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Andalucía conmemora con tristeza sus 30 años de autonomía y fracaso

Los andaluces conmemoran hoy (sin celebrarlo) el 30 aniversario de aquel referéndum del 28 de febrero de 1980 que convirtió a Andalucía en autonomía de primer rango, dentro del Estado Español. Han sido 30 años de dominio socialista, sin alternancia alguna en el poder, años en los que, a pesar de la lluvia de millones de euros procedentes de Europa, Andalucía sigue hundida por la crisis económica, con un millón de desempleados, liderando las estadísticas del fracaso escolar y con el 53.1 por ciento de su población mayor de 65 años analfabeta.

La distancia que separaba hoy el sevillano Teatro de la Maestranza, donde la Andalucía oficial del poder político y sus amigos celebraban el 30 aniversario de la autonomía, con las calles, plazas y jardines de los pueblos y ciudades andaluzas, donde el pueblo, hundido por el paro y la crisis, triste, desconfiado y resentido con esa clase política que le ha mantenido en el atraso y hoy le lleva hacia la miseria, nunca ha sido más grande y dramática.

Después de 30 años de socialismo y de continuas ayudas europeas, Andalucía es una región fracasada que no ha logrado abandonar los vagones de cola de España y Europa, una sociedad en la que los pobres y desempleados forman ya parte del paisaje, junto a los comedores de caridad y los "sin techo", que cada día son más visibles en los soportales y parques de los pueblos y ciudades.

Sin embargo, esos 30 años sí han servido para que los socialistas construyan en Andalucía un "sistema político" tan denso, poderoso y omnipresente que para encontrar otra región donde el peso del Estado sea similar habría que remontarse a alguna de las repúblicas soviéticas en tiempos de Breznev.

Es tan fuerte y poderoso el Estado andaluz (Junta de Andalucía) que controla, directa o indirectamente, casi la mitad del PIB de la región, donde hay más densidad de enchufados, paniaguados , amigos del poder y funcionarios que en cualquier otra región española y donde el clientelismo es una plaga que siembra el miedo y la sumisión en una ciudadanía que ha aprendido a temer a los políticos.

En la Andalucía que hoy conmemora con tristeza y preocupación sus 30 años de Andalucía, es el pueblo el que teme al gobierno y no el gobierno el que teme a los ciudadanos, lo que indica que existe un "régimen" más parecido a la tiranía que a la democracia.

Andalucía ostenta liderazgos indeseables y nocivos en los panoramas español y europeo, como los de prostitución, tráfico y consumo de drogas, alcoholismo, trata de blancas, violencia de hogar, baja calidad en la enseñanza, fracaso escolar, población encarcelada, coches oficiales, crecimiento desorbitado del aparato del Estado y privilegios de la "casta" política, entre otros.

La Justicia está colapsada y la población se encuentra desmoralizada, masivamente desempleada, con grandes masas de pobres en crecimiento, con su clase media herida, agobiada por los impuestos y por la burocracia, con su tejido productivo hecho trizas y temerosa del futuro. El millón de funcionarios con que cuenta Andalucía actúa como una "losa de plomo" sobre la sociedad, la economía y las cuentas públicas, al mismo tiempo que constituyen una garantía de pobreza para el futuro.

Lo único que merece un claro "notable" en esta Andalucía construida por los políticos para su propio beneficio es la propaganda, un capítulo en la que el poder se ha mostrado extraordinariamente eficaz. La Junta es el primer contratante de periodistas y el principal cliente publicitario, gracias a lo cual controla a los medios que no son de su propiedad y les cierra la boca para que no sean críticos y prefieran la "verdad del poder" a la verdad a secas, que es la que da legitimidad a las democracias.

Es cierto que se han logrado avances, pero son los avances propios de un país que ha crecido con su entorno. Sin embargo, Andalucía, cuando hace 30 años inició su andadura autonómica, era más o menos lo que hoy es: una de las tres autonomías en la cola de España, una sociedad predominantemente agrícola y desindustrializada, una tierra azotada por la pobreza y la incultura y una población sometida a señoritos y caciques. Es cierto que en este sector sí se ha producido un cambio: aquellos caciques rurales de antaño, señores del pueblo adornados de privilegios y ventajas, han sido sustituidos ahora por los políticos y altos cargos de la Junta, los "nuevos amos" de Andalucía.

Manuel Clavero Arévalo, ilustre abogado, catedrático y ex ministro de UCD, declara a El Conficencial: “En Andalucía nos falta mucho por hacer”. Y agrega: "Lo más importante: reducir los gastos ordinarios de la Junta de Andalucía y aumentar las inversiones “porque eso es lo que genera riqueza y bienestar”. En su opinión, las infraestructuras de la comunidad (el AVE, la red de autovías y los aeropuertos) son el mayor logro estos 30 años. Y luego va directo al horizonte 2013. En ese año está previsto que cesen las subvenciones de Europa a Andalucía. “Esas ayudas trajeron a la comunidad un gran desarrollo, pero su retirada nos creará problemas”, avisa.

Joaquín Aurioles, profesor titular de la Facultad de Ciencias de Económicas de la Universidad de Málaga y presidente del Observatorio Económico de Andalucía, observa que el Sur está herido. “Andalucía está cansada. Aurioles se pregunta para qué han servido estos 30 años. “Tenemos que volver a hacer frente a los mismos problemas de hace tres décadas; habíamos llegado a convencernos de que los grandes problemas se habían conseguido erradicar. Se me cae la moral al suelo”, precisa.

Andalucía no tenía nada que celebrar hoy.

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Zapatero, un "despilfarrador" sin prestigio

27.02.10 | 17:47. Archivado en Política, Democracia, Economía, Europa, Corrupción, España, Zapatero

El tratamiento otorgado al rey Juan Carlos en su reciente visita a Estados Unidos, al que se le agasajó con una comida privada a la que asistieron el presidente Obama, Hilary Clinton y otros máximos representantes del poder americano, encerraba un desprecio "expreso" a Zapatero, al que Obama ni siquiera le concedió una entrevista cuando visitó Washington para participar en el "Desayuno de la Oración". La prensa sugiere que el rey, en la sobremesa, tuvo que soportar allí, en el corazón del Imperio, la acusación demoledora de que Zapatero ha perdido credibilidad y la confianza de su pueblo.

La prensa norteamericana, mejor informada y más libre que la española, con The New York Times a la cabeza, argumenta que Zapatero destila fracaso, que no es el líder capaz de salvar a España y sugiere algo de extrema importancia y que descalifica tanto a Zapatero que debería obligarle a dimitir: que ha perdido credibilidad y la confianza de su pueblo.

Esa pérdida de credibilidad y de confianza se refleja en las encuestas y se percibe en la vida diaria de los españoles, pero la propaganda gubernamental la esconde y la prensa cómplice española ayuda a ocultarla.

Esa misma prensa norteamericana sugiere que, en la reciente visita del rey Juan Carlos a la Casa Blanca, en la comida privada que compartió con Obama, con Hilary Clinton y con otros personajes claves del poder americano, se le hizo saber al monarca la preocupación en Estados Unidos por la pérdida de credibilidad de Zapatero.

Nadie sabe si el rey reaccionó hablando bien de su "amigo" Zapatero, al que defendió públicamente en España, no hace mucho, rompiendo así la neutralidad que es recomendable al Jefe del Estado en democracia, pero lo más probable es que, consciente de que esa "perdida de credibilidad" es una verdad incuestionable, agachara la cabeza y se tragara ese sapo, merecido por él como jefe del Estado y también por el pueblo cobarde de España, que soporta sin rebeldía a quien le malgobierna y arruina a diario.

De cualquier modo, el rey Juan Carlos debió ser receptor en la Casa Blanca de análisis y testimonios de gran importancia porque es evidente que su nivel de preocupación ante la situación de España se ha incrementado notablemente a su regreso. Lo más probable es que, después de escuchar a Obama y a su equipo más próximo, llegara al convencimiento de que las reformas que España necesita con urgencia tienen que decidirse ya, a pesar de que el gobierno de Zapatero se niegue a hacerlas, poniendo al país en peligro, porque no quiere asumir sin el apoyo del resto de los partidos el importante desgate que traerá consigo esas medidas impopulares y dolorosas para los ciudadanos.

Los españoles deberían sentirse avergonzados por soportar a un gobierno, el presidido por Zapatero, desprestigiado ante los gobiernos y las cancillerías de los países democráticos y avanzados. Nadie se explica en la alta política mundial por qué razón ese gobierno de Zapatero sigue demorando las reformas que el país necesita con desesperante urgencia, ni entiende qué es lo que paraliza a los ciudadanos españoles y les impide exigir que los ineptos que le conducen hacia el abismo abandonen el timón y convoquen las elecciones anticipadas que el país se merece.

El caso de Zapatero será estudiado pronto en todas las grandes escuelas de altos estudios políticos y en los principales thinks tanks del planeta como modelo de lo que no debe hacerse en política. El rasgo principal que se desprenderá de esos estudios quizás sea su condición de "despilfarrador" compulsivo. Ha despilfarrado no sólo la riqueza acumulada por España en las últimas décadas, sino también el valioso tejido productivo español, la armadura moral de la sociedad, los valores y hasta su propio capital político, abundante cuando fue elegido en 2004 e inexistente hoy, cuando proyecta la imagen de un pobre diablo acosado, solitatio, alienado, sin el cariño de su pueblo, al que únicamente apoyan los fanáticos y los que ordeñan a diario las ubres del Estado, al que la comunidad internacional señala como un desacreditado dirigente, nocivo para su pueblo.

Pero la tragedia de Zapatero no es únicamente la de un líder inepto que perjudica a su pueblo, sino también la de un sujeto dilapidador que deteriora todo lo que toca, incluyendo la "credibilidad" y la "confianza" que tanto preocupan en Washington, donde saben que son las bases de la democracia, de la economía, de la convivencia y la principal justificación del liderazgo. Sin confianza, las sociedades no pueden avanzar, ni sostenerse. Sin creer en su líder, los hombres y las mujeres libres dejan de existir y toda sociedad termina siendo humillada, sometida, esclavizada y esquilmada en su dignidad.

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La política exterior de España, vergüenza para los demócratas de todo el mundo

La parte más demócrata y honrada de España ha sentido vergüenza al ver cómo el presidente Rodríguez Zapatero, cobarde y mezquino, no se ha atrevido a condenar abiertamente al régimen de Cuba por la muerte del disidente preso Orlando Zapata Tamayo, probable víctima de tortura, quien se encontraba en huelga de hambre para reclamar a la tiranía de los hermanos Castro más libertad y respeto a los derechos humanos en la isla-cárcel del Caribe.

La política exterior del gobierno que preside José Luis Rodríguez Zapatero es una vergüenza para los demócratas de todo el mundo y, en especial para los españoles, que no entienden cómo un país que se autoproclama democrático y que está alineado con el Occidente libre opere hoy como punta de lanza y defensor de los peores déspotas y tiranos del mundo.

El último ridículo de una España que intercede siempre a favor de los tiranos y déspotas tuvo lugar el pasado 23 de febrero, cuando la Presidencia española, interesada en lograr que la Unión Europea levante las sanciones que impuso a China por sus reiteradas violaciones de los derechos humanos, fue parada en seco por la Comisión Europea y, especialmente, por la nueva responsable de Asuntos Exteriores, la inglesa Ashton, que decidió mantener vigente las sanciones, incluyendo el embargo de armas a China.

Veladamente, España fue humillada y acusada de anteponer sus intereses comerciales (y quizás también otros intereses no públicos) a la defensa de la democracia y de los derechos humanos.

Sin embargo, nadie se extrañó en Europa de la actitud española porque la política exterior del gobierno Zapatero es internacionalmente conocida por eso, porque siempre aboga por los sátrapas y por los dictadores, olvidando defender principios y valores como la democracia y los derechos fundamentales del ser humano.

Existe una especie de "Internacional de la tiranía", no institucionalizada pero real, de la que España, sin formar parte, actúa como agente y defensora, un papel ignominioso que debería avergonzar a los demócratas y a la gente honrada de todo el planeta. En esa internacional, que cierra medios de comunicación críticos, que ejecuta a los que roban, que ahorca a los gays, que decapita a los infieles, que oprime a la mujer y que tiene sus cárceles llenas de opositores políticos y de gente cuyo único pecado es pensar diferente que el poder, figuran países tan amigos de España como Cuba, Irán, Venezuela, Nicaragua, China y otros, muchos de ellos islámicos y "socios" de Zapatero en el extraño montaje de la "Alianza de Civilizaciones".

