Voto en Blanco

Zapatero debe dimitir

El gobierno admite ya que este año llegaremos a los 4 millones de parados, pero las previsiones más pesimistas hablan ya de más de seis millones de parados en 2012, el año de las elecciones. El sindicato USO advierte a la opinión pública de que el gobierno oculta 400.000 parados y que la cifra real de desempleados es de 3.7 millones. El desastre es ya lo bastante grande para exigir la dimisión de un Zapatero que no sabe gobernar y que demuestra cada día que no está capacitado para dirigir un país como España. Pero, en lugar de reflexionar y preparar la dimisión, en una huida hacia adelante preocupante y letal para España, el PSOE pretende volver a presentar a Zapatero como candidato en las elecciones de 2012, aunque para entonces el país esté completamente arruinado y hundido. Lo ha dicho Pepiño Blanco y los demócratas españoles tiemblan de impotencia ante la perspectiva de que el más inepto de los gobernantes españoles desde Fernando VII continue en el poder.

La situación de España es tan mala y el horizonte tan oscuro que la dimisión del actual presidente del gobierno y la convocatoria de elecciones anticipadas constituyen ya la única salida lógica para una sociedad que se siente desamparada ante la crisis y desvalida frente a un futuro tan amenazador que causa pavor.

Es cierto que la perspectiva de que Rajoy le suceda en el poder no es estimulante, ni ilusionante, sino decepcionante y triste, pero lo que está claro es que el actual presidente no sabe conducir la nave y debe dejar con urgencia el timón en manos de los ciudadanos y de las urnas.

Embalados hacia los cuatro millones de parados, cifra que pronto sobrepasaremos, y con un país que sólo produce ya eficazmente desempleados y pobres, España, bajo el liderazgo sonriente de Zapatero, milita en la "champions league" de la postración, es líder europeo del derrumbe y ocupa el liderazgo en casi todas las disciplinas y sectores vergonzantes: desempleo, fracaso escolar, prostitución, consumo de drogas, aborto, crecimiento de la delincuencia, número de presos encarcelados y alcoholismo, y se dirige sin freno hacia su ruina económica, moral y política.

En el horizonte se vislumbran amenazas que ni siquiera el gobierno se atreve a contemplar: siete millones de parados, un déficit cercano al 10 por ciento, la posible expulsión de la Eurozona y una crisis que, por culpa del mal gobierno, en España durará mucho más que en los demás paises de nuestro entorno, probablemente más de una década.

Zapatero ha acumulado "méritos" más que suficientes para su dimisión, pero el principal argumento para que abandone con urgencia no es el de sus mentiras, ni el de sus reiteradas manipulaciones, ni el de sus numerosos errores, sino la convicción, cada día más sólida en la sociedad española, de que no está capacitado para llevar las riendas de España.

Sus medidas contra la crisis, a pesar de que implican el endeudamiento de las próximas tres generaciones de españoles, son ineficaces y están llevando a España hacia la ruina. Hace unas semanas alardeaba de que España poseía el mejor sistema bancario del mundo, pero ahora, para engañar de nuevo a los ciudadanos, quiere culpar a los banqueros del desastre. Pero nadie es tan culpable como él mismo, tercamente empeñado en aplicar la peor receta al enfermo: más socialismo y gasto público a discrección, renunciando a adoptar medidas que están ya dando resultados en Alemania, Austria, Bélgica y otros paises, entre las que destacan una austeridad generalizada y una bajada de impuestos para las familias y para las empresas.

Zapatero se niega a reconocer lo que la Historia ha demostrado hasta el hartazgo, que el Estado es el peor empresario imaginable, incapaz de crear empleo y riqueza, como ha quedado claro en experiencias tan dolorosas y dramáticas como las de la antigua URSS y sus satélites, Cuba y otros países, todos ellos con el denominador común de un gobierno que, empeñado en controlar todos los resortes de la economía, resultaba incompatible con la empresa, con la iniciativa privada y hasta con las libertades individuales.

Aunque sus errores han sido los que han pasado una factura más dura a España, sus mentiras y la corrupción han sido los dos capítulos que mayor escándalo, vergüenza y daño moral han causado a los españoles. Un ya mayoritario y creciente grupo de ciudadanos reconocen en las encuestas sentirse engañados por el poder y rodeados de ineptitud y corrupción, lo que genera un fétido ambiente que va corroyendo, poco a poco, la moral colectiva y provoca una agobiante sensación de asco.

Las subidas de sueldos de los políticos en tiempos de crisis, los despilfarros del sector público, plasmados en los coches de lujo adquiridos por sátrapas territoriales, mesas que costaban tanto como un apartamento, obras suntuosas en las residencias del poder, vestuario y caprichos varios han proyectado hacia la ciudadanía la irresponsable imagen de un poder político arrogante, insensible y ajeno a la limpieza, que no merece representar a sus ciudadanos ni liderar una democracia que se autotitula "avanzada".

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Sábado, 2 de junio

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