El laicismo es para la moderna izquierda una gran conquista. Dirigentes de izquierda como el español Zapatero aseguran que el laicismo relanza la libertad de conciencia, los derechos humanos, la tolerancia y la democracia. Realizan grandes esfuerzos por convencer a sus seguidores de que donde prevalece el fundamentalismo religioso están ausentes la democracia y los derechos humanos, en especial los de las mujeres.
Los ideologos de la izquierda sostienen que el laicismo aparece en la historia cuando la comunidad humana adquiere la capacidad de asumir la búsqueda de un mundo mejor y de su propia felicidad, aquí en la tierra, con independencia del plan de Dios para la humanidad, que le ofrecían las religiones. De ese modo, las religiones quedan relegadas al plano de la intimidad de los individuos.
Javier Arenas, principal apoyo de Mariano Rajoy, no reacciona ante la terrible crisis que embarga a su partido. Su parálisis, que, probablemente, es una estudiada estrategia de poder, está permitiendo que el Partido Popular se hunda. Arenas debe saber que, junto con su amigo Francisco Camps, el otro gran sostén del sorprendente Rajoy, está contrayendo una enorme responsabilidad y que su futuro político dependerá de lo que hagan a partir de ahora.
Decepcionante y triste es la situación del PP, víctima de una rastrera lucha por el poder que está liquidando lo que hasta hace apenas un mes era uno de los partidos más importantes de la derecha en Europa y la gran esperanza de cambio hacia la dignidad y la decencia para muchos ilusos demócratas españoles.
Rajoy es un cadaver político que hasta huele mal, pero muchos, por intereses bastardos y porque su estado de coma profundo beneficia al PSOE, lo mantienen vivo. Enterrarlo de una vez sería una acto humanitario de misericordia y respeto al Partido Popular y a una España que no se merece el daño que los políticos profesionales atrincherados le están causando.
Si no es capaz de gestionar la crisis de su partido, ¿cómo va a liderar España? Inexplicable que Rajoy no haya dimitido ya, que no haya dado el paso atrás elegante que todos le agradecerían para que el Partido Popular pueda regenerarse. Los que le están apoyando, sobre todo los medios de comunicación sometidos al PSOE y el siniestro binomio Arenas-Camps, están causando a la sociedad española un daño enorme.
Cuando su partido debería estar debatiendo ideología, si se democratiza o no, si abraza al rearme ético o si apoya con plenitud la regeneración de la podrida democracia española, todos pierden el tiempo en un estúpido "Mariano sí, Mariano no" ¡Maldita sea! ¿Es que ya no quedan tipos decentes y lúcidos en este país?
La lenta agonía de Mariano es un espectáculo lamentable. Cada día una herida nueva, cada minuto una nueva deserción. La última, la de Elorriaga, especialemnte significativa. ¿A qué espera Rajoy para dimitir? ¿Es que quiere llevar a su partido hasta la ruina? Inexplicable su actitud, inconcebible tanta insensatez en un político que ha sido vicepresidente del gobierno y que parecía lúcido.

Han olvidado la solidaridad y el sentido de la igualdad. Ignoran que el liderazgo conlleva obligación de ser ejemplares. Son incapaces de conmoverse con la desgracia ajena. Son escandalosamente arrogantes y altivos. Son los políticos españoles en tiempos de crisis.
En tiempos como los presentes, cuando muchos ciudadanos comunes pierden su puesto de trabajo y realizan esfuerzos sobrehumanos para llegar a fin de mes y muchos miles engrosan cada día las filas de los pobres, es cuando resaltan y destacan más la arrogancia, los privilegios y las ventajas de la clase política. Mientras que los obreros van al paro, los empresarios se arruinan y cientos de miles de inmigrantes se plantean regresar a la miseria de donde vinieron, los políticos no sufren en lo más mínimo la crisis porque sus privilegios son inamovibles, porque sus puestos están blindados y porque ellos son la clase dominante que se siente superior.
¿Alguien ha oído que, para solidarizarse con los problemas de los humildes, los políticos se bajen voluntariamente sus sueldos? ¿Algún político ha hablado de introducir austeridad en los entornos cortesanos que han creado o de reducir el número de asesores y enchufados que les rodean para sintonizar con el drama generalizado que está afectando ya al grueso de la sociedad española? ¿Algun gobernante ha propuesto redicir sus privilegios, renunciar a coches oficiales o limitar el gasto de sus tarjetas de crédito oficiales?

