En estos días asistimos al hundimiento de España como sociedad democrática y próspera. El gran culpable del drama es Zapatero, un gobernante fracasado ¿Qué queda de España después de seis años con Zapatero en el poder? El balance es tan sobrecogedor, que los españoles, por decencia y dignidad, deberían obligarle a que dimita, cargado de vergüenza.
Las peores previsiones se cumplen y Zapatero demuestra cada día que es el peor gobernante español desde Fernando VII. España, mal gobernada por Zapatero, se acerca al precipicio y el gobernante fracasado se aferra al poder, sin altura, sin generosidad, sin la dignidad que le debería empujar a dimitir. Los españoles, ante el drama que se avecina, se sienten desesperados y empiezan a rechazar no sólo a la inútil casta política que les gobierna, sino al mismo sistema, que ya no es una democracia sino una vil dictadura de partidos políticos.
¿Mejoró la economía? No.
¿Descendieron los niveles de corrupción? No.
¿Creció la prosperidad? No.
¿Descendió el paro? No.
¿Mejoró la educación? No.
¿Descendió el fracaso escolar? No.
¿Fue derrotada ETA? No.
¿Hay menos delincuentes? No.
¿Hay menos presos en las cárceles? No.
¿Creció el prestigio internacional de España? No.
¿Se acabó con la extorsión de los terroristas a empresarios? No.
¿Se redujo el tráfico y consumo de drogas? No porque España sigue siendo el país más contaminado de Europa.
¿Mejoró la seguridad en las ciudades? No porque España sigue siendo el paraíso de la delincuencia internacional y el lugar donde las bandas operan con mayor impunidad.
¿Viven mejor nuestros jóvenes? No porque casi la mitad de ellos están desempleados y carecen de futuro.
¿Hay más inversión? No.
¿Hay más empresas y empresarios? No porque una empresa de cada tres ha desaparecido o está en grave riesgo de quiebra.
¿Hay menos prostitución? No porque España sigue ocupando puestos en la cima europea de la prostitución y de la trata de blancas.
¿Mejoró el turismo? No porque el número de turistas, con la crisis, desciende cada año.
¿Hay menos pobreza? No porque crece a diario el número de nuevos pobres y el de personas obligadas por la crisis a comer de la caridad y a dormir en las calles, envueltos en plásticos y cartones
¿Ha mejorado el endeudamiento? No porque la deuda española crece sin parar, de manera temeraria, con grave riesgo de quiebra del Estado.
¿Ha descendido el despilfarro público? No porque el gobierno se niega a asumir el programa drástico de ahorro que el país necesita.
¿Hay planes eficaces de austeridad? No.
¿Ha mejorado la agricultura? No porque los productores agrarios están al borde de la ruína, cada día con márgenes menores.
¿Tenemos un mejor sistema de salud? No porque el nuestro, ejemplar en otros tiempos, pierde calidad cada día, no tiene fondos para invertir en nuevos equipos y profesionales y debe a los proveedores enormes cantidades de dinero.
¿Están garantizadas las pensiones? No.
¿Ha mejorado la convivencia? No porque crecen los guetos y la xenofobia por todas partes.
¿Existe más libertad? No.
Ha mejorado la democracia? No.
¿Hay más libertad de expresión y de prensa? No, pero los medios amigos del poder reciben más dinero público para resistir la crisis, a cambio de propaganda, mentiras e impunidad para los políticos.
¿Ha descendido el alcoholismo? No porque España sigue estando en los puestos de cabeza de Europa.
Entonces, ¿donde están los logros y éxitos de Zapatero?
Para verlos, hay que preguntar a sus amigos y a la propia casta política, que se han blindado frente a la crisis y que han incrementado sus sueldos y privilegios. Hay que preguntar a los funcionarios, a los que se les ha subido el sueldo, a pesar de que España necesita ahorro. Hay que mirar a los sindicalistas y a la patronal, que reciben más subvenciones a cambio de sometimiento y apoyo al poder gubernamental: Los artistas de la "ceja", que reciben subvenciones públicas a cambio de producir el peor cine y la peor música desde la muerte de Franco, son también beneficiados del "Zapaterismo". Pregunten también a los colectivos de feministas, gays y lesbianas, a los que el gobierno subvenciona generosamente a cambio de apoyo político. Analicen la situación de los sectores más lumperizados y fanatizados de la sociedad, a los que el gobierno proporciona ayudas y subsidios para que sobrevivan, logrando a cambio fanatismo y apoyo de los sectores más marginados, improductivos e incultos de la población.
El balance de Zapatero es desolador y la conclusión evidente es que un dirigente político tan fracasado y dañino para España debe dimitir. Si, por falta de decencia y dignidad política no lo hace, la obligación de los ciudadanos es echarlo del poder.
Oponerse al tirano o al mal dirigente que conduce a su pueblo hasta la ruína es un derecho reconocido en todos los códigos, desde los que se apoyan en la ley natural hasta los que sostienen las democracias. Para los ciudadanos decentes y demócratas, expulsar al mal gobernante del poder no es una opción sino un deber ineludible.
"La aceptación de la opresión por parte del oprimido acaba por ser complicidad; la cobardía es un consentimiento; existe solidaridad y participación vergonzosa entre el gobierno que hace el mal y el pueblo que lo deja hacer".
Víctor Hugo
Zapatero y los radicales de izquierda son la más eficiente y floreciente fábrica generadora de tres productos tipicos de la nueva España: "auténticos demócratas", cansados de la degradación de España y militantes de la regeneración, "nostalgicos", que añoran el pasado, y "franquistas", que esperan que llegue un salvador que les libere de la corrupción y del hundimiento constante de la patria.
Joaquín Leguina, ex presidente de la comunidad de Madrid y uno de los pocos socialistas con sentido crítico en España, está indignado con los muchos descerebrados del PSOE que sostienen la locura de que la mitad de los españoles actuales (los votantes del PP) son franquistas.
Mi admirado amigo Miguel Higueras publica un artículo en su blog "Entre España y Gibraltar" en el que defiende la tesis de que dentro de veinte años todos los españoles seremos franquistas.
Lo que no dicen ni Leguina ni Higueras es que la actual democracia degradada, con su deriva corrupta y con su mal gobierno, se ha convertido en la más eficiente y productiva fábrica de franquistas.
El actual gobierno de Zapatero, al desarrollar una política de destrucción de España, por su incapacidad ante la crisis económica, por la corrupción que florece bajo su mandato, por llenar las calles y plazas de España de parados y nuevos pobres, por ser la cabeza visible de una "casta" política inútil y cargada de privilegios, por su política de despilfarro y de endeudamiento sin freno y por su irrefrenable obsesión por el poder, una obsesión que le lleva hasta un indecoroso acoso a la oposición y a una política de alianzas contra natura con partidos nacionalistas extremos e independentistas, es la mejor y más eficaz fábrica de franquistas.
Por culpa de los malos políticos actuales y de sus insoportables errores y abusos, incluyendo a una oposición que es incapaz de ilusionar y de exigir la regeneración que el basurero político español necesita, muchos españoles se hacen franquistas y crece a diario las filas de los que desconfían de la falsa democracia española, los que desprecian a la casta política ineficiente e incapaz que gobierna España y los que quieren que el actual aquelarre político termine de una vez.
A muchos españoles que odiaron lo que el franquismo representaba, que lo combatieron y que acogieron la democracisa con esperanza e ilusión, los malos políticos españoles actuales y sus abusos les están empujando con fuerza hacia la nostalgia y, en algunos casos, hacia el franquismo.
Cada día se escucha más claramente en los hogares, en las calles, plazas, bares y centros de trabajo el desprecio hacia los que gobiernan hoy esta España decadente y la dura sentencia de que "cualquier tiempo pasado fue mejor".
Si hay socialistas preocupados, como parece, por la resurrección del franquismo, que miren directamente a la Moncloa, donde está el mejor fabricante de franquistas que puedan imaginar. Si no les parece suficiente la explicación, que analicen el comportamiento de la actual "casta" de políticos que gestionan la democracia y observen la corrupción, la arbitrariedad, la ineficacia en la gestión, el despilfarro, el endeudamiento peligroso del Estado, el amiguismo, el enchufismo, las cientos de miles de empresas destruidas, la ruina del tejido productivo español y la masa de desempleados y de nuevos pobres y descubrirán que los responsables del desastre, los que hoy gobiernan mal en nombre de la democracia, son los que empujan a la sociedad española entera a sentir asco ante la "casta", el sistema que gestionan e, incluso, hacia cualquier tipo de añoranza del pasado.
Hay que ser muy fanático o muy estúpido para no ver que es el actual poder político, el que conduce a España por los caminos indecentes de la desigualdad, la injusticia, el abuso del poder, la corrupción, la arrogancia y otros muchos males que alimentan la resurrección del monstruo franquista.
Son los socialistas radicales los que, sin saberlo, tienen razón. Es cierto como ellos dicen, que los españoles son cada día más franquistas. Lo que no dicen es que son ellos mismos los culpables del deslizamiento. Ignoran, porque no les conviene asumirlo, que están fabricando nostálgia cuando salen a las calles para defender a un juez que es sospechoso de prevaricación, al que consideran uno de los suyos, poniendo irresponsablemente en peligro el "Estado de Derecho", la convivencia y la estabilidad de España.
Añorar algunas cosas del pasado y despreciar la actual podredumbre de un sistema bastardo que se hace pasar por democracia no significa, necesariamente, ser franquista, sino que puede ser un reflejo de auténtica democracia y de anhelo regenerador. Es casi imposible para una persona decente no añorar cosas que el pasado tenía y que la mal llamada "democrcia" ha destruido, cosas como el horizonte optimista de un país, la esperanza en el futuro, la honradez básica de la población, la convivencia pacífica, la ausencia de corrupción generalizada, la seguridad ciudadana, la austeridad del Estado, la fortaleza de los valores básicos y muchas otras cosas que, ciertamente, huelen a rancio, pero que, comparadas con la actual pestilencia de la política española resultan tan atractivas como los viejos cuentos de la infancia.
Quizás el mejor destello de lo que realmente ocurre en España sea lo que recientemente dijo César Vidal, en una de sus intervenciones en la cadena radiofónica 'EsRadio': «LA IZQUIERDA ESPAÑOLA NO ES NADA SIN FRANCO. COMO ÉSTE LLEVA MUERTO 35 AÑOS, LO HAN RESUCITADO PARA VOLVER A TENER RAZÓN DE SER COMO IZQUIERDISTAS.»
La izquierda española, una vez más, apuesta por la división y el enfrentamiento. La defensa del juez Baltasar Garzón está sirviendo a la izquierda española de excusa para manifestarse, salir a las calles y dividir a España en dos bandos irreconciliables, una estrategia que en el pasado condujo hasta la guerra cvivil. Todo vale con tal de que la sociedad olvide el mal gobierno de Zapatero y su terrorífico mandato, que conduce a España hacia el desempleo, la pobreza y el fracaso como pueblo.
El PSOE está claramente detrás de las manifestaciones en defensa del juez Garzón, que sirven como coartada para practicar la estrategia favorita de la izquierda española: dividir, acorralar a la mayoría que desea la paz y el orden, abonar el extremismo y hacer olvidar los auténticos problemas de España, que son el mal gobierno de Zapatero y la caída en picado hacia el desempleo, la pobreza y el fracaso como proyecto común.
Es difícil encontrar un gobierno más insensato que el español en todo el Occidente democrático. La participación de algunos miembros del gobierno y del partido socialista en las manifestaciones revela el diseño "made in PSOE" de la movida, parecida a aquel "no a la guerra" que acosó a Aznar en su mandato y que aupó a Zapatero hasta la Moncloa.
El problema es que el "no a la guerra" tenía cierto sentido por culpa de la arrogancia de un Aznar que estaba en la Moncloa, pero no así la defensa actual de un juez que está siendo juzgado únicamente por presuntos abusos y utilización arbitraria de la ley.
Conscientes de que ya perderán el poder en las próximas elecciones, como anticipan las encuestas, la izquierda está forzando el enfrentamiento civil amparada, una vez más, en algo falso: el juez Garzón no está siendo juzgado por investigar y perseguir los crímenes del Franquismo, como ellos afirman, sino por presunta prevaricación, por no respetar la ley.
Todo vale, incluso desenterrar a los muertos y convocar a los peores fantasmas del pasado, con tal de desviar la atención ciudadana del verdadero drama de España, que no es otro que la llegada al poder de un equipo irresponsable e inepto de políticos socialistas a los que no les tiembla el pulso cuando conducen el país hacia la corrupción, el enfrentamiento, la división y la ruina económica, social y moral.
El Estado es el mayor fracaso de la Humanidad. Es como un hijo que no sólo no te ayuda sino que te maltrata y te oprime.
Es probable que el Estado sea la instancia más ineficiente del planeta. Ha sido creado por el hombre para que gestione el poder político, garantice la convivencia, la seguridad y la justicia, para fomentar la paz y el orden y para que luche contra las grandes lacras de la Humanidad: desigualdad, pobreza, injusticia, incultura, diferencias lacerantes entre ricos y pobres, etc. Sin embargo, cuando se establece un balance justo y preciso, se concluye que el Estado ha fracasado en todas sus misiones y se descubre que, en lugar de eliminar las lacras y garantizar la convivencia y los grandes valores, ha concentrado su esfuerzo en fortalecerse a sí mismo y en dominar, someter y, muchas veces, asesinar a los mismos ciudadanos que lo han creado.
El Estado es, seguramente, la mayor estafa y el mayor fracaso de la civilización.
Tan sólo en el siglo XX, el más sangriento de la historia y el que fue testigo del mayor incremento del poder estatal, los expertos calculan que el Estado asesinó a más de cien millones de personas. Otros expertos elevan la cifra a más de 150 millones, refiriéndose no a muertos en los campos de batalla, sino a gente asesinada en la retaguardia, civiles a los que ese mismo Estado debía proteger.
En el año 2005 ocurrió en Francia un hecho que revela con deslumbrante claridad la sorprendente ineficiencia del Estado: un empresario frances generó un enorme revuelo entre sus trabajadores tras entregarle cada mes una nómina detallada, en la que aparecía claramente que una parte importante, prácticamente la mitad del fruto de su esfuerzo laboral, iba a parar a manos del Estado.
Los obreros y empleados reaccionaron con estupor porque no tenían ni la menor idea de que la empresa les pagaba justo el doble de lo que recibían cada mes, sólo que el Estado se quedaba con la mitad.
El mismo empresario, quizás animado por el efecto que tuvo en la plantilla la información sobre el salario, calculó qué tendría cada trabajador si en lugar de haber entregado al Estado las prestaciones para la seguridad social hubieran invertido esas mismas cantidades en un fondo libre de pensiones. El resultado fue todavía más sorprendente y la indignación de los empleados casi llega a la revuelta al conocer que al jubilarse habrían percibido más del doble de pensión y, en algunos casos, más del triple.
El empresario, tenaz y libre, llegó más lejos y calculó qué tipo de beneficios y servicios médicos habrían disfrutado sus empleados si en lugar de destinar parte de sus sueldos a la sanidad pública, hubieran contratado seguros médicos privados.
Lo sucedido en aquella empresa francesa demuestra que lo que está en crisis en nuestras democracias europeas no es el “Estado del Bienestar” sino el Estado mismo, al menos en su concepción actual, como ente supremo, autoritario, aislado de la sociedad, majestuoso, cargado de poder y alejado de un ciudadano que, a pesar del ser el rey de la democracia, ha sido marginado y aplastado.
El Estado, según declaró a la prensa uno de los empleados franceses de la mencionada empresa, “es como un hijo que no sólo no te ayuda sino que te maltrata y te oprime”.
Pero la verdad es todavía más dura: el Estado es una máquina ineficiente y cruel que aplasta a los mismos ciudadanos que la crearon, que ha fracasado en todas sus misiones y que incumple vergonzosamente sus compromisos.
A pesar de los enormes recursos que la ciudadanía ha puesto en manos del Estado (fondos públicos casi ilimitados, garantizados mediante el cobro de impuestos, gran capacidad de endeudamiento, monopolio de las armas, servicios de seguridad, tecnologías, información, ejército, legiones de funcionarios y de empleados, etc.) ese ente superior ha fracasado en todas sus tareas y no sólo no ha sido capaz de eliminar la injusticia, la desigualdad, la pobreza, la incultura y otras grandes lacras que azotan a la Humanidad, sino que ha optado por el uso del engaño y de la fuerza, por dominar y ni siquiera ha podido garantizar la seguridad diaria de los ciudadanos, ni de ofrecerles esperanzas de cara al futuro. Demasiadas veces, ese Estado, que sólo se muestra eficaz a la hora de recaudar, se ha revuelto contra el ciudadano, aplastándolo y asesinándolo, como quedó científicamente demostrado a lo largo del terrible siglo XX.
En manos de políticos ineptos y muchas veces corruptos, el Estado moderno es un monumento a la ineficacia y a la injusticia que reclama a gritos reformas urgentes y drásticas.
Para muchos ciudadanos conscientes y libres, el Estado, injusto, voraz recaudador, ineficiente, egoísta, rencoroso, arbitrario y violento, es ya su peor pesadilla y empieza a ser visto también como el peor enemigo.
El "milagro español" fue uno de los acontecimientos económicos del siglo XX, junto con el italiano y el japonés. Hace pocos años, España era la envidia del mundo por su crecimiento económico. Hoy, por culpa del pésimo gobierno de Zapatero, España es situada por el Fondo Monetario Internacional entre las diez economías peores del mundo, al lado de Haití, Venezuela, Jamaica y Grecia. En Andalucía, el paro se ha duplicado desde la llegada de Zapatero al poder. La economía, desde que el inepto manda, está en caída libre. A pesar del drama, la ley obliga a los humillados españoles a financiar con nuestos impuestos un fastuoso futuro para Zapatero. Una injusticia que clama al cielo.
Algunas leyes españolas son tan injustas y antidemocráticas que causan dolor y rabia. La más sangrante en estos momentos quizás sea la que nos obliga a los ciudadanos españoles a costear a Zapatero un futuro de grandes lujos y privilegios, inmerecido por quien ha sido un pésimo gobernante y ha conducido a España hacia la ruina y la derrota. La que regula el estatus de los ex presidentes de gobierno es una ley tan inicua que garantiza a los ex presidentes de gobierno privilegios de altísimo nivel y rango, aunque hubiera quedado demostrado que sus mandatos causaron grandes daños a su pueblo. Esa ley es un reflejo del "blindaje" de la casta en su expresión más antidemocrática, autoritaria e injusta.
Cada día es más probable que el presidente Zapatero, con su mal gobierno y arrogante política de endeudamiento público y despilfarro, termine por destrozar a España. A pesar de su fracaso y del inmenso dolor y daño que provoca a su pueblo, tiene garantizado, por ley, un futuro de lujo. Ese derecho del político español a ser premiado, aunque su gobierno haya sido un desastre, constituye una ofensa a la dignidad y a la justicia tan grande y antidemocrática que los españoles nunca deberían soportarla.
El Real Decreto 405/1992, de 24 de abril, que regula el Estatuto de los Ex Presidentes del Gobierno, es un ejemplo evidente de ley injusta, aprobada por la casta política para blindar y proteger a sus miembros. Cualquier proceso de regeneración o de recuperación de la dignidad en España debe suprimir leyes como ésta, que garantizan privilegios, premios y un futuro de lujo a cualquier ex presidente del gobierno, incluso a los que hayan sido indignos y malos gobernantes.
Cuando pierda el poder, aunque con su mal gobierno, errores y miserias hayan llevado a España hasta la ruina y la derrota, los españoles tendremos que costear por ley un futuro de lujo y de privilegios a José Luis Rodríguez Zapatero, un mandatario de triste recuerdo que pasará a la historia como el peor gobernante de España desde los tiempos del felón Fernando VII.
El Real Decreto 405/1992, de 24 de abril, por el que se regula el Estatuto de los ex presidentes del gobierno, establece, entre otros, los siguientes privilegios para Zapatero:
Los ex presidentes del Gobierno gozarán del tratamiento de Presidente y ocuparán el lugar protocolario que oficialmente les corresponda conforme al Ordenamiento General de Precedencias en el Estado.
En sus desplazamientos fuera del territorio nacional podrán gozar del apoyo de los servicios de la representación diplomática española.
Los ex presidentes del Gobierno podrán disponer de los medios y prerrogativas que a continuación se expresa:
Se adscribirán a su servicio dos puestos de trabajo, uno de nivel 30 y otro de nivel 18, que serán cubiertos, a su propuesta, mediante el sistema de libre designación. Dichos puestos de trabajo se incluirán en la relación de puestos de trabajo correspondientes a la Presidencia del Gobierno prevista en la del Ministerio de Relaciones con las Cortes y de la Secretaría del Gobierno.
El personal que ocupe dichos puestos tendrá la consideración de personal eventual de gabinete y, si fuesen funcionarios, pasarán a la situación de servicios especiales.
Una dotación para gastos de oficina, atenciones de carácter social y, en su caso, alquileres de inmuebles, en la cuantía que se consigne en los Presupuestos Generales del Estado.
Se pondrá a su disposición un automóvil de representación con conductores de la Administración del Estado.
Gozarán de los servicios de seguridad que las autoridades del Ministerio del Interior estimen necesarios.
Disfrutarán de libre pase en las Compañías de transportes terrestres, marítimos y aéreos regulares del Estado.
Quienes hayan desempeñado el cargo de presidente del gobierno, al cesar en su cargo, tendrán derecho a la pensión indemnizatoria prevista en el artículo 10, número 5, norma primera, de la Ley 74/1980, de 29 de diciembre, de Presupuestos Generales del Estado para 1981.
Los ex presidentes del Gobierno causarán en su favor y en el de sus familiares los derechos pasivos previstos en la legislación sobre clases pasivas del Estado.
No contento con estos privilegios, Zapatero los amplió mediante el Real Decreto 1306/2008, de 18 de julio, por el que se modifica el Real Decreto 405/1992, de 24 de abril, por el que se regula el Estatuto de los ex presidentes del Gobierno.
La ampliación establece que los privilegios de los ex presidentes serán de aplicación al cónyuge o persona unida con análoga relación de afectividad, en caso de fallecimiento de los ex presidentes del Gobierno.
La próxima ampliación, si los ciudadanos no detienen esta locura obsolutista, podría consistir en ampliar los derechos a los hijos y descendientes.
Desesperados porque las encuestas vaticinan una derrota memorable y porque la marca Zapatero ha dejado de funcionar, muchos socialistas han apostado por desenterrar las viejas momias y colocarlas sobre las almenas para que causen espanto al votante y vuelvan a votar socialista. Por eso pretenden desenterrar a Franco. Unos dicen que "no podemos permitir que Franco vuelva a ganar la guerra",mientras que otros afirman que "la derecha conserva a Franco en el armario", cuando los únicos que utilizan al viejo dictador son ellos. Son como la vieja guardia soviética, que, consciente de que su propio pueblo le daba la espalda, exhibía constantemente el fantasma de la Gran Guerra Patria y la maldad del nazismo para mantenerse en el poder.
La presencia de Gaspar Zarrías, nada menos que un Secretario de Estado del gobierno de Zapatero, en el reciente acto de respaldo a Baltasar Garzón, celebrado en la Universidad Complutense, donde se vertieron críticas de gran calado contra el Tribunal Supremo, ha desatado críticas y preocupaciones por lo que encierra como gesto antisistema e intento demencial por resucitar en España los peores fantasmas del pasado, aquellos que nos llevaron al enfrentamiento civil y a las calles y cunetas llenas de sangre.
Los españoles saben que el general Franco está muerto, que Gaspar Zarrías está vivo y que ese puede ser el verdadero problema. Los muertos nunca hacen daño a los vivos. Son los vivos los peligrosos, sobre todo si emplean mal su poder. Y algunos están empleando mal su poder en España porque son capaces de poner en peligro el sistema con tal de impedir la alternancia y evitar por todos los medios que la derecha gane las próximas elecciones.
Sin embargo, esa estrategia de desempolvar momias, de ignorar la paz acordada y de convocar a los peores fantasmas del pasado podría salirles mal porque ignoran un dato importante: todavía no son muchos, pero cada día hay más españoles que, asqueados ante la depravación de la democracia, secuestrada por políticos sin grandeza, empiezan a pensar que tal vez el franquismo no fue tan malo como dicen los nuevos amos.
El franquismo está enterrado y erradicado, pero lo que Zarrías representa, que es la democracia degenerada y la toma del poder por una casta profesional fracasada, está vivo y coleando. Ese es el verdadero problema.
Zarrías tiene un pasado inquietante como "gran padrino" de la política andaluza en las últimas dos décadas, en las que ha operado con un poder casi ilimitado como mano derecha ejecutora de un Manuel Chaves que más bien era un símbolo poco activo y una referencia de unidad en el PSOE. Bajo el mando de Zarrías, Andalucía, después de recibir decenas de miles de millones de euros y de haber sido una de las tres regiones europeas más beneficiadas por los fondos europeos de ayuda, sigue estando en la cola de España y de Europa, con tasas de paro que se acercan al 30 por ciento, con el tejido productivo en proceso de destrucción y sin otra capacidad de supervivencia que las subvenciones públicas.
Zarrías es también el "gran anestesista" de la sociedad andaluza, a la que ha narcotizado y sometido desde los medios de comunicación públicos y afines, que ha controlado con mano de hierro. Muchos andaluces, ignorantes de que viven en una de las regiones más pobres y desiguales de Europa, donde la distancia entre ricos y pobres se agranda cada año, piensan que deben su subsistencia al socialismo. Esa es la obra maestra de Zarrías, símbolo de un estilo político que, en muchos aspectos, coincide con el viejo franquismo de los caciques rurales, con la única gran diferencia de que los caciques de hoy, los que conceden peonadas y ayudas a los pobres, son los alcaldes y los jerifaltes locales del PSOE, del PP o de Izquierda Unida.