En esa internacional siniestra, amiga de Zapatero, figuran los dos países del mundo que más ciudadanos ejecutan cada año: China e Irán.

Por fortuna, los socios europeos de España siguen defendiendo la democracia y los derechos humanos en sus relaciones internacionales y por esa razón también han frenado las pretensiones de Zapatero y de Moratinos de levantar las sanciones europeas al régimen cubano, sin exigir contrapartida de avance democrático alguno, una Cuba castrista cuyas dos últimas "fechorías" son la muerte en prisión del preso político y disidente cubano Orlando Zapata Tamayo, después de 85 días de huelga de hambre, y haber "invadido" calladamente la Venezuela bolivariana de Hugo Chávez con más de 60.000 expertos, muchos de los cuales son bien entrenados especialistas en defensa, en inteligencia y en someter a la población.

Poco conocida y escasamente aireada por la prensa española, la política exterior del gobierno Zapatero es un motivo más para el rubor de los demócratas y para incrementar el ya rotundo rechazo de la gente de bien, que se siente asqueada de un gobierno que está arruinando al país, que ha llenado las calles de desempleados y pobres, que es incapaz de ser austero para reducir el déficit público, que, ávido de dinero, ha subido los impuestos y se ha endeudado hasta la locura, poniendo en peligro el futuro de España e hipotecando a por lo menos las tres próximas generaciones de españoles, que está destruyendo el tejido productivo a marchas forzadas, que se empeña en dividir la sociedad, que ha destruido gran parte de las defensas éticas del país y que, para colmo de males, ha perdido la credibilidad y la confianza de la inmensa mayoría de los ciudadanos, cuyo rechazo y desprecio al poder político se manifiesta ya en las encuestas y es palpable en las calles y plazas.

Nota: Probablemente avergonzado por su cobardía, Zapatero, movido también por el escándalo que ha despertado en España su silencio ante el crimen de los hermanos Castro, sus amigos, condenó el jueves 25 de febrero la muerte del disidente cubano Zapata, con 24 horas de retraso y con la boca pequeña.

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23 F, nuevo "golpe" en España, esta vez contra la decencia

El 23 de febrero parece en España una fecha marcada por el drama. Hace casi tres décadas, un teniente coronel de la Guardia Civil acribillaba a tiros el techo del Congreso de los Diputados y ponía en peligro la estabilidad constitucional española; ayer, 23 de febrero de 2010, España sufrió otro "golpe", esta vez contra la moral y la decencia nacional.

Media España contemplaba ayer, estupefacta, los gestos asquerosos y el atentado a la decencia del rapero John Cobra en la televisión pública, mientras la otra mitad veía cómo los sindicatos completaban el ataque a la moral española protagonizando una estafa en las calles de varias ciudades españolas, protestando contra el Partido Popular en lugar de hacerlo contra el gobierno, que es quien tiene la responsabilidad y la culpa del desastre actual de España.

El "golpe" de ayer arremetió de lleno contra la decencia cuando Cádido Méndez, líder de UGT, decía en su discurso ante los pocos obreros que le siguieron en su manifestación tramposa que "El PP debe arrimar el hombro", secundando así la sucia campaña del gobierno de Zapatero, que pretende culpar del actual drama de España a la oposición, cuando toda la culpa es de quien está en el poder y nos lleva al desastre.

No es fácil dilucidar cual de los dos golpes fue más demoledor para España, el de Tejero o el que perpetraron al unísono Zapatero, los sindicatos comprados y el delincuente John Cobra. El primero arremetió sin éxito contra el orden constitucional, pero el segundo pretende pulverizar el orden moral y la decencia de un país que, atacado desde dentro por quienes deberían defenderlo, se desmorona y se hunde.

Los sindicatos demostraron ayer que el "pacto" irrompible que tienen con el gobierno, sellado con toneladas de euros, les impide protestar contra los que gobiernan, quienes, con sus medidas equivocadas y carencias, han creado los cinco millones de parados y los ocho millones de pobres que convierten a España en un país triste y desgraciado.

Lo único hermoso de ayer fue que las manifestaciones estaban poco nutridas y que a ellas sólo acudieron los paniaguados y los fanáticos más descerebrados, mientras que los obreros y empleados más conscientes y responsables se quedaban en sus casas y despreciaban la convocatoria de esos líderes que han convertido a los sindicatos en sumisos corderos, entregados al dinero y al engaño de Zapatero.

La otra mitad del "golpe" del reciente 23 F fue protagonizado por el cantante rapero John Cobra, con antecedentes penales, cuyos gestos obscenos y reiterados en la televisión pública reflejan la debacle moral de esta España que, pésimamente gobernada, se ha convertido en potencia mundial del alcoholismo, el tráfico y consumo de drogas, la trata de blancas, la prostitución masiva, la baja calidad de la enseñanza, el fracaso escolar, el avance de la corrupción política, la delincuencia callejera de bandas locales e internacionales, el número de encarcelados, el despilfarro del poder, el endeudamiento público suicida y la difusión de la basura moral desde los medios de comunicación que colaboran con el poder gubernamental, incluída la televisión pública, pagada con el dinero de todos.

Para completar la cochambrosa orgía del reciente 23 F español, otra indecencia: ese día fue puesto en libertad, a cambio de una fianza de 10.000 euros, Antonio Puerta, el delincuente que agredió brutalmente al profesor Neira, al que todavía le quedan secuelas de la paliza recibida, después de permanecer casi un año hospitalizado como consecuencia de los daños sufridos.

El 23 F de 2010 fue un día nefasto para esta España devorada por la crisis económica y por el mal gobierno, que ya no aguanta más. La exhibición de genitales y de guarradas de John Cobra, en vivo y en directo, fue un reflejo fiel de la España sin ética y sin valores en la que vivimos e indica a los jóvenes españoles, destruídos por el desempleo, cual es el camino del éxito en esta España de Zapatero: ser soez, hortera, delincuente y sinvergüenza, si es posible ante las cámaras de televisión. El resultado: Telecinco ya ha contratado al indecente rapero por 30.000 euros a cambio de que exhiba, en "exclusiva". su cochambre, para consumo de los españoles.

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Gobernantes incapaces y dañinos

23.02.10 | 19:16. Archivado en América Latina

La Historia ha demostrado que la peor plaga humana es el mal gobierno, causante de la mayoría de los males del mundo. Las tiranías no pueden ser controladas por los ciudadanos, pero las democracias deben serlo, aunque las "castas" arrogantes y elitistas que están en el poder rechacen ese control ciudadano. La dura crisis que doblega al mundo y otros muchos errores y fracasos del poder obligan a introducir reformar profundas y urgentes para evitar que muchos países y cientos de millones de ciudadanos sigan siendo gobernados por imbéciles.

El gran problema del mundo no es la guerra, ni el hambre, ni la desigualdad, ni siquiera la injusticia, sino el mal gobierno, que deteriora a los pueblos, empeora al ser humano y es incapaz de mejorar el mundo, como es su deber. Muchos países están siendo gobernados por gente sn preparación, a veces peligrosa y dañina, que no permite controles democráticos, que impide que los ciudadanos, que son los soberanos y dueños del sistema, les sometan a pruebas y exámenes para averiguar su calidad humana y su solvencia ética y académica.

La política mundial, por culpa de la arrogancia de los partidos políticos, está sin control. Carece de sentido que al directivo de un empresa y a cualquier secretaria se le exijan idiomas y títulos y que muchos presidentes de gobiernos ni siquiera sepan entenderse con sus colegas en inglés. Mientras que la selección de personal para entrar en una empresa es cada día más rigurosa, a los políticos les basta ser "amigos" del líder para ocupar cargos de gran responsabilidad, sin poder exhibir solvencia moral o preparación humana o académica alguna.

Algunos creen que la epidemia más destructiva del siglo XX fue la guerra, que causó más de cien millones de muertos; otros creen que fue el totalitarismo, encarnado en fantasmas como el comunismo y el nazismo, que fueron capaces de exterminar a etnias enteras. Pero nosotros creemos que el virus más nocivo del siglo fue la letal combinación de malos gobiernos, dueños de estados demasiado poderosos e incontrolados, una lacra que amenaza también con arruinar el siglo XXI.

El mal gobierno ha sido el verdadero causante de la guerra, del hambre, de la violencia, la injusticia y casi la totalidad de los males de la raza humana. Hasta la actual crisis económica es la causa de un evidente fracaso del liderazgo político, que, como regulador, no supo o no quiso ver que se acercaba el colapso del sistema y prefirió vivir en la opulencia, durante los años de abundancia, sin poner freno a los abusos financieros y a los productos basura.

El mayor drama de la historia humana moderna ha sido el fracaso del liderazgo y de los políticos, que, a pesar de contar con más poder que nunca antes en la Historia, con privilegios y recursos que superan a la nobleza en el pasado, han sido incapaces de cumplir con su misión de mejorar el mundo y de solucionar los grandes problemas de la Humanidad.

Aunque existen muchos ejemplos deplorables de malos gobernantes en el mundo, si alguien quiere comprobar con claridad la ineptitud y el fracaso que emanan del poder político que mire hacia Cuba, cuyo gobierno genera opresión y pobreza, o hacia Venezuela, donde la riqueza natural es despilfarrada por el gorilato dominante, o tal vez hacia España, donde descubrirá a un gobierno que negó la existencia de la crisis para ganar votos y que arruinó a su país porque no quiso aplicar las recetas impopulares que los expertos recomendaban.

Un líder como el español Zapatero, recibido por gran parte del país como una esperanza, ha despilfarrado su capital político en pocos años, convirtiéndose en un dirigente despreciado por crecientes masas de ciudadanos. Acostumbrado a despilfarrar dinero, ha subido los impuestos y el IVA, a pesar de que los expertos le advierten que así hundirá a su país. Su última "jugada" es todavía más deleznable: cuando ya la economía está al borde del hundimiento, está impulsando rebajas en el sistema de pensiones que afectan sólo a los ciudadanos, sin reformar los privilegios de la "casta" política, que recibe pensiones de lujo con sólo cotizar siete años, mientras que el resto de los ciudadanos debe pagar durante 35 años para recibir una pensión, casi siempre escuálida.

No es cierta la sentencia, alimentada desde la política, que dice que “los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”. No conozco un solo pueblo que sea peor que el gobierno que padece. Lo que sí es cierto es que los ciudadanos tienen que implicarse en solucionar los problemas del planeta, ya que los políticos son incapaces de hacerlo. La sentencia que dice que “la política es algo demasiado importante para dejarla en manos de los políticos” se convierte cada día en más infalible.

Son los malos gobiernos los que han llevado a los pueblos hacia la guerra, los que han empujado a los pueblos europeos a pelear unos con otros durante más de veinte siglos. Carlos I de España y Francisco I de Francia, dos bravucones irresponsables, pelearon durante décadas y causaron decenas de miles de muertas sólo para demostrar cual de los dos era más chulo. Fueron los políticos los que embarcaron a la Europa próspera y alegre de 1914 en una guerra absurda que empujó a generaciones enteras hacia las trincheras, donde millones de vidas fueron segadas por las ametralladoras y los gases. Malos gobiernos fueron los que enfrentaron a los españoles en una guerra civil que era perfectamente evitable. Fueron los malos gobiernos los que perfeccionaron el totalitarismo y asesinaron a poblaciones enteras a mediados del siglo XX, dentro y fuera del frente bélico de la Segunda Guerra Mundial. Fueron los malos gobiernos los que inventaron la guerra fría, los que sembraron de conflictos bélicos el siglo, los que asesinaron sistemáticamente al adversario bajo la excusa de la seguridad nacional, los que derrocaron a los gobiernos populares y los que jamás dedicaron un esfuerzo a derrotar el hambre, la miseria y la injusticia.

Dicen los gobernantes en su descargo que la responsabilidad de los errores corresponde a toda la sociedad, pero no es cierto porque son ellos los que tienen el poder, sus lujos, sus privilegios y sus recursos: el presupuesto nacional, el monopolio de la violencia, el ejército, la policía y la fuerza de la ley. Nosotros sólo somos culpables de haberlos elegido sin exigirles casi nada a cambio. Ni siquiera los exigimos que sepan idiomas, que posean títulos superiores o que hayan demostrado en sus vidas poseer valores humanos.

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Aznar, como Zapatero, no es un modelo para los demócratas españoles

José María Aznar, ex presidente del gobierno de España, respondió con un gesto grosero y perdió los papeles cuando fue provocado e insultado por un grupo de jóvenes en la conferencia que pronunció en la Universidad de Oviedo sobre la crisis económica. Arrogante, soberbio y miembro genuino de la lamentable "casta" política que ha arruinado la democracia española, el antiguo líder del PP no puede ser considerado modelo alguno por ningún demócrata español.

Es cierto que fue provocado por una pandilla de fanáticos esclavos de la izquierda, pero eso no justifica su gesto grosero, impropio de un ex presidente de gobierno de España, todo un símbolo de la nación. Su actitud, además de demostrar su escasa talla como demócrata y como modelo político, perjudica a su partido y permite a muchos españoles generalizar y afirmar eso tan terrible de que "todos los políticos son iguales".

Aznar dejó en España un recuerdo agridulce. En lo económico, realizó una labor de gran valor y altura al introducir en el gobierno una disciplina, una austeridad y un acierto que permitieron a España entrar en la Eurozona y crecer de manera prodigiosa durante más de una década. Pero, en lo político, su labor fue digna de olvido por su adhesión a la partitocracia, a la que fortaleció, por su fácil convivencia con la corrupción, que toleró en los ámbitos del poder, por el incumplimiento de su promesa electoral de "regenerar la democracia", por no haber logrado reformar la enseñanza durante sus mandato (su nueva ley llegó tan tarde que pudo ser derogada por los socialistas cuando apenas había entrado en vigor), por haberse mantenido impasible ante la oleada de abortos que convirtió a España, durante su mandato, en un matadero internacional de fetos, por haber impulsado aquel infame "Pacto por la Justicia" que permite a los partidos políticos nombrar jueces y magistrados y, sobre todo, por gestos y actitudes arrogantes, impropias de un demócrata, como la participación en la guerra d Irak, realizada en contra de la opinión de las mayorías ciudadanas, la "imperial" boda de su hija y la designación "a dedo", sin un gramo de democracia, de Mariano Rajoy como su "sucesor y heredero".

Es comprensible que Aznar sienta "alergia" ante los pancarteros del PSOE, quizás porque recuerda que esa gente, dirigida por un Zapatero agazapado, que ya traficaba con la mentira y que no daba la cara, consiguió arruinar su imagen de buen presidente entre el año 2002 y el 2004, asesinando su prestigio e imagen pública, pero eso no justifica su gesto, impropio de un ex presidente democrático.

Hoy, cuando gran parte de la sociedad española siente deseos de mirar hacia el Partido Popular con ilusión y esperanza, Aznar exhibe públicamente las vergüenzas de la partitocracia española de baja estofa, olvida que, para un líder público, es obligatorio ser "ejemplar" y demuestra con su gesto grosero que es otro energúmeno sin altura, un "colega" de gente como Zapatero, un miembro más de esa nefasta "casta" de políticos que está conduciendo a España hacia el fracaso y la ruína.

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Ser "progre"

21.02.10 | 18:55. Archivado en Gobierno Zapatero, PSOE, Democracia, Corrupción, Cultura, España

Amar el progreso es una cosa y ser "progre" es otra. La búsqueda del progreso ha sido uno de los más positivos y poderosos motores de la historia, pero cuando ese progreso es manipulado, cocinado y adulterado por políticos contaminados de totalitarismo, se convierte en ese cóctel vulgar que llamamos "progre". No es una filosofía, ni una ideología, ni siquiera una doctrina, sino un vulgar barniz hipócrita y contradictorio que no sólo no mejora al ser humano, ni la convivencia, sino que, muchas veces, los envilece.

En España, la escuela "progre", impulsada por la izquierda en el poder, ha alcanzado niveles indeseables de propagación y efectos altamente dañinos en la sociedad. La España actual, líder europeo en paro, prostitución, alcoholismo, tráfico y consumo de drogas, baja calidad en la enseñanza, fracaso escolar, avance de la pobreza, desprestigio de la democracia y de las castas políticas, caída de valores tradicionales, etc. es, en buena parte, fruto del dominio "progre".

Tras la publicación, en este mismo blog, en días pasados, del artículo Los dogmas progres se van a pique y ante la petición de algunos lectores de que profundicemos en el tema del "progre", reproducimos el artículo La gran estafa de la "progresía" (Reflexiones útiles para el congreso del PSOE), publicado ya en Voto en Blanco, en julio de 2008.

El contenido del artículo es el siguiente:

Han convertido la "democracia" en una palabra sagrada y en el talismán de su fe política, pero los que, sin serlo, se llaman "progresistas" desconocen la verdadera democracia y la confunden con la oligocracia de partidos, que es lo que de verdad adoran. También confunden los derechos y libertades del pueblo en democracia con el populismo. Por eso defienden a Cuba, Venezuela y otras dictaduras populacheras que en realidad son tan democráticas como el III Reich.

Todo es confusión en la "progresía", una fe que ni siquiera es una ideología, porque le falta consistencia y grosor intelectual. Nació para tapar las enormes brechas que dejó abiertas en la izquierda mundial la caída del Muro de Berlín, pero al final ha resultado un bodrio frívolo, insolvente y peligroso porque abre un atajo que lleva hacia el totalitarismo. Julio Anguita la definió con tanta crueldad como precisión cuando dijo que la progresía es "el sumidero por donde se han ido las auténticas ideas de la izquierda".

Sus contradicciones y paradojas son memorables: están contra la pena de muerte, pero defienden el aborto, que causa cientos de miles de muertos, y la eutanasia; siempre hablan de tolerancia, pero no soportan la disidencia y llaman "fascistas" a los que piensan diferente, a los que, si pueden, condenan al ostracismo; dicen que la igualdad es lo más importante, pero ellos se hacen millonarios en el poder, dejan libres a los Albertos, multimillonarios acusados de estafar miles de millones, y meten en la cárcel al que roba un jamón en un supermercado; proclaman la libertad a los cuatro vientos, pero han creado la doctrina de lo "políticamente correcto", una especie de pensamiento único dictatorial al que hay que someterse por la fuerza, hasta el punto de que todo el que se atreva a deambular por las sendas libertarias de lo "políticamente incorrecto" es tratado como proscrito.

Utilizan como blindaje a los periodistas sometidos y a los medios de comunicación afines, a los que alimentan generosamente desde el poder con contratos publicitarios y concesiones para que camuflen o silencien lo que les perjudica, propaguen el pensamiento único y fustiguen a los que se oponen a la doctrina oficial. Así han conseguido transformar en silencio, sin denuncias y sin ruido, la democracia en una oligocracia autoritaria, donde los ciudadanos han sido suplantados por los partidos políticos.

Afirman que la ideología es primordial y exhiben lo que llaman "principios y valores de la izquierda", pero son capaces de pactar hasta con el mismo diablo, renunciando a las ideas, con tal de alcanzar o conservar el poder. En España, punta de lanza del progresismo en Europa, los progresistas de Zapatero han pactado de manera reiterada con nacionalistas extremos en el País Vasco, Cataluña y Galicia, sin importarles que sus "socios" estén situados en las antípodas ideológicas y que pugnen por destruir el Estado.

Proclaman que están ampliando los derechos de las minorías y, realmente, han amparado a los homosexuales y a otros grupos marginales, pero ignoran los derechos constitucionales de los ciudadanos que, sólo por emplear el idioma español, son acosados y humillados en regiones gobernadas por ellos y sus socios nacionalistas.

Son anticapitalistas y antiyankis, pero cuidan con tanto esmero los intereses de la burguesía y de las élites poderosas que han conseguido que los ricos y los grandes empresarios les prefieran a la derecha y siempre les voten. El antiamericanismo de su líder, Zapatero, es notable, pero él lleva casi cinco años mendigando penosamente una entrevista con el presidente Bush.

Sólo sienten pánico ante las estadísticas, los datos y las cifras, porque ponen de manifiesto sus carencias y contradiciones y porque les impiden manipular y disfrazar la realidad. Los datos son el fiel reflejo de la realidad inquietante del mundo que dominan y del fracaso de su filosofía, pero el control que ejercen sobre periodistas, intelectuales y medios les permite combatir esa realidad con mentiras, informaciones parciales e imágenes trucadas que generan confusión. ¿Quién se atreve a propagar que la fosa que separa a ricos y pobres se ensancha rápidamente bajo el mandato de Zapatero? ¿Alguien se atreve a informar sobre el monstruoso crecimiento de la burocracia, de las empresas, instituciones y cargos públicos bajo la "progresía"? ¿Quién se atreve a difundir que, bajo la batuta de la progresía, están creciendo como la espuma la inseguridad ciudadana, el desprecio al liderazgo político, la desconfianza en las instituciones y el rechazo a los políticos? ¿Quién es capaz de informar que son pocos lo que creen ya que España sea una verdadera democracia?

Fustigan a la Iglesia porque es el único poder que no controlan, pero no sustituyen los valores que defendía el catolicismo por otros nuevos, de manera que la crítica corrosiva del laicismo y del relativismo sólo genera insolidaridad, deterioro de la familia, egoísmo, crispación y terribles daños a la convivencia.

Utilizan el dinero para controlarlo todo y emplean las subvenciones para generar clientelismo y sumisión. Afirman creer en la sociedad civil, pero en realidad la han invadido, asfixiado y colocado en estado de coma. La sociedad civil, tras haber padecido el tratamiento "progre", está arrasada y es incapaz de cumplir su vital papel de contrapeso del Estado. Han invadido todos los espacios sagrados de la sociedad que necesitan desarrollarse en libertad, como las universidades, las cajas de ahorro, los sindicatos, la patronal, las confesiones religiosas, las asociaciones civiles y ciudadanas y gran parte del llamado "Tercer Sector", donde están las asociaciones y fundaciones.

Bajo el imperio "progre", el Estado no para de crecer y el ciudadano no cesa de mermar. Los viejos equilibrios de la libertad han quedado rotos. Ya no es el gobierno el que teme a los ciudadanos, como es deseable en democracia, sino los ciudadanos los que temen al poder político.

El pensamiento "progre" beneficia mas que a nadie a los políticos y ha logrado convertir al dirigente en el verdadero "señor" y "dueño" de la sociedad, atiborrándolos de tantos privilegios y ventajas que su mundo ya no es el del ciudadano. Las élites políticas viven en auténticas burbujas que les impiden conocer a los ciudadanos y a sus dramas diarios. Desde sus residencias vigiladas, coches blindados, sueldos estelares y demás privilegios, desconocen la pobreza, las míseras pensiones, la dureza de las hipotecas, la inseguridad en las calles, el deterioro de la convivencia y otras muchas tragedias que convierten la vida en miserable.

La progresía, en abierta contradición con sus postulados, no impide que los privilegios de los que están en el poder sean hoy escandalosos, comparables a los que disfrutaban en la época del absolutismo la nobleza y el clero: fueros propios, práctica inmunidad e impunidad, coches oficiales, sueldos elevados a los que no afectan la crisis, acceso y control de los recursos del Estado, etc.

Francisco Rubiales

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Parásitos, especuladores y España como presa

19.02.10 | 18:26. Archivado en Política, Democracia, Economía, Corrupción, España, Zapatero

Zapatero atribuye a los especuladores los males de España, sin reconocer que el especulador sólo ataca a los cuerpos débiles y enfermos, como la España que él gobierna. El papel de Zapatero y de otros muchos miembros de la "casta" política española, de la izquierda y de la derecha, es mucho peor que el del espaculador. Ellos son parásitos aferrados al cuerpo de España, al que han debilitado hasta dejarlo gravemente enfermo y al que pretenden seguir explotando, hasta extraerle la última gota de sangre.

Si tuviera que elegir entre un parásito y un especulador elegiría siempre a este último. El especulador es un predador, pero cumple también funciones positivas en la selección y fortalecimiento de las especies porque señala a los débiles y los ataca. Es un tipo de policía especializado en detectar cuerpos enfermos. Lógicamente, el parásito, que necesita sigilo y oscuridad para perpetrar su expolio, queda perjudicado por el especulador, que descubre ante el mundo su abuso letal.

Es lo que ha ocurrido en España. Cuando Zapatero y sus cómplices tenían el cuerpo enfermo de España exhausto y esquelético por la sobreexplotación, por el despilfarro, el endeudamiento y las legiones de enchufados y amigos que han incrustado en las ubres del Estado, han llegado los especuladores y han atacado el cuerpo débil, revelando ante el mundo entero la verdad: que España estaba en el abismo, presa de un parásito sin misericordia, peligroso y, a la larga, mortal. Gracias a los especuladores, los problemas de España han entrado en vías de solución; sin los especuladores, seguiríamos siendo víctimas silenciosas e indefensas de la peor banda de vampiros. Gracias a la alerta de los especualdores han llegado los incómodos testigos para descubrir el expolio: la prensa internacional, los expertos, la Unión Europea y las grandes instituciones internacionales.

La fiesta ruín del parásito ha sido estropeada por el especulador y Zapatero está tan cabreado que habla de "¡Conspiración!

Sin los especuladores, los españoles estaríamos condenados porque nuestro parásito jefe pertenece a una de las especies más peligrosas y dañinas del planeta, a una que extrae la sangre con anestesia, ocultando sus colmillos detrás de bondades y sonrisas, engañando incluso a la misma presa, contando con el apoyo de millones de cómplices engañados por las malas artes del brujo-parásito.

Ahora se acabó la fiesta. La Europa próspera, seria y trabajadora acudirá para salvar el cuerpo mortecino de España, pero exigirá que el parásito sea maniatado, para que no pueda seguir chupando, o erradicado con DDT. Y serán los alemanes, franceses y otros europeos solventes los que aporten dinero (transfusión), combatan la cultura de la cobardía y sumisión al parásito, impulsen el esfuerzo y el sacrificio como recetas que reconstituyan al enfermo y estableceran barreras, normas y cautelas en la economía española para evitar que los vampiros sigan chupando con desenfreno.

La verdadera naturaleza del parásito quedó en evidencia el martes, dia 9 de febrero, cuando una inmensa mayoría del Congreso instó a Zapatero que redujera en un 25 por ciento los altos cargos de su gobierno. Es la cuarta vez que se lo piden, pero el parásito se niega a prescindir de su corte de servidores, especialmente de los que él mismo ha situado para que le ayuden a extraer más sustancia del cuerpo parasitado.

El parásito va a resistirse hasta el final y sólo abandonará el cuerpo de España cuando le obliguen. Es un explotador pertinaz y ciego que no tiene en cuenta que las encuestas le son desfavorables, que crece y ya es mayoritaria la masa de los que le rechazan, que dos de cada tres españoles desconfían de él, que tres de cada cuatro condenan su gestión y que surgen como hongos los que le acusan de insensato, incluso en sus propias filas. Es tan contumaz y voraz que ni siquiera se conmueve cuando contempla los efectos letales de su acción parásita: cinco millones de parados, ocho millones de pobres, un país sin consuelo ni esperanza y una nación sin futuro con sus calles llenas de gente triste, muchas de las cuales reciben alimentos de caridad y duermen en los soportales, entre cartones y plásticos.

Gracias, especuladores, por señalar al intruso y gracias también a los que ya se acercan con el spray de DDT en la mano, aunque ¡ojalá no hubiera sido necesaria vuestra presencia!

En su defensa, el acosado José Luis afirma que él no acupó cuerpo alguno por la fuerza, que fueron los españoles los que le llamaron, nada menos que dos veces. Y en eso tiene razón porque España está poblada de borregos masoquistas reincidentes, aunque oculta sagazmente que él fue llamado para gobernar y engrandecer, no para crear miseria y enfermedad a España.

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Zapatero y Rajoy: dos mediocres frente a frente y ningún demócrata en el hemiciclo

Se enfrentaron dos mediocres y quedaron en tablas. Cada uno utilizó sus armas favoritas: Zapatero recurrió a la mentira y a las falsas promesas y aseguró que la economía ya se está recuperando y que el crecimiento está a la vuelta de la esquina; Rajoy, más pusilánime que prudente, acobardado e incapaz de rematar al farsante, no se atrevió a utilizar contra su adversario el gran argumento que la democracia ponía en sus manos: que Zapatero ha perdido ya la única moción de censura importante en democracia, la del pueblo, que está clamando en las calles que el inepto se marche y deje de destruir él país.

El problema es que los dos son ajenos al pueblo y a la democracia, que, incluso, temen a los ciudadanos y que conciben la política como un juego exclusivo de la "casta", ignorando, porque no les conviene, que la gente está harta de torpezas, fracasos y abusos de una clase dirigente política que nada resuelve y que comete a diario el sucio pecado de anteponer los propios intereses al bien común.

El debate fue entre dos políticos mediocres y escasamente demócratas, rodeados por un público parlamentario endogámico, alienado, ajeno a los sufrimientos de la sociedad española y sin otro sentido de la democracia que el fervor por esa partitocracia que les otorga privilegios y lujos a cambio de nada, sin compensar a los ciudadanos, que son sus verdaderos "jefes" en democracia, con la eficacia y el esfuerzo al que tienen derecho.

El gran ausente del hemiciclo fue el pueblo, al que "la casta" conduce hacia la ruina y el fracaso, que ya ha votado en las encuestas y en la vida diaria pidiendo un cambio, no sólo de lider, sino del sistema, podrido y dominado por gente que ha demostrado su incapacidad y podredumbre hasta la saciedad.

Rajoy pidió a los diputados del PSOE que releven a su nefasto líder, pero olvidó pedir a los suyos que también le releven a él y que todos ellos deberían ser relevados por auténticos demócratas al servicio del pueblo al que, falsamente, dicen representar. Se aplaudían unos a otros como idiotas endogámicos, ignorando que fuera del Palacio de las Cortes son despreciados por unos ciudadanos que no los consideran ya sus representantes, sino miembros de una oligarquía ineficiente, inútil y ávida de privilegios.

Ayer quedó claro en el Congreso que lo que España necesita no es cambiar a Zapatero por Rajoy, sino cambiar un sistema político injusto, ineficaz, inútil, que sólo sirve a los profesionales del dominio y del privilegio y que margina y subyuga a unos ciudadanos que poseen en teoría el poder en democracia, pero al que los políticos no sólo han arrebatado ese poder, sino que engañan, esquilman, humillan y le cercenan el futuro y la esperanza.

Votar a Rajoy para expulsar a Zapatero, el peor gobernante de España en dos siglos, no es la solución sino únicamente un respiro. La solución es que el Congreso de España llene sus bancos de gente honrada, de verdederos representantes del pueblo, de ciudadanos dispuestos a rendir cuentas a sus jefes, que son los ciudadanos, que se sientan libres del yugo abusivo y antidemocrático que imponen los partidos a sus bancadas y que sean piezas de un sistema al servicio de los ciudadanos, no de unos partidos políticos que se han convertido ya en el mayor obstáculo para que exista regeneración, democracia y dignidad en España.

Nadie dijo ayer en las Cortes (ni lo dirá porque la prensa está tan sometida, alienada y corrompida como la misma "casta") que el 80 por ciento de los españoles desconfía del gobierno, que los políticos que allí discutían como estrellas, son, en realidad, gente despreciada por su pueblo, que ya les señala en las encuestas como el tercer gran problema del país, por delante, incluso, del terrorismo, que la gente más lúcida y responsable del país, junto con los millones de parados y pobres que llenan las calles de España ya emiten cada día un voto de censura, incuestionable en democracia, no sólo contra Zapatero, sino contra toda "la casta" que infecta a España.

El balance dinal del debate, desolador: constatación de que España está en malas manos, ninguna medida concreta para atajar la crisis, despilfarro e ineptitud a mansalva, burla de la ciudadanía, un iluminado en La Moncloa, que sigue esperando un "milagro", una oposición decepcionante y, para colmo de males, un Zapatero que crea una comisión, que es el recurso de los que no tienen recursos, para entronizar la parálisis y para que todo siga igual.

¡Maldita sea!

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Votar cada día por la democracia

17.02.10 | 18:17. Archivado en Gobierno Zapatero, Política, Democracia, Corrupción, España

El artículo defiende el valor creciente del "voto diario" que el ciudadano puede emitir con su comportamiento, manifestándose, practicando el boicot, desprestigiando a los corruptos, criticando con tesón a los que conducen el país hacia la ruína.

Muchos españoles que antes se sentían demócratas engrosan cada día las filas de los que han perdido la fe y la confianza en un sistema que ya no es democrático. Muchos han llegado también a la conclusión de que votar es inútil porque castigar a la izquierda arrojándola del poder para poner en su lugar a una derecha que quizás no sea mejor, no es solución alguna para el drama de España. Muchos creen que las elecciones ya no sirven porque el sistema está bloqueado por el bipartidismo y alcanzan la desoladora conclusión de que más importante que cambiar un gobierno por otro es regenerar el sistema, infectado de corrupción, autoritarismo, ineficacia y déficit ético.

Saben, además, que ese necesario cambio regenerador es casi posible porque España está infectada de fanatismo político y que millones de fanáticos descerebrados, víctimas de la propaganda del poder, están dispuestos a votar a su partido preferido hagan lo que hagan, aunque los que gobiernan hayan conducido al país hasta la ruina y el fracaso.

Acostumbrados a convivir con la mentira, el engaño, la trifulca política, el despilfarro y la obsesión de los partidos políticos por el poder y sus privilegios, los ciudadanos recelan de un sistema secuestrado, mientras la desconfianza frente a la "casta" de los políticos está creciendo de manera preocupante. Las encuestas señalan ya a la política como la tercera mayor preocupación de los ciudadanos españoles, por delante, incluso, del terrorismo. Esas mismas encuestas reflejan que casi el 80 por ciento de los ciudadanos ha perdido la confianza en sus dirigentes.

Muchos de los numerosos colaboradores y lectores de Voto en Blanco temen, incluso, que en países como España, que hasta hace poco eran considerados serios y fiables, pero cuyas democracias se deterioran cada día más, pudieran producirse en un futuro próximo intentos de fraudes electorales. Los poderes públicos carecen en España de la solvencia moral y de los controles ciudadanos necesarios para evitar, de manera tajante, esa sospecha, fundamentada también en la evidencia de que quien ha sido capaz de convivir con la corrupción, también puede hacerlo con el fraude electoral.

Ante la nueva situación de desconfianza y bloqueo, cobra una importancia especial "el voto diario" del ciudadano. No hay que esperar cuatro años para intentar cambiar el rumbo de nuestra triste historia o para expresar nuestra protesta ante el abuso y el mal gobierno. No sólo votamos cuando se abren las urnas cada cuatro años para elegir diputados, senadores o concejales. Podemos hacerlo, de hecho, cada día, con nuestro comportamiento, al optar por ser libres, al elegir medios de comunicación limpios y no comprados por el poder, al entregar nuestra adhesión y nuestro dinero a causas nobles, al expresar nuestro desprecio a los corruptos y a los que abusan del poder, de mil otras maneras.

Ante el deterioro creciente del sistema, con un gobierno atrincherado en el poder a pesar del rechazo popular que reflejan las encuestas, con una sociedad que contempla desesperada como los ineptos permanecen en el poder, las urnas pierden protagonismo y cobra fuerza la acción ciudadana. El ciudadano descubre que puede votar cada día con su protesta, alimentando los valores democráticos, la rebeldía, el sentido de la justicia y la equidad.

Votar a diario significa manifestarse, difundir la crítica al mal gobierno, desprestigiar a los que nos están hundiendo en la pobreza y la derrota, practicar el boicot a ciertos productos, boicotear también a los medios de comunicación que sustituyen la verdad por la verdad del poder, despreciar a los que mienten y convertirse en altavoces de la limpieza y de la regeneración.

El voto diario es la única defensa real del ciudadano demócrata en esta España decadente y dominada por la degeneración y el esperpento.

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El papel vergonzoso de los medios de comunicación españoles ante la crisis

Los medios de comunicación españoles, en concordancia con su degradación y alejamiento de la democracia en las últimas décadas, se han cubierto de vergüenza y oprobio por el papel que han desempeñado en la gestación y explosión de la actual crisis. Han silenciado el desastre creciente de la economía, han tapado las mentiras, carencias y errores del gobierno y han proyectado hacia la sociedad una imagen de normalidad y de fiesta que ha impedido a los ciudadanos ser conscientes de que eran conducidos hacia el abismo por una "casta" política ineficiente, arrogante y tramposa.

Han tenido que llegar las denuncias veraces y solemnes de grandes medios internacionales para que los españoles tomen conciencia del desastre económico de su país. Sólo gracias a The Economist y al Financial Times hemos sabido que Zapatero es un inmaduro "que no da la talla" y que España, bajo su mandato, se dirige hacia el abismo. Casi la totalidad de los grandes medios españoles han mentido u ocultado la verdad, que también es mentir, traicionado su deber de informar con veracidad, olvidando su obligación de defender a los ciudadanos y a la democracia y actuando como cómplices de los políticos y de los poderosos que han esquilmado y hundido a España.

Los políticos, los grandes culpables del desastre español, eran y son, sin merecerlo, las estrellas rutilantes de la prensa, la radio y la televisión. Ver un telediario significa contemplar un desfile brillante de políticos poderosos que exhiben poder y que parecen gobernar una nación con tino y sin traumas, cuando la realidad es que son mediocres que conducen su país hacia el matadero.

Si los medios han olvidado la obligación de informar verazmente, peor todavía ha sido el incumplimiento del deber democrático de vigilar, fiscalizar y criticar a los grandes poderes, en especial, al gobierno. Los medios españoles, sometidos y muchas veces "babosos" ante los poderosos que contratan publicidad, han soportado y difundido la mentira del poder, elevada al rango de método de gobierno, han ocultado el endeudamiento suicida de España, han escondido la corrupción, silenciando que infecta al Estado hasta la médula, han desviado la mirada ante los privilegios indecentes de la "casta", la marginación de los ciudadanos de los procesos de toma de decisiones y otros muchos desmanes y errores que nos han conducido hasta el dramático momento actual, en el que España es ya el gran enfermo de Europa, un país poco fiable, incapaz de adoptar las medidas que necesita con urgencia y en riesgo auténtico de quiebra.

Pocas líneas y pocos espacios en los medios para cubrir el gran drama del avance de la pobreza. Insuficientes espacios para destacar el terrible sufrimiento de los millones de parados, las grandes víctimas de la ineficacia del poder, a los que ni siquiera se les ha asegurado el derecho fundamental a vivir con dignidad. Los medios han dejado de mirar hacia el ciudadano y han concentrado su atención en la "casta" que controla el Estado, de la que esperaban y muchas veces obtenían, dinero en forma de publicidad, concesiones de frecuencias y canales audiovisuales, filtraciones y muchas otras ventajas, algunas de ellas inconfesables.

A cambio, esos medios han contribuido activamente a la manipulación de los ciudadanos por el poder, han convivido con la mentira, se han alejado de la verdad y han convertido al ciudadano, que es el aliado natural de la prensa libre en democracia, en la presa a la que se ha engañado y narcotizado.

Como consecuencia de esas traiciones, el ciudadano está dejando de leer periódicos y hasta la televisión ha sentido en sus propias carnes el descenso de una audiencia que se refugia en Internet para encontrar allí la verdad y la decencia informativa que ya no encuentra el los imperios mediáticos.

Como consecuencia de la traición, el periodista es, junto con el político, el profesional mas desprestigiado de la España del siglo XXI. Hace apenas dos décadas, políticos y periodistas eran considerados como los grandes héroes de la democracia, pero hoy son señalados, con toda justicia, como los grandes traidores, unos por haber hundido la democracia, transformándola en una sucia oligocracia de partidos, y los otros por poner la información al servicio de los partidos y haber actuado como cómplices de los políticos en el mal gobierno, el engaño, la manipulación y la corrupción del sistema.

El papel de los medios sigue siendo vengonzoso y traidor al ciudadano incluso en el difícil presente de España. Los medios, como los políticos, saben que el futuro de España está plagado de amenazas, dramas y sacrificios, pero lo ocultan. No dicen que los sueldos tendrán que bajar, que las pensiones, también descenderán, que nos jubilaremos más tarde y que volveremos a ser un país pobre, salvo que consigamos cambiar nuestra sociedad como un calcetín e impongamos en nuestra miserable cultura el esfuerzo, el respeto, el sacrificio, la decencia y otros valores que los políticos, con la complicidad de los medios, han asesinado en las ultimas décadas.

Ni siquiera se hacen eco del grito ciudadano que exige a los políticos que rebajen sus sueldos y renuncien a privilegios y ventajas que no merecen y que, además, en tiempos de crisis, son obscenos.

El silencio de los medios ante realidades tan españolas como la injusticia, la desigualdad y el asesinato de la democracia es de una indecencia inmunda.

Pero el asunto en el que la traición de los medios ha sido más vil y sucia es en la degeneración de la democracia española, convertida a espaldas de los ciudadanos en una vulgar dictadura de partidos políticos. La democracia le ha sido arrebatada al ciudadano y ha desaparecido de España sin que los grandes medios hayan dicho ni una sóla palabra al respecto.

De las grandes condiciones y normas, imprescindibles para que exista democracia, España no cumple ni siquiera una: no hay separación de poderes porque la Justicia está sometida y los partidos nombran magistrados en los altos tribunales; las elecciones no son libres porque no son los ciudadanos sino los partidos los que elaboran esas listas cerradas y bloqueadas ante las que el votante sólo puede decir "sí" o "no"; la ley no es igual para todos y se aplica "según convenga a la jugada", como reconoció el Ministro de Justicia Bermejo; el gobierno, que en democracia debe someterse a férreos controles por parte de la ciudadanía, se ha hecha casi impune e inmune y no permite control alguno; la sociedad civil, cuyo papel en democracia es servir de contrapeso al Estado, esta ocupada por los partidos y en estado de coma; el ciudadano, que es el soberano del sistema democrático, está marginado y es vapuleado a diario por "la casta" política; la prensa, cuyo papel en democracia es informar con veracidad y fiscalizar a los grandes poderes, sobre todo al Estado, está comprada, alineada con alguno de los grandes partidos y acostumbrada a mentir y a difundir "la verdad del poder", que es diametralmente diferente a la "verdad".

La prensa cómplice y cobarde es, después del inmenso fracaso de la "casta" política, el mayor drama de esta España actual, colocada al borde del precipicio por un gobierno incapaz y por partidos, tanto de derecha como de izquierda, que han traicionado al ciudadano y a la nación, anteponiendo sus intereses y privilegios al bien común.

Francisco Rubiales

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Zapatero está deprimido

15.02.10 | 20:33. Archivado en Democracia, España, Zapatero

Quizás una de las claves del actual drama de España es que el presidente del gobierno, de cuya firmeza y acierto depende nuestro futuro, está angustiado y deprimido. Nos lo aseguran fuentes muy fiables, cercanas al presidente. La presidencia europea se le ha vuelto en contra y el rechazo nacional e internacional es para él, que necesita ser amado y admirado, un suplicio insoportable. Los cuatro últimos golpes a su "integridad" han sido terribles: el hundimiento del PSOE en las encuestas, el rechazo de Obama a entrevistarse con él, la intervención del rey Juan Carlos para pedir un "Pacto de Estado" y la salida a las calles de los sindicalistas españoles, sus mejores aliados.

Se le ve apagado, cansado, sin recursos, deambulando por la política como un boxeador noqueado, con "tics" depresivos profundos, con el rostro arrugado y envejecido. Ya aquellos recursos de encantador que fascinaron al crispado país que nos dejó en herencia José María Aznar han desaparecido y apenas quedan rastros de aquel famoso talante que nos sugería, al principio de su mandato, que se puede gobernar a un país moderno desde el optimismo, el diálogo y la calma relajada, sin demonizar y sin aplastar al adversario.

Zapatero es ya un líder apestado, sin otros amigos en España que los que reciben dinero y favores del gobierno y sin más amigos internacionales que dictadores y sátrapas como Hugo Chávez, los hermanos Castro Ruz, y otros sin prestigio, que se sienten aislados y despreciados por las sociedades libres.

¿Se está medicando el presidente? ¿Toma antidepresivos? La salud del presidente podría ser una de las claves del actual drama de España. Por ahora son preguntas sin respuesta, pero los síntomas de la depresión son intensos. Hasta es probable que sus médicos y su familia le estén aconsejando que abandone, que no merece la pena "luchar por España" sin que "su esfuerzo" sea comprendido.

Lleva seis años en el poder, pero parece que son doce. Felipe González dice de él que le ha llegado demasiado pronto el famoso Síndrome de la Moncloa, una enfermedad misteriosa que afecta a los presidentes de gobierno españoles cuyos efectos son el aislamiento, el desconcierto, la ausencia de lucidez y una irresistible tendencia a la arrogancia y al error político.

Está desconcertado porque siente que hasta su proverbial "suerte" le ha abandonado y hasta ha perdido su vieja moral de victoria. Cuando empezó a negociar con ETA le dijo al hoy ministro Gabilondo, entonces rector, que él estaba marcado por la fortuna y que no sabía perder. Hoy, la situación es la opuesta: todo lo que toca lo estropea y se le vuelve en contra.

Su trayectoria política se parece a la de muchos entrenadores de fútbol fracasados, que llegan como magos y que terminan como charlatanes, sin más defensa que los resultados.

Ahí, en los resultados, es donde está el mayor drama de Zapatero. La realidad es tan mala que justifica y sustenta su depresión: España, bajo su mandato, se hunde, se desangra. se llena de parados y de pobres, cierra empresas a mansalva, se endeuda hasta la locura, pierde competitividad, se queda sin prestigio y ostenta liderazgo solamente en miserias y vergüenzas como el tráfico y consumo de droga, el alcoholismo, la prostitución, el fracaso escolar, el despilfarro, la inseguridad, las cárceles atiborradas, el desprestigio de la polítiica y la pérdida de esperanza, entre otros.

Los "números" de Zapatero son para expulsarle del banquillo sin honor ni indemnización. Su gran consuelo es que el sistema político español está tan corrompido y es tan escasamente democrático que es casi imposible echar a un presidente, aunque conduzca al país hacia la ruína y el fracaso.

Sus heridas abiertas sangran y supuran: la "herida catalana", abierta al apoyar personalmente un estatuto insolidario, sembrador de desigualdad y anticonstitucional; la herida de la crisis, negada estúpida y temerariamente parsa ganar votos, retrasando la toma de medidas que hubieran salvado al país del desastre; la herida de la mentira, utilizada sin prudencia y con descaro para narcotizar y confundir a la ciudadanía; la herida de la negociación con ETA, llena de trampas, engaños y cerrada con un claro fracaso; la herida del hundimiento del prestigio del sistema y de la "casta" política, una tragedia de enorme alcance que ha llenado la sociedad española de desconfianza, desencanto, frustración y odio a los políticos y a sus injustificables y arrogantes privilegios... y otras muchas heridas, todas infectadas, purulentas y tal vez mortales.

En medio del caos y del fracaso, Zapatero vive la gran paradoja de su vida, todo un sarcasmo de la política en su estado más vil y desesperante: su único aliado y su única tabla de salvación es Mariano Rajoy y su Partido Popular, tan incapaces, acobardados y torpes como oposición que están impidiendo que el pueblo español, sin ilusión por el cambio y sin confiar tampoco en la derecha, salga a las calles para exigir que el nefasto Zapatero se marche y deje de aplastar a España.

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Los mercados no desconfían de España, sino de Zapatero

12.02.10 | 18:54. Archivado en Economía, Europa, Corrupción, España, Zapatero

Los mercados y los especuladores han dado un respiro a España porque perciben que la Unión Europea ha optado por salvar a Grecia y porque creen que España emprenderá reformas urgentes, pero los ataques volverán pronto, cuando se compruebe que las promesas hechas por Zapatero no las va a cumplir. El presidente español "no está a la altura", como afirman muchos medios especializados, con The Economist el frente, temerosos de que el sonriente líder español, sin prestigio ni peso internacional, no se atreva a adoptar cualquier medida que le reste votos.

Incapaz de realizar las reformas que España necesita, que los expertos aconsejan y que los mercados y grandes instituciones internacionales demandan con urgencia extrema, Zapatero es ya el principal obstáculo para que España supere la crisis y resurja. Asustado ante los sindicatos y pusilánime porque tiene pánico a perder votos, ni siquiera es capaz de afrontar con realismo la reforma laboral que España, inevitablemente, tendrá que hacer. Zapatero es ya el cáncer de España.

Lleva años ocultando la verdad a su pueblo y negó la existencia de la crisis durante casi dos años, pero ahora, en el cenit de la crisis, cuando ha situado a su país al borde del precipicio, hace lo mismo. Temeroso de ser todavía más impopular, oculta a los españoles que tendrán que bajar los sueldos y las pensiones, que la jubilación se retrasará y que el país volverá a ser pobre, salvo que se produzca un milagro basado en el esfuerzo y el sacrificio masivo de la sociedad española, algo impensable mientras un populista acobardado ante la opinión pública conserve el mando.

Los mercados no desconfían de España, país que ha realizado proezas en elpasado y que protagonizó uno de los milagros económicos más deslumbrantes del siglo XX, sino de Zapatero, a pesar de que todavía no conecen la enorme dimensión de su ineptitud como líder. Cuando regresó de Davos y anunció medidas drásticas como el retraso de la jubilación y una pronta reforma laboral, la deuda española reaccionó favorablemente en los mercados, pero cuando se comprobó que aquellas habían sido otras promesas falsas, la deuda, la bolsa y la confianza en la economía española se desplomaron.

Los expertos españoles le conocen mejor y creen firmemente que la economía española seguirá hundiendose, aunque se tomen algunas medidas correctas, mientras Zapatero siga siendo presidente. Por esa razón, la "inteligencia" española, probablemente animada por el Monarca, apuesta ya por un pacto de Estado, ante la seguridad de que Zapatero es el problema y la pesadilla del país.

