Cuando hayamos dotado a España de una verdadera democracia, tendrá que existir una ley ídeada para cortar de raiz la impunidad de los políticos, que impida hacer lo que ha hecho Zapatero: dañar deliberadamente a la nación con medidas equivocadas y contrarias al bien común.
Esa figura jurídica, similar a la de "prevaricación", pero no situada en el ámbito de la Justicia sino en el de la acción política, habría impedido que en tiempos de crisis, cuando el país necesita austeridad, ahorro y sacrificio, un ser arrogante e insensible como Zapatero engorde todavía más el ya obeso, grasiento en insostenible Estado Español, contratando a 409 nuevos altos cargos, que costarán nada menos que 82 millones de euros al erario público.
Contratar nuevos altos cargos en España, país al que los expertos y los gobiernos amigos aconsejan un plan de ahorro drástico que empiece por un severo adelgazamiento del Estado, es pura arrogancia y desprecio a la cordura.
Si esa ley democrática hubiera existido en nuestros días, Zapatero estaría ya destituído y, probablemente, en la cárcel, por causar deliberadamente daño a la economía, por ofrecer al desmoralizado ciudadano un mal ejemplo y por demostrar con arrogancia que él hace lo quiere, aunque lo que quiera nos humille y nos arruine.
El PP ha puesto el grito en el cielo ante tamaño desatino y ha dicho que probablemente están trucados los datos y que el número real de contratados podría ser de 507.
Los ciudadanos, acostumbrados a la mentira del poder, creen que el número podría ser, incluso, mayor.
La última arrogancia del presidente del gobierno español es de tal calado y encierra un desprecio tan grande a la sensibilidad de un país que, horrorizado, contempla cada día como miles de sus ciudadanos ingresan en las filas de los desemplerados y los nuevos pobres y como las colas en los comedores de caridad son cada vez más largas, que merecería un castigo ciudadano ejemplar, que demostrara y dejara claro que un político no es impune, que está al servicio de su pueblo y que la arrogancia y la desfachatez deben tener un límite.
Después de semejante despropósito y desprecio a la cordura, cabe formular la duda: ¿qué es peor, abortar en la semana 24 o votar a Zapatero?
Sábado, 2 de junio
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Julio César Izquierdo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel