Ávido de triunfos y de escenas que neutralicen la verdadera tragedia de España, que es su avance inexorable hacia la ruina económica y el fracaso como nación, de la mano de Zapatero y de su gobierno, han pretendido engañarnos de nuevo y hacernos creer que ETA está débil. Las verdad, como ha dicho Rosa Diéz, es muy diferente y los últimos acontecimientos en el País Vasco, probablemente, han fortalecido al asqueroso bando de los terroristas.
La derrota del PNV y la formación en el País Vasco de un gobierno del PSOE, apoyado por el PP, ha tenido dos consecuencias inmediatas: por una parte ha dado alas al victimismo, lo que fortalece al nacionalismo, y por otra ha proporcionado argumentos y fortalecido a ETA, que ahora puede decir que Euskadi está gobernado por partidos centralistas y españolistas.
Aunque la televisión y los demás medios controlados por la propaganda socialista lo silencien, numerosos expertos y analistas han advertido que la existencia en el País Vasco de un lendakari socialista al frente de un gobierno defensor del concepto de España tendrá como consecuencia una radizalización del nacionalismo y de los defensores de la lucha armada.
Por otra parte, la lucha del gobierno contra ETA no es todo lo drástica que exigen las circunstancias y sigue siendo parcial y tímida, como si Zapatero continuara esperando un nuevo proceso de negociación.
De hecho, la afluencia a ETA de voluntarios y de apoyos clandestinos parace que crece, según algunas fuentes que suelen ser siempre solventes y certeras.
La única salida airosa que tiene el gobierno de Patxi López es crear pronto un ambiente atractivo de libertades cívicas y de convivencia optimista que cautive y atraiga a esas masas de ciudadanos vascos que han vivido en las últimas décadas el ambiente opresivo, dividido y tenso que ha propiciado el gobierno del PNV. Si ese sentimiento cívico no cuaja pronto, la opción de Patxi López avanzará hacia la soledad y se verá cada día más acorralada.
Los intentos de ilegalizar o de cerrar el camino de las urnas a los partidos políticos satélites de ETA y el intento de crear una división interna en la banda terrorista desde el Ministerio del Interior, donde se podría estar "pretegiando" a los etarras partidarios del abandono de las armas, mientras se acosa al bando que sigue defendiendo la lucha armada, son otros factores que pueden estar fortaleciendo los cimientos del terrorismo vasco.
La tesis del Ministerio del Interior de que la banda está débil y al borde de la derrota es falsa, como dice Rosa Diéz, un politica vasca que conta con buenas fuentes entre disidentes socialistas, nacionalistas y de la derecha. Rosa sabe de lo que habla. La líder de Unión, Progreso y Democracia (UPyD) ha asegurado que, "en contra de lo que dicen algunos", ETA "no está más débil", como lo demuestra el nuevo atentado terrorista perpetrado este jueves en Calvià (Mallorca), en el que la banda terrorista ha elegido como objetivo a dos agentes de la Guardia Civil, "su principal enemigo". De nuevo pide a Rubalcaba que no trate a los españoles como a niños.
Refiriéndose a ETA y a su renovada voluntad de matar, Rosa Diéz afirma que guardias civiles y policías "son los escudos de la democracia, los defensores del Estado de Derecho y de nuestro sistema de libertades y, por eso, son su principal enemigo".
Si algo es científicamente evidente en la política española es que tras la muerte de Franco no se instauró la democracia, como se dijo, sino que un nuevo régimen sustituyó a otro que estaba agotado y un sistema autoritario anticuado cedió su sitio en la cúspide a otro régimen más modernizado, pero igualmente autoritario, capaz ahora de engañar mejor y de fingir democracia. Las élites que mandaban con Franco siguieron mandando, aunque tuvieron que cambiar de ropaje y de discurso. Por eso casi todos los socialistas y peperos que mandan hoy son hijos de antiguos falangistas o de grandes empresarios o funcionarios del Franquismo.
La democracia no es el resultado de unas votaciones, sino un sistema y una cultura de respeto y convivencia que permite discrepar en armonía y en paz. Eso sí, tiene una reglas inamovibles sin las cuales el sistema no existe. Hay seis o siete importantísimas y ni una sóla de ellas se cumple en España:
--Separación de poderes básicos del Estados (Los poderes están ocupados por los partidos, que hasta se permiten la desvergüenza de nombrar a los altos magistrados)
--Los ciudadanos eligen libremente a sus representantes (son los partidos los que eligen, gracias a las listas cerradas y bloqueadas, mientras que al ciudadano se le ha arrebatado ese derecho, clave de la democracia)
--El ciudadano es el soberano y protagonista del sistema (aquí está relegado y marginado de los procesos de toma de decisiones e influencia. Sólo se le convoca para votar, sin que sus criterios sean tenidos en cuenta)
--El imperio de la ley, igual para todos (En España, como dijo el ministro Bermejo, la ley se aplica "según convenga a la jugada", de manera magmánima y suave para los amigos y de manera rigurosa y hasta letal para los adversarios)
--Una sociedad civil fuerte e independiente que sirva de contrapeso al Estado (En España la sociedad civil está ocupada por los partidos, que controlan hasta los santuarios más sagrados de esa sociedad civil, desde los sindicatos a los medios de comunicación, sin olvidar universidades, religiones, dundaciones, asociaciones y hasta empresas. En España, la sociedad civil está en estado de coma)
--Una prensa libre y crítica, capaz de fiscalizar a los ´grandes poderes (En España, los medios están sometidos a los grandes poderes y no cumplen la misión que la democracia les encomienda de servir a la verdad, cueste lo que cueste, criticando y fiscalizando a los grandes poderes, sobre todo al poder gubernamental, que necesita ser criticado para frenar sus tendencias autoritarias).
En fin, podríamos seguir enumerando carencias que hacen de nuestro sistema una vulgar e indecente tiranía de partidos políticos fuera de control y hablar de corrupción, de mentiras institucionalizadas, de poder irrefrenado e irrefrenable de los partidos, de despilfarro, de descontrol de lo público, de arrogancia del poder, de un Estado hipertrofiado, enfermo de obesidad mórbida, que no para de crecer, de contratos públicos trucados, de urbanismo ilegal, de políticos deslegitimados que empiezan a ser odiados por una población (sobre todo en sus sectores más cultos) que ya empieza a descubrir el gran engaño, etc., etc.
Lamentamos tener que decirlo, pero a los muchos inocentes demócratas españoles que siguen creyendo que viven en democracia les conviene una buena cura de realismo crítico para que asuman de una vez la verdad: que estamos dominados por una tiranía de partidos con disfraz de democracia.
El golpe contra Mel Zelaya en Honduras y el sorprendente comportamiento del grueso de la comunidad internacional, que ha apoyado lo totalitario y despreciado lo democrático, ha puesto sobre la mesa grandes incognitas y desafios que apasionan y dividen al mundo actual y de cuya respuesta dependerá, probablemente, el futuro político de los ciudadanos y de la democracia en este complejo siglo XXI.
La primera pregunta es si es lícito y admisible que alguien como Zelaya, que ganó unas elecciones presidenciales en Honduras con un discurso moderado y más bien conservador, se haya convertido en uno de los principales aliados del ultraizquierdista Hugo Chávez, rompiendo su tradicional alianza estratégica con los Estados Unidos y embarcando a su país, en contra del criterio de los que le votaron, en la alianza agresiva y procomunista que lideran los cubanos hermanos Castro y el gorila venezolano Hugo Chavez.
La segunda es incognita es todavía más profunda y trascendental: ¿Que debe prevalecer en el derecho de las democracias, el respeto al orden contitucional o el derecho de los pueblos y sociedades a rebelarse contra mandatarios que traicionan a sus pueblos y a los programas que presentaron cuando fueron elegidos?
La tercera pregunta es mas simple, pero quizás la más trascendente: ¿Que está ocurriendo en los Estados Unidos para que el gobierno de ese país, que se presenta ante el mundo como el primer defensor de la democracia, se adhiera al bando totalitario que apadrina el asalto a la democracia hondureña, con regímenes tan antidemocráticos como Cuba y Venezuela a la cabeza?
La democracia no es solo el resultado de unas votaciones sino también una cultura basada en el respeto a las leyes y a principios y valores inamovibles. Si algún dirigente político electo irrespeta esas leyes y principios, pierde la legitimidad y se sale del ámbito democrático.
Para un verdadero demócrata, las respuestas a las tres incognitas planteadas en Honduras son claras y contundentes:
1.- No es lícito lo que ha hecho en Honduras Mel Zelaya porque su "cambio de rumbo" representa una traición a sus votantes y a las leyes y normas que rigen la vida política de su país. La democracia exige que los gobernantes estén obligados a cumplir las leyes y sus programas electorales y que, cuando los traicionan, pierdan la legitimidad y los derechos que el pueblo y la Constitución les otorgó al elegirlos. Es cierto que muchos gobernantes defienden su derecho a gobernar como quieran, sin trabas ni compromisos, una vez que son elegidos, pero esa doctrina es antidemocrática y esconde siempre a dictadores potenciales y a sinvergüenzas camuflados de demócratas.
2,. El derecho del pueblo a rebelarse contra un mal gobernante que ha traicionado su programa y ha perdido la confianza de sus electores debe prevalecer siempre frente al mal llamado "orden constitucional". En el caso de Honduras, el primero que violó ese "orden constitucional" fue el propio Mel Zelaya, al cambiar su orientación política, al traicionar su programa electoral y al pretender sustituir las reglas básicas del orden democrático hondureño.
3.- Algo grave está ocurriendo en Estados Unidos, donde el presidente Obama está rompiendo con los más nobles y hermosos principios democráticos, recogidos claramente en la Constitución de los Estados Unidos y en la tradición de ese país. Al apoyar el actual asalto a Honduras, impulsado por los peores sátrapas totalitarios de América y Europa, Obama da la espalda a los grandiosos principios y doctrinas que fundaron su nación, en especial al pensamiento de próceres como Jefferson, Madison y otros.
Para los demócratas del mundo es comprensible que un marxista camuflado de demócrata como el español Zapatero se alinee con golpistas totalitarios como Hugo Chávez y con regímenes sanguinarios como el que han creado en Cuba los hermanos Fidel y Raul Castro, pero no es comprensible ni admisible que lo haga un país de probada fe democrática como Estados Unidos y un presidente como Obama.
Al analizar los sucesos de Honduras y, sobre todo, el comportamiento antidemocrático de buena parte de la comunidad internacional, surgen dos conclusiones inquietantes: la primera es que el poder político mundial está hoy copado, mayoritariamente, por falsos demócratas y vulgares dirigentes sin principios, obsesionados únicamente por acaparar poder y privilegios; la segunda conclusión es que la democracia, por desgracia, retrocede en la mayoría de los países del planeta.
Sus asesores y promotores pretenden compararlo con Obama y algunos de sus fieles afirman, incluso, que Zapatero es el modelo en el que Obama se inspira, pero las ideas y los hechos lo desmienten cada día con mayor rotundidad. Zapatero no sólo no se parece a Obama sino que es su antítesis.
En su reciente entrevista al diario L'Avvenire, Barak Obama, presidente de los Estados Unidos, reconoce y destaca el papel positivo que Benedicto XVI está jugando en la conformación del nuevo orden mundial. Obama admite que la influencia de la Iglesia trasciende sus propios confines y que respeta profundamente al Papa, en el que reconoce una figura que auna una gran cultura con una gran sensibilidad. Para Obama, el Papa es un líder mundial indiscutible ante problemas como el de Oriente Medio, el desarrollo de los pueblos y de las naciones, la forma integral de afrontar la pobreza o el fenómeno de las migraciones.
Ha constituido toda una sorpresa que la primera entrevista concedida por el nuevo presidente de Estados Unidos a un diario italiano no haya sido a una cabecera famosa de primer nivel, sino a Elena Molinari, que trabaja para l’Avvenire, el diario de la Conferencia Episcopal Italiana.
Obviamente, esas declaraciones sitúan a Obama a años luz de distancia de un Zapatero que desprecia al pastor de la Iglesia, agnóstico, furiosamente anticatólico, radical en sus juicios sobre el papel de la Iglesia en la cultura y la sociedad y promotor del laicismo y el relativismo en sus vertientes más drásticas.
Pero el Presidente de los Estados Unidos ha llegado todavía más lejos. Moviéndose en territorios intelectuales e ideológicos en los que Zapatero jamás podría situarse, desde la distancia de sus opiniones personales sobre el aborto, los anticonceptivos y las uniones entre homosexuales, reconoce el papel público de los obispos norteamericanos y acoge la crítica que han dirigido hacia algunas de sus políticas. Obama insiste en que él es el presidente de todos los norteamericanos, también de los católicos, y que defenderá siempre con fuerza el derecho de los obispos a criticarle, incluso con tonos apasionados, algo que no considera una intromisión de la Iglesia en el ámbito del poder civil, sino una contribución a la conformación de una sociedad en paz y en justicia.
Zapatero está claramente en las antípodas: no es el presidente de los españoles, sino únicamente de los que le votan, a los que intenta enfrentar con la otra mitad de España, generando una peligrosa corriente de odio fanático. A los obispos no les admite el derecho a la crítica y les exige que su discurso se mantenga en los ámbitos puramente religiosos. Lejos de reconocer la contribución de los católicos en la construcción de una sociedad en paz y justicia, se siente amenazado por el poder de convocatoria y por la influencia de la Iglesia y hace todo lo posible por desacreditarla ante los ciudadanos.
Lo de Obama es grandeza y democracia; lo de Zapatero es miseria y brotes verdes totalitarios. La actitud de Obama es una lección para Zapatero; la actitud de Zapatero sólo es digna de repudio intelectual y olvido.
El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sitúa a los partidos políticos españoles como la quinta preocupación de los ciudadanos, un dato que pone de relieve el desprestigio de la clase política y una inquietud creciente ciudadana ante la corrupción, el mal gobierno, el deterioro de la democracia, los privilegios de los políticos y su poder incontrolado.
Las cuatro primeras preocupaciones de los españoles son el paro, los problemas económicos, la inmigración y el terrorismo. La clase política aparece puntuada como problema sólo unas décimas por debajo del terorismo.
En el barómetro del mes anterior, los partidos políticos ya habían subido hasta el séptimo puesto de la lista, pero ahora aparecen en el quinto puesto, experimentando una subida sorprendente.
Este sondeo se basa en 2.482 entrevistas personales y domiciliarias realizadas en 234 municipios de 48 provincias entre el 4 y el 13 de junio y tiene un margen de error de más/menos 2 por ciento.
Hace sólo dos décadas, los políticos, junto con los periodistas, eran valorados y considerados como héroes por los ciudadanos, mientras que hoy aparecen en las encuestas como los más desprestigiados y rechazados, junto con los policías y los jueces, lo que refleja el profundo deterioro que ha sufrido la democracia española.
Un país que no respeta y rechaza a cuatro grupos profesionales que son los pilares indiscutibles del sistema democrático (políticos, jueces, policías y periodistas) es, sin duda, un país gravemente enfermo.
Al abstenerse en la votación sobre el nuevo modelo de financiación autonómica, el Partido Popular ha traicionado a sus votantes y demostrado una vez más que es un partido político hecho con la misma pasta corrupta y antidemocrática que su adversario, el PSOE.
Cuando un partido político convive sin traumas con la arbitrariedad y la injusticia, poniendo la mano para coger el dinero, sin atreverse a plantar cara a la injusticia con dignidad y decencia, las críticas que después emite carecen de valor y la hipócresía les convierte, también, en indignas ratas políticas.
Muchos españoles demócratas y honrados, al conocer la abstención del PP en la votación del nuevo sistema de financiación autonómica, han jurado que nunca más volverán a entregar su voto a buitres semejantes, avarientos y tan sedientos de poder y dinero que no les importa renunciar a principios y valores, siendo ya incapaces de defender la Constitución y de oponerse al destrozo que el PSOE de Zapatero ha hecho de la igualdad, la solidaridad y la justicia, principios vitales para la existencia de España como nación.
La abstención del PP ante la "fechoría" de Zapatero confirma que los "populares" no merecen la confianza de los ciudadanos dignos y demócratas de España, que no existe una alternativa decente al podrido gobierno socialista. Al abstenerse, el PP demuestra que está hecho de la misma pasta vulgar que su adversario, se hace cómplice del PSOE en una de las más infames maniobras políticas perpetradas en España desde la muerte de Franco y demuestra que los dos grandes partidos políticos españoles desconocen la democracia y compiten entre sí para dilucidar cual de los dos traiciona mejor a sus votantes.
La partitocracia española está demostrando su peor rostro y descubriendo sus auténticas entrañas, pobladas de ratas políticas que no merecen el voto de los demócratas, ni representar a unos ciudadanos españoles que están sidendo políticamente degradados y convertidos en rehenes de truhanes.
El PSOE se ha llenado de ignominia al repartir los dineros públicos sin grandeza, de manera desigual, dando más a los que más tienen, marginando a los más pobres, castigando a los que votan al partido adversario y comprando los votos que necesita para mantenerse en el poder. Para engañar y confundir, han llamado a esa arbitrariedad "nuevo sistema de financiacióin autonómica", pero la indecencia del principal partido de la oposición no ha sido menor al no haber tenido el valor de oponerse a tamaña injusticia y a esa violación constitucional de la equidad que convierte a la democracia española en una enorme e indignante mentira.
Lo que se ha aprobado, dentro de un ambiente opaco incompatible con la limpieza democrática, determina el reparto territorial de recursos que suponen más del 12% del PIB y que condicionan la cantidad y calidad de los servicios sociales básicos que reciben los ciudadanos, especialmente la sanidad y la educación.
¿Cómo es posible que una decisión tan trascendente tenga un proceso de negociación tan oscuro? ¿Cómo los españoles admiten sin rebelarse que los dineros públicos se repartan con tanta arbitrariedad y parcialidad, en una operación que apesta a trueque de favores y a burla de todo lo que la democracia representa?
Lo que ha hecho Zapatero es el compendio de casi todas las miserias que caben en la política, pero lo que ha hecho Rajoy es una infame cobardía cómplice que le desacredita como líder y le enfrenta a cualquier español que se tenga por honrado y decente.
El espectáculo de los móviles sonando entre el gobierno central y los autonómicos, el cabildeo opaco, el protagonismo indecente y chantajista de un partido como el catalán ERC, que, con menos del 10 por ciento de los votos catalanes en las últimas elecciones, determina el destino de España, una nación a la que desprecia, la duda de los barones regionales del PP entre coger el dinero o arriesgarse a perderlo, las amenazas desde el poder, la marginación de los débiles, las mentiras del gobierno, la ausencia decepcionante de principios y valores en la política, la cobardía de los militantes del PSOE, algunos de los cuales habrán vomitado ante la obra inmunda de sus dirigentes, la traición de la oposición de derecha y la frustración de España configuran un cuadro esperpéntico y tan doloroso que resume en sí mismo casi todas las miserias de la España actual y la bajeza de nuestra política, frente a la cual únicamente existe una actitud digna para un demócrata: la rebeldía cívica y democrática.
Las tres últimas legislaturas, la segunda de Aznar y las dos de Zapatero, son las peores desde la muerte de Franco y casi han conseguido liquidar una democracia que era admirada en el mundo y querida y respetada en España hace apenas tres décadas, pero que hoy, víctima del mal gobierno y de la corrupción generalizada, padece raquitismo, está infectada de vileza y se encuentra al borde del coma.
Las dos últimas legislaturas que ha vivido España, la última de José María Aznar y la primera de Zapatero, han sido las peores y más perversas desde la muerte de Franco, solo superadas por la actual, la segunda de Zapatero, generadoras todas ellas de consecuencias catastróficas para la convivencia y el sistema democrático, al que han dañado seriamente.
La última legislatura de Aznar, marcada por frustración de los demócratas ante la determinación de no regenerar el sistema podrido que había dejado Felipe González, y entristecida por la arrogancia y la manipulación, generó un malestar intenso en la sociedad española que tomó cuerpo tras los atentados del 11 de marzo e hicieron posible la inesperada derrota de un gobierno que disfrutaba de una cómoda mayoría absoluta. Algunos dicen que esa derrota se debió a una especie de conspiración organizada por la oposición socialista y que sólo fue posible por la conmoción y el miedo colectivo que provocaron los atentados de Atocha, pero, sea o no cierta esa acusación, nadie duda que el terreno estaba ya abonado para la derrota por los errores de un Aznar tan poco demócrata, arrogante y chulesco que exasperó hasta a sus propios partidarios.
Zapatero, en sus dos legislaturas, ha conseguido lo que parecía imposible: superar con creces los desatinos y errores de Aznar, sumiendo a España en una crisis de valores y de convivencia sin precedentes. Zapatero no ha podido evitar con su talante sonriente y teatral que España se haya envilecido y retrocedido en todos los ámbitos de la política y de la economía, en el escenario internacional, en la competitividad, en la convivencia, en el respeto a la democracia, en el prestigio de los gobernantes y hasta en el respeto a la Constitución. Zapatero, cuyo mal gobierno ha roto el espinazo de la España moderna, ha gobernado en contra de la voluntad popular, en contra de la opinión de la mayoría, reflejada con claridad en las encuestas, cerrando pactos contra natura con enemigos de la Constitución y de la democracia, sin otro fin que conservar y retener el poder a toda costa. Su segunda legislatura avanza de error en error, atravesando la línea roja de la indecencia y dejando como herencia al futuro una España endeudada, arruinada, desmoralizada y quebrada, políticamente enfrentada, devaluada en el ámbito internacional y, lo que es más grave, con sus políticos y con su sistema desprestigiados y sin credibilidad ante los ciudadanos.
Una desgracia se agrega a la anterior haciendo crecer sin parar la montaña de estiercol político: la pésima gestión de la crisis, la creación veloz de desempleo y pobreza desde el poder público, los ciudadanos esquilmados con impuestos abusivos, el deterioro de los servicios públicos, los pactos con nacionalistas extremos, el acoso a la oposición, la trifulca continua entre políticos, la mentira como método de gobierno, los estatutos de Cataluña y Andalucía, sospechosos de inconstitucionalidad, el perverso e insolidario reparto de dinero a las autonomías, el avance de la abstención, del voto nulo y del votoen blanco, la humillante negociación con ETA, los pactos postelectorales entre perdedores, el desprestigio de la política, la degradación de la democracia...
Aznar y Zapatero, dos auténticas desgracias para España, dos cánceres mortíferos, el primero causante de una letal enfermedad moral y el segundo inepto, fullero y enterrador del poco respeto y estima que le quedaba a un sistema falsamente democrático que ya aparece ante los ciudadanos podrido y maloliente. Ambos han gobernado de espaldas al pueblo y sin respeto a la voluntad popular, ambos han degradado una democracia española que fue acogida con entusiasmo ejemplar tras la muerte del dictador Franco y que hoy aparece ante nuestros ojos envejecida, desprestigiada y convertida, por causa del mal gobierno, en un régimen sin respeto ni cariño, en una partitocracia arrogante que no tiene más defensores que esos políticos profesionales que, gracias a ella, se han convertido en los nuevos amos.
Pobre España.
Trabajar casi 5 meses para el Estado, como ocurre en la España del presente, donde la presión fiscal no para de crecer, es una forma de esclavitud. Si, además, ese Estado es insostenible porque mantiene a más del triple de los cargos y funcionarios que el país necesita, la esclavitud es más denigrante, si cabe. Si, además, el sector público español, víctima de la cultura parasitaria de la casta política, no deja de crecer, incluso en tiempos de crisis, la esclavitud de los españoles frente al Estado es ya lo bastante sádica y malévola para que deba ser erradicada como un cáncer.
Como acaba de denunciar con razón Rosa Diez, las clases medias españoles están siendo esquilmadas por el gobierno Zapatero, que se dispone a sustraerle más dinero de los bolsillos por la vía de la supresión de desgravaciones y del incremento de los impuestos directos e indirectos. La presión fiscal en España no para de crecer impulsada por un gobierno socialista que cree más en las sociedades subsidiadas que en las emprendedoras. Ya trabajamos casi cinco meses del año para el Estado y el gobierno actual, maniroto y despilfarrador, nos conduce hacia más impuestos y más subsidios. Convertirnos en esclavos del Estado es cada día menos una quimera y más una amenaza real que se alza en el horizonte inmediato de los españoles.
El verdadero debate que nos interesa no es el que se vivió en las Cortes a partir del 12 de mayo de 2009, sino el que analice con seriedad los dos modelos de Estado posibles en España: el que nos propone la izquierda de Zapatero, el de una sociedad subvencionada que no crea empleo y riqueza, pero que subsidia la pobreza y el paro, o el de la España del esfuerzo y de los emprendedores, la que ha protagonizado uno de los milagros económicos más espectaculares del siglo XX.
Es evidente que Zapatero, fiel a los viejos y caducos conceptos de la izquierda que fue derrotada al caer el Muro de Berlín, prefiere una España subsidiada a una España emprendedora, al igual que es más partidario del Estado que de la sociedad, de lo público que de lo privado. Su alergia al espíritu emprendedor y a las libertades individuales es tan visceral como palpable.
Conocer las preferencias de Rajoy y del PP es más complejo. Si nos atenemos a su ideología oficial, debería preferir la España emprendedora y del esfuerzo a la España subsidiada y hedonista, como también debería anteponer lo privado a lo público y la sociedad al Estado, pero, a juzgar por sus comportamientos, la cosa no está del todo clara. De hecho, cuando el PP ha gobernado, ha fortalecido al Estado, ha maniatado a la Justicia y al Parlamento, ha constreñido las libertades y ha tenido un comportamiento arrogante, más propio de la izquierda marxista que de la derecha liberal.
Esta España que se empobrece en la crisis y que fabrica parados y pobres con más eficacia que ningún otro país desarrollado del mundo tiene que elegir con urgencia qué modelo quiere para el futuro: si una sociedad subsidiada, comandada por un gobierno representante de la izquierda más anticuada, alergica al espíritu emprendedor, o una España emprendedora donde el individuo pese más que el Estado, consciente de que el esfuerzo conduce a la prosperidad y decidida a que el poder político sea controlado por la ciudadanía.
Por ahora, la ventaja es de la España subvencionada, que, de la mano de Zapatero, proyecta su amenazante sombra hacia un futuro cargado de inquietudes y dramas.
Aquellos españoles que contemplan al Estado como un padre que lo soluciona todo ignoran la experiencia histórica de que ese tipo de sociedad tutelada e intervenida por el poder sólo genera desempleo, pobreza y, muchas veces, violencia, opresión e infelicidad. Que se lo pregunten a los cubanos, gran parte de los cuales está deseando poder abandonar el "paraiso" de la Revolución contruído por Fidel sin libertad. O que se lo pregunten a la antigua URSS, hundida porque aquel pueblo que, en teoría, tenía el poder, odiaba a sus dirigentes, transformados en opresores y, en muchas ocasiones, también en asesinos.
También ignoran una ecuación elemental e infalible: Si no hay trabajo, no hay impuestos que recaudar, ni son posibles las escuelas ni hospitales porque el Estado no puede aportar a los ciudadanos más dinero del que es capaz de sacarle mediante los impuestos.
Si además, como en el caso de España, hemos construído un Estado hipertrofiado y monstruoso, poblado por tres veces más funcionarios, asesores, enchufados y amigos del poder de lo que la administración necesita, entonces el drama de la esclavitud que revoletea por nuestros cielos se torna más grave y amenazante.
En vísperas del que será, sin duda, el mayor desafío de su historia, el rebrote otoñal masivo de la pandemia de la gripe A, la sanidad pública española, exhibida internacionalmente con orgullo durante las últimas décadas, está perdiendo rápidamente calidad, víctima de la tacañería de los gobiernos, que prefieren despilfarrar el dinero público en lujos, en privilegios y en colocar amigos y enchufados en puestos del Estado, antes que invertir en un sistema sanitario que cada día es más obsoleto y que padece un enorme déficit de personal especializado.
La reciente muerte en Madrid de Dalila, mujer marroquí víctima de la gripe tipo A, después de haber visitado varias veces las urgencias hospitalarias, y, posteriormente la de su hijo prematuro Rayan, víctima de una clara negligencia, son dos síntomas escandalosos de la pérdida de calidad de la sanidad pública española.
La ministra española de Sanidad, Trinidad Jiménez, ha vaticinado "al menos" 8.000 muertes en España causadas por la gripe A, pero la cifra podría ser mucho mayor si en lugar de los cáculos, siempre poco fiables, del gobierno de Zapatero, se aplica el mismo cálculo del gobierno británico, el cual habla de 63.000 fallecimientos "al menos" para una población 12 millones de habitantes mayor que España, lo que establecería más de 50.000 muertes en España y más de 5 millones de enfermos hospitalizables, un volumen para el que el sistema sanitario español no está preparado.
Al margen de la gripe A, ponerse enfermo durante el actual periodo vacacional de verano en España representa ya un riesgo nada despreciable para el ciudadano, ya que se encontrará con hospitales funcionando a medio ritmo, escasamente dotados de personal especializado y con principiantes sin experiencia cubriendo turnos de gran responsabilidad.
La gran paradoja es que mientras el sistema sanitario español padece escasez de personal, médicos españoles y personal sanitario especializado emigran para trabajar en los sistemas sanitarios de Gran Bretaña, Portugal, Francia y otros muchos.
Quizás el mejor ejemplo de la decadencia del sistema sanitario español se observe en Andalucía, donde el PSOE siempre ha utilizado la sanidad pública como estandarte de su gobierno y símbolo de la bondad del socialismo. Durante dos décadas, los mejores esfuerzos y las más generosas inversiones de la Junta de Andalucía se concentraron en la medicina. Sin embargo, hoy, quizás porque la legión de colocados consume demasiados recursos o porque la crisis les deja sin dinero, la calidad de aquella magnífica Sanidad Pública se está derrumbando.
El inexorable declive de la Sanidad Pública andaluza se está produciendo casi en secreto, al amparo de un incomprensible y cobarde silencio mediático. Ningún medio de comunicación de masas ha dicho que ya faltan recursos y medicinas en las urgencias, que alas enteras de hospitales están siendo clausuradas, que los médicos están recibiendo presiones para que envíen pronto a sus casas a los enfermos y para que no receten demasiadas medicinas, o que muchos médicos con experiencia valiosa acumulada están abandonando la sanidad pública, estableciéndose en hospitales privados o emigrando al extranjero, donde consiguen mejores sueldos y, sobre todo, más consideración y respeto.
El resultado del declive del sistema sanitario andaluz es una pérdida enorme de calidad en la Sanidad Pública, donde aquellas valiosas generaciones de médicos bien formados, innovadores y entusiastas que fueron su sostén se encuentran ya en vías de jubilación y sin sustitutos que puedan compararse en calidad científica e ilusión.
Hace muchos años que el ya ex presidente Chaves prometió a sus votantes andaluces que los hospitales públicos tendrían habitaciones individuales, una promesa que no ha podido cumplir porque el dinero disponible lo ha dedicado a otros capítulos o quizás porque las inmensas legiones de clientes y enchufados que cobran de la Junta dejan vacías las arcas públicas cada final de mes.
La realidad está mostrando justo lo contrario de lo que un día Chaves prometió: urgencias atiborradas, enfermos que cada día se quejan más del maltrato, errores crecientes del sistema y una desesperante escasez de personal y de algunos suministros básicos que los gobernantes no saben ya como seguir ocultando.
Cuando los poderes e instituciones de la pequeña y pobre Honduras pararon los pies al presidente Mel Zelaya, empeñado en romper la Constitución y los equilibrios de la democracia hondureña, Zapatero y Moratinos condenaron "el golpe", por entonces incruento, y retiraron de Tegucigalpa al embajador de España, pero después guardaron un cobarde silencio ante los crímenes de la dictadura comunista china, que acaba de asesinar en Xinjiang a 156 personas, muchas de ellas con disparos en la cabeza.
España, cobardemente, mantiene a su embajador en China porque no se atreve a enfrentase a los poderosos o porque le importa más que sea depuesto un presidente antidemócrata que el asesinato a balazos de 156 ciudadanos por la policía de la dictadura china.
La actitud de España es igualmente tolerante, protectora y sometida ante otras tiranías manchadas de sangre, como Cuba, a la que defiende y apadrina, o ante otras gobiernos alejados de la democracia, como Irán y los latinoamericanos agrupados en torno a Hugo Chavez, donde se encuentran Bolivia, Ecuador y Nicaragua.
Toda prensa decente y no sometida de Occidente denuncia la hipocresía y la bajeza reiterada de muchos políticos de las falsas democracias del mundo por su cobardía ante los abusos y crímenes del gigante chino.
La mayoría de los que murieron recientemente en China, durante disturbios interétnicos entre hans e uigures, cayeron a manos de las fuerzas del orden, que causó una masacre al reprimir a los ciudadanos uigures con fuerza desproporcionada.
El cobarde "mutismo" de la comunidad internacional frente a la magnitud de los disturbios en Urumqi, capital de Xinjiang, es repugnante, sobre todo si se compara esa cobardía con la actitud de fuerza exhibida frente a los hondureños que se conjuraron contra un presidente Zelaya que, vendido a los hermanos Castro y al gorila Chavez, quiso desquiciar la estructura legal de la democracia hondureña y eliminar la limitación del poder presidencial, un requisito vital para que exista democracia.

El caso de Honduras, donde la comunidad mundial ha aplaudido al que irrespeta la ley y condenado sin defensa a los que luchaban por mantener el respeto a la democracia y a la Constitución, está demostrando que la casta política gobernante en el mundo está perdiendo la vergüenza a ritmo de vértigo y que la mayoría de las democracias han alcanzado un grado de podredumbre ética tan elevado que sorprende a los ciudadanos e indigna a muchos observadores y analistas políticos de todo el mundo.
La reacción antidemocrática del establishment político y diplomático internacional ante la deposición del ex presidente de Honduras, José Manuel (Mel) Zelaya Rosales, parece irreal. Ningún demócrata consigue explicarse cómo se trata a Honduras con mayor rudeza que a Cuba, Irán, China o Corea del Norte. No se entiende tampoco por qué la OEA expulsa a Honduras de esa sociedad de naciones por defender la democracia, mientras invita a ingresar a la misma a una dictadura represora y manchada de sangre como Cuba. No es fácil para las personas decentes entender cómo la OEA, la ONU, y la Unión Europea se quedan impasibles y se niegan a condenar las amenazas de invasión armada que desde Venezuela y Nicaragua se lanzan contra Honduras, ni es admisible que se demonice el nuevo gobierno de Honduras mientras mantienen un cobarde y sucio silencio ante los crímenes que comete la dictadura china y los atentados contra los derechos humanos que se perpetran casi a diario en países como Cuba, Irán y Corea del Norte, por citar sólo a las más cruentas entre las numerosas dictaduras mundiales intocables.
La OEA, la ONU y España han sido rápidas y drásticas a la hora de condenar a los que llaman "golpistas", después de guardar un silencio cómplice cuando el gobierno de "Mel" Zelaya violaba reiteradamente la Constitución y sus leyes, desobedecía el mandato de varios jueces de distintas instancias, tanto de la Corte Suprema de Justicia como del Tribunal Supremo Electoral, violentando así el Estado de Derecho o cuando de manera pública admitió implícitamente que eran ciertas las denuncias que se hicieran en su momento de que él había ganado las elecciones presidenciales mediante fraude electoral.
La actitud de España es especialmente dolorosa para los demócratas hondureños, que no pueden entender cómo Zapatero se rasga las vestiduras, indignado por el trato que recibe el presidente tirano y violador de las leyes hondureñas, y castiga al pueblo que ha venido siendo víctima de este dictador, retirándole su amistad y sus programas de cooperación.
Para muchos demócratas del planeta, el comportamiento de los gobiernos llamados democráticos sin serlo es inexplicable, injusto y cobarde, duro con los débiles y blando y tolerante con los fuertes, influido más por los intereses que por los principios, sin reflejo alguno de ética o decencia.
Al financiar a las autonomías y repartir los fondos públicos de manera desigual, dando más a las regiones que más tienen, generando desequilibrio y desigualdad y comprando con dinero los votos que necesita para permanecer en el poder, el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, acaba de asesinar la equidad, el valor más respetado por la izquierda mundial desde el siglo XIX y, probablemente, el único valor que la izquierda mundial se atrevía a defender todavía, después de haber traicionado la libertad, la fraternidad y la limpieza ética.
La Equidad fue la mejor bandera de la izquierda desde la Revolución Francesa, aunque ciertamente fue más una etiqueta que un principio respetado porque los líderes siempre se entregaron al privilegio y se situaron por encima del partido, mientras que los miembros del partido se situaban por encima de la sociedad.
La Fraternidad nunca existió en la vida real y fue únicamente un producto de la literatura y de la filosofía izquierdistas. La Libertad fue traicionada el día en que el primer partido de izquierda alcanzó el poder e impuso una opresión del Estado que se justificaba afirmando que la autoridad y hasta la violencia eran necesarias para construir un mundo mejor y más justo. Pero la Igualdad resistió, al menos teóricamente, y durante muchas décadas fue la gran bandera de la izquierda mundial.
Bajo el grito de "Igualdad" se hizo la Revolución Francesa, se alzó la Comuna de París, se construyó la revolución bolchevique y Fidel Castro tomó el poder en Cuba. Era sólo un grito, pero respetado por la propaganda y defendido como la gran etiqueta que sustentaba el prestigio de la izquierda.
Ahora, el español Zapatero, que se presenta ante el mundo como líder de una nueva izquierda emergente, al dar más dinero a Cataluña y a Andalucía, gracias a cuyos votos se mantiene en el poder, ha consumado la perversión de una ideología que a lo largo de los dos últimos siglos ha ido arrojando por la borda todos sus principios y valores, sustituyéndolos por un descarnado y sucio apego al poder que ha transformado a la mayoría de los partidos de izquierda en bandas obsesionadas por gobernar, a costa de cualquier precio.
Cataluña es una de las regiones más ricas en renta per cápita de España y la que menos cree en la solidaridad y en el concepto de España como patria común. Cataluña es también el territorio donde el nacionalismo extremo, excluyente e independentista ha anidado con más obscenidad y descaro. El premio de Zapatero a ese bodrio nacionalista antiespañol y autoritario es otorgarles más dinero que al resto de las regiones españolas, un mal ejemplo que propicia el desencanto, consagra la desvergüenza del poder, apuntala la corrupción pública e incita a los demócratas a la desesperación y a la rebeldía.
Andalucía, aunque en menos cuantía, es la otra beneficiada por Zapatero en el reparto de unos fondos que El Estado ya no tiene y que tendrán que salir de los impuestos al ciudadano, cada días más opresivos e injustos, y del endeudamiento, al que el gobierno de Zapatero recurre sin contemplaciones y sin prudencia, sólo para seguir despilfarrando en tiempos de crisis. El "premio" lo recibe Andalucía por ser el principal granero de votos del PSOE, gracias a los cuales Zapatero se mantiene en el poder, a pesar de que Andalucía, junto con Cataluña, es la región española menos demócrata y en la que el poder de la izquierda ha tejido una red clientelar de intereses y de corrupciones que ha degenerado la democracia hasta niveles vergonzantes en una país europeo.
El nuevo modelo de financiación autonómica diseñado por el gobierno de Zapatero es el enésimo y último escándalo de la degradada política española, un paso adelante más hacia el desprestigio del poder, el hundimiento del liderazgo y el desprecio de los verdaderos demócratas a la casta que gobierna al país sin decoro, de manera ineficiente y sin respeto a las reglas más básicas de la convivencia, de la democracia y de la Justicia.
Durante su primera legislatura, el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, se labró una sólida imagen de “gafe” que arruinaba todo lo que tocaba. Fracasos tan sonados con el de su frustrada “paz” con ETA, el profundo deterioro de la democracia española bajo su presidencia, la osadía disgregadora y arrogante de los nacionalistas, a pesar de que Zapatero los había convertido en aliados o en socios de gobierno, y el anticonstitucional Estatuto de Cataluña, que él mismo impulsó, ayudaron a “cimentar” su fama de siniestro “gafe”.
Sin embargo, su victoria en los comicios de 2008, que le otorgó un nuevo mandato en la Moncloa, disipó temporalmente aquella imagen, entre otras razones porque un “gafe”, por definición, es un perdedor nato y Zapatero había vencido a Rajoy, a pesar de que su imagen estaba en declive y de que las cosas iban muy mal en España.
Pero ahora, en 2009, cuando las sucesivas oleadas de fracasos y de reveses están destruyendo a España y la evidencia vuelve a demostrar que Zapatero arruina todo lo que toca, incluyendo la prosperidad de España, que se derrumba y avanza irrefrenable hacia los cinco millones de desempleados, la imagen del “Zapatero gafado”, que contamina y destruye todo lo que toca, retorna fuerte y saludable.
No gana el hombre para sustos. La realidad le desmiente casi a diario y las estadísticas dejan al descubierto sus mentiras. Cuando no es el turismo es el paro y el día que no se le tuerce un pronóstico, le falla un tren AVE.
Lo del martes 23 de junio fue memorable: después de "triunfar" en Togo poniendo su nombre a la ley que abole la pena de muerte en el país, Zapatero se topó con una nube de mosquitos que obligó al avión que le transportaba, el Falcon 900 T-18 del Ejército del Aire, a abortar con toda urgencia el despegue. Como el aparato ya había cogido gran velocidad, el violento frenazo provocó la pérdida de presión de las ruedas, circunstancia que, una vez detectada, hizo imposible un segundo intento de despegue.
El viernes 22 de mayo, en el mitin de inicio de la campaña electoral para las europeas, celebrado por Zapatero en Murcia, una grua de televisión se desplomó sobre el público y ocho personas sufrieron lesiones. Algunos medios volvieron a esgrimir el viejo fantasma del “gafe” del presidente.
Lo cierto es que, aunque Zapatero alardea en privado de ser un tipo con suerte, alguien que nunca ha perdido, su larga cadena de desgracias, cada día más densa y espectacular, está consiguiendo que crezca como la espuma el número de los que creen precisamente lo contrario, que está gafado, que casi todo lo que él toca se estropea sin remisión.
Su “balance” de desgracias y fracasos es tan portentoso que ningún observador, analista o experto puede explicarse cómo es posible que no haya dimitido o por que extraña razón la oposición no está diez o quince puntos por delante de Zapatero en intención de voto. Algunos, bromendo, afirman que el problema es que Rajoy, líder de la oposición, “es todavía más gafe que el presidente”.
Entre sus numerosos fracasos, además de los mencionados de la frustrada paz con ETA, el estatuto insolidario y anticonstitucional de Cataluña y el desprestigio generalizado de la política y la democracia en España, destacan algunas decenas momerables:
-El apoyó a la candidata socialista Ségolène Royal, perdedora de las elecciones frente a Nicolás Sarkozy.
-Su amigo Miguel Sebastián, designado por el propio Zapatero candidato a la Alcaldía de Madrid, fue humillado y derrotado en su enfrentamiento a Ruiz Gallardón.
-Sus relaciones internacionales han debilitado la posición de España en el mundo. Sus principales amigos y aliados son dictadorzuelos devaluados y sin porestigio como los de Iran, Venezuela, Cuna, Nicaragua y otros de similar talla.
-Las encuestas reflejan que su mandato se impregna de un sucio tinte de corrupción que no para de crecer, un hedor parecido al que envolvió a Felipe González en sus últimos años de poder y que terminó arrojándolo de la Molcloa.
-Cuando asistió en Ibiza a la cumbre hispano-italiana, abrazó a Romano Prodi, el cual, nada más regresar a Roma, tuvo que presentar la dimisión.
-Bajo su mandato, por primera vez en la democracia, las encuestas reflejan que los ciudadanos no sólo desconfían ya de los polítiicos sino que los consideran un grave problema para el país, concretamente el quinto mayor problema, lo que demuestra un deterioro de la política y hasta del sistema mucho más grave de lo que pensaban los más pesimistas .
- El Estatut de Cataluña, impulsado personalmente por Zapatero, fue aprobado vergonzosamente en un referéndum que consiguió menos del 30 por ciento de los votos ciudadanos.
-La excarcelación camuflada del terrorista de Juana Chaos fue otra tragedia personal para un Zapatero que la impulsó personalmente.
-Otro tanto le ocurrió con la OPA a ENDESA, una empresa que fue acosada por sus colaboradores personales, lo que le causó un profundo desgaste, sobre todo tras las acusaciones del presidente de la CNMV, Manuel Conthe, que implicó a los asesores económicos de Zapatero en irregularidades corrruptas.
-El deseo de Zapatero de sustituir la enseñanza de religión en los colegios españoles por la asignatura “Educación para la Ciudadanía” también ha resultado otro desastre, sobre todo tras el varapalo que le propinó el Consejo de Estado en su informe.
Federico Jiménez Losantos, cuya libertad informativa y descaro eran imprescindibles para regenerar la podrida democracia española, se ha despedido de la COPE con un mensaje de gran importancia: España no podrá ser nunca un país decente si no cierra antes con Justicia la herida del 11 M.
Los demócratas españoles le echaremos de menos, seguro, y le echará de menos todavía más la Iglesia Católica española, que, gracias a Federico y a César Vidal, ha demostrado valor en esta etapa y se ha sumado a las causas de la justicia y la libertad, aunque esas no hayan sido casi nunca sus banderas a lo largo de la Historia.
El mensaje de despedida de Federico Jiménez Losantos en la COPE tiene gran valor y alcance: España nunca será un país decente si antes no hace justicia en el asunto del 11 M, el atentado terrorista que abrió las puertas del poder al PSOE, con Zapatero como candidato, el más sangriento atentado terrorista de la historia de España, un drama nunca aclarado y envuelto todavía en un mar de sospechas, irregularidades y hedor a trampa y manipulación corrupta.
La democracia es un sistema que se basa en la confianza de los ciudadanos en sus instituciones y en su liderazgo. Hoy, esa confianza, imprescindible, se ha derrumbado y los políticos gobiernan el país despreciados y sin respeto por parte de la sociedad. Las encuestas demuestran que la clase política, junto con los jueces, los periodistas y los policías, son percibidos por los ciudadanos como los grupos profesionales más desprestigiados, corruptos y menos fiables, todo un drama para el sistema porque los gobernantes, los jueces, los periodistas y las fuerzas del órden público son piezas de valor crucial en la estructura democrática.
La ausencia de Justicia en el caso del 11 M tiene mucho que ver con ese hundimiento de la confianza ciudadana en España y con el pavoroso desprestigio de los grandes poderes. La historia demuestra que sin confianza y sin el reconocimiento ciudadano de los grandes poderes e instituciones, la democracia no es posible y queda sustituida por una dictadura más o menos legalizada por las urnas.
La sentencia de FJL al despedirse hoy de la COPE es grande, veraz y certera: España no podrá renacer, ni su sistema político, hoy podrido, podrá regenerarse, si antes no cierra con Justicia el drama del 11 M, un acontecimiento trascendental de nuestra historia que, inadmisiblemente, permanece envuelto en la sospecha, sin que sus grandes incognitas hayan sido resueltas:
¿Quién puso las bombas en los trenes?
¿Quién inspiró ese atentado?
¡Por qué se destruyeron las pruebas?
¿Por qué los que fueron señalados como culpables e inspiradores terminaron absueltos?
¿Tuvo algo que ver la ETA en el atentado?
¿Fue, como parece, corrupto e ineficiente el comportamiento de las fuerzas policiales?
¿Por qué se instruyó tan mal la causa del 11 M?
¿Funcionó la Justicia de manera independiente o se colocó, miserablemente, al servicio del poder político?
¿Hay algún tipo de inspiración política detrás del atentado?
Etc. etc.....
Los gobiernos latinoamericanos que han cometido el "error" de importar técnicas educativas españolas y que han acogido a expertos españoles se han arrepentido de haberlo hecho al comprobar que sus sistemas educativos se deterioran rápidamente y pierden calidad.
Tras publicar el artículo España exporta baja calidad educativa, un lector y activo participante en Voto en Blanco nos envía desde República Dominacana un comentario de interés que, como es habitual en Voto en Blanco, reproducimos en forma de post:
Pues en República Dominicana también importamos asesores españoles para renovar nuestro sistema educativo y no se pueden ustedes imaginar lo de idioteces y tonterías que nos trajeron. Esos técnicos españoles se creen al llegar a los países en vías de desarrollo que ellos son los tuertos que llegan a países de ciegos; pero están muy equivocados, porque al menos aquí en República Dominicana les podemos dar diez vueltas en mejor nivel de formación y de calidad educativa, DEMOSTRADO.
Por ejemplo: en respeto, disciplina y orden en las escuelas (aquí todos los escolares de todas las escuelas llevan uniforme, hablan de usted al profesor y el profesor a los alumnos, y todos los discentes se levantan al entrar el maestro en el aula, suben la bandera y cantan el himno nacional dominicano al inicio del día escolar y al término del mismo; ¡ah! y se imparte en todas las escuelas y liceos del país una asignatura sometida como las demás a exámenes y calificaciones, vamos que hay que aprobarla para pasar al curso siguiente, titulada FORMACIÓN INTEGRAL HUMANA Y RELIGIOSA, la cual consta del hecho religioso, principalmente el cristiano, que es el que ha conformado esta cultura y el Occidente, y de formación humano-cívica en general; y con todo esto salen adelante generaciones de jóvenes bien preparados para ganarse y defendese en la vida. Nuestro nivel educacional dominicano es el noveno del mundo en calidad,
después del finlandés, del noruego, del japonés, etc.
¿Cómo entonces vinieron estos técnicos españoles a querer inventar con nosotros, a querer descubrirnos la polvora y a tomarnos como ratoncitos de laboratorio? Por acuerdos politiqueros entre Estados, que nadie sabe a qué intereses creados se deben. La cuestión es que han querido implantar sin éxito toda una serie de necedades con la cual ellos se la dan de ser muy avanzados y con las que nos han complicado la vida a los docentes dominicanos, en el peor sentido de la palabra, durante el tiempo en que se pusieron a prueba métodos dizque pedagógicos del no va más.
Por ejemplo: nos han querido hacer aborrecer el tradicional y antíquisimo método de la memorización, como ya superado, como anacrónico, cuando está demostrado que la memorización sigue siendo básica en todos los niveles educativos desde la primaria para aprender la tabla de multiplicar hasta la universidad para aprender la tabla periódica de elementos químicos, les guste o no a los pendejos pedagogos neomodernos que no saben donde tienen ni su propia mano derecha.
También nos han querido implantar aquí que no se tomen medidas disciplinarias contra los alumnos que no dejan que el proceso educativo sea posible, porque según estos sabelotodos la disciplina es contraproducente incluso cuando se trata de aplicarla a muchachos antisociales-abusadores que siempre hay en cualquier lugar; según estos visionarios de laboratorios que nunca han impartido clases y menos en aulas repletas con más de 60 criaturitas tremendas, si uno o varios no dejan al maestro hacer de maestro, no se les puede expulsar de la escuela sino que hay que dejarlos en las clases de manera que le impidan el aprendizaje a quienes sí quieren aprender (falacias del sistema educativo español, que gracias a Dios aquí no han calado, porque cuando un alumno no se atiene al orden requerido dentro de la escuela, aquí seguimos expulsándolo a su casa y si se jode se jode él, pero no dejamos que joda a los demás).
Incluso trataron de inculcarnos a los maestros dominicanos, por medio de cursillos y más cursillos vanos de reciclaje en nuevas formas educativas, que no debemos califar a los alumnos con notas ni estresarlos con exámenes; pero muchos no hemos tragado por la sencilla razón de que la competitividad es completamente natural y muy sana para que se distingan los más aptos. Son las sociedades cerradas y clasistas las que eliminan la competencia. Se puede competir leal o deslealmente, pero no dejar de competir, porque la competencia es tan intrínseca en el ser humano como el sexo.
Esos asesores españoles que llegan desde la progre España a intentar sembrar en nuestros países latinoamericanos sus pendejadas pseudocientíficas, lo que hacen es complicar las cosas simples, disfrazar de ciencia lo que no es más que una cuestión de sentido común, e inventar una jerga para decir muy solemnemente auténticas patochadas.
Y este intento de complicar lo simple no es desinteresado, porque muchos son sanguijuelas que viven de esa jerga (cursos de capacitación, de perfeccionamiento del profesorado, etc.). Cualquier maestro sabe in situ que prácticamente todos los textos de pedagogos que nos recomiendan esos técnicos venidos de España como si fueran misioneros de la sabiduría, no son más que una sarta de teorías propias de quienes no han estado jamás ante una clase llena de niños y niñas y no saben como en verdad se comportan éstos. Así, un muy sesudo pedagogo español, que afirma que señalar en color rojo los errores de un examen o en un ejercicio era vejatorio para el alumno, y otro, más inteligente todavía, sostiene que los fallos y los errores son una expresión de la creatividad de los niños. Sé de otro, del cual puedo precisar que es profesor de la Universidad de Murcia, que, impartiendo una conferencia sobre la educación para la salud, afirmó que un profesor de física también podía contribuir a la educación para la salud estudiando en clase la elasticidad de los preservativos. Hay otro pedagogo que se lamenta de que “el saber en la escuela sea jerárquico. Pues claro que sí, y cuestionar semejante cosa es tan absurdo como lamentarse de que la lluvia caiga de arriba abajo. Puede que sea muy elitista eso de que la lluvia vaya desde las nubes al suelo, pero es lo natural, lógico y lo mejor para todos. Pero claro, reconocer que en la transmisión del saber hay una jerarquía porque hay quienes saben más y quienes saben menos es renunciar a lo políticamente correcto, y hay algunos personajes que están dispuestos a cargarse la escuela pública antes que renunciar a sus mamarracherías pedagógico-progres.
Y para terminar, acabo de estar en España, en Sevilla y en Córdoba, durante una semana que fui a ver a un familiar enfermo y cuál no sería mi sorpresa al ver salir de una escuela a los alumnos y ver que llevaban en las manos unos libros de una asignatura llamada LENGUA CASTELLANA. Pero ¿será posible?, ya hasta se avergüenzan de llamar a la lengua oficial de España que es la LENGUA ESPAÑOLA, de llamarla española o español. Al menos en todos los países de Latinoamerica y resto del mundo, excepto en España, tenemos el honor y la dignidad de seguir llamando al pan pan, al vino vino y al español español. Aquí en República Dominicana, e igualmente en el resto de países de las Américas, la asignatura del idioma que hablamos se llama en la portadas de los libros LENGUA ESPAÑOLA y no es ninguna deshonra para nosotros.
Fej Delvahe
Los católicos españoles, acostumbrados al silencio cobarde de sus obispos ante la injusticia, el abuso y la corrupción reinantes, están agradablemente sorprendidos de que ahora hayan hablado para frenar el avance del anteproyecto de ley del aborto que el gobierno de Zapatero se dispone a aprobar en las Cortes.