La ironía ha hecho que Zarrías tenga razón cuando afirma que el franquismo "sigue vivo". Lo que no dice es que el espíritu del viejo franquismo, fabricante magistral de zombies, ha sido heredado por gente como él, que entiende la política como dominio y que encarna una democracia que incumple todas y cada una de sus reglas básicas: separación de poderes, protagonismo del ciudadano, prensa crítica y fiscalizadora del poder, una ley igual para todos, una sociedad civil fuerte e independiente, rechazo de la corrupción, defensa de los derechos humanos fundamentales... y un largo y triste etcétera.
Si existe en España algún espacio físico donde el viejo franquismo conserve presencia, es en la Andalucía que ha forjado Zarrías, quién, para colmo de ironía surrealista, se considera, personalmente, una víctima del franquismo. La Andalucía que él ha contribuido a crear es un territorio poblado por gente sometida, donde el desempleo y la pobreza se han hecho endémicos, sin tejido industrial sólido, azotado por el fracaso de la educación y la enseñanza, sin verdaderos ciudadanos, con una presencia de lo público tan apabullante, que para encontrar un ejemplo similar habría que viajar en el tiempo hasta alguna de las antiguas repúblicas soviéticas de tiempos de Breznev, y con una casta política tan mal preparada que muchos la definen con una frase tan terrible como certera: "gente que ha pasado del fracaso escolar al coche oficial".
Es tan pobre y degenerada la democracia española que el Congreso, que debería ser el templo de la palabra, el más libre y brillante foro de debate del país y el paradigma de la libertad de expresión, es una triste y vulgar jaula de sometidos, sin libertad, sin autonomía y sin voz.
Las constituciones avanzadas definen los parlamentos como espacios de donde los representantes del pueblo debaten con plena libertad sobre los asuntos de interés general para encontrar la verdad, informar a los ciudadanos y adoptar las mejores decisiones, pero en el Congreso de los Diputados de España se concentran casi todas las aberraciones antidemocráticas posibles en un poder legislativo: es imposible el debate libre, nadie puede tomar la palabra sin que se la otorgue su jefe de filas, nadie se atreve a defender otras ideas que no sean las de su partido, es imposible defender lo que dicta la conciencia y la lealtad de los congresistas no es para el pueblo al que dicen representar, sino para el partido que les coloca en las listas electorales.
La situación actual de los parlamentarios españoles sería incomprensible para cualquier representante político del pasado. Si Cánovas, Sagasta, el Conde de Romanones o Manuel Azaña se asomaran hoy al palacio de la Carrera de San Jerónimo, se quedarían aterrados ante el sometimiento esclavo a los partidos políticos de quienes tienen el deber de debatir en libertad, representando los intereses de sus electores soberanos y de la nación.
Es tan absurdo y antidemocrático el actual Congreso español que impide a los representantes la función que le es propia: la expresión pública y libre de su voz.
De hecho, cualquier simple ciudadano posee en España más libertad de expresión que los que representan la voluntad popular, que no tienen derecho a voz y que hasta su derecho al voto está sometido a la voluntad de los partidos.
El Parlamento de España, templo de sometidos a los partidos políticos, consagra una vulgar democracia sin voz, reflejo de la degeneración de un sistema que se parece más a una tiranía de partidos que a una democracia auténtica y libre.
¿Cómo puede un país, teóricamente libre, democrático y avanzado, confiar en un parlamento donde impera la dictadura de los partidos y no hay sitio para el libre albedrío y la conciencia?
La clave no está en que la Constitución Española no diga nada sobre la libertad de expresión de los diputados y senadores (habla del derecho al "voto", pero no a la "voz"), sino en que los partidos políticos se han transformado en implacables maquinarias de poder, sin control ciudadano ni límites legales que impidan la opresión.
Un parlamento sin derecho a la palabra, además de una aberración antidemocrática, es todo un sarcasmo y un monumento al surrealismo y al ridículo. Si un diputado o senador español se atreviera un día a votar "en conciencia", en contra de los dictados de su partido, su carrera política habría muerto en ese mismo instante.
Los parlamentarios ni intervienen ni pueden intervenir en los debates, a excepción del portavoz del grupo o quien éste designe. Sorprende que en un Parlamento de varios cientos de diputados siempre intervengan los mismos y que el resto, sentados en bancadas enteras de mudos, aburridos y con frecuencia ausentes del hemiciclo, queden condenados al silencio y a emitir votos que no se basan en el interés nacional, ni en el bien común, ni en el deseo de los representados, sino únicamente en lo que "dicte" el partido.
El difícil encontrar un ejemplo que demuestre mejor las carencias y vergüenzas de la falsa democracia española que el del Congreso y el Senado, que deberían ser templos de la palabra libre y son vulgares, inútiles y bien pagadas asambleas de esclavos de lujo, sometidos a la partitocracia.
El alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, obligado por su partido a abandonar la alcaldía porque los errores, fracasos y episodios corruptos de su gobierno han inundado la política municipal de basura y están hundiendo al PSOE en las encuestas, negocia con los dirigentes socialistas y exige, antes de dejar su sillón de alcalde, un cargo público de importancia que le permita seguir formando parte de la "casta" y vivir cómodamente en el futuro.
Moteseirín es médico y podría ocupar su puesto en el sistema andaluz de salud, pero él prefiere seguir "en la pomada", viviendo de esa política que ha dejado de ser un servicio y que debe aportar tantos beneficios y satisfacciones que nadie quiere abandonar. Como su partido no le ha ofrecido nada apetecible, amenaza con permanecer como alcalde hasta el fin de su mandato.
Con toda seguridad, Monteseirín logrará su objetivo, a pesar de los daños que su alcaldía ha causado a la capital del sur, y será otro "ejemplo" más, de los muchos ya existentes en España, en el que la partitocracia premia con altos cargos públicos y sueldos de lujo el fracaso político, el rechazo de los ciudadanos y la mala gestión, todo un comportamiento repugnante que envilece la vida política y degenera la democracia. Manuel Chávez, anterior presidente andaluz, bajo sospecha de corrupción por haber entregado diez millones de euros públicos a la empresa donde trabaja su hija Paula, también es otro "premiado" por el PSOE, esta vez nada menos que con una "Vicepresidencia" del gobierno.
Aunque el premio de los fracasados es una constante del sistema que practican al unísono la derecha y la izquierda, nadie supera al PSOE en su "generosidad" con los caídos y fracasados. El PSOE tiene la bien ganada fama de que jamás abandona a los suyos, lo que significa que el ciudadano tenga que pagar con sus impuestos enormes praderas donde pastan políticos amortizados y aparcamientos donde viven sin aportar nada gente fracasada en la política cuyo único mérito es que conocen importantes secretos que no conviene que sean aireados como consecuencia de un enfado.
La capacidad de premiar al dirigente, aunque haya causado estragos al pueblo y a la nación, quedará demostrada, una vez más, cuando Zapatero sea desalojado de la Moncloa. Pasará a la Historia como el peor presidente del gobiuerno español desde el siglo XIX y habrá dejado a su paso un reguero de cadáveres, formados por parados, empresarios arruinados, autónomos en la ruína y muchos nuevos pobres y desesperados, pero su partido se cuidarña de que tenga un futuro "esplendoroso".
La "omertá", o el silencio cómplice que protege al grupo para que no pierda ventajas y privilegios, es uno de los rasgos más corruptos y repugnantes de la actual vida política española, llena de sospechosos, fracasados y hasta auténticos chorizos, que han pasado del fracaso escolar al coche oficial, cuya lealtad y silencio se pagan con cargos y sueldos públicos.
Por desgracia, son prácticas "legales", aunque indignas y repugnantes, que se han convertido en habituales en los partidos políticos españoles, que, desde hace ya mucho tiempo, suelen anteponer sus intereses de poder al bien común y a los deseos y anhelos de los ciudadanos.
La primera urgencia para la regeneración de la democracia española, antes de la reforma de la injusta y desequilibrada ley electoral, es la refundación de los partidos políticos, que en el futuro deberán perder poder y tendrán que ser controlados por los ciudadanos y por comisiones de notables, designadas en y por la sociedad civil, integradas por gente independiente y de probada ética e independencia, con autoridad suficiente para domesticar y enjaular a esos partidos políticos que, presos del autoritarismo, el egoísmo y la enfermiza obsesión por el poder, son hoy el gran obstáculo que imposibilita la democracia en España.
Los partidos políticos han degenerado el sistema y han hecho trizas la ética democrática. Víctimas de una enfermiza obsesión por el poder y el dominio, han convertido la democracia en una sucia oligocracia partidista, donde el poder no descansa ya en el ciudadano, que debería ser el soberano del sistema, sino en las élites profesionales de políticos que controlan los partidos.
