También para los derechos humanos fundamentales, el año 2010 ha sido catastrófico en España. El Departamento de Estado norteamericano puso el dedo en la llaga al señalar a España como uno de los países del mundo donde se violan los derechos humanos fundamentales. En cualquier democracia mundial, esa acusación habría causado dimisiones e investigaciones públicas, pero en la corrupta y podrida democracia española no ha ocurrido nada y la noticia se disolvió en el verano, sin dejar rastro. La violación señalada es la persecución del idioma español en Cataluña y Baleares, donde miles de padres no encuentran un colegio en el que educar a sus hijos en el idioma común de los españoles, donde muchos no pueden acceder a puestos de trabajo por causa de la lengua que hablan y donde comerciantes y empresarios son multados por rotular sus negocios y marcas en castellano. Para vergüenza de los españoles, la marginación del idioma común sigue vigente, a pesar de que hay sentencias inapelables de los tribunales Supremo y Constitucional, unas sentencias que el nuevo gobierno catalán, presidido por Artur Mas, ha decidido ignorar, convirtiéndose en insumiso, con la ayuda del PSOE, un partido que parece dispuesto siempre a arrojar tierra sobre la tumba de España.
Sin embargo, las acusaciones sobre el acoso al idioma, aunque ciertas y graves, son ridículas si se las compara con el enorme mar de abusos, irregularidades y violaciones de derechos que la sociedad española tiene que padecer. Hay muchas otras violaciones no señaladas que convierten a España en una democracia falsa y podrida, que desprecia al ser humano.
Zapatero, ante la evidencia, podría haber asumido la acusación, que es cierta y comprobada, pero ha reaccionado como es habitual en él, mintiendo y prometiendo un informe contrario, que demuestre que los dos idiomas conviven en armonía, en Cataluña y Baleares.
Pero hay miles de ciudadanos españoles con su derechos pisoteados que se han sentido más representados y apoyados por Estados Unidos que por el propio gobierno socialista de Zapatero y que han reaccionado aportando pruebas de violaciones y atropellos ante la embajada de Estados Unidos.
Nosotros queremos contribuir a levantar las alfombras de silencio ignominioso que cubren la lamentable verdad de una España donde los derechos humanos fundamentales son violados frecuentemente por el gobierno. Los grandes medios de comunicación españoles son los que colaboran estrechamente con el gobierno en la ocultación de esa verdad cargada de vergüenza. La clave del silencio mediático que cubre la ignominia del poder está en el dinero y en los favores que el poder político hace llegar a los medios para mantenerlos vivos y para que silencien las vergüenzas del sistema corrupto e injusto que rige los destinos de España.
Además de la violación de los derechos lingüisticos en Cataluña y Baleares, España padece "listas negras" de personas y empresas que sufren represalias por parte de los gobiernos y partidos políticos, por causa de sus ideas. Esas empresas y personas son vetadas a la hora de recibir subvenciones o ser adjudicatarias de contratos públicos. Algunas personas han sido represariadas, incluso, en sus derechos laborales y otras han sidos vigiladas por las fuerzas de seguridad o sufrido duras inspecciones fiscales como represalia por sus ideas críticas.
Pero la mayor violación de los derechos humanos que padece la sociedad española es que cinco millones de ciudadanos han sido desposeídos de uno de los derechos fundamentales básicos: el derecho a trabajar. Muchos de esos españoles también han perdido sus viviendas, por causa del desahucio, y tienen que comer en instituciones de caridad.
A esto hay que agregar el comportamiento mentiroso injusto del gobierno, que oculta y tergiversa la verdad y que, a través de la Fiscalía, aplica una doble vara de medir a la hora de juzgar los comportamientos delictivos. Los adversarios sufren el peso de la ley con todo rigor, mientras que los amigos del poder escapan con impunidad a los castigos que merecen. José Bono ha sido superficialmente investigado por los fiscales por su enriquecimiento ráoido e inexplicable, mientras que muchos militantes del Partido Popular sufren todo el rigor de la Fiscalía del Estado. Convergencia y Unió, cuya corrupción está archidemostrada, es más que probable que no sufra castigo alguno por su financiación ilegal, únicamente porque Zapatero necesita su apoyo y votos. Los etarras son mejor tratados por el sistema penitenciario español que muchos delincuentes de poca monta que solamente han robado algo de chacina, por hambre.
Olvidando su deber ejemplarizante, numerosos miembros del poder político son líderes en mentiras, engaños, abusos e irregularidades, sin que les ocurra nada. El derecho ciudadano a conocer la verdad, violado a diario con total impunidad, es uno de los derechos humanos fundamentales que la España oficial desprecia con mayor saña y desvergüenza.
La degradada democracia española es conocida en todo el mundo por la resistencia a dimitir de sus altos cargos, un rasgo inequívoco de la baja calidad de la democracia y de la pésima calidad ética y humana de la casta dirigente. Los ayuntamientos están obligando a cerrar a miles de empresas, a las que no pagan sus deudas, mientras que otras se ven obligadas a aplazar sus deudas sin poder aplicar los intereses legales, bajo pena de ser represaliadas. Las violaciones económicas del poder político no son excepciones y son tantas que pueden calificarse de "condacta generalizada", todo un verdadero escándalo del que los medios de comunicación, comprados y sometidos, nunca hablan.
La impunidad del poder es otro gran escándalo que viola el principio de igualdad y demuestra que muchos poderosos son arrogantes, impunes e indeseables en esta España de Zapatero, que tras ser lider internacional en trata de blancas, drogas, alcoholismo, blanqueo de dinero, enchufismo, desprestigio de la casta política, abuso de poder y otras muchas lacras, ha sufrido últimamente la vergonzosa humillación de figurar ya entre los países que violan los derechos humanos fundamentales.
Zapatero ha sido calificado por algunos analistas y estudiosos de la política como el peor gobernante de España desde Fernando VII. Ese criterio no es frívolo y se sustenta en verdaderos errores y carencias dramáticas del dirigente socialista español. Las siguientes son, a juicio de Voto en Blanco, sus 20 mayores errores y vergüenzas.
1. Haber ganado sus primeras elecciones tres días después del peor atentado terrorista de la Historia de España, en un ambiente irregular que restó limpieza y libertad al proceso electoral, con España inmersa en una marea de miedo y de mentiras propagadas por el cuartel general socialista, al frente del cual estaba Zapatero, que fue activa y entusiasticamente ayudado por la SER y otros medios de comunicación afines al PSOE.
2.- Permaneció sentado ante el paso de la bandera de Estados Unidos, manifestando expresamente un insólito irrespeto hacia ese país aliado y a su principal símbolo patrio.
3.- Cumplió su promesa electoral de sacar las tropas españolas de Irak, pero lo hizo mal y causando indignación entre los aliados occidentales de España, sin avisar a los aliados, sin permitir una retirada ordenada y sometiendo a los militares españoles a la humillación de ser despedidos por sus compañeros soldados con gestos de desprecio por su cobarde y precipitado abandono del escenario bélico. Esa decisión colocó a España en una situación de debilidad mundial y hizo perder a las empresas españolas contratos internacionales valorados en muchos miles de millones de dólares, algunos ya previamente pactados entre Estados Unidos y el gobierno de Aznar.
4.- Mintió al asegurar que no negociaba con ETA y vaticinó el fin de la violencia un día antes de que los terroristas volaran la terminal 4 del aeropuerto de Barajas, causando dos muertos. Tras el atentado, mintió de nuevo al garantizar que no habría más negociaciones.
5.- Prometió el pleno empleo y un espectacular crecimiento de la prosperidad en una legislatura en la que España se ha empobrecido, ha destruido buena parte de su tejido productivo y ha acumulado más de 5 millones de desempleados reales.
6.- Promovió personalmente un Estatuto de Cataluña inconstitucional y, una vez rechazado por el Tribunal Constitucional, maquinó con los nacionalistas catalanes para maquillar el Estatuto y esquivar la sentencia.
7. Amplió la Ley del Aborto sin que existiera demanda popular alguna en tal sentido, bajo el criterio tenebroso de que un feto es un ser vivo pero no un ser humano.
8.- Compró votos con dinero público, no solo a los ciudadanos, a los que prometió pagas especiales en vísperas de elecciones, sino también a los partidos nacionalistas, a los que compró apoyos a cambio de dinero, generando injusticia y rompiendo así el principio constitucional de la igualdad entre los pueblos y tierras de España.
9.- Negó la existencia de la crisis en vísperas de las elecciones de 2008, causando daños irreversibles a la economía española al retrasar durante dos años las primeras medidas contra el drama.
10.- Elevó la mentira a categoría de política de gobierno, engañando a los españoles de manera reiterada, no sólo cuando negó la existencia de negociaciones con ETA o cuando negó que existiera una crisis económica, sino en decenas de ocasiones más, incluso en sede parlamentaria.
11.- Zapatero ha sido el primer presidente de gobierno español que se atrevió a defender, desde la tribuna del Congreso de los Diputados, que una región de España (Cataluña) es una nación.
12.- Bajo su mandato, como consecuencia de sus mentiras, errores y mal gobierno, los españoles aprendieron a rechazar e, incluso, a odiar a los políticos y, en algunos casos, a la misma democracia. Las encuestas reflejan ese rechazo al señalar a los políticos como el "tercer" gran problema de España, mientras que muchos observadores independientes creen que, sin la "cocina" y la manipulación del poder, las encuestas reflejarían que los políticos son el primer drama de España.
13.- España, bajo el mandato de Zapatero, perdió gran parte de sus conquistas sociales históricas e hizo pagar la crisis a los más débiles: viudas, pensionistas, desempleados, funcionarios y otros.
14.- Sus errores e incompetencias convirtieron a España en un "protectorado" internacional con su economía "intervenida" por Alemania, Francia, Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional.
15.- Su incomprensible amistad con tiranos desprestigiados (Hugo Chaves, Raul y Fidel Castro, y su apoyo a numerosos gobiernos totalitarios del mundo (Cuba, Venezuela, Irán, Nicaragua, Bolivia, Siria, etc.) permiten dudar razonablemente de la fe democrática del presidente español, en el que muchos analistas y pensadores ven a un totalitario camuflado de demócrata.
16.- Se ha comportado como un cobarde frente a Marruecos, cediendo siempre ante el sultán e intentando comprar con abundante dinero la paz con el país vecino.
17.- Traicionó la causa del pueblo saharaui, defendida tradicionalmente por su partido y por la mayoría de la opinión pública española. Esa "traición" se hizo evidente cuando los marroquíes asaltaron el campamento saharaui en El Aaiun, en noviembre de 2010.
18.- Las revelaciones de WikiLeaks mostraron el servilismo, la doblez y la hipocresía del gobierno que preside Zapatero. Se arrastraba para mendigar el "perdón" de Bush, sin dignidad ni orgullo. Apoyaba ante los familiares y ante la opinión pública la necesidad de juzgar a los militares norteamericanos que asesinaron al cámara español Couso, en Bagdad, mientras acordaba por detrás, con el embajador de Estados Unidos en Madrid, presionar desde la Fiscalía para que la causa fuera archivada. La misma hipocresía empleo con el asunto de los vuelos de la CIA que sobrevolaron España y con otros muchos asuntos. "Todas las puertas están abiertas para usted" llegó a decirle al nuevo embajador de Obama.
19.- Cuando Europa, Estados Unidos y China le presionaron para que realizara un ajuste duro de la economía española, medio arruinada por sus despilfarros y errores, prefirió que el peso del drama fuera soportado por los más pobres y necesitados, suprimiendo ayudas y congelando sueldos y pensiones,
20.- Acabó con la prosperidad española, admirada como "milagro" por todo el mundo, condenando al país a ser una de las economías más enfermas y peligrosas del mundo occidental. El espectacular aumento del desempleo y la pobreza en España, con casi cinco millones de desempleados y diez millones de pobres, convirtió a su gobierno en una verdadera plaga y en un azote para los españoles.
Hay otros muchos errores y dramas de Zapatero que han contribuido a destrozar la nación española. Podría completarse una solvente e inquietante lista que llegara al número cien, incluyendo en ella violaciones de la Constitución y de su espíritu, como el que cometen los nacionalistas vascos, catalanes, gallegos y baleares que persiguen el idioma español, un atentado que apoya el propio Zapatero, el acoso a la Iglesia Católica, la pérdida de seis años de gobierno sin mejorar la pésima calidad de la educación en España, el hundimiento de muchos factores básicos del Estado de Derecho, la pérdida de prestigio y peso internacional, la "compra" de los sindicatos y de la patronal con dinero público, a cambio de complicidad y silencio, la aplicación de la ley "según convenga a la jugada", la expansión de la corrupción pública, al apoyo constante a los nacionalistas, incluso a los separatistas, el hundimiento de los valores, la hipertrofia del Estado español, convertido por Zapatero en un insostenible refugio de enchufados, parásitos, amigos del partido y familiares de cargos públicos, todos ellos viviendo del erario público y sin aportar nada necesario al bien común, compra descarada de apoyos en medios de comunicación, a cambio de publicidad y otras concesiones y favores del poder, arbitrariedad en las contrataciones, subvenciones y contratos públicos, elaboración de listas negras de personas, instituciones y empresas represaliadas desde el poder político por sus ideas, y otros muchos, algunos de ellos violaciones flagrantes de los derechos humanos fundamentales, pero los 20 mencionados son los más graves, a juicio de Voto en Blanco.
Había escrito una historia especial para el Día de los Inocentes de 2010, pero no me he atrevido a publicarla, no por miedo a la censura, sino porque España, agobiada por el mal gobierno, la frustración, la tristeza y la crisis, no está hoy para bromas.
La historia, fiel a nuestra tradición de convertir los sueños en realidad, tenía por protagonista a nuestro monarca, el rey Juan Carlos, el cual, viéndose ya en el final de su reinado y cansado de soportar a políticos ineptos y corruptos al frente de los destinos de España, tuvo un golpe de honradez y dignidad política y patriótica y decidió imponer, con la ayuda de las Fuerzas Armadas y de buena parte de la opinión pública, un gobierno de gente honrada, responsable, independiente y de probado prestigio para que sacara a España del foso en el que yace, tras haber sido ultrajada y destrozada durante años por una de las peores castas políticas del planeta, aferrada con sus garras a sus poltronas y privilegios, sin dejar de ordeñar al Estado español, incluso en tiempos de crisis, hasta haberlo dejado casi en coma.
La principal virtud del nuevo y esperanzador gobierno era la valía de sus miembros, pero la segunda, igualmente importante, era que ninguno de sus integrantes pertenecía ni había pertenecido nunca a partido político alguno.
Pero, al leer una y otra vez la historia del "Golpe Honrado" (ese era el título de la historia), salvador de la patria y regenerador, he decidido borrar el archivo y renunciar a publicar este año una inocentada. Ese sueño, irrealizable, me parecía frívolo en estos tiempos de angustia, cuando España está siendo arrasada por sus dirigentes, que causan al pueblo un dolor indescritible y un desasosiego profundo.
Si algún lector es capaz de sentir ganas de bromas en este desierto de miseria y de traiciones llamado España, le invito a releer la inocentada que publicamos un día como hoy, hace justo un año, titulada Zapatero se hace demócrata, otro sueño que no se cumplió ni se cumplirá jamás.
¡Feliz día de los Inocentes!
En los últimos dias del año 2011, Voto en Blanco publicará algunas reflexiones para abrir los ojos y para que podamos recibir el nuevo año bajo la fuerza de la verdad, entendiendo mejor el mundo que nos toca vivir.
El apoyo socialista a la investidura del nacionalista-independentista catalán Artur Mas es uno de los acontecimientos políticos más graves e inquietantes de todo el agonizante año 2010 y una auténtica patada en el hígado a la democracia. Pero la mediocridad reinante en la política española, la corrupción generalizada, el silencio cómplice de los grandes medios de comunicación, la propaganda intoxicante de los partidos y la sumisión borreguil de la sociedad ocultan a los ciudadanos la gran vileza y peligrosidad de ese acontecimiento, que implica nada menos que el apoyo del socialismo a la independencia catalana y a la insumisión frente a las sentencias de los grandes tribunales Constitucional y Supremo.
Los socialistas catalanes y españoles, al apoyar la investidura del catalán Artur Mas, han dado un nuevo paso, esta vez trascendental, que les aleja de su política tradicional y de su carácter de partido político español. Con esa peligrosa decisión dejan de ser un partido adscrito a la Constitución y a la legalidad, emprendiendo una nueva e inquietante ruta por la senda de la disgragación y de la enemistad con el concepto de España.
La ruta asumida por el PSC, con el apoyo del gobierno de Zapatero, al apoyar a CIU, un partido marcado por rasgos tan duros y democráticamente discutibles como la lucha por la independencia catalana, la corrupción y el cobro sistemático de comisiones ilegales, que incluye también la desobediencia activa de las sentencias emitidas recientemente por los tribunales Constitucional y Supremo sobre la marginación del español en tierras de Cataluña, coloca al PSOE en una peligrosa senda, transitada con frecuencia por malvados y forajidos que eluden la Justicia.
Si no es abortado a tiempo por un socialismo menos temerario, enloquecido y obsesionado por el control del poder que el que pilota Zapatero, ese paso decisivo del PSOE, que le vincula a la insumisión, marcará profundamente el futuro de España, ensanchando la fosa que separa a los socialistas de la Constitución española y de la legalidad democrática, dejando al PP un espacio amplio por ocupar como único gran partido constitucionalista y defensor de la unidad de la nación y de la legalidad vigente.
El paso dado por Zapatero al apoyar la insumisión frente a las sentecias del Constitucional y el Supremo ha sorprendido no sólo a la España amante de la legalidad democrática, sino también en las propias filas del PSOE, donde todavía resisten, aunque cobardemente y guardando un vergonzoso silencio, algunos dirigentes y militantes que creen en la legalidad constitucional y en España como nación.
El nuevo paso, aunque representa un avance cualitativo y de enorme importancia, no hace otra cosa que avanzar por la senda peligrosa y nada democrática abierta por el gobierno de Zapatero cuando fraguó alianzas con partidos de ideología opuesta para cerrar el paso del poder al Partido Popular, cuando selló pactos con nacionalismos extremos, tradicionales enemigos de España, sin otro fin que mantener el poder, o cuando utilizó los fondos públicos para premiar el apoyo en el Congreso al gobierno de Zapatero, consagrando así una política que antepone el poder a los principios y que dinamita el fundamental principio de la igualdad de los españoles ante la ley.
Esa ruta por la que avanza el socialismo bajo el mando de Zapatero está política y democráticamente envilecida y, como ocurrió con el socialismo en la II República, vuelve a desenterrar los peores fantasmas del pasado español.
El avance del PSOE, uno de los dos grandes partidos españoles, por una senda política donde han sucumbido los principios y las idealogías, donde conviven fácilmente con la corrupción, en la que utilizan el dinero de los españoles para defender los intereses partidistas y en la que se antepone el control del poder a todo principio, incluyendo el bien común y el interés general, constituye una crisis de mayor alcance y trascendencia que la actual crisis económica, que está arrasando la prosperidad española.
La frivolidad, la mediocridad, la manipulación de las ideas, la espantosa corrupción de la política actual española y el sometimiento de la aborregada población a la propaganda de los partidos y a la mentira institucionalizada impiden captar toda importancia del paso dado. La existencia de un PSOE insumiso, disgregador y dispuesto a todo con tal de controlar el poder es una amenaza de inmensas proporciones que se cierne sobre el futuro de España como país y que podría abrir de par en par las puertas del enfrentamiento y de la ruptura de la convivencia.
Ayer, jueves 23 de diciembre, proyectaron en un canal de pago español la inolvidable película de aventuras "Robin Hood: Príncipe de los ladrones" (Robin Hood: Prince of Thieves), dirigida en 1991 por Kevin Reynolds y protagonizada por Kevin Costner. Estoy seguro de que, al verla, muchos españoles pensaron en la paradoja protagonizada por Zapatero, que se presentó ante los ciudadanos con la atractiva imagen de Robin Hood y que termina su terribles días de poder político con la del odiado sheriff de Nottingham.
Al igual que ocurría en aquella Inglaterra medieval del rey Juan sin Tierra, en la España de Zapatero se ha creado un divorcio profundo entre el pueblo y los que le gobiernan, entre los ciudadanos que sufren y un poder político elitista, privilegiado y millonario, que acosa cada día al pueblo con nuevos impuestos, desahucios, embargos, subidas de precios y represiones. El rechazo popular al poder político es igualmente semejante porque en la España de Zapatero no para de crecer y es ya más del 80 por ciento de la ciudadanía la que se distancia de su líder y lo condena abiertamente.
Las últimas "fechorías" de Zapatero y los suyos (subidas de impuestos, congelación de pensiones, reducción de salarios, desahucios, supresión de conquistas y derechos sociales, subida de la luz, confiscación de coches y el por ahora frustrado cierre de páginas de Internet) recuerdan, de manera fiel, la política desplegada en la película por el trio déspota del sheriff de Nottingham (Alan Rickman), ayudado por su primo Guy de Gisborne (Michael Wincott) y la bruja Morgana, que recuerdan de manera lamentable a personajes tan reales de la sufrida España actual como el propio Zapatero, Rubalcaba y Leire Pajín.
La España de Zapatero terminará el año 2010 con casi cinco millones de parados sin trabajo, con casi diez millones de pobres, con más de medio millón de viviendas arrebatadas a ciudadanos, cuya pobreza les impide pagar las hipotecas, con casi la mitad de sus jóvenes sin esperanza de poder trabajar, con insoportables subidas de impuestos y de precios (la luz) y con nuevas leyes represivas, como la confiscación, por parte del gobierno, del coche de los infractores graves y la por el momento frustrada Ley Sinde, con la que el gobierno de Zapatero quiere reprimir libertades y derechos en Internet.
La comparación de España actual con la desgraciada Inglaterra del efímero rey Juan sin Tierra es tan inevitable como dolorosa. José Luis Rodríguez Zapatero asumió el poder en 2004 presentándose ante los ciudadanos como un Robin Hood defensor del pueblo y capaz de ampliar las libertades frente al autoritario Aznar, de repartir riqueza entre los necesitados y de proteger a los débiles, pero hoy, al final de su segundo mandato, la sociedad española asiste aterrada ante su transformación y, tras haber traicionado su programa y sus promesas, ahora se parece más al déspota sheriff de Nottingham que al querido príncipe de los ladrones.
Si no lo creen, vean la película y descubrirán cómo Zapatero nos recuerda, sorprendentemente, al sheriff, cómo Rubalcaba se asemeja a Guy de Gisborne y como la bruja Morgana nos evoca a Leire Pajín, la niña preferida del nuevo e implacable "Zapaterismo".
La mayor diferencia entre la pobre España actual y aquella triste e injusta Inglaterra es que en España no aparece por ninguna la figura de Robin Hood, un líder capaz de reunir en su entorno al frustrado y sufrido pueblo para devolverle la esperanza y la ilusión.
Aznar ha publicado un buen artículo en The Wall Street Journal, cuyos contenidos principales reproducimos. Su diagnóstico sobre España es certero, pero oculta que muchos de los dramas actuales se deben a que él, durante su mandato, no reformó lo que debía reformar, ni apoyó una política de regeneración de la democracia, ni mejoró los planes de educacación, ni liberó la Justicia de la tutela de los partidos, ni cambio los muchos comportamientos antidemocráticos de su partido, a los que contribuyó eligiendo "a dedo" a su sucesor.
El ex presidente del Gobierno español José María Aznar acaba de publicar un artículo de opinión en The Wall Street Journal en el que atribuye los problemas económicos de España a las decisiones adoptadas por el actual Ejecutivo y dice que "la única solución" es convocar elecciones.
"Allá donde voy la gente me pregunta lo mismo: ¿Qué le pasa a España? ¿Cómo es posible que en sólo unos años mi país haya pasado de ser 'el milagro económico' de Europa al 'problema económico' de Europa?", asegura el ex presidente del Gobierno al diario, propiedad de News Corp, un grupo perteneciente al magnate australiano Rupert Murdoch y del que Aznar es consejero.
En su opinión, la respuesta es que "España sufre la crisis política más seria de su historia reciente", de forma que "los problemas económicos y la falta de confianza en España son resultado de la carencia de credibilidad del Gobierno".
"La raíz de la crisis en España yace en las decisiones políticas tomadas en 2004 de abandonar la modernización que la sociedad española inició hace 30 años", afirma Aznar, quien sostiene que entonces el Gobierno rompió la composición del Estado, lo que llevó a que "diferentes áreas se enfrentaran entre sí" y el país se convirtiera en un territorio "muy difícil de manejar".
En el ámbito económico, señala que el Gobierno "abandonó su compromiso con la estabilidad presupuestaria y el proceso constante de reformas necesarias para seguir siendo competitivos".
"Estos errores económicos -añade Aznar- se pueden ver en las intervenciones arbitrarias del Gobierno en la vida empresarial, con un desprecio flagrante de las reglas del juego. También hemos visto un crecimiento sin precedentes del gasto público y subidas de impuestos".
Para Aznar, "sólo un nuevo Gobierno puede recuperar la credibilidad, y eso requiere elecciones generales".
"Con un nuevo proyecto político nacional y la aplicación de las políticas apropiadas España puede recuperar la confianza y credibilidad internacional, y el pueblo español puede recuperar la confianza en sí mismo y en su nación", asegura el ex jefe del Ejecutivo.
Aznar apuesta por "limitar el papel económico y social del Estado, erradicar organismos burocráticos y públicos, racionalizar el gasto público y reformar su estado del bienestar".
La difusión de este artículo se produce una semana después de que el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, transmitiera, también en uno de los medios financieros más influyentes de EEUU, el canal CNBC, un mensaje de confianza para calmar a los mercados y contener los ataques especulativos contra España.
Han olvidado que el liderazgo les obliga a ser ejemplares. Son cada día más altivos, injustos y traidores. Han convertido la democracia española en un caldo nauseabundo. Están provocando y escandalizando a unos ciudadanos que, por ahora, siguen siendo pacíficos, pero que un día, hartos de descaro y sinvergonzonería, saldrán a las calles para exigir que esos déspotas que abusan del poder se marchen a sus casas cargados de desprecio. Algunos de ellos, los más corruptos, deberán ingresar en la cárcel. La "casta" está llegando demasiado lejos. El pueblo cada día está más predipuesto a acoger con los brazos abiertos a quien enarbole en España la espada y la escoba para limpiar este país de cochambre. El pueblo está ya preparado para aplaudir hasta rabiar, cuando vea humillados a los políticos arrogantes e ineptos que nos han llevado hasta la pobreza y el fracaso.
España se parece cada día más a la corte de Versalles en vísperas de la decapitación del rey Luis. El descaro con que hacen las cosas y la arrogancia que exhiben los políticos son merecedoras de castigo y de oprobio. El mismo día que se plantean bajarnos las pensiones y alargarnos el periodo de cotización, ellos, "la casta", se aprueban pensiones de oro con tan solo 7 años de ejercer el "duro" trabajo político. un trabajo que consiste, básicamente, en decirle siempre "sí" al líder y en pulsar el botón del voto en el Congreso y en el Senado. El mismo día en que nos recortan otro derecho y liquidan otra conquista, permiten a los bancos prejubilar a los suyos a los 52 años, con el dinero de nuestro ya agobiantes impuestos, con el 80% de la pensión. Pocos días antes eliminaron los 420 euros que cobraban los que ya están al borde del suicidio o la delincuencia. Son auténticos déspotas y tiranos en acción, una "casta" que es incapaz de dar ejemplo, merecedora del desprecio de los demócratas y del oprobio ciudadano.
Se sienten seguros, bien custodiados por sus jaurías armadas y por los aparatos mediáticos de propaganda, expertos en el engaño y la tergiversación. Sin embargo, ahí están las imágenes del pasado, que demuestran que no están tan seguros: Carlos I de Inglaterra, Luis XVI, el Zar Alejandro, Nicolae Ceaucescu y otros muchos.
El pueblo español es pacífico y sufrido, pero todo tiene un límite. La desvergüenza de nuestros políticos es provocadora y nauseabunda, tan injusta que es capaz de convertir en fieras a los tranquilos y sufridores españoles, casados de ver como la austeridad, el sacrificio y las privaciones son para los ciudadanos, mientras que la odiosa casta política es incapaz de renunciar a sus privilegios.
Han perdido la decencia, han perdido el norte, han abandonado la ética en la cuneta y se han convertido en indignos. Ya no tienen la altura suficiente para dirigir a un pueblo.
Durante años lo han invadido todo, lo han comprado todo y han arruinado casi todo lo que han tocado. Han comprado, con dinero público, voluntades y doblegado dignidades; han entrado en las cajas de ahorros, perlas de gran prosperidad en el pasado, y las han arruinado; han entrado en las universidades y dominado la enseñanza, convirtiendo la educación y la formación en España en una de las mas deleznables del planeta; han invadido la sociedad civil y la han dejado al borde del coma; han comprado con subvenciones y contratos a los sindicatos, a los medios de comunicación y a miles de asociaciones, fundaciones y empresas, dejando al país sin fuelle; han utilizado el dinero público para corromper; han repartido ayudas y subvenciones a los amigos y las han negado a los adversarios; han trucado concursos públicos; han colocado a los amigos del partidos y a sus familiares en el Estado; se han enriquecido sin poder explicarlo, acumulando mucho más dinero del que ganaban oficialmente.
La casta política española es digna de desprecio y merecedora de castigo, sin que los ciudadanos jamás les perdonemos.
Como no hay Justicia, ni poder ciudadano, quizás sólo tengan que pagarlo en las urnas. Pero ahí debemos esperarles y hacerles pagar los daños causados, las amarguras ocasionadas, la inmensa tristeza y desesperación que han esparcido por las tierras y pueblos de España. Debería acabarse ese juego siniestro de premiar a la oposición para castigar al gobierno. Un ciudadano español decente jamás debe dar su voto a un sinvergüenza, ni a un injusto, ni a un arrogante, ni a un político que no sea ejemplar.
Nuestro deber de ciudadanos libres y demócratas es coger la escoba y barrer la inmundicia... lo antes posible, antes que la inmundicia nos sepulte a todos.
La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA) ha informado que el 29,3 por ciento de los andaluces vive en la pobreza, ha denunciado la insensibilidad de los gobernantes ante las desgracias de los ciudadanos y ha reclamado, entre otras medidas, la puesta en marcha de la Ley de Inclusión Social, que está incomprensiblemente paralizada desde hace doce años.
El empobrecimiento de Andalucía es veloz y parece imparable. La sociedad andaluza depende demasiado de la Junta de Andalucía, que acaparaba riqueza para dominar a los ciudadanos. Cuando la Junta ha dejado de tener dinero para repartir, Andalucía avanza de manera imparable hacia la pobreza.
La APDHA ha afirmado que «si se salió al rescate de la banca se tendrá que salir al rescate de la ciudadanía». Sin embargo, los socialistas en el poder demuestran que son insensibles ante las necesidades del pueblo y que lo único que les interesa es mantenerse en el poder para seguir
disfrutando de los privilegios y ventajas que extraen del erario público.
La pobreza avanza inmisericorde por toda España, un país donde ya hay cinco millones de desempleados y casi diez millones de pobres. Cuando Zapatero llegó al poder, España era la octava potencia mundial y la economía europea que más crecía y más puestos de trabajo creaba, pero después de seis años de socialismo, España está arruinada, endeudada y carcomida por la pobreza, la desconfianza en el poder y el espíritu de derrota.
En una rueda de prensa con motivo del 62 aniversario hoy de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el coordinador del área de Marginación de la APDHA, Pablo María Fernández, ha afirmado que "La actividad de nuestros parlamentarios está más preocupada de los intereses y antojos del capital con más recortes sociales y privatizaciones, que del cumplimiento real de los Derechos Humanos, como la vivienda, la renta básica, la salud, la educación y el trabajo".
El número de desahucios en España, desde que en 2008 estalló la crisis, superará los 500.000 cuando finalice este año 2010, lo que representa que medio millón de viviendas han sido arrebatadas a sus propietarios por´falta de pago, una brutalidad que el gobierno podría haber impedido si hubiera negociados condiciones especiales y años de carencias con las entidades bancarias, como se ha hecho en otros países.
Pero en España, como afirma la APDHA, los políticos parecen más interesados en sus privilegios que en la defensa de los derechos fundamentales y el cumplimiento de la Constitución.
Los pensadores y filósofos están de acuerdo en que el derecho al mando no puede justificarse más que por la superioridad. Desde el alba de los tiempos, la Humanidad se ha dividido en amos y esclavos. La mayoría de los hombres tienen tanto miedo y se sienten tan débiles que no han nacido para mandar, mientras que una minoría es capaz de dominar su miedo y posee el arrojo suficiente para dar órdenes. Estos, miembros de la "raza de los amos", siempre han gobernado a lo largo de la Historia, hasta que nacieron los partidos políticos e instituyeron "la dictadura de los mediocres".
Los reyes de la antiguedad conquistaban el poder con la inteligencia y la fuerza, demostrando que eran superiores. La lucha por el poder seleccionaba a los mejores, que eran los que lograban imponerse. Así se gobernó el mundo durante mucho tiempo Las monarquías hereditarias alteraron el proceso de selección natural, pero se mantuvo activo en la nobleza, donde los hijos mejores casi siempre lograban imponerse a sus hermanos menos dotados de inteligencia y fuerza.
El mundo ha sido gobernado dentro de esa dialéctica a lo largo de la Historia, hasta que los partidos políticos, tras degenerar la democracia y convertirla en un refugio donde podían medrar ineptos y rufianes, se apoderaron del Estado e instauraron una especie de dictadura de los mediocres, donde suelen gobernar personas escasamente dotadas, que nunca antes en la Historia habrían tenido la oportunidad de ejercer el mando.
El partido político es una herramienta infernal que ha demostrado que muchos mediocres e inferiores unidos pueden ejercer su dominio sobre seres superiores desunidos y desorganizados.
Por primera vez en la Historia, puede afirmarse que la política actual, la que ha acabado con la democracia y ha sembrado el mundo de corrupción e injusticia, no es fruto del dominio de los más fuertes sobre los débiles, sino del predominio de los mediocres y, muchas veces, también de los inmorales, sobre el resto de la sociedad.
El proceso de selección de los mejores y de los más inteligentes y fuertes, vigente en el liderazgo del mundo durante miles de años, ha quedado interrumpido tras la creación del partido político, que es una especie de organización disciplinada y mafiosa donde los mediocres han conseguido hacerse fuertes y tomar el poder para ejercer un dominio inédito sobre las masas.
Las consecuencias de estas nuevas dictaduras de los mediocres son aterradoras. La primera de ellas es que las actuales castas dirigentes, integradas por mediocres con escasa inteligencia y menos escrúpulos, carecen de ideas y de iniciativas brillantes para solucionar los grandes problemas de la Humanidad, como la violencia, la desigualdad, la inseguridad, la pobreza, el desempleo y otras muchas lacras, que siguen vigentes y sin solución.
Otra consecuencia es el divorcio entre los ciudadanos y una clase dirigente que únicamente sabe ganarse el favor de las masas mediante técnicas propias de los tiranos: mentira, engaño, dominio de los medios de comunicación y miedo.
El tercer gran resultado del poder de los mediocres es el hundimiento general de los grandes valores, como la fortaleza, el esfuerzo, la solidaridad, el respeto, la humildad y el amor, que nunca podrán ser promocionados o amparados por una clase política plagada de mediocres arrogantes, incapaces de poseerlos.
Los partidos políticos, al encumbrar y convertir en líderes a gente a la que el proceso de selección natural habría condenado al anonimato y, tal vez, al fracaso, se han convertido en organizaciones nocivas y en verdaderos enemigos del progreso por haber conducido al mundo por un camino equivocado, ya que la solución no consistía en sustituir a las viejas élites poderosas por una manada de torpes sin virtudes ni valores, sino en perfeccionar y garantizar el proceso de selección para lograr que realmente lo mejores y los más virtuosos alcanzaran el poder y pudieran gestionar el Estado en representación de la Humanidad.
Los resultados del último Barómetro Global de la Corrupción 2010, recientemente publicado por la organización Transparencia Internacional, son estremecedores y demuestran que la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles creen que están siendo gobernados por corruptos y delincuentes.
La democracia es un sistema político basado en la confianza en los líderes. Si esa confianza falla, no hay democracia sino tiranía, por mucho que se recurra a las urnas para nombrar dirigentes. Trasladado a la realidad, ese principio básico significa que cuando nada menos que el 80 por ciento los ciudadanos de un país creen que los partidos políticos que pueblan el Parlamento español son corruptos o muy corruptos, puede afirmarse que no existe democracia en España sino una tiranía desprestigiada y rechazada por el pueblo, que es el soberano teórico del sistema. Si a eso se agrega que la "clase política" siempre aparece en las encuestas como el tercer problema más grave del país, por delante, incluso, del terrorismo y de la inseguridad ciudadana, entonces ocurre que el sistema está en bancarrota y que quienes nos gobiernan lo hacen contra la voluntad popular, lo que equivale a tiranía.
Los resultados del último último Barómetro Global de la Corrupción 2010, recientemente publicado por la organización Transparencia Internacional, son sobrecogedores y muestran la radiografía de un país que se siente gobernado por delincuentes.
Ese sentimiento profundo de rechazo a los partidos políticos y a los gobernantes, ya enraizado en la sociedad española, es un síntoma terrible de enfermedad y revela que la crisis política es en España todavía más grave que la económica y la moral.
Pero lo realmente grave en España, lo que convierte a este país en una cloaca, es que la "casta" política ni siquiera reaccione ante el masivo rechazo popular. Deberían sentirse avergonzados y tendrían que abandonar sus responsabilidades ante el desprecio y el rechazo de aquellos a los que dicen servir, pero no lo hacen y la única razón que explica esa indiferencia ante la voluntad popular, que es sagrada en democracia, es que son arrogantes opresores sin un gramo de democracia en sus venas.
El Barómetro de Transparencia Internacional, una organización sin énimo de lucro e independiente que está acumulando méritos cada año para ser galardonada con el Nobel de la Paz, revela que los ciudadanos españoles perciben un alto grado de corrupción en los partidos políticos, que resulta el sector peor valorado de la sociedad. Asimismo, un 73% cree que la corrupción ha aumentado en los últimos tres años, la misma media que Europa.
El informe destaca que la percepción que tienen los ciudadanos sobre la corrupción de los partidos políticos es de 4,4 sobre una puntuación que va desde el nada corrupto, que se sitúa en 1, hasta el muy corrupto, que llega al 5. El fenómeno del rechazo a los partidos no es exclusivo de España y afecta a Europa y buena parte del mundo, aunque el gobierno de Zapatero es, con gran diferencia, el más impopular y rechazado de toda la Europa democrática.
Tanto la valoración española como europea de los partidos ha empeorado considerablemente respecto al anterior Barómetro Global de la Corrupción, ya que en aquel informe la percepción de corrupción de los partidos españoles se situaba en 3,6.
En cualquier caso, el patrono vitalicio de la Fundación Ortega y Gasset, Antonio Garrigues Walker, ha destacado que los "ciudadanos no creen en los líderes, ya sean políticos, económicos o eclesiásticos", por lo que éstos "están cada vez peor valorados".
A juicio de Garrigues Walker, el sistema judicial español "es lento y no tiene capacidad de reacción" por lo que si se dilatan los procesos de lucha contra la corrupción, ésta se "complica de manera especial".
Según los datos globales del Informe, de cada diez personas, ocho sostienen que los partidos políticos son corruptos o sumamente corruptos y la mitad de las personas entrevistadas creen que las medidas tomadas por su gobierno para contrarrestar la corrupción son ineficaces".
El panorama es desolador y, si existiera decencia y razón en España, debería provocar la refundación de una "democracia" española que ya no existe porque ha sido sustituida por una ilegítima e indecente dictadura de partidos y de políticos profesionales, claramente rechazada por los ciudadanos.
En España, lo inmoral y lo delictivo no son la misma cosa. Esa contradicción es la que ha convertido el país en una cloaca política nauseabunda.
Aquellos que creen que la próxima y ya casi segura expulsión de Zapatero del poder solucionará los problemas de España, se equivocan porque el verdadero problema de España no es sólo el de un dirigente inepto, como el actual presidente, o el de un partido como el PSOE, experto en ruinas, que ha traicionado a sus ciudadanos y a sus principios, sino el de un estilo "inmoral" y a veces hasta "criminal" de hacer política, más digna de cárcel que de recibir votos ciudadanos en las urnas y de gobernar.
La palabra "criminal" no es un exceso, sino una realidad demostrable, porque muchos de los comportamientos políticos españoles están penados como delitos graves por nuestra ley y, con mucha más dureza, en la legislación de la gran mayoría de las democracias del mundo.
Es criminal multar y acosar a un comerciante por rotular el nombre de su negocio en el idioma español. No lo es menos lanzar a los recaudadores de los partidos para que exijan "comisiones" a los empresarios que reciben subvenciones o ganan contratos públicos. Esa práctica, generalizada en gran parte del país, se diferencia poco de la extorsión que practica ETA al exigir el "impuesto revolucionario" al empresariado vasco. También es delito elaborar listas negras y vetar a empresarios y profesionales en concursos públicos y subvenciones, únicamente porque son críticos o porque se niegan a pagar comisiones, como hacen muchas de nuestras administraciones públicas. Delito flagrante y atropello es otorgar puestos de trabajo "a dedo" a los familiares, amigos o pagar sueldos camuflados a militantes del partido, crear empresas públicas innecesarias, sólo para colocar a los paniaguados del poder o incrustar en los listados de un ERE a militantes del partido, para que cobren prejubilaciones, sin que jamás hayan trabajado en la empresa, como acaba de descubrirse en Mercasevilla, empresa pública dominada por el PSOE de Sevilla.
Hay otras muchas fechorías y marranadas que, aunque no sean delito en España, donde la legislación es más tiránica y corrupta que democrática, si lo son en cualquier democracia decente del mundo. Hablemos, por ejemplo, de pactar con partidos contrarios a la propia ideología, sólo para gobernar, sin haber informado previamente a los votantes, traicionando de ese modo el voto recibido, o pactar con otros partidos, como se hizo en Cataluña, sólo para impedir que el adversario (PP) pueda llegar al poder.
Inmorales e indecentes son los miles de enriquecimientos injustificados de miles de políticos españoles, la impasibilidad de la fiscalía ante miles de delitos cometidos por políticos en el poder, la financiación de miles de ayuntamientos españoles a través del urbanismo salvaje, la utilización persistente de la mentira y del engaño como método de gobierno y mil fechorías más que convierten a España en una pocilga mundial maloliente.
No son delictivos numerosos comportamientos de los políticos españoles, pero sí son humanamente deleznables y democráticamente sucios, como el que sean los partidos los que elaboren listas cerradas e intocables de candidatos, impidiendo así a los ciudadanos ejercer su derecho sagrado a elegir a sus representantes, o que no exista control alguno sobre los fondos reservados, muchos de los cuales se han utilizado para enriquecerse, o el que los partidos nombren directamente a jueces y magistrados, violando así el vital principio de la independencia judicial, o el que los partidos hayan ocupado la sociedad civil, penetrando en espacios que la democracia les veta expresamente, como los sindicatos, las religiones, las universidades, los medios de comunicación, las cajas de ahorros y muchos otros, algunos fisicamente copados por los políticos, que se sientan en sus presidencias y consejos, otros controlados a través del dinero público.
Quizás no sea delito, pero debería serlo, arruinar a muchas cajas de ahorros españolas que, antes de que los políticos las coparan, eran magníficas y respetables instituciones. Algunos de esos políticos "asesinos" de cajas han repartido créditos a los amigos, los han condonado y han hecho desaparecer, como por arte de magia, cientos de millones de euros, sin que les haya ocurrido nada, con nauseabunda impunidad.
La calaña de nuestra "casta" es espeluznante, aunque, por fortuna, no todos los políticos son ratas de cloaca. Todos conocemos a empresas que sólo viven de las subvenciones y a otras que dejarían de existir si no recibieran contratos y subvenciones, como las que figuran en el expediente del caso Gürtel ¿Quién no conoce a gente marginada por un político, a familias amenazadas y a numerosa gente marginada y arruinada por voluntad de un político electo o alto cargo? Muchos conocen casos de gente que, para abrir su negocio, tuvo que pagar una comisión que se repartieron entre el intermediario y el partido o decenas de concursos públicos otorgados a dedo, al margen de la Ley de Contratos del Estado. Hay muchas empresas, proveedoras de los gobiernos, que se ven obligadas a "contratar" a amigos de un político o enchufados del partido, a cambio de un contrato. También hay gente que cobra sin trabajar, camuflada como asesor externo, a las que previamente se les ha pedido que se dén de alta como autónomos para poder "cobrar" cada mes, sin salir de su casa.
En mi primer ensayo político, titulado Democracia Secuestrada, preguntaba a mis lectores si les gustaría pertenecer a un club exclusivo en el que la mitad de sus miembros estuvieran implicados en delitos como la estafa, el uso fraudulento de tarjetas de crédito, malos tratos a sus esposas, entrega de cheques sin fondos y hasta sospechas fundadas de violaciones y pederastia. Después les decía que ese club no era un refugio de la mafia o una cofradía de ex presidiarios, sino nada menos que una fotografía fiel, extraída de informes policiales, del Congreso de los Estados Unidos de América (en tiempos de Richard Nixon).
Si el Congreso norteamericano, a pesar de que allí la Justicia es más severa e independiente, los controles a los políticos son decenas de veces más intensos que en España y donde los diputados no gozan, como en España, de práctica impunidad, llegó a ser así de nauseabundo, ¿Cómo ha podido llegar a ser, desde una óptica delictiva, el Congreso de los Diputados en la degradada democracia española, una de las de peor calidad en todo Occidente?
Una anécdota para llorar y poner un sello de certeza a la baja estofa de nuestra "casta": una delegación de cinco o seis dirigentes socialistas, encabezada por Alfonso Guerra, llegó a Roma, a finales de 1982. Los socialistas acababan de ganar las elecciones por mayoría absoluta y gozaban de gran admiración y respeto. Dos de los integrantes del grupo (Alfonso Guerra no era uno de ellos) se "enamoraron" de la mujer de un simpatizante socialista que vivía en Roma y que los recibió en su casa con todo cariño y admiración. Después de la cena, los dos altos cargos le pidieron "prestada" a su esposa para "pasar la noche". El militante, indignado, les dijo que eso era una indecencia y se negó. Le dijeron que entre los socialistas no existe propiedad alguna sobre las mujeres y que ellos, como socialistas, practicaban el amor libre, insinuándole que si quería recibir un "cargo" en España, debería acceder.
No voy a revelar el nombre de aquellos cerdos, ni voy a contarles el desenlace de aquella historia indecente y sucia, pero si les diré que cuando la conocí de primera mano comprendí que las elecciones de 1982 habían abierto las puertas del poder en España, junto a gente honrada que creía en las utopías y valores, a algunos miserables, auténticas ratas de cloaca.
Tres de los integrantes de aquella delegación siguen siendo representantes electos en algunos de nuestros parlamentos, entre ellos uno de los dos que pidió prestada a la esposa del joven socialista, al que, posteriormente, le aconsejé personalmente que no pidiera, como pretendía, la militancia en ese partido porque, aunque aquellos tipos fueran socialistas destacados, merecían la etiqueta de canallas.
Zapatero no es el presidente de un gobierno, sino el jefe de un equipo de demolición.
Como mucho, faltan 15 meses para que España eche a Zapatero del poder y se libre así de una de las peores pesadillas de su historia como nación. Con Zapatero saldrá del poder también el PSOE, un partido que se ha hecho experto en arruinar a los españoles. La salida de Zapatero del poder, con independencia de quien sea el que le suceda, es ya parte de la solución del drama, una esperanza y una ilusión para la inmensa mayoría de los españoles.
La situación de España es tan mala y el hundimiento del país es tan vertiginoso que un cambio de gobierno es ya cuestión de vida o muerte. Zapatero no preside un gobierno sino un equipo de demolición. España se encuentra en uno de esos momentos dramáticos en los que la alternancia en el poder, por sí misma, es saludable y terapéutica. Con sólo librarse del gobierno que ahora soporta, España ganará energía, alegría, esperanza, ilusión y futuro.
A pesar de que las encuestas revelan que es rechazado por más del 80 por ciento de los ciudadanos y de que ha perdido casi todo su credibilidad y prestigio, Zapatero, tal vez el más inepto y dañino de los gobernantes españoles en los dos últimos siglos, se niega a dimitir y nos obliga a esperar 15 meses más, hasta las elecciones generales de la primavera de 2011, para echarlo del poder. El "caso Zapatero" será estudiado en la historia de la ignominia política mundial como el de un pueblo iluso, que creía vivir en una democracia, pero que fue obligado a soportar a un líder dañino, sin quererlo, porque la Constitución española en lugar de consagrar un sistema de libertades democráticas generó una sucia dictadura de partidos.
La etapa de Zapatero en el poder, una de las peores pesadillas de la España moderna, constituye la prueba y la constatación del fracaso de un sistema político, que obliga al pueblo soberano a soportar, en contra de su voluntad política, a un incapaz que ha conducido a su pueblo hasta el desempleo masivo, la pobreza, el fracaso, la división y la tristeza.
Algunos ciudadanos "contaminan" el debate sobre la perentoria sustitución de Zapatero argumentando que la oposición, también con carencias democráticas y más cercana a la partitocracia que a la democracia, no merece tomar el relevo. Sin embargo, aunque sea cierto que la oposición no ha hecho méritos para ganarse la voluntad del pueblo, cuando uno tiene una serpiente apretándole el cuello, lo primero que debe hacer es liberarse del anillo opresor, sin pensar que después podría llegar una serpiente todavía mayor. El "zapaterismo" es tan demencial y nocivo que el primer deber de un demócrata es sacudírselo, antes y por encima de cualquier otra consideración.
La experiencia del "zapaterismo", con la instauración de la mentira como método de gobierno, el avance de la corrupción y la destrucción del Estado de Derecho y del Estado de Bienestar, es la más clara demostración de que la democracia española necesita una refundación que neutralice el poder absoluto de los partidos políticos y la dictadura de los ineptos y mediocres, apalancados en las élites de unos partidos políticos que ha dejado de representar la voluntad popular y el bien común para abrazar, de manera obscena, las ventajas y privilegios del poder.
Durante sus seis interminables años de gobierno, España ha pasado de ser la octavo potencia económica mundial y un país envidiado por su prosperidad a una nación endeudada, económicamente enferma, con un futuro oscuro y con sus calles llenas de desempleados y pobres. Pero la "obra" de Zapatero ha ido todavía más lejos porque se ha cargado también el prestigio internacional de España, gran parte de la cohesión nacional que existía, muchos de los valores de la sociedad, gran parte de los logros y conquistas sociales alcanzados en los últimos años y hasta el prestigio de la democracia como sistema.
Bajo su mandato, la corrupción ha penetrado hasta en las entrañas de la nación, sobre todo en el sector público, que ha perdido prestigio y respeto. En su etapa, la "casta" política se ha convertido en el tercer mayor problema de la nación y empieza a ser más odiada que rechazada por unos ciudadanos decepcionados y cabreados porque, siendo los soberanos del sistema, ni siquiera pueden quitarse de encima a un gobierno inútil, mientras que él mismo Zapatero, demostrando una caradura desconocida en la esfera democrática mundial, se mantiene en el poder y se niega a dimitir a pesar de que es rechazado por más del 80 por ciento de los ciudadanos.
Cuando se acerca ya el día soñado de su derrota en las urnas, crece a diario el número de españoles que creemos que no basta con arrojar a Zapatero del poder sino que hay que tomar medidas para que quien cause daños a la patria los pague y para que nunca mas en el futuro otro gobernante dañino pueda arrastrar a los españoles, contra su voluntad, hasta el abismo y la derrota.
La "refundación" de la democracia española es tan urgente casi como la expulsión de Zapatero y de su equipo de demolición de España.
A la larga lista de errores y daños causados por Zapatero a España hay que agregar ahora un nuevo "blasón", el de su comportamiento baboso ante el Imperio Americano.
La ya pobre imagen y el pésimo prestigio de Zapatero como dirigente de una España mal gobernada, que avanza hacia la pobreza y el fracaso, se hunden todavía más tras publicarse las revelaciones de WikiLeaks sobre las relaciones entre el gobierno de España y Estados Unidos, con un Zapatero que se "arrastra" mendigando amistad ante el gobierno de Bush, ofreciéndole más implicación española en la guerra de Afganistán, libertad de vuelo para los aviones de la CIA, acoger presos de Guantánamo y más presencia militar norteamericana en la base aeronaval de Rota.
WikiLeaks es un fenómeno mundial que merece el apoyo de los demócratas, sobre todo porque, además de destapar secretos gubernamentales que, según las reglas de la transparencia democrática, siempre deberían conocer los ciudadanos, está descubriendo ante la opinión pública mundial que los gobiernos mienten por sistema y que hay demasiados sinvergüenzas y mediocres gobernando el mundo.
La imagen de Zapatero mendigando amistad ante Estados Unidos es nauseabunda para cualquier español demócrata o para quien al menos conserve un poco de orgullo. Algunas de esas imágenes fueron captadas por las cámaras, para vergüenza de España, como las que retrataban a un Zapatero que perseguía sin éxito a Bush en las cumbres internacionales, sólo para darle la mano. Cuando Busch dejó de ser presidente, dijo al embajador de Obama con un servilismo inaceptable: "Todas las puertas están abiertas para usted".
Lo que retrata WikiLeaks y publica "El País" es, con toda crudeza, la imagen de un pedigüeño que se arrastra sin dignidad en busca del perdón del amo.
Presiona a Moratinos con histeria para que "consiga" el perdón de Bush, moviliza a su pretoriano personal, Bernardino León, para que negocie ante los norteamericanos concesiones impensables en un político de izquierdas, como una alianza mayor, más presencia española en la guerra de Afganistán y un incremento gratuito de la potencia de las bases USA en territorio español. Zapatero se siente desolado porque no tiene el favor de Estados Unidos. Su imagen es patética, sobre todo porque ha sido él mismo el que ha destruído la alianza, al retirarse sin diálogo ni negociación del escenario de Irak, al recomendar en Tunez que otros países hicieran lo mismo y, años antes, al permanecer sentado cuando la bandera de los Estados Unidos desfilaba por el paseo de la Castellana.
A la larga lista de errores y daños causados por Zapatero a España hay que agregar ahora un nuevo "blasón" el de su comportamiento baboso e indigno ante el Imperio,
WikiLeaks ha contado la patética entrevista de Moratinos con el embajador americano, en la que el español se queja de que siendo España la octava potencia mundial, Estados Unidos la trata como un país de quinta fila, pero lo que no ha contado WikiLeaks es algo mucho más grave, que ya contó Voto en Blanco hace cuatro años en numerosos artículos de aquella etapa: que el antiamericanismo barato de ZP le costó a España muchos miles de millones de euros porque, por su culpa, España quedó marginada de contratos que ya había pactado Aznar, como el del mantenimiento de toda la flota americana del Mediterráneo en puertos españoles, varios contratos de ventas de equipo a Estados Unidos, contratos de aprovisionamiento a Irak y muchas exportaciones de productos españoles a terceros países que, por incorporar tecnología USA, fueron vetados por Washingtom, entre ellos una suculenta venta de equipos militares a Venezuela.
Ningún español, por muy sometido y abducido que se encuentre por el PSOE y por la degradación política puede sentirse orgullo de este español, que se llama Zapatero y que se arrastra sin dignidad ante los USA.
La "fechoría" que los totalitarios quisieron perpetrar en Honduras está olvidada. Zelaya es un "residuo" y Hugo Chávez ha sido derrotado, lo que representa un éxito para la gente de bien y la democracia. Los que apoyaron al presidente que quería instaurar la dictadura personal bolivariana en Honduras, entre ellos el español Zapatero, deberían pedir perdón. Honduras ha dado un ejemplo a muchos países, incluídos algunos con aureola democrática. Enhorabuena.
Mi amigo Pepe es radical y poco amigo de las cobardías e hipocresias. Cuando escribe artículos en la prensa, a veces se los rechazan porque el responsable de las páginas editoriales siente vértigo ante sus claras y firmes verdades. Sus clases en la universidad son un modelo de rigor, sin concesiones a las mariconadas y traiciones. Dice que lo peor de la España actual es la cultura "progre", incapaz de defender un sólo valor o principio sólido. Si sigue así encontrarán la forma de echarlo o de prejubilarlo.
Me lo encontré la semana pasada. Venía de la biblioteca de la Universidad y me disparó a bocajarro: "Me voy de España. Emigro a Honduras. En ese pequeño y pobre país, en cualquier reparto de Tegucigalpa o San Pedro Sula, hay más dignidad y decencia que en toda la España de Zapatero, plagada de cobardes y de corruptos. Los hondureños han dado un ejemplo mundial de rigor democrático y de respeto a la Constitución expulsando al fantoche Zelaya, un vulgar sometido a Hugo Chaves, pero Zapatero y sus "progres" quisieron devolverle el poder, sin importarles que el pueblo hundureño se haya pronunciado en las urnas".
Aunque si yo tuviera que exiliarme preferíría ir a Italia o Estados Unidos, me entraron ganas de irme con él a Honduras, al menos una temporada, entre otras razones porque me gustaría felicitar personalmente a los hondureños por su gesta, por haber defendido su Constitución frente a los neofascistas bolivarianos del "Socialismo del Siglo XXI", una jauría dañina que está operando an Latinoamérica como un cáncer maligno, por haber resistido con envidiable firmeza ante el rastrero acoso de los antidemócratas de medio mundo.
Antes de separarnos, coincidimos y nos alegramos de que en la Cumbre Iberoamericana de Lisboa los defensores de Zelaya, con Zapatero y el rey Juan Carlos a la cabeza, hubieran sido derrotados y no lograran arrancar, como querían, una declaración de apoyo al depuesto Zelaya, el amigo del totalitario Chávez y de los hermanos Castro, dictadores de Cuba. Pero también nos entristecimos de que en la Cumbre Iberoamericana de Buenos Aires Honduras haya sido marginada, bajo el pretexto de que hay que condenar los golpes de Estado.
Los golpes son buenos o malos, según quien los dé y quién se lo den. Si es el pueblo el que se alza contra un tirano, el golpe no sólo es bueno, sino heroíco. Ese tipo de golpe está en la Ley Natural y aparece como derecho en algunas constituciones democráticas, con la de de Estados Unidos al frente.
El rechazo de los presidentes latinoamericanos al golpe de Estado no es una actitud democrática sino una defensa corporativista de sus puestos y privilegios. La lucha contra el gobernante inicuo no es un derecho sino un deber para cualquier ser humano decente y más todavía para los demócratas.
¿Qué van a decir dirigentes tan ajenos a la democracia y al sentir de sus pueblos como muchos de los que se reunen en las cumbres latinoamericanas? De la opresión sólo puede surgir opresión.
Toda medida excepcional encierra violencia y fuerza el sistema. La tendencia de Zapatero a utilizarlas es preocupante y dudosamente democrática.
El gobierno que preside José Luis Rodríguez Zapatero, además de ser el más inepto e ineficaz de la Historia moderna de España, ya es también el que más veces ha recurrido a la excepcionalidad y a la violencia. Es el primero que utiliza una medida excepcional extrema como el "Estado de Alarma", pero también es el que más veces ha recurrido al "veto" parlamentario, una medida excepcional y dudosamente democrática mediante la cual el gobierno impide un debate en el Congreso. Zapatero utilizó ese recurso nada menos que 79 veces, mientras que Felipe González lo utilizó cuatro veces y Aznar ninguna.
Hay razones y argumentos históricos y científicos para afirmar que cuanto más torpe e inepto es un gobierno, más tiene que recurrir a medidas excepcionales. Incapaces de solucionar los problemas con los recursos ordinarios, los gobiernos poco inteligentes tienen que recurrir a la violencia o a medidas extremas para gobernar. Por eso, numerosos pensadores, psicólogos y expertos en política creen que todos los dictadores de la historia, sin excepción, han sido poco inteligentes. La Historia demuestra hasta la saciedad que cuando un gobernante recurre a la fuerza para controlar a su pueblo no lo hace tanto por poseer un espíritu tirano como por torpeza, por incapacidad para gobernar con los recursos ordinarios, sin recurrir a la fuerza. Existe otra sentencia sabia, apoyada en la Historia, según la cual "cuanta más fuerza exhibe un gobernante, más debilidad esconde".
Hay muchos juristas en España que opinan que la declaración del "Estado de Alarma" no estaba justificada y que recurrir a ella podría haber sido un abuso. Es cierto que hay otros que la justifican. Al final, serán los tribunales los que resuelvan. Pero lo que está fuera de duda es que quien recurre a medidas excepcionales en democracia siempre es un impotente y, muchas veces, tambien un desquiciado.
Toda medida excepcional es violenta y genera violencia. Obligar a trabajar a los controladores con militares armados en su entorno es un recurso extremo, poco adecuado en democracia, del mismo modo que es violento y poco democrático impedir un debate en el Congreso, sólo porque no le gusta a los que gobiernan. De alguna manera, es como matar moscas a cañonazos, o como acabar con ETA despoblando las Vascongadas.
Los controladores aéreos, torpes e incautos, al descargar torpemente sobre la población su odio al gobierno que les estaba acosando, han facilitado a Zapatero una victoria inesperada. Al abandonar sus puestos en las torres de control, han generado un conflicto que ha dejado en segundo plano la supresión de las ayudas a los parados de larga duración, un drama de la que hoy ya nadie habla, más grave, impopular y de mayor alcance que el caos aéreo. Su mala estrategia y sus nervios han permitido al gobierno acorrarlarlos, llevarlos a una emboscada y obtener una victoria fácil y popular.
Sin embargo, la militarización y el estado de alarma constituyen medidas de dudosa legalidad, excesivas para solucionar el conflicto que les ha servido de pretexto. Mas que para derrotar a los controladores, esas medidas representan una exhibición de firmeza ante el capital financiero internacional y el Fondo Monetario Internacional. Los acreedores de España, nerviosos por el pésimo gobierno de Zapatero, toman nota de que existe ahora en España un “hombre fuerte” (Rubalcaba), a quien no le temblará el pulso en la ejecución de cuantas medidas de ajuste deban acompañar a nuestra quiebra y colonización.
Los ciudadanos españoles, rehenes y víctimas de todo este nefasto liderazgo, deben tener encuenta que lo excepcional es siempre peligroso, especialmente para los torpes, que tienden a recurrir a ella con frecuencia, para lograr lo que son incapaces de conseguir dentro de la normalidad.
La democracia es, precisamente, lo opuesto a la excepcionalidad e incompatible con la violencia. La democracia es un un conjunto de leyes, normas y comportamientos ideados para que la sociedad funcione en armonía, incluso dentro de la discrepancia y el conflicto.
Por eso, no hay pensador o filósofo democrático que no crea que resolver los problemas con la fuerza y con medidas excepcionales es siempre un deslizamiento hacia la tiranía.
El gran riesgo que entrañan las medidas excepcionales de Zapatero es que el inepto se acostumbre a ellas y que las utilice para aplastar a sus adversarios. Hoy han sido los controladores, cuyo problema habría podido resolverse hace meses, contratando controladores extranjeros, formando a nuevos controladores o negociando con habilidad y firmeza. Pero ¿A quien le tocará mañana trabajar bajo la amenaza de las armas? ¿Contra quien emplearán después la violencia Zapatero, Rubalcaba y Pepiño?
España se enfrenta a un nuevo y terrible riesgo que, por desgracia, las masas, cargadas de odio contra los controladores y arrastradas por la envidia y el rencor ante los elevados sueldos de ese colectivo privilegiado, pasiones bajas alimentadas desde los medios de comunicación sometidos al poder, son incapaces de percibir.
Si los controladores han sido militarizados para evitar males mayores a España, ¿por qué razón no hacemos lo mismo con los gobernantes, que están causando males mucho mayores que los controladores? Las mismas razones que justifican aplicar a los controladores el "Estado de Alarma", sirven para aplicarlas a la "casta" política gobernante, causante de daños terribles a la nación y ejemplo mundial de ineficiencia y mal gobierno.
Si los controladores han sido obligados a ser eficaces y a asumir sus responsabilidades militarizándolos, ¿por qué no hacemos lo mismo con los políticos gobernantes? Los daños que podían causar los controladores, paralizando el tráfico aéreo, han sido enormes, pero son ridículos comparados con los daños que están causando a España sus gobernantes: despilfarro, endeudamiento, pobreza, desempleo, corrupción, abuso de poder, desigualdad y un largo etcétera desolador que está colocando a España al borde de la derrota y del fracaso.
Los controladores han hecho una "Huelga Salvaje", pero el gobierno está haciendo, desde hace casi tres años, una "Ruina Salvaje" cien veces más dañina.
En justicia, los controladores, a pesar de la brutalidad de su huelga, merecen menos la militarización que los políticos porque mientras que los controladores al menos suelen cumplir eficazmente con su cometido, manteniendo seguros los cielos de España, los políticos incumplen su deber de gobernar con justicia y acierto y, con su incompetencia, están llevado a la sociedad española hasta la pobreza, el fracaso y la desesperación.
Dice Pepiño Blanco que los controladores son unos privilegiados, cuando los políticos son, con mucha diferencia, la casta más privilegiada de España, con sueldos desproporcionados, fueros especiales, pensiones de lujo, tarjetas de crédito a cargo del tesoro público, inmunidad práctica y mil ventajas más, más suculentas, esscandalosas e inmerecidas que las que gozan los controladores aéreos españoles.
Pepiño y Rubalcaba se han rasgado las vestiduras porque los controladores han abandonado su puesto de trabajo, pero ignoran el escándalo y la iniquidad que representa ver el hemiciclo de las Cortes españolas con frecuencia vacío, sólo con doce o trece diputados, cuando se discuten proyectos y leyes de gran importancia para la nación. Eso si que es "deserción" del deber en toda regla.
Si hablamos de insolidaridad, de arrogancia y de fracaso, los políticos también superan a los controladores y son más merecedores que éstos de un castigo ejemplar. Son ellos y no los controladores los que han endeudado a España hasta la locura, empobreciendo a las futuras generaciones, son ellos los que han creado cinco millones de parados, los que han despilfarrado el dinero público, los que están llenando las csalles de España de nuevos pobres, los que están demoliendo el Estado del Bienestar y los que han introducido la corrupción en las entrañas del Estado, cobrando comisiones, colocando a familiares y amigos del partido a cargo del erario público, otorgando subvenciones y contratos de manera arbitraria, falseando oposiciones para que las superen los amigos del partido y con otras mil fechorías que quedan impunes sólo porque ellos tienen el poder y hasta mediatizan la Justicia.
Los controladores, por su brutalidad y por el daño que han causado, quizás merezcan ser militarizados y castigados, pero todavía lo merecen con más razón los políticos gobernantes, que, por desgracia para España, no sufrirán daño alguno, merced a su impúdica y antidemocrática impunidad.
Hasta un periódico como La Vanguardia, que casi siempre apoya las posiciones de Zapatero, arremete esta vez contra la ineficacia del gobierno y destaca la culpa del Ejecutivo cuando dice: "Sorprende que el Consejo de Ministros, al inicio de un largo puente, aprobara el decreto ley para regular el horario de trabajo de los controladores sin tener prevista su reacción". Y agrega: "Otro elemento preocupante es la incapacidad del ministro de Fomento, José Blanco, de cerrar un conflicto que le acompaña desde hace más de un año".
Los controladores han sido obligados por la fuerza a cumplir con su deber. Quizás deberíamos hacer lo mismo con los que nos malgobiernan.
Hoy celebramos con vergüenza la "fiesta" de la Constitución en "Estado de Alarma". Bajo el liderazgo de Zapatero, el socialismo español ha desaparecido, tras haber sido aniquilado por una manada de lobos cuya única ideología es el poder y cuya única verdad es el privilegio.
Aquel socialismo humanista de Jaurés y León Blum, basado "en la conciencia de igualdad natural, nacido de la compasión y de la cólera que suscitan en todo corazón honesto los espectáculos intolerables de la miseria, el frío y el hambre" (León Blum citado por Jean Touchard) está a años luz de distancia del actual socialismo que lidera Zapatero, basado en el privilegio. El verdadero socialismo es humanista y ético, pero el que hoy gobierna España se basa en la adoración del poder y de sus privilegios.
El socialismo democrático nace para poner freno a los abusos del marxismo, que genera tiranía de la materia y de los políticos profesionales que gestionan el poder. Es el conocimiento, junto con la información veraz, lo que permite al verdadero hombre socialista cambiar la historia con una "acción creadora", una filosofía que se encuentra en las antípodas del "Zapaterismo", que se ha transformado en una perversión del socialismo dominada por la mentira, la desinformación, la opacidad y todos los recursos que propician la oscuridad, la desinformación y la confusión.
Si en la militancia socialista española quedaran en pie algunos de los viejos valores, aunque fuera de manera residual, el Zapaterismo nunca habría sido posible. Un sistema así de perverso, basado en la oscuridad y el engaño, sólo puede prosperar sobre tierras abonadas con pobreza mental, espíritu de revancha y odio al adversario y a todo lo que impida el control del poder y el dominio.
Fechorías como las alianzas contra natura para mantenerse en el poder, la compra de votos nacionalistas con dinero público, la mentira reiterada y convertida en política de gobierno, la entronización de la corrupción en el sector público, el estímulo de la desigualdad, las agresiones contra la Constitución y otras muchas, causantes de dramas como la pérdida e la confianza ciudadana en el liderazgo político, el desprestigio de la política y del sistema, el hundimiento de los valores y el fracaso de la economía, con el consiguiente auge del desempleo, la pobreza, el dolor y la destrucción de las capacidades productivas y creativas de la sociedad, obras del "zapaterismo", nunca podrían haber sido toleradas (y menos todavía apoyadas) por socialistas auténticos.
¿Cómo es posible seguir siendo socialista mientras se contemplan los "estragos" causados en España por Zapatero y sus acólitos? ¿Cómo puede un socialista convivir sin traumas con los concursos públicos trucados, con las listas negras de personas y empresas represaliadas por sus ideas, con la colocación masiva en las filas del Estado, nutriéndose de un agotado presupuesto público, de cientos de miles de militantes, familiares y amigos de militantes, gente privilegiada que desplaza a otros cientos de miles de profesionales y ciudadanos que no pueden acceder a ese trabajo únicamente porque no son "amigos del poder"?
Para descubrir toda la maldad antisocialista del zapaterismo basta comparar los hechos y fechorías del actual socialismo español con aquella descripción del socialismo que hizo un día el socialista belga Henri de Man, discípulo y continuador de las ideas de Eduard Berstein: "El movimiento socialista es a la vez el defensor de la democracia que la burguesía ha olvidado y el realizador del ideal cristiano que la Iglesia ha traicionado".
Es así como muchos entendíamos el socialismo y es la sucia traición del Zapaterismo a esos principios y al socialismo humanista y ético la que nos coloca cada día enfrente de Zapatero, combatiéndole con las ideas como lo que es: una terrible plaga ética y política para España.
WikiLeaks desvela la corrupción y la suciedad de la política y los políticos del mundo, dando una lección a los medios de comunicación del planeta, la mayoría de los cuales se han apartado de la verdad y de la democracia. Ninguno de esos grandes medios, cobardes y sometidos, se habría atrevido a hacer lo que ha hecho el medio fundado por el australiano Julian Assange. Además, la realidad demuestra que las informaciones de WikiLeaks son más creíbles y fiables que las informaciones y opiniones que proporcionan a sus audiencias miles de medios de comunicación entregados al poder o con informadores y comentaristas que ya han tomado partido y sirven más a los intereses de sus partidos policos respectivos que a los de la verdad y la sociedad.
Los documentos secretos publicados por WikiLeaks han puesto en evidencia que la suciedad y el engaño dominan la diplomacia de los Estados Unidos y de buena parte de los gobiernos del mundo, entre ellos el español. Esas filtraciones han confirmado, una vez más, el valor y la vigencia de la sentencia que en su día pronunció el periodista I.F. Stone: "Los gobiernos mienten".
Pero quizás la lección más contundente se la ha dado WikiLeaks a los grandes medios de comunicación del mundo, que, demasiado cercanos al poder establecido, sin relación alguna con la independencia y la verdad y sometidos al dictado de la publicidad, no han sido capaces, a pesar de contar con miles de periodistas a sueldo, de revelar los grandes secretos que ha aireado el australiano Julian Assange, fundador de WikiLeaks. Las revelaciones, de gran valor priodístico mundial, consagran al periodismo ciudadano y no profesional como más eficaz, democrático y vinculado a la verdad que el corrompido y comprometido periodismo tradicional.
En esta ocasión, WikiLeaks ha publicado una enorme cantidad de documentos. Se trata de cables diplomáticos del Departamento de Estado estadounidense, comunicaciones internas escritas entre embajadas de Estados Unidos de todo el mundo y el Departamento de Estado. WikiLeaks habla de la filtración como “el mayor conjunto de documentos confidenciales que jamás se hayan dado a conocer".
La labor de WikiLeaks es de gran valor para la democracia y un ejemplo para el periodismo mundial, demasiado alejado de la verdad y cómplice de los muchos corruptos que gobiernan el mundo. La verdad cruda es que ningún gran medio de comunicación actual se habría atrevido a publicar lo que ha publicado WikiLeaks.
Al publicar documentos y poner en evidencia la suciedad de los gobiernos, WikiLeaks ha prestado un gran servicio a los derechos humanos y a la democracia, defendiendo la verdad, impulsando la regeneración y fustigando a la inmensa manada de canallas que se ha infiltrado en el poder mundial.
El gobierno español que preside Zapatero es uno de los que aparece retratado en los documentos de WikiLeaks con tuda su miseria y déficit ético. Ante la opinión pública afirmaba que se oponía a los vuelos de la CIA sobre territorio español y garantizaba su apoyo a que los militares americanos que asesinaron al cámara español Couso, en Bagdad, fueran juzgados por los tribunales españoles, pero, por detrás, hacía justamente lo contrario: facilitaba los vuelos y presionaba a la Audiencia para que el caso del periodista fuera archivado.
Isidor Feinstein Stone (24 diciembre 1907 a 18 junio 1989), más conocido como IF Stone, fue un iconoclasta periodista de investigación, libre y tan osado y brillante que aparece siempre entre los 100 periodistas más destacados del mundo. Su sentencia "Los gobiernos mienten" se hizo famosa y forma parte ya de la "Biblia" del periodismo independiente y honrado del planeta.
El gobierno español quiere "demonizar" a los controladores por su actual protesta, que ha paralizado el cielo español para la navegación aérea y causado daños a cientos de miles de ciudadanos, pero, en honor a la verdad, hay que saber que el gobierno, arrogante, imprudente y autoritario, tiene también una enorme responsabilidad en lo ocurrido.
La gente grita en los aeropuertos "Gobierno dimisión, controladores a prisión", expresando así que culpan a los controladores y al gobierno del enorme caos aéreo desatado en España.
Los sindicatos CC.OO. y UGT han asegurado que el caos desatado con el cierre de prácticamente todo el espacio aéreo español se debe a la "irresponsabilidad" del Gobierno, que ha aprobado la regulación de la jornada laboral de los controladores en vísperas del puente de la Constitución y sin diálogo previo ni negociación con los afectados.
El secretario general de la Federación de Servicios Públicos de CC.OO., Enrique Fossoul, ha declarado que el Gobierno ha cometido una "irresponsabilidad" y un "error" al privatizar parte de AENA horas antes de comenzar el puente de la Constitución, incluyendo en el decreto la regulación de la jornada laboral de los controladores.
Consideró igualmente que la respuesta de los controladores, que han abandonado sus puestos tras conocer la noticia, es "una barbaridad" y "no se puede justificar". "Que cada uno asuma su responsabilidad", añadió.
Por su parte, el portavoz de UGT en AENA, Raúl Gómez, consideró también que la reacción de los controladores responde a la "postura desmedida" del Gobierno a la hora de establecer una jornada de 1.670 horas anuales y, "por primera vez", la obligación de cubrir 80 horas extraordinarias.
El portavoz de la Unión Sindical Obrera (USO) José Vía también atribuyó el bloqueo de los aeropuertos a una "reacción desesperada" de este colectivo ante la privatización de parte de AENA y la regulación de la jornada laboral de los controladores.
Eso sí, censuró emplear las bajas medidas como "huelga salvaje" y advirtió al colectivo de que ésta "irá en contra" de sus propios intereses. "Estamos de acuerdo en las protestas, pero no en el procedimiento", sentenció un portavoz.
Muchos analistas sospechan que el gobierno aprovecha este caos aéreo para "demonizar" a los controladores y desviar hacia ellos la atención de la sociedad española, atribulada por el verdadero problema de España, que es el mal gobierno de Zapatero y el avance inexorable del país hacia la pobreza, el paro y el fracaso. Algunos analistas opinan que el gobierno ha "provocado" con su torpeza esta explosión de los controladores, justo en vísperas del gran puente de la Constitución, cuando el daño al tráfico aéreo es mayor.
Muchos creen que el socialismo andaluz, hoy en claro declive, se hunde víctima de la corrupción, pero no es cierto. La única razón que explica el desastre socialista es la falta de dinero para mantener engrasado el entramado del clientelismo, la "lealtad" y el silencio cómplice.
Se equivocan los que creen que la corrupción ha sido la causa del hundimiento de un socialismo andaluz que hoy está en franca decadencia y que parece entregado ya a la idea de que perderá las próximas elecciones y tendrá que abandonar las madrigueras y cubiles del poder. En Andalucía ocurre como en la mayoría de los países: la corrupción afecta a la práctica totalidad de los partidos políticos, se incrusta en el sistema y llega a formar parte de él. Los socialistas andaluces, de hecho, han convivido con la corrupción, sin problemas, desde que murió el general Franco. La verdadera causa del hundimiento del "Imperio" no es otra que la falta de dinero para mantener la maquinaria del poder engrasada, las bocas cerradas y las lealtades garantizadas.
El socialismo andaluz no sabe gobernar sin dinero. Durante las tres décadas que ha permanecido en el poder, se ha limitado a repartir dinero, comprando poder, adhesiones, lealtades, voluntades y votos. Mientras existía dinero abundante, el entramado del clientelismo y de las lealtades y sumisiones funcionaba como un reloj, pero al final han sido tan soberbios e imprudentes que han creado un aparato tan enorme como insaciable, integrado por cientos de miles de enchufados y subvencionados, que es imposible mantener en estos tiempos de crisis. El entramado gigante que ellos han creado terminará por engullirlos.
Están pillados en una trampa mortal: no pueden subir todavía más los impuestos porque la sociedad se siente ya esquilmada, ni pueden endeudarse porque la vigilancia de las naciones ricas del mundo lo impide, lo que les conduce a contemplar con fatalismo e impotencia cómo su mundo se derrumba y como las lealtades y los amores se esfuman porque no reciben puntualmente su paga.
Es el precio que están pagando por haber creado un imperio con los pies de barro (más bien de euros), sin ideales, sin objetivos, sin apenas ideas, basado sólo en las adhesiones, lealtades, ventajas y privilegios que proporciona el dinero.
Al final, cuando el dinero deja de fluir puntualmente, como lo ha hecho durante décadas, los alcaldes protestan y se tornan rebeldes, las agrupaciones se hacen críticas y muchos militantes, que ven en peligro sus privilegios, empiezan a tener miedo del futuro y a perder cohesión y fe socialista. Lo mismo ocurre con los empresarios, los sindicalistas, los periodistas sometidos, que en esta tierra son miles, los profesionales y todos aquellos que doblaban la espalda ante el imperio porque recibían a cambio subvenciones, contratos, encargos, favores, filtraciones, privilegios y, en algunos casos, colocaciones en la Junta y dinero contante y sonante.
Al PSOE de Andalucía cada día le cuesta más trabajo mantener la disciplina entre sus huestes. Los escándalos, cuidadosamente ocultos durante muchos años, salen ahora a flote, como los que llevaron a la dimisión al secretario de organización del PSOE andaluz, Rafael Velasco, cuya esposa recibió subvenciones masivas de la Junta, o los que escandalizan a diario a los ciudadanos, como el del dirigente socialista de Jaén que, amparado en su relación con Gaspar Zarrías, ha cobrado más de 100.000 euros como prejubilado de la empresa Mercasevilla sin haber trabajado jamás en ella.
El nepotismo era parte del sistema, como quedó demostrado con las subvenciones de Manuel Chaves a la empresa donde trabajaba su hija Paula, o con los centenares de familiares de políticos socialistas que han sido colocados en el sector público. Por lo general, al haberse perdido los ideales y la utopía, el nombramiento para un cargo se aceptaba como una oportunidad.
Hace muchos años que la vida pública andaluza había quedado despojada de su fibra moral. Muchos concursos públicos se otorgaban a dedo, se elaboraron listas negras de adversarios a los que se les cerraba el paso para que no obtuvieran ni subvenciones ni contratos, las oposiciones fueron muchas veces trucadas, se crearon empresas públicas innecesarias, sólo para poder endeudarse más y colocar a más amigos y sometidos.
El sistema, jerarquizado hasta el detalle y bien engrasado, funcionaba como una máquina de guerra, aterrorizando a sus adversarios y atrayendo a los tibios. En la cúspide, el presidente de la Junta, que a la vez era secretario general del partido, era como un monarca absoluto, capaz de dictar leyes, de interpretarlas, de infringirlas y de otorgar condena o perdón, según los casos.
Pero, sin fibra moral, el Imperio, sin que nadie lo notara, se fue debilitando, hasta el punto de que únicamente estaba sostenido por un río de dinero, procedente de los impuestos y de las ayudas europeas, que parecía inagotable, pero que la crisis ha cortado sin piedad, poniendo de relieve las profundas debilidades y carencias del socialismo andaluz.
El imperio socialista andaluz estaba construido sobre una poderosa losa de dinero y sustentado por cuatro columnas básicas: el miedo, las lealtades compradas, los privilegios y favores para la "casta" y la inteligencia que emanaba de los mandos jerarquizados. El miedo al poder de la Junta y al partido detenía y paralizaba a los adversarios y convertía en sometidos a los que ansiaban medrar. Las lealtades compradas proporcionaban votos y un ejército ciego y fiel, integrado por colocados, empresarios, profesionales, intelectuales, periodistas, sindicalistas y una enorme masa interesada en que todo siguiera igual para que el río de dinero siguiera fluyendo. Los privilegios eran exclusivos para las élites y para la "casta" y consistían, casi siempre, en cargos públicos bien remunerados y dotados de toda la parafernalia que hace feliz a los mediocres: teléfonos móviles, coches oficiales, secretarias, dietas, ordenadores y, en algunos casos, viviendas oficiales, viajes, honores, cierta impunidad y relevancia mediática. La inteligencia era un producto que el sistema destilaba y que empleaba para fabricar argumentos y mentiras y para generar un entramado ideológico-cultural que convencía a los incultos y servía de justificación al "régimen".
Pero la falta de dinero está hundiendo el edificio, Los leales se rebelan, los subvencionados tienen miedo y las élites están cada día más inseguras, mientras que el dinero llega con cuentagotas, generando desesperación y una inquietud que nubla la inteligencia y hasta empieza a desarbolar la estructura jerarquica.
¿De qué se ríen a carcajadas? No es comprensible que, perdiendo popularidad y rechazados por su pueblo, sigan riendo. Sus risas son antidemocráticas porque colisionan con el sentimiento mayoritario de la nación, que es de llanto por nuestro país, conducido a la ruina por su mal gobierno. Son risas que contrastan amargamente con el dolor de los españoles y son una constatación visible y dramática del bajo nivel de la clase gobernante española. Ríen, probablemente, porque sus vidas están resueltas, pase lo que pase, algo que no pueden decir millones de españoles sufrientes y aterrorizados ante el presente y el futuro. Ríen mientras Europa entera les pide medidas urgentes que eviten la catástrofe. Nadie se fía ya de ellos en el mundo desarrollado. Algunos de ellos han mentido tanto que ya nadie les cree. Son un verdadero castigo para España. Sus carcajadas son impúdicas y carecen de sensibilidad y tacto. No es momento para risas en España, sino para tomar decisiones acertadas y, seguramente, amargas. Sus risas estridentes encierran una injusticia hiriente porque ellos son los principales responsables del desastre español. Deberían estar llorando por el daño que han causado a su pueblo. ¿Quién puede sentirse representado por esta gente? La existencia en España de un foso inmenso que separa a la "casta" política de la ciudadanía es uno de los mayores escándalos de nuestra Historia moderna y una vergüenza para la democracia. El foso que separa a los ciudadanos de los "nuevos amos" está formado por dinero abundante, impunidad, seguridad, privilegios, poder sin control y otras muchas injusticias insoportables para un pueblo, que, en democracia, siempre debe ser el "soberano". La soberanía del pueblo español es una quimera. Nos la han arrebatado nuestros dirigentes y ellos se la han quedado toda. Tienen más fueros y privilegios que la nobleza y el clero en tiempos del Absolutismo. Las carcajadas de los prebostes en tiempos dramáticos, con cinco millones de parados y diez millones de pobres en las calles de España, con una juventud sin futuro ni esperanza, con una Fiscalía que a veces mira hacia otra parte cuando detecta corrupción en la "casta", son una vergüenza en estos momentos y constituyen un escándalo que no deberíamos soportar. Esta gente se merece una jubilación cargada de oprobio. Se la han ganado a pulso, a costa de nuestro futuro, comportándose como predadores, olvidando que el liderazgo exige ejemplaridad, anteponiendo sus intereses al bien común, traicionando al ciudadano.
Todos ellos tienen motivos para llorar, más que para reir.
El Rey porque no puede seguir en silencio después de haber recibido un documento, firmado por los 61 empresarios más importantes del país, que representa una de las descalificaciones más contundentes a un presidente de gobierno español en toda la historia moderna. Hace mucho tiempo que el monarca debió captar el clamor de los españoles contra Zapatero y reaccionar en consecuencia, pero no lo ha hecho y, al no hacerlo, ha contraido graves responsabilidades con su pueblo y con la Historia. Es cierto que el rey se siente amigo del presidente, pero esa amistad no beneficia a España, ni debe impedirle sus obligaciones como jefe del Estado y árbitro supremo. Su papel constitucional es de segundo plano y de prudencia, pero cuando la patria arde (y ahora está ardiendo por culpa de la persistente ineficiencia frívola de Zapatero), su deber es llenar el horrendo vacío y actuar en el primer plano, de algún modo, al menos con presiones institucionales, para evitar la culminación del desastre.
Muchas menos razones para reir tiene Zapatero, un político fracasado, con uno de los índices de popularidad y aceptación más bajos de todo el Occidente desarrollado, que ha perdido la confianza, que es rechazado por su pueblo y que hoy constituye el mayor estorbo y el peor problema de España. Si hubiera sido demócrata y digno, habría asumido su fracaso y se habría marchado, convocando elecciones anticipadas, pero está demostrando ser un peligroso ventajista, un insensible y brutal dirigente político que, ignorando el bien común, renunciando a la grandeza y anteponiendo su interés al de la nación, ha decidido apalancarse en el poder "caiga quien caiga".
Los demás presentes en la foto tienen una responsabilidad menor que su presidente porque únicamente son seguidores del inepto. Sin embargo, todos ellos tienen el deber de anteponer el bien común a sus propios intereses, lo que equivale a abandonar un gobierno que causa estragos a la patria. Todos ellos deberían, al menos, a presionar a su líder para que deje de castigar a España, para que se marche y entregue al pueblo su derecho a decidir en las urnas sobre un futuro que Zapatero y su corte han teñido de negro.
Es cierto que los demócratas deberían alegrarse de que Zapatero, culpable en gran medida de la deriva independentistas e insolidaria de Cataluña en los últimos años, haya sido castigado en las urnas y su representante, José Motilla, humillado y expulsado del poder, junto con sus aliados de Izquierda Republicana e Izquierda Unida, pero esa victoria es pírrica y en modo alguno debe proporcionar satisfacción a los demócratas.
Desgraciadamente, los resultados de las elecciones catalanas han sido frustrantes para la democracia, la ética y la esperanza.
Han sido decepcionantes porque los ciudadanos no han recurrido a ningún tipo de voto de castigo al sistema, ni a los políticos, ni a nada de nada. Hasta la participación ha crecido. Los borregos siguen gozando en Cataluña de buena salud y hacen fila, disciplinadamente, ante el matadero.
Han sido desoladores, sobre todo porque ha sido elegido como presidente, con el apoyo masivo de los ciudadanos, un individuo cuyo partido se llevaba el 3% de las concesiones y su familia mantiene ocultos a la hacienda pública sus bienes. La sociedad catalana, al elegir como presidente a un personaje como Artur Mas, ha demostrado su profundo deterioro político y moral y la enorme distancia que le separa de la democracia y de la ética ciudadana.
Si a la elección como presidente del jefe de una banda de políticos bajo sospecha se agrega el éxito de un cretino como Laporta, acusado de apropiación indebida de bienes del Fútbol clun Barcelona, heredero del puesto de payaso que ejercía con tanto éxito Carod Rovira, los resultados son para llorar.
La mayor victoria en las elecciones catalanas ha sido para los que insultan a España, para los que difunden la infamia de que los españoles estamos expoliando a los catalanes y para los que, desde un nacionalismo disgregador e hipócrita, han crecido alimentando el odio, el revanchismo y el victimismo.
Hay muchos ilusos en España que han interpretado los resultados catalanes como un cambio positivo de rumbo, cuando la verdad es que reflejan el crecimiento del rechazo a España y el éxito de las políticas que estimulan el odio, la disgregación y la revancha.
El electorado catalán parece haber sido "abducido" por la política de baja estofa. En sus votos no se percibe apuesta alguna por la regeneración, ni por los cambios y reformas que España necesita para mejorar la calidad de su democracia. Parece que han aprendido a convivir sin traumas con la corrupción, el abuso de poder y los privilegios de una casta que está acabando con la prosperidad y la decencia. Como siempre, han funcionado el clientelismo, el nacionalismo, el victimismo, la revancha y un deseo extraño de cambio que se ha limitado a sustituir a un corrupto por otro, a un sátrapa por otro sátrapa.
La conclusión principal del proceso electoral es que ciudadanía no aprende y sigue apoyando con su voto a gente que ningún ciudadano decente dejaría entrar en su hogar y a las que ni siquiera debería atreverse a presentar a su esposa e hijos. De ese modo, la fosa que enterrará a España, cada día mayor, sigue ensanchando sus fauces, dispuesta a engullir a este país desgraciado, poblado por gente esclava, infectada de cobardia e inmoralidad.
A pesar de que Zapatero basó su política de poder en Cataluña, región a la que benefició y distinguió por encima de las demás, convirtiéndola en un "atentado" contra los principios de igualdad y solidaridad, su candidato, José Montilla, al lado del cual hizo campaña, ha sido derrotado y humillado. El PSOE catalán ha sido víctima del "efecto Zapatero" y ha cosechado los peores resultados de su historia.
Miles de candidatos socialistas a las autonómicas y municipales de mayo y a las próximas generales sienten terror tras comprobar que el "efecto Zapatero" es demoledor y se ha llevado por delante al PSC y a su candidato, José Montilla. Después de la experiencia de Cataluña, muchos socialistas piensan que hay que prescindir de Zapatero lo más pronto posible para evitar que su desprestigio hunda al PSOE.
Si Zapatero sigue en el poder, el socialismo perderá miles de ayuntamientos y será desalojado de cada una de las comunidades autónomas españolas, incluyendo a feudos tan sólidos como Andalucía y Extremadura. El nocivo "efecto Zapatero", como ha ocurrido en Cataluña, no sólo afectará a los socialistas, sino que se llevará por delante a toda la izquierda y elevará hasta el poder a una derecha que ha hecho muy poco por ganarse la confianza de los españoles.
Las urnas están demostrando y demostrarán, con una contundencia brutal, que Zapatero es el peor gobernante en los últimos dos siglos de la historia de España y un personaje claramente rechazado por la sociedad española, a la que ha llevado hasta la ruina, el desprestigio y la derrota.
Cataluña ha sido sólo el primer escalón de una escalera de dolor y de fracaso que se alza entre el socialismo español y el futuro.
La crisis, que ha puesto de rodillas a media España, con pensiones congeladas, descensos de sueldos, subidas de impuestos y caída en picado de las prestaciones sociales, no afecta a los partidos políticos y a los sindicatos, los auténticos privilegiados del "Zapaterismo", ni a los políticos y sindicalistas, los auténticos "sátrapas" del sistema, cuyos privilegios y ventajas en la España arruinada de Zapatero siguen siendo intocables.
Dedicar a los partidos políticos españoles 82.3 millones de euros de dinero público, una subvención pública record, en estos tiempos de crisis, como ha hecho Zapatero en sus recientes presupuestos para 2011, es una "fechoría" antidemocrática intolerable. Ante los ojos de los españoles, los políticos y los sindicalistas aparecen como parásitos, no como serrvidores públicos,. De ahí el notable hundimiento de su prestigio social e imagen pública.
Cuando la sociedad española, cansada de privilegios, corrupciones y chapuzas, exige a los políticos que los partidos y los sindicatos dejen de recibir subvenciones millonarias y vivan de las cuotas de sus afiliados, el insensible y provocador Zapatero opta, de manera incomprensible, por entregarles una subvención record.
Los sindicatos, una institución bajo sospecha, con su imagen por los suelos y cuya utilidad está cuestionada por la ciudadanía española, también recibe dinero a chorros de unos presupuestos públicos que son casi de guerra y de sacrificio para todos, menos para los políticos y los sindicatos, un escándalo bochornoso e intolerable para cualquier ciudadano ético y decente.
Cuando España está estancada y no puede crecer porque se ve obligada a dedicar más de 4 euros de cada diez a pagar los intereses de su monstruosa deuda y a subvencionar a los parados, el socialismo de Zapatero opta por provocar a los ciudadanos con injusticias lacerantes como la de incrementar hasta niveles inéditos la financiación de unos partidos políticos claramente despreciados y devaluados por la ciudadanía.
Mientras que los partidos y los sindicatos sigan ordeñando al Estado y se financien con dinero público, España será un coto de caza para la casta de los sátrapas. La democracia exige que partidos y sindicatos se financien con las aportaciones de sus propios afiliados.
Artur Mas hace demagogia y engaña a su pueblo cuando habla de que los impuestos de los catalanes sirven para pagar la "Gran Fiesta" que se ha hecho en la España de los últimos años. Miente y engaña porque oculta a los catalanes que la mayor fiesta de España ha sido la catalana y que todos y cada uno de los dramas y lacras de la España del presente, que son muchos, tienen en Cataluña su escenario más terrible y escandaloso.
La clase política catalana ha demostrado ser más corrupta e ineficiente que la de cualquier otra región de España; la imagen de Cataluña, envidiable hace años, está hoy por los suelos, enfrentada a buena parte de los españoles como consecuencia de la arrogancia y la insolidaridad de la casta política catalana; en Cataluña se han cobrado más impuestos a los ciudadanos y más comisiones ilegales desde los partidos, financiados con mayores dosis de corrupta ilegalidad que en cualquier otra autonomía española; el retroceso de la economía, consecuencia de la crisis y del mal gobierno, ha sido más intenso en Cataluña que en cualquier otra región española. Detrás de Cataluña, figura Andalucía como campeona de la mala imagen, la corrupción, el mal gobierno y la ineficacia.
Si algún lector quiere darse un "baño" de inmundicia catalana que visite el blog La Gran Corrupción, un muestrario sobrecogedor de irreegularidades, mafias y delitos, cuyos protagonistas casi siempre son los partidos políticos catalanes, protegidos por el sistema con una impunidad vergonzante y antidemocrática.
El nacionalismo, en Cataluña y en el mundo entero, siempre se ha nutrido del engaño y del victimismo y Convergencia i Unio no es una excepción. Artur más miente y engaña a su pueblo cuando promete un concierto especial que dote a Cataluña de un estatus especial ante Hacienda, con el fin de no pagar la "gran fiesta" de España. La verdad, cuidadosamente ocultada por el nacionalismo manipulador, es que no existe en toda España una fiesta más impúdica, corrupta y antidemocrática que la que ha protagonizado la clase política catalana en los últimos años, a costa de la prosperidad de su propio pueblo.
Lo único positivo que Zapatero puede transmitir a los 30 grandes empresarios españoles, cuando se reuna con ellos el sábado, es su dimisión. Si lo hace, habrá fiesta en España... y en Europa... y en los mercados... y, probablemente, también en el Cielo.
¿Para qué se reune Zapatero con los representantes de las 30 grandes empresas españolas? ¿Para decirles que no hay nada que temer, que España no será rescatada, como Irlanda? ¿Para hacerse una foto y exhibirse ante los españoles como si fuera un estadista, disimulando que es un inepto? ¿Acaso tendrá la osadía de decirles como deben gobernar sus empresas, cuando él ha fracasado como conductor de la gran empresa de todos, que es España? Medio país sabe que la reunión es un gesto de puro marketing, mientras que la otra mitad ya no cree en nada de lo que Zapatero diga o haga.
Los grandes empresarios de España saben ya que Zapatero es un cadáver ambulante que preside un gobierno zombie. También saben que los mercados lo consideran a él, personalmente, como el mayor obstáculo para la recuperación de la economía española. Tampoco ignoran que Zapatero ha perdido la credibilidad y el aprecio de su pueblo y que su popularidad es más baja que la del actual gobierno de Irlanda, que ha tenido que anunciar su dimisión tras haber aceptado el humillante rescate internacional.
La única noticia positiva que podría comunicar Zapatero a las grandes empresas españolas es su dimisión y la convocatoria de elecciones inmediatas, devolviendo al pueblo la palabra, entregando a los ciudadanos la llave del futuro que él nos ha arrebatado. Aunque los empresarios no se lo digan, esa sería la gran noticia esperada, la única que desataría la fiesta y despertaría la esperanza en esta España sufriente y crucificada por su mal gobierno.
Cuando estén reunidos, muchos españoles rezaremos para que los empresarios asuman su responsabilidad y le digan que debe marcharse. Ojalá se atrevieran a decirle otra verdad mayúscula: que hasta la misma democracia peligra si no se marcha pronto del poder. Si no lo hacen, tarde o temprano serán considerados frívolos y cómplices del drama que se avecina, un drama que algunos de ellos ya vislumbran. Sin embargo, lo más probable es que impere la cobardía y que nadie rompa la armonía hipócrita del momento. Ninguno se atreverá a decirle que es un gran fracasado, pero todos ellos lo saben porque sólo existe en democracia un fracaso mayor que el de ser repudiado por su pueblo, el de atrincherarse en el poder, cerrando los oídos a los deseos del pueblo soberano.
Algunos de los empresarios presentes ya se lo han dicho, aunque indirectamente, al reconocer que están pagando una gran factura en sus negocios internacionales por ser españoles. Nada menos que 16 de las empresas que han sido convocadas, entre ellas Telefónica, Banco Santander, BBVA, Acciona, Repsol, Iberdrola, Iberia y FCC, le han repudiado al entregar al monarca, el pasado sábado, en la Zarzuela, una carta donde se denuncia la postración de España y se piden cambios profundos, muchos de los cuales son, precisamente, los que Zapatero se niega a afrontar por miedo a perder votos.
A Zapatero ya no le funcionan ni la "magia" ni la mentira y su sonrisa no puede ocultar ya el profundo drama que él mismo ha causado a España, gobernándola como un adolescente mentiroso, torpe e inseguro. Aunque estén reunidos en la Moncloa, en el templo del poder gubernamental español, al otro lado de las puertas del palacio está la realidad de la España que sufre, con cinco millones de parados y casi diez millones de pobres, una sociedad que ha perdido la confianza en el liderazgo y la fe en el futuro, la España de los jóvenes sin empleo ni esperanza, una sociedad que hasta hace poco fue protagonista de un "milagro" económico que sorprendió al mundo, pero que hoy, bajo el mandato del peor gobernante español desde los tiempos de Fernando VII, es apenas una sombra triste y esperpéntica de lo que fue, un país envuelto por la corrupción pública y el mal gobierno, un pueblo avasallado por una casta política gobernante que ni siquiera es digna de respeto.
La frustración del Frente Polisario ante los abusos de Marruecos y la escasa sensibilidad mundial ante su "causa" podrían radicalizarlos y arrojarlos en brazos de Al Queda. Algunos think tanks y expertos en geopolítica de Francia y Estados Unidos barajan ya esa posibilidad, que, en el caso de culminar, introduciría un drástico y peligroso cambio en la correlación de fuerzas del Magreb y un auge notable del radicalismo y de la inestabilidad en esa parte del mundo, de gran valor estratégico.
La pregunta clave, en estos momentos, es saber si se están produciendo ya contactos entre el Polisario y los grupos de Al Queda en el Magreb, hasta ahora débiles, a pesar de sus secuestros y del control que ejercen sobre ciertos territorios de Mali y Mauritania.
Muchos sectores del Polisario y de la población saharaui están pidiendo la reaunudación de la lucha armada contra Marruecos, un enfrentamiento desigual, si se desarrolla en el ámbito de la guerra convencional, pero muy eficaz y temible para Marruecos si se traslada al terreno de la lucha de guerrillas, secuestros y golpes de gran efecto para llamar la atención en los países ricos y poderosos que dominan la opinión pública internacional.
De hecho, ya se están detectando movimiemtos entre reservistas y veteranos saharauis, cuya experiencia bélica en los pasados enfrentamientos con Marruecos es hoy muy valiosa. Los expertos creen que el Polisario podría contar con mas de 70.000 combatientes, una fuerza insignificante para una guerra abierta contra Marruecos, pero temible en un planteamiento militar de insurgencia y guerrilla,
El representante del Polisario en España, Bucharaya Beyun, ha declarado ante los medios que tienen armas y combatientes suficientes para ir a la guerra y que muchos sectores de la población están presionando para que se vuelva a combatir contra Marruecos.
Si el radicalismo prende entre los saharauis, que hasta ahora habían confiando en la ONU y en los buenos oficios de España y Estados Unidos para resolver su conflicto, Marruecos podría llegar a arrepentirse pronto de haber empleado la represión, la muerte y la tortura contra los saharauis en la toma del campamento de El Aaiún y en la posterior represión, acoso y maltrato de la población autóctona.
Hace días redacté una respuesta a un lector que, tras afirmar que le gustaba este blog, decía que a veces tenía un tono "elevado". En días precedentes, algunos lectores de Voto en Blanco dijeron que el blog "exagera". En principio, como es habitual en este medio, guardé silencio en aras de la prudencia y la concordia, pero cada día era más intenso el deseo de contestar y aclarar que este blog, que hoy parece "exagerado" o demasiado "agresivo" a algunos, será considerado como "light" y "moderado" dentro de un par de años, como mucho, cuando la sociedad española perciba toda la magnitud de la corrupción, todo el alcance de la suciedad que se esconde bajo las alfombras de esta mal llamada "democracia" española.
La siguiente fue la respuesta mencionada:
Sr. Enrique:
Dice usted que mi blog utiliza un tono "elevado", aunque afirma que le gusta. Otros lectores, en los últimos días, han dicho que exagero. Bien, mi respuesta es la siguiente:
Cuando escribí, en 2007, el libro "Políticos, los nuevo amos", muchos dijeron que exageraba, pero hoy el libro se ha quedado corto en sus críticas. Tres años después de su publicación, cuando la realidad que algunos vemos porque investigamos y reflexionamos a diario, es percibida por la mayoría de la sociedad, entonces las críticas y análisis que erran "exagerados" se convierten en light. Ocurrió exactamente lo mismo con mi siguiente libro, "Periodistas Sometidos", publicado en 2009, que incluía un análisis desolador del sometimiento de miles de periodistas y de editoras al poder político, del vergonzoso abandono de la verdad y de las traiciones del periodismo a la democracia y a los ciudadanos.
Lo mismo le digo de este blog. Le garantizo que dentro de un par de años, estas críticas y análisis que hoy suenan fuertes serán consideradas como prudentes y moderadas.
En Andalucía acaba de descubrirse un nuevo sistema de corrupción y, probablemente, también de financiación ilegal del PSOE, consistente en colocar a militantes en listas de prejubilados de empresas públicas sin que jamás hayan trabajado en ella. Gracias a ese "truco" corrupto y nauseabundo, dos personas ya han sido detectadas, después de haber cobrado más de 100.000 euros cada una. Pero habrá muchas más, dentro de esa bolsa corrupta y de otras muchas que ni siquiera imaginamos. ¿A donde van esos cientos de miles de euros cobrados con fraude, al prejubilado o al partido? Imagínese lo que descubriremos cuando los políticos no empleen todos los inmensos recursos del Estado (leyes, policía, servicios de inteligencia, presupuesto, tecnologías, etc.) para tapar las inmundicias. Le aseguro que quedaremos aterrorizados del nivel que alcanzó la corrupción y de la bajeza del sector público en España. No estoy hablando sólo de un partido, aunque el PSOE sea el campeon absoluto, sino de prácticamente todos, porque todos conviven fácilmente con la corrupción y todos se financian de manera ilegal o alegal, mientras que sus dirigentes disfrutan de una cuasi total impunidad.
Descubriremos enriquecimientos masivos de políticos, patrimonios ocultados, uso de fondos reservados para el enriquecimiento personal, abusos inimaginables en urbanismo, deudas perdonadas, prestamos condonados, venta de concesiones, concursos amañados y mil oposiciones trucadas con preguntas filtradas a los amigos, listas de prioridades alteradas y miles de canalladas más que hoy permanecen ocultas.
Si después de todo esto, sigue usted pensando que mi tono es "elevado", entonces me callo.
El deber de un intelectual no es reflejar la foto de su tiempo, sino anticiparse al futuro, abrir caminos para que el pueblo pueda transitar con información y capacidad de discernir.
Es lo que intentamos hacer cada día leyendo, atando hilos, buscando, entrevistando, empleando las neuronas, interpretando los indicios, escuchando a los descontentos y de otras mil maneras. Por desgracia, puedo asegurarle que España pasará a la historia mundial de la ignominia cuando se levanten nuestras alfombras, si es que algún día eso ocurre.
Un cordial saludo y gracias por leer este blog y por difundir su liberador y saludable contenido.
F. Rubiales
Sin la ayuda de intelectuales y periodistas, nunca será posible erradicar a la casta política actual, principal culpable de que la sociedad esté infectada de corrupción y plagada de sinvergüenzas y canallas.
Muchos creen que el Imperio del Mal es un concepto lejano que afecta a Irán, Cuba y otros países marcados por la opresión y el mal gobierno, o tal vez encarnado en personajes como Sadám Hussein, Pol Pot o el cruel Mao Tse tung, pero la verdad es que está entre nosotros, en nuestras propias sociedades occidentales aparentemente democráticas, presente y activo en un sistema que promueve el egoísmo y las bajas pasiones y que impide a la inmensa mayoría de la población practicar los valores y desarrollar sus capacidades y talentos.
El mal gobierno, ejercido por el liderazgo mediocre y miserable que anida en muchos partidos políticos, cada día más numeroso en nuestro mundo, es el culpable principal de que nuestra sociedad esté infectada de corrupción y plagada de sinvergüenzas y canallas que promueven la envidia, la avaricia, la división, la insolidaridad y el enfrentamiento entre los humanos.
Frente a la nefasta y poderosa cofradía del poder, dueña de los recursos del Estado y decidida a atrincherarse en los privilegios, incluso en contra de la voluntad popular, el ciudadano libre y decente está indefenso, hasta el punto de que sólo podrá cambiar la situación y regenerar la sociedad con la ayuda de intelectuales y periodistas, cuya influencia en la opinión pública es crucial y decisiva para acabar con le deriva sucia de la política mundial, a principios del siglo XXI.
La esencia del drama que nos envuelve consiste en que las élites que controlan el poder, en especial los partidos políticos, aliadas con quienes se benefician económicamente del sistema, están deformados y corrompidos por un poder que les convierte en monstruos morales que promueven en su entorno todo tipo de miserias, desde la incultura a la insolidaridad, sin olvidar la envidia, la mentira y el miedo, con el único fin de mantenerse en el poder y seguir disfrutando de sus privilegios.
Ante esa situación, la responsabilidad de los intelectuales y de los periodistas, los únicos sectores que tienen capacidad de influir en la opinión pública más que los mismos políticos, es proporcionar información plena y veraz para que los individuos tengan acceso a la verdad y puedan formarse sus propios criterios.
¿Cómo e posible que intelectuales y periodistas, en países como España, por ejemplo, se nieguen a denunciar la corrupción galopante que inunda los poderes públicos, y la incomprensible ineficacia del Estado, incapaz de soluciones los problemas de la sociedad, cuando hasta un niño puede detecta, a simple vista, el favoritismo, el clientelismo, la arbitrariedad, la arrogancia y los manejos antidemocráticos de las autoridades?
La culpabilidad de los intelectuales y periodistas es palpable e indiscutible, sobre todo en el Occidente libre, donde ellos gozan de la libertad suficiente para conocer y difundir la verdad.
El intelectual y el periodista, que tienen la responsabilidad de decir la verdad política a los ciudadanos, se resisten a hacerlo por temor a perder privilegios y recompensas. Para seguir disfrutando de la "protección" del poder sin perder sus ventajas, han desarrollado toda una batería de trucos y recursos fraudulentos, como aparentar objetividad, decir verdades a medias, eludir las acusaciones graves, evitar las verdades que ofenden al núcleo del poder, como denunciar la inexistencia de democracia o culpar a los partidos políticos de ser los mayores obstáculos para la regeneración.
Cientos de periodistas bien entrenados para confundir y diseminar niebla y confusión están actuando en las tertulias como "perros del poder", adscritos siempre a un partido u otro, difundiendo las verdades de los poderosos, que son muy diferentes de las verdades reales, que son las que exige la democracia e interesan al ciudadano.
La clave es hacer ver a la población que los problemas son muy complejos y que su solución está en manos de unas élites que controlan el poder, cuando la verdad es que los problemas son simples y que la solución está en cualquier lugar, menos en las élites, que son las culpables principales de que esos problemas existan y se enquisten.
Actuando de ese modo, operan más como policías del pensamiento, de manera más o menos voluntaria, sirviendo al poder como cómplices, situándose en los espacios del engaño y la propaganda, promoviendo en definitiva la confusión mental y el control ideológico de los ciudadanos.
Si los intelectuales y periodistas dejaran de dar cobertura a la mentira y tuvieran el valor necesario para denunciar la corrupción, las traiciones a la democracia y las arbitrariedades y manejos del poder, la partitocracia tendría que retroceder cubierta de vergüenza y la regeneración se abriría paso, empujada por los ciudadanos libres y decentes, abriendo las puertas a una democracia distinta, donde los ciudadanos, verdaderos soberanos del sistema, pudieran controlar al poder e imponer la ética y la eficacia en los representantes públicos.
Los sondeos reflejan que el Voto en Blanco podría ser la gran estrella de las próximas elecciones catalanas, superando el 9.1 por ciento de los votos (4.4 en las anteriores elecciones), lo que equivaldría a 12 diputados, tantos como el PP (9.6 por ciento) y sólo por detrás de CIU y del PSC. Si esos votos en blanco fueran computables, como propone la candidatura de "Escons en Blanc-Ciudadanos en Blanco", habría 12 escaños vacíos en el Parlament, símbolo del rechazo ciudadano a la baja calidad de la democracia en Cataluña.
El Voto en Blanco, según la encuesta que publica hoy "El País", es la fuerza que más crece, más que duplicando sus resultados en los pasados comicios, lo que podría convertirlo en el gran protagonista de la noche electoral catalana.
El Voto en Blanco es considerado por los expertos como una "bofetada" de los electores a los partidos políticos y a sus programas, como un acto de rebeldía ciudadana cuando la política está podrida y minada por la ineficacia y el abuso de poder.
Como en la débil y degradada democracia española los votos en blanco no tienen reflejo en el Parlamento, ha surgido un partido "Escons en Blanc-Ciudadanos en Blanco", que propone que el voto en blanco se compute y se traduzca en escaños, comprometiéndose a dejarlos vacíos para escarnio de un sistema que hace aguas por todas partes y que acumula cada día mayor rechazo ciudadano.
Sobre la propuesta de "Escons en Blanc-Ciudadanos en Blanco", el secretario general de ICV y candidato a la presidencia de la Generalitat, Joan Herrera, ha afirmado que no le parecería "una mala propuesta" que el voto en blanco en las elecciones autonómicas se reflejara en forma de diputados ausentes en el Parlament.
Aunque la coalición por el Voto en Blanco ha realizado su campaña sin apenas fondos y de manera precaria e imaginativa, utilizando Internet y más inteligencia e imaginación que espacios mediáticos, su propuesta, a juzgar por las encuestas, parece estar conectando con la frustración y el rechazo del pueblo catalán a sus políticos y partidos tradicionales, los que han llevado a esa región, antes próspera y citada como ejemplo de convivencia y capacidad emprendedora, a perder prestigio, a destruir una parte importante de su tejido productivo y a un deterioro general de la convivencia, los valores y la confianza en el poder.
Hoy se cumple el 35 aniversario de la muerte de Francisco Franco, un personaje que debería haber caído en el olvido pero al que la deficiente y fracasada democracia española está resucitando, cada día con más vigor, dotando a su figura de un prestigio que ni siquiera tuvo cuando estaba vivo. Aunque no lo haya pretendido, nadie ha hecho más por la memoria de Franco que José Luis Rodríguez Zapatero, artífice de la ruina actual de España.
El diario prosocialista "El País" decía con razón, en su edición del 19 de noviembre, que Franco sigue vivo en España, 35 años después de su muerte. Para demostrarlo, cita tres argumentos: el peso de la Iglesia, las fosas y la débil sociedad civil. Lo que ese diario ocultaba es que la verdadera razón de que el dictador siga vivo y presente en la sociedad española es el fracaso de la democracia en su tarea de construir una sociedad mejor.
Aunque todos los gobiernos han contribuido, de alguna manera, al fracaso de la democracia, ha sido el último, el que preside Zapatero, el que más daño ha causado al sistema, hoy desprestigiado ante los ojos de los ciudadanos, que están descubriendo con sorpresa que fueron engañados tras la muerte del dictador, cuando los políticos, en lugar de construir, como dijeron, una democracia, pusieron las bases de una sucia partitocracia donde los ciudadanos han sido marginados y son los partidos y los políticos los que han acaparado todo el poder, las ventajas y los privilegios.
Si al menos la democracia hubiera alcanzado logros en la convivencia, incrementado la cohesión, la justicia y los valores, logrado estrechar el foso que separa a ricos y pobres, creado un Estado racional y eficiente y garantizado la seguridad y la limpieza en los asuntos públicos, la aventura habría merecido la pena y no habría provocado la profunda decepción que atraviesa hoy a España, de parte a parte. Pero el balance de la mal llamada "democracia" es sobrecogedor, acumulando fracasos en educación, cohesión, unidad, seguridad, justicia, igualdad y en otros muchos capítulos.
La imagen dominante de España, 35 años después de la muerte de Franco, es la de un país con casi 5 millones de desempleados, donde avanza cada día más la pobreza, que ha perdido la confianza en sus gobernantes y que se asoma al futuro con miedo. Si a esa imagen lamentable se agregan el desprestigio de la casta política, la existencia de un Estado enfermo de obesidad mórbida y el preocupante avance de la corrupción, con cientos de miles de enchufados y amigos del poder, que parasitan al Estado sin aportar nada a cambio, y el lugar destacado que España ocupa en el ranking mundial del desempleo, la desconfianza ciudadana, el abandono de los jóvenes, la destrucción del tejido productivo, la prostitución, el tráfico y consumo de drogas, el blanqueo de dinero sucio, los abusos y privilegios de la casta política y otras lacras, puede afirmarse que la falsa democracia española, 35 años después de la desaparición del caudillo, lo ha resucitado y ha convertido la nostalgia en algo posible y creciente en algunos sectores del país que se sienten maltratados.
La inexistencia de una sociedad civil no es un fenómeno exclusivo del Franquismo. Hoy, en plena "democracia", la sociedad civil española está estrangulada y casi en estado de coma, tras haber sido ocupada sin misericordia por unos partidos políticos que carecen de control y que han entrado en todos los rincones y santuarios que les están vedados en democracia: religiones, medios de comunicación, universidades, sindicatos, cajas de ahorro, colegios profesionales, asociaciones, fundaciones, instituciones, empresas, cofradías y cientos de espacios que deberían ser independientes y servir de fermento a la sociedad civil.
Los logros más destacados de la democracia española son la ampliación de determinados derechos, la libertad de expresión, parcialmente neutralizada por el férreo control que el poder político ejerce sobre la opinión pública a través de sus aparatos de propaganda y del antidemocrático uso de los medios de comunicación, y la prosperidad, un fenómeno que fascinó a los españoles y al mundo entero durante las décadas de los 80 y los 90, pero que hoy, después de la desastrosa gestión de la crisis por parte de Zapatero y su gobierno, se está esfumando con una velocidad de vértigo.
A 35 años de distancia de la muerte de Franco, el verdadero debate en España debería ser el de la refundación de una democracia que ha resultado frustrante y fracasada y la firme voluntad de crear ahora una nueva, esta vez auténtica, en la que los políticos y sus partidos estén controlados por los ciudadanos, que son los soberanos del sistema, y en la que la corrupción, el abuso y la iniquidad estén castigados por las leyes, dictadas con consenso ciudadano y aplicadas por jueces independientes, ecuánimes y libres de politización.
El conflicto del Sahara y la vergonzosa sumisión de España a Marruecos han hundido todavía más a Zapatero, situando su prestigio e imagen en niveles insólitos e insoportables. Es ya el dirigente europeo peor valorado por su pueblo y uno de los más rechazados en todo el mundo.
Ha bastado el conflicto sangriento entre el sultán totalitario de Marruecos y los saharauis para que las miserias y carencias humanas y democráticas de Zapatero salgan a flote y luzcan con todo su horror y vergüenza. Su sometimiento a Marruecos es tan humillante que la sociedad española ha reaccionado como un resorte y se le ha puesto en contra, incluyendo a los incondicionales de la SER y de la ceja. Ni siquiera es concebible que un ser humano decente se sienta representado por semejante enano político y moral.
La imagen de Zapatero, ya dañada de manera irremediable por su incompetencia ante la crisis, por el desempleo masivo, el avance de la pobreza y otras cerencias como el recurso constante a la mentira y a enfrentar a unos ciudadanos con otros, se ha hecho añicos con el actual conflicto del Sahara.
Ángels Barceló, periodista de la SER y hasta ahora una de las más fieles pretorianas de Zapatero, tras haber sido expulsada de Marruecos por la policía totalitaria, ha dicho que "Es inadmisible que el Gobierno español solo pida que no expulsen a los periodistas".
El actor Javier Bardem, otro incondicional del "Zapaterismo", critica a Zapatero por anteponer "intereses" a "derechos humanos" y sostiene que "La actitud del Gobierno frente a Marruecos es vergonzosa y servilista".
Dentro del PSOE existe indignación y mucha oposición a la cobardía del gobierno, pero dentro de ese rebaño lanar siempre se guarda silencio y se impone el antidemocrático concepto de "lavar la ropa sucia en casa", eludiendo así la transparencia y la verdad exigidas por la democracia.
Prácticamente el país entero está indignado ante el rastrero espectáculo del gobierno español, que ha asumido como propia la increible versión oficial del reino vecino, a pesar de las imágenes, de los testimonios y de las pruebas presentadas por testigos de la brutal represión. Según Marruecos, sus tropas y fuerzas represivas entraron en el campamento saharaui para "defender" a las mujeres, niños y ancianos que habían sido secuestrados por activistas bien entrenados. Dicen también que entraron con tacto y que hubo bajas por ambas partes, sin mencionar muertes, desapariciones, torturas y cárceles oscuras, sin garantías para los detenidos.. Rubalcaba, al otorgar credibilidad a su colega marroquí y anteponer su versión mentirosa a la verdad, ha despreciado la defensa de los derechos humanos, se ha cavado su propia tumba y cerrado cualquier horizonte político en un país que si algo desprecia es el "espectáculo" de la cobardía pública, aunque millones de españoles practiquen esa cobardía a oscuras.
La bota de Marruecos aplastando a los saharauis ha tenido la virtud, insólita en una España dividida y moralmente degradada, de unir a todos contra el gobierno de Zapatero y sus "aliados" de Marruecos. En las manifestaciones y declaraciones contrarias al abuso marroquí están todos los partidos políticos, los sindicatos, los intelectuales, el grueso del periodismo y la practica totalidad de los demócratas y de la gente decente de España. Al lado de Zapatero sólo quedan algunos fanáticos incondicionales, algunos periodistas sometidos, que hace mucho apostataron de la verdad, y buena parte de los "colocados" por el poder, que ordeñan a diario al Estado español sin aportar nada a cambio.
Las encuestas, a partir de ahora, van a reflejar una nueva caida en barrena de Zapatero y su gobierno, cuya popularidad actual, la más baja de toda Europa y una de las peores del mundo, está por debajo de la que tuvo Bush al salir de la Casa Blanca y de la que ha obligado a Sarkozy a cambiar a su gobierno en pleno.
Con índices tan bajos de aceptación y con nueve de cada diez españoles que le rechazan, la única salida digna del fracasado Zapatero es la dimisión y la convocatoria de elecciones anticipadas.
Obligarle a irse pronto, antes de que culmine su catástrofe, debería ser la prioridad absoluta para todo ciudadano demócrata, digno y decente de este país.
Millones de alienados y corruptos en todo el mundo son incapaces de percibir hasta que punto están deterioradas la democracia y la convivencia. Son tan ingenuos que creen que la democracia se conquista, se instaura y se posee, cuando lo cierto es que hay que luchar cada día por conservarla, a veces en un cuerpo a cuerpo dramático con el poder degradado, que puede costar la vida.
La capacidad crítica y la rebeldía contra el poder establecido se han convertido en los dos rasgos dominantes de los verdaderos demócratas en este nuevo siglo.
Es cierto que tras la caída del Muro de Berlín y el fracaso del llamado "Socialismo Real" la democracia ha vivido un auténtico "boom". Hoy, la etiqueta de "democracisa" es imprescindible para cualquier sociedad que quiera competir y prosperar en el mundo desarrollado. Al menos 32 países han pasado a engrosar las filas de la llamada "democracia" en las últimas tres décadas. Sin embargo, a pesar del "boom", el portentoso crecimiento constante de las voces críticas que denuncian el mal funcionamiento de esa democracia y que demandan una regeneración se ha convertido, quizás, en el fenómeno político mundial más destacado de comienzos del siglo XXI.
Los partidos han acaparado demasiado poder y marginan sis escrúpulos al ciudadano, cuya única participación en la "democracia" degradada se limita a elegir listas que les imponen desde arriba los que mandan. Los gobernantes ya no pretender servir al pueblo, sino controlarlo y servirse del Estado para acumular poder, privilegios y riqueza. Los gobiernos, que asumen con descaro, como primera prioridad, mantenerse en el poder, están distanciados de los ciudadanos y los ciudadanos expresan su rechazo a las castas políticas despreciando la ceremonia electoral, incrementando la abstención y el voto en blanco. Las castas políticas, atrincheradas en el poder, disimulan la afrenta del desprecio ciudadano y siguen considerando legitimas unas victorias electorales que son claramente pírricas y vergonzantes. Para colmo de males, muchos gobiernos gobiernan al margen de la opinión pública y, más allá de las declaraciones constitucionales, procuran estar fuera del control de las cámaras legislativas y del poder judicial, lo que invalida el Estado de Derecho.
Algunos, desde el pesimismo, afirman que nos dirigimos hacia el fin de la democracia y hacia la instauración de nuevas y sofisticadas dictaduras sin ciudadanos, mientras que otros, más optimistas y esperanzados, hablamos de una rebelión de los ciudadanos que hará retroceder a la "casta" podrida de políticos sin alma que se ha apalancado en numerosos gobiernos del planeta.
Hay casos extremos, como el de España, donde la sociedad ha sufrido escándalos y golpes de enorme capacidad desmoralizadora, que también han dañado profundamente el sistema democrático: los crímenes del GAL, los papeles del CESID, la propiación indebida de los fondos reservados, la financiación ilegal de los partidos políticos y la catarata de corruptelas y enriquecimientos que han quebrado el prestigio y el respeto de la clase política, entre otros muchos.
Los golpes demoledores contra la confianza ciudadana y el mismo sistema se han agravado cuando la ciudadanía ha comprobado que desde las instancias del poder político muchas veces se ampara a los amigos que violan la ley y no se lucha eficazmente contra la corrupción, ni se ha favorecido el esclarecimiento de los delitos y desafueros, sino todo lo contrario.
Pero lo que realmente convierte en letal la crisis del sistema es que el drama y el deterioro sólo son visibles, al parecer, para algunos miles de demócratas, que son impotentes para corregir o solucionar la crisis. Los políticos y las masas, cada día más incultas, sometidas y fanatizadas, no pueden o se niegan a reconocer el drama del sistema y el enorme vacío polítiico, intelectual y social que nos embarga.
El deterioro del sistema ha llegado a ser tan dramático que ya no hay salida sin cambios profundos y sin una intensa revolución ética, que, por supuesto, tendrán que hacerla los ciudadanos, no los partidos políticos, controlados por líderes ineficientes, alineados y millonarios, cada día más arrogantes y demasiado contaminados y degradados para ser demócratas.
El cineasta Visconti decía que las ciudades antiguas, sobre todo las barrocas, hacen de la cobardía un arte. Una parte de la sociedad sevillana ha ido más lejos y ha hecho de la cobardía y de la sumisión tambien un espectáculo. La sede del PP, en la calle San Fernando, se ha convertido en un lugar de peregrinación donde se postran cientos de cobardes y de pelotas que, tras haber lamido la bota socialista durante décadas, ahora acuden allí para posicionarse, convencidos de que el PP podría ganar las próximas elecciones. El espectáculo de la cobardía sumisa es tan lamentable como decepcionante en la hermosa ciudad de Sevilla.
Muchos que aseguraban hace sólo un par de años que "el PP jamás gobernará en Andalucía", ahora hablan de "la necesidad del cambio"; los que llamaban a Arenas "señorito" ahora le llaman "querido Javier". Miles de sevillanos que lamieron las botas del socialismo durante las últimas décadas y se atiborraron de favores del poder, subvenciones y contratos públicos, peregrinan ahora hacia la sede del PP para saludar a los futuros "nuevos amos" y congraciarse con ellos. Es el espectáculo de la sumisión cobarde de esa parte peor de Sevilla, obsesionada por posicionarse al lado del que manda, que no cree en otra cosa que en el dinero, que carece de sentido crítico y que está a años luz de la libertad y de la verdadera dignidad ciudadana.
Javier Arenas no tiene ya agenda para recibir hasta la primavera próxima, ni tampoco su segundo, Antonio Sanz. Ya reciben a la interminable marea de "peticionarios" hasta los terceros niveles del partido, incluyendo a las secretarias de los responsables políticos.
La gaviota del PP, a la que gran parte de los empresarios y poderosos de Andalucía han disparado con perdigón durante décadas, parece ahora un águila imperial en Sevilla.
Un periodista ha escrito un libro oportuno sobre Juan Ignacio Zoido, candidato a alcalde de Sevilla por el PP, que fue presentado hace pocos días. A las presentaciones de libros en Sevilla suelen acudir, como muchos, algunas decenas de personas inquietas y adictas a la cultura, pero ese día acudieron más de mil y había gente hasta en las escaleras y pasillos.
Parece increíble, pero el periódico más socialista de la ciudad, el Correo de Andalucía, acaba de invitar a Soraya Saénz de Santamaría para que pronuncie una conferencia.
Un alto dirigente del PP andaluz me confirma que están abrumados por las peticiones para que los líderes de su partido acudan a reuniones, coloquios y conferencias en foros, instituciones, asociaciones y hasta peñas culturales y deportivas.
Hace pocos días, el Foro Joly, el más prestigioso de la ciudad, acogió en su tribuna a Antonio Sanz, secretario general del PP de Andalucía, que fue presentado por Rajoy. Los organizadores, sorprendidos por la avalancha de peticiones, tuvieron que dejar fuera a cientos de aspirantes a invitados. El salón estaba abarrotado y entre los asistentes sorprendían decenas de ex altos cargos socialistas y numerosos empresarios, antes incondicionales "pro socialistas", expertos en cazar subvenciones y contratos públicos, que, sin rubor alguno, acudian para arrimarse al nuevo poder emergente.
Especialmente numerosos eran los del sector del ladrillo, cómplices del urbanismo insaciable y corrupto, motor de la economía andaluza en los últimos 15 años, maestros en recalificaciones y amigos del poder socialista, del que obtuvieron una pingüe cosecha de ayudas, favores y contratos públicos.
Cuando contemplé ese deprimente espectáculo del foro, transformado en un baboso besamanos donde todos querían conversar o hacerse una foto con Rajoy, Arenas, Montoro, Sanz y otros dirigentes del PP, descubrí que la indigna sumisión y el cambio de chaqueta eran ni más ni menos que el oportunista y escandaloso anticipo de una futura probable victoria de la derecha en las próximas elecciones autonómicas.
Dicen que los indios apaches tenían la mejor nariz de toda la raza humana, capaz de detectar al rostro pálido a más de un kilómetro de distancia, pero la nariz de la Sevilla sometida supera la del apache porque es capaz de detectar el poder con más de dos años de anticipación.
Al comentar el espectáculo del foro con un periodista independiente y lúcido, compañero de trabajo, me dijo que en modo alguno aquel era un espectáculo sorprendente y explicó: "Sevilla es una ciudad adicta a las subvenciones y al poder. Quizás la culpa sea de que es la sede de la Junta de Andalucía y de que el gobierno andaluz representa más del 50 por ciento de la economía de la ciudad. La primera empresa de Sevilla no es Abengoa, ni Sevillana-Endesa, sino el hospital público Virgen del Rocío. De cada diez grandes empresas sevillanas, ocho dependen del gobierno para sobrevivir. En el sector de la obra pública, la construcción y la promoción inmobiliaria, la dependencia es todavía mayor. Es lógico que se arrodillen ante los que serán pronto los nuevos administradores del dinero público".
Por desgracia, yo no puedo asumir con tanta normalidad el sucio fenómeno de la cobardía y de la sumisión sin principios en la ciudad donde vivo y crece mi familia. Creo que la cobardía y la sumisión son semillas intolerables de la esclavitud, la dictadura y la indecencia. Me cuesta mucho convivir con gente cuya principal obsesión es lamer el tobillo de los que mandan.
El psiquiatra Jaime Rodríguez Sacristán, autor del primer estudio sobre la personalidad del sevillano, los clasifica en cinco grupos, algunos de ellos esperanzadores, como el "crítico", el "raro" y el "independiente", capaces de abrirse al mundo, de ser críticos y de romper con la sumisión, la cobardía y el culto desmedido a las tradiciones, pero la ciudad sigue dominada por el sevillano "tradicional" y el "topico", donde se dan los comportamientos cerrados y los que, para triunfar, recurren a la lisonja, la sumisión, la cobardía y el figureo.
Sevilla, más que un "cambio" de gobierno necesita una regeneración y una poderosa inyección de ética, valentía, hidalguía y orgullo civico, que la mantengan libre de la mucha contaminación que irradia el inmenso poder político de la Junta, casi tan denso y asfixiante como el que saturaba la atmósfera de Moscú, en tiempos de Leónidas Breznev.
Pocos españoles son conscientes de la baja calidad del gobierno que soportan. Zapatero es hoy el dirigente político peor valorado del Occidente democrático y, con mucha diferencia, el más rechazado por sus ciudadanos, con el agravante de que ese rechazo parece no afectarle lo más mínimo.
Las encuestas revelan que Zapatero es rechazado por el 88 por ciento de los españoles y que su actual índice de popularidad es del 12 por ciento, el más bajo en todo el mundo occidental. Bush, cuando finalizó su mandato, lo hizo con un 32 por ciento de popularidad. Sarkozy, después de una oleada de huelgas generales y de tumultos callejeros en toda Francia, tiene hoy una popularidad del 30 por ciento y ha tenido que cambiar a todo su gobierno.
Zapatero reune todas las condiciones y características para ser considerado un fracasado y un perdedor. Ha tirado por la borda la aceptación que tuvo al ser elegido y ha arrastrado con él a su partido, que perderá las elecciones generales y que, cuando la sociedad española tome conciencia del enorme drama que representó el mandato de Zapatero, permanecerá apartado del poder por muchos años, hasta que la infausta memoria de ZP sea sepultada en el olvido.
Zapatero sólo se mantiene en el poder porque dirige los destinos de la sociedad española, una de las más cobardes y sometidas entre las democracias mundiales, capaz de soportar a un individuo que sólo es aceptado por uno de cada diez ciudadanos y que está llevando a España hasta la ruina, el dolor y el fracaso.
Si no fuera un insensible caradura, sin alma democrática, las encuestas serían argumento suficiente para hacerle dimitir y convocar elecciones anticipadas. El rechazo de nueve de cada diez ciudadanos le trae sin cuidado, lo que demuestra que detrás de su sonrisa se oculta un sátrapa sin un gramo de democracia en sus venas.
Si a su casi nula aceptación se agrega su aterrador balance como gobernante, su dimisión, justificada hasta el hartazgo, debería haber ocurrido hace años, cuando quedó demostrado que era incapaz de decir la verdad a su pueblo o cuando quedó claro que no sabía hacer frente a la crisis.
El rechazo popular que sufre y su pésimo balance como gobernante no sólo justifican su dimisión sino también la necesidad de que se marche de España y no vuelva jamás.
Ha arruinado un país próspero y ejemplo mundial de crecimiento, ha destruido más del 30 por ciento del tejido productivo español, ha logrado que nuestras calles estén pobladas por 5 millones de desempleados y por casi 10 millones de pobres, ha perdido la confianza de los ciudadanos en el liderazgo, en la política y hasta en la misma democracia, ha deteriorado la democracia hasta límites peligrosos, ha instaurado la mentira y el engaño como políticas de Estado, ha utilizado el dinero público para comprar votos y mantenerse en el poder, ha convivido con la mas sucia corrupción sin mover un músculo de su rostro, ha introducido la desmoralización y la tristeza en su pueblo, ha ensanchado el foso que separa a los ricos de los pobres, ha dividido y enfrentado a la sociedad española y ha envilecido y fanatizado a las masas todo lo que ha podido.
El presidente del gobierno de España, tras seis años de mandato, ha convertido la economía española en una de las 9 más amenazadas de quiebra en el mundo desarrollado y ha afianzado a su país en el liderazgo internacional de asuntos tan sucios y degradantes como la prostitución, la trata de blancas, el tráfico y consumo de drogas, el blanqueo de dinero sucio, el desempleo masivo, el avance de la pobreza, el deterioro de la democracia, la falta de esperanza y horizontes para los jóvenes, el fracaso escolar, la baja calidad de la enseñanza, el desprecio a la "casta" política, el desprestigio internacional y otras muchas lacras, entre las que sobresalen la corrupción pública, el Estado hipertrofiado e insostenible, preñado de enchufados y parásitos amigos del poder, la justicia polítizada, la marginación de los ciudadanos, la muerte de la sociedad civil y un largo etcétera.
Cada día aparece una nueva lacra capaz de avergonzar a los españoles. La penúltima ha sido el comportamiento cobarde ante un Marruecos que está aplastando a los saharauis y violando los derechos fundamentales en la antigua provincia española. La última, las revelaciones sobre el comportamiento de sus ministras, desde una María Teresa Fernández de la Vega que circula por las carreteras, en coche oficial, a 190 kilómetros por hora, hasta una Elena Salgado que utiliza el coche para ir a la peluquería o para que le recojan bombones y una Bibiana Aido a la que los chóferes tenían que recoger en la madrugada, en los bares de copas.
Todas estas miserias, carencias, atentados contra la democracia y malgobierno generalizado justifican con creces el rechazo masivo de su pueblo y reclaman una dimisión cargada de oprobio y vergüenza, seguida de un exilio voluntario que aleje al verdugo del país que ha destrozado.
El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, está avergonzando una vez más a su pueblo, más honrado y digno que él, al guardar un silencio cobarde ante los abusos de Marruecos en el antiguo Sahara Español, donde el sultán sátrapa y dictador está empleando la fuerza y violando los derechos humanos fundamentales para aplastar a los saharauis y anexionarse ese territorio. Zapatero justifica su cobardía afirmando que así salvaguarda los intereses de España, pero olvida que, para todo demócrata, la defensa de los derechos humanos y de los grandes valores es siempre prioritaria.
¿Qué le pasa a la izquierda mundial que es incapaz de condenar abiertamente a criminales como Stalin, Mao, Pol Pot, el "Che" Guevara y otros muchos? ¿Por qué regímenes totalitarios que aplastan a sus súbditos, cometen crímenes y desprecian los derechos humanos son admirados por la izquierda, que no se atreve a condenarlos?¿Es que el odio al liberalismo y a la libertad pesan más que en la izquierda que aquellos ideales que tuvo un día, como la humanidad, la justicia, la paz, la solidaridad y la igualdad?
Mis raíces de izquierda me han llevado a investigar intensamente ese drama y la fuerte paradoja que conlleva y creo haber descubierto una de las claves, aunque no la única: El nazismo y el fascismo perdieron la II Guerra Mundial y fueron condenados universalmente en Nüremberg, pero todavía no ha sido públicamente condenado el salvajismo criminal de países como la URSS, China, Corea del Norte, Camboya y otros, todos ellos encuadrados en lo que se llama "la izquierda", a pesar de que sus crímenes y prácticas antihumanas y totalitarias superaron con creces a las nazis y fascistas juntas.
Mao Zedogn es el primero del ranking mundial del crimen, seguido de Stalin. Hitler es el tercero, seguido por el camboyano Pol Pot.
Hoy, el ranking de las dictaduras opresoras, aquellas que oprimen y hasta liquidan a sus disidentes, está encabezado por países como China, Irán, Corea del Norte, Cuba, Siria, Birmania, Rusia y otros casi todos ellos respetados por la izquierda y sin que sus abusos y crímenes totalitarios hayan sido condenados por los líderes de la izquierda mundial, incluso por aquellos que han llegado al poder mediante elecciones más o menos democráticas.
Nuestra tesis es que hasta que la izquierda no rinda cuentas ante la humanidad por sus crímenes y por haber sucumbido al totalitarismo asesino, no tendrá la legitimidad necesaria para liderar gobiernos auténticamente democráticos, ni para capitanear el verdadero progreso, que, desde luego, tiene que alejarse del crimen y del delito contra la Humanidad.
Pocos saben, quizás porque la prensa y los intelectuales de izquierdas lo ocultan cuidadosamente, que en China, durante la Revolución Cultural, se practicó el canibalismo contra los "enemigos del pueblo" en provincias enteras y que, por ejemplo, los alumnos de un colegio se comieron a su profesor a bocados porque decían que era reaccionario.
A ese nivel de brutalidad, quizás insuperable, sólo se llega cuando el despotismo y el salvajismo del poder político han cruzado la línea de la indignidad suprema, anulado a la persona y sustituyendo la humanidad por la barbarie.
Mientras la izquierda siga considerando el análisis del pasado como un tabú, mientras sea incapaz de asumir errores y siga culpando a la derecha de todos los dramas y crímenes, incluso de los propios, no habrá esperanza y cada día será más difícil que los seres honrados y decentes militen en sus filas.
Pocas reformas son tan urgentes en esta España políticamente enferma como la Ley de Partidos Políticos y la Ley Electoral, bodrios antidemocráticos que han convertido a los partidos políticos en el peor enemigo de la auténtica democracia y en maquinarias de poder blindadas al servicio de las élites, que no pueden ser controladas ni por los ciudadanos ni por los militantes ni por el mismo sistema.
Sin embargo, a pesar de que existe un consenso casi pleno entre los demócratas y los pensadores independientes de que los partidos políticos son hoy el gran obstáculo que impide la decencia política en España, ninguno de los grandes partidos españoles ha incluído reformas del sistema en sus plataformas electorales, ni las reivindica en el presente. Desgraciadamente, las castas profesionales que controlan los partidos son ajenas a la verdadera democracia y se sienten plenamente a gusto insertadas en sus oligárquicas y opresivas maquinarias de poder.
Militar en un partido debería ser un acto de responsabilidad sujeto a obligaciones y derechos, pero hoy no es así porque las élites que gobiernan los partidos no sólo desconfian de los políticos adversarios, sino también de los ciudadanos independientes y de sus propios militantes honrados, que quieren participar y opinar con ilusión, hasta el punto de que los marginan y les impiden el acceso al poder, convertido en un coto cerrado en el que sólo penetran ya los que se someten a la dictadura del "jefe" y practican una sumisión que se disfraza de "lealtad".
Los militantes responsables y dignos que denuncian el abuso y la corrupción son laminados de manera sistemática por el aparato. Ha ocurrido cientos de veces en la política española. (recuerden el caso de Alonso Puerta, en Madrid). En Estepona, ciudad de la Costa del Sol envuelta en un oscuro y estremecedor escándalo de corrupción, dos militantes socialistas que denunciaron la corrupción fueron castigados por el PSOE, mientras que y el alcalde socialista, detenido por liderar la impresentable movida corrupta, fue mantenido en su puesto por su partido y repitió como cabeza de lista en las últimas elecciones porque las encuestas revelaban que era "caballo ganador". También ocurre en Benidor, donde un transfuga que fue expulsado del PSOE repetirá en 2011 como candidato socialista.
No es cierto que tangamos los partidos que nos merecemos, ni que el tiempo mejorará esa antidemocracia vomitiva que domina la política española porque lo que ha ocurrido en los 30 años de democracia es que esos partidos se han blindado cada día más contra el cambio honrado y las ideas limpias, reforzando los rasgos que convierten al partido en una maquinaria totalitaria, corrupta y ávida de poder.
Los partidos nacieron para facilitar la participación de los ciudadanos en la democracia, pero han realizado el trabajo opuesto y hoy ya son el mayor obstáculo para la participación ciudadana y para que la sociedad pueda construir una auténtica democracia ciudadana y participativa.
La democracia termina hoy en la puerta de los partidos políticos, en cuyo interior se incrementan a diario el verticalismo y una dictadura de las élites que impide el debate franco y la libertad de expresión, hasta el punto de que la única manera de prosperar es decir ciempre "si" al jefe.
Los partidos políticos son demasiado importantes para dejarlos en manos de los políticos. Con ellos al mando, ya sabemos lo que ocurre: erradican cualquier atisbo de democracia y avanzan a paso de oca hacia la dictadura interna.
Hay que transformarlos con urgencia para posibilitar una democracia de ciudadanos. Son instituciones de carácter público y, como tales, deben ser controladas por el ciudadano. La participación política es un derecho inalienable del ciudadano que éste no puede ejercer porque los actuales partidos se lo impiden.
Una nueva ley electoral y una nueva ley de partidos son imprescindibles para curar las graves enfermedades que padece la democracia española, cada día con menos prestigio en el mundo y más despreciada por sus propios ciudadanos.
Quizás el atentado peor contra la democracia es el que ampara la Ley Electoral española, que impide nada menos que el derecho ciudadano a votar libremente, la esencia de la democracia. En España, quien elege en realidad es el partido, cuyas élites hacen esas listas de candidatos cerradas y bloqueadas ante las que el elector solo puiede decir "sí" y "no". Los partidos, de hecho, han arrebatado al ciudadano su inalienable derecho a elegir a sus representantes.
Pero el verdadero drama no es la maldad antidemocrática del sistema, sino el hecho de que ninguno de los grandes partidos políticos españoles esté interesado hoy en cambiar una situación que les beneficia y les otorga un poder inmenso.
El PSOE hace mucho que se transformó en una maquina de poder sin alma y sin otra ideología que el pragmatismo que conduce al poder, pero en otros partidos, donde las élites imitan la sucia ruta del socialismo, todavía hay esperanzas de cambio. Muchas voces se alzan, dentro del Partido Pupular, para que incorpore reformas que fortalezcan la democracia, pero Rajoy y su guardia pretoriana se cierran a cualquier reforma que limte su poder o que amplie el papel del ciudadano en democracia.
Las nuevas leyes deberían garantizar, en primer lugar, la democracia interna, hoy inexistente. En unas organizaciones donde se opera de manera totalitaria y sumisa, jamás podrán prepararse líderes que gestionen una democracia libre de ciudadanos. Cuando llegan al poder son, necesariamente, mequetrefes arrogantes, cargados de rasgos totalitarios, que se creen con el derecho a imponer su voluntad y sus privilegios a los ciudadanos.
En los partidfos democráticos, los candidatos deben ser elegidos, necesariamente, en primarias, en votaciones secretas, para erradicar las camarillas blindadas que hoy consideran suyos esos partidos y los controlan al margen de la militanci, de la ciudadanía y de los intereses de la nación. El "dedo" que elige y consagra al dirigente y al sucesor debe ser erradicado por ser un comportamiento arbitrario, indecente y claramente totalitario.
Zapatero tenía perdidas las elecciones del 2004, pero la explosión de los trenes madrileños, todavía no aclarada, cambió el puñado de votos suficiente para convertirle en Presidente. A partir de entonces, comenzó su mandato, la peor tragedia para España desde la Guerra Civil de 1936.
El "Zapaterismo" no puede explicarse sin los atentados del 11 M, los más sangrientos y conmovedores de la reciente historia de España. Aquellos atentados no sólo lo convirtieron en un presidente elegido por el miedo, sino que crearon en la conciencia española el vacío moral y el desasosiego político necesarios para que el demoledor "Zapaterismo", con toda su carga corrosiva de la moral y de la decencia, pudiera establecerse y prosperar.
Sin aquellos atentados, los españoles no hubieran soportado lo que Zapatero trajo consigo: la instauración de la mentira como política de gobierno, el uso del dinero público para comprar voluntades y votos, la ruptura de la igualdad en España, el endeudamiento enloquecido, el despilfarro, el decaimiento moral,el avance de la corrupción, la pérdida del prestigio internacional y una serie de errores y de políticas nefastas que dieron al traste con la riqueza acumulada por los españoles en las últimas décadas, convirtiendo al país en una inmensa fábrica de parados y de nuevos pobres.
Hay un ejemplo en la Francia de inicios del siglo XIX, cuando el cónsul Napoleón Bonaparte dominaba la vida política, que explica la casi nula resistencia de España ante el drama que representa Zapatero. La historia es la siguiente:
A finales del año 1800, el gobierno consular había redactado un proyecto de ley de tribunales especiales que pretendía hacer de la justicia un instrumento más de opresión política. La opinión pública se puso en contra y Bonaparte y su gobierno se asustaron y no se atrevían a aprobar la nueva ley. De repente, la noche del 24 de diciembre los realistas explosionaron un artilugio infernal en la calle Saint Nicaise cuando pasaba por allí la carroza del Primer Cónsul, camino de la Ópera. Bonaparte resultó ileso, pero 60 personas resultaron muertas o heridas. El atentado, primero en su género, causó una conmoción enorme en Francia, además de pánico. En medio de la confusión general, Bonaparte logró hacer aprobar la nefasta ley de tribunales especiales sin la menor dificultad.
La conclusión de aquella experiencia fue perfectamente captada y asumida por Bonaparte: "Un atentado brutal provoca en la opinión un vacío y un miedo que permite que las medidas gubernamentales más ignominiosas y las leyes más execrables puedan pasar tan furtivamente como el contrabando por las narices de aduaneros dormidos".
Durante algunos meses, la conciencia social francesa fue incapaz de reaccionar, pero después lo hizo con entereza e indignación. Algunos acusaron al gobierno de haber provocado el atentado y muchos historiadores confirman que aquellas acusaciones pudieron ser ciertas. Es un hecho que el siniestro Fouche, por entonces ministro de la policía, instruyó a los gendarmes revolucionarios franceses en el por entonces nuevo y tenebroso arte de los atentados terroristas prefabricados, que irrumpen en el momento oportuno para aterrorizar a la opinión.
Bonjamín Constant publicó un libro en 1814, después de la caída de Napoleón ("De l' esprit de conquête el de l' usurpation, dans leurs rapports avec la civilisation européenne"), en el que advertía a los ciudadanos de los peligros que amenazaban a la civilización bajo los nuevos gobiernos surgidos tras la Revolución.
El "Zapaterismo", cuyo gobierno en España ha estado cargado de cambios y de medias execrables, ha sido soportado por los españoles con una cobardía indescriptible, quizás como consecuencia del estupor y el miedo producidos por los trenes destruidos por las bombas y los cadáveres ensangrentados de Atocha.
Sin embargo, la misma historia demuestra que, una vez pasado el efecto paralizante del miedo y del estupor, las defensas se restablecen, la moral ocupa su espacio natural en la conciencia de la población y los opresores se ven obligados a retroceder y a abandonar su sucia labor de destrucción.
Los funcionarios se han convertido en el principal "dolor de cabeza" para la Junta de Andalucía. Sus protestas públicas, sus abucheos a los altos cargos políticos y sus pitadas están reventando muchos actos públicos, hasta el punto de que la agenda de los políticos está quedando seriamente alterada. Las comparecencias del presidente y de los consejeros son cada vez más escasas, por miedo a las protestas de esos funcionarios, a los que se unen muchos ciudadanos.
El hecho de que la "rebeldía" contra el persistente y agobiante gobierno socialista andaluz la inicien los funcionarios ha sido una sorpresa para muchos expertos y para el mismo PSOE. La Junta de Andalucía está desconcertada ante la importante ola de irregularidades, errores, desapariciones y otros incidentes que algunos expertos consideran como posibles sabotajes de funcionarios cabreados por la reciente bajada de los sueldos, por el despilfarro que sigue vigente en la Administración, por el amiguismo, el enchufismo y, en general, por el insoportable nivel de corrupción que reina en las administraciones públicas andaluzas.
La intención del gobierno andaluz de hacer fijos a casi 20.000 contratados, muchos de los cuales son enchufados políticos, es otro importante motivo de la indignación de muchos funcionarios de carrera, que interpretan ese movimiento como un intento de "blindar" a los "a,igos" del partido ante la posible llegada del Partido Popular al poder.
Desaparecen papeles, se cambian de lugar los expedientes, se sustraen documentos y hasta se han falsificado firmas, todo para manifestar el enfado y para fastidiar a los políticos en consejerías, diputaciones, ayuntamientos y organismos públicos, tanto de la Junta como del gobierno central, donde ha descendido la productividad de manera significativa y crecido notablemente el absentismo. El fenómeno empieza a adquirir proporciones preocupantes, hasta el punto de que algunos organismos y dependencias oficiales están contratando empresas especializadas en reducir el absentismo e incrementar la productividad, de esas que utilizan llamadas telefónicas, detectives privados y visitas médicas sorpresivas para amedrentar a los que se dan de baja.
El malestar de los funcionarios tiene también reflejo en los medios de comunicación andaluces, que están recibiendo en las últimas semanas numerosos envíos anónimos de documentos oficiales, facturas y contratos, con toda probabilidad substraídos de los archivos de la Administración y enviados a la prensa para que se publiquen irregularidades y escándalos.
Hay cierto olor a descomposición en muchas oficinas del gobierno andaluz, como si se hubiera asumido ya que las próximas elecciones las perderá el PSOE. Es más que probable que la posible llegada del PP al gobierno andaluz esté también influyendo en el extraño comportamiento de algunos sectores del funcionariado.
El Papa ha querido poner un dique al laicismo agresivo de Zapatero y ha llamado a los católicos españoles para que despierten y hagan frente a agresiones en la vida española que destruyen la armadura moral de la sociedad y degradan al hombre, como el desempleo masivo, la corrupción, el avance de la pobreza, la injusticia, el desprestigio de la política, la promoción del aborto y otras muchas. El pontífice ha definido a España como un campo de batalla entre la fe y el laicismo más agresivo y ha pedido a los católicos que marchen a las trincheras.
Benedicto XVI ha dejado estupefacto al gobierno socialista y a la misma jerarquía católica española al expresar su preocupación por el "laicismo agresivo" que existe en España, vinculando el laicismo de la España de Zapatero con el anticlericalismo de la II República.
El Papa Ratzinger, camino de Santiago de Compostela, en pleno vuelo y en respuesta preparada a preguntas de la prensa, consideró a España como el campo de batalla donde se libra una lucha decisiva entre el laicismo y la fe, lo que, en términos religiosos, equivale a una lucha entre el bien y el mal. En el avión, el pontífice marcó el objetivo y la finalidad primordial de su viaje a España: poner un dique al laicismo agresivo de Zapatero.
Sin papeles ni corsés diplomáticos, hablando muy rápido, en italiano y de forma espontánea, el Papa explicó que el "problema del secularismo y la laicidad del mundo occidental" tiene en España uno de sus epicentros.
"España siempre fue un país generador de fe; el renacimiento del catolicismo en la época moderna se produce sobre todo gracias a España, donde figuras como San Ignacio, Santa Teresa o San Juan de la Cruz dan forma a la fisionomía del catolicismo moderno. Pero es también verdad que en España nació una laicidad, un secularismo fuerte y agresivo, como vimos en los años treinta", afirmó Benedicto XVI, quien agrego: "Esa disputa, o mejor este choque entre fe y modernidad, ambas muy vivaces, tiene lugar de nuevo hoy en España. Por eso, el futuro de la fe y el encuentro -¡y no el desencuentro!- entre fe y laicismo tienen su punto central en la cultura española".
Hemos conversado con algunos vaticanistas cercanos al Papa y podemos afirmar que los especialistas en asuntos vaticanos han interpretado las inesperadamente duras palabras del Papa como un grito de ¡Basta ya! a un Zapatero que es considerado mundialmente como la punta de lanza del laicismo más radical y agresivo.
Pero el verdadero significado de las palabras del pontífice es todavía más decisivo y rotundo. El papa está cansado de la pasividad de los católicos españoles, en especial de la jurarquía, ante la injusticia, los abusos, la corrupción y la agresividad laicista contra los valores y los principios. Según los expertos, no dirigía tanto su análisis a los enemigos de la fe, ni al mismo Zapatero, como a la jerarquía eclesiástica española y a los católicos en general, a los que anima explicitamente para que abandonen la pasividad y participen con todas sus fuerzas en ese combate, que es decisivo no sólo para España, sino también para la persistencia de los valores en el mundo, el futuro de la fe, la cultura europea y la misma religiosidad.
Benedicto XVI quiso decir que el combate que se libra en España no es únicamente entre los intereses del gobierno y los de la Iglesia, ni entre el laicismo radical y la fe, sino entre dos conceptos antagónicos: la prevalencia del Estado sobre el individuo, por un lado, y la opresión contra la dignidad del ser humano, por otro. Y, ante el combate, el papa Ratzinger dijo algo así como "Si España es un campo de batalla, entonces tienen ustedes que combatir".
Y combatir, para un cristiano, no consiste en emplear la violencia, ni siquiera en luchar abiertamente contra las ideas contrarias, sino en utilizar una mezcla de amor tolerante y de razón consistente para aplicar la doctrina de Cristo y hacer frente a los que propagan el mal.
Combatir, para los católicos, no consiste solo en no votar jamás a los partidos políticos que defienden un laicismo agresivo, sino en hacer proselitismo cada día en favor de los grandes valores, en proclamar la verdad cada vez que el poder miente, en alzar la voz cada vez que el hombre es humillado por los poderosos, en defender al débil frente al fuerte y en intentar impedir los muchos abusos, injusticias e irregularidades que se están dando en la vida diaria española.
Los que conocen al papa saben que está muy enfadado con el comportamiento de cierta jerarquía católica española, demasiado cerca de los asuntos políticos y alejada del mensaje de Cristo, especialmente con los que conviven con el nacionalismo violento, los que amparan la violencia y los que conviven fácilmente con la corrupción y las mentiras del poder.
El papa no cree que el gobierno español actual sea "laicista", sino "hostil" al crstianismo, lo que es muy diferente. Solo desde ese sentimiento pueden entenderse las durísimas palabras del Papa en el avión.
El cierre a cal y canto del Valle de los Caídos, coincidente, curiosamente, con la visita del Papa, es una prueba fehaciente de que el gobierno de Zapatero, más que laicista es claramente anticatólico.
En este blog sí recibimos al Papa Benedicto XVI en la víspera de su llegada a España y lo hacemos no tanto como personas religiosas, sino como luchadores por la libertad y la decencia. Lo recibimos con la ilusión y la esperanza de acoger a un símbolo de la libertad individual y de la dignidad humana en un mundo dominado por miserables y canallas que anteponen el Estado al individuo y sus propios intereses al bien común.
El Papa Benedicto es el líder de la única gran institución que todavía no ha sido dominada y sometida por el poder político. La Iglesia Católica tiene el mérito de hacer frente a un gobierno español que lo ha engullido todo y que ha ocupado y dominado espacios que en democracia les están vedados, como son las universidades, los sindicatos, los medios de comunicación, las cajas de ahorros, muchas religiones y sectas, instituciones, fundaciones y hasta empresas, ya sea ocupando su dirección con políticos impuestos o controlando su vida por medio de subvenciones, presiones políticas o favores inconfesables.
A pesar de sus muchas carencias y miserias, entre las que destaca el terrible pecado de la pederastia, practicado por muchos de sus sacerdotes, la Iglesia que comanda el papa Benedicto sigue siendo una ferviente defensora de la dignidad del hombre y la mejor referencia mundial de los valores y principios.
Si la Iglesia Católica no existiera o hubiera sido ya aplastada por un Estado que no admite en su entorno la independencia y la libertad, la soledad de los demócratas y de la gente de bien en España y en otros países sometidos al mal gobierno, a la corrupción, al abuso y al pillaje, sería insoportable.
Por todas esas razones y porque esperamos que la Iglesia apoye y acompañe en su lucha a los millones de españoles que están siendo aplastados por el poder político y contemplan, impotentes, cómo sus derechos son violados, damos la bienvenida al pontífice.
Estamos seguros de que estos sentimientos no son compartidos por los políticos que se aferran a su arrogancia y a sus inmerecidos privilegios, ni por los esclavos sometidos que apoyan con fanatismo a sus partidos, hagan lo que hagan, ni por los delincuentes que prefieren un mundo sin moral ni frenos éticos, pero sí son compartidos con entusiasmo por los millones de desempleados y nuevos pobres que pueblan las calles de esta España mal gobernada, por los que sufren a diario el desaucio y son despojados de sus viviendas y otros derechos fundamentales, por los que hacen cola en los comedores de caridad para poder comer, por los que duermen en las calles, bajo plásticos y cartones, por los que tenemos ansia de dignidad y justicia y por los millones de españoles que han perdido la confianza en el liderazgo, la esperanza en el futuro y la fe en una democracia que los políticos han asesinado y transformado en una sucia oligocracia de partidos.
El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, tras reconocer en público la lección que el pueblo acaba de darle en las urnas, ha asumido su responsabilidad, ha tendido la mano a la oposición y ha apelado a la defensa colectiva de la nación, argumentando que los Estados Unidos están por encima de los partidos políticos, del Congreso, de la Presidencia y de la misma política. El mundo entero pudo contemplar ayer a un presidente respetable, que asumía, con dolor y entereza, el varapalo que le ha dado la sociedad americana en las urnas.
En España, donde la crisis es todavía más dura y sus efectos más devastadores que en Estados Unidos, con las calles llenas de desempleados y de nuevos pobres, donde la sociedad, destrozada por el mal gobierno y la imbecilidad de los que mandan, tiene muchas más razones que la de Estados Unidos para dar una severa lección a Zapatero y a su gobierno, sentimos envidia de Obama y del pueblo americano, que al menos cuenta en la crisis con un presidente sensato, que es persona, que tiene humildad y entereza suficiente para asumir sus responsabilidades y rectificar.
La realidad es dura y palpable. Estados Unidos y España están en diferentes escalas de democracia y de grandeza. Allí existe un pueblo capaz de reaccionar y de castigar a un presidente tras haber gobernado mal durante sólo dos años, mientras que en España, después de cuatro años de desastres políticos, de arrogancia, errores y mentiras, el pueblo español, obtuso y envilecido, votó de nuevo en 2008 al mequetrefe y le otorgo, protagonizando un lamentable suicidio colectivo, cuatro años más de poder para que el inútil y nefasto Zapatero culminara la sucia tarea de destruir la prosperidad y la grandeza de una nación.
Todavía hoy, tras haber padecido los seis peores años de gobierno de su historia moderna y haber retrocedido en todos los ámbitos, con cinco millones de parados, millones de pobres y gente triste y desesperada deambulando por las calles, existe una manada de cretinos que siguen apoyando el drama de un gobierno que se sostiene sobre la mentira, que no tiene ideas ni grandeza para hacer frente a la crisis, que sigue esparciendo la ponzoña del optimismo falso, a pesar de que la decadencia y la destrucción avanzan, que continúa comprando votos con dinero público, ocultando información a los ciudadanos, mintiendo, despilfarrando, castigando a los ciudadanos con nuevos impuestos, destruyendo el Estado de Bienestar, proyectando desde el poder público un asqueroso ejemplo de corrupción y demostrando en cada instante que no merece gobernar a su pueblo ni un instante más.
Nadie en España ha escuchado jamás a Zapatero asumir, como ha hecho Obama, sus terribles responsabilidades. Nadie en España ha visto como el presidente, ante la enorme fuerza destructiva de la crisis, tiende la mano a la oposición para, juntos, hacer frente al monstruo. Aquí sólo se percibe arrogancia, apego al poder, amor por la mentira y la trifulca, obsesión por acumular privilegios y tozudez a la hora de despilfarrar y de persistir en los errores. Zapatero, desde su soberbia torpe, con las uñas clavadas en su poltrona, se niega a reconocer que el pueblo le dice, a través de las encuestas, que ya no se fía de él (80 por ciento) y que se marche.
La diferencia entre Estados Unidos y España radica en dos elementos claves: la primera es que allí existe un pueblo soberano y educado en democracia, capaz de castigar los errores y fallos de los poderosos, mientras que aquí las manadas de borregos ciegos, sectarios y fanatizados siguen dominando la pradera; la segunda es que allí existe un presidente que es persona, que respeta las reglas de la democracia y que conserva la sensatez y la sensibilidad política, mientras que aquí únicamente tenemos a un mequetrefe arrogante en el poder.
¡Pobre España!
La prensa de izquierdas se vanagloria del "miedo" que produce Rubalcaba en la oposición y en el periodismo español, evidenciando así su inmenso desprecio a la democracia, un sistema incompatible con el miedo al poder. Cuando los gobernantes generan miedo a los ciudadanos, en lugar de democracia existe tiranía. En democracia, es el gobierno el que debe tener miedo a los ciudadanos.
La prensa progubernamental española se ha divertido enormemente con lo que José María Izquierdo ha llamado en El País «El pánico a Rubalcaba». O Javier Vizcaíno en Público «Tembleque de piernas y castañeteo de dientes en Carpetovetonia».
Entusiasmados los columnistas de la izquierda con el profundo rechazo e inquietud que la concentración de tanto poder en Rubalcaba ha suscitado en toda la derecha política y mediática, se alegran del "miedo" que el nuevo vicepresidente primero provoca en la oposición y en los periodistas críticos.
Esa alegría demuestra, casi de manera científica, que la actual izquierda española afincada en el PSOE desconoce la democracia y que, en la menor oportunidad, exterioriza sus raíces totalitarias. No son conscientes, al parecer, de lo inquietante que es, en una democracia, que un cargo político produzca miedo a la oposición, tanto a los periodistas como a los políticos, incluso a los políticos de su propio partido. Que se lo pregunten si no a Tomás Gómez.
Afirma Edurne Uriarte en ABC que lo cierto es que estos admiradores de Rubalcaba tienen toda la razón. Este político produce un acusado temor entre los políticos y periodistas de la oposición.
Lo peor de todo es que también produce miedo e inquietud en los ciudadanos, algo completamente incompatible con la democracia. Y lo genera no precisamente por su inteligencia y sus dotes comunicativas. Eso causa respeto, que es otra cosa. El miedo a Rubalcaba tiene que ver con su gestión en las sombras del poder, con lo que ha hecho en el pasado y con lo que podría volver a hacer.
No se han percatado los fans de Rubalcaba y de su amigo Zapatero de que el pánico al poderoso es propio de las dictaduras y que la oposición le tuvo miedo en el pasado a Hitler, a Stalin, a Mao y a Pol Pot, al igual que hoy temen también a Fidel, a Raúl Castro, a Hugo Chávez y a otros tiranos.
Durante los primeros años de Zapatero en el poder, creció la sospecha de que el presidente era "gafe" porque todo lo que tocaba lo estropeaba. Hoy, en el ocaso de su segundo mandato y a juzgar por su fracaso, la sospecha retorna con más fuerza porque todo lo que Zapatero ha tocado se ha ido al traste: la prosperidad de España, la felicidad de los ciudadanos, la credibilidad del gobierno, la cohesión de España, el prestigio internacional, la imagen de los políticos, la solvencia de la democracia y otras muchas cosas más, incluyendo la armadura moral y los valores de la sociedad española.
La "maldición" también se ha cebado con las personas e instituciones. Todos los que han apoyado a Zapatero en el pasado están pagando hoy el enorme error de haber cerrado los ojos ante el daño que causaba a España, apostando irracionalmente por el peor gobernante español en muchas décadas. El último en reconocerlo ha sido Suso del Toro, autor de "Madera de Zapatero" y considerado como "escritor de cabecera" de ZP, que ahora afirma que haberlo apoyado "me ha perjudicado como escritor".
Lo mismo puede decir el PSOE, cuyo apoyo persistente al presidente, a pesar de los estragos que sus decisiones causaban a España, se mantiene hasta el presente. Hoy el PSOE se ve arrastrado por el imparable declive de Zapatero y, tras perder casi cuatro millones de votos, se desliza hacia la derrota, castigado por un pueblo español al que Zapatero ha hecho más pobre, menos confiado en el poder y mucho más infeliz .
Otro de los colectivos hundidos como consecuencia de su apoyo a Zapatero es el de los actores y cantantes "progres", el famoso "clan de la ceja", cuyos miembros venden menos discos y cuyas películas se hunden en las salas de cine, abandonadas por un público que no perdona el oportunismo de los subvencionados ni el apoyo interesado a un gobernante pésimo.
La SGAE, incondicional de un Zapatero que ha apoyado desde el gobierno su ilegítima voracidad recaudatoria, es otra víctima del Zapaterismo. Su famoso "canon" aplicable a todos los equipos, lo que equivale a considerar piratas a todos los ciudadanos, instituciones y empresas, ha sido considerado ilegal por la justicia europea y ahora tendrá que devolver el dinero cobrado injustamente. El futuro de la SGAE está en entredicho, entre otras razones porque demasiados españoles la odian con toda su alma.
Pero hay más damnificados del "Zapaterismo". Quizás los sindicatos sean los que han recibido un daño mayor por su sometimiento a ZP y por su apoyo irrestricto a un gobierno que ha conducido a España hacia la pobreza, el enfrentamiento y la derrota como pueblo. Los sindicatos están hoy mal, incluso en peligro de desaparecer, desprestigiados y sintiendo en sus propias carnes el repudio de la opinión pública.
Los medios de comunicación que han renunciado a la independencia y a la crítica por apoyar a Zapatero también lo están pagando. Todos, sin excepción, con El País y la SER a la cabeza, incluyendo a TVE, están perdiendo audiencia y sienten el abandono de un público que ya no puede confiar en su objetividad, veracidad y limpieza.
Muchas de sus víctimas y antiguos compañeros ya reniegan de Zapatero en sus conversaciones prívadas, donde sus juicios sobre el antiguo camarada reflejan una crueldad sobrecogedora. Ahí están para demostrarlo Felipe González, Pedro Solbes, Jordi Sevilla, Alfonso Guerra, Caldera y muchos otros.
Las consecuencias del apoyo irresponsable a Zapatero las están pagando también muchos periodistas e intelectuales, algunos de los cuales, aunque tarde, lamentar el error de haber renunciado a la crítica y cerrado los ojos a la verdad. Para ellos, el calvario no ha terminado porque lamentarán mucho más su alineamiento con Zapatero en el futuro, cuando, tras la caída del líder, los españoles descubramos el inmenso desastre que representó su mandato para España.
EL PSC, que se hundirá en las próximas elecciones catalanas, es otra víctima y los barones regionales del PSOE, también. Ninguno de ellos desea que Zapatero haga campaña en su territorio, aunque, por ahora, solo se haya atrevido a decirlo el manchego Barreda.
Los nacionalistas que han recibido dinero público y privilegios a cambio de los votos que Zapatero necesitaba para seguir en el poder, también pagarán, tarde o temprano, su error mercenario. El BNG y ERC, socios del socialismo en los últimos años, ya están cayendo en picado.
El hundimiento veloz e implacable del "Zapaterismo" es un fenómeno que se observa ya en las calles, plazas, bares y puestos de trabajo de toda España. Muchos, sin venir a cuento, te dicen que nunca le votaron , mientras otros afirman que nunca más le votarán. Casi todos los antiguos zapateristas reniegan del personaje.
Hasta Roures y su grupo mediático lamentan ya su terco alineamiento con Zapatero. La llegada al poder de Rubalcaba y de los felipistas, amigos incondicionales de PRISA, les condena.
Aquello de "mas dura será la caída" va a cumplirse en España de manera inmisericorde. Zapatero va a ser despedazado y muchos de sus antiguos amigos prestarán sus fauces para morderle los tobillos.
Y eso que la caída del líder no ha hecho más que empezar.
La nueva etapa del socialismo español, con Zapatero momificado y metido en el catafalco y con Rubalcaba mandando y repartiendo estopa, se ha iniciado con la artillería socialista disparando a discreción munición de insulto y suciedades políticas. Los insultos los han lanzado casi todos, pero los más destacados han sido los de Pepiño contra Rajoy, de índole sexual, y los del partido en pleno contra el alcalde de Valladolid, por sus declaraciones machistas contra Leire Pajín. Entre las suciedades destaca el nombramiento como candidato socialista por Benidorm de un tránsfuga políticamente deleznable. Detrás de las estrategias y de los cambios, siempre subsiste el mismo ADN del actual socialismo español corrompido, orientado hacia el abuso de poder, el gasto desmedido, las subidas de impuestos y la ruína de la nación.
Rajoy, cuya historia al frente del PP está plagada de cobardías, falta de propuestas, convivencia con la corrupción y silencios sospechosos, está acertando ahora al presentar 507 enmiendas para que el Estado socialista, despilfarrador y culpable del hundimiento político, económico y moral de España, ahorre y rectifique su injusta decisión de congelar las pensiones y hacer pagar la factura de la ruína de España a los pensionistas y a las clases medias. También han conectado con los anhelos de la sociedad su iniciativa para reformar el Estado de las Autonomías, un sistema insostenible que dispara el gasto, la burocracia y la ineficacia, y la privatización de servicios de trenes y aeropuertos.
Rajoy propone subir las pensiones recortando en gastos destinados a RTVE y a los sindicatos, dos capítulos subvencionados por el gobierno no en aras del bien general, sino porque con ellos gana más poder y control.
Con los 750 millones de ahorro que se conseguirían de la televisión pública del Estado y de los sindicatos, podría evitarse la congelación de las pensiones que impulsa el PSOE, una medida injusta y de una bajeza extrema, sobre todo porque Zapatero ha preferido esa vía a la de suprimir despilfarros y lujos en las administraciones públicas.
El Partido Popular presentó un paquete de medidas concretas que es su alternativa a los Presupuestos Generales del Estado de 2011, un paquete que incluye 507 enmiendas a las cuentas nacionales y recortes en diferentes capítulos por un valor total de 750 millones de euros.
Frente al ruído atronador, esencia de la estrategia nueva de Rubalcaba, el PP acierta al presentar medidas concretas para reconducir la ruta de España, que, bajo el mandato de Zapatero, se dirige, rauda, hacia el fracaso como pueblo, el desprestigio internacional y la pobreza.
Rajoy acierta lanzando el mensaje que la mayoría de los españoles demócratas y honrados quieren escuchar: 'basta' de despilfarro y de utilizar el dinero público para los intereses propios del PSOE y del gobierno. Al parecer, Rajoy es conciente de que el resurgimiento de España pasa, inevitablemente, por el adelgazamiento de un Estado que hoy es una aberración científicamente insostenible.
El derecho a rebelarse contra los gobiernos inicuos es universalmente reconocido como ley fundamental. Algunas constituciones democráticas, como la de Estados Unidos, lo reconocen como derecho inalienable del pueblo. El principio de que "Los pueblos deben de luchar por sus leyes como si estuvieran defendiendo sus murallas" es sagrado para todo demócrata. Entonces ¿que está ocurriendo en España para que los ciudadanos soporten como cobardes el mal gobierno, la antidemocracia, la corrupción, la ineficiencia y los abusos del gobierno que preside Zapatero?
En España existen por los menos cien veces más injusticias, abusos, vejaciones a la ciudadanía y atentados contra la democracia que en Francia y mil motivos más para que los ciudadanos salgan a las calles y se rebelen contra un gobierno que, para la inmensa mayoría de los demócratas españoles, es inicuo. Pero en Francia salen y en España no ¿Por qué ocurre eso? ¿Es sólo cuestión de cobardía?
La cobardía del pueblo español es sólo una de las razones, pero no la única. Hay otras muchas que explican la tragedia de un pueblo que soporta ser aplastado por un mal gobernante. Quizás la principal de todas es que el poder político lleva tres décadas envileciendo a la sociedad con enorme éxito.
¿Cómo puede defender sus derechos y rebelarse contra los que abusan del poder un pueblo que apenas ha aprendido en las escuelas, al que jamás han hablado de deberes y que está integrado mayoritariamente por minusválidos intelectuales que acuden en masa ante el televisor para contemplar, al lado de sus hijos, la "fabulosa" vida de Belén Esteban y que disfrutan asistiendo a programas de televisión donde los protagonistas suelen ser macarras, prostitutas, mentirosos profesionales y canallas, personajes que se despellejan mutuamente ante las cámaras, mientras que los niños y adolescentes los miran como modelos a imitar? ¿Cómo pueden rebelarse los millones de españoles que sueñan con llegar a un cargo público para poder aprovecharse y robar, como hacen muchos de los actuales políticos? ¿Pueden ser rebeldes aquellos que se conforman con unas raciones ridículas de cerveza, tapas, envidia y fútbol, un cóctel utilizado tanto por el franquismo como por la falsa democracia para hipnotizar y aborregar a los españoles?
Guste o no guste, la obra maestra de la falsa democracia española, durante los últimos 30 años, ha sido degradar y, muchas veces, envilecer al pueblo español. El envilecimiento, de donde emana la cobardía, es lo único que explica por qué un pueblo que en el pasado fue noble e indomable, es hoy el hazmerreir del mundo al soportar a un gobierno sin altura, cuyas únicas herencias serán el endeudamiento, la pobreza y la tristeza generalizada, que ni siquiera es respetado por los demás gobernantes democráticos del mundo.
Hay otras muchas razones que explican la cobarde esclavitud de los españoles ante el poder político, desde el sometimiento al gobierno de periodistas e intelectuales a la utilización perversa del dinero público para apuntalar el poder, comprar voluntades, castigar al adversario y beneficiar a las propias huestes, pero mencionemos únicamente tres que consideramos fundamentales:
--- La corrupción ha hecho ya mella en la sociedad española y la ha alejado de valores como la justicia, la honradez, la decencia, el esfuerzo, la dignidad y otros muchos.
--- Los sindicatos, que son los convocantes y la punta de lanza de la rebelión francesa, son libres en Francia, mientras que en España están comprados por el gobierno, que los inunda de dinero y privilegios, lo que les impide ser libres y defender los verdaderos intereses de los trabajadores.
--- Los franceses demostraron suficientemente a lo largo de la Historia su sentido de la libertad y su decisión de enfrentarse al poder político cuando éste es injusto e indigno, no así en España, donde, salvo escasas excepciones, la sumisión y el miedo han dominado la relación histórica entre el pueblo y el poder.
Téngase en cuenta que los franceses están luchando contra su gobierno para impedir que les retraen la jubilación hasta los 62 años, mientras que en España ya nos jubilamos a los 65 y la van a retrasar hasta los 67. Además, los salarios en Francia están más altos; los franceses tienen mayor capacidad adquisitiva; la justicia funciona mejor en Francia; los nieveles de corrupción son muy inferiores en Francia; la protección social en Francia es mejor y la "casta" política francesa tiene muchas más capacidad intelectual, vergüenza, decencia y responsabilidad que la española.
El pasado domingo se cometió el último crimen hogareño, con el que las víctimas por violencia doméstica en España son ya 58, más que en todo el año 2009. Ante la avalancha de asesinatos de mujeres (y también de algunos hombres), víctimas todos de la violencia familiar, muchos políticos y ciudadanos se preguntan qué es lo que está fallando y por qué no funcionan las leyes y medidas aprobadas para la protección de esas víctimas de la llamada "violencia de género". Las explicaciones y argumentos son muchos, pero ningún político se atreve a reconocer la verdad: España es ya un país sin valores y sin armadura moral, cuya sociedad, modulada por un gobierno nada ejemplar, que convive con la corrupción y practica el despilfarro y el abuso de poder, carece ya de esos frenos morales que impiden la delincuencia.
Pero, además del hundimiento de los valores y de la construcción, desde el poder, de una sociedad moralmente desarmada y bastante envilecida, hay otras razones que explican (aunque no justifican) esa carnicería en los hogares. Una de ellas es el claro desequilibrio de la justicia, que muchas veces, al beneficiar claramente a la mujer, coloca al hombre que ha visto su matrimonio roto en situación tan desesperada que la depresión y el crimen pueden llegar a ser la salida. Conozco en Sevilla el caso de un hombre que se ha quedado sin hogar y que hoy vive en la calle, a pesar de que el piso en el que vivía, hoy ocupado por su ex esposa y su amante, lo compró él con el esfuerzo y el fruto de su trabajo. Estaba tan desesperado ante la injusticia que deberían ponerle vigilancia policial a su es esposa.
Casos como ese, en los que la Justicia beneficia descaradamente a la mujer y condena al hombre al desamparo, hay a millares en esta España desquiciada, cuya escala de valores ha sido demolida por una casta política que ha constituido un deplorable ejemplo para la ciudadanía con sus robos, corrupciones, privilegios injustificados, abusos de poder, despilfarros y otras muchas iniquidades.
Es cierto que España lidera en Europa la legislación contra la violencia, pero lo paradójico es que su cifra de feminicidios está creciendo de manera alarmante este año. La única explicación convincente a ese fenómeno es que España es un país al que el mal gobierno y la baja calidad de la democracia han desquiciado y desarmado de valores y principios.
¿Alguien ha visto al gobierno de Zapatero apelar a la bondad de los ciudadanos, estimulando el respeto, el esfuerzo, la honradez y el amor? ¿Acaso no se dedican, con toda la intensidad posible, a pelearse en público con sus adversarios políticos, a utilizar el dinero público en beneficio propio, a hacer pública ostentación de sus privilegios, riquezas y ventajas y a escandalizar a la sociedad con sus corrupciones y abusos de poder?
Cuando una sociedad carece de ética y cuando la clase política ha dejado de servir de ejemplo, cuando desde el poder se estimula, en las escuelas e institutos, una educación sin esfuerzo y sin respeto, plagada de fracaso escolar y de violencia en las aulas, de nada sirven las órdenes de alejamiento, el teléfono único o el castigo a los asesinos. Desesperados y sin moral, los que matan a sus parejas terminan su asquerosa "faena" suicidándose.
Las declaraciones machistas del alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, sobre la nueva ministra de Sanidad, Leire Pajín, están sirviendo de excusa para que el PSOE inaugure su nueva estrategia, basada en el continuo ataque al PP, para desacreditarlo y neutralizar así la ventaja de la derecha en las encuestas de intención de votos.
Ayer, el comité federal de los socialistas aprobó por unanimidad una resolución que dice: "Nos reservamos el derecho de adoptar las medidas judiciales procedentes". Zapatero también se refirió a las palabras de De la Riva, tachándolas de "intolerables" y "vergonzosas". Por su parte, la ministra González Sinde le negó en saludo y, como represalia, no asistió a la gala inaugural del festival de cine de Valladolid.
Sin embargo, a pesar del revuelo y del ruído atronador que consigue la bien engrasada propaganda del PSOE, la declaración machista del alcalde ("Cada vez que veo esa cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a decir") son menos graves y antidemocráticas que el error cometido por la mencionada ministra Gonzáles Sinde, que amparó un impuesto abusivo que considera a cada español y a cada empresa como "pirata" de hecho, aprobado por el gobierno de Zapatero para ayudar a sus amigos de la SGAE, el cual ha sido declarado ilegal por los tribunales europeos y que ha representado, durante su vigencia, el "robo" a los españoles de decenas de millones de euros, pagados al comprar equipos y soportes de grabación.
La declaración machista del alcalde de Valladolid es también menos grave que la que en su día hizo el alcalde de Getafe, el socialista Pedro Castro, que utilizó una mesa redonda sobre política social para llamar "tontos de los cojones" a los votantes del PP.
También tiene menos importancia que los "atentados" de Zapatero contra la Constitución, perpetrados al impulsar el Estatuto de Cataluña, condenado por el Tribunal Constitucional porque rompe el principio constitucional de la igualdad entre los españoles.
Los cuatro infractores citados, apenas un minúsculo ejemplo de los muchos etantados contra la democracia que protagoniza la miserable casta política española, (Zapatero, González Sinde, Pedro Castro y Javier León de la Riva) deberían haber dimitido por sus "fechorías" antiéticas y antidemocráticas, pero ninguno lo ha hecho porque en España los malos gobernantes, los que dañan al pueblo y a la patria con sus actuaciones, gozán de una sucia y práctica impunidad.
El nuevo gobierno de Zapatero librará su batalla por el poder en los medios. A los periodistas españoles se les viene encima una avalancha de presiones y manipulaciones.
Dice Zapatero que su nuevo gobierno es político, pero la verdad es que es mediático. Ha reclutado a sus ministros entre los que mejor comunican para otorgar más vigor a los argumentos y tesis del desvencijado zapaterismo, para conseguir la ansiada resurrección con la ayuda de los medios de comunicación. Por eso ha nombrado capitán de la banda a Rubalcaba, un maestro del engaño, un encantador en la corta distancia cuyo primer objetivo será embaucar a los periodistas y convertir en cómplices a los editores, repartiéndoles dinero público en forma de publicidad y asegurándoles que el futuro de España pertenece por entero al socialismo.
El problema, para el gobierno es qué comunicar. Lógicamente, no comunicarán la verdad amarga de una España, moldeada por Zapatero, que tiene cinco millones de parados, que nada en la corrupción, que está endeudada hasta el límite, que ha perdido prestigio y peso en el mundo y que está llenando sus calles de pobres y desesperados. Lo que comunicarán, entonces, serán las maldades del PP y el esfuerzo se concentrará en dos frentes: en demostrar que el PP es peor que el PSOE y en ocultar, bajo el engaño y la confusión, el estercolero de país que ellos han construído.
Si yo fuera periodista (lo soy), tendría mucho cuidado ante la avalancha que se avecina. Desde ahora hasta el año 2012, la batalla por el poder se dará, principalmente, en las empresas de comunicación y en las redacciones. Para el desprestigiado Zapatero, no existe otro camino hacia la victoria que la propaganda. Es un camino peligroso en democracia, que incrementará las tensiones y que envenenará aun más la convivencia.
Para los editores y empresarios mediáticos habrá publicidad abundante, concesiones y otras ventajas ocultas, siempre a cambio de portadas y y de ausencia de críticas; para los periodistas independientes se elaborará un sofisticado cóctel de alta presión que combinará promesas, recompensas, intimidación, amenazas, mentiras atractivas y miedo; para los periodistas sometidos habrá premios, filtraciones, promoción, presencia en tertulias controladas y, con un poco de suerte, hasta dinero público.
Rubalcaba miente tanto o más que Zapatero, pero lo hacer mejor, de manera más convincente. Es partidario acérrimo de la teoría de que una mentira repetida cien veces se convierte en verdad. Además, comparte con el presidente la sucia convicción de que lo único importante es ganar las elecciones, como sea. Aunque parezca increíble, tiene menos frenos morales que el presidente y todavía parecen importarle menos las desigualdades, las agresiones a la constitución y el drama que representan los cinco millones de parados para España. Un tipo que ha convivido, sin pestañear, con el terrorismo de Estado en el último gobierno de Felipe González, que ha amparado a policías vendidos, que ha pilotado, desde la seguridad del Estado, las oscuras y siniestras negociaciones de su gobierno con ETA y que está detrás de casi todas las tramas oscuras policiales de la democracia, no va a temblar a la hora de doblegar a la prensa española y ponerla al servicio del resurgir socialista.
Los periodistas que crean en la independencia y en el servicio a la verdad lo tienen crudo en España. Ya lo tenían difícil, pero ahora será peor. Las tertulias van a recibir presiones para que sean menos críticas, los periodistas agresivos serán discretamente advertidos y marginados, mientras los indiferentes serán persuadidos y algunos elementos claves van a ser comprados.
El diario El País, la cadena SER y los periodistas Ana Pastor, de Televisión Española, e Iñaki Gabilondo, son los modelos preferidos de Rubalcaba. La entrevista agresiva que Ana Pastor hizo recientemente a Esperanza Aguirre, acosándola y buscándole fallos y contradicciones, es el ejemplo de lo que quiere Rubalcaba: periodistas implacables con la oposición y corderos sometidos con el gobierno. Para los críticos solo existirán problemas y para los indiferentes, desprecio y amenazas más o menos sutiles.
Rubalcaba es plenamente consciente de que el prestigio y la imagen del socialismo y, sobre todo, de su actual líder, José Luis Rodríguez Zapatero, están por los suelos. Todos, incluso el presidente, han reconocido ya que la recuperación económica no llegará a tiempo para recuperar los votos perdidos. Eso significa que las próximas elecciones se celebrarán con un océano de parados y de pobres sueltos por las calles, todos acumulando deseos de venganza contra el gobierno. En consecuencia, no les queda otro camino para la victoria que la propaganda y la mentira, ni otro escenario que el de los medios de comunicación.
Ante la avalancha de presiones que se avecina, toda ella diseñada para ocultar bajo imágenes, titulares y textos el fracaso del gobierno, el avance estremecedor del desempleo y la pobreza y el hundimiento de los valores y de la esperanza en España, conviene recordar la culpabilidad enorme de los medios de comunicación en este desastre y el hecho indiscutible de que, si los periodistas españoles hubieran hecho sus deberes en los últimos años, España no sería hoy una cloaca.
Hay un párrafo en mi libro "Periodistas sometidos", que explica y prepara para lo que se le viene encima al periodismo español: "Miles de periodistas empotrados e incrustados en la cultura dominante ignoran voluntariamente que todas las grandes gestas del periodismo en la historia comparten el mismo rasgo: se apartan del poder dominante y se impregnan de insurrección. La rebeldía frente al poder es una condición indispensable para ser periodista."
Y otra: "No hay un solo caso de periodista esclavo que sea recordado por la Historia, del mismo modo que tampoco merecen el recuerdo los militares cobardes o los médicos al servicio de la muerte. Que quede claro que los periodistas sometidos al poder sólo pueden esperar poder y dinero, pero nunca reconocimiento, honor y respeto".
Así que, compañeros, mucha atención con lo que se avecina... Y recuerden aquella sentencia sabia, forjada hace un par de décadas en las Cortes Españolas: "¡Cuidado con Rubalcaba, que si puede te la clava!"
¿Cómo se puede ser "progresista" cuando se retrocede claramente en igualdad, se pierde prosperidad y se abandonan logros y conquistas sociales? El progreso, en la España de hoy, es poco más que propaganda y marketing de la izquierda.
El mal gobierno y la "crisis" están demoliendo el concepto de "progreso" y colocando a los gobiernos, especialmente a las izquierdas, contra las cuerdas. No es un fenómeno que afecte exclusivamente al PSOE y a la "progresía" española porque tiene rasgos universales, aunque la intensidad en España es triste y aterradora. Los trabajadores vuelven a depender de sus jefes; las mujeres retornan a los hogares para volver a ser amas de casa; los ciudadanos desconfían de los políticos y la prosperidad se va por las cañerías. Sin honradez y eficacia en el gobierno y sin dinero en la economía, el "progreso" es insostenible.
La idea de progreso, propuesta por la Ilustración, es uno de los pilares del capitalismo y la bandera alzada por las izquierdas para captar votos y partidarios. El "progreso", un concepto moderno, que no tiene más de 200 años, es la expansión de los bienes y servicios a disposición de los humanos, pero implica también avances en valores, igualdad, derechos, prestaciones sociales, bienestar y felicidad. Cuando en lugar de avanzar, se retrocede, el progreso entra en crisis y es suplantado por el retroceso y la regresión.
Las dos guerras mundiales de la primera mitad del siglo XX significaron golpes demoledores contra el progreso, un concepto difícil de sostener cuando los hombres son asesinados a millones por el Estado y en los campos de batalla. La caída del Muro de Berlín, por el contrario, representó un nuevo impulso para el "progreso", una idea que fue secuestrada y asumida como bandera por una izquierda que, sin la URSS como referencia, había quedado huérfana de ideologías y referencias.
En las últimas décadas del siglo XX, la idea de progreso se asoció cada vez más con la libertad y liberación políticas, mientras desde otros sectores se argumentaba que la libertad de mercado traía consigo la promesa de la eliminación de la pobreza y la tiranía. La idea de progreso se ha ido vinculando cada día más a la demanda de más democracia y más libertad en el ámbito individual, el derecho a escribir "la propia biografía".
Para la izquierda, cada día resulta más difícil mantener bajo control la idea de "progreso", un concepto que se les escapa porque, al creer más en el colectivismo que en la persona, y más en el predominio del Estado que en la libertad personal. La izquierda está perdiendo el control del "progreso" al ser incapaz de ofrecer más democracia y libertad individual y sólo lo mantiene empleando enormes masas de esfuerzo y dinero en propaganda, marketing y mentiras institucionalizadas.
El impulso democrático es identificado con la búsqueda de la identidad propia, con la realización del "yo" y con la consagración de una verdadera y libre individualidad. Pero los tiempos oscuros del presente, marcados por la crisis y por gobiernos que, de manera inadmisible y mafiosa, se aferran al poder y a sus privilegios, están consiguiendo que retrocedamos hasta los tiempos en que ese impulso democrático se plasmara en luchas colectivas del pueblo para liberarse de autócratas, oligarcas y plutócratas.
Es el fracaso de las izquierdas y de la política en general, así como la constatación de que el mundo actual retrocede en lugar de avanzar, perdiendo derechos, libertades, prosperidad, seguridad, igualdad y, sobre todo, valores y decencia.
En estas tristes circunstancias, cuando los humanos vuelven a luchar por un puesto de trabajo que les permita subsistir, cuando la clase política es despreciada por los sectores más conscientes y cultos de la sociedad como una "casta" despótica y abusiva, el "progreso" apenas es marketing político, propaganda y banderín de enganche para desinformados y sometidos al pensamiento único del poder.
Alfredo Pérez Rubalcaba, el único socialista de la vieja guardia presente en el anterior gobierno de Zapatero, ha sido promovido a vicepresidente primero, sustituyéndo a María Teresa Fernández de la Vega, cuyas discrepancias con Zapatero eran cada día más difíciles de ocultar. Rubalcaba ha sido promocionado para que controle el partido, atraiga a los felipista, neutralice a los guerristas e inspire miedo a los críticos y disidentes. Con Rubalcaba, Zapatero quiere garantizarse el sometimiento de su partido en el periodo crítico que va desde hoy a las elecciones generales de 2012.
El actual ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, será vicepresidente primero y portavoz, Ramón Jáuregui (Presidencia), Valeriano Gómez (Trabajo), Leire Pajín (Sanidad) y Rosa Aguilar (Medio Ambiente). Trinidad Jiménez cambia Sanidad por Exteriores. Desaparecen Vivienda e Igualdad. De la Vega y Moratinos salen del Gobierno.
Zapatero ha demostrado otra vez que es un mentiroso compulsivo al realizar una remodelación amplia de su gobierno, algo que había negado varias veces, la última de las cuales el pasado domingo, en Ponferrada.
La remodelación, demuestra que Zapatero se resiste a ser tratado como una momia embalsamada, ya preparada para el entierro. Se ha desembarazado sin piedad de los ministros críticos, de los menos entusiastas y de los que habían perdido prestigio e imagen. Ha querido soltar lastre y, al mismo tiempo, fortalecer la disciplina a través de un Rubalcaba que ejercerá como perro de presa del "zapaterismo" agonizante y ya momificado.
Rubalcaba tiene la misión de controlar y someter a todo lo que se mueva en el entorno del PSOE y del gobierno. Por eso mantiene el ministerio del Interior. Pepiño Blanco, el otro vencedor de la crisis, tiene la misión de controlar al partido. Los dos actuaran como los guardaespaldas políticos de un Zapatero que, aunque parezca increíble, piensa ya en presentarse de nuevo como candidato en 2012, toda una bofetada para la decencia, la democracia y la esperanza de España.
La presencia de Rubalcaba en el nuevo gobierno, con las máximas responsabilidades, es también una noticia inquietante para los demócratas españoles, muchos de los cuales creen que los derechos individuales y el sistema jurídico de protección personal podrían quedar en peligro.
Pero, a pesar de todo, ahí va un vaticinio: la remodelación no le servirá de nada al inepto Zapatero porque los españoles han captado ya su escasa valía como gobernante y su pobre calidad política y moral. Se ha equivocado con su golpe de fuerza porque los cadáveres como él no tienen ya autoridad suficiente para imponer grandes cambios. Los rebeldes y los ciudadanos dignos de España seguirán alzandose y muchos de los que hoy han sido expulsados y otros muchos que no han sido elegidos se convertirán en enemigos y trabajarán desde la trastienda para que la momia del inepto faraón fracasado sea enterrada lo antes posible y no siga destruyendo el socialismo y el futuro de los españoles.
Los nacionalismos vasco y canario han cerrado un pacto con el gobierno para apoyar los próximos presupuestos generales, lo que representa no sólo apostar por unas cuentas del Estado que causarán más desempleo y pobreza a España, sino también por mantener a Zapatero un año más en la Moncloa, una decisión contraria a los intereses de España, que con Zapatero camina hacia el desastre, y de la voluntad popular, que rechaza mayoritariamente (más del 80 por ciento) al presidente inepto, según reflejan las encuestas.
El PNV y Coalición Canaria han entregado sus votos a Zapatero para asegurarle un año más de permanencia en el poder. Con esa decisión frustran el anhelo de la inmensa mayoría de los españoles que, aterrorizados ante los errores y daños del gobierno, quieren que Zapatero dimita y convoque elecciones anticipadas. Los que apuestan por la España moribunda de Zapatero se han enfrentado a ese 80 por ciento de los españoles que rechaza abiertamente a Zapatero y que no confía ya en sus medidas, en sus decisiones, ni siquiera en sus palabras.
Pero lo más grave de ese apoyo, lo que lo convierte en antidemocrático y vil, no es sólo que se hace en contra de la voluntad de la mayoría, sino que ha sido un pacto opaco del que no se ha informado al pueblo, una conspiración de miserables que oculta la verdad.
Hay preguntas inquietantes en ese pacto abyecto: ¿Cuanto nos costará a los españoles mantener un año más en la Moncloa al inepto que nos está llevando hacia la pobreza, la derrota y el fracaso? ¿Se ha roto la caja única de la Seguridad Social? ¿¿Eta y la izquierda proetarra han salido beneficiadas en el pacto?
Ha sido, sin duda, una pacto contra el pueblo, contra los intereses de España y descorazonador para los demócratas. Gracias a ese acuerdo se producirán efectos nocivos para el país, la convivencia y el interés general, como el fortalecimiento del nacionalismo, el incremento de la desigualdad entre los pueblos de España, la utilización de dinero público por parte de Zapatero para pagar su propia permanencia en el poder, el debilitamiento del pacto PSOE-PP en el el País Vasco, gracias al cual existe un gobierno constitucionalista y empeñado en crear paz y esperanza entre los vascos y el indirecto fortalecimiento de ETA y de sus partidarios.
Pero ninguno de esos efectos nocivos es comparable al mayor de todos: mantener a Zapatero más tiempo en el poder, con todas las consecuencias negativas que representa para España la permanencia en el timón de un dirigente fracasado, causante de daños irreparables a la economía y a la moral de España, creador de frustración, división, enfrentamientos, pobreza e infelicidad entre los españoles, que ya no puede aparecer en público porque es abucheado por su pueblo y que ni siquiera puede acudir a los grandes foros internacionales sin que sea despreciado por los demás mandatarios.
La reacción lógica y ética de todo demócrata ante ese pacto miserable debe ser de rechazo activo. La indignación ante el atropello debe traducirse en proselitismo anti-Zapatero en los hogares, calles, plazas, bares y puestos de trabajo. Hay que conseguir que los millones de epañoles que, víctimas de su buena fe o de la propaganda engañosa del gobierno, siguen apoyando al peor gobernante de la historia moderna de España, perciban toda la magnitud del daño que Zapatero está causando a nuestro país.
Uno de los acuerdos del ignominioso pacto es el cambio del nombre del País Vasco, que pasará a llamarse, oficialmente, en toda España, Euskalerría. Ante ese nuevo "asalto" nacionalista, perpetrado por orden de Zapatero y con el apoyo del PSOE, los demócratas debemos reaccionar practicando el boicot lingüistico y llamando "Vascongadas" a lo que ellos quieren rebautizar. Es importante recordar que el lenguaje lo hace el pueblo, no los políticos, y que si los españoles deciden "bautizar" a la tierra del PNV como Vascongadas, ese será su nombre definitivo.
En este blog, a partir de ahora, las tierras vascas será llamada "Vascongadas". Será nuestra manera visible de oponernos al abuso de poder y a la profunda miseria que emana del poder político español.
El hijo de un viejo militante socialista andaluz con amigos poderosos en la Junta se niega a seguir estudiando. El padre lo presiona para que termine por lo menos una carrera corta, pero el muchacho se cierra en banda. El padre le dice: ¡No quiero vagos en casa! ¡Tendrás que trabajar!
Llama a su amigo Manolo, poderoso jerifalte de la Junta, y le dice: "Mi hijo me ha dado un disgusto de muerte. Se niega a seguir estudiando y no quiero que se convierta en un vago. Mira a ver si le encuentras un trabajito en la Junta".
Tres días después, Manolo le llama y le dice: "He encontrado para tu hijo un puesto de asesor de la Comisión de Salud de la Junta, con un sueldo mensual de 9.000 euros. Espero que estés contento".
"No, Manolo, no me has entendido., Ese puesto es demasiado alto para alguien que empieza y sin experiencia,. Quiero algo de menos dinero, sólo para que trabaje y no se haga un vago".
Al día siguiente, Manolo vuelve a llamar: Le he encontrado un puesto de secretario de un diputado. Con dietas y dedicación, ganará 5.000 euros al mes".
"Manolo, por favor, no me lo malees. Tiene que ser algo menos importante y con menos retribución. No olvides que mi intención es que vuelva a estudiar y termine su carrera".
Dos horas después:
"Ya le he encontrado a tu hijo el puesto ideal. Será contratado como adjunto al Jefe de Servicios Sociales de la Consejería de igualdad. El sueldo es de 2.800 euros al mes".
"Manolo, por favor, entiéndeme. Lo que quiero es un puesto de 600 euros al mes, sólo para que conozca lo que es el trabajo y se decida a estudiar".
La respuesta de Manolo es fulminante:
"Imposible. Eso no puedo hacerlo ni para mi mejor amigo. Esos puestos son muy difíciles porque requieren estudios terminados, idiomas y oposiciones muy complicadas. Lo siento".
(Real como la vida misma. Hay numerosos casos en la España pública del presente que se ajustan minuciosamente al caso narrado).
A pesar del pesimismo intenso que vive el mundo, el "bien" obtiene victorias sobre el "mal", sobre todo en los últimos días, donde hemos vivido éxitos exultantes y logros que enaltecen a los demócratas y a la gente de bien. La concesión del Nobel a Mario Vargas Llosa, un combatiente por la libertad y los derechos, es una gran noticia, como lo ha sido también la concesión del Nobel de la Paz al disidente chino Liu Xiaobo, encarcelado por la perversa tiranía china. Pero, sin duda, el más fuerte éxito de bien sobre el mal se ha producido en Chile, donde un pueblo unido bajo la conducción de un presidente demócrata, ha vivido la euforia del rescate de los 33 mineros atrapados en la mina San José, en Copiapó, al norte del país.
El "mal" y sus representantes siempre se comportan con vileza. Al conocer la concesión de los dos premios Nobel, el presidente boliviano Evo Morales, un genuino representante del mal y miembro de la banda de los forajidos políticos que han logrado aferrarse al poder en algunos países desgraciados del planeta, convocó una rueda de prensa de inmediato, en la que consideró "sospechosas" las nominaciones y lamentó que esos galardones nunca serán concedidos a gente como él, que se autodefinió como "anticapitalista" y "antiimperialista".
Los enemigos de la democracia que han conquistado el poder en algunos países desgraciados del mundo deberían contar con un Premio Nobel "de la Mentira" o "de la Antidemocracia", un galardón que se disputarían el mencionado Evo Morales, Hugo Chávez, Lukashenco, Putin, Mugabe, Al Bashir, Ahmadinejad, Daniel Ortega, Correa y, por supuesto, el amigo europeo de todos ellos, José Luis Rodríguez Zapatero, bajo cuyo mandato España está quedando arruinada, desunida, sin democracia, desarmada de valores y sumida en una tristeza profunda.
Muchos ciudadanos del mundo, al contemplar por televisión las imágenes del rescate de los 33 mineros y las vivencias y sentimientos de sus compatriotas chilenos, hemos sentido envidia.
Si en lugar de haber sucedido en Chile, tal accidente hubiera ocurrido en España, el resultado habría sido, con toda seguridad, muy distinto. Dependiendo del partido gobernante en la "nación" o autonomía donde estuviera localizada la mina, se habrían producido protestas, altercados, empujones, manifestaciones y politicastros luchando por fotos y cámaras, rodeados de periodistas sometidos y entregados a la mentira y a la lisonja.
Los vulgares y mediocres políticos españoles actuales nunca habrían sido capaces, como ha hecho el presidente Piñera, de lanzar al mundo entero un mensaje que enaltece a la raza humana. Habrían optado por pelearse entre ellos. El PP habría dicho que con Aznar eso nunca habría sucedido, mientras que el PSOE, tras acusar del desastre a la "política de la derecha", para captar votos, habría aprobado subvenciones para las viudas de mineros, "víctimas de la derecha". Los sindicatos habrían convocado una huelga general; los empresarios habrían pedido subvenciones para mejorar las instalaciones y la prensa del corazón habría envuelto el rescate con su baba viscosa e inmoral, corrompiendo los mejores sentimientos, mientras compraba exclusivas y aireaba la vida íntima de los mineros con amantes, tendencias homosexuales o hijos ilegítimos. La oposición y el PSOE habrían arrebatado el protagonismo a los mineros sepultados, provocando el vómito de los ciudadanos con sus acusaciones mútuas. Los mineros, por supuesto, habrían muerto, víctimas de la incompetencia de un gobierno como el de Zapatero, que habría derrochado las mejores energías del país en acusar a la derecha del desastre.
Pero la realidad ha sido, por fortuna, diferente y Chile ha brindado al mundo un atrayente espectáculo de humildad, eficacia, unidad y espíritu humano de superación y esfuerzo. El presidente Piñera, cuyas alusiones a Dios sonaban extrañas en la España anticatólica que promueve Zapatero, humilde, sencillo y sonriente, se convirtió, por méritos propios, en el rostro de ese Chile ejemplarizante, demostrando a las sociedades mundiales secuestradas por forajidos y políticos antidemócratas, el valor que otorga Chile a la libertad, a los derechos humanos y a la democracia.
Visto desde la España moribunda de Zapatero, el espectáculo que ha ofrecido Chile es enaltecedor y portador de sentimientos que combinan la admiración con la envidia. Después de lo que hemos visto, a muchos españoles nos gustaría ser chilenos. Hemos contemplado el verdadero patriotismo en acción, el que se sustenta en el respeto, la humildad, el esfuerzo común y la únidad, no el que exhibimos los españoles cuando los nuestros juegan al fútbol con virtuosismo o cuando agitamos las banderitas como borregos, o cuando apoyamos a nuestros partidos políticos, cuyos líderes integran la más ineficaz e insolvente y castrante "casta política" de toda la Unión Europea.
Como dijo el jefe de los mineros: ¡Viva Chile, mierda!
Los políticos españoles y, de manera especial, los que gobiernan, se merecen, sin la menor duda, la repulsa masiva del pueblo y el desprecio activo de los ciudadanos. Y la merecen no sólo porque han gobernado mal y porque su liderazgo, marcado por el error, el despilfarro, la arrogancia y la mentira, esté conduciendo a España hacia el fracaso y la pobreza, sino porque han perdido la sensibilidad y el alma, porque están tan aislados y endiosados que son incapaces de ver la magnitud del malestar que hay en la calle.
Ante una protesta masiva y estridente, como la que se produjo en el Paseo de la Castellana, el día 12 de octubre, sólo se les ha ocurrido pensar que el pobre presidente el gobierno ha sido ofendido, o que el momento era demasiado solemne para gritar. Hasta el rey, que al perder reflejos por la edad está perdiendo también la sensibilidad popular y el sentido de Estado que demostró tener en el pasado, ha lamentado las protestas en lugar de reflexionar sobre el estado de desesperación que deben tener los ciudadanos cuando se atreven a gritar ante la autoridad revestida de todo su poder, en un momento tan solemne y significativo.
Lo fácil es pensar que se trataba de agentes de la extrema derecha, o de acusar a la oposición de alentar la protesta. Lo difícil es admitir la verdad: que los españoles estamos tan cansados, tan hartos de ineficacia, de privilegios inmerecidos, de arrogancia y de ese mal gobierno que nos está llevando hasta el matadero, que somos capaces ya de protagonizar protestas de gran fuerza y vehemencia.
A los gobernantes más lúcidos se les ha ocurrido decir que "los políticos deben soportar las protestas populares", cosa cierta, pero ni siquiera a ellos han afrontado la esencia del problema: ¿Que está pasando en España para que los ciudadanos griten contra sus gobernantes y empiecen a odiarlos?
El balance de los actuales políticos españoles es sobrecogedor: han creado una sociedad sin valores, en retroceso, frustrada e infeliz, que les rechaza a ellos y que está perdiendo el respeto y el aprecio por la democracia. Hasta están consiguiendo que muchos demócratas recuerden el "franquismo" con añoranza. Desde el primero hasta el último, incluyendo a la oposición y al siniestro nacionalismo radical, son, sin la menor duda, una generación política amortizada, una casta política fracasada y merecedora de desprecio.
El grado de desesperación y de angustia de la población española es mil veces más alto de lo que el rey, Zapatero y su gobierno creen. Ellos, que viven en sus burbujas de lujo, con dinero público abundante, rodeados de seguridad, asesores que les adulan y privilegios similares a los que disfrutaban la nobleza y el clero en el "Antiguo Régimen", están ciegos y no saben ver el drama que se despliega en su entorno, en una España donde han cerrado más de un millón de buenas empresas, donde hay cinco millones de personas que quieren y no pueden trabajar, la España de los desaucios diarios de viviendas que no se pueden pagar, plagada de padres que se avergüenzan ante sus hijos porque no tienen dinero para alimentarlos, la España de las colas en los comedores de caridad, la del auge de Cáritas, la España que vuelve a emigrar y la que ha aprendido a odiar a sus políticos y a la misma política, un drama de consecuencias graves que nuestro país pagará durante muchas décadas de su futuro.
Parece mentira que sean tan obtusos y arrogantes, tan estúpidos y ciegos que no sean capaces de percibir la importancia de que la clase política aparezca en las encuestas como el tercer gran problema del país, por delante del terrorismo, por delante del problema de la vivienda, por delante de la violencia y de la inseguridad. La opinión negativa que los españoles tienen de sus gobernantes es causa más que suficiente en democracia para que se convoquen elecciones anticipadas.
El rey, Zapatero, su gobierno y su inmensa corte de subsidiados, ciegos y alienados, deberían saber que están jugando con fuego, que han fracasado, que les ha llegado la hora de retirarse y que, antes de que sean forzados a hacerlo por disturbios y altercados, deberían dejar paso a otra sangre nueva, más sensible, más próxima al pueblo y a sus problemas, más ética, menos habituada a convivir con la corrupción y, sobre todo, más demócrata.
PD: Uno de los lectores de Voto en Blanco, que presenció el desfile, asegura que el vehículo de la princesa también fue pitado y abucheado, pero ningún medio se ha atrevido a decirlo.
Los políticos que han condenado los abucheos y pitidos a Zapatero en el Paseo de la Castellana desconocen la democracia y sus reglas y se expresan desde ámbitos autoritarios y antidemocráticos. Algunos, como el rey, por respeto a su elevado rango en la Jefatura del Estado, nunca deberían condenar esas legítimas expresiones populares de protesta. Otros, como José Bono, lo han hecho con soberbia y rabia, exteriorizando un peligrosa contaminación política totalitaria. Aunque al final han rectificado y no diseñarán nuevos protocolos para impedir la expresión del pueblo, las primeras reacciones del gobierno han dejado al descubierto su espíritu antidemocrático y sus tendencias autoritarias y anticiudadanas.
La reacción del gobierno ante el rechazo público de los ciudadanos, plasmado en una sonora pitada y abucheo al presidente del gobierno durante el desfile militar del 12 de octubre, ha sido totalitaria y antidemocrática. Para evitar ser abucheados en el futuro, van a cambiar los protocolos, en lugar de cambiar de actitud. Cambiar los protocolos equivale a elevar la muralla que les separa de los ciudadanos. Creen que es el pueblo el que se equivoca, no ellos, y son incapaces de extraer las conclusiones correctas. Ni siquiera sospechan la verdad: que los ciudadanos están cansados del peor gobernante de la España moderna, al que le exigen que dimita y convoque elecciones.
Son tan arrogantes los gobernantes y están tan alienados que lo confunden todo. Olvidan que el pueblo, en democracia, salvo excepciones muy especiales, siempre tiene razón. Contrariados porque el pueblo les abuchea y rechaza, van a cambiar los protocolos, cuando lo que debían cambiar es la forma de gobernar. En democracia, los gobernantes, no sólo tienen que gobernar bien, sino también producir con sus decisiones satisfacción al pueblo, que es el que paga la cuenta y el soberano del sistema.
Ante las protestas ciudadanas, en lugar de asumir que algo hacen mal, han alejado la tribuna de autoridades y elevado los decibelios de los altavoces, para ahogar las protestas, un tíc genuinamente dictatorial. El espectáculo de la "casta" arrogante es bochornoso y nada democrático. Se comportan como los viejos aristócratas del "Antiguo Régimen" o como los señores feudales, que se consideraban superiores al pueblo y miembros de una estirpe de intocables. No están tan lejos de los ciudadanos como llegó a estarlo Stalin, pero la distancia que separa a Zapatero de su pueblo se ensancha cada día más, aunque él y los suyos lo ignoran. Si después de cambiar los protocolos de la Fiesta Nacional continúan los abucheos, es probable que prohiban la presencia de los ciudadanos. Si las protestas siguieran, tal vez prohibirían la libertad. El final de la escalada es prohibir a los ciudadanos mismos.
A Zapatero, sin autocrítica alguna, se le ha ocurrido pedir "mas respeto" a los ciudadanos, pero muchos creemos que no merece respeto quien se aferra al poder y se niega a que el pueblo se pronuncie en las urnas, a pesar de que ha perdido la confianza, es rechazado por más del 80 por ciento de su pueblo y está peor valorado que Cayo Lara. ¿Tiene derecho a reclamar respeto quien ha perdido la confianza de los ciudadanos y conduce a su país hacia la derrota, el fracaso y la ruina?
Una de la claves de la democracia es la necesidad de "decir la verdad al poder". Si el poder no quiere escucharla, se deslegitima y merece ser sustituido. Otra de las claves de la democracia, un sistema aparentemente desconocido por el gobierno de Zapatero, es que el pueblo tiene derecho a expresarse, incluso de manera vehemente y extrema. Esperanza Aguirre ha dado en la diana al afirmar que "los políticos están obligados a aguantar abucheos;. Ruíz Gallardón también dice sobre los abucheos contra Zapatero algo sensato: que hay que asumirlos "con respeto y normalidad". Pero Zapatero, desde su arrogancia, quiere eludirlos.
Zapatero debería leer a miles de autores que cuestionan las actitudes antidemocráticas y pretiránicas que él practica. Noam Chomski, por ejemplo, critica con fuerza a las personas dedicadas a la política que practican el "todo para el pueblo, pero sin el pueblo" y explica y demuestra que "los que detentan el poder nunca quieren verse bajo ningún tipo de control popular y democrático". El mismo autor sintetiza su tesis sobre la opresión encubierta afirmando que "los gobiernos deben dejar de subirse a nuestras espaldas".
Es probable que Zapatero esté cayendo en la tentación totalitaria de escribir el guión al que, en su opinión, deben someterse los ciudadanos. El problema es que en democracia son los ciudadanos los que tienen el derecho a escribir el guión, no los gobernantes.
El presidente de los españoles debería recordar aquella sentencia de Wildman, según la cual "Todo poder está originariamente en el pueblo... Ninguna autoridad tiene competencia que no derive del pueblo." Eso significa que los deseos y mandatos del pueblo deben ser obedecidos por el político elegido. Zapatero aduce, a través de sus adláteres, que los que pretestaban en el Paseo de la Castellana no eran el pueblo puro sino agentes del PP y de la extrema derecha. Sin embargo, ¿qué podrá decir cuando más el 80 por ciento de los españoles afirman en las encuestas que no se fían de él y que no se sienten satisfechos con su mandato?
A Zapatero solo le quedan dos opciones: o dimisión o tiranía. Como decía Lilburne, "Cuando los agentes del pueblo (políticos elegidos) se apartan de la voluntad popular, degeneran en tiranos".
Los que han pitado y abucheado a Zapatero en el desfile militar del 12 de octubre no han sido militantes de extrema derecha, como afirman los socilalistas, ni miembros del PP, sino gente indignada que, al rechazar públicamente al presidente, representaba a millones de españoles que, si pudieran, también le repudiarían en público.
Miles de españoles han pitado y abucheado al presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el madrileño paseo de la Castellana, con motivo del desfile militar del día de la Hispanidad, fiesta nacional española. El rey y el príncipe han lamentado esas protestas, que alteraron la celebración y alcanzaron una dimensión mayor que en años anteriores.
En lugar de "lamentar" las protestas ciudadanas, el rey y el príncipe deberían reflexionar sobre lo que está ocurriendo en España y sobre las razones que impulsan a casi 9 de cada 10 españoles a rechazar con todas sus fuerzas a un dirigente político que ya no es querido y al que se le exige a gritos dimisión y convocatoria de elecciones anticipadas. Tal vez el rey y el príncipe deberían ser sensibles a ese sentimiento mayoritario de su pueblo.
Los socialistas españoles se niegan a reconocer que el presidente del gobierno es hoy un ser rechazado y despreciado por la inmensa mayoría de los españoles, un rechazo profundo que le resta legitimidad democrática y que debería obligarle a dimitir. Miente el PSOE cuando achaca los intensos pitidos y abucheos a Zapatero en Madrid a militantes de extrema derecha o a gente alentada por el PP. Los que protestaron contra el presidente fueron algunos españoles que tuvieron la ocasión de expresar su malestar contra el peor líder político de la España moderna, los cuales actuaron en representación y respaldados por millones de españoles, que no tuvieron la fortuna de poder expresar en público su frustración y profundo rechazo a Zapatero.
Las encuestas coinciden al reflejar que más del 75 por ciento de los españoles desaprueban la labor del presidente del gobierno y que más del 80 por ciento no se fían de Zapatero. Esos españoles son los que le pitaron y abuchearon en Madrid, durante le desfile militar conmemorativo de la fiesta nacional española.
Algunas cadenas de televisión preguntaron a los internautas si consideraban justificados los abucheos a Zapatero y la respuesta (Antena 3) fue positiva en más de un 80 por ciento, cifra que demuestra que al menos ocho de cada die españoles pitarían y abuchearían a Zapatero, si pudieran hacerlo, por sus desmanes, abusos de poder, errores, traiciones y por los terribles daños que ha causado a España.
Si Zapatero pierde las próximas elecciones generales, ¿Que hará el PP con el inmenso "Ejército Superfluo" de enchufados del PSOE, que hoy cobra del erario público? En la Habana puede encontrar la sulución.
Rajoy debería viajar con urgencia a Cuba para aprender. Allí, Raul Castro está poniendo en la calle a 500.000 trabajadores (el plan es que el Estado cubano se libre de más de 1 millón del total de 4,2 millones de haraganes que tiene en sus nóminas), a los que les ofrece convertirse en cuentapropistas y, como medio de subsistencia, trabajar de cuidadores de baños públicos, cuidadores de parques, limpiabotas, masajistas y vendedores ambulantes, entre otras ocupaciones (la lista aprobada ofrece la posibilidad de escoger entre 178 "pequeños negocios").
En España, la cifra de amigos del partido colocados en las distintas administraciones públicas socialistas es, curiosamente, muy parecido. Los expertos calculan en unos 500.000 los enchufados innecesarios colocados en el sector público español por el PSOE, sólo porque son amigos del partido o de alguno de sus dirigentes. Ese personal, completamente prescindible, no aporta en realidad nada al bien común y sólo convierte al Estado en más monstruoso, insostenible e imposible de financiar.
El ejército superfluo de enchufados está integrado por asesores, secretarios, adjuntos, contratados temporales, sustitutos y personal contratado por empresas públicas, fundaciones, organismos y ONGs que viven de las sunvenciones públicas. Ese ya enorme tropa innecesaria y muchas veces ociosa es como un inmensa "sobredosis" para el aparato del Estado, que ya ha sido atiborrado por los socialistas, durante los últimos años, por los cientos de miles que han conseguido puestos fijos en la administración gracias al enchufe del partido o a la ayuda de jefes políticos o sindicales, gracias a concursos trucados, información privilegiada o, simplemente, por trucos que alteran las prioridades y la igualdad de oportunidades.
La Cuba de los Castro no era, como se ha afirmado hasta ahora, el único país del mundo donde se cobraba sin trabajar. La España de Zapatero, con legiones de enchufados del partido en el poder colocados en el Estado, muchos de ellos sin acudir al puesto de trabajo y otros muchos sin trabajo real que desempeñar en las instituciones y empresas públicas donde acuden, no le va a la zaga.
En Andalucía, donde las encuestas vaticinan ya una derrota del POE y la entrada en la Junta de la derecha, después de tres décadas de dominio socialista, los jerifaltes del PSOE quieren hacer fijos a 20.000 contratados por la Junta, muchos de ellos inútiles y recomendados del partido, sugún denuncias del PP.
Tengo en mi poder un estudio que, según me aseguran, fue elaborado por orden de la Confederación de Empresarios de Andalucía, aunque no puedo demostrarlo porque los papeles carecen de membrete, según el cual si Arenas ganase las próximas elecciones andaluzas y se produjera un relevo en el poder, el costo de ese cambio oscilaría entre los 10.000 y los 12.000 millones de euros (casi dos billones de las antiguas pesetas), una cantidad fabulosa, suficiente para arruinar por si sola al ya postrado y deficitario Estado español. El grueso de ese dinero sería necesario para echar a los superfluos miles de enchufados del PSOE, colocados en el sector público, para indemnizar a los que tengan derecho a ello y para "colocar" a los miles de militantes del PP que llevan tres décadas esperando su oportunidad para poder vivir del erario público.
Pensándolo bien, Arenas debería viajar a la habana, acompañando a Rajoy, para estudiar la forma como Raul Castro va a reconvertir a los haraganes mantenidos por el Estado en trabajadores por cuenta propia ("cuentapropistas" le llaman allí). Como no hay dinero en las arcas públicas, quizás tenga que convertir en cuentapropistas no sólo a los superfluos del PSOE, sino también a los miles de los suyos que esperan una colocación pública.
Por si sirve, le brindo a Arenas una idea gratis: como Andalucía no tiene otra riqueza que las subvenciones públicas, que ya no funcionan, y el turismo, quizás fuera conveniente hacer un travase y convertir a los subvencionados en trabajadores del turismo. Para ello habría que convertir las ciudadades y pueblos andaluces en un gigantesco parque temático para turistas extranjeros, donde los hoy enchufados del partido animaran las calles y plazas, cada mañana, vestidos de toreros, picadores, bandoleros, garrochistas y folclóricos, todo un ejército atractivo y cargado de tipismo que haría las delicias del turismo mundial.
La encuesta publicada el 3 de octubre por el diario "El País" es tan demoledora que debería obligar a Zapatero a dimitir y a convocar elecciones anticipadas. Si, como es su deber, dimite ahora, tal vez resulte perdonado y se olviden sus innumerables errores, mentiras y daños causados, pero, si no lo hace, sería merecedor del más profundo desprecio y castigo de un pueblo al que el político socialista habrá causado daños casi irreparables, además de haberle arrebatado la prosperidad, la esperanza, la confianza y la sonrisa.
Los datos de la encuesta son sobrecogedores: la sociedad española, casi de manera unánime, le rechaza masivamente (El 75% rechaza la gestión de Zapatero y el 84% dice que no confía en él). Esa encuesta demuestra que la dimisión de Zapatero es deseada por casi 9 de cada diez españoles, lo que le convierte en el presidente de gobierno más rechazado por su pueblo en toda la democracia.
Los datos y las estadísticas demuestran que España es incapaz de salir de la crisis bajo el liderazgo de Zapatero, en el que tampoco confían los mercados. La prensa internacional ya airea la sospecha de que el gobierno que preside Zapatero habría mentido al presentar los datos sobre el déficit español, que podría ser del 17 por ciento del PIB, no del 4.1 por ciento, como afirma Zapatero.
En estas circunstancias, sin la confianza de su pueblo, de los mercados y de los principales líderes del mundo desarrollado, solamente un político sin conciencia, sensibilidad y dignidad puede aferrarse al cargo, como está haciendo Zapatero en estos momentos, condenando a España a apurar el cáliz de su ineptitud, su insensatez y su fracaso.
El fracaso de Zapatero es visible y de una crudeza extrema. Bajo su mandato, España ha perdido cohesión, prosperidad, valores, decencia y confianza, mientras la Constitución ha quedado hecha añicos por la vía de los hechos. Era España la octava potencia mundial y ya ocupa el puesto doce, perdiendo posiciones a rítmo de vértigo. Sus errores han sido garrafales y de consecuencias nefastas: mentir, negar la existencia de la crisis, adoptar medidas erróneas, comprar a precio de oro los votos que necesitaba para mantenerse en el poder, romper el principio de unidad constitucional, sembrar España de desigualdad y desconfianza, dividir a los españoles, alimentar el secesionismo y la disgregación, convivir alegremente con la corrupción y una larga lista de desatinos y dramas que han convertido a la España de Zapatero en un sucio guiñapo.
Si el fracasado Zapatero se empeña en mantenerse en el poder, a pesar del daño que causa a España con su simple presencia en la Moncloa, el rechazo actual se transformará en odio y el pueblo, cuando adquiera conciencia de su postración y del daño causado por su presidente, le exigirá que pague por su torpeza, ineptitud, dañina terquedad y mal gobierno.
Castigar de algún modo a Zapatero por su empecinamiento en seguir dañando al país será como una catarsis colectiva que España necesitará para emprender su camino hacia el futuro que necesita y anhela, marcado por la urgencia de la regeneración política y ética y por el resurgimiento de la confianza y la economía. El castigo a Zapatero y a todo lo que él representa de mala política, abuso de poder y comportamientos antidemocráticos y antiespañoles, será el ineludible punto de partida para la profunda regeneración que la destrozada España necesita.
Hay un rechazo generalizado a Zapatero en una España que desea con fuerza el cambio, pero, sorprendentemente, el Partido Popular, principal fuerza de la oposición, apenas se beneficia del demoledor fracaso de Zapatero, ni del deseo colectivo de una nueva política. La única respuesta para los expertos de ese fenómeno es que el PP se parece demasiado al PSOE, con el que comparte el culto a la partitocracia, tiene similares perfiles antidemocráticos y está también tocado por la corrupción.
Con la que está cayendo, el PP ha remontado tan sólo 3 puntos desde la generales del 2008, mientras que la caída del PSOE ha sido de 15,2 puntos
Es evidente que el PP no entusiasma a los españoles, ni les atrae. Su próxima llegada a la Moncloa será triste y marcada por la decepción. Quien habrá hecho más méritos para que el PP llegue al gobierno es el inepto Zapatero, que se ha cavado él mismo su tumba, más que el mismo Rajoy, un ser acobardado, con imagen anticuada, incapaz de ofrecer a los españoles lo que éstos desean: regeneración, limpieza, menos partido, más ciudadanos y, sobre todo, más democracia.
Las recientes primarias de Madrid han ofrecido a los españoles un espectáculo brillante en el que dos candidatos luchaban por imponerse ante los electores. La contienda entre Tomás Gómez y Trinidad Jiménez ha ofrecido a los españoles el espectáculo de la democracia competitiva, en vivo y en directo. A pesar de ello, Rajoy, frívolo y frustrante, ha rechazado esa refrescante vía de selección, que otorga más protagonismo al ciudadano que al partido, y se ha limitados a afirmar que las primarias no están contempladas en los estatutos del PP.
Que los cambie entonces, que abandone el triste y totalitario "dedazo" que reina en el PP. El mismo Rajoy, elegido a dedo por un Aznar deteriorado, arrogante y cargado de soberbia al final de su mandato, arrastra el estigma de no haber sido elegido por los suyos en libertad, sino designado por el caprichoso dedo del líder Aznar.
Es cierto que la democracia es mucho más que unas elecciones primarias entre dos candidatos, pero si a la despreciable partitocracia que nos venden como democracia le quitamos también la consulta a los militantes, entonces sólo queda totalitarismo verticalista y lóbrego, dentro de los partidos políticos.
Millones de españoles, quizás los mismos que se sintieron escandalizados ante la arrogancia de Aznar en la etapa final de su mandato, se sienten ahora decepcionados al contemplar, año tras año, la cobardía de Rajoy y de los suyos, incapaces de arriesgar, a pesar de ser conscientes de que la parte más sana de España les exigía que hablaran claro, que denunciaran con voz de trueno que el país estaba arruinado y que los valores y la decencia estaban siendo asesinados por el PSOE de Zapatero.
Pero el PP ha preferido esperar a que el enemigo se cueza en su miseria y llegar a la Moncloa sin arriesgar, a lomos del fracaso ajeno, no del triunfo propio. Esa postura defensiva y cauta del PP es, básicamente, una actitud cobarde, inaceptable en un país como España, que está deslizándose hacia el abismo.
Como consecuencia de esa política decepcionante, que ni siquiera se atreve a hablar de regeneración, el PP apenas ha recogido una parte ínfima de la enorme cosecha de votos que escapan del socialismo, marcados por la decepción y la tristeza. Casi todos los votantes que abandonan a Zapatero se irán hacia Izquierda Unida, el voto en blanco o la abstención. El resultado de las urnas en 2012 será decepcionante porque un partido mediocre que no despierta ilusión sustituirá en el poder a otro más mediocre todavía, únicamente porque el perdedor ha causado estragos a España desde el gobierno. El PP no habrá sido capaz de conectar con los que sueñan con la regeneración de un país podrido por la corrupción y arruinado por un liderazgo infectado de ineficiencia y traición, que afecta no sólo a los socialistas, sino a toda la "casta" política.
Sin embargo, el "zapaterismo" es tan nocivo, perverso y destructor que, a pesar de todas esas carencias del PP, ha convertido a Rajoy en la única esperanza real y posible para la pobre y maltratada España. Desgraciadamente, tiene razón José María Aznar cuando afirma que no hay activos a los que agarrarse, y que la herencia de Zapatero será la peor que recibirá gobierno alguno en toda la historia de la democracia española.
Las primarias de Madrid han reforzado la democracia como anhelo colectivo de los españoles. En primer lugar han demostrado que Tomás Gómez, el vencedor, no es un corrupto. Si lo fuera, el aparato lo habría liquidado filtrando sus inmundicias, como ya hizo con Borrell hace 12 años. El PP, por su parte, que no contempla las primarias en sus estatutos, tendrá que adoptarlas y suprimir el sucio y totalitario "dedazo" mediante el cual eligen a sus candidatos. El cambio es inevitable porque la democracia, por fin, se está abriendo camino en esta España postfranquista.
Las recientes primarias socialistas en Madrid pasarán a la historia de la España moderna como un momento importante, como el punto que marcó el inicio de la democracratización verdadera de una España que se autotitulaba democrática pero que era realmente una sucia partitocracia, impregnada de corrupción y franquismo.
El triunfo de Tomás Gómez es el triunfo de la democracia frente a la dictadura del aparato. El espectáculo de las primarias ha sido tan brillante y atractivo que el PP se ha sentido señalado y acusado porque la derecha española, antigua y torpe, carece de ese instrumento democrático interno, que tendrá que adoptar si quiere ser aceptada por una ciudadanía española que, cansada ya de trucos, trampas y corrupción, desea fervientemente una democracia real.
Tomás Gómez, el vencedor de las primarias de Madrid, no es un corrupto porque el aparato del partido, capaz de todo y dispuesto a todo con tal de prevalecer, lo habría fulminado filtrando sus inmundicias, como ya hizo cuando Josep Borrel se enfrento a Almunia y a todo el "felipismo", hace 12 años. El aparato, implacable, le levantó las alfombras y quedaron al descubierto, ante España entera, la corrupción reinante en la Delegación de Hacienda de Barcelona, donde sus amigos Huguet y Aguiart se estaban forrando.
Desde entonces, las verdaderas primarias, las que son libres y permiten a los rebeldes enfrentarse al aparato, habían desaparecido. El terror ha paralizado e impedido a cualquier socialista impuro enfrentarse al aparato. Tomás Gómez debe estar limpio como una patena para haberse atrevido.
Como no podían eliminarlo filtrando suciedades, lo intentaron por la vía de los avales falsos. Me informan en la candidatura de Gómez que el aparato, que apoyaba con tenacidad y nervios a Trinidad Jimenez, quiso colar 2.700 avales falsos, pero Tomás, que conoce a su partido, atajó con mano firme y a tiempo los abusos (El partido rechaza 706 avales de Trinidad Jiménez).
Zapatero, Pepiño y Rubalcaba le tienen pánico a Tomás Gómez porque está limpio, cosa al parecer insólita en la política socialista, y han jurado tumbarlo. Le están esperando ya, agazapados, en espera del menor fallo o desliz. Serán implacables contra quien ha osado enfrentarse al "lider". Rubalcaba y Pepiño, que quieren ser los sucesores del devaluado Zapatero, saben que si Zapatero es atacado y cae, ellos mueren con él.
Aunque la prensa, casi en su totalidad sometida al dinero y a los favores del zapaterismo, lo oculta, las primarias de Madrid funcionaban con las cartas marcadas. Se trataba de unas elecciones donde todos los que votaban eran, de un modo u otro, enchufados del sistema y mantenidos por el erario público. Si el aparato (el partido) pierde unas elecciones así, en la que votan sus mantenidos, es porque los militantes están de Zapatero hasta el gorro y porque ya están apostando a futuro, descontando que Zapatero está más que muerto.
Los partidos políticos españoles son organizaciones autoritarias, cerradas y dominadas por el servilismo, el sometimiento al líder y la adulación a los que mandan. Es la única manera de prosperar políticamente. Dentro de los partidos no existe debate libre, ni libertad de opinión porque el que defiende ideas contrarias al poder, perece. Es un coto marcado por el verticalismo y el autoritarismo, donde el espíritu mafioso impera.
Organizaciones de ese tipo son la peor escuala para formar líderes demócratas. Por eso, cuando un energúmeno cocinado en ese tipo de hornos totalitarios, como Aznar o Zapatero, alcanza el poder y recibe el mandato de gobernar la democracia española, es cualquier cosa menos un auténtico demócrata. Los partidos políticos españoles, fabricantes de esclavos con deseos de mandar, que se tornan autoritarios y dictatoriales cuando alcanzan la cumbre, no están capacitados para gestionar una democracia.
España no puede cambiar si no cambian antes sus partidos y las primarias de Madrid han sido un hito importante en el ineludible camino hacia esa democratización.
España no puede crecer y está destinada a empobrecerse cada día más si no elimina los tres grandes obstáculos que la atenazan y la convierten en un país atascado y sin esperanza: el paro, la deuda y el presidente Zapatero, que ha perdido la confianza de los españoles y que es rechazado ya nada menos que por el 75 por ciento del electorado, según la encuesta publicada recientemente por "El País"..
Los presupuestos de 2011, recién presentados por el gobierno Zapatero, destinan casi uno de cada dos euros a financiar la deuda y a pagar subsidios de desempleo. Con esa carga, es imposible crecer.
La mayor urgencia de España es recuperar la confianza y crear empleo, pero el presidente Zapatero no sabe como hacerlo y parece sentirse a gusto repartiendo subsidios, mientras sube los impuestos y le saca el dinero del bolsillo a sus conciudadanos, una dinámica infernal que conduce directamente a la pobreza.
El verdadero drama de España es su presidente, cuya presencia en el poder es un insoportable lastre y el mayor obstáculo para la recuperación. Esta terrible pero saludable conclusión es ampliamente compartida por la prensa mundial y por los dirigentes de los principales países del mundo, pero no tanto en España, donde la mentira y la propaganda del gobierno, mezcladas con el fanatismo loco de las izquierdas y de la legión de los subvencionados por el Estado, todo ello con la complicidad activa de unos medios de comunicación sometidos al gobierno y ajenos a la verdad, impiden ver la durísima realidad española, preñada de corrupción, miseria y decadencia.
Zapatero, que negó durando dos años la existencia de una crisis económica, retrasando la adopción de medidas que eran vitales, ha perdido la confianza de los españoles y también de los mercados. Los que le conocen ven a un mentiroso estirado, dueño de una falsa sonrisa, tras la que se oculta el peor dirigente español desde Fernando VII.
La prensa internacional, que sí ha descubierto la verdadera naturaleza de Zapatero, cree ahora que el verdadero déficit de España es del 17 por ciento del PIB, no del 4.1 como afirmó Zapatero, que, al parecer, mintió para evitar a España una intervención masiva en su economía, como ha ocurrido con Grecia.
The Wall Street Journal, una semana después de entrevistar a Rodríguez Zapatero carga contra la situación económica de España y contra la sociedad al decir que "España está congelada en un momento de la historia en el que se va a juzgar a los gobernantes sobre qué lejos van o podrían ir para descongelar el progreso". Además, añade que "España es el país en el que se está luchando la batalla crucial de la eurozona". "Es el Lehman Brothers de Europa".
Y el diario agrega la siguiente cuestión: "¿Es un país muy grande para caer o muy grande para salvar?". En este sentido, el diario recuerda los altos niveles de empleo y paro juvenil, donde los segundos esperan vivir de los subsidios de desempleo durante dos años a costa del Estado, según asegura una chica sin trabajo: "Este es el verdadero problema de España". Asimismo, considera que los jóvenes se alejan de la realidad económica con las fiestas, como los "San Fermines", donde "jóvenes de toda España" van en procesión "para correr los toros y vivir la fiesta".
Conducido por un mentiroso que sigue repartiendo dinero sin otro objetivo que mantenerse en el poder, que no ha dudado en hacer pagar su despilfarro y errores a las clases más débiles, bajando sueldos a funcionarios, acribillando a los ciudadanos a impuestos y congelando pensiones, que tiene en las calles a casi cinco millones de desempleados, que es culpable directo del avance de la pobreza en España y que ha condenado a la juventud española actual, la mitad de la cual no encuentra trabajo, a vivir en la desesperación y la vagancia, no merece gobernar a un pueblo libre, ni debería tener un sitio entre los gobernantes del planeta.
La dureza The Wall Street Journal con la España de Zapatero es extrema cuando afirma: "¿Quién va a ser el que salve a un país en esta situación? No hay nadie que lo vaya a hacer". Y explica que la deuda total, privada y pública, supera el 270% del PIB.
No lo dice el diario neoyorkino, pero millones de españoles decentes saben también que Zapatero ha conducido a España, con mano firme y sonrisa hipócrita, hasta la desconfianza, el desánimo y el borde de la derrota como pueblo, al endeudar al país más allá de toda prudencia, al despilfarrar como un maniroto impenitente, al estimular la división entre los españoles, al apostar por las desigualdades entre los distintos pueblos de España, al engordar el Estado hasta niveles insostenibles, al convivir con una corrupción pública sin precedentes, al mentir y engañar como un enfermo y al anteponer sus propios intereses al bien común, no una sino decenas de veces.
La primera medida para que España salga de la crisis tiene que ser, necesariamente, la salida de Zapatero del poder. Solo librándose de ese estremecedor lastre, España podrá recuperar la confianza y resurgir.
En la España actual crecen las denuncias por violación de derechos. Generalmente, los medios de comunicación ocultan esas denuncias por proceder de simples ciudadanos que se sienten vejados y por considerarlas poco relevantes, pero la marea es creciente y, además, hay otras denuncias más sólidas, consistentes y preocupantes, como la condena a España por acoso y violación de derechos humanos, recientemente emitida por la ONU.
La llegada al poder de Zapatero ha representado un incremento de las violaciones de los derechos y libertades en España, pero no puede acusarse al gobierno de haber generado directamente ese deterioro, aunque su responsabilidad indirecta en gravísima. De hecho, el incremento de la corrupción, el enfrentamiento sin misericordia con la oposición, el aumento de privilegios para la casta política, la ruptura del principio de igualdad entre los pueblos de España, ataques a la solidaridad como representó el Estatuto de Cataluña, la adopción de la mentira y del engaño como políticas de gobierno y, sobre todo, el gran deterioro que traen consigo el desempleo masivo y el avance de la pobreza, son los culpables de que tanto el Estado de Derecho como la calidad de la democracia estén retrocediendo, de manera continua y preocupante, en la España de Zapatero.
En la actualidad, en España se violan los siguientes derechos:
Derecho a la integridad física y moral. Se siguen denunciando torturas y tratos inhumanos.
Derecho a la seguridad jurídica y tutela judicial, que garantiza un proceso penal con garantías.
Derecho al secreto de las comunicaciones e inviolabilidad del domicilio.
Derecho a elegir libremente a los representantes políticos, un derecho básico en democracia que en España no ejercen los ciudadanos sino los partidos políticos, que son los que elaboran unas listas electorales que el ciudadano no puede alterar.
Derecho a la igualdad ante la ley y prohibición de discriminaciones en el contenido de la ley.
Derecho a la limpieza y equidad en las administraciones públicas, minadas en España por la corrupción, el clientelismo, el amiguismo y la arbitrariedad.
Derecho a una comunicación libre, que abarca toda una serie de derechos, como la libertad de expresión, producción y creación literaria, artística, científica, técnica y tarea docente.
Derecho a la información: A recibirla y emitirla con prohibición expresa de la censura previa, el secuestro administrativo y cualquier maniobra para dificultad el acceso a la información y la cultura. Derecho a la verdad, habitualmente ocultada en el sistema informativo español, casi siempre por influencias del poder político.
Derecho a participar en asuntos públicos, directamente o mediante representantes democráticos. Incluye el derecho a acceder a la función pública en igualdad de condiciones.
Derecho de reunión, manifestación y asociación.
Derecho de acceder a cargo publico en condiciones de igualdad, un derecho conculcado frecuentemente en España, donde las subvenciones, los concursos públicos, los contratos y hasta los puestos de trabajo están dominados por la arbitrariedad, el amiguismo, el clientelismo, el enchufismo y las represalias contra los adversarios políticos o los que, simplemente, piensan distinto que el poder.
El gobierno ha aprovechado la huelga general para probar sobre el terreno los dispositivos antirebeldía ciudadana que viene diseñando y configurado desde el año 2008, cuando los principales estrategas occidentales aconsejaron a los gobiernos prepararse ante la posibilidad de que la crisis económica propiciara el estallido de tumultos y revueltas masivas de ciudadanos, indignados por el desempleo, el avance de la pobreza y la pérdida de confianza en el poder.
La huelga ha representado una oportunidad única e inmejorable para probar en escenarios auténticos los dispositivos de seguridad ideados para frenar la rebelión popular contra la casta política. Esa es la razón que explica la presencia en las calles de un desproporcionado dispositivo policial, mucho más denso y fuerte del que la débil huelga general exigía.
La policía, que ha ocupado lugares estratégicos previamente definidos en las principales ciudades, no ha salido a las calles sólo para garantizar el derecho de los españoles a trabajar, sino también para probar su capacidad para controlar y neutralizar masas de ciudadanos indignados y desesperados por el fracaso, la pobreza, el hambre y el odio a la inepta casta política que dirige los destinos de España.
Los dispositivos antirebeldía han sido diseñados y desarrollados por la mayoría de los gobiernos del mundo en previsión de conflictos masivos motivados por la crisis económica y la pobreza. En España han sido preparados por los ministerios del Interior y de Defensa, bajo la supervisión directa de Presidencia. Su objetivo es controlar, si resultase necesario, movimientos masivos de ciudadanos rebeldes, indignados y lanzados a las calles por el intenso deterioro de la economía.
La mayor carencia del dispositivo era su dificultad para ser probado en escenarios reales, con ciudadanos en las calles. La huelga general del 29 de septiembre ha proporcionado al gobierno español la ocasión óptima para probar su capacidad represora en las mismas calles de España donde se habían previsto las potenciales revueltas. Pero lo único que ha podido probarse es el primer escalón del dispositivo, el que contempla la intervención policial. El segundo escalón, que incorporaría a las fuerzas armadas en caso de extrema necesidad, únicamente ha podido probarse hasta ahora en escenarios virtuales, mediante supuestos tácticos y operativos con ordenadores.
El dispositivo parece haber funcionado de manera satisfactoria en todo el país, salvo en Barcelona, donde la torpeza del alcalde hizo coincidir el desalojo de un importante nido de okupas con la huelga general. En Barcelona, el dispositivo de represión y control quedó claramente desbordado.
En vísperas de las elecciones catalanas, cuando esa sociedad, antes próspera, se siente degradada, empobrecida y conflictiva, conviene tener presente un dato de gran importancia, que ejercerá una influencia decisiva en todo el proceso electoral catalán: Cataluña está arruinada y necesita que España, como otras veces en el pasado, le pague las deudas.
Lógicamente, los políticos catalanes ocultan cuidadosamente ese dato ante sus electores, a los que crispan constantemente con llamamientos hipócritas en favor de la independencia y del desprecio al resto de España, cuando en realidad, Cataluña necesita del Estado y del mercado cautivo de España para rehacer su maltrecha economía y recuperar su antigua prosperidad.
El momento presente de Cataluña esconde una paradoja importante: Cataluña está arruinada y necesita como nunca al Estado y al mercado español para salir de la bancarrota, pese a lo cual alardean de independencia y maltratan a su mejor cliente. La política suicida y demencial de la Cataluña nacionalista está provocando reacciones defensivas en el mercado español, que empieza a boicotear los productos catalanes con una intensidad que, aunque es cuidadosamente ocultada por los políticos, es sorprendente y preocupante.
La economía catalana está más arruinada que la de cualquier otra región de España. Aunque varias comunidades autónomas experimentan serios problemas para captar dinero en los mercados, especialmente grave es el caso de Cataluña, que no es capaz de vender deuda en el mercado desde marzo y cuyo diferencial respecto al bono español, ya de por sí devaluado, se ha triplicado en los últimos meses.
La amenaza es que el Estado tenga que rescatar a algunas comunidades como la catalana es cada vez más grande. Ese rescate sería todo un drama para España, que aumentaría así su ya abultado déficit y perdería crédito y solvencia en los mercados. El bono de la Generalitat a 10 años se cotiza con una rentabilidad del 5,5% frente al 4,18% al que se encontraba ayer la deuda del Estado español. El precio refleja que la deuda catalana cotiza al precio de la deuda peruana y peor que la de países tan desprestigiados y al borde de la ruina como Portugal e Irlanda.
Pero ni siquiera a ese precio el Gobierno de José Montilla consigue colocar bonos en los mercados desde marzo, a pesar de haber realizado un roadshow por Asia en abril. El dato es sintomático y revela que nadie confía ya en la solvencia de Cataluña.
¿Quién sacará a los catalanes de su calamitoso estado de quiebra? Como siempre, será España, es decir, los españoles, los mismos que tienen que soportar a diario el desprecio de los políticos nacionalistas radicales e independentistas de Cataluña, seguidos por sus incondicionales, que, desde hace años, consideran inferiores a los españoles del sur, propagan la falsedad de que Cataluña da más a España de lo que recibe y promueven un boicot activo a los productos españoles que resulta suicida para el comercio catalán.