La crisis en España no es una "desaceleración" sino un proceso letal que cierra empresas, arruina a empresarios, destruye empleos y siembra la angustia y la tristeza en las clases trabajadoras, pero los sindicatos y la patronal están ausentes, como desaparecidos.
¿Dónde están los sindicatos? ¿Dónde está la patronal? ¿Por que no se escuchan sus protestas, ni sus propuestas? ¿Por que no presionan al estático e inútil gobierno para que tome medidas contra la devastación que la crisis está generando en la economía?
La única explicación es que los sindicatos y la patronal están comprados por el poder político. Maniatados y amordazados por las subvenciones, las concesiones y los privilegios, los representantes de los emprendedores y de los empleados, acobardados y sin autoridad moral, no se atreven a protestar, adefender a los suyos y a acosar al gobierno, como es su deber.
Creiamos que vivíamos en democracias y resulta que vivimos en dictaduras legalizadas por las urnas. Lo dicen nueve de cada díez politólogos y pensadores políticos: cuando son los partidos y no los ciudadanos los que dominan y eligen a los dirigentes, eso no es democracia.
El último en afirmarlo ha sido Stanley Renshon, profesor de ciencias Políticas en la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), uno de los grandes expertos mundiales en la psicología de los políticos y autor de media docena de libros convertidos en grandes éxitos internacionales, entre ellos "La presidencia de Bill Clinton y la ambición política".
Renshon, como nueve de cada diez de sus colegas, opina que "Los líderes políticos deben ser designados por los ciudadanos y no a dedo por los aparatos de los partidos".
Albert Boadella se ha atrevido a decir lo que muchos españoles piensan y no se atreven a reconocer en público por miedo a parecer políticamente incorrectos: "La España de las autonomías es un error". Nosotros, que también somos librepensadores sin miedo, lo reafirmamos.

Albert Boadella ha dicho importantes verdades que muchos españoles creen y no se atreven a decir: que la España de las autonomías es “un error”, que “se han compuesto reinos de taifas, muchos rincones de corrupción e insolidaridad general”, que el Estado “ha perdido fuerza” debido a las transferencias de “competencias” y que ya no le queda “nada que ofrecer”.
Ciertamente, la España de las autonomías fue un terrible error de diseño cometido por los políticos que hicieron la Transición, un error que generó una dinámica perversa entre las distintas autonomías, que luchan desde entonces por conseguir más dinero, por ser más que las otras y por destacar aquello que les distingue de las demás, sometiendo a España a tensiones centrípetas irresistibles.
Fue un gravísimo error de la derecha española, entonces la fuerza dominante, acomplejada por su convivencia con el franquismo, que no supo resistirse a las presiones de los nacionalismos vascos y catalán, un error en el que también cayeron la izquierda socialista, obsesionada únicamente por la conquista del poder, y la monarquía, que pecó de cortoplacismo y no supo o no quiso ver que aquel Estado, diseñado para que funcionara en una proceso de descentralización permanente, ya encerraba la semilla de la discordia, la desigualdad y la ruina de la convivencia.

La política española, sin ciudadanos, sin controles, con la Justicia sometida, con partidos políticos de poder casi absoluto y con políticos atrincherados en el poder y en los privilegios, ya está muy cerca de aquel vergonzoso México del PRI. Ahora se trata de "mexicanizar" la sociedad, y lo están logrando.
La sociedad, sometida a sobredosis de anestesia desde hace años, a través de los medios de comunicación y de la práctica de una perversa política de confusión política, en el que la verdad es sistemáticamente ocultada y la realidad disfrazada, esta ya tan alucinada que no reacciona ante la corrupción, los escandalos y la opresión.
El ejemplo de Coslada, en el que una población entera soportó durante años la opresión de una policía corrupta y envilecida que humillaba y extorsionaba a los ciudadanos, sin que los políticos ni la Justicia hicieran nada por evitarlo, es el ejemplo patente de que España está muy cerca de ser la nueva pocilga política de Occidente.