La "sucia ética" partidista incumple todas las reglas imprescindibles para que exista democracia, sin excepción, desde la independencia y separación de los grandes poderes del Estado y el protagonismo del ciudadano, hasta el respeto a los derechos fundamentales, la igualdad ante la ley, la garantía de una prensa libre y la existencia de unos procesos electorales plenamente libres.
Los partidos, abrazados con fuerza a la mediocridad y al autoritarismo, son las peores escuelas imaginables para formar a demócratas. Dentro de los partidos no existe el debate libre, ni se premian los méritos, ni reina la libertad, valores imprescindibles en democracia que han sido suplantados por la sumisión al lider, el silencio cómplice y una falsa lealtad que antepone el partido a la moral, que prescinde de la ideología cuando se convierte en un estorbo y que eleva a la categoría de "disciplina interna" una mezcla indigna de omertá y arrogancia.
El drama de la partitocracia no es exclusivo de España, aunque en nuestro país haya alcanzado niveles casi insuperables. Es un mal que afecta a la mayoría de los países en teoría democráticos del mundo, transformados, con mayor o menor intensidad y descaro, en dictaduras de partidos sancionadas por las urnas.
Todos prescinden del ciudadano, que debería ser el soberano del sistema, al que envían a su casa y sólo convocan cuando se abren las urnas. No son los ciudadanos sino los partidos los que realmente eligen a los representantes politicos, porque son los partidos y no los ciudadanos los que elaboran esas listas "cerradas" y "bloqueadas" que son inamovibles para el votante. Las promesas electorales no se cumplen; las alianzas post electorales para alcanzar el poder son, muchas veces, contra natura; la convivencia del liderazgo político con la corrupción causa espanto, la financiación de los partidos es tan opaca como la noche; la prensa libre está acosada y los periodistas y editores comprados por le poder son ya una legión cuyo hedor inunda el planeta.
La política es una estafa y tiene que ser refundada. Los cambios a introducir son tan profundos, que los actuales políticos se resistirán como fieras para preservar su condición de "nuevos amos" del mundo. Sin embargo, el cambio será inevitable y, tarde o temprano, los chorizos tendrán que bajarse de los coches oficiales y la gente noble y dominada por la ética tendrá que regresar al poder público, del que hace mucho tiempo que fue ignominiosamente expulsada.
Para muchos ciudadanos españoles, la actual crisis económica significa perder el trabajo y la vivienda, privaciones de todo tipo y hasta caer en la temida pobreza, pero los políticos permanecen al margen del desastre. Su ostentación en tiempos de crisis, su falta de ejemplo, el no haber tenido ni siquiera el gesto solidario de bajarse sus propios sueldos y pensiones de oro en estos tiempos dramáticos, constituye una bofetada a la decencia y un empujón a la ciudadanía para que desprecie lo que los actuales políticos representan de decadencia y de mal gobierno.
Dentro de ese escandaloso panorama de ostentación, la exhibición constante de moda y diseño de alto precio por parte de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega causa un especial impacto negativo entre los más humildes y desposeidos.
Muchos ciudadanos, incluyendo a no pocos socialistas, sienten vergüenza y escándalo ante el derroche de lujo de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, una "diva" socialista que ha convertido el gobierno en una pasarela de alta costura. No hay día en que no estrene un nuevo modelo, ni jornada en la que no luzca diseños que cuestan una fortuna. Su "resplandor" de alta moda exige movilizar a diario maquilladores, peluqueras, estilistas, modistas y diseñadores, toda una corte de multimillonario coste que nadie sabe con qué fondos se costea, aunque lo que es seguro es que el dinero proviene de los impuestos que el gobierno "extrae" al cada día más arruinado pueblo español.
La vistosa María Teresa es por lo menos tan culpable como Zapatero del hundimiento de la credibilidad del gobierno en España y del crecimiento preocupante de la desconfianza de los ciudadanos en la "casta" política. El primero desmotiva y escandaliza con la mentira, mientras que la "vice" lo hace con la ostentación y el lujo desproporcionado e inconveniente.
Su comportamiento, provocador y deslumbrante, es también un factor que precipita el descrédito de los políticos y el desprecio de los ciudadanos a "la casta". Su lujo no concuerda con el socialismo, ni con la crisis que flagela a millones de españoles. Sus modelos y peinados de pasarela constituyen una ofensa ética y estética a los cinco millones de españoles sin trabajo, a los cientos de miles de jóvenes (casi el 50 por ciento de los que tienen edad laboral) que no encuentran trabajo y sueñan con ser mileuristas, y a los cientos de miles de españoles a los que el banco les expropia sus viviendas, duermen en los soportales, entre cartones y plásticos, o se ven obligados a hacer cola para comer en los comedores de caridad.
María Teresa Fernández de la Vega, además de una contradicción permanente del espíritu del socialismo histórico, defensor del igualitarismo y próximo a los desposeídos, es también una ofensa a la democracia, un sistema que exige a los gobernantes una rígida batería de valores y principios entre los que destacan la "igualdad" y la "ejemplaridad". Exhibir modelos de alta costura desde el poder no es, precisamente, ejemplar, sobre todo cuando su gobierno está conduciendo al país hacia el desempleo y la pobreza. Otros llegan más lejos y opinan que la imagen de la vicepresidenta alimenta, incluso, el injusto criterio de que todos los políticos españoles son corruptos y se hacen millonarios en sus cargos públicos.
Cada día son más los que piensan que la ostentación de María Teresa es arrogante, provocativa e inconveniente, pero pocos se atreven a criticarla abiertamente, ni siquiera los miembros de la oposición "capada" que encabeza Mariano Rajoy. Es probable que los socialistas guarden silencio ante la provocación de la "Vice" porque no les conviene airear el escándalo, pero ¿por qué callan los populares? ¿Por miedo? ¿Porque ellos también tienen cientos de vergüenzas que ocultar?
El repugnante caso Matas, una demostración más de que tanto el PSOE como el PP merecen el desprecio de los ciudadanos españoles decentes, está siendo aireado por la prensa de manera intensa, acaparando portadas, mientras que decenas de casos de corrupción protagonizados por el PSOE, algunos de ellos todavía más nauseabundos, como los que a rítmo de vértigo se están destapando en Andalucía, quedan ocultos y mantenidos bajo el silencio conspirativo de la prensa adicta al "régimen".
Algunos observadores atribuyen esa desproporción al hábil y profesional manejo que los socialistas hacen de la propaganda y a la torpeza que los populares demuestran a la hora de dialogar con la sociedad. Sin embargo, esa explicación no es suficiente y quizás exista otro factor en juego: la utilización de la Justicia como arma al servicio de la política, un comportamiento antidemocrático que refleja el alto grado de podredumbre de la democracia española.
Cada día son más los expertos y ciudadanos que sospechan que el gobierno de Zapatero, al que ya no le queda una sola gota de escrúpulo democrático, podría estar utilizando la Justicia para fustigar y acorralar a la oposición y, a la larga, para mantenerse en el poder. La nula independencia del sistema de Justicia se demuestra a diario, pero quedó demostrada de manera solvente cuando la vicepresidenta De la Vega, en el verano de 2009, anunció desde Latinoamérica el recurso de la Fiscalía al archivo del caso Camps. En aquella ocasión, María Dolores de Cospedal, la número "dos" del PP, consideró que es "la primera vez en la historia que un Gobierno utiliza la Fiscalía para perseguir a la oposición".
Es probable que Cospedal también acertara cuando acusó al PSOE y al gobierno de Zapatero de haber convertido la democracia en un “Estado Policial” al utilizar los recursos del Estado para golpear y destruir a la oposición. No podemos tener pruebas de que eso sea cierto, pero lo importante es que esa acusación es creíble para millones de españoles, lo que significa que es posible que sea cierta y que la democracia, cuya base es la confianza en las instituciones y el liderazgo, está herida de muerte en España.
Los ciudadanos asumen cada día con más determinación y crudeza que, bajo el gobierno de Zapatero, no se espeta ni uno solo de los principios de la democracia. Bajo Zapatero, no existe separación de poderes, ni una ley igual para todos, ni elecciones realmente libres, ni una sociedad civil fuerte, ni una libertad de expresión y de información que garantice la fiscalización del poder por parte de los medios de comunicación. Ni una sola de las reglas imprescindibles para que exista la democracia está vigente en España, donde la democracia, además, está dramáticamente podrida por la corrupción, el amiguismo, el nepotismo, la hipertrofia del Estado, el poder casi absoluto de los partidos políticos y la casi impunidad de los políticos, especialmente de los que están en el poder.
Algunos creen que el origen del mal está en la escasa calidad moral y profesional de los gobernantes, unida al desmedido poder de los partidos políticos, que han roto todos los cerrojos y controles. Pero nosotros creemos que también es importante que la izquierda no crea en la democracia, sino en la transformación del mundo desde el poder, una herencia puramente leninista a la que jamás han renunciado. Sólo se ha adaptado a la democracia para sobrevivir en Occidente, donde la democracia es un valor irrenunciable, por ahora.
Cada vez que se debate con un socialista sobre la democracia y la necesidad de respetar sus reglas, su respuesta es la misma: "la democracia es un asunto secundario; lo importante es construir un mundo mejor desde el poder”.
La respuesta encierra un error garrafal y un engaño pleno al pueblo. El error es que el fin no justifica los medios y que no se puede mejorar el mundo desde la dictadura y la opresión, como ha quedado mil veces demostrado. El engaño es que un partido político no puede presentarse ante los ciudadanos como demócrata si no cree en la democracia y no está dispuesto a respetarla cuando llega al poder.
Las ruedas de prensa sin preguntas son un reflejo totalitario utilizado por los sátrapas y dictadores desde tiempos inmemoriales. Es una forma bastarda de eludir las preguntas molestas que algunos periodistas libres, gracias a la democracia, pueden hacer "en nombre del pueblo", las cuales ayudan a la transparencia pública y a la verdad, valores imprescindibles en democracia. El modelo es "cómodo" para el poder porque elimina las preguntas y reduce el papel del periodista a tomar notas y a difundir lo que los poderosos desean que se sepa, toda una violación de los conceptos de transparencia y verdad en la información pública.
Suelen recurrir a ese esperpento antidemocrático los polítiicos que ya han perdido el respeto a los ciudadanos y los que ya ni siquiera guardan las formas democráticas. Aquelos que, sin renunciar al autoritarismo, todavía conservan un resquicio de respeto a las formas democráticas, suelen recurrir a otros trucos, también antidemocráticos, como comparecer rodeados de incondicionales, para intimidar a la prensa, o convocar a periodistas amigos y sometidos para que hagan preguntas cómodas, previamente pactadas.
La última rueda de prensa sin preguntas tuvo lugar el martes 6 de abril, en el acto de presentación del Plan de Acción para impulsar los vehículos electricos en España. Presidía el vergonzoso acto Zapatero, escoltado por la vicepresidente Salgado y por el ministro Sebastián, su amigo personal. La inexistencia de preguntas quizás se debiera a que de ese modo se evitan las mentiras de Zapatero, que las hace de manera compulsiva, o tal vez para eludir preguntas comprometedoras sobre si el dinero para el vehículo electrico saldrá de nuevos endeudamientos públicos que incrementen la ya dramática factura de la deuda exterior española, o si las ayudas serán para un proyecto genuinamente español o servirá para apuntalar a las multinacionales del automovil que ya operan en España. En fin... preguntas incómodas que siempre desagradan a los que no creen en la democracia.
Lo que no faltó en el poco democrático acto fue la corte de empresarios adictos, un decorado de lujo destinado a proporcionar "solvencia" al proyecto.
El diseño del acontecimiento era revelador y típico del "Zapaterismo", que es un triste remedo de la democracia y una enfermedad infantil del totalitarismo, algo así como unas "paperas leninistas" contagiadas en la Moncloa: nada de preguntas incómodas, poca información al ciudadano y mucho escenario. Un festival del envoltorio, sin casi nada dentro, un proyecto de coches electricos para el que todavía ni siquiera existe la tecnología apropiada, una iniciativa sin sostén real que nadie sabe cómo se plasmará. En fin...discursos sin réplicas, el poder informando, sin controles democráticos y sin garantía alguna de veracidad.
Las asociaciones de la prensa españolas, contagiadas de la cobardía colectiva que infecta el país, guardan silencio ante el atentado a la libertad de información que representan esa nueva modalidad de ruedas de prensa del poder político sin preguntas, demostrando así la baja calidad del periodismo en España y la todavía inferior calidad de la democracia. La violación a la libertad de información, un derecho fundamental en democracia, es tan grave que el asunto merecería una huelga general de periodistas españoles.
El sistema está claramente podrido y dominado por la "casta" política, que ha conseguido desembarazarse de todos los controles que la democracia establece para limitar el poder del gobierno y del Estado.
El mundo está cada día más sorprendido ante la osadía y el irrespeto a la ley de sus políticos, cada día más impunes y con menos miedo a practicar con descaro la corrupción y el nepotismo. Es un mal que afecta a muchos países, entre ellos a demasiadas democracias, que demuestran así su profunda degradación.
Sin embargo, no hay misterio alguno. Todo se explica desde la dramática realidad de los partidos políticos, que se han alejado del servicio al ciudadano para abrazar el poder y los privilegios, logrando, además, ser casi plenamente impunes.
Las constituciones se violan a diario desde el poder político; las administraciones públicas no pagan sus deudas y obligan a miles de empresas a cerrar; los gobiernos acosan al ciudadano y lo esquilman con impuestos y multas, sólo para seguir costeando sus privilegios; muchos concursos públicos están trucados; los empleos públicos se otorgan, preferentemente, a los familiares, amigos y compañeros de partidos; las subvenciones se rigen por listas negras anticonstitucionales; miles de cargos públicos no pueden justificar sus patrimonios...
El hecho demostrado de que mumerosos jerarcas de partidos políticos y no pocos servidores del Estado se hayan convertido en delincuentes impunes es la gran novedad y la peor tragedia política del siglo XXI.
Francia quedó conmovida recientemente por el escándalo de un presidente Sarkozy que viola la igualdad de oportunidades y practica el nepotismo apoyando la carrera de su hijo Jean Sarkozy, que a los 23 años ya era concejal y candidato a gestionar el importante barrio parisino de La Defense. No hace mucho tiempo, España se estremecía ante la osadía de Manuel Chaves, presidente del PSOE y actual vicepresidente tercero del gobierno de Zapatero, el cual, cuando era presidente de la Junta de Andalucía, benefició a la empresa de su hija Paula con una subvención de 10 millones de euros, un privilegio al alcance de muy pocos empresarios. Hoy, la cúpula de la derecha española aparece ante el ciudadano infectada por la corrupción y nada menos que el presidente del Congreso, José Bono, está bajo sospecha porque es casi imposible justificar el inmenso patrimonio que ha acumulado.
Las páginas de los diarios y los espacios de noticias en radio y televisión de todo el mundo están cada día más copados por delitos políticos. En países como España y en regiones como Andalucía, el rítmo al que avanzan la corrupción y los abusos del poder es estremecedor.
Han perdido el miedo a la ley y ya ni siquiera temen perder votos por causa de sus abusos y violaciones reiteradas de las normas y leyes que defienden los derechos fundamentales y regulan la democracia y la convivencia. Conviven con la corrupción, contratan a sus parientes y amigos con jugosos sueldos del Estado, violan una y otra vez la igualdad de oportunidades, otorgan los concursos públicos y las subvenciones a sus amigos o a los que pagan comisión, protegen a sus correligionarios y llegan al extremo de cubrir el 80 por ciento de los puestos públicos con "conocidos" y amigos.
¿Por qué muchos de nuestros políticos violan con tanta dedicación, descaro y saña las leyes y reglas de la democracia?
La respuesta es evidente: ellos se forman en la peor y más antidemocrática escuela imaginable, el partido político, una organización vertical, autoritaria, nada democrática, dominada por el servilismo, la sumisión al lider, incapaz de debatir en libertad y más interesada en controlar el poder que en defender el bien común. Para hacer carrera dentro de esas organizaciones, hay que sufrir humillaciones, actuar con servilismo, someterse al lider, tragarse muchos sapos y ocultar las opiniones propias y los latidos de la conciencia.
Cuando los políticos, formados en esas fábricas de mediocres y de pequeños autócratas que son los partidos políticos, infectados de leninismo y pobreza en sus debates y análisis, ganan unas elecciones y acceden al gobierno, desconocen la democracia y traen consigo vicios de origen que, en la práctica, los hacen incompatible con las libertades y garantías individuales de la democracia.
¿Cómo pueden gestionar con eficacia y dignidad un sistema que desconocen y que, en la práctica, representa y defiende valores que ellos nunca han practicado en sus partidos, donde la sinceridad es laminada, donde reina lo opaco y se recela de la transparencia, donde los mejores siempre pierden ante los más constantes y los inteligentes son errotados por los conspiradores y maniobreros?
Los partidos políticos, teóricamente la columna vertebral del sistema democrático, se han transformado en el principal obstáculo para la regeneración de la democracia.
Esa es la única explicación válida para la tragedia que sacude a muchas democracias del planeta, en caída libre y degradándose día a día: son víctimas de políticos educados en la mediocridad y el autoritarismo, desconocedores de la democracia y peligrosamente ajenos a sus leyes y reglas.
