La Habana se llena de periodistas para conocer al sucesor de Fidel, el líder carismático que, después de medio siglo, ha tenido que renunciar al poder vencido sólo por la enfermedad. La gran pregunta que flota en el aire no es quien será el sucesor, sino si cambiará el régimen. La respuesta, o al menos algunas pistas reveladoras del futuro, el próximo domingo, cuando la Asamblea Nacional del Poder Popular designe a los integrantes del nuevo Consejo de Estado y de Ministros y al próximo presidente.
Aparentemente, todas las cartas las tiene Raúl Castro, hermano del fundador del régimen y jefe operativo del Ejercito, pero todos sospechan que podría haber sorpresas, entre otras razones porque nadie cree en Cuba que pueda existir el castrismo sin Fidel.
Fidel Castro comunicó su inesperada decisión en un mensaje publicado por el diario oficial 'Granma' este pasado martes, cuando aún era madrugada en Cuba. "Les comunico que no aspiraré ni aceptaré --repito-- no aspiraré ni aceptaré, el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe".
La poderosa personalidad de Fidel ha marcado a hierro una revolución cubana que, sin duda, es la revolución de Fidel. En el poder ininterrumpidamente desde que el 8 de enero de 1959 las tropas rebeldes entraron en la Habana, tras derrocar al dictador Batista, el comandante ha conseguido mantener su isla aislada y adicta a un comunismo que ya es una reliquia derrotada en todo el mundo. Sólo él es capaz de mantener viva la llama del comunismo en Cuba, una país que cada día se parece más a un museo del pasado, con sus coches antiguos circulando por las calles, con las ideas antiguas debatiéndose, con una dictadura trasnochada en el poder.
Conocí a Fidel entre 1975 y 1977, los dos años que permanecí en Cuba como director de la oficina de la Agencia EFE, Tuve la oportunidad de conocerlo bien, de conversar sobre muchos temas políticos y de ser testigo de como gobernaba en la noche. Por entonces dormía poco, apenas tres horas al día, algo que inquietaba a sus aliados soviéticos, que le enviaron médicos para analizar su insomnio. No entendían lo que le pasaba al comandante, pero él les explicó que algunos “genios” padecían ese "mal", entre ellos Napoleón.
Su personalidad era tan fuerte y su magnetismo personal tan potente que modeló a Cuba como quiso. Su crueldad con los adversarios era tan temible como su poder de persuasión. No conozco a nadie que fuera capaz de resistirle un debate abierto. Lúcido, simpático, imaginativo, brillante, incansable e implacable, terminaba doblegando a cualquier oponente. La pobreza ideológica de su comunismo era compensada con su fuerza vital y las debilidades y crueldades propias de todo tirano quedaban ocultas tras su enorme protagonismo histórico. Ante Fidel, uno siempre se siente pequeño y, aunque era un demonio capaz de asesinar a sus enemigos sin que le temblara el pulso, uno se sentía en su presencia como si estuviera ante un discípulo aventajado de la Divinidad.
Castro es insustituible y sus sucesores tendrán que inventar otro régimen porque el de la “Revolución” pertenece a Fidel. Dicen los expertos que la Cuba del futuro será parecida a China y a Vietnam, implacable en lo político, pero abierta en lo económico. No me cabe duda de que Raúl y los jóvenes cachorros del castrismo querrán imponer un "comunismo capitalista" que erradique el hambre y permita a los pobres esclavos de Cuba consumir un poco más.
Aunque el castrismo tenga a la sociedad maniatada e infiltrada por miles de chivatos "del partido" y por las fuerzas de seguridad más densas del planeta, todo dependerá de lo que quiera el pueblo, un pueblo valiente y bravo que si bien es cierto que nunca se atrevió a plantarle cara al comandante, sí puede rebelarse, para respirar libertad en la perla del Caribe, cuando el caimán esté ausente .
Imagen: Fidel y Francisco Rubiales en La Habana (1976)
A cojón visto, macho seguro.
Hoy, no tiene ningún mérito contradecir el título de este artículo salido de nuestro admirado bloger.
El titular debió haber sido:
"El castrismo sin Castro es imposible", y así es, efectivamente. Por eso Fidel Castro ha atado y muy bien atado su "revolusión" dejando a otro Castro, su "helmano" la batuta de esa orquesta cubana que cada vez sonará peor, porque desde sus orígenes, está desafinando en todo el mundo con su devencijado totalitarismo.
Don Francisco: No ha tenido este artículo suyo mucho éxito. Está visto que la gente prefiere páginas donde insulten más a ZP y al PSOE. Este periódico como sabemos es un especialista en la materia.
Corresponsal de EFE en 1975 significa que fué nombrado en tiempos del dictador Franco. Cuando el Régimen estaba dando las boqueadas. Perdone, entonces no podíamos decir dictador. Se iba a la cárcel.
Yo creo que acierta al decir que los cubanos quieren un sistema para erradicar el hambre. Pués sí deben sentir lo mismo que sentiamos los españoles después de cuarenta años de arbitrariedad.
La libertad es el destino de los pueblos.
Saludos cordiales.
Sr. Rubiales vaya giro que ha dado. Quién lo ha visto y quién lo vé. Este no es mi Paco que me lo han cambiado. De todas formas el estar al lado de Castro me recuerda lo que los americanos llaman "name dropping". Ahora compendo por qué no quiere democracia ni gente que vote. Vd. quiere hacer de Cuba el modelo universal.
Hoy Dice Ignacio Sotelo en El País:"No cabe desentenderse de una forma de gobierno que, beneficiando en principio al conjunto, es tan frágil que necesita de los desvelos de todos. No hay democracia sin demócratas, y lo menos que se les puede pedir es que acudan a votar. Podemos ser muy críticos con el funcionamiento de nuestras democracias representativas, monopolizadas por los partidos, pero abstenerse sería la reacción más contraproducente a cualquier intento de mejorarla."
Sotelo es más demócrata que Castro.
Lunes, 6 de julio
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