Los politólogos norteamericanos Steven Fish y Matthew Kroenig opinan que “los grandes enemigos de la democracia son los presidentes”.
Los dos profesores han hecho un sesudo estudio sobre la democracia en 158 sistemas parlamentarios y han llegado a la conclusión de que cuanto más fuerte e independiente sean los parlamentos, más fuerte es la democracia y que el mayor peligro de una democracia es contar con un presidente con demasiado poder.
Muchos estudiosos de la política y expertos se sorprendieron en el pasado mes de diciembre cuando Kenia, uno de los países más estables de África, tras un proceso electoral fraudulento, cayó en la guerra civil y en un imparable odio interétnico. Fish y Kroenig dieron con la clave: el Parlamento de Kenia era demasiado débil y a pesar de que la oposición tenía tantos escaños como el gobierno, todos miraban con envidia hacia el único despacho que tenía poder en el país: el del presidente.
Los parlamentos más poderosos del planeta son los de Alemania, Italia y Mongolia, este último fortalecido por la Constitución de 1992 ante el temor de que sus poderosos vecinos, China y Rusia, pudieran manipular a un presidente de la nación demasiado fuerte. En los puestos más bajos del ranking se encuentran los parlamentos de Myanmar (Birmania) y Somalia, auténticos juguetes en manos de la Presidencia y del partido dominante.
En el blog de Albert Rivera, presidente de "Ciudadanos", uno de los nuevos partidos políticos españoles que se atreven a valorar la verdadera democracia y que son críticos con la obscena partitocracia dominante, ha aparecido una reseña del libro "Políticos, los nuevos amos", firmada por Tolo Nicolau, que, por su interés, reproducimos.

POLÍTICOS, LOS NUEVOS AMOS, de Francisco Rubiales
“El gran fraude ha quedado perpetrado al sustituir al ciudadano por el militante, la voluntad general por la representación y el interés general por el interés de los partidos políticos” p. 216
Demoledor. Irrebatible. Fundamentado. Este libro que, como ya señala el autor en la introducción es “políticamente (muy) incorrecto”, y que, despojado de falsas carencias e interesadas complacencias, viene a advertirnos del peligro que supone para la auténtica democracia el omnímodo poder con el que se han dotado los partidos políticos a lo largo de su breve historia, hasta conseguir hoy excluir a los ciudadanos del ejercicio de la política, convirtiéndolos en sumisos receptores de servicios y dóciles votantes de urnas listas electorales cerradas, herméticas, elaboradas por sus ejecutivas para premiar a los mediocres y disciplinados “políticos profesionales”, personas incapaces en general de sobrevivir en el ámbito privado y de la libre competencia.
El impúdico alarde que de ese poder hacen los políticos (altas remuneraciones, generosas prerrogativas, ausencia de controles y correctivos, corrupción, prebendas, privilegios…) indica precisamente la impunidad con que saben que cuentan en la actualidad, y explica la obstinación por prolongarse en su ejercicio durante el mayor tiempo posible (leo en el periódico de hoy que Alfonso Guerra lleva ¡más de treinta años! como diputado; no quedan lejos de esto las permanencias en las presidencias autonómicas respectivas de Manuel Chaves y Jordi Pujol ¡horror!).
Luchar contra la lengua española es la batalla más desesperada de los nacionalismos, su última línea de defensa frente al progreso y la cultura universal.
El nacionalismo extremista e independentista ya no puede recurrir a odios, conspiraciones judeo masónicas, historias manipuladas o fantasmagóricos Rh particulares porque ya no se sostienen. Como dijo Jordi Pujol ante la oscura situación: "Si se salva la lengua, se salvará todo".
Los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos saben muy bien que la lengua española representa una riqueza para España del 15% del PIB, tanto como el turismo. Conocen muy bien que el idioma español es uno de los tres idiomas más importantes del mundo, que el español es el idioma que los universitarios de EE.UU. eligen como segunda lengua, antes que el francés o el alemán, que en pocos años el español tendrá igual fuerza o superará al inglés en usuarios de internet. No quieren reconocer que el español es una lengua que, por su fuerza, dinamismo y amplitud, une y no es de las que producen guetos culturales con lacras de endogamia.