María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del gobierno, comparece ante las cámaras para fustigar al PP y exigirle que abandone la corrupción. Acusa a Rajoy de tibieza y poca firmeza frente a los casos de corrupción que sacuden a su partido. Es un claro ejemplo de la "táctica del espejo", que consiste en decir al pueblo lo que éste quiere escuchar, sin que importe nada que sea verdad o mentira, justo o falso.
El caso Gürtel, que ha llenado de basura al PP, aunque sus dirigentes repitan, como si eso les eximiera de culpa, que no ha habido financiación ilegal del partido, proporciona al PSOE una oportumidad de oro para convencer a los ciudadanos que los dos grandes partidos son igualmente corruptos. El PSOE, abrumado por los muchos casos de corrupción que ensucian su historia reciente, ha renunciado a limpiar su imagen y su única obsesión ahora es que el PP aparezca ante los ojos de los españoles como un partido también corrompido hasta la médula. En la mente de los estrategas socialistas brota la denigrante idea de que los daños electorales causados por la corrupción quedarían neutralizados si el electorado equipara a los dos partidos en podredumbre.
La lucha contra la corrupción es imprescindible para una España cuya política está podrída hasta el tuétano y cuyos dirigentes no son, precisamente, ejemplares, pero que el PSOE se atreva a criticar la corrupción del PP, aunque sea cierta, es un sarcasmo y una osadía que únicamente pretende fijar en el adversario la imagen de "partido corrupto", a pesar de que el socialismo español sea insuperable e invencible en el capítulo de la corrupción.
Es cierto que el Partido Popular ha imitado al PSOE también en la corrupción, como lo ha hecho en la arrogancia y en el desprecio al ciudadano y a la verdadera democracia, pero no es menos cierto que el PSOE ha batido en España todos los records de corrupción posibles e imaginables, siendo el único partido con sentencias condenatorias firmes por cohecho y otras figuras corruptas, el único con ministros y secretarios de Estado en la cárcel, el único que llegó a practicar el terrorismo de Estado y el único que perdió el poder porque el hedor era insoportable en toda España, con las cúpulas de la Guardia Civil, el Banco de España y otras instituciones claves en presidio.
La situación de hoy es lamentable porque los dos partidos están contaminados de corrupción más allá de lo que debería ser soportable para un pueblo como el español, que si fuera honrado y digno ya habría erradicado de la vida política a los dos grandes partidos políticos, contaminados hasta la médula. La gran diferencia entre la izquierda y la derecha es que la izquierda, al manejar mucho mejor la propaganda, consigue inflar y airear los casos de corrupción de la derecha, a pesar de que los propios sean más y quizás peores.
Una prueba de la casi perfecta propaganda de la izquierda es que España haya estado casi un año en vilo por un par de trajes del presidente de Valencia, mientras que escándalos de muy superior alcance, como el piso de 1.8 millones regalado por José Bono a su hijo y la cascada de sinvergonzonerías y chorizadas que está arrasando al PSOE de Andalucía, entre las que destaca el caso Mercasevilla, siguen semiocultas por culpa de una derecha que cada día demuestra más su torpeza. El sucio caso de Jaume Matas, merecidamente, ocupa las portadas de la prensa española, pero el de Mercasevilla, donde todo indica que ha existido extorsión, cohecho y financiación ilegal, está tapado por el silencio, ayudado también por la cobertura mafiosa del poder.
La táctica del espejo, una de las prácticas favoritas del "Zapaterismo", consiste en decir al pueblo lo mismo que el pueblo le dice a los políticos, o lo que el pueblo está deseando escuchar de sus líderes, un truco engañoso que pretende proyectar la falsa imagen de dirigentes identificados con su pueblo, cuando la realidad es que están en la arrogancia y el privilegio, a años luz de distancia.
Zapatero y su gobierno hablan de "luchar contra la corrupción", cuando él, por ser el secretario general de su partido y presidente del gobierno, es el "gran padrino" natural de toda la inmensa corrupción pública española y de la de su propio partido; habla de "más democracia", a pesar de que él es el gran enterrador de la democracia española; habla de "derrotar a la crisis" cuando él perdió casi dos años negando su existencia y, después, ni siquiera ha sabido combatirla, convirtiéndose en el principal aliado y culpable del drama económico que asola a España; habla del "prestigio" de España en el mundo, cuando esta país nunca estuvo tan devaluado en el planeta desde que murió el dictador Franco.
Afirma Zapatero que “hace falta diálogo" y aboga por la "paz social" porque sabe que los ciudadanos lo desean, pero ignora que él ha alimentado el acoso a la oposición, ha apostado por la división, la discordia y el enfrentamiento y ha cerrado las puertas del diálogo a las víctimas del terrorismo, a los católicos y a los que repudiamos el aborto fácil. También oculta que es él, personalmente, quien impide que se hagan las reformas que los expertos aconsejan y que las grandes instituciones internacionales y el Banco de España exigen, como es una reforma que flexibilice el mercado laboral y permita nuevas contrataciones.
Para colmo de cinismo y de falsedad, habla de "lucha contra el paro" cuando es él quien ha desatado en España el fantasma del desempleo masivo, alcanzando la cifra escalofriante de cinco millones de parados reales, una sangría injusta que amenaza la paz, la convivencia y el futuro de España.
Las dictaduras y tiranías burocráticas que hoy dominan el mundo han alcanzado un alto grado de sofisticación y son mucho más perfectas que aquellas del pasado que se sostenían con la fuerza de la horca y del cuchillo. El poder moderno ha aprendido a ser menos sanguinario, pero también más canalla y eficiente.
Sin utilizar la fuerza más de lo estrictamente necesario, permitiendo que los ciudadanos griten y se expresen con libertad y utilizando la mentira, la manipulación y el miedo como arietes, el poder político moderno ha aprendido a ejercer un dominio implacable con sorprendente eficacia y sosfisticación. Las actuales tiranías, aparentemente legales porque casi todas ellas buscan legitimarse en las urnas, esclavizan al hombre mejor que cualquier otra a lo largo de la Historia.
Las nuevas tiranías burocráticas han conseguido hacer realidad el sueño que han compartido todos los tiranos de la historia, desde los faraones a los emperadores corruptos de Roma, sin olvidar a los sátrapas, a los señores feudales y a los monarcas absolutos: que los ciudadanos, asustados y desconcertados, se encierren en sus hogares al anochecer, presas del miedo, y se dediquen a dormir, vegetar, fornicar, trabajar y producir, pagando impuestos y multas al poder, al que ya sólo le interesa recaudar, dominar y mandar.
Otro de los mayores sueños históricos del sátrapa opresor es ya casi una realidad plena en nuestros tiempos: el gobernante ha logrado ser impune y no responde ante el pueblo de nada, ni de su corrupción, ni del abuso de poder, ni de los errores que comete, ni de la injusticia, ni de la hiriente desigualdad, ni siquiera de haber convertido a la mentira en la verdadera presidenta de su gobierno.
La represión ostentosa ha dejado de ser necesaria, y la vieja censura es una reliquia. Los nuevos tiranos han convertido en innecesarias a las guardias pretorianas y a los escuadrones de la muerte, mientras que el ciudadano, asustado ante la fuerza invisible pero agobiante del poder, se autocontrola y autocensura para no ser proscrito.
La nueva tiranía no es, como la vieja, un recurso que surge de la misma democracia, un paréntesis irregular abierto en casos de crisis o de emergencia, que después se cierra para retornar al derecho y a la legalidad. La nueva tiranía es una irregularidad permanente, un delito constante, aunque oculto y camuflado, contra la dignidad humana y la legalidad democrática. Mientras que los viejos tiranos griegos y romanos eran hijos de la misma democracia, como lo fueron Mario, Sila y el propio Julio César, la nueva tiranía es hija de la oligocracia, un sistema mil veces peor y cien veces más bastardo que la peor de las democracias.
Pero el mayor logro de los nuevos tiranos es que no sólo han aprendido a ocultar la suciedad de su sistema de dominio y de gobierno, sino que, además, han conseguido el apoyo de las masas, que, insensatas, aclaman a quienes les esclavizan.
La mayor debilidad de la nueva tiranía oligárquica reside en la naturaleza de sus votantes, que suelen ser la parte más inculta, débil y cobarde de la sociedad, la más fácilmente manipulable y la que se deja conducir como un estúpido rebaño. Pero los tiranos sofisticados compensan esa debilidad atrayéndose mediante compra y soborno a poderosos aliados como los grandes empresarios, los gestores de los medios de comunicación y a legiones de intelectuales, a los que someten a cambio de prebendas.