El vicepresidente del Parlamento Europeo, Alejo Vidal-Quadras lo acaba de definir certeramente: «España en plena crisis es [en manos de Zapatero] como un Airbus 440 pilotado por un niño apto para manejar a lo sumo un triciclo».

Gobernar un país moderno bajo la tutela de los sindicatos, adoptar la mentira como sistema básico de gobierno, tardar casi dos años en reconocer la existencia de una crisis que ya causaba estragos, negarse con estúpida terquedad a aplicar las recetas que los expertos y las instituciones internacionales le recomendaban, haber endeudado al país hasta límites temerarios, ser incapaz de asumir una política pública de austeridad y ahorro, que es vital para la economía española, ser el responsable directo de cinco millones de parados y ocho millones de pobres y caer en picado en las encuestas de aceptación ciudadana e intención de voto son pecados más que suficientes para que los mercados le rechacen y condenen a España..

Las críticas a Zapatero llueven desde todos los ámbitos, pero el iluminado de la Moncloa parece un "don tancredo" alucinado. Llegan desde la Unión Europea, donde su correligionario Almunia compara la economía española con la de la quebrada Grecia, del FMI, del foro de Davos y de una legión de expertos que no pueden explicarse como la sociedad española permite que un gobernante de tan escasa calidad y solvencia siga tomando decisiones cuando el país se encuentra al borde del abismo.

La responsabilidad de Zapatero es grande, pero no es menos grande la de su partido, el PSOE, por mantenerlo en el poder a pesar de que su mandato destruye el país, y la de la oposición, encarnada, sobre todo, por el Partido Popular, una organización flácida, cobarde y sin otra inquietud que la conquista del poder, incapaz de acosar al noqueado Zapatero, incapaz de presentarle una moción de censura por temor a arriesgar, esperando de manera macabra que el país se hunda para ellos heredar sin riesgo los despojos que haya dejado la alubia feliz y dañina de la Moncloa.

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¿Nos ha arruinado Zapatero o el PSOE?

11.02.10 | 21:09. Archivado en Política, Democracia, España, Zapatero

The Economist afirma que Zapatero "no está a la altura", pero cada día hay más españoles que le llaman "inepto" y que se preguntan ¿Quién nos ha hundido, Zapatero o el PSOE? ¿Qué ha causado la ruina de España, Zapatero o el socialismo? La pregunta es importante, pero la respuesta es vital para un país que debería aprender de su historia y tomar medidas para impedir que en el futuro cualquier otro dirigente incapaz, apoyado por un partido fuerte, pueda controlar el Estado para conducirnos hacia la ruína y la derrota.

El rechazo a Zapatero es ya un grito que se escucha en las calles, en los bares, en las aulas, en las empresas, en los hogares y hasta en algunos rincones avergonzados de su propio partido. Cada día más gente quiere elecciones anticipadas, pero el inepto sigue en el poder, arropado por su partido, que es el verdadero culpable del drama, no sólo porque un día eligió a un iluminado como líder y candidato, sino, sobre todo, porque, a pesar de su probada incapacidad, lo sigue manteniendo en el poder con una contumacia que huele a tozudez autoritaria y antidemocrática.

No es sólo Zapatero el que, a pesar de su incapacidad probada, sigue dando martillazos de incompetencia a lo que queda de España, sino también su partido, cuya transformación en una poderosa cofradía de gente insensible y privilegiada causa escalofríos y miedo.

Si su partido quisiera, Zapatero no duraría ni un instante en ese timón que está utilizando para arruinar al país y para, con su torpeza y arrogancia, causar inútiles sufrimientos y perjuicios a su pueblo.

El verdadero drama de España es que el pueblo ha sido expulsado de la política y que el poder se ha convertido en un diálogo entre el partido y su lider. Los representantes de los ciudadanos saben que han sido elegidos no por el pueblo sino por sus respectivos partidos, que son los que les han situado en una listas electorales que son inmutables y que el ciudadano tiene que votar. Zapatero, como cualquier otro cargo electo en España, puede permitirse el lujo de ignorar los gritos y protestas de los ciudadanos porque su poder únicamente depende de lo que diga el partido, toda una alteración perversa de la democracia que hay que reformar para que el liderazgo, en el futuro, esté cerrado para los incapaces y para cualquiera que, si cuenta con el apoyo de su partido, puede gobernarnos a todos llevándonos hasta el matadero.

El drama de España es que esa perversa y antidemocrática concepción del poder, que deja indefenso al ciudadano y que ha creado "la casta" de los políticos casi inmunes y casi impunes, está incrustada en el alma de todos los partidos políticos con presencia en el poder. Hace días conversé largamente con un representante parlamentario nacional del Partido Popular y comprobé, aterrado, que su visión del poder y de la democracia era identica a la del PSOE. Le pregunté si consideraba democrático y lícito que el gobierno tomara decisiones en contra de la opinión de la inmensa mayoría de los ciudadanos, y le me dijo que "sí". Le volví a preguntar que si no consideraba mejor convocar un referendum cuando el gobierno y la ciudadanía entrasen en grave conflicto, de manera ostentosa, y me dijo que "no". Le pregunté, finalmente, qué debe hacer el ciudadano ante una situación en la que el gobierno aprueba leyes de gran importancia para la vida ciudadana, contrarias al interés general y a los criterios de la inmensa mayoría, y me respondió que "esperar a las elecciones para castigar al gobierno". Le dijo entonces que eso no era democracia sino una oligarquia impune en el poder, que actúa al margen de la sociedad y del ciudadano y le espeté que esa concepción del poder, genuinamente antidemocrática, es una pura oligocracia de partidos, digna de oprobio y de rechazo cívico porque consagra una democracia sin ciudadanos y sin controles cívicos, una pura dictadura de partidos.

Esa oligocracia descontrolada en acción es la que, marginando al ciudadano, que es el soberano del sistema, ha hecho posible que un inepto, gobernando desde la Moncloa, acabe con la prosperidad de los españoles, haya sembrado el país de desempleados y de pobres, nos haya endeudado hasta la locura, haya destruído el tejido productivo tan cuidadosa y difícilmente construido en las últimas décadas, haya convivido con la peor corrupción de nuestra historia moderna y nos haya cubierto de oprobio, interno y externo, sin que los ciudadanos, secuestrados a pesr de ser los "soberanos" de la demcoracia, hayamos podido hacer nada por impedirlo.

Ahora es el momento no sólo de obligar al inepto a que convoque elecciones anticipadas y entregue el mando a otro que esté preparado para conducirnos hacia la regeneración, sino de reformar un sistema tan sucio y antidemocrático que se ha convertido en una fábrica de oligarcas sin valores y sin un sólo rasgo democrático.

También es la hora de la rebeldía ciudadana, de que consolidemos nuestra determinación a no volver a permitir que los corruptos, los inútiles y los sinvergüenzas nos gobiernen en el futuro, de no permitir que un partido político que apenas representa a unos cientos de miles de militantes, pueda ejercer una auténtida "dictadura" sobre una sociedad integrada por 45 millones de seres humanos.

¿Cómo lo logramos? No hay otro camino que convertir a España en una verdadera democracia. Lo que hoy tenemos es un vulgar escupitajo oligárquico. Sin controles y sin un corsé ciudadano que limite los poderes de "la casta", pronto, antes de lo imaginable, volveremos a tener a otro Zapatero en la Moncloa, votemos al partido que votemos.

Voto en Blanco

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La dimisión de Manuel Pizarro es un duro revés para el PP

Manuel Pizarro, ex presidente de ENDESA y gran fichaje de los populares en 2008, acaba de dejar su escaño en el Congreso. Desaprovechado, marginado y decepcionado, su salida de la política es un fracaso para el Partido de Rajoy, que demuestra así su incapacidad para acoger en sus filas a ciudadanos independientes, valiosos y libres de partitocracia.

Haber postergado y marginado a una persona tan valiosa como Manuel Pizarro, que fue el gran fichaje del partido en 2008 y que, por sus méritos, ocupó el número "dos", detrás de Rajoy, en Madrid, representa un gran fracaso para la derecha española y la constatación de que el principal partido de la oposición padece enfermedades muy parecidas a las que sufre el PSOE: autoritarismo, verticalismo, ausencia de debate, desprecio al mérito, servilismo y, en general, poca preparación para gestionar una democracia.

La "caída en desgracia" de Pizarro, cuya carrera profesional demuestra con creces su valía, constituye un fracaso de grandes proporciones para un PP que, en vísperas de regresar al poder, debería exhibir ante los españoles que es un partido demócrata, libre de leninismo, abierto a la sociedad y capaz de integrar a los mejores para que se sumen al gran esfuerzo que España necesita para salir del foso en el que nos ha situado el gobierno de Zapatero.

Alejo Vidal-Quadras, vicepresidente del Parlamento Europeo y también marginado del núcleo poderoso del PP, ha explicado la salida de Pizarro como el resultado de la burocratización y las contradicciones poco democráticas de los actuales partidos políticos. El europarlamentario ha lamentado que "Personas de reconocida valía se aparten de la primera línea política por las inconsistencias y contradicciones de los partidos". También acusó a los partidos de haber degenerado en "maquinarias burocráticas" que conciben su trabajo como "mera demoscopia".

Es cierto que el drama de Zapatero es tan intenso que el primer deber de cualquier español consciente es separarlo del poder lo antes posible para que no siga dañando a España, pero no representa consuelo alguno para los demócratas que quien le vaya a sustituir en la Moncloa sea el lider de un partido que es un puro calco del PSOE en su verticalismo, autoritarismo y ausencia de democracia en su funcionamiento como partido.

El PP lo hará mejor que el PSOE en política económica y sus medidas ayudarán a España a salir de la crisis, pero los demócratas deberán seguir luchando porque el PP mantendrá en plena vigencia la actual oligocracia, sin realizar avance democrático alguno. Ni eliminará las listas cerradas y bloqueadas, ni liquidará la partitocracia funesta, ni cerrará el grifo a las mafias sindicales y patronales, ni devolverá la independencia al poder judicial, ni aflojará el dogal que asfixia a la sociedad civil española, ni se dejará controlar por los ciudadanos.

Los partidos políticos, nacidos para potenciar la participación ciudadana en el poder y para transmitir al gobierno los deseos del pueblo, han abandonado al ciudadano y se han apoderado del poder del Estado, traicionando así sus orígenes y pervirtiendo la democracia. Alienados y obsesionados por el poder y los privilegios, en lugar de fortalecer la democracia son el principal obstáculo para conseguirla y para lograr un auténtica regeneración. La verdad triste es que se han convertido en organizaciones ávidas de poder, tan aberrantes que se han alejado de los sentimientos de una sociedad a la que, falsamente, dicen representar, alcanzando niveles de comportamiento tan aberrantes como anteponer los intereses del grupo a los del la nación que tienen que gobernar y de los ciudadanos que les eligen como representantes.

Voto en Blanco (visitar el blog original)

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Los dogmas "progres" se van a pique

09.02.10 | 18:10. Archivado en Gobierno Zapatero, Democracia, Corrupción, Ideología, España

No todo es malo en la crisis y en la actual experiencia dramática de España. Junto a miles de efectos negativos, como la pobreza, la desconfianza, la desigualdad, la inseguridad, la corrupción, la pérdida de derechos fundamentales y otros, existen, también, cambios positivos en la sociedad, como el rechazo al mal gobierno, el deseo de verdad, la añoranza de valores y principios morales, la conciencia de que necesitamos democracia, no la oligocracia sucia que nos gobierna, y otro que tiene una gran importancia cultural y política: el hundimiento de muchos "dogmas progres" que han envenenado la cultura política española de las últimas décadas.

Ya no son creíbles ni velen mentiras como "la derecha siempre es mala", "la cadena perpetua es inconstitucional", "las autonomías son maravillosas", "papeles para todos" o "lo público es mejor que lo privado". La crisis está demostrando que la realidad es muchas veces la contraria y que esa filosofía "progre" era una estafa cuyo fin último era sustentar en el poder y el dominio a unos partidos de izquierda que muchas veces se han olvidado del pueblo y del bien común para dedicarse de lleno a sus privilegios y ventajas elitistas: sueldos, pensiones, coches oficiales, tarjetas "visa", guardaespaldas, dietas, secretarias e incrementos del patrimonio muchas veces injustificados.

Los "dogmas progres" están siendo rechazados por la sociedad cada día más intensamente. Las clases sociales más desposeídas están descubriendo que los que afirmaban ser sus protectores no sólo les dejan sin trabajo y sin esperanza, sino que también les retrasan la edad de jubilarse y ponen en peligro los fondos públicos que deben pagar las pensiones.

Muchos se preguntan si la filosofía "progre" mejora el mundo o si, como parece evidente, conduce a Cuba, a Venezuela, a Irán y a otros paraisos de la "progresía" donde los derechos humanos son pisoteados y la pobreza "triunfa" en la sociedad.

Cada día resulta más evidente que aquel Alfonso Guerra que hablaba a los "descamisados" de España pidiendoles el voto era un manipulador que lo que pretendía con sus mensajes es seguir subido al coche oficial, del que no se ha bajado desde que murió el dictador Franco.

El pueblo, cada día más hundido por la crisis, con cinco millones de parados reales y muchas familias sin protección social alguna, es cada día mas consciente de que la filosofía del "progreso" no busca una nueva sociedad más justa, sino el fortalecimiento de los privilegios de la "casta" política, una estafa de grandes dimensiones que refleja el egoismo y la miseria de aquellos que ordeñan a diario al Estado para su propio beneficio.

La imagen de aquel alcalde "progre" de Madrid, Enrique Tierno Galván, afirmando que las promesas electorales "están para no cumplirlas" y la de aquel Alfonso Guerra desvergonzado, sosteniendo que "Montesquieu ha muerto", se ven hoy con toda claridad como cargas de indignidad e indecencia de una política que ya entonces era corrupta y antidemocrática, aunque la mayoría de los españoles, ofuscados en aquellos tiempos por las ansias de libertad, no supieramos ver toda la indignidad y el despreicio a la democracia que aquellas afirmaciones escondían.

Gracias quizás a la crisis y a que España está hoy de rodillas, al borde del foso de la pobreza y la derrota, al que ha sido conducido por sus políticos, con especial protagonismo de los "progres" fracasados, muchos ciudadanos, hasta hace poco integrantes de la masa de borregos que ha votado en las urnas a inútiles, ventajistas y tramposos nada demócratas, son conscientes ahora de que han sido engañados y utilizados. Aunque no sean filósofos ni doctores, la intuición y la lógica les hace sospechar que, bajo el paraguas de la cultura "progre", se ha dilapidado el dinero en España, se ha destruído el trabajo y la esperanza, se ha creado pobreza y desigualdad, se han formado generaciones de jóvenes incapaces de esfuerzo y competitividad, se han aplastado los valores, se han enriquecido legiones de políticos corruptos y se han puesto las bases para que la próspera España caiga en la ruína y vuelva a ser África.

Nota: distinguimos entre el verdadero "Progreso", positivo y causante del avance de la Humanidad, y las actuales doctrinas "progres" que imperan en España, filosofía barata que suele terminar siempre en tribus de parásitos que ordeñan al Estado y en sociedades empobrecidas y esclavizadas por sus amos políticos.

Voto en Blanco (versión original del blog)

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Los lunes, a las 18.00 horas, delante de los ayuntamientos

07.02.10 | 17:53. Archivado en Gobierno Zapatero, Democracia, Corrupción, España

Cuando no éramos cobardes

Muchos españoles estamos desesperados porque este gobierno, que está destrozando la nación y empobreciendo a los ciudadanos, no dimite, ni es obligado a dimitir por una oposición decente, ni convoca elecciones anticipadas, ni es relevado.

Muchos españoles de bien se preguntan qué debemos hacer para demostrar el rechazo a los estragos que causan Zapatero y los que le apoyan. Muchos se quejan de que los demócratas sólo seamos capaces de criticar, sin salir a las calles para protestar, sin aportar otras vías de solución.

Convencidos de que lo más urgente para España es librarnos del inepto Zapatero y en vista de que ningún partido político español tiene la decencia y el valor de convocar a los ciudadanos para que sean protagonistas y exijan el cambio que España necesita, nosotros, desde Voto en Blanco, hemos decidido que:

A PARTIR DE AHORA, CADA LUNES, DESDE LAS 18.00 A LAS 20 HORAS, ESTAREMOS CONCENTRADO EN LAS PUERTAS DE NUESTROS RESPECTIVOS AYUNTAMIENTOS PARA PROTESTAR Y EXIGIR CON NUESTRA PRESENCIA EL RELEVO URGENTE DE ZAPATERO Y DE SU INEPTO GOBIERNO.

Será una protesta pacífica y cívica. Conversaremos entre nosotros y desearemos convertirnos en multitud. No nos importa ser pocos o estar sólos en la protesta, pero al menos nosotros daremos el paso y haremos visible nuestra rebeldía. Hay que acudir portando alguna prenda blanca, ya sea una camisa o un pañuelo. Así nos reconoceremos. Con ese color blanco queremos expresar que rechazamos la corrupción y el mal gobierno y que deseamos una democracia limpia y digna, sin parásitos y depredadores en el timón.

El lunes 8 de febrero, a las 18.00 horas, los de Sevilla estaremos en la Plaza Nueva de Sevilla, con la "camisa blanca de la esperanza", exigiendo cambio y regeneración.

¿Alguien nos acompaña?

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¡Hay que echarlo ya!

06.02.10 | 18:41. Archivado en PSOE, Política, Democracia, Corrupción, Ideología, España, Zapatero

Los mercados ya no confían en el verdugo de España. Los españoles que le rechazan son cada día más. El presidente de los españoles se ha convertido en un obstáculo que impide la regeneración y el verdadero progreso. Echar a Zapatero es ya un reto urgente. Mientras que el actual presidente permanezca en el poder, la salvación es imposible. La situación económica es tan insostenible que España necesita un gobierno de coalición que conduzca los despojos del país hacia su largo calvario de dolor.

España necesita un gobierno de transición que sustituya urgentemente a Zapatero y que convoque elecciones. Los mercados ya no creen en su liderazgo y los españoles tampoco. Librarnos de Zapatero es la primera necesidad del país. La parte decente de España que queda debe reaccionar y obligarle a que se marche y nos deje renacer. Tal vez el camino sea una moción de censura del PP, apoyada por CIU y una parte del propio PSOE. Pero la vía más urgente y menos traumática sería convencerle de que estorba y de que debe abandonar.

A la España destrozada que deja Zapatero le quedan tres opciones; dolor, quiebra o inflación.

La quiebra no la queremos; la inflación es imposible mientras permanezcamos en la Zona Euro; el dolor queda como única salida digna para un pueblo que necesitará tratamiento psicológico para olvidarse de los estragos causados por el peor dirigente de España desde Fernando VII. Pero ni siquiera la vía del dolor y del sacrificio está abierta mientras Zapatero permanezca en el poder.

Dolor significa aprobar medidas impopulares que el inepto de la Moncloa es incapaz de adoptar: reforma laboral, bajadas de sueldos, austeridad pública y muchas otras, todas dolorosas. Si Zapatero no hubiera negado la existencia de la crisis para ganar votos, si hubiera adoptado a tiempo las medidas oportunas, el dolor que espera a España habría podido evitarse.

No hay más culpables de la tragedia que Zapatero y sus palmeros, en especial los de su propio partido y los que le acompañaron en su gobierno, que no tuvieron ni el valor ni la decencia de hablarle claro, a tiempo, para frenar su letal catarata de errores.

España es su víctima y los españoles le recordaremos eternamente como una plaga.

Voto en Blanco

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Hipocresía y mentiras en Washington: "la Moncloa bien vale una oración"

05.02.10 | 19:01. Archivado en EEUU, Política, Religión, Democracia, Corrupción, España, Zapatero

El rezo del agnóstico, siempre hipócrita, ha sido el último gran esperpento en la carrera de ZP, toda una negación a sus creencias y principios personales, realizada con luz y taquígrafos en la capital del Imperio. La foto con Obama, a su juicio de gran valor para conservar el poder, "bien vale una oración".

Los agnósticos no rezan porque no creen en Dios, pero Zapatero sí lo hace. Incluso ha leído un pasaje bíblico. La mayor parte de la gente decente y con principios del mundo sería incapaz de exhibir en público sus contradicciones o de renegar de sus principios ante una audiencia masiva. Sólo un político es capaz de tanta hipocresía y cinismo, sólo un miembro profesional de "la casta" es capaz de un esperpento de tan gran tamaño, con las cámaras como testigos.

El mismo que en España acosa al cristianismo, reconoció ante los poderosos de Washington que "España es cristiana". ¿Cinismo, cobardía o frivolidad? Las tres cosas a la vez.

Leyó los versículos 14 y 15 del capítulo 24 del Deuteronomio para hablar de proletarios y de la explotación del jornalero por parte del patrono. Demagogia barata y trasnochada, cinismo por parte de quien tiene a cinco millones de españoles en el paro. Con rostro compungido, adaptó su discurso a la audiencia conservadora y religiosa, demostrando sus dotes de actor. Allí no conocen con detalle todos sus fracasos y desastres: que en España, acosa a la Iglesia Católica, que está dejando a España sin resuello y arruinada, que ha destrozado la igualdad constitucional situando a Cataluña, su granero de votos, por encima de las demás regiones de España, que su liderazgo es una fábrica de paro y de pobreza que ya ha logrado records sobrecogedores, nada menos que cinco millones de parados y ocho millones de pobres en una España que hasta hace pocos años era próspera y envidiada por su crecimiento.

Para colmo de cinismo y de mentira, el mismo que está arruinando a España con su política demencial y estúpida, afirmó en Washington, ante los empresarios convocados por la Cámara de Comercio, que su gobierno es "el impulsor de una economía eficiente".

Es tan evidente que Zapatero acudió al desayuno de la oración para hacerse una foto y no para pedir a Dios la ayuda que él y su arruinado pueblo necesitan que el esperpento estaba garantizado. Hasta la bolsa española, que mientras Zapatero leía el Deuteronomio se hundía perdiendo un 6 por ciento, parecía interesada en desmentir sus alardes y falsedades.

Para colmo de males, el emperador Obama, al que Zapatero venera ridículamente como una especie de "salvoconducto político", ni siquiera se reunió con él.

Lo que nadie entiende es cómo sus compañeros de partido, de gobierno y la legión de asesores que cuidan su imagen le permitieron esa exhibición mundial del nivel de hipocresía que puede desplegar alguien sin más principios e ideología que mantenerse en el poder.

La única explicación de la "oración" de Zapatero es la rastrera doctrina de que un profesional del poder debe hacer cualquier cosa a cambio de controlarlo, incluso cerrar los ojos del alma y rezumar hipocresía, como hizo el rey Enrique IV de Francia y III de Navarra, que, para ganar poder, renunció al calvinismo y pronunció aquel histórico "París bien vale una misa" (Paris vaut bien une messe).

Lo que ha dicho Zapatero en Washington es que "La Moncloa bien vale una oración".

Voto en Blanco

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La "casta" política nos conduce hacia el matadero

Si no se introducen con urgencia correcciones drásticas, si los ciudadanos, con la ayuda de los intelectuales y periodistas, no consiguen imponer un cambio de rumbo a la política, nos dirigimos hacia un mundo que, a mediados del siglo XXI contará con 9.000 millones de pobres y 1.000 millones de ricos, tan injusto como políticamente insostenible.

En España, un país conducido por su inepto gobierno hacia la pobreza y el fracaso, esos cambios son especialmente urgentes. El caso de España está siendo estudiado ya en las escuelas de estudios políticos como un caso escandaloso de mal gobierno y de fracaso de la clase política.

Hoy, nuestros dirigentes electos, herederos de la vieja y eterna casta dominante, nos piden que confiemos en ellos y que les entreguemos todo el poder, asegurando que son capaces de solucionar ese déficit de democracia y justicia que sus predecesores nunca supieron compensar. Nos cobran impuestos por adelantado, como si fueran los viejos tributos que se pagaban a los conquistadores, sin tener que rendir cuentas a nadie; legislan sin pedirnos opinión y aplican las leyes desigualmente, según les conviene; se fijan sus propios sueldos; se autoadjudican el monopolio de la violencia y nos dejan indefensos frente a policías, ladrones, asesinos y toda esa delincuencia armada que, sin explicación, domina muchas calles y barrios; exigen sumisión y se atiborran de privilegios, pero no dan nada a cambio, salvo un mundo que sigue mal ordenado, desigual, injusto, violento y con los grandes valores en una triste decadencia, cuyo rasgo mas relevante y lacerante es que la felicidad es inalcanzable para la inmensa mayoría de los humanos.