Los cristianos se congratulan de que los obispos españoles hayan reconocido ahora que tienen el deber de pronunciarse públicamente sobre las graves implicaciones morales negativas de esa ley, pero no olvidan el silencio cobarde y hasta la complicidad de la jerarquía ante el drama del aborto y ante otras muchas injusticias y degradaciones de la sociedad española.
Los silencios, las ambigüedades y las complicidades de los obispos han generado desconcierto, indignación, rebeldía y escándalo entre los católicos, muchos de los cuales han dejado de ser practicantes por rechazo a la actitud de sus pastores o han decidido apoyar a partidos políticos cuyas propuestas y programas son contrarios a esa moral católica que los propios obispos no defienden.
El primer escándalo emana de la siguiente reflexión: ¿por qué se condena ahora un anteproyecto de ley sobre el aborto cuando el aborto ha estado permitido por la ley española, facilitando que más de un millón de fetos hayan sido exterminados durante la última década? ¿Por qué ahora sí se condena y antes se toleraba el aborto? Si la nueva ley es genocida, ¿por qué no lo es también la vigente, que permite igualmente abortar? La actitud de la Iglesia resulta moral y éticamente incomprensible.
La declaración de los obispos aplica correctamente la doctrina del Concilio Vaticano II y considera el aborto como un "crimen abominable", "un acto intrínsecamente malo que viola muy gravemente la dignidad de un ser humano inocente, quitándole la vida”. Entonces, ¿Por qué la Iglesia no aplica también la doctrina del Vaticano II a otras abominaciones vigentes en la política española, igualmente violadoras de los derechos fundamentales, ante las que guarda un cobarde silencio? ¿No merecen ser condenadas políticas que impulsan la desigualdad lacerante de la sociedad, la mentira desde el poder, la aplicación desigual y arbitraria de la ley, la corrupción generalizada, el avance de la pobreza o los hirientes e injustos privilegios de la casta política?
El documento también afirma que "El Estado que otorga la calificación de derecho a algo que, en realidad, es un atentado contra el derecho fundamental a la vida, pervierte el elemental orden de racionalidad que se encuentra en la base de su propia legitimidad. La tutela del bien fundamental de la vida humana y del derecho a vivir forma parte esencial de las obligaciones de la autoridad”. La conclusión lógica y coherente de esta doctrina es considerar que el Estado que impone semejantes leyes debe ser considerado un "Estado tiránico", lo que implica también que es aplicable la clásica doctrina católica, fundamentada en los santos padres y en los doctores de la Iglesia, de que hay que rebelarse contra esos tiranos.
Es cierto que el estímulo al aborto desde el gobierno hace a la Humanidad retroceder casi 3.000 años, hasta antes de la fundación de Roma, pero no es menos cierto que el sistema actual tiene muchas otras costumbres, políticas y hasta leyes que atentan contra los derechos humanos básicos, que se presentan engañosamente como "progreso", y ante las cuales la Iglesia guarda un vergonzoso e inexplicable silencio.
Quizás el acoso que sufre hoy la vida y otros atentados contra la Humanidad perpetrados por los poderes públicos podrían haberse evitado si la Iglesia hubiera sido siempre consecuente con el mensaje de Jesucristo y con las leyes fundamentales de la democracia. La tibieza ante los asesinatos terroristas que proyectan algunos pastores vascos, el apoyo al nacionalismo excluyente por parte de pastores catalanes, la colaboración activa con la izquierda radical e, incluso, con la lucha armada por parte de muchos sacerdotes y obispos "progres" y otras barbaridades tienen su origen en la cobardía de la jerarquía católica y en su incapacidad de ser consecuente con sus propias leyes y principios.
Quizás el ejemplo siguiente sirva para entender lo que nos ocurre hoy:
El 1-5-1979, el Obispo Iniesta, colaborador directo del cardenal Tarancón, declaraba: “Mi conciencia rechaza el aborto totalmente, pero mi conciencia no rechaza la posibilidad de que la ley deje de condenarlo como un hecho delictivo” (Tamaña locura incoherente se puede leer en El País de 1-5-1979).
Si los periodistas hiubieran hecho sus deberes, las democracias no estarían podridas, la corrupción no habría infectado tan peligrosamente el tejido social y los ciudadanos no habrían sido expulsados de la democracia por partidos y gobiernos que, con una prensa libre y crítica, estarían sometidos a controles y nunca habrían podido alcanzar los escandalosos niveles de corrupción y arrogancia actuales.
Los periodistas no son los principales responsables del desastre mundial actual, pero sí son los principales cómplices de los dirigentes políticos mundiales, que son los grandes culpables. La agonía de la prensa libre y crítica permite que muchos dirigentes políticos del mundo, inmersos en la ineficacia y la corrupción, estén llavando a sus pueblos hacia el desastre.
El deterioro de las democracias y el poder excesivo de los partidos políticos y de las castas políticas profesionales están provocando la reacción de la sociedad y el auge de un movimiento que reivindica la libertad de prensa y el periodismo crítico como recetas contra la corrupción, el abuso del poder, la arrogancia y otros males actuales de la política.
En muchos países que se autoproclaman "democracias", sin serlo, los analistas y expertos señalan a la prensa y a los periodistas como grandes cómplices del poder político y como responsables, junto con los políticos y los jueces, del deterioro de la democracia y de la degeneración de los poderes públicos.
Surgen artículos y libros por todas partes en los que se reivindica la libertad de prensa y la necesidad de que el periodista fiscalice al poder. En esa linea se sitúan decenas de obras, entre las cuales pueden citarse "La Casta", escrito en Italia por los periodistas Antonio G. Stella y Sergio Rizzo, "Basta de Mentiras", de John Pilger, "Periodistas Sometidos, los perros del poder", de Francisco Rubiales, "El negocio del poder", Federico Quevedo y Daniel Forcada, y, sobre todas las demás, la trilogía "Milennium", del sueco Stieg Larsson, best seller mundial cuyo protagonista es un periodista ético y libre, dedicado a iluminar y destapar el mundo oscuro, totalitario y sucio que se oculta detrás de las fachadas de democracias tan avanzadas y reputadas como la de Suecia.
El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, definió recientemente la trilogía de Larsson como "un canto a la libertad de prensa".
Muchos gobiernos de las falsas democracias actuales olvidan que la libertad de información, además de garantizar la libertad de los periodistas a decir la verdad sobre cualquier asunto, por muy peliagudo que sea, garantiza sobre todo el derecho de los ciudadanos a ser informados con veracidad e independencia sobre todos los asuntos que le conciernen, para que puedan decidir correctamente.
Esa libertad de prensa, casi en extención porque los poderosos no quieren testigos incómodos ni investigadores libres que descubran sus fracasos y les impidan sus abusos y delitos, está siendo reivindicada en todo el mundo como la única terapia de eficacia probada para luchar contra la corrupción, el deterioro de las democracias, el abuso del poder y otros muchos males generados por una clase política que no está a la altura de las circunstancias y que, en muchos casos, está llevando a sus pueblos directamente hacia la pobreza, la derrota y el fracaso.
La mejor manera de expresar la importancia que tiene el periodismo libre y no sometido en las democracias quizás sea recordar algunos párrafos del libro "Periodistas sometidos, los perros del poder":
"Si los periodistas españoles hubieran hecho sus deberes, España no sería hoy una cloaca. Ante el miedo a que los ciudadanos conozcan sus fechorías, las ratas, asustadas, se habrían escondido en sus madrigueras. Pero sin auténticos periodistas que digan la verdad y denuncien los abusos y corrupciones del poder, los miserables se tornan impunes y tienen todo el campo libre para cazar."
"Si los periodistas hubieran hecho bien su trabajo en España, la democracia no habría sido asesinada por los partidos políticos y transformada en una oligocracia sin dignidad ni respeto."
“No hay un solo caso de periodista esclavo que sea recordado por la Historia, del mismo modo que tampoco merecen el recuerdo los militares cobardes o los médicos al servicio de la muerte. Que quede claro que los periodistas sometidos al poder sólo pueden esperar poder y dinero, pero nunca reconocimiento, honor o respeto.”
“La democracia es el único sistema que ha conseguido encerrar a los grandes poderes, sobre todo al insaciable poder del Estado, en una jaula con siete cerrojos. La prensa libre es el séptimo sello que cierra esa jaula.”
Cuando los ciudadanos pagan sus impuestos con desconfianza y obligados más por el miedo al castigo que por el deber cívico de contribuir, la democracia no existe y, probablemente, la política y el liderazgo están infectados de corruoción, totalitarismo y otros males.
Muchos españoles acaban de entregar su declaración de la renta a Hacienda sin entusiasmo, sin espíritu cívico, sintiéndose sometidos y con mucho dolor, convencidos o sospechando que sus impuestos no van a ser utilizados para desarrollar políticas justas, solidarias y orientadas al bien común, sino que, por el contrario, van a alimentar el despilfarro del poder, la corrupción y la injusticia.
Pocas cosas son más humillantes para un demócrata que pagar sus impuestos sin entusiasmo ni espíritu cívico, sólo por miedo al castigo que el Estado tiene reservado a los que no pagan dinero al poder.
Aquellos viejos tiempos de la naciente democracia española, cuando todavía creíamos que nuestros impuestos servirían para construir carreteras, potenciar el desarrollo del país y compensar a los más débiles y necesitados, han pasado a la historia. Entonces pagábamos con orgullo dde demócratas, pero hoy es diferente. Cada día son más los ciudadanos españoles que se sienten vajados y humillados al contribuir con su dinero al carnaval de truhanes en que se ha convertido esta España injusta, corrupta y mal gobernada.
Cada día son más los que entregan su declaración convencidos de que sus impuestos servirán para:
Pagar sueldos excesivos a políticos que no los merecen, a enchufados de los partidos que ni siquiera trabajan, a familiares y amigos de políticos que ordeñan el erario público.
Sufragar el boato abusivo e hiriente de los innecesarios gobiernos locales, provinciales, regionales, autonómicos y central, todos ellos hipertrofiados y cargados de privilegios y aparatos superfluos y demasiado costosos, dotados de tarjetas de credito ilimitadas, coches de lujo, guardaespaldas, secretarias, asesores, conserjes, chóferes y demás servidumbre copiosa de las modernas cortes creadas por los nuevos sátrapas de la democracia.
Alimentar, subrepticia o directamente, la corrupción que infecta a España, con metástasis muy avanzadas en las administraciones, partidos políticos y numerosas instituciones de la sociedad.
Mantener a una casta política arrogante y sin otros méritos que exhibir que el de su mal gobierno, el del despilfarro y el de haber asesinado la democracia, tansformándola en una sucia oligocracia de partidos, de la que el ciudadano, que es el "soberano" del sistema, ha sido expulsado.
La última cumbre del G-20 en Londres pasará a la historia como uno de los mayores monumentos políticos a la mentira y como uno de los mayores fracasos en la historia de la democracia noderna. Incapaces de dialogar y de ponerse de acuerdo para garantizar la paz, erradicar la desigualdad y eliminar la pobreza y la inseguridad, los líderes mundiales sí han sido capaces de coincidir en el montaje de una farsa para combatir la crisis con medidas absurdas, inundando el sistema de dinero y de gasto público.
A la incompetencia y a la incapacidad para corregir el desastroso rumbo de la sociedad mundial, los decepcionantes dirigentes mundiales le han llamado "nuevo orden global". En realidad se trata de una nueva estafa política a gran escala, que únicamente pretende ganar tiempo y engañar a los ciudadanos con medidas que ya han demostrado su ineficacia. Ellos saben que la crisis es una cuestión de confianza y que la confianza no quedará restablecida hasta que no devuelvan a los ciudadanos la democracia que ellos mismos les han arrebatado, sustituyéndola por una oligocracia indecente, controlada por una "casta" de políticos que se comportan como los "nuevos amos" del mundo.
La decencia no puede construirse desde la mentira y el engaño. ¿Devolverá esta lluvia de dinero la confianza a los mercados? ¿Evitará frenar la sangría de parados que sufre España? El acuerdo logrado en la cumbre de Londres y todas las medidas posteriores no son más que un castillo de naipes diseñado para para contentar a todos, incapaz de frenar la terrible crisis mundial. La foto con Obama de ese fatuo Zapatero que sonríe, cuando debería llorar por los millones de parados y nuevos pobres españoles, le ha costado a España nada menos que 4.000 millones de euros.
La mayoría de los políticos afirman que la "codicia" es la culpable del colapso de la economía mundial, pero los de izquierdas aprovechan la coyuntura y culpan al mercado del caos mundial. Unos y otros mienten y lo peor de todo es que lo hacen conscientemente porque todos ellos saben que la actual depresión de la economía mundial tiene una sóla causa: la mala gestión de los políticos.
Numerosos economístas lo demuestran a diario y lo gritan, aunque sus voces son aplastadas por los gobiernos, que utilizan su gran capacidad de comunicar para mentir a los ciudadanos ocultando su fracaso.
Afirman y demuestran los expertos que los sectores más regulados y controlados por el poder público son, precisamente, los que han ocasionado la crisis y funcionado peor.
No existe un sector en el mundo más regulado que el dinero. Ni un sólo producto financiero puede salir al mercado sin la aprobación de los bancos centrales y de las comisiones de valores, que dependen siempre del poder político. Si el mercado mundial se ha llenado de basura y se ha atiborrado de riesgo es porque los gestores públicos que tenían el deber de impedirlo no hicieron anda. Ni un sólo banco en el mundo escapa a la supervisión y control de los gobiernos y de los órganos reguladores públicos. En algunos casos, como en las cajas de ahorros españolas, los políticos, cargados de osadía, se han convertido en los gestores directos.
La realidad demuestra hasta la saciedad que el fracaso no ha sido del mercado sino de los políticos, que no cumplieron con la misión encomendada de regular y arbitrar para evitar los abusos y desequilibrios. Podríamos argumentar, incluso, que el Estado, siempre ávido de impuestos y de dinero fácil, ha sido el principal estimulador del abuso y de los productos tóxicos, que crearon una riqueza artificial de la que se aprovechó el poder.
En España, la responsabilidad del Estado en los abusos del mercado está más que demostrada y es indiscutible. Las cajas de ahorro, que son la parte del sector financiero gestionado directamente por los políticos, es la que está más cerca de la ruína. Los ayuntamientos, quizás el mejor ejemplo del fracaso de los políticos en España, se financiaron durante más de una década de la construcción desenfrenada que el propio Estado alimentaba y bendecía. El consumo desbocado fue estimulado también desde el poder político, que llenaba sus arcas con los impuestos indirectos y exhibía con orgullo, como un mérito propio, aquel crecimiento artificial.
Los ciudadanos del mundo, marginados de los procesos de toma de decisiones y secuestrados por la "casta" de los nuevos amos, miraban con tristeza las imágenes de la gran hipocresía escenificada en el G-20 e, impotente y triste, se disponía a seguir avanzando hacia la pobreza y el fracaso, conducidos por la peor y más inmoral e inepta estirpe de dirigentes políticos que padece el mundo desde que desaparecieron Hítler, Stalin y Mao.
A Zapatero le han tirado de las orejas, sin éxito, casi todos sus colegas gobernantes de Europa, en casi todos los grandes foros y en casi la totalidad de las instituciones y organismos mundiales especializados en economía. Todos le dicen lo mismo, que deje de endeudar a España hasta límites de locura, que reduzca el aparato del Estado, monstruoso e insostenible, que imponga en España una política de austeridad y esfuerzo, que es vital y urgente, y que flexibilice el mercado laboral para frenar la destrucción de empleo y el terrorífico crecimiento de la pobreza, que están poniendo de rodillas a España.
Los últimos "tirones" críticos se lo acaban de dar La OCDE, Miguel Ángel Fernández Ordóñez y Jean Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo (BCE), que ha pedido al gobierno español que modere los salarios y abarate el despido, si quiere evitar el desastre que se le avecina y hacer frente con eficacia a la crisis.
Pero todo es inútil. Zapatero, arrogante e insensible, persiste en su política errónea, la que está llevando a España hasta la ruina y el fracaso, la que fabrica desempleo y pobreza a un ritmo escalofriante y la que escandaliza por su insensatez a los expertos de medio mundo. Zapatero, sordo ante los buenos consejos y pertinaz en el error, sigue endeudándose, rechaza la austeridad, se niega a flexibilizar el mercado de trabajo y se dispone a subir todavía más los impuestos, una política que, según la mayoría de los especialistas mundiales, conduce directamente al drama.
La última arrogancia visible de Zapatero ha sido prometer más de 200 millones de euros en ayudas a diversos países de África, toda una provocación y una bofetada a la dignidad del millón largo de desempleados españoles que no reciben prestaciones sociales y a los cientos de miles de nuevos pobres, "fabricados" por la torpeza de su gobierno. La próxima será, probablemente, el cierre de la central nuclear de Garoña, una auténtica "locura" en tiempos de crisis.
Zapatero no esgrime argumento solvente alguno para justificar su política económica. Liquidó a Pedro Solbes porque tenía criterio y no estaba dispuesto a poner su firma sobre la catástrofe de la economía española. Arregló el asunto sustituyendo a Solbes por una ministra sometida, adicta al estilo "zapateril", sin escrúpulos y capaz de firmarlo todo con tal de mantenerse en el poder.
Zapatero se cree con derecho a hacer lo que le plazca por haber sido elegido en las urnas. Lo único que repite una y otra vez es que su gobierno no reducirá la cobertura social, ocultando que más de un millón de ciudadanos carece de ayuda pública alguna e ignorando que la mejor y más digna política social es precisamente la que su gobierno no es capaz de lograr: proporcionar a cada ciudadano un trabajo digno.
Las críticas a Zapatero crecen como la espuma también en España, incluso dentro de su propio partido, pero casi siempre son críticas que se emiten en los ámbitos privados y que se ocultan en público porque surgen de la cobardía y de gargantas sometidas que prefieren seguir cobrando subvenciones y disfrutando de los privilegios que otorga el poder, incluso a costa de que España hipoteque su futuro y tire por la borda su prosperidad.
Lunes, 13 de febrero
Pedro Fernández Barbadillo
Antonio Javier Vicente Gil
Raúl González Zorrilla
Toni García Arias
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Miguel Torres Galera
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Francisco Rubiales
Enrique Zubiaga
Graciano Palomo