Pero los nuevos tiranos, conscientes de que de esos degradados caladeros humanos de votos depende la aparente legitimación de su dominio y la perpetuación de la farsa, cuidan y miman a los esclavos y los prefieren a los ciudadanos libres, a los que odian en secreto, marginan de los beneficios del poder y, a veces, hasta persiguen y aplastan, tras haberlos antes "señalado" con etiquetas que buscan provocar desprecio y desprestigio, como las de "rebeldes", "antisistema", "peligrosos" o "intelectuales".
Aquella vieja y sabia máxima de que "Cuando el gobierno teme al ciudadano, existe democracia, y cuando es el ciudadano el que teme al gobierno, existe dictadura" es la mejor prueba de que la dictadura ha tomado el poder en nuestros días. El ciudadano está hoy aterrorizado ante el poder e indefenso ante el gobierno. Aunque nos dicen que somos libres porque podemos chillar y decir lo que queramos, la libertad ha muerto y la ciudadanía está bajo dominio de los amos.
Una vez más, como ha ocurrido muchas veces antes en la Historia, la razón de la fuerza se ha impuesto sobre la fuerza de la razón.
Hace pocos días, Eladio Fernández, ex coordinador provincial de los socialistas en Orense, se pasó al PP, partido con el que dice que "comparte ideas, proyecto y objetivos". El caso, cada día más frecuente, sirve para demostrar con claridad meridiana algo que millones de españoles sospechan: que los políticos españoles, con poca ideología y mucho apego al poder, son capaces de militar en cualquiera de los partidos que se reparten el poder y los privilegios en España.
La pérdida de apoyos de Zapatero y su previsible derrota en las próximas elecciones generales van a provocar, en los próximos meses, una fuga de cuadros hacia el PP. Son gente sin otras ideas que el disfrute del poder, que ha decidido vivir siempre del presupuesto, caiga quien caíga. Generalmente, no son fiables, ni demócratas.
La lógica y la decencia dicen que es imposible que un político socialista pueda militar en el PP porque ambos partidos ocupan casi los extremos del espectro y están separados por ideologías contrapuestas, pero España es diferente y aquí todo es posible.
La única explicación posible es que en España no existe una autnetica democracia, ni siquiera verdaderos partidos políticos que defiendan ideas, concepciones y propuestas, sino falanges compactas, sin otra ideología que el poder y dispuestas a conseguirlo como sea.
Esa vulgar ausencia de democracia y de ideología explica que el PSOE de Zapatero sea capaz de gobernar en coalición con cualquier partido político, incluso con los que deberían encontrarse a distancias ideológicas insalvables. el PSOE gobierna con la derecha en algunos municipios, con los nacionalistas extremos, militantes independentistas, en lugares como Cataluña y Galicia, y que hasta sean capaces de mantener lazos con batasunos en el País Vasco. Cuando necesita votos para probar una ley, Zapatero los compra y consigue apoyos de cualquier grupo, sin que la ideología o los principios cuenten. La democracia convertida en un mercado persa.
Tampoco hay dificultades para integrar coaliciones con corruptos, como ha quedado demostrado en Mallorca y en numerosas ciudades, como Sevilla, donde el PSOE gobierna la ciudad con un equipo de Izquierda Unida que ha protagonizado todo tipo de abusos, arbitrariedades y corruptelas.
El fenómeno no afecta en exclusiva a los socialistas, aunque su versatilidad ideológica y traiciones a los principios de la izquierda parecen imposibles de superar. El PP también apetece el poder de manera desmesurada y es capaz de hacer demasiadas barbaridades para conseguirlo. En el pasado ha compartido el poder con nacionalistas y sigue dispuesto a hacerlo, si con esa alianza conquista la Moncloa. Algunos altos dirigentes actuales del PP militaron antes en otros partidos de ideología diferente e, incluso llamaron a las puertas de partidos nacionalistas para pedir asilo, deslices que hoy están cuidadosamente silenciados en sus biografías oficiales.
Hubo un tiempo en el que el poder público era ejemplar y servía como referencia de comportamiento y funcionamiento a los ciudadanos. Hoy, en España, los datos demuestran que el sector público es un estercolero cuyo comportamiento avergüenza a la ciudadanía y envilece a la sociedad.
El sector público español huele mal. Hay prácticas que se consideran normales en la democracia degenerada española, pero que, en realidad, son vilezas antidemocráticas. Hay miles y se practican a diario sin que ni siquiera sean detectadas o denunciadas por los medios de comunicación. Una de las más viles y repugnantes es comprar con dinero público los votos que necesita un gobierno para aprobar determinadas leyes que, sin esos pagos, legales pero ilegítimos en democracia, serian derrotadas. El ejemplo más claro de esa vileza es reciente: los 1.582 millones que acaba de pagar Zapatero por los votos del PNV y de Coalición Canaria, necesarios para subir el IVA, una medida que, para colmo de males, es rechazada por la inmensa mayoría de la sociedad española.
El estercolero público español es enorme, como un océano de basura maloliente: miles de políticos cuyo patrimonio es injustificable, miles de ayuntamientos bajo sospecha judicial, muchos de los cuales están siendo investigados o juzgados, concursos públicos trucados para que los ganen los amigos, concesiones a dedo otorgadas a los amigos del poder, decenas de miles de puestos de trabajo públicos otorgados a familiares, amigos y a compañeros de partidos, puestos que en su mayoría son innecesarios y que convierten al Estado español en uno de los más obesos e incosteables del planeta, la mentira instalada en el poder, manipulación de las noticias en los medios públicos, listas negras de ciudadanos y empresas que no reciben subvenciones ni pueden ganar concursos públicos por tener ideas contrarias al pensamiento único que exige el poder, irregularidades administrativas, agentes de tráfico que persiguen a ciudadanos sin otro fin que recaudar dinero para el poder, inspectores de Hacienda presionados para que recauden más dinero porque la casta lo necesita para manetener sus privilegios, ni un sólo ejemplo de austeridad procedente del gobierno, avance galopante del desempleo y un gobierno inepto e incapaz de detener los efectos letales de la crisis... son la comida diaria del ciudadano español informado, el espectáculo bochornoso y nauseabundo que emite el poder público en una España podrida que necesita ser refundada.
Pero la lista de dramas y escándalos del sector público español apenas ha comenzado porque hay que agregar al balance despilfarro incontrolado, desprestigio internacional, pérdida de peso en el escenario mundial, inseguridad ciudadana que avanza, ayuda a países y partidos políticos amigos disfrazadas de planes de cooperación, pérdida de credibilidad del poder político, desconfianza ciudadana, desprestigio de la democracia, políticos que aparecen en las encuestas señalados como el tercer gran problema de la nación, incluso por delante del terrorismo, administraciones públicas que no pagan sus deudas y obligan a cerrar a empresas por asfixia, galerías obscenas de coches oficiales y un océano de privilegios y ventajas para cargos públicos que resultan ofensivos e indecentes en tiempos de crisis, como tarjetas visa con cobertura pública, facturas pagadas de teléfonos móviles, residencias oficiales sin justificar, guardaespaldas innecesarios, dietas casi secretas y otras decenas de ventajas y distinciones que convierten a la "casta" de los políticos en la élite de la sociedad, en los nuevos señoritos, cada día más señalados y odiados por el pueblo.
La democracia putrefacta española es incapaz de reaccionar y continúa su avance inexorable hacia su descrédito total, provocando rebeldía, causando indignación y convirtiendo a España en una cloaca.
Leer la prensa o seguir los noticieros de radio y televisión se ha convertido ya en un suplicio moral y físico. la galería de abusos y arbitrariedades públicas es casi infinita. Algunos, ante ese espectáculo desolador, piensan que el mundo es así y se omiten, pero otros muchos se indignan y se rebelan, reacción lógica del ciudadano en democracia.
La España que habitamos y compartimos será estudiada pronto como ejemplo mundial de mal gobierno en las principales escuelas políticas y de negocios del mundo. Los "demócratas", desde la muerte de Franco, han conducido al país, de manera inexorable, hacia lo que hoy es, una sociedad degenerada, sometida a los nuevos amos políticos, económicamente en crisis y con su convivencia y futuro amenazados, que, al mismo tiempo, es una potencia mundial en campos tan vergonzosos como la prostitución, la trata de blancas, el tráfico y consumo de drogas, el desempleo, la desconfianza de los ciudadanos en sus líderes, el desprestigio del poder polítiico y del sistema, la inseguridad ciudadana, la población encarcelada, coches oficiales y privilegios de los poderosos, partidos políticos sin control, de poder imparable, ciudadanos marginados, fracaso escolar, pésima calidad de la enseñanza, paraísos de las mafias internacionales, violencia de género, aborto, incremento del foso que separa a ricos de pobres, atasco de la Justicia, violaciones de la constitución,.. y un largo y estremecedor etcétera.
Sábado, 2 de junio
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Julio César Izquierdo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel