Más de media España sueña ya a diario con que Zapatero dimita o sea obligado a dimitir. No pocos de esos "soñadores" saben que el relevo posible, tanto si es del PP como del PSOE, tendrá carencias dramáticas porque el problema de España no está sólo en la baja calidad de sus dirigentes políticos, sino en la escasez de democracia y de decencia en los partidos políticos y en el mismo sistema. Sin embargo, el cambio de Zapatero por "quien sea" siempre será positivo porque es casi imposible superar en torpeza e inutilidad al actual inquilino de la Moncloa.
Muchos ciudadanos, convencidos del terrible y dramático axioma de que "todos los políticos son iguales", se preguntan si ganaríamos algo si Zapatero es forzado a dimitir y el pueblo español se ve obligado a elegir entre otros nuevos ineptos alejados de la verdadera democracia: Rubalcaba o Bono, por el PSOE, y Rajoy, por el PP.
La respuesta es sencilla: destronar a un inepto es ya un logro democrático. El siguiente paso es evitar que otro inepto le sustituya y conseguir que los ineptos y los sinvergüenzas no tengan cabida en nuestro sistema. Lograr que Zapatero se vaya es, indiscutiblemente, una victoria popular y un avance de la democracia, pase lo que pase después.
Si Zapatero fuera forzado a dimitir y a convocar elecciones anticipadas, la victoria de la democracia frente al mal gobierno y la indecencia sería indiscutible. Pero, como todas las victorias, nunca será completa y requerirá vigilancia permanente, acoso al poder y nuevas luchas para cerrarle el paso a los futuros ineptos, sinvergüenzas o canallas. El ciudadano debe aprender una lección de gran dureza: la democracia jamás se consigue porque necesita la vigilancia constante de la gente de bien, la defensa permanente de los ciudadanos y la lucha sin cuartel de los hombres libres frente a los mafiosos, los oligarcas, los falsos demócratas y otros especímenes de la peor fauna del planeta humano, siempre atraída por el poder y el dinero, eternamente obsesionada en el dominio y el abuso.
Hasta que no aprendamos la lección fundamental de la existencia, que nada cambiará mientras no cambie el ser humano, tendremos que vigilar y luchar sin descanso.
Cada vez que el pueblo ganó una batalla en la Historia y la libertad y la decencia parecían haber conquistado cotas de gran valor, el avance se convirtió en retroceso, los cadáveres de los luchadores libres sembraron las calles y el bien fue derrotado por los canallas y opresores de siempre.
El imbécil borbón francés Luis XVI fue decapitado por el pueblo en la Revolución Francesa, justo con su frívola esposa austriaca, pero terminó sustituyéndoles Napoleón, un tirano con más poder que inundó Europa de sangre y que llevó a la tumba a millones de franceses. El Zar fue fusilado en Rusia, pero tomaron el poder los profesionales bolcheviques, asesinos y tiranos de peor envergadura y calaña, gente como Stalin, capaces de sembrar la tierra rusa de cadáveres. En nuestra España, los demócratas sucedieron al muerto Franco, pero en realidad eran falsos demócratas que sustituyeron la dictadura franquista por una dictadura de partidos que abrió las puertas a la corrupción, envileció a la sociedad, la sembró de esclavos manipulados, destruyó la escala de valores, instauró la mentira como esencia del poder y rompió es espinazo de España.
El problema siempre ha sido el mismo, pero los ciudadanos jamás aprenden esa verdad suprema: nada puede cambiar si no cambia el individuo. No es posible construir una sociedad noble y justa colocando a un canalla encima de un corrupto, debajo de un sinvergüenza y al lado de un golfo. Mientras que las piezas no sean buenas, el edificio construido será una estafa.
La única solución: fabricar verdaderos ciudadanos, gente libre y orgullosa de sus derechos y deberes, cumplidora, reflexiva e incapaz de delegar lo que es indelegable, la voluntad política, a representantes e intermediarios, sean los que sean.
Sábado, 2 de junio
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Julio César Izquierdo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel