todo es un escenario falso para hacernos creer que las víctimas pueden resistir y defenderse, cuando, en realidad, el poder aplica las leyes a su gusto, perdona a los suyos y condena y aplasta de antemano al adversario, fabricando cadáveres.
El despotismo reina por el silencio, pero deja al hombre el derecho a callar, mientras que la degeneración de la democracia le condena a hablar y le persigue hasta en el santuario íntimo de su pensamiento, obligándole a mentir y a engañarse a sí mismo.
Pero el argumento que demuestra toda la capacidad destructva de la falsa democracia prostituida es que cuando el pueblo es esclavo sin estar envilecido, conserva la posibilidad de remediar su desgracia y de recuperar su dignidad en la primera oportunidad que se le presente, mientras que la democracia degradada envilece al pueblo, al mismo tiempo que lo oprime, le acostumbra a despreciar todo lo que antes respetaba y a emular lo que condenaba, cerrando todas las puertas a la regeneración y a la esperanza.
El próximo 14 de marzo de 2011 se cumplen 7 años desde que Zapatero ganó sus primeras elecciones generales y España inició la etapa de más intensa decadencia en su Historia moderna. Nunca España se precipitó al vacío con mayor velocidad. En siete años, Zapatero ha destrozado a su país, ha condenado el horizonte de la izquierda española y ha sembrado España de gente triste y desgraciada. Zapatero es hoy un peligro gobernante, una amenaza para todos y la peor pesadilla de España.
El mensaje del mendigo es elocuente y refleja con precisión lo que han sido los siete años de "Zapaterismo" padecidos por España: "Vota Zapatero y vente conmigo a la puta calle".
Los siete años de Zapatero en el poder son, probablemente, la peor etapa de la moderna Historia de España, después del periodo de la guerra civil. La velocidad de la caída ha sido de vértigo y el balance de fechorías, daños, injusticias y miserias es brutal. Después de siete años, los españoles somos más pobres, más indignos, más desgraciados, más corruptos, más desesperanzados, más infelices, más rencorosos, más incrédulos y más temerosos de todo, sobre todo ante el futuro.
A Zapatero le debemos el desencanto, el desempleo masivo, la pobreza que avanza, el rechazo a las castas políticas, la decepción ante la democracia, las violaciones reiteradas a la Constitución, la manipulación de la opinión pública, la mentira elevada a política institucional, la infección corrupta de la sociedad, el desprestigio de lo público, la indignación, el cabreo y las ganas de retorcerle el cuello a más de uno.
España, después de siete años de Zapaterismo, es más inmoral, corrupta, indecente, indigna, desprestigiada, decadente, desigual, triste, pobre y desgraciada.
Los españoles creemos ahora menos en la democracia y, por desgracia, estamos dispuestos a recibir con los brazos abiertos a cualquier salvapatrias que se presente con una escoba para limpiar el país, con un látigo para poner orden y con la promesa de llenar las cárceles de políticos corruptos.
Los estragos de Zapatero son inmensos, mayores de lo que la gente cree porque han penetrado hasta la médula de la sociedad y han conseguido envilecerlo todo. Por su culpa, hemos perdido la fe en la democracia, la inocencia política, la confianza en el Estado y la esperanza. Ya no confiamos en la Justicia, ni en las instituciones. Hasta la Corona, por culpa de Zapatero, se ha alejado del pueblo y el borbón que gobierna nos parece ahora un miembro más de la "casta".
Arrogante, inepto, mentiroso, presumido, torpe, alienado e insensible a los sufrimientos, criterios y deseos de su pueblo, Zapatero nos ha demostrado que nunca tuvimos una democracia sino una sucia oligocracia de partidos y nos ha convencido de que la solución del drama español no está en cambiar de gobierno sino en cambiar el sistema, sustituyendo el estercolero actual por una verdadera democracia donde el ciudadano cuente y donde los políticos no sean inmunes, impunes y corruptos.
España es más pobre después de los siete años de Zapatero, pero también es mucho más triste y desgraciada. Ha pedido ilusión, cohesión, pulso, brío y mucha decencia. Zapatero nos ha demostrado que el peor problema que padecemos es el del liderazgo. España no tiene la clase política que se merece, sino una mucho peor, La sociedad española está envilecida y corrompida, pero mucho menos que sus políticos y sus poderes. La infección que hoy tiene postrada a España nos la han inoculado los políticos, que han mentido, robado y llenado el país de arbitrariedad y de corrupción, conviriténdolo en un vertedero.
Los pobres, tras el mandato de Zapatero, son más pobres y los ricos, más ricos. La justicia social ha retrocedido, al igual que los grandes valores y el orgullo de ser español. Cuando una pandilla de ineptos sin grandeza conduce a un país, siempre comienza el desastre y el pecado ciudadano de haber elegido como gobernantes a los peores siempre se paga con dolor y, a veces, con sangre.
Zapatero ha dejado a España endeudada al menos por tres generaciones y, al permitir que nos intervengan nuestros socios y vecinos, nos ha humillado y convertido en una colonia camuflada. Su fracaso no es consecuencia de errores de planificación, sino de tozudez, arrogancia, mentira y arbitrariedad. Se negó a admitir la existencia de la crisis porque su deseo era que la crisis no existiera. Se comportó como un alucinado y retrasó las medidas que el país necesitaba con urgencia, sólo porque tenía que ganar unas elecciones en 2008 y la idea de la crisis le perjudicaba ante las urnas. Ha antepuesto sus propios intereses al bien común decenas de veces. Como gobernante, es un verdadero desastre, para España y para la civilización, que fracasa cada vez que pare un individuo de su naturaleza. Es tan pobre y mezquino que cree que lo importante es ganar, más que servir, más que ayudar a sus congéneres, más que ser honrado y decente. Zapatero y sus secuaces son la peor pesadilla de España, por lo menos desde que otro inepto mentiroso y con mala leche, el rey felón Fernando VII, nos condenó con su reinado canalla, durante casi dos siglos, a ser un país retrasado y ajeno a las grandes corrientes positivas de la Humanidad.
Los gobiernos sólidos y poderosos son prescindibles y sólo representan un enorme gasto y un riesgo de autoritarismo que obstaculiza la democracia, según demuestra la experiencia belga, que también demuestra que lo más eficaz y eficiente es tener un gobierno provisional, con poderes muy limitados. La eficacia de ese tipo de gobierno, que sólo interviene en los asuntos graves, cuando es realmente necesario, es mucho mayor, los ciudadanos están más libres y el país funciona de manera más eficiente, libre de cargas inútiles, de corrupciones y de castas atrincheradas en el poder.
Después de ocho meses sin gobierno, Belgica ha encauzado buena parte de sus problemas, tiene una economía más próspera y sus ciudadanos se sienten más libres y mejor gobernados. Parece imposible, pero la experiencia belga está demostrando que los gobiernos son un gasto superfluo para cualquier país, que son prescindibles y que lo mejor es tener un gobierno provisional y con poderes muy limitados.
Cuando se contempla la corrupción del gobierno andaluz o los estragos que ha causado en España el gobierno de Zapatero, uno descubre que los gobiernos son muchas veces el problema, no la solución. Entonces surge inmediatamente la pregunta: ¿Para qué sirve un gobierno? La respuesta, a juzgar por lo que ocurre en Bélgica, que ocho meses después de las elecciones no ha logrado todavía formar un gobierno, o analizando lo que ha ocurrido en el pasado, en Italia y otros países temporalmente descabezados, es que un gobierno no sirve para nada y que mejor que tener un mal gobierno es funcionar con un gobierno provisional y con atribuciones limitadas.
Los italianos, que durante largos periodos de su historia moderna han vivido sin gobierno, tienen una frase sabia y políticamente memorable que dice más o menos lo siguiente: "No hay gobierno, entonces hay buen gobierno". La ausencia de gobierno acerca a los países a la democracia verdadera, que concibe siempre un gobierno con funciones mínimas y a unos ciudadanos responsables, que ejercen eficazmente el autogobierno.
La experiencia actual de España demuestra justo lo contrario: que un gobierno inepto, que se cree necesario y que disfruta gpobernando, termina arruinando a su país, crispando la convivencia, acosando al ciudadano con leyes imbéciles y desprestigiando la democracia y el mismo concepto del poder político.
El periódico belga De Standaard ha publicado varios informes sobre la carencia de gobierno en ´Bégica. En el último de ellos, titulado "¡Para qué sirve un gobierno?", ese medio se declara sorprendentemente a favor del actual gobierno provisionaly de poderes limitados, resaltando su buen hacer político y financiero. Un Gobierno limitado a los asuntos cotidianos -afirma el periódico- tiene, incluso, sus ventajas, considera De Standaard.
Gracias al primer ministro dimisionario, Yves Leterme, y a su Gobierno a cargo de gestionar el día a día, Bélgica incluso sale beneficiada con esta crisis política.