El nacionalismo necesita dominar a sus súbditos controlando el nivel de su instrucción, impidiendo el desarrollo de sus facultades y produciendo ¿ciudadanos? aptos para el redil. Les privan de la herramienta principal para su contacto con el exterior, la poderosa lengua común, y se la sustituyen por una limitada lengua local, algunas en vía de confección.
"El catalán es nuestro ADN." (Pasqual Maragall en la Feria del Libro de Guadalajara, México, 2004)
Cataluña vio hace años que perdía el vagón de cabeza en la economía española y que su identidad quedaría diluida sin remisión. Jordi Pujol reaccionó animando a los catalanes a procrear y a traer catalanes al mundo para que la sardana siguiese bailándose, pero aquello fue un fracaso porque hoy hay más Mohamed que Jordis en el registro civil catalán.
La estadísticas sobre inmigración en España publicadas el 8 de febrero 2008 deben haber desbocado los tics nerviosos a Pujol y de sus discípulos nacionalistas obsesivos. Legalmente hay en España 4.192.835 inmigrantes, sin incluir a los sin papeles ni a los cientos de miles que han obtenido nacionalidad española. El colectivo más numeroso es el marroquí (675.906), seguido del rumano (664.880), ecuatoriano (413.642) y colombiano (264.549). Madrid y Barcelona reúnen al 32,7 por ciento de los inmigrantes legales.
Debido a la competencia arrolladora del español en Cataluña, por su creatividad y pujanza en el mundo, los nacionalistas catalanes se pusieron en guardia ante la nueva avalancha de invasores, pensando que los nuevos charnegos acabarían con la identidad de Cataluña si no se les obligaba, aunque fuera por la fuerza, a hablar catalán.
El idioma español en 2004 inyectaba ya a la economía un valor similar al turismo: el 15 por ciento del PIB.
Al carecer de argumentos, razones con base histórica e ideas que justifiquen su existencia, los nacionalismos en España orientan su verborrea ramplona y barata, chorreando odio, hacia la lengua española. Obsesionados por ocupar una poltrona, cueste lo que cueste, los políticos no tienen misericordia, ni miramiento y menos aún escrúpulo alguno por el genocidio cultural que cometen al privar a los estudiantes educados bajo los nacionalismos vasco, gallego y catalán de una lengua universal como el español.
La fobia de los nacionalismos en nuestro país contra la lengua española es necesaria para su supervivencia.

En un momento en el que la sociedad española experimenta un grave déficit democrático en el Estado y exige más democracia, transparencia y limpieza política, el Partido Popular y, especialmente, su actual líder, Mariano Rajoy, aparecen ante los ojos de los ciudadanos estigmatizados por prácticas contrarias a la democracia, sin procesos internos de selección de dirigentes, regidos por el verticalismo, el autoritarismo y el "dedo" del jefe supremo, que se considera legitimado para elegir a sus sucesores.
Ese déficit de democracia interna coloca al Partido Popular y a su líder, Mariano Rajoy, en desventaja con respecto al PSOE, un partido cuyo actual dirigente está avalado al menos por un proceso de selección interno y por dos victorias en las urnas, mientras que Rajoy es producto directo del "dedo" de José María Aznar y soporta sobre sus espaldas dos derrotas electorales seguidas.
Acontecimientos tan dramáticos como los sucedidos en Coslada, donde un pueblo entero vivió "secuestrado" y oprimido, durante años, por su propia policía, impulsan al ciudadano a exigir más limpieza, eficacia y honradez a la clase política decepcionante y escasamente democrática que gobierna España. En Coslada, para vergüenza colectiva de los demócratas españoles, ni el alcalde ni el concejal de seguridad han presentado la dimisión.
Pienso, como muchos españoles, que María Teresa Fernández de la Vega es la mejor pieza del gobierno Zapatero, con gran diferencia. Sin embargo, siendo la mejor, comete insensateces con una frecuencia desquiciante y dice barbaridades inconsistentes, como las del reciente ataque frontal contra la Italia de Berlusconi por su política migratoria, exhibiendo un estilo burdo e inusual entre socios y entre las democracias aliadas.
Pero, a pesar de la gravedad de su ataque frontal a Berlusconi, al que acusa de exaltar el racismo, como "desatinos con marca de la casa" son mas representativos los dos que pronunció el viernes 9 de mayo, después del Consejo de Ministros:
Refiriéndose al escándalo de Coslada, donde parte de la policía se transformó en mafia y, durante años, amedrentó y extorsionó a los ciudadanos, tras condenar lo sucedido, afirmó que "afortunadamente, el Estado de Derecho en España expulsa del sistema a los corruptos y a los que abusan del poder".
Algunos demócratas españoles, para librarse de un Rey cuyo comportamiento democrático deja mucho que desear, abogan por la República, pero quizás no hayan reflexionado sobre el hecho dramático de que una República significaría otorgar más poder a los partidos políticos y un notable refuerzo de la partitocracia corrupta e ineficiente que malgobierna España.
La sustitución de una Monarquía, que no ha sabido ser imparcial y que despierta muchas sospechas en sus comportamientos, por una República requiere una seria meditación, sobre todo en un país donde los partidos políticos sufren una crisis todavía mayor que la misma Monarquía que se pretende erradicar.
Instaurar una República significa otorgar la Jefatura del Estado también a unos partidos políticos que ya tienen demasiado poder y que son considerados por los ciudadanos en las encuestas como las instituciones más corruptas de la nación.
Me lo asegura una fuente socialista muy próxima a Felipe Gonzalez: un sector importante del PSOE desea que el Estatuto de Cataluña sea declarado inconstitucional, única manera de salir del callejón sin salida que representa un Estatuto que rompe la igualdad y que convierte a Cataluña, escandalosamente, en la autonomía privilegiada de la nación española.
Ese sector asume ya con claridad que el impulso personal que el presidente dio al Estatuto de Cataluña fue el mayor error de José Luis Rodríguez Zapatero en la anterior legislatura y que la sentencia contraria del Tribunal Constitucional es la única salida de ese drama o, tal vez, la menos traumática.
Un respetado experto en prensa y comunicación social me hizo recientemente un duro vaticinio: "si el diario "El País" mantiene su actual línea, pronto entrará en crisis y hasta podría desaparecer".
Y explicaba así su profecía:
"El peor enemigo de un gran diario no es la prensa gratuita, ni los diarios electrónicos de Internet, sino el oficialismo.
No serán internet y los gratuitos los enterradores de un pariódico hoy tan poderoso como "El País". Aunque Internet y los periódicos gratuitos son un enemigo temible, sin embargo, la mayor debilidad actual de ese gran diario es su excesivo alineamiento político al lado del socialismo español. Ese diario se parece mucho a la "prensa de partido", algo que, en periodismo, significa morir.
¿Donde están hoy "L'Unitá", "L'Humanité" "Mundo Obrero", "El Socialista" y otros grandes medios que en su día fueron órganos de grandes partidos? Los lectores descubrieron que esos medios anteponían los intereses del partido a la verdad, les dieron la espalda y dejaron de ser grandes. Unos desaparecieron y otros se arrastran hoy, degradados y sin credibilidad, como órganos de propaganda y de distribución gratuita entre militantes.
Los terribles acontecimientos de Coslada, donde los representantes de la autoridad, presuntamente transformados en una mafia policial corrupta, extorsionaban y atemorizaban a unos ciudadanos que soportaron durante años la agresión sin atreverse a denunciar el drama, no representan un hecho aíslado sino el fiel reflejo del deterioro de la democracia en España, donde se convive con la corrupción y en algunas autonomías se vive al margen de la ley y de espaldas a la Constitución.
En el País Vasco, en Cataluña y ya también en Galicia, como en Coslada, el Estado no es capaz de defender los derechos individuales y los ciudadanos tienen que soportar el miedo, la marginación, la extorsión de los terroristas, la presión de los nacionalistas y hasta el "estigma" que ocasiona expresarse en lengua española.
La Justicia, que es la que debería poner fin a todos estos dramas antidemocráticos, está controlada por los partidos políticos y, sin ser independiente y autónoma, tampoco puede ser democrática.

Los ciudadanos españoles que conservan las libertad de pensar y de analizar están horrorizados ante los privilegios de la clase política española, que está alcanzando niveles de escándalo. Algunos observadores afirman que los políticos, en la práctica, están muy cerca de ser inmunes e impunes.
La lectura de la prensa diaria aporta ejemplos para escribir más de una tesis doctoral: el pueblo de Coslada extorsionado y aplastado durante por los representantes de la ley, sin que el alcalde dimita; piratas somalies que cobran dinero por secuestrar españoles y quedan sin castigo; el asesor personal de Zapatero en asuntos económicos, David Taguas cobrará su sueldo público además del de presidente de Seopan; Zapatero coloca a su primo José Miguel como director adjunto de su gabinete; el alcalde de Sevilla que encarga y paga a su primo hermano, experto en vender trajes de novias, una web institucional que no aparece por ninguna parte; las comisiones a políticos que muchos empresarios afirman pagar cada vez que realizan una inversión importante, sobre todo en el ámbito inmobiliario; los préstamos que las cajas de ahorro, políticamente intervenidas, perdonan a los partidos políticos; los sueldos y pensiones que los políticos se suben con una frecuencia escandalosa, mientras la mayoría de los españoles realizan esfuerzos sobrehumanos para que sus sueldos les lleguen a fin de mes, etc., etc..
A pesar de la crisis económica, de los errores cometidos y de los escándalos que afectan a su gobierno en las primeras semanas de la nueva legislatura (pago a los piratas de Somalia, aceite de girasol, corrupción en Coslada, etc.) el PSOE, con Zapatero al frente, obtendría hoy una mayoría absuluta holgada si los ciudadanos tuvieran que acudir a las urnas.
La explicación está en que la crisis económica, los escándalos y los errores del gobierno han tendio menos impacto en la opinión pública que el deterioro de la oposición, que se desprestigia y se desangra como consecuencia de la obsesión de Rajoy por mantenerse al frente de su partido, impidiendo una auténtica renovación y a pesar de sus reiteradas derrotas electorales.
Un amigo de Madrid, experto en análisis e investigaciones sociológicas, me asegura que tanto el PP como el PSOE tienen sondeos que revelan que el PP perdería más de un millón de votantes si hoy se abrieran las urnas, la mayoría de los cuales pasarían al nuevp partido UPyD, cuya líder, Rosa Díez, es hoy la única oposición solvente al partido socialista en el Congreso.
Sin un poder judicial independiente, sin medios de comunicación capaces de ejercer la crítica y la fiscalización del poder, sin respeto a la opinión de los ciudadanos, sin una sociedad civil fuerte, con unos partidos políticos demasiado poderosos, con un Parlamento donde votar en conciencia está prohibido, con una corrupción interna fuera de control, con el autoritarismo vertical dominando la vida interna de los partidos y sin relación directa alguna entre los representantes y los representados, la democracia española ya estaba hundida y degradada, pero ahora, con la oposición cerrada por reformas e ineptitud de sus dirigentes, desciende varios escalones más hacia el fondo de la pocilga.
Para que exista la democracia tienen que existir los medios que controlen el poder del gobierno. Si esos medios no existen, la democracia es solo un envoltorio que esconde una dictadura legalizada por las urnas.
De todos los controles ideados para controlar el poder del Estado, los tres más importantes son una justicia independiente, una prensa crítica y fiscalizadora del poder y una oposición activa. La Justicia hace mucho que perdió la virginidad y la independencia en España, violada por los partidos políticos, y la prensa está casi en su totalidad sometida a los partidos, pero la oposición, al menos, resistía y actuaba hasta hace poco como un poderoso instrumento de control del gobierno.
Muchos lectores de Voto en Blanco nos piden que reproduzcamos en un único artículo la serie de tres que ya se publicó en Voto en Blanco bajo el título "La izquierda está cruzando el Rubicón". ---
Por Francisco Rubiales
Quizás usted no se haya dado cuenta todavía, pero una parte importante de la izquierda mundial está cruzando el Rubicón con todas sus legiones, protagonizando una ruptura con el “establecimiento” y con el pensamiento occidental dominante, heredado de la Guerra Fría, que tendrá enormes consecuencias en todo el presente siglo.
La izquierda, cuyas raíces hegelianas, marxistas y leninistas siempre fueron evidentes, aunque procurara disimularlas durante la Guerra Fría, cuando el enfrentamiento entre Estados Unidos y la URSS quedó simplificado y reducido a una pugna entre la libertad y la esclavitud, se quedó vacía de ideas y contenidos tras la caída del muro de Berlín.
Al quedar derrotada y desacreditada la alternativa comunista y estatalista, la izquierda sintió la necesidad de camuflarse y lo hizo con tanta eficacia que los votantes, en las democracias avanzadas, no sabían diferenciar claramente los programas y propuestas de la izquierda de los de la derecha.
Aquella izquierda que se había adaptado a la vida en democracia, especialmente la socialdemocracia y algunos partidos comunistas occidentalizados, como el italiano y el español, no pudo evitar los daños colaterales del hundimiento del socialismo real y entrar en declive porque también ella defendía valores como el intervensionismo estatal y el partido político fuerte controlado por profesionales, que se hundieron con el comunismo.
No es perfecta y su historia está llena de errores porque demasiadas veces estuvo al lado del poder y de espaldas a los humildes y oprimidos, pero la Iglesia Católica es hoy en España la única organización poderosa de la sociedad que planta cara a un gobierno que malgobierna, mina la moral, destroza la convivencia, rompe la igualdad y la solidaridad, lesiona los valores y está llevando a España hasta el borde de la ruptura como nación.
Sólo porque, una vez controlados por el poder político los sindicatos, las universidades, la patronal, las cajas de ahorro, los principales medios de comunicación y la muchas instituciones y empresas cuya independencia es vital para la salud del sistema, la Iglesia Católica representa hoy el único gran sector de la sociedad civil que se resiste a ser dominada por el gobierno, deberíamos colacar la "equis" en la casilla correspondiente de la declaración de la renta, para que nuestros impuestos ayuden a financiarla y a mantenerla libre frente al insaciable poder de los partidos y sus políticos profesionales.
Sin embargo, hay muchas otras muchas razones para que los demócratas y la gente honrada coloque esa "X".

Tras el estrepitoso fracaso electoral reciente del laborismo británico, resulta evidente que Europa entera gira hacia la derecha y que el español Zapatero se queda como el único representante en el poder de una izquierda en bancarrota.
El fenómeno de la derrota electoral masiva de la izquierda en Europa es importante y requiere un análisis que explique las causas de esa debacle, que no es coyuntural sino vinculada al concepto mismo de la izquierda actual.
Mientras que la izquierda mundial potencia su antiamericanismo y se contamina con fantoches antidemocráticos del tipo de los Fidel Castro. Hugo Cháves o Evo Morales, la izquierda europea se está muriendo de ineficiencia y de vejez. Habla mucho de progreso y de avance, pero los ciudadanos han descubierto que esas palabras están vacías y que la izquierda, sin evolucionar desde principios del siglo XX, cuando la socialdemocracia surgió para adaptar las raices y métodos marxistas a la vida democrática, no ha sido capaz de hacer retroceder la injusticia, ni la pobreza, ni la desigualdad en una sociedad en la que la distancia que separa a los ricos de los pobres y a los poderosos de los débiles se agranda cada día más, incluso bajo gobiernos de izquierda.
Lydia Cacho es una periodista mexicana comprometida y ejemplar. Lean su testimonio, que recibo de mi amigo el profesor panameño Miguel Antonio Bernal, y comparen su actitud heroica con con el vergonzoso sometimiento al poder de miles de periodistas de habla hispana.
Hace unos días me entrevisto el corresponsal de la agencia de noticias EFE. Durante nuestra charla me pregunto hasta donde, hasta cuando seguiré dando la batalla. Entre mis respuestas le comente sobre varias reuniones con personajes internacionales que miran a nuestra patria, Mexico, con ojos de asombro y cariño a la vez. El año antepasado la revista Yo Dona de España me otorgo un premio de Derechos Humanos y Periodismo, lo recibí de una mujer a quien admiro profundamente: Maria Teresa Fernández de la Vega Sanz, la Vicepresidenta de España. Ella conocía bien el caso (el de los pederastas y pornógrafia infantil y por ende el del duo dinámico del coscorron contra mi: Mario Marin-Kamel Nacif).
Luego de entregarme el premio, la vicepresidenta, en una charla emotiva me ofrecio con toda seriedad que en caso de que yo lo considerara conveniente, bastaria con buscarla para solicitar asilo politico en España para seguir trabajando sin miedo a perder la vida. Le agradecí infinitamente su oferta, en especial porque en aquel entonces no había ganado la batalla legal a Kamel Nacif y pendía sobre mi cabeza la posibilidad de pasar 4 años en prision por haber escrito 'Los demonios del eden: el poder detras de la pornografia infantil'.

En la reciente feria de Jerez, entre el "fragor" de las copas, las "bulerías" y las "sevillanas", un conocido socialista me acuso de defender a la "derecha reaccionaria" en mi blog. Un rato después, un dirigente de la derecha me acusó de estar defendiendo al "PSOE corrupto" en mi blog. Aunque una feria no es el mejor lugar para hablar de política, a ambos les respondí que eran dinosaurios caducos y atrasados, que viven en un mundo que ya no existe, que el mundo actual no se divide ya en "derecha" o "Izquierda", sino en demócratas y totalitarios. Intenté explicarles, sin éxito, que ellos dos están en el mismo bando, en el de la partitocracia antidemocrática, al que únicamente le interesa ya el poder, mientras que yo milito en el campo contrario, en el de la libertad, los ciudadanos y la democracia.
Lógicamente, no pudieron entender el argumento, probablemente porque la manzanilla y el fino no nos dejaba discernir o porque no les interesaba. Me ocurre lo mismo con algunos "Trolls" que entran en el blog Voto en Blanco a comentar, sobre todo en la versión que se publica en Periodista Digital, donde el debate suele ser más radical e histérico. Unos me acusan de defender a la derecha y otros me ven como un "infiltrado" del PSOE. Ambas partes practican el estúpido y fascista principio de que "quien no está conmigo está contra mi".
España siempre ha progresado gracias a sus heterodoxos, pero en la España actual, por vez primera desde los tiempos de Fernando VII, los heterodoxos son perseguidos y denigrados. Antes, la sociedad les reconocía el mérito de abrir brecha, de propiciar el avance o de anticiparse al futuro, pero ahora llama "fascistas" a los que no se someten y son críticos con el poder establecido. En la actual España aborregada no hay sitio para la disensión ni para las vanguardias.
Aquellos heterodoxos españoles que, en tiempos del general Franco, iban a Paris a comprar libros prohibidos en francés o en español, editados por Ruedo Ibérico, eran admirados por su osadía, por oponerse al poder, y gozaban de gran prestigio, pero los que hoy disienten, son despreciados por un sistema que sólo admira lo políticamente correcto, la mediocridad colectiva y los grandes rebaños de ciudadanos sometidos.
El escándalo del aceite de girasol, pésimamente gestionado por el Ministerio de Sanidad, que ha creado alarma innecesariamente y que ha sido incapaz de restablecer la confianza que el propio Ministerio ha hurtado a los españoles, ha demostrado, una vez más, que la dirección política española no está a la altura y que uno de los mayores problemas de este país es el mal gobierno.
Los políticos españoles son una estafa permanente al ciudadano, que les otorga un poder inmenso, pone todos los recursos del Estado a su servicio, les paga sueldos de lujo, les eleva hasta el estrellato social y mediático y sólo recibe a cambio ineptitud, ineficiencia y una gestión pésima que, si se desarrollara en el mercado, sería merecedora de expulsión inmediata o de dimisión irrevocable.
Lo más lacerante ni siquiera es el mal gobierno sino la imposibilidad que tiene el ciudadano, teórico dueño del sistema y máximo protagonista en democracia, de castigar a los ineptos y obligarlos a hacer bien su trabajo. En política se da el triste caso de que los dueños (los ciudadanos) son estafados constante e impunemente por sus empleados (los políticos), una situación injusta e hiriente que sólo es posible porque la democracia ha sido destruida por esos mismos políticos y sustituida por una oligocracia que ha derrocado al ciudadano y convertido a los políticos en los únicos amos del sistema.
Domingo, 3 de junio
José Pómez
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Julio César Izquierdo
Raúl González Zorrilla
Carlos Ruiz Miguel