Sus planteamientos son falsos y sus promesas son mentiras. No tienen soluciones, ni les interesa solucionar los problemas. La "casta" política lleva más de cinco milenios luchando contra los mismos problemas, sin haberlos solucionado jamás porque si los solucionan ellos dejan de ser imprescindibles. La guerra sigue destruyendo hogares y vidas desde hace cinco mil años; la sociedad continúa dividida entre pobres y ricos; la injusticia, propiciada por el poder, campea por el mundo y causa estragos; la enfermedad es una lacra, sobre todo para los pobres; el hambre sigue diezmando pueblos y razas; la inseguridad angustia al hombre; la violencia covierte la vida de los débiles en un infierno.

Curiosamente, esos males que la "casta" promete arreglar desde hace siglos son fenómenos que ellos desconocen porque no existen en sus palaciós y burbujas de abundancia, seguridad y dinero. Los poderosos jamás entran en contacto con el hambre, la injusticia, la violencia, la guerra y otras nuchas plagas que azotan a los débiles y a los humildes.

Ellos, la "casta" de los nuevos amos del mundo, son el problema, el verdadero drama del mundo y el mayor obstáculo para la regeneración y para que podamos crear un mundo mejor.

Voto en Blanco

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Quitar derechos a los ciudadanos y mantener los privilegios de "la casta" es basura antidemocrática

Retrasar la jubilación de los españoles hasta los 67 años, ampliar los periodos de cotización, limitar las pensiones de viudedad y realizar reformas amplias en el sistema de pensiones sin tocar los privilegios de los políticos, los únicos en España que reciben la máxima pensión con sólo siete años en el cargo, es una canallada política que merece desprecio y rebeldía cívica. Arrebatar derechos a los españoles y mantener los ya insultantes privilegios de la "casta" política española es reflejo de despotismo y bajeza.

Muchos españoles estaríamos dispuestos a apretarnos el cinturón y a luchar contra la crisis asumiendo medidas de austeridad, pero hacerlo sin que los insultantes privilegios de los políticos también caigan es basura antidemocrática. La "casta" tiene que dar ejemplo y encabezar la peregrinación de los españoles por el calvario. Al fin y al cabo, los culpables del drama han sido ellos, sobre todo Zapatero y los ineptos que le han acompañado en el gobierno. Si no lo hacen se van a topar de frente con la rebeldía indignada y justa de un pueblo que aprenderá a odiarlos todavía más.

Las medidas injustas del gobierno de Zapatero se suceden mientras la olla de España acumula ya tanta indignidad y presión que puede estalllar. La sociedad, indignada, siente cada día más ganas de rebelarse y de acabar con la injusticia y la arrogancia de la casta política española.

El gobierno, incapaz de crear empleo y de sanear la economía, da ahora zarpazos a los derechos ciudadanos retrasando la edad de jubilación y reduciendo las pensiones. Se trata de una medida rechazada por la inmensa mayoría de los españoles que Zapatero, exhibiendo despotismo y arrogancia, pretende aprobar, pero que no afecta en modo alguno a los privilegios y ventajas acumulados por la casta política.

Si hubiera reconocido a tiempo la existencia de la crisis, que negó para ganar votos, y si hubiera tomado a tiempo las medidas que los expertos y los organismos internacionales le recomendaban, el "pensionazo" no habría sido necesario. Él es el culpable del nuevo avance de los españoles hacia la pobreza.

Olvidando el principio de igualdad y la obligación de ser ejemplares, los gobernantes españoles no cesan de acumular basura en su ya maloliente y deplorable comportamiento.

Los españoles, que bajo este gobierno se dirigen, raudos, hacia la pobreza y el fracaso, cada día tienen más difícil cobrar sus pensiones y disfurtar de la vejez tranquila que merecen. El sistema de pensiones, saneado y próspero hasta hace pocos años, ya no recibe aportaciones del gobierno, que gasta más de lo que debe. El sistema de protección para los viejos también ha sido arruinado por la mala gestión de los políticos, Sin embargo, ellos, los miembros de la odiada "casta", a pesar de ser los culpables del desastre de España, jamás pierden sus privilegios y mantienen intactos sus abusos y ventajas. En lugar de cotizar los 35 años a la seguridad social, como cualquier ciudadano, a ellos les bastan 7 ejerciendo como políticos para tener derecho a la máxima pensión posible.

Reformar el sistema y retrasar la jubilación de los ciudadanos sin tocar los privilegios de la casta demuestra un nivel de insensibilidad de tanta envergadura y una arrogancia tan opresora que los españoles no deberíamos soportarlo.

La rebeldía ante la injusticia es urgente y necesaria. El nivel de abuso y desvergüenza ha alcanzado niveles antidemocráticos, antiéticos e insostenibles.

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Invictus: "Dueño de mi destino, capitán de mi alma" (master of my fate, the captain of my soul)

02.02.10 | 19:43. Archivado en Política, Democracia, Cultura, España, Zapatero

Zapatero debería ver la película Invictus para que aprenda lo que es política positiva al servicio de un pueblo. Al contemplar la grandeza de alma y el esfuerzo honrado por la unidad y el verdadero progreso, uno, inevitablemente, siente una vergüenza profunda por tener en España un dirigente político como Zapatero. Al lado del "Invictus" Nelson Mandela, nuestro Zapatero es todo un "ineptus", un enano político sin grandeza alguna.

No he podido dejar de comparar a Mandela con Zapatero durante toda la película. La confrontación de "Invictus" con "ineptus" causa dolor y vergüenza a cualquier demócrata y a la gente de bien.

He visto la película Invictus y he llorado de emoción ante la epopeya de Nelson Mandela, un hombre grande y generoso que supo perdonar a los verdugos que le tuvieron encerrado durante 30 años en una celda sudafricana de menos de seis metros cuadrados . He sentido mucha emoción ante la grandeza del lider negro que, encerrado y aplastado por sus enemigos políticos, repetía sin rendirse: "Soy dueño de mi destino y capitán de mi alma".

Ante el gran espectáculo de Mandela construyendo su nueva nación unida, no he podido evitar sentir también lástima porque España, en lugar de un líder grande y generoso, capaz, como Mandela, de perdonar a sus verdugos y de poner su liderazgo al servicio de la unión de su destrozado pueblo sudafricano, ha tenido la mala suerte de tener como líder a un pobre diablo incapaz de perdonar, empeñado en dividir a su pueblo, en enfrentar a las derechas con las izquierdas y en reabrir esas viejas heridas que generan odio y violencia en los pueblos.

Al contemplar cómo Nelson Mandela hacía política de la grande, de esa que extrae y proyecta lo mejor de cada ser humano, uno siente lástima de España y un profundo desprecio hacia el lider que hemos elegido entre todos, un ser pequeño y negativo que antepone sus intereses a los de su pueblo y que conduce a la nación hacia la ruína.

La pequeñez política de Zapatero, comparada con la grandeza de Mandela, resulta insultante y genera una mezcla irresistible de tristeza por lo que tenemos, envidia de lo que no tenemos y desolación ante la patria destrozada.

Ver la última película de Clint Eastwood es un "deber" para todo español que añore la democracia, que ame la decencia y que conserve la capacidad de emocionarse ante los ideales, la superación y la grandeza.

Nota: Dueño de mi destino, capitán de mi alma (master of my fate the captain of my soul).- La frase original es de William Ernest Henley (1849 -1903), poeta, crítico y redactor inglés.

Voto en Blanco

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¿Es la pluma más fuerte que la espada?

01.02.10 | 18:12. Archivado en Gobierno Zapatero, Política, Democracia, Corrupción, Cultura, España

La pluma (el pensamiento y las ideas) y la espada (la fuerza bruta) se han enfrentado a lo largo de la Historia por el dominio del mundo. A veces ha predominado una y otras veces ha dominado la otra. En nuestros días, la espada, manejada por castas políticas y gobiernos que nunca antes habían tenido tanto poder, parece ejercer un dominio indiscutible. Sin embargo, la pluma conserva toda su fuerza potencial porque la palestra donde se libra la contienda es la Opinión Pública.

Las experiencias de Voto en Blanco y de otros muchos ciudadanos y medios que reaccionaron ante la decadencia y la corrupción blandiendo el pensamiento, las ideas y la crítica al poder, demuestran que la pluma puede ser más fuerte que la espada. Hace seis años, cuando este blog comenzó a emitir afirmando que muchos políticos españoles eran corruptos, que los valores estaban siendo abandonados, que la democracia española había sido traicionada y asesinada por la clase política y que había que reformar la Constitución y la Ley Electoral, aquellas ideas parecían exóticas y suicidas. Sin embargo, hoy, después de años de lucha constante y de más de 20.000 artículos con análisis, argumentos, denuncias y protestas, las cosas están cambiando tanto que hasta José Bono, un destacado engendro de la "casta" inepta, aboga por cambiar la Ley Electoral para "acercar a electores y elegidos".

La pluma puede ser más fuerte que la espada, pero necesita dos condiciones: que sea inteligente y que tenga paciencia. Los análisis lúcidos, los argumentos solventes, la verdad, al fin y al cabo, terminan por abrirse paso, incluso en un mundo tan corrupto y degradado como el de la "casta" política española, muchos de cuyos miembros carecen de escrúpulos y son capaces de aplastar la democracia con tal de conservar sus ilegítimos privilegios y su asqueroso dominio sobre el Estado y los ciudadanos.

Cuando en 2004 empezamos a decir que la "Democracia estaba secuestrada" y que los políticos eran los nuevos amos de nuestro mundo, con fueros y privilegios superiores a los que tenían durante el absolutismo la nobleza y el clero, demostrando también que el poder político era ya superior al poder económico, nos tacharon de radicales y de antisistemas, sin saber que para nosotros no existe una alabanza mayor que ser llamados "antisistemas" por los esclavos de un sistema que se ha pervertido y que ha perdido sus rasgos nobles y dignos. Hoy, según las encuestas, dos de cada tres españoles rechazan más o menos abiertamente el sistema, aunque muchos de ellos todavía sigan apoyando a "su partido" para evitar que gane "el contrario".

Pero ya apenas les queda un paso para ser libres y dejar de estar sometidos a los que viven de subyugar y de aplastar. La pluma va doblegando a la espada con sus análisis, con sus argumentos lúcidos y convincentes, destapando el engaño, cultivando la verdad y confrontándola con la mentira y la opresión.

No existe mejor prueba de que la pluma se abre camino que lo que reflejan las encuestas sobre los políticos, considerados ya como el tercer gran problema de España, detrás de la situación económica y el paro. En pocos meses y sin "maquillajes" y "cocinas", las encuestas reflejarán que ese rechazo cívico a "la casta" ocupa el primer puesto que justamente merece esa clase dirigente que nos lleva hasta el fracaso, la pobreza y la desesperanza.

Afirmaciones que hace cinco años nos hicieron perder amigos y nos colocaron en la "línea de fuego" del poder, hoy son ya compartidas por una creciente masa de españoles como realidad irrefutable: "la corrupción en el sector público es indecente, masiva y escandalosa"; "la democracia ha sido asesinada en España", "el gobierno miente", "los ricos son cada día más ricos y los pobres más pobres", "los periodistas sometidos son los perros del poder", "los políticos son los nuevos amos del mundo", la sociedad civil española está en estado de coma", los sindicatos y la patronal están comprados", "los partidos políticos se han convertido en el principal obstáculo para la democracia", "La Constitución no se respeta", "en España no se cumple ni una sóla regla básica de la democracia", ... etc. etc.

El aumento de la audiencia del blog y la participación en sus debates, la proliferación imparable de blogs democráticos y el aumento del rechazo cívico al corrupto y al mal gobernante son algunos de los muchos "signos" que demuestran el avance de la razón frente a un poder político privado de razón, que sólo sabe esgrimir su fuerza.

La pluma fue más fuerte que la espada en la Revolución Francesa, en el derrocamiento del Sha de Irán, Reza Palhevi, en la caida del Muro de Berlín y en otros muchos momentos brillantes y exultantes de la Historia. Muchos pueblos, movidos por las ideas, se han lanzado a la calle para expulsar a los corruptos del poder o han utilizado las urnas para librarse de parásitos indecentes.

España, uno de los países del mundo democrático más maltratados por su clase política, que ha sido capaz de arruinar el esfuerzo colectivo y privar a los ciudadanos de la prosperidad y la esperanza que se habían forjado, pronto se convertirá en una nueva muestra patente de que de que el poder de la razón puede derrotar al sucio poder del privilegio corrupto y a la fuerza embrutecida del Estado, cuando los ciudadanos exijan con determinación a sus representantes menos envilecimiento, más democracia, mas valores, menos corrupción, más eficacia, más control ciudadano sobre la "casta" y que se abran de par en par las puertas de las cárceles para que ingresen en ellas los muchos miles que han robado, oprimido y violado en España la Constitución con contumacia.

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Jueves, 16 de febrero

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