Numerosos expertos y analistas independientes belgas afirman que la gran ventaja de un gobierno con atribuciones limitadas es el rigor de la política presupuestaria, desplegado con un método conocido como las “doceavas provisionales”, el cual consiste en que, hasta que no se aprueba un presupuesto anual, los ministros sólo reciben mensualmente una doceava parte de la partida que les había sido asignada el año anterior. En la práctica, esta situación puede contribuir al ahorro, pues los ministros no están autorizados a adoptar “nuevas iniciativas”. La prohibición de actuar en tiempos de precariedad presupuestaria es lo mejor que puede ocurrirle a este país.
Es casi seguro que a paises como España, que han sido destrozados por su mal gobierno en los últimos años, le habría ido mejor sin gobierno o con uno provisional y con atribuciones mínimas que con la demencial locura de un gobierno como el de Zapatero, que ha conducido al país hacia la pobreza, el desempleo, la desconfianza, el desprestigio, el retroceso y la infelicidad. Andalucía, con un gobierno provisional y bajo control, habría evitado la pérdida de cientos de millones de euros en corrupción y el cúmulo de abusos y de injusticias perpetrados por la Junta, practicando el amiguismo, el clientelismo, el enchufismo, la arbitrariedad y la corrupción a gran escala.
Los funcionarios garantizan el buen gobierno cuando no hay poder Ejecutivo. Así ha ocurrido en Bélgica, en Italia y en otros países. El problema para "democracias" que han sido prostituidas por su clase política, como la española, es que más del 60 por ciento de los funcionarios españoles no han hecho oposiciones y deben sus puestos de trabajo a partidos políticos o a amigos con poder, todo un drama que demuestra que la democracia esañola es un basurero indecente.
Muchos intelectuales y periodistas del zapaterismo, desanimados e incapaces de seguir defendiendo a su antes admirado líder, han iniciado la desbandada, dejando abandonado y sin blindaje ante la opinión pública a quien ha conducido a España hasta la ruina y el borde del precipicio. Aunque ahora, ante el inevitable naufragio, abandonen el barco, han contraído una responsabilidad enorme con la sociedad española por defender durante años lo indefendible y por haber tardado tanto en descubrir que el personaje que defendían con la pluma y la palabra no reunía las mínimas condiciones psicológica e intelectuales para gobernar una democracia.
La izquierda española, que siempre ha contado con un poderoso ejército de intelectuales y periodistas a su servicio, está perdiendo, a marchas forzadas, su blindaje ante la opinión pública. Durante años, pudieron mentir y engañar a mansalva, realizar tropelías y atentar contra la decencia, gracias a que una legión de opinadores siempre les defendían, pero ahora sus partidarios escapan y procuran ponerse a salvo ante la que se les viene encima. El blindaje que protegía a los ineptos ya no existe y ahora, Zapatero y los suyos se encuentran inermes ante la sociedad, sin otra defensa que su probada incompetencia.
El desengaño y el desánimo ante los desatinos y errores de Zapatero ha contagiado a sus compañeros de partido y a los muchos periodistas sometidos que defendían el malgobierno y la antidemocracia instaladas en el Ejecutivo. Al incompetente Zapatero y a todos los que les han acompañado en esta aventura desgraciada de poder, una vez perdida la coraza mediática, sólo les queda sufrimiento, decadencia y una dolorosa y humillante caída.
Suso del Toro, del que se dijo que era el escritor "de cabecera" de Zapatero, ahora procura distanciarse de su viejo amigo, al igual que están haciendo muchos de aquellos cineastas y cantantes "de la ceja", que en las campañas electorales de 2004 y 2008, cuando muchos veíamos que Zapatero era una plaga terrible capaz de devastar España, prestaron su apoyo, su popularidad y prestigio al más inepto de los candidatos, engañando y confundiendo a los votantes españoles, que en aquella ocasión podrían haber evitado los desastres dramáticos del último cuatrienio de España.
La revista Temas, que controla Alfonso Guerra, ha sido uno de los primeros medios en desertar. José Féliz Tezanos, publica en el número que salió este lunes ¿Resignados a perder?, un análisis en el que ataca con ariete a Zapatero por haber abierto con torpeza el debate sobre su sucesión, "con el efecto de generar desgastes añadidos, debido a lógicas razones de incertidumbre e inestabilidad".
Pero esa no es, ni mucho menos, la única baja en el ejercito mediático del poder. Carlos Carnicero, uno de los más combativos perros del poder, publicaba el pasado martes un artículo en el que compara los hundimientos de Adolf Hítler y el de Zapatero, criticando la resistencia obtusa de Zapatero a reconocer el evidente hundimiento del PSOE. Pocos días antes, en otro artículo, esparcía la mentira de que él fue uno de los primeros en descubrir la "fragilidad" del proyecto político de Zapatero, su autoritarismo y su escasa capacidad intelectual, cuando muchos periodistas independientes y libres llevamos seis años denunciando esas y otras cosas que el tal Carnicero todavía no se atreve a ver.
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Iñaki Gabilondo, maestro y modelo en España del periodismo sumiso al poder y cancerbero de la izquierda, se declara ahora "defraudado" por el presidente, al que acusa de sobrevalorar sus fuerzas y minusvalorar las dificultades. No es mucha crítica ante el que ha casi destruido la nación, pero algo es algo.
Entre los que tiemblan ahora por haber defendido la mentira, el engaño y la indecencia corrupta figuran otros como Antonio San José, Fermín Bocos y Antonio Papell, que hasta escribió un libro laudatorio sobre aquel Zapatero que ya mentía de manera compulsiva y desintegraba a España con sus pactos anti-PP, estimulando el desigual y anticonstitucional Statut de Cataluña y conviviendo amigablemente con la corrupción, el abuso, el despilfarro y la ruina económica y moral.
Otros, como José Luis Gómez, acusan ahora a Zapatero de poner en peligro "el andamiaje básico de la democracia española", pero la mayoría de los perros del poder, cargados de oprobio y de ridículo, prefieren guardar silencio y mantener ahora una especie de neutralidad cobarde que en ellos resulta incomprensible y lamentable.
Hasta los mas recalcitrantes, como Miguel Ángel Aguilar y Enric Sopena, se les nota la duda y la vergüenza de haber servido como coraza a un salteador de la política española.
Detrás de estas "estrellas" del periodismo sometido al poder hay legiones enteras de periodistas incrustados en los medios, instituciones y empresas del poder, que defienden a sus amos o ocultan sus desmanes y vergüenzas. Muchos de ellos, sobre todo en Amdalucía, donde la corrupción y el abuso han alcanzado niveles de vómito, sienten vergüenza ante su cobardía, pero se justifican pensando que no pueden hacer otra cosa, porque necesitan comer y alimentar a sus proles.
Y es que la realidad de la inmensa incompetencia de Zapatero, así como la inconmensurable cobardía de todo el PSOE, como todas las verdades, terminan por abrirse camino y por relucir, aunque haya dispuesto de ejércitos sometidos y lubricados de opinadores hábiles en la pleitesía, que un día renunciaron al más sagrado de los principios del periodismo democrático, el deber de fiscalizar a los poderes públicos para que no consigan hacer lo que Zapatero y los suyos han hecho con España: instaurar el reino del abuso y del mal gobierno, traicionando a sus ciudadanos y conduciendo a su país hacia el precipicio.
El ministro alemán de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg, una de las estrellas más prometedoras del partido de Ángela Merkel, ha dimitido por haber copiado parte de su tesis doctoral. El ejemplo alemán de decencia democrática avergüenza a los políticos españoles, habituados a vivir en una ciénaga donde nadie dimite a pesar de que muchos políticos y altos cargos están podridos y minados por la corrupción y el delito.
¿Cuanto tiempo habrían durado los Manuel Chaves, José Antonio Griñán, Francisco Camps y otros muchos cientos de polítcos españoles en una democracia limpia y exigente como la alemana? Si en España se aplicasen las mismas reglas de juego democrático que en Alemania, nuestros gobiernos, parlamentos, tribunales, diputaciones y municipios estarían semidesiertos, sin personas con la dignidad suficiente para ocupar esos puestos.
España es una peslitente balsa de lodo antidemocrático e inmoral que cada día repugna más a los ciudadanos, aunque los altos cargos del Estado parecen vivir a gusto en esa decepcionante pocilga.
El rey Juan Carlos, interrogado sobre la marcha España, el pasado 23 de febrero, respondió que España está "mejor que antes" y que él dormía bien.
A los demócratas les escandaliza y apena que el jefe de un Estado minado por la corrupción y los abusos duerma tranquilo y se sienta satisfecho. Su deber, ante la situación dramática que vive España, es padecer un insomnio insoportable, sufrir con el pueblo y presionar a la "casta" política para que desaparezcan los desmanes, abusos e injusticias.
El rey debería haber intervenido para detener la dolorosa sangría de los desahucios, que ya son más de 500.000 desde que empezó la crisis, muchos de ellos basados en la ley injusta que permite a los bancos incautarse no sólo de la vivienda hipotecada, sino también del resto del patrimonio del deudor, una barbaridad jurídica que escandaliza a medio mundo. El deber del rey quizás debería haber sido presionar para que los empresarios, medio arruinados y acosados por la crisis, no tengan que anticipar al Estado el IVA de las facturas que emiten, aunque no las cobren. El monarca de los españoles, tan satisfecho él con su vida y sus privilegios, debería acercarse más a su pueblo y sentir el soplo horrendo de la pobreza que avanza, del sufrimiento humillante de los casi cinco millones de "subditos" que no pueden trabajar, la angustia de esa masa de jóvenes bien preparados que no encuentran trabajo y tienen que emigrar, la humillación humana de los que hacen colas en los comedores de caridad y de los que duermen en las calles y parques, envueltos en plásticos y cartones.
El rey de los españoles debería aparecer ante su pueblo no como un ser satisfecho que duerme bien, sino como un látigo indignado que combate la delincuencia que se ha incrustado en el Estado de las Autonomías, donde hay demasiados políticos nadando en el abuso y el delito, donde se cobran pensiones sin haber trabajado en empresas, donde se reciben subvenciones por parentesco o amistad, donde se reciben regalos y donde miles se enriquecen de manera injustificada e inexplicable.
Aunque más del 80 por ciento de los españoles se muentran decepcionados con la gestión de Zapatero, según las encuestas, y desearían un adelanto de elecciones, el rey de España, en clara asintonía con su pueblo, defiende la labor del desprestigiado presidente español y destaca las bondades de las reformas emprendidas por Zapatero, todas ellas tardías e impuestas por la presión de los mercados y de los socios europeos de España.
Nuestro monarca, que lleva en el trono casi tanto tiempo como el dictador libio Gadafi, corre el riesgo de empezar a decepcionar seriamente a los españoles demócratas y decentes.
Al finalizar el año 2010, se habían producido en España mas de 500.000 desahucios, desde que se inició la crisis, lo que significa que más de medio millón de familias han perdido el hogar que adquirieron con una hipoteca que, finalmente, por culpa de la crisis, no pudieron pagar, seguramente porque también perdieron el trabajo. Esa cruel "injusticia" podría haberse evitado con un esfuerzo del Estado, que podría haber negociado con los bancos algunos años de carencia en los créditos hipotecarios de los desempleados, pero no se hizo y se prefirió el desaucio terrible, que deja a familias enteras sin esa vivienda a la que, según la Constitución, tienen derecho.
Pero no terminan ahí las injusticias de este falso Estado de Derecho español. Muchos de los que han sido desauciados, además de perder su vivienda, han perdio también el coche y todo su patrimonio, puesto que la ley española, injusta donde las haya, obliga al desauciado a responder con todo su patrimonio a la deuda hipotecaria contraida.
En otros países, como Estado Unidos, si no puedes pagar la casa, la pierdes, pero no tienes que responder con todo tu patrimonio ante los bancos. De ese modo se limita el riesgo y los bancos tienen más cuidado en tasar correctamente las viviendas que hipotecan, no como en España, donde algunas tasaciones duplicaron el precio real de las viviendas hipotecadas, lo que permitía al banco prestar más dinero e inflar su volumen de negocio.
Pero hay muchas más injusticias lacerantes, impropias de una democracia, vigentes en España. Otra especialmente abusiva es que los empresarios tengan que anticipar al Estado el IVA que no han cobrado y cuyo cobro, a veces, es más que dudoso. El Estado, ventajista y arrogante, cobra por anticipado, en el mismo momento en que el empresario extiende su factura. No le importa demasiado que esa factura se cobre o no porque él ya tiene su parte. Esa legislación injusta es la culpable de que miles de empresas hayan tenido que cerrar, muchas veces porque el mismo Estado no les paga facturas cuyos IVAs ya ha cobrado previamente.
La lista de injusticias y desequilibrios en la democracia española es enorme y sobrecogedora: privilegios injustificados para los políticos y cargos públicos, descontrol del poder de los partidos políticos y de sus "castas" profesionales, que son prácticamente impunes, subidas de sueldo opacas de los políticos, aprobadas por ellos mismos, condiciones laborales, dietas y pensiones y ventajas para políticos, a las que ningún otro ciudadano puede acceder, inmunidad parlamentaria que impide procesam a delincuentes, dietas y fondos reservados sin control para altos cargos, pensiones de lujo con sólo trabajar unos años en el gobierno y un largo etcétera que indigna a los ciudadanos y convierte a España en un Estado abusivo, diseñado para chacales.
