Barack Obama, candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, ha decidido renunciar al dinero público que deberían entregarle como candidato demócrata (nada menos que 84 millones de dólares) y financiar su campaña exclusivamente con fondos privados.
Aunque muchos saben que el principal motivo de esa renuncia es que los fondos privados son más generosos y permiten una campaña más rica y poderosa, su decisión ne deja de ser valiente y responde a las espectativas del "candidato del cambio", de lo que se espera del líder de un movimiento reformista intenso que ha prendido en la ciudadanía y que podría llevarle hasta la Casa Blanca.
La financiación pública de las campañas presidenciales norteamericanas fue instituida en 1974, precisamente para moderar los gastos de las campañas. Desde entonces es una tradición que nadie se había atrevido a desafiar.
La tesis de Obama es que el dinero público debe tener otro fin en un país como América, necesitado de políticas sociales muy intensas, y que las campañas, como los partidos, deben ser sufragadas por los militantes y simpatizantes.
La postura de Obama representa todo un desafío y un mensaje de limpieza para los partidos y los políticos modernos, especialmente para los europeos, cada día más adictos a los fondos públicos.
En el caso de España, aunque la financiación pública es intensa, obsesiva y, según muchos analistas, hasta abusiva, los políticos y sus partidos no paran de presionar a la opinión pública para que esa financiación del Estado se incremente. Incluso llegan a argumentar, con una inaceptable desfachatez, que parte de los numerosos casos de corrupción se producen, precisamente, porque la financiación pública a los partidos es escasa.
En España es diferente. A las donaciones y la financiación pública se le añade la condonación de una parte (millonaria por supuesto) de los préstamos de esos mismos partidos por la banca privada.
Y la fiscalía llamada "anticorrupción" desaparecida en combate.
Quizá sea un mal pensado o simplemente el único al que la banca no le ha condonado su préstamo hipotecario. Debo ser un caso aislado.
Eso no es democracia. Es dejar en manos de los grandes empresarios la posibilidad de que un candidato consiga llegar a ser presidente. La financiación pública (que yo defiendo) sirve para evitar que las megacorporaciones sean las únicas con voz y voto en el proceso de elección de candidatos, o sea, que el pueblo no tenga capacidad de tener un candidato. Oponerse a la financiación pública es de locos... es dejarnos atados a las multinacionales. Es acabar con la democracia.
Omite usted que Obama siempre ha defendido la financiación pública de la campaña -y lo sigue haciendo-. De hecho, su decisión de renunciar al dinero público ha suscitado numerosas críticas por esa incoherencia; Obama ha renunciado al dinero público porque su utilización impone numerosas restricciones al candidato.
Saludos.
Domingo, 23 de noviembre
Lourdes Muñoz Santamaría
Pedro Fernández Barbadillo
Emilio Castellote Madrid.
ADIÓS AYER
Francisco Rubiales
Rufino Soriano Tena
Doctor Shelanu
Vicente A. C. M.
Rafa Esteve-Casanova
Manuel Molares do Val