A pesar de toda esta verdad humillante para Cataluña, cuidadosamente ocultada por los insaciables políticos catalanes, los nacionalistas e independentistas continuarán llorando, alimentando el victimismo o practicando el chantaje y la venta de votos a los débiles gobernantes de Zapatero, que, para seguir en el poder, están dispuestos a conceder todo lo que le pidan, para vergüenza de España y para oprobio de una casta política española que pasará a la historia como la peor y más dañina de los últimos dos siglos de Historia.
Los primeros datos sobre la Huelga General de hoy, 29 de septiembre, indican que, incapaces de respetar la libertad y de permitir que los que quieran hacer la huelga la hagan y los que quieran trabajar trabajen, los sindicatos españoles han adoptado un deleznable comportamiento gansteril para paralizar el país y arrasar el derecho ciudadano a trabajar.
Carreteras cortadas, autobuses apedreados, contenedores quemados, amenazas, apaleamientos, violencia física y pasicológica y otras muchas "fechorías" propia de gansters, anticonstitucionales y antidemocráticas, han sido el recurso principal de los sindicatos para lograr que triunfe la huelga y poder hablar de un país paralizado, a pesar de que la voluntad mayoritaria era trabajar hoy para evitar más daños a España y a su ya maltrecha economía.
Toda esa violencia se ha perpetrado de manera hipócrita y engañosa, a través de piquetes que se autodenominan "informativos", cuando en su mayoría son bandas amedrentadoras de comportamiento violento y anticiudadano, típicas del antiguo y ya superado sindicalismo gansteril.
Si a la ciudadanía española le quedaban dudas sobre la naturaleza antidemocrática de los sindicatos mayoritarios españoles, hoy, con su comportamientos gansteril, ha quedado demostrado su espíritu anticívico y su totalitario sentido de la libertad.
El vencedor de la jornada de hoy ha sido Zapatero, maestro del engaño y de la confusión, que ha tenido la habilidad de escurrir el bulto y de eludir el impacto de un huelga que nadie sabe si es contra el gobierno, para apoyar al gobierno, para desprestigiar a la oposición o para cubrir el expediente.
Pero los perdedores, sin la menor duda, serán la "casta" profesional que dirige los sindicatos y sus miles de "liberados" que cobran sin trabajar, cuya popularidad, ya por los suelos, descenderá todavía más, adquiriendo perfiles nuevos de violencia, gansterismo y totalitarismo, que se agregarán a los que ya tienen como vagos, aprovechados, subvencionados por el gobierno y cómplices de la nefasta política económica de Zapatero, la que destruye el tejido productivo, la que ha generado cinco millones de parados, la que fabrica cientos de miles de nuevos pobres y la que está llevando a España hasta la ruina.
Sea cual sea el balance final que se ofrezca a la población, la huelga, objetivamente, será un fracaso porque ha carecido de un objetivo compartido por la mayoría de los ciudadanos, porque desde el principio fue rechazada por la mayoría de los trabajadores y porque allí donde no hubo gansterismo, apenas se notó.
La experiencia de hoy debe obligar a los partidos políticos a comprometerse a regular el derecho de huelga, evitando que se imponga siempre, por la fuerza y la violencia, sobre el derecho al trabajo, igualmente constitucional y básico. Ni el PSOE ni Aznar se atrevieron a regular ese derecho a la huelga, que cada vez que se ejerce avergüenza a los españoles y escandaliza a las sociedades civilizadas del mundo.
La policía ha intervenido para evitar desmanes sindicales, pero lo ha hecho con menos contundencia y celo del debido y, desde luego, sin garantizar, como era su deber, el derecho ciudadano a trabajar.
Los sindicatos españoles han demostrado hoy, por la vía de los hechos, que son grupos infectados por el totalitarismo, incapaces de entender y respetar las reglas que garantizan la libertad y el derecho a elegir en democracia. El dinero que reciben del gobierno para comprar su complicidad y para "formar" a los obreros y empleados españoles, no lo merecen, ni tampoco la confianza ciudadana, que hoy han defraudado.
Después de la jornada de hoy, la muerte de "estos" sindicatos, si llegara a producirse un día, no causará lágrima alguna entre los demócratas españoles y la gente decente.
El alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, quiso un día construir una obra que perdudara y que constituyera un monumento a su memoria, como si de un faraón se tratase. Ideó entonces unas setas enormes, en pleno centro de Sevilla, en la Plaza de la Encarnación, una obra cargada de problemas y que concita el rechazo de buena parte de sus ciudadanos. La obra, según algunos técnicos, es imposible porque carece de cimientos suficientes. Para otros expertos, es una locura que destruye la armonía del centro de Sevilla. La obra, ya medio realizada, acumula años de retraso y carece de sentido en tiempos de crisis, pero el alcalde se empeña en terminarla, a pesar de las masivas opiniones en contra. Muchos creen que la obra nunca se terminará y que tendrá que ser demolida en el futuro. En todo caso, como ya reconocen los propios promotores, la obra costará una fortuna, cien millones de euros más de lo planificado por un ayuntamiento endeudado y arruinado, que subsiste porque acribilla a sus ciudadanos con impuestos.
Las setas de la Encarnación sirven como ejemplo de lo que denominamos "delincuencia legal", una plaga que azota a la democracia española y que convierte a muchos políticos en delincuentes legales, en causantes de terribles daños al erario público, al bien común, al interés general y a la ciudadanía, sin que sufran consecuencia alguna, sin que paguen por ello.
En la democracia española, laxa y podrida, casi todas las insensateces y arbitrariedades son legales. El poder, en la práctica, es casi inmune e impune.
Cuando Zapatero compra los votos que necesita a los nacionalistas vascos o catalanes con dinero público, está anteponiendo su interés personal y el de su partido al bien común y al interés general, empleando dinero público para alcanzar esos fines, lo que equivale a practicar con impunidad la delincuencia legalizada. También es delito legal baneficiar a Cataluña sobre otras autonomías, rompiendo así el principio constitucional de la igualdad. No es menos delito legal repartir subvenciones entre empresas amigas, colocar a los parientes y amigos antes que a los que merecen esos puestos, elaborar listas negras de empresas a las que no se les otorgan subvenciones y concursos, cuando se miente a los ciudadanos y en otras mil actuaciones del poder, todas ellas merecedoras de ser tipificadas como delito en una democracia auténtica.
Cuando el ex presidente de Andalucía y actual vicepresidente del gobierno, Manuel Chaves, entregó 10 millones de euros a una empresa de la que su hija era apoderada, cometió un "delito legal" que debería avergonzarle y obligarle a dimitir.
Si se contabilizaran un día los miles de millones de euros gastados (malversados) por los últimos gobiernos españoles en comprar votos, en beneficiar a sus familiares, amigos y compañeros, en colocar en cargos públicos a gente innecesaria, en doblegar voluntades, en comprar medios de comunicación, en aplastar adversarios y en silenciar secretos, descubriríamos con sorpresa que con ese dinero podrían haberse construido por lo menos 20 centrales atómicas o garantizar las pensiones de los españoles durante los próximos dos siglos.
Muchos políticos españoles, arrogantes y blindados por la impunidad, cuando se les plantean estos asuntos se limitan a decir que "si no le gusta lo que hago, no me vote en las próximas elecciones", un argumento indeseable e insuficiente que demuestra la baja calidad de la democracia española y la baja estofa de sus dirigentes, pero los daños que causan quedan sin castigo y ellos, causantes de dramas y perjuicios muchas veces irreparables, en lugar de sufrir el castigo de la sociedad indignada, terminan disfrutando de pensiones de lujo y de privilegios que merecen menos que la cárcel.
Aunque los "delitos legales" son un mal generalizado en las democracias modernas, España es el líder en Europa y, probablemente, en todo el mundo occidental. Esos delitos legales se están extendiendo por doquier y en Europa son el reflejo de un diseño de una despreciable política sin ciudadanos, que goza del amparo de Bruselas.
La Junta de Andalucía ha decidido indemnizar a las mujeres que fueron vejadas y violadas durante la Guerra y el Franquismo por los falangistas, pero no quiere saber nada de las miles de mujeres que fueron violadas y asesinadas por los milicianos de izquierda, muchas de las cuales fueron torturadas o asesinadas por ser monjas, esposas o hijas de militantes de la derecha. Esas, simplemente por proceder de la derecha, no pueden reclamar reparación alguna al gobierno andaluz, sectario e injusto.
Conviene analizar la decisión de la Junta a la luz de lo que publica hoy "Intereconomía", información que ya había sido publicada, hace meses, por el portal www.porandalucialibre.es: "El padre de Griñán era escolta de Franco cuando se 'vejaba' a mujeres".
La Junta de Andalucía ha aprobado un Decreto por el que se indemnizará con mil ochocientos euros a las mujeres andaluzas que padecieron formas de represión sobre el honor, la intimidad y la propia imagen durante la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura. El sectarismo y la arbitrariedad, que anidan en la Junta de Andalucía desde hace décadas, sale a flote en vísperas de elecciones, olvidando que también los milicianos de la República violaron, asesinaron y sembraron España de dolor y sangre.
Pero la Junta, sectaria y parcial, solo compensará a las mujeres que fueron humilladas por los falangistas, como si los asesinos y maltratadores de la izquierda jamás hubieran existido.
Es una locura más de esta izquierda inepta que, a pesar de haber recibido ríos de miles de millones de euros, procedentes de los impuestos y de los fondos europeos, han mantenido a Andalucía, durante más de tres décadas, en el furgón de cola de España, liderando el desempleo, el fracaso escolar, el caciquismo, el sectarismo, el clientelismo y otras muchas lacras.
Franco sirve de excusa para comprar votos y voluntades con limosnas. El precio de esas vejaciones ha quedado tasado en 1.800 euros, precio de la dignidad de una persona.
Por fortuna, cada vez son más los andaluces que desean abandonar el "protectorado" político y moral que representa la Junta andaluza, que no se creen las patrañas del "régimen" socialista andaluz y que saben que el objetivo final de este decreto no es tanto compensar las vejaciones a las mujeres como comprar votos y desviar la atención ciudadana y el debate de los verdaderos dramas andaluces, que son el avance de la pobreza, el fracaso de la economía, la corrupción galopante en el sector público y el pésimo gobierno que ha padecido la región en las últimas décadas.
Las respuestas a esa iniciativa han sido muchas: la de los progres es de sumisión plena al poder de los "suyos"; la de los buenistas acobardados es tibia, calificándola de "buena, pero inoportuna en tiempos de crisis". La gente libre y con dignidad que queda por los esquilmados páramos andaluces piensa que constituye un abuso más de poder, un intento más de compra de votos y otro desatino peligroso que desentierra odios y recupera en la memoria, de manera innecesaria, parcial y sectaria, una de las etapas más tristes y crueles de la historia de España.
La oposición de derecha, como siempre, acobardada, sin responder con contundencia a los abusos, sin arriesgar, confiada en que les será suficiente esperar para que los errores e injusticias del socialismo reinante en Andalucía expulsen del poder a los jerifaltes de la Junta.
Zapatero, cuya política ha arruinado la prosperidad española, el empleo, buena parte del tejido productivo, el prestigio exterior, la confianza y la esperanza de los ciudadanos, también está acabando con el cine español, una industria cultural que hace apenas tres años estaba en línea de crecimiento y parecía prometedora.
Que nadie se confunda porque el cine español, a pesar del "León de plata" otorgado en Venecia a Alex de la Iglesia, está gravemente enfermo y divorciado de la sociedad española. El premio veneciano al director español es como el canto del cisne de una industria que era prometedora y que, como muchas otras actividades y sectores en España, ha sido arruinada por la política y por los políticos.
Odiado por buena parte de los cinéfilos españoles, sin músculo ni capacidad de competir por haber perdido la imaginación y la creatividad, tal vez porque se ha habituado a las subvenciones públicas, generosamente otorgadas por el gobierno de Zapatero, el cine español se muere ahogado por la crisis y por su propio fracaso, sin que la sociedad española derrame una sólo lágrima por esa industria cultural, hasta hace pocos años próspera.
Tan sólo una película española (Que se mueran los feos) recaudó más de un millón de euros en todo el año 2009, lo que constituye un fracaso sin precedentes del cine español, cuya cuota de mercado es apenas del 8.8 por ciento, siete puntos menos que un año antes.
Las causas del desastre del cine español son varias, pero destacan el rechazo de gran parte de los cinéfilos españoles, quizás por el sectarismo del los principales cineastas, que han apoyado a Zapatero hasta lo irracional, después de haber hostigado con la misma intensidad al gobierno de Aznar, y el letal efecto de las subvenciones públicas, que han adormecido y narcotizado una industria cinematográfica que ahora es incapaz de generar calidad y competir.
Muchos expertos y observadores creen que el cine español se ha perjudicado porque muchos cineastas españoles, alineados con la izquierda "progre", han apoyado públicamente a Zapatero, ignorando sus múltiples y terribles errores y fracasos como gobernante, una actitud sectaria que les ha perjudicado y que ha vinculado su imagen a desastres tan impopulares como los del grupo de la "ceja" y la SGAE. En la práctica, el cine español está siendo boicoteado de manera activa por cientos de miles de ciudadanos, muchos de ellos con alto poder adquisitivo y con frecuente asistencia a las salas de proyección.
Otros atribuyen el hundimiento a la piratería, acusación que los expertos niegan porque las estadísticas demuestran que, por su falta de atractivo, el cine español apenas es pirateado. Lo cierto es que, sin las subvenciones públicas, que el gobierno ya no puede otorgar a manos llenas, como antes, porque carece de fondos, el cine español agoniza, incapaz de abrirse camino por sus propios méritos, en el mercado libre.
Influyen también en el colapso cinematográfico el "cerrojo" de las entidades bancarias al crédito fácil y arriesgado, que era el que nutría al cine español, la escasa confianza del capital privado en la capacidad de los cineastas españoles y, sobre todo, la falta de calidad en buena parte de los proyectos.
Nos rodea y nos envuelve la mentira, estimulada por el poder, amparada por los medios de comunicación cómplices del gobierno y practicada a diario por miles de sátrapas y aprovechados que viven de las arcas públicas, sin aportar nada bueno a una España que está siendo conducida hacia el matadero por una casta política indigna y fracasada, incapaz de conducir con destreza a su pueblo, que ya ni siquiera merece respeto.
Como afirma George Orwell: “En una época de mentira universal, decir la verdad constituye un acto revolucionario”.
Una de la mayores mentiras del presente mundial es la defensa del socialismo, una conspiración inmensa, alentada en todo el planeta desde el poder y desde la legión de intelectuales y periodistas sometidos que niegan a los ciudadanos la poderosa evidencia histórica de que el socialismo actual, que en nada se parece al socialismo ético de los orígenes, explota a sus pueblos, esparce injusticia y desigualdad y genera castas de privilegiados que acumulan ventajas y riquezas ilícitas a cosa de la miseria de sus administrados.
En un momento de sinceridad que sólo es explicable desde su incipiente demencia senil, Fidel Castro ha reconocido el fracaso del sistema estalinista creado en Cuba por él mismo. “El modelo cubano ya no funciona ni para nosotros”, afirmó Fidel ante el periodista norteamericano Jeffrey Goldberg cuando éste le preguntó sobre la vigencia del modelo castrista y su validez para otros países.
La condena del socialismo por parte de uno de sus principales impulsores a escala mundial es importante por todo lo que significa como reconocimiento de la sangre, el dolor, la injusticia, la infelicidad y la tristeza que ese sistema ha generado en el planeta.
Sin embargo, a Fidel le faltó decir toda la verdad porque silenció que el socialismo sí ha funcionado para millones de aprovechados, dirigentes, cuadros, sometidos y servidores del sistema, los cuales, a cambio de sus servicios, han recibido privilegios y riqueza que jamás merecieron.
Para algunos cubanos, como el cantante Silvio Rodríguez, sí ha funcionado, como lo demuestran sus cuentas saneadas en divisas, depositadas en "paraísos" capitalistas, y su nueva casa, de cinco mil metros cuadrados, que pronto inaugurará en el polo turístico de Jibacoa, a 60 kilómetros al Este de La Habana. A Silvio, como premio por su fidelidad al castrismo y por su falsa rebeldía, que logró engañar a una parte de la intelectualidad izquierdista mundial, el totalitarismo castrista le permitió privilegios inimaginables para la inmensa mayoría de los cubanos, únicamente al alcance de esa casta poderosa e impune integrada por los "dueños" de la Revolución.
En otros países, como España, el "socialismo", gestionado por Zapatero, ha llevado al país hasta la ruina económica, el fin de la prosperidad, la liquidación del Estado de Bienestar, el desquiciamiento del Estado de Derecho, la pérdida de la esperanza en el futuro y el más triste y desgarrador divorcio entre la sociedad y la "casta" dominante.
Pero ese mismo socialismo fracasado ha servido en España para que casi un millón de "familiares y amigos" del socialismo cobren de las arcas públicas en la actualidad, sin que sus puestos sean necesarios, sin que aporten nada positivo al sistema, sólo como "compensación" socialista a su lealtad y sometimiento al partido y a sus intereses, que, por supuesto, no son los intereses de España.
El mismo "modelo" de falso socialismo sin ética se repite, con mayor o menor intensidad, en todos los países donde ese sistema ha imperado o impera: castas cargadas de privilegios que se enriquecen y viven al lado de pueblos que se empobrecen, acribillados a impuestos, marginados del poder y oprimidos con más o menos saña por élites que se dicen socialistas, que se consideran con derecho a dominar y a someter a sus semajantes, pero que sólo son herederas históricas de la más terrible tradición humana, la de los opresores y sátrapas que exprimen a sus pueblos desde la cúspide del Estado.
Silvio Rodríguez es un ejemplo palpable de cómo el falso socialismo del presente, gestionado por líderes como los hermanos Castro, Hugo Chávez, Zapatero, Daniel Ortega y otros, que no funciona para las naciones y pueblos donde coloca su zarpa, es capaz de gestionar privilegios y de "premiar" a sus servidores y esclavos. Silvio Rodríguez, miembro teórico de un pueblo que no tiene qué comer, que vive hacinado en viviendas ruinosas e insalubres y que malvive envuelto en la miseria y el miedo, rodeado de chivatos al servicio del partido, quiere ahora inaugurar su nueva casa-estudio. La mansión, de tres plantas, se eleva sobre la cima de una de las lomas de Jibacoa, con una maravillosa vista al mar. La planta baja será un amplio parking. La primera planta, con amplios ventanales, será dedicada al recibidor y cuarto de huéspedes. La segunda será familiar; Silvio vivirá allí con su esposa e hijo y ojalá el agradable ambiente le permita reflexionar sobre su ocaso y su traición.
La única manera de regenerar la actual democracia, de superar a los partidos políticos y de derrotar el poder casi absoluto que detentan hoy los políticos profesionales en las democracias degradadas es otorgando a la Sociedad Civil el papel que le corresponde por el número de ciudadanos que congrega y por su peso específico en la sociedad.
Mientras que en los partidos políticos militan algunos cientos de miles de ciudadanos, un porcentaje minúsculo de la población, en la sociedad civil se encuadran millones de ciudadanos, el grueso de la sociedad y de sus instituciones. La paradoja hiriente e injusta es que los partidos políticos se autoadjudican toda la representatividad y acaparan todo el poder, mientras que la sociedad civil queda al margen del poder y de las decisiones, un abuso injusto, intolerable y políticamente delictivo que arruina las entrañas de la verdadera democracia, que adjudica a la sociedad civil un papel decisivo, como contrapeso del poder político.
La única manera viable de suprimir la dolorosa e injusta dictadura de partidos reinantes en las actuales falsas democracias es convirtiendo a la sociedad civil en una estructura sólida y organizada, capaz de elegir a sus propios representantes y de ejercer el papel preponderante que le corresponde en el ejercicio del poder.
Frente a una sociedad civil organizada y fuerte, los partidos políticos adquirirían su verdadera dimensión y aparecerían ante los ojos de los ciudadanos como lo que realmente son, pequeñas tribus o bandas organizadas para acaparar el poder y repartirse privilegios y ventajas que no les corresponden.
La fuerza de los partidos políticos tiene su base en la organización frente a la desorganización. Los partidos funcionan como las falanges griegas de la época clásica porque su organización y disciplina les permitía imponerse a ejércitos integrados por cientos de miles de bárbaros desorganizados. La sociedad civil, donde militan la inmensa mayoría de los ciudadanos, está tan diezmada y acosada por los partidos que no representa una fuerza bárbara y desorganizada, fácil de dominar por los pequeños y bien organizados partidos.
Por eso, conscientes de que la sociedad civil organizada es su verdadero adversario y el argumento supremo que dejaría en ridículo su monopolio de la representación y su abusivo dominio sobre la ciudadanía, los partidos políticos han puesto todo su empeño en desarticular, debilitar y ocupar la sociedad civil, a la que en ocasiones han llegado a asesinar o, por lo menos, mantener en estado de coma. Los principales baluartes de la sociedad civil, aquellos que deberían funcionar en libertad e independencia, como auténticos contrapesos del poder político, están ocupados, prostituidos y envilecidos por los partidos políticos y por el gobierno. Las universidades, los medios de comunicación, las religiones, los colegios profesionales, las cofradías, los sindicatos, las empresas, las fundaciones, las asociaciones, las instituciones financieras y otras instancias de la sociedad civil que funcionan como columnas y soportes decisivos están hoy en las manos impúdicas de los partidos políticos o del gobierno, cuyos representantes se sientan en los consejos de administración y ejercen el control a través de las subvenciones y otras maniobras.
La sociedad civil, que es el reducto natural de la ciudadanía libre e independiente, ha sido ocupada y dominada impúdicamente por la partitocracia. Ahí reside el núcleo de la degradación de las actuales democracias, convertidas, de manera más o menos obscena, en dictaduras de partidos.
Por eso, la "Democracia Severa" debe redefinir el papel de la Sociedad Civil y atribuirle una nueva misión más agresiva y potente: controlar directamente al poder político. La idea de la Democracia Blanda" de que la sociedad civil debe servir de contrapeso al poder político no ha servido para frenar el ansia de poder y la imparable voracidad de los partidos. La Democracia Severa, al convertir a la Sociedad Civil en una fuerza organizada, capaz de derrotar a los partidos con sus propias armas (organización y representatividad, basada en el número y en los votos) ha encontrado la única fórmula de derrotar al monstruo de l partitocracia.
La Democracia Severa s una evolución natural de las democracias Blanda y Fuerte, surgida del fracaso de ambas en su misión de controlar a los partidos políticos. Los partidos han prostituido la democracia rompiendo todos los controles y cautelas que limitaban el poder político y expulsando al ciudadano de los procesos de toma de decisiones. la Democracia Severa, al organizar y estructurar a la Sociedad Civil como un poder real, relega a los partidos y les devuelve a su dimensión verdadera, la de unas corrientes o tribus, organizadas para ocupar un poder que no les corresponde ni por el número de sus militantes, ni por los méritos que exhiben.
La Sociedad Civil, dentro de la Democracia Severa, posee, como le corresponde por su fuerza y número de ciudadanos, la inmensa mayoría de la representatividad y el poder de controlar directamente a los partidos, a través de sus "Cónsules del Pueblo", representantes con poder suficiente, elegidos por sectores profesionales y demarcaciones geográficas, cuya misión es controlar directamente las instituciones, los servidores públicos y todo el aparato el poder.
De esa manera se acabará la dictadura de los pocos (partidos políticos) sobre los muchos (sociedad civil), basada únicamente en la organización de los partidos frente a la desorganización de los ciudadanos, ejerciendo así un dominio injusto y una usurpación del poder que no les corresponde ni es lícito en democracia.
Los sindicalistas liberados, considerados como vagos y aprovechados a los que el gobierno de Zapatero otorga privilegios inmerecidos, acaban de incorporarse, como nueva especie, a la fauna de los "despreciables" de la sociedad española. Nadie sabe cuantos hay, pero su número, cuidadosamente ocultado, debe constituir un "secreto" vergonzante en un país demasiado podrido, que cada día descubre nueva basura bajo las alfombras del poder.
Antes eran los inspectores de hacienda y los empresarios los tipos más despreciados de la sociedad española, pero ahora han sido desplazados por una nueva "fauna", generada por la democracia, que merece el desprecio creciente de la sociedad, integrada por los políticos, los periodistas sometidos al poder, los recaudadores de la SGAE, los corruptos y los liberados sindicales. Mucho está cambiando para bien en la sociedad española, que ya no soporta a los parásitos y que cada día es más exigente con la ética y la decencia.
Sorprende, pero es cierto: los sindicalistas profesionales, los políticos, los periodistas adictos al poder y a la mentira y los recaudadores de la SGAE son ya más impopulares y despreciados que los terroristas o los inspectores de Hacienda y de Trabajo. La sociedad española está cambiando profundamente y mejora su sensibilidad ética al rechazar a los que se enriquecen con la política, a los que se aferran a sus puestos públicos con uñas y dientes, a los que cobran sin trabajar, a los que mienten de manera profesional y a los que recaudan de forma abusiva.
La lista de los nuevos "villanos" en España crece a buen rítmo e incorpora también a los enchufados de los partidos políticos, a los familiares de los políticos "colocados" en los aparatos del poder, a los muchos corruptos afincados en las administraciones y a los que, desde la empresa, se benefician del favoritismo, la arbitrariedad y la corrupción de los políticos.
No todo es "justo" en la nueva escala de aprecio que está forjando la España del siglo XXI porque existen injusticias lacerantes, como el creciente desprecio a los "funcionarios", un grupo que, mayoritariamente ha aprobado sus oposiciones con esfuerzo, aunque ha sido contaminado por el clientelismo y la arbitrariedad de los políticos, que han trucado concursos y facilitado el acceso a la función pública de familiares y amigos del poder.
La gran paradoja de la España actual es que, según las encuestas, los ciudadanos desprecian más a los políticos que a los terroristas y a los narcotraficantes, todo un drama que dejará en el futuro del país huellas altamente dañinas.
El grado de desprecio y rechazo a los políticos no para de crecer en España, lo que constituye un enorme problema para la convivencia y el progreso. Si las encuestas no estuvieran "adobadas" y "maquilladas" por el poder y sus colaboradores, reflejarían la verdad: que los políticos son la primera preocupación de los españoles y la profesión más odiada.
Los sociólogos y expertos en gobernanza saben que el desprecio a la clase dirigente, unido a la desconfianza, dos fenómenos especialmente intensos en España y que golpean con especial énfasis a políticos, periodistas, jueces y, en menor grado, a policías y funcionarios públicos en general, dificultan la gobernabilidad, envenenan la convivencia, destruyen la cohesión, corroen la armadura ética de la nación y estimulan el fraude fiscal y hasta el sabotaje al poder político.
La situación es tan grave que esa desconfianza en el poder y sus representantes es ya, según muchos expertos, el mayor problema de la España actual, mucho mayor que el de la crisis económica y el mismo desempleo masivo, ya que, sin restablecer la confianza en los líderes, el país nunca podrá resurgir y superar sus dramas.
Hay una izquierda honrada y demócrata, pero cada día es más minorataria y marginal ante el avance de una izquierda radical ajena a la vieja decencia, que recupera sus raices marxistas, que está perpetrando muchas traiciones morales en todo el mundo y que lo hace aprovechándose de un prestigio ganado en el pasado que quizás ya hoy no tenga justificación. Los ciudadanos otorgan a los intelectuales y políticos de izquierda un plus que hoy ya resulta inaceptable porque muchos sinvergüenzas se aprovechan de ese sello de calidad para engañar y oprimir.
Se lo he leído a Pilar Rahola: "Un pensador de derechas sólo puede equivocarse una vez, antes de hundirse. La izquierda puede perpetrar una vida de errores, y mantiene intacto el prestigio".
La izquierda dice defender principios que muchos consideramos indiscutibles, pero ¿los defiende de verdad? Empecemos por la democracia, que es su gran asignatura pendiente. Es casi imposible encontrar un político o intelectual de izquierda que cuestione la democracia, pero es todavía más difícil encontrar a uno de ellos que realmente crea en ella.
Saramago era un ejemplo, pero hay decenas de miles. El premio Nobel portugués aclamó a Stalin y lo llamó libertador, pero nunca mencionó que es el segundo mayor asesino de la historia, superado sólo por otro de su misma cuerda: Mao Zedong. Justificó la existencia del Muro de Berlín y considera a Fidel Castro como una referencia de gran valor para la izquierda. Odia y critica a los Estados Unidos, pero el escritor portugués también aclama la democracia ¿Cómo es posible creer en la democracia y en Stalin al mismo tiempo? ¿Cómo se puede ser demócrata valorando más al carnicero Fidel que a lo que representan los Estados Unidos como nación libre?
Muchos líderes intelectuales y políticos de la izquierda practican las mismas contradiciones del Nobel portugués: odian a Estados Unidos y a Israel como representantes del diablo, pero disculpan a los terroristas y, en España, hasta han intentado pactar con ellos, anteponiendolos a las víctimas, mientras no dejan de declararse "demócratas" ¿Es posible exhibir un ejemplo más sangrante de doble moral que defender el feminismo y lo que llaman "paridad" en España y desviar la vista para no condenar las lapidaciones y la opresión infame de la mujer en el mundo islámico?
Demasiadas contradiciones, demasiadas traiciones e incongruencias en los siempre agitados páramos de la izquierda, donde siempre se sueña con el poder, al viejo estilo, para transformar el mundo desde la cúspide, como predicaba Lenin ¿Es eso compatible con la democracia? ¿Es lícito, en democracia, acosar y demonizar al partido de la oposición, aislándolo y debilitándolo para que jamás pueda conquistar el poder? ¿Vale todo en política? ¿El fin justifica los medios? Puede que en esa izquierda resentida que jamás renuncia al marxismo esos principios tengan vigencia, pero no en democracia. En el sistema de libertades y derechos cívicos, esas normas de cloacas están vetadas.
Persiguen al yankee con saña, como si la "guerra fria" siguiera viva, pero se les escapan vivos los peores tiranos: desde Pol Pot, cuarto, después de Hitler (tercero), en el ranking mundial de los asesinos, hasta Fidel Castro. Son capaces de criticar cada día, con una saña casi histérica, los errores de los demócratas americanos y de la oposición democrática, en sus respectivos países, pero nada dicen de las locuras de los tiranos, ni de sus crímines.
Para entender las traiciones de la izquierda y su alcance, nada mejor que el libro "Cambiare Regime", del periodista italiano Christian Rocca, que analiza las amistosas y tolerantes relaciones de la izquierda mundial con 45 grandes dictadores recientes y recomienda a esa izquierda que promueva, de una vez por todas, la democracia. Tampoco es mal ejercicio analizar el olvido culpable de la izquierda de las mujeres que viven bajo las tiranías islámicas, o el silencio ante el sufrimiento de ciudadanos demócratas perseguidos y sometidos a dictadores como Castro, o la "comprensión" frente al terrorismo nihilista o los suicidas jihadistas o el silencio complice de la izquierda cuando son asesinados decenas de judios en los autobuses que ruedan por Jerusalen, o cuando vuelan por los aires los mercados de Bagdad, terrorismo del que siempre es "culpable" Estados Unidos.
Pero quizás la mayor traición de la izquierda, más incluso que su amor por los tiranos marxistas o su fácil convivencia con la corrupción pública y la opresión, sea su manera nociva de entender la democracia y la gestión del poder en determinados países de Occidente, como España, donde todo parece permitido si el botín es el gobierno, desde el pacto con nacionalistas fascistas extremos vascos y catalanes, hasta el perdón al terrorista etarra manchado de sangre, sin olvidar la conversión en leyes, sin apenas apoyo popular, de documentos tan ignominiosos como el Estatut catalán, promovido personalmente por el izquierdista Zapatero, toda una ofensa salvaje a la solidaridad y la igualdad, dos de los muchos viejos valores olvidados por esa izquierda moderna que ha hecho del poder su gran "becerro de oro".
Mi amigo Fernando da clases de Filosofía del Derecho en una universidad andaluza y su tesis favorita es que "Zapatero es un militante de la derecha infiltrado en el PSOE". Algunos toman su afirmación como un chiste, pero son más los que la toman en serio. Lo sorprendente es que es capaz de defender esa teoría con argumentos solventes y convincentes.
Cada vez que aborda el tema, lo inicia con la siguiente pregunta: ¿Para quién trabaja Zapatero, para el PSOE, al que está hundiendo, o para el PP, al que empuja cada día más hacia la Moncloa?
Dice Fernando que Zapatero ha conseguido que un Rajoy políticamente minusválido, aburrido, acobardado e incapaz de entusiasmar a nadie, esté a punto de entrar en la Moncloa como triunfador, con mayoría absoluta. Afirma Fernando que la mejor prueba de que Zapatero es un derechista infiltrado en el PSOE es que nadie ha hecho más que él por la derecha española en los últimos ocho años.
Ha congelado las pensiones, ha abaratado el despido, ha bajado el sueldo de los funcionarios y ha dado todo tipo de facilidades, ventajas y dinero a los banqueros. Ahora se dispone a reformar el sistema de pensiones y a despojar a los trabajadores españoles de muchos de los derechos que conquistaron, un "trabajo de demolición" típicamente ultraderechista que la derecha española jamás se habría atrevido a realizar. Además, es apoyado directa y fervorosamente por la plana mayor de los grandes banqueros y empresarios españoles, desde Emilio Botín y Florentino Pérez hasta los Entrecanales y muchos otros miembros de la exclusiva cofradía de los multimillonarios que aparecen en las listas de Forbes.
Zapatero ha causado al PSOE. eterno rival del PP, daños casi irreparables, que, en el mejor de los casos, costará décadas olvidar. Ha mermado las filas del PSOE y ha perdido la simpatía de más de la mitad de los votantes de la izquierda. Ha logrado lo que parecía imposible, que el triste, acobardado y pasivo Rajoy aventaje hoy al PSOE en más de diez puntos y esté en vísperas de conseguir ya la mayoría absoluta en las encuestas, lo que vaticina, de manera casi irreversible, su triunfo en las próximas elecciones, todo eso sin que la derecha española haya realizado mérito alguno, sin que haya tenido que adelantar sus proyectos, sin haber arriesgado con propuestas o ideas.
Asegura Fernando que, cuando Zapatero haya terminado su "trabajo", el PSOE y la izquierda "estarán tan diezmados y desmoralizados que tardarán medio siglo en recuperar la confianza de un electorado al que Zapatero ha arrebatado, en nombre de la izquierda, la prosperidad, la esperanza, la confianza y el orgullo de sentirse españoles".
Y explica: "Cuando la policía quiere descubrir al criminal, tiene que preguntarse ¿a quien beneficia el crimen? Si aplicamos la mista técnica a la política española, la respuesta es que Zapatero, el autor de los grandes dramas que han puesto de rodillas a España, tiene que ser un miembro activo de la derecha, que es la principal beneficiaria de sus estragos".
Afirma Fernando que "al final de su mandato, Zapatero terminará odiado por la izquierda, por los sindicatos y por su propio partido, al mismo tiempo que recibirá el reconocimiento secreto de la derecha española en pleno, por haberle hecho el trabajo sucio de la reforma laboral, del retraso en la edad de jubilación y del desmontaje del Estados de Bienestar, evitándole el desgaste y la impopularidad que esas medidas conllevan".
Concluye que "Si Rajoy fuera justo, tendría que agradecerle a Zapatero el haberle llevado hasta la Moncloa sin que él, indolente por naturaleza, haya tenido que realizar esfuerzo alguno, ni asumir riesgos ".
Y finaliza: "Zapatero es el secreto mejor guardado por la derecha española, la principal baza del PP y el quintacolumnista perfecto, todo un ejemplar y eficaz cachorro de Fraga, que ha sido capaz de destruir al enemigo desde dentro, sin despertar la menor sospecha".
El día 2 de agosto último, el "Diario de Sevilla" publicó en su página 5 un artículo de opinión cargado de potencia y verdad, un alegato convincente contra la política socialista que, tras demostrar la coincidencia de muchas políticas franquistas con la que actualmente desarrolla el socialismo de Zapatero, concluía con una acusación sobrecogedora y preocupante: "los viejos tiempos (el franquismo) no han vuelto. Simplemente no se han ido".
El artículo está firmado por el profesor universitario Francisco Núñez Roldán, un docente honrado y amigo de la verdad, cuya capacidad de análisis y de difundir verdades nucleares asusta a muchos socialistas cada vez que ven su firma en la prensa.
El artículo demuestra con claridad y solvencia muchas de las coincidencias terribles que se están dando entre el Franquismo y el socialismo de Zapatero y, entre otras cosas, afirma que "La fuga de cerebros, por ejemplo, fue una triste realidad del franquismo que ha vuelto también por obra de políticos que se dicen socialistas".
Pero las coincidencias, al margen de las denuncias del artículo, son demasiadas y se extienden a muchos otros ámbitos de la vida española: el descenso de los derechos sociales de los trabajadores, la corrupción de la "casta" próxima al "régimen", algunos movimientos deplorables e indignos de censura, listas negras de empresas y de ciudadanos a los que el poder margina de concursos y subvenciones por causa de sus ideas, el creciente deseo de libertad en los sectores más cultos de la sociedad, el afán de prohibir que se da en el gobierno nacional y, especialmente, en algunos gobiernos regionales, como el catalán, donde también hay prohibiciones lingüísticas (esta vez del castellano), como en los tiempos del general.
La utilización del fútbol como opio del pueblo y las oleadas de españoles que emigran en busca de trabajo, dos signos del franquismo, se están reproduciendo con idéntica o superior intensidad en la actual España de Zapatero. Otro de los rasgos predominantes del Franquismo, el del adoctrinamiento de los niños y jóvenes, se está reproduciendo bajo el gobierno de Zapatero, que ha impuesto por ley la Educación para la Ciudadanía, una asignatura que pretende algo parecido a lo que quiso lograr Franco con la Formación para el Espíritu Nacional.
Por último, el artículo, cuya denuncia merecería ser estudiada con preocupación y detalle por los demócratas españoles, recuerda que el Zapaterismo, como el Franquismo, recurre a la propaganda y al engaño para esconder la realidad y exhibir una imagen de España que nada tiene que ver con la verdad: "La mejor manera de combatir los efectos políticos y electorales de esta realidad es negándola o ignorándola desde los medios oficiales con mucha propaganda".
El análisis del profesor Núñez ha provocado fuertes reacciones internas dentro del PSOE andaluz, que no acepta en modo alguno ser comparado con aquel odiado "Franquismo" que, en teoría, combatieron y quisieron erradicar, pero que ahora, vergonzosamente, están copiando y reinstaurando en la pobre España que ellos destruyen a diario, desde el gobierno.
¿Que es lo que impide que millones de ciudadanos no sean capaces de ver el hundimiento y la degradación de España, a pesar de que los síntomas son evidentes y que la verdad está delante de sus narices? ¿Por qué nadie denuncia que España ya no es una democracia y que la arbitrariedad y la corrupción en las administraciones públicas ha llegado a niveles de nausea? ¿Por qué nadie advierte a los ciudadanos que están siendo arruinados por su gobierno, que es incapaz de adoptar medidas sensatas frente a la crisis y que, incapaz de renunciar a sus privilegios, siguen endeudando más y más al país, comprometiendo su prosperidad y su futuro?
Nos creemos libres porque podemos expresarnos con libertad, pero en realidad somos mentes controladas por el poder. Delante de nuestros ojos se está hundiendo la nave y somos pocos los que vemos el naufragio y el inmenso dolor que produce. ¿Que está pasando en España para que la sociedad entera camine hacia el matadero sin protestar? ¿Por qué ni siquiera los intelectuales y periodistas, obligados a convivir con la verdad, denuncian el desastre?
La única explicación es que en la España de Zapatero se están desplegando con un éxito casi absoluto las estrategias del "Estado Cínico", consistente en utilizar todos los recursos del poder para engañar, mentir, confundir, debilitar y desarmar a la ciudadanía, logrando que el pueblo, con la mente nublada y el alma acorralada, no perciba que su democracia ha sido asesinada, que sus riquezas están siendo despilfarradas y que todas las defensas y cautelas frente al poder han dejado de funcionar.
Zapatero es hoy el líder mundial que aplica con mayor maestría y destreza las estrategias del Estado Cínico, el dirigente que está demostrando a diario que para esclavizar a un pueblo y someter a toda una nación es mejor utilizar el dinero público, la propaganda, la mentira y la sonrisa que el fusil, el garrote y otros métodos clásicos de la represión y la opresión.
La tesis central de los partidarios del cinismo estatal es que no es necesario reprimir y doblegar las libertades y derechos, como se hace en Cuba, Marruecos, Venezuela, Irán y otros países violentos del mundo porque se obtienen mejores resultados y el dominio de las "castas" queda igualmente garantizado si se utiliza la propaganda para engañar, el debate falso para confundir, la mentira para desorientar y el dinero para corromper y comprar voluntades y lealtades.
La Historia está demostrando a diario que Zapatero tiene razón y que sus métodos incruentos son más eficaces y seguros que los que utilizan sus amigos dirigentes de China, Cuba, Venezuela, Irán, Siria, Marruecos y otros países totalitarios. Guste o no, lo cierto es que Zapatero, sin perder la vitola de "demócrata", sin reprimir abiertamente la libertad de expresión , sin tener que soportar una rebelión ciudadana interna y sin causar un solo muerto, está consiguiendo doblegar a los españoles mejor que Castro domina a los cubanos o que el gorila Chávez aplasta a los venezolanos.
Frente al cinismo elevado a política de gobierno, no existe otra receta que la verdad. La verdad es tan contundente y clara que disipa el engaño y aporta cordura, decencia y libertad allí donde antes reinaban las tinieblas, la mentira y la confusión. Ante el vergonzoso dominio del engaño, la mentira y el cinismo, impuestos por el poder, la única salida que le queda a España es una rebelión cívica que restituya la verdad y la decencia, encabezada por intelectuales y periodistas. Sólo con la ayuda de intelectuales y periodistas es posible devolver a los ciudadanos la luz, la cordura y el vigor que España necesita para sacudirse la corrupción, recuperar la verdadera democracia, abandonar el foso de la decadencia y regenerarse.
¿Por qué periodistas e intelectuales se niegan a denunciar la corrupción y la incomprensible ineficacia del Estado a la hora de solucionar nuestros problemas? ¿Por qué no denuncian abiertamente el asesinato de la democracia y su sustitución por una dictadura de partidos políticos?
La única respuesta válida es que los intelectuales y periodistas se han dejado "comprar" por el poder cínico, que ha logrado amordazar la verdad. Hay cientos de periodistas que parece que son críticos pero que nunca sobrepasan las líneas de seguridad. La mayoría de los críticos, cuando hablan en tertulias y debates periodísticos, jamás se atreven a arremeter contra el sistema. Todos temen que el poder les represalie, que no vuelvan a llamarles para hablar en público, que dejen de pagarles los cuantiosos estipendios, que el gobierno retire la publicidad, que el poder les condene al ostracismo.
Conozco a varios tertulianos importantes de este país y todos admiten en privado que no pueden ni deben ser demasiado radicales en sus tertulias. Justifican su posición de verdades a medias y de críticas suaves diciendo que no hay que escandalizar a la audiencia, pero, si les aprietas, confiesan que si dijeran la verdad con crudeza perderían la tribuna y dejarían de "salir en pantalla" o quedarían "sin micrófono".
El Estado Cínico utiliza métodos de persuasión y control más emocionales que racionales, que ni siquiera habían sido previstos por Orwell, que jamás descubrio el control no violento del pensamiento. Consisten, básicamente, en crear ilusiones falsas pero necesarias y útiles para el poder, como que existe una prensa libre, que la verdad es respetada, que al poder le preocupan los derechos sociales, que los políticosse interesan por el bienestar ciudadano o que la crisis afecta a todos por igual, entre otras muchas. Esas falsas convicciones generan una nebulosa mental que impide ver lo que cualquier niño vería en condiciones normales: la arbitrariedad del poder político, la corrupción galopante, el favoritismo, los prejuicios y otros manejos idecentes del poder.
Son los métodos del Estado Cínico, dominados a la perfección por Zapatero y su gobierno, cuyo producto es un país que se hunde sin percibirlo, una economía que retrocede, una nación que se desintegra, un Estado tan hinchado y repleto de parásitos que es insostenible y un gobierno que expolia, endeuda, despilfarra y despliega arbitrariedad a diestro y siniestro. Verdades todas ellas ignoradas y camufladas bajo el manto de la mentira, de la propaganda y de la más vergonzosa autocensura de intelectuales y periodistas.
Reproduzco hoy un artículo publicado el 27 de agosto de 2010 en las páginas de opinión del ABC de Sevilla, que me fascinó. Está firmado por Francisco Pérez Valencia, pero podría haberlo firmado yo mismo, ya que las tesis que el autor defiende coinciden con las que defiendo en mis libros y desde la tribuna de este blog "Voto en Blanco", que pretende ser un antídoto contra el sueño, la cobardía y el abandono.
Pérez Valencia dirige una "Universidad Emocional" que es un ejemplo de ética y solvencia humana aplicada a los negocios y a la vida. Por fortuna, la formación que esa universidad imparte se está abriendo camino y está aportando su grano de arena a la deseada regeneración de la sociedad española.
La rebeldía tiene que resucitar porque si no lo hace, España terminará por morir, víctima de la parte más pobre y de peor calidad de la sociedad española, que, desgraciadamente, ha tomado el poder.
Francisco Rubiales
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La voz de los que podrían dar argumentos (de esperanza y contestación) en estos momentos de desazón está silenciada. Ahora, cuando más falta nos hace tener referencias para reencontrar un rumbo, para mantenernos esperanzados y para soñar un futuro, nos faltan intelectuales que nos recuerden nuestro lugar en el mundo y que nos empujen a recuperar la rebeldía.
Hace mucho tiempo que el papel del intelectual se diluyó entre los premios que deparaba el poder. Sometidos, tratan de agradarle de cualquier forma para obtener las prebendas, para mantener el sitio o para que se les otorgue miserables migajas a cambio de una pequeña mordaza.
En estos últimos tiempos se produjo una brecha generacional en nuestra ciudad, como en el resto del país, porque los que aspiraban a cambiar el mundo en la década de los ochenta ahora son los mismos que inmovilizan todo eco de libertad, instalados en los tronos que decían combatir; ahora son los que, sentados en ellos, toman las decisiones y saben hacerlo muy bien para disfrutar de las heces que ellos mismos defecan, las heces del poder.
Lo sé porque yo he vivido en las cloacas; sé todo lo que importa la cultura para quienes la manipulan queriendo rentabilizarla al precio que sea, lo sé porque, a pesar de todo, soñé que podría ser el peaje para edificar ese mundo humano y social, comprometido con los afectos y los sueños. Lo sé porque aún tengo claro cuál es mi lucha.
Desde el poder se nos dice que la crisis financiera es la causa de todo, de la desaparición de la calidad, de la cultura solidaria y honesta, del mismo arte como vehículo fundamental para sentirnos hombres libres. Esta excusa es lo suficientemente penetrante como para no evitarla, porque convencer a los ciudadanos no es difícil, basta con repetir una y otra vez las mismas razones, ciertas o no, para calar en todos, para convencernos y llevarnos a una desorientación total.
La nula reacción de la ciudadanía les hace pensar a estos interlocutores del poder que son el poder mismo, incluso, que hacen lo que deben. No hay conciencia crítica. El espectáculo de la cultura, la creación sodomizada por las subvenciones y el intelectual mutilado por una limosna de acomodación. Éste es el escenario.
Lo primero que debemos hacer es despertar, liberarnos de la caverna. Se empeñan en decir cómo es la realidad. ¡No creedlos! No es como la deforman, no puede ser que el esfuerzo de tantos talentos a lo largo de nuestra pequeña historia, quede inmovilizado por la subordinación a lo establecido. Después de un Camus o de un Pasolini no pueden impedir que algunos podamos elegir qué pensar y cómo vivir, aunque ello nos relegue al desinterés oficial y, por extensión, a la visibilidad. Han dejado que el intelectual se pierda entre los menudeos del mercado, entre derechos y beneficios. Pero han de saber que no todos pensamos que la creación es una mercancía, porque el arte es de quien lo hace suyo, no de quien lo paga.
La repugnancia a entrar en este juego político y servicial es lo que me empuja a decir cosas como éstas, aunque ellas me creen mayores distancias con los que parecen poderosos, pero ello no merma mi resistencia, la empuja, como la de muchos, muchos más de los que ellos creen. Espero juicio sumarísimo por rebelión, incluso el saludo, pero es mucho peor soportarme a mí mismo siendo condescendiente con este juego a hacer cultura.
Los recortes de los presupuestos destinados a cultura y, con ello, el cierre de espacios de cultura contemporánea en nuestra ciudad no debe aplacarnos, todo lo contrario, nos obliga a cuestionar el sistema mismo hasta lo esencial: el arte, la cultura, no está al servicio de quien la pague, sino de quien la viva. Nuestra respuesta debe ser intensamente individual desde nuestra perspectiva única de seres vivos e independientes, con nuestro trabajo, aquel que nace por necesidad de expresar este mundo, no de satisfacer encargos institucionales.
De nada servirá la queja si es para volver al mismo sitio. El arte más honesto es la expresión del hombre libre. El bufón llora la pérdida, el francotirador ama la soledad.
Francisco Pérez Valencia
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El sueño de todo nacionalista radical vasco o catalán es destruir España. En estos tiempos terribles, los nacionalistas están eufóricos porque han descubierto que apoyar a Zapatero es la mejor forma de lograr esa destrucción soñada de la nación española.
Los nacionalistas extremos vascos y catalanes han descubierto que apoyar a Zapatero es la mejor manera de cumplir su sueño de destruir a España. El nacionalismo es consciente de que Zapatero, el peor gobernante de España en los tres últimos siglos, es el el talón de Aquiles de España, la espada que puede herir de muerte al país que odian. Los nacionalistas saben que apoyando a Zapatero debilitan al país, lo ponen de rodillas y, con un poco de suerte, tal vez consigan destruirlo. La alianza entre Zapatero y los nacionalistas vascos y catalanes es la peor desgracia de España desde la guerra civil de 1936, una atroz pesadilla para un pueblo que no se merece esa sucia conspiración, a dos bandas, contra su integridad y su grandeza.
Los socialistas Blanco, Rubalcaba y Alonso se han reunido en secreto con Urkullo, el pasado 24 de agosto, para fraguar la "alianza" y pactar las "compensaciones" al PNV por sus votos. El lendakari, también socialista, Patxi López, no fue invitado a la reunión. El País Vasco, gracias a una alianza entre el PSOE y el PP, ha retomado la ruta de la Constitución y está demostrando cada día que se puede construir un País Vasco sin enfrentamientos diarios con España y sin conflictos permanentes de cohesión y soberanía, como desea el nacionalista PNV. ¿Está dispuesto Zapatero a "reventar" ese camino esperanzador, sacrificando la nueva ruta constitucionalista y al mismo Patxi López, a cambio de los votos que necesita para seguir en la Moncloa? Muchos, conociendo al "personaje", pensamos que "Sí".
Zapatero está dispuesto a ceder más "autogobierno" al País Vasco con tal de aprobar los Presupuestos de 2011. En concreto, negocia con el PNV transferir la "gestión económica de la Seguridad Social" y las políticas de empleo. Los nacionalistas pretenden romper la caja única de las pensiones y Zapatero, cuya única obsesión es el poder, está dispuesto a concederlo todo. La víctima de ese contubernio infernal es, una vez más, España y los españoles.
Zapatero sabe que los españoles quieren elecciones anticipadas, pero él se niega a plegarse al deseo de la mayoría porque quiere seguir mandando. También sabe que los españoles no quieren ampliar todavía más el poder de las autonomías, sino reducirlo, pero él, a cambio de mantenerse en la Moncloa, está dispuesto a conceder más autogobierno al País Vasco, del mismo modo que ha regalado a Cataluña un Estatuto que alimenta el ego nacionalista y que el mismo Tribunal Constitucional ha rechazado como contrario a la Constitución. Zapatero sabe que la inmensa mayoría de los españoles declaran en las encuestas que no quieren ampliar las transferencias y concesiones a las comunidades autónomas, pero él, cuya única obsesión es mantenerse en el poder, sin respeto alguno al sentimiento ciudadano, las está ampliando.
Es probable que lo que está haciendo Zapatero sea legal en esta España donde la democracia ha sido tristemente traicionada y degradada por los políticos, pero no es menos cierto que esas actuaciones serían imposibles y dignas de castigo en cualquier país decente del mundo. Lo que es científicamente cierto es que el contubernio Zapatero-nacionalistas está causando a la cohesión, a la prosperidad, a la dignidad y la esperanza de España heridas y desgarros casi imposibles de curar.
Ha bastado con que el portavoz del PNV, Josu Erkoreka, amenazara el pasado sábado con unas elecciones anticipadas para que Zapatero, desde Shanghai, respondiera asustado y prometiendo más concesiones y autogobierno a una región como el País Vasco, que ya posee mayores cuotas de autogobierno que cualquier otra región de toda la Europa Comunitaria.
El descaro antidemocrático de Zapatero parece no tener límites. Mientras que las encuestas reflejan claramente la voluntad popular de ir a elecciones anticipadas, el, obrando como déspota, se niega a convocar elecciones, condenando a España a seguir padeciendo, día a día, la decadencia y la derrota que él mismo pilota desde la presidencia del gobierno.
Los estragos que está causando su mandato, entre los que sobresalen más de cinco millones de parados, la destrucción de gran parte del tejido productivo de España, el avance de la pobreza, la pérdida de la confianza en el poder, la corrupción y la decadencia generalizada del país, ya son dignos de figurar en la historia de la vergüenza española, pero, al parecer, no son todavía suficientes y, antes de abandonar su mandato, quiere ampliarlos contentando y fortaleciendo a grupúsculos nacionalistas antiespañoles, sólo porque él necesita sus votos para mantenerse en la Moncloa.
La Tercera Guerra Mundial ha empezado y enfrenta ya, en muchos países, a ciudadanos libres contra partidos políticos y gobiernos abusivos, corruptos e ineficaces.
Somos muchos los que creíamos, desde hace muchos años, que la Tercera Guerra Mundial enfrentaría a los ciudadanos libres contra los partidos políticos y los gobiernos abusivos, corruptos e ineficaces que tienen que soportar contra su voluntad. No la imaginábamos como una guerra clásica, sino como una "rebelión mundial" cívica contra opresores y sátrapas más o menos hipócritas y travestidos de demócratas. Pues bien, esa guerra ya ha conmenzado y, efectivamente, enfrenta a los ciudadanos libres y demócratas con los partidos políticos y gobiernos que vulneran las reglas de la democracia, son ineficaces, abusan del poder, esclavizan al ciudadano y contaminan de corrupción a la sociedad.
Por el momento, esa guerra se mantiene en una etapa de baja intensidad, ignorada por la mayoría de los ciudadanos, pero ya se han librado las primeras batallas y el conflicto, sin duda, seguirá incrementando su intensidad constantemente, durante toda la primera mitad del siglo XX, hasta que, a mediados del presente siglo, aproximadamente, los ciudadanos alcancen una victoria casi completa, logrando que la democracia sea reformada en buena parte del planeta y esa política actual dominante, basada en el privilegio de los que mandan y en la primacía de los intereses de los partidos sobre el bien común, sea arrojada al lugar que merece: el basurero de la Historia.
Por desgracia, no todos los ciudadanos están en el bando rebelde. Hay multitudes de esclavos sometidos que apoyan a las castas políticas y traicionan a la ciudadanía. Si usted quiere saber en qué bando está, sepa que el principal rasgo común de los ciudadanos libres y rebeldes es que son gente insatisfecha. Si se siente indignado ante el comportamiento de los políticos y los privilegios injustos de la "casta", entonces milita en el bando de la ciudadanía libre y la democracia. Si le parecen tolerables y admisibles la corrupción, la arbitrariedad, el abuso y la ineficacia del poder político, entonces usted está sometido, al servicio del poder y en contra de la rebeldía ciudadana, de la democracia y la decencia. Es así de sencillo.
El derecho a rebelarse contra los gobiernos inicuos ha quedado reconocido por la inmensa mayoría de los pensadores políticos a lo largo de la Historia, entre los que destaca el filósofo Jonh Locke, y por miles de textos, algunos tan prestigiosos como la Constitución de los Estados Unidos de América.
Ante la rebeldía de los ciudadanos que ya no estamos dispuestos a seguir tolerando el abuso y la ineficacia de las castas gobernantes, los partidos políticos, que se sienten amenazados, tienen que elegir entre tres opciones:
La primera consiste en abandonar el abuso, asumir la legalidad y retornar a una democracia de hombres y mujeres libres, férreamente controlada por la ciudadanía, donde los gobiernos y los partidos quedarán con sus poderes muy limitados y sometidos a la inexorable tutela del ciudadano, que es el soberano del sistema y el único que otorga o quita legitimidad al poder político.
La segunda opción consiste en refugiarse en el "Estado Matón", donde la casta política utiliza todos los recursos del Estado para mantenerse en el poder sin renunciar a sus privilegios y a la política inmoral, abusiva y anticiudadana que despliegan, utilizando, incluso, el miedo, la violencia y el asesinato para doblegar a los ciudadanos y controlar el poder.
La tercera opción es la del "Estado Cínico", donde los gobernantes inicuos utilizan el engaño, la mentira, la falsa sonrisa y, sobretodo, el dinero público para mantener en el poder, controlar a los ciudadanos y mantener vigente sus democracia degradadas por la corrupción, el abuso de poder, los privilegios de la "casta" política y la ausencia de ciudadanos, debate y controles democráticos.
La primera opción será la que triunfe, después de intensos, aunque incruentos debates y reflexiones colectivas, en los países más avanzados y democráticos del mundo actual, donde sus gobernantes entenderán, sin oponer demasiada resistencia, que los ciudadanos libres y honrados tienen razón al querer imponer una democracia más auténtica y limpia.
La segunda opción es la que están adoptando hoy las castas políticas más antidemocráticas, despreciables y obtusas, a las que no les tiembla el pulso a la hora de aplastar a sus propios ciudadanos antes que admitir reformas que limiten sus privilegios y dominio ilegítimo. El venezolano Hugo Chávez, los hermanos Castro, en Cuba, y la banda comunista que gobierna el gigante chino son los máximos exponentes mundiales, junto con regímenes como los de Irán, Siria y otros totalitarios, del "Estado Matón" que utiliza sus recursos y armas contra su propio pueblo.
La tercera opción, más sutil, pero con el mismo hedor totalitario e igualmente antidemocrática, prefiere utilizar otros recursos para reprimir, confundir, desorientar, enfrentar y castrar a sus propios pueblos, manteniendo el poder corrupto, abusivo e ineficiente gracias al auxilio del engaño, la mentira, la sonrisa, el control de los medios de comunicación y de la propaganda y, sobre todo, el dinero público, que gasta a manos llenas para incrementar sus privilegios, para comprar voluntades y para apuntalar su poder clientelar. El español José Luis Rodríguez Zapatero es el máximo exponente mundial del "Estado Cínico", portador la más sutil, peligrosa y anticiudadana estrategia de lucha, capaz de engañar a muchos ciudadanos que, víctimas de las sonrisas, los engaños y la brutal propaganda, no perciben la corrupción, el mal gobierno, la perversión del sistema democrático y el despiadado dominio de los hombres y mujeres libres que encierra el cinismo.
Curiosamente, los partidarios del cinismo y los que optan por el "Estado Matón" suelen ser amigos y aliados, conscientes de que luchan contra el mismo adversario, que es la libertad, la verdadera democracia y la participación del ciudadano en una la política que ellos quieren mantener, a toda costa, como monopolio. Así se explican fenómenos que para algunos ilusos insconcientes son inexplicables, como la distancia, cada vez mayor, que separa al actual gobierno de España de democracias europeas como las de Alemania, Francia e Inglaterra y la estrecha amistad y cooperación del teóricamente democrático gobierno español de Zapatero con tiranos y sátrapas mundiales como los hermanos Castro, Hugo Chávez, el sultán de Marruecos, lo dirigentes comunistas chinos y muchos otros.
El reciente apaleamiento a once activistas españoles por la policía de Marruecos y los conflictos en la ciudad de Melilla, acosada por activistas marroquíes, demuestran que el dinero español fluye con menos generosidad y que, sin dinero, Marruecos vuelve a ser un molesto vecino, casi un claro "enemigo" de España.
La última agresión de Marruecos tuvo forma de represión policial y la padecieron once activistas que cuando se manifestaban el pasado sábado en la capital del antiguo Sahara Español por los derechos de los saharauis, fueron brutalmente apaleados y hasta obligados a besar la bandera marroquí por la totalitaria policía del sultán.
La reacción del gobierno español ha sido, una vez más, de cobardía y sumisión ante los marroquíes. En su primera reacción oficial, los socialistas de Zapatero vienen a decir que los activistas merecieron el trato sufrido porque carecían de permiso para manifestarse.
"La diplomacia española con Marruecos ha consistido en repartir dinero al reino alauita. Cuando se acabe el dinero español, volverán los conflictos". Me lo dice un español bien introducido en Marruecos y bien conectado con la Comisión Averroes, una especie de comité, auspiciado por los dos monarcas,.que cuida las relaciones hispano-marroquíes.
Explica mi interlocutor que España, desde la llegada de Zapatero al poder, ha destinado grandes sumas de dinero a Marruecos. El destino de ese dinero es difícil de controlar pero una parte importante ha servido pagar becas a hijos de magnates marroquíes, a financiar residencias a moros ilustres, a subvencionar proyectos próximos al sultán y a facilitar todo tipo de privilegios y negocios a la élite gobernante en Marruecos.
"Esa lluvia de dinero ha sido la base de las buenas relaciones mutuas. Cuando el dinero español se acabe, los conflictos volverán con toda su crudeza". vaticina.
En la actualidad, el gobierno español, acuciado por la crisis económica, ha tenido que reducir su despilfarro, lo que, probablemente, está afectando también el flujo de dinero hacia Marruecos.
El gran secreto del régimen marroquí es que las élites que apoyan al sultán tiene fácil acceso al dinero, a los negocios y a todo tipo de privilegios. Una parte importante del dinero que lubrica el poder marroquí procede de la droga, concretamente del hachís, que es, probablemente, la primera fuente de riqueza de Marruecos. Los cárteles marroquies de la droga necesitan a España como plataforma de introducción y distribución de su droga en Europa, razón ésta que también influye en el actual mal momento de las relaciones bilaterales.
Los españoles han demostrado, durante el verano de 2010, que son capaces de soportar cobardemente un gobierno indigno y poco ético, que conduce a su país hacia el fracaso colectivo y la ruina de la democracia.
Los abusos e irregularidades perpetrados por el gobierno español durante el verano de 2010 demuestran tanto el carácter ineficiente y antidemocrático del gobierno de Zapatero como la cobardía del pueblo español, que soporta abusos, arbitrariedades e indecencias sin emitir protesta alguna.
El balance de suciedades, trapicheos, abusos e irregularidades del gobierno Zapatero, durante el verano de 2010, ha sido sobrecogedor y humillante:
- Cobardía, pasividad y silencio cómplice en el tratamiento de la crisis de Melilla, donde la soberanía de la ciudad ha sido pisoteada por un grupo de activistas que gozaba del pleno apoyo del gobierno de Marruecos. La crisis, finalmente, quedó cerrada tras una humillación más del gobierno, que incrementó una vez más la "cooperación" (término que oculta entrega de dinero) con Marruecos..
- Opacidad y sometimiento al terrorismo en la solución del secuestro de los dos cooperantes catalanes por Al Queda en el Magreb, a la que se entregó dinero a cambio de los rehenes.
- Agresión abierta a la Constitución al intentar reformar el sistema judicial español, sin otro fin que satisfacer las aspiraciones del nacionalismo catalán, burlando así la reciente sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Statut, que prohibe a Cataluña crear un sistema judicial propio.
- Nueva amenaza de subida de impuestos y debate trucado sobre ese tema con declaraciones contradictorias de los ministros de Fomento y Economía y Hacienda.
- Los premios y las compensaciones económicas para los guardias civiles que pongan más multas en las carreteras españolas ponen al descubierto el desmedido y anticonstitucional afán recaudatorio de un gobierno que no sabe afrontar la austeridad y que, para seguir gastando como caprichosos nuevos ricos, mete ya descaradamente la mano en el bolsillo de los españoles.
- Maniobras oscuras y negociaciones secretas para sacar adelante los próximos Presupuestos Generales del Estado, que obligarán al Ejecutivo socisalista a aceptar exigencia extremas -casi cualquier chantaje- de los voraces nacionalistas vascos. Esa actividad es claramente antidemocrática y anticonstitucional porque vulnera el principio de igualdad y porque paga con dinero público los votos que necesita personalmente Zapatero para seguir en el poder.
- Vergonzoso intento de Zapatero por imponer a Trinidad Jiménez como candidata socialista por Madrid y, ante la negativa de Tomás Gómez a aceptar ese abuso, despliegue de una intensa campaña mediática para convertir las primarias madrileñas en un debate nacional, ocultando así la triste realidad de una España de opereta, que se arruina y se hunde víctima del mal gobierno y de los abusos de la casta política en el poder.
- Cobardía en estado puro al no asistir Zapatero al funeral de Estado por los dos guardias civiles asesinados en Afganistán, únicamente por miedo a recibir los ya habituales pitidos y abucheos. Como presidente de un gobierno democrático, tiene incluido en su sueldo recibir pitos y abucheos cuando los ciudadanos creen que los merece.
Los errores, abusos, irregularidades y deslices del gobierno han sido demasiados este verano desgraciado de 2010, en el que la mal gobernada España se ha hundido un poco más en el fracaso y el desastre. Hay uno que duele de manera especial a la gente honrada de este país: la persecución y castigo (hasta con multas de un millón de euros) a los comerciantes y empresarios que utilicen el ideioma español en la Cataluña socialista, un desmán que Zapatero no sólo tolera sino que apoya personalmente.
Cuando la oposición solicitó la presencia del ministro Moratinos ante la Diputación Permanente del Congreso para que diera explicaciones sobre la crisis provocada por Marruecos en la frontera de este país con Melilla, el Grupo Socialista dijo que no había razón para tal comparecencia; que no había tal crisis, ni siquiera atisbo de conflicto bilateral, negando la evidencia, como si las agresiones e insultos contra nuestros (particularmente, nuestras) agentes en frontera no hubieran existido, cerrando los ojos ante los cinco comunicados del gobierno de Marruecos acusando a nuestra policía de vulnerar los Derechos Humanos, ignorando el boicot orquestado por el gobierno marroquí a la entrada de alimentos, los carteles en tierra de nadie insultantes contra la policía y contra la soberanía nacional. Nada de eso ha sido una crisis ni un problema. Al parecer, según los socialistas, el Rey de España llamó el 12 de agosto al rey de Marruecos porque se aburría; Rubalcaba se desplazó a Rabat, a entrevistarse con su homólogo, porque quería ir de compras y la guardia civil española y los gendarmes marroquíes han dejado de patrullar conjuntamente porque defienden a clubes de fútbol distintos. Más mentiras y más ignominia serían imposibles.
Pero de todas las tropelías y abusos cometidos, el peor de todos es, sin duda, que el Gobierno de una Nación conspire contra la misma ciudadanía española para vulnerar su Constitución, para conculcar lo que el Tribunal Constitucional y en ese caso por 8 votos a 2 ha dictaminado como fehacientemente contrario a nuestra ley de leyes. El intento de Zapatero de otorgar a Cataluña un poder judicial propio no sólo vulnera la Constitución española, sino que también viola las mas elementales reglas de la democracia, que exigen la existencia de unos poderes básicos del Estado independientes y libres del dominio gubernamental, sobre todo la Justicia, sin la cual la democracia se convierte en una dictadura legalizada en las urnas, como ya casi es la España irregular y abusiva de Zapatero.
¿Cómo puede Zapatero estar cometiendo tropelías semejantes y cómo los socialistas se la consienten? Esa es la gran pregunta después de este vergonzoso y cálido verano de 2010, verano de la vergüenza de una ciudadanía española cobarde, sometida e incapaz de defender sus derechos, sus conquistas, su legalidad y su democracia.
El Voto en Blanco masivo, provocado por el pésimo liderazgo y los abusos de la "casta" política, será, probablemente, la primera gran revolución pacífica del siglo XXI.
A un demócrata español sólo le quedan dos opciones ante las urnas: si cree que debe luchar contra Zapatero para eliminar el mal gobierno y la degradación que acosan a España, que se tape la nariz y vote al PP; pero si cree que su deber es luchar contra la partitocracia y contra el maloliente sistema político español, entonces debe votar en blanco o anular su voto con un reproche contundente, dirigido a la "casta política.
No hay otras opciones aceptables para un demócrata.
El Voto en Blanco crece por todas partes, impulsado por la indignación de los ciudadanos frente a los políticos y por el deseo de regenerar una política podrida y plagada de corruptos e inútiles. En algunos países víctimas del mal gobierno, como México, en los comicios de julio de 2010, el voto en Blanco logró la victoria en algunas ciudades y porcentajes muy altos en algunos estados. En algunas democracias teóricamente avanzadas, como la española, crece sin parar y ha llegado a superar el 10 por ciento de los votos en comunidades autónomas como Cataluña. El fenómeno es mundial y responde tanto al asco que sienten los administrados como al deseo de regenerar la democracia, de recuperar el protagonismo del ciudadano en el sistema y de castigar a la infectada a inútil "casta" política.
El Voto en Blanco sólo cede ante los muchos domócratas españoles que están convencidos de que la prioridad suprema es expulsar cuanto antes a Zapatero del poder para impedir el hundimiento de la patria y la degradación. Sólo entonces, con la nariz tapada, ante un drama de rasgos dramáticos como es la presidencia de Zapatero, un demócrata puede votar al PP sin perder la dignidad, aun sabiendo que así alimenta un sistema podrido y degradado.
Algunos pensadores políticos empiezan a identificar el rechazo a los políticos y el desprecio a la "casta" como un "índice" revelador del deseo de libertad y de regeneración. También es, claramente, un signo de la salud y fortaleza de las sociedades, hasta el punto de que aquellas que reflejan en las encuestas el desprecio y hasta el odio a los políticos, como la española, reflejan en realidad salud democrática y deseo de regeneración.
El voto en blanco es el mejor símbolo de ese rechazo en las urnas a esos políticos que se han vuelto arrogantes, que se han apropiado de la democracia y que, con un descaro intolerable, han expulsado al ciudadano de la política, a pesar de que es el "soberano" del sistema.
La sensación de que los políticos han llegado "demasiado lejos" en su arrogancia y de que sus fracasos no pueden seguir siendo tolerados por la sociedad crece cada día más en el mundo y se conforma como una corriente de rechazo abierto a la "casta".
Todo parece indicar que los ciudadanos sorprenderán a la "casta" política en las próximas elecciones y que el voto en blanco será la gran estrella del movimiento mundial de rechazo a los políticos.
El voto en blanco se impondrá a la abstención por su contundencia y claridad. Mientras que la abstención puede ser calificada de "desinterés" y justificada por los políticos con el sucio argumento de que "los ciudadanos se dedican a sus asuntos y dejan la política a los políticos", el voto en blanco es siempre una bofetada a los pol´tiicos y a sus propuestas, propinada por ciudadanos que, conscientes de su derecho y del valor del voto, acuden a las urnas precisamente para demostrar su desprecio y rechazo a una casta que es la principal culpable de los grandes dramas del mundo actual: caida de los valores, degeneración de la democracia, desigualdad creciente, fracaso del Estado de Bienestar, desempleo masivo, crisis económica y financiera, violencia, hambre, avance de la pobreza y decenas de lacras y dramas, entre los que sobresalen la escasa calidad de la enseñanza´, la corrupción y la utilización arbitraria y mezquina del poder público.
Los políticos, que aspiran a seguir siendo los únicos dueños del poder, pretenden convertir al ser humano en una entidad fatalista, esclava del guión que otros escriben para él, desmotivada y víctima del virus del "no vale la pena hacer nada" y del "no se pueden cambiar las cosas". Sin embargo, existe un reducto rebelde y libre que no acepta ser esclavo ni asume el que "todo el pescado ya esté vendido". Es cierto que la libertad agoniza en una sociedad que los políticos han sembrado de gente acobardada, pero no es menos cierto que cada día somos más los que nos negamos a ser "súbditos" y anhelamos ejercer de "ciudadanos", los que sentimos que las campanas de la libertad vuelven a repicar por todo el orbe, llamando a la rebelión contra la mediocridad, la indecencia, la corrupción y la ineficacia de los poderosos. Cada día somos más los que soñamos con una regeneración que arroje al basurero a los actuales amos del mundo.
El voto en blanco es una manifestación de rebeldía al alcance de todos los ciudadanos y, al mismo tiempo, un primer paso significativo y didáctico en el camino hacia la regeneración de un sistema corrupto e ineficiente, configurado para que beneficie a los poderosos y no al pueblo, al servicio de intereses partidistas, nunca del bien común.
Voto en Blanco descansa durante el mes de agosto
Hemos actualizado a diario el blog Voto en Blanco durante los últimos 11 meses, etapa en la que hemos publicado unas 500 informaciones y análisis, aproximadamente.
Ahora descansaremos durante el mes de agosto.
Si alguien quiere aprovechar el tiempo libre para impregnarse de espíritu crítico, libertad e información veraz, libre de toda censura e interés partidista, que se sumerja en las entrañas de Voto en Blanco y utilice su buscador para encontrar artículos sobre política. sociedad, derecho, cultura y, sobre todo, democracia.
Hemos colocado en portada un artículo especial, sobre la posibilidad de que el Voto en Blanco se convierta en la primera gran revolución pacífica del siglo XXI, para que presida el blog durante todo este mes de vacaciones.
Buen descanso para todos los demócratas que leen este blog.
F. Rubiales
Algunos participantes en los debates de Voto en Blanco defienden la tesis de que cada país tiene los políticos que se merece y que la actual degradación de la política española es consecuencia directa de la degradación de la sociedad. Si eso es así, ¿cómo explicar que la misma España que cuenta con los peores políticos de Europa, consiga éxitos deportivos que son la envidia del mundo? ¿Tenemos los deportistas que nos merecemos como sociedad?
Las victorias españolas en los campeonatos mundiales de fútbol, en Wimbledon, en los mundiales de motociclismo, en baloncesto internacional y en el Tour de Francia constituyen un impresionante éxito del deporte español, que es envidiado en todo el mundo. Esa misma España que triunfa en el deporte padece un liderazgo fatal y se encuentra en el pozo del desprestigio mundial por el escaso valor de su política, degradada por la corrupción, el desacierto, el mal gobierno y por una catarata de errores que ponen en peligro la cohesión, la prosperidad, el presente y el futuro de un país que, por culpa de sus malos dirigentes políticos, ha perdido la confianza y camina hacia la frustración y la derrota como pueblo.
La última "trastada" antidemocrática ha ocurrido en Cataluña, donde el nacionalismo, cada día más dictador y siempre sediento de odio, separación, victimismo y revancha, ha prohibido las corridas de toros, no tanto por la crueldad que encierran como porque "huelen" a España. Otras fiestas populares genuinamente catalanas, en las que se maltrata al toro con más saña que en la tauromaquia, no han sido prohibidas.
¿Cual de las dos caras refleja la España real, la que triunfa en el deporte o la que se revuelca en la pocilga política? Si es cierto que ´cada país tiene los políticos y los éxitos que merece, por qué cosechamos éxitos en deporte y fracasos en política?
La única explicación rigurosa del fenómeno está en la estadística, que establece que cada país, cada dos siglos, aproximadamente, tiene la mala suerte de que lo peor de su sociedad, la escoria, alcance el poder y lo ocupe. Es lo que le ocurrió a la España de Fernando VII, rey traidor y felón cuyos desmanes y errores todavía pasan factura, y es lo que le está ocurriendo a la España actual que, con Zapatero, está alcanzando el cénit de la corrupción, el despropósito, el fracaso y el desprestigio mundial, culminando así un camino que empezó tras la muerte de Franco, cuando en lugar de instaurar una democracia, España se limitó a sustituir el agonizante "Franquismo" por una "partitocracia" que en realidad no tenía nada de democrática.
Adolfo Suárez era un franquista reciclado sin la menor idea de lo que era la democracia. Su Partido, UCD, escandalizó a los españoles cuando se autodestruyó, víctima de las rencillas y enfrentamientos internos, ofreciendo un espectáculo degradante de dirigentes que se despedazaban en público y que anteponiían su egoísmo al interés general.
Felípe González tampoco sabía lo que era la democracia, ni le interesaba, pero era un experto en manejar la partitocracia y, como buen socialista, creía más en el Estado que en la sociedad y el individuo. Cuando su gobierno arrebató a Ruiz Mateos su imperio empresarial de RUMASA, cuando Roldán, el jefe socialista de la Guardia Civil, robó los recursos de los huérfanos del cuerpo, y cuando el Ministerio del Interior atravesó la línea roja y se dedico a matar terroristas, practicando un nauseabundo terrorismo de Estado, los españoles percibieron que las mafias y lo más depravado del país habían tomado el poder y que cualquier robo o abuso empezaba a ser lícito en aquella España sucia.
Aznar, líder de la derecha española, pudo haber cambiado el curso de la historia de la democracia española introduciendo reformas democratizadoras en aquella sucia partitocracia de partidos políticos totalitarios y de políticos profesionales endiosados, pero hizo todo lo contrario y alimentó todavía más un sistema de partidos que se hizo todavía más arrogante, despreciable y odioso. Sin pudor ni decencia, incumplió sus promesas de regenerar la democracia y se autoatribuyó el derecho a nombrar jueces, eliminando lo poco que quedaba de la independencia del poder judicial. Aznar terminó su mandato como un faraón casi totalitario, designando "a dedo" a su sucesor, Mariano Rajoy, quien desde entonces se arrastra por la política con ese estigma ,que le resta legitimidad y solvencia democrática.
Cuando descubrieron que la derecha se comportaba como la izquierda, los ciudadanos españoles empezaron a perder el respeto y el aprecio por los políticos y por el mismo sistema. La democracia española empezaba ya a apestar a cadaver.
Con Zapatero, el deslizamiento de la política española hacia el pozo del cieno y de los excrementos ha llegado a extremos vomitivos. Su gobierno ha elevado el nivel de la corrupción y de la mentira hasta limites intolerables en el Occidente democrático, Sus errores han empobrecido a España y llenado la sociedad de parados y nuevos pobres. La antigua prosperidad española, forjada durante los tiempos de Aznar, se ha ido a pique, como también se han hundido los valores, la cohesión y el respeto por un clase política que ya aparece en las encuestas como uno de los grandes problemas de la nación. Su compra de votos a los nacionalistas, a cambio de dinero público, su desenfrenado despilfarro y su endeudamiento atroz quedarán en la memoria de España, formando parte de su historia más trágica y despreciable.
La política española es lo peor de una sociedad desigual que tiene en sus deportistas lo mejor. El deporte y la política, en España, son las dos caras opuestas de la misma moneda. En la política dominan la mentira, la sumisión, la arrogancia, la terquedad, el mal gobierno, el desprecio a los ciudadanos, los privilegios desproporcionados e inmerecidos y la corrupción en todas sus facetas, mientras que el deporte debe entenderse como la reacción de la parte más sana de la atribulada sociedad española ante la decadencia y degradación del país, pésimamente gobernado por unas castas deleznables de dirigentes. En el deporte funcionan, precisamente, los valores que están ausentes de la política: esfuerzo, humildad, excelencia, unidad, espíritu de lucha y amor al pueblo al que se pertenece.
Comparar a Nadal con Zapatero, a Contador con Rubalcaba o a Iker Casillas con Montilla es como querer comparar el sol con la noche o a San Juan de la Cruz con un asesino en serie. Son los dos extremos del espectro, irreconciliables, separados por años luz de distancia.
Es absolutamente imposible trasladar los valores del deporte a la politica española porque a políticos y deportistas les separan un infinito de ideas y conceptos. Habrá que luchar con todas las fuerzas para que termine pronto el ciclo maldito de la política española y los dirigentes vuelvan a demostrar honradez, dignidad y solvencia.
Las mismas razones que se esgrimen para suprimir la corrida de toros sirven para justificar la prohibición de los numerosos malos políticos de España.
La Cataluña política, cada día más proclive a la prohibición y al totalitarismo, ha suprimido la tauromaquia por voluntad parlamentaria, con 68 votos a favor, 55 en contra y 9 abstenciones, sin que esa prohibición responda a demanda popular alguna. Lo han hecho en realidad porque la lidia "huele" a España, pero las razones esgrimidas son otras, básicamente dos: la llamada "fiesta nacional" tortura a los animales y el espectáculo taurino es contraproducente y poco recomendable para una sociedad moderna.
Es curioso, pero esos mismos argumentos sirven para prohibir a los malos políticos, causantes de la tortura diaria de los ciudadanos españoles y protagonistas del obsceno y deleznable espectáculo de la "democracia degradada" española, corrupta, infectada de ladrones y poco recomendable para la ética y para la salud de una sociedad moderna y avanzada.
Suprimir a los políticos sería, además, más popular, rentable y ejemplarizante que suprimir la fiesta taurina. El suplicio que los políticos causan al ser humano no es comparable con el que los toreros y la "industria" que se mueve en torno a la tauromaquia causan al toro de lidia.
Los ciudadanos no derramarían una sóla lágrima por esos políticos que ya aparecen en las encuestas señalados por la ciudadanía como el tercer gran problema de España. Los toros, curiosamente, no aparecen en esa lista, ni quiera entre los cien problemas principales del país.
Por culpa de los políticos, muchos ciudadanos son despojados a d