Las últimas injusticias del Estado español han sido protagonizadas por Zapatero, que ha preferido hacer pagar sus errores y los daños de la crisis a los más humildes y desamparados, sin restar a la casta política ninguno de sus grandes privilegios y ventajas. Ha congelado las pensiones, suprimido ayudas y programas sociales, bajado el sueldo de los funcionarios y pretende subir la edad de jubilación, pero no se han reducido las dietas, los coches oficiales, los teléfonos para cargod públicos, las tarjetas de crédito, las pensiones de lujo y los fondos reservados, entre otras muchas ventajas y privilegios.
Detrás de esas medidas han llegado otras que se disimulan como reformas justas pero que no tienen otro fin que recaudar más dinero para un Estado manirroto y despilfarrador, como la reducción ede la velocidad en autopistas y autovías a 110 kilómetros por hora.
Otra injusticia lacerante es que deambulan por España, en plena libertad y con la cabeza alta, miles de políticos que se han enriquecido de manera injustificada, con patrimonios acumulados que jamás habrían podido acumular con sus sueldos oficiales.
Aunque las hay en todos los campos y ámbitos, la mayoría de las injusticias y abusos se cometen en la política, convirtiendo a España en un país con una democracia basura. La justicia no es igual para todos, el poder de los partidos carece de controles adecuados, los ciudadanos no pueden elegir libremente a sus representantes, porque son los partidos los que elaboran las listas cerradas y bloqueadas que van a las elecciones, desde el poder se resquebraja la unidad y la cohesión y se estimula la desigualdad, los políticos han invadido, sin prudencia ni freno, los espacios de la sociedad civil que les están vedados en democracia, como son las universidades, los medios de comunicación y muchas instituciones y empresas.
¿Sabía usted que en muchos hospitales públicos hay espacios reservados para políticos, que son atendidos por los mejores médicos y que no tienen que hacer colas para sus pruebas y opoeraciones, ni compartir habitaciones con otros usuarios del sistema?
Éstos son sólo algunos de los miles de ejemplos reales de "fechorías" políticas en esta España falsamente democrática, donde el foso que separa a los ricos de los pobres se ensancha a diario, al igual que el que distancia a los políticos, cada vez más endiosados, arrogantes y blindados, de los ciudadanos, cada día más parecidos a boñigas de vaca.
Los últimos movimientos, noticias y medidas del gobierno socialista español, en especial las dos últimas: el ofrecimiento a Túnez de 300 millones de euros para consolidar la democracia y prohibir circular por las autovías españolas a más de 110 kilómetros hora, una medida sin otro fin que vaciar los bolsillos de los ciudadanos, demuestran hasta la saciedad que el socialismo español sufre un deterioro brutal en sus ideas, comportamiento e, incluso, en su aspecto físico. Simultáneamente, la opinión pública conoce y se avergüenza del alto nivel de corrupción pública: un ex consejero de la Junta de Andalucía falsificó su historia laboral y declaró que empezó a trabajar el mismo día que nació.
La derrota que les espera en las urnas, a pesar de que una gran mayoría sociedad española adora a la izquierda y recela de la derecha, no es sólo porque han conducido al país hasta el desempleo masivo, la pobreza y la tristeza, sino porque se han deteriorado tanto que ya son irreconocibles. Su derrota será sólo la consecuencia lógica de su fea decadencia.
Cuando llegaron al poder, en 1982, se les veía espigados, imaginativos, osados, frescos y conquistadores, pero hoy son ya una banda mortecina, atrincherada en el privilegio. La mayoría de sus líderes, enriquecidos en el poder, se han transformado en élite, engordan y se ajamonan, al mismo tiempo que pierden su sintonia con las masas, su frescura, su sentido de la limpieza, su creatividad y su conexión con la realidad. Leire Pajín y Trinidad Jiménez son dos elocuentes imágenes del socialismo ajamonado que disfraza la realidad, gana peso, se enriquece, se habitúa al poder y enevejece mal.
En el pasado, desde la oposición, insultaban con saña al gobierno y predicaban la insumisión y la objección de conciencia, pero ahora, instalados en el poder, llaman "frikis" y "anarcoides" a los que les critican. Prometieron no prohibir, pero ahora se decican a prohibirlo todo. En el pasado criticaban las dictaduras, aunque sólo fueran las de derecha, pero ahora conviven con tiranos de todo pelaje, sobre todo con sátrapas disfrazados de rojo, como los que mandan en Cuba, Venezuela, Nicaragua, Irán, China y muchos más.
Hundieron a Adolfo Suárez con una lluvia de críticas horrendas, pero hoy llaman fascistas y antisistemas a los que se atreven a criticarles a ellos. Se han hecho conservadores, como los nuevos ricos de todo el mundo, y sus dos mayores obsesiones son conservar el poder y ganar patrimonio y posiciones en la sociedad.
Se han deteriorado, se han hecho demasiado ricos, se han aficionado al poder y hasta físicamente se han convertido en fofos y ajamonados.
José Bono, que ha amasado una fortuna durante su vida política, es la viva imagen del socialista nuevo rico y Leire Pajín la de la lideresa ajamonada. Detrás de ellos hay legiones de socialistas enriquecidos y ajamonados, todos ellos conservadores y hartos de privilegios y de buenos restaurantes con abundante sebo en la dieta.
La Historia reciente demuestra que ganan grasa al mismo rítmo que pierden sentido crítico y chispa. En el pasado, la imaginación y la osadía les llevo al poder, pero en el presente, la cobardía, la sumisión, la soberbia y la grasa les está llevando a la derrota. Incapaces de soportar y de explicar al pueblo sus corrupciones y contradicciones, recurren siempre al insulto y a la ofensa para escapar de su triste realidad de partido caducado. Lo único que les funciona ya es la propaganda. Cuando quieren demostrar que están vivos y que sigue presente su antiguo impulso reformista, los único que se les ocurre es cobrar más impuestos, cambiar cosas por cambiar y, sobre todo, prohibir: fumar, los toros, correr en las carreteras, etc., etc. Es como si la grasa les hubiera taponado las ideas y como si sus neuronas estuvieran paralizadas por los triglicéridos y el colesterol.
Como todo nuevo rico, se han hecho cobardes y son incapaces de plantarle cara a su líder, Zapatero, a pesar de que todos ellos saben que el presidente está incapacitado para gobernar un país como España, al que conduce hacia la ruina económica y moral, sin que ninguno de los ajamonados mueva un sólo dedo.
Es lamentable y penoso el terrible daño que el poder ha causado al PSOE. Impiden comisiones de investigación, ocultan sus desmanes, compran con publicidad y sunvenciones el silencio de los medios y ni siquiera reconocen que en comunidades como la Andaluza la corrupción pública está llegando hasta niveles de nausea. Han perdido el miedo a las leyes y al ciudadano, lo que les ha convertido en descarados. El escándalo andaluz de los falsos EREs, mediante los cuales muchos socialistas y ugetistas cobran buenas pensiones, financiadas con dinero público, de empresas en las que nunca trabajaron, demuestra un descaro desorbitado y una desfachatez digna de cárcel, pero los nuevos ricos del socialismo niegan la evidencia y sueñan con que el tiempo provocará el olvido.
Pero cada día son más los españoles que no están dispuestos a olvidar y que les preparan una ejemplarizante derrota en las urnas. Aunque desconfíen de una derecha española escasamente democrática, casi tan minada por la corrupción como la izquierda y plagada de herederos del antiguo señoritismo rural español, los ciudadanos van a votarla, aunque sólo sea para castigar la arrogancia de los nuevos amos rojos ajamonados.
La única excusa que podría esgrimir el PSOE es que todos los partidos, sean de derechas o de izquierdas, después de tantos años en el poder, se pudren. Es cierto y la prueba está en los partidos políticos que sustentaban a Ben Alí, Mubarak y Gadafi. Al final, ya no eran partidos, sino cofradías de usurpadores y sátrapas. Pero esa es una excusa de perdedores.
El depuesto dictador tunecino Ben Alí está en coma y se muere en un hospital exclusivo de Arabia, donde sólo son tratados los miembros de la familia real saudí y sus amigos íntimos. Los especialistas médicos y algunas fuentes cercanas aseguran que se muere de una mezcla de rabia y miedo, de soberbia y terror, síntomas claros del mal que afecta a los políticos en el poder, descubierto y detallado por el neurólogo inglés David Owen, que fue también ministro laborista de Sanidad y de Asuntos Exteriores británico.
Algunos rumores aseguran que Hosni Mubarak, el también depuesto dictador egipcio, se está desmoronando, víctima del terror, de la rabia y de una patológica ansia de venganza contra el pueblo que lo ha expulsado del poder. Gadafi, el dictador Libio, acorralado por su pueblo, se comporta en su caída como una bestia sin control, como un enfermo mental peligroso.
Pero la enfermedad no sólo afecta a los políticos que pierden el poder. Hay miles que gobiernan cuando deberían ser tratados en instituciones de salud por claros desequilibrios mentales y trastornos graves de personalidad.
¿Que le pasa a los políticos, que están perdiendo la cordura en el poder y que en algunos casos se convierten en auténticos monstruos?
No hace mucho, Voto en Blanco publicó el informe titulado ¿Padece Zapatero el síndrome de la arrogancia?, donde se analizaban síntomas que vinculaban al dirigente español con la enfermedad de los políticos detallada por Owen.
Pocos días después, el mismo blog publicó un artículo titulado Psicopatocracia (¿los psicópatas gobiernan el mundo?), que incluía un sorprendente video sobre el poder de los psicópatas encaramados en la cumbre del poder.
"En el poder y en la enfermedad" es el título del interesante ensayo, editado en España por Siruela, en 2010, del ex ministro laborista de Sanidad y de Asuntos Exteriores británico David Owen, cuya autoridad en el contenido de su libro viene avalada por su condición de neurólogo. La obra analiza las enfermedades y desequilibrios de muy ilustres políticos -de Lincoln a De Gaulle, pasando por Churchill, Roosevelt, Nixon, Yeltsin y otros muchos, en los que descubre algunas patologías grave que incapacita a muchos de ellos para gobernar.
A David Owen se debe la descripción de un desequilibrio emocional que padecen algunos políticos, que el autor denomina síndrome de hybris, cuyos rasgos principales son que se emborrachan de poder, incurren en el iluminismo caudillista, son adulados por su entorno porque no soportan ser criticados, y se perciben a sí mismos como imprescindibles para evitar una debacle de la nación o del pueblo que dirigen. Los afectados por esta enfermedad del poder creen acertar en todas sus decisiones y disponer de conocimientos ilimitados, lo que les separa emocionalmente de la realidad en la que viven.
En España, la enfermedad de hybris es conocida como el "Síndrome de la Moncloa", que afecta a presidentes del gobierno, pero está mucho más extendida de lo que se cree, afectando a ministros, presidentes de comunidades, consejeros, alcaldes, concejales y altos cargos.
José Luis Rodríguez Zapatero encarna con una fidelidad modélica casi todos los síntomas de la enfermedad del poder, pero son muchos los políticos españoles que la padecen y es probable que esa patología sea la que está causando a España su actual ruina y su profunda decadencia. Las contradicciones, los cambios de rumbo, las mentiras, la obsesión por las reformas, el odio al adversario, el autoritarismo disfrazado de sonrisa, la compra de votos con dinero público, los pactos con partidos de ideología contraria, la arbitrariedad, el desorden y la inmensa torpeza que demuestra en los asuntos internacionales son, probablemente, consecuencias lógicas de esa enfermedad descubierta y descrita por Owen.
La principal víctima de la enfermedad de Zapatero es España, sumida en la descomposición ética, la falta de confianza y la tristeza, pero también son víctimas la izquierda española entera, que está sufriendo un descrédito que le alejará del poder durante décadas, y la casta política, cuyo desprestigio está alcanzando niveles preocupantes.
El rechazo de los españoles a Zapatero, cada día más extendido y sólido, sería algo más que una reacción política y se acerca a una reacción defensiva frente a alguien claramente incapacitado para dirigir una nación de hombres y mujeres libres.
Lo más sorprendente de todo el triste panorama que rodea al Zapatero enfermo es la actitud pasiva e irresponsable del PSOE, que se dirige hacia la tumba política, de la mano de su líder, sin resistencia alguna, sin visión de futuro, con una actitud suicida incomprensible.
Muchos compañeros de viaje del caudillo de la Moncloa saben que está desorientado y que carece de la lucidez necesaria para gobernar, pero pocos se atreven a cuestionarlo, demostrando así un servilismo indecente. Pero ya hay algunos que hablan con cierta claridad, Joaquín Leguina le ha llamado claramente enfermo; Cayo Lara se pregunta en público ¿qué le pasa a Zapatero?; el periodista Iñaki Gabilondo, maestro en España de lo sectario y lo parcial, en un gesto de crítica que por una vez le honra, declaró hace pocas semanas, en una entrevista en la Sexta, que Zapatero era un hombre que minusvaloraba las dificultades y sobrevaloraba sus capacidades, plasmando así, con palabras suaves pero con claridad meridiana, el perfil de un peligroso alucinado con altos poderes.
Domingo, 3 de junio
José Pómez
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Julio César Izquierdo
Raúl González Zorrilla
Carlos Ruiz Miguel